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No recomendado para menores de 12 años Águila Roja - T4 - Capítulo 47 - Águila Roja y Sátur investigan el asesinato de unos monjes escribanos - Ver ahora reproducir video 01h 17 min
Transcripción completa

Subtitulado por Teletexto-iRTVE.

¡Ah!

-¡Socorro!

-Han robado en la cámara del tesoro real.

-Todo el reino se nutre de ese oro.

¿Qué tal tu primer día libre? -Sátur, has vuelto.

-¿Quién eres?

Golpe. -Soy... tu hermano.

¿No sabes que es peligroso este lugar para una mujer sola?

-Sé cuidar de mí misma. ¿Dónde está mi hijo?

No te molestes. No lo vas a encontrar.

No te voy a permitir que te lo lleves a Viena.

-Yo no tengo ningún hermano. -Es eso lo que la zorra

de nuestra madre te hizo creer. -Ah... ¡Eh!

¿Por qué paramos?

No tenemos tiempo que perder con la mendiga.

Señora, solo quería decirle que he decidido irme

con usted mañana a Viena.

-Alguien tiene que pagar por la mierda de vida que llevé.

-Debemos entregar la dote de nuestra hija

antes de que el conde de Olsen abandone la Villa mañana.

-Tú vas a vas a vivir mi vida, y yo voy a vivir la tuya.

-¿Tú estás loco, muchacho? ¿Cómo se te ocurre venir aquí,

al dormitorio de la marquesa? -Catalina, me voy contigo a Viena.

Te estaba viendo así y me acordaba de cuando éramos niños

y... trabajabas en el granero de mi padre.

No sé cómo no me echó a la calle la primera vez.

Sí, quería echarte, lo que pasa, que yo le convencí

para que no lo hiciera. (RÍE)

Le suplico que cancele mi boda con el conde de Olsen.

-Te casarás con el conde

y cuidarás del bienestar de mi hija Margarita.

¿He sido suficientemente claro?

Por supuesto, majestad.

El Águila Roja.

Lo va a descubrir, Dios mío.

Toma.

(RÍE) -¡Ah!

-¡Ah!

-¡Ah...!

(ESCRIBE) Majestad, el comisario es el responsable del robo del oro.

Tengo las pruebas que lo demuestran.

-Ah... -¡Danos todo el dinero que tengas!

-No tengo nada. -Venga, posadero,

que sabemos que atendió hoy. -Hijo de perra, te partiré el alma.

-He descubierto el pequeño secreto de tu amo.

El Águila Roja. Te lo tenías bien guardado.

Le has visto heridas en la espalda. -Parecían heridas viejas.

Cicatrices. Y Sátur no las tenía antes.

(LLORA) ¿Qué voy a hacer yo aquí ahora?

No tengo nada. -Es una pena que tenga que matarte.

-¿Os imagináis qué habría pasado si no llego a estar con su majestad

cuando recibió esta misiva?

-¡Ah! -¡Oh!

Margarita,

no te vayas. -¡Eh! ¡Eh!

-¡Ay! -¡Ah!

Ah... ¡Ah! -¡Oh!

-¡Mátelo! ¡Dispare, amo! ¡Dispare!

-Amo...

(BUFA) -¿Qué pasa?

¿Qué pasa? -Perdimos una herradura, señora.

Válgame Dios, señor. Aún no llevamos ni media jornada,

y ya estamos con contratiempos. Señora, un caballo,

que ha perdido la herradura. Que se la repongan inmediatamente.

Nuño está esperando en el monasterio.

-Pero, señora, es que no es tan sencillo.

Se necesitaría a un herrero para que se la repongan.

¡Puf! Ineptos...

-Señora, el viaje a Viena es largo y cansado.

Si usted quiere, puede descansar en una casa

de pastoreo abandonada que hay aquí cerca.

¿Una casa de pastoreo? ¿Tengo pinta de oveja, Catalina?

Hace un frío insoportable. Mi capa. -Sí, señora.

¡Apartad el carruaje del camino!

Margarita, la capa de la señora.

Señora.

Catalina, que uno de los guardias lleve el caballo al herrero.

-Sí, señora. Y otro, esta nota al comisario.

Por favor, no te vayas.

Me voy, Gonzalo.

-¡Amo!

-Ah...

¿Estás seguro de que las cargas eran suficiente?

-Sí, comisario. Puse suficiente explosivo

para hacerles volar hasta Viena. Recuerda,

el carruaje del conde de Olsen es el único que lleva el escudo

de la Casa Real austriaca. -Lo sé, señor.

Dispongo de un hombre que disparará 2 tiros al aire

para prevenirme de su llegada. Solo entonces, bloquearé camino.

No lo confundas con los carruajes del servicio.

Ellos partieron antes. Deben estar a punto de llegar.

(LEE) -A aquellos que pretendan envenenar

y destruir a mis hermanos,

y sabrán que yo soy Jehová.

Cuando haga mi venganza...

en ellos.

Ezequiel 25-17.

-La lectura se te da cada vez mejor.

Sin embargo, no progresas de igual modo

en el resto de las materias.

Deberías aplicarte más.

-Lo haré.

Sois el mejor maestro que puedo tener.

-¿Quién se atreve a entrar así en mis habitaciones?

-Su majestad el rey, Felipe IV.

Tu rey y el de todas las Españas.

-Es un honor recibiros en mi palacio, majestad.

Hija mía, quizá sea más adecuado continuar con la lección

en otro momento.

¿Qué sucede, señor? -Ha hecho un descubrimiento

que podría hacer caer la religión cristiana

tal como hasta ahora la conocemos.

-Eso es un grave suceso. ¿De qué se trata?

-Del quinto Evangelio, el que escribió Judas,

lo que los herejes llaman la verdadera Biblia.

-Majestad, esos textos y su búsqueda

están totalmente prohibidos por la iglesia.

Me habrían informado. -Pues parece que usted no controla

tan bien como cree a los miembros de su clerecía.

-Esos escritos no deberían llegar a oídos del pueblo.

¿Sabemos de quién se trata?

-De un franciscano, el padre Alejandro.

Yo he ordenado su detención. Usted haga lo que sea necesario

para que le entregue el Evangelio.

-Amo, para haberse matado.

No, y para matarme a mí también,

que casi se me separa el corazón del susto.

Solo estaba practicando. -¡No!

No, que cuando quiere usted practicar,

no... no se dedica a precipitarse de puente a tierra.

Eso no es práctica, eso es... temeridad.

Tú seguro que estás así porque sabes

que has perdido a Margarita para siempre.

