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No recomendado para menores de 12 años Águila Roja - T4 - Capítulo 45 - Ver ahora reproducir video 01h 22 min
Transcripción completa

-Voy a ver si pesco algo.

¿Era necesario humillarme así? Hoy viene Juan, le va a contar

la verdad a Margarita y quiero estar allí cuando ocurra.

-Señora, mi nombre es Álvaro Dueñas y soy maestro de esgrima.

Y he venido a la villa para ser el profesor de su hijo.

-Te he engañado con otra mujer. No pienso derramar

ni una sola lágrima por ti, Juan.

No voy a cenar, estoy muy cansada, hasta mañana.

-No estaba llorando, ¡su prometido la engaña con otra

y ni gota!

-La tiara Esturado, siempre puede ser vendida,

naturalmente, para satisfacer las necesidades de nuestras tropas.

-¡Amo!

-¡Estoy esperando un hijo tuyo!

Tiene pinchazos de aguja aquí, como Margarita, ¿te suena?

-¡Si este es el símbolo del padre Jerónimo!

Me alegra...

Haber contratado un maestro que vive

con tanta pasión su trabajo.

-Lo que quieras,

madre, ¿te suena?

Un campesino te vio abandonarme y salir corriendo.

Él me crió.

¿Qué quieres?

-Quiero la tiara que los ingleses han regalado a nuestras majestades.

¡Ni existe Juan ni existe lo que hizo!

¿Lo has entendido?

El embarazo de Irene no cambiará nada.

-Lo cambiará todo. -El padre Jerónimo

es un buen hombre. -¿Te refieres a Isabel?

Lleva unos días sin venir. -Da de comer a los pobres,

cuida a los enfermos, usted no me puede sospechar

del padre Jerónimo, ¡faltaría más!

-¡Agua miel del padre Jerónimo! Para el mal de cabeza

y el mal de huesos. ¿Qué estás comprando?

-Un reconstituyente del padre Jerónimo,

que lo cura todo, ay.

-Es solo cristal. -Han robado la tiara.

Lo sabías, sabías que me estaba engañando con otra en mi cara

y no me dijiste nada.

Aquí tienes tu tiara, con esto ya he compensado

todo lo que te hice, ¿de eso se trataba, no es así?

¿Se sabe cuántas personas había en la alcoba de la reina?

-la duquesa Duarte, sus dos primas y la marquesa de Santillana.

-El color azulado y las descamaciones

son causa de la cicuta. ¿O sea, que la envenenaron?

El maestro de esgrima me chantajea, es mi hijo, Hernán.

¿Dónde se ha ido? No lo sé.

¿Dónde está la tiara? En su palacio.

-Puedes preguntarle al rey, si no me crees,

ya ha sido informa... ¡Ay!

-¡Guardias!

¿Por qué envenenas a la gente que cree en ti?

-Tú salvas a los que quieren vivir, yo hago lo mismo

con los que quieren morir.

La llevaba escondida bajo su asiento, ¡prendedla!

-¡No, dejadme! Esa cabeza iba a ser la tuya,

Lucrecia, puede que la próxima vez no tengas tanta suerte.

-No tiene ningún valor, es una copa de madera.

-¡Pero si te acabo de ver ahora mismo en la calle!

-¿A mí? Pero que...

¡Oh!

Es un placer que vuelva a requerir de mis servicios, majestad.

-Cúbrete, Lucrecia.

Tu visita de hoy no es para mi disfrute.

Siéntate, por favor.

Estoy a su completa disposición, majestad.

-Leopoldo I, emperador del Sacro Imperio Romano Germánico,

ha pedido formalmente la mano de mi hija,

la infanta Margarita Teresa.

¿No es demasiado joven para asumir un matrimonio?

-Ya tiene once años.

Puede asumir sus responsabilidades como infanta.

Enhorabuena, majestad, es una gran noticia.

-Sí, es una gran noticia para el reino.

De firmarse el enlace tendría que viajar

y residir en Viena.

Discúlpeme, majestad, pero no acabo de entender muy bien

en qué me necesita.

-Querría que te responsabilizaras del bienestar de la infanta

en Viena.

¿Me está pidiendo que me traslade a Viena?

-Leopoldo I envía al embajador, conde de Olsen,

a formalizar el matrimonio.

Sería de mi agrado que te casaras con él.

Pero eso supondría abandonar todo lo que tengo aquí, majestad.

-¿Qué tienes, Lucrecia?

Ya gozas de una edad y, desgraciadamente,

de una fama que te antecede. No sería nada fácil

encontrar un buen esposo para ti,

aprovecha la oportunidad que se te brinda.

Agradezco la oportunidad, majestad.

Y me siento halagada por la preocupación que muestra

para conmigo, pero antes me gustaría...

-No, no, no hace falta que me digas nada ahora,

sopésalo

y me lo cuentas.

Por supuesto, majestad.

Rebuznos.

(ARREA AL BURRO) -Vamos, venga, bien,

que no te puedo dar el pan, hombre, que es para venderlo en la villa.

Vamos, allí vamos a estar mejor.

Hay mucha necesidad, Perico,

allí vas a conocer a Sátur, que es amigo mío.

Ya verás qué bien vamos a estar allí, vamos,

vamos, Perico, vamos, muy bien.

(REBUZNA) -Pero mira que eres terco, ¿eh?

Pero mira que... ¡Ay!

¡Joder! Me cago en mi...

¡La madre que me parió!

Caballos acercándose al trote.

-Por favor, busco el camino del Palacio Real.

Creo que nos hemos perdido. -Sí, tiene que...

Tiene que ir todo recto por este camino

y hay un momento que se encontrará un árbol, así, con forma de mano,

se ve fácil y ahí a la izquierda, ahí,

sin dejarlo hasta el final.

Golpes.

-Muchas gracias, Dios se lo pague.

(ARREAN A LOS CABALLOS)

-¡Alto!

¿Dónde está el oro?

-A estas horas...

A buen recaudo.

Disparo.

-¡Ah!

(ARREA AL CABALLO)

-¡Perico!

¡Perico!

¡Perico!

¡Perico! ¡Perico, no!

(SOLLOZA) ¡No te mueras, Perico!

