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No recomendado para menores de 12 años
Transcripción completa

-¡Amo!

¡¿Sátur, dónde estás?! -¡Amo, ayúdeme, por Dios!

¡Aaaah!

¡Es un buscador de tesoros!

Murió buscando el Santo Grial, este libro puede ayudarnos.

-Usted mejor que nadie sabe que nunca me equivoco,

tendrá lo que desee.

-Yo no puedo imaginar una vida sin ti,

gracias por haberme hecho tan feliz.

Disparo.

-Tal como me pidió he envenenado la madera con cicuta.

He traído un detalle para su hijo.

(RECUERDA) -Le provocará una muerte lenta y natural.

-¡Amo! ¡Amo, que se me ha aparecido la virgen!

La virgen, sí.

-Suplico que reflexione sobre mi próximo enlace

con la marquesa de Uriarte.

-Te casarás mañana con ella como está previsto.

-Lo tendrías que haber perdonado. Se supone que eres mi amiga,

y tienes que estar de mi lado.

-"Si pudieras perdonarme podríamos empezar de nuevo".

¿Y Margarita?

"Aunque no sea el deseo del rey".

Quería entregarle esto.

-¡Si digo que la vi, la vi! Sátur, no digo que mientas.

digo que creíste ver algo que no era.

¿Qué es eso? -Una carta de Juan para ti.

¿Qué pondría? No lo sé, pero me da igual.

-La iglesia sí me cree

y va a santificar el lugar de la aparición.

A además haremos una ermita para honrar a la virgen.

-La virgen que se ha aparecido es una atractiva comedianta

contratada por mí.

¿Para quién trabajas?

-He invitado al cardenal para que oficie mañana

la santificación del lugar de las apariciones.

He estado pensando y daré otra oportunidad a Juan.

-¿De verdad?

-El cardenal verá la luz por última vez.

-¿Se le ha aparecido la virgen? Sí.

Y cuando me acercaba a ella le han disparado para que no hable.

-¿Cómo va a afectar un disparo a la virgen? Que no.

Esa mujer es tan humana como tú y como yo.

-¿Ah, sí? ¿Por qué cojones no cree, amo?

¿Por qué no es cómo el resto? ¡No existe el cielo, ni Dios!

El Águila Roja ha descubierto a la chica.

-Quizá a la marquesa le gustaría invitar

a uno de los más honorables miembros de la iglesia.

Cuando quieres a alguien merece la pena darle otra oportunidad.

¿Crees que eso es posible?

-Por orden de la Santa Inquisición queda detenido por cuestionar a Dios

y atentar contra el principal dogma de fe de la iglesia católica.

-¿El primo del rey?

Cuida de Alonso y dale la carta donde le explico quién soy.

-Si la Inquisición ha dictado sentencia, yo no puedo hacer nada.

-Se llama Gonzalo de Montalvo.

Disparo.

-La marquesa de Uriarte, acabamos de celebrar nuestra boda.

-Traigo una orden de su majestad Felipe IV.

-Soltadle.

¿Por qué quieres hacer algo semejante?

Llevo dentro el que puede ser el futuro rey de las Españas.

-¿Por qué me lo has ocultado?

-Majestad, hace tiempo que no nos vemos.

No quise importunaros al saber la noticia,

tenéis otros asuntos más importantes que tratar.

-¿Consideras que un hijo no es suficientemente importante para mí?

-No pretendía ofenderos.

Solo quiero decir que...

no es necesario que os responsabilicéis de la criatura.

-Esa es una decisión que solo me corresponde tomarla a mí.

-Pero yo no quiero pediros nada.

-Es mi hijo,

y tendrá todo lo que un hijo del rey necesita.

-Majestad, ese acto os digna.

os estoy profundamente agradecida.

-Y ahora dime...

¿crees que será niño?

-La matrona dice que por la forma del vientre así será.

-Es una excelente noticia.

Comienza a anochecer, el camino hasta tu casa es largo,

en tu estado no deberías viajar toda la noche, pernocta en la Villa,

en casa de alguna amistad.

¿Ocurre algo?

-Mi marido me espera,

le he dicho que regresaría hoy, y...

-¿Y eso es un problema para ti?

-En absoluto.

Por supuesto que no, solo que es un buen hombre y no...

no me gustaría tener que mentirle aún más.

-Recuerda que llevas en tu vientre a mi hijo,

solo tienes que velar por él.

Si has de mentir...

miente.

-Vuestros deseos son órdenes para mí.

-Señora, no sabía que iba a salir, si me lo hubiera dicho...

He ido al zapatero a por unos carpines.

-¿Y dónde están?

Catalina, eres mi criada, no mi madre,

deja de interrogarme, ve a ver cómo va la cena.

-Sí, señora.

(SUSPIRA)

-¿No vas a decirme nada?

¿Qué he de decirte?

Desde que conoces mi embarazo

ni hablas ni me has preguntado como me encuentro.

No es asunto mío, Lucrecia.

-Disculpe, marquesa,

una señora desea verla.

¿Señora? Una señora no se presenta a estas horas en casa de nadie.

-¿Así es como recibes a una amiga?

¡Victoria! Qué alegría, no sabía que estuvieras por aquí.

Vaya, siete meses sin verte y veo que no has perdido el tiempo.

-Ya ves. Tú deberías volver a quedarte embarazada,

así estaríamos las dos juntas en esto.

Comisario, anímela a hacerlo.

Le recuerdo que la marquesa es viuda.

Además toma sus decisiones, no deja que nadie le influya.

¿Cómo no me has avisado de que venías?

-Ya ves, ha sido casualidad.

Venía de visitar a una tía en Segovia, se me ha hecho de noche

y he pensado que no te importaría alojarme.

Por supuesto que no, hace tiempo que no nos vemos.

Si el azar ha hecho que vengas a mí

no desaprovecharé la oportunidad.

Catalina, disponlo todo, la duquesa será nuestra invitada.

Que tenga la mejor alcoba. -Sí, señora.

Déjame verte bien...

Ya hablaremos a solas de este misterio.

(RECUERDA) Gonzalo...

creo que mereció la pena darse una segunda oportunidad.

No quiero pasarme el resto de la vida

pensando que no me atreví a intentarlo.

¿Y esa sonrisa?

¿Es que esa sonrisa es de rico?

¿Ha encontrado alguna pista sobre el tesoro?

No, en el cuaderno dice que hace falta una llave

para acceder al tesoro.

Pero si ese hombre buscaba una llave,

es que hay una cerradura. No, no.

No me diga que debemos volver a la termas

a encontrar esa cerradura. ¡Sátur, cuidado!

Perdóneme, es que es mentar ese lugar y me tiembla todo.