Vamos.

-Sí, usted tome la oída por respuesta,

pero no me lo niegue.

A mí también me duele, pero esto es así.

¿Estás seguro de que le dijiste a Margarita

todo lo que podía decirle para que se quedara?

No sé si me entiende. Mira, Sátur...

Galope. Cuidado.

-Va muy deprisa, ¿no?

Vamos. La marquesa dejó en palacio unas cosas para laescuela.

-¿Se ha fijado, amo?

Que a un jinete le cayó un libro. Déjalo.

-¿Cómo que lo deje? (RÍE)

Dos embozados, cargados hasta las cejas de libros,

cabalgan como si les persiguiera el Diablo,

y a usted no el pica la curiosidad. Tú mismo lo has dicho,

solo son libros. Vamos.

-Sí es que yo no le entiendo, amo.

Pájaros.

-Vamos, no sé con qué balanza mide usted lo que es sospechoso

y lo que no.

Por menos de eso, me tuvo usted cabalgando

hasta que se me pusieron las almorranas a punto de caramelo.

Esto ya es vicio.

¿Te has fijado? Hay varios libros de caballería y aventuras.

Verás como te diviertes con ellos.

-¿Seguro que le dijiste a tía Margarita

todo lo que podías para que no se fuese?

Debería haber ido yo también.

-Os dejabais estos 2.

Ah. Gracias.

-Si necesitáis ayuda, el doctor todavía no me prohibió coger peso.

¿Estás embarazada? -Sí.

Hernán y yo esperamos un hijo.

Pues... enhorabuena.

-Gracias.

Bueno. ¡Alonso! Vamos.

-Si no necesitáis nada más... Me esperan con urgencia.

No te preocupes. Conocemos la salida.

Alonso, vamos.

-A más ver. A más ver.

-Ah... ¡Oh!

(JADEA)

Ah...

-Señor.

Un peligroso asesino se fugó del manicomio de San Carlos

cuando iba a ser trasladado. -Daremos con él, señor.

-Ha llegado una nota de la señora marquesa, comisario.

Puedes retirarte.

(LEE) Querido Hernán, necesito de ti otra vez.

He olvidado unos bonitos pendientes de zafiro negro en mis aposentos.

-¡Comisario! Ayuda.

Señor, es doña Irene. (JADEA)

(SE LEE) El conde de Olsen pasará por ellos.

Te ruego que se los entregues. Finalmente, permanecerá

en la Villa unos días más, y me ha cedido gentilmente

su carruaje para hacerme más confortable el viaje a Viena.

Chirrido.

(SUSPIRA)

Zumbido.

-No te quería decir nada delante de la marquesa,

pero ¿por qué no te vuelves?

Porque no, Catalina. Porque ya he decidido irme.

Prefiero pensar en el futuro, que no en lo que dejo atrás.

-Pero si tienes la cabeza más en la Villa que aquí.

Ahora, que lo entiendo, porque al pobretico de Gonzalo...

no le has dejado decir ni esta boca es mía,

y ahora la duda te corroe, normal.

Pero ¿qué duda ni qué duda, Catalina?

-¿Qué duda va a ser?

¿Si te has traído la ropa adecuada para el clima alpino?

Pues, que qué te hubiera dicho Gonzalo.

A lo mejor, te quería decir que te quiere.

Pasos.

Señora.

Zumbido.

Repugnante. Nos vamos. -Señora, deme dos minutos.

Se lo dejo como los chorros del oro.

Venga, siéntese.

Esto... no es como la "chaise longue" francesa de su palacio,

pero... para un rato corto... Acomódese ahí.

(JADEA)

Esto es asqueroso, Catalina.

(SUSPIRA) Prefiero esperar en el carruaje

y no tener que soportar esta peste.

¡Guardia! Guardia.

¡Guardia!

Ah...

(JADEA)

-¿Qué pasa? ¡Cierra la puerta!

Chirrido.

(JADEA) ¡Ah! -¿Qué? ¿Qué pasa?

¡Catalina, corre! (JADEA)

¡Corre, Catalina! Ah...

-A la de 3. A la de 3.

-Señora. (TODAS) 1, 2 y 3.

Golpe. ¡Ah!

Ah... -Señora.

(JADEAN) -Señora, ¿qué hay ahí fuera?

-Pues sí que has tardado, amo. ¿Qué tal el palacio?

La marquesa, que quería que me llevara unos libros.

Y el comisario... va a ser padre.

-¿Me lo dice así, entre col y col?

Pues tendré que ir a buscar unos patucos viejos de Alonsillo

o algo para regalárselos. Sátur, Sátur,

solo yo sé que somos familia. -Eso es verdad.

Y yo también. Ya estaba tardando el comisario,

¿no? Que la señorita Irene está para llevársela a la cuadra y...

(RÍE)

¿Quieres que coloquemos al sobrinillo en el "cocris"?

No, déjalo. -¿Seguro?

Mire, que hay un hueco aquí en el interrogante de su hermana.

Que por cierto, hace tiempo ya que no sabemos nada de ella.

No, si entre los secretos, los que se van, los que se quedan,

nos vamos a quedar solos. Sátur, ahora tengo mucho trabajo.

¿De acuerdo? -Amo, antes de que se concentre

en la lectura, quiero enseñarle algo.

¿Qué pasa ahora? -Que por primera vez,

he tenido iniciativa propia y... y me he ido

a buscar el libro que se le cayó al jinete en el puente.

¡Chis! Que tiene restos de sangre.

Bueno, Sátur, alguien se cortaría al pasar las páginas.

Ya está. Da igual.

-Amo... Amo, que yo entiendo

que en estos momentos, usted está más a amante que a héroe, pero...

¡Sátur, sí, Margarita se va! Y puede que no la vuelva a ver,

pero te agradecería que no me lo repitieras

a cada minuto.

-Está bien, disculpe. Lo siento si...

le he ofendido, pero es que amo,

esto no creo que se lo hiciera nadie pasando las páginas. ¿No?

El del monasterio de los franciscanos.

-¿De los franciscanos?

Pues ya me dirá usted. O es que los frailes se han metido

a charcuteros y están degollando gorrinos,

o es que los han degollado a ellos.

Ah...

-Siempre pensé que con el tiempo,

acabarías renunciando a esas ideas revolucionarias

que tenías en el seminario,

pero mira tú, sigues mordiendo con rabia

la mano que te da de comer.

Quizá hayas olvidado, viejo amigo,

que la única cura para un perro rabioso es su sacrificio.

-Los años te han tratado bien, cardenal.

-Ah.

