Dirigido por: Antonio Perezgrueso

Este espacio emite documentales sobre alpinismo, escalada y otros deportes de riesgo al aire libre. El equipo del programa ha logrado hazañas destacables, como filmar en el prohibido reino himalayo de Mustang y en Bhután.

‘Al filo de lo imposible’ es una serie documental en la que predomina la emoción, los deportes de aventuras y el riesgo. Está dirigido por Antonio Perezgrueso, y cuenta con realización de Manuel Rojo, producción de Esteban Vélez y Fátima Ramas, y los cámaras Fernando Martín y Luis Miguel Pavón.

La web del programa amplía información sobre cada aventura, con reflexiones de los miembros del equipo que las han vivido. También incluye fotografías de las expediciones y permite volver a ver todos los programas de esta y otras temporadas.

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Para todos los públicos Al filo de lo imposible - Monográfico: Ríos - ver ahora
Transcripción completa

Subtitulado por Accesibilidad TVE

#Cuenta la leyenda que en un árbol se encontraba

encaramado un indiecito guaraní#

(Gritos)

"Y érase una vez un mono desnudo que saltó de un árbol

y dio origen a la humanidad".

Miles de años después,

cuatro amigos provocaron de una manera parecida

que naciera en "Al filo de lo imposible"

un nuevo modo de ampliar nuestra singular humanidad;

porque con el kayak de aguas bravas,

una nueva especie de aventura

habitaría en nuestro loco y salvaje mundo.

Nuestros amigos saltaron de aquel árbol

cantando una canción que nos instruía poéticamente

contra lo que ya escuchábamos

y tendríamos que seguir escuchando en años venideros.

La canción del pájaro chogüí

cuenta cómo una madre grita al ver a su niño escalar un árbol;

y él, asustado por el grito, que no por el árbol,

se sobresalta, cae desde lo alto

y muere para convertirse,

“por extraño sortilegio” como asevera la canción,

en un pájaro libre.

Aunque nos gustara creer en tan preciosa reencarnación,

preferíamos optar por que ningún grito de esa metafórica madre,

en la que a veces se convierte la sociedad,

debería sobresaltarnos;

ni hacernos perder el control de nuestros actos.

En contra de algunos criterios,

seguiríamos asumiendo los riesgos que eligiéramos,

a cambio de prepararnos a fondo para vivir experiencias

que nos hicieran mejorar.

Ese salto a las aguas bravas lo dimos en el querido Pirineo,

principalmente en un río, Ara,

que nos encontramos brutal e indómito,

gracias a alguien fundamental.

-Mi incorporación a “Al Filo” fue de pura casualidad,

iba a venir un amigo a hacer un programa de cañones,

se lesionó y tuve que venir a sustituirle.

Durante el rodaje de los cañones,

yo aproveché y les llevé unas diapositivas

que tenía hechas de lo que hacíamos en aguas bravas, les gustaron,

y ahí surgió la idea de hacer el programa de Aguas blancas,

que fue el primer programa que hicimos de aguas bravas

en el Pirineo.

―Aquí lo que hay es mucho miedo y poca vergüenza.

A continuación vino el Bío-Bío.

Fue el primer gran río extra europeo,

y sí, como ironizaba nuestro director Sebastián Álvaro,

entonces todavía llevaba aguas tan fieras

que su caótico rugir merecía, entre los kayakistas del mundo,

tanto volumen de temor como de atracción.

El chileno Bío-Bío era por entonces un reto importante

para las expediciones de aguas bravas,

pero unos años después fue inundado por la mano del hombre

y se convertiría en algo más parecido a un canal.

Desde entonces, con la muerte de su energía natural,

se fabrica energía eléctrica.

Un tratamiento del río muy diferente

a lo que años después veríamos en los ríos neozelandeses,

donde su naturaleza inmaculada es tan merecedora de conservación,

como la propia vida humana de los maorís

que habitan sus riberas.

En "Al filo" tuvimos la oportunidad de conocer ese Bío-Bío salvaje

con la presa ya construida,

y poco antes de ser inundado,

lo que añadió que viviéramos la aventura como si fuera la última.

