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No recomendado para menores de 12 años Águila Roja - T4 - Capítulo 49 - El Cardenal Mendoza y el Comisario funden el oro robado al rey y lo convierten en vasijas recubiertas de arcilla - Ver ahora reproducir video 01h 19 min
Transcripción completa

(RELINCHA)

-Ah, oh... Ah.

-Oh, un chino.

no, si lo que no encontremos nosotros...

-Se trata del santo grial. -Vi una mujer,

la anciana estaba escarbando en la tierra

debajo del puente y vestía como una mendiga.

(HABLA EN OTRO IDIOMA)

Busca a su hija, hay que encontrar a esa chica.

-¿Qué necesidad tenemos de abrir mercado?

-Irene empeora y está muy débil.

Oh.

-¿De veras le importa tan poco lo que le ocurra a su esposa?

-Necesito trabajar,

dame una tarea, la que sea,

te lo pido por favor.

Conozco a esa mujer, Sátur,

coincidí con ella en china.

Trabajé de criado en el palacio del emperador,

mantuvimos una bonita amistad durante mi estancia.

-Si usted quedara viudo, Dios no lo quiera,

recaerá sobre sus manos una inmensa fortuna, comisario.

-No tengo nada.

La mujer del comisario está a punto de morir y es por mi culpa.

Eso fue un accidente, ya no puedes cambiar nada,

así que deja de pensar en ello.

-¿Si usted muriera a quién legamos todo esto?

Puesto que no tiene descendencia.

Ese dinero es el precio por tu hijo,

soy su padre y me ocuparé por su educación.

-Su fortuna se equipara a la del duque de Alba.

-Este es el vestido de la boda de mi señora con el marqués.

-La señora quiere que lo arregles.

Lucrecia,

te presento a mi hijo.

Tus ansias por ser padre te han vuelto estúpido, Hernán.

Es un bastardo. Es mi hijo,

y mi legítimo heredero.

-La señorita Irene muriéndose ahí pared con pared,

y a este canalla se le ocurre traerse un crío.

¿Quién será su madre?

-¿Y eso que dijo antes de... de la amistad bonita?

¿Lo ha hecho usted amistad bonita?

¿Qué quería decir exactamente?

-Margarita. -Margarita.

Busca e interroga una a una a toda mendiga anciana,

quiero el santo grial ya.

-No lo sé, los síntomas corresponden

al efecto de un veneno.

Oh.

-Coged al niño. -Necesito la ayuda

de sus médicos de cámara.

-¿Pretendes que ponga en riesgo el futuro del imperio

por una sola persona?

Ojo, qué me está pasando... -Está empezando a entumecerse.

Qué me está...

No puedes detenerme, Hernán.

Dónde está mi hijo.

Centrad vuestros esfuerzos en encontrar el santo grial,

cuando lo encontréis, os devolveré a vuestro pequeño bastardo.

Creo que puedo salvarla. -No podemos darle cualquier cosa.

No tenemos otra opción.

Hijo de puta,

te mato, te mato...

-No voy a dejar que le des eso. Juan.

-Señorita Irene se ha despertado.

(RELINCHA) Soy el Águila roja,

y ayudo a la gente que lo necesita.

Buen trabajo, si señor, realmente bueno,

excelente, diría yo.

-Gracias, señor,

sólo hicimos lo que nos ordenó,

como lo acordamos. Me honra tu modestia, herrero,

pero tienes que saber aceptar los halagos.

El dinero.

Disparos.

Disparos.

¿Quién os ha hecho esto, quién ha sido?

-El santo Toribio...

-Es muy humillante para un rey

tener que pedir prestado a la nobleza.

-Yo no soy la nobleza, majestad, soy su familia.

-Me gustaría decir que la corona recompensará algún día

tu generosidad,

pero lamento no poder hacerlo.

-¿Se sabe algo nuevo del oro robado?

-No,

tendré que tomar medidas drásticas,

estoy pensando en crear un nuevo impuesto.

-Pero... Majestad, con todos mis respetos,

el pueblo no tiene nada, la creación

de un nuevo impuesto mataría al pueblo de hambre.

-Si no financiamos las tropas, habrá deserciones,

y podríamos perder definitivamente Portugal.

-La reina desea verle, majestad.

-Majestades.

-Dime, querida.

-¿Qué has pensado del pretendiente que nos visitó ayer?

-Pues que seguiremos buscando.

-Por Dios, Felipe, te tomas más molestias con Jimena

que con tus propias hijas.

-Su padre dio la vida por este reino,

es lo menos que puedo hacer.

-Lleva más de tres años viviendo en la corte,

y nadie te parece digno de ella.

-Sólo quiero asegurarme

de encontrar el mejor esposo.

Jimena tiene demasiadas cualidades para entregársela a cualquiera.

-Es evidente que cualidad es la que más te interesa.

Toma una decisión o concederemos su mano a Gaspar de Bracamonte,

virrey de Nápoles.

-¿Y por qué no me despertó? Vamos a ver.

No había ningún peligro,

sólo quería ver si mi madre respondió a alguno de los mensajes.

-Ya, pero es que esas misiones tan fáciles, al final,

siempre se nos tuercen.

¿Y consiguió ver quién disparó a esa pobre gente?

No, pero uno de los hombres, antes de morir me dijo algo.

-¿Qué le dijo?

Santo Toribio. -Claro.

Sería un devoto del santo y quería encomendar su alma.

No, no, quería decirme algo más,

lo que pasa es que no tuvo fuerzas para continuar.

Tenemos que averiguar qué es Santo Toribio.

-Amo, si no le importa yo es que tengo que ir a hacer una gestión,

que me dijo el librero que hoy iba

el secretario de Calderón de la Barca, y...

Me gustaría ir. ¿Y para qué quieres ir?

-Es que quiero entregarle una cosa, verá.

Pero...

(SUSPIRA)

"La vida de Saturno", Por Saturno García.

-Claro. ¿Y esto?

-Esto es mi vida,

una biografía de esas que se dice,

que llevo años escribiéndola,

y quién sabe, a lo mejor a Calderón de la Barca...

si le gusta, pues...

Pues igual el día de mañana, pues yo, pues...

No sé, pues igual podía ser escritor, ¿verdad? No sé.

Sátur, no es por desanimarte pero Calderón

es el escritor más renombrado de...

de la corte.

No creo que sea muy fácil hacerle llegar esto.

-Si ya lo sé,

pero usted siempre dijo que lo imposible

es no intentarlo, ¿no?

Bueno, en eso tienes razón.

De todas formas, me lo dices y te corregiría las faltas.

-Eh... habría perdido frescura,

usted es demasiado...

Académico. ¿Académico?

-Además, no creo que entendiese el encuentro con las siamesas.

-¿Vas a darle esto a Calderón?

-Sí, bueno, a su secretario, ¿por?

