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2000151
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Transcripción completa

No me mates.

(Música de tensión)

-Dios mío, amo, nunca le había visto ni tan violento ni tan vengativo.

Que se sepa el precio que deben pagar por lo que han hecho.

Buenas noches, cardenal Mendoza.

(RESOLLA)

Richard Blake...

Nuño se ha ido.

En esta carta se despide para siempre.

No se me encone, por Dios. El doctor es culpable.

Me cuesta creer que Juan haya hecho algo así.

Si ha matado a su mujer pagará por ello.

-Te mataré. -¡Guardia! ¡Rápido!

-Entrégueme de una vez. Con mucho gusto.

En mi cárcel no tengo chusma como la de su calabozo.

Un asesino es asesino en todas partes, alcaide.

Te cuidaré, lo prometo.

No puede ser, ha estado a punto de pedírselo a doña Margarita.

No se puede casar con otra.

Si es lo mejor para Mariana, lo haré.

A lo mejor nos rendimos pronto

y no agotamos las posibilidades de mostrar que es inocente.

¿Te gustaría que lo fuera?

-Richard Blake estuvo en mi propio dormitorio.

-¿Y esta carta? Sin sello en el lacre ni remitente ni nada.

Han secuestrado a Nuño. -Madre, ¿qué hace con la carta?

-No se ha recibido ninguna carta.

-¿No te acuerdas de tu primer paciente?

-Tienes la pierna destrozada. Voy a tener que amputártela.

¡He cortado la arteria! ¡He cortado la arteria!

(Derrame de sangre)

-No pagaste por la muerte de mi hijo, pero pagarás por la de tu mujer.

-¡Que llamen al Rey! ¡Que llamen al Rey!

La cruz pertenecía a un joven que murió hace 14 años en la guerra.

¿No hay posibilidad para Juan?

(AMBOS) ¡Sátur!

Alguien metió algún opiáceo en el agua para que no recordase.

Tú también has bebido y te ha pasado lo mismo.

Eso quiere decir que el doctor no mató a su señora.

(GRITA)

-Hemos encontrado este pañuelo.

-Es de Nuño.

(GRITA)

-Shit.

-¿Richard Blake? -Tampoco lo entiendo, estaba muerto.

-Se ha obrado el milagro:

tu mujer acaba de resucitar de entre los muertos.

A Juan lo decapitan al mediodía.

Van a vigilarle

hasta que el verdugo tenga el hacha en su cabeza.

No puede contar ahora con el factor sorpresa.

-Es de Nuño.

"Cuando la recibas estaré rumbo a las Américas".

¿Por qué haces esto por nosotros? ¡Tenéis que saltar!

Perdona por todo lo que te hice.

Juan de Calatrava y Fonseca, grande de España

a partir de hoy será un muerto en vida.

¿Qué tal está Margarita?

Pues mustia, ¿cómo va a estar?

No suelta prenda desde que llegó del bosque.

Podría bajar y hablar con ella, ¿no?

¿Y qué quieres que le diga? Juan no va a volver jamás.

No puedo consolarla.

Mire, las personas normales,

las que no somos héroes,

pues a veces necesitamos que nos escuchen.

Solo eso.

He descubierto algo sobre la Boca del Diablo.

Muy bien.

¿Y qué? ¿Ya sabe dónde está el tesoro?

En 1307, el rey Felipe de Francia convenció al Papa

para disolver la orden del temple.

Fueron perseguidos por Europa,

muchos de ellos quemados... ¡Frene!

Que me está mezclando los conceptos.

¿Qué tiene que ver con el tesoro?

Pues que uno de esos caballeros fue apresado aquí, en Castilla.

Y según la leyenda fue ajusticiado y enterrado en un bosque.

Se le llamó La Boca del Diablo.

O sea, los templados esos, ¿se entendían con demonios?

El Papa les acusó de herejías y adorar al diablo Baphomet.

En realidad envidiaba sus riquezas y su influencia.

Ah... (RÍE)

Por ahí vamos bien, mire.

Si el Papa quería echar la zarpa al tesoro

debe ser cosa fina. Se lo digo yo.

Esa leyenda se perdió con los años,

aunque ese bosque sigue maldito. Pero... recibe otro nombre.

El bosque de los desahuciados.

No me diga que quiere ir "ande" los moribundos.

Hay que encontrar la tumba del templario.

Puede llevarme hasta mi madre.

¡Ese bosque está lleno de engendros y de deformes!

De apestados, de leprosos... Si hasta allí el aire está enfermo.

Si quieres puedes quedarte aquí.

Si entra va a salir con bubones en las orejas.

¿Y qué quieres que haga? ¿Quedarme aquí, sentado?

Ya no sé dónde buscar. Vamos, recapacite, por Dios.

He pasado por la peste y sé de qué hablo.

Contra la enfermedad no hay catana que valga.

Ya está decidido.

Mañana...

iré hasta allí.

Que se le escapa de las manos, amo.

Que entrar en este bosque es contagiarse.

(Música mística)

(SUSURRA) Ni el Águila Roja puede huir del aire.

(Susurros)

(Música de cabecera)

(Puerta)

(RÍE)

-Espera. ¿Puedes escucharme?

Sé que vais a pedir un rescate. ¿Cuándo pensáis soltarme?

El comisario va a pagar.

¡Espera! ¡Eh! ¡Espera!

¡Joder!

(Música de tensión)

¿Has venido a por mí? Os han pagado ya, ¿no?

-He estado en el bosque.

No ha venido nadie.

-No puede ser, es imposible.

El comisario jamás me abandonaría.

-Nadie ha pagado.

-No puede ser, que ha debido suceder algo.

-Suéltale.

-¿Qué vais a hacer? ¡Soltadme!

