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No recomendado para menores de 12 años Águila Roja - T4 - Capítulo 43 - Un grupo de indígenas, acusados de rebelión, son llevados a la villa - Ver ahora
Transcripción completa

Subtitulado por Teletexto-iRTVE.

Gracias por dejar que Claudia duerma contigo.

¿Tengo otra opción?

Mira, estos son los hospitales de la villa que hemos

registrado hasta ahora. (ASIENTE) -Ah...

Y estos los que nos queda aún por ver.

Si mi madre sigue enferma

tiene que estar en uno de estos.

Lucrecia, tú y yo ya no tenemos nada que nos una.

-Usted sabrá mucho de espadas y de saltitos,

que no digo yo que no, pero de mujeres...

Poner a la Pirata y a la cuñada ahí a dormir, codo con codo.

¿Podrías hablar con Claudia y decirle que, por lo menos,

se ponga un camisón? Ya me es duro dormir con ella,

pero que encima lo haga desnuda pues...

Caen objetos al suelo.

-Perdón, es que estoy de un torpe...

-Mírate. (LLORA)

-¡Das pena!

-Amo, escúcheme, su madre está viva

y está en la villa. ¿Cómo lo sabes?

-Prefiero pensar eso y no otra cosa.

-Cuando me vaya esta tarde de palacio no me volverás

a ver nunca más.

-Mira que... estar escondiéndonos como dos polluelos.

-Ya sabes que no puedo irme a dormir sin verte.

Daría todo lo que he vivido

porque te quedaras un segundo más a mi lado.

(GRITA) -¡Ah!

-Perdone, señor, ¿podría darme un poco de comida?

-No, no tengo nada. -Por favor,

llevo dos días sin comer.

Así que te tropezaste, ¿eh? -Me caí.

Eso es todo. Se me había olvidado

que eres un Santillana, orgulloso hasta el final.

-Amo, por Dios, que a su madre la vamos a encontrar,

aunque sea debajo de las piedras.

Si se cruzó en mi camino no será por nada.

(RECUERDA) -Es muy serio, Laura,

un secreto muy importante que tiene nuestra familia.

Deberás llevarla siempre contigo.

Cuando te encuentres en apuros ve a los pilares

del puente de Briñas, junto al río, encontrarás nuestro tesoro.

(GRITA EN SU IDIOMA)

(TODOS GRITAN)

Disparo.

-¡Ah! -¡Ah!

Gritos y disparos.

Disparos y relinchos de caballo.

-¡Aaah!

(GRITAN)

(HABLA EN SU IDIOMA)

(HABLA EN SU IDIOMA)

Disparo.

(GRITA) -¡Han matado al gobernador!

¡Han matado al gobernador!

-¿Y esto es todo?

-Hacemos todo lo que podemos, majestad, pero...

-Me cuesta más pagaros el viaje que lo que me traéis.

-Majestad, cada incursión en esa selva supone perder

a buena parte de nuestros hombres.

-Los indios no conocen las armas de fuego.

¿Qué clase de ineptos tenéis entre vuestros soldados

que no son capaces de dominarlos?

-No son solo los indios, acceder a los yacimientos

supone caminar más de 50 leguas en una selva en la que apenas

se puede respirar. Hay que abrirse paso con machetes

y enfrentarse con pumas, serpientes y todo tipo de bestias...

-¡No me interesa cómo es una selva!

Todo el reino se nutre del oro de Nueva España,

necesitamos ese oro.

¿Cómo vamos a costear nuestras guerras si este es

todo el oro que obtenemos?

-La Hacienda Real está cada día más endeudada,

pronto la bancarrota será inevitable.

-No voy a tolerar que un grupo de indígenas

pongan en jaque a mi reino.

-Es el jefe de la tribu y responsable del brutal crimen.

Los demás aguardan fuera.

-Quiero que reciban un castigo ejemplar.

Que llegue hasta las Américas lo que les ocurre a los indígenas

cuando no se someten a los españoles.

-Un acto de justicia, majestad. Nuestros huérfanos verán

con buenos ojos que se castigue a los asesinos de sus padres.

-Hemos terminado.

-¡Postraos ante vuestro rey!

He dicho que os postréis.

-Es la hija del jefe de la tribu.

-A ella no la matéis.

Considerémoslo una compensación por el oro que nos han escatimado.

-Ha llegado esto para usted.

-Que preparen mi carruaje inmediatamente.

Esta noche seguiremos buscando.

-¿Cómo?

¿Esta noche también? ¡Si acabamos de llegar!

Dios bendito, yo por más que lo pienso y lo repienso

es que no encuentro ninguna explicación,

¡si comemos lo mismo! ¿De dónde carajo saca usted

tanta energía? ¡Vamos a ver!

Mira.

Hoy recorreremos esta zona. -¡Pare, pare, pare!

Pare el carro porque nos hemos pateao

hasta el último rincón de ese mapa y no hay rastro de su madre.

¿No le parece a usted extraño? No, no es nada extraño.

-Muy bien. Podríamos habernos cruzado con ella

y ni siquiera haberla visto. -Es verdad.

Pero también es verdad que...

Que igual no la hemos visto porque se ha ido.

Después de la mala impresión que le causamos los españoles

pues no me extraña que haya huido ahí a su tierra, a la Francia.

No sé, Sátur. -Igual podíamos nosotros

ir para allí.

Pa la Francia, ¿eh, no? ¿Cuánto tiempo se tarda

en llegar allí? Sátur no podemos irnos a Francia,

además, ahora no puedo dejar sola a Margarita.

-¿Y si nos vamos todos? Mire...

