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No recomendado para menores de 12 años Águila Roja - T4 - Capítulo 46 - Sátur despierta encadenado en una angosta habitación - Ver ahora
Transcripción completa

-¡Que estoy desnudo!

(RECUERDA) ¿Qué te parece si te doy el día?

Desde ahora y así te recuperas...

-¡Joder, el amo está aquí!

¡Socorro!

¡Socorro!

-¡So, so! ¡Para!

¡So, para! ¡So, tranquilo!

¡So! ¡Para!

¡So!

¡Para!

Relincho.

Muchas gracias. Pero sé cuidar de mí misma.

¿No sabes que es peligroso este lugar para una mujer?

-Vengo por aquí todos los días.

¿No me vas a dar una pluma? Dicen que es lo que haces siempre.

-¡Oh!

¿Cómo osáis entrar así en mis aposentos?

-Siento importunaros, Majestad,

peo el asunto que nos trae es de la máxima importancia.

-Podéis volver al convento.

-Señor,

han robado en la cámara del Tesoro Real.

-¿Cuándo ha ocurrido, por qué no se me ha informado antes?

-Hemos venido en cuanto la guardia se ha dado cuenta.

Ahora esperan sus órdenes.

-¡Todo el reino se nutre de ese oro!

¿Cómo vamos a costear los gastos hasta la próxima partida de Indias?

-Es una debacle, sin duda alguna, señor.

Y más ahora que vais a desposar a vuestra hija Margarita.

-Supongo que esto explica el asesinato de su arquitecto.

-¿Se sabe algo al respecto?

-Un panadero ha confesado haber robado...

-¡No me hagáis reír, Mendoza!

¡Eso no es obra de un vulgar panadero!

¡Está demasiado bien orquestado!

Quiero que convoquéis un consejo urgente para tratar este asunto.

-Como dispongáis, Majestad.

-Y lo celebraré fuera de palacio.

En estos tiempos es difícil

distinguir entre los fieles y los traidores.

-Ser rey significa no confiar ni en los unos ni en los otros.

Señor, con vuestro permiso.

-Buen día. Buenos días.

-¿Te ayudo? No, esto ya está.

Siéntate. Oye, Mariana,

que supongo que no debe ser fácil para una mujer como tú

vivir encerrada entre cuatro paredes pero...

¿Sabes que no puedes salir de casa, verdad?

-Claro. ¿Por qué me lo dices?

No, por si eres consciente de que...

Nadie te puede ver y si te encuentran, te matarán.

-Que sí, Gonzalo. Tranquilo, confía en mí.

¿Qué pasa?

-Nada, que he perdido una cosa, pero no tiene importancia.

¿Quieres que despierte al niño? No.

Ya voy yo.

Por cierto, ¿Margarita aún sigue durmiendo?

-No, ya se fue. Creo que no pasó buena noche,

ha estado más en la cocina que en la cama.

Buenos días, Sátur.

-Amo, le he traído el encargo.

Pues nada, siéntate, vamos a desayunar.

¡Alonso, a desayunar!

Bueno, ¿qué tal tu primer día libre?

-Bien, bien, muy bien.

-¡Sátur, has vuelto!

¿Se lo puedo dar ya, padre?

Anda, dáselo.

-Toma.

¿Te gustan? -Sí.

Sí, mucho, me gustan. -Pero, hombre, pruébatelas.

-¿Te quedan pequeños, no?

-Sí, no sé... se me habrán hinchado un poco los pies.

¿Cómo que se te han hinchado? Vienen de dos números por lo menos.

-No lo entiendo.

El zapatero tiene una plantilla con tu medida.

Bueno, con la suya y la de todos. Porque los pies no crecen, ¿no?

De adulto no. -Se habrá equivocado de horma.

-Claro.

Iré a hablar con el zapatero, a ver qué ha pasado.

-No, ya voy yo. No, voy yo, me viene de paso.

Ya los llevo yo.

¡Sátur, dámelos!

¡Anda, a desayunar!

Venga.

-Lo que no entiendo es cómo pudo dispararse la pistola, comisario.

Los accidentes ocurren, doctor. Incluso a mí.

-Ha tenido suerte; si la bala se aloja más abajo,

Ahora necesita descansar. Ahórrese sus consejos.

Le he hecho llamar para curarme. Si me permite, tengo mucho trabajo.

-Le acompaño, doctor.

Juan. -Hola, Lucrecia.

¿Has venido a rematarme?

Si hubiera querido matarte, sabes que no hubiera fallado.

Lucrecia,

Vete tú a Viena pero deja que Nuño se quede conmigo.

No digas tonterías, Hernán.

Lucrecia, los dos sabemos el tipo de vida que vas a llevar en Viena.

¿Quién se ocupará de él cuando estés de fiesta en fiesta?

¿A quién va a poder acudir cuando tenga un problema?

Nuño es lo más importante de mi vida.

Sabes que no iré a ningún sitio sin él.

Se acabó, Lucrecia.

Ahora voy a hablar con él y va a saber de una vez quién es.

Me temo que eso no va a ser posible, Hernán.

¿Qué has hecho?

¿Dónde está mi hijo?

No te molestes, no lo vas a encontrar.

Durante todos estos años has hecho lo que has querido con Nuño.

