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No recomendado para menores de 12 años
Transcripción completa

(AC. INGLÉS) Soy el capitán Patrick Walcot.

Aquí parece que hay una inscripción. ¿Qué?

"Fontem Veritatis", la fuente de la verdad.

¡Oh!

-Loca me tienes con tu entrada. ¿Qué hace un inglés en las Españas?

Es la hija del conde de Abrantes. -La has matado tú. ¡Ah!

(Golpe seco)

-Organizaré unos juegos de concordia entre ingleses y españoles.

El rey Carlos no saldrá vivo de ellos.

-El conde de Abrantes nos odia. Nunca creerá que hemos matado

a su hija por accidente. Puede que la cerradura esté dentro.

¡Ah! ¡Sátur!

Esto está lleno de serpientes. ¡No te muevas!

Ahí abajo hay algo.

(ACENTO INGLÉS) Quizá más estimulante que una simple apuesta sea

que participe usted mismo en las justas enfrentándose a mí.

Es del capitán Patrick. Ah...

(HABLA EN INGLÉS)

Ningún criado ha visto salir a la hija de los condes de Abrantes.

¿Cómo puede ser?

Gonzalo, él es... Patrick, el capitán Patrick.

Me voy. Mañana he de madrugar, participo en la justa.

-Mi amo también.

-Este es el dibujo del toro de oro

con el que nuestro rey obsequiará hoy a Carlos II de Inglaterra.

Un hombre se esconderá en su interior.

Esa misma noche nuestro hombre saldrá sigilosamente del interior del toro

y dará muerte al monarca.

-Vente conmigo a Inglaterra. Esperaré donde nos conocimos.

-¿Ha metido ahí dentro el cuerpo? -¿Qué querías que hiciera?

Era la única forma de ocultarlo.

(PATRICK HABLANDO EN INGLÉS)

(Lanza hincándose en la carne)

(Relinchos)

Has ganado las justas.

La lanza que hirió al rey es la misma que Patrick

utilizó después contra mí. Creo que estaba envenenada.

(Gritos y golpes)

Hay que salir de aquí. ¡Quietos!

¡Maldito seas!

Por tu culpa el rey y mi cuñado están a punto de morir.

Sé cómo puedes salvarles.

(GRITA AHOGADAMENTE)

Amo...

¿Todavía nos quedan muchas bibliotecas por visitar?

Llevamos toda la noche de una a otra...

y tiro porque me toca.

So...

Pare, pare.

(SUSPIRA) Me están saliendo más almorranas...

que en un saco de nueces. En los libros que he consultado

no había una conexión fiable entre la llave,

la piedra que encontramos y los templarios.

¿Y el escarabajo?

Era un animal sagrado para los egipcios.

Ah... Es posible que los templarios

llegaran hasta Egipto con las primeras cruzadas,

pero solo son suposiciones. Pare, pare, que me estoy mareando.

Le agradezco una barbaridad todos esos conocimientos,

¿pero y nuestro tesoro? Quizá la piedra forme parte de él...

o no.

Y si por casualidad...

encontrásemos el tesoro, ¿cada piedra tendrá un bicho dentro?

Más que nada porque va a ser un lío sacarlos.

No tengo ni idea, Sátur.

(JADEA)

Sátur, viene alguien.

(Música de intriga)

Vamos...

¿Estos guiris no se habían ido ya? El rey de Inglaterra partió ayer.

Deben ser algunos rezagados.

Sigo pensando que el Águila debería haber dado un escarmiento

al imbécil del capitán inglés ese.

Le recuerdo que estuvo a punto de matarle.

Finalmente nos dijo qué veneno era. ¡Nos ha jodido!

Porque su cuñada se puso burra si no le habría dejado morir ahí,

como un perro.

Fíjese.

Llevan los carros cargados hasta los topes.

Seguro que nos han hecho un expolio del copón.

Serán armas o víveres. (RÍE) Claro.

O el acueducto de Segovia hecho cachos.

No se fíe, que estos ingleses son capaces de robarnos hasta el Peñón.

(PATRICK HABLA EN INGLÉS)

(Música de intriga)

Volvamos a casa.

¡Ah!

¡Amo!

¡Amo!

¿Otra vez te vas a montar?

A este paso me quitarás el honor de ser el mejor jinete de la villa.

¿Qué remedio me queda?

Si no hubieras intervenido ahora sería un héroe.

O estarías muerto.

Fuiste tú quien me enseñó a ser valiente.

Hay diferencia entre la valentía y la temeridad.

¿Qué te pasa?

Cabalgas hasta el anochecer y te juegas la vida sin sentido.

No me ocurre nada, solo que ya no soy un niño.

Puedes contarme cualquier cosa.

Te apoyaré.

(Pasos) Con permiso...

Buenos días, señor.

Su esposa me pidió que le recordara

que hoy tiene las jornadas de meditación

en el convento de las Descalzas Reales.

-¿Irene se ha ido? Estará fuera un par de noches.

¿La necesitabas para algo? No.

(Arañazos) -Permiso.

¿Qué es ese ruido?

No sé, señor.

Igual se ha metido algún bicho en la chimenea y no puede salir.

Parece que este palacio se está llenando de alimañas.

Buenos días, Sr. comisario.

Hace un día magnífico para desayunar fuera.

(Arañazos) ¿Le apetece acompañarnos?

¿No oye un ruido?