Y no por nosotros, en este caso.

No porque alguno de nosotros

pudiera convertirse en un pájaro chogüí,

lo que en otras circunstancias habría sido la opción más probable

como resultado de enfrentar de continuo

la fragilidad humana a la fuerza de la naturaleza;

sino porque, aunque pareciera imposible,

esta gigantesca obra de la creación, que gritaba “vida y libertad”

en cada una de sus olas, rebufos y saltos,

iba a acabar enjaulada por obra del... ¿progreso humano?

Vivimos, pues, la aventura a fondo,

como siempre,

con la concupiscente intensidad que se forja de lo salvaje;

pero acompañados esta vez de una nostalgia en anticipado,

con plena consciencia y lamento por lo efímero y lo irrepetible.

Efectivamente,

poco después el Bío-Bío fue inundado.

Podría seguir siendo el segundo río más largo de Chile,

pero ya sin el valioso título de “el más salvaje”.

A nosotros, además de la vivencia,

la experiencia nos estaba proporcionando aprendizaje.

Como complemento a nuestras prácticas y técnicas

de progresión y seguridad adquiridas en el Pirineo,

aprendimos que la compañía del lento y torpe raft,

en comparación con las ágiles y frágiles canoas,

podía ser un buen “camión” de apoyo

para proporcionar seguridad, y también comodidad,

para futuras expediciones en otros ríos bravos del mundo.

Después de ocho expediciones a Pakistán

conocíamos bien sus montañas,

pero sus aguas rugientes, solo de vista.

Entre ellas destacan las del Indo,

el río del león, el río de los ríos.

Pero no nos conformamos con enfrentar solo a esta fiera.

Quisimos acercarnos a ella

remando también las aguas que le dan vida.

Así, después de adentrarnos por conocidas carreteras,

llegamos hasta la aldea de Hushé.

― ¡Karim!

―How are you my friend?

― ¿Qué tal?

Y gracias a la ayuda de viejos amigos

como el famoso porteador Little Karim,

disfrutamos el privilegio de deslizarnos por las nieves

que deshielan a su río Hushé, para después enlazar con el Syok.

Como fuimos los primeros que descendimos esos lares,

y debido a cierta edad alcanzada,

nos permitimos dejar bautizados algunos tramos

como los “Imserso rapids”.

Después del remanso,

allí donde el río Indo toma su nombre,

como si se convirtiera en león, en edad adulta,

vendría la tempestad.

¿Podíamos esperar que haberlo conocido en su infancia,

haber paleado sus aguas nacientes tan frías

que nos obligaban a un exceso de ropa

que dificultaba los movimientos

y tan altas, que nos ahogaba la respiración,

sirviera para librar sus dentelladas?

Agradecimos la nueva calma que anuncia la llegada a Skardú,

de donde habíamos partido días antes camino de Hushé.

El curso alto del Indo ya nos había dado algún revolcón

y sabíamos que quedaba lo más difícil.

En ocasiones, lo más difícil es sinónimo de lo mejor,

pero, cuando implica asumir grandes riesgos,

siempre se acompaña con el doble filo

de convertirse instantáneamente en lo peor.

― ¡Vaya nadada!

―La mayor burrada que he visto en mi vida

-¿Has visto hasta dónde salta el agua?

El río Indo presenta sucesivos tramos de grado 5,

una máxima dificultad en aguas bravas;

y alguno infranqueable como este: La Batidora.

En general, los 1.200 metros cúbicos de agua por segundo

que nos llevaron río abajo, apenas comenzado el deshielo,

caen por un cauce angosto con un 4 por ciento de desnivel;

pero, en La Batidora,

el ancho se reduce a 20 metros y el desnivel se incrementa al diez.

Dicho de otra manera:

si hubiéramos entrado allí,

ya no estaríamos aquí remando tranquilamente aguas casi planas.

Debíamos, pues, sentirnos muy satisfechos

de haber cabalgado los rugidos del León,

pero también teníamos que reconocer

que el río nos había descabalgado

las veces que fue más listo y bravo que nosotros.

