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No recomendado para menores de 12 años Águila Roja - T7- Capítulo 90
Transcripción completa

Soy Santiago Merino, vengo desde Castro Urdiales.

No estamos interesados en comprar nada.

(Gritos)

¿Quién ha sido?

El Águila Roja.

(VOZ HOMBRE) "Me he esforzado para arrancarles las vísceras,

sobre todo a los que seguían con vida.

Te espero en el bosque del norte."

Cuando el reloj marque las cinco,

en este lugar la fatalidad se cernirá sobre usted.

Esa maldición se va a cumplir.

Nadie va a estropear mi fiesta.

(NUÑO-NU) ¿Me reservarás un baile?

No creo que tenga ningún hueco.

Irene, tú estás libre y yo también.

No te vas a ir, no quiero vivir con ese cargo de conciencia.

Eres la mujer más egoísta, egocéntrica y frívola

que haya habido jamás.

Que te quiero. Si quisieras venir conmigo,

te estaré esperando en la posada del León.

Si te quedas, le diré a Nuño que eres su padre.

¿Dónde estás?

No pienso irme hasta enterrarte.

Esta arena es el último regalo que te voy a hacer.

Que pases un feliz cumpleaños.

Este y el resto que tengas en tu vida.

¿Estás bien?

¡Avisad a un médico, rápido!

Su escuela...

¿Qué ha pasado?

(LLORANDO) ¡Dios!

(GRITA)

Mañana hay una ordenación en la catedral.

Miles de personas acudirán a verlo.

Qué hijo de la gran puta.

Los va a quemar a todos.

¡Lucrecia!

Tiene la espalda dañada, no siente nada de cuello para abajo.

¡Creía en ti! ¡Eres un asesino!

¡Sigue creyendo en mí!

Han matado al Águila Roja.

Seguiremos adelante, hijo.

Nunca dejes de confiar en el ser humano.

La vida es muy jodida, pero qué cojones...

merece la pena.

(SOLDADO) ¡Retirada!

(SOLDADO) ¡Corred!

(Disparos)

(Voces en francés)

Vamos, vamos, ¡corre!

(SOLDADO) ¡Ayúdame!

Ayúdame, por favor.

Por favor...

¡Ayúdame!

Ayúdame, por favor.

Ayúdame, por favor.

¡El valle de "Volver a empezar" no, amo,

el "Valle de la vida eterna"!

Una luz limpia, una hierba verde, fresca,

una lozanía femenina...

Es lo menos que se merece esa gente.

Y al Águila Roja le han puesto una estatua ahí, en todo el centro.

¡Qué porte con el caballo así, con las patas p'arriba!

Me alegra saber que están bien.

¡Tan bien como que yo ya lo tengo claro!

Quiero pasar allí los últimos años de mi vida.

Aquello será como un retiro dorado.

Sátur, hay una cosa que tienes que saber.

En tu ausencia, vino a buscándote alguien.

Tu amigo Santiago.

¡¿Qué Santiago?!

¿Santiago Merino? ¿El cantabrón?

Ese mismo.

¿Y dónde está? ¿Está en la casa?

No.

Tenía que marcharse.

Hay que joderse.

Siempre se van los que no deberían.

Santiago es de lo mejorcito que yo he conocido en mi vida.

Vamos.

(MALEANTE) (CHISTA) ¿Dónde vas?

-¡Cógela, cógela! -¡No, no, no!

¡Calla!

-¡No te resistas! -¡No, no! ¡Socorro!

Si te va a gustar...

¡Silencio!

-Te va a gustar. -¡Calla!

¡Por favor! ¡Socorro!

¿Y esa escandalera?

¿Esos gritos a estas horas?

(MUJER) (CHILLA)

¡Suéltala!

¿Estás bien?

Sí.

Eres el mejor hombre que he conocido.

Te quiero tanto.

Te quiero tanto.

¿Qué le pasa, amo?

Cristina...

¿Cristina? ¿Qué Cristina?

¿Su mujer?

He leído que Barbarroja convirtió Argel en una base para los piratas.

¿Lo sabías?

Ya no importa, no pienso ir.

Pero si no vas, perderás el trabajo.

Ciertas cosas hay que aceptarlas como llegan,

sin pensar demasiado en ellas.

¿Ni para cenar en mi palacio se cuenta ya conmigo?

Deberías permanecer en tu alcoba.

Tienes que descansar.

Hernán, mi vida es puro hastío.

Necesito ver otra cosa que las cuatro paredes de mi cuarto.

Pues yo estoy deseando acostarme, si me disculpáis.

Llevadme a la mesa.

Cuando termines de cenar que te lleven al jardín.

La noche es preciosa, miraremos las estrellas.

Parece que eso es lo único que puedo hacer ya, mirar.

Vamos, Lucrecia, todos intentamos complacerte.

Haré que lleven el telescopio al jardín.

Lo que tú digas, Copérnico.

Lucrecia...

Vaya por Dios, señora,

con las ganas que tenía de cenar aquí y ahora se van todos.

¿Insinúas que no les agrada mi presencia?

