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No recomendado para menores de 12 años Águila Roja - T9 - Capítulo 104
Transcripción completa

(JADEA)

(GRITA)

Cometí un error. Si pudiese deshacer

lo que hice, lo haría.

Quiero que formes parte de algo importante.

Histórico.

-¿Por qué te has disfrazado

así, Bernardo? -Aquí no soy Bernardo.

Soy el Excelentísimo Duque de Tomelloso y Peláez.

Tuve una visión, Sátur. Una epifanía.

Casarme con una mujer rica y vivir de las rentas.

(RÍE) Eso no es una epifanía, Bernardo.

Eso es el sueño de todo español.

No todos los días está conmigo la persona que me lo enseñó todo.

No solo he venido a despedirme de ti.

Voy a hacerte mi heredera.

¿Quieres casarte conmigo? Sí, quiero.

Recibe esta alianza en señal de mi amor

y de mi fidelidad a ti.

¡Alto, en nombre de Su Majestad! ¿Qué vais a hacernos?

Vamos a matar al Rey de Portugal. Y te necesito.

A partir de este momento, estamos solos.

Si saben nuestra ruta, saben también nuestro destino.

Seréis ajusticiados.

¡Ah!

¡Ah!

-Ha llegado un emisario portugués.

Al parecer, piden un rescate por unos prisioneros españoles.

Están vivos.

Haré lo que sea para salvarlos.

No saldremos de aquí.

No conozco a esos hombres que tiene prisioneros

-Esos hombres que usted no ha mandado, serán ejecutados.

-Si deben morir, que mueran.

-Si confesáis que Felipe de Austria os envió,

seréis libres.

Yo le diré quién nos ha enviado.

No lo hagas.

Quiero que libere a dos de los prisioneros españoles.

Hernán Mejías y Gonzalo de Montalvo.

Mate a Felipe IV. Lo haré.

Solo podré liberar a uno.

El hombre que elija, salvará la vida

-¡Los caballos! Si alguien nos sigue, el rey morirá.

(Relincho)

Eso es. Voy a rellenar

este cerdo con pólvora.

El rey y sus consejeros ya tienen menú para esta noche.

Nadie ha visto a Gonzalo y a Sátur en el campamento.

¿Entonces, dónde están? Pues no lo sé.

Pero yo voy a buscar a Gonzalo. Yo voy contigo.

-¿Qué pasaría si uno de nosotros es herido en esta celda?

No le dejarían morir. Y la persona que salga

de esta celda, puede escapar

e intentar salvar al resto. -Yo lo haré.

-¿Tú? -Sí, yo.

El normal. El menos increíble de todos ustedes.

¡Sátur, no!

(Explosión)

El rey se salvó del atentado.

Hernán y Gonzalo están muertos.

Cuando te vi nacer, nunca pensé que también te vería morir.

Preferiría morir solo, que a tu lado.

Perdón por la tardanza,

pero me costó quitarme las vendas.

(Disparos) -¡Ah!

(Disparos)

Hasta que no encuentre a Gonzalo, no paro.

Margarita. Gonzalo.

Hemos vuelto todos sanos y salvos.

Ha sido bonito mientras duró. Que no ha sido mucho.

No he podido encontrar un regalo que sea digno de ti.

Algo tan especial, que te va a cambiar la vida.

Es él. Él es el hombre

del que te has enamorado. Gonzalo.

¡Contesta!

Tenemos que encontrarlo como sea.

Un lugareño ha visto a un hombre

en la Cueva de la Cruz. Dice que lleva tiempo

viviendo allí. Vamos. ¡Vamos!

(Relinchos)

¡Por allá! ¡Por allá!

Hoy iba a ser el día más feliz de mi vida.

Cada vez que te mire, te imaginaré con ella.

No me busques.

Hasta los huevos.

Con el debido respeto, pero estoy...

estoy de patear el monte hasta los huevos.

No quiero que vengas a verme cada día, Sátur.

No crea que es plato de buen gusto.

Que verle a usted aquí encerrado en esta cueva,

es para mí un sinvivir. Mire cómo me he quedado.

Entre los nervios y los piojos, se me han caído

los pelos de la barba y me tuve que afeitar la cabeza.

¿Pero cuándo va a acabar este castigo, amo?

Que lleva usted aquí dos meses hacinados.

Necesito pensar. No. Si yo lo comprendo.

Que el desamor duele como si le arrancaran

a uno las tripas a bocados. No estoy aquí solo

para pensar en ella, Sátur.

Ah, bueno, esta es nueva.

También pienso en Cristina.

Y en mi madre.

En sus muertes.

Todas las decisiones que he tomado en esta vida,

han causado dolor a alguien.

Amo, las vidas felices solo pasan en los cuentos.

La vida real, la que respiramos usted y yo,

esa es una hostia sobre otra.

Todo lo he hecho mal.

Ojalá pudiera volver atrás y cambiar el pasado.

Pero no puede.

Y aunque pudiera, la cagaría otra vez, amo.

Porque usted, ante que héroe, es humano.

Y ese es nuestro sino.

Así que, lo único que puede hacer, es apechugar

y tirar para adelante.

¿Por qué no nos volvemos? ¿Eh, amo?

Es hora de volver, ¿no?

¿Han dado señales de vida? -No, majestad.

Después de tanto tiempo, creo que nunca se recuperarán.

Quizás, si le hago una sangría...

-Haga lo que sea necesario.

-Iré a buscar las sanguijuelas.

(GIME)

(GIME)

¡Cardenal! Se ha recuperado.