¿Qué le pasa? A usted le pasa algo.

Nada, ¿por qué?

Porque usted con esto del tesoro siempre se ha mostrado insensible

y ahora hasta esboza una sonrisa.

¿Tan extraño te parece?

Hombre, un poco raro sí es, sí.

Porque usted solo despliega la sonrisa con el chiquillo.

Bueno, también se la he visto alguna vez con doña Margarita.

(RÍE) Margarita...

Anda, ayúdame.

Espere, espere...

¿Ha pasado algo con la señora?

Que hablamos.

¡Ha hablado!

Muy bien, han hablado, ¿y...?

Y si no es indiscreción, ¿podría usted concretar algo mas, un...

qué le dijo, un de qué hablaron?

Más que nada por...

Le voy a decir a Margarita lo que siento.

-¡La madre que me parió!

¡No sabe usted el tiempo que he esperado este momento, amo!

No, no, deje eso, hoy ni misión ni nada.

Hoy día dedicado exclusivamente al amor. ¡Amor, amor...!

Un momento.

Usted ha dado el paso, ¿pero ha verificado que ella siento lo mismo?

Porque claro...

Sí, Sátur, sí. ¿Sí?

Poco antes de venir la inquisición,

ella me decía que no quería arrepentirse de no intentarlo.

Así que estoy esperando que venga a casa y...

-La he visto yo con Catalina irse en el carro.

¿Pero viene hoy? Sí.

Sí, viene hoy, así que baje, baje.

Baje, no sea que venga y en el interín de que se venga

pues pase otro año sin romance. No, venga...

¡¿Sátur, qué?!

¿De verdad que la va a decir que la quiere?

Sí, Sátur, sí. Pues baje, baje. (RÍE)

(SUSPIRA EMOCIONADO) ¡Ay!

El amor...

-Pero, Cipri, por Dios, ¿aún estás aquí?

Oye, si te ve Murillo

a ver cómo le explicamos que estés aquí tan temprano.

-Quería dejaros hecho el desayuno.

-Algo muy bueno debo haber hecho,

porque contigo he tenido una suerte...

Tocan a la puerta.

Tira, escóndete.

Tocan a la puerta.

¿Quién va? ¡Catalina!

Ah, Gonzalo.

Hola, buenos días, ¿sabes algo de Margarita?

No ha venido en toda la noche.

Ah, ¿ha dormido aquí?

No, no, ayer fuimos a Valdemorillo

a por un traje para la marquesa,

pero no estaba acabado y se quedó a dormir.

¿Sabes cuándo va a volver?

Pues cuando el sastre termine, pero ya sabes cómo son,

que para dar una puntada se tiran un lustro.

Si te enteras de cuando regresa me avisas.

¿Vale? Dalo por hecho, ¿pero pasa algo?

No, nada, nada...

Solo quería saber de ella.

Venga, a más ver. A más ver.

-¿Por qué le has mentido?

No fuisteis a Valdemorillo, fuiste con Margarita a ver a Juan.

-Sí, y se enteró de que se había casado con otra.

-Se ha dado prisa en olvidarla.

-Si la hubieras vista a la vuelta, no hacía más que llorar.

Así que la dejé con mi prima Paca que es muy buena para estas cosas.

-Hiciste bien.

No veo qué hay de malo en que Gonzalo lo sepa,

parecía preocupado. -¿Qué hay de malo?

Pues que estas cosas una mujer debe tragárselas

y llorar lo que quiera, pero sola,

no que todos se enteren de tu desgracia.

Así que ojito con irte de la lengua.

¿Estamos?

-Sí.

-Ojico.

-Bueno, pues si no viene hoy ya vendrá mañana, no pasa nada.

Casi mejor, así tenemos más tiempo para preparar la puesta en escena.

No hace falta preparar nada. -Sí hace falta, amo,

esto no se puede improvisar, que luego vienen los nervios.

Pensaba en encargar algo al Julián. No estoy nervioso.

¿Quién es ese Julián?

¿No le conoce?

Si es famoso porque hacía los forillos a Lope de Vega.

Había pensado yo en encargarle uno...

con el cielo estrellado.

O mejor aún, una puesta de sol, amo.

Sátur, te lo agradezco, pero no quiero que hagas nada.

Ni digas nada, ¿de acuerdo?

-Está bien, ni haré, ni diré nada. Bien.

Y otra cosa...

¿No vienes?

-Es que he de hacer unos recadillos por aquí cerca.

Sátur... -Recadillos propios.

Bien.

¡Padre!

Padre, precisamente le estaba buscando,

¿no tendrá un hueco para una boda como de aquí a 15 días, calculo?

-Veré qué puedo hacer, ¿pero quién se casa?

-¿Qué más da eso? Lo importante es la fecha.

¿Tiene hueco o no?

Si no nos vamos a San Ginés que es más grande y nos darán cita.

-Haré lo que pueda, hijo.

-¡Alonsillo!

Como dentro de 20 días, acuérdese.

¡Alonso!

Tranquilo, ¿dónde vas? -Estabas hablando de una boda.

-Sí. -¿Mi padre?

Que se casa con su novia Claudia. -Sí, tu padre se casa...

Pero por raro que parezca, no...

no se casa con su novia.

-¿Entonces con quién?

-Pues con...

con una mujer...

No me mires así.

Con tu tía.

(EMOCIONADO) Con tu tía Margarita.

(ALEGRE) -¡¿Con mi tía Margarita?!

-Calla, loco. (RÍE)

-Voy a felicitarles. -No, quieto,

que aún no se lo ha dicho, no puedes decirlo.

Así que tú ve enseñando la cara cuando te enteres de la noticia.

Risa de Alonso.

Más grande. (RÍE)

¡Que se nos casa tu padre!

-Mi tía... -Con la tía Margarita.

Chis. Nadie puede enterarse de nada.

Amo, no tiente a la muerte, aléjese usted de ahí.

Le recuerdo que aún tiene usted que declararse.

Y hablando de...

declaraciones y esos menesteres...

vaya reservando usted el día 20.

¿El 20? Ajá.

¿Para qué?

Porque se casa.

¿Qué? Lo he arreglado todo con el cura.

No me de la gracias, que... A ver, Sátur,

¿no quedamos en que no harías nada? Era por ir ganando tiempo,

como usted está siempre liado con lo suyo.

Y tranquilo, que les he dejado en el "amonimato".

¿En el qué?

¿Cómo se dice?

Anonimato. Eso.

Bueno, algo es algo. Sí.

Venga, debemos encontrar esa cerradura.

Como usted diga.

Pero le recuerdo que el día 20, Dios mediante, en San Felipe.

