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No recomendado para menores de 12 años
Transcripción completa

Recuerda que llevas en tu vientre a mi hijo.

-Vuestros deseos son órdenes para mí.

Sé que te has enterado de mi embarazo

y ni te has interesado por cómo me encuentro.

No es asunto mío.

Le diré a Margarita lo que siento por ella.

¡La madre que me parió!

¿Así es como recibes a una amiga? ¡Victoria!

¿Sabes algo de Margarita? Fuimos a Valdemorillo,

a por un traje para la marquesa. -No estuvisteis ayer allí,

fuisteis a ver a Juan. -Sí.

Se enteró de que se había casado con otra.

Te lo agradezco, pero no quiero que hagas nada.

Está bien, ni haré ni diré nada. ¿No tendrá un hueco para una boda

para de aquí a 15 días? -¿Con mi tía Margarita?

-¡Calla! Loco...

Vamos a pasar el día fuera, en el campo.

Te voy a llevar a un risco con unas vistas maravillosas.

¡Ah!

¿Crees que mi padre sigue vivo?

Es que mi madre ya nunca le menciona.

La duquesa ya ha sufrido su horrible accidente.

¡Ayuda! ¿Quién le ha hecho esto?

¡Ayuda, por Dios!

El hijo de esa mujer jamás será rey.

El crío se mueve, ¡se mueve!

Es hijo del rey.

Es un grifo, los Templarios lo usaban como símbolo.

Según dicen, custodiaba el oro.

¡Cuidado!

Han matado a la duquesa por llevar a un hijo del rey.

Si descubren que ha nacido le buscarán.

Victoria de Gauna, esposa de vuestro amigo el duque,

ha sido brutalmente asesinada.

-El bastardo no ha muerto.

-Todo niño que nazca en la villa será eliminado.

-Que así sea.

-Mi mujer solo se veía con un hombre.

El hijo que esperaba era del rey.

¡El santo grial! La base tiene el mismo tamaño

que el surco que rodeaba el grifo.

¿El grial es la llave que puede abrir el tesoro?

(LLORA) ¡Me lo han matado!

¡Me lo han matado!

¿Alguna vez harás algo más que quedarte de brazos cruzados?

-¿Qué haces? -Llevarme al crío de la villa.

No le he salvado la vida al hijo del rey para que lo maten.

-Mi madre está intentando salvar un bebé.

(MURMURA) Es hijo del rey.

Vayámonos juntos, donde tú quieras. El niño, tú y yo.

Voy a emprender un viaje por Europa.

Aquí está el niño.

(GRITA)

Esta matanza se ha terminado.

Adiós, Hernán.

¡Muy bien, amo!

¿Dónde está el tesoro?

¿Qué está pasando?

Estamos atrapados.

Amo, ¿dónde está?

Estoy aquí. ¿Aquí dónde?

(Golpes)

Ahora.

¿Estás bien? Sí.

Pero vámonos de aquí cuanto antes.

Esto tiene pinta de venirse abajo más pronto que tarde.

No podemos.

¿Cómo que no podemos?

¿No hay una salida?

¿Dónde está la salida que estaba ahí?

El derrumbe la ha tapiado.

¿Cómo que la ha tapiado?

¿Qué vamos a hacer ahora?

Este lugar está donde Cristo perdió la sandalia,

¡por aquí no pasan ni las moscas! Tiene que haber otra forma de salir,

solo hay que encontrarla. ¿Qué forma ni qué forma?

¡La única entrada y salida era esa!

Para derribarla necesitamos un polvorín.

Sátur, cálmate.

Así no conseguiremos nada. ¿Cómo quieres que me calme?

Estos muros son de piedra

y arriba tenemos un castillo abandonado.

Conseguiremos salir, no te preocupes.

Dios mío, hemos cavado nuestra propia tumba.

¡Catalina!

¡Madre mía, qué guapísima que estás!

No falla: aire puro, chorizo de pueblo y se te van las penas.

Tu prima se ha portado, me ha tratado a cuerpo de rey.

Eso es descansar: no pegar ni golpe. He tenido tiempo para pensar.

Se trataba de lo contrario, de que no le dieses vueltas a la cabeza.

¡Qué contentos se van a poner de verte!

¿No les habrás dicho nada de lo de Juan?

Gonzalo piensa que esperas unos vestidos.

Sonríe y dile que has llegado llena de seda y de tafetanes.

Catalina...

Necesito hacer algo con mi vida.

Cuando has dicho lo de pensar me he echado a temblar.

No sé qué es, pero necesito un cambio.

Tira...

¿Qué pasa?

¿Eso qué es?

¡Alto!

¡Alto!

(GRITA)

Muchacho...

Ayuda...

No lo toques.

-¿Lo has tocado?

¡Contesta! -¡No lo ha tocado!

-¡Suéltame! ¡Ah!

¿Quieres que se te caiga la carne a cachos?

Son leprosos. ¿Dónde los llevan? No lo sé.

Espero que a un lazareto bien lejos de aquí.

Tira y súbete.

Lávate bien con un estropajo,

por todo el cuerpo hasta que te salga sangre. ¡Corre!

Dile al servicio que los queme.

¿Por qué? Encontraron un leproso

en los jardines, el rey está preocupado por su hijo.

Nos ha ordenado que expulsemos a todo aquel que tenga lepra.

Has estado trabajando toda la noche, debes estar muy cansado.

Sí.

(Golpes a la puerta)

Adelante.

Siento interrumpir, señor.

La condesa de Onsuna está aquí, la suegra de la marquesa.

Hazla pasar. Sí.

Iré a vestirme.

Condesa...

Señora condesa, es una sorpresa volver a verla.

La marquesa no se encuentra en palacio, salió de viaje.

Lo sé.

No puedo creer que haya abandonado así a su hijo.

Me encargó su cuidado, no tiene de qué preocuparse.

Usted no es nadie, ordene que preparen su equipaje.

Se viene conmigo. ¿Con usted?

¿A dónde?