¡No, Perico!

(LLORA)

¡Me ha buscao la ruina!

¡Eh, eh, eh, eh!

Dámelo.

No, si vas a quemarlo. No lo necesito, ¡no me voy a casar!

¡Dámelo! (GRITA) ¡Que me lo des!

Margarita.

Este vestido pertenecía a tu familia.

¿Y si lo necesitas más adelante?

¡Si es que me estoy volviendo loca, Gonzalo!

Es que no puedo más.

Margarita, cualquier hombre estaría encantado

de casarse contigo.

Se acabó, Gonzalo.

No puedo más.

No digas eso.

Aún tienes mucha vida por delante y muchas oportunidades

de crear una familia.

Ah, ¿sí? Sí.

¿Y quién se va a querer casar conmigo, Gonzalo?

-Hola.

¿Se puede?

Sí.

-¿Ese es... mi vestido?

No, no, este es el vestido de otra novia.

-¿Y el mío?

¿Estará a tiempo, verdad? Sí, claro que sí.

No se preocupe, señora. -Gracias.

¿Puedo... pediros un favor?

Sí, claro.

-¿Os importaría darle un mensaje a mi prometido?

Es Juan, el médico, es que no tengo manera

de encontrarle.

Sí.

Usted dirá.

-Podrías decirle que...

Que necesito verle.

Tenemos que ultimar detalles del enlace.

Está bien, yo... yo me encargo.

-Gracias.

Te casarás.

Lo sé.

Solo hace falta un poco más de tiempo.

Ululato de un búho.

(LLORA)

Madre,

qué solo me has dejao.

¡Mi pobre Perico!

La única compañía que tenía.

(LLORA)

-¿Padre?

¿Padre Mateo?

Pero ¿qué hace usted aquí?

Levante, hombre, ¿y su sotana?

-Lavándose, es una historia muy larga,

en realidad soy panadero.

-Pero, hombre, ¿por qué llora? ¿Qué le pasa?

-De todo, de todo, hija, de todo. -¿Le puedo ayudar yo?

-No, no, no, ya me encargo yo,

yo me apaño. -¿Catalina?

¿Pasa algo? -No.

Mira, Cipri, te presento al padre Mateo,

bueno, ex padre Mateo. Él es Cipri mi...

Mi tabernero de aquí, de... la villa.

-Encantado.

-Véngase, hombre, a mi casa. Si a mí no me cuesta nada,

le hago un caldico.

-De verdad, gracias, pero lo primero que voy a hacer

es ir a visitar a Sátur, lo primero...

-¿Sátur? No está, no vuelve hasta mañana.

-Por eso, hombre, se viene que no me cuesta nada,

vamos. -No, hija, que mira...

Tengo tantos amigos aquí en la villa,

que no sé por dónde empezar.

-Bueno, hombre, pero si eso es un momenti...

-Oye, si no quiere, no quiere.

-Bueno, espero verlo pronto.

-¿Ex cura, no? ¿Y lo echaron o se fue él solo?

Porque es muy distinto una cosa de la otra.

-Cipri, por favor, ¿eh?

-Eso es imposible, el conde viaja con un cargamento

de oro para ofrecer al rey.

-Examinaron el carro y me dijeron que solo había tela, señor.

Ese oro está ya en palacio, eminencia.

No hay nada que hacer.

Puedes retirarte. -Sí, señor.

-Mi carrera al papado no se financia con aire, comisario.

Sin el Santo Grial en mis manos el camino a Roma se complica.

Eso no nos interesa

El asunto del Santo Grial lo tenemos controlado, eminencia,

pronto lo encontraremos. -No hay tiempo.

El Santo Padre se encuentra gravemente enfermo.

¡Y yo necesito seguir comprando voluntades!

¡Quiero ese oro!

Hemos perdido la oportunidad, eminencia.

El dinero estará ya en las arcas reales.

-Entonces lo sacaremos de allí.

Eso es una locura, no podemos robar

al rey de las Españas.

-Me sorprende esa repentina fidelidad vuestra al rey.

Eminencia, lo que pretende es un suicidio.

Las arcas reales se encuentran en un laberinto,

bajo tierra.

Es imposible entrar allí. -Dios proveerá, comisario,

e iluminará nuestro camino.

Pero ese laberinto está lleno de pasadizos,

de pasadizos secretos, eminencia.

Nadie,

nadie los conoce por completo.

-Hay una persona que sí.

El arquitecto real.

-Encontrad a ese hombre y conseguid esos planos

sea como sea.

Vamos a robar al rey.

-Ah, ah.

Pasos.

(GRITA) ¡No, Dios!

Pero bueno,

¿a mí que me pasa hoy?

Me cago en... mi ruina.

Me va usted a perdonar, ¿eh? Pero...

Pero para que se queden debajo de la tierra

me las quedo yo.

(PIENSA) "Majestad, me dirijo a usted para notificarle

mi decisión irrevocable respecto a su propuesta

de matrimonio con el conde de Olsen.

Siento de corazón tener que declinar su oferta,

majestad.

Y me dispongo a enumerar los motivos por los que

la rechazo".

-¿Madre?

Madre, ¿estás bien?

Sí, sí, ¿por qué? -No sé, me ha parecido

como si hubieras recibido una mala noticia.

No,

nada de eso, al contrario. Tengo una magnífica

sorpresa para ti. ¿Te gustaría conocer Viena?

-¿Viena?

Me encantaría conocer una corte europea, madre.

Ven, acompáñame,

quiero comentarte algo importante para los dos, hijo.

Muchas gracias.

-¿Sátur hace estas compras todos los días solo?

Para que veas, hijo.

-Menos mal que vuelve esta tarde, ¿eh?

¡Cómo se nota cuando no está! Sobre todo por el silencio

que reina en casa, ¿eh?

Espera.

Murmullo de gente.

-Buenos días, ¿puedo hablar con usted un momento?

-Sí, claro, ¿de qué? -Pues que...

Quería ofrecerle mis servicios como panadero.

-Bueno, yo es que no necesito a nadie.

Esto apenas me da para vivir, está la cosa muy mala.