¿Qué vais a hacer? ¡Que me soltéis!

-Tu familia no nos toma en serio, marquesito.

-Tenemos que hacer algo para cambiar eso.

-No, no, por favor. El comisario va a pagar.

Sé que va a pagar, de verdad. ¡Por favor, soltadme! ¡Soltadme!

¡No, por favor! ¡Soltadme, por favor!

(Crujido)

¿Qué haces aquí tan temprano?

Como ayer no os fuisteis, quería preparar comida para el viaje.

Y quiero despedirme de Alonso, que no se vaya sin darle un beso.

Claudia se ha ido.

¿Cómo que se ha ido?

Se marchó ayer.

Lo siento, Gonzalo. No sabía nada.

¿Por qué? ¿Qué ha pasado?

Bueno, nos dimos cuenta de que...

De que no había nada entre nosotros.

(Música de violín)

Bueno, si necesitas cualquier cosa no tienes nada más que decírmelo.

Gracias.

¡Padre! ¡Padre!

Gabi va a hacer la comunión.

-Me trae corriendo así desde el mercado.

Respira. Lo ha dicho el padre Damián.

Va a ser este domingo, padre. Este domingo.

¿Y a que no sabes qué? ¿Qué?

Será donde los condes de Villena, a todo lujo.

-El Conde le presta su capilla al herrero.

Me alegro por Gabi, y por Estuarda.

Era hora que les fuesen las cosas bien.

¿Y yo qué? ¿Cuándo hago yo la comunión?

Los chicos de mi edad la han hecho.

Eso digo yo, Gonzalo. ¿Cuándo la va a hacer?

Si sigue así se le van a acumular sacramentos.

Ya la hará.

Por cierto, ¿y Sátur? No sabe lo de la comunión.

Veréis cómo nos pondrá la cabeza cuando se entere.

-Amo, ya me estoy imaginando a mi Gabi

subido en el altar

con el pan y el vino, y Dios nuestro señor

inundándolo con toda su gracia.

Me va a salir un cristiano de pies a cabeza.

Sátur...

Estamos entrando en el bosque de los desahuciados.

¿Qué?

Amo... Volvamos a casa, por Dios.

Piense usted en la comunión del chiquillo.

No te preocupes, la tumba tiene que estar cerca.

No tardaremos.

Mire que tengo que llegar sano al festejo...

A ver si con la tontería contagiaré al crío, al cura y a los invitados.

Según el mapa, la tumba está cerca de este riachuelo.

Lo que usted diga.

Pero, por Dios, procure no tocar nada.

Y respire lo menos posible, amo.

Cuidado, amo.

(Música de tensión)

¡No te acerques!

¡No te acerques!

No te acerques. ¡Sátur, no!

(GIME)

-¿Está bien? ¡Dígame que está bien! ¿En qué estás pensando?

¡Podías haberle matado!

Que no, que yo... Yo solo quería asustarle...

Ha sido el arma que "me se" ha disparado.

¿Le duele mucho?

Me cago en mi negra estampa, si casi le dejo seco ahí...

No es nada. Solo me ha rozado.

Cuidado, no meta mucho la mano, a ver si el agua está... contagiada.

¡Oro!

¡Que hemos encontrado oro!

-¡Aprieta más! Que se resalten bien mis encantos.

Y tú, costurera. Toma nota de lo que necesito.

Sí, señora.

Para empezar, un vestido igual que el de la marquesa de Alborán.

El cuello doblado y las mangas tirantes hasta el codo.

Tú, ¡no estás apretando!

-Señora, sí que aprieto, pero es que tampoco quiero abusar.

-Este cuerpo ha hecho vibrar teatros desde Linares hasta Tortosa, zopenca.

¡Venga, apriétame más! ¡Más!

-Sí, señora.

¡Ay, señora, lo siento mucho.

-Eres una inútil. Y tú, no sé cómo era vuestra anterior ama,

pero yo soy una mujer de verdad. No quiero trapos para esqueléticas.

Sí, señora. Cuando diga le tomo las medidas.

Bueno, ahora fuera de mi vista.

Las dos, fuera las dos. ¡Fuera!

-Madre, ¿cree que le habrán matado ya?

-Relájate un poco, ¿eh? Que menuda noche me has dado...

Te he escuchado usar el orinal 20 veces.

-No me encuentro bien. ¿Habrá escapado?

-No, confía en mí, hijo.

Tu hermano ya estará descansando en paz en una zanja.

(Llaman)

-Han traído este paquete, señor marqués.

-Vete, vete.

Suena a joya.

Y joya de las buenas, de las caras.

Oh... Debe ser del duque de Pinares, que me miraba con ojitos.

-¡Madre, es un dedo! ¡Es un dedo!

(CHISTA) Ya lo veo que es un dedo. Pero baja la voz, no grites.

A ver qué dice aquí.

Es de los secuestradores: si no pagamos el rescate en un día

nos mandarán a Nuño trocito a trocito.

-¿Y qué vamos a hacer?

-Pues lo que hemos hecho siempre: nada.

Si ellos han decidido despiezar a este niño,

pues nosotros no tenemos nada que objetar.

Ahora coge este dedo

y deshazte de él.

Jacobo...

Vamos a salir de esta, como siempre hemos salido.

-Tanto santo le ha debido sentar mal.

Esto no lo puede decir en serio.

Te lo digo muy en serio. No podemos volver a ese río.

Amo, esto es una bendición del cielo, no podemos darle la espalda.

Un yacimiento no se puede ocultar.

Si descubren el filón de oro querrán ir a ese río, a ese bosque.

¿Y?

¿Qué va a pasar con esos enfermos?

No se los llevan, los van a masacrar.

