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2002171
No recomendado para menores de 12 años
Transcripción completa

¿Qué ha pasado aquí? ¡Un dragón!

-¿A quién pretende engañar? Todo el mundo sabe de dónde viene.

Hasta hace cuatro días era usted una fulana.

-La herrería está en venta.

¿De dónde has sacado la pulsera? Es de la condesa de Abrantes,

me la he encontrado en el salón. Tiene una dedicatoria:

"Siempre tuyo". Tiene un significado especial para la condesa.

Hay una pequeña posada cruzando el bosque de Los Negrales,

estará a nuestra entera disposición esta noche.

-Allí estaré.

-¡Eh! Necesito ayuda.

Mi amo se ha caído del caballo y no se despierta.

-Me llamo Eva de Almeida y soy la dueña de la casa.

(Crujir de huesos) ¿Mejor así?

¿Dónde ha aprendido a hacer esto?

Hemos encontrado el carruaje de la reina

en el bosque de Los Negrales. Estaba calcinado.

¿Y ella? Ha desaparecido.

-Cardenal, ¿qué hacía la reina saliendo de palacio en plena noche

y sin apenas escolta?

¡Volved al bosque y matad esa cosa, sea lo que sea!

Señora, hay una peinadora de la condesa de Abrantes.

-Son esmeraldas y pueden ser solo para ti.

-La condesa tiene un amante.

-Amo, que...

-Buenos días. Buenos días, Sátur.

Llevas dos días sin aparecer por palacio.

Sé que lo del otro día no estuvo bien,

pero no vamos a darle más importancia a las cosas de la que tienen.

-Para mí un beso es importante, Irene.

-Bórralo de tu mente, por favor.

-Cuénteme,

¿cómo fue la aproximación? Porque yo no me he enterado de nada.

¡Cuente, cuente! ¿Cómo que cuente, cuente?

¡Cuente! No te explicaré los detalles.

Alguno de vosotros ha robado una pulsera de oro

pero la va a devolver.

(Latigazo) (GRITA)

-¡Se han llevado a la reina del imperio español!

Vamos a encontrarla.

¿Qué pasa? (LLORA)

Han forzado la cerradura.

Te juro que la dejé ahí.

¿Estás bien? Ah, sí.

Algo no encaja, Sátur.

Espérame, debo ser yo quien lo mate.

-Soy el conde de Abrantes. He recibido un anónimo

que acusa al marqués de haber robado a mi esposa una pulsera de oro.

-¡Mariana! -¡Felipe!

-Un botón que encontré en el jardín de su amiga.

¡Mariana de Austria!

(Disparo)

¿Para quién trabajas, Eva? Para el que mejor pague.

(Dardo en el aire) En este caso los ingleses. ¡Ah!

Adiós, Gonzalo de Montalvo.

-A mi mujer nadie la llama adúltera. Exijo limpiar mi honor en duelo.

¡Levántate!

Cobarde...

Eso es, Sátur: el norte está en el sur. Hay que darle la vuelta.

(NOTICIA) "Una de las ayas del infante

abandonará el palacio real la próxima primavera.

Sus Majestades los reyes

buscarán una sustituta a partir de entonces".

-¿Aquello también es mío? -Sí, señor.

Hasta aquel mojón de allí todo es propiedad del marquesado.

-No entiendo cómo tenemos tantas tierras y tan pocos ingresos.

Deberíamos recaudar más de los campesinos.

-Pagan lo que la marquesa estipuló en su día.

-Pues habrá que inventarse otro impuesto.

¿Qué problema hay?

-¿Marqués de Santillana?

-¿En qué puedo ayudarles?

-Nos envía nuestro señor,

el conde de Abrantes.

-¡Coge ese arma y levántate!

-¿Qué queréis de mí?

-Nadie llama cornudo al conde sin pagar por ello.

-¿Qué me vais a hacer? Por favor... Ayúdame, ¡ayúdame!

¡Ayúdame! -Nosotros nada.

-Ayúdame, malnacido. ¿Qué vais a hacer?

-Los cerdos te van a devorar. -¡No, por favor!

¡Por favor! Dinero, os daré dinero, todo el dinero que queráis.

¡No, por favor! ¡Por favor!

¡Ah! (CERDOS GRUÑEN)

-Parecen hambrientos,

no tardarán en devorarte.

(HOMBRES RÍEN)

(CERDOS GRUÑEN)

-¡Ah!

¿Qué hacéis ahí? ¡Va!

¡Matadlo!

¡Matadlo!

¡Vamos, cobardes!

(SUSPIRA)

Buenos días, Sátur.

(BOSTEZA)

¿Se puede saber de dónde viene? ¿Por qué no me ha dicho nada?

He salido a limpiar mi bacinilla, he vuelto y no estaba el caballo.

No podía dormir. Perdóneme pero eso no es una excusa.

Llevamos juntos en esto desde que empezamos.

Pero usted no, ha ido donde los esqueletos sin contar conmigo.

Al final no he ido.

¿No ha ido a la Boca del Diablo? No, Sátur.

He tenido que salvar al marqués,

unos cerdos iban a matarle.

Pues ha tenido que darse prisa, que esto es visto y no visto.

En mi pueblo una mujer olvidó al chiquillo al lado de los puercos.

Cuando volvió no quedaba de él ni el sonajero.

-¿Sátur?

Han traído esto para ti.

-¿Para mí? -Sí.

¿Todo bien?

Sí, nada, que se ha muerto mi padre.

Le han traído desde Florencia

para enterrarlo con los criados del noble al que servía.

Lo siento mucho.

¿Sentir el qué?

No sienta nada, que apenas le conocía.

-¿Dice cuándo será el funeral? -Dice, dice.

¿Pero qué importa?

-Hombre, Sátur, me gustaría acompañarte.

-Pues no te molestes porque no voy a ir.

Sátur, es tu padre. ¿Mi qué?

Tener hijos no le convierte a uno en padre.

Voy... Voy a apilar la paja.

¿No vas a abrir el baúl?

¿Un laúd?

¿Para qué coño quiero yo un laúd?

