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2000150
No recomendado para menores de 12 años
Transcripción completa

Sé algo sobre La Boca del Diablo.

En 1307, el rey Felipe de Francia convenció al Papa

para que disolviera la Orden del Temple.

Uno de esos caballeros fue apresado aquí.

Según la leyenda, fue ajusticiado y enterrado en un bosque.

Se le llamó "La Boca del Diablo". El Bosque de los Desahucios.

-¿Cuándo pensáis soltarme?

(GRITA DE DOLOR)

Claudia se ha ido. Pero ¿por qué, qué ha pasado?

Nos dimos cuenta de que no había nada entre nosotros.

(ENTUSIASMADO) ¡Oro! Hemos encontrado oro.

-¡Madre! ¡Es un dedo!

¿Qué vamos a hacer? -Si han decidido despiezar al niño,

no tenemos nada que objetar.

-Si pensáis quedaros con el dinero de mi familia,

es que sois mucho más estúpido de lo que pensaba, comisario.

Ni Dios, ni usted, ni nadie impedirá

que vaya a buscar a Nuño de Santillana.

Me gustaría tener un buen sitio en la iglesia.

-Sátur, no estás invitado.

(GRITA)

-¡Ah!

-Necesito que le des un escarmiento a alguien.

-¿De quién se trata?

-José Aranda, es uno de los herreros del Rey.

-Otro error como este y acabaremos en la horca.

¡Eres un inútil!

-¿Te interesan los templarios?

-Sátur, el herrero. -El herrero, ¿qué ha pasado?

-El caballo enloqueció y le pisó la espalda.

No mueve las piernas.

¿Tiene usted hijos?

No.

-Es oro, y sé dónde hay más.

-¡Ay!

-¿De dónde lo has sacado?

-¿Nuño?

(LLORA)

-¿Me ayudas a ilustrar a tu tío?

-Me has decepcionado. Has traicionado a la familia.

(Relincho)

-¿Qué ha pasado ahí fuera?

-Tenéis que iros. Os van a matar.

-Ahora vas a pagar por lo que nos has hecho.

(GIME ASUSTADA)

(Disparos)

-¡Huid, vamos!

¡Ah!

¡Hernán, no!

(SAGRARIO JADEA)

-¿Por qué siempre nos trató a mi madre y a mí como basura?

-Es que lo sois.

(Sonido de espadas)

-¡Ah!

-Son los que tienen a Nuño.

Esa carta la escribimos mi hijo y yo.

Te mataría aquí mismo.

(Golpes)

(Disparos)

Mátalos.

(IRENE SUSURRA)

(Relincho)

(Disparo)

(JADEA)

Vuelve.

(Música de viento)

(GRITA)

(SUSPIRA)

(RECUERDA) "Le diré a Margarita lo que siento.

¡No sabe cuánto he esperado este momento, amo!"

(GESTOS DE ESFUERZO)

(RECUERDA) "Podemos volver a empezar.

Iba a perdonar a Juanjo. Pero cuando llegué, se había casado.

(RESOPLA)

(RECUERDA) "Juan,quiero ir contigo".

(SORPRENDIDO) ¡Margarita!

Gonzalo, ¿estás bien?

(JADEA) Sí, ¿por qué?

Porque estabas dando golpes al aire. ¿Golpes?

No, no. ¿Cómo que no? Si te he visto.

¿Ah, eso? No, no, eso no son golpes.

Es que últimamente, con que no descanso bien, pues...

y dicen que el ejercicio va bien...

A ver si por conciliar el sueño te vas a descalabrar.

No estás hecho a esos contoneos. Tienes razón.

Ya me duele todo.

¿Qué haces aquí? Venía a traerte esto.

Decía que era urgente

y como el panadero ha dicho que venías al lago, te la traigo.

¿De quién es?

De Carmen y Arturo. ¿Carmen y Arturo? ¿Nuestros amigos?

Si hace un siglo que no los vemos. Pues casi 20 años.

Bueno, tú y yo aún éramos...

¿Y qué cuenta?

Se van a casar.

Y nos invitan a la boda.

(FRÍA) Pues qué bien.

Bueno, yo ya me tengo que ir. Con Dios.

Toma.

-¡Santa María, qué frío hace a estas horas!

Lo que me faltaba, resfriarme.

Anda, trae, dame eso.

Dame, dame. ¡Ay!

-Ya le he dicho que podíamos venir nosotras solas.

-Ya veo los huevos que os dan cuando venís solas.

¿Qué se creerá ese granjero, eso son huevos para una marquesa?

Me va a oír.

Ay, esperad un momento que no puedo más.

-¿Y no sería mejor llegar a palacio?

-¿Crees que si pudiera aguantar hasta llegar a palacio mearía aquí?

Ay, voy a ver.

(Sonido de micción)

(Pasos)

(BOSTEZA)

(ACENTO ITALIANO) -Bueno... Volvamos al carruaje.

Ya he estirado lo suficiente las piernas.

¿Qué pasa?

¿Qué es lo que pasa?

-Bajad las armas.

¡Bajad las armas!

-Va a venir con nosotros, Eminencia.

(Sintonía de la serie)

(Latigazos)

(GESTOS DE DOLOR)

(Golpes en la puerta)

-Ve a secarte la sangre y vuelve aquí.

¡Adelante!

Eminencia.

Comisario.

La Iglesia cada vez más refinada con la penitencia para sus fieles.

Tomad asiento.

Imagino que sabréis

que Su Santidad el papa Alejando VII nos honra con su visita.

Su sobrina me ha puesto al tanto.

(Pasos)

El parecido resulta asombroso, ¿verdad?

Lo encontré hace unos meses, casualmente.

¿No es...? ¿El Papa? No.

El Papa se encuentra cómodamente instalado

en uno de nuestros calabozos.

Se queja un poco de los grilletes y de las ratas,

pero así son estos romanos. Acércate.

Estas son tus ropas. Póntelas, puedes irte.

¿Pensáis poner a ese hombre en el Vaticano?

¿Habéis perdido la cordura?

Ese hombre ha sido cuidadosamente aleccionado

para cumplir con su papel a la perfección.

Y yo estaré con él en todo momento, comisario.

Los que están cerca del Papa saben

que corrige sus tentaciones a golpe de flagelo.

Como veis, estoy en todo, no dejo ningún cabo suelto.

Es lo más temerario que he oído en mi vida.

Sin embargo, es muy simple.

Se acerca la hora de elegir al sucesor de San Pedro.

