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No recomendado para menores de 12 años
Transcripción completa

El preso no ha confesado donde está el oro, Majestad.

Lo hará seguro allá donde lo voy a enviar.

A la isla de los Muertos.

Voy a plantar cacao y esas tierras serán mías.

¿Qué hago con sus marineros? ¿Me los llevo?

Tienen a nuestro amigo Cipri. (ENFADADO) Y va a pagar por ti.

¡Por favor, clemencia! ¡Clemencia!

¡No hay clemencia para los que traicionan al Rey!

Pelearemos por mis tierras. A muerte.

Acepto.

¿Dónde está el hombre que usó el sello real?

¿Adónde lo llevan?

A la isla de los Muertos.

Soy un hombre y puedo hacer lo que me plazca.

He buscado en torres, castillos, en atalayas...

¿Y?

No hay ni rastro.

Quiero saber con quién sale, a dónde va y qué hace.

Que yo suplanté al Rey.

Yo debería ser el condenado y no Cipri.

Sé que andas con el marqués de Santillana.

Nuño ha encontrado al amigo que necesitaba.

Seguirá haciendo cuanto yo dicte.

¿Qué le has hecho?

No le he hecho nada.

Dile que le amo.

Y que lo amaré siempre.

Lo haré.

Tengo cierta información sobre Luis de la Vega,

el terrateniente que vino a verte esta mañana.

¿A qué te refieres?

A que yo nunca haría negocios con alguien así.

(TORTURADOR) ¿Dónde lo escondiste?

¡Confiesa!

Has vuelto.

He venido a repartir comida con las hermanas.

¡Al ladrón, al ladrón!

Mis tierras, por tu cuerpo. Piénsatelo bien.

¡Soltadle!

¡Alonso!

Seré la mayor comerciante de cacao de Europa.

¡No, no, confesaré!

Vas a ir a salvar a Cipri sin saber pelear.

Yo soy adulto.

¡No puedes hacerlo! ¡No eres un hombre de armas!

Ahora mismo voy a informar al Vaticano, cardenal.

No dejaré que ese miserable viva.

¡No hasta que consiga sus tierras!

Nadie humilla a la marquesa de Santillana.

¡Hemos encontrado a un hombre!

Margarita...

-¿Le conoces? -Sí.

¿Hemos llegado antes que ellos?

Esa ventaja puede salvarle la vida a Cipri.

Cuando lleguen, les estaré esperando.

(TOSE)

(SE ATRAGANTA)

(RESPIRA CON DIFICULTAD)

(NIÑA) ¡Madre!

¡Madre!

¡Madre!

(ALIVIADO) Es usted, amo.

¿Ha visto algo? ¿Alguna noticia nueva?

Nada, Sátur. He vigilado todos los caminos

que llevan a la playa, y ni rastro de los guardias.

¡Entonces, dígame!

¿Por qué llevamos encerraos toda la noche como eremitas?

¿Dónde se han metido?

Sátur, no lo sé.

Ya deberían haber llegado.

¿Y si han matado a Cipriano?

Que la vida de un preso vale menos que el aire.

¡Cipri no es un preso cualquiera!

El Rey ordenó traerlo a estas costas y sus hombres obedecerán.

Y luego esta humedad...

que nos va a salir musgo hasta en las orejas.

Lo único que podemos hacer es esperar.

Sí, ¿pero hasta cuándo?

Cuando vayamos a buscar a la señora Margarita,

lo mismo se ha hecho abadesa.

Y luego está este tufo a bacalao.

Que esto me recuerda a Antoñita, la Poco Limpia.

Se acerca un caballo.

¿Qué dice de un jamelgo? Yo no oigo nada.

Ya vienen.

No te pongas en medio, Catalina.

No quiero pasar a la posteridad con esa cara de acelga que tienes.

Lo siento, señora.

¿Has hablado con el cochero?

Sí. Le he dicho que recoja a sus invitados antes del Ángelus.

Saca la vajilla inglesa.

Quiero que se sientan como Reyes, no como mercaderes.

Señora...

Sigues adelante con el cacao....

Esperaba que tuvieras un ataque de cordura.

¿Te aburres Hernán?

¿Por qué no vas a la villa y detienes un par de mendigos?

Deberías encargar otro cuadro con tu cabeza cortada.

Es lo que harán los indígenas cuando pises esas tierras.

¿Tienes miedo de que tenga éxito, verdad?

Hoy firmaré acuerdos con los principales mercaderes del país,

les he invitado a una chocolatada

y al terminar firmaremos los contratos.

¿Qué sabes tú de contratos Lucrecia?

Te engañarán.

Señora...

Ahora no, Catalina.

Lo siento, pero es muy urgente.

¿Y esa niña?

Venía con la carta.

Es mi ahijada, la hija de la condesa de Barahona.

Su madre ha muerto y debo hacerme cargo de ella.

Imposible. Que vuelva por donde vino.

No puedes hacer eso Lucrecia, es tu ahijada.

Soy la madrina de 15 niños Hernán,

no pretenderás que me haga cargo de todos si se mueren sus padres.

Señora, si no le importa,

yo puedo acomodarla con el servicio, no nos importaría.

¿Estás sorda, Catalina?

Que busquen un buen orfanato y se la lleven.

Se hará como usted diga, señora.

Ven conmigo. ¿Cómo te llamas?

Blanca.

