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No recomendado para menores de 12 años Águila Roja - T4 - Capítulo 44 - Un joven profesor de esgrima llega al palacio de la Marquesa ofreciendo sus servicios - Ver ahora
Transcripción completa

Subtitulado por Teletexto-iRTVE.

-¡Todo el reino se nutre del oro de Nueva España!

¡Necesitamos ese oro!

¿Por qué sigue en la cama?

-Estoy un poco cansada. -Pero, bueno, señorita,

eso es normal los primeros meses de embarazo.

-Es la hija del jefe de la tribu.

-A ella no la mates.

-Ya sé dónde se encuentra el Santo Grial.

¿Dónde? -En el puente de Breñas.

-A estas alturas, la corte ya sabrá

que su rey prefiere a una salvaje que a su reina.

Nos han invitado a una cacería.

Tengo que hablar de negocios. -¿Y montaré a caballo?

-Su Majestad requiere de vuestros servicios.

-Una invitada llegada de las Américas vivirá en vuestro palacio.

-Me llamo Anuak.

-¿Qué va a pasar con nosotros, según el Floro?

-Según el Floro... se acabó.

-En viaje, violarme todas noches.

Entonces ya sabes lo que les gusta a nuestros hombres.

-No me gusta que tu novia viva en casa pero...

Yo no quiero que estemos enfadados.

Deja esa ventana abierta, que te vamos a ayudar a escapar.

Sacadlo y cerrad la posada.

-¿Por qué? Yo no he hecho nada, señor comisario.

¡Esta es mi casa! ¿Dónde voy a vivir? ¡No, por favor!

-¿Tú te das cuenta de lo que nos pueden hacer si la dejamos?

Yo he perdido a una hermana.

Y te juro que daría lo que fuera por poderme despedir de ella.

-¿Eso qué es? Estaban buscando el Santo Grial.

-No voy a tolerar que un grupo de indígenas

pongan en jaque a mi reino.

Tanto perseguir El Dorado y resulta que estaba aquí.

-¡Que un padre que no oye, mal! ¡Un maestro, peor!

¡Pero un héroe sordo, ni hablar! ¡Está usted inhabilitado!

¡Inhabilitao!

-¡Apártese!

Grito.

Vete si quieres y ya termino yo de ponerle el vendaje.

-Creo que es mejor que me quede yo.

Gritos.

Grito.

Laura de Montignac. ¡El escudo!

-¡Huy! Tiene que estar buscándonos.

-Si usted no para buscándola y ella tampoco,

ya me dirá cómo se encuentran.

Pues na, ya hemos dejao la nota pa su madre ahí en el orfelinato.

Mañana las arenas movedizas,

pasao el torreón...

Si esto es como un bucle. (RÍE)

Mire, podría ser el título del libro de nuestras hazañas.

"La vida, un bucle del Águila Roja y su fiel escudero".

(RIENDO) ¿Qué le parece?

Estaba distraído, lo siento.

¿Qué me decías? -Le hablaba de nuestro libro.

Aunque yo le hable y usted no me escuche, haga como que sí.

Como esos matrimonios que llevan casados toda la vida.

Está bien, Sátur.

Venga, vámonos, volvamos a casa. -Voy a ver si pesco algo, eh.

Sátur, déjalo, es igual.

-¡Va a dar igual! ¡Que no sólo de misterio vive el hombre!

Usted déjeme pescar a mí

y no hable alto, que los espanta. Venga.

Ahí lo tienes.

-¿Y era necesario humillarme así?

No sé qué prisa tiene desde que ha salido lo del orfelinato.

¡Que tiene extenuao a mí y a las pobres bestias!

Hoy viene Juan.

y va a contar la verdad a Margarita y quiero estar allí.

-¿Que hoy vuelve el doctor? Sí.

-¿Pero y cómo no me ha dicho nada, hombre de Dios?

¡Que lo primero es lo primero la señora!

¡Si es que es usted de un reservao...!

Venga, vamos.

-Y esto lo prepararé yo ahora... a la Navarra.

-Jaque mate.

-Señora.

Un joven pide hablar con usted. ¿A estas horas?

-Dice que es muy importante. Está bien, hazlo pasar.

-Con permiso.

Estas no son horas de presentarse.

Perdona, Hernán, pero esta, que yo sepa, aún es mi casa.

¿Quién eres y de dónde vienes?

-Señora, mi nombre es Álvaro Dueñas y soy maestro de esgrima.

Acabo de llegar de viaje y he venido a la villa

para ser el profesor de su hijo.

¿Y quién te ha dicho que necesitamos tus servicios?

-El señor.

Entiendo que, por su condición de noble, practica la esgrima.

Si ya es bueno, conmigo será el mejor.

Nuño ya tiene maestro. Dame tus credenciales.

-¿Algo de fruta? ¡Sí!

Empezarás mañana mismo.

Lucrecia, no sabes ni quién es.

Nuño necesita el mejor maestro y sé que tú no lo eres.

-Marquesa.

¡Juan!

Me dormí esperándote.

-No pasa nada.

¡Qué bien que estés aquí!

¿Cómo está tu madre? -Mejor.

Habrá sido muy duro, ¿verdad?

Bueno, ya estás en casa.

Y yo voy a ayudarte a que cada vez estés mejor, ya verás.

Ahora tenemos todo el tiempo del mundo.

-No.

Tengo que contarte algo.

¿Qué te pasa, Juan?

-Te he engañado con otra mujer.

¿Cómo que me has...? ¿Con quién?

-Con Eugenia.

¿Pero si Eugenia se iba a casar...?

-Conmigo.

¡Lo siento!

¡Lo siento!

No pienso derramar ni una sola lágrima por ti, Juan.

No te lo mereces.

Y si de verdad quieres hacer algo bien,

cásate con Eugenia.

-¡Amo, que está saliendo!

(SUSPIRA)

-¿Adónde va?

No, no, espere no.

Que se ha sentao ahí sola, en la escalerita.

Necesita asumirlo.

-Si es que el batacazo que se ha llevado...

Que el doctorera lo mejor que le había pasado a la pobre,

el único palo que tenía pa agarrarse.

A ver cómo remonta ahora. Sátur, nos tiene a nosotros.

-No, eso no es así. Porque hay cosas que usted no le puede dar.

¿Como qué?

-Pues... ¿va estar usted con ella todas las noches,

calentándole la cama, dándole amor, amor de hombre?, ¡cuidao!

No. Esa mujer ha perdido un marido, unos hijos,

un futuro en la vida. Vale, en eso tienes razón.

Pero yo voy a estar ahí, a su lado,

apoyándola. -Vale.

Pues vaya preparándose, porque el diluvio universal

va a ser chirimiri comparado con lo que le va a brotar a esa mujer.

