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No recomendado para menores de 12 años Águila Roja - T4 - Capítulo 42 - Águila Roja y Satur investigan la desaparición de varias mujeres embarazadas - Ver ahora
Transcripción completa

-¡Socorro! ¡Socorro! -Se los llevaron del hospicio.

Vamos, no dejaron ni un solo crío. -¡Ah!

Vamos a encontrarlos. Ese caballo pertenece

Gritos. a la marquesa de Santillana.

¿Quién te lo ha vendido? -Una mujer de pelo largo y oscuro.

Mariana. -El cardenal Mendoza me buscará.

Y si me encuentra, me matará. -Señor, si La Pirata escapó,

¿quién va en ese baúl? ¡Ah!

Encuentra ese baúl sin que nadie sepa que lo buscas,

o lo pagarás con tu vida. ¡Gonzalo! (JADEA)

-San Jorge es el patrón de todos vosotros,

los hombres de armas. ¡Ah!

-El Santo Grial se encuentra escondido en las rutas

que hay bajo esa pradera. -He dicho toda la verdad.

Por eso ha muerto. Esto me lo busqué todo yo solo.

Los huérfanos. ¿Qué hacéis con ellos?

¿Dónde están? -Bajo tierra.

¡Ah! -¡Ah!

¡Ah! -¡Ah! ¡Ah!

¿Estás bien?

-¿Te dijo el hombre ese dónde está mi madre?

No sé dónde está. (LLORA)

Ah...

-Anoche estabas en la cama con esa mujer.

¿Ahí también te acordabas de madre?

-Prefiero que no vengas al entierro.

¿Has encontrado a tu padre?

Seguid buscando el baúl.

Ahí dentro no va cualquiera, ¿me oyes?

Estamos hablando de la marquesa de Santillana.

Claudia se quedará un tiempo a vivir con nosotros.

-Ah... Alonso.

-Es que eso es juntar a un moro con un cristiano,

que los 2 se dan por el..

Señor. -¡Aparta, mendigo!

Golpe. -¡Ah!

Extenderemos el rumor de que hay un tesoro en la Villa.

La gente se lanzará a buscarlo. El Águila Roja no podrá detenerlos.

-Proceded. Últimamente los hombres lo decidís

todo sin pensar que sienten los demás.

-La he matado yo. ¿Dónde está Lucrecia, Catalina?

-Voy a hacer que se encariñe conmigo.

Cuando piense que alguien le va a recordar,

lo dejaré tirado como a un perro. No puedes presentarte ahí

y hacerte pasar por rico, así, sin más.

-La carta. -Un escudo de oro, es el mínimo.

-Yo tengo una casa.

(LLORA) -Le juro que lo enterramos ahí.

¿Lo enterrasteis, quiénes? ¿Tú y quién más?

-¡Ah! -Ah...

Comisario, es solo un niño.

-Yo sé dónde está ese baúl. -¡Ah!

-Ocho y medio. Te has pasado. (GOLPEA LA MESA)

-¿Qué hace? -Vengo a ver mi nueva casa.

¡Lucrecia!

Ah...

¿Dónde apostaste la casa? -En la mancebía La Jerónima.

Disparo. -¡Ah!

-¡Ah! -Oh...

Liberadlos. Creo que ya aprendieron la lección.

Relincho.

(RÍE) -¡Le he ganado!

Soy su hijo. -Yo soy tu padre.

Eres hijo de un criado.

-No te pares. ¡Damián, sigue! ¡No te pares!

¡No os paréis! ¡Corred! -Ah...

(JADEA)

-Ah... -No pares, Damián.

-Ah... -Vamos, vamos.

Vamos.

¡Ah!

¡Ah...!

-Oh... (JADEA)

¡No! No... ¡Ah!

(JADEAN)

-¡Damián!

Ah...

(LLORA)

¡Ah! (LLORA)

¡Ah! ¡Ah!

Ah...

No. No... ¡No!

¡No!

-¿Qué tal? ¿Cómo me ves?

Como un auténtico caballero.

Pasos.

Hace rato que os esperamos para cenar.

Nuño, ¿no crees que ya estás un poco mayor

para seguir jugando a las batallitas?

Lucrecia, ha llegado esto.

-Madre, voy a formar parte de las filas del rey.

En unos días marcho con la compañía del Conde de Tudela hacia Cáceres.

El rey manda marchar al Conde de Tudela hacia el Suroeste,

en la frontera con Portugal. -Y me metió entre sus hombres.

Es una gran noticia, hijo. -Por fin ha llegado el momento

de convertirme en un caballero a las órdenes de Su Majestad.

(SUSPIRA) Me siento muy orgullosa de ti.

-Voy a hacer que el Marquesado de Santillana destaque

por encima del resto. Ah.

Ahora deberías ir a cenar y a descansar.

Mañana es la recepción con el rey, y has de estar

en perfectas condiciones. (SUSPIRA)

No toleraré que mi hijo se vaya a la guerra.

No se va a la guerra, Lucrecia. Su destacamento está

en una posición puramente diplomática.

Hasta que deje de serlo y necesiten hombres para entrar en batalla.

Es una oportunidad inmejorable para Nuño.

Comenzar como escudero del Conde de Tudela le augura

una carrera militar excelente.

Maldita la hora que comenzaste su entrenamiento.

Tu hijo ya tiene edad para servir a este país.

No te preocupes. Está en las mejores manos.

Mi hijo está... ¿Cuánto tiempo estará?

Aquí no lo pone, Hernán. ¿Cuántos meses?

Quizás 1 año.

No va a ir a ningún sitio.

¿Cuánto tiempo crees que lo vas a frenar?

Más tarde o más temprano, este día tenía

que llegar, Lucrecia.

Mejor será que dejes las cosas como están,

y que te vayas haciendo a la idea de que tu hijo ya es un hombre.

Y como tal, debe cumplir.

-Anda, que menuda idea. Porque usted sabrá mucho

de espadas y de saltitos, que no digo yo que no,

pero de mujeres, anda más bien escaso.

Y ahora a la Pirata y a su cuñada ahí, a dormir codo con codo.

(SUSPIRA)

-Si es que no es de las mejores ideas

que se le ocurrieron. No...

De momento, es la única solución.

Dime otra.

Anda, devuelve esa paja a la cuadra.

Esto ya está. -Usted verá.

(SUSPIRA) -Aunque le digo que...

esa es muy poca jaula para dos fieras.

Hazme caso. ¿Fieras?

¿Qué fieras?