¡Todo esto es por los enfermos! ¡Claro que lo es, Sátur!

Si cogemos ese oro los condenamos.

No, amo. No.

Si cogemos este oro, se acabaron nuestros problemas.

Adiós al hambre, a las penurias...

Nuestros hijos, como reyes.

A costa de la sangre de esa gente.

-¿Se hace llamar héroe del pueblo?

No piense en nosotros, piense en los pobres de la villa.

Lo que harían con ese dinero.

Sátur, van a matar a todos los enfermos.

¿No te importa nada?

-Pues mire, no. Si están desahuciaos los pobrecillos, son muertos en vida.

A elegir entre un sano y un fiambre, ni me lo pienso.

Ya. ¿Y si uno de esos enfermos que está en el bosque fuera tu hijo?

¿También lo dejarías morir?

Mi hijo no hubiera entrado jamás en ese bosque.

Antes lo mato con mis propias manos "pa" que no sufra.

Tu Biblia, Sátur, dice que todos son iguales a ojos de Dios.

¿Y tú te llamas cristiano?

Amo, hasta Dios comete errores.

Si cuando tuve la peste me hubieran quitado de en medio

me habrían hecho un favor.

Así habría tenido una muerte digna.

No tengo nada más que hablar contigo.

Pues muy bien.

Sátur. ¿Qué?

Dame el oro.

No quiero que vuelvas a ese río, ni que te acerques.

¿Qué pasa? ¿No confía en mí, o qué?

Te conozco bien.

Sé tus debilidades.

Partiré con un barco desde Sevilla, rumbo a las Américas.

Con vientos favorables, en menos de un mes

tomaré tierra en Veracruz.

-¿Y cuándo partirá? Mañana salgo hacia Sevilla.

Hay un barco en el Puerto de Indias.

Allí buscaré un buen capitán y tripulación competente.

Ya puedes retirarte. Sí, señor.

¿Has hablado con el tesorero?

No ha habido problema, he ordenado vender mis tierras.

¿De cuánto dinero hablamos?

Suficiente para pagar víveres y una buena tripulación.

(Música de tensión)

-Si pensáis quedaros con el dinero de mi familia

es que sois más estúpido de lo que había pensado, comisario.

Eminencia.

No iréis a ninguna parte a costa de mi sobrina.

-Pero tío, es...

Es mi esposo.

-No interrumpas, Irene. Es un asunto entre el comisario y yo.

-También tengo derecho a administrar mis bienes.

-No si tu marido se aprovecha de ti.

¿Has pensado lo que ocurriría si yo faltara?

Quedarías completamente desvalida y a su merced.

No pienso consentir que ocurra.

-Asumiré ese riesgo.

-Irene, no eres consciente de tu situación.

Todo lo que tienes, todo, te lo he dado yo.

Y debes cuidar de ello, hija mía.

Irene, sal de la habitación, por favor.

Si queréis ir a las Américas puedo conseguir un pasaje en galeras,

pero no malgastaréis el patrimonio de los Mendoza.

Si queréis las tierras de vuestra sobrina

quedároslas.

Así habla un hombre razonable. Me alegro de que cambiéis de opinión.

No os confundáis, eminencia. Ni Dios, ni usted ni nadie

impedirá que busque a Nuño de Santillana.

Sátur...

Esto es para ti,

para la comunión de tu hijo.

¿Para mí?

Ay señora. Gracias, por Dios.

Muchas gracias. Y con cuello de lechuguilla.

Me va a salir la alcurnia por los cuatro costados.

¿Le has remetido bien las mangas? Claro, Sátur.

Que no me tape las manos, eso le va a dar como poca pompa.

Gabi se va a sentir orgulloso de ti. -Sí...

La leche, yo no puedo llevar estos zapatos tan roñosos.

Va a deslucir el atavío. Espere.

¿Dónde vas, Sátur?

A hablar con el zapatero para que me ponga unos hebillones

para el festejo. Que brillen mucho, que se me vea venir desde Toledo.

Ahora vuelvo.

¡Estuarda!

-Sátur... -¿Y Gabi, cómo está?

¿Está nervioso? Con la comunión "pa" arriba, "pa" abajo...

Quería pedirte un favor.

Tener un buen sitio en la iglesia.

-Va a estar complicado. -No pido primera fila.

Se va a encontrar con Dios, me gustaría no perder detalle.

-Sátur, no estás invitado.

-¿Cómo?

-Lo siento mucho, ¿en calidad de qué te voy a invitar?

Nadie sabe que eres su padre. La gente podría empezar a hablar.

-Estuarda...

No me puedes hacer eso. No sigas por ahí.

-No sigas por ahí tú, ¿eh?

El herrero es buena persona. Nos quiere, trabaja en el palacio...

Gabi y yo tenemos lo que hemos soñado.

-¿Te avergüenzas de mí? ¿O el chiquillo?

-¡No es eso!

A ver, es que creo que...

tienes que salir de nuestras vidas, es lo mejor para nosotros.

-¿Para vosotros y para mí?

Soy su padre, no me puedes borrar así como así.

-Sátur... Lo siento mucho, de verdad.

-Estuarda, no me puedes hacer eso.

No me puedes separar de mi hijo.

(Latigazos)

(Gritos)

-Señor.

Comisario.

Está muerto.

¿A qué esperáis para sacarlo de aquí?

Irene, esto no es un lugar para mujeres.

Esas tierras me pertenecen. Dame un poco de tiempo.

Solo hay que convencer a mi tío.

No necesito tu ayuda. Sé cómo arreglar mis problemas.

No tienes dinero para una tripulación.

No puedes viajar solo.

¿Quién dice que necesito dinero para tener una tripulación?

¡Abre las celdas!