-Señora duquesa, le he puesto bien de tarta,

seguro que el bebé ya le pide azúcar,

con mi mayor era... Catalina, no creo que a la duquesa

le interese tu vida pasada.

Sí, señora, con permiso.

-Muchas gracias, me tomo este pedacito y me marcho a casa.

No, no, tú te quedas aquí dos días.

Ya he enviado una misiva a tu marido, estate tranquila.

Sí todo está tan bueno como esta tarta, no puedo negarme.

Por favor, que tu cocinera le pase la receta a la mía.

Bueno...

Basta ya de comportarnos como dos abuelas...

Cuéntame, toda la vida intentándolo y ahora se ha obrado el milagro.

Bueno, esos santos a los que recé y que tú detestas, han funcionado.

Si no fueras tan recta diría que...

el niño no es del duque, pero tú no eres así.

¿Y qué dice el futuro padre? Estará encantado, ¿no?

¿Qué pasa?

Necesito contarte algo.

Nadie lo sabe...

Me estás asustando, Victoria, ¿qué sucede?

No es de mi marido, no.

¿De quién es?

No será del conde de Farresnada, te cortejaba aún casada.

No puedo decírtelo.

Mi marido no se merece lo que le he hecho,

pero, Lucrecia, era la única forma de ser madre.

La conciencia está demasiado sobrevalorada.

Mira...

Vamos a pasar el día fuera, en el campo,

te voy a llevar a un risco con unas vistas maravillosas,

allí olvidarás todo.

-Señora marquesa, un emisario real ha traído esto para usted.

Es un asunto urgente que debo tratar con el rey.

Catalina, prepara todo para un día en el campo.

Victoria, ve tranquila, yo ya os alcanzaré.

Cipri, cojo un para el fuego, ¿vale?

-Sí, claro.

-¿Puedo ayudarle?

-No, es peligroso.

Si tu madre se entera que te dejo el hacha me capa.

-Cipri...

¿Tú crees que mi padre sigue vivo?

-Sí, claro.

Está labrando su futuro en las Américas.

¿Por qué piensas lo contrario?

-No, es que mi madre ya nunca lo menciona.

-No pienses en eso ahora.

Anda, ayúdame, recoge estos troncos que ya me están estorbando.

-Hola, Cipriano,

¿tienes un poco de agua? Es que vengo seguita.

-Claro, ven, tengo el cántaro aquí.

-Gracias.

¿Por qué no estás en palacio? -La marquesa tiene invitada

y nos tiene... (DOLORIDO) -¡Aaah!

-¡Muchacho!

-¿Qué ha pasado? -Se ha cortado con el hacha.

Déjame ver. ¡Voy a por el médico y Catalina, quedaos con él!

-Catalina ha debido salir de paseo al bosque de los Torrijos.

-Los Torrijos. -Sí.

-Este es el sitio favorito de la marquesa,

viene mucho por aquí,

ya con su difunto el marqués venía.

-Uh, ¿te importa que aminoremos el paso?

Ya lo sabes, las embarazadas somos lentas y torpes.

-Claro que sí, señora, pero si me permite le diré

que no es una embarazada cualquiera, está esplendorosa.

Me tenía que haber visto a mí preñada,

tenía los tobillos como dos morcones.

Por cierto, ¿sabe ya qué nombre le pondrá?

-No, la verdad,

pero creo que le dejaré ese honor al padre.

-Si se lo deja a él hará como todos los hombres,

que les encanta perpetuarse en los hijos, le pondrá el suyo.

Por cierto, ¿cómo se llama el duque?

(DOLORIDA) -¡Uh!

-Señora, ¿está bien?

(SUSPIRA) -Sí. -Quizá deberíamos parar,

llevamos mucho rato caminando y le veo cansada,

¿no quiere unos dulces para reponerse?

-No, ahora no, gracias.

-Como usted diga, pero creo que deberíamos buscar una sombra

para parar y reponer fuerzas, se la ve cansada.

-Tienes razón, quizás sea lo mejor en mi estado.

-Mire, ahí. -Además, así hacemos tiempo

hasta que venga la marquesa. -Claro.

-Luego quiere llevarme a ver unas vistas.

-Pues sí, señora, mire, se va a sentar usted aquí...

A ver...

Y yo mientras buscaré un sitio donde comer, ¿eh?

A ver...

¿Cómo va?

(CANSADA) -Bien. -¿Bien?

Bueno, pues, señora, voy a ver si encuentro algún sitio,

lo dejo todo listo y vengo a por usted.

Muy bien.

Pájaros cantando.

(FORCEJEA)

-¡Ah!

(GRITA ASUSTADA) -¡Ah, ah!

¡Ah!

Pájaros cantando.

Respiración de Victoria.

-Señora, he tenido que mandar el cochero a palacio.

¡Señora!

¡Por Dios, ¿qué le ha pasado?!

¡Señora!

(LLORANDO) ¡Señora, por Dios, señora!

¡Ayuda!

¿Quién le ha hecho esto?

(DESGAÑITADA) ¡Ayuda, por Dios!

¡Señora! ¡Auxilio!

¡Ayuda!

¡Por Dios, ayuda!

(RESPIRAN CANSADOS)

-Los años os han sentado bien.

Nadie diría que habéis dado a luz tantas veces, majestad.

-No derroches lisonjas conmigo.

Igualmente te conseguiré los favores del rey para que seas Papa.

-Veo que habéis quedado satisfecha con mis servicios.

-¿Quién te has creído que soy,

alguna de esas fulanas con las que también yaces?

Soy tu reina, no lo olvides.

-Me refería a ese otro asunto que me encargasteis, majestad.

-¿La duquesa de Gauna ya ha sufrido ese horrible accidente?

-Yo ya he cumplido con mi parte del trato.

El hijo de esa mujer jamás será rey.

-Ningún bastardo del rey subirá al trono mientras yo viva.

-Por supuesto, majestad.

Pero permitidme una pequeña duda.

Vos conocéis todo lo que dice y hace el rey...

¿no teméis acaso que él conozca también todos vuestros secretos?

-¿Crees que si fuera así seguiríamos vivos?

Cardenal...

las paredes de este palacio solo ven y oyen para mí.

-¡Socorro, que alguien me ayude!

¡Por Dios, que alguien me ayude! ¡Socorro!

¡Señora! ¡Auxilio!

-¡Catalina! -¡Cipri!

¡Cipri, por Dios, ayúdame! -¿Qué ha pasado?

-No sé, estaba un rato sola y la han atacado.

-¡Dios mío! ¿Y el cochero?

-Lo he mandado yo a palacio, no hay nadie.

¡No reacciona! -¡Hay que llevarla al médico!