No, por Dios. Si solo hay que ver al señor cómo se desvive por usted.

A ver... ¿Le corto de aquí?

Sí.

¡Catalina, fuego! ¡Fuego!

¡Sácame de aquí!

¡Señora, no puedo! ¡Señora, está atascada!

¡Pide ayuda! ¡Catalina, vamos!

¡Socorro, socorro!

¡Socorro, ayuda!

¡Socorro, socorro!

¡Socorro!

¿Puede andar?

Señora...

¡Socorro!

¡Sacadnos! ¡Ayuda!

(Gritos) (Golpes)

Has hecho un trabajo excelente.

Enhorabuena.

Muchas gracias, Majestad.

Lástima que seas novicia.

Podría acogerte a mi servicio. Coserías solo para mí.

Es un honor, señora, pero yo me debo a las hermanas.

Ni siquiera te has ordenado, no eres monja.

Bueno mañana es la ceremonia.

Majestad...

¿Puedes explicarme por qué le has vestido de luto?

Los hijos suceden a los padres, los infantes a los reyes.

Hay que preparar el camino.

¿Estás organizando mi funeral?

Eres tú quien dijo temer a la enfermedad.

Yo solo he sido una buena esposa: precavida.

También lo eran las mujeres de Enrique VIII,

y las mandó decapitar.

No deberías ser tan osada con tu Rey.

Vámonos.

Majestad...

me habéis mandado llamar.

Quiero que asistáis mañana a un acto militar.

Una ejecución. Diréis algunas palabras.

No tenía constancia de ejecución alguna, señor. ¿De quién se trata?

Desertores de nuestras tropas. Cobardes.

Abandonaron sus batallones en Flandes, y Lens...

y se escondieron.

Pero les hemos encontrado.

Nadie escapará a la justicia del Rey.

Llevaré el asunto con discreción.

No me habéis entendido.

No es discreción lo que deseo.

Quiero publicar el nombre de todos esos traidores por toda la villa.

Que su ejecución sea un ejemplo.

Señor, esos desertores forman parte del pueblo.

Podríamos tener problemas.

En este reino, la cobardía se paga con la muerte.

Quiero que lo sepan todos mis siervos.

Con vuestro permiso, señor.

¿De dónde viene, amo?

De por ahí.

¿Cómo que "de por ahí"?

¿Eso qué es, el nombre de una calle nueva o...?

¡Se marchó usted sin mediar palabra, me tenía preocupado!

Necesitaba estar solo.

No.

No habrá ese cofre, por favor...

Por Dios, no habrá ese cofre.

Era ella, Sátur.

La mujer a la que ayudé anoche.

Por Dios, que estaba muy oscuro, lo mismo no la vio bien.

Era mi mujer.

¡¿Pero cómo que su mujer?!

Vale que lo mejor tenía cierto aire, sí.

¡Pero también el panadero se parece a Julio César, y no es él!

¿Y si está viva?

¿Viva? Pero cómo que viva, la madre que nos parió...

¡Que los muertos no resucitan, amo!

¡Cristina murió en sus brazos!

Mi madre también murió y la encontré años después.

¡No es lo mismo!

No me haga usted esto, amo.

Usted pone siempre aquí la cordura

y a mí no se me dan bien los argumentos de razón, ya lo sabe.

¿Y si todo ha sido un engaño?

¿Pero es que no lo ve? ¡Aquí el único engañao es usted!

¿Qué otra explicación hay?

No sé, ¡la casualidad!

Que será muy jodida, pero siempre está ahí.

No, era ella, estoy seguro.

¡Que no!

¡Ahora le parece una esperanza a la que agarrarse, pero es imposible!

No.

Yo solo sé lo que vi. Era mi mujer y voy a encontrarla.

Amo, se le está yendo la cabeza.

¡Le está abriendo la puerta a la locura!

Si abre usted esa herida, va a llenar esta casa de mucho dolor.

(Murmullos)

¿Se puede saber por qué has dado ese portazo?

Que parece que en esta casa nos gusta sufrir, eso me pasa.

Si tú lo dices...

Están poniéndolos por toda la villa. Son desertores.

¡Van a ejecutarlos por orden del Rey!

¡Entre ellos está el hijo del herrero!

¡Es un cobarde! ¡Un traidor!

No me parece bien poner eso ahí y que lo vea todo el mundo.

Cipri, esos hombres son una deshonra para todos los españoles.

Hicieron un juramento de soldado y lo rompieron.

Piensa en sus familiares, Alonso.

Demasiado tienen con ver morir a los suyos,

para que además los señalen.

Esos hombres no tienen ningún derecho, Cipri.

¿Pero qué dices?

Cristóbal Santos.

¿Por qué habéis dejado el baúl en la puerta?

¡Lo estaban cambiando de sitio! Fue un error.

¡Un error que casi le cuesta la vida a tu señora!

Que se los lleven, Hernán. Empiezan a darme asco.

¡Lleváoslos!

Desde hoy te pondré dos hombres que te acompañen día y noche.

Te lo agradezco, pero esa medida no es necesaria.

Por supuesto que lo es.