Todas las decisiones las has tomado tú.

A mí no me importó mientras me dejabas ejercer como padre.

Pero no voy a permitir que te lo lleves a Viena.

No podrás impedirlo.

Como mañana salgas con él, haré pública la carta.

-Señora.

¡Qué accidente más tonto, eh, señora!

Pero afortunadamente sólo se ha quedado en el susto.

Recoge y vete, Catalina.

Disculpe, señora marquesa, ¿me permite un momento?

Ahora no, Margarita.

Señora, sólo quería decirle

que he decidido irme con usted mañana a Viena.

-¡Dios mío...!

Dios mío, ¿por qué me han hecho esto a mí?

¡Pero si yo no soy nadie!

¿Quién eres?

-Me parece que está claro.

Soy tú. -El golpe me ha roto la sesera.

¡O lo que es peor, me ha matao!

¡Eso es! ¡Me ha matao y...!

¡Y esto es el Infierno y tú eres un ánima que ha venido a...!

-Soy real, como tú.

-Pero es que no lo entiendo. ¿Quién eres?

-Soy tu hermano.

-¿Mi hermano?

Yo no tengo ningún hermano. -¿No?

-Eso es lo que la zorra de nuestra madre te hizo creer.

-¡Pero yo no...!

-Me vendió por unas monedas a un carnicero.

Y supo elegir al comprador. Sin duda.

-¡Ven aquí, ven aquí!

¡Eres un inútil! ¡No vales lo que pagué por ti!

-¡No me pegues!

Pasé toda mi infancia aquí.

Encadenado a esa pared.

-¿Y qué culpa tengo yo?

-Dos latigazos eran el castigo menos duro.

La imaginación de ese perro para hacer daño no tenían límites.

-¿Por qué me haces esto?

-Nuestra madre ya está muerta.

Así que alguien tiene que pagar

por la mierda de vida que he llevado.

-Suéltame, por favor, yo te voy a ayudar.

-Ya me has ayudado encontrando una familia.

Llevo semanas observándote

y sé que vives bien.

Muy bien. -¿Qué vas a hacer?

-Tú vas a vivir mi vida

y yo voy a vivir la tuya.

Gritos de los cocheros.

-¿Qué sucede, por qué paramos?

-Hay una mujer en mitad del camino, Majestad.

(RECUERDA) -Yo, Felipe de Austria,

rey de las Españas, te tomo a ti, Laura de Montignac,

como legítima esposa.

Prometo serte fiel, en lo próspero y en lo adverso,

en la salud y en la enfermedad.

Amarte y respetarte de hoy en adelante

hasta que la muerte nos separe.

-¡Apartadla, no tenemos tiempo que perder con una mendiga!

-Señor, el cochero ha llegado.

Siéntese.

-¿Ocurre algo?

No, nada, sólo quería hacerle una pequeña consulta.

-Claro, lo que usted quiera.

Tengo entendido que ayer hizo un servicio para la marquesa.

-No, señor.

¿Está seguro?

Permítame que insista,

no vaya a ser que su memoria le juegue una mala pasada.

Sé que se llevó a Nuño de palacio. ¿Adónde?

-Con todos mis respetos, señor comisario,

yo trabajo para la marquesa de Santillana.

Si desea saber algo más, debería hablarlo con la señora.

Me gustas.

No es habitual encontrar a alguien tan leal entre el servicio.

Nos vamos.

-¿Adónde desea que le lleve, señor?

No se impaciente, cochero. Pronto lo sabrá.

Siempre se te dieron mejor los libros.

(SUSPIRA) Bueno, no creas.

A veces, también se me caen. ¿Me ayudas?

Hoy me toca... apilar a mí el heno.

Sátur no ha hecho más que llegar, y ya se ha ido.

Te estaba viendo así y me acordaba de cuando éramos niños

y... trabajabas en el granero de mi padre.

No daba ni una.

No sé cómo no me echó a la calle la primera vez.

Sí, quería echarte, lo que pasa, que yo le convencí

para que no lo hiciera. (RÍE)

Porque sabía que necesitabas el dinero.

Bueno, a cambio, yo te enseñé a leer.

En realidad, ya sabía. ¿Cómo que ya...?

Pero...

Ah. (RÍE)

Gonzalo, quería hablarte de un asunto.

Dime. -¡Socorro! ¡Ayuda!

¡Doctor! ¿Hay algún doctor? ¡Han atacado al zapatero!

¡Socorro!

-Dios mío. ¿Qué ha pasado?

(TODOS MURMULLAN)

¿Alguien ha visto algo? -Yo... lo encontré ya así.

-Está muerto, ¿eh? -Pero ¿qué habrá pasado?

-¿Qué habrá pasado? Hay que taponar la herida.

Traigan trapos, traigan algo. -¿Alguien le conoce?

-Está muerto. Aprieta, aprieta aquí.

-¿Quién es? Ah...

-Pero ¿quién pudo hacer algo así? (JADEA)

-Cualquier desalmado. Le robaron toda la recaudación

y se han llevado las hormas. Pero ¿para qué querrán las hormas?

-¿Qué pasa? Juan, le han apuñalado.

-Madre mía. -No le conozco.

Tócale el corazón. -¿Tú le conoces?

-Por Dios. -¿Quién es?

