Presentado por: Elena Sánchez Caballero Dirigido por: Elena Sánchez Caballero

'Al punto', un nuevo espacio de divulgación gastronómica que recorre las cocinas, los mercados, los paisajes y los productos que han convertido a la gastronomía española en referencia mundial. Lo hace de la mano de la directora y presentadora Elena Sánchez Caballero, que entrevista a los chefs más reconocidos de nuestro país.

‘Al Punto’ nace para reunir a los amantes de la gastronomía bajo el prisma de que “cocinar hizo al hombre” y de que “somos lo que comemos”. Por ello, acerca con rigor la importancia de la alimentación en nuestra calidad de vida y contribuye a difundir la posición de la cocina española en el mundo.

Pero además ‘Al Punto’ no olvida otros aspectos como la creación de nuevas técnicas culinarias, pasando por la fabricación de utensilios de cocina, hasta la incorporación en la dieta mediterránea de productos de otras latitudes.

Todo ello se articula en torno a una gran entrevista o reportaje central de Elena Sánchez Caballero, junto a otros reportajes sobre productos, curiosidades, personajes de nuestra cultura que aman la cocina… y mucho más.

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Para todos los públicos Libros con uasabi - 24/04/16 - Ver ahora
Transcripción completa

Hola, ¿qué tal?

Hoy pasamos de la tradición a la vanguardia

de la mano de Pepe Rodríguez,

un chef reconocido y laureado por la crítica

que, a través de "MasterChef",

se ha convertido en estrella de la televisión.

Su cocina conserva los sabores tradicionales

de su tierra castellanomanchega.

Su restaurante, El Bohío,

conserva una estrella Michelín desde hace 16 años.

Él mantiene la vieja tradición de los grandes cocineros:

ir al mercado para buscar la mejor materia prima.

(Música)

Nacido en 1968, Pepe Rodríguez pasa su infancia

entre los fogones del restaurante familiar El Bohío,

en la localidad toledana de Illescas.

1986.

Deja los estudios para trabajar como camarero

y encargado de compras de El Bohío.

Con solo 22 años, se encarga de la cocina del restaurante

y viaja a San Sebastián para aprender de su mentor:

Martín Berasategui.

1999.

El restaurante El Bohío recibe su primera estrella Michelín.

2010.

Pepe Rodríguez recibe el Premio Nacional de Gastronomía

al mejor jefe de cocina.

2013.

Se hace conocido a nivel nacional por su participación

en el programa "MasterChef" de Televisión Española.

Actualmente, compagina su faceta televisiva

con su trabajo en el restaurante familiar,

manteniendo la cocina como forma de vida.

Soy Pepe Rodríguez.

"Al punto" visita hoy mi casa: El Bohío.

(Música)

Esta pescadería es casi una joyería. Es una joyería.

Hay que ver cómo está expuesto el género.

Una maravilla. Es el principio de la cocina,

de un cocinero.

Aquí es donde empiezan a fluir las ideas,

donde se empieza a hervir el primer menú.

Creía que los restaurantes gastronómicos como el tuyo

ya recibíais el género,

o sea, que los proveedores iban a llevároslo.

Sí, y así es.

Lógicamente, pego un telefonazo: "Oye, dos kilos de langostinos,

percebes, un besugo, un rodaballo". Te lo traen al día siguiente.

Pero es bueno para un cocinero de vez en cuando

pasearse por el mercado, porque esto te da otra sensación.

Tú ya tienes unos menús marcados, lógicamente, ¿no?,

no improvisadas tanto, pero: "Mira qué cabracho más bueno.

Me viene muy bien, porque ando buscando

para hacer un suquet pequeño y el cabracho me viene bien.

Pues lo meto y lo sustituyo por el calamar,

que llevo 15 días dándolo".

Si no lo veo así, tan grande en el tamaño,

o más pequeño porque lo necesito para saltear,

aquí es donde fluye la primera idea.

Y es bueno venir al mercado. Muy bueno.

¿Y lo haces con asiduidad?

Sí, pero es que esto me parece básico y fundamental.

Creo que es el principio. Te sigue gustando,

porque tengo entendido que empezaste yendo al mercado,

o sea que tu madre... Sí, bueno.

Eras el encargado de ir a buscar... Junto con mi hermano.

Yo era un crío y me daba el dinero.

"Mamá, déjame 50 000 pesetas, que voy al mercado".

