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No recomendado para menores de 12 años
Transcripción completa

Los egipcios colocaban escarabajos similares sobre sus difuntos.

Solo hay una persona en toda la villa que podría ayudarnos.

Pues ea. Asesinó a seis mujeres.

¿Cuándo tenía que llegar mi esposa? Ya tendría que estar aquí.

-Soy Jacobo, el marqués de Santillana.

-¿Qué le relaciona con los templarios?

-Esa piedra es la llave del tesoro más grande que se ha conocido.

Libérame y te llevaré hasta él.

-Recibí una orden que disponía el cierre del ala oeste del convento.

¿Quién organizó ese encuentro? El cardenal Mendoza.

Volveré y lo trasladaremos al pudridero.

Quédate y vigílalo.

(GIME DE DOLOR)

-He pedido a Ana que se case conmigo. -¿Qué?

-Y ella ha aceptado. -Jamás te casarás con ella.

(Golpes y gritos)

Amo, ayuda, por Dios.

Se me ha escapado el asesino.

-Jamás la has querido. ¿De qué hablas?

De Irene, te casaste por su dinero. ¡Basta ya, Nuño!

¡Ese miserable no es humano! No pararé hasta dar con él.

Detenedle. ¿De qué se me acusa?

Del asesinato de una mujer, lleva escrito tu nombre.

-Soltadme ahora mismo o acabaré con vos.

Dije que nadie toca lo que es mío sin pagar por ello.

Madre, no estoy solo. -Apártate de mi hijo.

-Madre, abandone este palacio inmediatamente.

(Golpe seco)

-Me importa poco lo que le pase a tu padre.

(JADEAN PELEÁNDOSE)

-¡Amo!

¡Sátur! ¿Qué hago?

¡Amo, le sacaré de ahí!

-¿Qué le sucede, señora? (SAGRARIO GIME)

-¡Ayuda!

-Intentaron envenenarla, han estado a punto de perforarle el estómago.

-Somos mucho más parecidas de lo que usted cree.

-¿Un pastelito? -Sí, por favor.

Solo quedará una, y seré yo... No lo dude.

-¡Gonzalo de Montalvo queda condenado a morir por asesinato!

¿Qué haces aquí? Ya es suficiente.

-¿Qué va a hacer con eso? -Echarte de este palacio, querida.

(Golpe)

-¡Que no escape!

(Disparos)

-¡Ay, hijo, ha intentado matarme! -¡Zorra!

-No se te ocurra acercarte a mi madre.

-Es la última oportunidad de escapar de aquí.

¡Nuño! ¡No!

(Disparo)

¿Qué has hecho?

¡Nos han secuestrado! ¡Oiga!

-¿Qué harán con ella?

-Lo que hacen con toda la chusma, justicia.

(JADEAN PELEÁNDOSE)

Vas a pagar por lo que has hecho.

Si me entregas nunca la encontrarán con vida.

(GRITA DE RABIA)

(LEE) "Érase una vez un reino lleno de esplendor y alegría.

Su rey, bondadoso y fuerte,

amaba a su pueblo como si de sus hijos se tratara.

Orgulloso de que su reino fuera el más feliz de todos,

no escatimaba en conmemorarlo con grandes fiestas,

donde risas y bellas flores nunca faltaban.

Hasta que un día las tinieblas se cernieron sobre el cielo.

Tropas de caballeros tomaron las calles sembrando el terror,

el caos y la destrucción entre los súbditos.

Hubo hombres que pagaron por los pecados de otros.

Las mujeres no solo lloraron las pérdidas de sus hijos y esposos,

sino que también perdieron por siempre su libertad.

Los corazones de las gentes más nobles se volvieron despiadados.

El odio y la venganza se apoderaron del hombre.

Nada ni nadie estuvo a salvo.

Y hasta el alma más tierna e inocente murió".

(Música de acción)

¡No sé dónde está, se lo juro!

(Golpes)

(TOSE Y GIME)

(ASUSTADO) -¡Por favor! ¡No, por favor!

-¿Dónde está tu padre? -No lo sé.

-No lo preguntaré dos veces.

-Que no lo sé. (JADEA) Mi padre es inocente.

Él no ha matado a nadie. -¡Encerradlo!

-¡No, por favor! ¡No, por favor! -El crío está diciendo la verdad.

(GIME DE DOLOR)

-¡Tapad puertas y ventanas!

-De verdad, ¡el crío no sabe dónde está!

(LEJANO) -¡Dejadme salir, por favor!

-Si su padre no aparece... -¡Mi padre es inocente!

-¡Arderá con la casa! -¡Dejadme salir!

¡Dejadme salir, por favor!

-Llevo respetando su silencio más de lo que puedo.

El asesino se va a despertar y usted sigue ahí cavilando.

¿Se puede saber en qué cojones está pensando?

Le llevaré al refugio del bosque. ¿Pero qué refugio ni qué refugio?

Le tiene que entregar a la justicia y salvarse usted.

Una mujer está en peligro, debo encontrarla.

¿Y si ese desgraciado se ha marcado un farol?

¿Y si no hay mujer, ni peligro, ni Cristo que lo fundó?

O lo que es peor, la ha matado ya. No miente.

Hasta ahora todo lo que ha dicho sobre esas mujeres es verdad.

¿Se da cuenta de la gravedad del asunto?

