www.rtve.es /pages/rtve-player-app/2.5.0/js
1296002
No recomendado para menores de 12 años Águila Roja - T4 - Capítulo 50 - Ver ahora
Transcripción completa

Subtitulado por Teletexto-iRTVE.

-¿Quién nos ha hecho esto?

-¿Qué le dijo? Santo Toribio.

-Es muy humillante para un rey

tener que pedir prestado a la nobleza.

Pasarás aquí la noche y mañana a última hora

te acompañaré al convento de las descalzas.

-¡Basilio! Basilio, hombre.

Los hombres del rey no sospecharán de piezas tan vulgares.

-¿Ha averiguado algo? Sí.

Santo Toribio es el nombre de una antigua herrería.

Sería absurdo enamorarse de una chica

cuyo destino es convertirse en monja.

-¡Ah!

-¿Cardenal Mendoza?

Niño, nadie se interpone en los deseos de su Majestad.

-¡Baje del caballo!

-¡Ah!

-¿Qué es lo que quiere? -El dinero que me quitaste

después de dejarme medio muerto en aquella celda.

-Te he conseguido un trabajo. -¿Dónde?

-En el palacio de la marquesa.

-Si me descubre ahí trabajando me mata. Y a ti también.

-¡Uh!

-¡Ah!

-Soy Fernando Álvarez de Toledo.

-¿El Duque de...? -El Duque de Alba.

-¿Te has fijado en alguien sabiendo que no era para ti?

-En la vida, si te das por derrotado nunca ganarás.

-¿Querrías trabajar para mí? -Verá, es que yo

ya tengo un amo, el... -Te estoy ofreciendo un cargo.

Llevadla al carruaje.

-Hay que joderse, yo no consigo

un puñetero trabajo y a ti te salen dos.

-Me quedan pocas fuerzas, pero antes de morir

le haré pagar todo lo que nos hizo

a mí y a mis hijos.

Ninguna de las ancianas que hemos registrado

tenía el Grial. Que busquen en todos los rincones,

¡hospicios, chabolas! Tiene que aparecer.

-¡Ah!

¡Ah!

-Vete corriendo.

-Si yo lo que quiero es que me respeten.

Debes irte, es lo mejor para ti.

Como te vuelva a ver por aquí haré que te ahorquen.

No me dejas más remedio que aclarar

quién es la señora y quién es la criada.

Recibirás veinte latigazos.

-Ah.

-¡Por favor, su excelencia, necesito ese trabajo.

Soy tan bueno como Saturno García y yo nunca he estado en la cárcel.

-¡Ah! ¡Me has jodido la única oportunidad

que he tenido en mi vida!

¡Ah! ¡Ay!

Si no le hubieras robado a ese bandido mi fortuna

no habría sufrido una merma tan grande,

así que creo que lo más justo es que me lo quede yo.

La próxima vez, no me dejes al margen de algo así.

-Un lacayo del Duque ha traído esto para ti.

-Que dice que merezco una segunda oportunidad.

Como se le ocurra darle un uniforme

al nuevo escudero del Águila Roja...

Nunca voy a tener otro escudero.

¡Ah!

(SUSPIRA)

(SUSPIRA)

(SUSPIRA)

-Dios...

(JADEA) Perdóname.

Nabos, zanahorias,

¿patatas?

¿Patatas?

No, Gonzalo. No me puedo creer que hayas olvidado comprarlas.

Lo siento, se me ha pasado.

No me entra en la cabeza cómo eres capaz de memorizar

las hazañas del Cid con pelos y señales

y no seas capaz de recordar lo que hay que comprar para casa.

Bueno, Margarita,

no sé, soy un hombre.

Recuerdo unas cosas y otras no.

No me pidas más.

¿Un hombre?

Pues Sátur es un hombre y a él no se le hubiese olvidado.

Bueno, Margarita,

sin ánimos de ofender. No.

¿Qué? Si tenemos que empezar a comparar

tus gachas, esta mañana, al nivel de las de Sátur.

¿Mis gachas? Sí, tus gachas.

Pues mañana te vas a ir a comer a la hospedería.

Pues a lo mejor voy. ¿Ah, sí?

So.

Me alegro de que no te hayas ido.

-¡Socorro!

¡Auxilio!

¡Socorro, ayuda!

(LEE) Querida Lucrecia,

no veo la hora de pasar esta noche contigo.

Te espero en el palacio de Aranjuez a las ocho en punto.

Atentamente tuyo. Felipe. (SUSPIRA)

-Señora,

disculpe, el camisón que quería.

Yo creo que ha encogido con el último lavado.

No, no. Catalina, está perfecto.

¡Y venga, muévete!

Mi tío me espera en el convento a las ocho y odia la impuntualidad.

Marta, ayúdala con el equipaje a ver

si puede estar para este año. -Sí.

Pues para ir a un convento a cuidar a cuidar

a un anciano no veo yo ese camisón muy propio.

-Oye, eso no es cosa tuya.

Anda, tira.

Ay, con la cría.

-Una misiva de su Majestad

para la marquesa. -Muy bien.

Señora. Sí.

-Le mandan una misiva de palacio real.

(SUSPIRA)

(LEE) Una indisposición me obliga a guardar cama.

Felipe IV, rey de las Españas.

Deshaced el equipaje.

Mi bata.

Puedes retirarte, Catalina. -Sí, señora.

Ah.

Me estoy aseando, Hernán.

Molestas.

¿Tanta necesidad de contemplación tienes?

Tengo esposa, Lucrecia.

No quieras compararte con una mujer más joven que tú.

(SUSPIRA)

(SUSPIRA)

Eh. ¿Qué te hace tanta gracia?

No hace nada, la vigilancia vio salir al rey camino de Aranjuez,

y no acompañado por su médico, precisamente,

sino por la hermosa Elvira de Sopeña.

¿Elvira de Sopeña?

¿Qué hace aquí?

Volvió de Rusia cuando se quedó viuda,

estará desolada.

Sin duda busca el consuelo real.

Hernán,

los chismes son propios de gente vulgar.

Por eso a ti te gustan tanto.

Lucrecia.

¡Catalina!

¡Catalina!

-¡Señora!

Mañana ofreceré una cacería en honor a Elvira de Sopeña.

-Perdone, señora, ¿mañana? Sí, mañana, el día después de hoy.

La Condesa tendrá una bienvenida inolvidable.

-Sí, señora. Con su permiso.

Toma.

Creo que esto te servirá.

-¿Qué ha pasado?

Nada, que estaba pescando, resbaló y...

Se cayó al río. -Pues anda,

que te llega a pasar en alta mar y no lo cuentas.

Ya. Eh...

¿Me ayudas a dar de beber a los caballos?

-Ah.

(SUSPIRA)

-No soy hombre ni para matarme.

Cuando estaba allí abajo

quise salir del agua a toda costa.