Y si no, ya verá.

Buenas noches.

No voy a cenar, estoy muy cansada.

Hasta mañana.

Margarita.

¿Quieres que te prepare algo y te lo subo?

No. Sólo quiero dormir.

Buenas noches. (AMBOS) Buenas noches.

-No estaba llorando.

¡No estaba llorando!

¡Su prometido la engaña con otra y ni gota!

-¿Qué?

¿Qué Juan ha engañado a tía Margarita?

¿Y por qué ha hecho eso? Son... son cosas de mayores.

-¿Qué pasa? -Nada, señora.

El novio de la otra señora que... -Deberíais hacer algo.

La ha humillado y va a ser la comidilla de todo el barrio.

¿Qué quieres que haga? -Lo que hacen todos los hombres.

¡Vengar su honra!

Alonso, que yo me bata en duelo no va a hacer a Margarita feliz.

No, no puedo hacerlo.

-Si humillan a tu familia, no puedes quedarte así.

Deberías hacer algo.

-Voy a hablar con él, a ver si consigo calmarle.

-A ver si me centro en el pescao y...

¿Qué coño tiene aquí el pescao?

-Un envío del almirante Eduard Montagu,

embajador de Su Majestad el rey Carlos II de Inglaterra.

-¿Malas noticias, Majestad?

-El almirante Montagu llegará a palacio esta mismísima tarde.

Y como muestra definitiva de nuestro acuerdo de paz

en los mares del norte, desea que lo disponga todo

para una recepción por todo lo alto en palacio.

-¡Estos ingleses siempre tan presuntuosos!

-Querría además que la reina luciese

esta joya que me entregan como presente.

-¡La tiara Estuardo!

Sin duda una de las alhajas

más valiosas de cuantas poseen los ingleses.

-Y el blasón no deja lugar a dudas.

Sólo nos faltaba esto.

-Si me lo permitís, Majestad,

no sería conveniente arriesgar el acuerdo de paz con los ingleses.

Un conflicto naval ahora sería nefasto para la corona,

más si cabe con el frente de Portugal abierto,

además,

una vez presentada en palacio, la tiara Estuardo,

siempre puede ser vendida,

naturalmente para satisfacer las necesidades

de nuestras tropas.

-Está bien,

que lo disponga todo para la recepción.

-Vaya, no... No entra.

Qué raro, si hace un mes le servía.

-Quita, que se lo estarás poniendo mal,

quita.

Marta, hazme un favor,

baja a la cocina a ver como va el desayuno,

que voy con mucho retraso.

Respira hondo.

En el vientre aún no se le nota, pero el pecho

lo tiene ya contundente,

debería decírselo ya.

-¿Ya?

¿No debería esperar?

-A ver, su marido como hombre no creo que le ponga reparo

a que usted esté pletórica,

pero si ata cabos y piensa que está embarazada

antes de decírselo, puede sospechar.

Mejor decírselo ahora a que lo descubra.

-No sé si voy a poder, Catalina.

Hernán es comisario y es su oficio descubrir al mentiroso.

-A ver, señora, su marido es muy listo,

pero todas las mujeres tenemos nuestras mañas,

y más si la vida de su hijo está en juego.

Usted hágame caso a mí, que soy gallina vieja

y he anunciado al preñez dos veces.

Usted le dice: "Hernán,

tengo algo muy importante que decirte",

él la mira y usted le sonríe,

y le dice: "Estoy esperando un hijo tuyo."

-¿Y si no dice nada?

Ya sabes cómo es él, que... se calla todo, y...

-Pues si no dice nada le planta usted un beso

y deja que lo asimile poco a poco, lo que hemos hecho todas.

Se abre la puerta. -No voy a poder.

Hernán.

Necesito... te... tengo que...

Irene, deberías ser más clara a la hora de hablar.

has recibido clases para ello, ¿no?

-Estoy esperando un hijo tuyo.

-Bueno, qué alegría,

enhorabuena.

-Nuestro. Ah, estás aquí, Catalina.

¿Y esas caras, a qué se debe tanta felicidad?

-Mi esposa, va a concederme un hijo.

Enhorabuena.

Antes o después todas tenemos uno, querida.

Bueno, tengo... una recepción con el rey,

Catalina, prepara mi vestido de seda azul.

-Con permiso, enhorabuena.

-Amo.

¿Ha visto usted a la señora estas mañana?

Se ha ido pronto a palacio y no...

no la he visto.

-A mí...

(CARRASPEA) Bueno, usted sabe que no soy

de ponerme de parte de nadie, pero lo que dice

el chiquillo, pues tiene cierto sentido.

Pero bueno, ¿tú también quieres que me rete a duelo?

-Si usted no fuera a ganar, le diría que no, pero...

Siendo usted quien es...

¿Qué quiere que le diga? Un malnacido menos.

Sátur, estamos hablando de la vida de un hombre.

-Bueno, ¿qué?

¿Ha sacado algo en claro de...?

Tal y como está cercenado, parece que lo hayan arrancado de cuajo.

-¿De cuajo?

¿Pero de cuajo tipo accidente que se han llevado

el dedo para alante segando la hierba del río, o...

de cuajo tipo tortura y castigo?

No lo sé, pudo haber sido un animal.

-¿Entonces tiene que salvar usted a alguien o no, cómo es la cosa?

El corte es reciente,

y dado que aún tiene sangre en su interior, pues sí,

la mujer puede estar viva.

-¿Pero es dedo de mujer?

Sí, y costurera,

tiene pinchazos de aguja aquí, como Margarita,

y esto tiene un símbolo...

Parece cristiano.

¿Te suena?

-Este es el símbolo del padre Jerónimo.

He oído hablar de él.

¿Sabes dónde tiene la congregación?

(RÍE)

-El padre Jerónimo es un buen hombre,

da de comer a los pobres, cuida a los enfermos,

vamos, usted no puede sospechar de él.

Sátur, sólo quiero hablar con él, este es su símbolo.

-Está tan acostumbrado a tratar con mala gente

que hasta me sospecha del bendito, ja...

Faltaría más... el padre Jerónimo.

Menudo...

Siempre con lo mismo.

El día menos pensado...

desaparezco yo también.

(RESPIRAN CON DIFICULTAD)

-El engaño es la mejor defensa contra el enemigo,

pensabas que era diestro, y soy zurdo.

Interesantes tus enseñanzas.

-Muchas gracias, marquesa.

Muy bien, Nuño, ya puedes recoger, mañana seguiremos practicando.

-Lo que usted diga, maestro.

Recibí unas clases de esgrima hace años,

antes de que mi hijo naciera.

Me gustaría retomarlas contigo.

-Madre.

-No está de más que una dama sepa esgrima.