No le preguntes el nombre, no te vayas a encariñar.

Amo, a esta playa no vienen ni los mosquitos.

A ver si va a estar empezando a fallarle a usted el oído.

Ahí están.

Igual voy a tener que comerme mis palabras.

Así que ala, vaya usted y deles hasta...

¡Amo!

Pero si no lo ha tocado siquiera.

Ya estaba muerto, Sátur.

Joder, qué escabechina.

¿Y cómo es que le han rebanado el cuello, amo?

¿Y dónde está el Cipriano?

No lo sé.

Pero este es un guardia del Rey.

Lo que no sé es dónde está el resto.

Mire, amo.

Esta camisa es...

Son las iniciales de Cipri.

Lleva el bordao que nos hace la señora Margarita

en todas nuestras ropas.

Y tiene sangre, amo.

Y la ha traído el mar.

La ha traído el mar...

Cuando lleguen los mercaderes no quiero ni voces ni carreras.

Por supuesto, señora.

Y que nadie toque el cacao;

si lo hacen, o falta algo, haré que os corten los dedos a todos.

Sal...

Sí, señora.

¿Eso no será sudor?

Ay, es lo que me faltaba, Catalina.

No entiendo porqué sudáis tanto los criados.

No volverá a pasar, señora.

Quiero que cojas esta jarra,

la selles y se la envíes al Rey

con una nota en la que diga que es un regalo mío.

Sí, señora.

¿Es así como cierras tus acuerdos?

Más que un negocio parece una boda.

No creo que hayas estado nunca en una boda con tanta clase.

Donde no he estado nunca es en una reunión con tanto adorno.

¿Qué harás luego? ¿Leerles la Biblia?

¿Y qué debería hacer según tú?

Llevarles al mejor lupanar de la Ciudad.

Eso hará que se sientan más relajados.

Sabiendo tanto, Hernán,

no entiendo cómo no has llegado más lejos.

Hazme caso. No funcionará sin un hombre.

Tienes razón.

¿Quieres servir el chocolate?

Ay, está todo perfecto.

¡Idiota! ¡Mira como me has puesto!

Perdón.

¿Quién la ha dejado acercarse? ¡Dije que no quería verla!

Lo siento, señora. Ha sido un accidente,

ya sabe usted como son los niños.

Ya están aquí los mercaderes, señora marquesa.

Hazles pasar. ¡Y tú, prepara un vestido nuevo! ¡Vamos!

Bienvenido, caballero.

Bienvenido.

Siéntase cómo en su casa.

Bienvenido, caballero.

Caballero, encantada de verle.

Es un placer.

Disfrute.

Ve sirviendo a mis invitados.

Todo esto es por mi culpa...

Ojalá no hubiera nacido. Ojalá mi madre me hubiera matao a pedradas.

Sátur, yo también soy responsable.

¿Qué leches hacía Cipri en el agua? ¡No lo entiendo!

Mataría al guardia e intentaría escapar.

¿Hacia el fondo del mar? ¡Si no sabía nadar!

¡Estaría desesperado!

Le perseguían, le disparaban. Eligió la única opción que tenía...

aunque eso le llevara a la muerte.

¿Y cuándo ha pasado todo esto?

Porque usted dijo que nosotros habíamos llegado antes.

¿Lo dijo o no?

Me equivoqué.

Me salvó la vida.

Así le conocí.

¿Cómo que le salvó la vida?

Hace años, volviendo a casa, intentaron robarme.

Estuvieron a punto de apuñalarme, pero de repente,

apareció un chico y me defendió...

Al final lo hirieron a él, pero...

Ese chico era Cipri.

Hay que joderse...

Y yo que siempre le había tenido por alguien apocao.

La gente como Cipri no sale en los libros.

Y quizá sean ellos los verdaderos héroes.

Me siento como si le hubiera ahogao yo mismo.

Cada hombre debe asumir las consecuencias de sus actos, Sátur.

Tú ya no puedes hacer nada.

Sí que puedo, amo.

Claro que puedo...

Voy a darle a Cipri el descanso que se merece.

¿Adónde vas?

A recuperar su cadáver.

¡Voy a hacerlo aunque tenga que tragarme el mar a buches!

Será difícil encontrarlo.

Se lo debo a Cipri...

A Cipri y a los suyos.

No quiero que lloren una tumba vacía, amo, por mi culpa.

Les hemos servido tal y como usted dijo.

Trae.

Y...

que venga a verme la dueña del antro donde van a beber los guardias.

Pero señora. Eso es...

Sí, sí, un prostíbulo.

Que traiga sus dos bailarinas más flexibles.

(RESPIRA AGITADAMENTE)

¿Qué pasa, Lucrecia?

¿Qué has hecho?

Nada. Nada, Hernán.

¿Nunca habías visto un hombre desnudo, hija?

Yo...

sí, alguno, madre. Pero es que no me lo esperaba.

Tuvimos que quitarle la ropa para curar su herida.

Dijiste que le conocías.

¿Tiene familia en la villa o alguien que quiera saber de él?

Bueno, es solo un antiguo amigo. No tiene a nadie.

Está muy débil.

Todas las hermanas rezaremos por él.

Siento haberte asustado.

Le estaba limpiando el cuerpo.

Está en el convento de San Juan Bautista.

¿Recuerda por qué está aquí?

¿O quién le ha hecho esto?

Es mejor que no lo sepas.

¿Saben quién soy?

