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No recomendado para menores de 12 años
Transcripción completa

Sigues adelante con el cacao...

Esperaba que tuvieras un ataque de cordura.

Hoy firmaré acuerdos con los principales mercaderes del país.

Celebro una chocolatada.

Cipri no es un preso cualquiera.

El Rey ordenó traerlo y sus hombres obedecerán.

Quiero que cojas esta jarra,

la selles y se la envíes al Rey con una nota

en la que diga que es un regalo mío.

¿Recuerda por qué está aquí? ¿O quién le ha hecho esto?

Es mejor que no lo sepas.

"Hemos revisado todas las posadas y los pueblos del camino

y nadie sabe nada de monseñor Adrián."

Son las iniciales de Cipri.

Y tiene sangre, amo.

¡Son armas!

(PIRATA) No deberíais haber venido a nuestra playa.

¿Y esta niña?

(PERPLEJA) ¡Es mi ahijada!

Su madre ha muerto y debo hacerme cargo de ella.

Cualquiera diría que has visto al mismo diablo, hija mía.

(MADRE SUPERIORA) El cardenal ha venido a confesarnos.

¿No es una maravilla?

Pasará por cada una de las celdas.

¿Por cada una?

¡No bebáis, está envenenado!

(PIRATA) Le encontramos en el bosque. Es un prisionero real.

Dale 30 latigazos y me demostrarás que eres uno de los nuestros.

¡Estás loco, Hernán!

¿Es que quieres matarme?

Yo no, pero ella sí.

El agua estaba envenenada.

Mató a su madre.

Y envenenó el chocolate.

Veo que el miedo sigue reflejado en tu rostro, hija mía.

¡Cipri!

¡Cállate y camina!

No, no, no, no. ¡No te mueras!

Ya está.

Margarita, te quiero.

Y si me perdonas, me gustaría que fueras mi esposa.

He tomado una decisión y la mantendré hasta el final.

Nuestro tiempo se acabó, Gonzalo.

Nunca es tarde para visitar a un viejo amigo.

¿Estamos seguros de que llegaban esta noche, Majestad?

(Reloj: las dos)

Aquí están.

Las Españas nunca volverán a perder una guerra.

Eso esperamos todos, señor.

Ella es el arma que me hará ganarlas.

Pero si es sólo una mujer, Majestad.

La hemos apresado.

Y lleva unos importantes documentos para los ingleses.

¿Dónde?

A veces no es suficiente con mirar para poder ver.

Hay que saber cómo hacerlo.

Una forma muy original de llevar un documento importante, señor.

Sin duda, se trata de un código.

Así es. Y esta misma noche lo vamos a descifrar,

para poder construir la máquina.

Es vital que lo consigamos antes que los ingleses.

Disculpad mi indiscreción señor,

pero ¿de qué tipo de máquina exactamente estáis hablando?

De la primera máquina para volar.

Vaya noche toledana que ha tenido que pasar el amo.

Pobre hombre.

Buenos días, Sátur.

Buen día, amo. ¿Qué? ¿Cómo ha dormido?

Bien.

¿Bien, cómo que bien?

Que Margarita le dijo lo que le dijo.

Sátur, ¿has visto mi camisa?

¿Qué camisa, ni qué camisa?

No me se vaya usted por camisas de once varas.

Aquí tiene. Haga el favor.

Sátur, estoy bien.

Y dale.

Que estos duelos hay que pasarlos en compañía

y si es posible, entre machos.

Gracias, pero no necesito hablar.

¡Tenía que haber ido con usted al convento!

Hubiese pasado lo mismo.

No, no.

Margarita tiene muy clara su decisión.

¡Qué no, amo, qué no!

Que en el amor, se gana por pasión o por insistencia.

¡Nos ha dicho que no!

Aún no lleva los hábitos, así que estamos a tiempo.

Llévalo a fundir.

Nos vendrá bien el dinero.

Y prepara mi caballo, voy a ir a la Puerta Negra.

¡A fundir, dice!

¡Lo que faltaba!

(GRITA)

¿Un pendiente?

¿Qué hace aquí un pendiente?

Ay Dios, que aquí huele a hembra...

(Pasos)

Buenos días, Lucrecia.

Estás muy bella esta mañana.

Me encanta verte así.

¿Pero qué haces, Hernán?

Soy un animal de costumbres,

y esta es una de las que más me gusta.

Las costumbres también pueden resultar aburridas.

Lo que vamos a hacer no tiene nada de aburrido.

Ay, Hernán, no estoy para florituras.

Me duele la cabeza.

A ti nunca te duele la cabeza.

¿Me estás rechazando?

Perdón.

Quédate, Catalina.

Que sea la última vez que entras sin llamar.

Catalina, ¡vísteme!

¡Que vayan avisando al cochero!

¿Por qué tanta premura? ¿Dónde quiere ir?

A un convento.

¿A un convento? ¿Para qué? ¿A qué convento?

Eso me lo vas a decir tú.

¿Yo?

Eso es. ¿En cuál está Margarita?

En el convento benedictino de San Juan.

¿Por qué quiere ir allí?

¡Amo!

¿Pero qué hace, amo?

¿Está bien?

Sí.

Vamos.

¿Cómo que vamos?

¡Que se ha pegado usted un "josconcio" para haberse matao!

Estoy bien.

¡Pero si iba descontrolado perdido!

Y yo sé por qué: porque tiene usted la cabeza en otro sitio.