Sabéis que la gula es una pecado capital, ¿verdad?

-Por supuesto,

no puedo olvidar los pecados capitales,

disfruto de ellos a diario.

-Me alegra este reencuentro,

Francisco de Mendoza,

pero nunca te entregaré la verdadera Biblia.

-Si no lo hacéis, ese libro causará un daño irreparable

en nuestros feligreses,

les privará de la fe,

de aquello en lo que necesitan creer.

-El pueblo necesita saber la verdad,

saber que Jesús no era una divinidad,

sino un hombre corriente.

-Ah...

Un interesante punto de vista, sin duda,

aunque poco original.

Precisamente la semana pasada la Santa Inquisición

prendió en la hoguera a un hombre con ideas parecidas.

-Cuando la verdadera Biblia se haga pública,

nadie temerá ser castigado por la ira de Dios,

perderán el miedo,

y tú perderás tus riquezas.

-Si no me entregas esa Biblia antes de esta noche,

morirás.

Guardias.

Tu discípulo te dará fe de que hablo en serio,

vamos a ver si el pueblo y la verdad

te importan más que tu propia vida.

Dejad que se despida de él,

y luego sacadlo,

no quiero que el palacio huela a muerto.

Se cierra la puerta.

¿Cómo está mi hijo?

-Irene está manchando mucho y empezó a tener contracciones,

si no cesa... ¿Mi hijo va a morir?

-Es pronto para decir eso. Haz lo que sea necesario

pero salva a mi hijo.

-Perdonen, venía a poner unas flores

y no sabía que estaban ustedes,

mejor luego vuelvo. -Espera.

Tengo que hablar contigo.

El doctor ya se iba, tiene mucho trabajo.

-A más ver.

-¿En qué puedo servirle, señor?

¿Qué criada es la responsable de fregar el suelo de palacio?

-Señor, es que vamos por turnos.

Y quién tenía hoy el turno.

-Lo siento, es que yo estaba en otras faenas.

Entonces reúne a todo el servicio en la cocina.

-Aquí no hay ni Dios.

Es una forma de hablar,

disculpe.

No le eche usted cuenta.

Sátur.

Ten cuidado. -La madre que me parió, amo.

Estos libros tienen muchos siglos,

son de un valor incalculable,

es aquí donde los monjes los traducen y los copian.

-Perdone mi incultura, pero eso de copiar...

¿Más que un acto cristiano no es un delito?

Que no creo que al autor...

Ah... el autor...

Aris... to...

teles..., Aristóteles,

le haga mucha gracia eso de que le copien.

No lo hacen para otorgarse el mérito,

lo hacen para que todo su saber nos llegue a todos.

-Aristóteles.

¿Ese no era el del tembleque?

No... (CARRASPEA) No.

Amo...

Dios santo, amo.

Qué masacre.

¡Ah...!

Eh...

Padre. -El padre...

Alejandro,

se lo han llevado...

¿Por qué, qué querían de él?

-Lo ha encontrado...

Padre, ¿el qué ha encontrado?

-El quinto...

El quinto, oh...

Padre, padre. -¿Qué ha dicho de un quinto?

¿El quinto qué?

Golpes.

(SOLLOZAN)

-Ha parado.

¿Se habrá ido?

No seas idiota, Catalina,

va a volver.

Está pensando la manera de entrar.

Si vuelve y entra nos defenderemos como podamos,

somos tres contra uno. Sí,

¿y con qué armas? El guardia tenía el cráneo partido en dos.

Eso de ahí afuera no es un hombre,

es un animal,

no vamos a defendernos con puñetazos.

Entonces pediremos ayuda.

¡Ayuda... Socorro...!

Ayuda, ayuda... -Margarita,

no nos van a oír,

estamos lejos del carruaje y del camino.

¿Qué hacemos, señora?

(SOLLOZA)

Lo que ha dicho Margarita,

vamos a pedir ayuda,

Catalina,

sal tú.

-Pero señora que... Pero señora, si sale la mata.

-Por favor.

¿Has olvidado quién soy?

Yo soy tu dueña,

y tú mi criada.

Si no sales te mato yo.

(SOLLOZA)

Me voy contigo. Tú te quedas aquí.

¡Tú te quedas aquí!

-Margarita, por favor, quédate,

sólo voy a mirar, eh, sólo voy a mirar.

Ayúdame.

(CHISTA)

No hay nadie. Sal, sal.

(TODAS GRITAN) Ah...

-Señora, es él.

Ah, ah... Granuja.

-Oh, oh...

(SOLLOZA)

(JADEAN)

-El quinto.

Hay muchas cosas con cinco, muchísimas.

Cinco...

Cinco...

¿Seguro que nos dijo quinto y no tinto?

Que el clero ya se sabe que son muy de empinar el codo.

Ya sé por qué se han llevado al padre Alejandro.

-¿Resolvió el enigma con el libro?

Yo que me vine arriba con el descubrimiento de la sangre.

El padre Alejandro pasó toda su vida estudiando

lo que algunos llaman la verdadera Biblia.

Sostiene que había cinco evangelios,

el quinto, a eso se refería el monje.

-Espere, espere... ¿Cómo que cinco?

¿Cómo que cinco evangelios?

Si de toda la vida han sido cuatro evangelistas?

San Mateo, San Marcos, San Lucas y San Juan, ¿y el quinto?

Siempre estuvo ahí, pero no lo ocultaron.

Judas.

-¿Judas el del... el del beso, el traidor?

Lo que el padre Alejandro defiende es que en principio había cinco,

la iglesia los publicó todos menos ese.

-No me extraña,

viniendo de quien venía como para no ocultarlo.

No fue por eso, lo desecharon porque daba a entender

que Jesús era hijo de hombre,

y no de Dios.

-Pare, pare, pare...

(RÍE) Es que... ¿Qué Jesús qué?

¿Ese escrito dice que Jesús era...?

¿Era un parroquiano como el Cipriano y como yo?

Sí, ¿y los milagros que hizo qué?

Sátur, la Biblia hay que interpretarla,

no todo lo que dice tiene por qué ser verdad.

-Amo, que Jesús caminó sobre las aguas,

resucitó a Lázaro,

multiplicó los panes y los peces,

y eso es tan verdad... como que hay Sol.

Los milagros, como tales no existen.

-Sí existen, Dios existe,

Jesús también, como su hijo,

y existen porque necesitamos tener esperanza,

que la vida ya es suficientemente jodida

y está llena de calamidades,

que tenemos que... Tenemos que saber que luego...

luego viene algo mejor.