No, yo no oigo nada.

(Arañazo)

Ah, eso. Debe ser alguna rata, están por todas partes.

Pero a usted no debería preocuparle, trata todos los días con ellas.

No, yo no trato con ellas, yo las elimino.

Madre, lo ha oído. ¿Y si es la chica?

-Es normal que un animal merodee, al fin y al cabo hay un cadáver.

-Pero madre... -Es solo un estúpido bicho.

Tráeme un poco de agua, por favor.

(RESPIRA ENTRECORTADAMENTE)

-Por los pelos, amo,

porque tiene usted esos reflejos de gato que si no...

Esa daga iba directa al corazón.

¿Tiene idea de quién pudo ser? Supongo que algún bandido.

No le demos más vueltas, termina ya. De eso nada.

Ese embozado le atacó claramente.

No tengo enemigos, solo soy un maestro.

Algo habrá pasado, digo yo.

La gente no se levanta un día y dice: "Hoy mataré al maestro".

Trate de recordar.

Es que no hay nada que recordar. Nada, dice...

Ahí sí que le quedará un bonito recuerdo.

No entiendo nada.

Al Águila Roja muchos le guardarán rencor, pero a usted no.

¿Por dónde empezamos?

Por ningún sitio. Vale.

Déjalo ya. Con la boca, si no le importa.

¡Ah!

No se queje, que no es nada. Ah...

Bueno, tenemos esto.

Esto es algo, ¿no? Una daga. ¡Ah!

La puede tener cualquiera. No, cualquiera no.

Esto no es de un ladrón serio con estos lacitos aquí.

¿Quién va a robar con esto?

¿Se ha fijado que tiene un símbolo?

¿Lo reconoce?

No.

No lo había visto nunca.

(SUSPIRA)

(Música festiva)

No sabía que había fiestas en el barrio.

Es que no las hay.

¿Cómo harán para que no se les caigan las espadas?

-A mí esta gente que no da palo al agua

no me hace mucha gracia.

-Cipri, son artistas.

-Sí, a cualquier cosa le llaman artista ahora.

Una panda de vagos, eso es lo que son.

-¡Padre, mira!

-Los recuerdos que me trae el verles... (RÍE)

Conocí a una contorsionista, hacía unas cosas más raras...

Subía una pierna, la retorcía, subía la otra y se le veía ahí...

Nos hacemos una idea.

Quiero decir que hacía cosas muy artísticas.

-Cómo lo están poniendo todo, después a ver quién lo limpia.

-Joder, Cipriano. Desde luego eres más de entierros que de fiestas.

-Esto se pega al suelo y luego no hay quién lo quite.

(EL ELEFANTE BARRITA)

-¡La madre que me parió! Si es... -Un elefante.

-¡Un elefante!

(EL ELEFANTE BARRITA)

Es un elefante asiático.

¿Asiático?

¿Cómo sabe usted eso? Si no lleva los ojos achinados.

El asiático es un poquito más pequeño que el africano.

Además tiene la espalda un poco más curvada.

Solo los machos tienen colmillos.

¿Puedo acercarme a tocarlo? No, hijo.

Podría ser peligroso.

Menuda trompa, ¿eh?

¡Quién la pillara, Cipriano! (RÍE)

-Sería mejor que nos metiéramos en casa.

Se está acercando mucho, ¿no? Sería mejor meternos para casa.

-Entra, yo... Qué bonito...

(RECUERDA) "Una daga la puede tener cualquiera.

No, cualquiera no.

Esto no es de un ladrón serio, con estos lacitos aquí".

(Cantos gregorianos)

-Ave María Purísima. -Sin pecado concebida.

-¿En qué has pecado, hija?

No hay nada que Nuestro Señor no pueda perdonar.

-He matado a una joven... (SOLLOZA)

Pero ha sido un accidente,

ha sido sin querer. Yo no quería, padre.

-Eso es un pecado muy grave, hija.

Aunque le imponga una penitencia lo llevará siempre consigo.

-Ayúdeme, padre.

Ayúdeme, por favor.

-Rece con fervor todos los días y arrepiéntase de corazón.

Que Dios la ayude. "Ego te absolvo a peccatis tuis

in nomine Patris et Filii et Spiritus Sancti".

(LOS DOS) Amén.

Ave María Purísima.

Perdona, hijo, pero eso debería decirlo yo.

No en este caso.

He venido a escuchar.

Soy su confesor.

¿Cómo? Quiero saber qué le ha dicho

la mujer que ha salido de aquí. Lo siento.

Estoy bajo secreto de confesión.

Quizá debería replantearse su respuesta.

Pero...

estaré condenado para siempre.

Tendrá que decidir quién prefiere que sea su verdugo:

Dios o yo. No puedo hacerlo.

Estoy seguro que desea reunirse con el Señor,

pero quizá no tan pronto.

¿O sí?

Amo, la que ha liado el elefante. Ha dejado una boñiga en la calle

que si se cae mi Gabi dentro no lo encontramos.

Ahí he dejado a Cipriano con la pala, le ha dado ahora por la limpieza.

Se va a tirar ahí todo el día. (RÍE)

¿Pasa algo?

Fíjate en el símbolo.

Todos los artistas lo llevaban en las mangas de sus ropas.

Me atacó uno de ellos.

Eso que dice no tiene ni pies ni cabeza.

¿Por qué querría atacarle a usted un artista ambulante?