No creo que sea buena idea.

Es mi último día aquí, no quieras desobedecerme hoy.

¡Ábrelas! -Comisario, son maleantes,

gente sin escrúpulos.

El problema es el punto de vista.

Donde tú ves maleantes yo veo una tripulación.

Ábrelas.

Es una locura, Hernán. No lo hagas.

Irene, tienes que salir de aquí.

No lo hagas. ¡No! ¡Hernán! ¡Es una locura! ¡No lo hagas!

-Cordobés.

Necesito...

Necesito que le des un escarmiento a alguien.

-No soy un matarife, Sátur. -No, no... No eso.

Quiero que...

Que cometa algún error. O que pierda el trabajo, o algo así.

Te pagaré bien.

-Si hay dinero, hecho. ¿De quién se trata?

-José Aranda, es uno de los herreros del Rey.

Amo...

Te estaba buscando. ¿A mí?

Quería pedirte perdón.

Conoces mis secretos, incluso el más importante.

No pensamos igual, pero no le harías daño a nadie.

Siento no haber confiado en ti. (SUSURRA) Perdóname.

¡Vosotros! Fuera.

¡Vamos!

¡Vamos!

(Gritos)

(Rotura de cadena)

(Música de tensión)

El Imperio español os ha condenado a muerte.

Os ofrezco la posibilidad de salvar vuestras vidas.

Embarcaréis conmigo rumbo a las Américas.

¿Qué te pasa? Llevas todo el camino sin hablar.

¿Usted cree que soy buena persona?

No tengo ninguna duda.

Yo todas, me cago en mi negra estampa.

Vamos a ver, Sátur. Puedes contar conmigo para lo que quieras.

Si necesitas ayuda solo tienes... No, que no es eso.

Tengo que volver a la villa a deshacer un entuerto.

Esta vez la he liado bien gorda.

Haz lo que debas. Me quedo yo, no te preocupes.

No. No le dejo solo ni loco.

Concéntrese y encuentre la tumba.

Según el mapa estamos muy cerca.

Muy cerca dice... ¡Reconózcalo, amo!

Como no baje Dios y mande una señal

estamos más perdidos que una monja en un lupanar.

Eso es, Sátur.

No me diga que buscamos una monja porque...

Usted no explique nada... Si total... ¿Qué más da?

Tiene la capacidad de hacer que uno se sienta inútil.

Válgame el cielo.

Tú lo has dicho antes. Buscamos una señal.

Los que enterraron al templario tal vez dejasen algo,

alguna marca para encontrar la tumba.

Pues busquémoslo.

¡Claro!

(Música de misterio)

Es una cruz templaria.

Estamos cerca.

El nombre del templario muerto.

Ayúdame.

Amo, el tesoro, los templarios...

¿Se da cuenta? ¡Somos ricos!

No me diga que no podemos tocar el tesoro.

Los templarios llevan muertos la tira de años.

Vamos, a la de tres. Una, dos, ¡tres!

¿Qué cojones es esto?

(Música de misterio)

-¿Cuántas veces tengo que decir que no quiero perros en la cocina?

¡Lleva algo en la boca!

Que no sean las peladillas, la señora las tiene contadas.

(GRITA)

¡Es un dedo!

(Ladrido)

¿Este chucho qué hace aquí? ¡Gritáis como gallinas!

¿Así cuidas mi cocina?

-El perro llevaba eso en la boca...

Es un dedo de persona.

Eso ya lo veo. Es un dedo. Efectivamente. ¿Y qué?

-Pues señora... el resto del cuerpo...

Será de alguien, ¿no?

Deberíamos avisar al comisario.

¿Tú eres idiota?

¿Por un dedo molestaremos a la autoridad?

¡Anda que no habrá dedos por ahí!

Lo tiro yo. ¡Ni una palabra de todo esto!

Que no se me subleve el servicio por una tontería. ¿Estamos?

(Música de misterio)

-Al abrir una tumba puedes encontrar cualquier cosa.

Pero esto...

Estoy igual de sorprendido.

Joder... Esto no me gusta nada.

¿Qué clase de banquete es?

Son sólo esqueletos.

No lo digo sólo por eso.

Este sitio que me da escalofríos.

Aquí sobramos, se lo digo yo.

Esto escapa nuestros entendimientos.

Es como si se hubiera detenido el tiempo.

¿Lo ve? Ni siquiera usted lo entiende.

Esto estaba cerrado por algo.

Mejor no mover nada.

¡Hágame caso!

No toque, no toque, no.

No entiendo la relación de esto con los templarios o mi familia.

Pero debe haber un modo de saber quiénes eran.

Me da a mí... que por la cara va a ser imposible reconocerles.

Parecen caballeros de la Edad Media.

¡Me da igual!

¿No se da cuenta que esto pertenece al reino de los muertos?

(Música de tensión)

¡Sátur!

Esto es una advertencia.

Si tiene idea de lo que ha ocurrido, dígamelo. Si no, vámonos.

Sea lo que sea, no tiene explicación lógica.

Todavía.

¡El rojo!

-Tengo que advertirle que su madre ha elegido el otro.

Hace juego con su vestido. -Ya.

Mi madre tiene la virtud de destacar a distancia.

Yo soy diferente. Yo soy refinado.

Nuestra entrada en el teatro debe ser...

Inolvidable.

-Estoy segura de ello. -No has estado en el palco, ¿no?

-Yo no. -Espero que se nos vea bien.

Mi madre no deja de quejarse de los precios.

Este pelo es un fastidio. A mi madre no he salido.

-No, a su hermano tampoco.

Él es más... rubio.

Avisa a mi peinador. Quiero que me empolve el pelo.

-Sí, señor. Con permiso.

-¿Tú eres imbécil?