Mi nieto iniciará una carrera eclesiástica,

tal y como quería su padre.

No es buena idea tomar una decisión de tal calibre

sin el consentimiento de su madre.

Su madre ha demostrado sobradamente el interés que tiene por su hijo.

¡Ninguno!

Voy a buscarle.

¡Señora! Insisto.

Nuño no saldrá de este palacio hasta que regrese la marquesa.

Conociéndola, puede que haya sido ordenado sacerdote

antes de que ella regrese.

(GIME)

¡Condesa!

(GIME)

¡Condesa!

¡Señor!

¡Rápido, avisa a un médico! Y a un cura.

¿No me has oído? Sí...

Está muerta...

(GRITA) ¡Eh!

¡Socorro!

¡Estamos aquí abajo!

Sátur, ayúdame con esto.

Coge otra antorcha.

Amo, sin ánimo de ofender,

¿cómo pretende que salgamos de aquí?

¿Jugando a los nazarenos?

Estoy buscando alguna corriente de aire, una grieta, ¡algo!

Si la encontramos quizá podamos abrirnos paso.

¿Cómo? ¿Rascando?

¡No somos topos!

Aunque hagamos un túnel,

vamos a tener que estar escarbando hasta que veamos un poco de luz.

¡Quejándote no vas a conseguir nada! ¡Levántate y ayúdame!

Tenía que haberle hecho caso, ¡no teníamos que haber entrado!

¡Y yo erre que erre con el tesoro!

No es momento de reproches. ¡Sí que lo es, amo!

Deberíamos estar en la casa, preparando la pedida.

Por una vez que se anima a dar el paso con la Sra. Margarita...

Escúchame, saldremos de aquí y yo haré lo que tengo que hacer.

Dicen que el amor mueve montañas.

A ver si mueve todo esto que tenemos arriba, que hay para rato.

Ahora lo que tenemos que hacer es racionar el agua.

No, no, no... Amo, no...

La he liado parda.

Parda no, pardísima. Sátur, ¿qué has hecho?

Me he dejado el agua en los caballos.

-Anda, ¡quítate las pitarras! -¡Qué haces!

-Tu padre dejó claro que tienes que lavarte.

-Vale, vale.

¿Dónde está mi padre?

-Ha salido temprano, con Sátur. -¡Para!

-Iban a buscar unos libros. Estarán fuera todo el día.

-¡Para!

-Ponte la raya al lado, que es más elegante.

-¡Ya lo hago yo! ¿Qué hacéis?

Anda, trae. Déjame a mí. Ya sigo yo.

A ver...

Anda mira, ahora sí que eres señorito.

Date la vuelta.

A ver...

¿Qué te pasa, por qué me miras así? Nada, que estoy contento.

¿Y eso?

Hoy va a ser un buen día.

Anda, toma.

Tienes mucha cara. Sigue tú. Me voy a trabajar a palacio.

Si llega mi padre le digo que estás de vuelta.

Sí, claro. ¡Alonso!

Hola...

¿Te vienes a jugar a la plaza? -¿Te cuento un secreto?

-Sí. -Vale.

Solo si me prometes que no se lo vas a decir a nadie.

-Sí, claro.

-Mi padre le pedirá a mi tía que se case con él.

-¿A tu tía?

¿Pero tu padre no tenía otra novia?

-¿Claudia?

Sí, pero le dirá que a la que quiere de verdad es a mi tía.

-¿Qué pasa?

¿Claudia?

Claudia...

-No te preocupes.

He hablado con tu padre y me ha contado todo.

Así que me iré hoy mismo.

-Me voy a jugar con Murillo, te espero ahí.

-No pasa nada, Alonso.

-Sí, que...

No me he portado muy bien contigo.

Y...

¿Madre llegará a tiempo para el entierro?

No, todavía estará fuera una temporada.

Comisario, asistirá toda la Corte.

Puede que incluso el rey.

La muerte de tu abuela lo ha cambiado todo.

Eres el único Santillana que queda vivo.

Es hora que demuestres

que eres capaz de cargar tú solo con esa responsabilidad.

Intentaré estar a la altura. No basta con intentarlo.

Vas a heredar uno de los grandes patrimonios del imperio.

Comisario. Mis condolencias, señor.

La condesa de Onsuna era apreciada por todos.

Será mejor que vayamos al grano. Entenderá que estamos ocupados.

Abrir un testamento será un puro trámite.

No en este caso.

¿Qué quiere decir?

Esta es la última voluntad de su padre,

me ordenó dársela cuando muriera su abuela.

¿Qué broma es esta? Ninguna, señor.

Es un documento perfectamente legal. ¡Imposible!

Nuño es el único heredero legítimo.

El marqués tenía otro hijo fruto de una relación anterior.

Les daba una renta mensual para su manutención,

yo mismo me encargaba de hacerlo. -Mi padre tenía otro hijo...

-Que será el nuevo marqués. Heredará el marquesado

con todo lo que conlleva.

Nuño tendrá una asignación personal y se le permitirá vivir en palacio.

Nuño, déjanos solos.

Comisario.

¿Qué está pasando? ¡No dejaré que pisoteen los derechos de Nuño!

No creo que le convenga remover más las cosas.

El marqués siempre tuvo la duda de si Nuño era hijo suyo.

¿Qué insinúa?

El marqués no era estúpido, sabía con quién se había casado.

¿Por qué ahora? ¿Por qué después de tantos años?

No queda nadie a quien pueda salpicar el escándalo.

Todos han muerto.

El nuevo heredero y su madre están de camino.

Llegarán en cualquier momento.

Señor Comisario.

Amo, sé que solo soy un criado y que no tengo muchas luces...

Pero no termino de ver su plan.

Los romanos vaciaban las termas a través de un conducto.

Si logro dar con él quizá podamos salir por ahí.

¿Pero qué dice?

Estoy a buen año, no entro ahí ni a presión.

Si lo encuentro quizá pueda hacer una grieta más grande.

Hacia arriba las paredes están selladas.

