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No recomendado para menores de 12 años  Águila Roja - T4 - Capítulo 41 - Empiezan a desaparecer niños de varios orfanatos de la villa - Ver ahora reproducir video 01h 26 min
Transcripción completa

Oh...

-Hace 400 años,

el rey de Francia mandó aniquilar a todos los templarios.

Ocho vírgenes custodian el cáliz sagrado.

Es Semana Santa, eminencia,

no deberíamos robarlas en esas fechas.

-No consentiré que nada ni nadie se interponga en mi camino.

Se acabó.

-Meses intentando averiguar quién era su madre,

y cuando sabemos que está viva...

¿Cuántas mujeres de esa edad hay en el reino?

Cientos. -Sin ánimo de ofender,

no creo que sobrevuele los tejados.

¡Ah...! Amo.

Eso no es ella.

¡Hum...!

No ha estado tan mal para ser tan primeriza.

Lo siento, olvidé que no eres tan primeriza.

-¿Qué te pasa?

-Que me puse el anillo de Margarita y no me sale para afuera.

-Oh... -Oh.

¿No me digas que te lo tragaste la alianza porque me da algo?

-Han robado las vírgenes de las iglesias

Ya sé lo que buscan,

el cáliz de la última cena.

Ya te queda poco.

-Buag... Como se entere que tengo nauseas...

-¿Desde cuándo un comisario no es capaz

de ocuparse de dos asuntos al mismo tiempo?

-Juan y Eugenia.

-Me encuentro muy mal, lo que me diste no me sentó bien.

¿Qué le diste esto? -Jengibre.

Esto no es jengibre,

es adelfa seca.

-¿Cuándo partís para Mongolia? No podéis llevarme.

Esperad, no podéis dejarme aquí.

Podría ser peligroso para el bebé. -¿Peligroso?

Más peligroso es que le siga subiendo la fiebre.

-Deberíamos irnos lejos de aquí, empezar una nueva vida.

Disparo.

-Eh... -Oh...

Disparos.

-El culpable soy yo. Héroes hay muy pocos.

Voy a ser un cobarde como tú.

-No puedo perder más tiempo,

y el Grial es la única baza...

Oh...

-¿Cuándo piensa decirle la verdad sobre usted?

Nunca.

-No pienso robar a un muerto.

-Este.

-¿Qué hace el niño del panadero?

-Estoy trabajando. -Si esa era gorda...

esta otra...

Alonso.

Las vírgenes ocultan la clave para encontrarlo.

-La procesión pasa por nuestra calle.

Esa gente corre peligro.

-Oh...

-Es el asesino del padre Julián.

(TODOS GRITAN) ¡Oh...!

-¡Oh...!

-Qué misión tan bonita.

Mariana. -Amo a otra mujer.

-¿A otra mujer, todavía piensas en esa plebeya?

¿Qué harás, casarte con las dos?

-Padre, ¡Padre...!

Espera.

¡No...!

-Hum...

-¿Quién es? -Vamos, los niños al suelo.

-¿Quién es? -No...

-¿Quién es, qué pasa?

-Socorro.

-Oh...

-No sabía donde ir.

No tenía qué comer ni donde dormir,

y estoy muy cansada.

No te preocupes, has hecho bien.

-El cardenal Mendoza me va a buscar.

Si me encuentra me matará.

Que te va a buscar, de eso no hay duda,

pero lo hará en los caminos que salen de la villa,

si te escapaste nunca pensará que lo hicieras para quedarte,

tan cerca de él.

-¿Tú crees?

Sí.

Además,

no puedes irte,

si Richard vuelve a buscarte vendrá a la villa,

el último lugar donde te vio.

-Dicen que naufragó, Gonzalo.

Él me dijo que volvería a buscarme, pero...

Eh... es Richard Blake,

volverá.

¿Cuántas veces lo han dado por muerto, eh?

Y al final, siempre vuelve.

No te preocupes.

Necesitas descansar, te quedarás aquí.

-No, Gonzalo.

Bastante haces con dejar que me quede aquí,

no te quitare la cama.

No, en mis años en Asia, dormía en el suelo, estoy preparado,

no te preocupes.

-No, de verdad,

yo me apaño en cualquier sitio.

Mariana, no me obligues a meterte en la cama a la fuerza.

Dame.

-No sé si podrías.

Está bien, está bien...

-Ay... ¡Gonzalo!

El padre de Juan ha muerto.

-¿Qué pasa?

Vamos al pasillo, venga.

Vamos. (TOMA AIRE) Perdón...

(SOLLOZA)

-Le he matado. No, no digas eso,

has hecho lo que pudiste.

Le he matado... (CHISTA)

-Margarita.

Margarita, cielo, vente aquí.

-Le he dicho toda la verdad, por eso ha muerto.

Esto me lo he buscado todo yo solo.

-No se haga cruces, doctor,

algunas cosas sólo dependen de la voluntad del Señor.

-Me iré unos días con mi familia,

y a mi regreso, haré todo lo que tengo que hacer,

no te preocupes.

Está bien.

-Vaya noche cerrada,

hace un frío que pela.

Suerte la suya,

que tiene quien le caliente la cama.

Mariana y yo no compartimos cama.

-No, si no me tiene que dar ninguna explicación ni nada,

eso sí, la próxima vez avíseme para no pillarles en plena función,

que además de escudero, para estas cosas puedo ser su escudo.

Vamos a ver, está en peligro y ha venido a casa, nada más,

y no...

no estábamos haciendo nada.

-Pues perdóneme, pero no lo parecía,

ahora, si usted lo niega, yo le creo a pies puntillas.

Pobrecillo el crío, la carilla que se le quedó cuando le vio.

¿Y la Pirata esta se quedará muchos días en casa?

Los que hagan falta,

necesita nuestra ayuda.

-Es que es un no parar, amo.

Hasta los asuntos que parecían zanjados, vuelven otra vez,

y así no avanzamos, es que no avanzamos,

no puede ser... ¿Pero qué...?

-Una monja. (RESPIRA CON DIFICULTAD)

Está herida, hermana, ¿hermana, qué ha pasado?