Ante el río de los ríos,

habíamos resuelto la lucha, individual y colectiva,

que se da entre lo posible y lo imposible

y conseguíamos desembarcar vivos para querer contarlo.

Nueva Zelanda será un destino

que nuestros bravos piragüistas eligieron

pensando en clima y condiciones mucho menos severas

y con buenas y bonitas, pero nada baratas,

dificultades técnicas.

Aunque, entonces, las canoas

habían reducido considerablemente su tamaño

y habilitado su diseño para divertirse

en lugares donde pocos años antes hubiera resultado impensable.

Mientras el grupo alpino de "Al filo"

se las veía con el Monte Cook,

el acuático respiraba una cultura del río ejemplar,

en opuesta diferencia a lo que habíamos sufrido

con el destino terrible del chileno Bío-Bío unos años antes.

En Nueva Zelanda los ríos son vitales para los maoríes

y durante años han luchado por su conservación.

Su gran éxito llegaría con el Whanagagui,

que desde 2017 es persona jurídica sobre este argumento maorí:

“Yo soy el río, el río soy yo;

quien hace daño al río, hace daño al pueblo”.

Empapados por una cultura tan sublime,

navegamos el río Rangitaiki,

visitamos la habitación verde del Kaituna,

salimos con bien, del Shotover,

surfeamos la ola del Waikapo,

y saltamos las enhiestas cataratas del río Mauria

sin dejar ningún hueso roto en el intento.

Por razones obvias,

a este río marroquí no quisimos entrar saltando.

Pero al mismo tiempo,

el atractivo de la maravilla natural que son las cascadas del Ouzoud,

impedía dejarlas de lado,

así que decidimos mitigar nuestra impotencia

con alguna solución elegante.

Para bajar lo más verticalmente posible, lo hicimos rapelando.

Resultó relativamente fácil y seguro,

con todo bajo control, como debe ser si no se olvida

que el diablo se esconde en los detalles

de esta maniobra compleja y peligrosa.

Una vez en el agua,

este viaje que comenzaba según el plan

debía ser no más que otro juego en las antípodas

de lo vivido en el Indo.

Sin embargo,

la naturaleza había hecho otros planes

y decidió deslizar una ladera de tierra donde nos encontrábamos.

Por suerte,

la suerte, valga la redundancia, estuvo de nuestro lado,

y sólo resultó lesionado en una pierna un niño,

que asistía como espectador,

y después de las primeras curas, le evacuamos.

Continuamos bajando este río en escalera

que todavía ganó más profundidad de color,

con el nuevo aporte de barro.

Dando saltos y practicando nuevas técnicas,

divirtiéndonos, esforzándonos, siempre teniendo cuidado,

reforzamos nuestra motivación vital.

Efectivamente, como escribió Jorge Manrique,

“Nuestras vidas son los ríos”,

pero, conociendo la luctuosa correlación de su verso,

no teníamos intención alguna de llegar a su mar.

Si dirigirnos a las cataratas Victoria y al río Zambeze,

con el fin de descenderlo,

ya resultaba excitante en sí mismo,

dejarse querer por su pasado

y viajar a la historia de la gran exploración de África

lo colmaría de emociones y significados

más allá de lo vivencial y lo deportivo.

Más allá de sus dificultades, muchas, y enorme caudal,

significaba también,

acercarnos al explorador que las descubrió,

y cuya memoria,

seguramente más humanista que victoriana,

debería ser recordada y respetada:

el escocés David Livingston.

Con el propósito de que su leyenda aligerara nuestros remos,

nos arrojamos a un río que,

a diferencia de todos los ríos que ya conocíamos,

y eran bastantes,

no ofrecía tranquilidad ni en sus aguas más tranquilas.

Remamos juntos, y con el corazón apretado,

por la presencia de los territoriales hipopótamos

esperando que consideren suficiente

la distancia de seguridad que mantenemos;

y de reojo observamos cocodrilos

confiando que tengan su hambre saciada

o que recuerden que nuestras plasticosas barcas no están ricas.