Dios me está castigando. Esta es mi condena por haber matado

al chiquillo del orfelinato. Cada uno labra su propio destino.

Estamos aquí porque lo hemos decidido.

El que ha labrado mi destino es el de arriba.

Y lo que es peor,

me lo voy a llevar a usted por delante

por todos mis pecados. ¡Sátur, ya basta!

Dios no tiene nada que ver ni nos ayudará a salir de aquí.

Será mejor que cambies de actitud.

Aquí dentro solo nos tenemos el uno al otro.

Voy a entrar.

¿Qué? ¿Ha visto algo? Está todo muy sucio,

pero creo que hay un agujero.

Voy con usted. Cuatro ojos ven siempre más que dos.

¿Eh?

¡Coño, que me ahogo!

No se ve nada.

Vaya por Dios...

Es imposible.

No vamos a salir de aquí.

Vamos a morir... ¡Y todo por mi culpa!

(Ruido metálico)

(GRITA) ¡Sátur!

(GRITA)

Revisa cada iglesia, cada convento, cada castillo.

Remueve el cielo y la tierra pero encuentra a la marquesa.

Señor, con el debido respeto, eso puede llevarnos meses.

Cuanto antes empieces, antes acabarás.

Llévate a nuestros mejores hombres. Sí, señor.

¡Cuidado!

¿Qué haces?

-Tranquilo, ya me iba. -¿Me estabas robando el caballo?

La mujer del pirata...

Vaya, vaya, vaya...

Creí que no volveríamos a vernos.

Tú y yo tenemos una conversación pendiente acerca de un tesoro.

¿Recuerdas?

Tengo muy mala memoria. No te preocupes,

en el calabozo uno se acuerda de todo.

¿Cuándo vienen?

-Los nuevos amos llegarán hoy mismo. Quieren instalarse cuanto antes.

-¿Y la marquesa y Nuño? -Ese no es asunto nuestro.

-¿Y si traen su propio servicio y nos echan?

-No puedo quedarme sin trabajo,

mi madre está enferma.

Basta, hay que preparar la llegada de los señores.

A los criados, si hacemos las cosas como debemos, no nos echarán,

les da igual quién les quite la mierda.

¿Han dicho algo arriba, sabes algo? Nada.

El palacio parece un cementerio. Marta, a asearse. Para arriba.

Necesito un poco de agua, Catalina. -Sí, Juan. Enseguida la preparo.

-Gracias.

-¿Se han llevado a la condesa? -Sí, he certificado su muerte.

¿Cómo está Nuño? No lo he visto.

-Ni tú ni nadie.

Cuando le dieron la noticia cogió su caballo y todavía no ha vuelto.

-Muchas gracias.

Ahora debo irme.

A más ver.

-A más ver.

Catalina...

He tomado una decisión.

Quiero dedicarme a ayudar a los demás.

Eso está bien, lo puedes hacer en tus ratos libres.

Tú eres muy buena para esas cosas. No es eso, me refería a mi vida.

Después de lo que vi esta mañana quiero ir con los leprosos.

¿Te has vuelto loca? No, necesitan gente que les cuide

y eso es difícil de encontrar. ¡Claro porque se mueren!

He tomado una decisión.

Mis hombres dicen que no has querido hablar con ellos.

Te entiendo, hay cosas que es mejor contar cara a cara.

¡Suéltame! (ESCUPE)

(Bofetón)

Tú has elegido el tono de la conversación.

Sabes que mis hombres pueden hacerte daño.

Conseguiste escapar de los hombres del cardenal de Mendoza.

¿Por qué te has quedado en la villa?

Cualquiera en tu lugar se hubiera ido lejos.

No te entiendo, no tiene sentido.

¿Me vas a contar tus motivos?

Me gusta la villa.

¿Dónde has estado escondida? ¿Quién te ha dado cobijo?

¡Que me sueltes!

Si encuentro al que te ha ayudado, le mato.

No sé dónde está el tesoro.

No es solo el tesoro lo que me mueve.

¿De qué hablas?

No mentías cuando decías que tenías mala memoria.

¿Recuerdas lo que le has hecho a la marquesa?

Solo quería salvar mi vida. Y casi te cargas la suya.

Estuvo a punto de morir.

Si vas a vengarte, hazlo ya.

Aguanto bien la tortura. No, no, no... Tortura no.

No tengo tan mal gusto.

Te tengo preparada una sorpresa muy especial.

Solo para ti.

¿He conseguido despertar tu curiosidad?

¡Ah!

(GRITA)

Me quema, amo. Amo, ¡por Dios!

Sátur, no te muevas. Me quema mucho.

¿Qué va a hacer? Tengo que liberarte el brazo.

Amo, no me toque... Tengo que hacerlo.

(GIME)

Me duele mucho, amo.

(GRITA)

No te muevas.

¡Qué dolor!

Sujétate fuerte.

Tengo sed, amo. Ya.

Tengo la lengua seca, tengo mucha sed.

¿Qué va a hacer ahora?

Quizá sea una pared falsa y haya un hueco detrás.

¡Sátur, no! ¡No puedes beber de esa agua!

Me muero de sed...

Estoy empezando a marearme.

Tranquilo.

Vamos a morir en esta tumba. Escúchame, ¡no vamos a morir!

(Cascos de caballo)

Sátur, escucha.

(Relinches)

Se oye un caballo.

(GRITA) ¡Aquí! ¡Estamos aquí!

(Caballo alejándose)

No, amo, no. No puede irse...

Se ha ido.

Amo...

Amo, dígame una cosa.

¿Cómo es morirse de sed?

Sátur, no...

Es justo que lo sepa, si voy a morir así.

¿Qué le pasa a uno cuando se muere de sed? Dígame.

Después de la sed...

Llega la fatiga... Sí...

Se reseca la boca, fiebre...

Hasta que el cuerpo se consume poco a poco.

Dígame otra cosa.

¿Cuánto tiempo nos queda?

¿Cuántos días tarda uno en morirse de sed?