-Yo pienso que está muerto. -No sé.

-¿Por qué no? -No le conozco.

-¿Cómo que ya está muerto? -Sí está muerto, ¿eh?

-Este hombre acaba de morir.

Murmullos. -¿Qué le ha pasado?

-Si la marquesa no va a llevársela a Viena,

igual podría... quedármelo yo, ¿no?

-¿Tú? -Sí.

-¿Y para qué quieres tú eso? Anda, trae para acá.

Primero tienes que tener algo para rellenarlo.

-Ojala pudiera ir yo. Dicen que allí son todos altos

y rubios, y que se lavan más de una vez al mes.

-Claro, por eso tienen la piel tan descolorida y enfermiza.

Si dicen que no tienen ni un pelo en el cuerpo.

Será de tanto restregarse.

Abren la puerta. -Catalina.

-Cipri, ¿qué haces tú aquí?

-Que... que te he traído los preñaditos de chorizo

que me pediste. Para el viaje.

-Ah.

Ah. Marta,

ve a la alcoba del comisario, que vi que tenías las botas

muy sucias. Límpiaselas, haz el favor.

Pues gracias, Cipri. No tenías que haberte molestado.

Pero ¿tú estás loco, muchacho? ¿Cómo se te ocurre venir aquí,

al dormitorio de la marquesa? -Catalina, me voy contigo a Viena.

-Cipri, ya lo hemos hablado y ya dijimos que no.

-No me has entendido. Me voy sí o sí.

Mañana en cuanto me den el caballo, me pongo en camino.

-¿Te pones en camino? Tú hablas como si te fueras

a Villanueva del Pardillo. Que Viena está a más de...

-A 555 leguas. O sea, 2 meses a caballo.

No me vengas con que pueden asaltarme por el camino

y con lo duro que va a ser. Ya lo sé y me da igual.

Mira. He comprado un mapa para llegar todo derecho.

-Pero Cipri, por Dios, si tú no sabes leer.

Capaz que llegas a Venecia. Si no vas a saber ni leer

las indicaciones del camino. -Bueno, pues pregunto.

-¿Preguntas? ¿En qué idioma? ¿Tú hablas vienés?

-Dime que no quieres que vaya. Dímelo.

Pues entonces, cállate de una vez...

y abrázame.

-¿Qué tal el Consejo, Felipe? ¿Se sabe algo nuevo?

-Nada. -Pero... tendrás que emprender

alguna acción. Debemos entregar la dote

de nuestra hija antes de que el conde de Olsen abandone

la Villa mañana. -¿Crees que no lo sé?

Ahora tendré que recurrir a la nobleza

para reunir esa fortuna.

Llaman a la puerta.

-La marquesa de Santillana desea verle, majestad.

Dice que es muy importante. -Hágala pasar.

Majestades.

-Enhorabuena por su futuro matrimonio, marquesa.

Majestad, no le molestaría si el asunto no fuera

de suma importancia para mí. -Lucrecia, si vienes

a pedirme ayuda, hoy es el peor día posible.

Soy yo el que requiere de favores.

Servir a su majestad será un grandísimo placer.

¿En qué puedo ayudaros? -Han asaltado las Arcas Reales.

Como sabes, debo pagar mañana la dote de mi hija.

Si no lo hago, levantaré la suspicacia a mis enemigos,

y eso es algo que no conviene al imperio.

Es una terrible noticia, majestad, pero no sé cómo podría ayudaros.

-Sé que tienes un basto... patrimonio, Lucrecia.

No dudes que la corona... sabrá recompensar

tu magnanimidad y tu discreción.

Será un placer, majestad.

Y ahora...

Y ahora, si me lo permite, majestad,

yo también querría pedirle algo.

Le suplico que cancele mi boda con el conde de Olsen.

-¿Revocar un enlace que he acordado yo?

No se lo pediría si no fuera vital.

-Un rey jamás se retracta, Lucrecia.

Deberías saberlo. Con todos mis respetos, majestad,

casarme con el conde supondría sacrificar lo que más quiero.

Majestad.

-Te casarás con el conde

y cuidarás del bienestar de mi hija Margarita.

¿He sido suficientemente claro?

Por supuesto, majestad.

(JADEA)

-No, no, no...

(RESOPLA) ¡Ah...! ¡Ah!

¡Ah! ¡Ah! ¡Ah!

¡Ah! ¡Ah! (JADEA)

Tranquilo, Sátur, hijo. Tranquilo.

(JADEA)

Pronto descubrirán que él no es yo...

y vendrán a sacarte de aquí. Tranquilo.

Tu amo es un tipo listo, tu amo es...

El Águila Roja.

Lo va a descubrir, Dios mío.

(SUSPIRA)

-¿Se lo has dicho ya a Gonzalo? ¿Qué te ha dicho?

No, todavía no he encontrado el momento.

-¿No has encontrado el momento? Pues tendrás que encontrarlo,

que nos vamos mañana. Ya.

-Anda, echa bien de chorizo, que lo que es en Viena,

no nos vamos a catar. Esto sí que lo echaremos de menos.

¿Eh? -Hombre. (RÍE)

Viena. Tiene una pinta de comerse mal.

Viena. Ya lo decía mi madre,

que como en España, no se come en ningún lado.