¡En la culpa!

¿No dice nada?

No quiero hablar de temas personales, Sátur.

Ah, ya veo por dónde va.

O se habla de trabajo o no se habla, ¿no?

Lo has entendido.

¡No, no lo he entendido, amo!

Tiene algo que le reconcome por dentro,

un día de estos voy a tener que recoger sus pedazos del suelo.

Sátur, sé cuidarme solo.

Amo... amo que yo soy un hombre capaz de entenderlo todo.

Y cuando digo todo es todo.

Que soy de esos que si un amigo comete un error pues...

estoy ahí para apoyarle

y no para afearle la falta.

¿Me entiende?

Si algún día te necesito, sé que estarás ahí.

¡No!

(Disparos)

(Gritos en inglés)

(GUARDIA) ¡Matadle!

La han matado.

Era inglesa.

Lo que no sé es por qué la perseguían.

¿Era inglesa? ¿Y eso cómo lo sabe?

Pedía ayuda en inglés, Sátur.

Pues me quita usted un peso de encima.

No siendo española...

¿Y eso qué es lo que es...?

La razón por la que la han matado.

(ESPÍA) Señora, Señor...

esta noche, la guardia ha detenido a Nuño.

¿Detenido por qué?

Lo siento, será liberado inmediatamente.

No me has dicho qué es lo que ha hecho.

Lo han encontrado tirado entre vagos y maleantes.

Al parecer estaba borracho.

Que se quede en el calabozo hasta que ordene lo contrario.

Hernán... no puedes dejarlo ahí.

Si se cree tan adulto para hacer algunas cosas,

que lo sea para sus consecuencias.

Puedes retirarte.

Sí, señor.

Señora.

Ya no tengo hambre. Disfruta de tu desayuno.

Catalina...

¿Qué pasa, Marta?

Lo he buscado por todos lados, pero el otro pendiente no aparece.

¿Has mirado bien?

Hasta en los vestidos, por si estaba enganchado en alguno.

Si no lo encontramos, la marquesa se enfadará.

Déjame ver.

No te preocupes, lo llevaba anoche los dos cuando salió,

lo habrá perdido por ahí.

¡Catalina!

Acércate.

¿Señor?

¿La marquesa salió anoche? ¿A dónde? ¿Dónde estuvo?

No lo sé, señor.

Vamos, Catalina. Aunque os empeñéis en demostrar lo contrario,

las criadas sabéis todo de vuestras señoras.

¿A dónde fue?

De verdad le digo, comisario, que no lo sé.

¿Salió en carruaje?

Es que cuanto más lo miro menos lo entiendo.

Me estoy mareando ya de tanta letra y tanto número raro.

Aquí tienes, Sátur.

¿Y eso qué es lo que es?

Una máquina para volar.

¿Para volar, dice?

¿Pero, cómo una máquina para volar?

Vamos a ver, vamos a ver...

Que me parece que de esta si que ha patinado.

¿Pero volar de volar?

¿De moverse cual pichón por el aire?

Con una máquina como esta, un hombre puede volar con su propia fuerza.

Yo es que, yo es que no...

pero, ¿qué volar, ni qué volar?

¡Que eso no puede ser, que eso no existe!

Hasta ahora, Sátur.

¿Por qué se le iba a ocurrir a nadie

ponerse a pegar brincos por ahí?

¿A qué mente superlativa se le ha ocurrido algo así?

No creo que haya sido al frutero, ¿no?

Fíjate,

ya en el siglo XV, Leonardo Da Vinci quiso construirlo.

¿Leonardo Da qué...? ¿Y para qué?

Los Reyes llevan años ejerciendo de mecenas

para ser los primeros en poseer estos avances.

Sobre todo para utilizarlo en las guerras.

¡Esa sí que es la mejor idea de todos los tiempos!

¡Con algo así nunca volveríamos a perder una guerra!

Para ser una buena idea, ya ha muerto una mujer.

¡Algo habría hecho! Además, le recuerdo que era inglesa.

Esa ha sido su única falta. Ser inglesa.

Las Españas también quieren estos planos, por eso la mataron.

Pues perfecto, usted y yo ya sabemos de qué bando somos,

le llevamos esto al Rey y listo.

No. Si los ingleses descubren

que las Españas han robado esos planos, habrá una guerra.

¡Que se atrevan!

No, no, ¡que se atrevan!

¡Que con algo así es echarse a volar y ganar, sí o sí!

No, Sátur. No puedo permitir algo así.

Deje que le diga una cosa.

Para mí solo hay dos cosas importantes:

Dios, y la patria.

Así que no siga por ahí que está pinchando un hueso.

Solo quiero evitar una guerra.

¿Qué hace? ¿Qué está haciendo amo?

Que eso lo encontramos los dos.

¡Los planos son tan míos como suyos! ¡Los encontramos juntos!

No tenías por qué haberme sacado del calabozo.

Quéjate todo lo que quieras, pero podrías agradecérmelo al menos.

¿Quieres que te dé las gracias?

(Bullicio)

Qué inesperada visita, señor comisario.

¿Necesita algo?

¡Fuera!

¡Sal ahora mismo de ahí!

¿Eres el cochero de anoche de la marquesa de Santillana?

¿Qué hizo anoche la marquesa? ¿Dónde estuvo?

¡Señor, piedad! ¡No lo sé!

Me temo que no me has entendido bien.