Si ella no te hubiese arrastrado, ¿qué hubiese pasado allí dentro?

No puedes estar sola en tus condiciones.

Nunca he tenido perritos falderos pululando a mi alrededor,

no voy a tenerlos ahora.

No te doy la opción.

Ni yo tampoco.

Está bien, Lucrecia.

Yo te cuidaré personalmente.

Haré que me pongan un camastro en tu alcoba.

¿Qué miras así?

Señora, ¿cómo puede fingir algo semejante?

El comisario está sufriendo. ¿Por qué lo hace?

No iba a permitir que se fuera.

Pero le está impidiendo tener un trabajo, una vida.

Quiero que tenga la vida que siempre ha tenido aquí.

Pero señora eso es muy...

¿Egoísta?

Si las cosas están bien, no hay que cambiarlas.

¿Y usted va a estar... así, fingiendo toda la vida?

Con el tiempo olvidará la idea de irse.

Y entonces, ¡milagro!

Podré andar.

Diremos que ha sido uno de esos santos

de los que eres tan devota.

Señora, el comisario no se merece lo que le está haciendo.

Soy la mano que te da de comer,

si quieres seguir comiendo,

quédate bien callada.

Estoy buscando a esta mujer.

¿La ha visto alguna vez?

¿Por qué tendría que decírtelo?

Le voy a pagar.

Muchas mujeres llegan huyendo aquí de hombres como tú.

No voy a hacerle daño, necesito encontrarla. ¿La ha visto?

No.

A lo largo del río hay más asentamientos,

quizás la encuentres allí.

Gracias.

Danos la bolsa.

No tengo más dinero.

Nos quedamos con tu caballo.

No.

¿Qué has dicho?

Que no os voy a dar mi caballo.

Te voy a sacar las tripas, señorito.

¿Dónde está Alonso? ¿Lo has visto?

No, ¿qué pasa?

Quiere ir a la ejecución de los desertores.

No lo permitiré.

Yo también voy a ir.

¿Cómo que vas a ir?

Quiero ver cómo matan a esos canallas.

¿A ti qué se te ha perdido allí? Tampoco han hecho tanto mal.

¿Para ti es muy fácil hablar, no?

Como tú siempre estás en casa con los huevos calentitos

mientras otros se van a la guerra...

¿Y tú qué sabrás de la guerra?

¿Qué sabré?

Yo estuve en la batalla de las Dunas, en la Francia.

Yo fui aguador de nuestras tropas.

¿Repartías agua? Eso no es estar en el frente.

(Recuerdos de batalla)

Yo vi cómo moría todo mi pelotón.

Uno de ellos era mi mejor amigo.

Una bala de cañón le reventó las tripas, le partió por la mitad.

Murió chillando en mis brazos el pobrecillo de dolor.

Lo siento. No lo sabía.

Y todo por culpa del bastardo desertor ése:

Cristóbal Santos.

Hoy he visto su nombre aquí en la lista.

Así que quiero ir a ver cómo le matan.

No creo que eso te sirva de consuelo.

Cuando él caiga, Cipri,

se hará justicia con todos los que murieron ese día.

¿Qué le ha pasado, amo? ¿De dónde viene?

De buscarla.

¿Qué? ¡Esto es la leche!

¡Que no era ella!

¡Que está persiguiendo usted un puñetero espectro!

Quizá tengas razón, Sátur.

Quise ver lo que no era.

Amo,

su mujer está en... un lugar mejor

y usted algún día se reunirá con ella.

Pero de momento está aquí conmigo.

¡Esta noche nos vamos a coger una curda

que se le van a olvidar todas las penas!

No creo que ésa sea la solución.

Confíe usted en las virtudes del clarete.

Yo ahora voy a irme, voy a resolver un asuntillo.

Luego nos vemos.

(Llaman a la puerta)

(MENDIGA) ¡Hola!

No, no. No te asustes, que no vengo a pedir, ¿eh?

Solo quería darte las gracias por lo que hiciste ayer por mí.

¡Hernán!

Si quieres salir a cabalgar u otra cosa, por mí puedes hacerlo.

Estoy bien aquí.

En serio, no me va a pasar nada.

Llamaré a Catalina para que me acompañe.

Disculpen. El nuevo comisario de la villa está aquí.

Hazle pasar.

Soy Rodrigo Figueroa, el nuevo comisario de la villa.

Vengo a presentarles mis respetos.

Pues ya lo ha hecho, puede irse.

Al tomar el cargo, he revisado el inventario

y he notado que falta un arma.

¿Y no es capaz de encontrarla usted solo?

No desafíe a la autoridad,

recuerde que ahora yo soy la ley.

¿Tiene usted el arma?

Iré a por ella.

Disculpe que no me levante.

Aunque tampoco lo haría pudiéndome mover.

No conocía su estado.

Sin embargo, a veces, lo que parece una desventaja

puede ser lo contrario.

¿Qué hace?

Quíteme las manos de encima.

Disculpe mi atrevimiento.

Pero tiene una piel tan hermosa.

¡Hijo de puta!

-¿Has oído eso? -¿Qué ha pasado?

¿Qué ha ocurrido?