No, les mentí.

Y la verdad, todavía no sé por qué.

Desde que le conozco, solo me ha dicho verdades a medias.

La persona que me ha hecho esto... Si sabe que estoy aquí...

Tranquilo.

No se esfuerce.

Voy a seguir limpiándole...

Margarita,

nadie puede saber que estoy aquí.

Llevamos horas pateando la playa.

¿Cuánto tarda el mar en devolver un cuerpo?

A veces no lo devuelve jamás.

¿Cómo que jamás?

Las aguas devuelven todo. Lo traen todo de vuelta.

Muchas viudas de pescadores pasan años

esperando sus cadáveres, para nada.

Pero la camisa de Cipri estaba ahí,

su cuerpo no debe estar lejos.

No sabemos dónde se metió al mar.

La marea pudo traer su ropa desde cualquier punto.

No podemos rastrear el mar entero.

Espere, espere, espere.

¿Qué está intentando decirme, amo?

Que deberíamos volver a casa.

Amo, no. No abandone.

¡Sátur, no estoy abandonando!

Estoy siendo realista. Lo importante era salvarle y le he fallado.

Solo nos queda guardar a Cipri en la memoria.

¿Por qué te paras?

Aquí se separan nuestros caminos, amo.

Soy un proscrito del Rey. No puedo volver a la villa.

Sátur, no conocen tu nombre. Te esconderé hasta encontrar

a los que robaron el oro.

¿Y poner en peligro a su familia?

No quiero causar más muertes.

Soy peor que la tiña y la peste negra.

¿Y dónde vas a ir? No tienes a nadie.

Pues no sé.

Tiraré p'arriba,

hasta los hielos o dónde haga falta.

Donde no haga daño ni a las plantas.

Sátur, que seas responsable de la muerte de una persona,

no significa que tengas que sacrificarte.

Sí tengo que hacerlo.

Sí tengo que hacerlo.

Sabré cuidarme.

Ay, Dios...

¡Amo!

Este es el carro donde llevaban a Cipri.

No escapó. Le soltaron.

¿Cómo que le soltaron?

Amo, no empiece usted con los acertijos.

Estas huellas no son de la Guardia Real.

Alguien atacó el destacamento.

¿Quién?

No, ¿y cómo leches sabe usted esas cosas?

Era un grupo de cinco, quizá seis.

Salieron al camino y llevaron a los guardias hasta aquí.

Les arrodillaron y les ajusticiaron. Uno a uno, a sangre fría.

Usted los iba a matar igualmente, no se me haga el apenao.

Y siga reconstruyendo, siga. ¿Qué paso después?

Después...

volvieron hasta la jaula y soltaron a Cipri.

¿Y después?

No hay más huellas. Algo no encaja, Sátur.

Sí encaja, sí.

Encaja aunque me duela.

Cipri se escapó de los bandoleros y murió en el mar.

El final es el mismo, amo.

No, volvemos a la playa.

¿Eh?

(Pasos)

El chocolate estaba envenenado, sin duda.

Una suerte que no hayas bebido.

Estaba claro que era el chocolate, no soy estúpida Hernán,

pero ¿quién lo ha hecho?

Cálmate, Lucrecia.

Tenemos un problema mayor.

¿Cómo deshacernos de los cadáveres?

Échaselos a los cerdos, quémalos, emparédalos si hace falta...

Eso sería lento y ruidoso, el servicio lo sabría.

Lo van a saber de todos modos porque pienso desollarles a todos

hasta descubrir quién fue.

Eso después.

Los mercaderes vinieron juntos,

y juntos se irán al otro mundo.

Pero si ya están muertos Hernán, ¡y en mi salón!

¿O es que los vas a resucitar?

Casi.

Los meteré en el carruaje en el que vinieron, y los despeñaré.

Un trágico accidente, una rueda rota.

Qué lástima.

El cochero hablará.

El cochero irá con ellos.

(SENSUAL) Debo reconocer que...

en los asuntos turbios tienes talento, querido.

No es lo único que hago bien.

¡El Rey!

¿Qué pasa con el Rey?

Le envié una jarra como regalo a mi nombre.

Si prueba el chocolate morirá.

Hola, Margarita.

Hola, ¿qué hace usted por aquí?

Catalina me ha pedido que te trajera esta carta de camino a la villa.

¿Cómo está?

Pues te echa mucho de menos.

En realidad todas en el Palacio lo hacen.

Aún recuerdo el tiempo en que yo también quise ser monja.

¿Cuándo tomas los votos?

Cuando la madre superiora lo decida, pero por mí, cuanto antes.

¿Te ocurre algo?

No...

Disculpe.

Ay, pobre hombre.

¿Puedo ayudar?

No se preocupe, señorita. Ya nos encargamos nosotras.

Lo que haces no tiene precio, Margarita.

Reza por mí.

Lo haré, descuide.

Le diré a Catalina que estás bien.

¿Quién es?

Es la señora Irene, la mujer del comisario

y sobrina del cardenal Mendoza.

¿Pasa algo?

El cardenal es quien me ha hecho esto.

¿Quién eres, eh?

¿Qué haces aquí?

O hablas tú o habla por ti mi amigo el pedrusco. ¡Quién eres!

¡No me llevéis con vosotros!

Tranquilo.

Yo soy Gonzalo de Montalvo y él es mi criado.

No queremos hacerte daño.