Es un milagro.

-Un milagro, sí.

¿Hay noticias de Gonzalo?

Tiene a un lacayo frente a la puerta de su casa día y noche.

Si regresa, lo sabremos.

Nunca le perdonará.

¿Sabes lo que es esto?

Hay que cuidarlo con sumo cariño y delicadeza.

Pero, sobre todo, con paciencia.

Mucha paciencia.

Tarde o temprano, Gonzalo volverá a mí.

Amo, si quiere, le pongo al día de las injusticias

que se ha perdido en los últimos meses.

Me da igual lo que haya pasado.

¿Cómo que le da igual?

Siempre ha habido injusticias y siempre las habrá, Sátur.

Nada va a cambiar nunca. ¿Pero qué le pasa?

¡Ay, Dios! Que usted...

Usted no es usted.

Usted ha cambiado.

Si hasta su mirada es... es distinta.

(Relinchos)

¡Detenedle!

¿Qué estás haciendo?

¿Qué pretendes?

Lo mío es mío. No volverás a tocarla.

¿Por qué has mandado cambiar tu testamento?

¿Qué ha pasado con el Castillo de San Esteban

y sus tierras? -Eso no te incumbe.

-Se lo has regalado a la Duquesa de Valfermoso.

-Te he dicho que no es asunto tuyo. -¿Y suyo?

Díselo. Dile que le vas a dejar un reino arruinado,

por satisfacer a tus amantes.

-Son mis posesiones.

Y hasta que muera, podré disponer de ellas como desee.

-Todo es y será de nuestro hijo.

Y si su propio padre no es capaz de protegerle,

acudiré al mismo papa o a Dios.

-¿Dudas de mi amor por él? -¿Amor?

Tú nunca has querido a nadie.

Solo a ti mismo.

(RECUERDA A LA REINA) "Amor.

Nunca has querido nadie.

Solo a ti mismo. Solo a ti mismo".

-Majestad.

Vengo a ponerme a su disposición para lo que quiera.

-Malasangre.

Me alegra verle recuperado. -Gracias.

El nuevo gobernador de Yucatán espera sus órdenes

para partir hacia las Américas.

Está en el Salón del Trono. -Está bien.

Hablaremos luego.

(Suena un crujido metálico)

Querido Felipe.

Hoy es el día del baile. (LEE MENTALMENTE) No dejo de pensar

en cuándo nos veremos de nuevo. Estoy feliz. Te amo.

Laura de Montignac.

(LEE MENTALMENTE) Ojalá pronto podamos dejar de vernos

en secreto en mi alcoba.

He dado a luz a nuestro segundo hijo.

Está sano. Se llamará Gonzalo, como decidimos.

Se parece a ti.

(LEE) Decano de la Universidad de Alcalá de Henares.

Tal y como pidió Su Majestad, le envío copio

del título obtenido por el joven...

Gonzalo de Montalvo.

Uno de los alumnos más brillantes que hemos tenido.

Gonzalo de Montalvo.

Ese el hijo del rey.

Ay.

¡Ay, Perico! Que me vas a matar.

-Pues no era tan difícil llegar. No me he perdido ni una vez.

-¿Cómo se te ocurre venir sola desde tan lejos?

Te podrían haber asaltado en cualquier camino.

-Sola viajo más rápido.

-¿Y tu equipaje?

-Lo que necesito, lo llevo conmigo.

-¿Y tus vestidos? Dime, al menos,

que trajiste el que te regaló el embajador.

(RÍE) Ese es el primero que he tirado.

-¿Lo has tirado?

¡Pero si costaba una fortuna! Que tenía hasta pedrería.

-Te veo en la villa.

-¡Cipri!

Cipri... -¿Y ahora qué te pasa?

Todo el día gritando. -Tienes que ayudarme,

lo han detenido. -¿A quién?

-¡Al amo! -He ido a verlo a los calabozos

y no me han dejado ni pasar.

¿Y eso qué es lo que es?

-Llevan un rato montando esa cosa.

Creo que van a ajusticiar a alguien.

¿Qué habéis hecho? -Cipri, no hemos hecho nada.

¿Qué vas a hacerme?

¿Eh? ¡Contesta! ¿Vas a matarme?

¡Padre!

¿Qué está pasando?

¿Qué le vas a hacer a mi hijo? ¡suéltalo!

Suéltalo.

¡Suéltalo! ¡Suéltalo!

¿Qué quiere, que su hijo vea cómo matan al padre, malnacido?

¡Ah! ¡Ah!

-¡Esto es una injusticia!

¡Asesino!

(DISPARA)

(Gritos y murmullo)

¿Alguien más tiene algo que decir?

Pues todo el mundo fuera. ¡Vamos!

Hernán.

Hernán...

Suelta a mi hijo.

Por favor, suéltale.

¿Qué vas a hacerle?

Él será tu verdugo.

¡Hijo de...!

¡Suéltale! ¡Hernán!

¡Hernán!

¡Suéltale!

¿Dónde? Hemos recorrido todas las malditas plazas,

los calabozos, los cuarteles de la villa.

Ah... Quizá si descansa un poco,

mañana podrá... ¡No, no lo entiendes!

¡No habrá mañana!

Conozco a Hernán,

o mata o muere.

Gonzalo es lo único que no está podrido en mi vida.

No quiero perderle.

(Se oyen pasos acercándose)

Señora.

Están preparando una ejecución en San Felipe,

es la del maestro.