Cipri, lo valiente es seguir vivo.

Mira, lo mejor que puedes hacer ahora es acostarte.

Ya verás cómo mañana lo ves todo mucho más claro.

-No, Gonzalo.

Mañana seguiré siendo un mierda sin trabajo

y sin nada que hacer en esta vida.

No, Cipri. Confía en mí.

Acuéstate. Ahora mismo te llevo algo caliente

para que hagas cuerpo, ya verás cómo te sienta bien.

-No me apetece comer.

(LLORA) En realidad

yo ni siquiera quiero respirar.

(LLORA)

Déjame... Déjame ser tu criado, por favor.

Cipri, eso no puede ser.

Tú ya tienes un oficio, eres posadero.

-Por favor, Gonzalo, yo...

Necesito sentir que soy capaz de ganarme la vida.

Sentir que...

Podría alimentar una familia, por favor.

Mira, Cipri, escucha. (LLORA)

Encontraremos algo, yo te ayudaré.

Mientras tanto sabes que aquí no te va a faltar ni comida ni cama.

Cipri, soy tu amigo,

no tu amo. -¿Pero es que no lo entiendes?

No quiero limosna, quiero trabajar.

Quiero ganarme las cosas por mí mismo.

Lo necesito.

(LLORA)

-También necesitaría un traje de caza

y otro de gala. -Ajá.

-Ah, y un par de calzas,

que siempre he querido tener yo

un par de mudas para poder cambiarme.

-No se preocupe. Dos y dos.

Y como veo que tela va a sobrar...

-Sí. -Me hace usted un traje de infante.

-No para mí, para el hijo de mi antiguo amo.

-Dos con uno.

-¡Ah! Oh, déjeme, hombre, ya.

Si eso, lo sostengo yo.

-Tres. -Esto más que oficio,

es más bien vicio.

-Sí hombre, ¡ahora la otra! ¡Pues digo yo que medirán lo mismo!

-O no.

-Hala, fin de fiesta.

Habrase visto el tío cerdo.

-Ya veo que vas conociendo al servicio poco a poco.

¿Cómo vas con tu nueva vida?

-Va todo bien, señor.

Bueno, todo bien menos el sastre

que me ha manoseado ahí toda la cordillera.

(RÍE)

-Escúchame, Sátur.

Mañana vamos a tener

una reunión de alto nivel

en este mismo salón.

-Ah, muy bien.

Pues mañana aquí estaré, como un clavo.

-Precisamente quería decirte

que no puedes estar presente.

Hablaremos de asuntos militares

totalmente confidenciales.

-Ah, ya.

Claro, esas cosas tan importantes no son de mi competencia.

-Así es. -Ah.

Verá, señor.

Yo sé que es complicado confiara así plenamente

en alguien tan rápido, pero...

Es que a mí me gustaría serle útil.

Chis, y yo sé guardar un secreto, o sea que no...

-Está bien, vendrás conmigo. (RÍE)

-Pero con una condición. -Ajá.

-Escuchar y callar.

-Y... Perdón, señor.

¿Podría usted avanzarme algo? Más que para...

Para entrar yo así ya en materia y... ¿Eh?

-Vamos a intentar, de una vez por todas

acabar con la guerra de Portugal.

Pero recuerda,

todo lo que se hable dentro de estas paredes

aquí se debe quedar

y la traición se paga con la muerte.

-Seré una tumba.

-¿A qué hora crees que empezó a navegar Colón?

-¿Quién era Colón?

-Pues nos los explicó padre el otro día en clase.

Descubrió América.

Mira, siendo un poco mayor que yo mi padre se fue a Asia

y tu padre trabaja para el rey y Sátur...

Sátur trabaja para el Duque de Alba, ¿y yo qué?

Si no me muevo de aquí no voy a llegar a nada.

-Bueno, vamos bastante al río.

-Pero es que no me refiero a eso, Gabi.

Yo quiero llegar a ser un gran marino,

recorrer océanos, descubrir nuevas tierras

y cuando llegue aquí seré un héroe para todo el mundo.

-Yo también quiero ser un héroe.

Están reclutando soldados para una expedición naval

que va a ir desde Vigo hasta Portugal

y buscan grumetes.

Podemos enrolarnos.

(RÍE) -Vale.

Pero, Alonso, nuestro padres no nos van a dejar ir.

-¿Y a ti quién te ha dicho que vayamos a pedir permiso?

Nos vamos sin decir nada y ya está.

-¡Sebastián!

¿Qué?

Anda, tira a la sala de armas a revisar los arcabuces.

¿Qué te crees que van a matar

a las codornices a pedradas? ¡Tira!

¡Marta, por Dios! ¿Cuántas veces te tengo que decir

que las cosas de grasa se ponen abajo?

¡Que si no lo gotean todo luego y lo dejan perdido!

Hombre, ya.

Ay, cariño. Perdóname.

Hija, a la marquesa le podía dar por organizar

algo sencillico, una merienda tranquila, pero no,

tiene que ser una cacería y lo dice de la noche a la mañana.

Joder.

-¿Será verdad que Elvira de Sopeña es la mujer más hermosa de...

Toda Europa?

Pues eso parece, porque dicen que es mirarla

los hombres y los deja embelesados.

¿Ya están listas las empanadas de perdiz?

-Sí, señora. Están en las cestas.

¿Busca algo, señora?

Las cestas, Catalina.

¿A qué esperas para sacarlas? -Ah, ¡Marta!

Vamos. Con permiso, señora.

Coge esa.

Señora.

¡Por Dios, Catalina!

Voy a tener que ponerte un cascabel para saber dónde vas.

-Señora, perdone. Venía por si precisaba mi ayuda.

Tan sólo voy a ver si están cepillados los caballos.

-La acompaño. ¡No hace falta, Catalina, y deja

de seguirme a todas partes, que eres mi sombra!

-Es que el mozo de cuadra, últimamente anda muy despistado.

Seguro que estará todo mangas por hombro. Déjeme que la acompañe.

No seas insolente, he dicho que no.

-Está bonica esta mañana.

¡Marta!

¡Marta!

Ladrido.

No cebéis demasiado la hoguera.

Quiero que esos muertos de hambre ardan lentamente.

Que todo el mundo aprenda lo que supone

robar en los jardines del rey.

Me reuniré con vosotros en una hora.

-¿Nos va a abandonar, comisario?

En una hora se puede cazar bastante.

-Bueno, eso depende de la pericia del cazador.

Me subestimáis, Condesa.

-Señor comisario. Señora.

La señora marquesa ha sufrido un desvanecimiento

y no va a poder venir a la cacería.

¿Pero se encuentra bien? -Sí, señor.

Nos hemos dado un gran susto

cuando ha caído ahí en los jardines,

pero gracias a Dios ha sido sólo un golpe de calor.

Quizá deberíamos suspender la cacería.

-¡No, señor, bajo ningún concepto!