-Está claro que tu padre quería que lo tuvieras.

-No se ocupó de nosotros en su puñetera vida,

¿y ahora me envía esta miserable herencia?

¿Para qué? ¿Para recordarnos que nos moríamos de hambre

mientras él le daba a la mandurria?

Vamos, venga...

-Felicidades, querido.

-Majestad, está todo dispuesto para dar comienzo a los espectáculos

que se ofrecen en motivo de vuestra onomástica.

Fuegos de artificio en la puerta de Toledo,

concierto de cámara en el palacio real...

-Teatro en el Buen Retiro, toros en la Plaza Mayor,

danzas... Exactamente igual que cada año.

Estoy aburrido, hastiado de ver lo mismo una y otra vez.

-Llevan meses preparándose, Majestad,

pero si desea cualquier otro espectáculo

no tiene más que ordenarlo. -¿Ordenarlo? ¿Yo?

¿Es que nadie tiene imaginación para entretener a su rey?

-¿Y qué esperabas, Felipe?

-¿Que qué esperaba?

Ya que no tengo dinero para invadir Inglaterra

ni para expandir mi imperio,

esperaba que se me entretuviera en el día de mi santo.

¿Es mucho pedir?

No acudiré a ninguno de esos eventos.

-Pero Majestad...

Ningún monarca ha hecho jamás tal cosa.

Daré orden para que anulen todos los espectáculos.

-Eminencia...

Ha llegado esto para usted.

(LEE) "Graves problemas con la mercancía procedente de Florencia".

Que preparen inmediatamente mi carruaje.

-¿Y tú por qué no te has defendido? -Madre, han podido matarme,

me han tirado a los cerdos para que me comieran.

-Somos el hazmerreír de la corte. ¡Nos tratan como a unos mamarrachos!

-Madre, míreme.

¿Cree usted que no me doy cuenta? -Ayer tuvimos que irnos del teatro

porque todo el mundo cuchicheaba a nuestro paso.

-Señora, el agua ya está lista.

-¿De qué nos sirven tantos títulos? ¿De qué?

No me he pasado toda la vida luchando para acabar encerrada en este palacio

luciendo mis joyas solamente para los criados.

-Buenas...

¿Qué le ha ocurrido?

-Pues que me han...

Pues que me he tropezado en el jardín y me he caído en el estanque.

-Catalina, avisa a las criadas y a la peinadora de que al final

no hace falta que me preparen nada para mañana.

El rey ha anulado todos sus compromisos por su onomástica.

-¿Cómo que ha anulado?

-Eso me ha dicho mi tío. Al parecer está muy aburrido.

-¿Está aburrido? -Dice que está harto de ver

siempre los mismos festejos un año detrás de otro.

Está cansado de ver lo mismo.

Me voy a cambiar. ¿Me acompañas?

-Con permiso.

(Se cierra la puerta)

-Bueno...

¿Madre?

Madre, ¿por qué se ríe?

-Porque si hay alguien que sabe entretener a los hombres esa soy yo.

Sea el rey o sea el sursuncorda.

-Madre...

Eh, madre...

¿Usted no está pensando en ofrecerse al rey, verdad, madre?

Dígame que no, por favor.

-Voy a organizar algo grande,

un espectáculo como los de antes.

Un circo romano.

-¿Un circo romano? -Sí.

Hombres luchando en la arena hasta la muerte.

Ningún rey rechazaría algo así.

¡Sátur!

Si quieres hablar de ello... Ya, ya, amo, ya...

Lleva dándome la vara desde que salimos de casa

con que no estoy bien. No estoy bien, estoy perfectamente.

No quiero hablar de nada porque no tengo nada de qué hablar, ¿estamos?

Pues no, Sátur, no estamos.

¿Cómo? Llevas todo el camino

evitando hablar de ello pero está siendo el funeral de tu padre

y no me creo que no te importe.

Vamos a ver cómo se lo digo...

¿Sabe lo más jodido de todo?

¿Sabe lo que iba reconcomiéndome todo el día?

Saber que me daría más pena si muriese mi vecino

que la persona que me ha dado la vida.

A veces negamos los sentimientos

pero no significa que no los tengamos.

No, amo, no.

Para sentir pena por perder algo

antes hace falta haberlo tenido.

Sigo creyendo que deberías haber ido.

¿Qué?

Usted no me escucha cuando yo hablo, ¿verdad?

Cuando yo hablo se evade,

sino no tiene ninguna explicación. Sátur, te conozco.

Si no le dices adiós te arrepentirás el resto de tus días.

Voy a poner el norte donde está el norte...

A ver si encontramos ese tesoro de una dichosa vez.

¡Espera!

No sabemos lo que pueda pasar cuando lo giremos.

(Mecanismo accionado)

¡Ah!

¡Dios mío!

Amo, lleve cuidado.

¡Una llave!

¿Qué diantres abre eso ahora?

-Madre, llevo un rato dándole vueltas al tema del circo romano.

No sé, ¿usted cree que es una buena idea?

-Jacobo, han estado a punto de matarte esta mañana.

-¿Y eso qué tiene que ver?

-Escúchame bien, hijo.

En esta vida solo hay dos maneras de estar arriba:

o te respetan o te temen.

Y nosotros o cambiamos las cosas

o nunca conseguiremos estar en ninguno de los dos lados.

Además,

ya he contratado a los luchadores profesionales.

-¿Pero entonces van a luchar entre ellos?

-¿Pero cómo se te ocurre? ¿Cómo van a luchar entre ellos?

En la antigua Roma unos ponían el espectáculo

y los otros ponían la sangre.

Pues aquí lo mismo.

Lo único que necesitamos es conseguir a las víctimas.

-Pero es que van a morir.

¿Dónde encontrará gente que se preste a semejante cosa?

-Confía en tu madre.

-¿Cómo vamos a conseguir que el rey acepte? Porque habiendo suspendido

todos los festejos que iban a dar por su santo...

-Asistirá.

Se la haremos llegar.

No hay circo romano que se precie

sin un emperador que lo encabece.