Su cuñada se airea, el chiquillo me aprende el francés

que eso abre muchas puertas y la Pirata...

Pues... la Pirata se viene también con nosotros

que más que una familia vamos a parecer

pues titiriteros. Pero cuidado, que todo sea

por encontrar a su madre.

¿Me está escuchando, amo? Sátur, me he equivocado,

¿qué hace alguien que quiere atrapar a un asesino?

Pensar como un asesino.

-Perdóneme, pero, como de costumbre, yo no le sigo,

¿qué tiene que ver eso con su madre?

Pues que tenemos que pensar como ella, como una madre.

-Vale, pues pensemos como una mujer, sí,

como una mujer mayor.

¿Eh? Mayor y... francesa. Sátur, vamos a ver...

Si se dejó encerrar en vida para protegernos a mí

y a mis hermanos,

ahora no tiene sentido que estando libre

se vaya. Sin saber si estamos vivos o no.

Tiene que estar buscándonos.

-Pues si usted no para quieto buscándola a ella y ella

no para quieta buscándolo a usted, ya me dirá usted cómo

se encuentran. Y todo esto de incógnito,

porque ninguno de los dos sabe quién es quién.

(RÍE) Tengo que ir a los lugares

donde ella me llevó y dejarle una señal.

¡Empezaremos por el principio!

-¿Cómo?

¿Empezar desde el principio?

(RECUERDA) ¡Aaaah!

(GRITA) ¡Aaah, amo! ¡Socorro!

¡Ayuda!

Uno, dos y tres. (GRITA) -¡Aaaah!

(GRITA) ¡Aaah!

-Uno, dos, tres. ¡Aaah!

-¡Amo! ¿Qué hacemos?

¡Socorro, que me hundo!

(GRITA) ¡Ah!

Amo, ¿y no hay otra manera?

No.

Iremos a la poza y date prisa, hay que llegar

antes de que anochezca.

-A la poza...

Ni más ni menos ahí, a la poza.

(SUSPIRA) Ay. ¿Vamos?

-A la poza.

¡Señorita Irene!

¿Por qué sigue en la cama, se encuentra bien?

-Estoy un poco cansada, tengo los pies muy hinchados.

-Pero bueno, señorita, eso es normal los primeros meses

de embarazo pero tiene que levantarse, si entra su marido

y la ve todavía en la cama se va a preocupar

y va a llamar a un médico. ¡Vamos!

-Ya me levanto.

-Venga que le ate el lazo.

Irene, quiero que te pongas tu traje de amazona.

Nos han invitado a una cacería al coto de la Laguna,

tengo que hablar de negocios.

-¿Montar a caballo?

¿Sabes montar, no?

-Hace mucho que no lo hago. ¿Es necesario que vaya yo?

¿Tanto te molesta?

Si eres mi esposa tendrás que comportarte como tal.

-Señor.

Quiero que te lo pongas.

Hoy quiero lucirte. -Gracias.

Espero que sepas apreciarlo, las piezas de zafiro

son muy codiciadas en la alta alcurnia.

Ha venido en el barco que acaba de llegar de las Américas.

-Ah, ¡cuánta gente!

Irene, querida, quisiera hablar con el comisario.

-Tío.

-Con permiso.

-Cometimos un error al interpretar las claves

de las vírgenes.

Ya sé dónde se encuentra el Santo Grial.

¿Dónde?

-En el puente de Briñas.

Los templarios se referían a él cuando hablaban

de las profundidades del Santo Guerrero.

No encuentro la relación.

-En el siglo XIV, el puente de Briñas era conocido

como el de San Jorge, el Santo Guerrero.

No volváis sin él.

Lo tendrá, eminencia.

Cata, seguro que ha vuelto. Ya verás como Floro

trae un futuro mejor para ti y para el niño.

Pero si estás temblando, mujer, eso es de las ganas que tienes

de verlo.

-Oiga, oiga, ¿usted viene de las Américas?

-Sí. -¿No conocerá por casualidad

a Floro Morales? Un hombre no muy alto, moreno él,

con el pelo rizado.

-No, señora. -¿No?

-No.

-Bueno, con Dios.

(JADEA)

-Ay...

(RECUERDA) -Desde hace cientos de años

nuestra familia es la encargada de custodiar un bien muy preciado,

Deberás llevarla siempre contigo.

Solo la cruz te ayudará a conseguir nuestro tesoro,

nunca intentes abrirlo sin ella.

Yo mismo me encargué de protegerlo para que nadie ajeno a la familia

pudiera acceder a él. Solo la cruz te ayudará

a conseguir nuestro tesoro. Deberás llevarla siempre contigo.

(JADEA) -Ah...

La tierra está húmeda, el que se lo haya llevado

no puede estar muy lejos.

¡Registrad a todos! Y, al que se resista, matadlo.

-Vamos, vamos.

No te preocupes, que todavía queda mucha gente por llegar.

-¿Qué pasa? (TODOS GRITAN)

-¡Eh! -¡Ah!

(LA GENTE GRITA)

-Pero, ¿qué pasa?

(TODOS GRITAN)

-No te muevas, Margarita.

-¡Suéltame, no tengo nada!

(TODOS GRITAN) -¿Qué hace? ¡Déjeme!

-¿Qué pasa, oiga?

No te muevas, no te muevas. Oiga que nosotros no llevamos nada.

(GRITA) ¡Cata! -¡Ah!

¡Cata, Cata! ¿Estás bien?

-Sí, la mano...

La mano, ah...

Gritos. Vigilad todas las puertas.

El que se haya llevado el Grial no podrá salir de la villa.

-Sí, señor. (ARREA EL CABALLO)

(DE LEJOS) -¿Qué haces? ¡Déjenme!