¿A dónde llevaste anoche a la marquesa?

La dejé a la entrada de este barrio.

Rastrea todo el barrio, pregunta quién la vio y dónde estuvo.

Sí, señor.

Hay que joderse. ¡Que lo ha quemado! ¡Lo ha quemado!

(Coro femenino)

Precioso, precioso, de verdad.

Muchas gracias, marquesa.

¿Me conoce?

Su fama ha traspasado también estos muros.

¡Ah! Pensaba que en los conventos

se atendía más a las oraciones que a los murmullos.

¿A qué se debe su visita, señora marquesa?

Verá...

vengo a pedirle un favor.

Necesito a una de sus monjitas.

Se fue de de la noche a la mañana, y me quedé sin costurera.

Responde al nombre de Margarita.

¿Margarita Hernando?

Ella misma, sí.

Sería un favor que yo sabría valorar en su justa medida.

Mire, ahí está.

¡Margarita, Margarita!

¿Lucrecia, que haces aquí? Estoy muy ocupada.

La marquesa ha venido a solicitar tus servicios.

¿Mis servicios? ¿Qué servicios?

Quiero que me termines el precioso camisón que dejaste a medias.

La decisión depende de ti, hija.

Pero no pide demasiado, ¿no te parece?

Bueno que... que lo traigan hasta aquí y yo lo termino.

No.

Tienes que venir a palacio para tomarme medidas, probármelo.

Soy necesaria aquí, Lucrecia.

Ah, creía que estabais para servir a los demás.

Madre,

solo estoy pidiendo un día con su noche.

Y teniendo en cuenta cómo se fue...

Debes ir, hija.

Voy por mi costurero.

En palacio vas a tener mucho más de lo que necesitas.

(REY) ¡Es una mujer!

¡Y está sola en un país del que no conoce ni el idioma!

¡Ni siquiera consiguieron copiar el código antes de que escapara!

Majestad, un hombre asegura conocer el paradero de la prófuga.

¿Y a qué esperáis? Hacerle pasar, vamos.

¡Vamos!

¡Fuera, fuera!

Majestad...

Majestad, que yo sé dónde está la mujer esa.

¿La has capturado?

No, Majestad, no.

Yo la encontré ahí, muerta,

y la enterré en el bosque del Alamillo.

¿Y cómo sabes que era ella?

Como usted sabe, no hay muchas rubias en las Españas.

Esta es.

Tu recompensa.

Discúlpeme, pero yo esto no lo hago por dinero,

yo esto lo hago por las Españas.

Si no lo hace por dinero,

quizá quiera alguna otra cosa.

No, de verdad que no.

Para mí es un honor servir a la patria.

Eres un buen súbdito, no hay duda.

Gracias, pero no lo merezco.

Yo solo hago lo que debo hacer por el Rey

y hacerlo siempre y cuando pueda, es para mí la mayor de las recompensas.

Es el más grande de los honores, es la mejor forma de...

de vida pues que uno puede llevar.

¿Estarías dispuesto a hacer cualquier cosa si yo te lo pidiera?

Por supuesto, Majestad, por supuesto.

Tendrás el honor de ser el primer hombre en volar.

Y hablando de todo un poco...

¿A que no sabes dónde estuve ayer?

Pues no.

En casa de Gonzalo. Fui a ver cómo estaba.

Bueno, es lo que hacen los amigos.

Le vi muy bien. Muy contento.

Muy bien.

Date la vuelta.

La verdad es que pasamos un rato inmejorable.

Recordamos viejas historias, y...

eso nos llevó a, ¡ay...!

¿Cómo te diría?

Una auténtica puesta al día.

¡Bueno, ya está bien!

¿Qué pretendes, eh? ¿Por qué me has traído aquí?

Ya lo sabes, para que termines el camisón.

No, no es verdad.

Tu puedes costearte a los mejores sastres de la Corte.

¿Por qué me has traído a mí, eh? ¿Por qué?

Porque tú me conoces bien.

Además,

desde niñas siempre hemos tenido los mismos gustos.

¿Ah sí? ¿Tú crees?

Pues a mí, por ejemplo, esto me parece horrible.

Vaya...

de criadita a monja rebelde.

No, aún no soy monja. Y mucho menos tu criada.

Y como no lo soy,

voy a hacer algo que he querido hacer siempre.

¿Comerte un pastelito?

No. Esto.

¡Pero qué te has creído!

¡Idiota!

(GIMEN Y CHILLAN)

¡Idiota, estúpida, criada!

Señora, ¿me ha...?

¡Señora!

Señora, por Dios.

¡Quita!

Tienes que enviarle algo a Gonzalo.

¿El maestro?

No, el picapedrero de la mina. ¿Quién si no, idiota?

(LEE) "Querido Gonzalo,

me alegra saber que tantos años de espera han merecido la pena.

Me gustaría hablar contigo de lo sucedido ayer.

Ven esta noche a las diez a mi palacio.

Siempre tuya, Lucrecia."

Es una edición única. Le gustará tenerlo.

Sí, señora.

¡Amo!

¡Por fin le encuentro! ¡Le he buscado por toda la villa!

¿Ocurre algo?

Sí, amo, sí, pero todo bueno.

Se lo voy a decir, sin ambages ni tapujos:

que le he dicho al Rey dónde estaba enterrada la inglesa.

Sí, ya sé que se ha disgustado,

pero antes de que me diga nada, quiero enseñarle esto.