-Madre, igual es una tontería,

pero podríamos grabar aquí nuestros nombres, grande,

que se lea bien para que siempre recuerde quién se lo regaló.

-Sabía desde pequeño que tenías un talento oculto.

No sabía ni dónde ni cuál, pero lo sabía.

(TAÑE UNA CAMPANILLA)

¡Costurera!

¿Me llamaba, señora? ¡Ay, qué divinidad!

Nunca había visto tanto oro junto.

-Hay que llevarla al joyero para que grabe nuestros nombres.

-El marqués de Santillana y su ilustrísima madre,

o lo que quepa. -La quiero para ya.

Muy bien.

Ve cuanto antes, que te acompañe.

Sí, señora. Ah, pon mucho cuidado.

Mañana esta joya coronará la cabeza del rey.

Sí, señora.

Una llave...

¿Usted sabe la de cerraduras que debe de haber en el mundo?

Nos hemos pasado el cruce de Aljete. Este camino no lleva a casa.

No vamos a casa, Sátur.

¿Adónde vamos?

Ahora lo verás.

Usted siempre con rodeos.

Es incapaz de responder nada concreto, parece gallego.

Es aquí.

No me lo puedo creer.

No me puedo creer que me haya traído usted hasta aquí.

Esto es una canallada, amo. ¿Qué pretende?

Tienes que saber dónde está enterrado tu padre.

Muy bien, ya lo sé. Ahora me voy a casa.

Sátur...

Déjeme en paz, amo.

¿A usted qué le importa?

¿Por qué no me respeta?

Porque te conozco y sé que no estás bien.

Deja de fingir que todo esto no te importa.

Aquí están enterrados todos los criados del conde de Maceda.

Alguno de ellos tiene que ser tu padre.

Sátur, ¿te vas a quedar ahí o me vas a ayudar a buscarlo?

¿A buscarle?

¿Yo?

(SUSPIRA)

Muy bien, vamos a buscarle.

Aquí no está.

Aquí tampoco. Aquí no está.

(ESCUPE)

Esto por todos los huesos que me rompieron en el orfelinato,

por toda la mierda que aprendí en la calle,

y esto por mi madre,

por haberla dejado morir sola.

¡Perro!

(Cerámica rompiéndose) Y esto... ¡Ah!

¡Sátur! ¡Ah!

¿Estás bien? Sí.

Ya te cojo.

Cójame, amo.

¡Vamos!

¿Dónde está el ataúd de tu padre?

Has leído la Biblia, hijo?

En el libro del Éxodo,

una lectura formidable, te la recomiendo,

se dicen las siguientes palabras:

"Vida por vida,

ojo por ojo,

diente por diente".

Lo que viene a decir:

tú has perdido mi dedo,

ahora te toca a ti perder los tuyos.

-No, eminencia... ¡Por favor, no!

(GRITA)

-Lleváoslo.

¿Habéis oído hablar del dedo de san Pedro?

¿La reliquia robada hace un mes en Italia?

Una de las más veneradas por la cristiandad.

¿Por qué debería interesarme?

Porque fui yo quien pagó para que la robaran.

La persona que debía entregármela me ha traicionado.

Eminencia, robar ese dedo puede llevarle a la horca.

¿Por qué arriesgar tanto?

Hay un noble extranjero dispuesto a pagar una fortuna por ella.

Yo seré muy generoso con vos

si me ayudáis a encontrarla.

La persona que la robó

debía traérmela en un carruaje desde Florencia,

pero hubo problemas en el intercambio.

¿Qué tipo de problemas?

Quiso chantajear a mi enviado.

O le pagaba tres veces más de lo convenido o no había reliquia.

¿Y qué hizo su enviado?

Lo mató,

una estupidez que ha pagado muy cara, como acabáis de comprobar.

¿Cuántas personas iban con él en el carruaje?

Pudo dársela a cualquiera de ellos. El cochero, un viejo sacerdote...

y un ataúd con el cadáver de un hombre

que iba a ser enterrado en la villa. Pero no encontramos nada.

¿Buscó en el ataúd?

(SUSPIRA) ¿Y vos qué creéis, comisario?

Entonces, eminencia, no sé en qué puedo ayudarle.

Al parecer había un cofre con la herencia del difunto,

solo que cuando mis hombres llegaron, ya no estaba.

Cree que la reliquia la escondió allí.

Descubrid quién era el destinatario de ese cofre y recuperadlo,

sea como sea. Eminencia.

-¡Jarrones! ¡Jarrones!

-¿Qué mosca le ha picado a Sátur?

Ha entrado en casa blanco como la leche.

Pues... la muerte de su padre, Cipri.

Sátur está muy afectado por ella.

Es que vaya vida perra de los pobres,

no tenemos cuerpo para tanta matadura.

Gonzalo...

¿Qué pasa?

La posada, eso me pasa.

Ya hay un comprador.

Lo siento.

Sé lo mucho que significa para ti.

Igual no es el momento, pero tú no...

¿Tú no podrías prestarme algo de dinero?

A lo mejor todavía podrían vendérmela a mí.

Puedo dar una señal...

Sabes que si tuviera algo te lo daría.

Ya lo sé.

Y perdona, yo solo... Solo quiero un sustento para el futuro, solo eso.

Lo sé.

¿Qué pasa?

Esa cara...

Me suena, pero...

Pero no sé de qué.

Vamos a casa, Cipri.

A ver, enséñame cómo han quedado los nombres grabados.

Si no se lee bien Sagrario cualquiera la escucha,

bonica se iba a poner. A ver... A ver, mira.

Ah, muy bien. "Marqués de Santillana

y su ilustrísima madre". Muy bien.

Otra cosa no, pero original sí que es la señora.

Hombre, original... Déjame, yo te lo llevo.

Cuando el rey reciba ese presente se cae de espaldas.

¡Mira! El tafetán que nos pidió la señora.

¿Este? ¿No te dijo para qué lo quería?

A mí no.

Esta es capaz de vestirse como Helena de Troya.

Sí y su hijo de Nerón.

¡Ya me estoy imaginando el cuadro! ¡No me lo pierdo!