-¿Le han cortado otro? -Es el que tenías que enterrar.

¿Cómo se te ocurre hacerlo en los jardines?

Pero... estaba lleno de sangre, pensé que lo mejor...

-¿No recuerdas cuando pedíamos restos en las posadas?

-¿No fue suficiente? -Pero madre...

Otro error así y acabaremos en la horca. ¡Eres un inútil!

-No tiene derecho a llamarme eso. -¡Lo que hay que oír!

Sin mí no encontrarías ni tu propio culo.

(GRITA) -¡Basta! ¡Basta ya!

¡El marqués soy yo! ¿Recuerda?

(GRITA) ¡Ahora todo se hará como yo quiera!

Voy a ver al comisario y pongo fin a todo esto.

No puedo más.

-Está bien. Tienes razón, hijo.

Cuando hables con él, dile que soy responsable de todo.

Asumiré mi culpa ante la justicia.

-Perdóneme.

No puedo más con esto. Tengo los nervios destrozados.

No puedo más.

-No te preocupes, hijo.

Nuño ya está muerto.

Es lo que hacen en los secuestros.

Piden el rescate y después matan al rehén.

Aunque quisiéramos ya no podemos hacer nada.

-¿Dónde vas con tanta prisa?

Lo que te dije, olvídalo.

Te pagaré igual, pero no le hagas nada.

-Demasiado tarde. -¿Cómo que tarde? ¿Qué quieres decir?

-Voy a desaparecer una temporada.

-Explícate de una vez. ¿Qué ha pasado?

Se me fue. No fue culpa mía. Sólo quité la herradura al caballo.

Fue un accidente. -¿Un accidente?

¿Dónde vas?

-¡Sátur! El herrero...

-¿Qué ha pasado? (NERVIOSO) -Estaba en casa de Gabi.

Me enseñaba el traje para la comunión y...

-¿Qué más? ¡Habla!

-Su padre, el herrero, estaba trabajando y...

-Explícate, Alonsillo.

-El caballo se volvió loco, le pisó la espalda.

No puede mover las piernas.

-Ay, Dios mío...

(Campanas)

Llevamos retraso. Los presos deberían estar camino de Sevilla.

Sí, señor.

-¿Le interesan los templarios?

Es sólo para dar clases.

¿Sabe leer?

No siempre he sido una mendiga.

¿Qué le ocurrió para terminar en la calle?

Es una historia larga y aburrida. Debo irme, lo siento.

¡Espere!

Mi hijo Alonso la ha buscado para darle las gracias.

Estamos en deuda con usted, si puedo ayudarla en algo...

No, gracias. No hace falta.

Salude al muchacho, se portó como un valiente.

Se lo diré. ¿Tiene usted hijos?

No.

¿Ha comido?

No ofrezco gran cosa, pero un plato más no se notará.

Ya le he dicho, no hace falta. Gracias.

-¡Comisario! Su esposa.

Llévatelo. Sí, señor.

-¡Arriba!

¿Por qué has vuelto?

Toma.

No es suficiente, pero es mío.

Esta vez, mi tío no puede decir nada.

-Arriba. ¡Vamos!

(Espadas)

No te muevas de mi lado.

Vas a pagar por todo lo que nos has hecho.

(SOLLOZA) -No, por favor.

(GRITA) ¡No! ¡Hernán, no!

¡No! ¡Hernán!

¿Estás bien? Sí. ¡Hernán!

(SUSPIRA)

(Portazo)

-¿Me das agua, por favor?

¿Han pagado ya?

(Música de tensión)

-¿Quién eres? -¿Quién soy?

-Contesta.

El marqués de Santillana va a asistir esta noche al teatro.

¿Quién eres?

Llevas el escudo Santillana en tu ropa. También en la espada.

¿Por qué?

-Soy Nuño de Santillana y Guzmán.

-Responde de una vez, chico, o te abro en canal.

Eres el marqués de Santillana ¿o no?

-Soy su hermanastro.

Soy el hermanastro del Marqués.

(Música de tensión)

No comer no soluciona nada, Alonso.

Gonzalo.

El herrero ha tenido un accidente.

Lo sé, me acabo de enterar.

¿Es grave?

Mucho. No se mueve de cintura para abajo.

Ha quedado tullido de por vida.

Necesita ayuda hasta para hacer sus necesidades.

-¿De qué van a vivir, padre?

No te preocupes, hijo.

Ahora están muy afectados por lo ocurrido, pero...

con el tiempo se recuperarán, ya verás.

¿Cómo? El herrero no puede trabajar.

La madre de Gabi tendrá que volver a la calle.

-Si naces clavo te caen los martillos del cielo. Qué asco de vida...

Vale de lamentarse.

Ahora tenemos que averiguar cómo ayudarles.

(Puerta)

Será Sátur. Me lo he cruzado en la calle.

Cuando se enteró se puso muy mal. Se fue sin decir nada.

(Música triste)

(SUSPIRA)

Perdóname.

(Puerta)

¿Cómo estás?

A veces la vida es cruel.

Tú lo sabes. Ya.

Había pensado ir a visitarles, con Alonso.

¿Nos acompañas?

No, amo. No puedo.

Necesito estar solo, lo siento.

Bien...

(Música emotiva)

(Música de tensión)

(SORPRENDIDO) Dios santo...

Sátur...

¿Dónde te habías metido? ¿Eh?

Están dando una misa, por el herrero.

¿Ahora? ¿Están ahora?

¿Gabi y Estuarda también?

¿Quieres que te acompañe?

No, no...

No, yo iba hacia su casa pero...

con tanta gente mejor que no.

Ya, lo entiendo.

Pues te dejo, tengo que ir a palacio. Con Dios.