(Murmullo)

(Música oriental)

-Esto no tiene gracia ni tiene nada,

esto es una barbaridad.

Esto no puede ser, ¡esto va a ser un desastre!

Parad, parad...

Hay mozas en mi pueblo

que ordeñan a las vacas con más gracia.

Eh, que... Vamos a ver,

¡que os tenéis que meter mano, leche!

(Risa) Quiero más guarrerío.

-No le hagáis caso.

Es un número precioso.

-¿Pero...? ¿Y tú qué haces ahí subida?

Te vas a descalabrar antes de la inauguración.

-Ah...

No sé.

¿Y si cambiamos el color de las cortinas?

-¡No, no, no, no! No se cambia nada, no da tiempo.

-Ah...

Ha quedado espectacular, ¿no creéis?

-Ah, ya, te has gastado hasta el último maravedí que tenías.

No entiendo cómo lo arriesgas todo por este negocio.

-Porque no quiero depender de nadie nunca más.

-¡Eh! ¿Seguimos o paramos?

(RÍE) -Si es que lo tengo

que hacer todo yo.

Vamos a ver... Que no es tan difícil, coño,

vamos a ver...

Que traigan el plomo fundido.

Ay, Dios mío, que es plomo hirviendo,

se lo van a echar encima. -Dios mío.

Cuando yo te diga, tirarás de la cuerda.

Caerá el plomo y todo habrá acabado.

Cógela.

Dile que lo haga o moriréis los dos.

Prométeme que él se salvará.

Si hace lo que le digo, se salvará.

Cógela, hijo.

Escúchame, Alonso,

tienes que vivir.

Coge la cuerda.

Hazlo por mí.

¡Hernán!

(MURMURA)

¡No, dejadme pasar!

(RESPIRA DE FORMA ACELERADA)

Escúchame, por favor.

Haré todo lo que me pidas.

Todo.

Déjale ir

y estaremos los dos solos para siempre.

Perdónale.

Por favor.

Por favor, Hernán.

Lleváosla. ¡No, no, no, no!

¡Ah! Hazme a mí lo que quieras,

es culpa mía.

Es culpa mía, Hernán, por favor, no lo mates.

No lo mates. Sacadla de aquí.

¡Sacadla! ¡No, no, no!

(GRITA) ¡No lo hagas!

¡Hernán! ¡Hernán!

¡No! ¡No!

¡No!

Acabemos con esto.

¡Hazlo!

Alonso, ¡hazlo!

¡Hazlo!

(RESPIRA DE FORMA ACELERADA)

Ah...

Amo...

Que le he conseguido a usted un bollo preñado

para que vaya cogiendo fuerzas.

Porque menuda nochecita, ¿no?

Hay que ver la mente retorcida que tiene su hermano.

Es un sádico y un asesino.

Ha hecho lo que se espera de él. No.

No, lo que se espera de él no.

Que el cabreo que tenía era todo por celos.

Yo pensaba que iba a cortarle el campano y las campanillas.

¿Alonso se ha levantado ya? No.

No, el chiquillo está durmiendo.

No me extraña después de semejante vía crucis.

Y usted, amo, si me permite, debería hacer lo mismo.

Todo lo que sufrió anoche mi hijo fue por mí.

¿Por usted? No, por usted no, amo,

que esta historia es más vieja que el vino tinto:

Dos hombres se reencuentran y una mujer lo jode todo.

No, Lucrecia no tiene la culpa de esto.

Amo...

Lo que usted quiera, pero la próxima vez

que se encame con alguien, elija mejor.

Que mire usted la que ha liado.

Un error puede destrozar muchas vidas.

La próxima vez que usted tenga necesidad,

me lo dice y yo le llevo a ver a Rosita la Sacaleche,

que tiene un juego de manos esa mujer que le vuelve loco a uno.

¡Menuda mujer!

Sátur, prepara mi caballo,

van a ajusticiar a un inocente.

¿Y ese ánimo?

Si usted siempre antes de un salvamiento

se me viene arriba.

Estoy cansado, Sátur.

Pero eso es porque no ha pegado ojo.

¿Por qué no se salta usted a este inocente, eh, amo?

Si, total, nadie se lo va a echar en cara.

No, Sátur, estoy cansado de mí y de mi vida.

De todo. ¿Pero se está oyendo?

Que es su yo sombrío el que está hablando.

No puedo más.

A lo mejor lo que necesita es algo que... que le ilusione.

¿Por qué no vuelve al "cocris"?

Todavía no sabe quién es su padre.

No me importan mis orígenes,

me da igual quién sea mi padre.

Prepara mi caballo.

¿Qué hace?

(RECUERDA) "No me busques".

"Nunca es tarde para visitar a un viejo amigo".

Espabile, amo, por Dios, que le van a hacer picadillos.

(RECUERDA) "Me prometiste

que no volverías a hacerlo".

"¡No...!".

(LLORA) "¡Padre!".

(GRITA)

(GRITA) ¡Amo...!

¡Ah, uh!

¡Ah!

(RESPIRA DE FORMA ACELERADA)

Amo...

Amo, diga algo. Hable, por Dios.

No puedo continuar así, Sátur.

¿Pero qué le ha pasado?

¿Qué le ha pasado? Nunca le había visto así tan ido.

Que casi le parten en dos, ¿eh?

No puedo seguir. No, no, no, no.

No empiece otra vez con el flagelo, no.

Cada rincón de esta villa me recuerda a quien fui, Sátur.

Todo lo que hice mal. ¿Pero de qué está hablando?

Ah... De volver a empezar.

