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No recomendado para menores de 12 años
Transcripción completa

¡Aaah!

¿Qué es ese ruido? No lo sé, señor,

igual se ha metido un bicho en la chimenea.

(Barrito de elefante)

He matado a una joven.

-¿Se ha ido con un inglés?

(HISTÉRICA) ¡Sácame de aquí, sácame de aquí!

Era la única manera de que vinieras conmigo, lo siento.

Van a venir a rescatarme.

Envié una carta en un tu nombre a tu cuñado, una carta de despedida.

Gonzalo no se creerá que sea mía.

En el ejército tenemos gente especializada para copiar la letra.

-Es la tercera vez que registramos el palacio.

El cadáver de esa chica está aquí y lo necesito.

Señor, ¿qué hace?

(Disparo)

-¡Gabi!

(Gritos de pelea)

Sé lo que hizo. ¿Cómo dice?

Aparecerá el cadáver de la joven y todo se acabó.

Me ha secuestrado.

Margarita, tú aprenderás a quererme.

(GRITA ANGUSTIADA)

Señorita Irene, ¿qué hace usted aquí?

(RECUERDA LLOROSO) "No va a volver".

-¿Qué hace, se ha vuelto loca? -Tengo que defenderme.

Podrás forzarme todo lo que quieras,

pero para mí solo serás mi carcelero.

Cambiarás de opinión, ya lo verás.

-¡Nooo!

Alguien ha intentado matarme dos veces, no habrá una tercera.

¿Qué quieren de mí? -Eres para el rey de Inglaterra.

-Tiene que llamar a un médico, Catalina se está muriendo.

(SAGRARIO) Sacadla de aquí. Sé quién quiere matarme.

Mi hija. ¿Cómo que su hija?

¡Nooo!

(Barrito del elefante)

A ojos de la ley la vida de esa sirvienta no vale nada.

(JACOBO) ¡Socorro!

(Música de acción)

-Se han llevado al Sr. Jacobo.

-¿Cómo? -Lo han secuestrado.

(SOLLOZA)

Hay que sacarle la bala antes de que se infecte.

Mis hombres la han encontrado en el bosque.

Llevo años buscándote y al final no eres mi padre.

-Nos casaremos en este castillo. ¡No voy a casarme contigo!

No me acuerdo.

(Música exótica)

(Pasos acercándose)

-Amo, que me he permitido subirle el desayuno.

Iba a bajar ahora, Sátur.

Ahora...

A mí no me engaña, sé que se ha encerrado aquí

obsesionado con el trabajo no por el azar, sino huyendo.

¿Huyendo? Sí, huyendo.

Que la señora Margarita se ha ido con el inglés y eso le duele,

que la mente es muy mala y muy calenturienta.

Yo sé que se los imagina ahí, tocando la gaita,

si me duele hasta a mí. Estoy bien, de verdad.

Que conmigo no tiene que fingir. Gracias, Sátur.

¿Qué te ha pasado ahí?

¿Dónde? En el cuello.

Nada, que tengo más pelo que una manta morellana

y me he cortado afeitándome con el cuchillo de trinchar.

A falta de navaja, pues...

Toma. No, amo, no...

Muchas gracias, pero no puedo aceptarlo.

Es un regalo de su hijo, no se regala.

Podemos compartirla. En ese caso, gracias.

Por cierto, ¿ha averiguado algo ya del bicho emparedado este?

Los egipcios colocaban escarabajos sobre el pecho de sus difuntos.

¿Para qué? Para que el corazón no declarase

en contra de su dueño en el juicio de Osiris.

¿Sátur, pasa algo? Que si su madre está relacionada

con los templarios y estos con los egipcios,

lo mismo usted fue faraón.

Sí, ríase, le cortamos así la melenita en plan Tutankamón

y un aire se da, no me diga que no.

No lo sé, Sátur. (SUSPIRA)

Lo que sí sé es que esta pieza debe de formar parte de algo importante.

No me diga que para averiguarlo tenemos que irnos a Egipto.

Me veo encima de un camello y me echo a temblar.

Solo hay una persona en la villa que podría ayudarnos.

¿A qué esperamos? Vamos. Está en el pudridero.

¿Y qué ha hecho esa persona para ser condenada a algo tan cruel?

Asesinó a seis mujeres y van a ejecutarlo mañana.

(GRITA) ¡Aaah!

(Música de tensión)

¡Nooo!

(Murmullos)

-Supongo que están aquí por el puesto de costurera.

No saben cuánto lo lamento, mi señora acaba de contratar a una.

Muchísimas gracias por venir.

(Murmullos)

Señoras, muchas gracias por venir. El puesto ya está dado.

-¿Solo esta? ¿No ha venido nadie más?

-No lo sé, señora, qué extraño.

Me habían dicho que estaba la sala llena.

-Se han cansado de esperar y se han marchado.

-¿Que se han cansado? Vaya explicación.

Mucho no necesitarían el trabajo...

Como tu amiga, la que se fue sin decir ni mu.

-Margarita. -Y tú ponte derecha,

que solo ha sido un tiro, ¿eh?

¿Y tú eres...? Bueno, da igual, ¿qué sabes hacer?

-Bordado, ganchillo, macramé, pespuntes, punto de bastilla...

Lo que quiera, aprendo rápido.

-¿Alguien me explica por qué los canutillos ya no tienen crema?

Hola, soy Jacobo, el Marqués de Santillana.

-¿Tú por qué te presentas a una criada?

Anda, enséñale los trajes para ensancharte, que empieza hoy.

(SALUDA) Sagrario. Sí.

Catalina, ¿cuándo tenía que haber llegado mi esposa del convento?

Ya debería estar aquí. Si quiere, en cuanto llegue le mando avisar.

(ASUSTADA) ¡Ah!

Señor, era el cochero que llevó a la señorita Irene.