Y, sin duda, con el apoyo de Su Santidad,

mi candidatura se verá sustancialmente fortalecida.

Lo siento, pero no cuente conmigo para eso.

No seré cómplice de ese despropósito.

Sin embargo, comisario...

ya lo sois.

Como sigas frotando así, rebajarás la mesa.

Gonzalo. Dime.

Yo no voy a ir a esa boda.

Lo siento.

Sé que debería estar alegrándome por nuestros amigos

y deseando celebrar ese día con ellos, pero no puedo.

(SUSPIRA) Bueno, es normal.

Aún tienes muy reciente lo de... (ENOJADA) Será normal,

pero yo a ti no te veo así.

Tu novia se acaba de ir... ¡Margarita!

A mí tampoco me apetece ir.

Pero durante años, han sido nuestros mejores amigos

y hoy es el día más importante de su vida.

Si fuera mi boda, querría estar junto a mi gente.

Ya. Pues debo de ser mucho más egoísta que tú.

No puedo fingir una alegría que no siento.

Así que discúlpate por mí.

Está bien.

(Puerta)

¡Ya va!

¡Margarita! Carmen...

¡Carmen! ¡Qué ganas tenía de verte!

¡Qué alegría! (RÍE)

¡Arturo! ¡Gonzalo!

¡Ven aquí! (RÍE)

¡Enhorabuena! Muchas gracias.

¡Felicidades! ¡Gracias!

Está todo listo para que paséis la noche en el pueblo.

Catalina y Cipri también se quedan.

Quería hablar contigo... Ya habrá tiempo.

Además, queríamos pediros una cosa. -Que seáis nuestros padrinos.

-Que seáis nuestros padrinos.

Nuestros padres murieron hace años

y vosotros habéis sido nuestros mejores amigos.

Bueno, ¿qué decís? -¿Qué decís?

Margarita... (RÍE CON ESFUERZO)

Pues... pues que sí, claro que sí. (RÍE)

-¿Te duele? -No, estoy bien.

-Cualquiera lo diría con la cara que tienes.

Estás mucho más guapo cuando sonríes.

(SONRÍE) -¿Ves?

Me alegra que al final no pasara nada.

¿Qué haces?

No puedes ponértelo hasta que cicatrice la herida.

-Irene...

Quedarte sin títulos ya es bochornoso como para encima ir descalzo.

-Ten cuidado. (SE QUEJA DE DOLOR)

-Traedme ya el desayuno. Me he levantado con apetito.

Buen día. -Buen día.

-Me voy a mi alcoba.

(Golpe de la jarra)

-Discúlpame, lo siento muchísimo. No sé cómo...

No sé cómo ha podido pasar.

Perdona, ¿eh?

No lo he hecho aposta.

(TEMEROSO) Por favor...

-Hernán, por favor, baja esa espada.

Baja esa espada.

(JACOBO JADEA ASUSTADO)

-Por favor, Hernán.

(JACOBO JADEA ASUSTADO)

Vámonos.

(RESPIRA FUERTE)

-Sr. Jacobo... -Ahora no.

-Es por su madre.

Se adentró en el bosque a orinar y la estuvimos esperando un rato

por si las aguas menores habían pasado a mayores,

pero ha debido de pasarle algo.

(JACOBO JADEA)

-Señor, ¿qué hacemos?

(Música suave)

Pero bueno...

¿Qué te parece? Que estás guapísima.

Esto es para la ceremonia. Luego, para la celebración...

(RÍE) ¡Por Dios!

¿Y tú qué? Enséñame qué te vas a poner.

Pues yo pensaba ir así.

¿Así vas a ir? ¡Mujer, que eres la madrina!

Algo más apañado tendrás para ponerte.

¿Y qué? Vamos a ver.

Este no, que es de todos los días...

Que no, de verdad que... Mira este qué precioso.

No, que no tengo cuerpo para ese.

¿Qué no tienes cuerpo? No.

Pues si tú no lo tienes, ¿quién?

Yo que me lo pudiera poner. Venga, pruébatelo.

Uff... Pruébatelo, ven.

(SUSPIRA) Es que esto de las bodas

me pone de un buen humor.

¿Ah, sí? Y más estos dos.

Parecía un amor imposible, y mira si al final, oye...

Y tan imposible, como que ella estuvo prometida con otro.

Bueno, prometida...

Lo que pasa es que el señorito se empeñó, y vamos...

Menos mal que sus padres se la llevaron de aquí, que si no...

Virgen Santísima. Pues sí.

(Puerta)

¡Margarita, que...! ¡Ay!

Perdón. ¿Qué pasa?

Perdón. Pensaba que estabais vestidas.

No pasa nada.

¿Qué queríais?

Pues que tendríamos que ir pensando en salir ya.

Pues muy bien. (SUSPIRA)

Qué guapos vais... los dos.

-Me lo ha dejado Gonzalo. (RÍE)

El coleto no cierra,

pero no se nota, ¿no? -No.

¿Todavía andas así?

¿A qué esperas para vestirte? ¿De verdad tengo que ir?

No conozco a nadie. Claro que tienes que ir.

Y Sátur no está. No vas a quedarte solo.

Pero Catalina deja a Murillo solo.

¿Tú lo dejas?

Yo sí. Bueno, es una noche solo

y ya son grandes, tampoco va a pasar nada.

-Padre, que ya tengo una edad. Nunca me has dejado solo.

(SUSPIRA)

Está bien, puedes quedarte.

¿En serio? Sí.

¡Bien, mi primera noche solo! (RÍEN TODOS)

Bueno...

¡Hala, venga!

-¡Madre!

¿Qué ha pasado, dónde estaba?

-¡Ay!

¡Ay, hijo!

Acabo de ver cómo secuestraban al Papa.

-¿Cómo que secuestraban? -En el bosque, unos embozados.

Han aparecido de golpe y se lo han llevado.

(OLFATEA) -Madre, ¿ha estado bebiendo otra vez?

-¡Pero qué beber ni beber!

¿No entiendes la gravedad de lo que te estoy contando?

Ay...

¿Sabes lo que supondría si supieran que les he visto?

-Ahora trate de tranquilizarse, madre.

-No me puedo tranquilizar.

Si me he visto con un pie en el otro barrio.

-Estoy pensando, madre, que si lo del secuestro es verdad...

igual corre usted peligro de muerte.

-¡Pues es lo que te estoy diciendo!

-Quiero que vayáis al calabozo de Su Santidad

y le entreguéis esto.