-¡No la muevas, que se desangra!

¡Señora, señora!

(SIN FUERZAS) -Salva... a mi hijo.

-Sí, señora.

¡El crío se mueve, Cipri, se mueve!

-Es...

es hijo del rey.

-Tranquila...

-Voy a por ayuda. -Tranquila. ¡Cipri!

¡Ven aquí, que está de parto!

-¿Y qué hacemos? -¿Tú qué crees? ¡Señora!

Señora, está de parto, ayúdeme, por Dios, empuje.

Qué lástima, yo me encargo.

Cipri, que está de parto, ayúdame.

¡Ayúdame, Cipri!

-Catalina, déjalo, está muerta.

-¡Pero el crío no y hay que salvarlo!

¡Venga empuja, empuja de ahí, coño!

¡Empuja!

¡Empuja de ahí!

¡Empuja, coño!

Mira esto.

-Sí, el ancla.

Yo recuerdo que por ahí ya hemos pasado.

No sé si se acuerda del mordisco.

¿Pero y si lo miramos mal?

¿Y si fuera una flecha?

Señala hacia allí.

¿Hacia allí hacia dónde?

Por aquí.

Aquí hay algo.

Es un grifo.

¿Un grifo?

Mitad águila, mitad león.

¿Un águila y un león? Pero eso es imposible.

Es un animal de la mitología griega.

Los templarios lo utilizaban como símbolo.

Según dicen cuidaba el oro.

Hay que ya huelo el tesoro, amo. (RÍE)

Mire que si es así le voy a preparar un banquete nupcial

que ríase usted de las bodas reales.

El cuaderno habla de una cerradura. Sí.

Pero aquí no hay nada.

Algo se no ha pasado por alto, Sátur.

Vaya usted a saber dónde está el grifo ni la cerradura.

Esto solo tiene una solución.

Golpe.

¡Sátur, no!

¡Cuidado! -¡Ah!

¿Estás bien?

Yo sí, ¿y usted?

Sí.

Lo siento, si es que mentar la palabra tesoro y me pierdo.

Me pierdo.

Disculpe.

Necesitamos esa llave.

Si seguimos buscando a ciegas podemos morir aquí.

Ay, qué lástima la duquesa,

no le ha podido ni ver la cara a su hijo.

No tendríamos que haberla dejado allí, Cipri.

-¿Dónde está el crío?

-Arriba en mi cuarto,

dormidico y escondido en una caja.

-¿Qué vamos a hacer con él?

-No lo sé.

-Es peligroso tenerlo aquí.

Han matado a la duquesa por llevar un hijo del rey,

si descubren que ha nacido empezarán a buscarle.

-Y si lo encuentren aquí nos matan, ¿pero vamos a dejarlo morir?

-Catalina, no lo podemos tener oculto, un crío llora,

necesita cuidados,

y tú y yo trabajamos.

-Se lo voy a contar todo al comisario.

-¡¿Qué?! No, no, ni se te ocurra.

-Yo tengo que avisar en palacio

o sospecharán de mí, que yo iba con la duquesa.

-Vale.

Ve, pero no le digas nada del niño,

no sabemos quién puede estar detrás de todo esto.

-¿Y crees que el comisario puede tener algo que ver?

-No podemos confiar en nadie.

Majestad, ¿me habéis mandado llamar?

Así es, marquesa.

Si mal no recuerdo tú y yo tratábamos asuntos de importancia

y nos reuníamos con frecuencia.

He estado pensando que tendríamos que retomar dichas reuniones.

Qué descuido el mío,

no os he servido el vino tal y como os gusta.

Ya habrá tiempo para eso.

Antes quiero volver a ver tu desnuda y perfecta figura,

casi la he olvidado. (RESOPLA)

Veo que vienes a divertirte.

No se trata de eso exactamente, majestad.

He decidido darte una oportunidad después de todo, ¿y tú la rechazas?

¿Niegas la satisfacción a tu rey?

No, majestad, mi intención no es esa,

lo que ocurre es que estoy indispuesta,

esos días de debilidad femenina.

-Comprensible, pero para mí no es problema.

Majestad...

he de deciros algo.

Tocan a la puerta.

He ordenado que no se me interrumpa, ¿quién es?

-El cardenal Mendoza, vuestro fiel servidor.

-Siempre tan oportuno, eminencia,

¿qué le trae por aquí esta vez?

-Disculpad, señor, no me habría atrevido a importunaros

si no fuera un asunto de la máxima relevancia.

He venido a comunicaros que Victoria de Gauna,

esposa de vuestro amigo el duque,

ha sido brutalmente asesinada.

-¿Quiénes han sido?

Unos bandoleros la asaltaron

y la mataron, algo terrible.

-No pueden quedar impunes,

quiero sus cabezas.

-Por supuesto, majestad, me estoy ocupando personalmente del asunto.

Y también, desde luego,

de que la duquesa tenga un velatorio digno de su linaje.

-Soy el criado y le sigo hasta el fin del mundo si hace falta,

pero usted quería volver a casa

y por aquí vamos en otra dirección. Ten paciencia.

Si paciencia tengo para ser santo,

pero podría decirme qué hacemos aquí

si venimos a buscar a algo o a alguien y así podría ayudarle.

No es eso, espera un poco.

Pájaros cantando.

No me diga que piensa meterse ahí.

Vamos, que el agua y el drama van de la mano con usted.

Dios bendito.

¿Que mira, amo?

No, es que a mí no me hace ninguna gracia.

Aquí le diré a Margarita que quiero que sea mi mujer.

¿Qué?

(RÍE EMOCIONADO)

¡Ay, Dios, amo!

Pero... pero este marco es incomparable, amo.

Es sublime, incluso. Mire, escuche...

El piar de los pájaros, el lago...

Y supongo que se lo dirá durante la puesta de sol, ¿no?

Eso no lo había pensado, la verdad.

Pero me gusta.

¡Ay, sí, sí, sí, diga usted que sí!

Hasta yo en estas condiciones le daría el sí quiero, no digo más.

Y después de decírselo,

y del beso con rosca, porque tiene que ser con rosca,

usted sienta a la señora Margarita aquí,

y le cuenta lo de bucanera.

Que anda que no le va a faltar tiempo.

Ya habrá tiempo para eso.

También tiene usted razón.

Porque no va a estropear lo emotivo del momento, ¿no?

¿Y el anillo?

Porque las mujeres le dan mucha importancia a esos detalles.

No me diga que ha fallado en algo tan básico.

(EMOCIONADO) ¡No!

¡No, amo, no, que ya tiene usted el anillo!

(RÍE)

¿Pero cuándo lo ha comprado si no me he separado de usted?

