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2000129
No recomendado para menores de 12 años Águila Roja - T5 - Capítulo 59 - Ver ahora
Transcripción completa

Ay...

Es una carta de despedida de Mariana. Se ha ido.

¿Y Alonso? Pensábamos que estaba contigo.

Yo lo dejé en el bosque.

-¿Quién es usted? -Me llamo Laura.

-¿Qué me pasa? ¿Por qué no recuerdo nada?

-Has perdido mucha sangre.

-La pirata ha escapado. Registrad el bosque

y cuando la encontréis ahorcadla.

Déjame en paz.

-¿Qué ha pasado aquí?

(PREOCUPADA) -Juan, mírame.

-¡Falsa! -Ah...

-Tienes la bala dentro.

-(GRITA)

-Lucía... No, Dios...

(Ruido metálico)

No puedo perder a mi hijo.

Aquí falta algo, ¿no?

Lo encontré bajo tu cama.

Ibas tan borracho que no escondiste el arma con que la degollaste.

¡Al calabozo! No puede ser...

¡Tú eres el marqués de Santillana! ¿Viviría en una pocilga como esta?

-Margarita, no puedo creer que pienses que Juan la ha matado.

(LLOROSA) Tú no viste cómo trataba a esa mujer.

(HACE UN GRAN ESFUERZO)

-Ese niño...

Le conozco.

¿Sabe dónde está?

En mi casa.

Encontraron el bisturí debajo de la cama.

Se lo pudo coger cualquiera.

-¿Desde cuándo está rota la ventana?

-Verá, señor, es que hay algo más.

Hay manchas de barro al lado de la ventana.

Pensé que sería importante para su investigación.

Nadie te paga por pensar. Limítate a hacer tu trabajo.

Su hijo repetía que había que buscar a una mujer en peligro,

encerrada en una jaula.

-Ay...

-¿Que Juan ha matado a su mujer?

Dime que no lo has hecho. No lo sé.

Alonso, ¿estás bien?

¡Alonso!

Amo, que cree que su madre está viva...

-¿Madre? -¿Y quién es la mujer del bosque?

-Te puedo asegurar que mi hijo es el marqués de Santillana.

-Decías que cada hombre debe buscar su destino.

Y por eso buscaré el mío.

Sea cual sea, sé que este ya no es mi lugar.

(Flecha)

(Ruido metálico)

-Yo acordé ese matrimonio contra su voluntad.

En parte soy culpable de ese asesinato.

-(FORCEJEAN)

(Truenos)

-(RESPIRA DE FORMA ACELERADA)

¡Abrid, abrid, abrid!

(LLORA Y SOLLOZA)

(Truenos)

(DESENVAINA)

(Truenos)

(Truenos)

(Truenos)

Por favor, no me mates. No me mates...

(Desgarro)

(Truenos)

(Respiración acelerada)

(Puñetazo)

-(RESPIRA DE FORMA ACELERADA)

(Truenos)

Nunca más volverás a abusar de una mujer.

(Chasquido)

(Truenos)

(Truenos)

(Truenos)

(GRITA) -¿Quién anda ahí?

(Pasos)

(Pasos)

(Pasos)

(Pasos)

-¡Ah! Ah...

(Truenos)

Ah...

¡Ah!

(Ruido metálico)

(Flecha)

-Dios mío, nunca lo había visto a usted

ni tan violento ni tan vengativo...

La verdad es que estos malnacidos se lo merecen

por haberse cebado con Mariana como se han cebado.

Eso no hará que lo olvide,

pero todo el mundo sabrá el precio que hay que pagar

por lo que le han hecho. Diga que sí.

Pero no se me despiste.

Como bien habrá contado, aquí hay tres guardias.

Lo sé.

Escaparon cuatro cuando la agredieron.

Según les he podido escuchar allí escondido,

el que falta está en Socuéllamos

cobrando los impuestos a los campesinos.

Daremos con él y pagará.

Yo de usted le cortaba los atributos masculinos. Ah...

Y los colgaba por toda la villa para que no queden dudas.

Vamos, es tarde.

Pero ¿cómo? ¿No va a dar ejemplo?

Como los hunos,

que decapitaban a sus adversarios

y luego esparcían por ahí los sesos como escarmiento.

Bastará con su muerte. No sé qué decirle.

Porque el mundo, desde los antiguos, funciona así. Es de ley.

Tú robas y te cortan la mano.

Tú haces lo que han hecho estos miserables y te cortan los hue...

...vos.

Amo.

Qué hago con este hombre, Dios mío...

-Te has tapado.

No seas tímida.

Te trataré mejor que las hermanas del orfelinato.

Descúbrete.

¿Me estás escuchando?

¡Ah! -Buenas noches, cardenal Mendoza.

(SUSURRA) -Richard Blake...

Deberías estar muerto.

Tu barco se hundió.

(ACENTO INGLÉS) -¿No cree en la vida eterna?

-¿Cómo te libraste de tus guardianes?

-He sobrevivido a tempestades y ejércitos.

Soy un hombre de mar y tus hombres no lo eran.

Provoqué aquel naufragio para librarme de ellos.

(TITUBEA) -Richard...

Toda esta mascarada no es necesaria.

Sabes que soy un hombre dispuesto a negociar.

-Enviaste a Mariana a una muerte segura en Mongolia.

Pagarás por ello.

(Ventana, se abre)

(Puñetazo)

-¡Guardias! ¡Guardias!

-Te mataré.

-¡Guardias, rápido!

¡Se ha escapado por la ventana!

¡No!

-¿Cómo está el agua?

Oh, calentita... Qué bien.

No tengo placer mayor que asearme

leyendo las novedades de la villa.

-Si no le importa, iba a salir ya.

De verdad que no hace falta, que me ayudan.

-No te preocupes, que no se me caen los anillos.