Unos cinco días.

Cinco días.

-¿Has visto a Margarita? -Dijo que tenía que irse.

(Relinches)

Ya están aquí.

Bueno, ha llegado el momento.

Vamos a demostrarles que somos dignos de trabajar aquí.

Recordad no mirarles nunca a los ojos, va contra el protocolo.

Si estáis tranquilos todo va a ir bien.

Bienvenidos a su palacio. Señor marqués...

Mira, hijo.

Ahí encima pondremos tu retrato. -Ah, estupendo.

Quiero que lo pinte Velázquez.

-No, Velázquez está muerto. -Ah...

Pues Zurbarán. ¿Zurbarán?

Y que sea ecuestre. -Y vestido de gala.

Venga, hijo. Elige a tu ayuda de cámara.

-Este mismo.

-Con todos mis respetos, ese es el criado del señorito Nuño.

-No importa.

Se lo cedo.

Nuño de Santillana y Guzmán,

para servirles.

Es un honor tenerles entre nosotros.

Espero que su estancia sea de lo más agradable.

-Parece que hay algo que no has entendido.

Este es nuestro palacio.

Somos nosotros los que te dejamos vivir aquí.

Hijo, saluda a tu hermano.

-¿Tú me has privado de todo lo que me pertenecía?

-Ni siquiera sabía que existieras.

-Madre, ¿tiene que vivir con nosotros?

-Sí, hijo, de momento sí. Era la voluntad de tu padre.

Tú, ven.

Ordena que le hagan a mi hijo un traje exactamente como ese.

-Sí, señora. -Ah...

Que quiten el escudo a todas sus pertenencias. ¡Hijo!

La travesía va a ser larga, hermanas.

Cualquier cosa que puedan conseguir será bien recibida.

Por tanto, todo lo que podamos llevar servirá.

Les agradezco de antemano todo lo que hacen.

Con Dios, hermanas.

Padre...

¿Deseáis algo?

Sí...

Quiero ir con ustedes a esa isla. ¿Sabéis dónde vamos?

¿Habéis trabajado antes con leprosos?

No, pero puedo aprender rápido.

Sin una auténtica vocación no lo podréis soportar.

Veréis cosas terribles.

Quiero ayudar a los demás.

Muchas de las personas que van a la isla no regresan nunca.

¿Estáis dispuesta a morir?

Quiero ir.

Saldremos del convento esta tarde al caer el sol.

En Cádiz tomaremos un barco que nos llevará a las Filipinas.

Gracias, padre. Con Dios, hermana.

¡Margarita! Espera.

Dime que no lo has hecho, por lo que más quieras.

Está decidido. ¿Estás loca?

¿Sabes cómo le llaman a ese sitio?

La isla de los muertos vivientes.

Puedo hacer mucho bien allí. ¡Aquí en la villa también!

Hay enfermos que necesitan ayuda, no hace falta que te vayas.

Necesito darle sentido a mi vida.

No, Margarita.

Tú no estás buscando un sentido.

Tú has bajado los brazos.

Lo que quieres es quitarte de en medio.

Es mi vida.

Abre los ojos. Hazlo por mí y todos los que te queremos.

Abre los ojos.

Entiéndeme.

Necesito que me apoyes en esto. No.

Entiendo que lo pases mal, pero no que busques la muerte.

Margarita, no te voy a dejar.

Ahora no tienes ilusión por nada y no ves más allá

pero algún día me agradecerás lo que estoy haciendo por ti.

Déjame en paz.

Son cinco días, amo.

Todavía podemos salir de aquí.

Lo mismo ha habido gente que ha durado más.

Y...

Si nos pasamos todo el día y toda la noche rascando...

¡Ah! Mierda.

¿Le pasa a usted algo?

Hace un buen rato que no abre la boca.

No me pasa nada.

¿Por qué no intenta hacer algo?

¿Por qué se queda ahí sentado?

Amo...

Parece que se haya rendido.

Sátur, no soy un mago.

He intentado hacer todo lo posible para salir de aquí.

Ya no se me ocurre nada. Pero usted...

Usted es el Águila Roja.

Le he visto hacer cosas a usted que escapan del entendimiento.

Para usted no hay nada imposible.

Era diferente. ¿En qué era diferente?

¿Diferente en qué?

Tiene que haber algo...

Que usted pueda hacer para escaparnos de aquí.

Sátur, solo soy un hombre.

No hay forma de salir de aquí.

¿Qué significa eso?

Ya sabes lo que significa eso.

No, amo, no.

Usted no puede perder la esperanza.

Así que no me diga eso.

¡Vamos!

¿No te lo esperabas, eh?

Te voy a contar una historia que te va a gustar mucho.

Dicen que hace mucho tiempo

los mongoles no eran capaces de hacer rendir Samarcanda.

¿Qué quieres?

El emir...

Tenía mujeres muy guapas.

Una de ellas era su favorita,

muy guapa, casi tanto como tú.

La quería mucho.

¿Para qué me has traído aquí?

Déjame que termine.

El capitán mongol capturó la favorita del emir.

La encerró en una jaula y se la entregó a sus hombres,

para que la fueran tomando hasta quedar todos satisfechos.

Todos, menos el emir.

No pudo soportarlo y rindió la ciudad.

¡No, no, no!

¿Qué vas a hacerme?

Yo nada.

Serán mis hombres los que saciarán su apetito contigo.

Yo de ti ahorraría fuerzas, mi guardia es muy numerosa.

Suéltame, sácame de aquí.

Si me dices lo que quiero saber,

a lo mejor me lo pienso.

¡No sé nada!

Quiero saberlo todo:

dónde está el tesoro de Richard Blake,

quién te ha dado cobijo en la villa... Todo.

Esta es mi habitación.

-Ya no lo es, acabo de decidir que me la quedo yo.

-Levántate de mi cama ahora mismo.

-Le faltan plumas. -Deja en paz mis cosas.

-Sí, en efecto. Le faltan plumas.

Me encanta.