-Eh... las moscas. Las... las...

las... La fiereza de las moscas, que este año vienen gordas

como... como becerros. ¿Eh?

Eh... bueno, pues nada. Si me permite...

Gracias por dejar que Claudia duerma contigo.

¿Tengo otra opción?

Bueno, pues, esto... ya... ya está listo.

Espero que descanséis. -Yo estoy cómoda hasta en el suelo.

Ya lo sabes. Ya.

Bueno, pues...

Buenas noches. -Buenas noches.

¿Qué lado de la cama prefieres? -No, elige tú.

Es tu habitación. Pues ya está.

Elegida.

¿Vas a dormir así? -Sí.

¿No quieres que te deje un camisón?

Te traigo uno si quieres. -Estoy más cómoda así.

Ah... Pues nada.

-¿Te molesta? ¿A mí? No.

Por mí puedes dormir como quieras. Si te parece normal...

Buenas noches. (SOPLA)

¿Y mi hijo? ¿Dónde está?

-Murió. ¿No lo recuerda?

(SUSURRA) No. No puede ser.

¿Y el comisario? ¿Dónde está la gente?

-¿Qué gente, señora?

Aquí solo estamos usted y yo. Solas.

Ah... Oh... Ah...

¡Ah!

(JADEA)

(LLORA)

-Señora, tranquilícese. Ah...

-Tranquila, señora. Solo ha sido un mal sueño.

Lleva así toda la noche. Tome un poquito de agua.

Le va a hacer bien. (JADEA)

No quiero. (JADEA)

Tráeme... mis zapatillas y mi bata.

-Pero señora, ¿adónde va? Dígame lo que quiere

y yo se lo traigo.

Ah...

-Aquí tiene, señora. (JADEA)

-Señora, yo... yo quería...

quería agradecerle que me permitiera seguir con vida.

Ha sido usted muy generosa conmigo, y yo...

no voy a abandonarla nunca, señora. Nunca.

(SUSURRA) Retírate.

Retírate, Catalina. -Sí.

Señora.

-Pues sí. Aquí está.

Si este no es. ¡Este no es!

Pero ¿dónde demonios está ese mapa?

Es que con el desorden que hay aquí, pues... pues no...

Esto es un sin Dios. (CORTA EL AIRE CON LA ESPADA)

¿Qué pasa? -Pues que no encuentro

el mapa de los hospitales, amo. No sé dónde vamos

a ir hoy a buscar a su madre. Mire qué lío tengo aquí.

¿Por qué no lo organizas? -Si organizado ya lo tengo.

Que llega usted y lo deja todo por ahí tirado.

Parece mentira con lo ordenadito que es usted en su otra vida.

Vamos a ver, vamos a ver que yo me centre...

Este es el del Santo Grial. Este es...

el de las vírgenes. El de la esfera.

Este...

Este es el del medallón. ¿Qué hace aquí...

el mapa del medallón? Con lo sencillito que sería tener

aquí un mueblecito. ¡Aquí! ¡Aquí!

Ordenarlo todo y apañarnos. ¡Pues no!

Anda, Sátur, levántate un momentito.

-Dios mío.

Aquí está. -Ah...

Vamos a ver.

Mira, estos son los hospitales de la villa

que hemos registrado hasta ahora.

-Ajá. Y estos...

los que nos queda aún por ver.

Si mi madre sigue enferma,

tiene que estar en uno de estos.

-Pues ya está, solucionado lo del mapa, vayamos al grano,

no sea que la Bocanegra y su cuñada se despierten

y nos casen fuera de la casa.

(RÍE) Vamos.

¿Qué pasa?

¿Algo raro?

¿Y si resulta que no está ninguno de los tres?

-Por Dios, que a su madre la vamos a encontrar,

la vamos a encontrar aunque sea debajo de las piedras.

Si su madre se cruzó en mi camino, no será por nada,

tenga la completa seguridad.

Ojalá.

Anda, prepara los caballos.

-Oh...

¿Y aquella costumbre de llamar antes de entrar?

Necesito hablar contigo, es urgente.

Espérame en mi alcoba,

iré enseguida.

¿Y bien, qué es eso tan urgente?

Estaba pensando que...

Ya que Nuño se va, quizás podríamos pasar

el día de mañana en el pardo.

Al niño le encanta.

Entras sin llamar y me sacas de la cama,

para proponerme un almuerzo campestre.

Para ofrecerte un día de familia, Hernán.

Entonces tendrá que venir Irene,

ella ahora es mi familia.

¿Desde cuando duermes con ella?

¿A qué viene eso ahora?

No es más que una simple pregunta.

No, Lucrecia,

tú nunca haces simples preguntas, ¿qué es lo que quieres?

Nada, ya te lo he dicho.

¿No puedo hacerte una visita?

¿Proponerte un plan?

¿En mitad de la noche, en la alcoba y con mi mujer? No.

Qué mal humor tienes cuando no te dejan acabar

como a ti te gusta, querido.

Bueno...

Mañana yo organizo el almuerzo, déjamelo a mí, no te preocupes.

No.

Lucrecia, tú y yo ya no tenemos nada que nos una,

y ahora que no está Nuño, menos todavía.

Si me lo permites, tengo obligaciones conyugales

que me gustaría terminar.

Buenas noches, Lucrecia.

(SUSPIRA)

(RESOPLA)

-Es que estoy molido, molidito, amo.

Esto de cabalgar toda la noche sobre el caballo

de un hospital a otro, es que me... me mata.

¿Y todo para qué, eh?

Para nada.

-¿Cómo que para nada?

Con todos los respetos, amo, no me sea usted cenizo.

La buena noticia es que su madre no está enferma,

y eso hay que valorarlo.

Amo, escúcheme, su madre está viva,

y está en la villa. ¿Cómo lo sabes?

-No lo sé, pero...

prefiero pensar eso y no otra cosa.

¿Qué quiere que le diga, que su madre está muerta

o que está en la Francia?

Hay que ser positivo, leche.

Buenos días..

Por decir algo. Buenos días.

¿Qué tal...? ¿Qué tal has pasado la noche?

Pues mal.

Estaba muy ocupada intentando no caerme de la cama.

Eso es porque es la primera noche, luego ya...

ya os acostumbraréis,

poco a poco. La que tiene

que acostumbrarse, soy yo,

ella no tiene ningún problema.

-Es lo que tiene compartir lecho con alguien,

sobre todo si ese alguien es alguien que...

no le interesa a uno, ¿no?

¿Me entiende?