Vi unas figuras en la playa

y pensé que erais ellos.

Me escondí aquí.

¿"Ellos"?

¿De quién estabas huyendo?

Sois forasteros...

No habéis oído hablar del Nueva Sidonia.

No conocéis la maldición de estas costas.

El Nueva Sidonia...

Yo me he quedao más con lo de maldición, amo.

El Nueva Sidonia naufragó aquí hace más de 50 años.

¿Un barco?

¿Qué pinta aquí ahora un barco?

Los libros cuentan que era un buque majestuoso,

de 40 brazas de eslora, una maravilla del mar.

Pero no causaba fascinación,

sino terror a los que se cruzaban con él.

El Nueva Sidonia era un barco de ladrones y asesinos

que atravesaba los mares desde el Mediterráneo hasta el Índico.

Una noche, el barco fondeó cerca de una aldea.

Los ladrones saquearon el pueblo y mataron a hombres, mujeres, niños.

A todo aquel que no tuvo tiempo de huir...

Pero el mayor error de los marineros del Nueva Sidonia

fue profanar la iglesia del pueblo y hacerse con su bien más preciado.

Una talla de la Virgen del Mar, patrona de la aldea.

Al salir de la costa, se desató una gran tempestad

y el barco naufragó.

Nunca encontraron los cuerpos de los tripulantes del Nueva Sidonia

ni los restos del barco hundido.

A excepción de cierta reliquia

que apareció al día siguiente en la arena.

Se trataba de la talla de la Virgen del Mar.

Apareció completamente intacta.

Jesús, María y José.

Intacta.

Ocurrió en estas costas, Sátur.

El Nueva Sidonia naufragó aquí.

Y desde entonces, las ánimas de los marineros regresan del mar

para llevarse a todos aquellos que vienen a esta playa.

Acabáramos...

Yo de vosotros, huiría lejos.

Aquí corréis peligro.

Ay, la leche, amo, que se han llevado a Cipri los espectros.

Eso son leyendas, Sátur.

Pues todo cuadra. Los errantes se cargaron a los guardias

y estos se llevaron a Cipriano

al fondo del mar, con las sardinas. ¡Vámonos!

¡Sátur!

A esos guardias les mataron hombres, no espíritus.

¿Usted qué sabe cómo matan los fantasmas?

¡Que está playa está maldita hasta las cejas!

¡Vámonos!

¿Qué hace?

¿Qué hace?

Son armas.

¿Y quién cría armas en esta cueva, amo?

Ese hombre, Sátur. Las estaba guardando aquí.

No deberíais de haber venido a nuestra playa.

-Me has dejado en ridículo, Mariana.

¡Has dado la espalda a una ejecución!

¡Por el amor de Dios, es un bebe!

No permitiré que lo presencie.

Es mejor que aprenda cuanto antes,

así no le temblará el pulso cuando tenga que enfrentarse a traidores.

Tiene tiempo para aprender.

Quizá deberíais de esperar unos años, Majestad.

No creo que nos falten traidores en el futuro.

Guarde sus sermones para la iglesia.

Carlos debe hacerse fuerte desde la cuna.

(Redobles)

Podréis llevarle cuando sepa entenderlo.

(Ejecución patibularia)

El heredero de un imperio único

debe tener una educación única.

¿Cuándo es la próxima ejecución, cardenal?

En cuatro días, Majestad.

Un traidor especial,

alguien a quien vos conocéis muy bien, según creo.

Morirá decapitado.

Así es.

El heredero asistirá conmigo,

aunque tenga que encerrarte en tus aposentos,

esta es mi última palabra.

¿Y qué es esto?

Lo acaban de traer.

Chocolate, parece.

Ese brebaje infernal de las Indias.

¿A qué espera para servirnos?

¡Rápido!

¡Más rápido, inútil!

Señora, por Dios, nos vamos a matar.

Cállate, o te tiro del carro en marcha.

Necesito pensar.

¿Pero a donde vamos, señora?

¡Al palacio real!

Me alegro que el chocolate no sea contrario al ayuno, cardenal.

De momento, Majestad, de momento.

Pues aprovechemos.

¿No quieres tú, Mariana?

¿Es una orden, o una sugerencia?

¡Basta ya, Mariana!

¡No bebáis Majestad, está envenenado!

(LLORA)

Catalina...

debo ver a su Majestad. Tú espera aquí.

Si tardo vuelves y avisas al comisario. ¿Entendido?

Sí, señora, pero...

¡No hay peros, Catalina!

Pero señora, antes de que vea a su Majestad yo...

tengo algo que decirle.

Estás agotando mi paciencia, Catalina.

Señora,

me olvidé añadir la nota cuando...

cuando envié el chocolate al Rey.

De qué estás hablando.

Que ahora por mi culpa el Rey

no sabrá que el chocolate lo envió usted.

Que la jarra es suya.

Señora sé que me merezco que me despida, que me pegue,

pero es que se me olvidó.

Pero señora...

¡Chist!

¡Silencio!

¡Cochero, volvemos a mi palacio!

Amo, por Dios, deje usted de moverse

que me va a estrujar los intestinos.

Tenemos que liberarnos antes de que vuelvan.

Mire que me han encadenao veces, pero por lo menos sabía quién era...

Son contrabandistas.

Trafican con armas que luego venden a los otomanos.

Los otomanos, ya...

¿Y quién cojones son los otomanos?