-No, porque eso es como si... Murillo, el de Catalina,

va donde Velázquez y le da un dibujo.

(RÍE)

Cipri, Velázquez está muerto.

-Ya sé que es muy difícil, ya lo sé,

¿pero y si a Calderón le gusta

y escribe una obra sobre mi vida?

-¿Le estás oyendo, Gonzalo? Dile algo, que cree ser escritor.

-Perdona, pero mi vida es muy interesante,

seguro que a muchos les gustaría leerla.

-Que eso no te convierte en nada,

que todos no pueden ser escritor.

-No, claro.

Primero hay que saber leer, y luego escribir.

Vamos a ver, Cipri, el no ya lo tiene.

-No, déjeme a mí, ¿sabes qué es lo que te molesta?

Que yo me busque la vida, que me mueva.

¿Con ese espíritu qué coño de trabajo vas a encontrar?

Que le hubiera dado por otro.

(LEE) Querida marquesa,

os pido que acompañéis a esta joven al convento de las descalzas

donde comenzará una vida religiosa,

Una belleza tan pura...

Una belleza tan pura y divina sólo debería servir a Dios,

y a su majestad. Yo, el rey, Felipe IV.

Pasarás aquí la noche,

y mañana a última hora te acompañaré

al convento de las descalzas.

-¿Qué? ¿Qué pasa, querida?

Este es un convento muy apreciado por el rey.

-No sabía que fuera a ser ese mi destino,

he estado recibiendo pretendientes,

pensaba que sus majestades estaban arreglando mi matrimonio.

Bueno, al fin y al cabo es un matrimonio con Dios,

pero un matrimonio.

(SUSPIRA)

Qué lástima de pelo...

En fin,

dicen que es más cómodo llevarlo corto.

-Madre, ¿vienes a montar conmigo?

¿Y tus modales, Nuño?

-Soy Nuño,

de Santillana.

-Jimena, encantada.

(SUSPIRA)

-¿Es usted, verdad?

El secretario de don Calderón de la Barca.

-El señor no dedica libros.

-No, yo no quiero que me dedique nada, verá,

es que escribí este manuscrito y me gustaría

que don Calderón lo leyese.

-No estamos interesados. -Por favor se lo pido.

Aquí cuento toda mi vida,

tengo más vivencias yo que el Lazarillo, y no soy anónimo.

-Qué rico los tomates...

-Necesito que se lo entregue,

sólo le estoy pidiendo que se lo dé,

él podría ponerme en contacto con impresores.

-¿Quién eres tú, dónde has estudiado?

-Yo no he estudiado no...

¿Pero eso qué más da, no?

-Aparta a este hombre de mí.

-Ah...

-Hay que joderse,

me cago en lo autores de renombre y en toda su estirpe.

¿Estás bien?

-Amo, no estoy bien,

no estoy bien.

Le prometo que no vuelvo a ver una obra de Calderón ni...

ni aunque estrene le segunda parte de "La vida es sueño".

Seguro que a Alonso le gustará leerlo.

-Que esa no era la idea, amo,

no era la idea, déjelo.

Por cierto,

¿ha averiguado algo?

Sí, Santo Toribio es el nombre de una antigua herrería,

lleva años abandonada.

Después del colegio iré a visitarla.

-Que está ahí mi Gabi,

no quiero que mi hijo me vea así.

-Sátur. (RÍE)

Hola, Estuarda.

-¿Qué tal?

Eh... estás muy cambiada.

-Sí, es que no nos va mal.

-He visto que está Gabi con... -Está con mi marido,

va a entrar a trabajar como herrero en la casa real,

está firmando los papeles.

-¿Va a trabajar para el rey? -Ajá.

Pues... enhorabuena,

Estuarda, nosotros tenemos que irnos ya.

-Claro, me ha gustado mucho verte, Sátur.

-Y a mí también.

A mí no me ha mirado así en la vida.

Vamos.

Hay que ver qué pena de criatura,

con la lozanía que tiene,

y se pasará los mejores años de su vida encerrada.

-Cosa que no entiendo,

porque la verdad es que la zagala está casable,

las cosas como son.

Y luego, que de toda la vida de Dios,

al convento se ha ido la más fea de la familia,

o la más pendón. Pinta de pendón no tiene.

-Tampoco te fíes,

que la estuve bañando y la niña tiene un cuerpo

capaz de hacer pecar a cualquier hombre.

Pues que se vaya olvidando de los hombres,

a partir de mañana se le pasarán las horas haciendo suspiritos.

-Qué lástima, hija.

Me voy a hacer las camas. -Con Dios.

Cipri,

¿qué haces aquí?

-Yo... quería hablar contigo.

-¿Qué ha pasado?

-He estado pensando y he tomado una decisión,

me voy. -¿Qué te vas?

-Esta tarde a las minas de azogue de la Mancha,

dicen que cogen a cualquiera.

-Claro que cogen a cualquiera, Cipri, si caen como moscas,

déjate, ya encontraremos trabajo para ti en la villa.

-No puedo seguir viviendo de la caridad de mis amigos.

-Que no es caridad. -Llámalo como quieras,

no aguanto más así.

-Cipri...

Por Dios, no me dejes,

no me dejes sola.

-Buen día. -Buen día, Basilio.

-Tengo que irme.

-Las vacas de la marquesa cada vez dan menos leche.

-Déjela por ahí, Basilio,

ahora la hiervo

Golpe.

Basilio... Basilio,

Basilio, hombre,

oiga...

Los hombres del rey nunca sospecharán

de una piezas de cerámica tan vulgares.

-Me pregunto qué diría el rey Felipe si descubrieran

que hemos convertido...

sus riquezas.

¿Y los herreros que hicieron el trabajo?

Han sido justamente recompensados.

-Cual maleable es el oro,

puede convertirse en un objeto vulgar,

o elevar a un hombre al trono de San Pedro.

Como sabéis, no soy muy dado a las lisonjas,

pero he de reconoceros que habéis hecho

un excelente trabajo.

Por cierto, eminencia,

me permití llevar mi parte de oro a mi casa.

-En ese caso...

daremos por concluido nuestro asunto.

Eminencia.

(SUSPIRA)

(PIENSA) "Estimado cardenal Farnesio,

me permito enviarle un obsequio que despejará sus dudas

acerca de mi candidatura como futuro papa...".

-¿Cardenal Mendoza?

-¿Cómo habéis entrado aquí?

¿Quién sois?

-Veo que prosperaste mucho desde la última vez que nos vimos.

-No recuerdo haberos visto en mi vida,

me parece que os equivocáis de persona.

-Me ha costado dar contigo,

pero no me equivoco.

Te has cambiado el nombre,

has deformado tu cuerpo con la buena vida,

pero tienes los mismos ojos que tenías en la cárcel de Orange.

(SOPLA)

-No voy a ir a galeras,

tenemos que salir de aquí y recuperar el dinero.

Pasos.