Gonzalo,

podrías hablar con Claudia y decirle

que por lo menos se ponga un camisón?

Ya me es duro dormir con ella, pero que lo haga desnuda pues...

-Perdón, es que estoy de un torpe...

-Buenos días a todos.

-Buenos días. -Buenos días, tía.

Buenos días. Buenos días, hijo.

¿Qué hay para desayunar, Sátur?

-Cosas ricas. Alonso.

¿No vas a hablarme?

-Es que no me gustan las mentiras,

ni la gente que miente, lo aprendí de ti.

-Buenos días.

Buenos días

-¿Todo bien, Sátur?

-Perfectamente.

Venga, todo el mundo a desayunar.

Campanilla. (PREGONERO) Se congrega

al pueblo como testigo de la justicia,

el tribunal de justicia de Castilla

hará pública la ejecución de Damián Espinosa.

Así mismo, será llevado a cabo en la plaza

ante las autoridades pertinentes

mañana al alba.

Se congrega al pueblo...

-Maldita la puñetera hora en que me he enterado,

¿para qué habré escuchado yo nada?

Se me ha medito aquí la imagen.

¿Pero qué imagen, vamos a ver, de qué hablas?

-La de Mariana desnuda.

Que se me ha metido aquí y no hay forma humana de sacarla,

ya que durmieran juntas me ponía nervioso,

imagínese usted que una de ellas lo haga en pelotas...

Sátur, por favor.

-Bueno, usted disculpe, es que estoy vivo, no como usted.

A mí me se descabalga la imaginación

y me pongo como las lanzas de Breda, no le digo más.

Murmullos.

Cipri.

¿Qué ha pasado?

-Se ha cargado a toda la familia,

al padre, a la madre, y se cree que a su esposa.

-Qué barbaridad, con lo que cuesta formar una familia.

-La mujer embarazada de ocho meses, no creas que...

-Qué mala entraña hay que tener.

¿Cuándo lo van a matar? -Mañana por la mañana.

Con el aplastacabezas.

-¡Asesino! -Qué lo maten.

-Sí, que lo maten.

(TODOS GRITAN)

¿Cómo los mató? -Aparta.

Sólo quiero saber cómo los ha matado.

-Los persiguió por el bosque hasta darles muerte.

Los abrió en canal.

Vamos, despeja.

-Asesino... qué lo maten.

(TODOS GRITAN)

-Matadlo.

-¿Qué va a hacer, amo? A mí también

me hierve la sangre, pero de ahí a apedrearle?

Es ciego.

(TODOS GRITAN)

Señora.

Usaré la mía.

Los siglos que en sus hojas cuenta un roble,

árbol los cuenta sordo.

Tronco ciego,

quien más ve, quien más oye...

menos dura.

Alonso, ¿tienes alguna duda?

¿Hay algo que no sepas escribir?

-No... no, ninguna,

es que la clase de hoy no me interesa mucho.

(CHISTA) Vamos a ver,

no se trata de si te interesa o no te interesa,

estás aquí para aprender,

y soy yo quien decide el que, ¿de acuerdo?

-Es que, padre, no me puedes obligar a aprender

nada que no quiero.

Alonso, sal un momento fuera, quiero hablar contigo, a solas.

Ahora.

(RESPIRA CON DIFICULTAD -Dios mío, qué carrera.

Amo, que van a ejecutar al reo antes de lo previsto

por miedo a un linchamiento,

que está la gente que arde.

Vamos a ver, chicos, la clase ha terminado, todos fuera.

(TOSE)

Alonso, espera, espera, ¿dónde vas?

-A ver la ejecución, como todos.

¿Qué pasa, que no puedo? (AMBOS) No.

-No puedes, claro que no. -¿Por qué?

-Porque es una imagen que...

que no se te borrará en la vida,

te se va a quedar grabado como exprimen el cerebro

a ese hombre que le saldrá por los ojos, la boca...

Sátur, vale, Alonso, ve a casa y espérame.

Sátur, ve con él.

-¿Y usted?

Yo tengo trabajo, anda ve.

-Amo.

Le recuerdo que ese hombre asesinó a toda su familia,

es un reo, no un inocente, y usted salva a inocentes.

Por eso, Sátur, es imposible que matara a su familia, imposible.

-¿Por qué, porque es ciego?

Pues sí, vamos a ver, Sátur ¿cómo los persiguió por el bosque?

¿Y después lo mató? Imposible.

No pudo hacerlo él.

-Usted hace cosas imposible. ¿Cuántos conoces como yo?

¿Eh? Anda, ve con Alonso, y vigílalo.

(CARRASPEA)

(GRITA) -Ah...

Lamentos.

-¡Cogedlo!

¡A por él!

-¡Matadlo!

¡Matadlo!

(LEE) Parto para Salamanca hoy mismo.

Hay información relevante sobre el Santo Grial.

Le daré instrucciones precisas a mi vuelta.

-¡Pero es imposible! ¿Cómo no ha llegado aún?

Mantén la calma, tu madre está a punto de llegar.

Jamás se ha perdido una recepción en el palacio real.

-¿Y si le ha pasado algo?

Lo sabría, me habría llegado la noticia.

Tu madre te estará preparando una sorpresa.

No todos los días se presenta un hijo como caballero del rey.

-Señor comisario.

¿Ha llegado ya la marquesa?

-El cochero dice que si no salen ya, no van a llegar puntuales.

-No puedo ir solo. Seré la vergüenza de la corte.

Yo te llevo.

¡Vamos, ve a buscar tu capa!

¿No ha dicho adónde iba?

-No, señor. Salió esta mañana muy temprano,

pidió que ensillaran su caballo y no me ha querido decir nada.

¿Y por qué no la acompañaste?

¿Cómo se te ocurre dejarla ir sola?

-Yo, señor...

Estará esperándonos en el palacio real.

-Disculpe, comisario.

Yo no quiero juzgar a nadie pero...

Creo que la vestimenta de la marquesa

no era la adecuada para presentarse ante Su Majestad el Rey.

Resoplidos.

Damián, sé que no fuiste tú.

¿Qué pasó?

Estoy aquí para ayudarte, confía en mí.

Cuéntame todo lo que pasó.

Crujido.

-¡Amo, que me desgracia!

¿Se puede saber qué haces aquí?

-Siguiendo su lógica, pensé que le traía adonde ocurrió todo.

¿Le ha contado algo?

De momento, ni una palabra.

-Ciego y mudo, ¡estamos aviaos!

¡Madre mía!