¿Pero se refiere usted a...? A empezar desde cero en otro lugar.

Dejar todo esto para siempre.

Espere, espere, espere, espere, espere, espere.

Espere, que yo también necesito mi tiempo, espere.

Aquí solo nos queda dolor.

Vamos, usted... Vamos, si usted lo ve así de claro

y siendo el amo...

Pero yo por lo menos necesito un mes

para hacer la mudanza, empacar los cacharros...

No, Sátur, nos vamos hoy mismo.

¿Cómo hoy?

Amo...

¿Hoy de hoy dice usted?

¿Eh?

(Llaman a la puerta)

-Uh hombre me ha dado esto para el maestro.

-¡Eh!

¡Eh!

Un cuadro.

Eh...

Ojalá supiera leer.

(Llaman a la puerta)

¿Y ahora qué?

¿Por qué siempre que vengo a esta casa me encuentro contigo?

No sé, señora, yo vivo aquí.

¿Está el maestro?

No está, señora.

Pues...

Dile que la marquesa de Santillana ha venido

a interesarse por su salud.

Y que le he traído algo para que se recupere:

Queso con pimentón del Tiétar, ostras en escabeche,

hojaldres de miel y canela, que dan vigor,

galletas de las madres Bernardas,

aceite de Mallorca y un poco de jazmín de Grasse

para después del baño.

Pues... qué bien,

aunque aquí lo de bañarse es de poco en poco.

Pero somos muy de queso.

Ah...

Qué carácter

A ver, un poco de organización,

Saturno, este, para los puñales grandes,

este, para las estrellitas y este para los puñales pequeños.

¿Qué haces hablando solo, Satur?

Pues, nada, organizando un poco la mudanza.

Aunque, ya le digo a usted,

que este traslado me parece un poco precipitado.

A veces, es mejor no pensar demasiado las cosas.

Ya, pero, que no estamos jugando a la brisca,

que un cambio de vida requiere una pensá.

Mientras estemos juntos, estaremos bien.

¿Se lo ha dicho ya a Alonsillo?

Aún, no.

Amo, recapacite, que aquí tenemos su escuela,

tenemos una estabilidad, si nos vamos, estaremos mano sobre mano.

Cuando me fui solo de esta villa era un crio y sobreviví,

voy a volver a hacerlo, Satur.

Nos ha jodido, entonces era usted joven.

No tenía nadie a su cargo,

pero, ahora, tenemos canas hasta...

Buscaré trabajo de maestro y si no, de mozo o de librea.

No voy a permitir que esta familia pase hambre.

Cuando habla de familia, ¿también incluye al Cipriano?

También, si quiere, hay un sitio para él.

¿Y el chino, qué hacemos con él?

Lo dejaremos en casa del molinero hasta que encontremos

una casa en nuestro nuevo hogar. Muy bien me parece

porque ese chiquillo está más viajado que Marco Polo.

Luego volveremos a por él.

Y una cosilla sin importancia que me ronda a mí la cabeza.

¿Ande cojones vamos a ir que no ha soltado prenda?

Al sur. ¿Al sur?

Y si ya lo tenía decidido, ¿por qué no me lo dijo antes?

Satur, te lo estoy consultando ahora, ¿qué te parece?

¿El sur?

Me parece una idea cojonuda, amo.

Qué... Qué clima, qué comida, qué alegría de vivir,

ole, ole y ole.

Ja, ja, ja, ¿y si nos vamos a Sevilla?

Sevilla me parece una idea excelente.

Y a mí, también. Una cosa, Satur...

Nadie puede saber dónde vamos. No, no.

Y...

Gracias por apoyarme. Nada, ¿sabe una cosa que le digo?

Que en la meseta ya he disfrutado mucho del Águila Roja

y que está muy bien que usted

imparta justicia en el sur que falta les hace.

¿Por qué se viste de hombre?

No voy al teatro, ayúdame a vendarme los pechos.

Entonces, ¿dónde va a una fiesta de disfraces?

Voy a celebrar que Gonzalo está vivo,

Margarita, lejos

y el comisario, bueno,... Ayúdame a vestirme.

Me parece perfecto, pero, todavía no me ha dicho dónde va.

A la inauguración de La Deleitosa.

Allí, solamente, pueden entrar hombres.

Y entraré como uno de ellos.

Y, aunque llegue tarde, despiérteme mañana para ir

al mercado de San Felipe, me haré la encontradiza con Gonzalo.

Necesito una camisa, búscame alguna de mi talla.

Me da igual a quién se la quites, pero, que esté limpia.

Hernán. No tengo tiempo para ti.

Espera.

Sólo quería darte las gracias por lo que hiciste ayer.

Fue muy noble perdonar a Gonzalo,

nunca lo olvidaré.

No sabes cómo me arrepiento.

Sé que es precipitado, pero, deberías decirme algo.

Nací aquí.

Y pensé que pasaría la vida en esta casa.

Ya eres todo un hombre,

Alonso, puedes tomar tus propias decisiones.

(SUSPIRA)

No voy a dejarte solo, padre.

Una casa son solo piedras.

Tenía miedo de que no quisieras venir.

¿Te hubieses ido sin mí? Por supuesto que no.

¿Entonces, por qué me lo has preguntado?

Bueno, quería que tuvieras

la sensación de que pudieras decidir.

¿Y la casa?

La vendemos.

Echaré de menos todo esto.

Crecer es aprender a despedirse, hijo.

Algún día lo entenderás.

¿Dónde vamos a vivir en Sevilla?