¿Qué le has hecho?

(GUARDIA) ¡A sus puestos!

(Campanadas)

Malnacido...

¿Se puede saber qué haces aquí? Tira para casa.

No.

Quiero ver cómo hacen justicia con ellos.

Que tires para la casa, Alonso.

Lo que van a hacerles no te va a gustar,

no vas a olvidarlo en la vida.

Así que venga, arreando.

Voy a ser militar, Sátur. Debo acostumbrarme.

¿Por qué miras tanto a ese hombre?

Porque combatí con él en la Francia.

(ALONSO) Van a matarle.

Se lo merece.

Dice la Biblia:

"Nosotros, Señor, te fuimos desleales,

y tú no nos perdonaste".

Vosotros, hijos míos, habéis traicionado a vuestra patria.

Y hoy encontraréis justo castigo.

Que Dios se apiade de vuestras almas.

En el nombre del padre, del hijo,

y del Espíritu Santo,

Amén.

¡Carguen!

¡Apunten!

No mires.

No mires, no mires.

¡Fuego!

(Gritos)

(Zumbido acúfeno hasta fin de escena)

Qué rico.

¿Tengo algo?

No, no.

Como no paras de mirarme.

Perdona. ¿Quieres más?

No, no, no, ya es demasiado. Yo debería irme.

No, espera.

¿Siempre has vivido en la calle?

Sí.

Mi vida es fácil de resumir: naces pobre, vives pobre.

¿Y tu familia?

Mi madre solo tuve a mi madre,

y siempre vivimos en la calle.

¿No has estado nunca casada?

No.

A la gente como yo no nos sobran las proposiciones, precisamente.

Oye...

ni los guardias me hacen tantas preguntas.

Perdona.

Solo quería saber un poco más de ti.

Si no pasa nada, es solo que...

se me hace raro.

Nadie se ha preocupado nunca por mi vida.

Bueno, todos tenemos cosas interesantes que contar,

igual que cosas que con el tiempo olvidamos.

No, yo no he olvidado nada,

todos mis días son iguales, difíciles.

Bueno, gracias por todo. De verdad.

(Tela rasgada)

¡Ay no!

Vaya, no tengo otro par.

Yo te lo arreglo.

Si solo me hace falta hilo y aguja. ¿Tienes?

Sí.

Por cierto, no me has dicho cómo te llamas.

Ay, es verdad.

No me he presentado... Micaela. Me llamo Micaela.

¿Tú?

Gonzalo.

Encantada, Gonzalo.

¡Déjalo ya!

Señora es que...

Disculpe, señora.

Catalina, han traído una nota para ti.

Es de Margarita.

¿De Margarita?

¡Con la que tenemos montada y la mojigata esa mandado notitas!

Señora, con permiso.

¿Dónde has estado?

He mandado dejar el cadáver en la posada donde vivía.

Hernán...

has matado al nuevo comisario.

Y lo volvería a hacer.

Van a pensar que lo hiciste porque le dieron tu puesto.

He hecho lo que tenía que hacer.

Nunca voy a permitir que nadie te ponga la mano encima.

(NU) ¡No pueden entrar sin permiso!

En nombre de la justicia y la ley,

queda detenido por el asesinato de Rodrigo Figueroa,

comisario de la villa.

¡Amo! ¡Amo!

¡Amo!

¿¡Qué ha pasado!?

¡Una explosión!

Han atentado contra los militares y los desertores han escapado.

Alonso y yo estábamos allí.

¿Alonso? ¿Está bien?

Sí. Ha querido quedarse con el hijo del molinero, pero está bien.

¡La de San Quintín se ha quedado pequeña al lado de esta!

Tenías que haberlo traído, estará asustado.

¿Asustado? Yo también lo pensaba, pero no.

Quiso quedarse con el hijo del molinero

para contarle cómo ha vivido en primera persona todo el pifostio.

(TOSE)

¿Y usted... usted qué amo? ¿Más relajado de lo suyo?

Muchas gracias.

Bueno, pues ahora sí me voy.

No, eh...

quédate a cenar.

¿A cenar?

No... No quiero molestar.

No molestas, así que te quedas.

Eso sí, la comida aquí no es muy variada.

Seguro que más variada de lo que como yo habitualmente.

¿Podría asearme un poco antes?

Sí, en la cuadra tienes agua.

Gracias.

¿Qué hace amo, qué hace?

¿Qué cojones está usted haciendo?

Solo quiero ser amable.

No.

No, no venga usted por la vía de los modales que no cuela.

Es solo una cena, Sátur.

Pues invite usted a cenar a Carmelillo el tuerto

o a Miguelito el cojo.

¡Que no es su mujer, coño!

Ya lo sé.

¡Pues no lo parece!

Está usted intentando llenar un vacío que...

no va a llenar nunca.

Prepara la cena.

Cuando te vi entrar en el convento,

pensé que este lugar no sería para ti.

Me equivoqué.

Te he traído algo.

Mi hábito.

A partir de mañana comenzarás una nueva vida.

Me alegra que estés entre nosotras.

Lo último que necesito es que me hagan dudar de mi decisión.