Abren la puerta.

-¿Qué pasa, Mariana?

-Sabes perfectamente lo que pasa.

-Te aseguro que no lo sé, pero supongo

que me haces responsable, como de costumbre.

-Me has humillado delante de todos.

-Llevas todo el día encerrada aquí,

no sé cómo he podido humillarte.

-A estas alturas la corte entera ya sabrá que su rey prefiere

a una salvaje antes que a su reina.

-¿Es por esa indígena? Tan solo pensé que podría

quedarse a trabajar en palacio.

Es exótica. -No seas cínico, Felipe,

sé que no has dejado de acostarte con otras mujeres

desde que nos casamos.

Por Dios, si el reino está lleno de tus bastardos.

-Seguro que es muy duro para una mujer

no ser capaz de engendrar ningún hijo sano.

-No pienso abandonar esta habitación hasta que

esa indígena salga de este palacio.

-No sé qué fijación le ha dado con sumergirse en esa poza.

Con lo sencillo que habría sido dejar una nota debajo

de una piedra en la orilla. Estoy seguro de que si mi madre

vuelve allí intentará recuperar el cofre

donde guardó el medallón y verá mi señal.

-Pues ya me dirá usted cómo esa buena mujer

va a poder coger ese cofre. Aunque siendo madre de quien es,

no me extrañaría nada que tuviera habilidades de anfibio.

¿Estáis bien?

Sí, sí, estamos bien. -¿Qué ha pasado?

-Unos hombres embozados, en el puente de Briñas,

no han dejado títere con cabeza. ¿Unos embozados?

Sí, se ve que estaban buscando algo que le habían robado a alguien.

-¿Pero qué se les ha perdido en el puente de Briñas?

Estábamos esperando porque pensábamos que llegaba Floro

en un barco que venía de las Indias.

-Bueno, vamos a arreglarnos que tenemos que volver

enseguida a palacio. -¿Se encuentran ustedes bien?

-¿Seguro que estás bien? -Sí.

-¿Habéis tenido alguna noticia de Floro?

-No.

-Catalina.

-Cipri, tengo mucha prisa. -Que...

¿Qué va a pasar con nosotros si vuelve Floro?

-Si vuelve Floro... Se acabó.

-¿Pero, Catalina? -Cipri,

no podemos seguir haciéndole esto. No sé en qué estábamos pensando.

-Yo... -¡Madre!

He oído que llega un barco de las Américas.

¿Vendrá padre en él?

-No lo sé, hijo, no lo sé.

Quien tenga el Grial no podrá salir de la villa,

mis hombres custodian todas las salidas.

Le garantizo, eminencia... -¡Dejaos de garantías!

No me importa cómo lo hagáis, comisario,

pero el Grial tiene que aparecer.

Eminencia.

Eminencia. -Lucrecia.

¿No os quedáis a cenar?

-No quisiera parecer descortés, Lucrecia, pero me temo que hoy

no sería un agradable compañero de mesa.

Otro día, entonces.

Parece que no tienes muy contento a tu tío político.

(SUSURRA) ¿No te estaría confesando?

Ya sabes que yo no comparto mis pecados con nadie.

Bueno...

No hace mucho los compartías conmigo.

-Señora, siento interrumpir pero un lacayo de su majestad

Felipe IV, desea veros.

Hazle pasar.

-Señora marquesa. Su majestad requiere

de vuestros servicios. Que preparen mi carruaje,

voy al palacio real, Hernán, querido.

-Su majestad me dijo que le entregara esta misiva.

(LEE) Marquesa, una invitada llegada de las Américas

va a vivir en vuestro palacio.

Sé que sabréis atenderla como se merece.

Iré a visitarla cuando mis obligaciones

me lo permitan.

Yo, el rey Felipe IV. ¿Todo bien, Lucrecia?

Sí, el rey quiere que aloje a una amiga recién llegada

de Nueva España.

Será la mujer del gobernador. Hazla pasar.

¿Quién es esta?

El mejor pretexto para agradecerle a Cristóbal Colón

el descubrimiento de las Américas.

(SUSPIRA) Está bien, puedes irte.

Prepara un aposento para ella y dile a Catalina que la bañe,

que le ponga ropa en condiciones. -Sí, señora marquesa.

Alabo el gusto de su majestad. Por favor, Hernán,

es bastante triste ver babear a un hombre de tu edad.

Veo que el rey te tiene en alta estima.

Te ha hecho un encargo a tu altura.

Poner la cama para que reciba sus visitas.

Hernán, cállate. Es normal, Lucrecia,

las mejores cortesanas terminan siendo

las mejores madames.

Vete.

-Hay que ser muy hijo de perra pa, pa...

Pa hacer todo lo que han hecho.

Contra gente desarmá.

A ver, ¿todo esto pa qué?

Dígame usted, ¿todo esto pa qué?

(GRITA) ¡Ah!

¡Ah! ¡Sátur!

¿Estás bien? -Sí, creo que me he enganchado

el pie en una topera o algo.

¿Eso qué es?

Es la cruz de tao.

¡Sátur, estaban buscando el Santo Grial!

-Entonces,

eso significa que el cáliz de Cristo puede estar ahí dentro.

Solo hay una forma de averiguarlo.

-Ay, Dios mío, ¿y si estuviera ahí el Santo Grial?

¿Usted cree que concederá la vida eterna?

Aunque con la vida que me ha tocado vivir,

no sé a mí si me interesa alargarla.

Ah, no puedo abrirlo. -¿Cómo que no puede?

Esto no puede ser, amo, no se le puede resistir

que yo le he visto hacer cosas más difíciles.