¿Tú cómo lo ves?

Bueno, pues yo lo veo bien,

si no pues la aprovecharé para una enagua.

Esta no tira nada. ¡Esta qué va a tirar!

¿Entonces nos la llevamos? Sí.

-¿A cómo lo da? -¿A cómo lo quiere?

-¿A cómo lo quiero? Pues no lo sé. ¿Cuánto nos vamos a llevar?

La corona.

¿Qué? La corona, que la he dejado aquí,

me la han robado. ¡No me lo digas!

¡Me la han robado!

Este está como desnutrido. No lo quiero.

¿Y este? Pero si este tiene un pie en la tumba.

Llévate a estos dos y tráeme más,

pero no me traigas burros viejos.

Los quiero sanos y lustrosos.

-Señora, traer más hombres sería peligroso.

-El peligro entra en el precio, inútil. Toma, haz lo que te digo.

-Madre, ¿qué hace aquí toda esta inmundicia?

-Te presento a los que van a morir en la arena, hijo.

-¿De dónde los ha sacado? Son mis presos.

Le recuerdo, comisario, que estoy preparando una función para el rey.

¿Quién les ha permitido llevárselos? ¿Cuánto quiere por todos?

Le recuerdo que son condenados a muerte,

no puede disponer de ellos como le venga en gana.

Le estoy haciendo un doble favor, comisario: le descargo de su trabajo

y le ahorro cuerda y hacha. Tendría que estar más agradecido.

Llévatelos al calabozo. Sí, señor. Ya lo habéis oído, fuera.

¡Vamos!

¡Vamos, rápido!

Si vuelve a sobornar a uno de mis hombres,

o a entrometerse en mi trabajo,

será usted la que pise el patíbulo.

Madre, ¿y ahora qué vamos a hacer?

¡Nadie se presentará voluntario a esta carnicería!

-¿Quién no va a querer deleitar a Su Majestad?

-¿De qué está usted hablando?

-Siempre hay gente desesperada para conseguir unas monedas, hijo.

-¿A quién le importa el dinero cuando va a morir?

¡Que le van a matar, madre!

-¿Y quién ha dicho que tengan que saberlo?

-¿Se acuerda de mí?

-Yo soy tu padre.

Estaba buscándote.

Sátur, voy a encontrar a quienes profanaron la tumba de tu padre.

Pero hay algo que no entiendo,

¿quién querría llevarse el ataúd de un criado?

No tiene sentido.

Déjelo estar, amo, déjelo estar.

No, tenemos que averiguar si tu padre tenía algún enemigo

o alguien quería hacerle daño. Le he dicho que lo deje estar.

Si no fuera el cuerpo de tu padre querrías ayudarme.

¡Pero lo es!

No pienso perder ni un segundo de mi vida

en busca del cuerpo de ese hombre, ¿me oye?

Ni uno solo.

Y dime, ¿de qué te vale ese rencor?

Pues ese rencor me vale para...

Para recordar que no quiero parecerme a él.

Tal vez tu padre cometió algún error, pero...

no puedes culparle de tu vida entera.

¿Adónde vas?

A vender esto.

Y espero que por una vez fracase en su misión,

porque ese hombre no merece descansar en paz.

-¿Estás segura que no viste a nadie en el puesto?

Alguien tuvo que cogerla.

¿Qué más da quien haya sido?

He perdido la corona de oro que le iban a regalar al rey.

Bueno, tú bebe un poco y tranquilízate.

Ya pensaremos en alguna solución.

Sí... ¿En qué? Dime en cuál.

A estas horas ya la habrán vendido, fundido o yo qué sé qué.

Cuando se entere la señora me lleva por delante.

Bueno, mujer, nos han robado.

Creo que si se lo explicamos... ¿Sí? ¿Qué le vamos a explicar?

¿Eh? Parece mentira que no la conozcas.

Es que no sé qué voy a hacer.

No sé qué hacer, Catalina. Mira...

Tú vete otra vez para la calle y vuélvela a registrar.

Yo me voy para palacio y digo que...

Que el joyero nos ha dicho que esperemos hasta mañana.

Luego vengo y pensamos en algo. ¿Pero qué vamos a pensar?

Si no tenemos ni corona ni dinero para comprar otra.

Dime, ¿qué vamos a pensar?

Estoy muerta.

Oye, Margarita...

Mírame.

¡Mírame!

Tú has estado conmigo siempre,

y ahora estamos juntas en esto.

No voy a dejar que te pase nada, ¿me entiendes?

¿Me entiendes?

Pues eso.

Voy arriba a por mi chal y ahora bajo y nos vamos.

-Tía...

Alonso, ¿qué haces ahí? ¿Qué te pasa?

¿Estabas escuchando?

No, no he escuchado nada. Solo he venido a ver a Murillo.

¿Me vas a decir qué ha pasado?

Nada, hijo. Cosas de palacio.

Pero no te preocupes que se va a solucionar.

Venga, ¿nos vamos? Sí, sí.

¿Qué esperas, a Murillo? -Sí.

-Ahí lo tienes.

Murillo, hijo...

Si luego te vas cierra la puerta.

-¿Has visto esto? Los están entregando a la plaza.

-¿Qué es? -Buscan actores,

para una representación que se hace mañana.

Pagan bastante.

-¡Circo romano!

Suena bien.

-¿Sí? -Perdone...

Venía a apuntarme a lo de la representación.

-¿Ha luchado alguna vez?

-Sí, bueno, conozco algunos movimientos, los sencillos.

-Será suficiente. -Me han dicho que pagaban,

que pagaban muy bien. -50 reales.

-¿50 reales? -Después de la lucha.

-¿Dónde firmo? Me apunto sin pensarlo.

-No es necesario firmar nada. Acompáñeme.

-Perdone, es que no estoy muy puesto en el teatro.

Sí que se toman en serio los ensayos.

(Corte y sangre derramada) ¿Esas son las armas que vamos a usar?

-Ajá.

-Pensaba que serían de madera para no hacernos daño y eso.

-La lucha es a muerte.