Sea lo que fuere que ocurrió aquí, ha tenido que ser muy desagradable.

¿Reconoces esto?

-¡Se llevaron!

¿A quién se llevaron? -A mi mujer.

¿Quién fue? ¿Viste algo?

-Varios, no sé cuántos...

Me persiguieron mucho tiempo por el bosque.

Me caí, perdí el conocimiento.

Cuando desperté, Elena ya no estaba.

-¿Pero cómo eran los que se llevaron...?

No puede ver.

-Es verdad. Es que me he emocionado,

como es la primera vez que puedo... -¡La culpa de todo es mía!

No, Damián, no.

Tú sólo eres una víctima más.

¿De qué ibas a tener tú la culpa?

-Fui yo quien le contó todo al cura.

-¿Al cura?

¿Y ahora qué pinta un cura aquí?

Damián, ¿qué le contaste?

-Que mi mujer estaba endemoniada. -¡Ay...!

(TOSE Y RESPIRA CON DIFICULTAD)

-¿Estás bien?

Elena... -¡Déjame!

-Elena, ¿qué te pasa? -¡Déjame!

-Se volvió arisca. (GRITA)

-Hablaba lenguas extrañas, malignas.

Decía ver cosas que nadie más veía.

¡Estar cerca de ella era estar en el Infierno!

-¡No, no, no, no, no, no, amo, no, que con el diablo hemos topao!

-Sus manos y sus pies ardían.

-¡Virgen Santísima del amor hermoso, protégenos!

Encontraremos a tu mujer.

-No podrá. A mi mujer se la llevó el diablo.

Damián.

Voy a desatarte.

¡No...!

-¡La madre que me parió!

-No ha venido. No va a venir.

Tranquilízate.

-No puedo hacerlo, comisario.

No soy capaz de entrar ahí sin mi madre.

Nuño, contrólate, ya eres un adulto.

Estás aquí para recibir la bendición del rey

y sumarte a sus filas en un futuro.

Así que contrólate.

-Ella jamás se perdería este acto.

Aparecerá en cualquier momento.

-¿Y si entras tú conmigo?

Yo no puedo acompañarte.

No soy noble y no soy tu padre.

Entra ahí, eres el Marqués de Santillana. Demuéstratelo.

Golpes. ¡Vamos!

-¡Nuño Julián Federico de Santillana y Guzmán,

Marqués de Santillana!

-Majestad.

-Acércate.

¿Dónde está tu madre, la marquesa?

¿Por qué no ha venido?

-Se encontraba indispuesta, Majestad.

-Debe de estar muy mala para no querer presentarse ante su rey.

-Sí, Majestad. No podía levantarse de la cama.

Lamenta profundamente no haber venido.

-Espero que se mejore con prontitud.

-Gracias.

Bienvenido a mi ejército.

Confío en que defiendas la Corona con la misma gallardía

con que lo hicieron tu padre y tu abuelo.

Para que firmes tus victorias

y con ellas traigas la paz a este reino.

-Así lo haré, Majestad.

El marquesado de Santillana se postra ante vos.

-Tienes mi bendición.

-Señor.

-¡Amo, por Dios, atienda usted a razones!

¡Que ese hombre dijo claramente que su mujer estaba endemoniada!

¡Endemoniada de... de demonio!

¡De demonio del Infierno!

El demonio no existe.

-¡Bueno, mira, lo que me faltaba por oír!

Vamos a ver, tiene que haber una explicación racional a todo.

-¡Usted siga ahí y dale que dale a la herejía, que ya verá!

¡Que le van a quemar hasta los golondrinos, piense en su familia!

Aquí está. Mira, en el bosque

encontré una huella que tenía inscrito algo parecido a esto.

En el Antiguo Egipto los Faraones

grababan en las suelas de sus zapatos el emblema enemigo.

Así simbolizaba que los pisoteaban siempre.

-¿Y? ¿Qué tiene que ver Egipto?

Pues que esa costumbre varió

y ahora lo que se inscribe es el emblema de uno.

Así uno deja constancia de sus actos, a modo de una firma.

Así que, si descubrimos a quién pertenece esa huella,

quizá sepamos lo que pasó en el bosque.

Lo que ocurre...

Es que había numerosas huellas pero ninguna completa.

Y no sé muy bien lo que es este dibujo.

Parece una hoguera, ¿no?

-¡Efectivamente!

¡Es la hoguera del Infierno, amo, la huella del diablo!

¡Déjelo estar, por Dios! Vamos a ver,

¿el diablo lleva botas?

-¡Amo, le pido por Dios, que atienda a razones!

¡Es un pleito entre Dios y el demonio! ¿Qué pintamos nosotros?

Pienso encontrar a esa mujer.

-¡Señora, por Dios! ¡Señora, por Dios...!

¿Pero, señora, qué hace aquí, de dónde viene?

No tengo que darte explicaciones, Catalina.

-Pero debería estar en el palacio real, es la recepción de su hijo.

(SUSURRANDO) ¡No puedo! ¡Ay...!

Ay...

Mi vestido, Catalina.

No, voy a tomarme un baño.

-Sí, señora, no se preocupe, yo le ayudaré.

Pediré que le preparen su vestido dorado, ¿eh?

-¿Madre?

Seguro que el rey...

Tienes que con... -Madre, estás borracha.

No estoy borracha, Nuño.

Me encuentro bien, Catalina. -¡Mentira!

¿Cómo has podido?

Mírate,

das pena, pena...

Nuño, vete e tu cuarto.

Oh...

Catalina, retírate. -Sí, señor.

(BALBUCEA)

Antes por lo menos sabías ser discreta.

Oh...

(LLORA) Puedes echarme en cara lo mala madre que soy.

Estás deseando.

¿Por placer, o fue otro de tus negocios?

Quizá ambos.

Espero que te haya merecido la pena,

aunque por tu aspecto, seguro que sí.

Siempre has sido muy generosa en la entrega.

-Aquí pasa algo raro y usted lo sabe,

que llevamos dos horas dando vueltas por estos parajes

y no hemos visto un alma.

Ni un paisano, ni un leñador...

Na.

Han dejado las granjas abandonadas a su suerte.

Eso no quiere decir nada.

-Eso quiere decir que todos salieron de aquí cagando leches.

Eso es lo que suele pasar cuando aparece el maligno,

y no como nosotros, ir a buscarlo.

Una mujer inocente ha desaparecido,

y la vamos a encontrar.

Ahí viene alguien.

Buenos días, padre.