-Mire, ¿y si hacemos un trueque? Yo hago pan y bollos

todos los días y usted me deja una cama, ahí,

gratis, hasta que encuentre otro trabajo.

-No puedo prescindir de ninguna alcoba.

Lo siento.

(ALGUIEN GRITA) ¡Ay! ¿Quién es?

(LA GENTE HABLA A LA VEZ)

¡Alonso! No te muevas de aquí.

(HABLAN A LA VEZ) -¿Está muerto no?

-Está muerto, ¿eh?

¿Qué ha pasado? Cipri, ayúdame.

Cipri,

(LA GENTE MURMURA) -Tiene una estaca.

-Tiene un puñal. ¿Alguien lo conoce?

-¡No puede ser!

Ha vuelto a por el Águila Roja, dice que le espera

en el camino que le llevó a la muerte.

¡Ha vuelto el cosaco!

Alonso, tranquilízate. -Ha vuelto...

Ha vuelto de la muerte. ¡No, Alonso!

-¡Alonso!

¡Hijo! Cipri, ayúdame.

Las cosas. -Ya lo cargo yo todo.

Vamos a su casa. Vamos,

por aquí.

Dámelos.

-No hemos encontrado los planos, señor.

¿Interrogasteis al arquitecto?

Contesta.

-Huyó con los planos, señor. Le herimos de muerte

pero se perdió entre las calles.

Encontrasteis el cadáver

y no llevaba los planos consigo.

-No, señor.

Pudo dárselos a alguien mientras huía.

-Allí no había nadie señor... ¡Estás agotando mi paciencia!

Di lo que tengas que decir de una vez.

-Al muerto le robaron las botas, señor.

Mi mujer y mi hijo están sanos,

¿lo sabías?

-Enhorabuena, comisario.

La buena noticia es para ti.

Si no estuviera de buen ánimo ahora estarías muerto.

Reúne a nuestros mejores hombres, hay que encontrar esas botas.

El que las robó pudo haberle robados los planos.

-Sí, señor.

Toma, bebe un poco.

-Padre, es que le mató,

el Águila Roja acabó con el cosaco.

-Venga, muchacho, haz caso a tu padre y tómate eso,

ya verás qué bien te sienta.

-¿Cómo es posible? ¿Cómo es posible

que haya vuelto de la muerte?

Alonso, déjalo ya, ¿eh? Tienes que descansar,

así que olvida ese asunto. -¿Cómo quieres que me olvide?

¿No te acuerdas lo que pasó? Sí que me acuerdo.

-¿Qué es lo que pasó, Gonzalo?

Hace tiempo contrataron a un hombre,

un cosaco asesino para acabar con Águila Roja.

Alonso estuvo a punto de quedarse ciego.

-Pero ¿el Águila lo mató, no? ¿O no?

Sí. -¡Pero ha vuelto!

Ha vuelto de la muerte y todo se repite,

el muerto en el caballo,

la nota clavada en la espalda. Escúchame,

nadie vuelve de la muerte, nadie, es imposible.

-¿Entonces quién es?

¿Quién ha escrito esa nota, eh?

(LLORA) -¡Ayuda!

(LEE) A la misma hora que me diste muerte

encontrarás la tuya. Treinta y tres grados norte,

veinticinco grados oeste.

(HABLAN A LA VEZ)

-A ver, un momento de silencio.

La señora marquesa nos ha reunido aquí

porque quiere darnos una noticia.

En realidad son dos.

Quiero comunicaros la importancia que supone

la próxima visita que voy a tener.

Leopoldo I, emperador del Sacro Imperio Romano Germánico

envía a su mano derecha, el conde de Olsen, a la villa.

Y me gustaría recibirlo como se merece.

-No se preocupe, estaremos a la altura,

yo me ocuparé de eso.

No, Catalina, tú te ocuparás de otra cosa igualmente importante,

quiero que prepares al servicio que nos acompañará a Viena

en nuestra estancia allí.

-No acabo de entenderla, señora.

Os anuncio en este momento mi futuro matrimonio

con el conde de Olsen.

El enlace se celebrará en Viena y quiero que seáis vosotros

quienes me sirváis allí. Margarita, querida,

tú te vendrías pero como te vas a casar...

Tenéis la fortuna de ser mis elegidos.

Catalina, encárgate de elegir al servicio.

-Volved a vuestras obligaciones.

Señora, por favor.

Señora, ¿tendría que ir yo también?

Es de tal magnitud la estupidez de tu pregunta

que no voy a contestar.

-Lo siento, señora, yo nunca le he pedido nada pero

me gustaría que considerase la posibilidad de dejarme aquí,

al cuidado de su palacio.

¿Has bebido, Catalina? -No, señora.

Verá, es que mi hijo tiene aquí su escuela,

sus amigos, mi vida está aquí.

Yo soy tu dueña,

tu vida es mía

y seré yo quien decida dónde la vives.

(TODOS HABLAN A LA VEZ)

-¿El choricito de la villa para quién?

-Aquí.

¡Que nadie salga de la posada!

-Señor comisario.

¿Puedo... ayudarle en algo?

Empezad con él.

¡Descalzaos todos!

-Señor comisario, yo solo tengo estas botas.

O te quitas las botas o te arranco los pies.

Pero señor...

¡Ah!

-¡Oh, oh!

¡Cipri!

-¡Tú, descálzate!

¿Por qué motivo?

No hace falta ningún motivo.

Porque lo digo yo y punto. Vamos, descálzate.

No pienso hacerlo hasta no saber el motivo.

Estoy en mi derecho.

La gente de tu clase no tiene derechos,

solo obligaciones. Vamos, descálzate.

Suéltame.

¡Ah!

-No tiene las iniciales.

Ahora sí, porque yo quiero.

Estoy buscando al desalmado que mató al arquitecto real

para robarle las botas.

¿Contento ahora?

Nos vamos.

Cipri, ¿estás bien?

-El que tenga esas botas no lo cuenta, Gonzalo,

no lo cuenta.

-Estás preciosa, hija.

-Madre quiere que hoy deslumbre en la recepción de palacio.

-Lo harás.

¿Te molesta la tiara?

A ver...

Haremos que te la coloquen bien para el día de tu presentación.

-¿Mi presentación?