Podía hacer la compra para el restaurante con 50 000 pesetas.

Y era el primer contacto, sobre todo con el género.

Me gustaría aprovechar para que nos dijeras

cómo hay que elegir un pescado. No siempre es fácil.

El color vivo.

Ya ves que parece que acaba de salir del mar.

El ojo, bastante claro.

Si levantamos la agalla y está muy roja, muy viva.

Son claves fundamentales.

Sobre todo, el color. Esa lubina, cómo brilla.

Sí, parece que está... Parece que está sacada...

Barnizada. Eso es, parece pintada.

Yo creo que aquí no fallaríamos nunca.

Por ejemplo, en el caso del rodaballo,

que creo que tenemos en común tú y yo que nos gusta mucho.

Al que le guste el pescado tiene que disfrutar de un rodaballo.

Un rodaballo a la parrilla entero, esa gelatinosidad,

cómo se queda esa costra con ese sabor a mar.

Las aletas, que es lo que más me gusta.

Te comes todo.

Debemos tocarlo. Ah.

¿Y nos dejan? Sí, sí.

Y ver que está terso. Tiene fuerza, buen color.

La agalla, roja.

Además, la rugosidad, esas puntitas que pican,

nos dice que es de mar, no es de piscifactoría.

Madrid no tiene mar, como todos saben,

pero se dice que aquí llega lo mejor,

que este es el mejor puerto de mar que hay.

Yo creo que es verdad,

porque comparado con los puertos de costa,

son muy pequeños y el consumo es muy pequeño.

En Madrid, se paga y se consume.

Y recuerdo que había asentadores en Mercamadrid que me decían:

"Aquí recibimos pescado de Bilbao, de Santa Pola...

Y mandamos a Santa Pola o a Bilbao, o mandamos a A Coruña".

"¿Mandáis pescado a A Coruña?". "Cantidad de kilos todos los días".

Claro, es que es el puerto más importante

de mar de España sin duda.

Pepe, lo que estoy viendo ahí es un ejemplar de bacalao.

¿Es skrei?

Sí, es el famoso skrei, un bacalao fresco.

Viene de Noruega y esa zona.

Muy bueno, es un buen pez,

pero estoy más acostumbrado a las bacaladas saladas.

Me apaño mejor. Con esto se puede hacer,

pero ese punto de salazón que tienen los bacalaos salados,

ese punto amojamado, a mí...

Me apaño mejor como cocinero, más que con un bacalao fresco.

Dicen que en Castilla-La Mancha

es donde mejor se hace el bacalao salado.

Tiene su razón histórica, claro.

Que no nos oigan los vascos. Si no, la liamos.

Sí, porque era el único pescado que llegaba.

Hay mucha cultura del bacalao, de echarlo en demasiados sitios.

Por obligación, porque no llegaban los pescados frescos.

Hoy, con el transporte, llega de todo.

Pero me preguntaba yo si, a través de El Bohío,

que empezó en el siglo pasado siendo un mesón de carretera

y está instalado en la innovación y en la cima,

con una estrella Michelin,

podríamos contar un poco la historia sociológica

y el recorrido de este país, de los españoles.

Lógico, ¿no?

Solamente la percepción de por qué cocinaban mi abuela y mi madre

y cómo cocino yo.

Ellas montaron una casa de comidas

para dar de comer, para quitar el hambre.

Sí. Yo no tengo esa sensación.

Yo tengo la sensación de dar de comer para...

satisfacer a un cliente... Y provocar emoción.

No me gusta hablar siempre del lado pijo de la cocina,

pero reconozco que existe ese lado.

¿Y darnos placer tampoco lo aceptas? Sí, bien.

Pero con su justa medida.

Somos cocineros, estamos dando bien de comer.

Ya solo esa diferencia,

ahí podríamos hablar de lo que ha ocurrido,

tú decías, ¿no?, todos esos cambios sociológicos

que ha habido en este país en los últimos 40 años.

Esa diferencia generacional entre mi abuela, mi madre y yo,

la forma de entender de dar de comer.

(Música)

Pepe, esta sala es muy especial, ¿no?

Es original. ¿Estamos en la bodega, estamos en una sala privada?

Estamos en parte de la bodega.

Tenemos un anexo abajo, que era la casa vieja,

donde tenemos en cajas.