Turcos.

¡Turcos!

¿Le están vendiendo armas a los de Lepanto?

¡Manda huevos, encima traidores a la patria!

Usan esa leyenda para mantener a la gente fuera de las costas.

Ellos mataron a los guardias.

Y llevaron a Cipri a su muerte, ¡me cago en su negra estampa!

Lo tengo presente, Sátur.

Vamos...

¿Qué hacíais en una de nuestras cuevas? ¿Y quiénes sois?

Ya te lo dije.

yo soy maestro de escuela y él es mi criado.

Mientes.

Reconozco a un hombre de acción nada más verlo.

¿Vas a hablar, eh?

¿No?

¡Espera! ¡Espera!

Tienes razón... Ni yo soy maestro ni él es mi criado.

Habla.

Venimos del norte.

Nos dijeron que aquí habría trabajo para nosotros

y sin preguntas.

Necesito hombres para navegar a puerto de Argel...

¿Pero por qué confiar en dos extraños?

Estuve a las órdenes de Richard Blake.

Y respondo por mi amigo.

No te decepcionaremos.

¿Qué está diciendo?

Y si mi amigo falla, yo mismo le tiro al mar.

¿Cómo?

Cuando era niño, mi capitán me dio un cuchillo

y me pidió que me cortase un dedo.

"Como prueba de voluntad", dijo.

Yo me corté dos.

¿Qué quieres?

Una prueba de tu voluntad.

Mañana... al amanecer.

Arriba estábamos Catalina y yo, nadie más.

Bueno, la señora claro.

¿Quién molió los granos?

Entre Catalina y una servidora.

Señor, Catalina no dejó de removerlo,

Si no fue del gusto de los invitados

no sería por falta de cuidado.

No, no fue de su gusto. Puedes retirarte.

Acércate.

¿Se puede saber qué estás haciendo, Hernán?

Retírate.

Lo que tengo que hacer, nada más.

Te he dicho que lo dejaras.

Ha muerto una criada del Rey y están buscando a los culpables.

¿Quieres que nos ahorquen?

En todo caso sería a ti a quien ahorcarían, Lucrecia.

Si atraes la atención del Rey sobre mí, Hernán,

te aseguro que no subiré al patíbulo sola.

No pienso vivir con un asesino en palacio.

¿Quién será el próximo, nuestro hijo?

¡Blanca!

¿Se puede saber qué hace todavía aquí la niña?

Lo siento, no me ha dado tiempo...

¡Me da igual tu vida! Me da igual cómo lo hagas.

No quiero volver a verla.

Sí, señora.

¡Fuera!

Mañana mismo la llevo al hospicio. ¡Blanca!

¡Tú! ¿Quieres ganarte unas monedas?

Claro.

Esta noche quiero que cojas a esa niña,

la lleves a lo más profundo del bosque y la dejes allí.

¿A dónde nos llevan, amo?

¿Y qué prueba ni qué leches?!

Que éste se cortó dos dedos, ¡a saber qué le rebana a usted!

Sátur, haré esa prueba. Y cuando confíen en nosotros, escaparemos.

¿Cómo que escaparemos? ¿Escapar a dónde?

¡Si lo mismo le despiezan!

Ahora veremos si eres tan duro como pareces.

¿Y este quién es ahora?

¿Qué pasa? ¿Qué tiene que hacer?

No lo sé.

Dale 30 latigazos

y me demostrarás que eres uno de los nuestros.

Sí, amo, sí, hágalo.

Que o es él o somos nosotros.

No voy a hacerle daño a un inocente.

¿Quién ha dicho que sea inocente?

Le encontramos en el bosque. Era un prisionero real.

¡Gonzalo!

Dijiste que habíais venido buscando trabajo.

¿De qué le conoces?

Vinimos a por él.

Me mentiste.

Seguimos queriendo trabajar bajo tus órdenes.

¿Qué más prueba quieres de que estamos fuera de la ley?

Está bien.

En ese caso, la prueba continúa.

Y ahora con más valor si cabe.

No voy a hacerle daño.

¿Ves esto?

Es un látigo con puntas.

Si golpeas lo suficiente puedes llegar al hueso.

¡Ya basta!

O lo haces tú o lo hago yo.

Y como no te has ganado mi confianza, morís todos.

Amo...

Empieza.

(GRITA)

¡Más fuerte!

Buenos días, eminencia. Le traigo su desayuno.

¡Demonio de criada!

¿Es que me quiere dejar ciego?

Lo siento, si lo desea puedo volver a cerrarlas.

No.

No, no, no... no hace falta.

¿No te conozco, verdad?

No eminencia, es mi primer día.

Estoy seguro que nos vamos a entender muy bien.

(LEE) "El rastro de sangre se pierde en el bosque.

Hemos revisado todas las posadas y los pueblos del camino

y nadie sabe nada de monseñor Adrián".

Retírate.

Buenos días, tío.

¿Le molesto?

Oh, querida. Buenos días. No, no.

Si quieres desayunar conmigo puedes acompañarme.

Dime...

¿Qué inquietud te mueve a hacerme una visita a una hora tan presta?

Me gustaría saber las causas principales

para anular un matrimonio.

Muchas...

y de muy variada naturaleza,

pero no creo que tu encajes en ninguna de ellas,

a no ser que me ocultes algo.

No hablaba de mí.

Por su puesto y me alegra saberlo.