-Ven, hija, acércate.

Desde aquí hasta aquí, todo ha sido tuyo

por el simple hecho de ser mi hija. Y, ahora,

por ser la esposa de Leopoldo I de Austria

este va a ser tu imperio.

-¿Me voy a casar?

¡No quiero!

-Has de saber que es muy importante para el reino de las Españas

tu enlace matrimonial con Leopoldo I.

-No quiero dejar palacio y tampoco quiero

separarme de madre.

-Eres Margarita Teresa de Austria, infanta de España

y futura emperatriz consorte del Sacro Imperio Romano Germánico,

compórtate como tal.

-Pero... pero, padre.

-Ahora no soy tu padre, soy tu rey.

Te ordeno que cumplas con tus obligaciones

tal y como se espera de ti.

-¿Sátur? (RÍE)

¡Amigo pero intimísimo mío!

¿Y dices que lleva toda la casa él solo?

-Prácticamente. -Pues seguro que una manita más

no les vendría nada mal.

Imagínese qué lujo, desayunar pan recién hecho

a diario, ¿eh? Conmigo aquí.

-Propónselo a Gonzalo, pero ya te digo

que no creo que se pueda alimentar a una boca más,

empezamos a ser demasiados aquí.

¿Aún sigues aquí?

-Me imagino que ya se habrá dado cuenta pero,

pero está usted descalzo.

Sí, ya me he dado cuenta, ya.

El comisario, nos ha obligado a todos

los que estábamos en la posada a descalzarnos.

-¿A descalzarse para qué?

Pues porque anda buscando al que le robó las botas

al que apareció muerto en el callejón.

Oye, mira, lo siento pero...

-No lo maté, se lo juro, estaba ya fiambre cuando

se me echó encima, se lo juro por mis muertos

y tengo muchos. Ya.

¿Y por qué las tienes tú? -Pues porque todo fue así

de golpe, las botas estaban tan nuevas,

mis zapatos estaban destrozados, me había quedado sin mi burro...

(LLORA) Y las cogí pero ya estaba muerto,

se lo juro, me tiene que creer, estaba muerto.

¡Quítate esas botas! -Sí.

¡Vamos, hay que esconderlas!

-¿Qué es eso?

No buscaban las botas,

buscaban esto.

-¿Y qué es esto?

-Se está muy bien aquí, ¿eh?

-Una de cordero.

-¿Una de cordero? A ver, una de cordero, posadera.

-Catalina, no te he oído llegar,

¡pero mira que estás guapa hoy!

¿Qué, cómo huele?

Cerdo al vino tinto, lo estoy preparando para el sábado,

me gustaría llevarte a ti y al niño a almorzar al campo.

¿Qué te parece la idea?

¿No te gusta el cerdo, es eso?

-No, sí, Cipri, sí, sí me gusta.

-¿Y te gusta el campo?

Murmullo en la taberna.

-A ver, Cipri, siéntate.

-¿Por?

-Porque lo que te tengo que decir es mejor que lo escuches sentao.

La marquesa se casa.

-¿Y?

-Se casa en Viena con un conde de no sé qué imperio

y me obliga a... Quiere que me vaya a vivir

con ella allí.

-Viena.

¿Y eso dónde está?

-No lo sé, pasao Francia.

No voy a volver a verte nunca más.

(LLORA) Yo no me quiero ir, Cipri.

No quiero dejarte aquí.

Y, además, ¿qué voy a hacer yo en Viena?

-A ver, espera.

Seguro que hay algo que podemos hacer.

-No podemos. No podemos hacer nada,

ella es mi señora, me lo ha dejado muy claro.

Que ella manda en mí y que...

Y que no me queda otra, que eso es lo que hay.

-Joder.

(GRITA) ¡Joder!

¿Y cuánto tiempo nos queda?

-No lo sé, pero poco.

Tengo que irme ya.

-A ver, no, no me estoy enterando de nada.

¿Qué dice de pasadizos?

Este plano es de los pasadizos que se ubican bajo el Palacio Real.

-¿Y para qué se utilizan?

Fundamentalmente han servido para que los reyes

tengan acceso secreto a diversos puntos de la ciudad.

-¡Ah!

¡Como mancebías, por ejemplo! Para que nadie sepa que se van

de picos pardos.

Supongo que para eso también.

Lo curioso es que hay pasadizos que tienen celdas impenetrables.

-¿Y para qué lo quieren, qué buscan con este plano?

No lo sé, pero para algo lo suficientemente

importante como para que le haya costado la vida

a un hombre.

Toque de campanas.

(RECUERDA) -A la misma hora

que me diste muerte encontrarás la tuya.

Escucha, en mi habitación hay un arcón,

esconde las botas y el plano allí y no salgas de la casa

hasta que yo vuelva.

-¿Pero a dónde va?

Tengo un asunto personal que resolver.

Escucha. Y... mejor no salgas

de la habitación. -Como usted mande.

Voy a beber un poco de agua que con los nervios

se me pone la boca... Usted va...

¿Pero dónde se ha metido este hombre?

(RECUERDA) -No puede ser,

ha vuelto a por el Águila Roja,

¡ha vuelto el cosaco!

¿Cómo es posible que haya vuelto de la muerte?

Es que le mató, el Águila Roja acabó

con el cosaco.

(LEE) Hijo, si estás leyendo esta carta

es que ya he muerto.

Y si me he decidido a escribirla, Alonso,

es porque tengo miedo a marchar sin que sepas

lo que tanto tiempo callé. Siento no haber estado contigo

cada segundo de tu vida, cada aliento,

cada noche que no pude velar tu sueño.

Siento no haber sido el padre que deseabas

pero ahora ya estoy muerto, hijo, y quiero marchar en paz,

por eso no quiero más mentiras, no quiero ocultarte más secretos.

El héroe que admiraste era el cobarde de tu padre.

Yo fui el Águila Roja.

Aprende a vivir sin mí ahora que he muerto, hijo.

Dentro de tu corazón hay un gran héroe,

nunca jamás lo olvides.

Tu padre,

Gonzalo de Montalvo, Águila Roja.

No voy a formar parte de ese plan, eminencia.

No pienso robar al rey y es mi última palabra.