Además, está bien que empecemos a compartir cosas.

-Gracias.

-Huy, hay que ver cómo has dejado el agua.

No hace falta ni que la cambien. Está para beber.

-No se lo recomiendo.

Dña. Sagrario.

Las horas matutinas no hacen justicia de su belleza.

Por eso es tan poco caballeroso

que un hombre irrumpa en lugares íntimos de las mujeres

sin llamar antes.

(Llaman a la puerta)

-Perdonen la intromisión. Vengo de la alcoba de Nuño.

-¿Qué sucede?

-Su cama está hecha. No durmió aquí.

Y ha dejado esto para usted.

-¿Qué dice?

El niño se ha ido.

Se despide para siempre.

-Ay, Dios mío.

¿Cómo salió de palacio sin llamar la atención?

Anoche el Srto. dijo estar muy cansado.

Pidió no ser molestado. Incluso intenté prepararle algo de cena

y no me lo permitió.

-Tienes que encontrarle.

-Ay, pobre criatura... Perdido por esos andurriales,

con tantos bandoleros y gente... Cállese.

Conozco los peligros de la villa.

Con permiso.

Juan morirá mañana a mediodía. Sí, sí, lo que usted diga.

Vamos circulando, vamos.

Aunque el Cipri fuese por los libros nuevos para la escuela

nosotros tenemos que reponer los carboncillos. Vamos.

No se me encone, por Dios, que el doctor es culpable.

Le conocemos. Me cuesta creer que hiciera algo así.

¿Le conocemos, está seguro?

Si hago memoria, solo recuerdo que le hizo daño a Dña. Margarita.

Y en casa no hizo ningún bien. Eso no lo convierte en asesino.

No, tiene razón. Lo convierte en asesino haber matado a su esposa.

¿Por qué estás seguro?

Porque el hijo del panadero, que es criado en su palacio,

me dijo que últimamente le daba mucho al bebercio

y que no dejaba de gritar a su difunta esposa.

Eso no es suficiente. Pero ¿qué más quiere?

Estaban los dos en la misma habitación y lo hizo con su bisturí.

Usted me enseñó a dejar los sentimientos

y pensar con frialdad. ¿No lo ve?

Y también que muchas veces las cosas no son lo que parecen.

¿Cómo que no son lo que parecen? Juan ha degollado a su mujer.

Una mujer indefensa que estaba ahí a su merced.

Deje de jugar a ser héroe y deje eso para los inocentes.

No puede salvarlo... Lo haré si sé que es inocente.

Usted verá, amo.

Pero por tener libres a hombres así luego pasa lo que pasa.

Están por toda la villa.

No deberían hacer estas cosas públicamente.

Lo que consiguen es provocar más dolor.

Si Juan ha matado a su mujer tiene que pagar por ello.

(Relinchos)

¿Habéis encontrado a Nuño? No, señor.

¿Pues qué haces aquí? Vuelve a los caminos.

Le traigo una misiva del cardenal Mendoza.

Parece que es urgente.

(CARDENAL) -"Preséntese en mi palacio enseguida.

Considérelo una absoluta prioridad".

Volved a los caminos.

En cuanto entregue al reo volveré.

Sí, señor.

Me compadezco de tu madre.

Una grande de España no merece un hijo asesino.

Entrégueme de una vez.

Con mucho gusto.

No vuelva a tratar así a mi prisionero.

En mi cárcel no tengo chusma como la de su calabozo.

Un asesino lo es en todas partes, alcaide.

Si me disculpa, tengo asuntos más importantes.

(Puerta, se cierra)

Quitadle los grilletes. -No, no merezco trato de favor.

-Veo que no me reconoces.

Quinta de caballería, en Lens.

Serviste a mis órdenes.

-¿Capitán?

Mire cómo he acabado, señor.

-Todo acto tiene sus consecuencias en la vida.

Es la ley de Dios.

Llevadlo a su celda.

(Puerta)

Mariana...

¿Cómo estás?

Ya estás...

Ya estás a salvo.

Confía en mí.

Te cuidaré, te lo prometo.

(Puerta)

Perdón.

Señora...

Le traigo unas leches fritas que harían llorar a un marqués.

Lo único bueno que aprendí del orfelinato.

-No tengo hambre.

Gracias.

Dejamos que descanses, ¿eh?

Vamos.

A mí a veces hasta me da asco ser hombre, vamos.

De lo que somos capaces...

¿Recuerda a la hija del tapicero?

Sí...

El año pasado a la pobre le hicieron algo parecido

y al día siguiente apareció ahorcada.

Mariana necesita olvidarse de esto.

Aquí cerrada nunca lo hará.

¿Y qué propone, ayudarla a salir de la villa?

Sí.

Y marcharme yo con ella.

¿Qué?

Le repetiré la pregunta porque nos estamos liando.

¿Y qué propone, ayudarla a salir de la villa?

Prometí que cuidaría de ella y he fracasado.

Debo darle una vida normal, libre.

La parte de la vida libre la entiendo perfectamente.

Si hasta me la imagino con el rumor de las olas y el cantar de sirenas.

Pero no se puede ir con ella. ¿Y Alonsillo?

¿Qué hay del chiquillo? Tiene su vida aquí.

Alonso estará bien.

Seremos una familia feliz.

¿Cómo que una familia?

Que Mariana y usted no...

Ay, Dios, no estará pensando. Eso no puede ser...

Que estuvo a punto de pedírselo a Margarita.

Que no puede casarse con otra. Si es lo mejor para ella, lo haré.

Los sacrificios se hacen por amor, no por pena.

Saldremos mañana.

Amo...

No se empeñe en honrar a sus antepasados

escaqueándose a la francesa. No puede ser.

Sátur, estoy convencido.

¿Y qué pasa con Dña. Margarita?