¿Qué te ha pasado, Marta? -¿Qué ha pasado?

-Han matado al cochero y... le han arrancado los ojos.

-Virgen santa. Hija mía, ven. Siéntate.

Pero ¿cómo ha sido? -No se sabe.

Lo encontraron solo en su carrillo.

(LLORA) Y no lo... No lo... -Tráele agua.

-No sé qué pasó. -Hija, qué susto llevas.

¿Qué hacéis aquí? ¿Por qué no estáis arriba?

-Señora, ¿se ha enterado de lo que le ocurrió al cochero?

No me interesan los chismorreos de criados.

Vamos, todavía queda mucha ropa que guardar.

Con permiso, señora.

-Marta, cariño, reponte, ¿eh?

¿Esta qué hace? ¿No me has oído?

-Iba a ponerse ahora mismo a limpiar las botas del comisario.

No os pago para que trabajéis para el comisario.

Subid inmediatamente a empaquetar la ropa. Vamos.

-Marta. Con permiso.

(RECUERDA) Marquesa, esta noche asaltaron las Arcas Reales.

Llaman a la puerta.

-Está cerrado.

Llaman a la puerta.

-¡Ya va!

Está cerrado. -Venimos de un camino

muy largo, no tenemos donde dormir.

-Lo siento, está cerrado.

¿Pero qué...? Ah...

-Danos todo el dinero que tengas. -No tengo nada.

-Que sabemos que vendiste la posada, ¿dónde está el dinero?

-Yo no... -No me mientas...

-No, por favor,

no... -¿Esto qué es?

¿Eh? -No, por favor.

-Vámonos. -No, no, por favor.

¡Oh...!

Llaman a la puerta.

¿Margarita?

Buenos días. Buenos días.

Que anoche cuando volví a casa...

subí a hablar contigo, pero...

estabais ya dormidas.

Sí, quería... quería contarte... ¿Y Claudia?

Claudia salió esta mañana al alba, como todos los días,

imagino que tú lo sabrás mejor que yo, ¿no?

Sí...

Tengo que salir un momento, hablamos luego.

Sí.

Hablamos luego.

-Tú, espera.

¿No serás una cazadora furtiva?

-Sólo estoy dando un paseo. -¿Por qué vistes como un hombre?

-Tengo que irme.

(RÍE)

-Ah...

-No tengas tanta prisa, sólo hay una manera

de comprobar que no eres un hombre.

Creo que como la vi antes, seré el primero.

Oh... Esto es caza mayor, eh...

-Oh...

-¡Oh!

Oh... ah.

Ah...

Ah.

Eh...

-Ah...

-Oh... -Ah.

(JADEA)

-Gracias, otra vez.

Te han herido.

Te dije que este lugar era peligroso para una mujer sola.

-Tenía que recuperarlo, es lo único que me queda de mi marido.

¿Me ayudas a atarlo?

Majestad,

el comisario es el responsable del robo del oro,

tengo las pruebas que lo demuestran.

-Señora...

¿Cómo está mi hijo, le dijiste que lo recogeríamos esta tarde?

-Pues fui al monasterio como usted me indicó, pero...

¿Pero qué?

-No estaba. ¿Cómo que no estaba?

-Me dijeron que el señor comisario visitó a Nuño

y que el señorito se marchó con él.

¿Y cómo supo que estaba en el monasterio?

¿Has hablado con él? -¿Yo? No, señora.

Espera.

Que un lacayo la haga llegar al palacio real.

-Palacio real, sí, sí.

Rápido.

-Es para que sepa donde estamos,

¿si vuelve mi padre se lo darás?

-Sí, claro,

si yo de aquí no me muevo.

(SUSPIRA) -Me marcho esta tarde, es nuestro último día juntos.

-Está bien que te vayas,

¿sabes por qué?

Porque igual en Viena puedes ser un pintor muy famoso, aquí...

Aquí lo tienes muy difícil. -Allí no podré hacer amigos,

nadie hablará mi idioma.

-¿Sabes un idioma que conocen?

-¿Cuál? (RÍE)

-Oh... -Ah...

-Hijo de perra, te voy a partir el alma.

-Lo siento.

-Anda, salid de aquí.

-Satur, te he traído más agua para que te limpies.

-Déjala ahí.

-¿Qué te ha pasado?

-¿El qué?

-Las cicatrices de tu espalda, ¿que de qué son?

-Me habré dado un golpe.

-Tú antes no tenías esas cicatrices, Satur.

-No te habrás fijado.

-Venga, vete, que me quiero lavar.

-No, Satur, antes no las tenías.

no me engañes, desde que has vuelto de...

tu día libre, estás más...

menos tú, que no pareces tú, Satur,

no pareces tú.

Satur, necesito que me ayudes, es importante.

-Ahora mismo voy.

¿Y esto?

Luego tú y yo, hablamos.

Vamos, Satur.

-¿Qué es eso tan urgente, amo?

¿Por qué me ha hecho subir aquí?

Satur, necesito que me ayudes a coser la herida.

-¿Pero cómo se ha hecho eso?

¿En la escuela? En la escuela no, en el bosque,

salí a buscar a Mariana y unos cazadores la estaban atacando.

Venga, trae la aguja y el hilo.

-Sí...

¿Satur, qué te pasa?