La señora ha ordenado que, por favor, sigan disfrutando

de la cacería y ella se unirá en el almuerzo.

Catalina.

-Señor comisario, con permiso. Señora.

Condesa,

Relincho. ahí tenéis vuestro caballo.

-Espero que se tranquilice tras los primeros pasos.

Estoy seguro de que sí.

Tengo entendido que sois una excelente amazona.

-¿Ah, sí? Vuestra fama os precede,

pero dejadme que sea yo primero el que lo monte.

Quizá haya visto alguna yegua y eso lo tenga tenso.

Mis espuelas lo enderezarán.

(RELINCHA)

-Llevamos

mucho tiempo

y demasiados muertos

intentando vencer a los portugueses.

Las tropas están desmoralizadas,

hay que cambiar la estrategia,

engañar al enemigo. Almirante.

-Señor.

Haremos creer al alto mando portugués

que preparamos un ataque marítimo con todas nuestras tropas.

-Cuando les llegue el falso informe

los portugueses

pondrán los batallones

frente a nosotros,

momento que aprovecharemos

para cruzar la frontera sin ningún problema.

-Sin tiempo para reaccionar,

los portugueses descubrirán, entonces que,

en lugar de todos nuestros navíos,

sólo llega un galeón apenas armado.

-Pero entonces...

Quiere decir que estos hombres no saben que van a una muerte segura.

-¿A quién ha contratado? ¿A una monja de la caridad?

(RÍEN)

-Ha sido todo por hoy, caballeros.

-Suéltame, que no soy ningún ladrón.

¡Sátur! Sátur, dile que me suelte.

-Pero Alonsillo, ¿qué haces aquí? ¡Suéltalo que lo conozco!

-Nada, que... Que quería estar un rato contigo.

-Ya, pero para venir aquí, Alonsillo,

tienes que anunciarte, que yo estoy muy ocupado.

-Anunciarme. -Anunciarte, sí.

-¿Que tengo que pedir cita

para verte? -Claro.

-Sátur, ¡que soy yo!

Y otro día no voy a poder venir.

-¿Pero por qué no vas a poder venir otro día?

Si te anuncias puedes venir cuando quieras.

Señor, el Duque reclama su presencia.

-Tengo que dejarte, Alonsillo. -Pero Sátur.

-Dele cita.

Si es que no puedo ahora.

(SUSPIRA)

-¡Uh!

(RÍE)

(SUSPIRA)

-¡Señora marquesa!

¡Señora, un accidente!

Puerta. Adelante.

-Señora, ha pasado algo horrible. ¿Qué ha ocurrido?

-El caballo de doña Elvira se encabritó.

Dime que no ha muerto.

-No, señora. ¡Hernán!

-Pónganlo ahí. -El caballo estaba nervioso,

se subió para calmarlo y lo tiró al suelo.

Llamar al doctor, rápido. -Sí, señorita.

Vamos, vamos. Hay que avisar al doctor.

Hernán, Hernán, ¿me oyes?

-Vamos. No reacciona. Lo hará, tiene que hacerlo.

-Señora.

Señora, tome. Sigue respirando.

Hernán, respira, respira.

Uh.

Uh. Eso es, eso es, eso es.

Eso es.

¿Te encuentras bien? ¿Puedes moverte?

Estoy perfectamente. -¿Seguro?

Quizá es mejor que esperes al médico.

¿Acaso estás sorda, Irene?

¡He dicho que estoy bien!

Sólo ha sido una inoportuna caída del caballo,

no veo a qué viene tanto drama.

¿A dónde vas, Hernán?

Tengo mucho trabajo.

-Por favor, clemencia, señor.

Clemencia, por favor, señor.

Que se calle de una vez, quemadlos.

Llanto. -Sí, señor.

-¡Por favor!

-¡Esto es lo que pasa

por robar al rey de las Españas!

-Por favor, clemencia. (LLORA)

-Ah.

Uh, uh.

(TOSE)

(BALBUCEA)

(LLORA)

-¡Ah!

¡Ah, ah!

-¡Oh!

-¡Oh!

-¡Uh! ¡Ah!

-¡Ah!

¡Oh, ah!

¡Ah, ah!

Uh, ¡ah!

¡Ah!

¡Ah!

¡Ah!

¡Ah!

¡Oh, ah! -¡Ah!

¡Uh, ah!

¡Ah!

Disparo.

-¡No! No.

No, no, no.

No, no. (LLORA)

¡No!

¿Buscas a alguien?

Sí, a un ladrón.

¿Te puedes creer que estaba recogiendo la ropa del tendedero

y se han llevado dos camisas de Alonso?

Margarita,

a lo mejor se las ha llevado Alonso.

¿Se lo has preguntado?

No, si no lo he visto.

Si cuando yo entro, él sale.

Si es que está rarísimo.

Eso es porque echa de menos a Sátur,

pero tendrá que acostumbrarse.

Acostumbrarse.

Desde luego cómo sois los hombres, ¿eh?

El tiempo lo cura todo, ¿verdad?

Mientras se solucione sólo y no tengáis que intervenir.

Pues mira, yo había pensado que mañana podríamos ir al campo

y así hablo con él.

Pues sí, podíamos ir los tres al campo.

Bien. Bueno, tú, tu novia y él, claro.

-Tira. Sátur.

-La puerta, la puerta.

Buenas.

Qué mareo, madre.

(RÍE)

Aquí he venido a traerles unos detallitos.

(RÍE) Señora,

para usted pezoncillos de monja. Oh.

-Las señoras de la alcurnia se los comen a bocados.

Le van a encantar.

Uh, gracias. -Y al chiquillo le he traído,

pues le he traído...

Una bandurria. (RÍE)

Una bandurria.

-Una bandurria, sí. Usted siempre

dice que tiene que aprender cosas nuevas

y la música no me la tiene muy trabajada, así que...

Bandurria. Una bandurria.

¿Está en casa? No.

Debe de andar con sus amigos.

-Otro como mi Gabi

que he ido y tampoco estaba.

Yo que le llevaba un potrillo...

Pues allí se lo he dejado.

Bueno, Sátur, me alegro mucho de verte, ¿eh? ¿Te veo luego?

-Sí, muy bien. ¡La bandurria! No se le olvide.

Y tenga cuidado, que es delicado. Sí.

-Y no crea que me he olvidado de usted.

Le he mandado grabar una escribanía en lápiz lazulí.

Sátur, no tenías por qué traernos nada.

-¡Eh!

Si ya lo sé,

nada más que me apetecía hacerlo.

Y no me llames amo,

ya no lo soy.

-Pues tiene usted razón, es la falta de costumbre.

Fíjese que me dicen: ¿Quiere usted vino?

Y casi me levanto de un salto para servírmelo yo mismo.

-Hasta luego. -Hasta más ver.

El hijo mayor del panadero. -Sí. Cómo ha crecido.