-Se los han llevado,

se han llevado a los niños.

-¿Qué niños, amo?

Los del hospicio de las dominicas.

Oh...

Eres un muerto de hambre.

Jamás hubieses podido comprar un caballo de raza como ese.

¿De dónde lo has sacado?

-Oh... Me lo...

Me lo dio una mujer,

a cambio de ropa de hombre,

lo juro.

Ese caballo pertenece a la marquesa de Santillana,

jamás te lo hubiese vendido.

-No, aquella mujer no era noble.

-Oh. -¡Oh...!

¿Quién te lo ha vendido?

-No sé,

era mujer, pelo largo y oscuro,

pero montaba como un hombre.

Parecía un militar o un guardia.

Mariana...

-Pero entonces...

Señor, si la Pirata ha escapado, ¿quién va en ese baúl?

Encuentra ese baúl sin que nadie sepa que lo buscas,

o lo pagarás con tu vida. -Sí, señor.

Ah...

(LLORA)

(GRITA)

¡No!

(JADEA)

Dios mío. Dios mío.

Ah...

(JADEA)

(JADEA)

Vamos... (JADEA)

Ah... ah... ah...

(JADEA)

Oh... ah... oh...

(JADEA) Oh... ah...

Oh... ah...

Ah..

(ESCUPE)

(RESPIRA A TRAVÉS DEL TUBO)

-¿Ocupado con vuestros estudios de anatomía, comisario?

¿Qué ocurre, eminencia?

Es tarde para venir a hacer una visita de cortesía.

-Necesito que vuestros hombres acoten la Pradera de San Jorge.

¿Puedo preguntar a qué se debe ese súbito interés por esa zona?

-Es el lugar... señalado por las 8 claves

que encontramos en el interior de las vírgenes.

(LEE) Los ojos de las madres vigilan la sangre

del hijo en las profundidades del santo guerrero.

Como sin duda sabéis, San Jorge es el patrón

de todos vosotros, los hombres de armas.

El Santo Grial se encuentra escondido en las rutas

que hay bajo esa pradera.

¿Y cómo piensa encontrarlo?

Todo el mundo sabe que esas tierras son inestables.

Podrían venirse abajo.

-Por la mano de obra no os preocupéis.

Lo hará alguien tan pequeño, que su muerte resultará

del todo insignificante.

-Los llevaron a todos del hospicio. Vamos, no dejaron ni un solo crío.

Vamos a encontrarlos.

-Qué raro. (BUFA)

En mis tiempos, a los del orfelinato

no los quería ni Dios. (RELINCHA)

Y decirle que había noches que deseábamos que...

que alguno no amaneciese para tocar a más en el desayuno...

Las huellas que salían del orfelinato terminan aquí.

Han debido continuar por el bosque.

Vamos.

Pájaros.

-Amo, yo no sé cómo es capaz usted de distinguir las huellas.

A mí es que la vista no me da ni... ni...

ni para ver las boñigas de los caballos.

Ah.

Pues ya he pisado una. ¡Dios!

Sátur, aquí hay algo.

-Virgen santa, está lleno de sangre.

Viene alguien.

-¿Amo?

Buenas.

Nada, que estaba yo aquí buscando setas y me encontré estos caballos.

No serán suyos, ¿no?

(DESENVAINAN LAS ESPADAS)

Aunque igual aquí no se puede coger setas.

(DESENVAINA LA ESPADA)

-¡Ah! ¡Ah! ¡Ah! ¡Ah!

-¡Ah! ¡Ah!

-¡Ah! ¡Ah!

¡Ah! ¡Ah! -¡Ah!

Los huérfanos. ¿Qué hacéis con ellos?

¿Dónde están? (TOSE) Bajo tierra.

-Los han matado, amo. Los han matado.

-Eh...

Claro, si habrás estado toda la noche sin dormir.

Entre lo de tu suegro, Dios lo tenga en su gloria,

y lo de Gonzalo con esa mujer...

A Gonzalo ni me lo mientes, que eso que dijo

que no olvidaría a mi hermana, pues ya ves.

-A propósito, ¿el entierro cuándo es?

Porque tendrás que pedirle permiso aquí a Madame.

Pasado mañana, pero no voy a ir.

-¿Cómo que no vas a ir? Hombre, que si vas a ir.

La primera, que para eso eres la prometida del hijo.

¿Sí? Juan no me ha dicho nada. -Es que no tiene que decírtelo.

Es que es natural que vayas, son cosas de familia,

y tú ya eres casi de la familia. ¿De la familia?

Pues díselo a mi suegra, que desde que me vio,

no para de hacerse cruces. -Pues por eso,

para que vea la mujer que eres de ley,

y que en los momentos difíciles estás ahí apoyándola.

Visto así... -Hombre.

Y estarán todos los amigos de Juan.

Condes, duques, archiduques... Estará hasta la nobleza,

que le estás haciendo el vestido. Eugenia de Molina.

-¿No vas a estar tú, que eres la prometida?

(SUSPIRA)

¿Pues sabes qué te digo? Que sí, que voy a ir. Ya está.

-Hombre, por supuesto. Claro que sí.

Que vea Juan que te tiene ahí a su lado, cuando te necesita.

Pon eso bien. (SUSPIRA) ¿Qué?

-La servilleta.

Pasos.

Buenos días, señorito.

Con su permiso.

(JADEA)

Golpe.

¡Comisario!

¿Te ha dicho el hombre ese dónde está mi madre?

Lo he interrogado. Tu madre le vendió el caballo.

-¿Su caballo?

No. Mi madre nunca vendería su caballo favorito.

¿Qué le ha pasado, comisario?

No sé dónde está.

Está muerta.

(LLORA)

La encontraré.

(LLORA)

Te juro que la encontraré.

Murmullos.

Venga, chicos, a clase.

Chicos, esperad fuera.

Alonso, tú no. Quiero hablar contigo.

¿Sabes que eso lo hizo tu madre, no?

-Porque yo todavía me acuerdo de ella. ¿Y tú?

Cada día. -¡Mentira, padre!

¡Anoche estabas en la cama con esa mujer!