Necesito que responda a esas preguntas.

Supongo que se resistirá,

pero no dudo que vos sabréis cómo resolverlo.

Cuando os haya dado toda la información,

acabad con él.

¿Acabar con él?

¿Pretende matar a Su Santidad? (ASIENTE)

¿Quién quiere dos papas, teniendo un solo Dios?

(Puerta)

Adelante.

¿Todo en orden?

-Hay un asunto sin importancia que tal vez...

-No hay asunto sin importancia en lo que hacemos.

¿Qué ocurre?

-Lo encontramos en el bosque.

Puede que llevara días caído.

Hemos inspeccionado, pero no había nadie.

Es de una empleada del Palacio de Santillana.

(FIRME) Haceos cargo de ella.

(Música dramática)

(Jolgorio de fiesta)

-¡Cuánto tardan las mujeres en arreglarse!

¿No venían vestidas de casa?

Gonzalo, que ni te he preguntado.

¿Cómo estás?

Bien.

Se te ve tristón.

Estoy bien, Cipri, no te preocupes.

¿Es porque últimamente no te va bien con las mujeres?

Estas cosas nunca hay que decirlas,

pero, la verdad, yo no te veía con Claudia.

Ya.

Tú no te preocupes, que de todo se sale.

Y tú, que vales más que yo, ni te cuento.

No digas eso.

Pues muy bien.

-Bueno, ya era hora. -Ya estamos aquí.

Buenas.

Estáis guapísimas. -Muchas gracias.

Gracias.

Deberíais despeinaros, haréis sombra a la novia.

(RÍEN AMBAS)

-Lo que deberíamos es coger sitio.

Y vosotros debéis acompañar a los novios.

(AMBOS) Sí. -¿Nos vamos colocando por ahí?

Vamos a ver.

¿Qué?

Que estás... preciosa.

Gracias.

Eso no lo llevabas antes.

¿Esto? No, se han empeñado las mujeres y me lo he puesto.

Te queda bien. Gracias.

Bueno, pues...

Ahí viene el novio. ¡Buenas!

¿Qué, nervios? No.

¿No? No.

¿Llevas los anillos?

Gonzalo...

¡Los llevo, los llevo, los llevo! (RÍE)

¡Ay! Pues vamos.

Nos vemos luego.

¿Todo bien? Bien.

¿El pelo?

Bien, venga, va, va, va.

(Puerta)

(Música de suspense)

¿Dónde está el vino dulce? -En la alacena, señora.

¿Se lo traigo? -No, ya voy yo.

¿Quién ha dejado esa puerta abierta? -No lo sé, señora.

(Cierre de la puerta)

-¿Hay caldo hecho, Mercedes?

Estaba tan nerviosa por ver al Papa que apenas he desayunado.

-¿Has visto al Papa?

-Sí. Gracias a mi tío, he podido confesarme con él.

Soy una privilegiada, ¿verdad?

(INTRIGADA) -¿Y cuándo le has visto?

-Vengo de estar con él.

-Señora, se lo subo al salón.

(RESPIRA NERVIOSA)

-No han secuestrado al Papa.

Está confesando en la Colegiata de San Francisco Javier.

-Sé lo que he visto. tienes que creerme.

-¿No se da cuenta de que lo que dice no puede ser?

-Te digo que esta mañana han secuestrado al Papa.

-¡Y dale!

Madre, en su lista de ocupaciones,

el Papa bendecirá a los huérfanos de San Ildefonso.

Luego, dará una misa para los seminaristas.

Y al final, irá a una fiesta del Perdón.

¿No le parecen demasiadas cosas para alguien secuestrado?

-Pero hijo... -Madre...

Se acabó el alcohol en esta casa.

Pediré que retiren el vino de comulgar de la capilla.

-Dile a Su Majestad que estoy lista.

¿Qué significa todo esto?

-Sus plegarias nos ayudarán a engendrar un hijo sano.

-¿Qué?

-El pequeño Carlos está cada día más débil.

Hay que ser realistas, Mariana.

No hay muchas posibilidades de que nos sobreviva.

-Esto es humillante, Felipe.

-Más lo es que toda Europa sepa

que no eres capaz de engendrar un hijo sano.

No te pongas dramática.

No eres la primera ni la última reina en recurrir a esta práctica.

(Música ceremoniosa)

(REZAN LAS MONJAS)

-Disculpe, Majestad.

El Cardenal Mendoza ya ha llegado.

(Crepitar del fuego)

-Majestad.

-No quiero ver ni una meretriz en la Villa

mientras dure la visita del Papa.

Asegúrese de que limpien las calles.

-Excelente disposición, Majestad.

De ese modo, Su Santidad no podrá sospechar siquiera

que hay más burdeles que iglesias en vuestro reino.

(Jaleo de muchedumbre)

-¿Qué tal?

-¿Qué hacéis? -Nada, hablamos de lo de esta tarde.

-Ah, es verdad.

Puedo pasar la noche con vosotros.

-¿Qué tal en tu casa? -Bien.

Vamos tirando con lo que Sátur le dio a mi madre.

-¿Qué pasa?

-Si tenéis que usar la fuerza, hacedlo.

Con al carro, llevadlas al camino del Molar.

-¡No!

-¡Vamos!

-¿Por qué nos hacéis esto? ¿Adónde nos lleváis?

(GRITA)

(LAS MUJERES GRITAN)

-¿Adónde vas? Con lo bien que lo vamos a pasar.

(BOFETADA) ¡Ay!

(GESTOS DE FORCEJEO)

Lástima que tenga que matarte.

-¿Van a matarnos? (JADEA)

(Disparo)

(MUJERES GRITAN)

-¡Guardias!

-Alonso, ha ido a tu casa. Avisemos a los guardias.

-Calla. -¡Cállate!

(Música romántica)

-Gracias.

-Guapa.

-Guapísima.

(ELOGIAN LOS CONVIDADOS)

-Hola. (RÍE) -Hola.

-Como dijo San Pablo,

el amor es paciente, es servicial.

El amor no es envidioso,

no hace alarde, no se envanece,

no procede con bajeza,

no busca sus propios intereses,

no se irrita,

no tiene en cuenta el mal recibido,

no se alegra de la injusticia,

sino que se regocija con la verdad.

El amor todo lo disculpa,

todo lo cree,

todo lo espera, todo lo soporta.

-¡Ah!

(Sonido metálico)

(SUSPIRA) ¿Qué tal?