Ahí está.

Y se ha enrolado para una expedición naval.

-¿Una expedición naval, ha dicho?

Sí.

-¿No irá a enrolarse a Vigo?

Sí.

¿Por?

-No, por nada.

-¿Ve algo, comisario?

Repito lo mismo que le he dicho hace cinco segundos.

Sigo sin ver nada.

¡Déjeme en paz!

Ni siquiera fue capaz de salvar la vida de mi hijo.

-La conmoción ha sido enrome.

Sólo podemos esperar a ver cómo evoluciona.

¿Eso qué significa, Juan?

¿Se puede quedar ciego?

-Es posible.

-Le acompaño, doctor.

-Marquesa.

Bueno,

pues ya has escuchado al doctor,

te vas a recuperar.

No ha dicho eso, Lucrecia.

Estoy ciego, pero no sordo.

Más vale que me acostumbre a la nueva vida que me espera.

No digas eso, Hernán.

Te ayudaré en todo lo que necesites.

No quiero tu ayuda ni la de nadie.

Eminencia.

-Lucrecia.

Vengo a interesarme por el estado del comisario, ¿cómo se encuentra?

Debe guardar reposo.

Si tiene algo que preguntar, pregúntemelo a mí, Eminencia.

No soy un jarrón.

-Hubiera sido preferible.

He sabido del espectáculo que habéis organizado.

Le aseguro que no volverá a suceder.

-No, desde luego que no.

He dispuesto todo para que seáis relevado

de vuestro cargo.

Hernán no necesita ningún sustituto.

Podría intentar hacer su trabajo.

-¿Cómo?

Dime, Lucrecia, cómo un hombre que no es capaz de distinguir

entre una letrina y el salón del trono,

puede desempeñar el cargo de comisario de la villa.

Pronto sabréis el nombre de vuestro sustituto.

Lucrecia. Eminencia.

-¿No está a su gusto, señor?

-¿A mi gusto? -Sí.

-Sí, claro.

Lo que pasa es que estoy esperando a los demás.

-Esto es sólo para usted.

-Sí, bueno...

Lo que quería decir es que estaba esperando a los demás platos.

Pero como ya veo que ha traído usted todo, pues...

No se hable más. -Perfecto, señor.

-Uh.

-Su Majestad,

el rey Felipe IV.

-Majestad.

Si gustáis.

-No, gracias.

-¿Y la infanta, bien?

-Muy bien.

¿Y tú eres?

Saturno. Saturno García. Saturno de García, soy...

Consejero del rey. Digo...

Del Duque, que está aquí presente.

-Majestad. -Majestad.

-Siento haberos hecho esperar,

pero no sabía que veníais a verme.

Podía haber ido yo.

-Pasaba de camino.

He estado valorando el plan de ataque a Portugal

y he decidido que seas tú

quien encabece la ofensiva terrestre.

-Es un honor, Majestad.

-Partiréis mañana. -Cuando decidáis, Majestad.

-Decidle a los criados que preparen todo.

-Enseguida, Señor, estará todo dispuesto.

-Que preparen lo tuyo también, vendrás conmigo.

-Sí, vas a estar en un espectáculo grandioso,

el fin de la guerra con Portugal, un hecho histórico.

-Ya.

Puede que para nosotros lo sea,

los que van en el galeón no creo que lo cuenten nunca.

-Eres un hombre afortunado.

Quejidos.

-Dicen que está ciego.

¡Ah, ah!

-No le esperábamos.

¿Y mi despacho? Habrá mucho trabajo.

-¿Pero va a seguir en el puesto?

Nos dijeron que vendría un sustituto.

¿Se ha incorporado ya? -No, señor.

¡Pues entonces sigo siendo el comisario de la villa!

-Déjeme que le acompañe

a su despacho. ¡Suéltamela!

No se te ocurra volver a hacer eso en tu vida.

¿Con quién me has confundido, con tu madre?

-No, señor.

Ya me lo parecía.

Ahora vete

y di al cochero que venga dentro de una hora.

-Sí, señor.

-¿Un potrillo?

¿Te ha regalado un potrillo?

Pues no te lo puedes llevar, Gabi,

Esta noche hay que llegar a Lozoya para reunirnos con otros reclutas.

-Lo sé.

-Pero mira que es mala suerte que me lo regalara justo hoy.

¿Tú crees que nos darán una cruz

de soldados cuando lleguemos a Vigo?

-Gabi, que no somos soldados, que somos grumetes.

-Venga, y ahora ve a decirle a tu madre que duermes aquí.

Yo diré que duermo contigo, ¿vale? -Vale.

¿Has cogido todo? -Sí, mira.

La muda,

la mecha y el jabón.

Ah, espérate.

La espada.

-Pero si ahí nos van a dar armas, ¿para qué te la llevas?

-Porque me la regaló mi padre.

-Pues está desafilada.

-Ya.

Tengo que buscar algo para arreglarla.

¡Alonso! -¿Sí?

¡Eh! Acuérdate, esta noche a las diez en la Plaza Mayor,

¿vale? -Vale.

-Venga. -Hasta luego.

Hola, Gonzalo. Hola, Gabi.

Hijo, que había pensado que mañana podíamos ir al campo a comer.

-¿Eh? Que... No, es que he quedado con Gabi ya para dormir

y mañana vamos a ir a pescar.

Bueno, pues voy con vosotros.

Así de paso os enseño un sitio

que conozco que está lleno de truchas.

-Pero...

Bueno, es que...

Ya. Que prefieres irte sólo con tu amigo.

¿No?

No pasa nada.

Cómo estás creciendo, hijo.

-Que...

Tengo que ir a preparar los anzuelos.

Anda, ve.

-Gracias. (RÍE)

-¡Ay, ay, ay!

¡Eh!

(RELINCHAN)

¡Cochero,

no te he mandado parar!

-Uno de los caballos cojea, señor, nada más.

Pues quítale las riendas y sacrifícalo.

Un animal inválido no sirve para nada.

¡No oigo tu respuesta, cochero!

-¡A sus órdenes, señor!

¿Estás ahí, cochero?

¡Cochero! -Comisario, nos vamos de paseo.

¡Ah! Ah.

-Si de verdad que no me importa.

Ya vestía yo antes a mi antiguo amo.

-¿No era maestro?

-Sí. Sí, sí

pero era muy desganado,

y si no le ayudaba yo a vestirse iba...

Iba hecho un auténtico guiñapo. (RÍE)

Permítame, señor.

Y ahora que estamos hablando de obligaciones y deberes,

quisiera saber yo, por concretar,

cuáles son mis competencias exactamente.

-Eres mi consejero, quedamos en eso.

-Vale.

Entonces, ahora que ya tengo la completa seguridad

sobre mi cometido, quería decirle que,

ya que estamos hablando de la guerra,

la estrategia a seguir, para mí,

sería muy interesante comenzarla, a lo mejor...