¿Ahí también te estabas acordando de madre?

Mira, hijo, lo de anoche... ¡Alonso!

¡Alonso!

Murmullos.

-¿Por qué no le dice la verdad? El chiquillo lo está pasando fatal.

¿Qué quieres que le diga, que Mariana es la mujer

de un pirata, y que la buscan para matarla?

-Hombre, visto así... Porque su hijo es inquisitivo,

y con perdón cabezón, eh, cosa fina.

No se lo creería. En el punto en el que está,

no se creería nada de lo que le diga ya.

-¿Y cuándo piensa decirle que la Pirata se queda en casa?

Porque ya arde Roma. Hoy.

Cuando estemos todos juntos.

Ayer por la noche no era el mejor momento, Sátur.

(SUSPIRA)

¿Los has mirado?

-Sí, pero como no sé lo que buscas...

¿Quién está matando a esas pobres criaturas?

Lo está haciendo en secreto.

¿Va a ponerlo ahí para que se entere todo el mundo?

Es muy raro que saquen a los niños del hospicio para matarlos.

Podrían hacerlo allí mismo. Necesito encontrar algo que...

que nos lleve donde lo entierran. Eso quizá me dé alguna pista.

-Sí, eso es. Eso es. Muy bien, amo.

Porque si usted me centra la búsqueda, pues...

ya puedo ayudarle. (RÍE)

(SUSPIRA)

Sátur, sigue tú. Voy a hablar con Alonso antes de empezar la clase.

-Usted vaya tranquilo.

Que antes de maestro y de héroe, usted es padre.

Ya me encargo yo del desaguisado.

Gracias.

(MURMURA)

(LEE DESPACIO) El conde

de Masela

busca su hijo

ilegítimo.

Se trata

de un varón

de treinta y seis años...

al que

nunca cono... ció.

¡Esto de ponerme ropa ajena

y encima de la marquesa... como que no!

-Pero vamos a ver, mujer, si no va enterar, no está.

Además, este traje es mu propio.

Que lo llevo la señora en el entierro del duque de Lerma.

Pues yo no sé quién se fija en la ropa en un entierro.

-Pues mismamente tu suegra.

Eres la prometida de un grande de las Españas.

¿Quieres ir pareciendo una criada, ilustre pero criada?

Pues ni ilustre ni criada. ¿Tú has visto qué escote?

-Bueno, mujer, ya sabemos que la señora es un poco más alta

y lo que a ella le llega al cuello a ti al empeine.

Catalina.

-La señora... es mu marquesa, aunque vaya de entierro.

(RÍE)

Llaman a la puerta.

¿Sí? Adelante.

Juan.

-Me habían dicho que estabas aquí.

-Sí, pasa, yo ya me iba.

Me estaba probando el vestido para el entierro.

¿Cómo estás?

-No sé si es buena idea.

Yo me voy a mi palacio ya y...

Bueno, pues cojo las cosas en casa y me voy contigo.

-Margarita...

¿Qué pasa?

-Prefiero que no vengas al entierro.

Creo que es mejor que pase yo por este trance solo.

Pero, mi amor, yo quiero estar contigo.

-No estoy bien y no quiero que tú lo pases mal.

Ahora mismo no soy la mejor compañía.

Bueno, Juan, pero...

Pero voy a ser tu mujer.

¡Y ahora, más que nunca, quiero estar contigo!

Debo estar contigo.

¡Déjame ayudarte!

-¡No quiero que vengas!

Perdóname, no quería decir eso,

es simplemente que creo que es lo mejor para los dos.

-Las hermanas te van a cuidar muy bien, hijo.

¡Has sido lo mejor que me ha pasado!

Toma.

Era de tu padre.

La mujer tose.

Cada vez que lo mires, recuerda que yo

te estaré cuidando desde el cielo.

¡Te quiero, hijo!

La mujer tose.

Sátur, uno de los pliegues le falta un trozo de hoja,

¿te lo han dado así?

(A SÁTUR SE LE CAE ALGO AL SUELO) Sátur.

-Lo siento.

Espero que no lo haya escuchado la Pirata.

No. Te preguntaba si sabes qué le ha pasado a este papel.

-No...

No, ni idea.

Lo habrá cogido alguien pa...

Ya sabe que el papel es un bien escaso.

Pues espero que no hubiera nada importante.

-Amo...

¿Usted ha pensado alguna vez en cómo será su padre?

La verdad es que no.

Llevo tanto tiempo pensando en quién será

que nunca había pensado en cómo será.

-Ya, claro.

¿Y ha pensado... qué le diría si lo viese?

Quiero decir, que esto no se puede

despachar con un "encantado de conocerle", no.

Es su padre, o sea... no es alguien a quien acaba de conocer.

¿Usted qué le diría?

Sátur, no lo sé.

Además, ¿a qué viene ahora tanta preocupación por mi padre?

Lo único que sé seguro de mi familia es que mi madre vive.

-Bueno, quien dice padre, pues dice madre.

El género está sobrevalorado.

¡Sátur, mira aquí!

Los campesinos se quejan de que cada vez tienen menos tierra.

Y ahora los acaban de echar de la pradera de San Jorge.

Y la pradera de San Jorge

es una de las zonas señaladas por la cruz de los Templarios.

Siguen buscando El Grial.

-¡Yo es que no entiendo na!

¿Qué tienen que ver ahora los pobres huérfanos con El Grial?

¡Tenía que haberme dado cuenta! -¿Pero cuenta de qué?

Si nos dijo que estaban muertos. ¡No!

Nos dijo que estaban bajo tierra, no que estuvieran muertos.

Los tienen buscando el cáliz.

(TOSE)

-¡Chis!

¡Vuelve a entrar!

-Se ha muerto.

-¡Chis!

¡Tú, a trabajar!

-¡Tengo sed!

¡Tengo sed!

-Te he dicho que vuelvas ahí dentro.

Tienes que seguir buscando.

-¡Por favor, no se ve nada! ¡No puedo respirar!

Gritos de los hombres.

¿Estás bien?

No tengas miedo. Escucha, ¿dónde están los otros niños?