(Música de emoción)

(Pájaros piando)

-¿Pasa algo, amo?

No deberíamos ir al pudridero.

¿Cómo que...? ¿A qué viene eso ahora?

Ese hombre estudió años en El Cairo la cultura del antiguo Egipto.

Cuando regresó empezó a matar a las mujeres.

Las rajaba de arriba abajo, abriéndolas en canal.

Calle, que se me están subiendo las gachas del desayuno hasta aquí.

No deberíamos pedirle ayuda a un hombre así.

Muy normal no es, tiene usted razón, pero le ajustician mañana,

es ahora o nunca.

Piense en su madre, quizás él nos dé la clave para encontrarla

y resolver todos los enigmas de una puñetera vez.

Está bien, le haré las preguntas

y después dejaré que la justicia siga su curso.

Vamos, es aquí.

Te traigo este traje para... -¡Madre!

-Sal ahora mismo de esa cama. -No, señora, yo...

-¡Que salgas he dicho! Estás despedida.

Y no quiero volver a verte nunca más en este palacio.

¿Se puede saber en qué pensabas, refocilándote con esta...

y a plena luz del día?

-¿Por qué no ha llamado? Tenía... -¡Cállate la boca!

Si quieres alivio, lo buscas fuera de este palacio.

Como lo has hecho siempre, sin que yo me entere.

¿Estamos?

(SERIA) ¿Estamos, Jacobo?

-Pues no, madre, no estamos.

-¿Cómo dices?

-Pues que...

yo hasta hoy no lo había hecho nunca.

-¿Hacer el qué?

-¿Pues qué va a ser? Hasta hoy no había estado con ninguna mujer.

Eso, no me ha haga repetírselo. -Pero, hijo, yo...

¿Cuántas veces te he dado dinero para que fueras a la plazuela?

Si aún recuerdo tu primera vez. -Pues no fui, ni esa vez ni nunca.

-¿Pero por qué?

-Porque sé que a las mujeres les doy asco, madre.

Y ella es la primera que se ha sentido atraída por mí.

-No, hijo, no. Esa chica no se ha sentido atraída por ti,

se ha sentido atraída por tu dinero.

-¿Y usted qué sabe? -Lo sé porque también soy mujer.

Y nadie se interesaría por ti a primera vista, hijo mío, nadie.

(Música triste)

(Música de suspense)

(Golpes en la trampilla)

-Con razón le llaman el pudridero,

los dejan ahí encerrados para que se descompongan en vida.

Espérame aquí.

Necesito información sobre esto.

¿Y por qué iba a dártela? ¿Sabes a qué pertenece?

¿De dónde la has sacado?

¿Qué tiene que ver con los templarios?

Sácame y te diré dónde debes colocarla.

No.

Esa piedra es la llave del tesoro más grande jamás conocido.

Libérame y te llevaré hasta él.

No pienso sacarte de aquí.

Solo yo puedo ayudarte y me matan mañana.

(Sonido de agua)

(Disparo)

(Cuchillada)

El carruaje de Irene apareció en tus tierras,

tuviste que ver quién les atacó.

¡Ah! Mataron a todos sus escoltas.

No me harás creer que no has oído los disparos.

Arrancadle todos los dientes hasta que confiese.

Sí, señor.

-¿Qué le ha pasado a Irene? Nuño, ¿qué haces aquí?

¡Contesta! ¿Qué le ha pasado?

Vuelve al palacio, yo me ocupo.

No.

No me voy a ir, quiero ayudarte a buscarla.

Así no me ayudas, vete.

¿Ha sido él?

¿Qué le ha hecho a Irene? ¡Basta!

Lleváoslo de aquí.

¡Soltadme!

¡Soltadme!

Señor, ha llegado la madre superiora del convento de las Descalzas.

-Señor comisario, lamento no poder ayudarle,

pero su esposa nunca llegó a visitarnos.

¿Quién más sabía que iba? Nadie, señor.

¿Habló usted con ella? Nunca.

Yo solo sabía lo que decía la carta.

¿A qué se refiere?

Recibí una orden que disponía el cierre del ala oeste del convento

para el encuentro de Irene con... un hombre.

¿Ha dicho un hombre?

Alguien importante, supongo. Su identidad no se mencionaba.

¿Quién organizó el encuentro? Eso no puedo decírselo, señor.

(Gritos de dolor)

(ARRANCA UN DIENTE)

Creo que no me he explicado con claridad.

(ARRANCA OTRO DIENTE)

No saldrá de aquí hasta que me lo diga todo.

¿Quién? ¿Quién?

(Gritos de dolor)

¡El cardenal Mendoza!

(Música de tensión)

(Ruido de agua)

(Música relajante)

Ya se ha bañado, ¿algo más que tengamos que hacer?

Buenas tardes.

¿No vas a bañarte?

¡Ni a bañarme ni a comerme tu comida!

Es por tu bien. Si es por mi bien, ¡suéltame!

Margarita...

Yo sé que serás feliz a mi lado. (RESOPLA)

Tú no sabes hacer feliz a una mujer.

Te equivocas, a ti te haré feliz.

Nunca me casaré contigo, ¿me oyes? Nunca.

No, sí, sí lo harás.

Y quizás algún día incluso me lo agradezcas.

Disfruta del almuerzo.

(EN INGLÉS) "Watch the windows. She might try to escape again".

-"Yes, sir".

¿Va usted a comer?

¿Sabes hace cuánto que no probamos bocado?

Si podemos huir, mejor coger fuerzas para correr.

Ya...

Primero se mete en su bañera y luego se come su comida.

¿Qué será lo siguiente, señorita?

Si te refieres a si me meteré en su cama, no lo haré.

Tu dignidad no nos llevará a ningún sitio, Margarita.