Y también saber la verdad.

-No me diga que con todo lo que ha sufrido

nunca pensó en reunirse arriba con su mujer.

Tenemos que volver al monasterio,

quizá allí haya algo que nos lleve al padre Alejandro.

-Ya, usted rescate al padre Alejandro,

de a conocer es evangelio,

y si quiere destroce la vida de toda la humanidad,

pero conmigo,

conmigo no cuente.

-¿Habéis visto a María? -No.

-¿Sabéis dónde está María?

María, María...

Tienes que irte, el comisario va a bajar,

quiere descubrir quién derramó el agua del resbalón.

-Si yo no la tiré, yo sólo fregaba el suelo del pasillo.

-No querrá ni oírte,

debes irte lo más lejos que puedas,

si te descubre estás muerta,

-¿Adónde voy a ir?

Ya está aquí, corre, vete, va vete.

Dejad de hacer lo que estéis haciendo.

Todos sabéis el accidente que sufrió mi esposa,

quiero saber quién es el inútil que fregaba el suelo.

-Señor,

somos tantos que es muy difícil saber lo que hace cada uno.

Ah, que es una cuestión de orden.

Está bien,

eso tiene fácil arreglo.

-¡Ah...!

Él es el número uno,

tú serás el número dos. -No, por favor, no señor,

no... fue María,

fue ella quien lo hizo.

No se ve nada,

pero sé que anda por ahí fuera,

acecha como los lobos a sus presas,

no tardará en volver.

Oh...

-Señora, ¿está usted bien?

¿Está usted bien? Sí.

-Una pistola.

Está cargada.

Ya tenemos como defendernos.

-Gracias a Dios. Déjate de plegarias,

a Dios no le va a gustar ver esto,

cuando ese mal nacido entre le volaré la cabeza.

Golpe.

Disparo. -Ah...

Estúpida. ¿Qué haces?

No lo dejo.

¿Quién te crees que eres para tratarnos así?

¿Eh? No estamos en tu palacio,

estamos en un refugio a punto de morir,

de nada te valdrá ser la marquesa de Santillana.

-Margarita. La muerte nos tratará

a todas por igual.

¿Quién te crees que eres?

-Margarita, Margarita. (JADEA)

Golpe. -Oh.

(TODAS) Oh...

Ah. -No...

¡Socorro! Ah...

-Ah... (JADEA)

Ah...

-Oh, oh, oh...

(LLORA) Señora, ayúdeme.

Señora, ayúdeme.

(LLORA)

Oh.

-Venga, vamos, cógelo.

-Déjame en paz.

No... No, no, no...

(LLORA) No... -Cállate, calla.

-Por favor, no...

¡No...!

Por favor, por... (LLORA)

Por favor, no... -¡Cállate!

(LLORA) -No, Padre nuestro que está en los cielos,

santificado sea...

Ah...

-Cipri.

(JADEA)

(LLORA) -Ya ha pasado todo.

-Ah... -Tranquila, estás a salvo.

(LLORA) -Déjame ver.

-¿Estás bien? -Creo que sí.

-Ah... -¿Puedes andar?

-Sí. ¿Tú qué haces aquí?

-Pues... ir contigo a Viena.

(JADEA) En los bajos del carruaje.

-¿Qué? Ah... -Pues eso,

que voy en los bajos del carruaje. (RÍE)

(LLORA) -Chis...

-Ah... -Tranquila.

Tranquila, no te preocupes. (LLORA)

-He aprovechado que los... cocheros dormían

la siesta para salir. -Ah...

-¿Y tu señora? ¿Y Margarita? -Se ha golpeado.

Está en el refugio. (LLORA)

-Bien, mira, yo no me puedo dejar ver,

tengo que volver a los bajos del carruaje.

-Sí... -Ven tú un poco después. ¿Vale?

-Sí. -Despiertas a los cocheros

y pides ayuda. -Sí.

(LLORA)

Murmullos.

-Perdón. -Perdona, es que no la vi.

¿Está bien? ¿Le pasa algo? -No.

Nada.

Me recuerdas a alguien.

Gritos. -¡Por favor!

¡Por favor, soltadme! (LLORA)

¡Soltadme! ¡Yo no fui!

¡Señor! (LLORA)

¡Señor, yo no fui!

Pasos.

Dispón todo para la horca. Morirá al anochecer.

-Señor... (LLORA) No, por favor. Yo no fui.

Mirad al hombre del suelo del pasillo,

por favor, señor, ayuda, ayuda...

¡Yo no fui! ¡Por favor, ayúdame! (LLORA)

¡Esto es poco para lo que te mereces!

Si muere mi hijo, morirá toda tu familia.

-Ah... ¡Lleváosla!

-Ah... (LLORA)

¡Ayuda!

-A más ver.

-Ave María purísima...

-Dejaos de formalismos, cardenal.

¿Cómo se os ha podido escapar el padre Alejandro?

-No hay motivo para preocuparse, majestad.

Cierto es que se ha escapado, pero... volverá

para entregarnos el quinto Evangelio

en nuestras propias manos. -Explíquese.

-Como muy bien sabéis, la familia es el talón de Aquiles

de todo hombre que se precie.

Ha sido una grata sorpresa comprobar que la madre anciana

del padre Alejandro, vive en un pueblecito de la sierra.

-Piensa cambiársela por la Biblia. -Así es.

Y a estas horas, mis hombres ya la habrán invitado

a salir de su casa.

Espero que así sea. Si esa Biblia llega a manos

del pueblo, este comenzará a dudar de la existencia de Dios,

y luego, también dudará de la monarquía.

-Dejadlo en mis manos, majestad.

La monarquía y la iglesia están unidas en el propósito común

de evitar que el pueblo piense por sí mismo.

-Bien. Pues haced lo que sea necesario.

"Ego te absolvo a peccatis tuis in nomine Patris,

et Filii et Spiritus Sancti."

Golpes.

¿Qué estás haciendo?

Nada, lo de siempre.

Golpes.

Que no, coño, que no.

Que no puedo estar yo aquí troceando nabos

como si nada, con... con la duda de si usted se va a cargar

al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.

Sátur, que te puede oír Mariana. Y no te preocupes,

no encontré el quinto Evangelio. -No, termine la frase.

Termine la frase. ¿Qué?

-No lo ha encontrado todavía. Todavía.

Porque... empecinado es usted un rato.

Y no va a parar ahí la cosa, seguro.

Voy a seguir buscándolo. -Ah.

Y quiero que me ayudes. Sátur, tienes la oportunidad

de conocer la verdad. ¿No quieres saberla?