Aquí tenemos el escaparate, donde están los grandes vinos.

Creo que es una sala muy bonita,

es la última que hemos hecho en El Bohío y sirve de escaparate.

Aquí puedes hacer una comida fantástica

y te incitamos a que bebas bien, que es parte del espectáculo.

Oye, El Bohío, ¿de dónde viene el nombre?

¿Qué es El Bohío?

El bohío es una cabaña de origen cubano.

En muchos sitios de Hispanoamérica se llama bohío.

Es la casa donde vive el guajiro, hecha de cañas y barro.

Mi abuelo, con 14 años,

gallego, como no podía ser de otra forma, emigró a Cuba.

Allí nació mi madre, en La Habana.

Y vinieron para acá.

Y mi abuela, con una hermana suya, ya antes de la guerra, del 36,

existía El Bohío. Imagínate lo que era, claro.

Una barra, cuatro botellas

y guisando para los nobles de la época.

Y he visto también, subiendo y conociendo tu casa,

que hay mucha esencia taurina.

Sí, bueno.

No es que mi hermana y yo seamos demasiado taurinos,

pero algo nos ha tocado.

Mi padre llegó a torear en Las Ventas dos veces, fue novillero.

Toda su vida estuvo relacionada con el mundo de los toros.

No llegó a figura, lógicamente, y se hizo fotógrafo taurino.

¿Tú nunca pensaste en ser torero? No, tengo más miedo que siete viejas.

No, no, no. Ni en broma.

Entonces, elegiste ser cocinero, pero también querías ser...

¿cantante de rock'n'roll, o simplemente rock'n'roll?

Me hubiera gustado, claro. Yo, de pequeño, el fútbol.

A qué niño, que es de lo poco que veíamos,

no le hubiera gustado ser futbolista.

Y cuando empezabas a escuchar a los grandes cantantes de rock

que hay aquí, en los pueblos se daba mucho,

me hubiera gustado ser cantante de rock.

Pero tampoco Dios me dio voz, con lo cual...

Y terminaste en la cocina. Terminé obligado en la cocina.

¿No tuviste nunca, no sentiste esa vocación?

No. He visto a mi madre cocinar, a mi abuela...

Esos olores, esos sabores. Hacía los deberes en la cocina.

Mil cosas se han desarrollado alrededor de la cocina,

pero jamás pensé que acabaría en una cocina.

Con todo lo que me ha dado.

¿Cuál fue el detonante que os hizo a tu hermano y a ti,

que crecisteis entre fogones...? Obligado te veas.

Al final, nos hemos criado en un negocio hostelero.

Hemos visto a mi madre y mi padre llevar el negocio.

Terminabas los deberes...

Venías del colegio y pasabas por la barra del restaurante.

Todo se relacionaba con el olor y el sabor de una barra de bar,

de queso, de jamón,

y de lo que conlleva tener un mesón en Illescas.

Y tampoco a lo mejor éramos los estudiantes más...

avezados de la zona.

Y mi padre, que era listo para esto,

había recorrido medio mundo con los toros,

dijo: "Yo creo que os vais a empezar a meter aquí rápido".

Y así fue.

¿Cuándo decides, o cuándo te das cuenta

de que necesitas dar un salto,

que esto requiere más allá de todo el conocimiento trasladado,

de toda esa tradición que has visto en casa,

que hay que dar un salto más y que necesitas formación?

Es progresivo. Entro a la cocina sin saber nada.

Y mi madre: "Los callos se hacen así. Y el cordero lo aso así".

Era una cocina muy precaria. Bueno, a mí me servía.

Pero empiezas a salir, empiezas a ver,

y ves que hay algo más. Empecé con Ignacio Muguruza,

que me enseñó a ser un gran cocinero en el Mar de Alborán, en Málaga,

hace muchos años, y decía: "La letra de la gastronomía

empieza por la B de Berasategui". Y yo decía: "¿Berasategui?".

Me sonaba a chino.

No sabía quién podría ser este personaje.

"A este le tengo yo que conocer". Y efectivamente, estuve trabajando

un mes de agosto en el Bodegón Alejandro.

Bodegón Alejandro, aún no se había ido a Lasarte.

Luego trabajé en Lasarte con él.

Al siguiente verano estuve con Jean Luc Figueras.

Tuve relación ya con Ferran. Y nunca, fíjate...

Ahí fui medianamente inteligente, no me arrepiento.