(JADEA)

Me alegra haber contratado un maestro que vive

con tanta pasión su trabajo.

Supongo que en otras facetas de la vida serás igual.

(JADEAN)

¿Subimos a mi alcoba?

-Lo que quieras,

madre.

Oh, ¿cómo me has llamado?

Oh...

-¿Te suena?

Me preguntaste que de dónde venía.

¿Te es familiar el bosque de Roblares?

Oh, oh...

(RESPIRA CON DIFICULTAD)

(JADEA)

(LLORA)

(LLORA)

-¿Entonces no quieres hablar, no?

Si no quieres hablar y no quieres llorar, por lo menos...

desahógate insultando a Juan.

No quiero insultar a nadie, Catalina,

no pasa nada, estoy bien, de verdad.

-¿No pasa nada, no pasa nada? Pues sí que pasa,

pasa que te estás saltando los pasos normales

de una ruptura.

Cuando las personas rompen se sienten mal.

Lo único que quiero es seguir con mi vida normal,

-Normal.

Tú ahora te vas a levantar normal, desayunarás normal...

y así normal de comes una gachasmigas,

pero vamos a ver, chiquilla, que tu hombre se fue con otra,

que no se fue a almorzar sin ti.

Bueno, déjalo ya, por el amor de Dios, déjalo ya.

Todo lo que dices no ha pasado,

ni existe Juan ni existe lo que hizo,

¿lo has entendido?

No quiero hablar de esto que bastante tengo yo ya.

-Pero vamos a ver... Ya.

-Pero si es por tu bien,

que no puedes estar así, te tendrás que desahogar.

-Catalina, por favor. -Señorita.

-¿Puedes prepararme una tisana? -Claro.

-Que me encuentro un poco revuelta.

-Claro que sí, por supuesto, siéntese,

ya lo puede decir en voz alta,

que ya puede tener sus síntomas para afuera.

Bueno, por cierto,

como ha estado con lo del anuncio,

estuvo maravillosa, ¿eh? Propia, natural...

Vamos, que se puede sentir orgullosa.

Igual que el comisario que está orgulloso de ser padre.

-Sí, eso parece.

-Bueno,

y si todo está bien... ¿a qué viene tanto abatimiento?

-Pues...

No sé, Catalina, imagina que cuando nace el niño,

nace castaño y ojos verdes, como Martín.

-Pues en eso tiene usted razón,

porque el comisario y Martín... como un huevo y una castaña.

Pero tenemos que tener fe y rezar,

para que el niño no se parezca al padre.

¿Qué tiene de malo parecerse al comisario de la villa?

-No tiene nada de malo, señor,

sólo... hablábamos que...

ojalá el niño salga tan guapo como la madre,

pero vamos, que si se parece a usted...

tendrá su porte y su gallardía, que no es poco.

Me da igual,

siempre que sea un varón.

No quiero que vuelvas a bajar aquí,

en tu estado estos humos no te sientan bien.

Si necesitas algo se lo pides a Catalina,

ahora vamos, te acompaño arriba.

-Ahora le subo la tisana, señora.

Rezos en latín.

-Ahí está su sospechoso,

un hombre que como Cristo da misa en el monte por no tener iglesia,

le va a molestar para nada.

Seré breve.

(REZA EN LATÍN)

Lucrecia.

¿Qué pretendes, has perdido la cabeza?

¿Quién te crees que eres para entrar así en mis aposentos?

¿Por qué ibas a hacerlo?

Esa marca es una imperfección.

Lucrecia, llevas con eso toda la vida

no es una imperfección,

forma parte de ti.

Déjame sola.

¡Sal de aquí!

Estás loca.

-Ah, sí, claro,

te refieres a Isabel,

pero la verdad es que...

lleva unos días sin venir,

está enferma.

¿Tú por qué la buscas, hijo?

Estoy buscando costurera nueva y me la habían recomendado.

¿No sabrá si tiene algún familiar o algún amigo aquí?

-No, no, no. Seguro que no.

Ella siempre viene sola y... se va sola.

¿Y sabe dónde vive? -No.

No, apenas sé nada de ella. Eh...

Lleva muy poco tiempo aquí en la congregación,

pero... pero oye, te aseguro que...

que si la veo, le diré que la estás buscando.

Muchas gracias, padre.

-¡Cipri! -Sátur.

-Cipriano, ¿qué haces tú aquí?

No sabía que eras devoto del padre Jerónimo.

-No, mi hermano sí que lo era.

Padecía del estómago y le ayudó en su enfermedad.

Por eso a veces vengo y lo escucho. -¿Tú tienes un hermano?

No tenía ni idea. ¿Él qué vive, ahí en la Villa?

-No. Murió.

-Anda, hombre. Te acompaño en el sentimiento.

Para que veas lo poco que sé de ti. -¡Aguamiel del padre Jerónimo!

-Anda, vamos a acercarnos al puestecillo de la aguamiel.

-¡Para el mal de cabezas, el mal de huesos! ¡Mano de santo!

-Al mal de cabeza, mal de huesos. Esto tiene más propiedades

que la duquesa de Alba. (RÍE)

-Oiga, dame una botellita.

-Mano de santos. -Gracias.

Sátur, ¿qué estás comprando? -Aguamiel.

Un reconstituyente del padre Jerónimo que lo cura todo.

¿A que sí? -Mano de santo.

(RÍE) -¿La voluntad?

-Pues, hablando de mano, si no le importa largar la suya...

Yo es que no...

Murmullos.

Ah. Eh... Tome.

Vamos. -¡Con Dios!

Murmullos.

-¿Te aflige algo, madre?

¿Cómo me has encontrado? -Muy fácil.

Esta es tu habitación. Sabes a lo que me refiero.

Te dejé en el bosque. Pensaba que estabas muerto.

-No todo el mundo es capaz de abandonar

a un recién nacido en medio del bosque.

(LLORA)

(JADEA)

-Un campesino te vio abandonarme y salir corriendo.

Sabía que eras unas de las criadas del Duque de Escalona,

porque salía verte cuando salías a lavar la ropa al río.

Él me crió.

¿Qué quieres? ¿Oro?

Podría darte un cofre lleno ahora mismo y una casa.

Una casa a la que yo pueda ir a visitarte.

-Es toda una vida la que tienes que compensarme, Marquesa.

Quiero la tierra que los ingleses han regalado a nuestras Majestades.

¿Me estás pidiendo que robe a la reina?

Estás invitada a la recepción del Palacio Real.

No te costará acceder a ella.

Todos los ojos de la velada estarán mirándola.

No puedo hacerlo, es imposible.

-A la familia del marqués de Santillana le encantará saber

que soy tu hijo.

¿Y qué decir de los nobles de la corte,

que siempre desconfiaron de tu origen plebeyo?