-¿Qué?

¿Cómo que a muerte?

No oiga, yo lo siento...

¡Yo no sabía nada de esto! ¡Oiga, no, no!

¿Qué hacen? ¡Suéltenme, suéltenme!

¡Yo no sabía nada de esto! ¡Suéltame! ¡Suéltame!

-Gracias.

Gracias a usted, significó mucho para mi criado que le hiciera llegar

la herencia de su padre.

Armando y yo trabajamos juntos desde mozos para el conde de Maceda.

Es lo menos que podía hacer por él.

Según tengo entendido, Armando se fue a Italia hace unos meses.

Sí, el conde se llevó a todo su servicio con él a Florencia.

Yo me quedé aquí, cuidando su palacio, tuve suerte.

Por cierto, ¿dónde está el hijo? Me gustaría conocerle.

No le vi en el entierro.

No, le hubiera gustado ir pero no pudo al final.

¿Acudió mucha gente al funeral?

Solo yo.

¿Quién más iba a acudir? Armando no tenía a nadie.

¿Sabe si alguien quería hacerle daño?

No creo, señor,

solo era un criado. ¿Por qué lo pregunta?

No, por nada.

A Sátur le gustaría saber todo sobre su padre.

Apenas le conocía. Poco hay que saber.

Armando no era un mal hombre.

Cuando no trabajaba,

tocaba su laúd.

Espero que Dios lo tenga en su gloria.

Ahora, si me lo permite, tengo que regresar al palacio del conde.

Lo entiendo y de nuevo gracias por venir hasta aquí.

Armando siempre me escribía cuando estaba de viaje.

Pensé que al hijo le gustaría guardarlas,

como recuerdo.

Por supuesto, gracias.

No olvide dárselas, en muchas de ellas habla de él.

Se las daré. Le acompaño.

(Moneda repiqueteando)

(Gritos ahogados)

(Huesos rotos)

Que sea la última vez que me haces bañar entre hierbajos.

¡Qué asco!

No te voy a decir hasta dónde los tengo pegados.

-Son pétalos de rosa, señora. Pensé que le gustarían.

Son de lo más codiciado entre las mujeres de alcurnia.

-Señora...

Su Majestad, Felipe IV, le envía esta misiva.

-Gracias.

El rey va a venir al circo romano. -¿Qué?

-¡Va a venir! Jacobo, lo hemos logrado.

¿Te das cuenta? Mañana saldremos en todos los pliegos de cordel.

-Deberíamos enmarcarla y colgarla en el recibidor,

que se vea que nos codeamos con el rey.

-Lo más importante es asegurarnos de que todo sale perfecto.

Sube a probarte el traje que llevarás mañana.

-¿De verdad tengo que llevar el traje que me ha elegido?

-Por supuesto que tienes que llevarlo.

-¿No sería mejor algo más apropiado para la ocasión?

Estaba pensando que una túnica blanca no me sentaría nada mal.

-Jacobo, hijo mío...

De la frase: "Tenemos que ganarnos el respeto de la corte",

¿qué parte no has entendido?

-Señora... -Por fin has vuelto.

¿Y la corona? ¿Ya la habéis traído? -Señora, el joyero dice

que no podrá terminar de grabar los nombres hasta mañana.

-¿Cómo puede ser? ¡Os di suficiente dinero para pagar la premura!

-Sí, señora, y por eso le hemos insistido.

Pero dice que tiene mucho trabajo.

-Mañana le tengo que dar la corona al rey.

¡Se lo he dicho ya en la invitación!

Tú, tráeme mi ropa. Me va a escuchar ese joyero.

-No, señora.

Quiero decir, que si está tan atareado como parece,

mejor dejarlo que trabaje durante la noche,

no vaya a ser que con la discusión no le dé tiempo a acabarla.

-Me da igual si tienes que estar toda la noche en la puerta de la joyería,

pero en cuanto esté acabada,

me la traes aquí.

-Sí, señora.

Vamos.

Señor, señor...

Disculpe que le moleste, he estado en su casa y su criado me ha dicho

que hacía una entrega en la iglesia. Usted dirá.

Verá, ¿usted recuerda la corona que le trajimos esta mañana

para que la grabase, la del marqués de Santillana?

¿Cuánto me costaría una exactamente igual?

Más de lo que usted podría pagar en tres vidas, señora.

Se lo pagaré a plazos. Por favor, es muy importante.

Soy joyero, no prestamista.

Si quiere una corona tiene que pagarla al contado.

Le juro que se la pagaré,

con un poco de tiempo conseguiré el dinero, se lo prometo.

Lo siento.

Gracias.

Espere un momento...

Si está tan desesperada, se me ocurre algo.

Usted dirá.

Puede darme algo que me interesa más que el dinero.

¿Cómo dice?

Señor... (GRITA)

¡Cállate, cállate! (CHISTA)

(GRITA) Cállate.

(Golpe) ¡Ah! ¡Ah!

Alonso, ¿qué haces aquí? ¿Qué pasa?

Nada. Vámonos a casa. ¡No!

Estabais hablando de dinero y antes estabas llorando.

¿Me vas a decir qué ha pasado?

He perdido algo muy importante y necesito dinero para recuperarlo.

Vámonos a casa. ¿Cuánto?

Mucho, Alonso, mucho.

No se lo digas a nadie, ni a tu padre ni a nadie.

¿Eh? Esto quiero solucionarlo yo sola.

Vamos a casa.

Alonso, vamos.

Vamos a casa.

Vamos, hijo.

Al final no lo has vendido.

Nadie lo quiere,

no será porque no lo haya intentado.

No sirve ni para venderlo.

También le digo que es normal, con la que está cayendo

quién quiere comprarse una guitarrita.

Antes querrían la caja que el instrumento.

Quizá deberías quedártelo.

Ya, y hacerme trovador.

Amo, no empiece que le veo.

He estado hablando con un amigo de tu padre,

un criado que trabajaba con él.

¿Y?

¿Está desvelado el secreto del cadáver?

No,

pero me ha dado esto para ti.

Son unas cartas que le escribía cuando estaba de viaje.