-Me la regaló mi padre. Suéltala. -¿Te la regaló tu padre?

Me la debería haber regalado a mí

porque no sé si te acuerdas pero soy el mayor.

-¡He dicho que la sueltes!

-Te voy a mandar a limpiar las cuadras lo que te queda de vida.

Así aprenderás modales.

Que sea la última vez que le pone la mano encima.

Usted debe de ser el comisario. Ya me han contado.

Es el que vive aquí por la cara.

Le recuerdo que soy un invitado de la marquesa.

Ahora soy yo la señora de este palacio.

La anterior, esté donde esté, ya no pinta nada aquí.

Ahora que ya sabe quién soy no me andaré con rodeos.

Mi esposa es la sobrina del cardenal Mendoza,

confesor de sus Majestades.

Puedo ser el mejor de los aliados o el peor de sus enemigos.

Usted decide.

Madre, ha estado usted ahí muy blanda.

-Tienes mucho que aprender todavía.

No te preocupes,

hemos pasado por cosas peores.

Nadie conseguirá echarnos de aquí.

-Me vuelve a doler la barriga, son los nervios.

-¡Si no has parado de comer desde que has llegado!

¡Así no vas a tener porte de marqués en tu vida!

Muchacho...

(PADRE) Sin una auténtica vocación no lo podréis soportar.

Muchas de las personas que van a la isla no regresan nunca.

¿Estáis dispuesta a morir?

Tía...

¡Alonso! No te esperaba tan pronto. Quería estar cuando llegara padre.

¿No ha llegado todavía? No.

¿Estás bien? Sí.

Alonso, ven. Siéntate, tengo que decirte algo.

¿Qué pasa?

Pues, verás, que...

Me tengo que ir de viaje.

Muy lejos.

¿Mucho tiempo?

Sí.

Pero... ¿Cuándo?

Esta tarde. ¿Esta tarde?

¡Es muy pronto!

¿No te vas a despedir de padre? Claro, le estoy esperando.

Pero si no...

Si no llega a tiempo y no os veis...

Le dejo una carta. No...

Espérate a que venga, por favor.

Por favor. Alonso...

Al caer el sol partimos, no puedo esperar más.

Lo siento mucho, hijo.

Te quiero mucho, hijo. Y yo.

Voy a preparar el hatillo para el viaje.

¿Bueno, qué? ¿Cuándo es la boda?

-Vamos, ven.

Me tienes que acompañar esta tarde a Algete.

Tenemos que encontrar a mi padre. -¿Y eso?

-Mi tía se va.

Si mi padre no la ve, no le puede pedir que se case con él. ¡Vamos!

Pero bueno, ¿qué hacemos ahí sin pegarle palo al agua?

No está la cosa para chácharas. -Catalina, ven.

Madre del amor hermoso.

¿Qué hace aquí? -Es un retrato del marqués.

-Ya... -La Sra. Sagrario se empeñó

en que quería más doseles. El señorito quiere hacerse un trono.

Encontramos esto arriba.

Son como dos gotas de agua.

-Me di cuenta nada más verle entrar por la puerta.

No era menester ni testamento.

-A Nuño no se parece ni en el blanco de los ojos.

-Lo que pasa con los hijos, uno se lleva lo bueno

y para el otro no hay nada.

¿Tenemos algo que hacer o no...?

-Pobre marquesa.

Quiero decir, compartir lecho...

-¿Qué te has creído, que todos los hombres tienen que ser

rubios, altos y guapos? Que sea feo no es importante,

lo importante en un hombre... Es que sea honrado,

que no pimple demasiado... -La Sra. Sagrario era cómica

cuando conoció al marqués. -Iba de pueblo en pueblo actuando.

-Fíjate...

Anda en gracia. Tapa esto que como lo vea la señora

lo planta en la puerta principal. -Tu nota decía que era urgente.

-Sí, es por Margarita.

-Imagino cómo debe sentirse pero ahora estoy casado.

-Está decidida a irse con los leprosos,

los que se llevan a una isla de Filipinas.

-¿Cómo? -A mí no me hace caso.

Ya no sé qué decirle. Quiere encontrar un sentido a su vida.

Va a una muerte segura. -¿Lo sabe Gonzalo?

-No, todavía no ha vuelto.

Háblale tú como médico, dile lo que le puede ocurrir,

que va allí a morir. -Soy la última persona

a la que quiere ver en este momento. No sé si servirá de algo.

-Juan...

Sabes que te he defendido siempre a muerte.

Pero si Margarita se va es por tu culpa.

Soluciónalo.

Alonso jamás sabrá qué fue de nosotros.

Pensará que su padre le abandonó.

Usted ha sido un buen padre y una buena persona.

No como yo, que he sido un inútil toda mi vida.

Cuando murió Cristina, le prometí a Alonso...

Que nunca le abandonaría,

que siempre cuidaría de él.

Me buscará por todas partes, Sátur.

Nunca tendrá paz.

No podrá superarlo.

No diga eso, amo.

No lo volveré a ver.

Ni a él...

Ni a Margarita.

Soy un cobarde, no podré soportar esta agonía.

Máteme, amo.

Máteme, por piedad.

Sátur, suelta eso.

No quiero sufrir ni verle morir a usted.

No voy a ser capaz, me falta valor. Máteme.

Dame eso.

Máteme, por Dios se lo pido. Máteme.

No voy a matarte, Sátur.

¡Sátur!

Sátur...

Sátur...

Esperaremos juntos.

Hasta el final.

No pareces muy inspirado.

Si quieres te ayudo.

-Nada, es igual.

Aunque lo consiguiera tampoco sabría dónde mandarla.

-¿Escribías a tu madre?

-Sí.

-Lo siento.

Debes echarla de menos. -Ahora mismo la odio.

-¿Por qué dices eso?

-Porque me ha dejado solo.

-Vaya...

No sabía que este palacio me reservara tan bellas sorpresas.

¿Usted es...? -Soy Irene, la esposa del comisario.

-Ah.