¡Usted, Gonzalo de Montalvo, está acusado de asesinato!

Si no lo entrega, su vida corre peligro.

Sátur, una mujer va a morir en algún lugar de este bosque

y nadie sabe dónde está... Salvo ese hombre.

Si lo entrego, jamás la encontraré.

¿Pero usted cree que él le va a decir dónde está?

No tengo otra opción. No puedo entregarle

y dejar que esa mujer muera. ¡Deje de pensar en los demás!

Ya ha salvado muchas vidas, por una que muera, pues...

¿Te estás oyendo? Sátur, ningún ser humano vale más que los demás.

No soy diferente a los otros. Claro que me oigo.

No piense que soy un desalmado.

Tampoco me venga con que todos somos iguales porque usted es único.

Para que otros puedan vivir usted tiene que salvarse.

Basta ya. Le llevaré al refugio, le interrogaré y salvaré a la mujer.

Por Dios, hágame caso.

Tiene que entregarle, es su única salvación.

(Música de tensión)

-¿Dónde se ha ido? (SOLLOZA) No sé nada.

¡Contéstame! (LLORA) ¡No sé nada!

¡¿Dónde se ha ido?! Te lo pido por favor, vete.

¿Cuándo se ha ido?

¡No sé nada!

Mira, esta es preciosa.

(RÍEN)

-¿Queréis dejar las máscaras de la señora?

Bien estaría que os viera con ellas, con el aprecio que les tiene.

-Catalina, alegra esa cara. Hoy comienza el carnaval.

En palacio se hará una fiesta, y habrá comparsas, bailes,

roscas de anís... -Para algarabías estoy yo, Marta.

Estando Gonzalo así y sin saber nada de la señora Irene.

No me parece ni bien que se celebre una fiesta.

Pero vamos... (LEJANO) -¡Quítate eso!

No hagas el ridículo en el baile de disfraces.

-Es la última moda en la corte francesa.

(AUTORITARIA) -Tú, ¿has enviado ya las invitaciones para la fiesta?

-Sí, ya está todo listo. Las máscaras para los invitados,

su disfraz de la reina de Saba,

ahora nos disponíamos a hacer los "agapeses".

-Muy bien. -Vamos.

(SAGRARIO SUSPIRA)

-Señor, es para usted.

-¿De quién es? (JACOBO CARRASPEA)

-Juan José de Austria, capitán general del Ejército de las Españas.

(FELIZ) -¡Por fin se reconoce nuestra valía!

-Me mandan a la guerra.

-¿Qué dices? -Madre, no puedo ir a la guerra.

(SUSPIRA) -Van a invadir el sur de Portugal...

y te nombran sargento primero.

-Señora, el hijo de la cocinera.

Entra de criado y le presenta sus respetos.

(FURIOSA) ¿Qué me importa el hijo de la cocinera?

¡Fuera!

(GRITA ASUSTADA)

-Lo siento.

¡Lo siento!

(GIME Y ESCUPE)

(RÍE)

Has optado por salvar a la chica y no entregarme. (RÍE)

Como hombre de ciencia, sabrás que aplicando la técnica adecuada

alguien abierto en canal puede tardar varios días en morir.

Conozco esa técnica perfectamente. La he practicado mucho.

Bien, porque vas a padecerlo en tu propio cuerpo.

Sufrirás el tiempo suficiente para decirme dónde está esa chica.

Tú no tienes mi talento.

Puede que cometas un error y muera nada más empezar.

Si muero, nunca sabrás dónde está.

Es posible, pero tengo que intentarlo.

Está bien. Hazlo. (GIME)

Pero ella no durará tanto.

No aguantará más de mañana, créeme.

Aunque también existe la posibilidad de hacerlo a mi manera.

Habla.

¿Conoces la historia del faraón Ramhotep I?

Cuentan que no podía tener hijos con su esposa.

Y esta, al enterarse de que el faraón sí engendró uno con su amante,

entró en cólera. Entonces, la mujer de Ramhotep...

-¿"Rabotep"?

¿Pero qué leche me está contando? Su vida en peligro

y usted con historietas. No, Sátur, es importante.

La mujer del faraón mató al amante, el asesino quiere recrear su muerte.

La chica morirá del mismo modo. Este no era el plan,

era que le sonsacaba rápidamente y luego liberaba a la joven.

Cuanto más tardemos más cerca estará de la muerte.

La clave tiene que estar en el lago. ¡En el lago y en sus santos huevos!

¿No se da cuenta de que quiere tiempo para escaparse?

Le he dormido y está atado de pies y manos. No va a escapar.

¿Cuánto tiempo estará así? Buscando como un perro allí dónde él le lleve.

Sin poder volver a su casa. Sátur, necesito silencio.

Tengo que pensar. Eso es lo que quiero que haga,

que piense. Pero que piense en su chiquillo.

A día de hoy no sabe si usted está vivo o muerto.

Sátur, ¿crees que no pienso en él? Ya sé que está sufriendo por mí.

Si la clave no está en la orilla estará en el interior.

¡Lo que me faltaba! Usted no se meta en el agua por...

¿No se da cuenta que está helada? Puede morir de congelación.

Usted ignóreme.

Como si de un mal aire se tratase.

-¡Es él, el asesino! -¡Cogedle!