He estado en El Bulli 400 veces comiendo,

pero nunca trabajando.

Y le dije a Ferran: "¿Puedo trabajar en el Mas Pau?".

Era un restaurante que habían cogido ellos,

que su jefe de cocina y de sala lo llevaban.

Y yo dije: "¿Para qué estar en El Bulli,

que hace una cocina supersónica?

¿Qué pinto yo haciendo esto en Illescas?".

El fenómeno Ferran Adrià nos posiciona como punta de lanza

en la vanguardia, esto es verdad.

Y a partir de aquí hay una generación,

o varias generaciones, que han ido a la estela de Adrià

haciendo una gran cocina

que los grandes cocineros del mundo ahora mismo...

René Redzepi, número uno del mundo, ha trabajado en Mugaritz,

ha trabajado en El Bulli.

Grant Achatz, Chicago, ha trabajado en El Bulli.

Todos los grandes cocineros, el de Italia, el de Módena,

todos han pasado por la escuela Bulli.

El Bulli movió las cocinas del mundo. Esto es muy importante.

(Música)

La alta cocina, estos restaurantes gastronómicos de los que hablamos,

dónde estáis situados, ¿de qué manera crees que influyen

en la cocina tradicional, en la cocina doméstica?

Mucho, claro.

¿Sí? Sí.

Lógicamente, la gente de a pie, la gente de la calle,

no puede hacer lo que hacemos porque no tiene la tecnología.

Es la cocina experimental. Al final, es la Fórmula 1.

Yo no tengo un coche de Fórmula 1,

pero están haciendo siempre un esfuerzo

por ver cómo ajustan el freno, el embrague, la dirección...

Y eso repercute en los coches utilitarios

que vamos a llevar nosotros. Esto pasa también en la cocina.

Veo que entonces esto es un compendio.

El comensal tiene que sentirse a gusto,

a gusto con lo que recibe en la mesa,

y cómo es tratado en la sala,

y de eso se encarga tu hermano, Diego.

Diego, ¿quieres acompañarnos en la mesa?

Al final, tenéis este reparto, que tú nos atiendes fuera, tal...

El artista lo tenemos dentro, pero, si algo no gusta,

lo recibes tú.

¿Cómo hacéis este reparto? ¿Surge de manera natural?

Nosotros teníamos un problema terrible aquí.

Nuestra obsesión era sacar a nuestra madre de la cocina.

Entonces, lo que hacemos es contratar cocineros.

Era mucho trabajo. Pepe estaba de camarero conmigo,

y lo que hacíamos era buscar cocineros en Madrid,

y por aquí pasan muchos profesionales.

Y con los problemas que conllevan.

Entonces, nos hartamos de esto y decidimos que...,

que uno de los dos debe estar en la cocina, y nos alternábamos.

Un día estaba él, otro día estaba yo...

-Hasta que ya me quedé yo y dije: "No vamos a andar cambiando.

Déjame aquí". Sin gustarme, sin verle la gracia.

Fue al azar. Podía haber sido él y fui yo.

Y en esta apuesta, en la que sois muy distintos,

porque está acreditada tu afición al Real Madrid...

Hasta en eso no coincidimos.

Pero tú eres del Atlético de Madrid. A tope del Atleti, sí.

¿Y discutís mucho?

Nos comemos algunas cazuelas de angulas

a la salud del Real Madrid últimamente.

Por perder con el Barça y estos años tan tristes que han tenido.

-Por no hablar de la última Copa de Europa, claro.

Qué manera de aguantar, qué manera de crecer.

¿Y cuál es el secreto de mantener durante 16 años un restaurante?

No debe de ser fácil. Es que esto ha sido progresivo.

No ha sido un restaurante que lo abres de la noche a la mañana,

con una inversión. Esto es una herencia adquirida.

Lo que ha habido es una progresión.

Al final, un restaurante es una maratón.

No es una carrera de 100 metros, ni de 3000, ni de 5000.

Tienes que pensar que es un proyecto de futuro,

que quizá te jubiles con esto, y que tus hijos seguirán o no.

Pero nuestra intención ha sido esa siempre,

esto no ha sido nunca un negocio de pelotazo.

Ha sido un negocio de progresión absoluta.

-¿Sería viable hacer un restaurante en Illescas,

un pueblo de 18 000 habitantes, con ese estilo de cocina?