-¿Qué es lo que quiere?

-El dinero que me quitaste después de dejarme

medio muerto en aquella celda.

Se abre una puerta.

-Hijos, tenéis la oportunidad de arrepentiros

de vuestros pecados.

-Sólo tenemos un traje, ¿cómo vamos a salir los dos?

-Tranquilo, confía en mí.

-No sé de qué dinero me habláis.

-Me vas a dar lo que te pido,

o todo el mundo sabrá que robaste y asesinaste

a los marqueses de Somontano.

-Serás... ¿Cómo os atrevéis? Salid de aquí

ahora mismo o llamo a la guardia.

-Tengo el registro de la cárcel que asocia tu número

con el asesinato de los marqueses,

y he dado orden de hacerlo público si me pasa algo.

-¿Cuánto pedís por ese registro?

-10 mil reales por cada año que pasé en galeras...

me parece justo.

Tendrás noticias con las instrucciones del pago.

Se abre una puerta.

-Tomaos este preparado, a ver si acabamos con la infección.

¿De acuerdo? -Muchas gracias, doctor.

No tenemos dinero para pagarle, pero...

podemos pasar un ratito dentro, si quiere.

-No, muchas gracias. No tenéis que pagarme nada.

Estoy haciendo mi trabajo.

-¡Doctor!

¿Puedo hacerle una consulta? Verá, doctor,

he decidido irme a trabajar a la mina de la Mancha.

-¿A las minas de azogue? -Sí, y... quería saber

qué precaución puedo tomar para no envenenarme.

-La única precaución es no ir a trabajar a allí.

Murmullos.

Cipri, si tú necesitas dinero,

yo te puedo dejar. -No. No, no.

Muchas gracias, de verdad, doctor.

-Bueno. A más ver.

-Ah, Juan... ¡Cipri!

Te he conseguido un trabajo. -¿Un trabajo? ¿Dónde?

-En el palacio de la marquesa. -¿Cómo que en el palacio?

-Es que esta mañana se murió uno de los que ordeñan

a las vacas, y tú vas a ocupar su puesto.

Porque sabes ordeñar, ¿no? -Sí, sí, sí, pero...

¿La marquesa quiere contratarme?

-Sí...

Bueno, no exactamente.

Es que ella no lo sabe. -¿Cómo que no...?

¿Quieres que trabaje en el palacio a espaldas

de la marquesa? La enterramos viva, Catalina.

Si me descubre ahí trabajando, me mata, y a ti también.

-Cipri es un jornal, y no tiene por qué enterarse.

-¿Cómo no se va a enterar? -Vamos a ver,

la marquesa ni muerta pisa la vaquería,

y solo conoce... a los criados más cercanos,

los otros no existen para ella.

Si conoce mejor las caras de sus caballos. (RÍE)

-No sé, Catalina. No... -Mira.

-No me parece buena idea. -La leche se lleva 2 veces

al día a palacio, y me conozco perfectamente los horarios

de la marquesa. Ella, antes de la 12 de la mañana,

no se levanta de la cama, y luego, de 3 a 5,

se retira otra vez a dormir. No tienes por qué cruzártela.

Cipri, por Dios, tienes que aceptar.

No me dejes sola.

Murmullos.

-Deja de perder el tiempo con tonterías.

Venga, a limpiar.

-¡No! -¿Cómo que no?

-Devuélvame el barco. -¿Esto? ¿Eh?

-Me voy a ir de aquí. -¿Sí? ¿Adónde?

Esto es lo que te espera en la vida.

Cuanto antes lo aprendas, mejor.

-No, yo voy a ser alguien.

-Un muerto de hambre, eso va a ser tú.

-No, voy a ser almirante. (RÍE)

(SUSPIRA)

-Señorita Jimena. ¿Sí?

-Madre, pero ¿qué haces tú aquí?

Eso mismo iba a preguntarte yo a ti.

Deberías estar en la escuela, Nuño.

-Ya. No, que veía a... Para...

Eh, por si nuestra invitada necesitaba algo.

Ah. Es un detalle que te preocupes tanto

por el bienestar de nuestros invitados.

¿Sabes cuál es el problema, hijo?

Que cuando tú vas, yo ya he ido y he vuelto 2 veces.

-¿Por qué me dices eso?

Porque además de madre, soy mujer,

y esa manera de mirar a esa chica

no era precisamente para ir a rezar juntos.

Escúchame bien, hijo, sería absurdo enamorarse

de una chica cuyo destino es convertirse en monja.

-Ya.

Bueno, pero ¿eso puede cambiar, no?

Si no tiene a dónde ir, podría quedarse aquí.

Jimena ingresará mañana en el convento

de las Descalzas, tal y como dispuso el rey.

Nuño nadie se interpone en los deseos de su majestad.

¿Está claro?

¿Está claro, hijo? -Sí, madre.

-Perdón, no sabía que estaban aquí.

Quería asegurarme de que todo fuera de tu agrado.

Te he traído un libro.

-La Biblia. Sí.

Yo nunca veo el momento. Y tú, a partir de mañana,

tendrás todo el tiempo del mundo para leerla.

Vamos, Nuño.

-Adiós.

(LEE) -Y Carlos I le concedió una esfera del mundo

con la leyenda: "El primero que me dio la vuelta".

Muy bien.

¿Alguien sabe de quién estamos hablando?

¿Quién fue el primero en dar la vuelta al mundo?

Murillo. -Eh, Magallanes.

Él inició la expedición, pero murió en una refriega.

-Eh, fue... Elcano. Muy bien, el Elcano.

Y a pesar de no conocer el camino de vuelta

y de perder 4 de las 5 naves con las que partieron,

consiguió dar la vuelta al mundo.

¿Sabéis qué significa eso? Pues significa

que por muy difíciles que os parezcan las cosas,

nunca hay nada imposible.

En esta vida podéis llegar todo lo lejos que queráis.

Solo hace falta una cosa, desearlo de verdad.

-Eso no es cierto.

No les metas pájaros en la cabeza a los críos.

La mitad de ellos van a acabar

el día de mañana recogiendo mierda.

Chicos. -Sí.

¿Podéis... salir un momento?

-¿Aquí no se viene a aprender? Entonces, ¿por qué no quiere

que oigan las cosas jodidas de la vida, Alonsillo?

Sátur,

¿has bebido?

-¿Qué cojones importa si he bebido o no?

Sátur, siéntate. -No quiero sentarme.

Entiendo que estés afectado por lo de antes,

pero no tienes... -No, no, no, no, si no...

no es por eso, amo. Ah.

(SUSPIRA) Bueno, sí, estoy dolido

por eso y... Que no es eso...

Si es que no voy a llegar a nada en la vida.

Yo antes quería... pues, llegar lejos, ser alguien,

pero no... Sátur, tú ya eres alguien.

-No... Eh, eres una gran persona.

-Yo no soy nada, soy un criado.