No he venido a eso.

Vas a dar el paso más importante de tu vida. No te iba a dejar sola.

Bueno,

por lo menos no tendrás que preocuparte por qué ponerte...

Ni cómo peinarme. Son todo ventajas.

¿Has avisado a Gonzalo?

No...

Pues a estas ceremonias suele venir la familia.

Es lo normal, y él es...

Gonzalo sabe que me voy a ordenar.

Pero no sabe cuándo.

Deberías decírselo Margarita,

a lo mejor se anima... a venir digo...

Es que no sé si quiero que esté presente.

Margarita,

mañana te vas a casar con Dios,

vas a dejar de ser una mujer.

¿Por qué no vas y pasas tus últimas horas con él?

Haz la cena, haz la cena.

¡Mis cojones, haz la cena!

¡Sátur!

No es asunto mío, pero...

Pues mal empiezas, Cipriano.

Creo que acabo de escuchar una voz en casa. De hembra.

Pues sí.

Tenemos visita. Muy a mi pesar, pero tenemos visita.

¿Una visita? ¿Y quién es?

Cipriano, tú eres criado, y yo también.

Lo que haga el amo no es de nuestra incumbencia.

Eso sí, te digo que la está liando pero bien renegrida.

Aquí tiene señora, con Dios.

¡A ver si miramos, que me ha tirado los nabos!

¿Eso eran armas?

Son para los desertores.

Están en el bosque del Soto.

Sus familias reúnen armas para que puedan defenderse.

En el bosque del Soto...

¿No irás a delatarlos?

Voy a decirle a ese malnacido

lo que no he podido decirle en todos estos años.

¿Un juicio?

¿Cómo que un juicio? ¡Lo hizo para protegerme!

Los motivos del asesinato no están claros.

Dudan de que lo hiciera por salvarla.

¡Eso es absurdo! ¿Qué otros motivos iba a tener?

La envidia. Ese hombre le quitó su puesto.

Mire, mi esposo ha sido siempre un fiel defensor de la ley.

¿No es suficiente para evitar el juicio?

Le voló los sesos.

¿Y qué piensa hacer al respecto?

Basaré mi defensa en que está usted impedida, y que no pudo defenderse.

Tendrá que testificar.

Eso es perfecto.

¿Está seguro de que así conseguiremos que salga inocente?

No hay nada seguro, pero...

¿¡Está seguro!?

Perdona,

pensaba que ya habrías terminado, y te traía esto.

Gracias.

¿Necesitas algo más?

¿Más?

Sí. No sé...

Eres el mejor hombre que he conocido.

Eres el mejor hombre que he conocido.

Tampoco has conocido muchos.

¿Y tú qué sabes?

Eres preciosa.

Te quiero tanto.

Te quiero tanto.

(MARGARITA) Gonzalo.

Gonzalo... ¿Qué haces aquí parado?

Nada.

¿Eh... tienes un momento?

¿Es urgente?

Bueno urgente, así dicho no, pero...

Quería hablar contigo.

Mejor lo dejamos para otro día, ¿te parece?

Ahora... no puedo.

Lo dejamos para otro día.

Adiós.

Adiós.

¡Este atentado es una afrenta a nuestro ejército!

Le vengaremos, señor. Es un asunto personal.

¿Dónde están los desertores huidos?

Yo sé dónde se esconden, Majestad. Con vuestro permiso.

Este es el padre de uno de los desertores.

Lo encontraron saliendo de la villa

con armas para esos indeseables.

Y bien, ¿dónde están?

Escondidos en el bosque del Soto, mi señor.

Vayan a ese bosque y arrásenlo si es necesario.

¡Quiero muertos a esos renegados!

A ellos y a sus familias.

Voy a recordar esta noche toda mi vida.

La noche que dormí en blando.

Bueno es tarde y esta habitación está vacía.

Ya que estás aquí, es mejor que te quedes.

Pero tú no te preocupes, que mañana me voy.

Qué bien huelen.

Bueno, espero que descanses bien.

Por cierto, aquí te he dejado una manta por si tuvieras frío.

Pero, ¿qué hace, amo?

¿Qué hace?

Esa habitación está libre.

Mañana le pediré que se quede a vivir aquí.

¿Qué?

¿Que no va a ser una sola noche?

¿La quiere instalar en esta casa?

No grites. Está dormida.

¡Usted ha perdido la cabeza, amo!

¡Esta vez se le ha ido del todo!

Me la quitaron antes de tiempo.

¿Y si puedo recuperarla?

¡No puede!

¡No puede cambiar lo que pasó!

¡Es una jodienda,

pero las cosas son así!

¡Además, es otra mujer!

Cuando la miro, es ella.

Si puedo volver a vivir lo que me quitaron,

lo voy a intentar.

¿Usted se está escuchando?

¡Que va directo a darse el hostión padre de su vida!

Es mi vida y la voy a vivir como quiera.

Ella se queda.

Muy bonito.

Tranquilo, hijo.

Esto va a ser rápido, el abogado me llamará al estrado

y el comisario estará en casa antes de lo que esperamos.