Están donde siempre, en la caja.

-Sí, sí, en la caja.

Después limpia la catana, que está llena de sangre.

¿Qué te pasa?

¿Estás bien? -Sí.

Esa herida, que habrás que...

desinfectarla antes de coserla.

Espere aquí, amo, voy a buscar un poco de alcohol.

No tardes.

-No, no tardo.

-¿Qué hacemos aquí?

Mi madre me sacó de palacio porque corría peligro,

y vienes tú y me traes a tu casa.

¿Qué es lo que pasa? Tu madre

se casará con una persona importante,

eso implica tener muchos enemigos, toda medida...

-¿Qué enemigos, mi madre?

Deberíamos estar protegiéndola y no aquí.

Comisario, ábreme la puerta que tengo que ir con ella.

Tranquillo, Nuño. -Yo aquí no me quedo.

Nuño,

tu madre está bien, no corre ningún peligro.

Si pudieras elegir entre quedarte o irte,

¿qué te gustaría hacer?

-No entiendo nada, comisario.

Mi madre se va hoy y tengo que irme con ella.

No tengo la posibilidad de elegir.

Si que la tienes,

yo puedo hacer que te quedes.

-¿Contigo?

Contéstame.

¿Qué te gustaría hacer?

-Irme con ella,

ella me necesita más que tú.

-Hum...

(RESPIRA CON DIFICULTAD) -Venga Saturno,

que tienes que salvar a tu amo y a toda tu familia...

Ah...

(JADEA)

¿Por qué el de arriba no me daría tanta fuerza como al Águila Roja?

Tiene que salir... de aquí.

(JADEA)

Me cago en mi puñetera vida,

¿pero cómo voy a salir por la ventana

si estoy encadenado a la pared?

Dios mío.

Ay, Dios mío.

Ah...

Oh... oh.

Ah,

Ah... ah.

-Fíjate,

qué elegante,

y qué escudo.

Lo que daría yo por pasear aquí montada.

-Marta, quita las manos de ahí, no sea que te vea

el conde de Olsen que está ahí arriba.

Y vosotros daros brío, que todavía está el carruaje

de la señora y los del servicio en cocheras,

y aún hay que cargarlos, venga.

María, tú vas a ir en el carro con mi Murillo, échale un ojo,

cuídamelo bien.

Cipri,

he tenido una idea, tú estás justo detrás de nosotras,

sin que se te vea,

pero así no te perderás, ¿vale?

Te voy a traer un trocito de queso para el camino.

Pero hombre, por Dios, yo también estoy emocionada, pero no llores,

no llores, alegra esa cara.

¿Qué pasa, Cipri?

-No voy a ir.

-¿Cómo?

¿Pero por qué, qué ha pasado?

-Que soy un desgraciado, eso es lo que ha pasado.

(LLORA) -¿Cipri, qué pasa?

-He dejado que unos ladrones me quiten el dinero de la posada,

lo único que podía darnos un futuro.

La culpa ha sido mía,

por ir pregonando que la vendía.

Si me hubiere enfrentado a ellos no...

-No digas tonterías, si te hubieras enfrentado, te hubieran matado.

-Es lo que debería haber hecho, luchar,

¿qué voy a hacer yo aquí ahora?

No tengo nada,

ni posada, ni dinero...

ni a ti.

No es justo.

Esta vez nos tenía que salir bien, esta vez tocaba.

¿Cuándo salís?

-Dentro de un rato.

-No voy a volver a verte nunca.

¿verdad?

(LLORAN)

-Pues entonces...

prefiero irme ya,

no quiero verte marchar.

(SOLLOZA)

-Adiós, Cipri.

-Per... Perdona.

-Espero que cuando llegues a Viena, cambies esa cara.

Descuida.

-Me apetece tan poco como a ti este matrimonio,

pero sé diferenciar las emociones de la política.

Si me permites, debo acudir al palacio real

a recoger la dote de la infanta Margarita.

Te agradecería si pudiera dejar aquí mi carruaje,

llegaré antes a caballo.

No quisiera retrasar la salida.

Pasos.

Comisario,

ya conoce a mi prometido.

-Un placer, comisario.

Señor. -Querida.

¿Dónde está Nuño?

Tranquila, está en un lugar seguro.

¿Dónde? Donde tú lo dejaste,

en el monasterio. Vete al infierno, Hernán.

De eso ya no me va a librar nadie.

Yo, Francisco de Mendoza y Balboa,

cardenal Mendoza,

juro por mi honor, y doy fe,

que don Nuño Julián Federico de Santillana y Guzmán,

Marqués de Santillana,

es hijo natural del comisario de la villa, don Hernán Mejías.

¿Por qué?

Digamos que tenemos un hijo que nos supera en razón

y me ha hecho ver que yo estaba equivocado.

No te pongas tan sentimental, Lucrecia.

Te he sentenciado, Hernán.

Descubrí un cordel de las sacas de oro en tus botas.

¿Cómo?

Te he denunciado al rey.

¿Qué has hecho qué?

Tienes que salir de la villa cuanto antes,

vete, vete, Hernán.

-Tía Margarita.

¿Has visto a padre? Es que le estoy buscando.

No, no le he visto.

-¿Entonces qué haces aquí, le buscas también?