No. ¿Y qué pasa conmigo?

Podéis venir con nosotros. (RÍE)

-¿Cómo ordena que no adecenten la habitación?

¡Aquí no ha muerto nadie! ¿Está claro?

Hay que limpiar el buen nombre del palacio.

¿Y esa jarra y esos vasos?

Los ha tocado un asesino. ¡Que los limpien!

¿Y esa cama? Por Dios, parece que ha parido una puerca.

¡Que laven las sábanas!

¿Tú qué haces así?

¿No se te habrán quedado pequeños los trajes nuevos?

-No he encontrado a ningún lacayo. ¿Dónde están?

-Se ha dado orden de que busquen todos al Srto. Nuño.

-¿Se ha dado orden?

¿Y quién ha sido? Yo no he dicho esta boca es mía.

-Yo, señora.

-Que vuelvan todos a palacio inmediatamente.

-Sí, señora. -Madre, ¿y a mí quién me viste?

-Ya te ayudo yo. Hay que ver lo vago que te vuelves cuando quieres.

-Vago, no, madre. Marqués.

Señora, han llegado sus escarpines.

Ah, fabuloso. Esto es la última moda en París.

Déjamelos ahí. Sí, señora.

¿Se sabe algo de Nuño?

Nada. Y espero que regrese antes que la señora marquesa

porque si no menudo disgusto.

¿Y tú qué, cómo estás?

Muy cansada. A ver si terminamos ya con todo esto.

Sí...

(SUSPIRA)

¿Y eso?

Es una cruz de plata. Y tiene unas iniciales: R y N.

No es de Juan ni de su difunta esposa.

Si no es de ellos será de...

Quizá es de alguien que entró sin que lo supiéramos.

Aquí ha venido mucha gente. Puede ser de cualquiera.

Pudo entrar alguien cuando dormían. Puede ser del asesino.

Ella no se merecía eso.

Juan es culpable. O no, Margarita.

Quizá nos estamos rindiendo pronto y no agotamos las posibilidades

de demostrar que es inocente. ¿No te gustaría?

¿Podría decirme quién la forjó?

Tiene el cierre un poco flojo.

Pero usted y yo no podríamos pagar estos acabados.

Esto es de alguien de alta alcurnia.

¿Y las iniciales?

¿Sabría reconocerlas?

Podrían pertenecer a cualquiera, ¿verdad?

En qué estaría pensando... Margarita.

¿Cómo es que no estás en palacio? Pues vine a hacer unos recados.

He acabado la clase con los niños. Si quieres, te acompaño y...

Y charlamos. No, no, no. Si ya me iba.

Con Dios.

Oiga, señora.

Que se deja la cruz.

La encontré en la habitación donde se alojó Juan con su esposa.

Por un momento pensé que...

Es una tontería. Mejor me la llevo. Seguro que alguien la reclama.

Si crees que tiene que ver con el asesinato,

deja que me la quede yo. Quizá averigüe algo.

Es una pérdida de tiempo, Gonzalo. Margarita,

si puede ser inocente hay que llegar al final.

Al fin y al cabo Juan fue la persona que tú...

Está bien.

So...

(Resoplido)

(Resoplido)

El artesano no me supo decir, pero el orfebre reconoció la cruz.

Fue un encargo de hace años de los señores de Requena.

Margarita lo está pasando mal... ¿Ahora se acuerda de Margarita?

Está buena la cosa...

No ha pensado en ella para tomar la peor decisión de su vida.

La he tenido que tomar con la cabeza,

no con el corazón. Con la cabeza, dice... (RÍE)

¿Y qué pasa con sus orígenes?

¿O ya no quiere desvelar el misterio?

Ahora lo único importante es Mariana.

¿Sabe lo que le digo? Se creerá muy solidario, muy sacrificado.

Pero es un egoísta. No ha pensado ni esto en nosotros.

¿Se cree que me iré con usted y dejaré a mi hijo?

(RÍE IRÓNICO)

Tienes razón.

Yo debo cuidar a Mariana y tú a Gabi.

Y tienes que estar cerca de él.

Quédate con la casa.

¿Cómo que me quede con la casa?

Una casa no es el tejado y las paredes.

También son las personas que hay: usted, el crío, Margarita...

Es que tiene unas cosas que...

Ahí está.

So...

¿Sra. de Requena?

¿Podría hablar con usted? ¿Qué quiere?

Creo que esto le pertenece.

(DEJA CAER EL JARRÓN)

(SUSPIRA)

Era de mi hijo Roberto.

Creí que la había perdido para siempre.

¿Dónde la ha encontrado?

En el palacio de la marquesa de Santillana.

¿Podría hablar con él?

Hace 14 años que mi hijo murió en la guerra.

Lo siento.

(Ventana)

(Llaman a la puerta)

(Truenos)

-¿Quién es?

El comisario, eminencia.

(ABRE CON LLAVE)

(Truenos)

¿Me ha hecho llamar?

¡Hace horas!

Estoy muy ocupado, Nuño ha desaparecido.

La vida es así, comisario.

Los niños desaparecen y alguien los encuentra.

¡No volváis a desobedecer una orden mía!

(Truenos)

(ENFURECIDO) Richard Blake estuvo aquí anoche.

Quiere matarme.

Necesito toda la protección que podáis ofrecerme.

Tendrá a mis mejores hombres.

Me parece que no me habéis entendido.

Richard Blake estuvo en mi propio dormitorio.

No puedo fiarme de nadie. Os necesito a vos.

Vaya, esa confianza en nueva para mí.

Debería no ganarse enemigos y así evitaría estas situaciones.

En este mundo todos tienen enemigos, comisario.

Por eso necesitamos la protección de la familia.

Eminencia, no debería temer más que a Dios.

Ni siquiera a él.

Porque estará de su lado.