¿Qué te parece?

¿Qué me parece?

Que va a ser la envidia de la Villa,

que esa casa dará asco de la felicidad que reinará allí.

Entonces te gusta...

Es que no sé si me gusta o no me gusta,

yo soy muy hombre para esto, no sé.

Ya, a lo mejor es muy sencillo, ¿no?

Qué más da que sea sencillo o complicado,

lo importante es el significado,

no el anillo en sí. Sátur...

Ya, ya está.

Ahí tiene.

Vale, vamos para casa, que Margarita nos estará esperando.

-Déjalo, Catalina,

después de lo que ha pasado no estás para trabajar.

-Ya, pero la vida continúa y tengo que preparar la comida.

-La marquesa está muy afectada, no va a probar bocado.

-Pero igual la comida debe estar lista.

-Por lo menos a ti no te ha pasado nada.

Pobre duquesa, ¿quién habrá podido hacer algo así?

-Unos salvajes,

ni siquiera les ha importado el niño que llevaba en su vientre.

Catalina, te he estado buscando.

¿Por qué has tardado tanto en volver?

-He vuelto tan rápido como he podido, señor comisario.

-Ha sido una tragedia, no tendría ni que estar aquí.

Tengo que hacerle unas preguntas,

dejadnos solos.

Eres la última persona que ha estado con la duquesa.

Sí, señor comisario.

¿Has visto a los agresores aunque sea de lejos?

No, señor.

Me separé de ella un momento para buscar un sitio para comer

y cuando volví ya estaba muerta.

¿Y antes? ¿Cuándo distéis el paseo os cruzasteis con alguien?

No, señor, creo que no.

No me vale lo que creas, Catalina, tienes que estar segura.

-No, señor, estoy segura, no vimos a nadie.

Catalina, te estoy hablando, mírame.

(SORBE)

Has dicho que estaba muerta,

¿estás totalmente segura?

No sé a qué se refiere, señor comisario, yo cuando volví...

estaba desangrándose por aquella herida, intenté taponarla, pero...

pero me fue imposible.

¿Entonces no te ha dicho nada?

¿Ni sus últimas palabras?

No, señor.

Está bien.

Pero no te vayas muy lejos, igual quiero volver a hablar contigo.

Señor comisario...

¿tienen alguna sospecha de alguien?

Eso a ti no te importa nada.

Ordena a tus damas que te vistan para salir.

Hemos de acudir al velatorio de la duquesa de Gauna.

-¿No me puedo ausentar?

Me gustaría descansar, estoy agotada.

-Quiero presentar mis respetos al duque,

es un buen amigo,

se lo merece.

-¿Estás seguro?

Lo digo porque igual ha sido él quien ha matado a la duquesa.

Ya se sabe que el despecho nos puede hacer perder la cabeza.

¿Y si dice que el hijo que esperaba no era suyo?

Abren la puerta.

-Majestad...

-Pasad.

-Es la hora de la confesión de la reina.

-Muy bien,

a ver si a vos os confiesa lo que no acaba de decirme a mí.

-Esto es un atropello,

no puedes presentarte en mis aposentos cada vez que te plazca.

-Esta vez era imprescindible.

Las monjas que preparan el cuerpo de la duquesa para su velatorio

acaba de descubrir que alguien se ha llevado al niño.

-¡El bastardo no ha muerto!

-¿Por qué si no nadie se lo iba a llevar de allí?

-¿Y qué vamos a hacer?

Va a ser imposible dar con él,

hay muchos recién nacidos en la Villa.

-Las Sagradas Escrituras

nos ofrecen un ejemplo en el que podríamos inspirarnos.

Todo niño que nazca en la Villa

y que pueda constituir una amenaza para la corona...

será eliminado.

Herodes y la matanza de los inocentes.

Con vuestra licencia, majestad.

-Que así sea.

Mis condolencias, señor duque.

Soy el comisario de la Villa, necesitaría hacerle unas preguntas.

¿No podría dejarlo para otro día?

Sé que es un momento difícil,

pero cuanto antes descubra quién es el asesino

menos posibilidades tendrá de escapar.

Está bien, haga su trabajo.

¿Sabe quién podría querer hacerle daño a su mujer?

¿Tenía algún enemigo?

¿Y usted, tampoco tenía cuentas pendientes con nadie?

¿Ni siquiera con su esposa?

¿Se puede saber qué es lo que pretende?

¿Sabe quién soy?

Con una sola orden podría enviarlo al garrote.

Solo hago mi trabajo.

Pero necesito valorar todas las posibilidades.

Por favor, siéntese.

Si es verdad lo que se cuenta...

ni yo mismo perdonaría a mi esposa por hacerme algo así.

Sé que el hijo que esperaba no era mío,

pero la amaba por encima de todo.

¿Sabe quién es el padre?

No.

¿Ni siquiera tiene una ligera idea?

Sería importante hablar con el padre,

podría decirnos algo que llevara al asesino.

Déjelo estar, comisario, es mejor así,

cuanto menos se remueva esto antes lo olvidaré.

No...

no lo olvidará hasta que el asesino pague por lo que hizo.

Dígame quién es el padre.

Mi mujer solo se veía con un hombre...

El hijo que esperaba era del rey.

-¿Esa cara, amo?

Está pensando en cómo va a encarar la noche de boda, ¿no?

Pues ya se lo digo yo, con vigor y con entusiasmo.

No, Sátur, estaba pensando en el grifo mitológico.

Tiene que ser la clave para llegar al tesoro, pero hay algo...

-Usted va sin ton ni son de bodas a termas y de termas a bodas,

yo así no me centro.

Debemos dar con la cerradura que menciona el cuaderno.

Como quiera, pero allí no había cerradura alguna,

ni agujeritos ni nada parecido.

Solo el surco que rodeaba el grifo mitológico.

-Ya me dirá si hay llaves con esa forma, yo no las he visto.

¿Y si no es una llave como tal?

Pues no abrirá una mierda como tal y nos quedaremos sin tesoro.

Digo que igual no es una llave lo que encaja ahí.

Y dale.

¿Qué va a haber con esa forma para que entre ahí?

¡No me diga que debemos volver a la termas por la cerradura!

¡Sátur, cuidado! Perdón, es que es mentar ese lugar,

y me tiembla todo, perdón.

Espera...

El Santo Grial creo que la base tiene el mismo tamaño

que el surco del grifo.

¿Quiere decir que el Grial es la llave que abre el tesoro?

Pues vamos a por el Grial ya. Espera, ¿y si no es la llave?

¡Si ha dicho que sí!

Pero si no lo es, podemos activar cualquier trampa.

¿Más?

¿Pero cuántas trampas entran en un sitio tan pequeño?