-¡Nos pagarán por su cabeza!

-Agua.

(SIN FUERZAS) Agua.

-¿Tiene sed, eminencia?

(TRAGA FUERTE)

(JADEA)

(Se abre la puerta)

(DESPACIO) ¿Qué van a hacerme?

Me ha pedido ayuda, he traído un profesional.

¿Quién es? Aliviará su dolor de una vez.

¿Qué queréis decir? Es un médico.

¿Un médico? Deberías haber llamado a un enterrador.

¿Vas a salvarle? ¡Cállate! Ya has hecho suficiente.

Ahora haremos las cosas a mi manera.

Necesito que lo desate. No, todavía no.

Me ha traído aquí para salvarle. No exactamente.

(DESPACIO) Ayudadme. Ayudadme.

-Así no llegará a mañana.

¿Ha escuchado? En cuanto me diga dónde está mi esposa

el médico le auxiliará, pero mientras, permanecerá sentado,

esperando a que usted se decida.

(GOLPEA LA PUERTA) ¡Dejadme salir, por favor!

¡Dejadme salir, mi padre es inocente!

¡Por favor, dejadme salir!

Solo iba a beber agua.

Pronto saldré de aquí. Vendrán a rescatarme.

Cuando mi rey sepa lo que habéis hecho, tendréis que darle cuentas.

(Puerta)

¿Tú sabes el problema que me has causado

ayudando a escapar a tu amiga? Cuánto lo siento.

Era una orden real. Mi rey la está esperando.

Bueno, así aprenderéis a no llevaros lo que no es vuestro.

¡No lo entiendes! ¿Verdad?

Si no se la traigo el rey podría relevarme de mi cargo,

y someterme a un juicio militar por no cumplir una orden.

Lo siento.

(Se abre la puerta)

Han encontrado el cuerpo de una joven en el bosque.

¿Una joven? ¿Quién es?

Es el vestido de la señorita Irene. Lo siento.

¡No! (BALBUCEA Y JADEA NERVIOSA)

No puede ser.

(SOLLOZA)

(LLORA)

No la mires, está desfigurada. Tiene el vientre abierto.

(LLORA) ¡No puede ser, déjame!

¿Quién le ha hecho esto?

¿Quién le ha hecho esto? (SOLLOZA)

¿Quién le ha hecho esto?

Qué guapo está su alteza disfrazado de dios Baco.

El rey está descansando. -Esperaremos,

sin interrumpir su descanso.

Déjalo aquí.

(RECUERDA) "Yo, Felipe de Austria, rey de las Españas,

te tomo a ti, Laura de Montignac, como legítima esposa.

-Tenéis que quedaros aquí, para siempre.

-¡Agustín no! ¡No, por favor! ¡Agustín!

¡Agustín, no, por favor!

¡No puedes encerrarnos aquí!

-¿Qué sucede? ¿Por qué paramos? -Hay una mujer en mitad del camino.

-¡Apartadla!"

(Crujido)

Majestad. -¿Se puede saber qué hace aquí?

(NERVIOSA) -Quería saber si estaba despierto

para mostrarle el disfraz de dios Baco

que el infante lucirá en la fiesta.

Pensé que a su padre le gustaría verle.

-Su padre es el rey de las Españas.

Ya tiene suficientes preocupaciones como para molestarle por algo así.

-¿Qué sucede? (SECA) -Nada, Felipe.

-Espera. -¿Desea algo?

Puedes irte.

-¡Cogedlo, cogedlo! -¡Por favor, majestad, clemencia!

-¿Cómo ha entrado hasta mi alcoba? -¡Por favor, lo van a quemar!

-¡Lleváoslo! ¡Sacadlo de aquí! -¡Por Dios, lo van a quemar!

(NIÑO) ¡Aaaah!

¡Aaaah!

(LLORANDO) -Por caridad, deje a mi hijo, por favor.

-Venga, Petra, vámonos. (LLORANDO) -¡Por caridad!

Castígueme a mí, pero déjelo ir, por Dios.

-Petra, vámonos de aquí. -¡Déjelo ir!

-Petra. -¡Aaaaaaah!

(Gritos del niño)

-¡Aaaaah! -Preparen mi carruaje y mi yelmo.

-Sí, señor.

(Gritos del niño)

-¿Adónde vas?

-Al Palacio Real, diré al rey que no iré al frente.

-¿Pero qué tienes en la cabeza?

Es el Ejército del rey de las Españas, no te puedes negar.

-Si voy a la guerra me matan. -Lo sé, hijo mío.

-Algo podré hacer. ¿Y si hablo con Juan José de Austria?

Es el capitán general del Ejército. Igual él puede intermediar, no lo sé.

-Ahora vengo de su palacio y no estaba.

(SUSPIRA) -Entonces no hay vuelta atrás.

-¿Se puede saber por qué has parado? -Señora, está muy débil.

-Dale los cien latigazos que ordené.

-Pero señora...

si se ha desmayado.

(GIME PREOCUPADA) ¡Matías!

-Pues despiértalo y que siga. -Venga, respira.

(PREOCUPADA) Matías, Matías...

(LLOROSA) Ha muerto, señora.

(CANSADO) -Tranquilo, amo, soy yo.

(SIN AIRE) ¡Ay, Dios mío! Su cabeza tiene un precio.