Estamos encerradas en este castillo y la única salida es esa ventana

y ya hemos visto que es imposible.

(Música de suspense)

No se mueva.

(SUSURRA) No se mueva.

¿Qué haces? Chis, no hagas ruido.

(Música de emoción)

Chis...

La usaremos para enviar un mensaje. ¿Qué?

Si alguien encuentra el mensaje, podrá avisar a los nuestros.

Es sobrina del cardenal Mendoza.

Si sabe que está retenida, hará lo posible para encontrarla.

¿Y si la encuentran los soldados?

Es nuestra última oportunidad para ser libres.

¿No la aprovecharás por miedo a que salga mal?

Vamos.

(TRANQUILIZADORA) Chis, chis...

No hay tinta.

Cógela.

(Abren la puerta)

Amo, soy yo.

Traigo lavanda y helecho para desinfectar la herida.

Y algo de laurel para hacer un adobo esta noche.

¿Le pasa algo, amo? No debería haberlo sacado de allí.

Vamos a ver, usted solo pretendía que le llevara hasta el tesoro.

Que le dijo que el ámbar ese era la llave

al mayor tesoro jamás conocido, que ya es decir.

He matado a un guardia por cumplir con su deber.

¿Y qué? Fue en defensa propia.

Además, que era un guardia, ¿o no sabemos cómo se las gastan?

No, he antepuesto mis intereses, y nunca antes lo había hecho.

¿Y qué si lo ha antepuesto? ¿Usted no es humano?

Esta discusión no nos lleva a ningún lado,

porque además usted está metido en todo el lío. Cúrele rapidito

y en cuanto hable lo llevamos al pudridero.

No, cuando se hacen las cosas mal hay que enmendarlas.

¿Qué quiere decir?

Ese hombre debe ser ajusticiado mañana como estaba previsto.

Que este hombre es un indeseable y que merece morir es indiscutible,

pero utilícelo antes,

que esto nos ha tenido que servir para algo, ¿no?

No. ¿Y va a renunciar de por vida

a encontrar sus orígenes y el tesoro?

¿De verdad me lo está diciendo?

Volveré por la noche y lo trasladaremos al pudridero.

Quédate y vigílalo.

¡Cojonudo! ¿Este hombre se llevará mañana a la tumba

todo por lo que hemos luchado media vida?

(Música de tensión)

-Así que han condenado a muerte a vuestro padre

por cazar en tierras del obispado.

(LLOROSA) -Él solo quería darnos de comer, eminencia.

(SOLLOZA) Piedad. Se lo suplico, tenga piedad.

(LLORA) Se lo suplico.

(Llanto de la chica)

Lo suplico...

-Está bien, daré orden para que liberen a vuestro padre.

-Gracias, eminencia. (BESA)

Sabía que era usted un hombre santo.

-Y para que no paséis más necesidades...

te ofrezco un empleo aquí en palacio,

si así lo deseas. -¡Un empleo!

Muchas gracias, eminencia, haré todo lo que me pida.

-De eso no me cabe la menor duda, hija mía.

-Su majestad, el rey Felipe IV.

-¡Marchaos, marchaos!

Majestad...

(Música de suspense)

Os hacía en el convento de las Descalzas, ¿qué ocurre?

-Irene no ha aparecido por el convento.

La he esperado durante horas.

-Qué extraño, yo mismo dispuse todo para ese encuentro, señor.

No sé... -Le pedí reunirme con ella

porque pensé que conocer a mi hija me traería algo de paz.

¿Tan complicado es preparar bien un simple encuentro?

-Daré orden para que vayan a buscarla.

-No. Falló usted en el atentado contra el rey de Inglaterra

y ahora esto.

Es usted mi consejero, le exijo eficiencia.

-No volverá a ocurrir, señor.

-Puede estar seguro,

su vida depende de ello.

-¡Os paguen lo que os paguen, yo os ofrezco el doble!

(GIME DOLORIDO)

(Música sacra de acción)

Que sea la última vez que mi bacinilla no está reluciente,

porque el día que yo... -Por favor, cógeme los bajos

porque un poco más bajo seguro que me queda mejor.

-¿Qué haces tú aquí?

-Probarme los maravillosos vestidos que me ha regalado su hijo.

Jacobo ha sido de lo más generoso al comprármelos.

-¡Quieta!

-Señora, el señorito ha ordenado que comprobemos que están perfectos.

-¿Ah, sí? ¿Y desde cuándo le hacéis más caso a él que a mí?

Quítate eso inmediatamente.

-¿Es que no le gusta, señora? -Ya me has oído.

Quítatelo, no vales ni la mitad de lo que vale esa tela.

-Estás preciosa. (RÍE COMPLACIDA)

(RÍE) Te dejo con tu madre, querido, querrás hablar a solas con ella.

Señora. -¡Fuera!

¡Fuera!

Vete a devolver todo esto y que te devuelvan todo el dinero.

-Madre, siéntese para escuchar esto. -De escuchar nada, devuélvelo todo.

-Le he pedido a Ana que se case conmigo y ha aceptado.

La alojaré en la alcoba junto a la mía.

-¿Pero qué dices, Jacobo? -Y querría el anillo de la abuela,

me dijo que sería para mi prometida. -No, por encima de mi cadáver.

-Madre... -No. Jacobo, ¿no te das cuenta

de que es una interesada que te está utilizando?

-Me sonríe y me da cariño, madre, y con eso me basta.

-Jacobo, los nobles no se casan con criadas.

-Usted lo sabe bien, por eso padre no se casó con usted.

-Jamás te casarás con ella, ¿me oyes? ¡Jamás!

¡Jamás!

(Grillos)

(Maullidos)

(Música de suspense)

(Crujido)

(Música de tensión creciente)

(Grito casi inaudible)

(Algo cae al suelo)

(Música de tensión agobiante)

(DÉBIL) ¡Ayuda! ¡Amo, ayuda, por Dios!