Mientras no encontremos un buen hogar, viviremos en una posada.

¿Si no le caemos bien? Dicen

que pueden pasar años hasta que acepten a un forastero.

Nos adaptaremos, Cipri, como hicieron muchos

antes de nosotros, no hay de qué preocuparse.

Sooo.

¿Qué pasa, Cipri, por qué paras?

¿El agua de allí será buena?

No sé, yo...

¿Y qué cojón te importa ahora el agua, Cipriano?

-No sé, por si acaso, eché un par

de pellejos del Jarama que es agua buena.

Pues bebe y calla... Te tiro por Despeñaperros.

Es que nunca he vivido fuera de nuestro barrio.

Ni yo.

Los principios nunca son fáciles, pero, nos tenemos

los unos a los otros, saldremos adelante.

Satur, ¿has hablado con el cura de San Felipe?

Sí, amo, sí.

Dice que nos mandará el dinero cuando venda la casa.

Bien. También, he dejado un mensaje.

¿Mensaje para quién?

Pues, para la señora Margarita, por si vuelve con ansia

de perdón para que sepa dónde estamos.

Sooo.

¿Qué pasa, Cipri, por qué paras?

Nada, que tendrá otra preguntita, no?

No, acaba de venirme como un recuerdo,

creo que se me olvidó algo en casa.

¿Qué te se va a olvidar

si trajiste hasta la chimenea, qué te se va a olvidar?

No sé, pero me está rondando.

No será nada, Cipri, sigamos.

A lo mejor era importante.

Vaya, vaya viajecito...

Vaya viajecito que nos espera.

(ORDENA AL CABALLO ANDAR) ¡Ay!

Malasangre, me alegra verle

Quizá, quiera acompañarme esta noche.

Celebran la apertura de un salón

para divertimento de los hombres. -No, prefiero organizar

mis propias celebraciones.

¿Y qué le trae, entonces, en mi alcoba?

Majestad...

¿Ha pensado usted en el futuro del reino?

¿Acaso yo estoy muerto?

El futuro está en buenas manos, las mías

y luego, estará en las de mi hijo

Carlos y así, sucesivamente, por la gracia de Dios.

Puede que haya alguien mejor que su hijo Carlos para reinar.

No, no hay nadie.

El príncipe Carlos es muy débil de salud.

Puede que sea el último rey de su familia.

El príncipe Carlos será un gran monarca

y así lo he dispuesto.

¿Y si hubiera otro heredero perfecto?

Alguien de su misma sangre.

El destino ya está escrito,

la historia no se puede cambiar.

(Risas)

Bienvenidos a La Deleitosa. ¡Un brindis para Anais!

(TODOS) ¡Por Anais!

Perdón, caballero.

Hernán Mejías.

El comisario de la villa.

Me han dicho que es usted la ley. Le han informado bien.

Bonito sitio, estuve en uno

parecido en La Habana, pero, este le supera.

Es una bella ciudad,

el atardecer, desde el puerto, es incomparable.

Veo que la conoce bien.

Viví allí varios años.

¿Me permite un consejo?

Levantará muchas envidias en esta villa con este negocio,

va a necesitar protección y yo se la puedo dar.

Vaya, veo que es una visita de negocios.

¿Quiere su dinero al contado?

Le ofrezco negociar una rebaja.

¿Lo dice por alguna de mis chicas?

Me refería a usted.

No.

Entonces, el dinero, al contado,

pasaré mañana para hablar del precio.

Hoy está usted muy ocupada.

Con su permiso.

Este local va a ser un éxito,

aunque solo sea por la dueña,

es la mujer más guapa que vi en mi vida.

¿Qué?... ¿La más bella?

Esa puta no es más bella que yo.

Lucrecia, ¿qué haces aquí?

¿Qué haces tú? Babeas más que un caballo.

Lucrecia...

Lo siento, no se permiten damas en este local.

Tiene razón, no veo ninguna.

Hernán.

Lucrecia.

¿Cómo es Sevilla, Satur?

¿Sevilla?

Sevilla es el paraíso del soltero, Alonsillo.

Las mujeres con más curvas que Sierra Morena y unas nalgas...

Sevilla es una de las ciudades

más importantes de Europa, allí está el Puerto de Indias.

Barcos de todo el mundo entran y salen comerciando

con telas, medicinas, algodones...

Y, también, creo que tienen una torre de oro y otra de plata.

Siento decepcionarte, Satur, pero, eso solo son sus nombres,

las paredes no están llenas de lingotes.

Va, como sea, es que solo pienso en nuestra nueva casa, amo,

que parece que ya la estoy viendo

con unos chorros de luz entrando, toda la fachada blanca

y un patio donde tocar la palmas, ¡ole!

(RÍE) Je, je, je.

(HABLA EN VOZ BAJA) ¿Qué será?

¿Qué dice este?

¿Qué estás rumiando, Cipriano, qué será el qué?

Sigo sin recordar lo que se me olvidó y era importante.

Ay, Dios, hágale usted entrar

en razón, quítele esa obsesión que tiene este hombre.

Los papeles, eso era lo que olvidaba.

Cipri, ¿de qué hablas? Llegó una cartera de piel

para ti, dentro había muchos pliegos.

Serían deudas, de todo lo que dejó a deber estos años

a todos los tenderos de la villa.

Tengo que volver a por esos papeles, Gonzalo,

es mi responsabilidad como criado.

Estamos a una jornada de camino. Si es importante,

no me lo perdonaría, voy a volver.