-Mal. (RÍE)

-Si lo he matado.

-Sí, bueno, teniendo en cuenta

que tu contrincante no puede defenderse, sí.

Pero no se suele darse mucho.

-Pues enséñame. -Venga, colócate.

Las piernas más separadas.

Esta un poco más atrás.

La espalda recta.

Muñeca arriba.

Brazo hacia adelante.

Y la espada recta. -Vale.

¿Así? -Sí, muy bien.

Venga, atácame. -¿A ti?

-Sí, vamos. -Vale.

¿Preparado?

(Choque de espadas)

(Choque de espadas)

-¡Ah! -¡Ay!

¿Estás bien?

(RÍE)

(RÍE) -¡Ay, que me haces cosquillas!

-Más te vale tener a un hombre que te defienda.

-Tengo todo el tiempo del mundo para aprender a luchar

y tú para enseñarme.

Así que, venga.

-Espera, espera, espera.

Voy a por un botón protector para la espada.

Bastante tengo con lo del pie.

-Venga, date prisa, te espero aquí.

(SUSPIRA)

(Chirrido de puerta)

(Música de tensión)

(Portazo)

-¡Ah, no!

(GESTOS DE ESFUERZO)

(Pasos)

-Deja de tratarme como si fuera una beoda.

-Madre...

¿Está muerta?

-Eres mongólico y te tengo que decir las cosas poco a poco.

-Madre, ¿está muerta?

(JADEA)

-Madre, el joyero.

Le han robado todas las joyas.

-¿Qué me importan las joyas con un cadáver en mi alcoba?

-¡Ay! -Ay.

-Ay ,ay, ay.

(RECUERDA) "Lo que faltaba, resfriarme.

Anda, trae, dame eso.

Dame, dame. ¡Ay!

-¿Qué es lo que pasa?"

-¿Se encuentra bien?

-Era verdad. -¿El qué?

-Era verdad, sabía que lo había visto.

Lo sabía.

-¿Qué está hablando?

(ASUSTADA) -Es la criada que vino conmigo esta mañana.

Ella me prestó su chal y...

(SOLLOZA) -¿Qué pasa, madre?

-Pues que lo perdí cuando corría huyendo por el bosque.

No es un robo, Jacobo, es un asesinato.

Creyeron que era ella

la que había visto el secuestro del Papa.

Se han equivocado.

Querían matarme a mí.

(Chirrido de puerta)

(Música de tensión)

-Así pues, unid vuestras manos

y expresad vuestro consentimiento ante Dios y su Iglesia.

Arturo, ¿quieres a Carmen como legítima esposa

y prometes serle fiel en la salud y en la enfermedad

y amarla y respetarla todos los días de tu vida?

-Sí, quiero.

-Carmen, ¿quieres a Arturo como legítimo esposo

y prometes serle fiel en la salud y en la enfermedad

y amarle y respetarle todos los días de tu vida?

-Sí, quiero.

-En nombre de Dios, yo os declaro marido y mujer.

(RÍE)

(Aplausos)

¡Vivan los novios!

(CARMEN RÍE)

¡Vivan los novios! -¡Viva!

(RÍE) Anda, ven.

¡Venga, a beber todo el mundo!

Bueno...

Parece que al final ha salido todo bien.

Sí.

Voy a ayudar a las mujeres con la comida.

¿Y qué hacemos? -Deberíamos preparar una sopa.

Tendrá hambre. -¿Pero vas a dejar que se quede?

Ha matado a un guardia. -No tiene adónde ir.

-Sí, la calle. -Si la echamos, la van a matar.

-Y si la dejamos, nos matarán. -¡Se va a quedar y punto!

-Mejor me marcho. No quiero buscaros problemas.

-No te puedes ir, te buscan. -Son los guardias.

-Sube arriba. -Corre.

-Escóndete, rápido. -Corre.

-Buenas tardes, ¿puedo ayudarles?

(Chirrido de puerta)

-¿Quién hay allá arriba? -Nadie.

-¿Seguro? -Sí.

(EN VOZ BAJA) -Ya te lo he dicho.

-¿Qué hacemos ahora? -No sé.

-Nos van a pillar.

-¿Sabes qué pensaba en la ceremonia?

Que ojalá fuéramos tú y yo los del altar.

-Ya, pero sabes que eso no nos va a pasar nunca.

-No te imaginas lo que daría

por poder decir en alto que te quiero.

¿Por qué no nos daríamos cuenta antes,

cuando éramos jóvenes y estábamos a tiempo?

-Porque nos teníamos demasiado cerca para vernos, Cipri.

-¿Qué hacéis aquí que no coméis? -Ahora íbamos.

Hacíamos tiempo hasta que hubiera un hueco.

-Lástima que no haya venido Floro, ¿verdad?

-Sí.

-¿Sabes algo de él? -El pollo, que lo acaban de sacar.

Voy a coger. -Sí.

Yo voy a ver si me refresco un poco la cara.

Carmen, enhorabuena otra vez.

Vas a ser muy feliz. Ya lo verás.

-Gracias. Toma. -Gracias.

Disfruta, que hoy es tu día.

(Jolgorio de invitados)

-Para ti.

¿Para mí?

Algún día encontrarás a un hombre que te quiera como te mereces.

Muchas gracias, Carmen.

¡Carmen! ¡Ven aquí, mujer! -Voy. (RÍE)

(Música triste)

-Guardias, vámonos.

(JADEAN LOS NIÑOS)

-¿Qué ha sido de ella? -¿La habéis escondido?

-Imposible que no la hayan visto.

(TIRITA)

-¿Dónde estabas? -En el establo, debajo de la paja.

-Voy a buscarte agua caliente, ¡vale? -Gracias.

(TIEMBLA Y SOLLOZA)

-¡Hernán! ¿Qué pasa?

¿Ocurre algo, querida? Sí.

¿Le pasa algo al niño? No es el niño.

El Santo Padre está en peligro.

¿Qué? Que le han secuestrado.

Pero, Irene, ¿qué estás diciendo?

(IRENE JADEA)

Se está preparando para la recepción en el Palacio Real.

Está perfectamente. Han matado a una criada.

Creían que el chal era suyo... ¿Dónde lo has oído?

¡Da igual, la han matado! ¡Tranquilízate!

(RESOPLA NERVIOSA)

Si la han matado, habrá sido para robar las joyas.

A la gente le gusta demasiado inventar rumores.

¿Cómo sabes que ha sido un robo?

Acabas de llegar.