Es una medalla concedida por el Rey.

Aquí tiene al hombre que va a volar por primera vez en la historia.

¿Cómo que vas a volar?

Alguien tiene que probar el cacharro de los planos,

¡y me han elegido a mí! Cuidao, me ha elegido su Majestad.

Esto es algo que tienes que pensarte mucho mejor.

Amo que voy a estar en los libros de la historia patria.

¿Se imagina, usted?

¡Yo, Saturno García, un sin nombre,

compartiendo ahí páginas con el mismísimo Cid!

Sátur, nunca se ha construido nada igual, jamás se ha hecho.

No tema, que los españoles lo hacemos todo con fundamento.

Mire usted los navíos de la Armada Invencible.

Su propio nombre lo indica in-ven-ci-ble.

¿No te das cuenta?

Algo podría salir mal, podría no volar.

Bueno, lo mismo pensarían con el primer barco y flotó.

Y si no mírelos, ahora cruzando océanos.

Antes de que un barco flotara, muchos otros se hundieron.

Y los primeros en probar las armas de fuego

perdieron brazos y quedaron con el rostro calcinado.

Todo ensayo puede terminar en error.

¿Habrá alguna cosa que yo le diga que usted me apoye?

¡No si con ello pones en peligro tu vida!

¡Usted no lo entiende porque ya es héroe!

Lo que vas a hacer es una barbaridad.

Te podría llevar a la muerte.

O a la gloria.

¡Esta es la primera medalla que yo gano en mi vida!

Y voy a llevarla aquí con todas sus consecuencias.

La mano de Dios está detrás de toda invención humana.

Pensaba que era la del Diablo.

No deberíais trivializar, comisario.

¿Sabéis lo que significará para nuestros ejércitos

poder sobrevolar murallas?

Los asedios que antaño duraban semanas,

ahora serán cuestión de un instante,

y las fortalezas...

¿Le estáis explicando a un panadero cómo hacer pan?

Sé que las Españas serán indestructibles.

Es la mejor estrategia militar jamás pensada.

Aunque sea idea de los ingleses.

En el amor y en la guerra todo vale, comisario.

Y vos que alardeáis de ser un buen militar, deberíais saberlo.

Mañana será el gran acontecimiento.

Eminencia...

Os dije que no vinierais aquí.

(HABLA EN PORTUGUÉS)

¿Habéis traído el dinero?

¿Dónde está el resto?

Eso no es lo que habíamos pactado.

Salir de aquí que voy a bendecir el aparato.

Anda que la que has montado. Toma.

Se me ha ido de las manos. No me siento orgullosa.

Pues deberías porque has cumplido el sueño de muchos criados.

Tenías que verla,

que si Gonzalo para arriba, que si Gonzalo para abajo.

¿Y a ti que más te da

que te hable de Gonzalo o de la lluvia?

Es que no te he dicho una cosa.

Ayer estuvo Gonzalo en el convento y...

y me pidió matrimonio.

¿Matrimonio?

Pero virgen del amor hermoso, ¿y para cuándo?

Le he dicho que no.

¿Por qué? ¿Qué ha pasado?

He tomado una decisión y voy a seguir con ella.

Pero las decisiones no son montañas, se mueven.

No. Lo tengo claro.

Tú no te das cuenta de la tontería tan grande

que estás haciendo con tu vida, ¿verdad?

¿Tú sabes las veces que me he ilusionado con él,

y sabes cuántas de esas han acabado en decepción? Todas.

Ah. ¿Entonces lo has rechazado por orgullo?

No. Porque no quiero seguir a merced de los hombres.

Cuando no era mi marido, era Juan y cuando no Juan, Gonzalo. Ya está.

Y lo has resuelto entregándote ni más ni menos que al Altísimo.

¡Catalina, no quiero ser un títere nunca más!

¿Tú no sabes lo difícil que es ser feliz en esta vida, verdad?

Ojalá yo estuviera dónde estás tú.

Daría lo que fuera.

Voy a llevarle esto a Gonzalo.

(Estruendo)

(Estruendo)

(Estruendo)

Ni se le ocurra pedir ayuda. Y no se mueva.

¿Quién sois?

Eso no importa. He venido a pedirle un favor.

¿Eh? ¿Un favor?

Más bien parece una amenaza.

Bajad el puñal,

estoy convenido de que podremos llegar a un acuerdo.

Mejor así.

Sería una lástima que no volviese a colgarse la cruz.

¿Qué queréis?

¿Dinero? Cogedlo.

No.

Debe hacer que el Rey cambie de opinión.

¿Con respecto a qué?

Su Majestad es un hombre de ideas fijas,

no escuchará a un humilde siervo del Señor como yo.

No se subestime.

Sé que usted es muy cercano a él.

Y hará lo necesario para conseguir lo que voy a pedirle.

¿Y si no lo logro?

Eminencia, he entrado una vez en su alcoba.

Puedo volver a hacerlo cuando quiera.

Está bien. ¿Qué es lo que hay que hacer?

La persona que ha elegido el Rey no será quien intente volar mañana.

¿Y quién será ese pobre diablo?

Ni siquiera se ha dado cuenta de que puede morir.

Lo hará... Gonzalo de Montalvo.

¡Sátur! ¡Los vecinos te van a hacer una fiesta!

¿Una fiesta? ¿A mí? ¿Una fiesta por qué?

¡Vamos a celebrar que el primer hombre en volar es de los nuestros!