¡Sátur!

(TOSE HERIDO) ¡Sátur!

Sátur, ¿qué ha pasado? (RESOPLA)

Se ha escapado, se me ha escapado el asesino.

(PREOCUPADO) ¡Sátur, Sátur!

(Aullidos)

(Música inquietante)

(GRITA ATERRADA) ¡Aaah!

Cipri, por Dios, qué susto me has dado.

¿Se puede saber qué haces aquí? -Fui a por ti al palacio,

pero ya habías salido.

¿Cómo estás? -Bastante mejor, casi no me duele.

-Es que esa gentuza no tiene alma, hacerte trabajar en tu estado.

-Bueno, no te preocupes. Además, así has venido a buscarme.

Eres mi caballero andante, Cipri.

-Anda, apóyate en mí. -Sí.

-Chis...

(Caballo al galope)

(EXTRAÑADA) -¿El señorito?

Señorito, ¿qué hace fuera del palacio a estas horas?

-No es de tu incumbencia, sigue tu camino.

¡Vamos! -Como usted ordene, señorito.

-¿Hay alguna noticia nueva?

Estos bosques son muy peligrosos, ¿es que te has vuelto loco?

Tengo que encontrarla, comisario. Es mi esposa, Nuño. Yo me encargo.

Volvamos al palacio. ¿Piensas irte y echarte a dormir?

No podemos abandonarla a su suerte. No dejaré que te marches.

Jamás la has querido.

¿De qué hablas? De Irene.

Te casaste con ella por su dinero. ¡Basta ya!

Sé que aprecias a mi esposa y que te ha apoyado en ella,

pero ahora te ordeno que vuelvas al palacio.

¡Vamos!

(ARREA)

-Lo siento, amo, lo siento mucho.

Me despisté y al levantar la cabeza le tenía aquí pegado.

Fue todo tan rápido que...

Me cago en mi negra estampa.

No, Sátur,

ha sido culpa mía.

Si no le hubiera sacado, esa mujer seguiría viva.

Ese miserable no es humano, no es ni como usted ni como yo.

Ningún hijo del Señor le haría eso a una mujer con esa saña.

He liberado a un monstruo, Sátur.

Al detenerle hallaron el cadáver de las seis mujeres en un desván,

desnudas, encima de una mesa.

Les había quitado todos los órganos y los metió en vasijas,

las vació por dentro. Pare, por Dios, pare.

¿Por qué habría de hacer eso?

Para momificarlas. ¿Qué?

Hay que joderse, para qué le sirvió estudiar en Egipto...

Debemos encontrarle antes de que siga matando.

¿Y por dónde empezamos?

Que la justicia ha tardado años en agarrarle.

Puede estar en cualquier sitio.

No voy a parar hasta dar con él.

(HOMBRE) ¡Vamos, rápido!

Detenedle.

¿De qué se me acusa? Del asesinato de una mujer.

Yo no he matado a ninguna mujer.

¿Y esa sangre? -Padre, ¿qué pasa?

Alonso, tranquilo.

Cuando la encontré ya estaba muerta,

solo intenté socorrerla.

¿Con esto?

Lleva escrito tu nombre, Gonzalo de Montalvo.

-La que yo te regalé. -¡Chis!

-¡Lleváoslo!

¡Vamos! -¡No!

-Tranquilo, tranquilo. -¡Padre!

(RESPIRA CANSADO)

(Música de suspense)

-¡Soy el cardenal Mendoza, Francisco de Mendoza!

¡Exijo que me soltéis!

(Abren la puerta con llave)

(Pasos)

¿Habéis perdido el juicio, comisario?

Me temo que no. Lamento la austeridad de la decoración,

pero no he podido improvisar un velatorio mejor.

Hijo de perra, soltadme ahora mismo.

¿Dónde está mi mujer?

Soltadme ahora mismo o acabaré con vos,

saldré de aquí y desearéis no haber nacido, comisario.

No prolonguemos más este trámite. ¿Dónde está?

Vos sois su marido, ¿por qué habría de saberlo yo?

Sé que organizó un encuentro con un noble en ese convento.

¿A quién debía ver? No lo sé.

Le dije que nadie toca lo que es mío sin pagar por ello.

¿Qué ha hecho con mi mujer? (TOSE)

No sé de qué me habla, comisario. Le ayudaré a recordarlo.

¿Ha oído hablar de la cura del alma?

La usa la inquisición para interrogar a sus herejes,

como siempre brillantes en la tortura y muy inspiradores.

Ya os he dicho que no sé nada. ¡No sé...!

(GRITA CON RABIA SIN VOZ) ¡Aaah! ¡No sé nada!

Lo mejor del tormento es su sencillez,

solo se necesita un poco de agua...

caliente.

Se le da a beber al hereje hasta que se quema por dentro.

La sensación de dolor es horrible.

Le daré unas horas para que se lo piense.

Si mañana no me dice dónde está Irene...

la iglesia tendrá un nuevo mártir al que rezar.

(GRITA CON RABIA) ¡Ah!

¡Pagaréis por esto, comisario, os juro que lo pagaréis!

¡Ah!

(Jadeos)

-Gracias.

-No tienes que agradecérmelo cada vez.

-¿A ti te ha gustado? -Sí.

-He procurado no apoyarme mucho por la...

Para que estuvieras cómoda. -Ya...

-Ana, que hay un tema del que quería hablarte.

Eh...

Mi madre y yo siempre hemos sido como uña y carne, ¿sabes?

Siempre hemos estado muy unidos y...

bueno, pues ella no te ve de la misma manera que yo.

-¿Ah, sí? ¿Y cómo me ve?

(DUDA)

-Piensa que estás conmigo por... -Ya...

Por el dinero.