-Toma, Marta, pa la una tiene que estar hecho.

-Ya. ¿Y cómo la mato?

-¿Cómo lo vas a matar? ¡Como los pollos!

¡Gente absurda, no sabe cómo matar un pato!

¡Tengo unas ganas de que llegue la marquesa, esto es un sindiós!

Ya le he dejado el vestido en su alcoba a la señora.

-Mujer, tú no se lo tomes a mal, que Juan es...

¡Pues como son los hombres, to pa dentro!

¡Te he dicho fino!

¡Fino es fino! ¡Fino, fino, fino, fino, fino, fino!

Tú, ahora te vas a tu casa y descansas.

Que has pasado una nochecica toledana.

La verdad es que no tengo ganas, Catalina.

Lo último que necesito es llegar y encontrar a esa con Gonzalo

-Y vaya ser que los pille ahí en medio... del meneo.

Y yo que me pensaba que Gonzalo era un monje franciscano.

Pues ha perdido la vocación y de golpe,

que ni en su hijo ha pensado; ¡teniendo al crío pared con pared!

-¿Cómo es la muchacha, es de la villa, la conoció fuera?

¡Pues ni lo sé ni me importa!

Lo único que me importa ahora es que Alonso esté bien con ella.

Porque rara es un rato. ¡Y encima viste de hombre!

-¿Viste de hombre? ¡Dios santo y bendito!

Grito.

¿Qué pasa ahora?

-Lo siento, es que se me escurrió y se ha metido por la chimenea.

-¡Pero, Marta de Dios!, ¿tú sabes lo que vale un pato?

Seguid buscando el baúl.

Ahí dentro no va cualquiera, ¿me oyes?

Estamos hablando de la marquesa de Santillana.

Registrad el Hayedo de Montejo, yo rastrearé el Cardoso.

-Sí, señor.

Comisario, si la marquesa no ha aparecido ya, probablemente...

¡Cumplid mis órdenes!

-Sí, señor.

Una puerta se abre.

¡Ah! ¡No tengo nada! ¡No tengo ni un solo maravedí, se lo juro!

¿Qué haces?

-Lo siento. Creía que eras una ladrona.

Pues ya ves, yo pensaba que la ladrona eras tú.

¿Qué pasa? -Nada. Una confusión.

¡Alonso, espera!

Quédate. Quiero deciros algo importante.

Bueno, pues...

Aprovechando que estamos todos

quiero deciros que Claudia se va a quedar un tiempo a vivir.

-¿Qué? No, padre... ¿dónde va a dormir?

Alonso. Sabemos todos dónde va a dormir.

Claudia va a dormir contigo, Margarita.

Si te parece bien. ¿Conmigo?

No, no me importa. -Ah, ¿que no vas a hacer nada?

¿Vas a dejar que se quede aquí? Alonso.

-¿Os habéis olvidado de madre? No.

Alonso, no es...

Alonso. ¡Alonso, hijo, ven aquí, ven aquí!

-Gonzalo, no es buena idea que me quede aquí.

No pasa nada, de verdad. Tranquila.

-¿Pero, amo, usted ha meditado bien lo de ponerla con su cuñada?

Sí.

-¡Pero que eso es juntar a un moro con un cristiano,

que los dos se dan por el...!

Tranquilo. Ya verás como al final se llevan bien.

-¿Pero usted dónde está?

¿Es que no se da cuenta cómo lo mima su cuñada?

Sólo se preocupa por Alonso. -¡No, amo, no,

que eso no es mirar de madre!

¡Eso es mirar de gata!

Si las dos cuchillos tuvieran...

Sátur suspira.

Y ahora que he hablado yo de madre,

que le he estado dando vueltas

a la conversación que tuvimos en la guarida...

¿Y si tuviera usted resuelto el quién?

¿Quién de qué? -De sus padres.

Sátur, ¿otra vez mi padre? ¿Qué pasa?

¿Estás bien? -Sí...

No, que era un suponer que...

Supongamos que la vida le planta

una respuesta a algo que usted no ha preguntado, ¿qué haría?

Pues aprovecharlo.

Encontrar respuestas no se plantee a menudo.

-¡Pero es que usted no ha preguntado!

¡Usted, es algo que daba ya por zanjado!

¿Pa qué poner la vida patas arriba con tanta pregunta y menesteres?

Sátur, siempre es mejor conocer que no conocer, ¡siempre!

¿Seguro que estás bien? -Sí, no... claro.

Vaya a atender a la nueva inquilina que se ha quedao un poco mustia.

¿Conocer...?

¿O no conocer?

Trote.

-¡So!

-¡Una limosna, por favor! -¡Fuera!

-Señor.

-¡Aparta, mendigo!

¿Está todo preparado para el viaje a Roma?

-Sí, señor. Partimos mañana temprano.

(LLORA)

(EMPIEZA A RESPIRAR CON DIFICULTAD)

(EMPIEZA A ASFIXIARSE)

(LLORA)

¡Perdóname!

¡Señora, perdóname, que la he matado!

¡Señora, señora...!

-¿Tú también crees que le ha pasado algo malo?

-¡Señorito!

¡Señor...!

¡Déjame ver a mi madre tan sólo una última vez!

¡Esté como esté, por favor!

¡Por favor!

Campanadas.

¿Me ha mandado llamar, eminencia?

-¿Seguís siendo vos el comisario de la villa?

Lo digo porque, al parecer, el héroe ese del pueblo

ha liberado a los huérfanos.

¿Qué cosa tan importante ha hecho

que os desviéis de vuestro objetivo?

Lo siento, eminencia. ¿Cuáles son sus órdenes?

-Marchaos.

¿No quiere que siga...? -He dicho que os marchéis.

¿Vais a seguir buscando el Santo Grial

con el Águila Roja al acecho?

-Eso ahora mismo no es un asunto de vuestra incumbencia.

(SUSPIRA)

¿Y si le digo que sé cómo encontrar

el Santo Grial antes de lo previsto?

Hablad.

Extenderemos el rumor de que hay un tesoro en la villa.

La gente se lanzará a buscarlo. El Águila Roja no podrá detenerlos.