Un puñetero criado, eso es lo que soy.

¿Y sabes lo peor?

Lo peor es que esto no es una mala racha.

Esto va a ser así desde aquí, hasta que me muera.

¡A tomar por culo mis sueños! Mira,

la vida cambia cuando menos... cuando menos te lo esperas.

-No ha cambiado en 40 años. ¿Va, va, va...?

¿Va a cambiar ahora? Si es que esto no es bueno.

(SUSPIRA) No...

(CHILLA)

¡Ah!

(JADEA)

-Escritor...

¿Que me creía escritor?

Pájaros.

¡Asúmelo de una puñetera vez, Saturno!

Que hay gente que, que, que... que nace con estrella,

gente que nace estrellada, y luego estás tú,

estás tú, que has nacido... (SUSPIRA)

Has nacido, ¿para qué?

¿Para qué has nacido tú? (SUSPIRA)

Ah...

Pájaros.

(BUFA)

-¡El caballo! ¡Bájese! ¡Rápido!

-Si buscas dinero, pierde el tiempo.

No llevo nada. Ah...

Disparos. -¡Dijo que se baje del caballo!

¡Baje del caballo!

¡Vamos!

¡Y quítese la espada!

-No hace falta que grite, le oigo perfectamente.

¡Ah...!

Disparo. ¡Ah!

¡Ah...!

¡Mátalo, no perdamos más tiempo!

-¡Mátalo!

-¡Ah...!

¡Ah...!

-¡Vamos! ¡Eh! -Ay...

Ah... -Quiero. Quiero, a ver.

Arriba... Arriba. -Ay...

(JADEA) -¿Se encuentra usted bien?

(JADEA)

-Me has salvado la vida. -Yo pasaba por aquí y...

Vamos, que no podía dejar que...

¿No? (JADEA) -¿Cómo te llamas?

-Sátur. -Ah...

-Saturno García. -Gracias, Sátur.

(RÍE)

-Soy Fernando Álvarez de Toledo.

¿Fernando Álvarez? ¿El duque de...?

-El mismo. El duque de Alba.

Ah... -Señor.

-¡Ah...! -Yo a sus pies...

-Ay. -El duque de Alba...

-Ah...

(LEE) -No olvides traer y te daré la prueba

que te incrimina. Te espero dentro de 2 jornadas

al medio día, en la laguna de la Dehesa de Villaverde.

Llaman a la puerta. Sí.

-El comisario, eminencia.

-Tomad asiento.

(SUSPIRA) -Comisario, quisiera proponeros

un trato que resulta beneficioso para ambos.

Estoy impaciente, eminencia.

-Dadas las deprimentes circunstancias en el Vaticano,

con la muerte rondando el lecho de su Santidad,

y con el sagrado fin de impulsar mi candidatura

al trono de San Pedro, me veo en la obligación

de pediros en préstido, naturalmente,

vuestra parte del oro.

¿Y por qué habéis pensado que iba a aceptar

algo tan descabellado?

-Quizá, entonces, os parecería... mejor motivo

que os devolviese a vuestro pequeño vástago.

¿A cambio de mi oro?

-Sería un trueque bastante justo para todos.

Lo siento, eminencia, pero prefiero quedarme

con los cántaros.

Tampoco quiero tanto a ese niño,

y ahora que mi mujer está bien, me dará el hijo que yo quiero.

-En tal caso, no dejáis otra alternativa

que el sacrificio de ese pobre inocente.

Haced lo que creáis más conveniente.

Si no ordenáis nada más... Eminencia.

Cierran la puerta.

-¡Ah!

-Con todo lo que come la señora marquesa,

yo no sé dónde lo mete. -Pues hija,

entre unas cosas y otras, la mujer, se conoce

que lo quema a base de bien. Anda, llévale eso,

que cuando se despierta de la siesta,

le gusta tener la merienda preparada.

-¿Se puede? Traigo la leche. -Pasa, pasa. No hay peligro.

La marquesa está merendando. Pero bueno, qué cantidad

de leche. Cómo se nota que tienes buenas manos.

-Bueno, la verdad es que no se me da nada mal.

Estoy pensando que a lo mejor, cuando tenga un ratico

de lugar, me paso a verte una visita rápida

por el establo. (RÍE)

Campanilla. -Llama la marquesa.

Luego nos venos. Oye, mete eso en la cántara

y vete rápido para la vaquería. ¿Eh? No te entretengas.

-¡Catalina!

Chillido.

(CHILLA)

(SUSPIRA)

-Ah... (JADEA)

(LEE) Zinc, metal de color blanco azulado

empleado desde la Edad Media en la metalurgia.

Conserva las propiedades de los metales preciosos

en su fundición.

Abren la puerta.

-¿Qué haces? Pues, preparando la lección

para mañana. -¿Y sobre qué es?

Ya lo verás mañana en clase. Como el resto de los alumnos.

Alonso, ¿has visto a Sátur?

-No, desde la escuela no lo he vuelto a ver.

Padre, ¿qué... qué le pasaba?

¿Por qué estaba así? Nada, que...

que está un poco... un poco triste.

-Sí, pero ¿por qué? ¿Le ha pasado algo?

No, no. Lo que pasa, que está...

está decepcionado, hijo. La vida, que no...

no le ha tratado todo lo bien que él esperaba.

Venga, no te preocupes. -¿Qué te ha pasado en la mano?

Nada. No es nada, hijo. -Pero eso parece una mordedura.

¿De qué es? Nada, hijo.

No tiene importancia. Una... una mordedura de rata.

-¿De rata? Pero, padre, eso es muy peligroso.

No.

-Las ratas contagian enfermedades. Hasta la peste.

No te preocupes. ¿Qué os pasa?

-Que le mordió una rata. ¿Cómo que te mordió una rata?

¿Dónde? No.

A ver, enséñame la mano.

Esto no tiene buena pinta, Gonzalo.

Tiene que verlo un médico. Estoy bien.

No hay día que no te pase algo.

No hay trabajo más tranquilo que el de maestro,

y si no te descalabras, te muerde una rata.

-Es que padre siempre fue un poco torpe.

¿Cómo que un poco torpe? -Un poco.

Vale, muy bien,

si... mañana empeoro, iré a ver a Juan.

¿Contentos? Sí.

Bien.

Bueno...

Eso sí...

si antes no me muero de algo o...

me doy con algo en la cabeza,

a ver si llego a mañana.

-No podía dejarle allí en el suelo.

-Has hecho bien, vete corriendo,

corre, que se está despertando, corre.

Señorito, señorito...

¿Qué pasa aquí? -Señora, su hijo se cayó.

¿Qué pasa? -Ah...

Nada, nada, madre, estoy bien. Avisa a mi médico.

-Sí, señora. Espera.

¿Tú has traído a mi hijo?

-Sí, señora.

Mírame cuando te hablo.