Estamos buscando la casa de Elena,

una chica embarazada que ha desaparecido.

-¿Y quién lo pregunta?

Somos unos parientes suyos, de la villa.

-No sabía que tuviera ningún pariente,

mire, yo no puedo decirle nada, sólo me dedico a mis oficios,

y a repartir pan y leche con las embarazadas del lugar.

Nada más. Padre.

Perdone, pero... Damián nos dijo que había denunciado

su esposa al cura.

o sea, a usted.

-Entiéndanos, padre,

nosotros queremos encontrarla para darle cristiana sepultura,

si fuera menester.

-No podrán encontrarla,

se la llevó el diablo. -Ah...

-Cuando se mete en tus entrañas, no hay nada que hacer.

Y...

¿Cómo está tan seguro de que se la llevó el diablo?

-¿Y quién si no, hijo?

Así como Dios, nuestro señor, cuida celosamente de su rebaño,

el mal acecha en cada esquina.

Elena no era la única alma descarriada.

-¿Cómo que no era la única?

¿Qué quiere decir usted con eso?

-Han desaparecido cinco mujeres más.

Todas embarazadas...

y poseídas.

Él ha traído la desgracia a esta tierra.

Están advertidos.

Vamos.

-Soltadme, he dicho que me soltéis.

¿Desde cuándo tienen que traerte a rastras

para darte un regalo, hijo?

-¿Para qué me has hecho venir?

Soltadle.

Un verdadero pura raza,

los mejores en el campo de batalla.

Vaya,

te has quedado sin habla, ¿eh?

Es un ejemplar precioso.

-No lo quiero.

¿Ah, no?

Lleváoslo.

Entiendo tu reacción, hijo,

estás en una edad muy difícil, todavía no sabes

lo que quieres o lo que no,

ni como interpretar lo que ves.

-Siempre he sido un incordio para ti.

¿Qué hablas ahora?

-Ya está bien, madre.

Los dos sabemos perfectamente que yo nunca fui

una de tus prioridades,

ni siquiera me conoces. Por supuesto que te conozco, hijo.

No sé si recuerdas que te parí.

-¿Ah, sí? Sí.

-¿Cuál es mi ropa preferida, madre?

Un libro... Mi comida favorita.

Tu comida favorita es el asado de ciervo, lo sé perfectamente.

-¿Catalina, qué me gusta?

Contesta de una vez, Catalina.

Catalina.

-Verá, señora, son las lentejas.

Da igual, ¿a qué viene este juego estúpido?

Eres un noble, Nuño,

te he dado la educación digna de un rey,

todos los caprichos posibles, me desviví por ti

cada minuto de mi vida.

-¿Sabes qué recuerdo de cuando era niño?

Recuerdo que siempre estaba jugando solo en el jardín,

también recuerdo las risas que venían de tu alcoba.

Cuando me vaya esta tarde de palacio,

no me volverás a ver nunca más.

-Señora, es el calentón, no lo dice en serio.

Conozco a mi hijo.

No volverá.

-Amo.

¿Otro mapa?

Venga,

si es que usted tampoco ayuda, a ver dónde lo pongo

con el lío que tengo arriba.

Se han llevado seis mujeres embarazadas,

todas a punto de parir, y las seis

con signos de posesión,

pero no se conocían,

todas viven en aldeas diferentes.

No consigo encontrar el patrón, Sátur.

-¿Quiere que se lo diga yo ahora mismo, quiere saberlo?

Dime. -El maligno.

Desaparecieron de noche y nadie vio ni oyó nada,

¿qué más prueba quiere?

El maligno le estoy diciendo. No, Sátur,

el diablo no se las llevó,

y eso es lo que hay que averiguar, ¿quién y por qué?

-Padre.

Que ya hice todo lo que me pediste,

¿puedo ir a la calle? ¿Y el dictado?

-¿Y el dictado? -Sí.

-Muy bien, entonces sí, por ahí vamos bien,

sí puedes salir.

Toma, te he traído esto,

un pan preñado con chorizo dentro,

bueno, te lo trajo tu padre, verás que bueno.

Bueno, puedes irte, pero no vuelvas tarde, ¿eh?

-No me mire así, que cogí nada, un pedazo

al monaguillo mientras ustedes hablaban,

anda que no le sobraba. -¿Gonzalo?

-Menuda casa.

Catalina,

¿qué pasa? -¿Puedo hablar contigo un momento?

Sí, dime.

-Es la marquesa,

yo sé que tú la aprecias y no tengo a quien acudir,

ha desaparecido dos veces en dos días.

Bueno, Catalina, pero... -Es que...

¿Qué?

¿Desde cuándo fuma opio?

-¿Que la marquesa fuma opio?

Perdón.

-Fue en los primeros años de su boca con el marqués,

fue un infierno, Gonzalo, perdió el apetito,

le mudó el carácter por completo...

¿Y desde entonces está fumando? -No.

Cuando se quedó embarazada de Nuño, lo dejó.

-¿Y por qué ha vuelto a fumar opio?

-Nuño se va de casa,

han tenido una pelea muy grande y él dijo

que no quiere verla jamás.

(SUSPIRA) Está bien.

No te preocupes, tú vuelve a palacio

y yo me encargo de buscarla.

-Gracias, Gonzalo, a más ver. A más ver.

-¿Amo, qué sabe usted del opio?

¿Lo ha probado?

En Oriente había muchos fumaderos de opio,

es una de las peores drogas que hay, te anula la voluntad.

(SUSPIRA)

Sí, ¿pero lo ha probado? Sátur, voy a buscar a Lucrecia.

¿Que si lo ha probado...?

-Señor...

No tiene pulso, ¿qué hacemos?

-Sacadla de aquí, no quiero problemas en el local.

Tú, ayúdale.

Quietos, quietos...

Esto es para mí, haced lo que queráis con el resto,

por la puerta de atrás.

-Impuesto semanal, rápido, no tengo todo el día.

¿Sólo esto?

¿Qué llevas ahí?

-Ah... -¿Qué escondes ahí?

¿Ves como si tienes algo más? -Oh...

-Buen chico.

Vamos.

(RESPIRA PROFUNDAMENTE)

-Si es que con esas estampas...

¿Qué haces?

-Adecentando un poco todo esto, si no hago algo, me volveré loca.

-Perdone, pero...

si no le importa...

es que ese es mi territorio.

Déjeme a mí.

-Puedo sola. -Sí.

Perdona,

¿No te encargabas tú de la comida?