-Ya tengo gente preparada para ello.

-Pero si me permite, a mí me gustaría también...

-¿Cuál es mejor, esta

o la más liviana?

-Quizá la más liviana. Si me per... -Pero si uso la más liviana...

Eh... Debería llevar ese gorrión.

-Sí.

Perdóneme, señor, pero más que un consejero...

Un consejero, sí, pero de moda.

Usted, ¿por qué me ha traído aquí? -Porque me salvaste la vida.

-No, perdóneme pero usted me contrató porque yo era el único

que no le decía lo que quería oír.

Así que haciendo honor a mi cargo debo decirle...

Que lo que van a hacer con esos pobres soldados es...

Una auténtica canallada.

-La guerra, Sátur, es siempre una canallada.

Y esta no será ni la primera vez ni la última.

-Cipri, Cipri.

Ya lo tenemos; a la nueve en la herrería

-Así estaré.

-Cipri.

¿Qué? ¿Cómo ha ido tu primer día de trabajo?

-¿Ya te has enterado?

Yo, que era propietario,

que tenía mi propio negocio, y, ahora, mírame.

Un criado.

¿Te avergüenzas de mí? -¿Yo me voy a avergonzar?

Al contrario, ahora estamos a la par.

Además, ¿sabes que te digo? Que mejor.

No vaya a ser que pienses que te quería

solo porque eres un buen partido.

Oye, me ha dicho la novia de Gonzalo que ayer te caíste

al lago. ¿En qué estarías pensando?

-Me... Me resbalé.

-¿Te resbalaste? Para haberte matado.

Si te pasara algo, no sé que hago. -Catalina...

Tengo que contarte algo.

Tienes que saberlo.

Han cogido al comisario.

-¿Cómo que lo han cogido? -Lo tienen en una cueva.

Esta noche van a reunirse en la posa...

En la herrería para decidir qué hacer con él.

Quieren que pague por el daño que ha hecho.

Y yo voy a ir también.

-¿Qué dices, Cipri?

-Mira, Catalina,

cuando a uno le sale todo mal en la vida lo fácil es quitarse

de en medio, pero, ¿sabes qué?

A veces al que hay quitar de en medio es a otro.

-Cipri, por Dios, olvídalo. -No, ni hablar.

Sabes tan bien como yo a cuanta gente ha torturado

y matado ese hombre. -¿Y qué?

Si haces lo mismo que el comisario conseguirás convertirte

en alguien como él. -¿No lo ves?

No podemos dejar que siga destrozando vidas,

ni podemos ni debemos.

Sus hombres te violaron, Catalina.

¿Y qué hizo él? Nada.

¿O ya no te acuerdas?

-¿Crees que hay un solo día en mi vida

en que no me acuerde?

La vida es así, Cipri. Para la gente como nosotros

no existe la justicia. -Por eso tenemos que hacer algo.

Es hora de cambiar este mundo en que triunfan los violadores.

Llaman a la puerta.

Adelante.

-Señora, ¿me ha hecho llamar? ¿Dónde está el comisario?

-Le he dejado en su antigua casa,

dice que no quiere ser molestado. Pero si él vive aquí.

-Ordenó que quería estar solo, señora.

¿A dicho cuándo va a volver?

-Dijo que me haría llamar cuando necesitara

de mis servicios. Retírate.

(GRITA FURIOSA) ¡Aaah!

-¡Madre! ¿Qué ha pasado?

(LLORA) Nada. Ve a tu alcoba, Nuño.

-Madre, tú no puedes hacer nada.

(RESPIRA ACELERADA) No pienso dejarle así.

Va a volver a ver.

-Pero, madre, asúmelo, no hay esperanzas,

ya oíste al médico. ¡Hay más médicos, Nuño!

Eso es.

Le llevaré a Europa, a los mejores médicos,

los más caros, les daré de todo lo que me pidan.

Uno de ellos tendrá su curación.

-No, madre. El comisario no se va a dejar.

Le llevaré atado si hace falta.

(RESPIRA ACELERADA)

Pero, bueno, ¿qué estás cortándola o matándola?

Eh, qué conste que me ha mirado mal.

Preparando la cena. Le di la noche libre a Cipri,

tenía cosas que hacer. ¿Le has dejado solo?

Sí, pero está bien, no te preocupes.

Ay.

¿Qué? ¿Un día duro?

Y accidentado.

El comisario se ha caído del caballo.

¿Y está bien?

No ve, parece ser que va quedarse ciego.

No digo que me alegre por ello, pero no lloraré por él.

Ese hombre no es bueno.

¿Le contaste a Alonso lo de mañana?

Sí, pero al final no vamos.

Había quedado con Gabi.

Esta noche duerme en su casa y mañana van a pescar.

Al menos así se apoya en un amigo.

No, si me parece bien pero... Tú le has dicho que estás ahí

para ayudarle. Margarita.

No, no digo más.

Bueno, me voy a la cama que estoy muerta.

Buenas noches. Buenas noches.

¡Eh! ¿Y la cena?

Llevo más de dos horas matando zanahorias.

Creo que podré dormir sin tus guisos.

Ah. Gracias.

Buenas noches. Buenas noches.

Pasos.

-Parece que estamos todos.

-¿Cuál es el plan? ¿Dónde lo haremos?

-El Bosque de Nebrales está bien.

Al amanecer...

Cipri y tú sacáis al comisario de la cueva y lo lleváis al bosque.

-¿Nosotros?

¿Lo vamos a coger nosotros solos?

-No te preocupes, no puede ver, eso es una ventaja.

-Los demás os estaremos esperando allí.

-¿Y la marquesa? ¿No sospechará nada, verdad?

-Se ha quedado contenta con la explicación que le he dado.

Pero sabiendo como es esa zorra habrá que tener mucho cuidado.

-Señores...

Si no hay contratiempos tendremos el honor de acabar con la vida

del comisario antes de media mañana.

-No, no tenemos ninguna prisa.

No pienso para de torturarle hasta que ese desgraciado

pida perdón por todo lo que nos ha hecho.

-Si descubren lo que vamos a hacer mañana...

Nos matarán a todos.

Y también a la gente que queremos.

-Deberíamos relevar a los hombres que custodian la zona de la cueva.

Cipri, ve con él.

-Vamos.

-¡Padre! ¿No estabas en casa de Gabi?

-Sí... No, no, es que he escuchado que tienen al comisario

y que van a matarle mañana en el Bosque de Nebrales.

¿Dónde has escuchado eso? -En la herrería.

Alonso, espera, ¿viste quiénes eran?

-Sí, eran Cipri, el herrero y toros hombres.

Campanadas. Está bien.

Anda, que te están esperando.

-Esta noche a la diez en la plaza Mayor, ¿vale?

-Vale. Hasta luego. -Venga.

Campanadas.

Chis, ah...

Hijo.