Si ni siquiera le conocen, que acaban de llegar a la villa.

No lo sé. ¿Usted ha sido artista alguna vez?

Digo en sus vidas pasadas, cuando hizo tantas cosas.

Esta vez estoy tan sorprendido como tú, Sátur.

La madre que me parió. ¿No tiene usted un enemigo que no sea normal?

Ahora un saltimbanqui,

o lo que es peor, un traga-fuegos.

(Golpes en la puerta)

¿Gonzalo de Montalvo? Soy yo.

Gracias.

¿De quién es?

Ahora lo sabremos.

¿Malas noticias, amo?

¿Amo?

-¿Qué le pasa?

¿Se ha muerto alguien?

-Es de Margarita.

"Querido Gonzalo, Te escribo esta carta

porque no tengo el valor de decírtelo cara a cara.

Me voy con el capitán Patrick a Inglaterra,

a empezar una nueva vida.

Creo que es lo mejor para mí.

Espero que no me guardes rencor.

Despídeme de todos.

Un abrazo".

Se ha ido con el inglés. -¿Así, por las buenas?

-Me cago en mi negra estampa, Cipriano.

¿Qué leches pasa en esta casa?

¿Por qué no puede salir algo bien?

(GIME)

¿Dónde estoy?

(Se abre una puerta)

¡Sácame de aquí! ¡Sácame de aquí!

Era la única manera de que vinieras conmigo, lo siento.

Sácame.

Por favor, sácame de aquí. Por favor, tengo una familia.

Por favor...

He enviado una carta en tu nombre a tu cuñado.

Era una carta de despedida. ¿Cómo?

Probablemente ya la haya recibido. No...

No. Van a venir a rescatarme.

No van a parar hasta encontrarme. Gonzalo no creerá que escribí eso.

En el ejército tenemos gente especializada

para copiar cualquier letra. La tuya la han copiado de esta nota.

¿Pero qué quieres de mí?

Margarita...

Yo jamás pensé que sería capaz de hacer nada parecido, pero...

(TITUBEA)

No podía no volver a verte.

Pero si no me conoces. Ojalá hubiera tenido tiempo

de hacer las cosas de otro modo, pero no había otra opción.

¿De qué hablas?

Ya te lo dije.

Quiero que vengas conmigo a Inglaterra.

(SUSPIRA) No. No, yo no voy a ir contigo a ningún sitio.

Dame la oportunidad de demostrarte que todo lo que digo es cierto.

Me has secuestrado.

Margarita, tú... Tú aprenderás a quererme.

No. Estoy seguro.

¿Por qué me haces esto?

Ahora no estás preparada y es normal, pero lo estarás.

Créeme.

No...

Jamás. ¿Me oyes?

Jamás.

Podrás forzarme todo lo que quieras,

pero para mí lo que eres y serás siempre es mi carcelero.

Cambiarás de opinión,

ya lo verás.

Te darás cuenta que nadie nunca te querrá tanto como yo.

-No encontramos a la hija del conde de Abrantes.

¿Habéis mirado en el jardín? Hay que comprobar si han removido tierra.

Pueden haberla enterrado. Hemos mirado palmo a palmo.

Es la tercera vez que registramos el palacio.

Como si tienes que registrarlo cien veces.

El cadáver de esa chica está aquí y lo necesito.

(Pasos)

Perdón, señor. Venía a poner estas flores.

Ay...

Qué gusto, por fin, qué silencio.

¿A qué te refieres? No, a que... A que qué bien,

que ya no sale ese ruidito que venía de la chimenea.

Se ve que la rata se ha muerto o ha encontrado por dónde salir.

Señor, disculpe. ¿He dicho alguna inconveniencia?

(RECUERDA) "Los criados no han visto salir a la hija del conde.

¿Y eso cómo puede ser?

Cuando termine de interrogar al mozo y al jardinero estaré seguro".

La hija del conde de Abrantes murió aquí.

Señor, ¿qué hace? -¡Pare!

¡Pare! ¡Pare inmediatamente! ¡Pare!

Estoy cazando una rata. Le exijo que se detenga,

es mi palacio.

¡Usted no va a derribar esto! ¡Apártala de aquí!

¡No! ¡No! ¡No! -Señora...

No...

¡No!

¡Suelte!

(Música de tensión)

(Canción melancólica)

(JADEA)

(SUSPIRA) -Yo me voy a dormir.

Buenas noches, hijo. Buenas noches.

Padre...

Se ha ido porque ha querido, tú no tienes la culpa.

-Si es que esto no puede seguir así.

Esto parecía la última cena pero sin vino.

Si quiere podemos cogernos una cogorza de tres pares de narices.

Pero diga usted algo, ¡por Dios!

¿Qué quieres que diga? ¡Pues no lo sé!

Cualquier cosa menos quedarse ahí empantanado mirando el cuenco.

Prefiero no hablar del tema, Sátur.

No, claro, no quiere hablar del tema. Prefiere escalabrarse por el monte.

Ha llegado el caballo echando espumarajos por la boca.

"Si quieres podemos pasarnos toda la noche dándole vueltas.

Margarita no va a volver.

No caímos en la cuenta que lo del inglés iba en serio".

Estamos a demasiadas cosas.

Yo sí me di cuenta.

¿Cómo?

Oí cómo le pedía que se fuera con él a Inglaterra.