El héroe del pueblo no puede ir contra el pueblo.

En un par de días tendremos el Santo Grial.

-Proceded.

Eminencia.

-¿Qué pasa, que hay tanto jaleo?

-Están buscando un tesoro enterrado en la zona de San Jorge.

-Oh... -Tranquila, mujer,

si por aquí no pasa nadie hasta la romería de San Jorge.

¡El baúl!

-Ya no sé dónde meterme.

Gonzalo, me estoy volviendo loca.

Yo no estoy acostumbrada a estar encerrada.

A veces, yo también echo de menos el mar.

-Es que tengo la sensación

de haber salido de una cárcel para meterme en otra.

Bueno, pero has salido ganando con el carcelero.

Yo soy más simpático que el cardenal, ¿o no?

Venga.

¿Me dejáis pasar?

Margarita. Voy a tender esto,

podéis seguir a lo vuestro.

-Dame. Ya lo hago yo.

No, no hace falta.

Llaman a la puerta.

Será Eugenia de Molina, que viene a probarse el vestido de novia.

-¿Margarita Hernando? Sí, soy yo.

-De Eugenia de Molina. Gracias.

No puede venir,

debe acudir al entierro del duque de Velasco y Fonseca,

el padre de Juan.

Margarita.

¿Y tú? ¿También vas?

No. Juan no quiere.

Últimamente los hombres lo decidís todo sin pensar en los demás.

Margarita, Margarita...

Sé que la situación en casa no es fácil, ¡pero échame una mano!

Has metido a una mujer en casa, Gonzalo.

Y Alonso la conoció metida en tu cama.

Lo has hecho todo al revés, ¿no te parece?

Catalina llora. -¿Pero, Catalina...?

Tranquila, que es sólo una copa.

Y la marquesa tiene tantas que ni se va a dar cuenta.

-¡Deja, no me ayudes!

Que la he roto y yo la recojo. ¡Así es la vida!

Catalina llora con amargura.

Catalina, que le den de comer a mi caballo

y que también le revisen las herraduras.

-Sí, señor.

Señor... Déjame solo.

-Señor comisario. ¡Calla!

Necesito pensar.

-¡La he matado yo!

¡La he matado yo!

¿Qué estás diciendo, Catalina?

-¡Yo he matado a la marquesa! ¡Lo siento!

¿Dónde está Lucrecia?

¿Dónde está Lucrecia, Catalina?

Sátur, fíjate en esto.

Todas las representaciones del Santo Grial

le otorgan al cáliz un valor incalculable.

Quien lo encuentre pasará a la historia.

-Pues espero que quien lo haga sea buena gente

y no un hijoputa de esos que anda suelto.

Y no lo digo por los que somos hijos de puta de familia, no,

sino por los otros. Sátur, ¿qué te ha pasado?

-¡Ay, amo, amo...!

La vida, que es muy juguetona cuando se pone.

Mire que llevamos tiempo buscando a su familia y...

Así, de buenas a primeras,

he ido a encontrar a mi padre de purita casualidad.

¿Has encontrado a tu padre?

-Este pañuelo era de mi madre.

Y el hijo bastardo que menciona el pliego soy yo.

Vamos a ver,

¿estás seguro?

-¿Qué pasa, que sólo usted puede ser de la alta alcurnia?

Pues se equivoca.

Si no, piense de dónde suelen ir los nobles a buscar

los que sus santas esposas no les dan.

¿Y qué vas a hacer? -¡Vengarme!

¡Voy a demostrarle a ese...

a ese conde, que no se puede echar la miradita sin reparar en...

la jodía vida que deja a los bastardos y a sus madres!

Tranquilo, estás muy alterado. -¡Y más que tenía que estar!

¡Nos abandonó a mí y mi madre cuando estaba tan enferma,

que ya ni los clientes se acercaban!

¡Y ahora quiere limpiar su sucia conciencia

haciéndome carantoñas pa que le perdone!

Lo único que vas a conseguir es remover todo el daño.

La venganza no es el camino. -No, amo, no.

No, no, no me hable usted de venganza, no.

Desde que le conozco, se ha vengado de los que mataron a su mujer.

Perdóneme, que con esto no quiero juzgarle.

Que yo también sé que, a veces, es la única manera.

Siento decirte esto pero...

Estás cometiendo un error. -¿Y qué más da?

¿Qué más da? Es lo que se espera de desgraciados como yo, ¿no?

Que la caguemos una y otra vez y que no aprendamos nunca.

¿Y lo a gustito que me voy a quedar después?

Nada de lo que hagas va a borrar lo que os hizo, ¡nada!

-Voy a presentarme como...

Como el rico y perfecto heredero.

Voy a hacer que se encariñe conmigo.

Y cuando piense que alguien le va a recordar,

¡le voy a dejar tirao como a un perro!

Eso es lo que voy a hacer.

¿Pero no te das cuenta que no va funcionar?

¡No tienes el dinero para hacer esto!

No puedes presentarte ahí y hacerte pasar por rico, sin más.

-Usted no me conoce tan bien.

Tengo mis recursos.

(SUSPIRA)

Catalina llora. ¡Más rápido!

¡Vamos! -¡Señor, yo no sabía que mi señora

estaba en ese baúl! ¡Lo siento mucho, perdone!

¡Estaba ahí!

¡Estaba ahí, se lo juro!

¡Estaba ahí! ¿Dónde está?

-Yo no sé lo que ha pasado.

¡le juro que lo enterramos ahí!

¿Lo enterrasteis quiénes, tú y quién más?

-No, yo sola. Ese baúl pesa demasiado.

No podría moverlo una mujer sola.

-¡Lo traje en un carro!

¡Yo sola, señor...!

-Señor, quizá le ayudó su marido.

Ese hace tiempo que se fue a las Américas. ¿Quién te ha ayudó

o tiene un amante que ocupa el lugar de tu marido?

-¡No, señor, yo sola!

Vas a hablar. ¡Te aseguro que vas a hablar!

¡Llevadla a la villa! -¡No, no...!

¡Que yo no sé nada, señor!