Eh, no pasa nada, no te preocupes. Son buena gente,

lo único es que están un poco alterados.

-Vale. Anda, ve y pásalo bien.

-Vale. Adiós, padre. Adiós, hijo, venga.

Pásalo bien.

Golpean en la puerta.

-Chis.

-Buenas noches, maestro, ¿en qué puedo servirte?

¿Puedo entrar? -Si no le importa me iba a ir

a la cama. Hablamos mañana. No, mañana no, ¡ahora!

Lo que vais a hacer es un error.

-¿Pero a ti quién te ha dado vela...?

¿Qué te importa lo que hagamos con el comisario?

Matar a alguien que está impedido es una crueldad.

-Eso a él no le hubiera detenido, ¿por qué lo defiendes?

Ese hombre ya ha pagado suficiente, está ciego.

Y hace poco perdió a su hijo. ¿Qué más queréis?

-No hagáis caso de sus palabrerías, es maestro y sabe hablar.

Intentas confundirnos. No.

-Mañana morirá.

No pienso permitirlo.

¡Ah!

Canto de un gallo.

-Vamos.

-Ah, ¿pero sigues aquí?

-Sí, señor.

¿Dónde quería usted que estuviera?

-Después de las conversaciones que tuvimos ayer

esperaba una carta de dimisión.

-No, señor, si algo aprendí de mi antiguo amo fue

que por muy encontrado que esté uno con su señor,

a éste siempre se le debe lealtad y respeto.

-Tu amo te enseñó muy bien.

-Sí. Me enseñó a tener conciencia.

Esa jodida, que le hace a uno imposible conciliar el sueño.

Porque, ¿cómo hace usted para dormir por las noches?

-Llevo años sin dormir.

-Disculpe que llegue tan temprano, pero necesito

que firme la partida de armas para la ofensiva terrestre.

-Gracias.

Y en Vigo,

¿está todo preparado?

-Sí, señor, el barco espera a los reclutas.

Aquí están todos los detallen,

incluidos los nombres de los alistados.

Pasos. -Señor.

Reclaman su presencia.

-Salimos en un par de horas.

(LEE) -Manuel Lasso Orcajo.

Pedro Pareja Niño.

Julián Escudero Burgos.

Juan Trinidad Pugalde.

-Señor, disculpe.

Tiene que elegir el caballo y las cuadras.

-Sí, vale, ya voy.

Todos muertos.

No, ese vestido no, Marta. Voy a visitar a varios

especialistas no de fiesta a París.

-No, como siempre usted va tan...

Tan así, de elegante. Eh... ¿Qué ropa le pongo

al comisario; de invierno o de verano?

Métele todo.

-Me acabo de enterar que estás organizando un viaje.

Están todos, perfecto.

-Deberías haberme informado de que pensabas llevar

a mi marido a visitar médicos.

No era necesario, querida, tú no vas a venir.

-Yo sí que voy a ir.

¿Cómo?

-Soy yo su mujer y soy yo la que debo ir.

Irene, perdiste todos tus derechos al acostarte con el jardinero.

(SUSURRA) -Tú te acuestas con todos y tienes todos los derechos.

Las fiebres por la pérdida de tu hijo te han afectado,

demasiado, querida.

-Voy a preparar mis baúles.

-Señora,

cuando usted quiera la visto.

(LLORA)

¿Y si después de todo no vuelve a ver?

-No digas esas cosas, señora.

Da igual.

Pase lo que pase lo importante es que está vivo.

(LLORA)

¿Qué te pasa, Catalina?

-Aunque no lo crea, señora...

Lo que a usted le duele, me duele a mí también.

¿Qué pasa?

-Perdona, que se me ha caído el peine.

¿Qué hora es? -Las siete.

¡Oh, Dios mío!

Por un día que entraba más tarde, aparece.

En fin.

-Margarita, ¿sabes si Gonzalo

tenía que hacer algo ayer por la noche?

No, ¿por qué me lo preguntas a mí?

-Fui a su cuarto porque... Claudia, lo que hagas con Gonzalo

es asunto vuestro. A mí no me importa.

-Quiero decir que anoche fui a su cuarto y no estaba.

He vuelto a ir por la mañana y tampoco está.

Pues se habrá levantado temprano.

Pero eso deberías saberlo tú, para eso eres su novia, ¿no?

-¿Por qué te caigo tan mal?

¿Por qué deberías caerme bien?

¿Eh?

No sé donde está Gonzalo.

Ah.

-Lleva tiempo sin moverse. -¿No estará muerto?

-No, le hemos dado bien para que se calme.

Pero estará en plena forma para su gran día.

-¡Cipri!

-¡So! -¡Cipri!

Relincho de caballos.

-Catalina, ¿qué pasa?

¿Qué haces aquí?

¿Qué haces aquí?

-No puedo permitir lo que vais a hacer.

-¿Para qué se lo contaste? -Vuelve a casa,

no empeores las cosas. -¿Ves porqué las mujeres

no pueden entrar? Se ablandan.

-No lo hagáis, por Dios.

-Apártate o te paso por encima. -Catalina, por Dios,

quítate de en medio. -Encárgate tú de ella.

-Cipri...

Cipri, no puedes hacerlo.

-Estoy harto de ser el gallina que esconde la cabeza.

Quiero dejar de sentirme cobarde, necesito vengarme.

-Pero, vamos a ver, ¿qué te pasa? Valor y rabia no son la misma cosa,

Cipri. -¿Y qué quieres que haga?

¿Poner la otra mejilla otra vez?

-Pues sí, nosotros seremos unos muertos de hambre

pero sabemos perdonar.

-No, Catalina...

Yo soy peor que tú.

Yo no puedo. -Cipri, no te puedo dejar

que lo hagas. -Si quieres pararlo llama

a la guardia, pero me condenarás a mí y todos los vecinos.

(LLORA) -Cipri, por favor.

Campanadas.

(LEE DESPACIO) -Me despido de usted por carta.

Adiós. Me voy a la guerra.

Gracias por todo.

Un cordial saludo,

Sátur.

¡Qué leches!

Amo, va a pensar usted que estoy mal de la cabeza,

pero creo que me he equivocado cogiendo este trabajo.

Me estoy convirtiendo en cómplice de algo

que no me deja vivir tranquilo conmigo mismo.

Dicen que beneficia a nuestro reino,

pero yo sé que no está bien.

Ojalá no me hubiera usted inculcado usted esos valores suyos,

que solo me están complicando la vida.

De todas formas, sé que no hay marcha atrás;

esta tarde parto a la guerra con mi señor.

Adiós.

Sátur.

-Señora, traigo su comida.

Tírala, no tengo apetito.

-Sí. ¿Sabemos algo del comisario?

-No, señora, no ha llegado aún.

Iré a buscarle a su casa.

No, mejor vamos a esperar. -Mucho mejor, señora.