¿Me puedes explicar qué haces tú trabajando aquí?

-Señora...

yo le pedí que viniera,

esta mañana murió un mozo de los establos

y le pedí que hiciese su trabajo.

¿Tú le pediste que viniera?

-Sí, señora, no quería molestarla

con cosas de poca importancia.

¿Te estás riendo de mí?

Sal de mi casa ahora mismo,

como te vuelva a ver por aquí haré que te ahorquen.

-Sí, señora.

Catalina,

no me dejas más remedio que aclarar

quién es la señora y quién es la criada.

Recibirás 20 latigazos.

-Con todos los respetos, señor,

siendo usted quien es, ¿no le parece una imprudencia

salir a cabalgar así sin escolta ni nada?

-Tenía necesidad de estar solo,

estoy harto de estar rodeado de gente

que cree saber mejor que yo lo que me conviene.

Ay...

-¿Cómo sigue la pierna? -Podría estar mejor, pero...

se irá.

-Eso es lo que se dice de usted,

que no se rinda así tan fácilmente.

-¿Ah, sí? ¿Y quién dice eso?

-Pues los cronistas.

Yo es que leí mucho acerca de sus gestas en Europa,

y todos destacan el tesón del duque de Alba

en el campo de batalla.

-¿Pero tú sabes leer?

-Sí, señor.

-¿Dónde has estudiado? -No aprendí en ningún sitio,

yo... así, a mi aire. (RÍE)

Sólo por ponerle un pero,

y desde mi más humilde opinión,

¿usted no cree que en la batalla de Dunkerque

hubiera sido mejor reforzar la retaguardia,

en lugar de mandar ahí a todos los hombres al frente?

Que los franceses nos pillaron con todo el culo al aire.

(RÍEN)

-Los buenos consejos siempre llegan tarde,

ojalá hubieras estado a mi lado.

(RÍE) Oh... -¿Qué le ha ocurrido, señor?

¿Está usted bien?

-Estoy bien, estoy bien, tranquilos,

estoy vivo gracias a este hombre.

Recompensadle. -Sí, como no, señor.

Tome usted. -No, no, no...

que no quiero recompensa,

si yo...

lo había hecho porque sí, para mí ha sido un honor...

ayudarle.

-Sátur, espera. -Sí, señor.

-¿Querrías trabajar para mí?

-Verá, es que yo ya tengo un amo,

el maestro del barrio San Felipe...

-No quiero que seas mi criado.

-¿Ah, no?

Entonces no entiendo. -Te estoy ofreciendo un cargo.

-¿Un cargo?

Si yo no tengo preparación ni nada...

-Tengo gente muy preparada que sólo me dicen lo que quiero oír,

necesito a alguien como tú,

piénsatelo,

ya sabes donde encontrarme.

¿No mueves?

¿Dónde estás? Está claro que en el tablero no.

¿Te pasa algo?

-¿Alguna vez te fijaste en alguien sabiendo que no era para ti?

Sí...

Mueves. -¿Y qué hiciste?

¿Renunciaste a ella?

En el ajedrez, como en la vida, si te das por derrotado

nunca ganarás la partida,

como te acaba de pasar ahora.

Jaque mate.

-No puedo dormir.

No quiero ir mañana al convento.

-Bueno...

No podrán obligarte si no te encuentran, ¿no?

(SOLLOZA)

-Ah... Lo siento.

-No te preocupes, está bien.

Ah...

Yo creo que no te va a quedar marca.

-Sé que me van a quedar cicatrices,

pero me da igual.

Ah... ¡Ah!

Ya te ayudo yo.

Te ayudo yo.

-Oye, no le digas nada a Cipri, ¿eh?

No quiero que se entere de esto.

No te preocupes.

Qué buena eres...

A ver...

-Ah...

Voy a cambiarme y nos vamos juntas para casa, ¿eh?

-Sí. ¿Te ayudo?

-Ah... Ya está.

-Vamos ya.

-Catalina... -Cipri.

-No podía irme sin saber qué tal con la marquesa,

¿se enfadó mucho? -No...

Está un poco molesta, pero...

se conoce que como salvaste la vida del chiquillo, pues...

-Bueno, pues... Vámonos para San Felipe.

-No, voy a esperar a que venga Margarita,

que dijo que ahora viene a por mí.

Vete, adelántate, que no quiero que te vea la señora.

¡Ah...!

-¿Qué pasa? -Nada...

Corre vete.

-Déjame ver. -No, Cipri.

-Dios mío.

(LLORA) -Voy a matarles.

Les voy a... -¡Cipri, no, por favor!

Por favor, no...

Déjalo estar que ya tuvimos bastante.

(SOLLOZA)

-La rata te pudo transmitir alguna enfermedad, Gonzalo,

pero sabes que no soy muy partidario

de aplicar ningún remedio sin saber qué es,

quizá tú tengas algún antídoto que puedas tomar.

Olvídalo, no tendría que haberte molestado.

-Oye, Gonzalo, espera,

perdóname,

tenemos que averiguar

que no se trata de la peste.

Tiene los órganos muy deteriorados.

Entonces...

¿Puede ser la peste?

-No, no lo creo.

Gonzalo,

¿dónde te mordió la rata?

En un lugar abandonado donde me refugié,

¿Por qué? -Dime dónde, por favor.

Juan,

¿qué pasa?

(SUSPIRA) -Hace poco,

asaltaron las arcas reales.

¿Han robado el oro del rey?

-Y desde entonces lo están buscando.

-Esta es la casa del comisario.

-¿Por qué venimos aquí?

-Mi madre es la única que tiene las llaves de la sala de armas

-¿Para qué necesitamos armas?

-El camino es muy peligroso.

¿Qué pasa?

-No puedo hacer esto sola.

-Yo te acompañaré hasta Francia.

Toma,

es de mi madre,

con lo que saques al venderlo podrás comer y dormir

durante mucho tiempo.

-¿Por qué haces esto por mí?

Creo que no me explique bien, Nuño.

Te dije que te alejaras de ella, no con ella.

Llevadla al carruaje.

-No puedo creer que me siguieras.

(SUSPIRA) Es una forma de llamarlo,

ordené que me avisaran si salías.

Te has levantado tan temprano...

-Jimena no quiere ser monja y no podrás obligarla.

Nuño, por favor. -¿Y si hablas con el rey?

¿No entiendes nada? -¿Qué tengo que entender?

¿Por qué tanto interés en ese convento?

Jimena no es para Dios, es para el rey,

eres suficientemente adulto para entender esto,

la quiere en el convento para visitarla,

y no como rey, como hombre.

(SUSPIRA)

(LEE CON DIFICULTAD) Fama mundial,

que me traten de...

usted.

Admiración...

de mi hijo.

(SUSPIRA) Probar el faisán.

Familia.

¿Pero qué cojones me estoy planteando

con lo que hizo este hombre por mí.

-Sátur...