¿Tú no protegerías tu tesoro de la manera más celosa posible?

Soo.

Espere, que no corren tiempos para escatimar nada.

Parece un saco de trigo.

(IMPACTADO) ¡Dios mío!

Que es un bebé.

Un bebé muerto, vamos.

-Madre...

Cuando me lo dijeron pensé que estabas con ella,

que también habías muerto.

Estoy bien.

-Realmente era una persona muy importante para ti, ¿no?

Madre, yo... yo nunca he tenido un amigo,

pero sé que perderlo debe ser duro.

Iré a por esos malnacidos y te los traeré muertos.

No...

no quiero que te arriesgues, el comisario se encargará de eso.

Madre, de verdad que me gustaría... Nuño...

Ve a estudiar anda.

No te preocupes, yo estoy bien.

Si cambias de idea o lo que sea estaré en mi alcoba.

Te he visto hacer muchas cosas, pero esto no tiene nombre.

¿Se puede saber qué dices, Hernán?

Encima lloras,

¿hasta donde puedes llegar? Si sé que lo hiciste,

deja de fingir. ¡¿Hernán, qué me estás diciendo?!

Has matado a la duquesa de Gauna.

¿Yo... matarla?

¿Qué motivo iba a tener? Era mi única amiga.

Estaba embarazada del rey,

igual que tú.

¿El rey?

Por eso lo hiciste,

porque sabías que también ella engendraba un posible heredero.

¡El hijo que esperaba era del rey!

Ahora dime que no lo sabías.

Tu crueldad me repugna.

(SUSPIRA HONDO)

Hernán, piensa lo que quieras,

pero yo no la he matado.

¡Cipri!

(PREOCUPADA) El comisario ha venido por mí.

-¿A por ti? ¿Qué quieres decir?

-Me ha preguntado sobre la duquesa.

-¿Crees que sabe algo?

-Sí, bueno, no sé.

No, porque si no no me hubiera dejado irme.

-¿Qué te ha preguntado?

-Si la duquesa me dijo algo antes de morirse.

El crío ni me lo ha mentado,

pero igual me ha dejado irme para seguirme y dar con el crío.

¡Ay, Cipri! -Tranquila.

Tenemos que sacar al niño de aquí,

lo llevaremos al auspicio. -No que ha nacido antes de tiempo,

no está maduro, allí no sobrevivirá.

(LLORANDO) -Mi hijo...

¡Me lo han matado!

¡Me lo han matado! ¡Me lo han matado!

¡Mi hijo!

Llanto de la madre.

-¡Ay, Cipri!

-¡Me lo han matado!

¡Mi hijo!

¡Mi hijo!

-¡Ay, Dios mío, Dios mío!

Dos recién nacidos muertos de forma violenta en unas horas, amo.

Dígame, por Dios, que solo es casualidad.

Sabes que no lo es.

¿Pero qué está pasando?

Sé que el mundo está lleno de gente de mala fe, pero qué clase de...

de alimaña, de mal nacido, es capaz de...

de matar a una criatura indefensa? Dígame.

No lo sé, Sátur. Además, ¿por qué?

¿Qué mal han hecho esas criaturitas que apenas han vivido? Dígame.

Si es que no me dice nada, ¿a dónde va ahora?

Quiero hablar con los padres de esos niños,

quizá hayan visto algo o alguien.

-¡Padre, han matado al hermano de mi amigo Pablo!

¿El hijo del molinero?

Y en la calle de la cebada han encontrado dos bebés muertos.

El asesino sale con gana de bebé,

le da igual que sea de día que de noche.

No te preocupes, hijo. ¿Que no me preocupe?

Están matando recién nacidos, tenemos que hacer algo.

La ley se encargará, encontrarán al asesino.

¿Alguna vez harás algo más

que quedarte de brazos cruzados, padre?

Prepara el traje, voy a ir al molino.

Amo, amo, amo...

Por favor, deje él héroe en casa por una vez y vaya de Gonzalo.

A mí no me gustaría quedarme al margen de todo esto.

Además, igualmente debe ir a dar el pésame a esa familia, ¿no?

Está bien.

Vamos.

Pasos acercándose.

-Doña Irene, buenas tardes, ¿quería algo?

-Quería que Catalina me planche esto.

-Se sintió indispuesta y se ha ido,

pero por favor, no le diga nada a la marquesa.

-No te preocupes.

Suena una campanilla.

Deja, ya voy yo.

¡Es un bebé!

-Ay, Dios mío, pobrecillo.

Traiga, déjelo aquí.

-Trae un poco de leche, por favor.

(CON TERNURA) Ay...

-La gente está tan desesperada,

que los dejan en las puertas de los nobles

pensando que se salvarán.

-Esta vez sus padres han hecho bien.

Sin duda.

Lo llevaremos al mejor orfelinato de la Villa.

¿No pensarás quedártelo?

¿Y por qué no? Necesita una familia.

Porque no lleva mi sangre

y no me quedaré un niño que ni sus padres han querido.

¿Vas a dejarle en un hospicio y a negarle un hogar?

¿No piensas apiadarte de él?

Estoy siendo muy piadoso, querida,

podría tirarlo al río, pero no lo hago,

aunque allí seguro que correría mejor suerte.

Me niego a que lo hagas.

No te servirá de nada,

soy tu marido y has de obedecerme,

ese niño no se quedará aquí.

Espera, Irene,

todavía no he terminado.

Has ido al velatorio de la duquesa de Gauna, ¿no?

¿Ahora te importa dónde voy o dejo de ir?

Todo lo que haces me interesa, querida.

La hemos velado, pero con el ataúd cerrado.

Ahora parece que la piedad está en desuso,

su marido ha suplicado verla por última vez y no le han dejado.

Gorjeos del bebé.

-Señor...

Han aparecido más recién nacidos muertos, señor.

Deja eso, ahora tenemos que ir a abrir un ataúd y comprobar algo.

-Catalina. -¡¿Quieres matarme del susto?!

Cierra la puerta, anda.

-¿Qué haces? -Llevarme al crío de la Villa, ya.

-¿Cómo? -¿"Cómo"?

¿No sabes que están venga matar críos?

Ya saben que ha nacido y pronto vendrán a por él.

Debo darme prisa. -Pero...

-¿Pero qué...?

Cipri...

No he salvado al hijo del rey para que lo maten como a un perro.

-Voy a por el carro, no te dejaré ir sola.

-¿Ese niño es el hijo de rey?

-¿Qué va a ser? Es de Flora, la cocinera del palacio.

-Ya sabes lo exagerada que es tu madre,

para ella todos los críos sois...

hijos de reyes, reyes moros, príncipes y...