¿Y no hizo usted nada?

"Tenía que haberle reventado el alma al inglés ese".

¿Y de qué hubiera servido? Pues no lo sé,

pero hacer la tortuga tampoco le sirve a usted de mucho.

Se mete usted para dentro y no hay quien le saque.

Nunca creí que se iría con él.

Hola. Hola, Gabi.

Hijo. -¿Está Alonso?

Está en la habitación. ¿Tan pronto?

Es que me dijo lo de su tía Margarita y...

No sé, quería ver cómo estaba.

Alonso se alegrará de verte.

No creo que esté durmiendo.

(Disparo) (GABI GRITA)

(Música de acción) -¡Gabi!

Hijo...

¿Gabi, estás bien?

(Pasos)

(Cerrojo)

¡Ah!

¡Ah!

(Se cierra la puerta con llave) (SOLLOZA)

¡Ah! ¡Ah! No, tranquila.

Tranquila, no voy a hacerte daño.

Tranquila.

¡Señorita Irene! ¿Pero qué hace usted aquí?

No lo sé.

No lo sé, no lo sé...

-¿Se pondrá bien?

Sí, hijo.

Es una herida superficial, la bala solo le ha rozado.

Ahora tiene que descansar y tú también.

Venga.

Lo mato, amo.

Si pillo al que le ha hecho esto a mi hijo, lo mato.

Tranquilízate. Ni tranquilízate ni leches.

Lo mato sin pestañear, se lo aviso.

Esa bala iba dirigida a mí.

Querían matarme, Sátur.

Vi el cañón de la pistola apuntándome antes de disparar.

Tenías razón. ¿Y de qué me sirve tener razón?

¡Si casi tengo que enterrar hoy a mi hijo!

Debí tomar más precauciones.

Pues claro que sí, en lugar de estar por ahí reconcomiéndose por dentro.

¿Total para qué?

Lo siento. No, no, no, no.

No, no me sirve, amo, no me sirve.

Está haciendo las cosas muy mal.

Lo sé.

(GOLPEA LA MESA) ¡Pues céntrese!

Que va a acabar muerto.

¿No se da cuenta de que ese hombre no parará hasta que le mate?

(SUSPIRA)

Perdóneme por haberle gritado, tengo los nervios destrozados.

No tienes de qué disculparte, Sátur.

Tenemos solo una daga y nos lleva al campamento ambulante.

Por ahí no va a encontrar nada.

¿Por qué?

Porque esa gente es muy suya,

es como una familia.

No sueltan prenda si no eres del gremio.

Alguien ha intentado matarme dos veces.

No habrá una tercera.

Otra... (TOSE Y ESCUPE)

Ah... -Madre, ¿se encuentra usted mejor?

-Sí, sí...

-No sabe usted el susto que me ha dado.

La próxima vez a ver si tenemos más cuidado con los sedantes.

(SUSPIRA) -Llevo algunos días sin dormir, hijo.

Yo la encerré ahí dentro.

La encerré ahí dentro... y ahora no está.

Va a venir a por mí. -Tranquilícese.

¿Pero qué hace usted con esto? ¿Se ha vuelto loca?

-Tengo que defenderme.

-Precisamente yo de eso quería hablarle.

Hay una explicación más sencilla de todo esto.

La chica probablemente no estaba muerta

y consiguió salir de la chimenea.

-¿Y si le cuenta a su padre que la emparedé en la chimenea?

Vamos a acabar en la horca.

-Estaba herida. Tiene que estar cerca. Voy a salir a buscarla.

Confíe en mí, madre. Voy a encontrarla.

-Pero si la encuentras tendrás que matarla.

-Haré lo que tenga que hacer.

-¿Qué hace aquí?

Están reparando la chimenea. Eso no disculpa su comportamiento.

Estoy pensando seriamente en echarlo de mi palacio.

(CIERRA LA PUERTA) Sé lo que hizo.

¿Cómo dice?

A uno le entran remordimientos por sus pecados,

va al confesionario y abre su corazón a Dios

creyendo que es el único testigo de su maldad.

Pero no es así. El cura me lo contó.

Tarde o temprano aparecerá el cadáver y todo acabará.

No sé de qué habla. He venido a darle la posibilidad

de que usted y su hijo se salven de la horca,

pero todo tiene un precio en la vida.

Quiero que desaparezcan,

que Nuño vuelva a ser el marqués de Santillana.

Si accede a eso, el cadáver no aparecerá nunca, se lo garantizo.

¿Pero quién se ha creído que es para acusarme así?

No tiene nada, ¿me oye? ¡Nada!

¡Fuera de mi habitación! ¡Fuera!

Ha tomado la peor de las decisiones posibles.

(Música de intriga)

(CHICA RÍE)

¿Siempre tienes tan buena puntería?

-Y lo que tú no sabes. (LOS TRES RÍEN)

Te esperamos en el cuarto, guapo.

Se acabó la función. ¿Es tuya?

¿Por qué quieres matar a Gonzalo de Montalvo?

No sé de qué me habla. Te hablo del hombre

que quisiste matar con esa daga. Me robaron ese cuchillo, yo no fui.

No sé quién es ese hombre. ¿Por qué debería creerte?

Por favor, suélteme. No sé quién es Gonzalo de Montalvo.

Por favor, se lo juro, suélteme.

(Música de tensión)

-¡No! (DISPARA)

¡Oh! ¡Oh!