Con poca paz interior recorremos este tramo del Zambeze

en busca de las primeras dificultades.

Desembarcamos

para acercarnos hasta un lugar

desde donde muy pocos habrán podido contemplar las cataratas Victoria.

Reforzados por este privilegio de piragüista,

y después de absorber la energía de la fuerza del agua,

tocará afrontar la dura realidad con un volcánico “trekking”

cargando las canoas hasta el siguiente tramo navegable.

Dejamos los 40 grados, o tal vez más, en tierra,

para saltar a un agua blanda y fácil que nos encontramos a 28 grados.

Volando sin dificultad sobre su blanca espuma,

podemos acordarnos por oposición,

de los muros de agua helada

contra los que nos estrellábamos en el Indo.

Con su caudal de 1.000 metros cúbicos por segundo

en la estación seca y la continuidad de sus rápidos,

este río se merece, a juicio de nuestros piragüistas,

adelantar en calidad a mitos como el río Colorado.

Gracias al desarrollo del piragüismo,

a las nuevas embarcaciones, a lo que enseñaron los maestros,

a lo que aprendimos por la propia experiencia;

sabemos cómo abordar dificultades impensables hacía solo una década.

Pero, al mismo tiempo, sentimos que algo sigue igual:

el coraje y la pasión que nos mueven a enfrentarlas.

Hemos vuelto a Chile.

―¿Qué tal José Mari?

¿Qué tal tienes el golpe?

A un lugar recóndito del norte patagónico,

porque nuestros jóvenes especialistas

piensan que el Futaleufú

es el mejor río del mundo de aguas bravas.

Y no les debe faltar razón porque, de hecho,

futaleufú significa río grande en lengua mapuche.

Pronto el río mostró sus razones.

De entrada,

negociar uno de sus primeros pasos,

el cañón del Infierno,

significaba solventar el grado 5.

Con un gran volumen de agua

y una continuidad de sus rápidos que superaba a la del Zambeze,

no habría apenas momento para el relax,

salvo cuando acampáramos.

Este es el famoso paso Zeta y se lo han pensado;

han establecido la seguridad que van a aplicar

para que Eduardo sepa que todos están ahí,

para él, en caso necesario.

A vista de pájaro, Laureano Casado desde su paramotor,

asistió como espectador privilegiado.

Después de varias expediciones a ríos difíciles,

pero con climas benignos

estábamos de nuevo preparados para volver a las aguas himaláyicas.

Años atrás,

el Indo que se adentra en las montañas de Pakistán,

como si buscara tocar ochomiles como el Nanga Parbat o el K2,

había puesto a prueba

a la generación anterior de piragüistas de "Al filo".

-El Everest, este de aquí,

y de ahí, sale el río que vais a bajar,

el río del Everest.

En el deshielo de este glaciar.

El Dudh Kosi, el río del Everest,

iba a ser el reto himaláyico para nuestros jóvenes piragüistas.

Las aguas recién nacidas de los glaciares

que resguardan las montañas más famosas de la tierra,

apenas trazan una técnica senda de punto y raya,

como si fuera un río ratonero del Pirineo.

Pero no lo es.

Remar dejando atrás montañas como el Everest,

el Nuptse,

el Amadablan,

sólo se consigue superando una logística complicada.

Se necesitan muchos días para aclimatar bien a la altura

y ser capaces de disponer de toda la energía

desde el mismo instante

en que, a 4.200 metros,

el kayak toca el agua.

Porque este río,

cuando recibe nuevos aportes y va aumentando su volumen,

prepara trampas para atrapar a los ratones.

-Esto es infranqueable.

Todo igual, no, pero la mayoría sí.

Te metes en uno y luego te sales.

No toca, ¿no? Edu.

Renunciando a lo que es obligado renunciar,

continuamos un vertiginoso descenso,

ya que el Dudh Kosi pierde 4.000 metros de desnivel

en los 80 km que le separan del Sun Kosi.

Sólo allí se pacifica en su curso hacia el Golfo de Bengala,

1600 kilómetros más abajo.