Incluso en esta situación

no deberíais olvidar con quién estáis hablando, comisario.

(APRIETA LA PÓLVORA)

Os quedaréis aquí.

Si es preciso día y noche.

Seréis mi ángel de la guarda.

No.

(Truenos)

No os lo estoy preguntando.

Deténgame.

(Truenos)

(CIERRA CON LLAVE)

Marta, perdona. ¿Está Margarita?

Anda arriba, con cosas de la nueva señora.

Ahora le digo que estáis aquí. Gracias.

Amo, piense bien en Dña. Margarita.

¿Por qué no pospone usted el viaje?

Dos noticias funestas: la del doctor y la suya no hay quién lo aguante.

Mañana partimos. ¿No se lo digo? No, ¡quiero que se quede!

Quiero que se quede, amo, por Dios, recapacite.

La va a privar de la única familia que tiene y que tendrá, quizás.

No se lo va a perdonar en la vida.

Mira, Sátur, aunque me duela, prefiero que Margarita me odie

por irme a que Mariana muera.

Ah, vosotros, preparadme un piscolabis, que tengo hambre.

Disculpe, no somos de su servidumbre.

Venimos a ver a Margarita. Soy Gonzalo de Montalvo, maestro.

Y este... Yo soy Saturno García.

Su esclavo, su siervo, su más fiel admirador.

Permítame, señora, a sus pies. Le presento a Sagrario de Castro.

La mejor actriz que ha dado la escena española.

-Ya veo que me conoces. -Que si la conozco, dice.

Estando de comediante tuve la fortuna

de verla actuar en el Corral de la cruz.

Dejó al Burrito Sabanero

a la altura de las obras cumbre de Lope de Vega.

-Ay, Lope, Lope... Yo le gustaba mucho a Lope.

Quiso escribirme una obra, pero no tuvo tiempo. Murió, pobre.

-No me extraña. Con mujeres de su porte...

-¿Todavía no habéis terminado de arreglar la habitación?

-El señor marqués nos pidió que le quitaran las botas de caza

y como es de gemelo alto no había manera.

Pero esto ya es lo último.

-Bueno, está bien. Pero daos prisa. -Sí, señora. Con permiso.

-¿Maestro?

¿Qué? ¿Nada?

Pertenecía a un joven que murió hace 14 años en la guerra.

No hay posibilidad para Juan.

Margarita... Sra., ¿quiere beber un poco de agua?

No quiero. Oh...

Sátur, Sátur... Sátur, ¿qué te pasa?

Deberías comer algo.

-Reparta mis raciones entre los demás reclusos.

Coma o no coma, moriré igualmente.

-Si quieres acabar con esto antes de tiempo, así no lo conseguirás.

Quizá yo pueda ayudarte.

Por los viejos tiempos.

-No.

No sería justo para la familia de mi esposa.

Necesitan vengarse por lo que hice.

Necesitan verme muerto y yo se lo debo.

(RÍE) -Sabes ponerte en el lugar del otro.

Serás un excelente jugador de ajedrez.

-Aprendí en la guerra.

El ajedrez es igual que la batalla.

Hay que derrocar al enemigo y proteger al rey.

-Sí, pero, a diferencia de la realidad,

en este juego nunca encontrarás a un enemigo

en tus propias filas.

-¿Le traicionaron en la guerra?

-¿Todavía no te acuerdas, doctor?

-¿A qué se refiere?

-¿Seguro que no recuerdas tu primer paciente?

(Explosión)

(Gritos y lamentos)

(Disparos y explosiones)

-"¡Españoles!

(Disparos)

-¡Vamos!

(Explosiones)

-Ay...

-Tienes la pierna destrozada.

Tendré que amputártela.

Es la única manera de que sobrevivas.

-No quiero morir.

-No, no vas a morir.

Di que sí.

(Disparo)

Muerde esto todo lo fuerte que puedas.

Soldados, ayudadme.

Coged de manos y pies.

Haga lo que haga no le soltéis.

-(RESPIRA DE FORMA ACELERADA)

(Disparos)

(Sangre manando)

(NERVIOSO) -He cortado la arteria, he cortado la arteria..."

(INAUDIBLE)

-Mataste a mi hijo.

-¿Su hijo? -Se llamaba Roberto.

Y tú le mataste.

-Solo intenté salvarle la vida, señor.

-Si no hubieras cometido ese error, estaría vivo.

-(LLORA)

Por qué... ¿Por qué me hace recordar todo esto ahora?

-Ya sabes.

Cada acto tiene sus consecuencias en la vida.

(TITUBEA) -Entonces... ¿Todo esto es una venganza?

-No pagaste por la muerte de mi hijo.

Pero pagarás por la de tu mujer.

-No, no, no voy a morir.

No moriré por algo que no he hecho.

¿Dónde está el rey?

¡Que llamen al rey!

¡Que llamen al rey!

¡Ayúdenme!

-El rey está de viaje.

No regresará antes de la ejecución.

Además, ¿cómo ibas a probar tu inocencia?

Jaque mate.

Parece que no tiene fiebre.

Perdona.

Sátur...

(SE QUEJA) Sátur, ¿te encuentras bien?

Oh...

Lo veo todo turbio.

Tengo la lengua dura y áspera como...

el culo de un lagarto. ¿Qué me ha pasado?

Caíste redondo en palacio. ¿No te acuerdas?

No.

A ver, Sátur. Venga, levántate poco a poco.

(SE QUEJA) Ven, así.

(SE QUEJA) Muy bien.

Uf...

Ay, madre, que sangro...

Sangro por la nariz.

A ver...

A ver si me he reventado por dentro.

No, Sátur. Que no, seguro que no es nada.

(SUSPIRA) Póntelo ahí.

Si yo estaba bien, señora.

Le juro que bebí un poco de agua y...