¿Qué es eso?

-Nada.

-¿Cómo que nada? -Que no es nada.

-Parece una lista, ¿de qué es?

-Pues nada, un trabajo que me han ofrecido

y estoy ahí...

valorando.

-¿Un trabajo, de qué?

-Pero vamos, que no lo voy a coger, Cipri.

-Hay que joderse, yo no consigo un puñetero trabajo,

y a ti te salen dos.

-Es que este trabajo no es para ti.

-Ya empezamos, ¿qué pasa, que es de escritor?

-No, no es eso.

El duque de Alba, que me ha ofrecido un trabajo.

-¿A ti, el duque de Alba?

-A mí, sí,

pero vamos, que yo le debo la vida a mi amo y no puedo...

No puedo.

Mira, Cipriano, si yo tengo que agradecer algo

en esta vida es haber conocido a Gonzalo de Montalvo,

por mi santa madre que...

que eso no lo cambio yo por nada,

¿estamos?

Pues eso.

-Si han fundido aquí el oro,

ya nadie va a poder relacionarlo con el rey,

pueden haberlo convertido en cualquier cosa.

No creo que a su majestad le sea muy difícil

encontrar más oro.

Si por algo somos conocidos en nuestro reino,

es por esquilmar cualquier territorio que pisamos.

-No entendiste la gravedad del asunto, Gonzalo.

Las arcas están medio vacías,

el rey está poniendo en juego el prestigio de su reino.

Pues tendrá que resignarse a perder su prestigio,

o a ganarlo,

pero sin financiar guerras.

-Gonzalo,

el rey va a ordenar un impuesto extraordinario.

Eso significa asfixiar al pueblo.

-Me temo que el rey, ha olvidado hace mucho tiempo a su pueblo.

-Señor,

volvamos a casa, por favor,

no creo que sea conveniente que cabalgue en su estado.

-Estoy perfectamente,

no volveré hasta encontrar al mal nacido

que me robó el caballo.

-Señor, por favor, conocemos su caballo, cogeremos a ese ladrón.

Deje que le acompañe de vuelta a palacio.

-Lo quiero vivo.

-Señor.

¡Señor!

Señor... No, no dispare, por favor.

-Esta tierra pertenece al duque de Alba,

no puedes estar aquí. -Sólo quiero hablar con el duque,

será sólo un momento. -¿Qué quieres?

-Disculpe que me presente así en sus tierras,

no quisiera molestarle... -No tengo todo el día,

¿qué es lo que quieres?

-He oído que busca gente para trabajar en su palacio.

-Te equivocas, no busco a nadie.

-Soy de confianza, y trabajo duro.

Por favor, su excelencia, necesito ese trabajo,

soy tan bueno como Saturno,

y yo nunca estuve en la cárcel.

-Yo no he estado en la cárcel.

¡Sacadlo de aquí! Fuera.

-Vamos, no quiero verte por aquí,

vamos, fuera de aquí,

y largo, fuera.

-No le des más vueltas, Saturno, has elegido bien.

Joder, si es que no lo sé.

Sátur.

No te he visto en todo el día.

-Digamos que necesitaba...

estar solo, pensar.

¿Y ya estás mejor? -Pues no lo sé,

no lo sé porque...

porque usted es la persona más buena que he conocido

y la que mejor se portó conmigo, y...

en toda mi puñetera vida.

¿Qué ocurre?

-Que me ha pasado una cosa...

que creo que me va a reventar la cabeza de tanto darle.

¿No habrás hecho ninguna tontería?

-No, amo, todo lo contrario,

que yo no sé si ha sido el destino....

o quien decide estas cosas, bueno, Dios, supongo.

El duque de Alba, que se cruzó en mi camino y...

mire por donde, le he salvado la vida.

¿Qué le ha salvado la vida al duque de Alba?

-Y me ofreció trabajar para él,

y lo que es peor,

que quiero aceptar.

¿No estás bien aquí? -No, no es eso, es...

Lo que pasa que el duque me ofrece la posibilidad de...

ser alguien respetable.

Sátur, eso no lo da un trabajo,

el respeto se lo gana cada uno.

-Claro, fácil decirlo, usted es maestro, y...

además es el Águila roja, pero yo soy...

¿Qué soy yo? El hijo de una puta y...

y no consigo ser ni nada ni nadie en mi vida.

Sátur... -No, amo, no, no.

Yo de lo único que me siento orgulloso es de ser su escudero,

pero eso ni lo sabe nadie ni lo sabrán nunca.

Pero lo sabes tú, y eso debería bastarte.

-Le bastará a usted,

que tiene esos valores tan sobrehumanos,

yo no los tengo.

Está bien.

¿Qué te...? ¿Qué te ha ofrecido el duque?

(SUSPIRA) -Pues...

Pues un cargo.

Si yo lo que quiero es que me respeten,

quiero que mi hijo me mire alguna vez como miraba a ese hombre.

Diga algo, amo, por Dios.

(SUSPIRA)

Debes irte.

Es lo mejor para ti.

-Comisario, ninguna de las ancianas que registramos tenía el grial.

Que busquen en todos los rincones, hospicios, chabolas,

tiene que aparecer. -Sí, señor.

Golpe.

(JADEA)

Golpe.

Hijo de perra.

Pájaros.

-Bueno, Saturno,

se acabaron las camisas apolilladas.

Ahora, de seda de damasco para arriba. (RÍE)

Cipri. -Hola, Sátur.

¿Y ese hatillo? -Que me voy con el duque.

-Pero...

Eh, ¿has hablado ya con Gonzalo?

-Hombre, claro que he hablado con Gonzalo.

¿Cómo voy a irme sin decirle nada?

Me parte el alma dejar a esta familia,

pero... tengo que hacerlo.

Por mí. Tengo que hacerlo, Cipri.

-Sátur,

yo... -¿Eh?

-Creo que... que no vas a poder trabajar con el duque.

(RÍE) -¿Qué dices?

Claro que sí, que voy a poder.

-Fui a hablar con él y...

-¿Cómo has dicho? -Es que tú dijiste...

-¿Has ido a hablar con el duque?

-Tú dijiste que no ibas a coger ese trabajo y...

-¿Qué has hecho? -Y he...

Le dije que si buscaba gente, yo podría trabajar

y... -¿Y... qué?

-Bueno, yo... -Dios. Pero, Cipriano,

¿qué has hecho? -Yo... le dije que...

-¿Qué? -Que estuviste en la cárcel.

Te juro que ahora preferiría estar muerto.

Sátur, entiéndelo. ¡Estoy desesperado

Golpe. por conseguir un trabajo!

-¿Tú sabes qué has hecho, Cipri?

¿Sabes qué has hecho? -Yo...

-¡Me has jodido la única oportunidad

que he tenido en mi vida, desgraciado!

-Lo siento, Sátur. -Fuera de mi vista. ¡Fuera!