¡En pie! Su señoría va a entrar en la sala.

Sobre usted recae la acusación de asesinato de Rodrigo Figueroa.

Escucharé a los testigos,

y como representante de la justicia, con la ayuda de Dios,

determinaré si es culpable o inocente.

Doy paso al abogado acusador.

Llamo a declarar a don Nuño de Santillana.

Esto no fue lo que hablamos.

El fiscal puede llamar a quien quiera.

¿Jura decir la verdad y nada más que la verdad?

Lo juro.

¿El ex comisario de la villa es un hombre violento?

No.

¿Está seguro de su respuesta?

Era comisario, estaba en su trabajo serlo.

Entonces, sí es violento.

Señoría, que conste en acta, el testigo ha declarado

que el comisario es violento.

¡No, no, yo no he dicho eso!

Señoría, me gustaría ilustrar mi argumentación.

Esto es obra de alguien violento.

De alguien que se mueve por el odio, no por altos principios.

¿Es que no va a hacer nada?

¡Sáqueme a declarar! ¡Sáqueme a mí!

(DESERTOR) Alto. No des ni un paso más.

Quiero ver a Cristóbal Santos. Está aquí.

Márchate.

No pienso moverme hasta que no le vea.

¿Qué quieres?

Mirarte a la cara y decirte lo que me he callado este tiempo.

Todo lo que me digas ya me lo he dicho yo antes.

Pero tú estás vivo...

¿Por qué lo hiciste, Cristóbal?

Eran tus compañeros, tus amigos... Murieron por tu culpa.

Tuve miedo, Sátur.

¡Si no hubieras abandonado ese cañón, ahora estarían vivos!

¡Tú los mataste!

¡Yo no los envié a luchar!

¡En esa batalla peleamos por una causa justa!

¡Por nuestra patria!

¿La patria?

¡Todo es mentira, Sátur!

La guerra es de los que mandan,

de los que tienen poder. Son sus guerras.

Pero los muertos son nuestros.

(Cañonazo)

¡La guardia! ¡La guardia!

¡Corred!

Tenía la esperanza de no encontrarte aquí.

¿Qué pasó anoche con Gonzalo?

Nada.

¿Cómo que nada? Se lo dijiste y...

-No... No se lo dije. -¿Pero por qué?

¿Y cómo quieres que lo sepa?

Porque Gonzalo estaba en otra cosa.

Tuve la sensación de que era como si ya no me viera.

Entonces, ¿ya está?

¿Aquí se acaba la historia de "Margarita y Gonzalo"?

Catalina, Gonzalo me pidió matrimonio y yo lo rechacé.

No voy a jugar con él. Y no quiero sufrir más.

¡Tienes delante lo que más has deseado toda tu vida

y lo vas a dejar escapar así!

¡Te vas a arrepentir!

Tengo que ir con las hermanas.

¡Que tú no te puedes hacer monja!

¡Te lo voy a traer,

a ver si cuando lo veas delante, te atreves a ordenarte!

¡Chist!

¿Debo recordarte que estamos en la casa del Señor?

Tiene razón, madre, lo siento.

Es la hora.

-¿Catalina del Valle? -Sí.

Debe declarar en el juicio por el asesinato del nuevo comisario.

¿El juicio ahora? Ahora no puedo, tengo que...

Es un llamamiento judicial, no puede negarse.

La ceremonia está a punto de empezar.

Buenos días.

He puesto todos los platos, no sé cuántos sois...

¿Puedo hablar contigo?

Quieres que me vaya, ¿no? ¿Quieres que me vaya?

No...

Lo he preparado como agradecimiento,

pero no iba a comer.

No, no, no es por eso.

Es para preguntarte si...

bueno, decirte...

ofrecerte que si...

si quieres quedarte aquí.

¿Aquí?

¿A vivir aquí en tu casa?

Sí. Si te parece bien, claro.

¿Eso es un sí?

Sí.

Claro.

Pero...

¿Pero por qué yo? ¿Por qué a mí?

¿Y por qué no?

Todo el mundo merece una oportunidad para volver a empezar. ¿No?

Gracias, gracias, gracias, gracias, gracias.

Bueno, pues...

ahora vuelvo, voy a hacer un recado.

Muy bien.

¿Quién eres? ¿Qué haces aquí?

Hola.

¿Estás bien?

No...

No puede ser...

¿Qué te pasa?

No...

No, no...

(FISCAL) Entonces, ¿vio a su esposo con el arma en la mano?

Pero lo hizo para defender...

No hay más preguntas, señoría.

Señoría, llamo a declarar a la marquesa de Santillana.

Si quiere que jure, va a tener usted que poner mi mano sobre ella.

Juro decir la verdad y nada más que la verdad.

Señora,

¿qué ocurrió exactamente el día de autos?

Ese hombre...

vino a por algo de su cargo, un arma.

Cuando nos quedamos a solas...

me...

me acarició la mejilla...

Tranquila, tómese su tiempo.

Lo siento...

De pronto,

puso sus sucias manos en uno de mis pechos,

me lo agarró,

me lo agarró

dispuesto a...

dispuesto...