-Pero la verdad es la que se cree la mayoría de la gente.

Si no, a ver por qué se la iban a creer.

Escúchame. Tú siempre dices que te gustaría que Gabi tuviese

un mundo mejor que el tuyo. ¿No lo sería si fuera más real?

¿Menos ignorante? -Ya estamos.

En cuanto no tiene argumentos, a tirar del chantaje.

Venga, hombre. Sátur, a ti te importa la verdad

más de lo que dices. Has sido tú el que fue esta mañana

a buscar el libro. Tú has descubierto el hilo

del que tiramos ahora. -Bien, pues ya está.

Yo lo descubrí, yo lo zanjo. Se acabó.

A ver si voy a ser ahora culpable de cargarme a nuestro señor.

Ah... No te hablo de Dios,

y mucho menos, te digo si tienes que creer o no,

solo quiero que tengas la mayor información posible.

que te plantees las cosas por ti mismo.

-¡Que no quiero plantearme nada!

Yo soy feliz con mis cositas, tal y como estoy.

Tengo suficiente con un choricito para el caldo,

o saliendo a la calle, que luzca el sol,

como todo el mundo. Pero tú no eres como todo el mundo.

A la mayoría de la gente, le da igual no saber leer,

pero tú te esfuerzas. Coges cada noche un libro

para saber más, Sátur, y eso lo hace el que quiere ser

cada día, un poquito mejor.

-Si es que tiene usted un pico, que...

Está bien, le ayudaré a encontrar la Biblia esa,

pero cuidado, a ver qué hacemos luego con ella.

(SUSPIRA) -Cuidado.

-Toma, estaba bajo tu almohada. Gracias.

(LEE) Van a matar a una inocente, padre,

pero fui yo el que derramó el agua en el palacio de la marquesa,

y el bebé del comisario va a morir.

Por eso, vuelvo a allí a entregarme.

Te quiero.

-Dios, Padre, Hijo y Santísimo Espíritu...

-El comisario no está con su mujer, pero... espera aquí,

que voy a mirar en las caballerizas.

-Vale, pero date prisa, que es importante.

¿Qué estás haciendo aquí? -Verá, cuando se resbaló,

el suelo estaba mojado. ¿Cómo lo sabes?

¡Alonso! ¿Se puede saber qué estás haciendo aquí?

La mujer del comisario está convaleciente.

Vuelve a casa. Espera.

Estaba a punto de decirme algo.

-Padre, lo que va a hacer, es injusto.

Sí, hijo, sí. Mi hijo, al igual que yo,

no cree en los castigos físicos.

-Ah... ¡Ah! (LLORA) Fuera de aquí.

¡Vamos! -¡Ah! Ah...

Irene. -¡Ah...!

Irene, ¿estás bien? -¡Ah! ¡Ah!

¿Y el médico? ¡Que traigan al médico!

-¡Ah...! (LLORA)

-Ah...

Ya está. Ya está, ya ha pasado.

Ha pasado. ¿Eh? -Ah.

Menos mal que ese campesino te salvó la vida.

¿No sabes dónde está? Me gustaría agradecérselo.

-Se ha ido.

Los cocheros de verdad no esperan recompensa.

¡Vamos!

¡Puf! Ineptos...

-Llévate esta para adentro.

Ay...

¡Despierta!

Deberías haber revisado las herraduras antes de partir.

Al llegar a Viena, recibirás tu castigo.

No pienso pasar esto por alto.

Señora marquesa, seguro que lo dispuso todo

de la mejor manera posible. Son cosas que pasan.

Por su culpa, han estado a punto de matarnos.

Puede que tu muerte sea algo insignificante, Margarita,

son cosas que pasan, como tú dices, pero la mía no.

¡Guardias, matadlo!

Ay, señor. Por Dios. ¿Ya estás contenta, Margarita,

o quieres más? -¡Por favor, no!

Disparo. ¿Qué hará? ¡No! ¡No!

-Sube. Sube, Margarita. Nuño me espera.

(RELINCHA)

-No entiendo por qué venimos a la escuela,

si todo lo que enseña esto es mentira.

Necesito que lo entiendas. -¡No puedo!

¡Soy culpable y no voy a pagarlo!

Mira, la caída de Irene fue un accidente.

Los accidentes ocurren. -Ya lo sé,

pero una mujer inocente va a morir,

y siento como que la he matado yo.

Y tengo que hacer algo. No.

-¡Padre, suéltame! ¡Escúchame! ¡Escúchame!

¡Tienes razón, no es justo!

Pero, por favor, no te puedo perder a ti también ahora.

Tu madre también murió injustamente.

Y ahora tú te salvas. Míralo como...

como algo que la vida nos devuelve.

Aunque tú no lo entiendas. -Pero...

Padre... Por favor.

Por favor.

Venga.

(SUSPIRA)

Aunque sea un niño, sabe que lo que he hecho,

es totalmente contrario a lo que le enseñé.

-Amo, es una jodienda, pero es lo que tiene madurar.

El chiquillo tiene que aprender que a veces hay que ser egoísta.

Aunque vaya en contra de sus principios.

No lo sé, Sátur. -Yo sí.

Por eso, no tengo tantos principios como usted,

para no tener luego tantos problemas.

Aunque usted tiene una ventaja, el Águila Roja,

que va a salvar a la criada. ¿Eh? (RÍE)

Sí. Y aunque lo haga, tendré que abandonar la Villa,

dejar todo lo que tiene aquí y no volver nunca más.

-Usted, como héroe, ya es bastante generoso con el pueblo.

Eso es una cosa, y otra cosa bien distinta, es ser un mártir.

Ha hecho bien. Eso espero.

-¿Esto qué es? Lo encontré en el escritorio

del padre Alejandro. -Ah...

Está en blanco. No.

Tiene unas perforaciones.

-Ah, bueno, sí, claro.

Que habrá... termitas en el monasterio, ¿no?

(RÍE)

Sátur, espera, no te muevas.

-¿Qué pasa?

Es una constelación.

-¿Puedo moverme? Sí.

-¿Una qué? Una constelación.

Eso quiere decir que nos volvemos al monasterio, ¿no?

No, tú no. Prefiero que te quedes vigilando

a Alonso. -Sí. (RÍE)

Una constelación. (RÍE)

-¿Padre Alejandro, disfrutas de tu libertad?

Mis hombres te esperarán aquí antes de que se ponga el sol.

Entrégales el Evangelio o tu madre morirá.

-Buenas tardes, comisario. ¿Qué hace usted aún aquí?