Voy a ver si encuentro algo en las alforjas

para hacer de palanqueta.

Anda, ¡las cruces por los suelos!

¡Si es que ya no se respeta nada!

Explosión.

(GRITA) ¡Amo!

¡Amo! ¡Amo! ¿Qué ha pasado?

Amo, dígame algo, por Dios, ¿se encuentra bien?

Amo, diga algo.

(OYE UN PITIDO)

¿Tú crees que puedes trabajar con la mano así?

-A ver, no me va a quedar otra.

Marta, ¿para quién estás preparando el baño?

-Es para una invitada de la marquesa.

Ha dicho que la bañes y la vistas. -¿Y cómo se te ocurre

preparar el baño para una invitada de la marquesa

aquí, en la sala de criados? -Es que... es una indígena.

-¿Cómo una indígena?

-Es una invitada del rey. -Pues yo no pienso bañar

a ninguna salvaje. -A mí no me digas,

lo ha ordenado la marquesa.

-Bueno, esto ya, ¡lo que me quedaba por ver!

Bueno, tranquilízate. -¿Cómo quieres que me tranquilice?

¿Tú sabes lo que hacen esos salvajes a los españoles?

Catalina, seguro que Floro está bien.

-No pienso no tocarla. Pues no puedes desobedecer

a la marquesa.

Si quieres te ayudo yo. -¡Que no!

¡Encima que los nuestros van allí a darles una religión,

una lengua, ropa! ¿Cómo nos lo pagan?

Habría que matarlos a todos.

Venga, métela en la bañera.

(GRITA) Venga, tú, al agua.

Que te metas al agua te he dicho, que te quites eso,

que hay que bañarte por todo. ¿No te das cuenta

que no te entiende? -Si no me entiende,

¡que me entienda! ¡Esto hay que quitártelo, cochina!

-Me llamo Anawak.

¿Qué haces, Catalina?

Catalina, baja ese cuchillo.

Catalina, por el amor de Dios, baja el cuchillo.

¡Dámelo!

Catalina, suéltalo. ¡Suéltalo!

Suéltalo, ya está.

Ya está, ya está.

Canto de un gallo.

-Padre,

que... no me gusta que tu novia viva en casa pero...

Que no quiero que estemos enfadados.

Padre,

¡que te estoy pidiendo perdón!

-¡Alonso!

¿Qué le pasa a su hijo?

¿Cómo está, amo?

¡Sátur!

-¿Sigue sin oír?

¡Ay, Dios mío!

¡Si tenía que haberlo abierto yo para que me explotara a mí!

Que para algo soy su escudero, escudero de escudo.

Sátur, no, no te oigo. Sigo sin escuchar nada.

No le digas nada de esto a Alonso ni a Margarita.

-¿Que no lo diga? ¿Y si no vuelve a oír?

¿Y si le han reventao las orejas por dentro, eh?

(OYE UN PITIDO)

-Usted tiene que enterarse que está sordo que...

(OYE UN PITIDO) Sátur, ¡que no te escucho!

Tengo que salir, tengo que ir al orfelinato,

tal vez mi madre vaya a buscar información sobre mi hermana.

-¿Cómo? Olvídese, usted no puede salir de aquí.

Amo, que un padre que no oye, mal, un maestro, peor,

pero que un héroe sordo... ¡Eso ni hablar!

Está usted inhabilitado, ¡inhabilitado!

Sátur, no te entiendo, no te entiendo.

-No puede salir, hombre, no puede salir, ¡siéntese ahí!

Si tiene que estar hasta mareado del dolor que tiene.

Siéntese ahí un rato y ahora le traigo un poquito

de agua fresca que... A ver si vuelve en sí.

¿Eh? Descanse. Una vez tenía yo un tapón de cera

en los oídos que parecía que tenía espadas ahí clavadas.

¡Me cago en mi madre, que se me ha escapao!

¡Ha echado a volar sordo y todo como estaba!

¿Lavaste a la indígena anoche? -Sí, señora.

Y le subí el vestido que usted me dijo,

pero no quiso ponérselo. No quiso ni siquiera que le quitara

todas esas marranadas que lleva colgando.

Por mí, como si no se quiere volver a lavar.

Total, no creo que se le quite ese color negruzco.

-Ya está.

Cuando termines aquí súbele el desayuno.

-Ya lo hice, señora, pero no quiso tomarlo,

igual que la cena de anoche, no ha permitido tomar bocado.

Tal vez si le diéramos alfalfa o rata muerta...

Dicen que se comen los testículos de los animales.

-Y los corazones de los españoles. Ay, Dios, ¡qué asco!

-Señora, sabe que yo nunca le pido nada.

Pero si pudiera... Quiero decir que...

Me gustaría pedirle, si puede ser...

¡Quieres soltarlo de una vez!

-Que otra criada se encargara de la indígena, señora.

Yo en otras circunstancias no se lo pediría,

pero es que puede que esos indígenas hayan matado

a mi marido.

Mi marido se fue a las Américas, como usted sabe, y...

¿Te cuento yo a ti mis problemas, Catalina?

Trátala como se merece una invitada del rey.

-Pero, señora, es que no entiendo por qué no la ha mandado

el rey matar junto con los otros indígenas.

Ni lo sabes ni tienes por qué saberlo.

Los asuntos de la realeza no incumben a una criada.

Llaman a la puerta. Adelante.

Señora, un lacayo ha traído esto de su majestad el rey.

¡Ah! ¡Qué preciosidad!

Bueno, parece que no empieza mal el día.

-Señora, es lo más bonito que le he visto nunca.

Su majestad siempre ha sabido como compensar los favores.