(RESPIRA AGITADO) Ya está bien. Ya hemos tenido suficiente.

Le ayudaré a soltarlo y lo entrega a la justicia ahora mismo.

No.

¿Cómo que no? ¿No ha visto lo que acaba de pasar?

¡Que es usted un prófugo! ¡Su cabeza tiene un precio!

¡Que quieren cazarle como si fuera usted un jabalí!

¿Qué pasa?

El traje.

-¡El él, el asesino! -¡Cogedle!

(JADEAN PELEÁNDOSE)

-Dios mío, que el traje no puedo dárselo.

Sátur, ¿cómo que no? Con la trifulca se me cayó al agua.

(SUSPIRA) Lo siento mucho, amo. Lo siento.

(SUSPIRA) Tengo que ir a la guarida a por el otro.

¡No, no, no! ¿Ha perdido usted la cabeza?

¡No puede salir de aquí!

Yo la he cagado, yo voy. No, si saben que estás conmigo

irán a por ti. ¿También vamos a discutir por esto?

Con esta cara que me ha dado Dios yo...

puedo pasar desapercibido, pero usted no.

Déjeme ir a mí.

Sátur, dile a Alonso que no se preocupe.

Que todo saldrá bien. Descuide, que se lo diré.

En cuanto le traiga el traje y se lo ponga

entrega usted a ese asqueroso.

Le convenceré aunque me tengan que sangrar las cuerdas vocales.

¿Dónde la tienes?

(Pájaros)

(Música de tensión)

(GIME E INTENTA GRITAR)

(SOLLOZA E INTENTA GRITAR)

(GIME HISTÉRICA)

(GRITA)

-No va a hablar.

Paciencia.

(Llaman a la puerta)

El maestro no ha aparecido, señor.

Prendedle fuego a la casa. ¿Con el niño dentro?

¿A ti qué te parece? Sí, señor.

(Manojo de llaves)

Debo de hacer algo cuanto antes, está muy débil.

No aguantará mucho más.

Espere.

(BALBUCEA MUY DÉBIL)

(TOSE) ¿Intuir la luz al otro lado

le ha hecho ver las cosas con más claridad?

(MUY DÉBIL) Mis pecados...

me arrastran... al infierno.

Allí...

os espero, comisario.

(GIME Y TOSE)

-¿Qué está pasando aquí? -¡Disponedlo todo!

¡Prended las antorchas! ¡Rellenad cada hueco con paja!

¡Vamos, rápido! (ALONSO) -¡Dejadme salir, por favor!

¡Dejadme salir, mi padre es inocente!

-¿Lo van a quemar? ¡Lo van a quemar!

-¡Es el criado, cogedlo! ¡Que no escape!

-¡No pueden hacer esto, no pueden! -Vamos.

-¡Preparaos! (GIME) -¡No pueden!

-¿Dónde está tu amo?

¿Dónde está tu amo? -No sé, hace días que no lo veo.

(GIME)

(ALONSO) -¡Dejadme salir, por favor! ¡Dejadme salir, mi padre es inocente!

-¡Vamos!

¡Subid!

-¡Cipri!

-He intentado hablar con el rey, pero...

(LLORA) lo van a quemar.

Lo van a quemar.

(Se abre la puerta)

No hemos podido avisarte con tiempo, pero hoy no estarás con el cardenal.

(CARRASPEA) Vete a la mancebía.

Ya se te avisará cuando tengas que volver otra vez.

-¿Es la alcoba del cardenal Mendoza? -¿Quién lo pregunta?

-Soy Nuño de Santillana. -Lo siento, señor, pero...

esto es inapropiado, en ausencia del cardenal no...

-¡En su ausencia me dejas solo y te vas!

-Pero señor... -¡Fuera!

(Música de intriga)

(Campanilla)

(LEE) "Tal y como hablamos, mis soldados esperarán en el camino

del convento de las descalzas para llevarse a su sobrina.

Cuando estemos en Inglaterra sanos y salvos con ella

parte del rescate exigido al rey de las Españas será suyo".

(RECUERDA) -"Está muy débil, no aguantará mucho más.

Espere".

(Se abre la puerta)

Espero que te gusten.

Sé que no van a aliviar tu pena y cambiar lo que has pasado.

No quería que nada de esto ocurriera.

La muerte de Irene solo es una más de las muchas que has provocado.

Te da igual. No.

Yo realmente lo siento. (RÍE SARCÁSTICA)

Y si quieres que asuma la culpa de todo esto, lo haré.

Margarita, yo solo quiero que seas feliz.

Te quiero. No me toques.

(SUSPIRA) Todo cambiará mañana,

cuando tú y yo estemos casados. ¿Mañana?

He hablado con un cura y ordenado que lo dispongan todo.

No puede ser. Todavía no te das cuenta,

pero dentro de unos años, cuando mires hacia atrás,

verás que el de mañana fue uno de los mejores días de tu vida.

No.

Que descanses.

(Se abre la puerta)

(SOLLOZA)

(NERVIOSO) ¡Amo, el crío! El crío...

¿Dónde está ahora?

(CON RABIA) Todo por tu puta culpa.

(ESCUPE)

Sátur, ¿qué pasa? Amo.

Amo, Alonsillo, que lo van a quemar.

Han sellado la casa y la van a quemar.

Hay guardias por todos lados: en la calle, en el tejado...