-Sí. ¿Sí? Pues ahí está toda quemada,

que si no la quito, salimos ardiendo.

-Lo siento,

Que me he liado con todo esto. Pues nada, a ver qué comemos.

-Mira, aunque no te lo creas, estoy intentando molestar

lo menos posible. Y si estoy organizando esto,

es para poder dormir aquí esta noche.

Y dejarte tranquila. -¿Cómo?

¿Con Sátur? -¿Conmigo?

Mira, una cosa es que yo tenga que aguantar

que duermas desnuda. -¿Desnuda?

Pero él, pues no sé yo si... -No.

No, es que no...

Yo nunca pensé que podría decir esto,

pero es que tiene razón Margarita. Desnuda no...

Ah... ¡Alonsillo! (RÍE)

Ya veo que le ha dado buena cuenta del bollo preñado. (RÍE)

-Tía, ¿dónde está mi padre?

Es que no... no me encuentro muy bien.

¡Alonso! Alonso, hijo, ¿qué te pasa?

-¡Alonsillo! ¡Alonso! Alonso, por favor.

-¡Alonso! ¡Alonso!

-¡Alonso! A ver, respira.

Alonso, ¿qué te pasa? -¡Dios mío, el diablo!

-Ah... ¡Alonso! Cógelo.

(JADEAN)

Gritos.

-¡Ah...!

¡Ah! ¡Ah!

(JADEA)

¡Ah...! (JADEA)

¡Ah! ¡Ah!

¡Ah...!

(JADEA)

¡Ah!

¡Ah! ¡Ah...!

Lloriqueo de bebé.

-Ah...

(LLORA)

-No es él.

(LLORA)

Lloriqueo de bebé.

Lloriqueo de bebé.

Golpe. -¡Ten cuidado, inútil!

Esas camisas de seda valen más que tu vida.

¿Vas a llevar camisas de seda al frente?

No las lleves, o acabarán en el armario de cualquier oficial.

He visto un caballo nuevo ahí fuera, un excelente ejemplar.

¿Es tuyo? -Me lo ha regalado la Marquesa.

Tu madre. -No, ya no.

No volveré a verla nunca más. Por mucho que reniegues,

tu madre será siempre tu madre. Si no pudo acompañarnos

a la recepción real, será porque tenía una buena razón.

-¡Basta ya, comisario!

Estoy harto de que todo el mundo me trate como a un niño.

Sé perfectamente lo que vi, y tú también.

Parecía una fulana.

Golpe. ¡Ah!

-¿Por qué has hecho eso? Por tratarte como a un hombre.

Acaba de empezar tu formación militar.

Nunca... nunca más reniegues de tu madre.

Un caballero debe saber medir sus palabras y sus actos,

y tú eres un caballero.

-¿Medir? Me has partido el labio.

Me voy dentro de 2 horas. Tengo muchas cosas que hacer.

-Señor comisario, le buscan.

-Señor, la recaudación.

¿De dónde ha sacado esto? -Del fumadero de opio.

Golpe.

(CHILLA)

¡Lucrecia! ¡Lucrecia! (CHILLA)

Lucrecia, contesta.

Lucrecia, Lucrecia. Lucrecia, despierta.

¡Apártate de ella! Está helada.

Necesita calor para reanimarse. Quítale las manos de encima.

¡Hernán, necesita calor!

Ah...

He tomado demasiado.

Ah. Ah...

(JADEA)

-Ah... ah... -¡Amo!

Alonsillo, que... Chis.

-Corra. ¿Qué?

-Ah... Gonzalo, que perdió el conocimiento

y... se puso a temblar. -No sabemos qué le pasa.

-Ah... ¿Por qué lo habéis atado?

-¡No! ¡No! Alonso. ¡Alonso!

-¡Que no se acerque, por favor! Alonso.

-¡Que no se acerque! Alonso, mírame.

-¡Que no se acerque! Alonso, soy la tía Margarita.

Tranquilo. Estoy aquí para cuidar de ti, mi amor.

-Que no se acerque. No, no. Tú tranquilo.

Tráete un poco de agua. (SUSURRA) Tranquilo.

(JADEA) Hijo, hijo.

Alonso, tranquilo.

Alonso, hijo, tranquilo.

-Se lo dije. Le dije que lo dejáramos.

¡Alonsillo está endemoniado! ¡Tiene el diablo dentro!

¡Y lo hemos traído nosotros!

Está demasiado caliente.

-Está endemoniado, como esas embarazadas.

-Ah... -Hemos traído la desgracia

a esta santa casa, amo. Sátur, tranquilízate. ¿Eh?

Tranquilo. -Hay que bañarle en agua bendita.

Chis... -Hay que llamar a un exorcista

de esos que... Como hay Dios, que... que le saco

el diablo del cuerpo al crío.

No vamos a llamar a nadie. Y deja de decir tonterías.

-¿Tonterías dice? Entonces, ¿qué le pasa?

No lo sé. -¡Claro que no lo sabe!

Tiene alucinaciones, murmura cosas, no para de temblar...

¡Dígame qué le pasa! No lo sabe, ¿verdad?

¡Se lo digo yo ¡Está endemoniado! Esta mañana estaba bien.

Fue de repente. -¿Usted qué cree,

que el diablo pide permiso para entrar?

Buenos días, soy el diablo. ¿Me deja pasar?

¡No! ¡Claro que no! Hay que hacer algo.

Esto nos supera, amo. ¡Hay que pedir ayuda!

(JADEA)

El pan, ha sido el pan. -¿Qué dice, el pan ahora?

Tiene que ser el pan. Esto es el punto en común.

Las embarazadas comieron de ese pan y ahora, Alonso.

El pan tiene que estar intoxicado.

Hijo. Alonso.

-Ah...

-Se le va a echar de menos por aquí, señorito Nuño.

Parece que fue ayer cuando le veía correteando por este salón,

que no paraba quieto.

No sea demasiado duro con su madre.

Todos cometemos errores, pero usted sabe

que ella lo quiere con toda su alma.

Al menos, despídase de ella.

-Ya vale, Catalina.

Mira a ver si está preparado el carruaje.

Tienes que descansar, Lucrecia.

Déjanos solos.

Estoy hecha un desastre, hijo.

-Se está convirtiendo en una costumbre.

Nuño, yo...

Supongo que sí.

Supongo que he sido una mala madre.

No he sabido hacerlo mejor, hijo. No he sabido.

Solo quiero que sepas que nunca...

nunca ha sido mi intención hacerte daño.