Yo soy Jacobo de Castro,

marqués de Santillana.

Mi madre y yo nos disponíamos a visitar las caballerizas.

Si tuviera la gentileza de acompañarnos...

-Gracias, ya las conozco.

Te veo luego.

-Por cierto, he decidido quedarme también con tu caballo.

-Mi caballo ni se te ocurra tocarlo. -¿Quién va a impedirlo?

Vas a tener que aprender dónde está tu sitio. Vamos, hijo.

-Madre, quiero una estatua en esta esquina.

-Lástima que haya muerto Miguel Ángel,

era muy bueno con las proporciones.

(Disparo)

(MARQUÉS) ¡Ay!

(Gritos)

-¡Hijo mío!

Vete.

Yo me ocupo de esto.

(CARTA) "Me hubiera gustado despedirme de ti en persona,

aunque quizá sea más fácil así.

Desde que nos conocimos

nos hemos encontrado y alejado mil veces.

Esta vez me voy para siempre.

No nos volveremos a ver nunca.

Ojalá las cosas hubieran sido de otra manera.

Quiero que sepas lo importante que has sido para mí.

Mi vida hubiese sido mucho peor si no te hubiese conocido.

Espero que seas muy feliz en tu nuevo matrimonio.

Claudia es una buena mujer.

Adiós. Margarita".

¿Juan, qué haces aquí?

Te he buscado por todas partes. Pensaba que te habías ido.

¿Qué quieres? Abrirte los ojos.

No tiene sentido, no puedes irte a esa isla.

¿Por qué no puedo? ¿Eh?

Porque si te vas, yo... Juan.

Déjalo.

¿Puedes irte, por favor? No.

No hasta que entres en razón.

No quiero ser el responsable de que te vayas a ese infierno.

No pienso quedarme para calmar tu mala consciencia.

No... No te estoy pidiendo que lo hagas por mí.

Hazlo por ti misma.

No se puede tener todo en la vida, Juan.

Tú ya has elegido.

Ahora deja que sea yo la que elija mi propio camino.

Margarita...

Por favor, hazme caso al menos como médico.

Escúchame.

La lepra es una enfermedad incurable.

Si vas a esa isla y te contagias,

tendrás dolores espantosos y acabarás muriendo.

Por favor.

Nada de lo que hagas o digas me va a hacer cambiar de opinión.

Vete.

Vete. Por favor, Juan.

(ALONSO) Tú eres un buen hombre, el Águila Roja es un valiente.

¿Eres un valiente? ¡Sí!

(AMBOS RÍEN) ¡Sí, sí!

Eso es para ti, es mi primera espada.

Me la regaló tu abuelo. ¡Es increíble!

Te va a traer suerte.

Lo siento, amo.

Lo siento de veras.

No tienes por qué disculparte.

Yo no quería que llegáramos a esto.

Yo pensaba que el tesoro...

El tesoro mejoraría nuestras vidas,

las de todos,

no que las mandase a la mierda.

Nadie podría saber esto.

Si estamos aquí, es porque los dos lo quisimos.

No tenía que haberme salvado de la horca cuando nos conocimos.

Ahora yo estaría muerto.

Usted no estaría aquí.

Te habría liberado de todas formas.

No es justo, amo. No es justo.

Usted me salvó la vida...

Y yo le pago quitándole la suya.

(GIME) Sátur, ¿estás bien?

(GIME)

Sátur, ¿estás bien?

¡Sátur!

¡Qué te has hecho!

¡Sátur, no!

Mantente despierto. ¡Mírame, escúchame!

No, no...

Sátur, mantente despierto.

¡Mírame!

¡Sátur, el sol! ¡Somos libres!

¡Somos libres!

¿Cómo está el nuevo señorito?

-Está mejor, ya le han sacado la bala.

También es casualidad en mitad de todas las posaderas. (RÍE)

-¿Quién lo habrá hecho?

-No sé. La señora está que trina. No parará hasta encontrar

al culpable. ¡Con lo apegada que está a su hijo!

(MARQUÉS) ¡Ah! ¡No me toquéis!

Será muy marqués, pero chilla como un gorrino.

-Pobrecito, debe doler. -¿Debe doler?

Peores le han pasado a Nuño y no se ha montado esta escandalera.

Nadie se muere por un tiro en el culo.

(MARQUÉS) ¡No me toques! -¿Podéis venir a ayudar?

Hay que coserle y no se queda quieto.

-Tirad para arriba, que limpio esto y ahora voy.

¡Qué exagerado!

Catalina...

Vengo a despedirme de ti.

¿Ni siquiera me vas a desear suerte?

Bueno...

Pues adiós, amiga.

Gracias por cuidarme y por quererme tanto.

¡Margarita!

(AMBAS LLORAN) Lo siento mucho, Catalina.

Padre, ¿qué hace usted aquí?

Lo siento, hija, pero...

No podéis viajar con nosotros. ¿Cómo que no? ¿Por qué?

He recibido una misiva del Sr. Juan de Calatrava.

Me prohíbe que os lleve con nosotros.

No puede ser. Yo quiero ir, no me pueden obligar.

Dios, sin duda, allá arriba, sabrá premiar vuestra intención.

-¡Claro que sí!

Si sigues bebiendo así de rápido te va a sentar mal.

No amo, ya le digo yo que no.

A mí esta sed no se me alivia aunque me pase tres lustros pimplando.

¿Qué tal llevas la muñeca? ¿Te duele?

¿Qué importa eso ahora? Nos han devuelto a la vida,

el Señor nos ha mandado una señal. Si tú lo dices...

Pues claro que se lo digo yo.

El Señor nos ha mandado una prueba y la hemos superado.

Si te llegas a quitar la vida ahora no estarías aquí.

Eso es lo que tendrías pensar. El suicidio nunca es solución.

Tiene usted toda la razón... ¡Ay!

Le digo que a partir de hoy conocerá a un nuevo Saturno García.

Ni más tabernas, ni mancebías, ni la madre que las parió.