Sí, si tu madre tiene razón...

y yo no quiero hacerte daño. -¿Por qué dices eso?

Pues porque si me caso contigo es para huir del hambre,

y tú no te mereces algo así.

(LE DA UN BESO)

-Ana...

Verás, yo hasta hace dos días no era noble, ¿sabes?

Y sé lo que es la miseria

y lo que se hace para escapar de ella.

Por favor, acepta casarte conmigo.

-Será fácil querer a alguien tan bueno como tú.

(Abren la puerta)

-Madre, que no estoy solo. -Cállate. Y tú, apártate de mi hijo.

-Pero... Madre...

-El anillo de mi madre no es

para una ramera como tú. -Pero madre...

Ana...

(CIERRA LA PUERTA)

-Madre, quiero que abandone este palacio inmediatamente.

-¿Qué dices? -Mañana mismo se irá de aquí.

-Pero hijo...

Hijo...

-Llevas horas mirando por la ventana esperando que llegue alguien.

Deberías descansar, Margarita.

Esa paloma es nuestra última esperanza.

Quiero estar ahí para cuando vengan a rescatarnos.

(Abren la puerta)

Acompaña a mis hombres, por favor. -¿Adónde?

-La cena está lista,

he preparado el mejor salón del castillo.

Yo voy con ella. No, tú cenarás aquí a solas...

conmigo.

Vas a ser la esposa más bonita de Inglaterra.

Jamás me casaré contigo, ya deberías saberlo.

Margarita, te estoy ofreciendo una vida nueva, mejor.

Tú no sabes nada de mi vida.

Sé que vivías con tu cuñado y... Ni se te ocurra mencionarlos.

Puedo darte todo lo que una mujer desea,

hijos, un buen hogar, solo te estoy pidiendo una oportunidad.

Prefiero morir sola a pasar un segundo a tu lado.

Está bien.

Hay pueblos en la historia

que terminaron adorando a sus captores.

Se ve que no conoces a las mujeres españolas,

no nos sometemos tan fácilmente.

Voy por nuestra cena.

(CIERRA LA PUERTA)

(Música de suspense)

(Pasos)

¡Margarita!

¡Margarita!

Te dije que no nos sometíamos tan fácilmente.

(CIERRA LA PUERTA)

-Si quieres puedes volver con la familia del maestro,

yo te cubro.

-No te imaginas cómo estaban en esa casa, Marta.

En mi vida he visto llorar así a Sátur. Y el chiquillo...

se me derrumbó, la criatura.

-En el mercado dicen que vieron a Gonzalo junto a la muerta,

que tenían algo y por eso la mató. -¡Eso es mentira!

¿Quién te ha dicho eso?

(SORBE) Gonzalo es incapaz de hacerle daño a nadie.

Primero lo de doña Irene y ahora esto.

Es que no hay justicia, Marta, ni divina ni de la otra.

-¿Qué ha pasado, se sabe algo de Irene?

-Señorito Nuño...

Debería descansar, ¿quiere que le prepare el baño?

Ordena que den de beber a mi caballo, voy a volver a salir.

Marta. Permiso.

-Eh... Estoy buscando al comisario.

-Fuera de mi palacio, sal de aquí.

-He estado en el calabozo y no está, es importante que le encuentre.

-¿Acaso te cuento yo mi vida? He dicho que largo.

-¡Van a matar a mi padre, tengo que encontrarle!

-Me importa muy poco lo que le pase a tu padre, no es más que chusma.

-¡No vuelvas a hablar así de mi padre!

¡Basta!

La ofensa a un noble se paga con la vida.

Mi padre es inocente, le robaron la navaja, él no hizo nada.

De tu padre se ocupará la justicia.

¿Qué castigo quieres imponerle?

Déjale marchar.

Ya has oído, vete.

¡Vete!

(Música de emoción)

-Mira cómo le traen. -Pobre Gonzalo.

-Es por mi culpa, me cago en mis muertos, Cipri.

-No es tu culpa que ese malnacido te robara la navaja.

-Tenía que estar yo ahí dentro y no él, tenía que estar yo.

Voy a sacarlo de ahí como sea. Tengo que sacarlo.

-¿Pero cómo? Está lleno de guardias.

-¡Es que no puede estar ahí dentro!

-¡Sátur!

-¡Amo! (SORPRENDIDO) ¡Sátur!

¿Qué hago, qué puedo hacer? No lo sé, Sátur.

¿Por dónde empiezo? Dígamelo. -¡Fuera!

¡Dígamelo, por Dios! ¡Aaah! ¡Sátur!

¡Aaah! ¡Haz lo que te dicen, vete!

¡Amo!

¡Sátur, vete! ¡Amo!

¡Amo, le sacaré de ahí!

¡Encontraré al culpable y le sacaré, se lo prometo!

¡Amo!

¡Amo!

(Llaman a la puerta)

(Llaman a la puerta)

(JACOBO) ¿Ya lo tiene todo preparado?

-Podéis estar tranquilos, ya no os molestaré más.

Irá al palacete de los Monegros, allí estará bien.

Dicen que es un sitio muy... muy silencioso.

-Sí, es lo que tiene estar en medio de la nada.

-Es la primera vez que nos separamos, será muy raro.

-Cuídate mucho, hijo mío.

-Voy a avisar al cochero.

-¿Me ha hecho llamar? -Sí.

Quería hablar contigo antes de marcharme.

-Me encantaría, pero estoy ocupada guardando mis ropas en mi alcoba.

-No, espera...

Sé que no hemos empezado con buen pie,

pero ya no tiene sentido estar enfrentadas.

Es probable que no nos volvamos a ver nunca.

-No he sido yo la que le ha separado de su hijo.

-Si algún día eres madre,

entenderás lo difícil que es pasar a un segundo plano.

¿Quieres sentarte?