-Íbamos en mi carroza hacia el convento y nos detuvimos.

Vinieron unos embozados y me sacaron a empujones.

(SOLLOZA) El resto ya lo sabes.

Pero no le habrán hecho nada. ¿Verdad, Srta. Irene?

¿Eh? No.

¿Pero entonces a mí también me llevan a Inglaterra?

Ojalá lo supiera.

No lo entiendo. ¿Por qué nos han cogido? ¿Por qué?

A usted no lo sé.

(Se abre la puerta)

¿Qué pasa?

¿De qué habláis?

¿Por qué la señalabas a ella? Margarita, esto no te concierne.

¿Por qué nos tienes encerradas? No hemos salido del país.

Tenía órdenes de esperar en este castillo.

Y ahora sé por qué. Al parecer la esperábamos a ella.

-¿A mí?

¿Qué quieren de mí? -Eres para el rey de Inglaterra.

Margarita, lo siento.

Yo no sabía nada.

-¿Me han secuestrado para ser la amante del rey?

Quítese la ropa, señorita.

¡Venga, rápido!

¿O quiere acabar en la cama del rey? ¿Para qué la necesitas?

Haré una cuerda para salir por la ventana.

Prefiero morir a enfrentarme a lo que me espera.

Vamos.

Catalina...

Catalina... (SOLLOZA)

-¿Qué ha pasado, madre? ¿Por qué ha disparado a la criada?

-Yo... -¿Por qué? ¿Qué ha hecho?

-Fue un accidente.

-Señora, tiene que llamar a un médico.

Por favor, Catalina se está muriendo.

-Sacadla de aquí. No quiero que se muera en mi palacio.

-Pero señora, si la movemos se desangrará.

-Ya me habéis oído. ¡Sacadla de aquí!

¡Venga, fuera!

-Con cuidado. Cuidado...

¿Qué ha pasado?

A la señora se le disparó la pistola.

¿Ahora se dedica a cazar criados de madrugada?

No, oí ruidos y creí que era un ladrón.

-Se trataba de una vulgar sirvienta. Los nervios juegan malas pasadas.

Fue un accidente. No busque donde no hay nada.

No hay nada por ahora.

Es cuestión de tiempo que encuentre el cadáver de la hija del conde,

y cuando lo haga sus cabezas rodarán por la plaza de la villa.

Me voy a dormir. Espero que puedan conciliar el sueño.

¿Aguantará? Pues no lo sé.

Voy a hacerlo.

No va a resistir.

Hay mucha distancia hasta el suelo. No hay otra manera.

Te matarás.

Será mejor destino que el que me espera en Inglaterra.

No tienes por qué arriesgar la vida. Déjame ir primero.

No, iré yo.

Soy tu señora y te lo ordeno.

Ahora somos iguales.

Voy a ir yo, señorita.

Suerte.

(Se abre la puerta)

(SE DESPEREZA)

¿Qué ha pasado, amo?

¿Ha descubierto quién era su asesino?

(SUSPIRA) ¿Qué tal está Gabi?

Mejor, mucho mejor.

(CARRASPEA) ¿Lo ha encontrado o no?

No.

Creía que era el lanzador de cuchillos pero me equivoqué.

Le he estado interrogando pero no es él.

Lo tengo retenido.

¿Qué va a hacer usted ahora?

Acercarme al lugar donde están acampados los artistas.

Muy bien.

Muy bien, así podrá espiarles...

y mirarles bien a la cara. A lo mejor le suena alguna.

No, lo que quiero es que sean ellos los que me vean a mí.

Ahora sí que me he perdido, amo.

No voy a ir vestido como Águila Roja,

sino como Gonzalo de Montalvo.

¿De maestro?

¿Pero usted ha perdido la chaveta? ¡Lo van a reconocer!

Eso es lo que quiero, encontrarme cara a cara con el asesino.

¡Pero que se lo va a poner a huevo!

Eso es como... si un cordero entra en una "carnecería", no sale.

Sátur, el asesino ya ha entrado en mi casa.

No puedo perder más tiempo. Tampoco se meta en la boca del lobo,

solo falta que le diga dónde quiere que le clave el cuchillo.

Si yo me acerco a él alejo el peligro de los míos.

¿Pero no se da cuenta de que se pondrá usted de cebo?

Lo sé.

Ese plan no tiene ni pies ni cabeza.

Cuando le vea su asesino se lo carga, con las ganas que le tiene.

Sátur, te recuerdo que han estado a punto de matar a tu hijo.

Quien me quiera matar que me mate,

pero en su terreno,

lejos de mi casa.

¿Y Catalina?

¿Qué ha pasado?

-La señora... se le disparó la pistola. Fue anoche.

-¿Cómo está?

-Mal.

-¿La ha visto un médico?

-No.

-¿Por qué?

¿Entonces qué hace aquí en la calle?

-La he tenido en el cuarto de criados hasta ahora,

he intentado cuidarla, pero me han obligado a sacarla.

(SOLLOZA)

(LLORA)

-¡Comisario! Tiene que hacer justicia.

La han disparado. ¿De qué hablas?

Ni siquiera han llamado a un médico, la han echado de palacio.

Ah, la sirvienta.

Va a morir. ¿No va a hacer nada?

Para la ley la vida de esa sirvienta vale tanto como la de un perro.

Cipri...

¡Cipri!

¡Cipri!