No es necesario que prosiga. ¿Tiene alguna pregunta que hacerle?

Eh, gracias, señoría.

Mantiene usted una estrecha amistad con el acusado, ¿no?

Nos conocemos hace tiempo.

Tanto como para estar dispuesta a dar un falso testimonio por él.

En el salón solo estaban ustedes.

¿Quién dice que no estaban preparándose para mentir?

¡Eso no es así!

¡Silencio, guarde silencio el acusado!

La fama de la marquesa es de mujer laxa.

¡Orden, si no quiere abandonar la sala, cálmese!

No hay más preguntas, señoría.

Llamo a declarar a Catalina del Valle.

¿Catalina?

¿Jura decir la verdad y nada más que la verdad?

Lo juro.

Sirve usted a la marquesa de Santillana, ¿no es así?

Sí, señor.

Llevo toda una vida con ella.

¿Y durante este tiempo

la ha visto mentir para salir de algún atolladero?

Mi señora no...

no me cuenta sus cosas.

¡Señoría, la está induciendo!

Solo trato de demostrar que la marquesa

es capaz de decir falsos testimonios.

No ha lugar. Prosiga.

¿Ha descubierto a su señora en alguna mentira?

Le recuerdo que está bajo juramento.

Responda.

¿Le parece apropiada para el vestido de una mujer?

¿Qué hace esa mujer en casa?

De eso quería hablar contigo...

Esa mujer no tiene dónde vivir,

y he pensado que se podía quedar con nosotros.

Se llama Micaela.

¡Me da igual su nombre! Me da igual quién sea, no es madre.

No hijo, pero...

¡No puedes sustituirla por otra!

No quiero sustituirla.

¡Sí, por eso la has metido en casa! ¡Pero no es ella!

Tú madre es única...

¡Madre está muerta!

¡Está muerta!

Escúchame...

(CIPRI-CP) Gonzalo...

Ahora no.

¡Escúchame! Han detenido a Sátur.

Lo van a ajusticiar.

En pie, su señoría va a entrar en la sala.

Tras el receso, doy paso a los alegatos finales.

Señoría, con su permiso, quisiera hacer yo mi propio alegato.

Si así lo desea, adelante.

Usted es el representante de la justicia.

Pero dígame, ¿qué clase de justicia es...

la que condena a un hombre por defender a una mujer

que ya no puede hacerlo por sí misma?

Yo se lo diré, señoría.

Una justicia que usted rechazaría

si llegara a casa y se encontrara con que su mujer

o su hija,

están siendo ultrajadas

de la más repulsiva de las maneras.

¿No haría usted lo mismo que yo con el animal que estuviera encima?

Yo se lo diré, señoría.

Lo haría.

Lo mataría con sus propias manos.

Porque un hombre

debe hacer lo que tiene hacer.

Abogado acusador, es su turno.

No hay palabras que puedan describir mejor lo que ya han visto:

el cadáver de la verdadera víctima,

el comisario brutalmente asesinado.

Muy bien...

me retiro a tomar un veredicto.

Traedlos.

¡Mi hijo!

¡Madre!

¿Han asegurado la zona?

No me quisiera morir despedazado como San Pelayo.

Esta vez no ocurrirá nada, Eminencia.

Así lo espero.

En todo caso no tentemos a la suerte, seamos rápidos.

Que Dios todo poderoso os perdone a todos.

¡Carguen!

¡Apunten!

¡Fuego!

¡Carguen!

¡Apunten!

¡Fuego!

¡Carguen!

¡Apunten!

¡Fuego!

(Explosión)

¡Atrapadlo, vamos!

¡Atrapadlo!

No, no, por favor.

Lo siento.

lo siento...

lo siento...

¡Póngase en pie el acusado!

Por el poder que Dios y el Rey me han otorgado,

declaro al acusado...

Inocente.

(Murmullos)

Lucrecia...

Lucrecia...

¿Necesitas hablar?

No.

¿Hablar de qué? ¿Usted quiere hablar?

He visto cómo intentabas salvarle.

Y has enterrado su cuerpo.

Pues ya está hablado.

Ahora si quiere podemos hablar del tiempo, de la cosecha,

de la amante del lechero...

Es normal que estés afectado. Un hombre ha muerto en tus brazos.

¡Que no quiero hablar de eso, copón!

Que cuando a usted se le pone cara de nada,

en plan ostra, yo respeto su silencio. ¡Respéteme a mí!

No quieres tratar el tema porque

has descubierto que estabas equivocado.

La muerte de ese hombre no te ha hecho sentir mejor.

¡Pues ya está, si lo sabe to' para qué leches quiere hablar!

¿Y estas flores?

¡Cipriano es que cada día está más señora!

Las ha puesto Micaela.

Ah...

La sustituta.

Sátur, he estado pensando y quizá tenías razón.

Que Micaela me recuerde a mi mujer no la va a devolver a la vida.

Así que te recuerdo a tu mujer...

¿por eso has hecho todo esto?

Lo siento.

Era demasiado bonito.

Me voy. Gracias por estos dos días.

Espera.

Si alguna vez necesitas algo...