Gracias.

Gracias.

-¿Cómo está Gabi?

(SOLLOZA) Está muy mal.

-No os faltará de nada, toma. -¿Qué es esto?

-¿Es oro? -Cógelo y no preguntes.

Si te hace falta más, me lo dices.

(SOLLOZA) -Después de lo que dije... Te he tratado como un perro.

-No te preocupes por eso.

-¿Por qué haces esto, Sátur?

(Música triste)

-Estira más los brazos, quiero ver bien el estampado.

-Señora, si los estiro más se me saldrán las escápulas.

-Hijo, te vamos a hacer unas calzas,

que te mirarán todas las hembras de la corte.

-No sé, madre. Mucho floripondio. -No, fíate de mí.

Te llevo siempre hecho un pincel.

¿No te diste cuenta la que armaste al entrar en el teatro?

La hija del conde de Uceda tiene tortícolis de tanto mirar.

-¿De verdad?

-¡Soy mujer, no se me escapa una!

Gente de postín va al teatro a echar el ojo.

¿O te crees que alguien miraba la obra?

-Entonces nos lo llevamos, ¿no? A mí me parece una tela preciosa.

-Si le gusta a esta, mala señal. Puede que tengas razón, hijo.

Para un marqués, mejor telas más sobrias.

Dan más porte y adelgazan. A ver...

Anda, ve. Cómprate una confitura. ¡Hoy te mereces un capricho!

-¿Me da dinero?

-Toma. -¿Sólo?

Bueno...

-¿Cuándo tendré mi propia bolsa? Siendo marqués...

-Por eso, ¿no sabes la chusma que hay en los mercadillos?

Anda, vete. Nos vemos luego en palacio.

Cuando volvamos a palacio, vaciarás la habitación de Nuño.

-Señora, al señorito no le gusta que toquen sus cosas.

-Tú acata y calla.

No la podemos tener ocupada hasta que se le ocurra volver.

-Sí, señora.

-¡Vamos!

Voy a montar un saloncito de lectura. Con sus sillones, sus libros...

¡Que se nos note bien la cultura!

(Música de misterio)

-¿Quiénes son estos hombres?

Caballeros templarios.

Pertenecían a una orden militar. Eran mitad monjes, mitad guerreros.

Muy bien pensado, ¿no?

Vivir toda la vida en un monasterio debe ser un aburrimiento.

¿Por qué les quemaron?

Llegaron a tener tanto que despertaron envidia de reyes.

Y del Papa, que los condenó a muerte a todos.

¿Les mataron a todos?

Más de 200 fueron quemados vivos.

Prefirieron morir a renegar de sus ideas.

¿Qué tal está Gabi?

Fatal.

Está llorando todo el día.

Lo superarán, hijo.

Al principio será duro pero... juntos lo harán. Ya verás.

Alonso.

¿Quieres contarme algo?

Eh, Claudia...

¿Se fue por mi culpa? No, hijo. No.

Claudia se ha ido porque este no es su lugar.

Tampoco la traté demasiado bien.

Mira, no tiene nada que ver contigo.

Tampoco parecíais una pareja...

Que no hacíais cosas de novios, me refiero.

(RIE)

No.

Padre...

Yo ya no soy un niño.

¿Ah no? No.

Si algún día encuentras otra mujer, otra novia, como Claudia...

Te apoyaré.

Además, algún día me marcharé y no quiero que te quedes aquí solo.

Bien.

Tú y yo estaremos siempre juntos, pase lo que pase.

Y aunque algún día te vayas, no creo que me libre de Sátur.

Anda, ve con Gabi. Hoy te necesita más que nunca.

Vale.

(Música de misterio)

-Me vas a poner orejones, unas cerezas, ¿qué tal los higos?

(Música de intriga)

¡Nuño!

¡Nuño!

(SUSPIRA)

-Yo estaba que un color iba y el otro venía.

La señora gritándole al frutero por un maravedí.

Es que Isabel no se compra con dinero.

Fíjate, yo hasta echo de menos a la marquesa.

Y cómo nos trataba. Y yo.

Madre, que pena. Cuando vuelva esa mujer,

no va a conocer ni la fachada.

(Timbre)

¿Qué querrá? Eso digo yo.

¿Por qué nadie la avisa de lo que pasa?

Yo tampoco lo entiendo,

porque estará en París o en alguna ciudad moderna,

no metida en una cueva.

Se volverá loca si le dicen que su hijo se fue.

(Timbre)

¡Ya voy!

(Música de intriga)

Pero Cipri, ¿qué haces tú aquí?

Ay, como vienes de barro. ¿Te has caído?

-Por fin.

-¿Qué?

-Podemos empezar una nueva vida juntos.

Lejos de la villa, como queríamos.

-Cipri, por Dios, ¿esto qué es? Es oro.

Oro puro, Catalina. Y sé dónde hay más.

Esto lo conseguí en una noche.

-Dime que no estás en ningún lío.

No se trata de estar huyendo como proscritos.

-No, ¡es mío, nuestro!

Lo he encontrado en un río cercano.

Podremos ser felices.

-Ay Cipri, de verdad, que me está entrando un tembleque.

-Ya nunca nos faltará de nada.

Nos lo merecíamos, Catalina.

-¡Uy!

-¿Alguien ha visto a mi sobrina? Llevo un buen rato esperándola.

-No lo sé, pero inmediatamente voy a buscarla.

Permiso.

(Música de tensión)

-Oro.

-Es mío.

-¿De dónde lo has sacado?

-Ya estoy aquí, tío.

-Te he hecho una pregunta, ¿de dónde has sacado las pepitas?

-Las encontré en un bosque.

-Irene, déjanos solos un momentito.