Señora, ¿no piensa leer la nota?

Sí, Catalina tráeme el sello del marquesado y el lacre.

Le escribiré a su majestad para agradecérselo.

-Sí, señora.

(LEE) Esta noche pasaré a ver a mi invitada.

Entréguele estos pendientes como regalo de bienvenida.

Yo, el rey.

-Señora, aquí tiene, su juego de escribanía

con el sello del marquesado. Dejadme sola.

-¿Señora? (GRITA) ¡Fuera!

-Sí, señora.

(ALGUIEN PREGONA) Comprad fruta, tengo los mejores puerros

del mercado. ¡Tengo los mejores puerros!

¡Puerros fresquitos! ¡Los mejores puerros del mercado!

¡Recién traídos del huerto!

(OYE UN PITIDO)

-¡Mira qué puerros tengo! ¡Mira, mira que puerros tengo!

(OYE UN PITIDO)

(OYE UN PITIDO)

(LA GENTE HABLA)

(OYE UN PITIDO)

Relincho de caballo. (TODOS GRITAN)

-¡Sooo!

¡Soo! ¡Apártese!

(HABLAN A LA VEZ) -Han atropellado al maestro.

Abren la puerta.

Desde aquí no creo que se vea tu selva.

Sé que me entiendes, mis criadas me han dicho

que hablas nuestro idioma.

¿Te lo enseñaron los misioneros, verdad?

Ay... ¡Hueles como un animal!

Ni los aceites te han conseguido tapar ese olor a cerdo.

¡Póntelos!

Abre la caja.

El rey te visitará esta tarde, le gustará vértelos puestos.

Son para las orejas, no te vayas a equivocar

con tanto agujero como tienes.

¡Póntelos, vamos!

Dios mío... Eres capaz de deslucir la joya

más cara del mundo, ¡qué pecado!

Por cierto,

¿sabes cómo se utiliza una cama? Su majestad está mayor

para visitarte en el suelo.

-En viaje, violarme todas noches.

Entonces ya sabes lo que le gusta a nuestros hombres.

¡Ciérrala!

-Disculpe, señor comisario.

-¿Qué quieres, posadero? -Nada, que...

Se ha olvidado de pagarme. No me he olvidado.

No pienso pagarte por esa bazofia que me has servido.

-Pero, señor...

Ya te pagaré cuando aprendas a cocinar.

-Comisario, lleva toda la noche trabajando.

Váyase a descansar, ya me ocupo yo

de seguir buscando el Grial.

Está bien.

Registrad todas las casas. -Sí, señor.

-Alonso, ¿y tu padre? ¿Lo has visto?

-No.

Y me da igual dónde esté. -Alonsillo, escúchame que esto

es importante, ¿cuándo lo has visto

por última vez?

-Esta mañana le hemos estado esperando en la escuela

y ni ha aparecido. Estará por ahí, divirtiéndose

con su novia, pero a mí me da igual,

¡como si no vuelve! -Alonsillo, ya está bien.

Luego dirás que no te tratemos como a un niño,

pues demuestra que no lo eres. -¡Sátur, esta mañana le he ido

a pedir perdón y no me ha contestado!

¡Me ignora!

-A ver, a ver... Ay...

Vamos a ver, vamos a ver cómo te digo esto que se supone

que no tendría que decírtelo, pero...

Tu padre no te ha contestado porque no...

Tu padre ha tenido un accidente y se ha quedado sordo.

-¿Qué? ¿Sordo? -Sordo, se ha quedado sordo.

-¿Pero qué ha pasado? -Bueno pues...

(ALGUIEN GRITA) ¿Saben dónde está la casa del maestro?

Me dijeron que estaba en esta calle.

(SÁTUR)¡Está aquí! (TODOS HABLAN A LA VEZ)

(SÁTUR) ¿Qué pasa?

-¡Padre! -¡Amo!

-¡Padre! ¿Qué le ha pasado?

-Le ha atropellado un carruaje.

-¡Padre, despierta! ¡Padre!

(HABLA EN SU IDIOMA)

(HABLA EN SU IDIOMA)

Disparo. (RECUERDA)

Tanto perseguir el Dorado y resulta que estaba aquí.

Sería imperdonable no tratar como se merece

a una hija de nuestras colonias.

Al fin y al cabo, las Américas son de todos los españoles.

-Señora, ha venido un lacayo de Felipe IV

a decir que su majestad no podrá asistir esta noche.

Voy a... Tranquila, ya la aviso yo.

-¡Santo Dios!

¡En qué momento hemos dejado de llamar a las puertas

en este palacio!

La próxima vez que quieras desahogarte con una cualquiera

te vas a un burdel.

¡Respeta mi casa, Hernán!

(LEE) Padre,

estos días te he dicho cosas horribles

y tengo miedo de que sea lo último que vayas a escuchar de mí.

Me cuesta mucho entender que hayas conocido a alguien

que vaya a sustituir a madre.

Pero no me he puesto en tu lugar, es normal que encuentres

a otra mujer, no vas a estar solo para siempre.

Nunca voy a poder olvidar a madre, me va a costar aceptar

que estás con otra, pero tendré que acostumbrarme, padre.

Eres lo único que tengo.

Te quiero, Alonso.

Anda ven.

Ven aquí.

(TODOS HABLAN)

(GRITA) -¡Todo el mundo fuera, vamos!

¡Rápido!

Andad. -¿Por qué? ¡No pueden hacer eso!

¡Ah!

Sacadlo de aquí y cerrad la posada. -¿Qué?

Pero ¿por qué? Yo no he hecho nada,

señor comisario. Me habéis envenenado.