¡Se lo juro, lo siento!

¡No sé nada! ¡Nada...!

-Bueno, ¿qué, vas o no vas?

-No voy.

-Entro yo.

-Un escudo de oro es el mínimo.

-¿Un escudo de oro?

Pensé que se podría entrar con menos.

Tengo...

Tengo mis zapatos.

-Aire, que se enfría la silla.

-Me ofrezco yo.

Risas.

Igual les parezco poca cosa,

pero lo que tengo de terco lo tengo de entregado.

-Tengo muchos lacayos ya. ¡Fuera!

-Es que creo que no me está entendiendo bien.

Yo no le estoy ofreciendo un lacayo cualquiera.

Un lacayo no daría la vida por su amo.

Ni su libertad.

Seré su esclavo.

-¡Yo no he hecho nada!

Y tu madre nos va a demostrar cuánto te quiere.

-¡No, por Dios, mi hijo!

¿Sabes cuánto se tarda en partirle la espalda?

-¡Por favor! ¡Hijo, no...! ¡No!

¿Quién te ayudó a mover ese baúl?

-¡No...!

¡Hernán!

¡Comisario, es sólo un niño!

Suéltelo. Tú no te metas en esto, maestro.

-¡Comisario, por favor!

¡Mi hijo! ¿Con quién lo hiciste?

-¡Mi hijo, por favor...!

¡Por favor! -Conmigo, señor comisario.

Yo sé dónde está ese baúl.

¿Dónde está, qué has hecho con ella?

¿Dónde? La marquesa está dentro de ese baúl.

Si muere, pagarás con tu vida.

Corriente de agua.

-Carta.

Media de la figura, un cinco y un tres.

-Ocho y medio, te has pasado.

-¡Una partida más!

¡Por favor, necesito ese dinero!

-Es tan importante saber ganar como saber plantarse.

Además, ¿qué vas a apostar ya? Ni tu vida te pertenece, ¡esclavo!

Tengo una casa.

Está cerca de la iglesia de San Felipe; tiene patio...

Tiene cuadra. -Eso es otra cosa.

Corta.

-Carta.

-Me planto.

Vamos, ¿qué, qué dices?

-Carta.

¡No puede ser!

¡Socorro!

(GRITANDO) ¡Eh, eh!

¡Socorro! ¡Ayuda!

-¿Qué he hecho? ¿Qué he hecho?

¿Qué he hecho, Dios mío? ¿Qué he hecho? ¿Qué he hecho?

¿Qué he hecho? -¿Qué has hecho?

-¿Adónde vas?

-En la calle dicen que hay un tesoro enterrado en la villa.

Si lo encuentro, me voy de casa y que padre...

-De casa nos vamos a ir todos.

-¿Cómo?

Alonsillo, no te engañes,

los tesoros no existen pa la gente honrada.

-Pues está todo el mundo en la pradera de San Jorge.

-¡Pobres desgraciaos! ¿De dónde va a salir un tesoro ahora?

-Dicen que es un antiguo tesoro de la iglesia.

Que quien lo encuentre se lo queda.

Las representaciones del Sto. Grial le otorgan un valor incalculable.

Quien lo encuentre, pasará a la historia.

-Si soy yo, me haré rico y me voy de esta casa.

-Espera, espera, espera. -¿Qué, Sátur?

-¿Un tesoro de la Iglesia? -Sí.

-¿Pues sabes qué te digo?

Que yo voy a encontrar ese tesoro como hay Dios.

-Venga, vamos.

-¿Qué haces? -No, que tú te quedas.

-No, yo también quiero el tesoro. -¡Que no!

-¡Quita...! -¿Qué haces?

-¡Que te quedas aquí y punto!

Quédate.

-Alonso, ¿sabes si queda algo de tocino?

-Sí.

Pero si te lo acabas tú, luego no quedará para los demás.

-Da igual. Quédatelo tú.

Llaman a la puerta.

-¿Vive aquí Saturno García?

-Sí, pero se acaba de ir.

Eh, ¿qué hace? ¡Señor!

¿Qué hace?

-Vengo a ver mi nueva casa.

-¿Qué casa?

-La que ha perdido ese desgraciado jugando a las cartas.

-¿Qué?

¡Socorro!

¡Socorro! ¡Ayuda!

(SE QUEJA)

Quejidos.

-Allí...

Allí lo dejé, señor comisario.

En la orilla.

Lo dejé ahí. Estaba ahí, se lo juro, señor comisario.

Quejidos.

¡Lucrecia!

¡Lucrecia!

(RELINCHA)

¡Ven aquí!

¡Lucrecia, Lucrecia...!

-¡Dios mío, ayúdame!

¡Esta familia no se lo merece!

¡Tengo que encontrarlo,

aunque... me quede con muñones!

Golpe.

(SUSURRANDO) ¡Aquí está!

¡Aquí está!

Menos es na.

Alonsillo, ¿no te dije que te quedaras en casa?

-¿Qué casa, Sátur, qué casa? ¡Si nos has dejado sin ella!

-No te preocupes que lo voy a arreglar.

-¿Pero por qué lo has hecho? ¿En qué estabas pensando?

-No sé... ¡no estaba pensando en na!

¡Soy un alfeñique, un mentecato que...!

¡Que sólo piensa mal!

Que ya sabes lo que dice el dicho: "Piensa mal y actuarás peor".

Pero no te preocupes que lo voy a arreglar. Venga, tira pa casa.

-¡Eh! ¡Lo he encontrado! ¡Lo he encontrado!

-¡Ese sitio es mío! -¿Qué dices?

-¿Qué dices, loco? -¡Dámelo!

¡Es mío!

Señor... -Dámelo.

-Alonsillo, vete.

¿Podemos repartirlo?

-¡Sátur! -¡Ah!

-¡Sátur!

-Alonso, dile a tu padre que me perdone.

-¡Sátur!

¡Sátur...!

¡Sátur!

(LLORANDO) ¡Sátur!

¡Sátur!

¡Estás vivo, Sátur! ¡Estás vivo!

¡Estás vivo! -¿Estoy vivo...?

-Sí.