Cipri, lo que fuera que dejaste forma parte

de nuestra antigua vida, no es necesario que vuelvas.

Y, además, serías deudas, estoy diciendo.

Quizá, tengáis razón.

No sería importante.

Os digo que sí, que era importante, la cartera era de piel noble

y dentro había un cuadro. ¿Un cuadro?

Voy a volver a por esos papeles, Gonzalo.

Es mi responsabilidad como criado.

Está bien, Cipri, Alonso te acompañará.

Nos veremos en Sevilla, en la posada de El Corzo Gris.

Satur y yo nos adelantaremos

para prepararlo todo, tened cuidado.

A más ver.

Hay que ver la perra que le ha dado al cenutrio

de Cipriano con los papeles ya verá usted que al final no es ná.

No es ná.

Me he quemao.

¿Quién vivía aquí?

¿Y qué más da si la vamos a utilizar de almacén?

Puede servir.

También, tiene una cuadra, podemos tender la ropa íntima

de las chicas aquí, así no llamamos la atención.

Uf, ahora, que los muebles no sirven ni para hacer leña.

Nos la quedamos.

Tenga, lo suyo.

Flora, nos llevamos este armario.

Pero, vamos a ver, Anais, que ese mueble se da de leches

con nuestra decoración,

que eso ni es francés ni se le parece.

Con unos arreglos quedará perfecto.

En cuanto le veas bajar, te alejas, quiero estar

a solas con él, ¿entendido?

¿Cómo que vendida, qué significa?

Lo mismo que pone ahí, que la casa se ha vendido.

¿Y los que vivían en ella? Se han ido, no sé nada.

¿A dónde?

A otra ciudad, creo.

A comenzar una nueva vida.

Bueno, este va a ser nuestro hogar hasta encontrar una nueva casa.

¿Qué te parece? ¿Qué quiere que me parezca?

Que dormí tres meses en la balda de un armario,

La Alhambra, me parece.

El paso más difícil ya lo hemos dado.

Ahora, solo nos queda adaptarnos. Deme, deme.

Deme su traje de águila y la espada.

Sí, sí, esta será su cama y esto, para el chiquillo

y el Cipriano y yo en el suelo.

No tenéis por qué, Satur, haremos turnos.

No, no, los señores, a la cama, los criados, al firme.

Ah, por cierto, hablé con el posadero

y por tres maravedíes nos deja asar y freír aquí dentro.

No, iremos abajo a la posada.

¿Pero, usted ha visto los precios?

Que no, que no, la gallina nos dará huevos.

Y en aquella esquina cabe una cabra.

Satur, no vas a poner una cabra aquí.

¿Y la leche, quién nos va a dar la leche? Claro.

Además, que he visto una ahí medio perdida por la puerta

del arenal, a esa la cazo yo esta noche, ya verá.

Rata, vigila.

Joder.

Este carro lleva una casa entera.

Pues nos arregla el mes.

Abre, abre.

Bueno, bueno, bueno...

Esta me la quedo yo.

El lote se vende entero.

¿Eh?

(LEE) Saturno García.

Pues mira, este se ha quedado sin camisa.

Bien, ¿cómo vamos a hacer las reparticiones, Trini?

¿Cómo me has llamado?

Trini.

Para ti Trinidad Pérez de la Calzada,

que todavía no te has ganado el derecho a llamarme Trini.

Anda, lleva el carro a Triana.

Es difícil dejar el pasado atrás, Sátur.

Pero lo conseguiremos.

Si hasta los malos más malos

merecen una segunda oportunidad.

No le digo nada los buenazos como usted.

Gracias.

¿Y cuándo empieza a trabajar usted de Águila Roja?

Ya verá usted las crónicas.

Porque aquí lo que no saben se lo inventan.

No, y lo mejoran. (RÍE)

Sátur, ¿y el carro?

El carro ahí en la puerta de la posada. ¿Por?

No, no está. ¿Cómo que no está?

¡La madre que me parió, que nos han robado el carro!

¡Que se han llevado el carro con todas nuestras cosas, amo!

Se ha ido de la Villa por tu culpa.

¿Quién? Él. Gonzalo.

Ha vendido su casa y se ha marchado.

Ha desaparecido.

Mejor.

He ido a su casa y no había nada. Nada.

Ha escapado de ti

y tus celos.

Casi haces que su hijo le mate.

¡Tú le has echado! ¡Tú!

No me hables más de él.

Nunca.

Eres un ser despreciable.

Ahora sabrás cómo duele perder a alguien.

Aquí hay una marca de carro, Sátur.

Ahí...

Y ahí, y allí, y más allá.

Y debajo de esa "moñiga".

Hay marcas de carros en todos lados.

¿No ve que aquí todo el mundo se mueve en carro?

No, Sátur, esta marca es reciente.

Y viene de la posada.

Puede que sea el nuestro.

Ahora sí que vamos a empezar de cero.

Ya me veo a las puertas de la Macarena

pidiendo con un platito.

No. El posadero dijo que buscáramos en los bosques.

Hay unos bandoleros robando por la zona.

Amo, que esto es Andalucía,

que aquí hay más bandoleros que nubes.

A saber "ande" están los nuestros.

Ahí lo teníamos todo.

Sólo son cosas, Sátur.

No. No, era nuestra ropa,

nuestra comida, la vajilla buena.

Lo poco que teníamos lo teníamos ahí.

Ahora más que emigrantes somos vagabundos.

No te preocupes, lo repondremos todo

en cuanto consiga un sueldo.