Pues no, seguramente habría que hacerlo en Madrid,

pero, te vuelvo a repetir, no lo montamos nunca.

Nos los dieron hecho. Y como tal lo tomamos.

Al final es el día a día, el trabajo de todos los días.

Te equivocas y mañana lo tienes que pulir,

y venga otra vez... Constancia.

No tiene más que trabajo y constancia. Es que es verdad.

Las horas me matan, las nubes me hechizan,

mi novia no pita y me pongo a cantar.

Tengo una curiosidad con respecto a esto de las estrellas Michelín.

¿Sabéis cuándo llega un inspector?

Bueno...

Yo te puedo decir que se puede detectar en el...

Te iba a decir una cifra, en el 80 % de los casos.

¿Por su comportamiento, por un chivatazo...?

Bueno, hay toda una, digamos,

literatura,

e incluso entre los restaurantes se filtran los nombres,

los números de teléfono de los inspectores.

Pero no estamos muy pendientes de ellos.

Sí que es cierto que, cuando te llega un inspector de Michelín,

que suele venir solo en un porcentaje alto de los casos,

pues tiene unas peculiaridades

que los que llevamos muchos años en este gremio podemos detectar.

-Se ponen muy ortodoxos.

"¿Me deja usted la carta de vinos?".

Un señor solo pidiendo una carta de vinos,

esto no está al corriente.

Te hace dos o tres preguntas de estas un poco...

Usted es inspector, ¿eh?

Esto ocurre.

Pero, si vienen dos o tres, ya te puedes perder.

¿Pero sabes lo que pasa? ¿Cómo se combate eso?

Todos los días haciendo lo que tú haces bien.

-No tienes que cambiar de estrategia porque venga un inspector.

-Yo cocino para la mesa 1, para la mesa 7 y para 20.

No sé si es Fulanito de tal o el director de no sé qué empresa.

Mesa 1: marcha tal, tal, tal. Mesa 7...

Y ese rigor todos los días, ese es el éxito.

(Canción en inglés)

Estamos en una sala que creo que tenéis como 800 referencias.

Sí, no las tengo calculadas,

pero puede haber unas 750 referencias.

Habéis recibido algún premio con respecto al servicio de vino.

¿El vino puede mejorar un plato?

No, lo que pasa es que acompaña maravillosamente bien.

Yo soy un bebedor de vino, me encanta.

Y voy a muchos restaurantes, ya sé que voy a comer muy bien,

pero voy soñando con el vino que voy a pedir.

Y hay muchos clientes que buscan esto.

-Quiero decir que el vino es el complemento ideal

para una buena comida, sin duda.

-Y olvidémonos del blanco para el pescado y el tinto para la carne.

Oiga usted, coma y beba, disfrute usted.

Beba usted con champán todo el rato

o tome blanco con lo que le dé la gana.

Disfrute de una cosa y de otra.

Bueno, pues si el cliente tiene la razón,

a esta casa vienen también a comer, creo, ¿no?

Hay clientes que vienen a los restaurantes a comer también.

Pues vámonos a la cocina,

que tú estás muy vestido, pero todavía no te has estrenado.

(Canción en inglés)

Pepe, estamos en la cocina. ¿Estamos en la puré?

Esto es en tiempo real. Sí, mira, conoces lo de la puré.

Lo oigo, pero no sé qué significa. ¿Qué es estar en la puré?

La puré es cuando ya está todo el público ahí,

se han cantado todas las comandas

y ya vas con la lengua fuera y no puedes más.

Entonces, ves que no llegas y que no llegas.

¡Marchan dos solomillos! ¡Y pásame dos rodaballos!

Esa es la puré. El momento crítico.

Casi de lo que estamos ahora.

Dicen que detrás de una persona creativa, con talento, como tú,

es necesario tener atrás un gran equipo.

¿Cuántos estáis aquí?

Bueno, entre 12-17 personas solemos estar en cocina.

Yo puedo ser el que tenga el estilo claro de lo que quiero en mi cocina,

pero si no tengo gente que me apoye detrás

y que sienta la cocina con la misma pasión que yo,

si no hay equipo, no tienes restaurante, eso está claro.

Este trabajo necesita, como dijo alguien,

de pasión, presión y precisión.

No necesita presión,

porque esa ya te la mete el mismo comensal cuando se llena el comedor.

Pero pasión sí.