Por favor.

Acepta al menos una taza de té.

(Pasos)

-Está bien.

-¿Un pastelito?

-Sí, por favor.

Muchas gracias.

-Si alguna vez tenéis un hijo me gustaría conocerle.

-Claro que sí.

(Música de tensión)

¿Qué le sucede, señora?

-¡Aaah! -¿Qué...?

¿Está usted...? ¿Necesita un médico?

¡Ayuda, por favor, por favor, un médico!

¡Por favor, ayuda!

-Por más que te miro, no salgo de dudas.

No sé si eres un osado o un imprudente.

Cualquier otro se habría negado a retener al cardenal Mendoza.

Debe de ser que necesitas mucho el dinero.

¿Estás casado?

¿O tienes hijos?

¿Un niño?

¿Una niña, tal vez?

Ah... una niña, una niña pequeña.

Son tan frágiles, ¿verdad?

Tan vulnerables e indefensas como las ramitas nuevas de un árbol.

Tan fáciles de quebrantar.

Recuerdo que hace años me vi obligado a ordenar...

que torturasen a una niña por un error de su padre.

No fue fácil.

Todavía hoy resuenan en mis oídos sus gritos...

suplicando por su vida.

"¡Padre, padre, ayuda!"

Fue lo último que dijo.

(Música de acción)

(Disparo)

(GRITA CON RABIA)

Olvidé lo persuasivo que podía llegar a ser, eminencia.

Soltadme y pondré a cada uno de mis fieles a buscar a Irene,

os lo juro, ¡os lo juro!

No saldrá de aquí sin decirme dónde está mi esposa.

¿Es que no me escucháis? Os digo que no sé donde está. ¡No lo sé!

Está bien...

No me dejáis otra opción, eminencia.

Iré a preparar el agua hirviendo.

(SUSURRA) Por Dios...

(SE QUEJA) -Ay, ay...

Alguien ha intentado envenenaros, señora.

Han estado a punto de perforarle el estómago.

-No diga nada a nadie. -¡Madre!

Doctor, ¿qué le ha pasado? -Algo que me ha sentado mal, hijo.

-No, madre, yo he comido lo mismo y estoy bien. Esto es del disgusto.

No se marchará del palacio hasta estar bien recuperada, ¿eh?

-Acompaña al doctor a la salida, hijo.

-¿Estará usted bien? -Sí, sí.

-¿Qué tal se encuentra, querida suegra?

-¿Cómo lo supiste?

-Debería dejar de subestimarme.

Somos mucho más parecidas de lo que usted cree.

-"¿Un pastelito? -Sí, por favor".

Unas supervivientes.

Si me hubiese costado tanto como a usted llegar hasta aquí,

jamás me hubiera rendido tan fácilmente.

-Haré todo lo que esté en mis manos para que no te cases con mi hijo.

(RÍE) -Ya.

Y yo para casarme con él.

Solo quedará una.

Y seré yo, no lo dude.

(RESPIRA CON DIFICULTAD) Ay...

-Nos dividiremos en grupos, unos empezaremos por los arrabales,

otros buscaremos por callejones y soportales.

Y los otros se irán a la calle Postas

y a los pasadizos de la Plaza Mayor, ¿estamos?

¿Qué hacéis, dónde vais?

¿Es que no me oís? ¡Le han detenido injustamente!

¡Él siempre ha estado ahí para vosotros, siempre!

¿Así se lo vais a pagar?

Él te ayudó cuando te echaron de casa, ¿o es que no te acuerdas?

Sí, vete de aquí, anda.

-Tranquilízate, tranquilo, Sátur.

La gente tiene miedo.

Ese asesino destripa mujeres, nadie quiere enfrentarse a él.

-¿Has conseguido tú a alguien?

Cómo es el ser humano, Cipriano.

Qué egoísmo, qué asco. -No puedes culparles.

No todo el mundo es como Gonzalo. -No, eso desde luego no, olvídate.

-Iremos los dos.

Encontraremos al asesino tú y yo.

(PREGONERO) -¡Gonzalo de Montalvo es condenado a morir por asesinato!

La ejecución tendrá lugar mañana por la tarde...

-¿Has oído eso? Mañana lo matan.

Vamos, no hay tiempo que perder.

-¡Gonzalo de Montalvo es condenado a morir por asesinato!

La ejecución tendrá lugar mañana por la tarde

en la Plaza de la Justicia.

Gonzalo de Montalvo es condenado a morir por asesinato.

La ejecución tendrá lugar... -Sus dos pichones.

Y la paloma de regalo.

Total, no la quiere nadie.

-Gracias, hasta luego.

(Música melancólica)

-Señor.

He dicho hirviendo, Catalina, no caliente,

¿ya no sabes distinguirlo?

Sí, señor, se habrá enfriado, la volveré a calentar.

También necesito un tubo. ¿Un tubo?

Sí, de este grosor, hueco.

Como el que usáis para cebar los pavos.

Es que de eso no tenemos, señor. Pues consíguelo.

Sí, señor.

-¿Para qué quieres todo eso?

Para administrar una cura a alguien.

¿Administras curas en lugar de buscar a Irene?

¿Qué es lo que te pasa?

Cuando lo consigas, avísame. Sí, señor.

Catalina, mis botas de montar.

-Aún no están limpias, señor, pero en un momento están listas.

(MOLESTA) Y ahora un tubo.

Marta, por favor, mira en el cuarto de los trastos a ver si hay algo.

-El comisario me ha prohibido bajar al sótano del ala oeste.

-¿Cómo que te ha prohibido? -Sí.

Ayer me quedé hasta medianoche... -Chis...

(BAJITO) -...limpiando y creí oír al comisario en el sótano,

así que bajé por si necesitaba algo.

-¿Y qué hacía a esas horas en el sótano?