Pues muy bien.

No me interesan.

Al parecer también tu padre viajaba mucho acompañando a su señor.

¿Qué quiere decir exactamente con eso,

que ya tenemos algo en común?

Probablemente mucho más de lo que crees.

Que los dos somos criados, que nos acostamos con una prostituta

y que la dejamos preñada.

(SUSPIRA)

Me voy a dormir.

Buenas noches.

Que descanses.

¿Qué quieren? ¿Qué pasa?

¡Ah!

-Yo no sé luchar.

Yo no he luchado en mi vida. ¿Qué voy a hacer ahí fuera?

-Mejor no saber luchar,

la agonía será menor.

-Yo tengo que seguir viviendo, no...

No puedo dejarla sola a ella, no se merece esto.

-¿Tu mujer?

-Mi hijo está a punto de nacer.

Nunca le veré la cara.

Pensarán que les abandoné.

-Esta tarde moriremos todos ahí fuera,

y nadie se enterará jamás.

-Probablemente esté escrito en algún sitio...

que hoy era nuestro día.

(Choque de llaves)

-Dios...

(Se abre la puerta) No...

-¿Por qué me encerráis aquí?

(Se cierra la puerta)

¡Cipri! Cipri, ¿qué pasa? Yo pensaba que esto...

¿Qué está pasando?

¡Cipri, contéstame!

¿Qué nos van a hacer?

¡Cipri!

¡Cipri, dime algo!

-Aprieta. Que aprietes más.

¡Más! ¡Aprieta más!

-Señora yo se lo veo bastante apretado ya.

A ver si se quedará sin aire en mitad del espectáculo.

-El rey va a venir a un festejo que organizo yo.

Tengo que estar deslumbrante, así que tú aprieta.

Y tú, úntame bien con esos polvos por todo el cuerpo.

Y perfume, mucho perfume, que se me huela bien desde lejos.

-Madre, ¿qué le parece?

-Ay, que se van a caer de culo cuando nos vean.

Ay, hijo, recuerda bien este día.

Hoy vamos a ganarnos el respeto de toda la corte.

-¿Ha decidido qué joya quiere llevar?

-Límpialas todas, que en esta vida a más oro más clase se demuestra.

-Madre, va a parecer nuestra coronación.

-Y hablando de coronas,

¿dónde demonios están la costurera y la otra,

la de la cara triste?

(LLAMA A LA PUERTA)

Perdone, señora, pero el joyero

ha acabado ahora mismo de grabar los nombres.

Que sea la última vez que me hacéis esperar.

-A ver la corona.

A ver cómo ha quedado.

-¿Se puede saber qué os pasa? -Nada, señora.

-Me gusta, ha quedado una letra muy...

Muy original. -¿Ah, sí? ¿A ver?

Ay sí...

Bueno, ahora adecentaos y aseaos.

Me acompañaréis.

Queda muy bien que las damas de alcurnia lleven doncellas.

Venga, fuera. Venga.

-No se ha dado cuenta.

La señora no, pero el rey sí.

Son cuatro hierros cubiertos con pan de oro, Catalina.

A Su Majestad no lo vamos a engañar con el trabajo de un herrero.

¿Quiénes son?

¿Qué quieren de mí?

¡Yo no he hecho nada, suéltenme, por Dios!

¿Qué van a hacer conmigo?

-Cálmate, no vamos a hacerte daño.

Tan solo dinos dónde lo tienes y podrás volver tranquilo a tu casa.

-¿Dónde tengo el qué? No sé de qué me está hablando.

¿Ah no?

No. ¿Estás seguro?

Debe tratarse de un error. ¡Ah! ¿Dónde está la reliquia?

¿Qué reliquia? El dedo de san Pedro.

No sé de qué dedo me habla, yo no sé nada de eso.

-Yo creo que sí lo sabes.

¿Recuerdas esto?

Lo tenías aquí dentro.

-¿Hay algo dentro del laúd?

No sabía nada, lo juro por Dios. ¿Qué has hecho con él?

¿Lo has vendido? ¿Lo has escondido? No...

¿Dónde está? ¡Dónde! No lo sé...

-Lo sabrás.

¿Has oído hablar de la artesa?

-No. -Un antiguo suplicio persa.

-No me hagan daño...

¿Qué van a hacerme?

¿Qué me van a hacer?

¡Suéltenme!

¡Vamos, Sátur! ¡Arriba!

¿Sátur?

Aún tenemos una oportunidad de vivir.

Tenemos que salir y luchar.

-¿Pero qué estás diciendo, Alonso?

Cuando salgamos ahí fuera no hay nada que hacer.

Nadie va a salir vivo de aquí.

-Yo soy bueno con la espada, puedo luchar.

-¿Cuándo has luchado tú?

¿Con quién? ¿Con Gabi y con Murillo?

Esto es la vida real, esa gente se gana la vida matando.

-¿Entonces qué vamos a hacer?

¿Quedarnos sentados aquí llorando?

Si nos rendimos ahora habremos perdido antes de salir.

-Yo soy panadero, no he luchado en mi vida.

-Y yo soy carpintero. -¡Da igual!

¿Es que no tenéis nada por lo que vivir?

Yo voy a salir a la arena y voy a pelear por mi vida.

-Eso es justo lo que quiere,

vernos luchar hasta nuestro último aliento.

No pienso dejar que disfruten con mi muerte.

-Vamos a salir.

¡Vamos a salir de aquí!

(Chirridos)

¡Ah!

Alonso, sal. ¡Que salgas!

-¿Adónde me lleva?

¡Suélteme, por Dios!

¡Que yo no sé nada de esa reliquia! ¡Suéltenme!

¡Ah!

¿Por qué?

¡Suéltenme!

¿Eso qué es? ¿Para qué son esos agujeros?

Para que puedas meter tus manos, tus pies y tu cabeza.

¿Por qué? ¿Qué van a hacerme?

Te untaremos con miel, las alimañas del bosque harán el resto.

Al parecer los ojos es el último órgano que devoran,

así podrás ver cómo te comen lentamente.