-Unos asuntos que tratar en la Corte retrasaron mi partida.

Entonces, ¿no va a partir hoy hacia Viena?

-Probablemente lo haga mañana, cuando haya reparado

el carruaje de la marquesa.

Pasos.

Supongo que la marquesa habrá... demorado su viaje.

-Ella ha continuado con la mayor de las comodidades.

Le he dejado yo mi carruaje.

¿Su carruaje? -Así es.

Si me permite, debo recoger unos pendientes que se olvidó.

-¡Ayuda, por favor! ¡Ayuda!

-Por favor, dame ese cuchillo. De esa manera, no conseguirás nada.

Dámelo. -Mi mujer no merece morir.

Ella no derramó el agua. Ordene que la suelten

y dejo a su mujer. No te atrevas a tocarla.

-¡Ah! Ah... -¡Quieto o la mato!

-Ah... -Eh... escúchame.

Tú no eres un asesino. -Por favor.

-Tú eres un buen hombre. -Por favor... (LLORA)

-Por favor, déjala. -Ella no fue.

-Por favor... (LLORA) -Ella no derramó el agua.

Va a matar a una inocente. ¿Lo sabe?

-Ah... Si la tocas, verás morir a tu mujer

y luego, morirás tú. -Ah...

-Ah... (LLORA) No...

¡Ah!

Ah...

(LLAMA A LA PUERTA)

-¡Alonso!

¿Dónde estará esta criatura?

-¿Qué pasa, hijo?

-Tranquila.

Tranquila.

Campanada.

Pasos.

Esto es lo que buscáis.

Golpe.

El Evangelio, según Judas.

Disparo.

¡No! -Ah...

Ah... -Ah...

Rotura de cristales.

(DESENVAINAN LAS ESPADAS)

¡Ah...! -¡Ah!

¡Ah! -¡Ah!

Ah... ¡Ah!

-¡Ah...! ¡Ah!

-¡Ah! Ah... -¡Ah!

Ah... ¡Ah! Ah...

Golpe.

-¡Ah! Ah... ¡Ah!

¡Ah! -Ah... ¡Ah!

-Sí, mujer, sí. Alonsillo, un...

un chico rubio, así de alto como yo...

Bueno, como tú, más bien, con... con bigotillo pelusero,

que ha venido esta mañana a por unos libros.

-Sí, sí, el hijo del maestro. -Ah.

-No le he vuelto a ver desde que se fue con su padre.

-¿Estás segura? -Sí.

-¿Dónde se habrá metido ese chiquillo?

¿Y el comisario? ¿El comisario está en los calabozos?

-No, está en su alcoba.

Herido.

-¿Herido? -Sí.

-¿Qué le ha pasado? -Un cuchillazo.

Una cosa horrible.

-Han matado a mi madre por mi culpa.

Un precio demasiado alto.

-A veces, la mejor manera de ocultar algo,

es precisamente no hacerlo.

Le he cambiado la cubierta.

Guárdalo.

Tú, que tanto te arriesgas para proteger al pueblo,

sabrás cuándo darlo a conocer.

¿Estás seguro?

-Quien lo busca, me perseguirá a mí.

-Señor.

Señor, ¿cómo se encuentra?

Ah... -Espere. Espere, espere.

No se mueva. Voy a traerle algo de agua.

-Señor, venía a comunicarle que... La marquesa.

-El asesino del manicomio apareció muerto, señor.

El carruaje de la marquesa. -La marquesa...

Señor, lo siento, pero no entiendo lo que quiere decir.

Vete al cruce de rececho. La marquesa está en peligro.

Su carruaje va a estallar.

-No reacciona. Rápido, hay que llamar a un médico.

-¡Amo...!

-El libro.

Pero no hemos conseguido capturar al padre Alejandro.

-No, padre Alejandro no. Simplemente Alejandro Avendaño.

Lo acaban de excomulgar. -¿Seguimos con su búsqueda?

-Por supuesto. Podéis retiraros.

Cierran la puerta.

Toda una vida viviendo como un religioso,

para ahora morir como un hombre vulgar.

Qué pena...

-Es preciosa. ¿De verdad es para mí, eminencia?

-Todo trabajo bien hecho tiene su recompensa.

Te has esforzado en aprender a leer,

y ese es tu premio.

-Nunca había tenido ropas nuevas.

No sabéis lo agradecida que os estoy.

-No me lo agradezcas. "Quid pro quo".

¿Sabes lo que quiere decir?

Es una frase en latín que quiere decir:

Algo a cambio de algo.

No, no sigas. Ven.

Quiero leer para ti.

(HABLA EN OTRO IDIOMA)

Significa: El Evangelio según Judas.

Maldito hereje...

-Hijo... ¡No!

Mi hijo... Mi hijo... ¡No!

¡No! ¡No!

(LLORA) ¡No!

(RELINCHAN)

-¡Eh!

¡Eh!

(RELINCHAN)

¡Eh! ¡Eh!

¡Alto! ¡Deteneos!

¡Parad el carruaje! ¡Deteneos!

(RELINCHA)

¡Eh, ah! (RELINCHA)

(RELINCHA) ¡Alto! ¡Detened el carruaje!

¿Se puede saber qué está pasando?

¡Vamos! ¡Fuera! ¡Fuera todos del carro!

¡El carro va a estallar! ¡Fuera!

¡Fuera de la carreta! ¡Venga!

¡Vamos! Vamos, hijo.

¡Va a estallar!

¡Vamos! ¡Vamos! -¡Cipri!

Cipri está debajo del carro. ¡Fuera!

-¡Ayuda, por favor! ¡Vamos!

-¡Ayuda! -Cipri...

¡Vamos! (JADEA) -¡Ayuda, por favor!

Ah...

¡Vamos! -Ah...

¡No puedo! ¡Por favor, sácame de aquí!

¡Socorro! -Cipri...

¡Vamos!

(DESVAINA SU ESPADA)

-Ah... Vamos.

Explosión.

-Que Dios nos coja confesados.

¿Cipriano atado bajo el carruaje?

Para haberse matado el tontolaba.

Pero ¿qué se le había perdido allí abajo?

Quería empezar una nueva vida en Viena.

-Otro con Viena. Pero... pero ¿qué se le ha perdido

a todo el mundo en ese lugar? ¿Has visto a Alonso?

-Sí, amo, sí. Creía que había vuelto a palacio,

pero no, estaba en el río. Ahora está en su cuarto,

más callado que un zapato. Rezando.

Para que luego usted le quite su Dios.

Para juzgar, hay que conocer.