Lo acabas de decir tú misma.

No, yo no he dicho nada.

¿O sí?

Querida, necesito saber dónde has oído eso del Papa.

Dime dónde lo has oído.

Pues, no lo sé, habrá sido...

Habrá sido una equivocación

y habré escuchado mal.

Y ahora, si me disculpas,

voy a darme un dulce baño caliente.

Me vendrá bien relajarme.

Claro, querida, claro.

Comisario.

Ya hemos limpiado las calles.

¿Qué hacemos con las prostitutas? Te enterarás en su momento.

Seguid registrando cada rincón.

Que no quede ninguna. Sí, señor.

¡Tú, espera!

Vigila en todo momento a mi esposa.

Si intenta salir, avísame. Señor.

(Música festiva)

-Lo que te estás perdiendo.

El tío del novio se ha subido al balcón

a brindar por la pareja,

y de lo borracho que iba se ha caído al pilón.

Y ahora están buscando al novio para mantearlo,

que miedo me dan con lo animales que son.

Siento mucho estar así, Catalina, pero no puedo.

Ya lo sé, cariño.

Ya sé que cada duelo tiene su tiempo.

Algo mal debo de hacer con los hombres para acabar igual.

Si se me está poniendo cara de solterona.

Solterona tú, bendito sea. ¡Pues ya me dirás!

Me voy a quedar para vestir santos.

Solterona es la hija del quesero.

Y ahí la tienes, no pierde el tiempo.

¿No la has visto en el mercado?

Con unos y con otros, venga a romancear.

Pero metiéndote aquí,

dudo que vengan muchos de romanceo contigo.

No tengo ganas de romances.

Eso sale cuando menos te lo esperas.

Yo, por si sí, por si no, te he estado ojeando el terreno.

Te tengo que decir que no hay ningún adonis.

Casi, casi, el único el librero. ¿El librero?

¡Pero si es completamente afeminado! Que va a ser afeminado.

Pero ¿tú cómo estás?

Lo que pasa es que la gente culta

en medio del pueblo parecen amanerados.

Sí, claro.

Tampoco pasa nada. Si de esta boda no sale otra...

Hala, tira para fuera. No, que no tengo ganas.

¡Cómo que no! Venga, que ya llevo mucho tiempo aquí.

Ahora coges, te estiras el vestido...

Venga, luz a las mejillas.

¿Que se te pone cara de solterona? Pues pon cara de casadera, ríete.

(RÍE) Venga.

Tira, que te dé aire al cuerpo. Cansina eres.

No acepto un "no" por respuesta.

-¿Qué hace sentada? Habíamos dicho que nos íbamos.

-Pues he cambiado de idea. Mejor nos quedamos.

-¿Qué?

-Mira, si han matado a una criada pensando que era yo,

a mí ya no me busca nadie.

-Madre, que si se ha librado ha sido por los pelos.

¿Quién le dice que esa gente no tira de sus hilos

y acaban por descubrirle? Venga, vámonos.

-Tan importante es afrontar las adversidades,

como saber darles la vuelta.

-Madre, ¿qué está usted pensando?

-¿Sabes qué recompensa tendría el que salve la vida al Papa?

-¿Salvar la vida al Papa usted?

No, se va a callar y nos vamos a ir

hasta que pase todo, que para eso tenemos castillos.

Venga. -¡Uy, hijo, uy, uy!

Si hubiera huido así de las situaciones de riesgo,

no habría llegado hasta donde estoy.

-Vamos a ver, madre.

¿No ve que no puede meterse ahí en medio?

Que no sabemos quién está detrás de todo esto.

Que han matado a una criada.

-Jacobo, en esta vida solo hay una manera de ganar:

arriesgándote.

(Música de danza)

No, gracias.

Es que está "reventaíca", de los tacones.

Igual luego se anima y baila contigo.

Gracias.

Debo decirte que era de lo mejorcico de la boda.

Sí.

Debo de ser la única soltera,

porque han pasado por aquí, ya ni se sabe.

Voy a por vino, ¿te traigo? No.

¿No bailas?

-Con el único con el que me apetecería bailar,

es justo con el que no puedo.

-¿Bailas, Margarita? ¿Yo?

No, gracias, es que llevo mucho tiempo sin bailar.

Y no quiero dejar a Catalina sola. ¡A mí no me pongas de excusa!

Venga, baila. -Venga, mujer.

-Corre. Bueno, venga.

Vamos allá, Cipri. (RÍE)

Catalina...

A mí no se me da muy bien esto, pero ¿quieres bailar?

Claro, hombre.

(RÍE)

¡Sí!

¡Bravo!

¿Bailas?

(Música de baile)

(Música romántica)

(Cantante entona canción romántica)

(Galope de caballos)

(CARMEN GRITA)

(Puñetazo)

¡Carmen!

(Forcejeos)

(Disparo)

¡Gonzalo, Gonzalo!

¡No, no, Gonzalo! ¡Gonzalo!

-¡Carmen!

¡Carmen!

¿Qué pasa? ¡Gonzalo, mírame!

¡Carmen, no!

(SOLLOZA) ¡Gonzalo!

¡Gonzalo!

¡Gonzalo!

(Goteo de agua)

¿Te importaría esperar fuera?

Tengo que bañarme.

-Después del asesinato de la criada, tengo orden de no dejarla sola.

-Claro que sí, así está más segura.

-Mi marido se alegrará

cuando sepa que me has visto desnuda.

-La esperaré fuera.

(Puerta)

-Necesito tu ropa. -¿Mi ropa?

-Sí, tengo que salir. -Pero ¿para qué necesita mi ropa?

-Nadie debe saber que he salido de palacio. Nadie.

Es muy importante, por favor. -Bueno...

Vale.

-¡Dios mío!

Esto es imposible.

En cuanto salga por ahí, me reconocerá.

-Yo solo lo uso para la huerta, pero igual le sirve.

-Así mejor, ¿no? -Sí.

-Mucho mejor.

Muchas gracias, Marta. -De nada.

(Puerta)

La bala está dentro, hay que sacarla.

Se la sacaremos.

-Por Dios, qué boda más "desgraciá".

La novia secuestrada, este hombre así...

(LLORA)

-Ve a por agua caliente, Catalina.

¡Ah!

¿Lo has hecho alguna vez? Sé que no es lo mismo,

pero... he abierto a muchos gorrinos en la posada.

¡No, Cipri!

Margarita, tráeme un espejo.

(JADEA)

Así.

¡Ah!

¡Ah!