(Puerta se cierra)

¿Cuánto tiempo hace que no confiesas, hijo mío?

(RESPIRA FUERTE)

(Puerta se abre)

(Cierran con llave)

-¿Por qué nadie ha pagado?

¿Qué ha pasado?

(GRITA) ¿Y el comisario? Él no me dejaría morir aquí.

¿Por qué no está aquí?

-Déjame en paz.

-¡Contesta!

¡Vamos, eh! ¿Qué pasó con la carta de los secuestradores?

¿Qué dijo el comisario cuando la vió?

-No se la dimos.

-¿Qué?

(CHILLA) -¡Ah! No.

No, no.

(SOLLOZA)

(SUSURRA) No le digas al marqués.

No sé cómo mi padre me quitó el título para dártelo.

(GIME) -¿Que por qué? Porque me lo debía.

Toda su vida nos trató a mi madre y a mí como basura.

-¡Es que lo sois!

-Tú vivías en un palacio, nosotros no teníamos para comer.

Nos daba los restos. Se avergonzaba de nosotros.

Y ahora vamos a morir.

Y ese título no va a ser para ninguno.

-Moriré tranquilo porque nunca serás marqués de Santillana.

-Majestad, me habéis mandado llamar.

-En efecto, acercaos.

-¿A qué se debe tanta premura?

-Quería consultaros un asunto muy delicado.

Por favor, Irene.

¿Me ayudas a ilustrar a tu tío? -Buenas tardes, tío.

-Irene, ¿qué haces en la alcoba del rey?

-No os preocupéis, cardenal.

Respeto a vuestra sobrina como a una hija.

Y no imaginéis pecados que no existen.

-Me tranquilizáis.

¿Cual es pues el motivo de vuestra llamada?

-Vuestra sobrina me ha informado de que habéis encontrado oro

en terrenos de la Corona.

-Vine a visitar a la reina,

y se lo comenté, tío.

-Majestad, pensaba informaros en cuanto me lo permitiesen

mis obligaciones eclesiásticas.

-Pues hacedlo ya.

¿Dónde está ese yacimiento?

-Escuché que estaba en un bosque.

¿No, querido tío?

-En efecto. Quizá hayáis oído hablar

de un lugar al que llaman "El Bosque de los Desahuciados".

-Es donde van todos los enfermos sin esperanzas a morir en paz.

Nadie se acercaría a ese lugar en su sano juicio.

-Ése es el motivo por el cual nadie ha descubierto

que el río que lo atraviesa baja cargado de oro.

-Gracias, eminencia. -Majestad.

-Voy a avisar a mis guardias de tan valioso hallazgo.

¡Guardias!

-¿Qué has hecho?

Ese oro era nuestro, de los Mendoza.

-¿Cómo los territorios que me prohibiste vender?

¿Para qué lo quiero si no puedo disponer de él

cuando se me antoje?

-La venganza no es un sentimiento cristiano, hija mía.

Me has decepcionado.

Has traicionado a la familia.

-La próxima vez que me confiese,

añadiré 3 aves María a mi penitencia, tío.

(Música de tensión)

-Recógeme un poco la saya, que como tropiece con los bajos

delante del conde de Uceda, te enteras.

¿Ha vuelto el marqués?

No, señora.

Al final llegamos tarde.

Toma, abróchamelo. Sí, señora.

Que al conde le gustará asomarse al balconcillo.

(RÍE) Si es varón de casta.

¿Tú conoces al de Uceda? Sí, señora.

Ha venido algunas veces a algunas recepciones a palacio.

Enviudó hace años y tiene una hija muy bella.

Ah, ¿y no ha vuelto a casarse?

Pues no, señora.

De secano no creo que esté.

¿Sabes si tiene una amante fija en la corte?

¿O es de los que le gusta picotear de varios platos

sin empacharse?

Pues no conozco la intimidad del conde.

Si me permite.

Venga, que las criadas habláis unas con otras.

Y conocéis todos los líos de faldas de la villa.

No sé qué os ven los nobles,

que despertáis sus más bajos instintos.

Señora, por favor.

No, si está bien que seas discreta.

Pero yo soy tu ama, y a mí no me engañas.

Con ese cuerpo que tienes...

estoy segura que se te han beneficiado.

Conmigo se está equivocando.

¿Ah, sí?

Pues he oído que eras la amante

del duque de Velasco y Fonseca. Era mi prometido.

(RESPIRA PROFUNDAMENTE)

Si no necesita nada más.

Con permiso.

(Llaman a la puerta)

-¿Qué quieres?

-Alguien dejó esta carta en la puerta.

-Vete, vete, vete.

(LEE) "Lleve el dinero a las 5 al puente de San Fernando

o no volverá a ver a su hijo con vida".

(GIMOTEA)

Nuño ya está muerto,

es lo que hacen en los secuestros.

Piden el rescate y después matan al rehén.

(LLORA) -No voy...

A hacer la comunión el domingo.

-Ya la harás en otro momento.

Anda, ven.

Ven, hijo. Siéntate.

-¿Conoces a alguien que... que necesite un aprendiz?

-¿Para qué?

-Quiero trabajar.

-No, Gabi. Tú no puedes trabajar, tú eres un niño.

-No dejaré que mi madre...

-(LE MANDA CALLAR)

Escúchame.

Eh, hijo. Escúchame.

Mientras que me quede una sola gota de sangre,

a ti y a tu madre no os va a faltar nada. ¿Me oyes?

(RESOPLA)

-Alonso dice que... un hombre no debe llorar.

-Hay momentos para todo.

Si el cuerpo te pide llorar, pues tu llora hasta quedarte seco

como...como una raspa de bacalao.

-Sátur.

-Voy.

-Tenemos que hablar.