Creo que tiene que haber algo más.

No solamente venimos a cocinar. Venimos a ese puntito más.

Sé que lo puedo hacer mejor todavía.

Cada día hay un punto de mejora.

Tienes que ser muy autoexigente.

Creo que te pides demasiado a ti mismo.

Pero esa es la vidilla,

es lo que te mueve a estar 24 horas en la cocina.

Y pensando en cocina.

Cuando me preguntan a veces: "¿Cuándo piensas en platos?

Si estás aquí o estás allí..."

Yo pienso en platos siempre.

No estoy de 5 a 6 pensando en platos.

Yo estoy en el plató de "MasterChef"

y estoy dándole vueltas con el bacalao este,

ando buscando una salsa, un trazo...

(Música)

¿Cómo olía la cocina de tu madre?

Pues, fíjate, que yo no tuve nunca el gusto por la cocina

hasta ya bien mayor,

pero luego, cuando me puse a cocinar,

esos filetes en salsa, esas albóndigas en salsa,

esa salsa tan perfectamente trabada, reducida, con ese gusto,

perdiz escabechada en la nariz.

Eso lo llevaré siempre. Un escabeche de sardinas.

Ese sabor, ese olor.

Ver a mi madre friendo las sardinas para luego escabecharlas.

Esos olores permanecen ahí.

Entra el aroma, pero va directamente a la memoria.

Totalmente. Al cerebro.

Y empiezas a recordar aromas, gustos. Y yo quiero cocinar con eso.

Podría hacer otra cosa, a lo mejor,

pero me encuentro más a gusto en esa parcela, cocinar con memoria.

Para mí es fundamental.

Es ella quien te enseña a cocinar o con quien aprendes a cocinar.

Los primeros pasos, sí.

Hay un momento en la vida del cocinero, esto es importante,

que reniega de la madre, quiere matarla,

nos pasa a todos, y quieres salir fuera,

y te parece más interesante lo de fuera.

Y es verdad que fuera aprendes técnicas

que mi madre no tenía, lógicamente, porque cocinaba casero.

Pero, cuando vuelves, dices:

"Cómo puedo despreciar lo de mi madre si es donde está la base".

Ahora es verdad que necesito esa técnica

y esas ideas que vi fuera, pero con el sabor que hacía mi madre.

Si se da esa conjunción, eso debe ser la leche.

(Música)

Yo cocino mejor que mi madre. Siempre: "Como mi madre nadie".

No, no, yo cocino mejor que mi madre. Te explico por qué.

Porque hago la sopa de ajo que hacía mi madre, igual de rica,

pero ella la hacía con dos dedos de grasa, por desgracia.

Porque no entendía el concepto de saludable.

Entonces no existía.

Ella no sabía lo que era un aceite de oliva virgen extra.

Yo sí.

Con lo que puedo hacer una cocina mucho mejor.

Con técnicas más actuales.

Los tiempos de cocción mucho más ajustados...

Sacas más los sabores de los productos.

De las verduras, de los pescados. Salsas mucho más ligeras.

¿Tienes algún plato estrella,

algo que nos recomendases de tu carta?

Hay varios platos.

Entiendo que te daría como un menú, con siete u ocho propuestas,

en tamaño más pequeño, para que te haga disfrutar

y te haga un recorrido por La Mancha.

Pero hay, como la ropa vieja,

es un clásico que se ha hecho en el Bohío,

pero es un plato novedoso, actual.

Es recuperar todas las carnes del cocido

y hacer un plato moderno, puesto al día.

Un bacalao tiznado,

que es una manera de entender ese bacalao tiznado

que se hacía en La Mancha, pero el clave mucho más actual.

Una sopa de pescados que hacía mi madre.

Con sabores que atesoras en tu memoria.

Sí.

Así me gusta.

Me gustaría también verte en el otro trabajo.

Ese otro me divierte un montonazo.

Tanto, no te voy a decir más, pero casi tanto como este.

Has descubierto un mundo ahí.

Sí, los de la televisión sois terribles.

Lo hacéis tan bonito...

¿Me invitas a ese plató?

Que me parece precioso desde mi casa, pero no lo conozco.

Lo vas a pasar muy bien.

Ya quisiera yo tener esas cocinas aquí.

Son mucho más grandes que esta cocina que ves.

Vamos a verla.