Van a quemarlo vivo.

Tengo que sacarlo de allí. ¿Cómo?

No puede ir así, al descubierto. ¡Van a reconocerle, amo!

(GIME ASUSTADA)

(GRITA DESESPERADA)

¡Socorro!

¡Socorro!

-"Excelentísimo don Juan José de Austria;

por la presente le hago saber, que sería un honor poder disfrutar

de su presencia en la fiesta de carnaval

que voy a celebrar en mi palacio". -Señora.

Le traemos a probar los buñuelos que hacemos para la fiesta.

-¿Es que eres estúpida? Te dije bocaditos, no buñuelos.

Que se tragaran de un solo bocado. -Señora, son como siempre.

-¿Ah, sí? Pues los quiero más pequeños.

No hablaré con el capitán general con los morros llenos de crema.

Vuelve a hacerlos. -Pero señora,

esta tarde entierran a mi hijo. -¿A mí qué me importa?

Baja a esa cocina y no vuelvas hasta que no tengas mis bocaditos.

-Señora, son muy laboriosos. Llevará mucho tiempo.

-Ah, pues que los hubiera hecho bien. Fuera de aquí las dos.

¡Fuera, fuera!

(SUSURRA) No puedo terminar esta carta.

-¡Es una orden, soltadme! ¡Soy el marqués de Santillana!

-Dejadlo y salid. -¿Ha sido usted, madre?

¿Por qué ordena que me detengan? -¿Sabes qué ibas a hacer?

¿Lo que significa desertar? -Madre, no puedo ir a esa guerra.

Es lo único que se me ocurrió. -Te llevarían al tribunal militar,

podrían acusarte de traición a las Españas.

Desertar nunca es la solución.

-¿Entonces qué hago? ¿Cómo me libro?

-Invitaré al capitán general a nuestra fiesta,

quizá así, entre vino y dulce, pueda convencerle

para que no te lleve al frente. -No asistirá.

Juan José de Austria no es un militar cualquiera, es el hijo del rey.

-Es un bastardo de su majestad. -Sí, pero reconocido.

Dicen que puede ser el heredero de la corona.

¿Cómo va a venir aquí el futuro rey? -Ja, pues reza para que lo haga.

Es la última opción que te queda.

(Jadeos nerviosos)

(LEJANO) -¡Es la hora! ¡Prended fuego a la casa!

¡Vamos, rápido! ¡Traed las antorchas!

-¡No lo hagan, por favor! ¿Qué van a hacer?

¡Es solo un niño, por Dios! ¡No lo hagan!

¡No, por Dios! (GRITA DE DOLOR)

-¡También por la parte de atrás!

-Padre.

(RESPIRA ACELERADO)

(LEJANO) -¡Han matado a los guardias! ¡Hay alguien dentro!

(Estruendo)

(Golpes)

(ALTERADO) -¡No!

(Chirría la puerta)

(ALONSO JADEA)

(Estruendo)

(Golpes)

(Ruido metálico)

(Ruido metálico)

(JADEANDO) ¿Ha oído?

(JADEAN PELEÁNDOSE)

¿Cuánto tiempo le queda?

Se ha quedado sin conocimiento. Señor, se muere.

No hay tiempo, tiene que decidir.

Muchas gracias, doctor. Puede irse.

¿Pero va a dejarle morir? Su vida está ahora en manos de Dios.

Y ha querido que se muera.

(Llaman a la puerta)

¡Abrid la puerta, comisario! ¡Comisario!

Sabe dónde está Irene.

¡Sálvelo, vamos! Tiene que cortarle las cuerdas.

Intente reanimarlo.

(EL MÉDICO GIME DE ESFUERZO)

Está muerto. -Solo él sabe dónde está Irene.

(GIME)

(Pájaros)

Se me ha escapado otra vez.

Se me está haciendo más largo esto que una letanía.

Espero que haya salido bien.

¡Padre Abelino!

¿Qué hace tan lejos de San Felipe? -Recojo hierbas para hacer incienso.

Esta tarde oficio una boda.

Por cierto, me alegra lo que pasó anoche con el hijo de tu amo.

Dios es justo. -¿Con Alonsillo?

¿Está bien? -¿No te has enterado?

-No. -Le salvó el Águila Roja. (RÍE)

-¡El Águila Roja! No sabe usted la alegría que me da.

-Lástima del padre, que sigue huido. Pero la vida es así.

Llena de tristezas y alegrías.

Por cierto, ¿tú no sabrás por dónde se va al Castillo de Miranda?

-Por donde venía, por el camino de los chopos.

-Vaya por Dios. -Por ahí no tiene usted pérdida.

-Gracias, hijo. Es que la boda que celebro hoy por la tarde es allí.

Entre un inglés y una española. -¿Un inglés ha dicho usted?

-Sí, se llama Patrick, o algo así. -Patrick...

¿No será un inglés alto, rubio

y así como militar? -Sí, sí.

-Ese mismo. -Ese, sí.

-Perdóneme, padre, pero tengo mis quehaceres.

-¡Con Dios!

(Música triste)

(Recuerda los latigazos y gritos)

-¿Es que eres estúpida? Te dije bocaditos, no buñuelos.

-Esta tarde entierran a mi hijo. -¿A mí qué me importa?