-¿A qué tenéis miedo, comisario, a la muerte?

Convivo cada día con ella, no es eso lo que me frena

llevar a cabo esa locura.

-Haréis lo que se os ordene, sin queja alguna.

Con todos mis respetos, eminencia, ¿cómo pensáis obligarme?

-¿Obligaros? Sabéis bien que

ese no es mi estilo, comisario, soy un hombre acostumbrado

a convencer con la palabra.

Si bien es cierto que algunas veces la Providencia

nos impone duras pruebas en el camino.

Sería un terrible disgusto que mi sobrina sufriera

la pérdida de su primogénito por un desafortunado accidente.

Me ayudaréis a conseguir ese oro.

Estoy seguro.

-Señor.

¿A qué se debe todo este ajetreo?

No son estos los que viajan a Viena.

Son los del salón azul, tengo que estar en todo.

¡Retiradlo!

¿Te vas a Viena?

Sí.

¿Cuánto tiempo vas a estar fuera?

Si todo sale bien, lo que me resta de vida, Hernán.

Me caso.

El conde de Olsen será mi futuro marido.

Me traslado a Viena a vivir.

¿Cuándo? Eso qué más da.

¿Por qué no me has dicho anda antes?

¿Qué vas a hacer con Nuño? Vendrá conmigo.

No entiendo la pregunta, Hernán, es mi hijo

y acompañará a su madre donde esta esté.

No. ¿No qué?

No voy a dejar que te lleves a Nuño.

¿Qué estás diciendo?

¿Quién te crees que eres para hablarme así?

Su padre.

Es mi hijo y del marqués de Santillana.

No podrás hacer nada por impedir que me lo lleve.

Nuño no viajará contigo.

-¡Pero tengo que avisarle tía!

Vamos a ver, ¡Alonso, que no vas a subir

al tejado que te acaba de dar un mareo!

-Que me encuentro bien. Venga, tía, por favor.

¿Tú no me has oído, no? He dicho que no.

-¿Es que no lo entiendes? El cosaco ha vuelto

de entre los muertos para matar al Águila Roja.

Vamos a ver, Alonso, que eso no puede ser, hijo,

no digas tonterías. Además, que el Águila Roja

sabe cuidarse muy bien solo. Venga, dame el trapo.

-No son tonterías, estuvo a punto de matarlo

la última vez. Bueno, ¡que ya está bien, Alonso!

Venga, a tu cuarto, a hacer las tareas.

Venga, arreando. (GRITA) ¡Alonso,

que he dicho que a tu cuarto!

-Lo he lavado como he podido, no sé cómo habrá quedado.

Lo encontré en la basura y pensé que querrías tenerlo.

Gracias.

No tenías que haberte preocupado.

-¿Estás bien?

Sí, sí estoy bien. Gracias.

-Te oigo llorar todas las noches.

Por mucho que te des la vuelta y finjas dormir, te oigo.

Pues lo siento, no volveré a molestarte.

Llaman a la puerta.

-¡Abrid a la guardia!

Llaman a la puerta.

¡Abrid, abrid!

Llaman a la puerta.

¡Abrid a la guardia!

Llaman a la puerta.

¿Qué pasa? -Aparta.

¿Qué pasa, qué hacen? -Registradlo todo.

Las habitaciones, mirad en todas las habitaciones.

Tú, saca todas las botas que haya en la casa.

Pero si las únicas botas que llevamos son las que tenemos...

-¡Rápido, muévete!

Golpes.

Golpe.

-¡Eh, tú! ¿Dónde vas? ¿Qué llevas ahí?

-Es... es ropa sucia, la iba llevar a lavar.

-Por la ventana, ¿eh? -Bueno, tenía que ventilar

la habitación y...

Yo no le maté, ¿eh? De verdad, estaba muerto ya

cuando le quité las botas.

(GRITA) ¡Ah!

-Lleváoslo de aquí.

(GRITA) -Ah, ah...

(UN HOMBRE GRITA) ¡Ayuda!

¡Socorro!

¡Ayuda, por favor!

¡Socorro!

¡Ayuda!

Chis, tranquilo.

Voy a sacarte de aquí. -Me me hagas daño.

Voy a desatarte.

-Tú mataste a mi hermano, prepárate a morir.

(GRITA) ¡Ah!

-Juan, espera, quería hablar contigo.

-Dime.

-Sabes, mi bisabuelo fundó esta posada.

Luego pasó de generación en generación.

-Sí.

-Ha sido una vida muy esclava pero es lo único que tengo.

No me gustaría que se la quedara cualquiera.

Aquí la gente tiene mucho trabajo pero poco dinero,

por eso, he pensado en vendértela a ti.

Piénsalo un momento,

tiene muchas posibilidades, podrías...

Montar un hospital, yo te la dejaría a buen precio.

-Sí, sí, si tuviera que comprar una posada sería la tuya, Cipri,

pero ahora mismo no me hace falta.

Gracias de veras, gracias. -Juan.

-Lo siento, Cipriano, gracias.

¡Perdóname!

(GRITA) ¡Margarita!

¿Qué quieres, Juan? Ahora no puedo pararme.

-Perdóname, no quería molestarte. Simplemente quería...

Juan, sería mucho más fácil para mí no tener que verte

todos los días. ¿Tú eso lo entiendes, verdad?

-No puedo vivir alejado de ti.

¿Ah, sí? Pues esta mañana ha venido Eugenia

a buscar su vestido de novia.

¿Todavía no has tenido el valor de decirle nada, no?

-He ido a avisarla pero sus padres me han dicho

que había salido, seguramente nos hemos cruzado

por el camino. Ya.

Juan, esto no es asunto mío.

Yo lo único que puedo desearte es que seas muy feliz

en tu matrimonio.

-Margarita.

Escúchame,

mírame.

No voy a casarme con Eugenia.

Yo te amo a ti.

-Juan,

¿es cierto?

¡Contesta!

¡Contesta!

-Sí.

Firma la confesión de una vez.

(LLORA)

-Ya se lo he dicho,

ni siquiera lo conocía.

Llevabas sus botas.

-Pero ya estaba muerto cuando se las quité.

Y yo no sabía que había un plano dentro.