Espero que me perdones algún día.

Yo ya no tengo nada más que decir, hijo.

Dios mío, ni siquiera me había fijado.

Eres más alto que yo, hijo.

-Adiós. Adiós, hijo.

Daría todo lo que he vivido

por que te quedases un segundo más a mi lado.

-Joder. Joder, joder.

Si es que... un poco más y enveneno al chiquillo.

Ni de los curas te puedes fiar.

Ahora, que le juro por mi santa madre que no vuelvo

a coger nada de comida de nadie.

Vamos, eh... ni que me den una pata de cordero.

No te preocupes, Sátur. No es culpa tuya.

Se trata de un hongo que afecta al centeno.

Se llama cornezuelo. Quien lo toma, puede sufrir convulsiones,

alucinaciones... Incluso puede provocar la muerte.

-¿Me está diciendo que todo eso es culpa de un hongo?

Hombre, pues no me diga que no es cosa del diablo.

No, Sátur. El cura repartía el pan entre las embarazadas.

Por eso, solo enfermaban ellas.

Tenemos que averiguar dónde se las pueden haber llevado.

-No va a ser cosa fácil, porque lo único que tenemos

son 6 embarazadas, 6 críos...

y... y pare usted de contar. Si es que...

Amo, la primera vez que le veo leer la Biblia.

¿Ve? Por ahí va bien.

Sátur, en el Apocalipsis se describe la batalla

entre el bien y el mal, entre vivos y el diablo.

Aquí está.

El número del diablo es el 666.

-Voy a tener que releer otra vez la Biblia.

No sabía yo que había números también.

Están buscando al hijo del diablo. -¿El diablo tiene un hijo?

Pero ¿desde cuando tiene un hijo?

Todo está relacionado con el 6.

6 mujeres, 6 niños, 6... Nos falta un 6.

Ahí está la clave para encontrar dónde están las mujeres.

-Hombre, igual es una tontería, pero si la cosa va de seises...

¿Qué?

¡Sátur! ¿Qué? -¿Usted se acuerda

cuando yo me fui con el Fermín a vender flores,

que fuimos ahí al cerro Los Ángeles?

Sí. -Pues que mataron a 6 peregrinos.

Los tienen enterrados ahí mismo.

Y todavía hay gente que va a esa montaña

pues, a ponerle flores como si fueran santos.

-Señorito Nuño, su carruaje le espera.

-Ya voy.

¡Ah!

Lamentos de la joven.

Llanto de la joven.

Llanto de bebé.

-¡No! ¡No, por favor!

¡No! ¡No, por favor, no le hagáis nada!

-¿Es él?

No. No es él.

Llanto del bebé.

¡No! -¡Por favor...!

¡No están endemoniadas!

¡Sólo se intoxicaron con la comida!

¡No, por favor! -¡Mi niño!

¡Por favor, mi niño!

¡Mi niño! ¡No!

¿Duele? -Sí.

Quieto, quieto ahora. ¿Duele?

Así no puedes iniciar tu formación, habrá que posponerla.

¿Se puede saber dónde te has dado semejante golpe?

-Me tropecé.

Me di en el hombro con la cabecera de la cama.

¿Así que te tropezaste, eh? -Sí.

Sí, fue mala suerte.

Y tan mala suerte, te has dado en el brazo de la espada.

¿En esto no ha tenido que ver lo que hablaste con tu madre?

-Me caí.

Eso es todo.

Había olvidado que eres un Santillana,

orgulloso hasta el final.

¿No hubiese sido mejor que hablaras con ella?

Sería menos doloroso. Podrías haberte destrozado el brazo.

-Es una cuestión de medida, comisario.

¿No era eso lo que me dijiste?

¿Tanto te cuesta ponerte un simple camisón?

-Sí, me molesta.

¡No me lo puedo creer!

-Llevo todo el día escuchando cómo tengo que hacer las cosas.

Igual deberías hacer tú una a mi manera, ¿no?

¿Qué quieres decir, quedarme desnuda?

De eso ni hablar.

No te lo vas a poner, ¿no?

-No.

Pues nada.

Pues entonces sube, anda.

Que desnuda y en el suelo me va a tocar cuidarte el resfriado.

-¿Entonces los monjes esos eran de La Inquisición?

Buscaban al hijo del diablo. -Sí...

Para matarlo.

-¡Si es que hay que joderse con La Inquisición!

Que no se cortan a la hora de salvar almas.

Y eso que pensaban que lo hacían correctamente, eh.

Supongo.

Pero ya ves, no hay peor que creer ciegamente en una superstición.

Esas mujeres eran inocentes.

Y han estado a punto de matarlas a todas.

-Perdóneme, pero creer en Dios no es superstición, es necesidad.

Que no puede ser que, después de la vida tan perra que llevamos,

no haya nada, ¡vamos, sería lo último!

Si tú lo dices.

-¿Usted no se siente muy solo así, sin creer en na?

Creo en las personas, creo en Alonso, creo en ti...

-Ah, ya, ya, pero no le he preguntado eso.

Así que no se me vaya por los cerros.

Por ejemplo, usted, cuando mira al cielo... ¿usted qué ve?

Pues, la Osa Mayor,

la Osa Menor, las constelaciones.

-¡Ah, le he pillao! ¿Y quién las ha puesto ahí?

Nadie.

-¿Cómo que nadie? Alguien habrá tenido que colocarlas.

¡Que no, hombre, que no me convence!

Hay quien hace el bien y quien hace el mal.

Y eso debe venir de algún sitio. De los hombres.

-De los hombres no, los hombres no somos tan listos, no.

Voy a descansar.

Mañana seguimos buscando a mi madre, ¿de acuerdo?

-Muy bien. Bueno...

Supongo que Mariana y Margarita ya estarán dormidas, ¿no?

-¡Ya lo ha mentao usted, ya lo ha lamentao!

¿Qué pasa?

(SUSPIRA) -Que tengo que hacer algo.

Que tengo que... se lo juro.

Buenas noches, Sátur. -Buenas noches.

-¡Cipri, que aquí nos va a ver todo el barrio!

¡Mira que estar escondiéndonos como dos polluelos!

-Ya sabes que no puedo irme a dormir sin verte.

-Ya. Pero es que vamos a coger una pulmonía.

-¿Qué tal tu día?

-Bien. Trabajando.

¿Y el tuyo?

-Bien. En la posada.

-Toma. Seguro que no has comido na decente en todo el día.

-Gracias.

-¡No, Cipri, que aquí nos pueden ver!