Fuera de aquí las dos. Fuera, ¡fuera!

(Música de intriga)

-¡Amo!

¿Dónde estará este hombre?

¡Amo!

Qué alegría se llevará cuando sepa que la señora está en las Españas.

¡Sátur! ¡Ah!

¿Qué ocurre?

Lo primero, ¿qué tal el chiquillo?

Bien. Escondido en una posada. Está a salvo.

¿Ha pasado algo con el asesino? No, ese está grogui.

Doña Margarita, que no se ha ido a Canterbury.

Está ahí al lado, en el castillo de Miranda.

Su carta decía que se marchaba. Pues no se ha ido.

Ya está tirando al castillo, que está a tiempo de hablar con ella.

Su cuñada está aquí, ¡a dos galopadas!

Es su última oportunidad, amo.

No volveré a entrometerme en la vida de Margarita.

¡Los tiene usted cuadrados!

La señora ha sufrido mucho.

(TITUBEA) Si está con ese inglés es porque no tiene dónde agarrarse.

Sáquela de su error, amo. No, Sátur.

La vida de esa joven sigue en vilo.

Tengo que ir al lago y buscarla. (SILBA)

(Relincho)

(Relincho)

Eso, usted esconda la cabeza como las avestruces.

-Señora, los podría haber subido yo. -Tú, enséñame los bocaditos.

Así sí. Ahora tienen el tamaño perfecto.

¿Lo ves? Si es que cuando quieres haces bien las cosas.

Y de recompensa, puedes ir a enterrar a tu hijo.

-Ya lo han enterrado, señora. (FRÍA) -Ah, pues mira qué bien.

Un sufrimiento que te ahorras.

¿Y tú has enviado ya la invitación al capitán general?

-No, señora. Iba a enviar ahora a un lacayo.

-¿A qué esperas, inútil? ¿Sabes lo importante que es esta fiesta?

¿Lo que me estoy jugando con ella? -Sí, señora.

Enviaré la invitación ahora mismo. -Muy bien.

-Dicen que don Juan José de Austria es de diente dulce.

-¿Qué me importa a mí eso? -Lo digo, señora,

porque si usted tuviera a bien mandarle una caja de esos dulces,

igual lograría que se ablandase y viniera.

-Dispón una caja con la invitación, y mete bastantes.

-Sí, señora.

(Se abre la puerta)

Ha llegado un sacerdote para confesarla para la boda, señora.

Sátur...

(FELIZ) ¡Sátur, Sátur, Sátur!

(LE BESA) Sátur, ¿eres tú? Sí.

Si que se pone contenta de verme, no esperaba este recibimiento.

¿Cómo sabías dónde estaba? ¿Has venido solo?

Sí, solo y de incógnito. Ya sabe el amo lo cabezón que es.

Entonces... Sé que no debería haber venido...

¿Está segura de lo que va a hacer? Lo del casamiento digo, y eso.

Sátur, yo no me quiero casar. Eso es lo que quería oír.

Venga, vayámonos de aquí. No puedo irme, Sátur.

No puedo, me tienen retenida.

¿Cómo que retenida? El capitán Patrick me secuestró.

Quiere que me case con él. No puede ser, decía en la carta...

No fui yo, la carta la escribió él. Llevo encerrada desde que me fui.

Eso no puede ser. Sí.

Tienes que ir a pedir ayuda.

No puedo irme, Sátur.

(Música de tensión)

No he dado orden de que viniera ningún cura a confesarte.

-Te vas a enterar... ¡No, Sátur! ¡Sátur, por Dios!

Hijo de las mil perras... ¡Sátur!

¡Dejadme! ¡Dejadlo, por favor!

¡Dile que me suelte si es hombre! ¡Suéltalo!

¡Ven aquí! (SOLLOZA)

(SÁTUR GIME) ¿Qué vais a hacerle?

Ajusticiarle. No, por Dios.

Juro que seré la mejor de las esposas: te cuidaré,

yaceré contigo, te daré hijos. Te querré, pero no le mates.

Por el amor de Dios.

Por Dios, no le mates.

(GIME Y JADEA)

(Maderos moviéndose)

¿Aún no has encontrado a esa chica? El tiempo corre en tu contra.

No había nada en el lago. Tendrás que buscar mejor.

Dime, ¿dónde está esa chica?

Has tenido la respuesta delante desde el principio.

Son todas tus víctimas.

Me gusta guardar en mi piel un recuerdo de mis víctimas.

De todas ellas. ¡Has matado a esa chica!

(RÍE Y JADEA) Está en el claro del soto.

Y si ha intentado liberarse,

(RÍE) que seguro que lo ha hecho,

su cuerpo ya estará atravesado como la amante de Ramhotep.

(Blandir de espada)

¿Quieres un nuevo secreto?

Si quieres saber dónde está el tesoro de los templarios,

tendrás que buscarlo en su cuerpo.

En su precioso cadáver.

Allí encontrarás la clave.

-¡Socorro!

¡Ayuda!

-Comisario, ya nos hemos ocupado del médico, tal y como ordenó.

Lo hemos ahogado en el río. Perfecto.

Lo que pasó en el sótano se hundirá con él.

¿Son los hombres que te pedí?

Ver la muerte de cerca ha hecho hablar al cardenal.

Han llevado a mi esposa al castillo de Miranda.