¿Qué plano? No sé de qué me estás hablando.

Ciego también podrás firmar, tú decides.

(LLORA)

Serás ejecutado al amanecer. Lleváoslo de aquí.

-Pero, pero... si ya he firmado. (GRITA) No, no, no por favor,

no, no, ¡yo no he hecho nada! ¡No, no!

¿Quién eres?

-¿Todavía no lo sabes?

Soy cosaco, como mi hermano.

Tú le mataste.

Solo, solo defendía mi vida.

-Me trae sin cuidado, ojo por ojo.

Alguien de tu familia tiene que morir.

No sabes nada de mí.

Nunca te diré dónde están.

-Tú me llevarás hasta ellos igualmente.

Escúchame,

si los tocas, ¡te mataré!

Lo tengo.

-Bien.

Se hará esta misma noche. Vos mismo bajaréis a la cámara.

¿Yo, pero y usted?

-Estamos hablando de robarle al rey, comisario,

necesito a un hombre extremadamente competente.

Bajaréis vos. Me lo tomaré como un cumplido,

eminencia, pero la respuesta es no.

-No os tenía por un cobarde. Hablando claro, eminencia,

es una misión demasiado complicada. Tengo mucho que perder,

un matrimonio, un hijo.

No voy a seguir adelante sin sacar mi beneficio.

-Me decepcionáis, comisario.

Lo cierto es que nuestro camino ha de regirse

por una estricta firmeza moral pero os entiendo.

Bien, os daré una parte del oro.

Exactamente la mitad.

Y un papel en blanco firmado por usted, de su puño y letra.

-Sabéis que no puedo hacer eso.

Lo que me pedís es imposible. No voy a utilizarlo

en nada que le perjudique.

Pero es un asunto personal y urgente.

Confíe en mí, eminencia. Al fin y al cabo somos familia

y la familia está para ayudarse.

-Habéis aprendido mucho conmigo, comisario.

Espero que sepáis dónde están vuestros límites.

(LEE) Yo, Francisco de Mendoza y Balboa, cardenal Mendoza,

en perfecto uso de mis facultades

juro por mi honor y doy fe que don Nuño Julián Federico

de Santillana y Guzmán, marqués de Santillana,

es hijo natural del comisario de la villa, don Hernán Mejías,

como así me hizo saber en conversación privada

la propia madre del niño, doña Lucrecia de Guzmán,

marquesa de Santillana.

Llaman a la puerta.

¿A dónde vas así vestida?

-Me lo estaba probando, me lo ha mandado mi tío esta tarde,

quiere que me lo ponga mañana para oficiar un entierro.

No sabía nada.

¿De quién se trata? -No lo sé,

solo sé que es importante que vaya.

Ha insistido mucho.

¿Te apetece algo especial para cenar?

Iba a la cocina. No.

Hoy no voy a cenar en casa, tengo mucho trabajo.

Estás preciosa.

Hernán, te hacía trabajando.

Más tarde visitaremos este salón. No, por favor, Lucrecia,

¿qué dirían en Europa de nuestros modales

si ni siquiera nos presentases?

El conde de Olsen, mi futuro marido,

consejero personal de Leopoldo I; Hernán Mejías,

comisario de la villa.

-Un placer conocerle, señor comisario.

Enhorabuena, se lleva usted una joya.

-Lo siento, creo que le hemos interrumpido en su escritura.

No, no, no importa.

Aunque ahora que está usted aquí, quizá pueda hacerme un favor.

De todo el mundo es sabido que es usted una persona muy culta.

Podría darme su opinión sobre los versos

que acabo de escribir.

-Me parece una excelente idea, adoro la poesía.

Lucrecia nos deleitará con su maravillosa voz.

Lucrecia. Por supuesto.

Quizá no estén a la altura pero yo creo que el mensaje

está muy claro. Seguiré trabajando en ello.

Y enhorabuena de nuevo, ha sido un placer.

Lucrecia.

¿Visitamos el salón? Por aquí.

(LLORA)

-No llores.

Ay, pero ¿cómo que no llore, Catalina?

Mi mejor amiga se va a la otra parte del mundo,

Juan me ha engañao y hasta Gonzalo tiene otra mujer.

Si es que ya no puedo más, no puedo más.

¿Y a ti que te pasa ahora?

Pues estamos buenas. (LLORA) -¿Pero qué... hago yo

en Viena? Que no sé ni dónde está.

Pues yo me cambiaba por ti ahora mismo.

-¿Sabes lo que me dijo la marquesa cuando hablé con ella?

¿Qué?

-Que mi vida le pertenecía.

Y es verdad, yo no se pa qué me he hecho

ilusiones con otras cosas, si los pobres no tenemos derecho

ni a tener ilusión.

Las ilusiones no sirven pa na.

-¡Cuánta razón tienes, hija!

Me he enterao en el mercado de lo de Mateo.

He venido a ver si tú sabías algo más.

Los guardias se lo llevaron, por lo visto ha matao a un hombre.

-¡Si es que no te puedes fiar de nadie!

Hoy uno es cura y al día siguiente es un asesino.

Yo no entiendo nada, Margarita, ¿eh?

Mira,

voy a la taberna a hacer un recado pero ahora vuelvo y te ayudo

con todo esto, ¿eh? No te preocupes.

Anda con Dios.

Ay, Dios mío.

Golpe.

¿Alonso?

¿Alonso, eres tú?

¿Alonso?

¿Alonso, eres tú?

¡Ah, ah!

-No es muy difícil, Nuño, "gute Nacth".

Al conde le gustará ver que ya sabes algo de alemán.

Nuño, ¿me estás escuchando?

-Irene, tú eres la esposa del comisario.

¿A ti te lo cuenta todo, no? -Bueno, no tanto como yo quisiera.

-¿Tu sabes si está enfadado conmigo?

-No, no, no, no. ¿Por qué debería estarlo?

-Me voy dentro de unos días y ni siquiera ha venido

a hablar conmigo.

-Es un hombre muy ocupado, Nuño,

pero estoy segura de que se despedirá de ti.

Te tiene mucho aprecio, eso te lo aseguro.

La cena de esta noche con el conde se ha anulado.