(Canción en inglés)

La verdad es que no deja de impresionar.

Es un plató espectacular. ¿Tú crees?

Pues sí, porque yo conozco algunos y pocos había visto de este nivel.

Es que yo no soy un profesional de la tele,

entonces, me pensaba que todos los platós podían ser así.

Pues no, ya habrás visto otro tipo de platós.

Esto es una burrada.

¿Qué sentiste la primera vez que entraste aquí?

Yo creo que me puse algo nervioso,

pero es verdad que debo tener un punto inconsciente

y no sabía a lo que entraba.

Como una chiva en un garaje, no sabía dónde estaba.

No lo sé. Ahora siento que es parte de mí.

Me encuentro a gusto. Me encuentro cómodo

y me gusta andar, incluso cuando no hay nadie,

todavía no han llegado las cámaras.

No sé, me encuentro cómodo.

(Continúa la canción)

Pepe, ¿sabes por qué te eligieron como jurado?

Fue un casting, una elección de jurado importante.

Aquello también fue exigente, como para los concursantes.

Si te cuento la prueba de casting...

Soy un poco inconsciente.

Yo no entendía nada, me pasaron hasta un guion, no sabía leerlo.

Pepe, Jordi, Samantha, hablan, dicen... No entendía nada.

Yo me puse allí, valoré.

Pues no me gusta esto.

¿Cómo pones este aceite y no el otro? No sé.

Dije lo que creía.

Me fui a casa un poco diciendo: "¿Qué hago aquí?"

Me llama la productora me dices: "Pepe, te tienes que ver,

voy a tu casa para que lo veas. Estás genial".

Yo digo: "¿Qué dice esta mujer? Déjame en paz. Que estoy genial.

¿Qué puede haber visto en dos minutos?"

No sé, algo ven ellos.

Aquí das una imagen de duro, de exigente.

¿Tú crees? Sí.

¿Eres así o son exigencias del guion?

Soy duro conmigo mismo.

Yo soy el primero que me fustigo.

Busco la perfección siempre.

Lo que pasa que es verdad que la busco de una forma amable.

Soy irónico.

Me gusta vacilarte, reírme.

Decirte que no vales para esto de una forma si ser agresivo.

No va con mi manera de ser. Yo no pego voces en la cocina.

(Música)

Te invito a comer pollo.

¡Cómete el pollo, Andreíta! -No, no, no, no.

¿Y no temes, con la dedicación que tiene este programa,

que es una exigencia tremenda,

dejar un poco de mano, desatender el restaurante?

¿Cómo te organizas? Trabajando mucho.

El doble. Efectivamente.

Es que no me queda otra.

Tengo un gran equipo,

entonces, esto me hace estar aquí tranquilo.

Es verdad que sufro si no estoy en la cocina.

¿Qué destacarías de esta tercera temporada en la que estáis?

Sobre todo el nivel.

Te das cuenta que los concursantes

vienen con la lección mucho más aprendida.

Cocinan mucho mejor, han visto todos los programas,

vienen preparados,

saben que habrá pruebas de riesgo que van al límite.

Ya están preparados para ello.

(Canción en inglés)

¿Cómo valoras tú

y por qué crees que estamos en esta eclosión,

eclosión gastro,

este interés, tanto de medios de comunicación, como del público,

de la sociedad en general, por todo lo relacionado con la gastronomía?

Después de la "nouvelle cuisine",

Juan M Arzak y todo ese grupo de los 10 vascos,

creó ahí una semilla

donde se empezó a fraguar la gran cocina.

Viene un fenómeno mundial que se llama Ferran Adrià

y hace explotar los dogmas que había más atados de la gran cocina.

Y esto hace que a muchos cocineros nos interese este personaje

y le sigamos como un gurú.

Hemos visto a nuestro Cristo.

¿Cuándo crees tú que eso se traslada

y como una fina lluvia va llegando a la sociedad y al resto?

Programas como "MasterChef" hacen por ello.

Hacen que la gastronomía,

que esa alta gastronomía que nosotros ejercemos,

la llevemos al público.

Y que entienda que hay cocinas con tres estrellas, con dos, con una,

el gran público esto lo desconoce,

le da miedo acceder a este tipo de restaurantes.

No solamente por el precio,

porque vas al Santiago Bernabéu y cuesta lo mismo o más.