-"¿Todavía no habéis terminado de arreglar la habitación?"

-Se me nubló la vista y...

Y luego se hizo la oscuridad.

Oh...

Margarita, trae un poquito de agua, por favor.

Sí.

Amo...

Ay, me estoy acordando de uno que conocí,

que Dios le tenga en su seno.

Sangraba por los bajos y a los dos días al hoyo.

Sátur, no estás enfermo. Te has drogado.

¿Cómo dice?

Pero si yo jamás en la vida he... Escúchame.

La jarra y los vasos estaban en la habitación

de Juan y su mujer.

Perdone, amo, pero entre tanta jarra

tanto vaso y el vahído...

Veo mucho cristal pero poca transparencia, ¿qué quiere decir?

Que alguien metió algún opiáceo en el agua

para que se durmiera y no lo recordase.

Tú también has bebido y te ha pasado lo mismo.

Ahí va, la madre que me parió...

Eso quiere decir que el doctor no mató a su señora.

Pero...

Pero eso es imposible de demostrar.

(LEE) -"Pues mi voluntad puede matarme,

la suya, que no es tanto de mi parte, pudiendo

¿qué hará sino hacello?". (AGOBIADA) Ay...

-Madre, ¿qué hace? -A este no se le entiende.

Entre espinas crepúsculos, al viento el mísero gemido...

Pues ya le puede dar el viento en su crepusculario rostro.

-Góngora es lectura obligada en todo círculo de bien.

-¿Ah, sí? Pues entonces lo lees tú y me cuentas el final.

-Pero, madre, si es poesía.

(Llaman a la puerta)

-Disculpen, buscaba al comisario. Le traigo su correspondencia.

-Déjala ahí.

(SEVERA) Y ponte a darle esplendor a la plata.

-Sí, señora.

Con permiso.

-¿Y esta carta? Sin sello en el lacre ni remitente ni nada.

-Madre, no es de ley leer la correspondencia ajena.

-Ah...

-Madre, ¿qué pasa?

-Han secuestrado a Nuño.

-¿Cómo? -Sí.

Piden un rescate.

Si no se les da el dinero dentro de dos días morirá.

-Eso es terrible.

-Sí, un horror.

-¿Qué hace con la carta?

-¿De qué carta me hablas? Aquí no ha llegado ninguna carta.

-Pero bueno... -Jacobo...

Jacobo, hijo mío. Hijo mío, Jacobo.

Si te pasara algo, Dios no lo quiera,

Nuño sería el heredero.

Y yo, entonces, volvería a quedarme de nuevo sin nada.

Y tú no quieres eso para tu madre, ¿verdad, hijo? ¿A que no?

Perdón.

Dice Catalina que me ha dejado unas cartas.

Sí, están aquí.

(NERVIOSA) ¿Sabe algo ya de Nuño?

¿Ahora se preocupa por él?

Bueno, a fin de cuentas, mi hijo y él son hermanos, ¿no?

Está bien que me interese. Está bien que nos interesemos.

Tienes que templarte.

No pasé lo que pasé ni hice lo que hice

para volver al arroyo.

-Sí, madre.

(Música emocionante)

-¿Qué?

¿Está con lo del doctor?

Es el plano de la cárcel.

Ya lo veo, ya....

Pero ¿piensa en eso o entre doctor y doctor

también piensa en Margarita?

Se lo digo porque pasan las horas.

Y no le ha dicho que se va. ¿A qué espera?

¿A que le dé el aire fresco de los Pirineos para decírselo?

Se lo diré luego.

Si lo pospone tanto es porque no está convencido.

O se lo hubiera dicho a su hijo. Alonso está en casa de Gabi.

Hasta mañana no regresa.

Está como que no tiene ni oídos ni ojos, como un tubérculo.

¿No se da cuenta de que ese plan le joderá la vida para siempre?

Desmonta la guarida. Saldré mañana.

Muy bien, lo que usted diga.

Le digo una cosa: cuando esté en el lecho con esa mujer

lleve mucho cuidado de no nombrar a Margarita.

Sátur, basta.

Debo ver cómo entro en esa cárcel.

¡Pero usted ha perdido definitivamente la sesera!

Que es una cárcel militar, el que entra no sale, no hay...

escapatoria posible.

Lo difícil no es escapar, sino que no le cojan fuera.

Ya está.

Ya se ha puesto la visera en el yelmo y ya ni ve ni oye.

Me haría más caso un ratón...

¿Cómo puedo sacarlo de ahí?

(Llaman a la puerta)

-¿Quién es?

Detente, no des ni un paso más.

¿Quién te ha dicho que vinieras?

-Usted, eminencia.

Si quiere que me vaya... -No, no, ven.

Acércate. Pasa, ven.

Lo había olvidado.

(SUSPIRA)

¡Ah! -Dios estará de su parte,...

-Ah... -...pero el demonio está de la mía.

-¡Ah!

¡Ah!

Ah...

(Puerta, se abre)

-Escúcheme, el asesino de mi esposa es el alcaide.

Me encarcelaron injustamente.

(Puñetazo)

-Déjalo.

Es el momento de su última confesión.

-Le voy a contar al confesor toda la verdad y él me va a creer.

(Puerta, se cierra)

-El padre está acostumbrado a historias falsas.

No te creerá. -Escúcheme, por favor, se lo ruego.

Yo no maté a su hijo. Debe creerme, no quiero morir.

Yo no lo maté.

-Te pudrirás en el infierno.

-(GRITA)

(GRITA)

(Llaman a la puerta)

(LLORA)

-Adelante.

(Puerta, se cierra)

-Padre...

Se lo ruego, por el amor de Dios.

Yo no he matado a nadie. Tiene que creerme.

Lo sé, por eso estoy aquí.