-Sátur, yo... -¡Fuera, te digo! ¡Fuera!

-Le he traído... este, este y este.

La señorita Irene ha dicho que le regala

el que más le guste. -Me da igual.

-Le pondremos este, Marta.

A ver. Ábrelo por abajo...

A ver, señorita, meta el pie por aquí...

Eso es, muy bien, y el otro. Así.

Señorita, mire, cuando las cosas son lo que son,

no hay que regodearse en la pena.

Mejor será ver el lado bueno de las cosas, ¿no?

-¿Qué cosas buenas tiene hacerse monja?

-Todas. -Señorita, Irene, por Dios,

¿qué hace usted levantada? Tendría que estar descansando,

como le dijo el doctor. -Estoy bien.

¿A qué convento vas? -A las Descalzas.

-Me cambiaría por ti. -Bueno, lo que nos faltaba.

A ver, vamos por parte. Señorita,

usted a sus aposentos, a descansar,

como le dijo el médico, que buena falta le hace.

Venga. Ande, sea buena.

Y usted, señorita. Señorita, por Dios.

¿Qué hace con eso?

-Esto no me va a servir de nada en el convento.

(SUSPIRA)

¿Ya tiene todas tus cosas?

-Sí.

Toma, llévatelos. Sé que...

que son los que más te gustan. -No, amo, de verdad,

yo no... Sátur, en esta casa nadie...

nadie los va a disfrutar como tú.

-Ahora que vas a ser importante,

seguro que... tienes hasta tu propia biblioteca.

-Sí, claro. Te he preparado esto.

Imagino que allí te hartarás de comer cosas

mucho más ricas, pero... -Gracias, señora.

-Sátur... nada, que...

que estoy muy orgulloso de ti.

-Bueno, pues nada, me tendré que ir.

Sátur, ¿quieres que te acompañe?

-No. No, lo prefiero así.

Quédense aquí.

Adiós.

Amo... Dime.

Eh... No, nada.

Gracias.

Portazo.

-Señor. ¿Dónde está el cardenal?

-Su eminencia ha salido, señor.

¿Adónde ha ido? (GRITANDO) ¿Adónde ha ido?

-No lo sé. (JADEA)

Cacareo.

(PIENSA) -"Hace unos días, me crucé con el padre

de mis hijos, pero no me reconoció".

-Apartadla.

No tenemos tiempo que perder con una mendiga.

Vamos.

(PIENSA) -"Me quedan pocas fuerzas,

pero antes de morir, le haré pagar

todo lo que nos hizo a mí y a mis hijos".

Ah...

¿Qué quieren?

¿Qué buscan?

Yo no he hecho nada.

-Aquí no está. No perdamos más tiempo.

(SUSPIRA)

Trabajando con el duque de Alba.

Hay que ver qué poderío cabe en un cuerpo tan pequeño.

Si es que Sátur es un luchador nato.

¿Qué pasa?

Nada. Que sí, que le irá bien.

Además, se lo merece. -Buenos días.

Buenos días. Buenos días.

-Margarita, es que estaba pensando

que como la cuadra se quedó libre ahora,

igual, podías instalarte tú ahí.

Lo digo para que estemos más cómodas.

¿Cómo? -Que es broma.

¿Qué pasa, que no tenéis sentido del humor?

(SUSPIRA)

Alonso, hijo, ya sé que estás triste,

pero... la gente tiene que seguir su camino.

¿Sabes de lo que me acuerdo, Alonso?

De cuando Sátur no le dijo que estuvo trabajando

en el circo de tragafuegos, y se quemó toda la boca.

¿Recuerdas? -Sí.

Anda, Gonzalo, ayúdame, échame un poco más

de agua aquí, que yo no sé que hace tu hijo

con la ropa, pero menos blanca, la tiene de todos los colores.

Llaman a la puerta.

-Ya voy yo.

-¿Vive aquí Saturno García? -Eh... bueno, sí, vivía.

¿Qué quería? -Le traigo una carta.

Nos envía el duque de Alba. Si viene por aquí,

¿podría entregársela? Perdone...

¿Esta carta se la ha entregado el duque hoy?

-Sí. No se preocupe,

se la haremos llegar.

-Pero... si Sátur se fue anoche,

ya debería estar en el palacio del duque.

¿Dónde está?

(SUSPIRA)

-¿Dónde cojones voy yo ahora?

Quién fuera cántaro.

Por lo menos, tendría un destino.

Pájaros.

Ah... Chis...

¡Sátur!

-Amo...

Amo, ¿qué hace usted aquí?

La pregunta es qué haces tú aquí.

-¿Yo?

Pues nada, que... Eh, que quería descansar

un poco antes de llegar al palacio, para estar fresco.

(RÍE) Palacio está

en sentido contrario, Sátur.

Un lacayo del duque ha traído esto para ti.

-Amo, que ya no hay trabajo. ¿Cómo?

-Que alguien le dijo que yo estuve en la cárcel y...

¿Y cómo me presento ahora allí? Sí, hombre...

(SUSPIRA)

¿Y por qué no me dijiste nada?

¿Después de haberme cagado en su hospitalidad,

en su generosidad, le voy a...? Sátur, tú no hiciste eso.

-Sí, sí, amo, sí, sí lo hice.

Bueno, no, no lo he hecho, pero...

Que no se muerde la mano que te da de comer,

y yo casi se la arranco de un... bocado.

Y luego, está su hijo, Alonsillo.

Estaba tan orgulloso de mí...

(BUFA)

Bueno, ¿qué? ¿No leerás la carta del duque?

-Si ya sé lo que pone, que con delincuentes no...

(SUSPIRA)

(LEE) Sátur, la oferta sigue en pie.

Todo hombre merece una segunda oportunidad.

Fernando Álvarez de Toledo, duque de Alba.

-Que dice que me acepta.

Que dice que merezco una segunda oportunidad.

(SUSPIRA) Bien. Me alegro mucho.

-Ah... Tengo que irme.

-No hombre, no, acompáñeme, y así, conoce usted al duque.

Yo creo que congeniarán, porque están hechos

de la misma pasta. Muchas gracias, Sátur,

pero... tengo que ir a informar al rey.

Han robado su oro y creo que lo convirtieron

en piezas de cerámica. -Pues será casualidad,

pero... hará cosa de una hora, ha pasado por aquí un carro

repleto de... de cántaros.

Así, como de barro, con unas filigranas azules.

-Si han fundido aquí el oro,

ya nadie podrá relacionarlo con el rey.

Pueden haberlo convertido en cualquier cosa.

-Ay, madre, no me diga que...

¡Y usted sin el traje! No.

Lo tengo en el caballo, como siempre.

¿Sabes dónde está tu tío?

-No. ¿Ocurre algo? No.

Buenos días, queridos. Había pensado en darle

un toque rústico a la decoración de palacio.

¿Os gusta? No.