¿Y cuándo va a ser eso?

No, dígame, ¿cuándo va a ser?

Hay que joderse...

Vuelvo a ser pobre, pero esta vez en familia.

Ay...

Sátur, no te vengas abajo.

Has recorrido medio mundo y has sobrevivido.

Por eso mismo,

porque he vivido en la inmundicia,

y sé que cuando nada tienes nadie te ayuda.

Cuanto más abajo estás más te pisan.

Voy a recuperar nuestras cosas.

¿Y cómo?

A saber "ande" están ahora esos miserables.

Lo mismo lo ha vendido todo ya.

Es coger lo que mandaron a tu padre y salir a galope.

No me puedo creer que nos hayamos ido.

Ya verás qué pronto lo olvidas.

En cuanto te eches novia.

¿Dónde está el mueble pequeño ese?

El mueble...

Estaba aquí mismo.

Lo habrás metido en el carro.

Ese no, ese se quedó aquí.

Aquí, aquí mismo.

Metí la cartera con todos los papeles aquí.

¿Pero entonces qué hacemos?

Pues buscarlo.

No voy a volver sin los documentos.

Señor comisario.

¿Dónde está tu padre?

¿Dónde está tu padre?

Dale un mensaje.

Si lo vuelvo a ver por la Villa

nada le va a librar de la muerte.

¿Lo has entendido?

A ver, me parece que no me estás entendiendo.

Yo lo que te estoy es ofreciendo la posibilidad

de cambiar de carro, que el que tú tienes

está para cantarle una saeta.

El otro día me encontré con tu caballo

y le daba vergüenza tener que tirar

de un carro tan viejo.

El que yo te ofrezco está nuevo.

Es que no tenía yo pensado cambiar de carro.

Pero es que no es sólo un carro.

Lo que te estoy vendiendo...

Bueno, vendiendo, te estoy casi regalando,

una cargamento entero de muebles,

de vajilla, de ropa.

Si yo es que... -Que cuando aparezcas

por tu casa con ese cargamento de muebles castellanos

tu mujer va a estar dando

palmas con las orejas una semana.

Por no hablar de cómo te va a dejar el florete.

(RÍEN)

Te lo estoy ofreciendo a ti porque eres mi mejor cliente.

Pero me lo quitan de las manos.

Así que date prisa en decidirte porque se me están quedando

los bajos como uvas pasas.

Bueno, venga, trato hecho.

Muy bien, nos vemos en Triana en la Venta del Carraca.

Y trae parné, ¿eh? -Vale.

Pincho.

Ya tengo el carro vendido.

Así que llevarlo adonde siempre.

Yo voy a aprovechar que estoy aquí

para terminar de darme unos vapores, ¿vale?

Muy bien. -Venga.

Hemos preguntado a todos los marineros del puerto,

nos hemos pateado la calle Sierpes,

me ha hecho subir usted a lo alto de la Giralda

para ver desde arriba.

¡Y ahora me trae usted a estos baños moros!

En sitios como este se cierran tratos de todo tipo.

Quizá el que nos robó el carro intente vendérnoslo aquí.

Qué calor, qué humedad. Entre lo que hace fuera

y lo que hay aquí me va a dar un perrenque.

Disculpe.

Disculpe, acabamos de llegar a Sevilla y necesitamos

comprar un carro y enseres para la casa.

No disponemos de mucho dinero,

así que no nos importaría conseguirlo digamos

en un mercado poco legal.

¿Sabe con quién podría hablar?

Lo siento, yo es que soy de Soria.

¿De Soria?

Sí.

Esto es para mear y no echar gota...

Que nos hemos topado

con el único soriano de toda Andalucía.

Voy a seguir buscando, Sátur.

Yo estoy tan achicharrado

que no me salen ni las palabras.

Amo, que somos los únicos que vamos vestidos.

¿Por qué no nos damos un baño como estos?

Hay que ver la saña que le ha cogido

el comisario a tu padre.

Si es que no sé cómo pude hacerme guardia.

Mejor no le digas nada de eso

que bastantes preocupaciones tiene el pobre.

Tenías que haber esperado fuera.

Cipri, que ya no soy un niño.

No es cuestión de edad,

los hombres honrados no pisan estos sitios.

Lo siento, pero está cerrado ahora.

Si quieren volver más tarde.

No.

No, nosotros no veníamos a...

Verá, el párroco nos ha dicho que compró usted

la casa del maestro.

Y el caso es que nos dejamos

unos papeles muy importantes en un armario...

¿Un armario?

Así, pequeño.

Es ese.

Ah.

¿Le importa si miramos? -No, no, claro.

Es sólo un momento. -Sí, sí.

Nada.

¡No hay nada!

Flora.

Estos señores dicen que aquí había unos papeles.

No veas el trabajito que está dando el armario.

Por favor, señora, si supiera usted algo...

Pues si era importante ya se pueden despedir.

Lo tiré todo a la basura en el callejón.

Gracias.

A ver si con un remojón "me se" pasa la asfixia esta,

que estoy que no me tengo.

¡Ah!

Joder, qué caliente.

No me jodas, ¿también el agua caliente?

Con la vida tan bien montada que teníamos en la Villa...

Que teníamos nuestros altibajos, sí,

pero por lo menos teníamos una estabilidad, coño.

No me digas más, estás aquí por el capricho de una mujer.

No.

No, perdóneme usted, una mujer no, de mi amo.

Que yo me manejaba bien en la Villa.

Pero que aquí no sé ni "ande" comprar,

que es lo básico para un criado.