No, te estaba buscando a ti.

-¿A mí por qué?

No sé.

Te estás haciendo tan mayor...

-Tía, por favor.

Tu madre estaría muy orgullosa de ti.

Margarita, ¿qué haces aquí?

Nada, ya...

ya me iba a palacio. Espera.

Te acompaño y así hablamos por el camino.

No, es que tengo prisa, la marquesa me espera.

Pues... hablamos luego.

Adiós.

Ven.

-Padre,

¿crees que Satur está bien?

¿Por qué?

¿pasa algo? -No, no,

si es que a lo mejor es una tontería,

pero... me parece como que ha vuelto raro.

Lo que pasa es que está cansado,

piensa que Satur trabaja mucho.

-No, si lo sé,

pero es que...

Vamos a ver, ¿qué pasa?

-Que he visto una cosa muy rara,

porque... ¿Satur tenía heridas en la espalda?

¿Le has visto heridas en la espalda?

-No... Bueno, sí,

pero parecían heridas viejas, cicatrices,

y Satur no las tenía antes,

es como si no fuera él.

-¿Te quedan pequeños, no? -No entiendo,

porque el zapatero tiene una plantilla

con la medida de tus pies.

-Le han robado toda la recaudación,

y se han llevado las hormas.

¿Qué te pasa, estás bien?

-Sí.

-Muy raro, padre.

No te preocupes.

Voy a buscarle, termina de preparar la casa, anda.

-Majestad... -Podéis marchar, ya sigo yo.

-Señor, he recibido una visita de vuestros hombres en mi casa,

la han registrado a fondo.

-Yo les ordené que lo hicieran.

-¿Acaso sospecháis de mí?

-Ya os dije que en estos tiempos es difícil distinguir a los fieles

de los traidores.

-¿Y habéis quedado satisfecho?

-No estaré satisfecho hasta que se encuentre el oro.

-Majestad,

un lacayo de la marquesa de Santillana

trajo esta misiva para vos, dijo que era urgente.

-Dejadla ahí,

seguro que insiste en anular su compromiso.

Leédmela, por favor.

(LEE PARA SÍ) Majestad, el comisario es el responsable

del robo del oro,

tengo las pruebas que lo demuestran.

Se ve que la conocéis muy bien.

(SE LO INVENTA) Majestad, una vez más me dirijo a vos con el ánimo...

-No tengo tiempo para eso,

espera al conde de Olsen para que le entregue

la dote de mi hija,

y aún no he reunido el dinero.

-Hacía tiempo que no tenía un cliente de tu edad.

No, sólo... sólo quiero hablar con usted.

(RÍE) -Todos dicen lo mismo.

Vamos, no me seas tímido.

No, no... de verdad, sólo...

sólo quiero... hacer unas preguntas.

Usted regentaba la mancebía de la calle Postas,

¿verdad?

-Me va a pagar, ¿no?

Sí, por supuesto.

-Sí, la regentaba, pero de eso ya hace mucho tiempo.

Estoy buscando información sobre una mujer

que trabajaba para usted, Bernarda García.

-Por mi mancebía han pasado muchas mujeres.

La llamaban la Bernarda,

creo que murió de tuberculosis.

-No era guapa, pero conocía bien su oficio.

Una lástima que se muriera tan joven,

nunca se recuperó de ese parto.

¿Tuvo...

un parto difícil?

-Ningún parto es fácil, y menos aún

si vienen dos niños de camino.

Dos niños. -Como dos gotas de agua,

yo misma le obligué a que se deshiciera de ellos.

Es muy difícil ser puta y madre a la vez.

Siseo.

-¿Tiene el dinero?

-Aquí hay dos niños, yo sólo quiero uno.

-Coja los dos, por favor,

no me tiene que dar más dinero, sé que les dará una vida mejor,

yo no puedo, por favor...

Yo no puedo darle lo que necesita.

-Lo siento, ya le he dicho que sólo quiero uno.

-Fue una suerte que el carnicero se quedara con él,

el otro el pobre acabó en el orfelinato.

¿Y el carnicero que compró al bebé?

¿Sabe dónde vivía?

-Satur, no eres un cobarde.

Con la de veces que el amo ha dado la vida por ti,

que también se puede vivir con una sola mano.

(SUSPIRA)

(SUSPIRA)

(GRITA) ¡Ah...!

¡Ah... ah...!

Se abre una puerta.

-¿Me gusta tu familia?

-¿Están bien?

-Debe de ser duro dejar de verlos.

-¿Qué les has hecho?

-¿Yo? Nada.

He descubierto el pequeño secreto de tu amo.

El Águila Roja, te lo tenías bien guardado. Eres un perro fiel.

Sí, tienes razón.

Nuestra madre era una zorra que me destrozó la vida.

Pero el destino al final me ha recompensado.

El dinero que me van a pagar por entregar a tu amo...

Bueno, ahora es el mío.

Me va a permitir vivir la vida que merezco.

Es una pena que tenga que matarte.

Serías...

Un buen criado para mí.

No me mires así.

No me mires así.

Eres tú o yo. Ya no te necesito con vida.

¡Hijo de perra!

Pasos.

-¿Es así como recibís ahora, comisario?

La marquesa nos ha descubierto.

-No, no nos ha descubierto.