-Si... no les convence,

también tenemos la cerámica de Talavera,

que está ahí a mitad de camino, entre lo rústico y lo elegante.

La marquesa y yo tenemos que discutir

la nueva decoración del palacio.

¿Puedes acompañar a mi esposa? -Por supuesto.

Señorita.

Golpe.

Ah... Vigila tus modales, Hernán.

Hay otras formas de manifestar que no estás conforme

con las cosas. ¿Dónde está el oro?

¿Qué oro? Dime dónde está.

Me temo que te vas a quedar con las ganas de saberlo.

No abuses de mi paciencia, Lucrecia.

Si no le hubiera robado ese oro al rey,

mi fortuna no habría sufrido una merma tan grande,

así que creo que lo más justo es que me lo quede yo.

Si me permites...

¿Cómo supiste dónde estaba? Digamos, que tu hijo,

aunque no lo sepa, tiene el mismo olfato

para el oro que su madre.

La próxima vez, no me dejes al margen de algo así.

Parece mentira que olvidaras tan pronto

de lo bien que nos iba cuando colaborábamos.

Colaborábamos, no.

Tú siempre te llevas el beneficio.

Supongo que será uno de tus dones.

-Amo, que usted es lo mejor que me pasó a mí en la vida,

y nada de lo que ocurra, cambiará nunca eso.

Ah, y una cosa le digo, como se le ocurra darle

un uniforme al nuevo escudero del Águila Roja,

le juro que vuelvo y le canto las 40.

Con lo que le he peleado yo a usted un uniforme...

No me puede hacer esa faena. Ah.

Sátur, nunca voy a tener otro escudero.

-Ah...

Cuídate mucho.

¡Ah!

-Usted también.

-Son de oro. ¿Por qué habría de engañarte?

-Contigo toda precaución es poca.

Lo que nos pueden complicar la vida

unos papeles mugrientos, ¿verdad?

Pájaros.

Cuántos recuerdos, ¿no?

-Lo mejor que podemos hacer con los recuerdos,

es borrarlos para siempre. Por cierto,

me temo que no vas a poder disfrutar de ese oro.

Lo esperan en el Vaticano.

-Nos conocemos tanto...

-No me queda más remedio que darte la razón.

Relincho.

¡Sacad el carro de aquí inmediatamente!

¡Ah!

Disparos. -¡Ah!

-¡Ah! ¡Ah! -¡Ah!

-¡Ah! -¡Oh!

-¡Ah! (RELINCHA)

-¡Ah! -Ah...

-¡Ah!

(RELINCHA)

-¡Ah!

(RELINCHAN)

Disparo.

(RELINCHA)

¡Ah!

Ay.

No me entra en la cabeza cómo eres capaz

de memorizar las hazañas del Cid con pelos y señales,

y no recuerdes lo que tengo que comprar para casa.

(LEE) Una indisposición me obliga a guardar cama.

Felipe IV, rey de las Españas.

-Si ni siquiera quiero volver a tirar.

-No hace una hora, vio ver al rey

de ver al rey camino de Aranjuez.

y no iba acompañado por su médico,

sino por la hermosa Elvira de Sopeña.

Me alegro de que no te hayas ido.

-Vamos a tener una reunión de alto nivel

en este mismo salón. -Vendrás conmigo.

(RÍE) Mañana ofreceré una cacería

en honor a Elvira de Sopeña.

La condesa tendrá una bienvenida inolvidable.

-Reclutan soldados para una expedición naval

que irá desde Vigo a Portugal. Podemos enrolarnos.

-Vamos a intentar de una vez por todas,

acabar con la guerra de Portugal.

-¡Eh!

Relincho.

Águila Roja - T4 - Capítulo 49

09 ene 2012

El Cardenal Mendoza y el Comisario funden el oro robado al rey y lo convierten en vasijas recubiertas de arcilla. Una vez finalizado el trabajo, asesinan en el bosque a los hombres encargados de realizarlo. Águila Roja encuentra los cadáveres y comienza a investigar.

 

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  1. Julian

    Magnifica series, y también seria magnifico que almenos por un capitulo Satur tuviera un traje de Alcon rojo. Definitivamente Satur es el mejor escudero que un heroe puede tener.

    03 jun 2015
  2. Laura Cervantes

    Hola me encanta esta serie, pero por que se tardan en subir los capítulos de la Temporada 6

    30 sep 2014
  3. pilar gimenez

    Holaaaaa.fans de aguila roja.muy buenos los actores y protagonistas.para mi es la mejor serie española.y me vuelve loca el aguilaaa .me encanta el papel ke hace y como hombre me chifa me encanta.guapisimoooo.y margarita y satur autenticos.ojala no termine nunca esta serie.besss.

    12 jul 2013
  4. pilar gimenez

    Holaaaa atodos los fans de el aguila ro.para mi es la mejor serie española de todas las ke he visto.Me encanta esta serie.muy buenos todos actores y protagonistas.y sobre todo me vueve loca el aguila.....ummm.y margartita y satur.ojala nunca la kiten la serie.El AGUILA ROJA.bessss.

    12 jul 2013
  5. Avatar de D De Dep D De Dep

    ey

    10 jun 2013
  6. Avatar de D De Dep D De Dep

    adios

    10 jun 2013
  7. Fan.D-Águila-roja-1

    ¿Águila Roja? Simplemente la ÚNICA serie española a la que te enganchas con ver un solo capítulo. Además de tener emoción, misterio,amor, aventuras por doquier, aporta una gran enseñanza sobre la vida en la que se situa esta maravillosa serie.Y eso se ve facilmente, yo personalmete losé porque con 12,bueno, casi 13 años que ya poseo, he comprobado la enorme importancia que nos aporta la serie. Cambiando un poco de tema me gustaría comentar que hay mucha gente que se pregunta impaciente "¿Porqué Gonzalo, o mejor dicho, Águila no se declara a Margarita? Sencillo, si l hiziera la serie se terminaría mas pronto y creo que eso no sería muy agradable. Si Guillermo Campra o Elisa Mouilaá o cualquier actor de la serie lee mi comentario, POR FAVOR, seguid con la serie. ENORABUENA a todos los actores y gracias por hacer esa maravillosa serie ¡ÁGUILA ROJA!

    08 abr 2012
  8. Tomy

    Estoy encantada con esta serie. Llevaba años sin "engancharme "a ninguna serie española.Enhorabuena! Se termina la cuarta temporada y creo que os habéis "olvidado" de que Gonzalo,bueno Aguila,sabe que el marido de Catalina esta muerto,Floró.Es una crueldad que no se lo haga saber,no?. Que siga por mucho tiempo esta serie.

    29 mar 2012
  9. Saribel Padilla

    Que ha sucedido con la serie en el dia de ayer?

    01 feb 2012
  10. Saribel Padilla

    Que pasó que no transmitieron la serie? Me quedé esperando.

    31 ene 2012