-Amo, aún estamos a tiempo de dar la vuelta.

Se ha venido usted a cuerpo gentil, sin catana ni nada.

Sé lo que me hago.

Si se hubiera metido un par de estrellas en la entrepierna...

Tú no te separes de mí.

¿Has traído todo lo que necesitamos? Sí.

Menuda idea la suya, hacerse pasar por artista.

Necesitarán un lanzador de cuchillos.

El otro estará fuera un tiempo.

Ay...

Con esa cara de culto que me tiene no cuela como artista.

Vamos a hacer las cosas bien.

Mire... Le he traído este chaleco mío que guardaba de mi época de actor.

No hace falta.

Hágame caso que conozco perfectamente todo lo de la farándula.

Espera, espera.

A ver si le sirve de... de hechura.

¿Esto qué es? ¿De bufón?

(RÍE) Eh...

Perfecto. Ahora sí que sí. Venga, vamos.

-¡Todavía no han limpiado esto! -Tranquila.

-Ordenaré que azoten a los criados. -¿Qué importa eso ahora?

Madre, ¿por qué no aceptamos la oferta del comisario y nos vamos?

-¿Pero qué estás diciendo? -Yo prefiero la vida al título.

-Me he partido el alma para llegar hasta este palacio

y me tendrán que sacar con los pies por delante y tú...

estarás aquí conmigo, hasta el final.

-Madre, estoy harto de que decida todo por mí.

No está en sus cabales, ha matado a una persona

y ha disparado a otra. -Obedéceme, eres mi hijo.

-No pienso dejar que nos ejecuten. Voy a hablar con el comisario.

-He tragado mucho para estar aquí.

No pienso volver a la miseria de antes, ¿me has entendido?

Si solo encerrándote no hablarás con el comisario, te encerraré.

No lo dudes,

hijo.

(Pasos)

Madre, nunca me había hablado usted así.

(Música tensa) ¡Ah! ¡Socorro!

¡Socorro!

(LE DA FUERTE CON EL JARRÓN)

(Música festiva)

Tienen todos unas caras de asesinos...

¿Quién es el jefe aquí?

Yo.

Busco trabajo. ¿Qué sabes hacer?

Lanzo cuchillos.

Yo con...

-Oye, ¿Bernardo ha vuelto ya?

Otra vez borracho, como siempre.

Muy bien, sorpréndeme.

Colócate aquí.

¿Yo? Sí.

Te aviso que somos muy exigentes. Actuamos en las mejores casas.

Sátur, véndame los ojos.

¿Cómo?

No te preocupes.

¿Quiere usted que le deje una rendijita para que vea algo?

No.

(LE LANZA LA MANZANA)

(SONRÍE) (EL DIRECTOR SE SORPRENDE)

Colócate y ponte esto en la cabeza.

¿No tendrá usted un melón?

(SUSPIRA)

¡Pare, pare, pare! No lance todavía.

(ALONSO JADEA)

¡Alonso! ¿Qué haces?

(SOLLOZA) No va a volver.

Hijo...

Tu tía ha tomado su propio camino.

Aunque no la entendamos tenemos que respetarla.

Déjame ver.

Algún día tú también te irás.

Sí,

pero por lo menos me despediré de los míos.

¿Por qué ni siquiera me dijo adiós?

Hijo, tu tía te quiere tanto

que ni siquiera ha tenido fuerzas de despedirse de ti.

Perdón si... interrumpo.

Nos va a costar recuperar al chico. (SUSPIRA)

Tiene tela cómo nos ha dejado de doblados la Sra. Margarita.

Ella tiene derecho a vivir su propia vida.

Sí, amo, pero las cosas no son así.

Esto ha sido como un hachazo.

Usted también le ha echado unos bemoles con los artistas esos...

¿Por qué?

¿Cómo que por qué?

Si casi me clava un cuchillo en toda la mollera

y encima con los ojos tapados.

Y con su asesino rondando, que no me he cagado de milagro.

Había demasiada gente para que intentara matarme.

Esperará a que esté solo.

Me han dejado esta nota en la puerta para usted.

No puede ser.

No me asuste, amo, por Dios. ¿Qué pasa?

Ya sé quién quiere matarme.

¿Quién es? ¿Lo conoce?

Mi hija.

¿Su hija?

(Música de intriga)

Me han dicho que me ha mandado llamar.

En efecto.

Siéntese, por favor.

Me gustaría hablar con usted. Estoy bien de pie.

No será una conversación larga. Este palacio es muy grande.

¿Por qué no podemos convivir en paz?

Prefiero la soledad a la mala compañía.

Usted sabe que yo le puedo ser útil.

Esa es la base de nuestra relación.

Soy comisario de esta villa.

Los asesinos pagan por sus crímenes, en eso no tengo preferencias.

Soy un hombre de honor. Ni yo pienso pedírselas.

Pero no tiene ni asesino ni cadáver. ¿Por qué no olvida el asunto?

Usted sabe que puedo tener muy mala memoria.

Márchese del palacio y no vuelva nunca.

Está bien, usted gana.

Nos iremos de aquí mi hijo y yo.

A su salud, comisario.

(Música de suspense)

¿Con qué veneno pensaba matarme? Los asesinos necesitan sangre fría.

He visto la ansiedad en sus ojos.

¡Señora!

Se han llevado al Sr. Jacobo. (LE CAE LA COPA) -¿Cómo?