Ya está, ya está, Gonzalo, ya está.

Hay mucha sangre.

¡Cipri! Arturo ha cogido un arcabuz

y va a por Carmen, lo van a matar.

-¿Cómo?

No me encuentro muy bien.

Necesito descansar. Yo me quedo contigo.

No, prefiero estar solo. Gonzalo, tienes mucha sangre...

Por favor, estaré bien...

Está bien. (GIME DE DOLOR)

Ya está.

Yo estoy aquí cerca.

(SE QUEJA)

¡Ah!

(Llave cerrando)

¡Ay!

Ya he respondido a todas las preguntas.

¿Qué van a hacer conmigo?

(Pasos)

¿Quién eres?

¿Por qué me haces esto?

¡Soy representante de Dios!

Soy representante de Dios en la Tierra.

¿Quién eres?

¿Quién eres?

(EN ITALIANO) ¿Quién eres?

(RECUERDA)"Acabad con él. ¿Pretende matar a Su Santidad?

¿Quién quiere dos papas teniendo un solo Dios?"

(Cañón del arma)

(GRITA) -¡Ah, no, no, por favor!

(SUPLICA EN ITALIANO) ¡No me mate!

(EN ITALIANO) ¡Tenga piedad!

(EN ITALIANO) ¡No me mate, no!

(GIME ATERRORIZADO)

(EN ITALIANO) ¡Ah, no, no, no me mate!

(EN ITALIANO) ¡Por favor, no, no me mate!

(SOLLOZA) ¡No, no me mate, por favor! ¡Tenga piedad!

¡Tenga piedad, tenga piedad!

(LLORA Y REZA EN ITALIANO)

(Golpes en la puerta)

-¡Madre!

¡Madre!

¡Madre, por favor, abra!

Madre, abra la puerta.

¡Madre!

¡Madre, le pido...! Trae, fuera.

Madre, ¿adónde va usted?

Madre, por Dios, recapacite.

-El Rey va a recibirme en palacio. -¿A usted?

-Sí, y a las hermanas carmelitas

que asistirán esta noche a la recepción.

No pongas esa cara.

Solo los grandes de España y los religiosos

están invitados a la recepción del Papa.

-Pero ¿se ha vuelto completamente loca?

Esta ropa que lleva es de la obra aquella, "Sor Ramona".

-Sí, sabes que guardo los trajes de mi época de actriz.

Nunca se sabe cuándo pueden necesitarse.

(RESOPLA) -Serénate, Jacobo.

-¿Cómo? Si veo que ha perdido completamente la cabeza.

-¿Sabes cuántos a lo largo de la Historia

se han tenido que vestir de lo que no eran

para llegar lejos?

¿No has oído hablar nunca de la Monja Alférez?

-¿De quién? (GESTO DESPECTIVO)

-Madre, déjese de monjas.

¿Ha pensado bien lo que pretende? ¿Quiere ver al Rey vestida de monja

y decirle que han secuestrado al Papa?

La meterán en un manicomio.

-Lo único que va a hacer el Rey es premiarnos.

-Ya, madre, pero ¿y si sale mal? -No, no saldrá mal.

Soy muy buena actriz. Siempre lo he sido.

-Ya, madre, pero si no sale bien

no solo va a echar a perder su vida,

yo iré detrás, ¿tan poco le importo?

(Pasos)

¿Has visto a Irene? No.

(SUSPIRA)

(GRITA) ¡No, por favor, no le matéis!

¡No!

¡Arturo! (GRITA)

¡Déjalo, haré lo que tú quieras, me iré contigo!

-Hace años me humillaste.

A mí no me deja nadie,

y menos la hija de unos campesinos como tú.

(CARMEN GRITA)

-¡Dejadlo!

(CARMEN GRITA)

¡No!

-¡Cogedlo!

¡Rápido, rápido!

(Golpes y puñetazos)

¡Dejadlo!

(Música de tensión)

(GRITA DESESPERADA)

(JADEA)

¡Cogedlo!

-¡Ah!

-¡Vamos!

-¡Aaah!

-¡Acabad con él!

¡Ah!

(AMBOS EXCLAMAN LUCHANDO)

(Rotura de garganta)

(GIME DE AHOGO)

(JADEA)

(RESPIRA MUY FUERTE)

(Música suave)

No sé por qué dicen que sois de una raza inferior.

(Golpes en la puerta)

Estoy tratando asuntos de vital importancia.

Quienquiera que sea, que venga en otro momento.

-Es su sobrina, Eminencia.

-Un momento.

(Chapoteo de agua)

Bien...

vuelve luego.

Que pase.

Espero que tengas una buena razón para sacarme de mi baño.

-Es muy urgente, tío.

-Irene, que sea...

¿Qué te ocurre, por qué vas vestida de ese modo?

-Está ocurriendo algo muy grave.

Creo que han secuestrado al Santo Padre.

-Hija mía, ¿qué estás diciendo?

(NERVIOSO) Tú misma has estado con el Papa hace solo unas horas.

-Sí, sí, lo sé...

-Sin duda, se trata de un malentendido.

¿De dónde has sacado eso? -¿No me crees, verdad?

¿Crees que me lo estoy inventando? -Irene, las mujeres soléis tener

repentinos cambios de humor.

A veces, veis cosas donde no las hay.

En fin, no te lo reprocho, son cosas de la naturaleza.

-Tío, esta mañana, cuando he hablado con...

cuando se lo he contado a mi marido, él...

Yo creo que él sabe algo.

-¿De qué estás hablando, hija mía?

-Quizás deberías hablar con el Rey. -¿Cómo?

-Sé que está ocurriendo algo.

Y si no me crees, da igual.

Iré yo a buscarle. -Irene, basta.

Tú no vas a hacer nada.

¿De verdad crees que puedes importunar al Rey

con una insensatez como esa?

Quiero que vuelvas a palacio,

te acuestes y te olvides de este asunto.

¿Está claro?

¿Está claro, hija? -Como quieras, tío.

-Bien, haz lo que te digo.

(Música de tensión)

-Perdón.

Que... te he lavado la ropa.

La dejo aquí para que se seque.

(TÍMIDO) Y que si quieres que te traiga algo de mi tía

para que no estés así.

-Estoy acostumbrada a que me vean.

Quiero decir que así estoy bien.

No te preocupes.

-Te hemos hecho un caldo.

(RISILLA) Es la primera vez que cocinamos.

-Es la primera vez que unos hombres me tratan tan bien.