¡Y ese eres tú, Sátur!

Pero si hasta hoy no me miraban a la cara.

hay que ver lo que cambian las cosas en la vida de uno

cuando está a punto de perpetrar una hazaña.

Padre...

¿Tú crees que saldrá bien?

Claro que sí.

No sé, a lo mejor puedes ayudarle tú.

Has leído mucho, sabes de todo.

Alonso, yo no sé nada. Y de eso no hay mucho escrito.

Ya, pero lo poco que hay lo sabrás

y mejor que nadie.

¡Eh! ayúdale...

¡Sátur, padre te va a ayudar a prepararte!

¿Es eso verdad, amo?

Sí, Sátur.

¡Gracias! ¡Gracias amo, gracias!

¡No sabe lo que significa eso para mí!

No me des las gracias.

¡Vaya que no!

Pero dígame... ¿Por dónde empezamos?

Porque yo preferiría dejar a un lado la teoría

y pasar directamente a la práctica.

Cualquier explanada servirá.

Una explanada, claro, una explanada.

Vamos a buscar un mapa, a ver si encontramos una explanada.

No, y una explanada mejor sin nombre,

que a lo mejor le ponen el mío y todo, eh... venga vamos.

Gonzalo...

que me manda la marquesa para que te dé esto.

Que si quieres hablar de algo...

o necesitas algo ya sabes que yo estoy aquí.

Gracias, Catalina.

Dale las gracias a Lucrecia y dile que sí.

Con Dios.

"Ven esta noche a las 10 a mi palacio.

Siempre tuya, Lucrecia."

¿Qué has averiguado?

Nadie vio anoche a la marquesa en San Felipe.

El cochero dijo que la dejó allí. ¿Estás seguro?

Hemos preguntado por toda la zona.

Tabernas, artesanos, casas de citas. Nada.

Retírate.

Sí, señor.

Saturno García,

el hombre volador de Castilla.

No, eso es demasiado largo, no.

Saturno García,

el Ave Fénix de la villa.

No, ese tampoco.

El mejor nombre lo ha pillado el amo.

Sátur, ¿qué haces?

Ven.

Voy.

Amo,

intentaba imaginarme que voy a encontrarme allá arriba.

Ni la estructura ni el peso son iguales a las de mañana, pero...

nos servirán para hacernos una idea.

¿Y usted cree que si me encuentro con una nube, me chocaré con ella?

No creo que la máquina pueda volar tan alto, Sátur.

Ayúdame.

¿Qué hace? Que el que va a volar soy yo, no usted.

Sátur, quiero probar su resistencia.

Cuando eches a correr

tienes que poner los brazos hacia atrás. Así.

Así ofrece menos resistencia y es más fácil coger velocidad.

Y una vez llegues al precipicio...

Sí...

¿Y una vez llegue al precipicio?

¿Los brazos estirados y salto todo lo alto que pueda, no?

Eso es.

Yo solo espero que no me se descontrole el cachivache,

porque como tire para arriba me veo cenando con San Pedro.

No va a ser fácil de controlar, Sátur.

Y si hace viento, todavía menos.

No sea usted tan negativo, leche.

que estaba yo pensando que...

además de para lo militar, esto podría servir para

para viajar.

se podría hacer un Madrid-Toledo, así, en un pestañear.

(ALONSO-AL) ¿Puedo probarlas?

¡No!

Alonso, no son ningún juguete.

Te quería pedir una cosa, Sátur.

Cuando estés allí arriba,

¿podrías saludarme?

Hombre, claro que sí.

Y también saludar a los que me vean desde los campanarios,

y a los pastores de la sierra si hace falta.

¡Ay va mi madre, que tengo que preparar el traje de los domingos!

Que si van a inmortalizar la cosa, pues tendré que vestir propio.

¿Qué dices?

A ver, Alonsillo,

que detrás de cada hito, siempre hay un...

un retrato, ¿eh?

Y si no, fíjate en "La batalla de Lepanto",

o en el "Cuadro de las Lanzas".

Anda vamos a casa, venga, vamos Rafaelito.

Amo... ¿y sabe qué le digo?

Usted va a salir conmigo, ¿eh?

(Campanadas)

¿Margarita Hernando?

Margarita salió esta mañana a hacer un recado pero no sé a dónde ha ido.

¿Podría hacerle llegar esta nota?

Gracias.

Dale más brillo.

Quiero unas uñas que pueda reflejarme en ellas.

Señora...

Catalina, se trata de empolvarme, no de ahogarme.

Ay, por fin el almizcle. Pon unas gotas en el agua.

No entiendo tanto acicalamiento para irse a dormir.

Parece ser que va a tener una visita.

¿Una visita a estas horas?

Ay, muchacha, la de un varón.

(MARGARITA) Lucrecia, Lucrecia.

Uh, vaya. La lanza pasteles.

Me has hecho llamar. ¿Qué querías?

He dispuesto una de las mejores alcobas para ti.

Está justo al lado de la mía. Pared con pared.

¿Quieres que duerma aquí?

No soy rencorosa.

Te va a encantar,

tiene una cama comodísima y está comunicada con la mía.

Así te llevarás un buen recuerdo al convento.

Vaya, Hernán.

¿Tan solo te sientes que has tenido que comprarte un amigo?

Está demostrado que los perros son los animales más fieles.

Más que las personas.

Lo que tú digas. ¿Y puedo saber a dónde vas con el chucho?