Os ha descubierto a vos.

Más vale que me ayudéis, eminencia.

Porque os aseguro que si a mí me cogen, vos caeréis conmigo.

-¿Os imagináis qué habría pasado si no llego a estar con Su Majestad

cuando recibió esta misiva?

No sé cómo lo ha descubierto la marquesa.

Pero no deberíamos dejar ese cabo suelto.

Matadla.

Si os atrevéis a tocarla, seré yo quien os mate, eminencia.

-Aseguraos entonces que sabe estar callada.

De no ser así, podéis recordarle que tiene un hijo.

Estaré encantado de oficiar su funeral.

-¡Amo!

¡Amo, socorro! -¡Amo...!

¡Socorro, es él!

-¡Soy yo, amo!

-¡Socorro, soy yo!

-¡Amo! -¡Mátelo!

¡Mátelo! ¡Dispare, amo, dispare!

-Amo...

Llaman a la puerta.

-¿Señora?

Es normal que le dé pena irse, señora.

Cuesta mucho dejar los sitios donde una ha sido tan feliz.

Piense que al menos tendrá allí a su marido.

¡Déjame sola, por favor!

-Sí, señora. Con permiso.

¿No estarás llorando por mí?

¿Qué haces aquí?

Deberías estar a punto de ser decapitado.

Una mano amiga interceptó la carta antes de que llegara al rey.

En esta vida no hay nada como los buenos amigos.

Sí.

En menos de dos horas dejaremos de vernos para siempre.

Hay que saber irse a tiempo de las fiestas, Lucrecia.

¡No sé qué decir!

Entonces no digas nada.

Adiós, Lucrecia.

-Está bien, está bien.

(LEE) Una de las ayas del infante abandonará el Palacio Real

la próxima primavera.

Sus Majestades los reyes buscarán una sustituta a partir de entonces.

-¡La alegría que da volver al hogar, amo!

Que ya me veía yo pudriéndome en aquel agujero

y alimentándome a base de ratas.

¡Ahora, manda huevos que no notaran ustedes la diferencia!

A ver, cómo íbamos a imaginarnos que tenías un hermano

y encima gemelo.

-¡Me odiaba tanto, amo...!

¡Me odiaba tanto porque creía que yo era el más afortunado!

¿Yo afortunado? ¡Si es que tiene bemoles la cosa!

Al menos tú conociste a tu madre.

Él ha muerto sin saber lo que se siente cuando alguien te quiere.

-El desgraciado que lo adoptó ni le puso nombre.

¡Hay que joderse, que uno, por muy jodío que esté,

por muy perra que uno crea que es su vida, siempre hay alguien peor!

Vamos. -Amo, una pregunta.

¿Cómo supo usted quién era yo?

Tú nunca me hubieras pedido que matara a tu hermano.

-Estoy pensando que voy a tener que hacerme un árbol familiar.

Un mapa de esos con mi familia.

Porque yo no sé si su vida es más complicada que la mía.

¿No le ha aparecido algún pariente nuevo en mi ausencia?

Nada, Sátur. Todo sigue igual que cuando te fuiste.

Sin noticias de mi madre, sin noticias del Santo Grial...

¡Que ya no sé ni dónde buscar!

-¡Alonso!

-Hola, Sátur. -¡Alonso!

-¿Qué haces?

¿Eres tú?

-¡Pues claro que soy yo, Alonso!

-¿Pero... qué te pasaba?

-Una historia muy larga, te la cuento después de cenar.

-¿Pero estás bien? -Sí, estoy bien, Alonsillo.

-¿Y esa carta?

De Margarita.

(LEE) Gonzalo, cuando leas esta carta ya estaré lejos.

Me voy a Viena con la marquesa.

Sé que te lo tenía que haber dicho antes, pero no sabía cómo hacerlo.

Siento el daño que voy a hacer. Sobre todo a Alonso

Pero sé que sabrás cómo explicarle que es lo mejor para todos.

Os quiero. Margarita.

-¿Todo bien, amo?

Se marcha a Viena.

-¿Qué? -¡A Viena!

¿A Viena?

-Amo, ¿se da cuenta cómo se va así?

Alonso, prepara el caballo de tu padre que va a buscar a tu tía.

Es su decisión. -¡Amo, que esto no es debatible!

Que Margarita se ha ido porque le da a por ennoviao.

¡Habrá que sacarla del error, digo yo!

A ver si, por cubrir a la bucanera, va a perder a Margarita.

Amo, ¡vaya donde su cuñá y dígale de una puñetera vez lo que siente!

Quédate con Alonso.

-¡Mu bien! ¡Esto va a ser como las novelas románticas!

Que el protagonista aparece en el último suspiro.

Si es que lo suyo, no es pa escribir una novela, es pa...

¡Pa escribir un novelón!

(SUSPIRA)

¿Qué tal en palacio, está todo dispuesto?

-La dote se está retrasando más de la cuenta.

Me temo que no saldré hasta pasado mañana.

-Señora. ¿Sí?

-Hemos tenido un problema con su carruaje.

¿Qué pasa, Catalina?

-Seguramente lo hemos cargado de más y uno de los ejes se partió.

Ahora se lo están llevando para arreglarlo.

¿Cuándo estará listo?

-No me han dicho, señora.