Pero aquí arriba,

con el cuerpo todavía fatigado por la altitud,

el río de leche merece

cada una de las cautelas y seguridades

que hemos planificado.

Hace ya tiempo que,

a los habitantes del valle del Khumbu,

no les sorprenden los extranjeros que recorren su valle.

Pero no se puede decir lo mismo

si lo que hacen es bajar en piragua su río.

Y con una acrobacia con el kayak

queremos responder y estar a la altura de su sonrisa.

Con nuevos aportes de ríos y regatos

el Dudh Kosi ha doblado su caudal,

pero sigue manteniendo obstáculos ocultos,

sobresaltos continuos.

La diferencia es que todo ocurre cada vez a mayor velocidad.

Por suerte,

al ir perdiendo altura, nuestros reflejos se van afinando.

Incluso hay tiempo para el juego.

Sentimos, por un lado, alcanzar el remanso del Sun Kosi,

porque significa que la diversión ha concluido.

Pero lo hacemos felices,

porque el gran sueño de bajar el Dudh Kosi,

el río del Everest, está realizado.

Volvimos a África en 2006

para beber de unas fuentes reservadas a muy pocos,

las fuentes del Nilo.

De nuevo,

llevaríamos con nosotros la memoria de los exploradores victorianos,

como Burton o Speke,

Livingston o Stanley,

que buscaron afanosamente el lugar donde nacía el mítico río,

con el fin de concluir

lo que desde los tiempos de griegos y romanos

se intentó y apenas se pudo.

Precisamente, en 2007,

los geógrafos indicaron que por 100 km,

desde las fuentes del Nilo Blanco hasta su desembocadura,

el mito africano no era el primer río,

sino el segundo más largo del mundo, después del Amazonas.

Pero el Nilo es, y seguirá siendo,

como la traducción de su nombre indica:

El río.

Y con este paso de grado 5,

el Big Brother bien lo está demostrando.

La nueva llamada de África

fue protagonizada por los mismos cuatro jinetes

que se unieron en el Futaleufú,

y que cada vez aparecen con un kayak más pequeño y extraño.

Mucho han cambiado las cosas en los 20 años

desde que Antxon y compañía se encaramaran a un árbol,

para lanzarse al río con sus enormes barcas,

en aquel primer programa de aguas bravas en el Pirineo.

Para entender lo que estamos viendo:

las técnicas y materiales permiten que ahora,

bajo la modalidad “freestyle”,

ante el concepto “salto mortal”

el peso de la palabra ha pasado de mortal a salto.

-Bueno, aquí hay tema eh,

dentro de la línea será... del centro,

marcarse bastante a la derecha, no,

ir a coger la lengua.

Con la técnica adecuada,

los juegos acuáticos

resultan cada vez más divertidos y eternos,

pero es necesario continuar

y llegará un momento

en que el río se volverá a poner serio.

Con pasos de grado 6,

la palabra mortal volverá por los fueros del agua.

Después de haber resuelto el grado 6 del paso Itanda,

los cuatro jinetes no dudaron en volver río arriba

para retomar el canal izquierdo del río,

y no perderse este que acaban de inspeccionar,

llamado Galagala.

Más corto que el anterior, pero con mayor gradiente,

las leyendas contaban

que de cinco que lo habían intentado tres habían salido nadando.

Y añadían, que el riesgo era mortal.

Después del análisis,

entendieron y sintieron

que manteniéndose en la línea correcta,

más que riesgo mortal

había necesidad vital por afrontarlo.

Aunque una probabilidad bastante alta

de sufrir un revolcón, no estaba excluida.

En el Nilo, superamos los embates de Big Brother,

Itanda, Galagala,

evitamos zonas de rebufo cuando no quisimos arriesgar más,

disfrutamos de trenes de olas altas, por el placer de disfrutarlas.

Porque, lo que no había cambiado,

desde aquel programa titulado "Aguas blancas", en el Pirineo,

es el coraje, la pasión

y la razón por vivir estas experiencias

que ponen al límite el cuerpo y la mente.