-¡No, mi comida es buena! ¡No puede hacerme esto,

señor comisario!

¡Mi casa! ¿Dónde voy a vivir? ¡No, por favor!

Si intenta entrar, matadlo. -Sí, señor.

-Señora, ¿qué estamos buscando aquí?

Este no es sitio para usted, es muy peligroso

y estamos solas. Cállate, Catalina.

-Señora, no lo toque, tiene lepra. Te compro la cuchara.

La cuchara, Catalina. -Pero, señora, si la toco...

¡Coge la cuchara!

¡Vamos!

Ah. -Señora, ¿para qué la quiere?

Vamos a enseñar a nuestra invitada, Anawak se llama, ¿no?

Le vamos a enseñar a comer con cubiertos, vamos.

Apartad. -Pero, señora,

¿usted lo cree prudente?

¡Es muy contagioso! Confío en ti para que atiendas

a nuestra invitada y que no salga de su alcoba, Catalina.

-Sí, señora, pero...

Entonces, ¿cuando el rey venga a visitarla?

Cuando su majestad venga no creo que le vaya a apetecer

su compañía. Esa mujer no va a tener

ni orejas de donde colgarse pendientes.

-Si es que siempre has sido un cabezota.

A ver... ¿Cómo se te ocurre salir

a la calle tu solo sin poder oír?

Has tenido suerte, no te han roto todas las costillas de milagro.

Vete si quieres y ya termino yo de ponerle el vendaje.

-A lo mejor no sé cocinar pero esto sí sé hacerlo.

-A ver, señora, hágame un sitio, señora, que he traído

un caldito para el amo que se va a arrancar por soleares

de la sustancia que tiene.

De verdad, vete a dormir y así descansas,

y ya me quedo yo con él por si necesita algo.

-Creo que es mejor que me quede yo.

Tu mañana trabajas y tendrás que madrugar.

-Y digo yo, señoras, ¿y por qué no se quedan las dos?

Que al amo le van a venir muy bien sus atenciones.

Voy a por más vendas. -Bien.

-Voy a por alcohol de romero, le vendrá bien para el golpe.

-Menos mal que no oye porque tiene una montada

de Dios es Cristo.

Póngase esta cruz que en el estado en el que está

le va a venir bien la protección. Sátur, ¿qué vas a hacer?

¡Sátur, Sátur, no! No me voy a poner esto.

Ah... Ya sabes lo que pienso.

-¡Usted siga empeñao en darle la espalda a Dios!

Que así, no me extraña que le ocurran tantas desgracias.

No me sea zoquete, vamos, venga. ¡Sátur!

¡Que no, quita! -Ya está, se la ha cargao.

Dios nos perdone. ¡Que se ha cargao la cruz!

¡La cruz se la ha cargao! ¡Que no para usted

de cometer sacrilegios uno detrás de otro!

Sátur, ¿de dónde has sacado la cruz?

-Del puente de Briñas.

Si es que no oye. Del puente, el puente.

¿El puente? -Muy bien, del puente de Briñas

antes de la explosión. ¿Y si fuera la llave?

-¿Cómo? ¿Me quiere usted decir

que su familia está relacionada con el cáliz?

No, si ahora va a resultar que usted está emparentado

con el mismísimo Jesucristo. Aunque, mirándole bien,

tiene usted un aire.

(GRITA) Sátur, ¡el escudo! -¡Chis! Baje la voz.

El escudo y LM, Laura de Montignac.

¿Y si mi madre cogió el cáliz?

Llaman a la puerta.

Llaman a la puerta.

Llaman a la puerta.

Llaman a la puerta.

-Igual es padre.

-Ya va.

-No tengo a donde ir.

-¿Se puede saber qué hace?

Amo, puede que no me oiga pero sabe perfectamente

lo que le estoy diciendo.

¡Que le ha pasao un carruaje por encima por no oírme!

¡Que usted no puede salir estando como está y punto!

Sátur, voy a salir. Tengo que hablar con alguien

que pueda ayudarme a encontrar a mi madre.

-¡Hablar con alguien dice! ¡Si usted no es capaz

de mantener una conversación que está sordo perdido!

¡Sordo!

¡Me cago en mi madre!

¿Qué haces? -¿Lo ve?

Ni lo ha olido, que no está para salir de pájaros,

que no está. Y eso que yo le he dado con cariño,

que si le da uno de esos que, que, que no lo puede ver delante,

lo deja seco en el sitio.

¡Sátur no sé lo que estás diciendo pero tienes que acompañarme!

Yo puedo hacer las preguntas pero necesito que alguien

escuche las respuestas.

-Me cago en todo lo cagable. Usted ya sabe que soy incapaz

de negarle nada. Voy con usted pero de esta

no salimos vivos, ya se lo digo. Ay...

Vamos a necesitar material extra.

-Buenas.

¿Cómo has dormido?

-No he dormido mucho. -Yo tampoco.

No te vuelvas a poner esa ropa, que está muy sucia.

-No tengo otra, el resto está en mi habitación de la posada.

-Bueno, yo te dejo ropa de Floro.

-Catalina, yo...

Gracias por dejarme aquí pasar la noche.

Pero...

Saber que estás al otro lado de la pared y que no puedo...

Será mejor que me busque otro sitio.

-¿Y dónde vas a vivir?

-No lo sé, qué más da.

-Cipri,

yo...

Ojalá las cosas hubieran sido diferentes.

-Ojalá.

-¡Despierta!

El desayuno.

-No hambre.

-¿No hambre? Se te habrá cerrao el estómago

de no comer. Venga, sienta.

¡Sienta!

No le he sacado el corazón a nadie para guisarlo,

pero espero que esté a tu gusto.