Voy a salir a cazar.

¿Por la noche?

Cualquier momento es bueno.

Menos mal que le he encontrado, amo.

¿Qué pasa?

Que me he hecho la picha un lío,

con lo que usted me dijo antes, que ya no sé si...

si primero hay que flexionar las rodillas, después saltar,

o más adelante estirar los brazos, o todo al revés.

Lo mejor que te acuestes y te olvides de todo un rato.

¿Acostarme? Pero si no voy a pegar ojo en toda la noche,

si me tiemblan hasta las uñas de los pies de puro nervio.

Por cierto, olvídese usted de la cena,

que estando como estoy, le azúcar a la sopa en lugar de sal.

No te va a pasar nada.

¿Pero usted sabe cómo estoy yo ahora por dentro?

¿Usted cree que Colón durmió como un lirón

la noche antes de pisar América?

(RIENDO) Vamos, hombre.

Que no soy idiota, amo.

No creo que lo seas.

Que ya sé que todo esto puede salir mal.

Por eso se pone tan serio cuando hablamos del tema.

Porque se preocupa por mí.

No puedo hacer otra cosa.

Le digo yo a usted que esta gesta va a traspasar fronteras.

Hasta mi Gabi, allí en la Francia,

se va a enterar de lo que ha hecho su padre.

Pero bueno...

(Ladridos)

¿esta gente qué querrá además de despertar a medio vecindario?

Encuentra a su dueño.

¡Busca!

Anda que...

que están de ronda.

Yo tengo que irme, Sátur.

Antes de salir te dejo una tisana en la cocina, tómatela.

Dormirás toda la noche.

No, gracias, amo, no.

Prefiero no tomarla, no vaya a ser que me quede dormido en pleno vuelo

y aparezca en Sepúlveda.

Sátur, tómatela. Es importante que descanses.

Quizá usted tenga razón, sí.

Es que ya no sé que hacer pa' liberar esta tensión.

Le he pegado un fregado a la casa que se puede chupar hasta el suelo.

Además de dejarle relucientes las camisas y los calzones,

que por ahora ya no huelen ni a macho.

Descansa.

Gracias, amo, de verdad.

Es usted un amigo.

¿Pero qué haces?

Voy a probarlas.

Buenas noches.

(AL) ¡No!

¡Alonso!

¡No!

¡No!

¡Alonso!

Se ha tirado.

Se ha tirado...

Las ha cogido y no he podido hacer nada.

Y llevaba las alas puestas.

¡Esta tarta es inmunda! ¡Quiero hablar con la cocinera!

¿Dónde está esa envenenadora?

Señora, es el desayuno de siempre.

¿Qué ha pasado?

Lleva hecha una hidra toda la mañana.

Y toda la noche, para arriba y para abajo por la alcoba,

tirando cosas sin parar. Si no he pegado ojo.

Es que no lo entiendo... ayer estaba feliz de la vida.

Pues yo creo que esperaba a alguien,

porque cada vez que se acercaba un caballo, la oía abrir la ventana.

¿Dónde está el jardinero?

¡Ese estúpido no distingue un cardo de una rosa!

Sé que a lo mejor no es el momento,

pero es que le han traído esta nota sin firma.

(LEE) "Quiero verte, en la posada de la Liebre, alcoba 6.

Te espero a las cuatro."

Catalina,

prepara mi vestido rojo.

No, el azul.

¡Un corpiño, un corpiño!

Sí, pero antes, ¿podría contestarle a don Gerardo?

Que no sabe si va a ir mañana al funeral de su hermano.

(ENTUSIASMADA) ¡Sí!

(Inaudible)

La correspondencia.

Ahora no.

Para mandar a Don Gerardo.

Oh, Margarita,

una monjita ha dejado una nota para ti.

La he dejado aquí...

¡Cuidado, Marta! Por Dios que te vas a matar.

Me han dicho que es de Gonzalo.

¿De Gonzalo?

(LEE) "Quiero verte en a la posada de la Liebre, alcoba 6.

Te espero a las cuatro."

¿Qué?

Anda qué...

Intenta descansar, hijo.

Tenía que haber guardado mejor esas alas, amo,

lo siento.

Pobre chiquillo.

Yo también tenía que haber estado más atento, Sátur.

Ya es la hora.

Tranquilo, todo irá bien.

¿Se me ve bien?

Sátur, es la tisana que te preparé ayer.

Tómatela, te hará bien.

No. No puedo hacerlo amo, no puedo hacerlo.

No puedo hacerlo.

Sátur, tranquilízate. Tómatela.

Si es que he querido vivir una vida para la que no estoy preparado.

El Rey, las medallas, la gloria...

pero no puedo hacerlo.

No puedo hacerlo.

Ese chiquillo...

Voy a terminar como él, estampado contra el suelo.

¿Dígame cómo hace usted para no tener miedo nunca, amo?

Sí que tengo miedo, Sátur.

Cada vez que pongo mi vida en peligro.

¿Entonces cómo lo hace?

¿Cómo lo hace? ¡Que yo casi no me tengo ni en pie!

¿De dónde saca usted el coraje?

Pienso en que si me pasa algo,

habrá sido intentando que este mundo sea algo mejor.

Pues yo no. Yo no amo, yo no pienso en mundos mejores.

Yo solo pienso en atravesar esa puerta y echar a correr.

Pero le he dado mi palabra al Rey.