-Es muy mal momento. Vuelve más tarde, anda Cipri.

-Conozco tu secreto.

-¿Qué secreto? ¿Qué sabes?

-Que has encontrado oro.

-Lo del oro, ¿y cómo sabes tú lo del oro?

-Te vi escondiendo el mapa.

Fui al río y encontré unas pepitas.

-¿Qué?

Cipri, por Dios. Que nadie se entere de esto.

Nadie.

-Lo siento, Sátur.

Pudimos ser ricos,

tener una vida mejor, pero...

-¿Qué me estás contando?

Habla claro.

-El cardenal sabe del oro.

-(GRITA) ¡Huid!

¡Tenéis que idos!

¡Salid, os van a matar!

(JADEANDO) Por favor.

¿Es que no me oís?

(Música de intriga)

Tú...

díselo a todos, tenéis que idos.

Os van a matar.

(Disparos y relinchos)

¡Rápido!

¡Huid, vamos!

¡Salid de aquí!

Corred, rápido.

Dáselo a la marquesa.

Si en un año no la ves, quémala.

Tenga suerte, señor.

-¡Ah!

(GRITA) No, no. Fuera, fuera.

Fuera, fuera, fuera, fuera.

Fuera, fuera todos, fuera.

¡Comisario!

Comisario, espere por favor.

¿Qué le ocurre?

Tiene que ayudarme.

Van a matar a mi hijo.

Ya no soy el comisario.

Lo han secuestrado.

Denúncielo a la autoridad.

Deseo que lo encuentre.

Son los mismos que tienen a Nuño.

Nuño se fue a las Américas.

No.

¿Cómo que no?

Me lo dijo en una carta.

Esa carta la escribimos mi hijo y yo. Es falsa.

Te mataría aquí.

Comisario, me necesita.

Y yo le necesito a usted.

Si Nuño aún sigue vivo,

solo yo puedo ayudarle.

(Gritos y disparos)

(Disparos y relinchos)

(Música de acción)

-Venga, muchacho, venga. Vamos.

(Flecha)

¡Eh!

(Relincho)

-Padre nuestro, que estás en los cielos...

-¡Calle de una vez!

(MURMURA)

-¿Ha pagado?

Mátalos.

(Espada)

-¡Comisario!

Comisario.

¿Estás bien?

Sí.

(SUSPIRA ALIVIADO)

(SUSURRA) No, no, no.

No, no, no, no, no.

No, no, no, no por favor.

(Música de tensión)

-¡Amo!

Lo siento.

Lo siento de veras.

Yo tendría que haber muerto y no esos pobres.

¡Yo! ¡Sátur, tienes comida, un techo!

¿Qué más querías? ¿Dinero, ropa digna?

¡Tu avaricia los ha matado!

No era para mí.

Era para mi hijo.

No podría con la culpa que...

¿De qué hablas?

Pues que pagué...

Para que el herrero perdiera su trabajo.

Intenté deshacerlo. Le juro, intenté deshacerlo,

pero ya era tarde.

Y ahora he dejado a ese pobre hombre postrado.

¿Por qué has hecho eso?

(Música sentimental)

Pues porque es muy duro

que te aparten de tu hijo.

Ver cómo otros le educan, ver cómo...

(CARRASPEA) Bueno, que más da. Total, no tengo excusas.

Todo acto tiene sus consecuencias, Sátur.

Un solo error puede desencadenar

mucho sufrimiento. No, no.

El error soy yo, amo.

¿Cómo hago para volver atrás?

No puedo resucitar a muertos.

No puedo hacer que esa gente vuelva a la vida.

Entonces... piensa en los vivos.

¿Qué haces?

Buscar un mapa.

¿Para qué?

Ayudar a los vivos, a los desahuciados.

Para encontrar un lugar para que... para que puedan vivir.

¡Sátur! ¿Qué?

Es una locura. ¿Dónde vas a llevarlos?

Pues yo qué sé.

Haré como... Moisés, que tampoco sabía a dónde iba

y abrió los mares.

Algún sitio encontraremos, amo. Sátur, son terminales.

Puedes contagiarte.

¡Como si se me caen los miembros!

Todos los miembros y me quedo como... un champiñón.

Como... como un boletus.

Estaría bien empleado.

¡Es de las termas!

Y este tampoco.

¡No tiene usted un mapa

donde se vean las cosas normales, leche!

Toma.

Sátur...

vuelve.

Estás... preciosa.

-Su Santidad el papa Alejandro VII nos honra con su visita.

-¿Qué significa todo esto?

-Si tenéis que usar la fuerza, hacedlo.

(Disparo)

-¡Ah!

No pasaré a la historia como el hombre que mató al Papa.

-Más te vale tener un hombre cerca que te defienda.

-Lo único que va a hacer el rey es premiarnos.

-Estás más guapo cuando sonríes.

-¿Apago? -Apaga.

-La cristiandad necesita hombres como yo.

¡Ahogadlo con el resto!

Se han equivocado, querían matarme a mí.

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Águila Roja - T5 - Capítulo 60

19 sep 2013

Águila Roja y Sátur descubren la ubicación de la 'Boca del Diablo'. Deberán internarse en un peligroso bosque para encontrarla. En Palacio, Sagrario y Jacobo siguen haciendo una vida normal, ocultando a todos que Nuño ha sido secuestrado. El Comisario ultima los preparativos para buscar al adolescente en las Américas. No sabe que la vida de Nuño corre peligro: se ha cumplido el plazo dado en Palacio y los secuestradores no han recibido el dinero para liberarlo. Sátur recibe ilusionado la noticia de que su hijo Gabi va a celebrar su comunión. El criado intentará estar a la altura dada la nueva situación económica de la familia de Estuarda.

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