-Nos ha llamado "hombres".

(TÍMIDO) -Bueno, nos vamos, ¿no?

-¿Eh? -Que querrá descansar.

-Sí.

Bueno, adiós. (RÍE)

-Alonso.

¿Puedo pedirte un favor?

¿Otro?

-Sí, claro.

-¿Te importa quedarte conmigo un rato?

Ha sido un día duro y...

-Tranquila, me quedo hasta que te duermas.

(RÍE)

Puedes sentarte si quieres.

-¿Eh? Sí, sí, me siento.

(SORBE LA SOPA)

Trae. -Gracias.

(Música suave)

-¿Apago?

-Apaga.

(SOPLA)

-Alonso...

Muchas gracias por todo.

-Duerme tranquila.

No dejaremos que te pase nada.

-Buenas noches. -Hasta mañana.

(GRITA) -¡Gonzalo! ¡Gonzalo, abre la puerta!

¡Gonzalo!

-¿A quién se le ocurre encerrarse estando así?

-Abre la puerta o la tiro. ¡Ay, Dios!

¡Gonzalo!

¡Pero Gonzalo!

¡Qué susto que nos has dado!

¿Estás bien? Sí.

¿Qué haces ahí?

Me he levantado con frío.

Normal, si tienes la camisa abierta.

Tira para la cama.

¡Ah! Venga.

No sé dónde tocar.

Por Dios, tápate, tápate bien. Venga.

¿A quién se le ocurre levantarse? Así.

Tú porque estabas aquí y no te has enterado,

pero no veas la que se ha liado fuera.

Ni en las novelas románticas de caballería.

¿Por qué?

¿Arturo ha conseguido rescatarla? Sí, señor.

-Los hombres de César le estaban apaleando

y ha aparecido el Águila Roja.

-Pero a los pobres, el susto no se lo quita nadie.

Han decidido aplazar la noche de bodas

y se van ya de viaje.

Eso deberíamos hacer nosotros y marcharnos.

¡No!

Estando Gonzalo como está,

lo mejor sería quedarnos y salir mañana, ¿no?

-La verdad es que sí, este hombre... No, estoy bien, de verdad.

Vamos a recoger las cosas y nos volvemos a casa.

Gonzalo, túmbate.

Bueno, pues voy a ir yo recogiendo por ahí fuera.

-¿Te ayudo?

¿Llevo yo el carruaje y así descansas?

No, estoy bien, de verdad.

¿Qué tienes en el cuello?

¿Dónde? ¡Aquí!

Antes, que me he dado un golpe con la ventana.

Anda que... Gonzalo...

Bueno, voy a recoger, porque vamos, menuda boda.

Te pasas desde niña

pensando que va a ser el día más feliz de tu vida...

Pero lo importante de las historias es que terminen bien, ¿no?

Sí, supongo.

(Crepitar del fuego)

(Música de tensión)

¡Por favor!

¡No!

¡No, por favor!

¡No me hagas daño!

(ASUSTADA) ¡No, por favor!

(Disparo)

(LLORA)

Irene, Irene, tranquila, ya pasó, estás a salvo.

Ya pasó, ya pasó, tranquila. Ya se acabó todo.

¿Quién ha sido? ¿Quién ha sido?

¿Ha sido mi tío? No, cualquiera pudo oírte.

Tu tío y yo sabíamos lo del secuestro.

Intentábamos capturar al culpable.

Pero ya pasó todo.

Hernán, yo...

cuando he ido esta tarde a avisar a mi tío,

te delaté.

Perdóname. Tranquila.

Perdóname. Tranquila, no importa.

Lo siento.

¿Sabes qué hacer con él?

Sí, señor. A medianoche iré a por Su Santidad.

Mételo en un saco.

A primera hora, quiero al Papa en el lago.

Sí, señor.

(Disparo)

(HABLAN LAS MONJAS ALTERADAS)

Márchate tú. Sí, señor.

-¡Dios mío!

Salgamos de aquí, Irene. Vamos.

(SAGRARIO GIME DE DOLOR)

(Puerta)

-¡Padre!

¡Alonso! No, no padre, no es lo que...

-Perdóname. Gonzalo, el desayuno ya está listo.

¿Pero qué es esto, Alonso?

¿Lo has visto, Gonzalo? Lo veo, lo veo.

Que no, tía, que... ¿Que no qué?

¿Para eso quieres quedarte solo? Que no...

Anda, hijo, termina de vestirte, luego hablamos.

Pero que no es... Y tú también...

Lola, me llamo Lola. Lola.

¿Cómo que luego? Dile algo ahora, ríñele o algo.

Ahora no es momento. Que no es momento, dice.

Perdonad, fui yo...

¿Y tú no ves que es un niño?

Que no tiene edad para nada.

¿Me queréis escuchar? Deja que se explique.

Mira que no quería ir a esa dichosa boda.

¡Que mató a un guardia!

¿Has matado a un guardia?

Los guardias están deteniendo a prostitutas

y se las llevan en carros.

Yo solo quería defenderme.

-Ahora la buscan, por eso se ha escondido aquí.

¿Adónde las llevan?

Solo oí que iban hacia el camino del Molar.

¿Para qué?

Para matarnos.

Ya está.

Anda, preparo leche caliente.

¿No vas a desayunar?

No, aún me duele un poco.

Prefiero ir al médico, que no se me infecte.

Pero ¿te encuentras bien? Estoy bien, gracias.

¡Por favor, soltad!

Yo no he hecho nada, por favor.

-Aire, aire.

¡Sacadme de aquí. -No puedo respirar!

-¡Por favor, soltadme!

¡Por favor!

-Señor, aquí lo tiene, tal y como ordenó.

(GRITAN LAS MUJERES)

-No me matéis, por favor.

-¡Yo no he hecho nada, por favor!

¡Ahogadlo con el resto!

¡Sacadme de aquí, no puedo respirar!

¡Soltadme! -No me mates, por favor.

¡Soltadme, no, déjame, déjame!

(Sonido de agua)

¡Vámonos! Sí, señor.

-¡Cógela, que se escapa!

(GRITA DESESPERADA)

¡Ah!

(GRITA)

(LLORA)

¡No!

(Relincho de caballo)

(Disparo)

(Cruce de espadas)

(Puñetazos y golpes)

(Cruce de espadas)

-¡Suelta la espada!

¡Suelta la espada!

(GIME CON ESTERTORES)

(RESPIRA AGITADA)

Tranquila. Estáis a salvo.