-¿Cómo que estoy vivo?

¡La punta de la lanza, que me ha salvado!

¡Estoy vivo, Alonsillo!

-Sí, Sátur, estás vivo.

-Aunque mejor estaría muerto.

¿Y ahora adónde va a encontrar este hombre otra guarida?

(SUSPIRA)

No, si al final, por mi culpa, van a descubrir su identidad.

¿Quién cojones me mandaría a mí querer hacer justicia?

Sátur.

¿Qué te pasa? -¡Menos mal que ha venido, amo!

¿Qué haces, por qué estás recogiendo?

-Pues que...

Que por querer vengarme de mi padre...

¡Me cago en mi alma!

Aposté su casa y la perdí.

¿Cómo que has perdido la casa?

-¡Que no sé qué me pasó, amo, que me se torció el seso!

¡Tenía usted razón, que la venganza

no era el camino pero ahora ya ve...!

Alonsillo, usted, las señoras...

¡A vivir debajo de un puente!

¡Que le he fallao, amo, perdóneme!

Vamos a ver, ¿dónde apostaste la casa?

-En la mancebía de la Jerónima.

Bien, no te preocupes.

-¿Qué va a hacer, amo? Recuperarla.

-Pero ese hombre no atiende a razones,

la casa ya es suya. No se la va a devolver así como así.

Ya. Por eso la voy a recuperar como la perdiste: apostando.

-¿Pero está usted loco? ¡No se lo voy a permitir!

Además, ¿qué le va a ofrecer para jugar? Si usted no tiene na.

Murmullo.

-¡Vamos!

-Estaba pensando en la primera vez que te vi.

Me reñiste por tropezar con un cántaro.

-Ah.

-¡Pobre Floro!, pensé.

¡Vaya mujer que se ha echado, menuda mala leche que se gasta!

Aunque luego vi que no era mala leche sino coraje.

Eso que te hace tirar palante todos los días.

-Bueno, tampoco fue por el cántaro.

Fue que acababa de barrer y me lo pusiste perdío.

-Pero si me caí y tú, encima, dándome escobazos.

-¿Qué hacemos riéndonos?

-Yo prefiero verte así.

Porque, cuando llegue la hora,

lo último que quiero recordar es tu sonrisa.

Ruido de llaves.

No tenías que haber venido, Lucrecia.

Hernán, no seas tan paternalista conmigo.

Está bien, cómo quieres que mueran

Cógela, Catalina.

Coge la pistola.

-¿Y qué quiere que haga, señora?

Uno de los dos tiene que morir.

-¡Señora, yo no puedo hacer eso, no puedo!

Catalina, decídete ya.

-¡No puedo! Obedece o moriréis los dos.

-¡No puedo, Cipri!

¡No puedo, no...!

¡No puedo!

¡No puedo...!

¡Nooo!

¿A que han sido los peores 30 segundos de tu vida, Catalina?

Hay otra cosa peor que morir: saber que vas a morir.

Sé de qué te hablo.

Catalina llora.

(LLORA)

Deberías mejorar tu puntería.

(LLORA) -Estoy bien, estoy bien.

Liberadlos.

-Sólo me ha rozado el hombro. Creo que ya aprendieron la lección.

Apuesto mi escuela contra la casa y la libertad de este hombre.

Todo a una mano.

-¿Pero cómo va a apostar la escuela?

Que eso es...

Eso es... es su sustento, su vida, su todo,

que yo no valgo eso, hombre.

-Carta.

-Usted no pida, amo, que...

Que ya vimos que tiene soltura barajando,

que una cosa es barajar y otra jugar.

Me planto.

(RÍE) -Otra.

-Dos más tres, más cinco... ¡Se ha pasado!

(RÍE)

¡Le ganamos...! Le ha ganado. (RÍE)

¿Qué no sabe hacer usted?

¿Dónde aprendió a jugar a las cartas?

Allí con los chinos, eh...

Qué clarividencia la de esa civilización.

Perdón, venía a lo mismo.

-Pasa, si yo ya estoy terminando.

Si quieres, puedo dejarte un vestido.

-No, gracias, yo estoy bien así.

Perdona.

¡Sátur! -Perdón, señora.

¿Qué? -Que venía por una cosa que cuelga,

digo... en la cuerda.

(SUSPIRA)

-Esta es la mía. -Sí, claro.

Señora...

que si la quiere más caliente.

-¿Cómo?

-El agua, que si la quiere más caliente.

-Tarde.

-Oh...

Buenas.

Pues nada, ya sigo yo otro día.

A todo el mundo le ha dado ahora por coger la ropa de la cuerda.

-No se vayan, que...

(SUSPIRA)

Vamos, que yo no sé dónde tiene usted la sangre.

Yo la mía sí que sé donde está, pero la suya...

colocada en el "celebro".

¿Cómo lo ha ganado?

Como le ha minado la moral haciéndole

que pidiera una carta, y otra...

Todos los juegos tienen un componente de suerte.

-Suerte la mía,

por haberle conocido a usted. No.

-Ha sido un placer.

Yo cojo un par de cosas más y...

Y me voy por donde vine.

¿Dónde vas? -¿Eh?

Comprenderá, después de dejarle casi sin casa,

no tendré el cuajo de quedarme aquí, ¿no?

Todos cometemos errores. -Usted no.

Yo el que más,

te lo aseguro.

Coge tus cosas y nos vamos.

-¿A una misión?

A una misión, sí.

-Enseguida voy a la guarida,

enseguida voy a la guarida y preparo su traje.

No vamos a necesitar ningún traje.

Esta misión tiene que ver contigo.

-Amo...

Es que yo no sé si esto es una buena idea,

que yo no soy tan buena persona como usted, que no sé perdonar.

Cuando vea a ese, que es mi padre, no sé cómo reaccionaré.

Igual le doy un abrazo, que le suelto una ostia.

Galope. Sabes muy bien cómo reaccionarás.

(BUFA)

Eh, eh, Sátur.

-Si es que lo mismo este señor espera a una persona...

más alta, con... más presencia, con mejor porte.

Una persona de calidad. Eh, Sátur, Sátur.