Siendo mi sobrina no estaría muy bien visto.

Quiero recordarte una cosa.

El matrimonio, su finalidad,

es la procreación, no la felicidad.

No entiendo por qué tiene que ser así, tío.

Este no es momento para hablar de esas cosas.

Hija, debo cumplir con mis obligaciones,

tengo que ir al convento de San Juan Bautista

a confesar a las monjas.

Precisamente ayer estuve allí.

¿Puedo acompañaros?

No entiendo en qué puede interesarte

una visita que yo quisiera no hacer, pero en fin...

Si así lo deseas,

podemos hablar durante el camino.

¿Pero qué...?

Se olvidaron de mí en el bosque, pero supe encontrar el camino.

Tú no deberías...

¡Catalina! ¡Catalina!

Te he traído el desayuno.

Señora...

Llévatela.

Llévatela de aquí ahora mismo.

Lo siento mucho, señora.

¿Qué pasa, Lucrecia?

La niña. Hice que la abandonaran en el bosque, y ha regresado sola.

Da miedo, Hernán.

Me ha despertado mirándome como una muerta.

¿La dejaste en el bosque?

Debería ser ella quien te temiera.

Tú no hiciste nada, así que lo hice a mi modo.

Es una niña, Lucrecia.

¡Me da igual que sea una niña!

Ya tengo bastantes problemas, y tú no eres una ayuda precisamente.

Dijiste que sabrías portarte como un hombre,

pero pierdes los papeles como una mujer.

¿Cómo les fue a los mercaderes?

Han sufrido un terrible accidente,

no ha sobrevivido nadie.

Todo buen trabajo se merece una recompensa, ¿no crees?

Si quieres unas monedas,

tendrás que ganártelas...

aún más.

Amo, ¿está usted seguro que con estas cochinadas

vamos a curarle este estropicio?

A ver si le vamos a desgraciar todavía más.

Sátur, no te preocupes.

Cipri...

siento haberte hecho esto.

Mejor tú que otro.

¿Qué hacéis aquí?

Vinimos a interceder por ti ante los guardias del Rey.

Te dábamos ya por muerto.

Nos asaltaron...

y yo escapé.

Me metí en el mar, pero me cogieron.

¿Pero cómo te se ocurre tirarte al mar, Cipri?

Si tú no nadas ni en una tina.

Levantad. Vamos a hacernos a la mar.

¿Cuándo vas a liberarnos?

Cuando no vea en tus ojos que me matarás al darme la vuelta.

Sátur, ayúdame.

Él no.

Él también puede acompañarnos.

¿Crees que mi barco es un albergue?

En alta mar cualquier ayuda es poca.

Si así lo deseas...

Este es el trato.

Uno te acompaña, el otro muere.

La decisión es tuya.

¿Qué piensa hacer, amo?

Yo no quiero morir.

Nadie va a morir. Encontraremos la forma de salir.

Que son muchos,

además que nos están vigilando.

La opción del escape igual no es buena.

Sátur, no voy a decidir quién vive y quién muere.

Pero...

O muere uno...

O morimos todos...

¡Ya está! ¡Se acabó! Elíjame a mí...

No, Sátur.

Sí, amo, sí. Que si estamos aquí es por mi culpa.

Así por lo menos me iré al otro lado habiendo hecho algo bueno.

No.

Amo, que no tiene que decidir...

Le estoy pidiendo por mi honor que me elija a mí.

(MS) Ya les dije a las hermanas que tuvieran fe,

que su eminencia vendría.

(CARDENAL) Es una pena que no pueda dedicar más tiempo al convento.

Vosotras sois lo que da verdadero sentido a mi vocación.

(MS) Alguien tiene que hacerlo,

y Dios se lo agradecerá.

¿Reúno a las hermanas en la capilla?

No, no es necesario, iré de celda en celda,

como las estaciones de Cristo.

Hemos guardado la estola de su última visita.

Muchas gracias, reverenda madre.

En seguida empezamos con las confesiones.

Con dos docenas de suspiros

y unas rosquillas será suficiente.

Ojalá mi querida sobrina,

pero me temo que no bastará,

hay demasiados menesterosos en la villa.

Haga que les pongan tres docenas de cada uno de los dulces,

y que el mozo se lo cargue en el carruaje.

Bien, acompañarme a la sacristía,

debo hacer mis oraciones antes de la confesión.

Perdón, eminencia.

Cualquiera diría que has visto al mismo diablo, hija mía.

Lo siento, eminencia, es que no le esperaba por aquí.

Perdón.

Es que vas como una loca.

Hay mucho trabajo que hacer.

El cardenal ha venido a confesarnos.

¿No es una maravilla?

Pasará por cada una de las celdas.

¿Por cada una?

Yo no necesito que me confiese hoy.

Y tengo que cuidar al hombre herido, está muy mal.

Siempre hay tiempo para una confesión, hija.

¿Se puede saber qué estás haciendo?

No puedo coger mi muñeca.

Lo que me faltaba,

que te caigas por la ventana y me destroces los parterres.

¿Cómo ha llegado hasta ahí?

La lancé, estaba jugando.

No quiero perderla.

No llores... Yo la cojo.

Y cuando te la dé...

vas a venir conmigo a un sitio estupendo, lleno de niñas como tú,

en donde te van a cuidar muy bien.

Yo quería mucho a tu madre,

y deseo lo mejor para ti.