¡No! ¡No!

¡No! ¡No!

¡No! ¡Quitadle los zapatos!

¡No! ¡No!

¡Tenga piedad, Sr. comisario!

¡No!

¡Ah!

¡Yo no sé nada de ese dedo!

Lo bueno de esta tortura es que es tan lenta

que te dará tiempo a recapacitar. ¡No!

Si recordaras dónde está la reliquia, díselo a mis hombres.

¡No! ¡Jamás lo he visto!

¡Socorro!

(Graznidos) ¡Suéltenme, por Dios!

Yo no sé nada...

No...

No, por favor, no lo haga.

¡No! ¡No!

Se lo pido por Dios...

¡No!

¡Suéltenme!

(Zumbidos de insectos)

Fuera...

Fuera.

Fuera.

¡Fuera!

¡Fuera de aquí!

¡Fuera! ¡Ah!

¡Por piedad!

(Zumbido de flecha) (LOBO LLORIQUEA)

Gracias...

Gracias, amo. Gracias.

-Parece que aún hay súbditos que saben entretener a su rey.

-Sin necesidad de acudir a su alcoba, querrás decir.

-Todavía no entiendo por qué te quitaste el bigote,

con la presencia que te daba. -Pues a mí me gusta, madre.

Además la duquesa de Pita me ha hecho ojitos.

-¡Qué te va a poner! Tendría el sol de frente.

¿Has visto el rey lo bien que se lo está pasando?

Lo hemos conseguido, hijo.

-Madre, ¿cree que me invitará después de esto

a cazar con él en El Escorial? -Por supuesto.

Ya te veo a caballo con él en los libros de historia.

-Sí... (LOS DOS RÍEN)

La lástima es que no tenga hijas casaderas.

-Sí... -Ay, calla, calla,

que le van a entregar la corona. -Le envía este presente.

-Ah...

Una corona de laurel.

Muy ingenioso.

-Madre, que nos está saludando el rey.

-Sí, ya lo veo, hijo, ya lo veo. Sonríele y mírale a los ojos.

No se ha dado cuenta. No se ha dado cuenta, Catalina.

Claro que no, mujer. Te lo he dicho yo que el herrero había hecho

un trabajo fino pero fino.

Bueno, ya puedes volver a respirar.

Ahora vamos a disfrutar del espectáculo.

¿Yo? No tengo ganas de teatros que menuda noche hemos pasado.

Mujer, para una vez que venimos a una cosa así bonita, al aire libre,

vamos a disfrutarlo, ¿no?

-Todo está listo, solo esperan tu señal, Felipe.

-Que den comienzo estos juegos.

(Trompetas)

(Aplausos)

-Menos mal que apareció usted, amo,

si no entre los bichos y los lobos no dejan ni raspa de mí.

Le ayudo, traiga. No, Sátur.

Tú tienes que descansar, siéntate.

Ya lo hago yo. ¡No me puedo quedar aquí!

Están a punto de venir. ¿De quién hablas?

Del hermano de usted y de su eminencia.

Han dejado la tortura a medio hacer, ¿o es que no lo ve?

Nadie va a venir a por ti, Sátur. He encontrado la reliquia,

se la he hecho llegar al cardenal con un anónimo.

Estás a salvo.

¿Está usted seguro? Sí.

Tranquilo. Oh...

(JADEA)

¡Qué picazón!

¿Cómo ha dado usted conmigo?

Parece que me olisquea. He encontrado un trozo del uniforme

y me ha llevado hasta los guardias del comisario.

No ha sido muy difícil arrancarles dónde estabas.

Cago en la leche, que para mí que se me ha quedado

un escarabajo dentro o algo.

Lo que no acabo de entender

es qué tiene que ver el dedo meñique de un santo con mi padre.

No lo sé.

Yo creo que sí lo sé,

que además de abandonar a mi madre,

también era un chorizo.

Es imposible que tu padre haya robado esa reliquia.

¿Usted cómo lo sabe?

El dedo también estaba en el laúd.

Tu padre murió una semana antes de que robaran ese dedo.

Entonces...

Alguien lo puso ahí.

Creo que utilizaron a tu padre.

¿Cómo que lo utilizaron?

Claro, por eso lo desenterraron.

¿Y el cuerpo? ¿Lo ha encontrado?

Va a ser difícil dar con él.

(SUSPIRA) Pero lo buscaré, no te preocupes.

¿Para qué me da usted eso ahora? Ya te lo dije, deberías leerlas.

Voy al mercado a por un ungüento para tus heridas.

Quédate aquí y...

Y descansa.

Por cierto, esta mañana no he visto a Alonso.

¿Sabes dónde ha ido?

Pues no...

-Les han matado a todos.

No ha sobrevivido ninguno. -Calma, Alonso, calma.

-¡No quiero morir!

-Eso no está en nuestra mano ahora.

Tengo miedo.

(Llaves en un cerrojo)

-Vosotros tres y tú, preparaos. Sois los siguientes.

Vamos.

¡Vamos!

-Cipri...

Lucha con honor.

-¡Ah!

¡Acabe ya de una vez, amo, por Dios! Sátur, si te rascas es peor.

¡Cuánto más me lo dice más picazón me entra!

Ya casi estamos, va.

¡Ah!

Venga, ya está. ¡Ya está, dice!

¡Si es que me han breado!

¡Mire el bollo que me ha salido ahí en la frente!

¡Se me han posado bichos que eran de otra era!

Si dejas reposar el ungüento bajará la hinchazón, ya verás.

¡Manda huevos!

¿A quién se le ocurre meter a un hombre en una caja

para que lo devoren las bestias? ¡Y untado de miel como un buñuelo!

¡Ah! (GIME) ¡Sátur!

Sí, amo, sí, sí, sí.

¡Si ya lo sé!

Con su permiso, voy a frotarme los pies y las manos

hasta que me sangren los juanetes.

Todavía siento aquí la fauna pastando.

¡Oh!

Sátur... ¿Qué?

¿Leíste las cartas?

No.

No me diga usted nada. Me voy, que ya le veo a usted

que va a empezar con los sermones.