-No. No, no me venga usted con frases que me hacen pensar,

porque no. Eso sí que no.

Bueno, ¿y qué?

¿Qué? ¿Dónde está?

¿Dónde está qué? -No qué, quién.

¿Dónde está, quién?

¿Lo ha vuelto a hacer? (SUSPIRA)

-Que lo ha vuelto a hacer, madre de Dios,

que lo ha vuelto a hacer.

Si te refieres a Margarita, está en palacio.

En breve, parte de nuevo hacia Viena.

¿Que se vuelve? Si es que está de Dios que usted

y yo últimamente estemos encontrados.

Si es que no pone nada de su parte. ¿Qué ha pasado ahora, vamos a ver?

¿Por qué no la trajiste de vuelta? Margarita tiene muy claro

que quiere irse.

-Vamos a ver, amo, las oportunidades son

como los amaneceres, que si uno llega tarde,

se los pierde, y ya van dos.

¿Quiere vivir usted una vida de crepúsculo?

No pienso insistir en algo que ya sé la respuesta.

-Y dale molino al viento. Usted sin Margarita está mal.

Está mal, pero muy mal. ¿O es que no se ve?

Si hasta el embozo le tiene mustio.

Hazme un favor, vaya a buscarla, hable con ella,

pero hágalo bien, y tráigala de nuevo.

No puedo, Sátur. Tengo que ir a salvar a la criada

y a su marido de la horca. -Ah, no, no, no,

no se escude usted en el trabajo, que a esos pobres no les ajustician

hasta el anochecer, así que tiene tiempo de sobra.

Por Dios se lo pido, vaya a por la señora.

Tengo que irme.

-Como quiera.

Chirrido de la puerta. Ah.

Usted siempre saliendo por la tangente.

Y viviendo en soledad.

Que yo puedo ser su compañía, pero no... el cuerpo turgente

con el que se va a acostar todas las noches.

Eso sí que no. Ah, faltaría más.

Lucrecia. Vaya,

parece que te has sorprendido mucho al verme.

No esperabas que estuviera viva. No sé de qué me hablas.

Has estado a punto de matar a tu hijo, Hernán.

No podía perder a Nuño.

Si no hubieses cambiado de carruaje,

no hubiese pasado nada. Maldito seas...

Conde. -¿Todo bien, querida?

Sí. -En media hora partimos.

Ya está todo dispuesto. Deberías prepararte.

De acuerdo. Lo que tarde en refrescarme.

-Vengo a despedirme, comisario. Deseo marcharme cuanto antes.

Las Españas no son un lugar seguro para mí.

No puedo permitir que se lleve esa impresión.

Mis mejores hombres le acompañarán hasta la frontera.

-Le estaré muy agradecido. Después de un robo y un intento

de asesinato, toda precaución es poca.

Más si cabe con la marquesa implicada.

Todo esto debió afectarle a su delicada situación.

-¿Delicada situación? ¿Qué quiere decir con eso?

Pues la situación de la marquesa, la de...

Perdón. Creí que usted lo sabía.

-Dígame qué es lo que ocurre.

Supongo que habrá notado los repentinos cambios de humor

de la marquesa. Son debidos a su enfermedad.

Padece el mal portugués.

-¿Sífilis?

Pasos.

-Comisario.

(SUSPIRA)

-Amo.

¿Qué? Ya ha salvado a la criada y a su marido, ¿no?

Sí, Sátur. Un día te van a oír. -Ah...

-Ahora que ha acabado... ¿Qué haces?

-No, le cojo porque cada vez que hablo de este tema

se me esfuma. Siéntese. Haga el favor, siéntese.

(SUSPIRA) A ver, ¿qué tema?

-Margarita, que tiene que ir a verla,

que todavía está a tiempo. Sátur, no insistas. Otra vez, no.

-No. Siéntese, por Dios. Siéntese.

Yo voy a ayudarle.

Si quieres, escribimos lo que tengamos que decirle.

Lo que tiene que decirle. (TOSE) A ver, por ejemplo...

No te vayas. No.

No, eso ya se lo ha dicho. Quédate. (RÍE)

No, porque también es... No.

Es lo mismo que lo otro, o sea, que...

Sin ti no soy nada.

No. No mejor no, es de trovador antiguo.

Abren la puerta.

Ah...

Margarita.

¿No estabas de camino a Viena? -Al final, no nos vamos.

¿Quieres decir que... retrasáis el viaje hasta mañana

o... hasta dentro de unos días? -No, quiero decir...

-Quiere decir que se queda. Que la señora se queda.

Quiere decir que se queda.

El conde de Olsen ha suspendido el matrimonio con la marquesa.

Ha decidido casarse con alguien de su tierra.

Llaman a la puerta.

-¿Margarita Hernando? Sí, soy yo.

Gracias.

¿Pasa algo?

No, nada. Tengo que irme.

-Pero, amo, que se ha ido otra vez.

A ver si el conde de Olsen ha cambiado de opinión...

Pájaros.

No merece la pena.

-Lo sé.

¿Qué quieres de mí?

-Me voy a vivir a Italia, Margarita.

Pero antes quería darte esto.

¿Por qué me lo das?

-Era mi anillo de pedida.

Pertenece a la familia de Juan.

Tú lo necesitarás más que yo.

Pájaros.

Cierran la puerta.

-Para juzgar, hay que conocer... Sí. (RÍE)

A ver qué patrañas escribiste, Judas.

Si es que aquí no se ve un carajo.

Ah...

(SUSPIRA)

(CHILLA)

-¡Ah! (SUSPIRA)

¡No! ¡No! No, por Dios.

Pero ¿qué he hecho? La madre que me parió...

¡Ah! (GOLPEA CON LAS PALMAS)

Ah...

(TIRA UN OBJETO METÁLICO)

Dios... Esto aquí...

Dios mío... (SUSPIRA)

¿Qué coño son estos palitos?

-¡Ah! -¡Ah!

¡Eh! Soltadlo.

-Señor, creo que es importante. Se trata del Santo Grial.

Habla. -Vi una mujer

bajo el puente que va a la Villa.

¡Ah! -¡Ah!

¡Ah! -¡Ah!

-Un chino.

No, si lo que no encontremos nosotros...

-¿Puedes creer que no ha venido nadie a verla?

Ni su marido, ni la marquesa.

(HABLA EN CHINO) -Que se ha despertado el chino.

(HABLA EN CHINO)

-¿Necesitáis a alguien para que haga la fruta?

Soy capaz de trabajar de sol a sol, en lo que sea.

Necesito trabajar. Dame una tarea, la que sea.