Será el escándalo del año.

No... No se te escapará.

-No me subestimes, Marquesa.

No olvides de quién soy hijo.

(SUSPIRA)

-Esa mujer estaba enferma. Posiblemente sea pasto ya de...

de los gusanos. No. ¿Y cómo explicas lo del dedo?

Murmullos.

-Le voy a reconstruir lo que pasó. Esa mujer murió en el bosque.

Llegó un buitre, le cogió el dedo. Al alzar el vuelo, el dedo

al buitre se le cayó al río. Entonces, llegó un pez

y se lo comió. El dedo. Cadena alimenticia.

Ya. Cadena alimenticia. -¿Eh?

Podría ser, pero yo prefiero comprobar una última cosa.

-Y dale molino al viento. Bueno, yo ya se lo he dicho.

Usted haga lo que quiera.

Murmullos.

¡Cipriano! (RÍE) -Sátur.

-Esto me va a poner como un toro. -Ah.

Voy a atraer a las mujeres...

como las moscas a la miel. (AMBOS RÍEN)

-Eh, hablando de mujeres,

tú, desde lo de Inés, no te has aliviado, ¿no?

-Yo... yo no hablo de esas cosas.

-Y eso te honra. No, te lo digo

porque han abierto una mancebía nueva ahí, en el camino de Alcalá.

Que si eso, esta noche te paso a buscar y nos vamos.

-No, no, no. Gracias Sátur. Yo... yo no quiero ir a ese sitio.

-Que si es por vergüenza, son unas mujeres discretas y limpias.

Son unas profesionales, vaya. (RÍE) -No, no.

-¡Ah! -¿Qué pasa?

-Ah... ¡Oh! -¿Qué te pasa?

-¡Ah! -¿Sátur?

-Sí, lo que pasa, que me he comido un pollo...

y me estuve salpicoteando ahí desde las entrañas.

Ah...

(ARQUEA)

Ah...

(SUSPIRA)

Buenos días. Deja que te ayude.

No hace falta, Gonzalo. Si no me cuesta nada...

Además, yo soy un poco más alto y llego mejor.

Y no te estoy llamando bajita, ¿eh? Que no hace falta.

Que ya alcanzo yo sola

Margarita, sé por lo que estás pasando

y... me gustaría poder ayudarte.

Sí, ya sé que lo sabes,

pero ¿desde cuándo, Gonzalo?

Eso no importa ahora. Lo sabías.

Sabías que me estaba engañando con otra en mi cara

y no me dijiste nada. Te callaste.

¿Tan poco significo para ti? Significas mucho para mí.

Por el amor de Dios, Gonzalo, que me veías todos los días ahí

cosiéndole el vestido a la mujer con la que me estaba engañando.

No fuiste capaz de hacer ni decir nada.

Hablé con Juan, pero me hizo prometer

que no te diría nada. Quería decírtelo él.

Claro. Qué bonito.

Todo entre caballeros. ¿Y yo, qué?

Dijiste: "Da igual, que se apañen entre ellos,

que yo ya estoy ocupado con mi nueva mujer.

No, no es eso. No es eso.

Quizá sí, quizá me equivoqué, pero...

nunca he querido hacerte daño. Pues lo has hecho.

Y mucho. Y ahora, si no te importa,

tengo cosas que hacer.

(SUSPIRA) Lo siento.

(SUSPIRA)

Gaita.

-Aunque su comida sea tan repugnante

que cueste imaginar cómo se mantienen con vida,

los ingleses tienen gusto para las joyas.

De eso no hay duda. (TODOS) Oh...

-La tiara es espectacular, Majestad.

Majestad, no he podido esperar

para veros con la tiara. Y he hecho bien,

porque no sé qué brilla más, los diamantes o vos.

-Le agradezco el cumplido. Y si no proviniese

de una aduladora como vos, hasta me lo creería.

(RÍEN) No me malinterpretéis, Majestad.

pero si fueseis esa portuguesa con bigote

que tiene Carlos II de Inglaterra como esposa como esposa,

Risas. no diría nada.

Prefiero un silencio a una mentira. En cualquier caso,

me gustaría proponer un brindis. Permíteme.

-Todavía tiene actitudes que delatan su funesto pasado,

Marquesa. (RÍEN)

Lidio con ellas cada día intentando cambiarlas, Majestad,

pero ya se sabe, las malas costumbres nunca se pierden.

-Esa es, sin duda, la labia que la hace tan solicitada.

Verbigracia, lo llaman. -Verbigracia.

(RÍE) ¿Majestad?

Condesa. -Gracias.

Por la mejor y más grande reina que han tenido nunca las Españas.

-La tiara. Exquisito, Majestad.

-Sí. -¿Estás bien?

-Ay, por favor. ¡Un poco de agua!

Que le den un poco de aire. -Agua, por favor. Un vaso de agua.

-Debe ser por el calor. -Desabrochadle el vestido.

Reacciona.

Avisaré a un médico, Majestad. ¡Que venga un médico!

¡Rápido!

-Doctor.

(TOSE) -¿Qué pasa, Sátur?

¿Te encuentras mal? -No, estoy bien.

-No, no está bien. Está vomitando cada rato.

-Ven, ven aquí. (ASQUEA) Oh...

(TOSE)

-Bien, bien. Ven aquí. -Que conste que me dejo atender,

pero... por el doctor, no por la persona.

Ah... -A ver.

(JADEA) ¡Ah!

-¿Te duele? -No. ¡Ah!

-Ah. Bueno, bueno, bueno. (TOSE)

-No, esto... esto no es nada malo, ¿eh, Sátur?

Habrás comido algo en mal estado.

-Ah... -Hasta que no te encuentres mejor,

no comas nada sólido. Solo líquido. ¿De acuerdo?

¿Eh? -¿Lo ves? ¿Qué te decía?

Que yo no sé para que hemos venido. Ah...

(TOSE) Líquido dice. Ah...

Para líquido esto, que lo cura todo.

-Gracias, Juan.

(TOSE)

-Oye, vaya noticia, el embarazo de la señora Irene.

¿Verdad? -Pues lo que es de ley

entre un marido y su esposa.

No creo yo que sea tanta noticia tampoco.

-Es que a mí las cuentas no me salen.

A ver, si el niño está para...

Y las noche de bodas fue... -Pero vamos a ver, Marta,

¿de qué cuentas me estás hablando?

¿Desde cuándo has sabido tú hacer cuentas?

Anda, toma. Llévate esto, que luego se lo pondré

en un altarcito a la virgen. Y nada de estar ahí abajo

dándole que te pego al tema, ¿eh? Que os conozco.

La señorita Irene está embarazada y punto en boca. ¿Estamos?

Tira.

Señorito.

Déjame solo. -Con permiso.