Ya no hay marcha atrás.

Siempre hay una salida.

¡Mierda de botones!

A ver si me pudiera echar usted una mano, amo.

Gracias por el favor, Margarita.

Sé que estabas a punto de volver al monasterio.

Ande, señorita, solo han sido un par de puntadas.

Ya está.

A ver...

¿Pero qué es eso?

Pues un mapa de la villa.

Catalina, no voy a ir a esa dichosa posada.

Bueno, ya lo veremos. Primero tendremos que encontrarla, ¿no?

Me parece que está por aquí.

Vamos a ver, ¿aquí dónde está el Norte y el Sur?

¿Quieres dejar eso, mujer? No has leído un mapa en tu vida.

Yo no, pero a lo mejor la señorita Irene sí.

¿Usted que ha estudiado no nos podría ayudar con esto?

Claro que sí, Catalina.

¿Dónde está aquí el norte?

El norte es que no...

El Norte está aquí. ¿Qué es lo que buscas?

La posada de la Liebre.

Se tendría que llamar la del Topo, porque se ha metido bajo tierra.

(NUÑO) ¿La posada de la Liebre?

Está en el camino de las Tres Aguas. Es una casa de citas.

¿A qué se refiere exactamente con casa de citas?

A que es un sitio de fornicación.

¿Y tú por qué lo conoces?

Lo que es evidente no necesita explicación.

Que el mozo de cuadras lave mi caballo.

Sí, señor.

Pero bueno, ¿pero cómo se le ocurre citarme en un sitio así?

Que me voy a ordenar.

Mujer, ya sabes cómo es Gonzalo que es un cándido.

Él no atiende a esas cosas. Posada que vio, posada que eligió.

Pues no voy a ir.

Ya le he dicho lo que le tenía que decir,

y no pienso a cambiar de opinión.

Bueno pero,

si tan segura estás, debes escucharle.

Eso no se lo puedes negar, que es familia.

Y además está el crío por en medio.

Bueno pues... iré. Solo espero que el sitio esté limpio.

¡Mujer!

Sí, "¡mujer!".

(Murmullos)

Entre las virtudes del elegido no estaba la puntualidad.

Y entre las vuestras no parece estar la paciencia, comisario.

Por cierto, ahí lo tenéis.

Ese no era el hombre que iba a hacer la prueba.

Lo mismo da uno que otro.

Lo que importa es la grandeza de las Españas, comisario.

Me aseguraré de que todo está en orden.

Vaya, parece que tenemos un inesperado héroe en la villa.

Como maestro, la ciencia siempre ha sido una de mis inquietudes.

¿Tanto como para arriesgar tu vida por ella?

Alguien tenía que hacerlo.

Estaba previsto que lo hiciera tu criado.

Y su vida vale menos que la tuya.

Eso depende de para quién.

(HOMBRE) ¡Que viene el Rey! (MUJER) ¡Mira, el Rey!

(Vítores)

Bienvenido, Majestad.

Majestad.

Las Españas escribirán hoy su nombre en el cielo.

Ese no es el hombre que yo elegí.

Ligeros cambios de última hora, Majestad.

Pero todo seguirá según lo previsto.

Solo falta que deis la orden.

Majestad, si no os decidís...

el pueblo dudará de vuestra máquina. Y eso no os conviene.

(Disparo)

¡Alto, Majestad!

¡Majestad!

¡Majestad, se lo ruego!

¡Usted me eligió a mí!

¡Paradle!

(CARDENAL-CR) ¿Quién te crees para desafiar a tu Rey?

¡Basta! Es él quien debe hacerlo.

¿Gonzalo?

¿Hernán? ¿Qué haces aquí?

No te atrevas a negarlo.

Yo mandé esa nota citándote en esta posada, y has venido.

¿Me has tendido una trampa?

Esa no es la cuestión.

Cuando yo salía de tu cama, entraba él, ¿no es así?

Estabas con él y conmigo. ¿Desde cuándo?

No tengo ningún amante, Hernán.

¿Y entonces por qué has venido?

Por favor, ya me conoces.

Soy demasiado curiosa para haberme quedado en palacio.

¿Verte anoche con él también fue por curiosidad?

Vamos, Hernán, un ataque de celos no es propio de ti.

Deja de imaginar cosas absurdas.

Mis hombres ya se están ocupando de él.

Y eso sí que no es imaginario.

En cuanto acaben, lo traerán aquí.

Tenga cuidado.

Perdone.

No...

Todo esto es ridículo.

Ahí lo tienes, Lucrecia.

A partir de ahora olvídate de mis servicios.

Él se ocupará de ello.

¿Qué le has hecho, animal?

Se ha meado encima pero, no temas, la hombría, la mantiene intacta.

¿Pero este quién es?

No sigas negándolo.

¡Este es don Gerardo!

No te hagas la ingenua. Intercepté la nota que le enviaste.

¿De qué nota hablas?

La que le decías "Allí estaré".

¡Sí, pero en el funeral de su hermano!

Comisario, dice la verdad.

Puede ver su necrológica en los pliegos de ayer.

¡Cómo podías creer que yacía con este hombre! Es repugnante.

¿Y el pendiente?

¡Qué pendiente, Hernán, qué pendiente!

¡Déjame ya!

¡Lucrecia! ¡Lucrecia!

¡Oigan! ¡Oigan!

Ya está, ya.

Ya estoy mejor, ha sido un pequeño vahído que me ha dado.