No sabemos si aún sigue allí.

Buscaremos en ese castillo.

Si no está allí, cabalgaremos siguiendo su rastro.

Cuando les encontremos, manteneos en guardia.

Si no nos entregan a Irene, lucharemos.

Sí, señor. ¡Soldados, ya habéis oído todos!

(Relinchos)

¿Qué haces aquí? Voy contigo.

Vuelve al palacio.

No.

Quiero acompañarte, estoy dispuesto a luchar si es necesario.

No estoy dispuesto a que mueras. Estoy preparado y lo sabes.

Tú me has entrenado para esto.

¿Por qué ese interés en jugarte la vida por mi esposa?

No sabes cuantos hombres necesitarás, y yo puedo serte de gran ayuda.

Vuelve a casa. Ya lo tengo decidido.

¡Tú no puedes obligarme a nada! Te equivocas.

No te lo pido, te lo exijo. No puedes hacerlo.

Soy el comisario de la Villa y esto una orden. ¡Retenedlo!

¡Soltadme! ¡Comisario! ¡Suéltame!

¡Comisario!

-¿A quién trato de engañar?

Señor, le traigo su ágape de media mañana.

-Déjalo ahí.

-Sé que marcha al frente.

Mi padre también estuvo, pero murió.

Un día se fue y solo volvió su medalla de San Antonio.

Era solo un labrador, no sabía luchar ni disparar.

-Sabiendo que iba a morir, ¿no lo evitó?

-Era su deber, asumió su destino sin ni siquiera llorar.

Aunque las lágrimas que él no derramó

las derramamos mi madre y yo por él todos los días.

-Es duro perder a un padre, ¿no? -Sí, lo es.

-Cuando me entra la pena recuerdo con orgullo que soy la hija

de quien murió defendiendo el reino. -¿Y con eso te basta?

-No hay mayor honor, señor. En la guerra unos mueren

para que otros sigamos viviendo. Mi padre es un héroe sin estatua.

-Hace un tiempo estupendo y todo está preparado para la fiesta.

Aunque el capitán general aún no ha contestado, lo hará.

Con esos bocaditos, lo hará.

-Madre, voy a ir a la guerra.

-¿El miedo te está haciendo desvariar, hijo?

-No, madre. Prefiero ser recordado por el valiente que fui

y no por el cobarde que soy ahora.

-¿Sabes cómo puedes volver de la guerra?

En el mejor de los casos, muerto.

En el peor, sin piernas ni brazos.

-Pero madre... -Sin poder valerte por ti mismo.

Necesitando siempre la ayuda de alguien,

hasta para ir a hacer tus necesidades.

¿Quieres eso para ti? ¿Lo quieres?

(TRAGA SALIVA ASUSTADO)

No, no lo quieres.

(Se abre la puerta)

El capitán Patrick me ha dicho que tras la boda

te vendrás con nosotros a Inglaterra. No te harán daño.

¡Y querrá que le dé las gracias el muy... canalla!

(SUSPIRA) Sátur...

¿Cómo pudisteis pensar que me había ido sin despedirme?

Yo qué sé, señora.

No sé en qué pensábamos ni el amo ni yo.

Me cago en los hombres y en nuestra puñetera ceguera.

Tenemos que salir de aquí.

Tengo que sacarla aunque me vaya la vida en ello.

Sátur, es imposible. Lo intentamos nosotras de todas las maneras.

¿Cómo que nosotras?

¿Hay más mujeres encerradas?

La madre que los parió.

La señorita Irene estaba conmigo.

¿Quién es Irene?

¿La mujer del comisario? ¿Dónde está?

Muerta.

(IMPRESIONADO) Santo Dios...

(SUSPIRA) Nunca volveré a ver a mi hijo.

¿Gonzalo sabe que estás aquí? No.

A lo mejor si tú has llegado aquí a él se le ocurre venir y...

¿De qué serviría? Solo es un maestro.

No infravalore al amo, señora.

Ahí donde le ve tan pachón, tiene sus arrestos.

(Caballos)

¡Gonzalo! Es mi amo.

Es el comisario.

¡Igual viene a rescatarnos! (SOLLOZA)

¿Qué hace?

¿Qué es ese bulto que le entregan?

Es el cuerpo de la señorita Irene.

Se van.

¡No pueden irse, eh! ¡Eh, que estamos aquí!

¡Que estamos aquí! (SUSPIRA) Sátur, no te van a oír.

No te van a oír.

(LLORA) Ayuda.

(LLORA) Por favor, ayúdame. Por favor.

(LLORA)

(GRITA DE RABIA)

(Música de acción)

¡Socorro!

¿Estás bien?

Ella...

Ella...

(RECUERDA)"Si quieres saber dónde está el tesoro

de los templarios, tendrás que buscar en su cuerpo.

En su precioso cadáver".

-Pobre señora Irene. (SOLLOZA)

(Murmullos)

(NUÑO SOLLOZA) Es mejor que no la veas así.

Una dura pérdida para todos.

(SUSURRA) Os mataré por lo que me habéis hecho.

Tengo la carta que demuestra que se alió con los ingleses

para pedir rescate al rey por Irene.

La traición a la corona se paga con la vida.

(SUSURRA) A mi sobrina Irene...

no le gustaría vernos enemistados.

Honremos pues su memoria, comisario,

y olvidemos esta penosa afrenta.