Porque imagine que mientras usted va, él vuelve

y se cruzan y no se ven.

Me abruma tanta inteligencia. -Gracias, señora.

-Madre. ¡Hijo!

Has traído todo el campo aquí dentro.

-Madre, no fue un accidente. Iba a sacrificar al caballo

que tiró al comisario...

Y he encontrado esto entre la montura y el fango.

Te dije que yo me encargaba de sacrificar al caballo.

-¿Qué importa eso ahora? Intentaron matar al comisario,

tenemos que informarle de esto. Nuño, tranquilo.

Estas cosas hay que hacerlas sin precipitarse, yo me encargo.

-No, madre. Tenemos que encontrar al culpable.

Y yo me encargo de matarlo. Te he dicho que me ocupo yo.

Por fin, apareces.

Una de las lazadas de la capa está suelta.

-Sí, señora. Y tú, cámbiate de ropa,

ese olor a cuadras me está dando nauseas.

Vamos.

No te entretengas, Margarita, la quiero lista ya.

-Ay, Margarita, te estaba buscando.

¿Qué haces por aquí? ¡Qué alegría!

-El rey le ha hecho un encargo a mi marido y nos tenemos

que ir a Ciudad Real, ¿se podría quedar Gabi un día más?

¿Con nosotros? Pero si estaban en tu casa.

¡Ah!

¡Ah!

Campanadas.

-Vamos, vamos. Vamos.

-¡Arriba! -Venga, venga.

Campanadas. -¡Levántalo!

-Levanta. -Venga.

Vamos. -¡Arriba!

-Venga. -Atadlo.

-Ponlo aquí.

-Vas a pagar por tantos años de sufrimiento.

¡Ah!

-Esto es por lo que le hiciste a mi mujer.

(GRITA) ¡Aaah!

-Y esto... Esto por lo que me hiciste.

(GRITA) ¡Aaah!

Aseguraos de matarme porque si no yo no tendré piedad.

-Tus hombres violaron a mi hija y tú lo permitiste.

(GRITA) ¡Aaah!

-Vamos. Vamos, es tu turno.

-Es tu oportunidad, venga.

-Voy a vengar la muerte de mi hermano.

Estruendo.

¡Soltadlo!

-No lo te puedes llevar, merece morir.

¡Ya basta! No sois asesinos.

-Déjalo.

Jaleo.

-No está en el río.

Tampoco están en el camino del Pardo.

Suelen jugar allí pero nadie los vio.

Quédate en casa, buscaré a Estuarda, a ver si sabe algo.

Claudia... Hola.

¿Qué haces fuera de casa?

-Tu hijo ha desaparecido, no durmió en casa de Gabi.

(RECUERDA) -No, es que he quedado con Gabi

para dormir. Si cuando yo entro, él sale.

Alonso se ha ido.

Relincho de caballos.

-¿Qué? ¿Han ido a preguntar por mí?

-No, señor. -¿Estás seguro?

¿No fue nadie con el nombre de Gonzalo de Montalvo?

-Ningún Gonzalo de Montalvo. -¿Preguntaste en todas

las puertas del palacio? -Sí, nadie fue a buscarle.

-Anda, vuelve y pregunta otra vez, corre.

-Señor, con todos mis respetos, es la segunda vez que me manda.

¿Cuándo piensa salir? El duque partió hace horas.

-Sí, claro...

Tendría que salir ya, ¿no?

Puedes retirarte.

A ver si para más INRI me van a conocer por...

Ser el primero en llegar tarde a la guerra.

(EL CABALLO RELINCHA) -¡Ah!

Dios, me cago en mi alma.

Joder, con la coracita.

(LEE) Alonso del Montalvo.

Gabi del...

Gonzalo, seguro que es una chiquillada, no te preocupes.

No, falta su espada.

¿Para qué quiere la espada? (SÁTUR) ¡Amo!

(RESPIRA ACELERADO) Amo... Alonso y Gabi,

que van derechitos a la muerte.

¿Dónde están? -Esta es la lista de reclutas

que se han enrolado para la expedición naval.

Y todo es un ardid militar secreto. Van todos derechitos a la muerte,

amo, y los críos van para allí.

¿De dónde sale la expedición? -Del centro de Lozoya

para ir luego a Vigo. Nos llevan

varias leguas de distancia. ¡Vamos!

-¡Eres un traidor!

Has avisado al Águila Roja.

-¿Y a estos, qué les pasa?

Por favor, tenemos prisa, dejadnos pasar.

-Vas a aprender cual es el bando correcto.

Jaleo. ¡Ah!

¡Ah!

-¿Quiere probar mi toledana? Vamos, fuera de aquí.

¡Fuera! ¡Sátur! Vamos.

-¿Qué pasa aquí, amo? ¿Qué está pasando?

Por defender a ese indeseable se ha enemistado

con media villa. Vamos.

Cuando estés un poco más recuperado nos vamos Europa.

He contactado con par de médicos.

Volverás a ser el de siempre, Hernán.

(SUSURRA) Y los que te hicieron esto pagarán por ello.

Lucrecia... Di.

Si no te importa, me gustaría descansar.

Claro.

Puerta.

(RESPIRA FUERTE)

Golpe de la copa con el suelo.

(RESPIRA ANGUSTIADO)

¡Hernán!

Cristales rotos.

-Alonso, ¿cuántos hombres habrá que matar

para que te den una medalla? -No sé. Muchos, supongo.

-Pues mira, por si los soldados necesitan nuestra ayuda.

-¿De dónde has sacado eso? -Se lo cogí a mi padre.

-No hagas eso, que es peligroso.

Suelta eso que no es un juego.

(AMBOS) Sátur. Sátur, ¿estás bien?

-Sí, amo, sí.

Si no llega a ser por el armatoste este...

Le estoy dando cuentas a San Pedro.

-¿Seguro que estás bien? -¡Que sí!

Los que no vais a estar bien sois vosotros dos.

¿En qué estabais pensando para enrolaros en ese galeón?

Alonso, Gabi, a casa.

Allí hablaremos. -No...

Mi sueño es ser marino y está ahí. La guerra no es sitio

para conseguir ningún sueño

-Siempre me hablabas de tus maravillosos viajes.

De todo lo que viste y aprendiste. Y yo también quiero hacerlo.

Así que voy a ir.

-Y yo. -¡Vas a ir ni vas a ir!

¿Sabéis que es lo que quieren hacer con ese barco

en el que queréis embarcar? Lo van a reventar con todos

los tripulantes dentro. -Pero...

-Ese barco es un señuelo, Alonsillo.

Los tiburones se pondrán las botas cuando lo hundan los portugueses.

Alonso, Gabi, a casa.

¡Venga! -Vamos.

Uno y otro... Ya hablaremos.

¡Vamos!

A estos no les quedarán ganas de aventuras

hasta que cumplan los 40, ya verá.

Sátur, voy a decirles a esos hombres la verdad.