(INTENTA ENSALIVAR)

Pero ¿qué significa esto?

-Ha sido la única manera de hacerla entrar en razón.

-¿Cómo?

-Se va a olvidar del asunto para siempre.

-Suéltame, Jacobo, suéltame.

-Mientras el Papa esté en la Villa, usted no sale de aquí.

-¿Te has vuelto loco? -Que yo me he vuelto...

¿Sabe qué he tenido que inventar para explicarles a la monjas

quién era usted y qué hacía de esa guisa?

-Ay, hijo, si no me hubieran disparado,

habría conseguido entrar al palacio.

-No sé si ha pasado algo con el Papa,

pero estuvo en la recepción y fue un éxito.

-¿Y la criada muerta?

¿Cómo explicas eso, eh?

-Tampoco entendemos por qué no nos caemos

y la Tierra es redonda y gira, y vivimos tan ricamente.

-¿Qué tiene que ver eso?

Suéltame, Jacobo, suéltame, ¿adónde vas?

-A quemar todos sus disfraces.

-Jacobo, te lo ordena tu madre, suéltame.

¡Jacobo!

¡Jacobo!

¡Jacobo!

-Venga.

Venga, ¿qué? Regáñame.

Dijiste que lo harías por la mañana.

No.

Te dije que hablaríamos, no que te regañaría.

Mira, ya sé que en casa,

no hemos hablado mucho de este tema porque...

a mí estas cosas no se me dan muy bien.

Pero tú ya tienes una edad y...

Padre, solo la he ayudado a esconderse.

Ya. Vale, sí...

Es muy guapa, pero no, no ha pasado nada.

Pero algún día, pasará, pasará.

Quería decirte que si un día quieres saber algo sobre mujeres,

que me preguntes.

Yo no es que sepa mucho, pero algo sé.

Ha llegado una carta, es de Sátur.

¿Sátur?

(LEE) "Hola, amo.

Le escribo para contarle que por fin he encontrado

un sitio donde dejar a esta gente.

Tiene de todo. Vamos, que parece el Edén.

No... no se imagina usted lo que ha sido esto.

Con decirle que al llegar al pueblo,

nos han confundido con un circo ambulante.

Estaré de vuelta en un par de días.

Un abrazo, yo".

Parece que está bien. Está bien.

No entiendo por qué le ha dado por hacer estas cosas.

Bueno, hijo, hacer cosas por los demás está bien.

Ya estoy lista para irme.

Te acompañaré.

Bueno, pues nada...

que... muchas gracias por todo.

-Adiós. -Adiós.

(Colleja)

-Pero ¿qué haces?

¿Por qué me das? Si solo le he dicho adiós.

-¿Y qué? ¿Cómo ha ido la primera vez?

(CHASQUEA LA LENGUA) -Mejor que comer, ¿eh?

Oye, oye, si dentro de unos días empieza a picarte...

(Sonido de espuelas)

(SUSPIRA)

Vengo de hablar con vuestra esposa.

Ha estado contándome cómo le habéis salvado la vida una y otra vez.

Estoy realmente impresionado.

No se inquiete, Eminencia.

Irene sabrá callar. Lo sé.

Ha sido una excelente idea hacerla creer

que estábamos tratando de encontrar al culpable.

No vuelva a intentarlo.

Me sangra el corazón,

pero ya le dije una vez

que nada ni nadie se interpondrá en mi camino al papado.

La cristiandad necesita hombres como yo.

Ahora, debo recoger a Su Santidad

y partir cuanto antes para el Vaticano.

(SUSPIRA) ¿Y bien? ¿Dónde está el cadáver?

¿Lo habéis enterrado ya? De eso precisamente quería hablaros.

El impostor descansa en el lago.

Ordené a mis hombres que lo detuvieran

después de la recepción.

¿Qué es lo que habéis hecho?

No pasaré a la Historia

como el que mató a Su Santidad Alejando VII.

Ahora le haré pasar.

Le quitarán la venda en cuanto llegue a esta puerta.

Estoy deseando ver la explicación que le da.

Buenos días, Eminencia.

(HABLA EN ITALIANO)

¡Soy el Santo Padre!

¿Qué pasa?

(Ruido de cadenas)

¿Qué pasa?

-¡Ah!

-¿Qué pasa?

¿Qué sucede?

(EL GUARDIA GIME DE AHOGO)

-¿Qué es lo que pasa?

-¡Ah!

-¿Qué es lo que pasa?

-Santo Padre.

¡Estáis a salvo, Padre!

Gracias a Dios que os he encontrado, Padre.

-Cardenal Mendoza.

(EN ITALIANO) -Gracias a Dios.

Voy a ir a la Boca del Diablo. ¿La Boca del Diablo?

¿No ha avanzado ni un ápice desde que me fui?

¡Ah! ¡Sátur!

Viajaréis a Cádiz con el cuadro.

Os haréis pasar por naufrago.

-Debemos matarlo en alta mar.

-Hoy va a venir el Duque de Izaga

y todo parece indicar que vas a casarte con su hija.

¿Me estáis pidiendo que mate al rey Carlos de Inglaterra?

A veces, hay que sacrificar una vida para salvar otras muchas.

-Ay, Dios, que le ha visto la cara, amo.

(ESCUPE)

-No tema, sé lo que hacer mientras mate a ese hombre.

No voy a matarlo.

(LEE) "Te cedo la tutela del niño.

Sé que tomarás las mejores decisiones para él".

Si ese hombre le ha delatado, usted y su familia están muertos.

-Conocemos vuestras intenciones de atentar contra nuestro rey.

-¡No! ¡Sátur, no!

¡No se lo lleven!

¡Deja el cuchillo! ¡No!

(Puñetazo)

Cuéntale a Margarita la verdad.

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  • T5 - Capítulo 61

Águila Roja - T5 - Capítulo 61

26 sep 2013

El Rey espera la llegada del Papa Alejandro VII a la villa.  Los  hombres del Comisario limpian las calles de prostitutas, llevándoselas a la fuerza.  Una de ellas consigue escapar escondiéndose en casa de Gonzalo.  Alonso tendrá que decidir si delata o no a la mujer.

Mientras, Gonzalo, Margarita, Cipri y Catalina, asisten a la boda de unos antiguos amigos. La ceremonia será interrumpida por un antiguo pretendiente de la novia.

En Palacio, Irene descubre un asesinato. Cuando se lo cuenta al Comisario, se da cuenta con horror, que su marido está involucrado.

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