-Lo han secuestrado.

-¿Qué ha hecho con él? Yo no tengo nada que ver.

¡Devuélvame a mi hijo! ¡Devuélvame a mi hijo!

Me temo que esta vez tendrá que resolverlo usted sola.

(SAGRARIO SOLLOZA)

No puede ser.

¿Ahora le sale a usted una hija?

¿Me quiere matar?

Encima eso.

¿Por qué no me dijo nada? Si llego a saber que tengo una hija

me hubiera ocupado de ella. Eso seguro.

Usted no es de los que escurren el bulto.

A lo que se ve su madre no le habló muy bien de usted.

¿A quién he podido hacer tanto daño que quiera matarme?

Usted es incapaz de hacer daño a nadie.

Por eso pongo la mano en el fuego y...

lo que haga falta. Me odia.

Tengo que hablar con ella.

Pues lleve usted cuidado.

No baje la guardia porque sea su hija.

Me parece que no quiere tener una conversación amistosa con usted.

Tengo que encontrarla.

¿Quiere que hagamos un "cocri"?

Eche la vista atrás y haga números.

¿Qué números quieres que haga? Verá, si la cuenta es muy fácil.

Desde que estoy a su servicio solo se ha encamado con la Eva esa

y fue hace cuatro días, como quien dice.

Sátur, yo también tengo un pasado.

Todo es posible.

Usted antes de casarse con la Sra. Cristina,

digo que alguna vez pues... ¿No?

(Llaman a la puerta)

Perdón, no sabía a quién avisar. Marta, ¿qué ha pasado?

Se han llevado al Sr. Jacobo y creo que ha sido Cipri.

Se ha puesto como loco con lo de Catalina.

¿Qué ocurre con Catalina?

(SOLLOZA) "La" han disparado.

Está muy mal.

(LLORA)

-¡Vamos!

¡Camina!

-¡Ah!

Es el conde de Abrantes, ¿verdad? No queríamos, fue un accidente.

Yo no quería matar a su hija. -Yo estoy aquí por Catalina.

Ni siquiera llamasteis a un médico. -¡Ay!

-Dejasteis que se desangrara. -¡Ah! ¡Ah!

Por favor, no me haga daño.

Le daré todo lo que me pida, por favor.

(GIMOTEA) Por favor...

No, no...

(LLORIQUEA) No, por favor.

-Me has quitado lo que más quería. -No, no, no, por favor...

(LLORIQUEA) Por favor...

(Hachazo)

(LOS DOS LLORAN)

-Cogedlo.

¡Matadlo! ¡Lo quiero muerto!

(Espadazos) -¡Ah!

Inglaterra estará muy lejos.

Y rodeada de mar.

Pues va a ser difícil escapar de allí.

Imposible.

(LLORA) Voy a ser la puta del rey inglés.

Mi destino no va a ser mejor que el suyo.

Yo voy a ser la querida de un capitán.

Pero al menos él está enamorado de ti.

Te respetará y te dará todo lo que pidas.

Yo no busco una vida de lujos.

Quizá desde su condición de noble es difícil de entender. (SUSPIRA)

Perdona.

Solo quería darte ánimos.

Nuestras vidas van a cambiar a partir de ahora.

Tenemos que asumirlo.

Mi marido no va a llorar mi marcha.

Me reemplazará fácilmente por otra.

Ni siquiera pude decirles adiós...

y no volveré a ver sus caras.

(Se abre la puerta)

Para ti, de parte del capitán Patrick.

(Se cierra la puerta)

¿No vas a abrirlo?

No quiero nada de él.

Es un vestido de novia.

-La han matado.

La han matado. -Todavía tiene pulso, Cipri.

Hay que tener esperanza.

(Se abre la puerta)

¿Ha encontrado a un médico? No. ¿Cómo está?

Hay que sacarle la bala antes de que se infecte.

Conozco a un barbero.

¿Cuánto tiempo nos queda? No, Sátur.

Hay que hacerlo ya.

Sátur, calienta la punta del cuchillo al fuego.

Sí. Lo haré yo.

Sálvala.

-Aquí tiene, amo.

Gracias.

Sátur... ¿Qué?

La bacinilla.

Sí.

Cipri, trae alcohol y trapos limpios.

¡Cipri! Alcohol y trapos limpios. Sí.

Sátur, tú quédate. Voy a volver, tengo que encontrar a mi hija.

Voy con usted. Su hija ha estado a punto de asesinarlo dos veces.

Cipriano cuidará de Catalina.

-¿Y te ha soltado? -No lo sé,

tenía una venda en los ojos. He oído ruidos de pelea

y cuando me la he quitado he visto a unos guardias muertos.

-Ay, hijo mío.

¿Y esto qué es? -Nos vamos, madre.

Desde que hemos llegado solo nos han ocurrido desgracias.

-No, hijo, no... -Madre, yo era mucho más feliz antes.

-No, Jacobo. ¡Jacobo!

Mis hombres la han encontrado esta noche en el bosque.

Quizá esta habitación la ayude a recordar algo.

¿Recuerda algo?

Yo a usted la conozco.

(MARTA) -Lo siento, no he podido detenerla.

-Yo estaba furiosa.

Discutimos. ¿Por qué?

(SAGRARIO) ¿Pero qué dice, señorita?

-No me acuerdo.

¿Le golpeó o le hizo algo?