Bueno pues na', ya la acompaño yo a la salida.

Por aquí, sígame.

Ya está, muerto el perro...

A otra cosa.

El pasado ya está en el pasado, el lugar del que nunca debió salir.

¿Alguna cosa más que ordenar hoy? ¿Eh?

Ya está todo, Sátur.

Pues muy bien, amo.

Ahora tranquilidad. Y que dure.

(CP) Gonzalo...

es para ti, la ha mandado Catalina. No sé qué pone.

Pone urgente.

A ver si aprendemos a leer, Cipriano.

¿Y si un día estás solo en casa, qué, eh?

Margarita se está ordenando en este momento.

¿Que se está haciendo monja la señora?

Defina "en este momento", que el tiempo es muy relativo.

Quizá haya tomado los votos ya, Sátur.

Ay, ay, ay, ay... que esto es el acabose.

Margarita vino anoche, pero no le hice caso.

¿Cómo que vino anoche y no la atendió?

Que amo, que a lo mejor venía ver si usted...

¡Que era un grito de socorro, me cago en todo!

¿Qué he hecho?

¡Déjese de "qué he hecho" y piense en qué vamos a hacer!

De momento, vamos cagando leches a preparar los caballos,

que igual estamos a tiempo. ¡Vamos, vamos!

Amo, la señora...

Que no hemos llegado a tiempo.

Si hubiera llegado antes,

habría impedido...

Pero si usted no es la...

vamos que... ¿Quién es usted?

Sor Juana.

¿Dónde está una de las novicias que se han ordenado?

¿Cuál de ellas?

Margarita. Una así, mañosa con la aguja,

de belleza andaluza, como zíngara.

No se ha hecho monja.

¿Cómo que no se ha hecho monja?

¿Pero estamos hablando de nuestra Margarita?

Con el hábito son todas iguales.

Solo se arrepintió una y fue ella. Con permiso.

Que no se ha hecho monja, amo. ¡Que no se ha hecho monja!

¡Que ha preferido casarse con usted a casarse con Dios!

¡Ole, ole y ole!

Sátur, todavía no sabemos los motivos.

¿Qué motivos? Esto es un clásico. La novicia a la fuga.

¡Y siempre, siempre, siempre es por amor!

Si hubiera sido así, habría venido a casa. La habríamos visto.

Eso también es verdad.

Vamos a ver, vamos a ver...

Amo, la buena noticia es que la señora no se ha hecho monja.

Y la mala...

¿Es que dónde cojones está la señora? ¿Eh?

¿Qué va a suceder ahora?

Hay que esperar al juez.

Este tribunal declara nula la sentencia anterior,

y dictamina que el acusado asesinó a sangre fría

aportando un testimonio falso.

Así pues, le declaro culpable y le condeno a la pena de muerte.

¡No!

(JUEZ) Será decapitado.

(Explosión)

¡Vuelvan a casa, rápido! ¡Cierren puertas y ventanas!

Estamos condenados.

¿Cómo se llama tu hermano?

Hernán.

¡Mi ojo!

Voy a informar al Vaticano de todo lo que ha hecho.

(CARDENAL-CR) Gonzalo de Montalvo,

¿recibes a Irina Romanova como esposa?

Sí, quiero.

Es que cuánto más lo miro, menos lo entiendo.

Eres el mejor hombre que he conocido.

Eres preciosa.

Te quiero tanto.

Si me viera aquí a solas con un hombre en mitad del bosque.

No sé qué pensaría.

Vamos a tener que separarnos.

Este momento tenía que llegar.

Margarita, te quiero.

Nuestro tiempo se acabó, Gonzalo.

Estoy encinta.

Un hijo, Catalina.

No lo podemos tener.

Eres la mujer más egoísta, egocéntrica y frívola

que haya habido jamás en la tierra.

Que te quiero.

Nunca encontrarás a una mujer como yo.

Te ofrezco un trabajo para sacar a tu familia de esta pocilga.

Ya tengo un oficio.

Soy maestro.

¡Por España!

(CR) Morirá en la horca.

¿Quién ha sido?

El Águila Roja.

¡Creía en ti!

¿Dónde estás?

Ahora puedes pedir lo que quieras.

¿Qué le pasa, amo?

¡Cristina!

Ayúdanos, Señor.

(MILITAR) ¡Carguen!

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Águila Roja - T7- Capítulo 90

17 jun 2015

Un gran número de desertores del ejército han sido detenidos. El Rey organiza una ejecución ejemplar en la que Sátur se verá involucrado. En estos momentos dramáticos, el criado coincidirá con un viejo conocido de su etapa de soldado interpretado por Florentino Fernández.

La ordenación de Margarita es inminente. La joven decide hablar con Gonzalo la noche anterior. De esa conversación dependerá la decisión más importante de su vida. Por su parte, Gonzalo ve alterada su estabilidad emocional con la aparición de una misteriosa mujer. 

Hernán y la Marquesa, que mantiene su farsa de mostrarse paralizada, reciben en palacio al nuevo Comisario de la Villa. El encuentro tiene un desenlace inesperado de graves consecuencias para ambos.

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