(SOLLOZA)

(INSPIRA) Eminencia,

siento mucho la muerte de su sobrina.

(SOLLOZA) Ella era...

Ella era la alegría de esta casa. (SOLLOZA)

(SERIA) ¿Ha llegado alguna misiva para mí de parte del capitán general?

-Si se refiere a la confirmación de la fiesta, aún no ha llegado.

(VOZ QUEBRADA) -"In nomine Patris, et Filii

et Espiritu Sancti. Amén".

-Han dejado a la señora Irene en la puerta.

(HABLAN TODOS A LA VEZ)

¡Despejad la mesa, vamos! (MURMURAN TODOS A LA VEZ)

¿Entonces a quién estamos llorando?

¡Llamad a un médico!

¿Respira? Sí.

¿Qué pinto yo en la Gran "Betraña"?

Allí solo se comen patatas cocidas y llueve siete días de cada siete.

Por lo menos estaremos juntos, no sé si podría aguantarlo sola.

Uno de mi pueblo estuvo allí y dijo que los hombres llevan falda.

(RÍE) Ya ve usted, falda...

Con el badajo todo el día colgando.

No llore usted, que se me parte el alma.

(SOLLOZA) En unas horas estaré casada.

Tendré que empezar a vestirme.

¿Sabe qué le digo? Que me niego.

No vivirá una vida miserable con un hombre al que no quiere.

Sátur, ¿qué vas a...? ¿Sátur dónde vas?

(GOLPEA LA PUERTA) ¡Abrid, abrid la puerta!

Necesito ir a la letrina. (SE QUEJA)

Aguas mayores. -El capitán prohíbe que salgáis.

-Pues plantaré aquí el boniato, a ver qué le parece a tu capitán.

-Está bien, está bien. Te acompañaré.

(CATALINA SOLLOZA)

¿Tú qué llevas ahí?

-Ah, te lo estaba preparando cuando llegaron.

Son cinco bocaditos para que se los lleves a Murillo.

(PREOCUPADA) ¡Sátur, Sátur! (SE QUEJA)

Sátur, ¿estás bien?

(GIME) ¿Estás bien, Sátur?

Lo he intentado, señora. Estás herido, estás sangrando.

Venga, ven.

(GIME) Ven aquí, ven.

(Se abre la puerta)

Estás empezando a agotar mi paciencia, español.

Está herido, necesita ayuda. Déjame que le cure.

(SÁTUR GIME) Por favor.

Por favor.

¿Sí?

Sí. Gracias.

Gracias.

"Cuando nos conocimos, tú eras un rey orgulloso y fuerte.

Prometiste que envejecerías junto a mí y yo te creí.

Me casé contigo, te di hijos, pero un día me lo arrebataste todo.

Durante años en mi encierro me pregunté qué haría al verte.

Quitarte la vida... ¡No!

La muerte es un alivio, y quiero que sufras como he sufrido yo.

Tú mataste a mis hijos... yo mataré al tuyo.

Cuando llores por tu heredero recuerda el nombre

de la persona a la que traicionaste...

Laura de Montignac".

Vamos a dar un paseo, alteza.

(Llanto del bebé)

-Rezar es el único amparo de los que saben esperar, señor.

-Nos libraremos de esa escoria y de su madre,

recuperaremos nuestro sitio en el palacio.

-Cuando estuve en Galeras una tormenta hundió el barco,

pero yo quería vivir, así que...

nadé hasta unos tablones y me agarré a ellos con toda el alma.

¿Y qué hacemos, Sátur?

Bajar los brazos nunca, señora.

(Disparo)

Queda detenido por el intento de asesinato a don Juan José...

-¿Qué dice? -...capitán de los ejércitos.

-Estás preciosa, quiero que llegue el momento de tenerte como esposa.

-Entiendo que no quieras ir a esa boda, yo tampoco iré.

-Ha estado viviendo en mi palacio y ni siquiera la reconocí.

-No hay otra solución, debemos matarla.

(GIME)

Me han dicho que compráis niños. -Tráelo esta noche.

Cuando lo vea ajustaremos un precio.

Será ejecutado al atardecer.

¡Mi hijo es inocente! -¡Madre!

Margarita, ¿quiere al capitán Patrick Walcott como esposo

en la salud y en la enfermedad,

en las alegrías y en las penas, todos los días de su vida?

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Águila Roja - T5 - Capítulo 68

18 nov 2013

Tras su huida, han puesto precio a la cabeza de Gonzalo. Además, para lograr que el maestro se entregue, los hombres del Comisario retienen a Alonso. Si  Gonzalo no aparece,  el niño morirá.

En el palacio real, Laura de Montignac ha conseguido ser la cuidadora del heredero. Ahora, su cercanía con la familia real le permitirá llevar a cabo su venganza.

Mientras, el Cardenal agoniza sin confesar al Comisario lo ocurrido con Irene. El único que sabe realmente dónde está es el asesino que la capturó en el bosque. Águila Roja y Sátur intentan por todos los medios que les diga el paradero de la joven, pero el asesino juega con ellos y el tiempo se acaba. 

Jacobo es llamado a filas para formar parte del ejército de su majestad. Sagrario no está dispuesta a permitir que su hijo muera en la guerra y urdirá un plan para librar a Jacobo.

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