-No veo problema. Puedes usar mi carruaje.

Yo usaré el tuyo cuando esté reparado.

Gracias, querido.

Ya lo habéis oído. Viajaremos en el carruaje del conde de Olsen.

-¿Qué cara ha puesto el crío cuando le has dicho que te ibas?

¡No se lo he dicho, no he podido!

¿Qué se le dice a alguien cuando no lo vas a volver a ver?

-No lo sé. Vamos

y deja de lamentarte, Margarita.

Ya deberías estar acostumbrada a que te dejen los hombres.

¡Cochero!

¡Vamos!

-¡So!

¿Qué pasa ahora?

Margarita.

¡No te vayas!

Me voy, Gonzalo.

Ya no hay nada que me retenga aquí.

¡Estoy cansada del pasado

y del presente!

Ya no puedo más. Me voy.

¡Arranque, cochero! Gonzalo.

Cuando cumplas tu misión, recibirás la otra mitad.

Reconocerás fácilmente el carruaje del conde de Olsen.

Es el único que lleva el escudo de la Casa Real austriaca.

-No será fácil matar al conde.

¿Cómo lo haremos?

Cuando esté a una jornada de la villa, le haremos parar.

Pero no parará en un sitio cualquiera,

sino sobre una carga explosiva que te habrás ocupado de enterrar.

Cuando esté parado, harás detonar el explosivo.

Y el carruaje saldrá por los aires.

-Señora, un caballo que ha perdido la herradura.

¡Oh, ineptos!

-Le he puesto explosivo para hacerles volar hasta Viena.

Recuerda, el carruaje del conde lleva el escudo de la Casa Real.

-Un monje ha hecho un descubrimiento que podría

hacer caer la religión cristiana tal como la conocemos:

el quinto evangelio, el de Judas.

Lo que los herejes llaman la verdadera Biblia.

Un asesino se fugó del manicomio cuando iba a ser trasladado.

-¿Qué hay ahí fuera?

-¿Le dijiste a tía Margarita todo lo posible para que no se fuese?

-¿Le ha dicho todo a Margarita para que se quedara?

-Me alegra este reencuentro,

pero nunca te entregaré la verdadera Biblia.

¿Estás embarazada? -¡Sí!

¡Alonso!

-¡Ah!

Gritos.

-Me recuerdas a alguien.

-Los que se van, los que se quedan...

Nos vamos a quedar solos. ¡Sátur, sí, Margarita se va!

Puede que no la vuelva a ver.

Águila Roja - T4 - Capítulo 46

05 dic 2011

Sátur despierta encadenado en una angosta habitación. Aturdido, no sabe que le he pasado. Pronto descubrirá que ha sido secuestrado por alguien muy cercano a él que pretende perjudicar a Águila Roja.

 

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  1. sfajardo5

    A mi personalmente me gustaría ver una temporada en que se viera la relación de pareja de margarita y gonzalo, con los problemas que llevaría esa situación y que ella descubra que es el águila roja al final de temporada...¡¡me encanta la serie!!

    16 ene 2014
  2. Avatar de Daniel Szafran Daniel Szafran

    po polskiemu sie nie da ? ? :D when will the new 'capitulo' ?? I can not wait !!!

    20 feb 2013
  3. Sofia

    La serie está CHULISIMA!!!! Margarita y Gonzalo... Estoy arta de esas miradas... Y luego NADA!!! El capitulo del beso fue.... :)))

    10 jul 2012
  4. Morgana

    Me ha encantado la actriz que interpreta a la prostituta, la que explica a Gonzalo la verdadera historia de Satur y su gemelo. Alguien sabría decirme quien es esa actriz? Me ha parecido lo mejor del capítulo

    06 feb 2012
  5. Isi

    Me encanta la serie pero creo que ya se están pasando un poco. Pienso que Gonzalo y Margarita deberían liarse ya o al menos descubrir quién es su familia; o que Alonso supiera por fin que su padre no es un cobarde. Saludos.

    21 ene 2012
  6. Gabriela

    Siento decir esto, pero no pidan subtitulos poque no me gustaria verlo con subtitulos lo siento por los sordos/as

    16 dic 2011
  7. alonsoyayerojo

    Amigo Jaume, puedes activar los subtitulos de la serie de dos formas: entrando en el teletexto de TVE1, en la pagina 888, o bien, mediante el TDT: en el mando a distancia encontraras el boton ""subtitle"", pulsalo, y te saldra en la pantalla del televisor la opcion para activarlos.

    14 dic 2011
  8. Aguila verde

    Buen capítulo, ¿Alguien sabe si se puede encontrar en algún sitio la música que sale al comienzo del capítulo, o si sabéis el nombre?, cuándo Gonzalo aparece entrenando en las montañas. Muchas gracias.

    14 dic 2011
  9. Jaume

    Hola, me gusta la serie de Aguila Roja , pero no hay subtitulos para las personas sordas. Sou sordo y no puedo entender nada sin ver los subtitulos. Por favor pueden activar los subtitulos ? Muchissimas gracias y feliz navidad

    13 dic 2011
  10. ayuda please :)

    oigan alguein sabe que cuanto tardan en colgar los capitulos despues de ser emitidos? gracias de antemano...estoy ansioso por vrerlo jaja

    13 dic 2011