Pues mira, niño, escucha, que es muy fácil.

La carne en el Mercado de Híspalis,

el pescado en la Lonja Torneo

y el vino en la Venta del Mojama.

Lo demás está todo rancio, podrido o aguado.

El Mercado de la Mojama, la Venta de Torneo,

la Lonja de Híspalis.

Muchas gracias.

Hay que ver cómo somos los españoles,

siempre ayudándonos los unos a los otros.

Muy bien, te dejo que tengo que terminar un negociete, ¿eh?

¿Ha averiguado usted algo, amo?

Nada, Sátur.

Nadie sabe nada.

He oído que necesita un carro.

Así es. Pues yo tengo uno

que me ha llegado esta misma mañana.

Viene con un cargamento de muebles y ropa.

¡La madre que me parió, que es nuestro carro!

(GRITAN)

¡Sátur!

¡Es nuestro carro!

Tráelo, Sátur.

¿Dónde está el carro?

¿Dónde?

¿Dónde está el carro?

Esperen, esperen.

Esperen, por favor.

En Triana...

Está en Triana.

¡No!

¡Ah!

La tengo.

Ahora para Sevilla.

Esto sí que es la Sierra Morena,

que lo demás es un peñasco.

Eh, ya están tardando. ¿Si no vienen qué?

Si no vienen no pasa nada, nos vamos Marchena,

que hay más compradores que botijos.

¿Marchena? ¿Tú sabes la calor que hace en Marchena ahora?

Puf, pues está bien la cosa, ¿sabes?

(Relincho) Verá tú...

Pero bueno...

¡Ah, que me has dado a mí!

¡Jia!

¡Trini, no me dejes! ¡Trini!

¡Trini!

¡Cabrones, no irse, que yo me quedo solo!

¡Jia!

¡Ah!

¿Quién eres?

El Águila Roja.

¿Quién?

Amo, que ya están aquí, que ya han llegado.

Sátur, deja que sea yo el que les dé las noticias

sobre mi nuevo empleo.

Por fin. Traigo los papeles.

¿Qué hace aquí todo esto? -No, no, no...

No preguntes, Cipriano.

Toma.

¿Dónde os habéis metido?

¿Que has venido a gatas o qué?

Espero que sean buenas noticias.

Voy a ayudar a Alonso con los caballos.

Y dale tres vueltas al nudo.

Y si se acerca alguien le das con el botijo

que está al lado de la yegua. ¿Me oyes?

¿Qué? Anda, ve con Alonso.

No, no, no. ¿Qué hace?

No, las cuentas no se miran con el estómago vacío.

Primero la pitanza, ¿eh?

Sátur, si son deudas

cuanto antes las sepamos, mejor.

Si ve usted alguna cuenta que se sale de madre es que...

que lo mismo con el convite de la no boda

pues "me se" ha ido la cosa de las manos.

No tienes que justificarte.

No son deudas, Sátur.

¿Entonces?

¿Qué es esto?

Diga usted algo, amo.

¿Qué dice?

¿Qué pasa?

Ay, ay, ay...

¡No puede ser, amo!

¡Que al fin ya sabe usted quién es!

¡Es usted el hijo del rey!

La única de vuestros descendientes

que ha sobrevivido ha sido Irene,

a quien yo acogí bajo mi tutela.

Se equivoca.

¿Están vivos?

¿Qué es esto?

La anulación de vuestro matrimonio con Irene.

¿Y quién ha dicho que quiera romper mi matrimonio?

Estoy felizmente casado con su sobrina.

Irene es vuestra hermana.

Estoy buscando a alguien en la Villa.

¿A quién? -Al Águila Roja.

A veces está en los bosques y a veces en los tejados.

Aparece y desaparece. Es imposible encontrarle.

Majestad, he venido a informarle de algo.

Su hijo de usted, que está vivo.

¿Alguien más lo sabe?

No. No, no, sólo yo. Bueno, y su hijo, claro.

¿Para qué necesitas mi ayuda?

Es por mi hermano. Desapareció hace tiempo.

¡Aaaaah!

¿Qué quién soy yo? Emilio Montalvo.

Mi tío Emilio.

Esta es mi hija Remedios.

Y como verá está en estado de buena esperanza.

¿Cómo dice? Que la hemos hecho abuela.

Su hijo el marqués es el padre.

No me interesa nada.

Se trata de Irene, nuestra hermana.

  • T9 - Capítulo 104

Águila Roja - T9 - Capítulo 104

14 jun 2016

Malasangre descubre los verdaderos orígenes de Águila Roja: el maestro es hijo del Rey. Se trata de una peligrosa información que Sebastián Ventura no dudará en hacer llegar a Gonzalo.

 Gonzalo, sumido en una profunda tristeza tras perder a Margarita, ha decidido dejarlo todo y empezar una nueva vida. Alonso, Cipri, Sátur y Gonzalo emprenderán viaje a Sevilla, donde un peligroso bandolero interpretado por Jorge Sanz les robará todas sus pertenencias.

Anaís (María Pedroviejo), una emprendedora joven, llega a la Villa junto a su fiel sirvienta Flora (Tina Sainz). Juntas pondrán en marcha el burdel más exclusivo del reino. 'La deleitosa' se convertirá en el centro de todas las miradas.

El Comisario, consumido por los celos tras conocer que Lucrecia ama a Gonzalo, decide vengarse de él. Hernán detiene a su hermano para matarlo en  plena calle y a la vista de todos. La Marquesa no duda en pedir clemencia.
 

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