Irene, déjanos a solas, por favor.

No hay tiempo que perder, tienes que irte.

-¿A dónde? El cochero ya está preparado,

te llevará a un monasterio, serán unos días.

-¿Pero qué pasa, por qué? Porque lo sigo yo.

Deja de hacer preguntas estúpidas y ayúdame.

-Sería todo más fácil si alguna vez me contaras

lo que ocurre.

Lo siento.

Lo siento, hijo, no puedo.

Todo se arreglará pronto, confía en mí.

Ayúdame.

(RECUERDA) -Si equivocáis vuestros pasos

no podréis salir de ese laberinto nunca.

No podéis permitiros el lujo de dudar un momento.

Pronto escucharéis las campanadas de la Torre dorada.

Campanadas.

Es el momento del cambio de guardia.

La salida norte da a la bodega de una mancebía abandonada.

Dejaréis allí el oro que vayáis sacando

de las arcas reales.

-¡Oh, oh!

(RECUERDA) -El siguiente relevo de guardia

se producirá a media noche.

El tiempo será vuestro mayor enemigo, comisario.

-Esto no se le hace a un amigo, Tomás.

La posada ha sido mi vida y la de toda mi familia,

que tú lo sabes. -Lo siento mucho, Cipri,

ya sé que no es mucho pero es lo único

que he podido reunir.

-Mira, si me das un poco más te dejo los barriles

llenos de vino, son nuevos. -Pero si es que yo no quiero

los barriles para nada, Cipri. Voy a montar una herrería

que es lo mío.

-¿Y qué hago yo con esto? -Venga, amigo,

que es buen trato, hombre.

-Cipri, ¿pasa algo?

¿Qué pasa? ¿Es porque me voy?

-He vendido la posada. -¿Qué?

Pero, muchacho, ¿y cómo has hecho tremendo disparate?

-Con el dinero que he sacado

me voy a Viena y te busco donde sea.

-Pero, hombre de Dios, ¿pero tú sabes lo grande

que es aquello? -Bueno, pues ya me apañaré...

-Te apañarás, ¿cómo? ¿Cómo te vas a apañar?

Cipri, si a lo mejor ni nos dejan vernos.

Tú te has vuelto completamente loco.

-Si algo tengo claro es que quiero estar contigo.

Estoy dispuesto a lo que sea.

Y si tengo que morir intentándolo pues... me da igual.

Lo doy por bien empleado.

-No, Cipri, lo siento pero conmigo no puedes venirte.

Ya está bien con una vida destrozada

como para encima cargar con esta responsabilidad.

-Catalina.

Campanadas.

¿Qué les has hecho?

¿Qué les has hecho? ¡Contesta!

-Tu mujer es muy guapa. No se resistió demasiado.

No, no.

Esto es una cosa entre tú y yo, desátame.

-Ahí es donde te equivocas. No hay mayor sufrimiento

que perder a un ser querido.

No.

-Pero ver su ejecución debe ser todavía peor.

¡Ah, ah!

Relincho de caballo.

¡No!

(ARREA AL CABALLO)

¡Ah, ah, ah!

¡Aaaah!

(TOSE)

(TOSE)

¡Aaaah!

-¡Aaah!

¡Aaah!

¡Oh!

¡Margarita!

Esa no es manera de tratar a la familia, eminencia.

-No dejáis de sorprenderme, comisario.

¿Cómo lo habéis sabido? Irene.

La vi probándose el vestido de luto,

me dijo que alguien había muerto.

Y en esta villa no se muere nadie sin mi permiso.

-Os había preparado un entierro a la altura

de vuestra dignidad.

¿Por qué todo esto, eminencia?

Teníamos un trato.

-Necesito todo el oro.

Además, el rey va a pedir la cabeza de alguien

y la vuestra estaba disponible.

¿Tengo una razón para que no lo mate aquí mismo?

-La primera es que os estoy apuntando con esta pistola

y sabéis que no dudaré en disparar.

La segunda es que a ninguno de los dos le gustaría

ver el suelo alfombrado con su cadáver.

¿Qué propone?

-Sería una herejía romper los lazos

con los que la Divina Providencia nos ha unido.

Porque seguimos siendo familia, ¿no es así, comisario?

¡Margarita!

Había oído ruidos y... ¿Estás bien?

(LLORA)

Gonzalo. Chis.

Había un hombre que me quería matar y,

y no sé por qué.

Yo creo que me ha salvado el Águila Roja.

¿Cómo que un hombre te quería matar?

(SOLLOZA) No lo sé. Vamos abajo,

te preparo algo caliente y me lo cuentas.

(LLORA)

-¿Qué hacéis aquí?

¿Y tú?

Deberías estar durmiendo.

Anda, ven para acá

y no creo que te haga falta ese trapo rojo.

-¿Qué te pasa, tía? Nada.

Algo me dice que tu amigo está bien.

(PREGONERO) El tribunal de justicia de la villa ha condenado

al garrote vil a Mateo Díaz, mañana al amanecer.

Asimismo, el ajusticiamiento será llevado a cabo

en la plaza, ante las autoridades pertinentes.

Lo detuvieron los guardias del comisario.

Dicen que ha matado a un hombre.

¿Te has vuelto loca?

¡Has podido matarme! No me quitarás a mi hijo.

¿Dónde tienes la carta? ¡Enséñamela!

¡Dámela, Hernán! No puedo.

(SOLLOZA) Vamos... No puedo.

Hijo...

No puedo.

(LLORA)

¿Dónde tienes la carta?

(SOLLOZA) ¡Dame la carta!

¡Dame esa carta!

(UN HOMBRE SE QUEJA) Ah...

Ah...

-Aquí ya tiene poco que hacer, padre.

Ese hombre tiene un pie en el infierno.

Lo ejecutan mañana.

-¡Padre, padre, yo no he matado a nadie!

¡Dígaselo usted! ¡No quiero morir!

(SOLLOZA) ¡No ha llegado mi hora!

Ave maría purísima.

-Sin pecado concebida.

-Ah, ¡guardia!

Vamos, tenemos que salir de aquí cuanto antes.

No vas a poder volver a la villa durante mucho tiempo.