(Pasos apresurados)

-¿Eres el maestro? Sí, ¿qué ocurre?

¿Tu hijo es Alonso?

Sí, ¿qué pasa? ¿Está bien?

¿Está bien? ¿Pasa algo?

Va a luchar en el circo romano.

¿En la función de teatro?

(LLORA) Nos engañaron.

¿Qué pasa? ¿Qué ocurre?

No es una representación, son luchas a muerte.

¿Cómo que son luchas a muerte?

Escúchame, ¿cómo que luchas a muerte?

Soy un cobarde... ¿Dónde está ese circo?

Yo me escapé. ¿Dónde está ese circo?

(PÚBLICO VITOREA Y APLAUDE)

(GLADIADORES GRITAN)

-¿Qué hace ahí?

(Trompetas)

(Aplausos)

(GRITA)

-Majestad, ahora viene el plato fuerte.

-Estoy deseando verlo.

(Trompetas)

(Corte de espada)

¡Oh!

¡No!

¡Parad!

¡En nombre de vuestro rey!

-¿Cipri?

¡Cipri!

(LLORA) Cipri, Cipri...

Cipri...

(LLORA) Cipri...

¿Cipri?

¡Cipri!

Cipri...

Mi amor...

Te vas a poner bien.

Mi amor...

Te vas a poner bien.

Mírame...

Mírame...

Ay, no te duermas.

(GIME)

Traiga, traiga. Déjeme a mí.

Ya podía haberme avisado antes de irse a ese circo,

que a veces me tiene muy poco en mente.

¿Qué tal está Cipri?

Pues con un costurón en la panza, amo...

que ni los Apeninos ni el Guadiana juntos, ¡menudo destrozo!

No te preocupes, se recuperará, ya verás.

Eso espero.

Lo que no entiendo, y mire que llevo rumiando...

es por qué el rey paró la pelea cuando vio a Alonsillo.

No lo sé.

Quizá recordó que Alonso le ayudó a salvar a la infanta.

Pues eso no hay que soltarlo,

que las Majestades otra cosa no, pero agradecidos son un rato.

Igual de esta nos retiran,

o nos da unas tierras de esas que le sobran.

No creo que el rey nos tenga tan presentes.

Ya... Ah... (GIME)

Vaya dos días, ¿no?

Cago en los persas, los romanos y en todo el mapa mundi.

Sátur, vete a dormir.

Esta noche no salimos.

¿Perdón? Ha sido un día muy duro.

¿De verdad me está diciendo que me puedo ir a dormir?

¿Pero dormir de dormir,

no a echar una cabezadita ahí en el jamelgo?

Dormir de dormir.

Gracias, amo, gracias.

¡Mil gracias! La espalda...

Sí, perdón, perdón.

Gracias en nombre de mi cuerpo entero, mil gracias.

(SUSPIRA)

Descansa. De dormir.

-¿Le interesan los templarios?

¡Es ella!

¿Ella quién? ¿Qué dice?

La anciana de la calle.

¡Pero antes era una mendiga!

¿De qué vieja habla?

Ay, amo, que cuando usted entra en trance no hay quien le entienda.

¿Adónde va ahora?

¿Dormir dice?

¡Cago en la leche, si aquí no hay quien duerma!

(Canto del gallo)

-Beatriz de Lens.

Su trayectoria parece impecable.

-Gracias, mi reina.

-Puede sentarse.

-Gracias.

-¿Tiene hijos?

-Quiero a cada uno de mis pupilos como si fueran hijos míos,

pero si Su Majestad se refiere a hijos naturales,

no, Majestad.

¿Me permite?

(SOLLOZA) -Oh, no... (RÍE)

-Tengo que hablar contigo, en privado.

-Felipe...

Os presento una de las candidatas a ser la nodriza de vuestro hijo:

Beatriz de Lens.

-Majestad...

-Beatriz de Lens, nunca había oído hablar de usted.

-Siempre he trabajado en la corte francesa, Majestad.

Mi labor ha sido siempre discreta.

-Espero que sea consciente de la importancia de su cometido,

si finalmente fuera elegida.

-Lo soy, Majestad,

y no debéis preocuparos.

Si consigo el puesto, sabré encargarme de vuestro hijo.

Llevo muchos años preparándome para esto.

-¡Ah!

-Soy el capitán Patrick Walcott.

(LEE) "Fontem veritatis",

fuente de la verdad.

¡Ah!

-Loca me tienes aún con la entrada que has hecho

en los jardines de palacio.

¿Qué hace un inglés en las Españas?

Majestad, quiero que me mande a la guerra.

-Es hija del conde de Abrantes.

-La has matado tú. ¡Ah! -Uy...

(Golpe seco)

-Organizaré unos juegos de la concordia

entre ingleses y españoles.

El rey Carlos no saldrá vivo de ellos.

-¡No!

-La sacaremos de palacio esta noche,

que piensen que alguien se lo ha hecho.

Gonzalo, él es Patrick, el capitán Patrick.

La hija de los condes de Abrantes ha desaparecido.

¿Con el palacio lleno de guardias cómo la vamos a sacar?

¡Sátur!

Vente conmigo a Inglaterra.

  • T5 - Capítulo 64

Águila Roja - T5 - Capítulo 64

17 oct 2013

Águila Roja y Sátur vuelven a la Boca del Diablo y, tras manipular la brújula de una de las paredes, descubren una nueva pista que les acercará un poco más al tesoro de los templarios. 

Mientras, Sagrario quiere deslumbrar en la corte y organiza un espectáculo en honor del Rey. Un autentico circo romano con luchas de gladiadores. Cipri se apuntara para luchar sin saber que los combates son a vida o muerte.

El Cardenal Mendoza encarga una nueva misión al Comisario: encontrar una importante reliquia que mandó robar en Italia y que no ha llegado a sus manos.

Por otro lado, Sátur recibe una noticia inesperada. Su padre ha muerto y le ha enviado un cofre con sus pertenencias. Lo que parece una sencilla herencia hará que Sátur tenga serios problemas.

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