Tenemos que estar con los nuestros. Ahí estoy de acuerdo contigo.

Su cuñada...

Amo, ¿le va a decir algo? Dígaselo, por Dios.

Dígaselo, amo. Dígaselo.

Trae el anillo.

¿El anillo? ¡Qué alegría!

Por fin una noticia grata en esta casa. ¡Señora!

Hola, buenas. Qué digo buenas, ¡buenísimas!

¡Margarita!

¿Qué tal?

¿A dónde ibas?

Por lo visto a ningún sitio.

¿Y vosotros? ¿Por qué habéis tardado tanto?

Sátur... Se cortó y nos retrasamos. Ya.

Margarita, espera.

Tengo que hacer un recado en el pueblo de al lado.

Si quieres, puedes venir conmigo. Hace mucho que no hablamos.

Si tienes que decirme algo, ¿me lo puedes decir aquí?

No, es que de camino hay un mercado y me gustaría comprar algo.

Lo siento, es que no... No tengo cuerpo,

no ha sido un buen día. Ya, pero soy un desastre comprando.

Ya lo sabes. Además no tardamos, te lo prometo.

Bueno. Pues espera que dejo esto y ahora vuelvo.

El anillo.

¿Quiere que le acompañe, amo?

¡No! No.

Le puedo hacer de apuntador.

Usted no está acostumbrado a estas cosas, amo. (RÍE)

Acaban de sacarle la bala.

No sé si es lo que pretendías, pero se va a acordar de ti siempre.

Le quedará una buena cicatriz.

Levanta los brazos.

¿Cómo? Ya me has oído, levántalos.

Esta me la quedo. ¿Tienes alguna más?

No. ¿Seguro?

¿Se puede saber qué pretendías?

Solo me arrepiento de no haberlo matado.

Si lo hubieras hecho estarías camino de la horca.

Yo no podría hacer nada.

¡Los odio!

¡Son chabacanos y mezquinos, no merecen llevar mi título!

Encontraremos una solución.

Mi madre ya la habría encontrado.

¡Pero tu madre no está aquí!

En los momentos difíciles uno demuestra quién es realmente.

Puedes luchar o rendirte.

Tú decides.

¿Quién soy ahora, comisario?

Ayer era el marqués y lo he sido siempre.

¿Quién soy ahora?

Me criaron desde pequeño para heredar estas tierras.

Ahora no tengo nada.

Poniendo en juego tu vida no lo vas a resolver.

Solo te pido que esperes el momento propicio.

¿Y mientras dejo que me humillen?

¿Es eso lo que me pides?

Sí.

Es exactamente eso.

Tendremos nuestra oportunidad y no fallaremos.

¿Por qué me ha hecho esto mi padre?

No lo sé.

Comisario...

No volveré a agachar la cabeza nunca más.

Si vuelve a provocarme,

lo mato.

Tu padre no ha estado en Algete.

Hemos preguntado a medio pueblo.

-Sería una excusa, estará preparando una sorpresa a mi tía.

-Ya, ¿pero dónde?

Es que tengo que volver a casa, Alonso.

-¿Y si mi tía se va y mi padre no llega a tiempo

a decirle lo que tiene que decirle?

-Se está haciendo tarde.

Mi madre se preocupa.

A lo mejor estamos buscando y tu padre ya está en casa.

-Puede ser.

-Pues vayamos juntos y lo comprobamos. Vamos.

-No, voy a dar una vuelta, así me quedo más tranquilo.

-Vale.

Luego te veo.

-Por favor, sacadme de aquí.

-¡Aparta, aparta! -Ayudadme...

Por favor, escúchame, sácame de aquí.

-Claudia...

Tu última oportunidad. ¿Vas a hablar?

No sé nada. Yo no sé nada.

Lo siento, pero no te creo.

No sé si serán suficientes.

Eran todos los hombres que tenía disponibles.

Mátame de una vez.

¿Crees que mis hombres iban a perder la oportunidad

de estar con una hembra como tú sin tener que pagar?

(Ruido de hojarasca)

(Disparo)

Ha debido ser un animal.

Echadlo a suertes y tomadla por turnos.

¿No quiere ser usted el primero?

No, os la dejo toda para vosotros solos.

(GRITA) ¡No!

Pues nada...

Tendré que ir avisando a los invitados.

Y mirando el traje, claro.

¡No voy a acompañar de esta guisa al amo al altar!

¡Qué alegría!

A la paz de Dios, Cipriano.

-¿Se puede saber qué estás liando? -Pues una fiesta de las gordas.

Así que mira...

Vete cortando chorizo.

Voy a por un poco de clarete a la posada.

-Gonzalo no me habló de ninguna fiesta.

-Claro, porque es una sorpresa.

No me tires de la lengua. -¿Se te ha ido la cabeza?

Esto cuesta un ojo de la cara,

¿de dónde has sacado el dinero? -¿Qué más da?

¡Hoy no es día de tener el puño cerrado!

El amo le va a pedir matrimonio a la Sra. Margarita. (CHISTA)

No te puedo decir más. -¿Cómo?

-Lo que has oído, que de aquí a nada hay boda.

Así que ponte a cortar chorizo que esto hay que celebrarlo.

-Margarita estaba llorando por Juan. Yo a las mujeres no las entiendo.

-¿Qué estás diciendo?

-Sí, hasta se fue con la prima de Catalina a...

No. -¿A dónde se fue?

-A ningún sitio. -¿Fue adónde?

¿No había ido de viaje a comprar telas?

-No, se fue con la prima de Catalina a pasar el duelo.

-¿Qué duelo? ¿De qué hablas?

-Margarita iba a darle una oportunidad a Juan

y se llevó un chasco porque ya se había casado.

No puede saberlo nadie o me metes en un lío.

-¿Estás seguro de lo que estás diciendo, por tu padre?

-Sí.

-La madre que me parió...

Cuando Margarita hable con el amo...

¡Se refería a Juan y no a él!

-No me entero de nada, Sátur. ¿Qué dices?