No me acuerdo.

Mire esa chimenea.

¿Recuerda haberla visto antes?

No me acuerdo de nada, lo siento.

Llevadla con su padre, necesita descansar.

Sí, señor.

Señorita...

Sagrario. Ya se lo dije, comisario.

No tenía nada,

ni asesino ni cadáver.

Nunca se fíe de un sacerdote que revela el secreto de confesión.

Hijo...

(JADEA)

-¿Cómo va a reconocer a su hija?

No lo sé.

Si ha salido a la madre y no sabe quién es...

lo llevamos chungo.

No creo que haya tantas mujeres entre los artistas, Sátur.

Vamos.

(EL ELEFANTE BARRITA)

(Música tierna)

¿Y si es la china?

Quédate aquí.

Has vuelto.

Abandonaste a mi madre. Por tu culpa se quitó la vida.

¿Quién es tu madre? Zoulin.

¿Zoulin?

(DISPARA) -¡No!

(EL ELEFANTE BARRITA)

No eres mi hija, no puedes serlo. Nunca me acosté con tu madre,

¡jamás la toqué!

(Se abre la puerta)

Acompáñenos. ¿Qué hacéis?

¿Adónde? ¿Qué pasa? ¿Qué quieren?

¿Adónde me lleváis? ¡Suéltenla!

¡Margarita! ¡Suéltenla! ¡No!

¡Dejadme!

¿Qué harán con ella? No te preocupes, no le harán daño.

¿Dónde la llevan?

Solo quería estar a solas contigo.

¿Para hacerme qué?

Nada, no soy de ese tipo de hombres. No tienes nada que temer.

¿Has visto el vestido?

¿Qué pretendes?

Quiero hacer las cosas bien contigo, Margarita.

¡No voy a casarme contigo!

Buscaré un cura.

Nos casaremos en este mismo castillo,

cuando lo tenga todo preparado.

Quiero que lleguemos a Inglaterra como marido y mujer.

Nos conocimos cuando trabajaba en una casa de comidas.

Yo acababa de llegar a China y ella me ayudó mucho.

Nos hicimos muy buenos amigos.

Llevo años buscándote y al final...

no eres mi padre.

Puedes quedarte en mi casa si quieres.

Tengo que seguir buscando. Prefiero seguir mi camino.

La venganza nunca ayuda a sentirnos mejor.

Te lo digo por experiencia.

Adiós.

Adiós, Cheng.

Pobrecilla, el viaje que se ha pegado para nada.

Vete a casa.

Luego voy yo.

Si hombre, como para dejarlo a usted aquí solo.

Igual se le cruza un mal pensamiento y se tira por un risco.

¿Seguimos investigando lo de la piedra con el escarabajo?

Más vale pensar en el trabajo y no darle vueltas a lo irremediable.

Vete a casa.

Solo le digo que si se pone usted con un enigma,

seguramente se le irá de la cabeza la Sra. Margarita.

Lo único que deseo es que sea feliz allá donde esté.

¿Inglaterra queda muy lejos?

¿Por? Porque podríamos coger al chiquillo

y plantarnos allí para buscar a la señora.

Sátur...

Empezamos por Canterbury mismo,

como no sabemos dónde está... Y si la vemos, disimulamos.

"¡Coño! Doña Margarita, ¿qué hace usted aquí?".

Igual su cuñada se replantea las cosas.

Hay que empezar a olvidarla, Sátur.

La piedra es la llave del tesoro más grande que se ha conocido.

Libérame y te llevaré hasta él. No pienso sacarte de aquí.

Nunca me casaré contigo, ¿me oyes? Nunca.

Hola, soy Jacobo, el marqués de Santillana.

-¿Qué haces presentándote a la criada?

El carruaje de Irene apareció en tus tierras.

¿Quién la atacó? Arrancadle los dientes hasta que confiese.

(LE PATEA)

Estamos encerradas en este castillo en mitad de la nada.

Esa dignidad tuya no nos llevará a ningún sitio.

(GRITA) -¡Eh!

-Te casaste con ella por su dinero. ¡Basta ya!

Margarita se ha ido con el inglés y eso tiene que dolerle.

Se los imagina ahí tocando la gaita.

(DA UNA PATADA A LA PARED)

Moriremos sepultadas. Es la última oportunidad.

¡Madre! ¿Qué hace aquí?

-¿Qué has hecho con ella? (DISPARA) ¡Nuño!

(LE GOLPEA)

¡Ah! ¡Vete!

¡Amo, le sacaré!

No conoces a las mujeres españolas. No nos sometemos tan fácilmente.

  • T5 - Capítulo 66

Águila Roja - T5 - Capítulo 66

31 oct 2013

Alguien intenta matar a Gonzalo coincidiendo con la llegada a la villa de una compañía de artistas ambulantes. Sátur no entiende quién querría acabar con la vida de un simple maestro. 

Mientras, Margarita es retenida por los soldados ingleses. El capitán Patrick le informa de que va a llevarla con él a Inglaterra. La joven, desesperada, cree que su familia la buscará, pero el capitán ha pensado en todo y no ha dejado ningún cabo suelto.

En palacio, el Comisario descubre que Sagrario asesinó a la hija de los condes de Abrantes. Está dispuesto a llegar a un acuerdo si Jacobo renuncia al marquesado de Santillana. Pero antes deberá encontrar el cadáver de la joven.

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