-Me dijo que si volvía a bajar

su voz era lo último que oiría el resto de mi vida.

-Virgen santísima. ¡Señorito Nuño, sus botas!

(Música de intriga)

(Crujido de ramas)

-Aquí no se puede estar.

-Por favor, es mi padre.

Padre... ¡Alonso!

¿Qué haces aquí? ¡Vuelve a casa!

No, tú no mataste a esa mujer, eres inocente.

No te preocupes, encontrarán al que lo hizo, es un error.

¿Sí? ¿Y cuándo lo encontraran? Mañana te van a matar.

No te preocupes.

Eres lo único que tengo.

Escúchame bien, saldré de aquí, te lo prometo.

Jamás te dejaré solo. Yo tampoco.

Ya es suficiente.

(Música de emoción)

Ya hace un día.

¿Y si nadie ha visto el mensaje?

¿Y si se ha perdido?

No sabemos en qué manos ha caído.

Puede que estén buscándonos, no podemos saberlo.

Si hubiesen encontrado la paloma ya estarían aquí.

Nadie va a venir a buscarnos, señorita.

Nadie.

Se acabó.

¿Qué hace? ¿Pero qué va a hacer, señorita?

¡Ayúdame! ¡Si nosotras no podemos salir, ellos no podrán entrar!

Unos muebles no les retendrán, echarán la puerta abajo.

Pues que entren, solo encontrarán dos bonitos cadáveres calcinados.

Espere, deme.

Deme la vela.

Corre aire, puede que dé al exterior.

(JADEA) Es nuestra última oportunidad para escapar.

Pero no sabemos adónde va, o si se estrecha,

podemos morir ahí sepultadas.

Señorita, ha estado a punto de quemarse viva,

creo que debemos correr ese riesgo.

Vamos. ¿Y el capitán?

No paran de salir y entrar. Vaya y busque ayuda,

yo le distraeré hasta el último momento.

No, Margarita. Escúcheme, señorita,

es nuestra última oportunidad de escapar de aquí.

Mi vida ahora depende de usted.

Vamos.

Deme.

(Movimiento afuera)

Viene alguien, vamos.

(Abren la puerta)

He oído ruidos, ¿estáis bien? Sí, sí...

¿Podríamos hablar en privado?

Ya que vamos a ser marido y mujer me gustaría saber algo más de ti.

Por supuesto. Por favor...

(EN INGLÉS) "Close the doors".

(JADEA ASUSTADA)

(Música de acción)

-¡Guardias, disparad, que no escape!

(Disparos)

(Música de intriga)

(Pasos)

(SAGRARIO) -Impresionante, no podría sentarte mejor.

-La juventud y las joyas se complementan bien,

supongo que lo habrá olvidado.

-Sí. El joven potro es veloz, pero va sin freno, querida.

Y sin freno puedes matarte.

Aunque tengas muchas joyas.

(CIERRA LA PUERTA)

-¿Qué hace? -Cerrar la puerta,

vamos a necesitar intimidad.

Ya no la queremos para nada. -¿Por qué ha hecho eso?

(SUSPIRA) ¿Sabes a qué me dedicaba yo antes, querida?

-¿Pero a qué está jugando? -Era actriz.

¿Y sabes lo que se me daba muy bien?

Los papeles dramáticos.

(Música de tensión)

¿Quieres verlo?

Sí, claro que quieres verlo.

(ASUSTADA) -¿Qué va a hacer con eso?

-Echarte de este palacio, querida.

(ATERRADA) -¡Ah!

(Golpe fuerte)

(JADEA) -¡No sigas!

(LEJANO) ¡No sigas!

¡No!

¡Déjame, déjame! ¡No, nooo!

(Golpe fuerte)

¡Basta, no!

¡No sigas, déjame!

-Señor, señor, parece doña Sagrario.

¡Déjame, no!

(Música de tensión)

-¿Madre? ¡Madre! ¿Se encuentra bien?

-¡Ay, hijo, ha intentado matarme!

(LLORANDO) Ha intentado matarme. -Yo no la he tocado.

Yo no le he hecho nada,

no le he hecho nada. -¡Sí! Sí, hijo, sí.

-Llama a un médico. -No he hecho nada.

(LLORANDO) -¡Sí, sí! -¡Zorra!

-¡Que no se acerque! -¡Eres una mentirosa!

¡Voy a matarte! ¡Voy a matarte! -¡No, hijo!

-¡Quieta!

No se te ocurra volver a acercarte a mi madre, nunca.

(Llanto de Sagrario)

-¡Ay, hijo, hijo! (LLORA)

-Ya llevamos dos horas buscando, ese hombre no está aquí.

(SÁTUR) Pues tiene que estar.

Y lo encontraré aunque deba levantar cada pedrusco.

-He cazado aquí desde niño,

ya habríamos visto un rastro. -¿Y?

¿Tienes un plan mejor, Cipri?

Que mañana ejecutan a mi amo, le van a matar como a un perro

y yo no voy a permitirlo. -A lo mejor...

Quizás hacia la zona de la sierra... -¿Y qué haría allí el asesino?

No puede haberse ido tan lejos.

-Esa sierra está llena de cuevas, podría haberse escondido en una.

¿Por qué no nos vamos de aquí? -¿Sabes lo que te pasa?

Que estás cagado de miedo como lo has estado toda tu vida.

-No tienes derecho a hablarme así. Yo quiero salvar a Gonzalo, como tú.

-Pues parece que quieras largarte para no encontrarte a ese hombre,

eso es lo que parece.

-Me salvó la vida, me dio un trabajo y un techo cuando no tenía nada,

así que sigue aquí, que yo me voy a las cuevas aunque sea solo.

-¡Espera, Cipri!

Que se me ha ido la cabeza.

Vamos a hacer una cosa, vamos a buscar a ese perro juntos

y vamos a agarrarlo con vida.