Hacerle entender que es cultura,

hay que sentarse a una mesa, hay que preparar,

es lo que nos diferencia de los animales...

(Música)

¿Cómo se compadece esto, Pepe,

que las estadísticas digan que cada vez cocinamos menos,

cada vez tenemos más problemas de salud

con respecto a la alimentación?

¿Has reflexionado sobre este asunto? Sí, sí.

Lógicamente, lo reflexiono todos los días.

Es paradójico.

Cuanto mejor está el país, astronómicamente hablando,

tenemos un índice de obesidad infantil más grande en Europa.

¿Esto cómo puede ser?

Bueno, porque hemos ganado unas cosas y hemos perdido otras.

Tenemos que hacer más

porque la sociedad entienda que alimentarse bien es muy importante.

Pero, claro, la mujer

entra a trabajar.

Antes las recetas se transmitían de abuelas a madres, de madres a hijas.

Esto se pierde, lógicamente.

Somos los cocineros los que tenemos el legado.

Yo no puedo aconsejarte,

y es muy duro lo que llevo.

Dejemos que corra el aire.

Bueno, supongo que introducir en tu vida algo como la fama,

la fama que conlleva salir en un programa como este,

récord de audiencia,

que llegan a ver 4 millones de personas,

y que, además, ya estamos en una tercera temporada.

¿Qué es lo que tú, íntimamente, porque eres el mismo, has notado?

¿En dónde has notado más este cambio?

Es verdad que lo he notado en el restaurante.

Ahí sí que te diré

que las ventas han crecido un 100 %, 500 %, 1000 %...

Cuando viene gente y te dice: "Tus seguidores desde Miami,

desde Venezuela, desde Colombia..."

Que no dejas que te quieran, pero quieres que te abracen.

La gente quiere conocerte, quiere verte.

"Mi suegra, mi hija, mi cuñado, te quieren conocer".

"No sé qué les das, qué tienes". No lo sé.

Con respecto a cómo te trata la gente que te conoce de siempre,

quiero decir, en tu pueblo, en Illescas,

¿has notado algún cambio? Ahí no.

Hago la compra en el mercado, voy, vengo,

llevo a los niños al colegio, donde siempre...

Mi vida del pueblo no ha cambiado, sigo siendo el mismo.

¿Qué te dice tu familia? ¿Qué te dicen tus hijas?

¿Qué te dicen cuando te ven en la tele?

Bueno, yo intento que lo normalicen todo.

Porque, claro, a los niños les achuchan en el colegio.

"Tu padre mira cómo come, lo que dice, cómo se pone..."

Y ellos no lo llevan del todo bien, son muy tímidos.

La mayor, la más tímida,

cuando decimos: "Vamos a tomar algo a Madrid a la plaza mayor,

que vamos a comprar...",

"¡No, papá, que te paran por todos los lados!"

Lo sufre.

Pero intento que lo normalicen y que lo lleven bien.

No tiene más misterio. En la vida hay que ser muy normal.

Y tú lo llevas bien.

Has asumido tu popularidad como todo en tu vida.

Sí, porque... Como el éxito y lo demás.

Como todo en la vida, llega, y algún día se irá,

y con esa felicidad que lo he cogido, lo debo soltar.

Muy bien, Pepe, pues te dejo porque ya creo que tienes...

Vamos a empezar a grabar ya. Empieza la grabación.

Gracias a ti. Gracias a ti.

Lucha de gigantes

convierte el aire en más natural.

Cuando la salvaje vierte

lo cerca que ando de entrar

en un mundo descomunal,

siento mi fragilidad.

Vaya pesadilla,

corriendo con una bestia detrás.

Dime que es mentira todo,

un sueño tonto y no más.

Me da miedo la enormidad,

donde nadie oye mi voz.

Al punto. Grandes Chefs: Pepe Rodríguez

35:08 24 abr 2016

Programas monográficos dedicados a los cocineros que han intervenido en el programa Al Punto.

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  • Pepe Solla

    Pepe Solla

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    26:24 20 mar 2016

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    28:46 05 jul 2015

    28:46 05 jul 2015 Al punto descubre, en este último programa de la temporada, la cocina de la mujer con más estrellas Michelin del planeta, la chef catalana Carme Ruscalleda. Además, habla de la nueva moda en el sector de restauración: los restaurantes pop-up, de quita y pon, y se sumerge en el mar para conocer de cerca un producto: el atún.

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