Parece que ya está bien, Majestad.

¿Pero esto qué es...?

¿Qué pasa?, ¿qué has visto?

Un hombre atado.

Una guarrería de esas que hacen en este sitio.

Se está acercando.

A ver si va a querer que nos animemos con él.

¡Vámonos ahora mismo de aquí!

Venga.

Va a salir bien, Saturno.

Ya verás como todo va a salir bien.

¡Por España!

¡Proteged al Rey!

¡Saquémoslo de aquí! ¡Rápido!

¡Que no se detenga!

¡Salta!

¡Salta! ¡Vamos!

¡Vamos!

¡Salta!

(Estrella ninja)

(CATALINA-CT) No sé por qué no se habrá presentado Gonzalo.

(MG) Lo único que quiero es olvidar ese sitio.

Al menos a ti te han hecho proposiciones.

A mí me han confundido con tu madre.

Ay, Margarita, menos mal que aún estás aquí.

Hubo una confusión y tu nota es esta.

La madre que te trajo al mundo, Martita. Esa es la de Gonzalo.

"Te escribo estas palabras para pedirte algo.

Sé que no tengo derecho, pero te ruego que,

si me pasara algo, cuides de Alonso."

¿Qué, insiste en que te cases con él?

No. Ese tema está zanjado.

Desde luego...

cuando no se quiere abrir una puerta, no hay llave que la abra.

Bueno, ¿qué, te acompaño al convento o tampoco?

Sí, sí.

Venga, vamos.

El camisón ya está terminado.

El favor ya está hecho.

Estás equivocada, quedan algunos detalles por rematar.

Está en la alcoba.

¿Otra vez tú?

¿No crees que ya nos hemos visto suficientemente por hoy?

Todavía queda algo por aclarar.

Estaba bajo tu almohada.

La uso para mis reuniones del cacao.

Solo admiten hombres y me disfrazo.

¿Contento?

No. Hay algo que no me huele bien.

Será el estiércol que llevan tus botas.

No pienso parar hasta saber qué ocultas.

¡No voy a volver a levantar el pie del suelo

aunque tenga que pisar boñigas!

Has sido muy valiente, Sátur. Has estado a punto de saltar.

No, saltar no, amo. Saltar no, matarme.

Que faltando esa pieza si no llega a intervenir usted...

Tú llegada también ha evitado que yo muriera.

Yo lo he salvado a usted, usted me ha salvado a mí.

Se podría decir que hemos entrado en un bucle

de debernos la vida mutuamente.

Se podría decir, sí.

¿Pues sabe qué le digo?

Espero que la locura esta de volar se olvide para siempre.

¡El hombre bastante tiene ya con la rueda,

que es mucho más segura y va sobre firme!

Antes o después, el hombre volará.

Sí, claro, y también irá a la luna, ¡no le digo!

Quién sabe.

Vamos a dejar de desvariar, ¿eh?

Y una pregunta que quería hacerle yo.

¿Por qué me dio ese golpetazo para que no hiciera yo la prueba?

No quería hacerlo así, pero...

no logré que te tomaras la tisana.

¿La tisana?

¿Qué me quería usted endrogar?

Ve a preparar los caballos.

¡No me cambie usted de tema!

¡Que tengo toda esta zona dolorida!

Voy a volver a las puertas, Sátur.

¿Sátur? ¿Sátur?

(RÍE)

A que jode, ¿eh?

Tenía yo ganas de probar esto para ver la cara que se le quedaba.

¿Amo?

¿Amo?

¡Me cago en San Pito Pato!

¿Ande está el truco, a ver? ¡Que alguien me lo explique!

¡Ahora estoy, ahora no estoy!

¡Vamos, hombre!

(ESPINOSA-ES) Han llegado animales de cada rincón del mundo.

Majestad, será la envidia de toda la monarquía europea.

Uno de los escribanos del tribunal apareció anoche ahogado en el lago.

Empezarás a trabajar en ese tribunal hoy mismo. Es una orden.

(CR) ¿Y dónde situaréis tal maravilla, maestro Espinosa?

(ES) Al este del recinto. Ahora es un barrio de maleantes.

Van a tirar nuestras casas.

No puedo quedarme calva.

(MÉDICO) No se puede luchar contra la naturaleza.

Yo sí. ¡Váyase!

Usted es el Águila Roja,

el héroe del pueblo, y le están llamando a gritos.

Sátur, solo soy un hombre.

Si os quedáis conmigo corréis peligro. ¡Debéis iros!

Estaré a tu lado pase lo que pase.

¡Apuntad!

¡Fuego!

  • T6 - Capítulo 81

Águila Roja - T6 - Capítulo 81

27 nov 2014

El servicio de espionaje del Rey ha conseguido robar a los británicos la clave para construir un arma bélica sin precedentes. Se trata de una máquina voladora que revolucionará la forma en que se enfrentan los ejércitos y que dará a España el triunfo  definitivo. Sátur es elegido por el Rey para probar el prototipo de dicha máquina, lo que le llevará a una muerte segura. Águila intentará salvar a su amigo. Después de lo ocurrido con Gonzalo, la Marquesa visita a Margarita en el convento. Ha planeado algo especial para ella y pide a las monjas que la dejen unos días a su servicio. Mientras, el Comisario comienza a sospechar que Lucrecia tiene un nuevo amante, furioso, rastreará la villa hasta dar con él y matarle.  

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