(DESENVAINA)

(Ruido metálico)

Escúchame, el asesino de mi mujer es el alcaide.

Su hijo murió en mis manos hace 14 años y ahora busca venganza.

Eso no podremos demostrarlo.

Tendrás que huir.

¿Sabes lo que significa?

No volver jamás.

Escaparás de noche tras el último recuento.

Así ya estarás lejos cuando se den cuenta.

¿Y cómo salgo por esa puerta?

Toma. Cuando te traigan la cena te deshaces del guardia.

Aquí tienes un traje militar para camuflarte entre la guardia.

(Pasos)

Ahí fuera hay muchos guardias. Alguno podría reconocerme.

Confía en mí. Estarán ocupados en otra cosa.

Seas quien seas, gracias por todo.

(Llaman a la puerta)

(Puerta, se abre)

-Llevas todo el día sin parar.

¿Por qué no descansas un rato?

Contigo se lleva bien. ¿Habláis?

¿Te dijo si tiene algún lugar al que poder ir?

Nuño es reservado y solitario.

Su único mundo sois tú y su madre.

-Comisario, tenga.

Esto le vendrá bien para reponer fuerzas.

Gracias, pero no tengo apetito.

Señor, disculpe.

Encontramos esto en el bosque de San Rafael.

-(INSPIRA NERVIOSA)

-Es de Nuño. Se lo regaló Lucrecia en su onomástica.

(SUSPIRA)

No tiene por qué significar que le haya pasado algo.

Quizá estemos más cerca de encontrarlo.

Tú qué sabrás.

Todos los días hay hijos que mueren ahí fuera.

Si crees que está muerto, por qué buscarlo.

Levantaré cada roca,

cada trozo de arena de ese bosque hasta que dé con él.

Vámonos.

(IRENE CORRE TRAS ÉL)

-Si encuentra a los secuestradores sabrá lo del rescate.

¿Quieres que te ayude?

No, gracias. Prefiero estar ocupada en algo.

Tengo que hablar contigo.

Pues siéntate.

Por tu voz y por la racha que llevo seguro que no me dirás nada bueno.

¿Qué pasa, Gonzalo?

Me voy.

Claudia, Alonso y yo nos vamos de la villa.

Me ha salido una buena oferta de trabajo y...

la he aceptado.

(DOLIDA) Qué bien, ¿no?

Es estupendo para ti.

Bueno, para vosotros.

Lo es.

¿Cuándo os vais?

(TRISTE) Mañana.

¿Mañana?

Margarita, había pensado

que podías venir con nosotros.

No.

Yo me quedo. Un matrimonio tiene que estar solo.

No cargar con la cuñada soltera.

No eres una carga para mí.

Te lo agradezco.

Estaré bien, de verdad.

(SOLLOZA)

¿Qué te pasa? Nada.

No quiero hablar.

¿Quieres sopa? Estoy preparando la cena.

¿No?

(LA BESA)

(SUSPIRA)

Un emisario ha ido a palacio preguntando por ti.

Que leas esto.

(SUSPIRA ANGUSTIADA)

Si esto es de la madre de Juan. ¿Para ti?

(LEE) "Te agradezco que le des esta carta a mi hijo.

Una grave enfermedad me impide darle el último adiós

a quien le di la vida.

Por favor, olvida por un segundo lo que hizo y ve a verle.

Eres la única mujer a quien ha querido.

No le dejes morir solo".

Debes ir a dársela.

Es que no sé si voy a poder.

Margarita, esta mujer te pide

despedirse por última vez de su hijo.

No puedes negarle eso.

Es que...

(LLORA)

(Campanadas)

(Búho)

(Resoplidos)

(Resoplido)

Amo, ¿ha hablado ya con su cuñada?

Necesito que estés concentrado. Ya.

Pero no sé cómo lo está usted.

¿Se lo ha dicho ya? Sí, Sátur, se lo he dicho.

Se lo ha tomado peor que mal, claro.

No deja la villa con usted, digo.

A estas horas estarán haciendo el último recuento de reos.

Juan escapará pronto. ¿Y lo que te pedí?

Eso, cambie de tema.

Lo he traído, ahí lo tiene.

Bien. Y le he preparado la ballesta.

La necesitará para entrar ahí a la gresca.

Si todo sale como está previsto no hará falta ni que luche.

¿No va a pelear? No.

Ahora que sabemos que no es culpable, ¿le dejará ahí?

A su aire.

Es que cada vez le entiendo menos. Sátur,

provocaré una detonación exterior para distraerlos mientras escapa.

Últimamente se ha convertido en experto en huidas.

La de Juan, la suya con Mariana, ¿eh?

Espera aquí con el caballo.

Si no hay imprevistos, en media hora vendrá.

Pero ¿cómo quiere que espere aquí?

Si voy sin el "mozal" ni tengo traje ni nada.

-Bueno, pues nada.

Qué barbaridad.

¿Qué? Estos dos...

Que esperemos al superior.

Tanto uniforme y tanto arcabuz y ni chispa de criterio.

No sé si voy a poder verlo. Dejarás de poder, ya verás como sí.

¿Qué le digo cuando lo vea? ¿Que se merece lo que le harán?

Porque es lo que siento. Mujer, él ya va a pagar su culpa.

No le castigues tú también.

¿Y si quiere tocarme o abrazarme?

¿Qué hago, Catalina?

Vamos a ver, Margarita.

Entra ahí, procura no llorar, le das la carta y te vas. Ya está.

-Una cárcel no es lugar para mujeres.

Traigo una carta para Juan de Calatrava.

No pueden tener ninguna comunicación del exterior.

Su madre está enferma y quiere que se la entregue.

(Explosión)

¡Una explosión en el muro! -¡Rápido, por aquí!

-Por allí. -¡Venid conmigo!

¡Corred! -¡Ha sido fuera!