Juan, necesito hablar contigo.

-Gonzalo, quiero que le digas a Margarita

que... No. No se trata de eso.

Solo quiero tu opinión como médico.

Creo que un animal lo arrancó de cuajo, pero necesito descartar

que la mujer estuviera viva.

-Quizás estaba viva cuando se lo cortaron,

pero desde luego, dudo que lo siga estando. Mira.

El color azulado y las descamaciones son causa

de la cicuta. O sea, que la envenenaron.

-Ajá.

Gracias, Juan. -Gonzalo...

Eh... ¿Lo está pasando muy mal?

(SUSPIRA)

Nuño.

-No tengo hambre.

¡Nuño!

Siéntate, quiero hablar contigo.

El embarazo de Irene no cambiará nada.

-Lo cambiará todo, comisario.

Vas a tener un hijo de verdad al que tendrás que atender.

Tú no eres mi padre.

Y más me vale que me vaya acostumbrando.

Quiero que me ayudes a cuidarlo.

-Para eso están las doncellas y amas de cría.

Me refiero a que seas un hermano mayor.

-Eso es absurdo, si ni siquiera somos de la misma familia.

Pero me gustaría que os comportarais como tal.

Si crece a tu lado, se parecerá a ti.

Y un padre no puede aspirar a tener un hijo mejor que tú.

-Gracias.

Nuño, con el cuchillo.

-¡No! ¡Ay!

¡Sátur, que me has asustao! -¡Pa susto el mío, señora,

que necesito esa aguamiel pa recuperarme!

Bueno, lo siento, hombre.

-¡Tengo el estómago que es más tubérculo que órgano!

Deja, deja. Ya está.

Ya está.

(SUSPIRA)

-Aunque bien mirao, igual a usted también le hubiese venido bien.

Que dicen que al aguamiel del padre Jerónimo lo cura todo.

Hasta los dolores del alma.

Yo estoy bien, no te preocupes. -Sí, vale, de acuerdo.

Por si acaso. Ya que me acerco con el Cipri a por una,

le podría traer a usted otra botellita de aguamiel.

A ver si me recupera esa carita de ángel que me tiene, eh.

¿Tú también lo sabías, verdad?

Tú lo sabías, pero Gonzalo no te dejó hacer ni decir nada.

¡Si es que los tiene cuadrados!

-Señora, por favor, le pido que no hable así del amo.

Una cosa es que no alardee y otra es que no hiciese nada.

¿Ah, sí? ¿Y qué hizo, hablar con Juan?

-Hablar con Juan, sí.

Y arrearle una, ¡que lo dejó más pa acá que pa allá!

¡Que del guantazo que le dio,

se quedó más inclinao que la torre de Pisa!

-Majestad, he venido a informaros que los comerciantes flamencos

ya han recibido el encargo para el nuevo envío de pólvora.

-No esperaba menos. Ahora mismo que procedan al pago.

-Por cierto,

magnífica la recepción. Estoy seguro que los ingleses

se han quedado gratamente impresionados.

Señor.

-¿Te la llevas?

-Así es, querida.

-No es necesario.

Mi joyero personal la guardará a buen recaudo.

-Eres la reina de las España.

Y como tal, deberías comprender

que esta tiara es más importante para el imperio que para ti.

-¡Soy la reina de las Españas, pero no la tuya!

¡Es sólo cristal!

-¡Han robado la tiara!

La costurera murió envenenada.

¿Quién está envenenando a sus feligreses?

Relinchos.

Gruñidos.

¡Ah!

Pasos.

-Estaba preocupado.

Empezaba a temer que te hubiesen cortado la cabeza.

Aquí tienes tu tiara.

¿No te fías de mí?

Con esto ya he compensado todo lo que te hice.

De esos e trataba, ¿no es así?

Pues ya puedes irte.

Espero que te vaya bien.

-Adiós... madre.

-¿Te ayudo?

-No, por Dios, señor. Es mi labor guardar las ropas.

-Insisto.

A ver, ¿dónde las llevabas?

-Al vestidor de la señora.

-¿Y dónde está?

-Ah, está... está por allí.

-No te preocupes, ya las guardo yo.

-Déjelas dentro del arcón y las llaves...

-Ya se las devuelvo yo a la marquesa.

Jolgorio.

-¡Por su futuro hijo, señor! Gracias.

-Señor.

-¿Este es el modo y lugar

donde ahora realizáis vuestro trabajo, comisario?

¿O es que habéis encontrado el Santo Grial y lo celebráis?

Estamos en otro tipo de celebración, eminencia.

-Pues dejaos de festejos y prestad atención.

-Acaban de robar la tiara Estuardo de las habitaciones de la reina.

¿Habrán interrogado a los criados, supongo?

-Supongo.

La tiara fue sustituida por una copia exacta

que una criada nunca se podría permitir.

No os molestéis en buscar al joyero,

el único en grado de realizar semejante trabajo ya es un cadáver.

¿Se sabe cuántas personas había en la alcoba de la reina?

¿Y si alguien más ha tenido contacto con la tiara?

-La duquesa de Ugarte, sus dos primas

y la marquesa de Santillana.

Una de ellas es la culpable.

Si se hace público que han robado al rey en sus propias habitaciones,

sería el hazmerreír de toda Europa.

Haced lo que sea, pero dad con ella.

Eminencia.

-¿Manolo?

¿Manolo el Cuerdas?

-¿Qué iba a hacer? Estando así, no te iba a dejar solo.

Por lo menos él se conoce la posada de tantas horas que pasa allí.

-Cipriano, ¿y tú no has pensado

en que podrías vender aguamiel en la posada?

Eso igual te sacaba de pobre.

-No podría. Me recuerda demasiado a mi hermano,

que no paraba de beberla. -Ah.

-¿Y ese caballo?

Cipriano...

Estoy pensando que mejor que te vayas a la posada,

no vaya a ser que Manolo acabe con todas las existencias.

-No, espera. Es raro que ese caballo esté aquí solo.

No vaya a ser que al dueño le pase algo.

-¿Qué le va a pasar al dueño?

¡Caballo!

¡So, caballito! ¡Ven aquí!

Cipri, quédate con él, sujétalo, que voy a echar un vistazo. Vamos.

¡Amo!

(SUSURRANDO) ¡Amo! -¿Qué pasa?

Parece una trampa para osos. ¿Se ha caído ahí dentro?

-¿Qué haces? ¡Que te he dicho que te quedes con el caballo!

-Tranquilo, está atado. ¿Está ahí? -Sí, está ahí.

-Está ahí pero está... ¡perdío de sangre del mamporrazo!

Mejor que no lo veas.

-Bueno, si necesita ayuda pa salir, mejor cuatro manos que dos.

-Sí, sí, cuatro mejor que dos pero...