(CHILLA)

¿Pero qué haces?!

¡Me empujó, Hernán, me empujó!

Iba a coger su muñeca y me empujó.

¡Esa niña quería matarme!

¡No tuvo que haberme elegido para vivir, no tuvo que hacerlo!

¡Cipri!

¡Cállate y camina!

¡Cipri!

Se está acercando.

Buenos días, eminencia.

Veo que el miedo sigue reflejado en tu rostro, hija mía.

No hay motivo para asustarse, solo soy un siervo del señor.

No me lo tenga en cuenta,

es que esta mañana al alba me confesé.

Lo siento, no sabía que venía usted.

Ah,

creo que haré un alto entre confesión y confesión.

Si quiere le acompaño a la sacristía.

No, no es necesario.

Me conformaré con un vaso de agua.

Sí.

Aquí tiene.

Siempre me ha sorprendido

que mujeres en la flor de la vida como tú quieran tomar sus votos.

Ya sabe, los caminos del señor son inescrutables.

Nunca estaremos lo suficientemente agradecidos a las monjas

por el enorme trabajo que hacen por nuestra santa madre iglesia.

Son la viva imagen de la abnegación y la fe.

Bien,

seguiré mi camino, quédate con Dios, hija mía.

Qué es un sacerdote sin un crucifijo y su misal.

No, no, no. No te mueras.

No te mueras. Ya está, ya está.

(SILBA)

¿Dónde está tu amigo?

¡Cipri!

¡Acabad con él!

¡Matadlo!

¡Matadlo!

No puede ser... Lo que faltaba.

¡Sátur! ¡Sátur! ¿Qué ha pasado?

¿Y mi padre?

Tu padre...

Tu padre...

(TOSE)

Ahí está tu padre.

¡Padre!

¡Padre!

¿Alonso, qué haces aquí?

¿Ocurre algo?

Sí. Algo importante, muy importante.

¡Amo!

Me lo llevo a la cueva. Ahí les dejo.

El Rey... Ha encontrado a quien le robó el oro.

Fue su propio primo.

¡Cipri es libre!

¿Qué pasa? ¿Por qué me miras así?

Has vuelto a desobedecerme viniendo aquí, hijo.

¿Cómo que "Has vuelto..."?

Sé que intentaste escapar a París.

Necesito entender por qué haces esto, hijo.

¿Por qué quieres huir de mí?

No intento huir de ti...

Esta es la primera vez que veo el mar.

Y puede que sea la última...

No quiero una vida así.

Alonso, soy tu padre. Sean cuales sean tus sueños,

te ayudaré a conseguirlos.

Pero debes contar conmigo siempre.

¿Ha estado aquí el Águila Roja?

Los héroes siempre están donde se les necesita, hijo.

Es increíble, padre...

¿Cómo es posible que no se salga tanta agua?

Ya te lo he dicho cien veces.

¡Me da igual, como si sueltas a los perros,

pero que la encuentren!

Sí, señora.

Yo misma la llevaré al hospicio.

Disculpe.

¿Quién ha destapado el agua? ¿Quieres que entre algún ratón?

No, señora...

¡Abre!

¡Estás loco, Hernán!

¡¿Es que quieres matarme?!

Yo no... Pero ella sí.

El agua estaba envenenada.

Eso no es posible señor,

si hace un rato he bebido de ese agua.

He encontrado esto en sus pertenencias.

La escribió su madre.

Nunca llegó a su destino.

(LEE) "He intentado curar la ennegrecida alma de mi hija,

pero ha sido en balde.

Es horrible pensar que alguien de tu propia sangre

quiera acabar con tu vida.

Sólo le pido a Dios que tenga piedad de mí alma

y cuide de la pequeña Blanca.

Que todo el mal que pudiera haber causado me sea perdonado".

Mató a su madre...

Sí.

Y envenenó el chocolate.

¿Cómo?

Pequeña, casi invisible...

Muy sencillo.

Lleváosla.

Entiendo que alguien de mi edad desee acabar con la vida de otros,

¿pero una niña de 10 años? ¿Por qué?

A veces el mal es simplemente eso, Lucrecia.

Mal, sin motivo ni justificación.

Despacio, ya está.

Digo yo que tendremos que hablar, ¿no?

¿Hablar de qué?

Hombre, de lo que ha pasado. Del sello y... todo eso.

Mejor olvidarlo, Sátur.

Si es que los tienes cuadraos.

No sé, Cipri...

Grítame, pégame, dame un capón, lo que sea, pero...

¡Que casi te matan por mi culpa!

¿Para qué?

Diga lo que diga, no vamos a dejar de ser unos fugitivos.

Si había algo en la villa que nos importara,

lo hemos perdido para siempre.

No delatarme...

es lo más noble que han hecho por mí en mi vida, Cipriano.

Y voy yo y casi te jodo la vida.

Tú... hubieras hecho lo mismo.

No, no, no.

Yo no hubiera hecho lo mismo, no.

Aunque al final me entregué.

Tarde, pero me entregué.

¿Te entregaste?

Y me dieron lo mío, no creas tú que...

Y digo yo, Cipriano, no sé...

que podíamos ir juntos de proscritos o algo.

Más que nada por no estar solos, ¿no?

(ALONSO) ¡Sátur! ¡Cipri!

¡Podéis volver a casa!

El Rey ha anulado vuestra condena. Han encontrado al ladrón del oro.