¿Eh, te parece?

Venga.

(Música de emoción)

-¡Eh, coño, que soy yo!

-¿Pero qué haces tú aquí? Podrías encontrarte con el loco ese.

-He venido a ayudaros. -Pues ayúdanos tirando para casa.

Y echando un ojo al Alonsillo,

que esto es un sitio muy peligroso para una mujer.

-Yo también soy amiga de Gonzalo, no me voy a quedar a verlas venir.

-Tiene razón, estaríamos pendientes de defenderte y no de buscarle,

no te puedes quedar.

-Pero yo quiero... -¡Llévatela!

Llévatela, nos vemos en las cuevas. -No te dejaré solo.

-¡Que tiréis para la casa!

Ea...

(Jadeos)

(FORCEJEA)

(Pasos)

Disculpe la espera, eminencia.

Confío en que haya aprovechado para orar y aclarar sus ideas.

Soy un alto cargo de la iglesia de Roma, comisario.

¡No podéis hacerme esto, os perseguirán!

(Arrastran un mueble)

Usted es alguien con muchos enemigos, eminencia.

Nadie sospechará jamás de mí.

No os atreveréis a tocarme.

Eso lo veremos.

(ATERRADO) ¡Ah, no, no!

(GRITA ABRASADO) ¡Aaah, aaah!

¡No, no, aaah!

¡Aaah!

Si en la mano es terrible, imagínesela en la garganta.

(AGUANTA EL DOLOR) ¿A quién se la vendió?

¡Yo no tuve nada que ver, comisario, nada que ver!

(TOSE)

No me dejáis otra opción, eminencia.

¡Ah! (GRITA AHOGADO)

(INTENTA GRITAR DESESPERADO)

-¿Es él?

Nuño, ¿qué haces aquí?

¡Vete, ahora mismo! ¿Es él, sí o no?

(Carga el arma)

¡Baja esa arma! ¡No!

¡Bájala! ¿Qué has hecho con ella?

¡Baja esa pistola! ¿La has matado o no?

¡No! ¡Nuño!

(JADEA)

¿Qué has hecho?

¿Qué has hecho?

(Música de tensión)

(Música de acción)

(Crujido de hojas)

(ESPERANZADA) ¡Ay! ¡Oiga!

¡Espere! ¡Menos mal!

¡Espere, nos han secuestrado! ¡Oiga!

(Música de tensión)

¡No, por favor, no! ¡Socorro, socorro!

-Volvamos a palacio, hijo.

No deberías haber venido.

(TRISTE) -¿Qué van a hacer con ella?

-Pues lo que hacen con toda la chusma: justicia.

-Hablé con el doctor y me dijo que intentaron envenenarla, madre.

Fue ella, ¿verdad?

-No te dije nada porque no estaba segura.

Hijo, no quería hacerte sufrir.

-¿Pero por qué? ¿Qué motivos podría tener para matarla?

-Por ambición, Jacobo, ¿qué, si no?

(SOLLOZA) -No lo entiendo, yo estaba de su parte.

Incluso casi la eché a usted de palacio.

-Si se casaba contigo se quedaba con todo,

yo solo era un obstáculo para ella.

-¿Cómo he podido ser tan idiota?

-No, hijo, no fuiste idiota, fuiste hombre.

Son conceptos que a veces se parecen.

Vámonos ya, hijo, vámonos.

Y la próxima novia que te eches te la busco yo,

de baronesa para arriba, que se le note el abolengo.

-Tienes que encontrarlo, Saturno, por Dios.

(Música de terror)

Hijo de mala madre...

(SUFRE ARCADAS)

¡Ah!

(JADEA) ¡No!

-Vas a ser el primer hombre que destripe.

-No, por Dios, no.

¡No!

(Flecha)

(Música de tensión)

(SUSPIRA ALIVIADO)

Vas a pagar por todo lo que has hecho.

(RÍE) Y tú vas a condenarla, vas a condenar a esa chica.

¿De qué estás hablando?

Una joven preciosa como un ángel, la cogí en el bosque.

¿Dónde está?

(RÍE)

¡Contesta! Solo yo sé dónde está.

Si me entregas, nunca la encontrarán con vida.

(JADEA NERVIOSO)

¡Aaah!

¡Soltadme! -¡Si su padre no aparece,

arderá toda la casa!

Una mujer está en peligro, debo encontrarla.

Van a invadir el sur de Portugal. -Me mandan a la guerra.

Está muerto. -¡No!

-Todo cambiará mañana, cuando tú y yo estemos casados.

-¡Que es usted un prófugo!

-Es el ejército del rey de las Españas, no puedes negarte.

-Si voy a la guerra, me matan.

(GIME DESESPERADA)

-¡Dejadme salir! -Es la hora, prended la casa.

-¡Es el criado, cogedlo!

-Él sabrá dónde está Irene.

(Golpes fuertes)

-¡El crío! -¡Soy el marqués de Santillana!

-Doña Margarita, que está en el castillo de Miranda.

No me entrometeré más en su vida.

(Golpes)

-La muerte es un alivio y quiero que sufras como he sufrido yo.

  • T5 - Capítulo 67

Águila Roja - T5 - Capítulo 67

07 nov 2013

Águila Roja y Sátur liberan a un peligroso asesino ya que es el único que les puede dar información sobre el escarabajo de ámbar. 

En palacio, Jacobo conoce a Ana, una humilde joven, y decide casarse con ella. Pero Sagrario no está dispuesta a permitir ese enlace. Cree que la joven solo busca el dinero de su hijo y hará todo lo posible para deshacerse de ella.

Mientras, el Comisario descubre que Irene nunca llegó al convento. Comienza a investigar la desaparición de su esposa y descubre que el Cardenal Mendoza está involucrado.

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