-¡Por ahí! -¡Corre!

-Es una detonación.

(Explosión)

Juan...

¡Por ahí, por ahí!

Juan...

Juan... ¡Es un recluso, que no escape!

¡Vamos!

-Margarita, soy inocente. Yo no he matado a nadie.

Lo juro.

-Ah...

Menudo desastre... No tenía que haber sido así.

El plan hubiera funcionado si Margarita no llega a aparecer.

No me explico a son de qué se ha presentado en la cárcel.

¿Qué pretendía? No lo sé, pero ya no importa.

A Juan lo decapitan al mediodía. Amo...

Lo vigilarán hasta que el verdugo no tenga el hacha sobre su cabeza.

Y no puede contar ahora con el factor sorpresa.

Tengo que intentar sacarlo de allí.

No tiene que intentarlo. Quiere hacerlo, que es distinto.

¿Sabe por qué?

Se siente culpable de lo que le ha hecho a Margarita.

Y quiere hacer algo por ella. Juan es inocente.

Por eso voy a liberarlo.

¡Usted también es inocente! Y puede morir en el intento.

No vuelva a esa cárcel. Por Dios se lo pido.

Quizá justo antes de la ejecución pueda liberarlo.

Debo ver ese patio otra vez para saber cómo.

¿Me está escuchando?

(NERVIOSO) Está hablando de una sola oportunidad,

de un puede ser, de un quizás...

Encárgate de que Alonso y Mariana lo tengan todo listo para partir.

En cuanto libere a Juan nos iremos.

No atiende a razones, ¿verdad?

¿Pues sabe qué le digo?Que usted se irá después de liberar a Juan,

pero yo me voy ya, amo.

Cuídeme del chiquillo.

Y que sean muy felices.

(Música de intriga)

-¡Abran paso al cardenal Mendoza!

(Música de acción)

-¡Aparta de ahí, inútil!

-Richard Blake...

(Ruido metálico)

(Gritos)

(EN INGLÉS) -"Shit".

(FORCEJEAN)

(Música de acción)

Si no hubiéramos ido habría escapado.

Mujer no te tortures más, que ha sido una casualidad.

Desgraciada, pero una casualidad.

¿No oías cómo gritaba su inocencia?

Estuvo gritándolo hasta que lo han callado a palos.

(SUSPIRA)

¿Y si es verdad, Catalina?

Tenía que haberle creído.

Catalina, ordena que den de beber a mi caballo, rápido.

Sí, señor. Y vuelve a subir enseguida.

Ayer a última hora llegó esta misiva para usted.

Encárgate tú, Irene.

Es de Nuño.

(LEE) "Estoy en la posada Santos en Sevilla.

Cuando recibas la carta habré embarcado rumbo a las Américas.

Estaré bien".

Sí que tiene espíritu aventurero, el chico.

-¿Qué vamos a hacer, Hernán?

-¿Posada Santos?

¿Cuándo has estado tú en Sevilla? -Nunca. Eso ha sido cosecha propia.

-Si no te empeñaras en demostrar lo contrario,

hay que ver lo listo que eres. No han dudado ni un instante.

-No ha sido para tanto.

Solo he copiado la letra de Nuño de una vieja carta.

Quitando el requiebro de la L ha sido fácil.

-Si no llega el rescate, en un día estará muerto.

(Llaman a la puerta)

-¿No te gusta, te traigo otra cosa?

¿Agua tampoco?

Bueno, mejor te dejo sola.

Y así no molesto.

Siento haber perdido la memoria.

Si hubiera recordado antes dónde estabas no te habrían...

hecho eso.

-No es culpa tuya.

Hay mucha maldad.

(SOLLOZA) -Sí.

Ahora se ha montado una en la calle.

Se han llevado a Richard Blake.

-¿Richard Blake?

-Sí, tampoco lo entiendo. Estaba muerto.

Estoy seguro de que era él.

Intentó atacar al cardenal Mendoza.

-¿Has visto si estaba herido o le han hecho algo?

-Creo que no.

Pero... ¿qué pasa?

¿Adónde vas con el cuchillo?

(Goteo)

(Cerrojo, se abre)

-¿Te has cansado ya de gritar?

Está bien.

Sácalo de ahí.

Ha llegado su hora.

(Tintineo de llaves)

-(SE QUEJA)

-Sabes que no saldrás de aquí vivo.

-Moriré, pero usted también.

-Vamos...

No tienes valor para apretar el gatillo.

-(AMARTILLA EL ARMA)

-(SUSPIRA)

Acabo de gastar la bala con un recluso en el patio.

-¡Padre!

Padre.

¡Aquí, Alonso!

Claudia cogió un cuchillo y se fue. ¿Cómo que se fue?

Hasta un palacio, la he seguido. ¿Qué palacio?

Al del cardenal Mendoza.

Vamos a ver, ¿qué ha pasado? Es que no lo sé.

Le dije que Richard Blake está vivo. Richard Blake...

Le vimos muerto.

Pero está vivo, yo lo he visto. ¿Qué hora es?

Dieron las 11 hace un rato, ¿por?

Nada, tú quédate aquí.

Ni te muevas.

¿No acompañas a la tía a la ejecución de Juan?

(Música de acción)

(MENDOZA SUSPIRA) Richard Blake...

Pensabas que podías matarme...

Tú habrás sobrevivido a tormentas y a batallas,

pero yo soy un soldado de Dios.

Y con ese ejército no se juega.

He pensado qué hacer contigo.

¿Cómo prefieres morir?

-A la vez que tú.

-Atrevido y desafiante. Me gusta.

Al conquistador Valdivia le arrancaron los brazos, los asaron

y se los dieron de comer. ¿Qué te parece eso?

-¿Tienes hambre?

-Richard...

-Se ha obrado el milagro.