-¡Si no tengo donde ir! Cualquier sitio es mejor

que un ataúd. -Estoy harto de ir de aquí

para allá, mi vida es una mierda. Vamos.

-Espere.

¿No necesitará un ayudante?

Yo trabajo solo.

(ARREA AL CABALLO) -Han robao en la cámara

del tesoro real. -¡Todo el reino se nutre

de ese oro!

¿Qué tal tu primer día libre? -¡Sátur, has vuelto!

¿Dónde está mi hijo?

(TODOS RÍEN) -¡Oh!

Señora solo quería decirle que he decidido irme con usted

mañana a Viena.

-¡Hijo de perra, te voy a partir el alma!

Como mañana salgas con él haré pública la carta.

(LLORA) -¿Qué voy a hacer yo aquí ahora?

No tengo nada.

-¿Cómo vamos a costear los gastos hasta que llegue

la próxima partida de las Indias?

-¡Ah!

La marquesa nos ha descubierto. -Cuenta mucho dejar los sitios

donde una ha sido tan feliz.

¿No sabes que es peligroso este lugar para una mujer sola?

-Sé cuidar de mí misma.

-¿Quién eres?

-Me parece que está claro.

-El Águila Roja,

lo va a descubrir, Dios mío.

Águila Roja - T4 - Capítulo 45

28 nov 2011

Mateo, un viejo amigo de Sátur, llega a la villa buscando fortuna. La suerte parece no estar de su lado ya que, sin saberlo, se entromete en una de las misiones de los hombres del Comisario. Por otro lado, Águila Roja se enfrenta a un peligroso enemigo del pasado, que regresa buscando venganza. En el Palacio Real, Felipe IV negocia el futuro enlace de la infanta Margarita, con el emperador Leopoldo I. El Rey propone a la Marquesa que acompañe a su hija en el viaje a Viena. Lucrecia va más allá y decide abandonar para siempre la villa para vivir en la corte imperial. Nuño y Catalina irán con ella. Mientras, el Cardenal Mendoza ejecuta un arriesgado plan para robar las Arcas Reales, en el que involucra al Comisario.

 

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  1. alan

    Cuando echan la temporada 9 quiero berla ya

    28 abr 2016
  2. Teodoro

    ¡Excelente serie! La he añadido como mi favorita, estoy viendo todos los capítulos y aprendo sobre la vida en época...

    02 may 2014
  3. pepe

    cuando echan la 5 temporada ?

    12 mar 2012
  4. silvia

    mi pregunta es la siguiente cuando van a subir los siguientes capitulos de aguila roja estan estupendos suban los videos pronto. gracias

    04 ene 2012
  5. quique

    imprsionate, el mejor capitulo para mi ha dia de hoy.

    04 dic 2011
  6. Debora Galan

    Donde esta la peticion, que yo tambien me apunto! Aqui en EEUU es lo mejor que veo. Por favor seguir con la serie!

    03 dic 2011
  7. Anónima

    Me uno totalmente a la petición de EDJ. No sé si ya las estarán haciendo pero, le insisto a la Productora, que hagan las gestiones necesarias para que la Serie continúe adelante más allá de la 5ª Temporada pase lo que pase en la misma, se casen o no se casen los protagonistas aunque, si fuera así, hay suficientes temas y márgenes para que los guionistas puedan seguir adelante con la pareja una vez casados ... ¡menudos temas podrían sacarse de ahí!. De todas formas, NECESITAMOS que la SERIE CONTINÚE, no se pueden dejar en la estacada ni a PROFESIONALES EXTRAORDINARIOS, como son los actores que la interpretan, ni a los más de SEIS MILLONES DE PERSONAS que siguen un producto de tan alta calidad como jamás se había hecho en España. Esperamos que estas peticiones sean tenidas en cuenta por las personas a quienes corresponda la decisión de seguir adelante con este maravilloso y espectacular proyecto. Muchas gracias anticipadas.

    03 dic 2011
  8. Mónica

    EDJ ; me sumo a tu pedido y espero que seamos escuchados . Ojalá que la boda que estaban grabando el día 30, sea ,efectivamente la de Margarita y Gonzalo !!! yo ,como tu ,soy de las que cree que en lugar de acabar allí la serie , con la boda de Gonzalo y Margarita , habría mucho margen para que los guionístas ,puedan crear situaciones increibles . Esta gran serie , tiene para muchooooooooooo tiempo más . Tal como lo dice EDJ, es "nuestra serie" , las personas que hacen "Aguila Roja" lo hacen de maravilla , pero estareis de acuerdo que sin tantos millones de personas que gustan de la serie , esta no estaría en el aire . Por favor ,respeto y cariño al público ,creo que nos lo merecemos.

    03 dic 2011
  9. EDJ

    Me gustaría dirigirme a la Productora Globomedia para pedirles, por favor, que no permitan que "nuestra Serie" y lo digo así porque es la serie que ven más de SEIS MILLONES Y MEDIO DE ESPECTADORES, se termine en la 5ª temporada. No importa que Gonzalo y Margarita puedan llegar a casarse durante esa temporada, éso no tiene por qué ser el final de la serie, precisamente si se casan, hay muchísimo material ahí para que los guionistas puedan mantener la calidad y el interés de la serie. Aunque pueda cambiar la política en TVE, pienso que no se puede ignorar a una audiencia tan elevada para una serie de producción nacional de tan alta calidad como ha demostrado Aguila Roja. Se preguntarán por qué pido ésto, pues porque me ha llegado la noticia de que ... "durante el miércoles dia 30, el equipo trabajó en la grabación de una boda en la localidad de El Tiemblo" ... y pensé: ¡Dios mío!, espero que ésto no signifique el final de la serie en la 5ª temporada, ésta preocupación se unió a la que ya tengo por el posible cambio en la política de TVE. Espero equivocarme y reitero mi petición de que la serie siga más allá de la 5ª Temporada. Gracias

    03 dic 2011
  10. Ali

    jajajajajajjajaja....qué buena onda gwen !!!!! jajajajajaja ¿Para qué sigues viendo,la serie ????? Arriba Satur !!!!! aunque el Aguila se las arregle muy bien sin él ,lo hemos echado en falta .

    03 dic 2011