La marquesa ha dado orden de que te lo comas todo,

no le gusta que la desobedezcan, así que venga, a comer.

¡Comer!

¡No!

¡Déjalo, déjalo!

Yo le diré a la marquesa que te lo has comido todo.

Aquí está, señorito.

-Señorito. -Catalina,

llevo un rato buscándote.

-¿Qué puedo hacer por usted, señor? -Quiero que mi traje negro

esté listo para esta tarde.

Voy a ir a la ejecución de estos salvajes.

¡Tu gente va a sufrir como les hacéis sufrir

a nuestros soldados!

Por Dios... -¡No lo toques!

No toques la cuchara. ¿Qué pasa, Catalina,

por qué no puedo tocar la cuchara?

-Amo, por fin, que llevo desde hace media hora pidiéndole

que, que, que parara, que parara, que se me ha caído un zapato.

Y usted, nada, ¡claro como no oye!

¿Se encuentra usted bien?

Sátur, has perdido un zapato. -¡Válgame el cielo!

Si tiene usted a bien decirme a dónde vamos,

más que nada por si me vuelvo a perder saber dónde ir.

No, estoy bien, de verdad, gracias. -No, no,

¡que dónde vamos nosotros! ¡Que dónde vamos!

Tengo que hablar con alguien. Puede que sepa algo sobre

el Santo Grial y qué relación tiene con mi familia.

Chocó con la Iglesia por sus avanzadas teorías

y... La Inquisición le quemó los ojos,

desde entonces vive oculto.

-Por lo menos me ha dicho a quién, no a dónde, pero a quién sí.

Pues estamos aviaos, uno sordo y el otro ciego...

Dentro de lo que cabe espero que sea

una misión tranquila.

Vive... en el bosque de la Acebeda.

-¡Pero si ese bosque está lleno de bandoleros, que lo sabe

todo el mundo! Que no, hombre, que no,

que ahí no nos podemos meter, ¡Que dice usted!

Sátur, como si te oyera. No te preocupes,

esos hombres son los que le protegen.

-¿Y quién nos protege a nosotros? ¿Y si nos matan?

¿No se da cuenta de que está sordo como una tapia?

¡Que no las ve venir, que no las ve, no las ve!

¡No, me está entendiendo perfectamente!

¡Que usted es muy listo y cuando quiere entiende!

Por muy sordo que esté. ¿Ya?

-¡Ya! ¡No te preocupes,

nos haremos respetar!

-¿Nos haremos respetar, dice?

¡Pero qué inconsciencia de ser humano!

¡No! ¡Ven acá, ven acá!

¿Dónde vas? Criatura, ¿dónde vas?

¿Pero estás loca o qué? -¿Qué pasa?

¿Que qué pasa? La ventana está muy alta

si hubieras saltado ahora estarías muerta.

¿Lo entiendes? -Van a matar a mi padre,

yo querer verle última vez. -Oye, siento mucho

lo que le van a hacer a tu padre, pero también se lo ha buscao él.

¡Que vosotros matáis a muchos españoles que van nada más

a haceros la vida más fácil. -No.

Misioneros buenos. -Claro.

-Todo cambiar cuando llegaron soldados.

-Nosotros solo difiende.

(RECUERDA)

(HABLA EN SU IDIOMA)

(HABLA EN SU IDIOMA)

Disparo.

(HABLAN EN SU IDIOMA)

Relincho de caballo.

(HABLA EN SU IDIOMA)

Llanto de niño.

Disparos.

Disparo.

Disparo.

(GRITA EN SU IDIOMA)

Llanto de niño.

Disparo. -¡Ah!

Disparo.

(HABLA EN SU IDIOMA)

Disparo. (GRITA) -¡Ah!

(HABLA EN SU IDIOMA)

-¡Han matado al gobernador!

Disparo.

-Ellos mataron a mujeres

y quemar niños.

Todos niños.

Yo querer muerta también.

Yo no querer vivir ya.

Verás a tu padre por última vez.

-¿Tú has perdido la cabeza o qué te pasa?

La que ha perdido la cabeza has sido tú esta mañana.

-Pero ¿tú te das cuenta de lo que nos pueden hacer si se enteran

de que la hemos ayudao a escapar?

Yo he perdido una hermana,

te juro que daría lo que sea por haber podido

despedirme de ella.

Deja esa ventana abierta que te vamos a ayudar a escapar.

-Murillo.

-¿Estás bien? -Más o menos.

Sí, estoy bien. -No te preocupes,

puedes estar con nosotros el tiempo que quieras.

Es bueno que estés con nosotros hasta que vuelva padre.

Siseo.

Los criados están en las caballerizas

y los soldados están en su cambio de guardia,

así que ahora o nunca. -Venga, más por ti

no podemos hacer.

Sal y corre hacia el bosque. Catalina, ¿dónde estás?

(GRITA) -¡Voy, señora! Corre, corre.

-Gracias. -Corre.

-Majestad, excelente idea ejecutarlos según

sus bárbaras costumbres. Quien a hierro mata a hierro muere.

-Merecen toda la crueldad de la que sea posible.

No puedo permitir que unos salvajes se enfrenten al trono

de las Españas.

-Majestad, os supongo al corriente de que el Santo Padre

ha sufrido una nueva recaída.

-Sí, estoy al tanto de su delicado estado de salud

pero, ahora, estamos a otros menesteres.

(EL PUEBLO GRITA)

(GRITAN A LA VEZ) -¡Fuera!

-¡Sinvergüenzas! Por los horribles crímenes

cometidos contra nuestros soldados y contra la Corona española

se condena a estos hombres a morir

según sus sangrientos rituales.