Tu mujer acaba de resucitar de entre los muertos.

-Suéltelo y le diré dónde está el tesoro.

(INCRÉDULO) -Ya...

Eres una fierecilla muy previsible.

Bien, volvamos al asunto pendiente que nos tiene aquí a los tres.

Tengo entendido que una de las cosas más dolorosas en esta vida

es ver cómo muere la persona amada.

-Tranquila.

-Podéis decidir quién es el espectador y quién es el muerto.

Pero, si uno de los dos me dice dónde está el tesoro,

entonces tendré a bien ofrecerle...

una muerte más rápida.

Podéis pensarlo.

-¿Por qué has vuelto?

-Te prometí que lo haría.

-¿Qué vamos a hacer?

-Morir...

antes de que nos maten.

(Redoble)

(Gritos)

-No deberías verlo, vamos a casa. No pienso dejarle solo.

¿Qué quieres, quedarte con este recuerdo de él?

No pudo escapar por mi culpa.

(LLOROSA) Estaré a su lado.

(Música de intriga)

(Ruido metálico y grito)

(Música de acción)

(FORCEJEAN)

Rápido, tenéis que iros de la villa.

Tengo que despedirme de alguien. No hay tiempo.

Bajo la ventana hay un carro con heno. ¡Saltad!

¡Vamos!

¿Por qué haces esto por nosotros? Tú me salvaste la vida.

¡Vamos!

(LLOROSA) ¡Juan! Juan...

Juan...

Margarita, soy inocente.

(LLORA) Ah...

¡Es inocente! ¿Es que no lo han oído?

(LLORA)

(LLORA) Ven aquí...

Margarita...

(AMBAS LLORAN) Ven aquí...

Juan...

Juan...

(Redoble)

(ARREA)

(Puñetazo)

¡Podrías haber detenido a Nuño! ¿Por qué no me lo dijiste?

¡Para! Para, ¿qué haces? Sal de ahí.

Quiero acabar con él. ¡Ni hablar!

No matará a ninguno de mis criados. ¿Quién es para ordenar eso?

La señora de esta casa. Y, como tal, soy yo la que decide

quién vive y quién muere en ella.

Y este, por ahora, vive. Venga, sacadlo fuera.

Tengo que traer a Nuño como sea.

¿Y qué vas a hacer? Necesito un barco.

¿Un barco?

Conseguiré un barco cueste lo que cueste.

Necesitas una tripulación y provisiones...

No importa. Venderé mis armas, mis caballos.

Mi sangre, si hace falta. Sabes que no es suficiente.

Podrías estar años buscándole.

Yo te daré el dinero.

No te lo he pedido.

Soy tu esposa.

Para lo bueno y para lo malo.

Coge el camino del viejo molino.

Nunca hay nadie, es seguro.

Viaja de noche hasta Cartagena. Una vez llegues a Italia en barco,

ve con cuidado.

Aun estando allí es probable... Que la guardia siga buscándome, sí.

Y recuerda:

ahora te llamas Francisco Jiménez, hijo de cuchillero.

Juan de Calatrava y Fonseca, grande de España,

a partir de hoy será un muerto en vida.

(SUSPIRA)

¿Cómo sabías que estábamos aquí? Cuando me salvaste vinimos aquí.

Deberías partir ya.

Tu madre me dio esto para ti.

(SUSPIRA) No maté a esa mujer, pero no puedo demostrarlo.

Te creo.

Perdona por lo que te hice.

Juan, quiero ir contigo.

Huiré toda la vida y no te lo mereces.

Te amo.

(ARREA)

(ARREA)

No, amo, no... Que soy yo, no me desgracie.

¿Qué haces aquí?

No me podía ir sin saber el final.

Bueno, eso y...

Es que antes me he despedido como un auténtico cenutrio.

Hubo más calidez en la Guerra de los Cien Años.

He desmontado la guarida.

He recogido sus cosas, las del crío y las de Mariana.

También he doblado la ropa y la he colocado en baúles.

Y no por orden alfabético por falta de tiempo.

Te lo agradezco, pero...

al final no me voy.

¿Cómo que no se va?

Pero ¿cómo que no? Con la paliza que me he dado

con los baúles, con los enseres, con la ropa...

Pues ahora se tiene que ir.

Por mis santos huevos que se va.

(ARREA)

Pero ¿adónde va?

(SÁTUR) Entrar en este bosque es contagiarse.

Descubrí algo sobre la Boca del diablo.

(SÁTUR) El bosque de los Desahucios.

-(GRITA)

-¡Salid de aquí!

¿De cuánto dinero hablamos? El suficiente para víveres

y una buena tripulación.

Claudia se ha ido. Pues si necesitas cualquier cosa...

Otro error como este y acabaremos en la horca.

¡Eres un inútil!

No entiendo la relación de esto con los templarios o mi familia.

¿Le interesan los templarios?

-Pagarás por todo lo que nos has hecho.

-Traicionaste a la familia.

-¡Hernán, no!

(Disparos)

-Conozco tu secreto.

  • T5 - Capítulo 59

Águila Roja - T5 - Capítulo 59

12 sep 2013

Águila Roja se siente culpable por no haber protegido a Mariana de los hombres del Comisario. Se venga de los guardias que la violaron. Richard Blacke regresa a la villa para amenazar a Mendoza y encontrarse con Mariana. El Cardenal recurrirá al Comisario para que se encargue personalmente de su protección, pero Hernán tiene otro asunto entre manos. Ha llegado una nota de Nuño en la que anunciaba que se iba de Palacio. La prioridad de Hernán es encontrar al muchacho. Mientras, Juan, es conducido a una cárcel militar dónde será ejecutado por la muerte de su esposa. Gonzalo cree que el médico puede ser inocente. Catalina y Margarita descubren algo en Palacio que le hará investigar el caso.

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