Busca a su hija. Se fue con un comerciante español

estando prometida con el emperador.

-¿De veras le importa tan poco lo que le ocurra a su esposa?

Lo único que te pedí fue que salvaras a mi hijo.

¿Esa es la herencia de Hernán? -Si Irene muriera,

el comisario se convertiría en el viudo más interesante

de la Corte española. -No tengo dinero.

No tengo nada. Hay que encontrar a esa chica.

-Pero ¿qué necesidad tenemos de "abrir mercado"?

¿Qué se nos ha perdido a nosotros ahora dedicándonos a...

a las ofensas orientales, vamos a ver?

Águila Roja - T4 - Capítulo 47

12 dic 2011

Águila Roja y Sátur investigan el asesinato de unos monjes escribanos. La masacre está relacionada con la existencia de unos textos que podrían hacer tambalear los cimientos de la jerarquía eclesiástica.

 

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  1. Mª Jose

    No funciona el reproductor ni en este capítulo ni en el siguiente

    19 ene 2015
  2. Nerea Camarero Sanz

    Buenos días !!mira yo tan solo queria deciros que no he tenido la oportunidad de empezar a verla des de es principio y todavía me llego por el capitulo 47, pero con todo eso me basta. Todavía estoi en la ESO y esta serie hace que me olvide totalmente de mis estudios, de mis problemas... Mi siento con si fuera real como si yo estuviera dentro de la serie. Además me encanta la historia y esto tiene su parte histórica y es increible!! Para todo todo lo que necesitéis aquí me tenéis a vuestra servidora fiel que nunca os traiccionara y siempre estará a vuestro servició. (Hombre y si necesitáis de alguien para interpretar un personaje aquí me teneis!!)

    30 nov 2014
  3. MARIA

    desde Rumanía .estoy siguiendo todos los episodios y me encanta verlos .espero que pasemos de las crisis de la vida tan fácil como lo hace el águila.viva ESPANIA

    05 jul 2013
  4. Krispy

    Buenas noches!!!veo águila roja desde que empezó y no me perdido ningún capitulo hasta entonces.Ahora por algunos motivos no puedo verlo cuando lo hechan Pero en cuanto esta en internet lo veo.Es una serie que me encanta,me apasiona,me ha hecho llorar,reír,pasarlo mal,bien....he tenido muchísimas experiencias en esta serie y la verdad nose a lo demás pero a mi al ver la serie se me olvida si tengo algún problema;me voy al mundo de Gonzalo,Margarita,satur,Catalina,el comisario,la marquesa....viajo con todos ellos.Mil gracias por esta serie y espero que no se acabe nunca porque aquí tenéis una seguidora fiel.(eso si Mónica cruz no me gusta nada como interpreta a la pirata que ahora no me acuerdo el nombre)Gracias y un besazo a todos los que hacéis posible esta serie.gracias!!!

    18 dic 2011
  5. charlie

    Son cansinas las casualidades constantes en esta serie, además en esta serie jamás vi a nadie picar a una puerta antes de entrar...guionistas, a ver si apuramos un poco la imaginación...

    17 dic 2011
  6. Angela

    la seriee es muy buenaa pero siempre es lo mismoo ami me encanta pero es que no abanza :)

    17 dic 2011
  7. alonsoyayerojo

    SARO tienes toda la razón del mundo, tanta "estrellita" en el reparto cansa bastante, además de romper con la estética y la trama de la serie ambientada en el siglo XVII, porque estas caras nuevas traen de vuelta al espectador al siglo XXI, ya que tenemos a estos actores muy vistos de otras series o programas de televisión. Aprovecho para unirme a todos los que creen que la "pirata" actúa de pena, y que maldita la falta que hacia en el reparto.

    16 dic 2011
  8. Cactus

    cada vez la seria va mejor

    16 dic 2011
  9. Saro

    Estoy preocupada porque he oído que, a pesar del grandísimo éxito de audiencia de la serie, al parecer la Productora dice que no es rentable. La serie comenzó siendo una apuesta por lo diferente y ahí radicó gran parte de su éxito. Francis Lorenzo y Miryam Gallego eran las caras más conocidas de un reparto en el que Javier Gutiérrez, Inma Cuesta y David Janer sorprendían con los papeles más importantes de sus vidas. Nació como una serie orquestal, sin estrellas muy famosas, pero con gente que tenía muchas ganas de trabajar y, éso se sigue notando. Pero, cuando Águila Roja se convierte en una serie de gran éxito e imbatible en audiencias, "alguien" decide que es el momento de incorporar a "estrellas" en el reparto que, seguramente, cobrarán más que si hubieran contratado a otros más modestos, a los que se les hubiera dado una oportunidad . La serie es muy buena y todos los ACTORES FIJOS también. Ellos, con su calidad interpretativa, son los que han llevado la serie al éxito y sólo hay que recordar las 2 primeras temporadas; incluso tanta "incursión" de "gente nueva" a veces se hace insoportable al espectador, porque algunos no están a la altura (como también pasó con "la Película") que, si la hubieran hecho una vez acabada la Serie, hubiera sido un EXITAZO impresionante porque hubiera estado interpretada por el mismo elenco que tiene la serie y al que el público estaría deseando volver a ver en la pantalla grande. Deseo que hayan más temporadas, sin tantas "colaboraciones"

    14 dic 2011
  10. Neoma

    Primero, mis mas sinceras felicitaciones a todo el equipo que hace posible Águila Roja, por haber conseguido una temporada llena de acción y tramas fáciles de seguir pero más que interesantes, que convierten una serie familar en el continente perfecto para mezclar aventuras, amor, superhéroes e historia. Enhorabuena. En segundo lugar, querría pedir compasión para el personaje de Cipri. En ocasiones sucede que una serie se ceba en exceso con un solo personaje y el final no resulta ser demasiado agradable para la audiencia. Dicho personaje se vuelve cada vez más querido para el público pero su devenir por la trama lo lleva sin remedio a un final trágico si queremos que el personaje sea creíble. Si, por el contrario, se tira del happy end o del tan temido deus ex machina, se estropean tanto el personaje como la trama, se pierde credibilidad y el sabor de boca que deja en el público enturbia la visión general de la serie. Con sinceridad, no sé si Cipri tiene solución posible o su personaje merece una muerta digan y a la altura de la del mítico Marcial (Médico de familia). Un segundo comentario nada más: ¿por qué el Conde de Olsen tiene ese extraño parecido con Richard Blake? Enhorabuena de nuevo. Un fiel seguidora de Águila Roja.

    14 dic 2011