-¿Y por qué lo tienes tú?

-Porque Flora está con un lío que no veas

y me ha dicho que se lo lleve a su hermana.

-Pero, madre, están matando bebés. -Tú no te preocupes.

-No, madre, quiero ir contigo.

-Tú vete donde Gonzalo y quédate ahí con Alonso.

Y no te preocupes, que vengo enseguida.

-También es mala suerte que los molineros no vieran nada.

Cuando la madre fue al cuarto para amamantar al niño

se lo encontró apuñalado en la cuna.

Dios mío,

llevar nueves meses a un crío en tu vientre y que te lo maten así.

¿Qué hacemos ahora?

Proteger a todos los recién nacidos.

No dejaré que los sigan matando. Es el héroe, pero no puede velar

por todos los bebés de la Villa. Al menos lo intentaré.

Vamos.

Mira eso.

¡No os acerquéis! Tranquila,

no queremos hacerte daño. ¡Que os quedéis ahí!

¡No os mováis! -Calma, que somos gente de bien.

-¡No le vais a matar! Señora...

¡No, no! Quieta.

¿A quién proteges? Tranquila.

(LLORANDO) ¡No le matéis!

-¡Amo, es un bebé! -¡No le matéis!

¡No! -Es un bebé.

Tranquila. -¡Dame mi hijo, dame mi hijo!

-Tranquila, no vamos a hacerle daño.

-No le matéis, por favor.

No le vamos a hacer nada.

Te arreglaremos el carro

y te acompañaremos a donde sea para protegerte.

-Y la criaturita tan feliz,

ajena de todo esto que nos está rodeando.

Me equivoqué,

tú no mataste a la duquesa de Gauna.

Te estás convirtiendo en un viejo perro sin olfato, ten cuidado,

ya sabes lo que se suele hacer con ellos.

Alguien la mató para deshacerse del hijo bastardo del rey,

pero me extraña que el bebé no apareciese.

¿Está vivo?

Sí.

Por eso están matando a todos los bebés, lo están buscando.

Si quieren deshacerse de ese heredero,

también querrán deshacerse del tuyo.

Nadie lo sabe

y si nadie lo descubre estaré a salvo.

¿Y cuánto lo ocultarás? Es cuestión de tiempo.

Comienzo a tener algo de sueño,

cosas del embarazo, ya sabes.

Lucrecia...

estás en peligro.

Gracias por tus consejos, comisario,

pero no los necesito.

Preocuparme y estar nerviosa es lo peor que puedo hacer embarazada.

(SUSPIRA)

-Pobre Pablo,

quería mucho a su hermano pequeño. -Ya.

Oye, Murillo,

tú me harías un dibujo de mi padre y de mi tía Margarita en un corazón.

Vale, es que me he enfadado con él y no sé cómo pedirle perdón.

-Te lo hago esta noche, que hoy duermo en tu casa.

Alonso...

mi madre está intentando salvar un bebé.

-¿A un bebé?

-Pero eso es muy peligroso.

-Sí, por eso lo van a sacar de la Villa,

pero tengo miedo.

-A ver, no lo entiendo,

¿de dónde ha sacado un bebé?

-No lo sé, pero...

es hijo del rey.

-¡¿Es hijo del rey?!

-Han intentado que crea que es hijo de la cocinera del palacio,

pero no lo he creído.

-Tenemos que ir a ver a mi padre, él sabrá lo que hacer, vamos.

Vuelves pronto.

Fue fácil, era una simple criada.

No hablará más, está en el fondo del río.

Te estamos muy agradecidos.

Esta vez era una criada,

pero en cualquier momento podría ser alguien que no pueda controlar.

Debes irte de aquí.

Hernán, te he dado las gracias, pero no te equivoques,

no necesito que me digas lo que debo hacer.

Si no quieres irte sacrifícalo. ¡Jamás!

No hay más opciones, Lucrecia, no las hay.

¿Si fuera tuyo tampoco las habría?

¿También me pedirías que lo sacrificara?

En estas circunstancias siendo mío lo sacrificaría sin pensarlo.

Sabes que eso no es cierto.

Vayámonos juntos donde tú quieras.

Nuño, tú y yo.

Nuño no debe saber de mi embarazo, sería peligroso para él.

Ha quedado muy tierno eso de huir juntos,

quizás si tuviésemos 15 años.

¿Cuál es tu plan, dejarte matar?

¿Quedarte aquí hasta aparecer desangrada en un bosque?

No lo sé.

Yo sí lo sé, Lucrecia.

Si no te vas por tu propio pie...

seré yo quien te aleje de aquí.

-Madre...

(SORPRENDIDA) Nuño...

Siéntate.

Nuño...

Voy a emprender un viaje por Europa,

la recorreré por unos meses.

Iré contigo. ¡No! Nuño, no puedes venir,

son muchos meses y tú tienes tu vida aquí,

no debes cambiarla.

Esa no es una razón.

Ya te he dicho que no, Nuño.

¿Y por qué no quieres que vaya?

Dime la verdad.

La verdad es que serías una carga para mí.

Verás...

alguien ha abandonado un bebé en las puerta de palacio.

El comisario quiere llevarlo a un orfelinato, pero...

yo quiero lo mejor para él.

-Por supuesto, hija mía,

pero deja que yo me ocupe, tendrá una vida cerca de Dios.

-¿Y le cuidarás tan bien como a mí?

-Sí, será algo diferente, pero estará en paz.

-Gracias, tío.

-Adelántate, hija, ahora te alcanzo.

Las dádivas en la iglesia.

-Hemos descubierto el paradero del bastardo.

-Id a por él.

-¡Padre!

¿Qué pasa?

-¿Cuánto crees que deberíamos alejarnos?

-No lo sé, Cipri,

hasta una villa donde la gente tenga la cara normal.

Si están matando bebés en tu pueblo se nota, míranos a nosotros.

¿Crees que irá bien la criatura ahí detrás?

-Supongo que sí, estará dormido, hace tiempo que no hace ruido,

menos mal que no ha llorado al sacarlo de casa.

-Ay, deberíamos parar para ver si está bien,

que es verdad que lleva mucho sin rechistar esa criatura.

-Te lo he dicho, estará dormido.

-De todas maneras, para que me quede tranquila,

para que lo mire.

Cipri, para, que estoy muy angustiada.

-No deberíamos parar, date prisa, por Dios.

-Tenías razón, está dormidico.

Ya respiro tranquila, hala, sigue.

-Algún día me gustaría que cuidases así de nuestro hijo.

-Cipri, ¿me estás diciendo lo que creo que me dices?

-Ya sé que ahora es imposible, pero...

¿qué te parecería?