(EL PUEBLO GRITA)¡Fuera!

(ALGUIEN GRITA) ¡Matadlos!

Procedan.

-¡Ah!

(EL PUEBLO GRITA) ¡Bien, bien!

(ALGUIEN GRITA) ¡Papá!

¡Proteged al rey!

¡Proteged al rey! ¡Proteged al rey!

¡Vamos!

Disparo.

-¿Estáis bien, majestad?

-Señora, la puerta de su alcoba estaba cerrada,

debió irse por la ventana. ¡No me expliques por dónde

se ha escapado, no soy idiota!

Ya sé que salió por la ventana.

Lo que no sé es cómo no se ha matado.

¿Y sus guardias no vieron nada, señora?

No.

Esos inútiles solo encontraron esta basura en el jardín.

Os aseguro que si el rey pide responsabilidades

no voy a pagar yo sola.

Abren la puerta. Eminencia.

-Lucrecia.

Lucrecia, tienes que vigilar mejor a tus invitados.

¿Dónde estás?

Muerta.

-Quería entrevistarse con el rey sin haber solicitado audiencia.

Le atacó con una lanza.

¿Su majestad está bien? -Se ve que Dios ha dispuesto

que a nuestro rey solo lo puedan matar los años.

Lucrecia, yo en vuestro lugar no jugaría con ese brazalete.

Los indígenas extraen de él un potente veneno.

(RECUERDA)

Apartad.

Bueno...

Ahora ya no creo que vaya a necesitarlos.

-Amo, como nos disparen aquí no lo contamos.

Que dicen que, en este bosque, los bandoleros primero disparan

y luego ni preguntan ni nada.

Te rematan y no te ponen mirando para Cuenca de milagro.

Sátur,

a partir de ahora necesito que estés alerta.

Cualquier cosa que escuches, cualquiera, me avisas.

-Descuide que soy todo orejas.

¡Dios mío qué responsabilidad!

Graznido. ¡Vamos!

-Falsa alarma, al final solo era un pichón.

(RÍE)

¡Aaah!

-¡Oh!

-¡Amo, que le van a disparar!

Disparo.

La ha esquivado, amo. ¡Ha esquivado usted la bala!

(GRITA) ¡Usted tiene poderes! ¿Cómo lo ha hecho?

No grites, no grites.

-Pero ¿cómo? ¿Ya oye?

Sí. (RÍE)

-¡Alabado sea el señor! ¿Ve como existe?

¡Dios existe y hace milagros!

Venga, vámonos de aquí antes de que vengan más.

Que usted tiene que descansar. No, Sátur, estoy bien.

-¿Qué queréis?

Ya he pagado suficiente por mis supuestos crímenes.

Tranquilo.

Solo queremos hablar con usted. -La última vez que alguien

quiso hablar conmigo perdí los ojos.

No tenemos nada que ver con la Inquisición,

solo quiero preguntarle por el Santo Grial.

Alguien encontró el lugar donde estaba escondido.

-¿Han encontrado el Grial? Sí, escuche,

¿dónde iría esa persona si quisiera protegerlo?

-¿Por qué quieren saberlo? Porque necesito encontrar

a la persona que se lo llevó.

-Si esa persona ha bebido del Grial,

a estas alturas ya estará muerta. -¿Cómo que muerta?

¿Pero no concedía la vida eterna? -El Grial está hecho

de un material que envenena cualquier líquido

que se vierta en su interior.

-Por favor, vuelve a casa.

Ya sé que va a ser muy difícil vivir los dos

bajo el mismo techo pero, por lo menos, estaremos juntos.

-¿Y si él vuelve?

-Pues si él vuelve... Ya cruzaremos ese puente...

Juntos.

(ALGUIEN GRITA) ¿Dónde está el posadero?

¿Dónde está el posadero?

-Pero qué...

¡Oiga, oiga! Yo soy el dueño de la posada.

¿Qué ocurre? -El comisario ha ordenado

volver a abrirla. -Pero ¿por qué?

-No lo sé.

¿Quieres ir a los calabozos a preguntárselo?

¡Vamos!

-Ahora, ya no hace falta que me vaya a tu casa.

-Ya no tendría sentido.

-¡Uy!

Lo siento, señora, no la he visto.

No le ha pasado nada a su copa, ¿eh?

-Dámelo.

-Voy a ver si pesco algo.

¿Y era necesario humillarme así? Hoy viene Juan,

le va a contar la verdad a Margarita y quiero estar allí

cuando eso ocurra.

-Señora, mi nombre es Álvaro Dueñas y soy maestro de esgrima,

y he venido a la villa para ser el profesor de su hijo.

-¡Amo! -La tiara Estuardo, siempre puede

ser vendida, naturalmente para satisfacer las necesidades

de nuestras tropas.

-Estoy esperando un hijo tuyo.

Nunca he querido hacerte daño. Pues lo has hecho.

El embarazo de Irene no cambiará nada.

-Lo cambiará todo.

Tiene pinchazos de aguja aquí, como Margarita.

-¿Entonces tiene usted que salvar a alguien o no, cómo es la cosa?

Parece cristiano. -Es solo cristal.

-Han robado la tiara.

(GRUÑE)

¡Ah!

Me alegra haber contratado un maestro que vive

con tanta pasión su trabajo.

-Te he engañado con otra mujer.

Águila Roja - T4 - Capítulo 43

14 nov 2011

Un grupo de indígenas, acusados de rebelión, son llevados a la villa para ser ajusticiados ante el Rey. Felipe IV perdona la vida de una joven indígena, fascinado por su belleza, y pide a la Marquesa que la aloje en su palacio.

 

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