¿Qué?

Sois libres.

Libres...

¡Somos libres, Sátur!

¡Hay que joderse, Cipriano,

que me gustaría abrazarte,

pero no sé ni dónde tocarte, leches! ¡Arriba!

Volvemos a casa.

Libres...

Ya está hombre, ya está.

Ya está, ni una vez más.

¡A partir de ahora injusticias de meseta!

Que las playas se busquen su propio encapuchao.

¡No, y para más inri...

traigo aquí la costa entera!

No, hombre, no.

Sátur, bien está lo que bien acaba.

¿Y por qué está tan contento?

Que viene todo el camino con esa sonrisita tonta, ¿qué?

Voy a ir al monasterio de Margarita,

le voy a decir lo que siento.

¿Cómo lo que siente, amo?

A ver, a ver, explíquese y vocalizando...

¿Se refiere usted a declararse... de declararse?

Sí.

¿Con sus "te quiero" y sus "te adoro"?

¡Ole, ole, ole y ole!

¡Esos huevos de héroe español, coño!!

Diga usted que sí. ¿Por qué no me lo dijo antes?

¡Podíamos haber venido ensayando por el camino! ¿Eh?

¿Sátur, qué buscas?

Esto es más importante que el día que nació el mundo.

¡Hay que celebrarlo!

Mire.

Yo me quedo, así, en un discreto segundo plano.

Y cuando oiga decir el "sí, quiero", me lío a lanzar "cobetes".

¡Se va a ver el resplandor hasta en Chinchilla!

Sátur, no.

Te lo agradezco, pero no.

¿Está usted seguro?

Prefiero ir solo.

Si esto es un clásico...

Prepara el caballo, anda.

Bueno.

Ole. Ole. ¡Y ole!

(Insultos)

(PRIMO DEL REY) Escúchame.

Si me ayudas a salir de esta, te ofrezco lo que quieras.

Mi castillo de Badajoz.

O los viñedos de Morón...

que te dejan el cuerpo sobrio y alegre el corazón.

Por favor, por favor.

Van a decapitarle en la Plaza Mayor.

Espero que sufra y pague por lo que hizo.

Pues yo solo deseo que descanse en paz, Alonso.

Casi te matan por su culpa.

¡Ese hombre se merece morir!

En esta vida hay cosas más importantes que guardar rencor.

¡Catalina!

Cipri...

¿Estás vivo?

Gonzalo. ¿Qué haces aquí?

He venido a pedirte perdón.

¿Perdón? ¿Por qué?

Perdón por cada momento en que te he hecho sufrir.

Perdón por no haber estado cuando más me necesitabas.

Perdón por...

por haber esperado tanto.

Perdón por no decirte cada día

que no concibo una vida sin ti.

Margarita,

esto es para ti.

Margarita,

te quiero.

Y si me perdonas, me gustaría que fueras mi esposa.

Has sido la persona más importante de mi vida.

y durante toda mi vida, he esperado que llegase este momento,

cada noche, cada día,

da igual donde estuviera.

Pero ya no.

Nuestro tiempo se acabó, Gonzalo.

Yo ya no quiero sufrir más...

He tomado una decisión y voy a seguir con ella hasta el final.

Lo siento.

(Llaman a la puerta)

(AD) Margarita...

Lo siento.

Que seas feliz en tu nueva vida.

(Llaman a la puerta)

Amo,

que venía traerle...

No, bueno por si... No...

Aunque ya veo que...

En fin...

Si necesita algo...

voy a estar ahí en la cuadra,

que tengo todo manga por hombro.

Sátur, ¿puedes irte?

Y gracias.

Vete. ¡No quiero hablar!

¿Así tratas a tus invitados?

¡Lucrecia!

¿Qué haces aquí?

Pasaba por el barrio.

Es tarde.

Nunca es tarde para visitar a un viejo amigo.

(SIN CONVICCIÓN) Lucrecia, no.

Sátur, ¿has visto mi camisa?

¿Qué camisa ni que camisa?

(REY) Las Españas nunca volverán a perder una guerra.

Una máquina para volar.

(GUARDIA) Esta noche han detenido a Nuño.

Amo, tiene ante usted al hombre que va a volar

por primera vez en la historia.

Ayer Gonzalo me pidió matrimonio.

¡Ah!

Haga que el Rey cambie de opinión.

(Disparo)

(MG) Voy a hacer algo que he querido hacer siempre.

¡Alonso!

(MG) Le he dicho lo que le tenía que decir.

No cambiaré de opinión.

Vas a hacer una barbaridad. Te podría llevar a la muerte.

O a la gloria.

No pienso parar hasta saber qué ocultas.

Hay algo que no me huele bien.

Aquí huele a hembra...

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Águila Roja - T6 - Capítulo 80

20 nov 2014

Tras un duro viaje, Águila Roja y Sátur llegan a la playa esperando encontrar allí a su amigo Cipri. Su sorpresa será mayúscula cuando tengan que hacer frente a algo inesperado: una terrible maldición que se cierne sobres esas costas. La Marquesa acoge a la hija de una amiga que acaba de morir. La llegada de la niña desencadena terribles acontecimientos que el Comisario deberá investigar, ya que la vida de todos los habitantes de palacio está en peligro. Gonzalo, consciente de que Margarita es la mujer de su vida, decide ir a buscarla al convento para pedirle que se case con él. 

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