Ve a por una cuerda. Debe de haber alguna ahí en las alforjas, corre.

¡Que lo va a descubrir!

¡Que lo va a descubrir!

Lo siento, Cipriano, era fuerza mayor.

¡Amo!

¡Amo!

-Señora, ¿es cierto eso que dicen que los diamantes de esa tiara

parecen soles de tanto como brillan?

Catalina, retírate.

-Sí, señora. Con permiso.

¿Estas son maneras de entrar en la alcoba de una dama?

¿Dama? Yo sólo veo a una ladrona.

¿Dónde tienes la tiara?

En la alcoba de la reina sólo había cuatro personas.

A las criadas las registraron y torturaron.

Será cuestión de tiempo que te descubran.

Tengo que huir. ¡No, Lucrecia, no lo hagas!

¡Ni se te ocurra! Si lo haces, te delatas.

Y si me quedo, me cortarán la cabeza.

¿Por qué lo hiciste?

¿Es que la avaricia te quitó la poca sensatez que te quedaba?

No la robé para mí. ¿Entonces para quién? Dímelo.

El maestro de esgrima me chantajeó.

Vamos, Lucrecia. Un maestro no puede chantajear a una marquesa.

Es mi hijo, Hernán.

Ya no la tengo,

se la he dado.

¿Dónde se ha ido?

No lo sé.

Salió de aquí hace un rato,

¿qué voy a hacer?

Recuperar la sangre fría que tuviste para robarla,

y esperar.

Hernán.

Hernán...

No lo mates, por favor.

-Amo.

Amo... Amo, está vivo.

¿Pero cómo ha llegado hasta ahí, hombre de Dios?

Póngase el embozo que está Cipriano ahí descoyuntado,

que no sé si va a despertarse o no, pero como se despierte

le descubre seguro. Sátur,

trae la cuerda, tenemos que ir a por el padre Jerónimo.

-No, usted no puede ir, que está mal herido.

Sátur, la cuerda.

-Juan.

-¿Pero qué haces?

-Voy a vengar a mi tía porque tú la has engañado.

¡Defiéndete!

Vamos. -Escúchame,

sé exactamente como te sientes,

y yo haría exactamente lo mismo que tú,

pero no lucharé contigo.

-Mi tía es la mejor persona del mundo,

no se merece lo que le hiciste. Defiéndete, ¡que te defiendas!

-Tranquilo. -Vamos.

Alonso.

Alonso, ¿qué haces?

Alonso...

Por el amor de Dios, suelta la espada.

-No tía,

te ha deshonrado y tiene que pagar por ello.

Vamos, defiéndete.

¡Vamos!

-El chico tiene razón,

merezco morir.

Alonso, por favor.

Alonso.

Alonso, por favor.

Alonso.

(RELINCHA)

(RELINCHA)

¿Dónde está la tiara?

¿Dónde está la tiara?

-No la tengo.

Disparo.

(RESPIRA CON DIFICULTAD)

Oh...

Ah, ah...

¡Ah!

¿Dónde la escondes?

-Si me matas nunca lo sabrás.

No lo voy a hacer,

te haré sufrir tanto que después de todo,

vas a suplicar que te mate.

-Oh...

Está bien, te lo diré.

Está en su palacio,

puedes preguntarle al rey si no me crees.

Ya ha sido informado.

¡Ah...!

Ah...

(LEE) Me pongo en contacto con vos para comunicaros

que la tiara se encuentra en el palacio

de la marquesa de Santillana,

ella la robó, atentamente, vuestro humilde servidor.

-Guardias.

-Entonces una rama cae de un árbol y me atiza en la cabeza,

si no es por Sátur todavía sigo allí tirado.

-Válgame Dios Señor, también es mala suerte.

-Estás hecha toda una enfermera.

-Claro, con el doctor en casa algo se me habrá pegado.

-Ah... (RÍE) -Anda, quita,

que llevas todo el bosque en la cara.

-Madre.

-¿Qué quieres?

-¿Qué hacíais?

-¿Pues qué vamos a hacer?

Le estoy curando, que se dio un golpe, tenían que curarlo,

que no está Juan, ¿qué quieres?

-Es que no me sale la tarea.

-Eh...

-Estas cosas hay que preguntárselas al maestro,

tira donde Alonso.

Cipri, tenemos que controlarnos, ¿eh?

Si nos llega a ver el chiquillo, se le cae el mundo encima.

-Sí, tienes razón.

Te veo y... bueno,

no puedo estar sin... -Ya, pero hay que estar sin.

Hay que estar sin si el crío está por aquí.

¿Crees que no me pasa también?

¿Eh? -Eh...

Se abre la puerta.

Eh... Buen día, doctor.

-Buen día.

-Hala, Cipri,

con Dios.

-Imagino que no quieres verme por aquí,

ya te habrán contado.

-Juan, yo no soy quien para juzgarte,

quédate el tiempo que te haga falta.

-Gracias.

¿Por qué envenenas a la gente que cree en ti?

-Lo único que hago...

es darles esperanza de una vida mejor,

aunque sea en el más allá.

No me has contestado a la pregunta.

¿Echas la cicuta en el aguamiel?

-De esa manera mueren poco a poco,

sin sufrimiento alguno,

pongo fin a sus vidas,

porque es lo que ellos más desean.

¿Pero quién te crees que eres tú para decidir

si la gente quiere vivir o morir?

-Llevo años viendo sufrir a la gente que pretendo ayudar,

no tienen qué comer ni donde dormir.

Les he oído decir: "Quiero morir", demasiadas veces,

como a la costurera,

que se suicidó tirándose en el río.

A mí sólo me pareces alguien que quiere jugar a ser Dios.

-Tú salvas a los que quieren vivir,

yo hago lo mismo

con los que quieren morir.

También estás envenenado.

-No es fácil vivir en pecado eternamente.

Vete de aquí.

-¿No piensas matarme? No.

Yo no juego a ser Dios.

La tiara tiene que estar en algún sitio.

El palacio es enorme, somos dos para buscarla,

nunca la encontraremos, Hernán.

¿Pero qué haces? El rey está al tanto, en inútil.

No voy a dejar que te rindas ahora, levántate y busca.

¿Donde estuvo? Salió del Salón,

pero no sé dónde fue, pudo haber estado en cualquier lugar.

-Señora, disculpe pero necesito las llaves...

Déjate de llaves y vete.

-Señora, si se ha molestado porque...

el maestro de esgrima me ayudó...

¿Cómo?

¿Qué estás diciendo?

-Lo siento, lo subí aquí...

Deja de pedir perdón y dime qué ha pasado.

¿Qué llaves son esas?

-Él me ayudó con las ropas y me dijo

que le devolvería las llaves del arcón.