Buenas noches.

-Buenas noches.

-Perdone.

Perdone, señor.

¿Podría darme un poco de comida?

-No, no tengo nada. -Por favor,

llevo dos días sin comer.

-Lo siento.

-Está bien. No se preocupe, lo entiendo.

-Espere.

Tome.

Total... a mí ya se me ha cerrado el estómago.

(RECUERDA) -¿Qué tienes el estómago cerrado?

-Sí, padre, no te rías.

Los enamorados no necesitamos comer.

-¿Así que estás enamorada?

¿Y se puede saber quién es el afortunado?

-Es un secreto.

-Un secreto.

Mira, si te comes la mitad, yo te contaré otro.

Un secreto muy importante que tiene nuestra familia.

-¿Y cuál es?

-¿Una cruz?

-Deberás llevarla siempre contigo.

Escucha, si tienes edad para enamorarte,

también la tienes para conocer nuestro secreto.

Es muy serio, Laura, es una gran responsabilidad.

Desde hace cientos de años, nuestra familia

es la encargada de custodiar un bien muy preciado.

Y ahora, escúchame atentamente.

Cuando te encuentres en apuros,

ve a los pilares del puente de Breñas, junto al río.

Hallarás una marca.

Bajo la piedra, encontrarás nuestro tesoro.

Hoy recorreremos esta zona. -¡Pare, pare!

Si usted no para quieto buscándola y ella tampoco,

ya me dirá cómo se encuentran.

Debo ir a los lugares donde me llevó.

-La Hacienda Real está cada día más endeudada.

Pronto la bancarrota será inevitable.

-No voy a tolerar que un grupo de indígenas

pongan en jaque a mi reino.

-Me llamo Anauak.

-Pienso abandonar esta habitación

hasta que esa indígena salga de este palacio.

¿Y si mi madre cogió el cáliz? ¿Y si fuera la llave?

-Quiero que reciban un castigo ejemplar.

Cavan buscando el Santo Grial.

-Cipri, no podemos seguir haciéndole esto.

No sé en qué estábamos pensando.

Las mejores cortesanas terminan siendo las mejores "madames".

Te vamos a ayudar a escapar.

Registrad a todos. Al que se resista matadlo.

-¡Amo, diga algo, por Dios!

Águila Roja - T4 - Capítulo 42

31 oct 2011

Águila Roja y Satur investigan la desaparición de varias mujeres embarazadas. Tras salvar de la ejecución al marido de una de ellas, éste les cuenta que su esposa estaba poseída y que se la ha llevado el demonio. Satur, aterrorizado, quiere dejar el caso.

En casa de Gonzalo, la presencia de Mariana sigue causando problemas. Mariana (Mónica Cruz) y Margarita están condenadas a entenderse ya que tienen que compartir la alcoba. El hecho de que la pirata duerma completamente desnuda agrava la situación.

Mientras, Nuño, dirigido y animado por el Comisario, asiste a una recepción con el Rey antes de su ingreso en el Ejército. Lucrecia se enfrenta mal al hecho de que su hijo ya es un hombre y debe partir de su lado. El temor a quedarse sola le lleva a visitar un sucio fumadero en el que comienza a consumir opio.

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Añadir comentario ↓

  1. Rocio

    No puedo ver los capítulos, cuando le doy al play pasa un segundo y se acaba :S Alguien sabe por qué? Gracias!

    23 jul 2015
  2. elenita

    a ver todos los que dicen que esta la serie en contra de la iglesia me gustaria recordarles a agustin por ejemplo, y ademas que recuerden que la iglesia no ha sido precisamente un pozo de santidad asi que menos teorias conspiratorias por favor

    27 jul 2013
  3. Claudia

    Jaja, de acuerdo totalmente con Laura, parece que las mujeres del siglo de Oro se tirasen el día metidas en la bañera mostrando el culo al personal. Otra cosa que yo agradecería es ver un personaje tipo cura, fraile o monja que no sea manipulador, fanático, asesino, hipócrita, violador o infanticida. ¡El tufillo progre-anticlerical es demasiado obvio! Que de todo había y hay en botica ya lo sabemos: pero DE TODO, no es sólo de lo malo. Ah, me equivoco, algún fraile o cura majo sale, pero se los cargan a los dos minutos, normalmente por orden del obispo, jaja. Por cierto, me encanta la señora que hace de la madre.

    02 feb 2012
  4. Laura

    Pido por favor a los guionistas de la seriee, que halla más desnudos de chicos!!! que solo vemos a las chicas desnudas!!! y también hay publico femenino que quiere ver a los chicos!

    01 dic 2011
  5. pizia

    sisi que le roban el vestido y es la parte de debajo jaja pero si ese vestido ya lo habia llevado en otra ceremonia (el negro9 no es ningun tipo de ropa interior. la serie esta cojonuda seria una pena que acabara hay momentos que te situa en otras putas epocas viendo al tio este con el caballico blanco impresionante que logran no sacar ningun cable electrico jeje yo de la historia no me entero tampoco le presto antencion no es de mi agrado podria ser mas historica pero la ambientacion esta bien lograda y de vez en cuando aparece algun pibon curioso pa la proxima temporada marilo y anne igartiburu jeje

    22 nov 2011
  6. coralita Aguila Roja¿

    sasoia, ¿porque dices que alonso deberia tener 10 años? eso paso hace ya unas cuantas temporadas, ademas el actor (guillermo campra) tiene ya unos 14 mas o menos la edad que deberia tener creo que en la segunda temporada se menciono algo de que tenia 12 años no estoy muy segura. Un beso aguilarojeros y ¡viva Aguila roja!

    14 nov 2011
  7. Carlos

    La bata de la marquesa tiene etiqueta!! Pequeño fallo de producción

    14 nov 2011
  8. LUCIA

    CHIC@S EL CAPITULO DEL LUNES PASADO NO LO VAN A PONER, POR QUE NO LO HECHARO, HECHARON LO DEL DEBATE DE RUBALCABA Y RAJOYY... ESPERO AYUDAROS UN SALUDO

    13 nov 2011
  9. Sagittarius

    Soy ucraniana. Estoy enamorada de ese serial. Cracias a todos los creadores y reparto espléndido tenemos la posibilidad disfrutar con eso. Una vez más Gracias!:)

    11 nov 2011
  10. FRANCISCA de FRANCIA

    Alguien me puede decir por favor ,porque no se puede ver el capitulo del lunes pasado, poque no lo han puesto en iternet?

    09 nov 2011