-¿A mí?

Tener una criatura contigo...

me haría toda la ilusión del mundo.

Relincho fuerte.

(PREOCUPADA) Cipri...

¡Ay, Dios!

-No digas nada. -Que vienen a por nosotros.

-¿Dónde está el niño?

-Cipri, por Dios.

¡Por Dios!

¡Por favor!

¡Por favor!

¡Por favor, no nos haga nada!

(LLORANDO) ¡No, por favor!

¡Por favor!

¡No, no!

-Aquí está el niño.

-¡No!

Disparo.

-¡Cipri!

Llanto del bebé.

¡Por favor!

¡Por favor, no lo mate, por favor no me lo mate!

¡Aaah!

Disparos.

Llanto del bebé.

-El niño está bien.

-Es la hora del baño.

-Tienes suerte, Mariana.

Muchas madres de este reino están llorando la muerte de sus hijos.

-No es cuestión de suerte.

Yo soy la única madre del futuro rey de las Españas.

-Y como tal deberías saber

que no se pueden defender a las Españas

a costa de los españoles.

Esta vez has ido demasiado lejos.

-¿Qué quieres decir?

-Tú ordenaste que se cometiera esa brutalidad.

-Lo he hecho por nuestro hijo y por este reino que tanto amas.

El único heredero debe ser Carlos,

que ha sido elegido por Dios para ello.

-Dime quién te ha ayudado

para que sea él quien pague por lo que ha hecho

y yo pueda perdonarte.

-No necesito la ayuda de nadie,

soy la reina.

-Si no fuera así

ahora mismo estarías en el garrote.

-¿Desde cuándo te importa tanto la vida de tus súbditos?

¿El rey de las Españas está atemorizado por su pueblo?

¡Después de todo lo que he sufrido y de tantos hijos perdidos

no puedo permitir que el heredero no sea sangre de mi sangre!

Me lo merezco.

-¿Y Carlos no lo es?

Solo deberías pensar en luchar por su vida.

Dime que no nombrarás a Juan José de Austria como heredero.

¡Es un bastardo, no puede serlo!

Ni él ni ningún otro.

-Yo soy el rey y solo yo decidiré quién hereda mi corona.

Esta matanza se ha terminado.

-Como ordenes.

¡Guardias!

-Un momento...

Lleva este mordedor al futuro rey de las Españas.

Cargadlos en el carruaje. ¡Chis!

Siento haberte despertado, siempre has tenido el sueño ligero.

Me gustaba saber en qué momento te ibas de mi cama.

Para dormir prefiero no tener a nadie a mi lado.

Para ciertas cosas sin embargo es imprescindible.

¿A dónde te vas?

¿Crees que me iría a mitad noche si quisiera que se supiera?

¿Tan poco confías en mí?

Estaré escondida hasta que tenga mi hijo, no necesitas saber más.

¿Vas a dar a luz tú sola? Basta, Hernán.

La mejor forma de guardar un secreto es no conocerlo.

¿Y Nuño, te has despedido de él?

Para todos estaré de viaje por Europa unos meses.

No tiene sentido lo que estás haciendo, Lucrecia,

te recuerdo que ya hay un heredero. Por el momento.

La reina Mariana solo engendra hijos frágiles y enfermizos.

Nunca tienes suficiente, ¿eh?

Tu ambición te llevará a la tumba.

O al trono de las Españas.

Eso el tiempo lo dirá, Hernán.

No intentes buscarme.

No pensaba hacerlo.

Adiós, Hernán.

Vaya con Catalina y Cipriano,

sí que le han echado arrestos con lo del bebé.

Por lo menos todo ha terminado bien, ¿no?

Esos molineros querrán a ese crío como si fuera suyo.

Pues lo mismo que le pasó a usted, amo, adoptado.

Aunque bueno, a ese niño le tocaba vivir una vida de rey.

En eso sí que ha salido perdiendo, ¿no?

No creas,

yo no cambiaba a mis padres adoptivos por nadie.

Hablando de descendencia,

¿cuántos aguilitos o aguilitas ha pensado tener con Dña. Margarita?

Sátur, ten cuidado antes de decir nada a nadie

que quiero hablar con Mariana.

Tranquilo, mi boca está más cerrada que el culo de un muñeco.

Dame el Grial, este sitio es peligroso, es mejor darse prisa.

Tome.

Mejor aléjate.

Ni hablar, yo me quedo con usted hasta la muerte si hace falta.

Además, no me quiero perder el resplandor del oro

al abrir el cofre, no, por nada del mundo. (RÍE)

¡Se mueve, amo, se mueve!

Déjeme verlo, por Dios.

¿Dónde está el tesoro?

Aquí no hay tesoro ni hay nada, hay una mierda de moneda.

Derrumbe.

(PREOCUPADO) ¿Qué ha sido eso, amo?

¿Qué está pasando?

Estamos atrapados.

-¡Pero qué guapísima estás!

-Han volado la salida, hemos cavado nuestra propia tumba.

-Mi padre pedirá a mi tía que se case con él.

-¿No tenía otra novia?

Quiero irme con leprosos. ¿Te has vuelto loca?

-La última voluntad de su padre. -¿Qué broma es esta?

-El marqués tuvo otro hijo antes de conocer a la marquesa,

el nuevo heredero está en camino. -Bienvenidos a su palacio.

-Señor marqués...

Encuentra como sea a la marquesa de Santillana.

¡Aaaaah! ¡Sátur!

Disparos y gritos.

No hay forma de salir de aquí. No pierda la esperanza.

-Vas a limpiar las cuadras por lo que te queda de vida.

-Aguanto bien la tortura. Tortura no,

te he preparado algo muy especial.

-Me criaron para heredar estas tierras

¡y ahora no tengo nada!

No volverá a agachar la cabeza más,

si vuelve a provocarme la mato.

Disparo.

Siempre podemos volver a empezar.

  • T5 - Capítulo 56

Águila Roja - T5 - Capítulo 56

03 jun 2013

Comienzan a aparecer recién nacidos asesinados por toda la villa. Cunde el pánico entre la población y algunos padres intentan sacar a sus hijos de la ciudad. Águila Roja intentará averiguar quién es el responsable de semejante matanza.

Mientras, el Comisario advierte a la Marquesa de que si alguien descubre que espera un hijo del rey, intentarán acabar con su vida. Lucrecia, consciente de que no podrá ocultar su embarazo por mucho tiempo, tomará una decisión arriesgada.

Por otro lado Sátur está inmensamente feliz. Gonzalo ha decidido por fin declararse a Margarita y aunque debe guardar el secreto hasta que su amo hable con ella, Sátur no podrá evitar irse de la lengua.

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