Así fue entonces,

y así fue antes de nosotros,

y deseamos que siga así, siendo siempre.

Al filo de lo imposible - Monográfico: Ríos

29:42 29 dic 2018

El interés por los ríos nos llegó de la mano de Antxon Arza, cuando en uno de los primeros rodajes de la serie, al que asistió por cosas del azar, nos contó que se dedicaba a bajar ríos de aguas bravas en kayak.
La pasión que mostraba describiendo la actividad nos animó a probar y muy pronto nos embarcamos en un proyecto que contemplaba descensos por varios ríos del Pirineo.
Aquella experiencia sirvió para descubrir que Al filo de lo imposible podía plantearse el descenso de otros ríos, dentro o fuera de la Península Ibérica. Así que dimos el salto a Chile atraídos por la información que disponíamos de uno de los más bravos del país: El Bío Bío.
Más tarde llegó el Indo en Pakistán, el Zambeze en Zimbabue y otros que hicieron aumentar el currículo del que damos cuenta en este capítulo.

El interés por los ríos nos llegó de la mano de Antxon Arza, cuando en uno de los primeros rodajes de la serie, al que asistió por cosas del azar, nos contó que se dedicaba a bajar ríos de aguas bravas en kayak.
La pasión que mostraba describiendo la actividad nos animó a probar y muy pronto nos embarcamos en un proyecto que contemplaba descensos por varios ríos del Pirineo.
Aquella experiencia sirvió para descubrir que Al filo de lo imposible podía plantearse el descenso de otros ríos, dentro o fuera de la Península Ibérica. Así que dimos el salto a Chile atraídos por la información que disponíamos de uno de los más bravos del país: El Bío Bío.
Más tarde llegó el Indo en Pakistán, el Zambeze en Zimbabue y otros que hicieron aumentar el currículo del que damos cuenta en este capítulo.

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  • Monográfico: Ríos

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    Tierra

    28:36 02 dic 2017

    28:36 02 dic 2017 Edmund Hillary, Tenzing Norgay o los antárticos Roald Amundsen, Robert Falcon Scott y Ernerst Sackleton, son entre otros, los héroes que recorrieron aquellos confines remotos de la Tierra, de gran altitud o inquietud. Se suma Robert Peary que alegó ser la primera persona en llegar al Polo Norte. Everest, Polo Sur y Polo Norte -un trío conocido como los Tres Polos de la Tierra- fue el primer gran reto de 'Al filo de lo imposible'. Como amantes de los grandes espacios de la Tierra, al equipo le atrajo la posibilidad de llegar más alto o recorrer un itinerario más largo por los desiertos helados. El programa buscaba dar un paso más allá y experimentar este viaje a los polos opuestos. Sabían que el Everest, como también el Ártico y la Antártida, apenas apuntaban entonces un proceso de transformación que, por distintos motivos, hoy se ha convertido en un serio peligro de destrucción. En el Everest, el equipo de 'Al filo…' pudo vivir una montaña sin la masificación actual que arrasa con el significado original que tuvo para los héroes. La experiencia adquirida en la expedición al Hielo Patagónico Sur supuso un incentivo que sirvió para acelerar el deseo de alcanzar los Tres Polos, una sucesión de pasos lógicos que se concibió en alianza con el Grupo Militar de Alta Montaña y algunos de los alpinistas más comprometidos y capaces. El Annapurna, fue la primera cumbre que unió a Juanito Oiarzabal con 'Al filo'. A partir de entonces se sucedieron las expediciones conjuntas, la unión de fuerzas tuvo dos objetivos: Juanito quiso dar una segunda vuelta a sus ochomiles, y a la vez se sumaba a la consecución de los catorce de Edurne Pasaban.

  • 27:14 25 nov 2017 Lo que convierte a Groenlandia en un lugar excepcional para la aventura son sus numerosas montañas. Accesibles desde sus fiordos, presentan paredes cuya verticalidad asusta.