¿El Arcón del vestidor? ¡Vete!

Relinchos.

Ya están aquí. Hernán,

tengo que huir. No.

Espera, Lucrecia,

vamos a ver,

diles que has oído decir a la duquesa de Ugarte

que mataría por esa tiara.

-Señora, la guardia real está entrando al palacio.

Recíbeles.

-Amo, ya estoy aquí.

¿Pero qué hace usted, que eso es oro líquido?

Sátur, Sátur, el padre Jerónimo envenenaba a sus feligreses,

mezclaba la cicuta con el agua miel.

-¿Cicuta?

Ay, amo, por Dios, que llevo todo el día a lingotazo limpio.

¿Me voy a morir?

Alto.

-¿Se puede saber por qué paramos?

Lo he ordenado yo.

-Viajo a Portugal con carácter de urgencia

y no tengo tiempo que perder,

mi hermana está enferma, ¿quién es usted para dar esa orden?

Soy el comisario de la villa, necesito inspeccionar su carruaje.

-Ya me atosigaron con preguntas sobre la tiara antes de salir,

y se lo repito, yo no le he robado.

Esto es indignante, soy una grande de España.

Es por su seguridad, señora, nos informaron

que llevan armas a Portugal de forma clandestina.

Lo que faltaba, ¿me acusa de traicionar al rey?

No la acuso de nada, señora,

los traidores aprovechan los viajes que cruzan

a Portugal para esconder sus armas,

pueden haberlo hecho en su carruaje sin saberlo.

Será sólo un momento.

¿Señora?

La llevaba escondida bajo su asiento.

Prendedla. -Ni se les ocurra tocarme.

Lleváosla.

-¡No! ¡Soltadme! ¡Soltadme!

La dosis es muy pequeña.

Tendrías que estar tomándolo mucho tiempo.

-Entonces, el aguamiel estaba envenenado.

La costurera se suicidó tirándose al río,

y por eso su dedo estaba dentro de un pez.

Hasta ahí todo en orden. ¿No?

Es que amo, llevo yo un rato... algo mosca.

¿Dónde ha metido usted el fiambre del padre Jerónimo?

Esta vez no hay cadáver, Sátur.

Al menos, de momento. -No me diga que se le escapó.

Pero sería la primera vez que le pasa

en su carrera como héroe. No se me ha escapado.

Lo he dejado escapar.

-¡Pues eso sí que no!

A lo malo se le coge y se le da matarile.

A veces no es tan fácil saber quién es bueno y quién es malo.

-¿Que no? Pues yo lo veo meridiano.

Una cura que juega con la esperanza de... de las personas

y... las envenena poco a poco, hasta que las mata.

Malo, malísimo. Vamos, de manual.

¿Y si las personas a las que envenena...

quieren morir?

-Ya estamos.

Usted como siempre.

Estoy yo ahí tan feliz con mis...

¿Cómo se dice esto? Con mis convicciones sólidas

y asentadas, y... y usted empeñado

en hacerlas tan blandas, como... como una moñiga de vaca.

Bueno, esto ya está. -Muy bien.

Volvamos a casa, Sátur.

Ah...

-Hay más hombres que peces en el mar.

Quiero decir, que ninguna mujer se merece

que un hombre la haga llorar.

Ya lo sé.

(SUSPIRA)

-Voy a traer un poco de agua.

En algún sitio habrá que cocer todo esto.

Gracias.

(SUSPIRA)

-Lo siento.

Eh... ¿Te... te ayudo a hacer la cena?

No hace falta, mi amor. -Que ya sé, ¿eh?

Que me ha enseñado Sátur. No hace falta.

-Bueno, pero las patatas las corto yo, eso sí.

Alonso, prométeme una cosa.

Prométeme que nunca más te vas a meter en problemas por mí.

Prométemelo. -Me gustaría, tía,

pero no puedo prometértelo,

porque siempre voy a cuidar de ti.

Ah...

Ya le he dicho que no tengo ni idea de dónde está esa tiara.

Han mirado hasta el último rincón de mi palacio y no la encontraron.

¿Sabes qué? -No, no, no.

¡Por favor! ¡Ten cuidado! -A mi señora no.

¡Soltadme! -¡A mi señora no!

Gritos. -No, no.

-¡Mi señora! Ni se te ocurra volver a tocarla.

¿Entendido? Ah...

La tiara la robó la Duquesa de Ugarte.

(JADEA) Pretendía escaparse con ella

a Portugal. Órdenes del rey.

Ah... ¡Ah!

(JADEA)

¿Estás bien, Irene?

Catalina, por favor, acompáñala a sus aposentos.

-Sí, señor. Con permiso.

(JADEA)

Cierran la puerta.

¿Dónde estabas? En estos momentos,

la Duquesa de Ugarte debe estar a punto de ser decapitada.

Esa cabeza iba a ser la tuya, Lucrecia.

Puede que la próxima vez no tengas tanta suerte.

¿Qué ha pasado con el maestro de esgrima?

Está muerto. No merecía una madre como tú.

Abren la puerta.

¿Qué haces? -Es usted, amo. Qué susto.

Pues nada, le daba unas puntadas al embozo para reforzarlo

y que no se le baje, que a veces pienso

que la gente no le reconoce pues, porque no quiere.

Pues ten cuidado, porque podría entrar cualquiera.

-No. Le recuerdo que una cosa es ser héroe,

y otra bien distinta es haber inventado el embozo,

que esto puede ser de cualquiera. Ah...

Ah...

Ay, Dios. Me parece que...

que lo has reforzado de más. -Sí.

Es que los García... somos de mandíbula prominente.

Mire, pruébeselo usted mejor, que yo...

Mira, se lo voy a dar de sí. Está bien, no te preocupes.

Está perfecto.

-¡Ah! Oh... ¿Estás bien?

-Sí, sí, estoy bien. No se preocupe. Es que...

Nada, solo tengo el rumor, que...

Pero vamos, que está casi todo en su sitio, creo.

Ah.

¿Qué te parece si te doy el día libre?

Desde ahora. Y... así te recuperas.

-¿El día libre? Sí.

-¿Me va a dar usted un día libre? Sí, Sátur.

-No, es que no puedo. No puedo porque tengo que ir

a recoger unos libros... Eso da igual.

-No, no da igual. Primero, la obligación

y luego, está el ocio.

No me esté pensando yo que se hacen los días libres,

porque yo en mi vida he tenido un día libre, así que...

Es lo que tiene ser criado, que, que, que...

pues, que uno no tiene días libres.

No he pensado.

-¿Y tú qué haces aquí?

¿Cómo que qué hago aquí? (RÍE)

Yo vivo aquí, Cipriano.

-Pero si te acabo de ver ahora mismo en la calle...