-El amo va a hacer el ridículo más espantoso

que ha hecho en toda su vida. Y no te puedo decir más.

¿Dónde vamos, Gonzalo?

Por aquí no recuerdo que hubiéramos viajado.

Tranquila, pronto lo verás.

Ya hemos llegado.

¿Dónde está el mercado?

Ven.

¿No recuerdas este lugar?

Pues no. Vámonos ya que nos van a cerrar los tenderos.

Espera un momento.

Siéntate. ¿Para qué?

Siéntate.

La primera vez que vine a este lago estabas aquí sentada.

Habías perdido un colgante en el agua. ¿Te acuerdas?

Sí.

No sabías nadar pero te daba igual. Estabas a punto de tirarte.

Dijiste que no ibas a volver a casa sin tu colgante.

Lo había olvidado.

Al final fui yo el que se lanzó.

Casi cojo una pulmonía, pero lo encontré.

Estuve días tiritando.

Entonces éramos unos niños.

Pensábamos que la vida iba a ser mucho más sencilla.

Siempre podemos volver a empezar.

Tengo que contarte algo, Gonzalo.

No fui a por telas.

Te mentí.

Iba a perdonar a Juan.

Pero cuando llegué, se había casado.

Lo siento.

No lo sabía.

No sé por qué no puedo ser feliz.

Necesito irme a casa, Gonzalo. Me voy a casa.

Quiero justicia. Me han informado de que su hijo

se encuentra en perfectas condiciones. Me alegro por él.

Eso da igual. Le han intentado matar en mi propio palacio.

Voy a dar con el culpable cueste lo que cueste.

Está en su perfecto derecho.

Lo llevaré a los pies de la horca con mis propias manos si es preciso.

Me da igual quién se ponga por delante.

No puedo estar más de acuerdo. Vaya, cuánta colaboración.

Nuño estaba solo en el salón.

Los dos sabemos que él tuvo la oportunidad.

Y el motivo está muy claro.

Tengo que advertirle que acusar a alguien sin pruebas

no sirve de mucho. ¡Guardias! Las encontraré, puede estar seguro.

No se preocupe, ya lo he hecho yo. Es mi trabajo.

Este es el culpable del atentado.

Estaba limpiando la pistola y se le disparó accidentalmente.

Está inconsciente.

Un asunto tan grave no podía quedar sin castigo.

Su confesión. ¡Déjese de papeles!

Quiero hablar con él cuando despierte.

Eso no va a ser posible, la ejecución será inmediata.

Si quiere asistir, le guardaré un sitio preferente.

Lleváoslo.

Señora...

Venga, amo...

Tire para la casa, que lleva ahí mucho.

Sé por lo que está pasando.

Yo mucho ji, ji, ja, ja, pero también he sufrido por amor.

Agradezco que intentes ayudarme, pero...

Quiero estar solo.

Mire...

Después de las horas que hemos pasado emparedados

a mí también me gustaría perderle de vista, ¿pero sabe qué le digo?

No me voy a ir.

Si quiere podemos subir a la guarida

y ponernos los dos mano a mano con el clarete.

Tengo una de frascas que tiembla el misterio. (RÍE)

He llegado tarde, Sátur.

La he perdido.

Piense que por una vez se ha dejado llevar.

Ha demostrado que le corre sangre por las venas y que está vivo.

Margarita siempre ha estado ahí.

Tenía que haber dado el paso antes. Escúcheme.

Las cosas de la patata todos somos ciegos y descerebrados,

desde el héroe al postillón.

Si no, ¿Dígame quién tiene la clave? ¡Nadie!

No volveré a intentarlo nunca más.

Deje de llorar de una vez, por Dios.

Le recuerdo que estamos vivos.

¡Seguimos respirando!

Eso es lo más importante del mundo.

Alguien tendrá que acabarse toda esa comida que hay ahí.

¿Habías preparado una fiesta? Calle, calle, calle...

Nos hemos empeñado con el charcutero por los restos.

Pues entonces habrá que entrar.

Bendita brisa.

Igual esta noche me subo al tejado con el jergón y duermo al raso,

como los indios. No quiero ver espacios cerrados ni en pintura.

¿Sabes dónde está Alonso?

Por ahí andará, brincando con los críos.

La boca del Diablo.

¡A la boca del Diablo no!

¿Y Alonso? Pensaba que estaba contigo.

Le dejé hace horas en el bosque.

Invitaré a varios grandes de España para presentar a mi hijo.

La pirata ha escapado. Registrad cada rincón.

Cuando la encontréis, ahorcadla.

¿Quién es usted? -Me llamo Laura.

¿Dónde vives? -No lo sé.

-El rey quiere recibirte. -Esta misiva es

para la marquesa de Santillana. -Se le explica el cambio

y así te conoce. -Desde que nos casamos

(Bofetón)

Tienes la bala dentro, tengo que sacarla.

(GRITA)

Lleváoslo al calabozo. No puedo perder a mi hijo.

Dime que no lo has hecho. No lo sé.

Acordé ese matrimonio en contra de su voluntad.

En parte soy culpable.

Unos comerciantes han encontrado el cadáver de un niño

de la edad de tu hijo en el bosque.

  • T5 - Capítulo 57

Águila Roja - T5 - Capítulo 57

10 jun 2013

Tras el derrumbamiento en las termas, Águila Roja y Sátur se han quedado encerrados. Los minutos pasan y empieza a faltarles el aire. Nadie sabe que están allí y si no encuentran una salida morirán. 

Mientras, la abuela de Nuño se entera de que la Marquesa se ha ido de palacio y decide ir a buscar a su nieto para hacerse cargo de él. Tendrá que enfrentarse a la oposición del Comisario, que no está dispuesto a separarse del muchacho. 

Por otro lado, Margarita, dolida por lo ocurrido con Juan, decide irse de la villa para dedicarse a cuidar a gente enferma y necesitada. Alonso, que sabe que Gonzalo va a pedirle que se case con él, intenta retener a su tía.

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