-No, no puede, es un secreto de Estado.

Anda que no tragué yo sapos para no irme de la lengua.

Además, que si dice algo; la estrategia del duque

se irá al garete. Pero esos hombres

tienen derecho a saber la verdad. Muchos elegirán morir

por su patria pero nadie puede decidir por ellos.

-¿Cómo hace usted para tenerlo todo tan claro?

Que a mí se me pone un muro en la frente

que no se lo salta un torero.

(SUSPIRA)

Bueno, yo tengo que alcanzar al duque,

que debe estar llegando ya a Burgos.

¿Estás bien?

-No, amo, no estoy bien.

Si es que esto no merece la pena.

Me cago en lo honores sin pasar a la historia...

Si es que la fama está sobrevalorada, se lo digo yo.

Vuelve con nosotros.

-Ya.

Eso intentaré, pero ya sabe como son las guerras;

se sabe los que van

pero los... No, Sátur,

me refiero que vuelvas con nosotros ahora...

A casa.

-No sabe usted lo que estaba deseando escuchar esas palabras.

(GRITA CONTENTO) ¡Hala! (AMBOS RÍEN)

-¿Quién ha podido hacer todo esto?

-No fue un accidente.

Alguien puso una aguja al caballo para que se encabritara.

Acabas de darme la única razón

por la que merece la pena seguir vivo.

Gritos. Hombres que se comen a otros.

-Caníbales en el Bosque de la Villa.

-Se nota: es vuestra primera Fiesta de la Cosecha.

¡Ojo! A esta noche la llaman la de las preñadas.

-¿Quién es usted? -Soy Fernando de Medina,

el nuevo comisario.

Mañana es la Fiesta de la Cosecha y se celebra en la pradera,

junto al bosque.

-Este enlace matrimonial asegura la continuidad

de la Casa de Austria.

-El miedo no es necesario si se reparte justicia.

Le deseo suerte, pensando así; la necesitará.

-Por el bien de todos será mejor que asumas que yo también

trabajo aquí. -Será mejor

que te vayas de aquí cuanto antes. Reúne a los mozos de la cuadra;

para encontrar y matar al que me dejó así.

(GRITA) -¡Ah! (EL CABALLO RELINCHA)

-Hemos buscado en cada rincón de palacio

y la infanta no está; ha desaparecido.

Águila Roja - T4 - Capítulo 50

16 ene 2012

Los celos de la Marquesa desencadenan acontecimientos inesperados cuyas consecuencias afectan gravemente al Comisario, que es relevado de su cargo. Varios hombres que fueron víctimas de sus injusticias aprovecharán la situación para vengarse de él. Águila Roja deberá intervenir para salvar nuevamente a su hermano.

 

Satur comienza a acostumbrarse a su nueva y acomodada vida al servicio del Duque de Alba, interpretado por Álvaro de Luna. Pero su situación se complica cuando éste le confía un delicado secreto militar. La conciencia del antiguo escudero de Águila Roja se remueve al conocer las decisiones de los nobles españoles.

 

Mientras, Alonso y su amigo Gabi deciden enrolarse como grumetes en una importante expedición con la que España planea ganar la guerra a Portugal. Los niños planean marcharse en busca de aventuras a espaldas de sus padres. Gonzalo y Satur ignoran que los chavales van hacia una muerte segura.

 

ver más sobre "Águila Roja - T4 - Capítulo 50 " ver menos sobre "Águila Roja - T4 - Capítulo 50 "

Los últimos 1.509 programas de Águila Roja

  • Ver Miniaturas Ver Miniaturas
  • Ver Listado Ver Listado
Buscar por:
Por fechas
Por tipo
Todos los vídeos y audios

Añadir comentario ↓

  1. PILAR

    Por favor a rtve tantos programas inutiles y una serie que vale la pena, hacer lo posible porque continuemos disfrutando de ella. No permitais que se quede en el olvido

    13 nov 2012
  2. Vanesa

    Es una verdadera lástima que hayan dejado de rodar/emitir esta fantástica serie. Imagino que su producción es demasiado costosa para los ingresos que puede llegar a recibir, pero a poco que se pueda, estaría bien hacer el esfuerzo, ya que existen pocas series que a la par que entretenida, sean tan educativas a nivel histórico y cuiden tanto los detalles. Felicidades por la serie, y esperamos que nuestro héroe favorito vuelva pronto a las pantallas.

    03 oct 2012
  3. Rosae

    La verdad es que si, a la Cruz deberían de darla de baja ya porque vaya si es mala actuando (e inutil en la serie) y el Alonsillo me tiene también un poco harta, nada más da problemas el niño, siempre igual ... Como lo de Gonzalo y Margarita, como lo de Floro, como lo del comisario con su "hermana" (o al menos eso nos hicieron pensar antes) en fin.... Que hay muchas cosas que deberían resolver los guionistas y no a la ligera!

    10 may 2012
  4. Jaume

    Hola, Me gusta la serie Aguila Roja, me faltan ver muchos capitulos y por suerte que puedo ver-los a la web de RTVE. Pero tengo un problema , es que soy una persona sorda y necesito ver los subtitulos. RTVE por favor pueden poner/activar los subtitulos a la serie Aguila Roja ? Saludos y gracias por escucharme.

    19 mar 2012
  5. Silvia

    a mi encanta AGUILA ROJA, pero nos han dejado enchilados ya que no continuaron bajando al internet los siguientes capitulos, por fa vor concluyanlos

    03 mar 2012
  6. juan

    algien sabe cuando empieza la kinta temporada de aguila roja?

    17 feb 2012
  7. Noemi

    Hola soy de Puerto Rico hace 2 anos. Fui a Holanda y fue cuando vi por primera vez aguila roja y desde entonces los continuo viendo atravez del internet, me encanta la serie, pero tengo el canal rtve y no dan aguila roja. Me Gustaria que por favor pasen la serie por aca. Pues no comprendo que si es el mismo canal no la pasan por aca? POR FAVOR TOMENNOS EN CUENTA, estoy segura que seria un palo. Su fan #1 del caribe.

    11 feb 2012
  8. Fran Pizarro

    Les ha quedado flojito el capítulo. Sobre todo la historia de la escapada de Alonso y Gabi. Se ve que las exigencias del metraje les han obligado ha solucionarlo de una manera demasiado precipitada. Ha quedado, en mi opinión, poco creíble.

    11 feb 2012
  9. Charlie

    3 minutos de resumen de capitulo anterior!!!¡que tedio!¿porque lo hacen? En cuéntame no es necesario , una intro de 40 segundos, y ya esta, una breve introducción del narrador y listo....pero esto: es insoportable e infumable.

    31 ene 2012
  10. JOSE

    ME ENCANTA AGUILA ROJA, YA NOS HACIA FALTA UN HEROE NACIONAL. UN SALUDO A TODOS.

    24 ene 2012