  • Agua

    Agua

    27:46 18 nov 2017

    27:46 18 nov 2017 Con este capítulo monográfico que tiene como nexo común nuestras vivencias en el medio acuático, queremos compartir con nuestros espectadores, algunos de los mejores momentos vividos en las diferentes aventuras que nutren nuestra extensa biografía.

  • El sueño de volar

    El sueño de volar

    29:31 11 nov 2017

    29:31 11 nov 2017 Capítulo dedicado al medio aéreo, centrado en la fusión de tres especialidades de vuelo: velero, ala delta y parapente con tres personas conocedoras de cada una de ellas que aportarán su visión profesional: Alfredo Martín, Blay Olmos y José Isidro 'Josito'. Alfredo Martín, parapentista de alto nivel y piloto de velero, aporta la visión del velero pero también la del romanticismo del vuelo libre, expuestas a través de su amplia experiencia en parapente donde ha realizado hasta 348 kilómetros de distancia. Blay Olmos es piloto de ala delta, reconocido a nivel mundial, y recordman español de ala delta y parapente. Este protagonista proporciona el prisma del competidor que busca las marcas; una visión deportiva encarnada por un piloto de la nueva generación con la energía de la juventud. La polivalencia con diferentes disciplinas del parapente (monoplaza, biplaza) la representa José Isidro 'Josito', alpinista y parapentista de distancia y montaña. La participación de Marga Sanz parapentista y David Gutiérrez paracaidista especialista en salto B.A.S.E hace de este capítulo un referente para los amantes del vuelo.

  • Al Filo aire

    Al Filo aire

    28:16 04 nov 2017

    28:16 04 nov 2017 Con este capítulo monográfico que tiene como nexo común nuestras vivencias en el aire, queremos compartir con nuestros espectadores, algunos de los mejores momentos vividos en las diferentes aventuras aéreas que nutren nuestra extensa biografía.

  • 27:56 28 oct 2017 Albert Guardia, Iván Germán y Urko Carmona sufrieron la amputación de una pierna como consecuencia de diferentes accidentes de tráfico, los tres practicaban la escalada. En este capítulo cuentan cómo la práctica de ese deporte les ha ayudado a superar la pérdida de ese miembro.

  • 27:07 21 oct 2017 Albert Guardia, Iván Germán y Urko Carmona sufrieron la amputación de una pierna como consecuencia de diferentes accidentes de tráfico, los tres practicaban la escalada antes de los accidentes. En este capítulo cuentan cómo la práctica de ese deporte les ha ayudado a superar la pérdida . Tras varios meses de recuperación, cada uno de ellos y en diferentes momentos, sienten la necesidad de retomar una actividad que realizaban antes del suceso. En esta primera parte cuentan cómo la práctica de la escalada deportiva les ha ayudado a superar la pérdida de ese miembro.

  • 27:09 05 feb 2017 Pamir, significa en persa " techo del mundo" y en realidad es la unión de las cordilleras del Tian Shan, Karakorum, Kunlun e Indu Kush, situadas al oeste del Himalaya. Cuatro montañeros, Pepe, Emilio, Antonio y Benito, viajan desde la población murciana de Caravaca de la Cruz con el objetivo de conquistar uno de los picos más emblemáticos del nudo del Pamir: el Pico Lenin.

  • 27:33 22 ene 2017 Desde los inicios de la serie, los Pirineos han sido uno de los lugares favoritos del equipo para la práctica de diferentes disciplinas con un denominador común: La aventura. Sobre volar el macizo a bordo del globo Al filo 1 pilotado por Laureano Casado. Descender el río Ara en Kayak. Disfrutar con un trepidante descenso en bicicleta, estas son algunas de las actividades que el equipo afronta en este capítulo.

  • 28:52 15 ene 2017 Axier Muniain, un consumado surfista de Zarautz se adentra en el mundo de las olas gigantes. En este viaje a la búsqueda de la ola perfecta, descubrimos que hay lugares a lo largo de la costa cantábrica donde es posible encontrar olas de más de 10 metros, con las que sólo se atreven algunos especialistas. La aventura continúa en la costa portuguesa donde encontramos la ola más grande surfeada hasta el momento.

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