Y te he saludado, y tú me has respondido.

-¿A mí? No puede ser. Yo no me he movido de aquí.

-Ah, que estás de guasa.

-No, Cipriano, yo no estoy bromeando.

Ni he salido a la calle, ni te he saludado.

A ti el golpe en la mollera te dejó un poquito empanado, ¿no?

-Pues no sé.

Bueno, eh, ahí os dejo un pan que me ha sobrado.

-Gracias. -A más ver.

-A más ver.

Usted necesita una mancebía, como...

como el respirar. (RÍE)

Pasos.

-Ah...

Pasos.

Ah...

(SUSURRA) -El dinero.

(JADEA) -No se te ocurra gritar.

-Soy una pobre aguadora.

Ni siquiera tengo... para comer.

(JADEA)

(SUELTA UNAS MONEDAS) -¿Qué más llevas encima?

Golpes.

¿Qué es eso? -No tiene ningún valor.

Es una copa de madera. -¿Y por qué la escondes?

Golpe.

Agua.

Pasos.

Ah. Ah...

(JADEA) ¡Ay!

Gritos.

Ah... ¡Ah...!

Ah...

-Que he estado esta tarde recogiendo los libros.

Hombre de Dios, si es la primera vez que vengo aquí.

-Con Dios. -Eh, este...

Otro como el Cipriano. ¿No estamos volviendo locos o qué?

Ah...

Pero ¿qué me está pasando?

Primero, Cipriano, que me ve donde no estoy,

y ahora, el de los libros...

A ver si voy a estar enfermando.

Voy a acabar como el viejo Antón, que empezó con olvidos

y acabó... confundiendo a su mujer con un sombrero.

Pero ¿qué...?

Golpe. ¡Ah!

Ah...

-Después de enviar al embajador Conde de Olsen,

sería de mi agrado que te casaras con él.

¿Me está pidiendo que me traslade a Viena?

Rebuzno. -No te puedo dar pan, hombre,

que es para venderlo en la Villa. Allí estaremos mejor.

Te casarás. Solo hace falta un poco más de tiempo.

Disparo. -El conde viaja con un cargamento

de oro para ofrecer al rey. -¿Dónde está el oro?

-A buen recaudo. Tú sigue a los que vayan

al Palacio de Murcia. -Mi carrera al papado

no se financia con aire, comisario.

¿Te gustaría conocer Viena?

-Me encantaría conocer una Corte europea, madre.

-¡Ha vuelto el cosaco! No puede ser.

¿Cómo es posible que haya vuelto de la muerte?

Os anuncio en este momento mi futuro matrimonio

con el Conde de Olsen. -Yo no me quiero ir, Cipri. (LLORA)

-Seguro que hay algo que podemos hacer.

-No puedo vivir alejado de ti. Tu vida es mía,

y seré yo quién decida dónde la vives.

Nadie vuelve de la muerte. Nadie.

Golpes.

-Vamos a robar al rey.

Águila Roja - T4 - Capítulo 44

21 nov 2011

Un joven profesor de esgrima llega al palacio de la Marquesa ofreciendo sus servicios. Lucrecia lo contratará para que instruya a Nuño, sin saber que la llegada de ese joven desencadenará una serie de  acontecimientos que harán que su vida cambie para siempre.

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  1. No a los Topicos

    a ver yo creo que la gente es un poco injusta con juan porque a ver fue todo un malentendido con una carta y lo de gonzalo y margarita por favor la salida mas fácil y previsible un tópico como una casa

    21 ago 2013
  2. isabel

    Estoi de acuerdo con vosotros/as aguila roja es una pasada estoi deseando que llegue la quinta temporada.

    02 may 2013
  3. Yazminna Jara

    holas: soy de chile y estoy encantadisima de esa serie, he visto las 3 temporadas completa y lo que resta de la 4ta, me encanta, me he enganchado mucho en las historias y en sus personajes, ademas de eso me he dado cuenta que alonso ya esta bastante grande a como en la 1era temporada en genial, gracias a una muy buena amiga residente en barcelona, me entere de esta serie y desde alli, no me despego, cuando me pierdo un capitulo por la tv, ya que aqui dan tve america, es distinto en horario, asi que si me la pierdo por ese medio, tengo este jeje... me gustaria seguir comentando mas, ya que aqui en chile no conosco a nadie que vea la serie, me siento un bicho raro.. besotes mil bendiciones y que siga aguila roja para rato. bye

    05 dic 2011
  4. Águila Roja

    un apitulo chulissimo, vamos y lo puedo volver aver, lo que no me a quedado claro es como satur hace que se desmaye cipri, ocurre muy rapido, bueno no tengo nada mas que decir, chao.

    28 nov 2011
  5. japonespain

    Una apreciacion, la bebida a que hacen referencia no es "aguamiel" sino "hidromiel", como tal aparece en los libros de la epoca. El aguamiel es lo que se extrae de los maguey (agaves).

    28 nov 2011
  6. tlr

    os recomiendo a todos los fans de esta magnifica serie que veais la pelicula "primos" cuya protagonista es inma cuesta que sale grandiosa como siempre!!

    28 nov 2011
  7. Mónica

    De entre las muchiiiiisimas cosas buenas que tiene esta serie , en mi opinión, son las partes en que muestran el "pasado" ...lo hacen de maravilla, buscando personas que se les parecen mucho a los personajes tan conocidos ; pero más que nada y mucho más allá del parecido físico (que es importante ) lo que más disfruto , es ver qué ha pasado en la vida de estos personajes en tiempos de infancia y adolescencia . Felicitaciones por estas maravillosas vueltas al pasado , que nos aclaran cosas y ,al menos yo ,disfruto y aprecio . Un saludo .

    28 nov 2011
  8. Mónica

    Es raro que no lo puedas ver ; prueba hotro horario , o reinicia todo , porque de verdad que es muy buena la calidad y vale la pena que no te pierdas el capítulo del lunes pasado . SUERTE Anallum !!! Un saludo .

    27 nov 2011
  9. anallum

    holaaaa me perdi el episodio del lunes pasado y por aqui no puedo verlo ,alguien me puede decir donde podria verlo? gracias

    27 nov 2011
  10. Mónica

    Yo como Boni , también quiero una pluma roja de recuerdo ... no lo había pensando pero hace tiempo que no deja su sello , nuestra querida Aguila ....jeje . Isa ,de acuerdo contigo, Alonso se destaca una vez más ...un gran actor !!!! ojalá que lea los comentarios ,tal como tu lo dices . Guillermo Campra : si lees esto, te envío un saludo cariñoso para ti , para todos tus compañeros de elenco y para tu hermana ,que estoy deseando verla en "Aguila Roja". Genial la serie ,de las mejores que he visto en mi vida .

    27 nov 2011