Tú eres una persona de calidad, ¿eh?

Anda. Venga, ve.

Ve.

Pájaros.

-Disculpe, señor. -No tengo nada que darle.

-No, no, no, no. No soy ningún mendigo. Yo...

-¿Qué?

-Soy su hijo.

Soy Saturno, Sátur.

El hijo de la Bernarda. Bueno, Bernarda la llamaban.

(SUSPIRA)

¿Se acuerda de mí? Era mucho más pequeño, claro.

No mucho más que ahora, pero... -Yo soy tu padre.

Perdone, señor.

-Salimos en 2 horas.

-El pañuelo se lo di yo a tu madre.

Entonces...

¿Entonces no soy hijo del conde?

-No. Eres hijo de un criado.

Lo siento, solo soy un lacayo.

-¿Un lacayo?

Sé muy bien lo que es eso, así que...

Ve con tu... señor, que te espera.

-Ah... Ah.

-Mi padre es un matado como yo, amo.

¿Se ha fijado bien, que le saco un palmo?

Si es que...

Bueno, igual bien pensado, Gabi me lo saca a mí.

Y así, generación tas generación, allá por 1900,

los García dejamos de olerle el sobaco a todo el mundo.

Venga, vamos para casa.

Vamos.

Yo también tengo que buscar a mi madre

por los hospitales de la Villa.

-No, y si no está en los hospitales,

iremos a buscarla a la Germania, si hace falta,

como Ulises. Ulises fue a Ítaca,

a Grecia, no a Germania. -¿A Grecia?

No, hombre, no. Ulises el panadero.

que se fue a la Germania a buscar a su parienta,

que se fugó con el latonero.

Pues si hay que ir a Germania, iré a Germania.

-¿Iremos? (RÍE)

-Yo voy con usted a donde haga falta.

(ENVAINA LA ESPADA)

-Anda, que menuda idea lo de la pirada

y la subcuñada, y a dormir codo con codo.

No voy a tolerar que mi hijo se vaya a la guerra.

¿No quieres que te deje un camisón? -Estoy más cómoda así.

-Tu madre está viva, y está en la Villa.

¿Cómo lo sabes?

Lucrecia, tu y yo ya no tenemos nada que nos una,

y ahora que no está el niño, menos. Encontraremos a tu mujer.

-A mi mujer se la llevó el diablo.

-¡Que lo mate! -¡Sí, que lo mate!

Gritos. -¡Venga!

-Los 2 sabemos bien que yo nunca fui una de tus prioridades.

-Es un pleito entre Dios y el demonio.

¿Qué pintamos en medio, mindundi?

-Han desaparecido 5 mujeres más.

Todas embarazadas y poseídas.

-¿Podría darme un poco de comida? -No, no tengo nada.

-Llevo 2 días sin comer.

-Alonso... -¡Alonso!

-¡Alonso!

-¡He dicho que me soltéis!

-¡No! ¡No!

-Hemos traído a la desgracia a esta santa casa, amo.

-Cuando me vaya esta tarde de palacio,

no me volverás a ver nunca más.

Águila Roja - T4 - Capítulo 41

24 oct 2011

Empiezan a desaparecer niños de varios orfanatos de la villa. Los hombres del Cardenal se encargan de secuestrarlos para darles un destino cruel. Águila Roja y Sátur deberán averiguar qué ha sido de ellos.

Mientras, El Comisario descubre que la que viajaba en el baúl robado no era Mariana, sino Lucrecia. Catalina escucha la conversación y se entera de que la Marquesa está en el baúl que ella enterró con Cipri. Ha pasado demasiado tiempo y Catalina da a su señora por muerta. Gonzalo informa a su familia de que Mariana se va a quedar a vivir con ellos una temporada. Alonso está convencido de que esa mujer es la amante de su padre y no oculta su enfado ante la noticia. Por su parte, Margarita no puede evitar sentir celos.

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  1. Arancha

    Voy un poco retrasada con la serie y hoy he visto este capítulo, pero me ha quedado tal mal sabor de boca que tenía que escribir aquí. Leyendo el último comentario creo que no soy la única. Después de tantos capítulos, cuando ya conocemos a los personajes, ¿en qué cabeza cabe la reacción de Satur y Gonzalo cuando el primero por fin conoce a su padre? Ellos no son así, nunca hubieran hecho eso. Primero Satur, que cuando descubre que su padre no es un noble le da la espalda, dejándole con lágrimas en los ojos (es que no me lo estaba creyendo según lo estaba viendo). Pero es que va Gonzalo y lo remata, que le ríe la gracia de "mi padre es un muerto de hambre como yo" y da media vuelta con Satur sin decirle nada. Él nunca hubiera reaccionado así. No entiendo cómo los guionistas han cometido un fallo tan garrafal. Quiero pensar que no quieren dar continuidad al personaje del padre de Satur, pero podrían haberlo solucionado de otra manera sin traicionar a los personajes (y al público, porque, desde que empezó la serie, es la primera vez que me he sentido mal viéndola). Ya solo espero que no vuelva a suceder una cosa de estas... Los salvadores de los pobres dando la espalda a uno... y vale que les abandonó, pero como bien ha dicho alguien, él hizo lo mismo... Siento el rollo pero es que estoy indignada...

    15 dic 2011
  2. fanny villalonga

    estoy de acuerdo con evren1299, me pareció fatal que Satur andara todo entusiasmado pensando que encontró a su padre y después cuando vio que era un simple criado y no un noble malcarado casi ni le miró...

    28 nov 2011
  3. fanny villalonga

    la banda sonora es fantástica Querria decir a los guionistas que recuerden que hay mucha gente que sigue la serie desde el principio y que en estos momentos nos hacen creer que los dos hermanos están casados y fornicando... ya se ve venir una chapuza para arreglar esto...

    28 nov 2011
  4. Avatar de Marimar Caamaño Rey Marimar Caamaño Rey

    pues yo veo el capitulo que corresponde el lunes , y si después no me entere o me quedo alguna parte sin ver , entonces si que lo veo en el ordenador.... Y si no también lo vuelvo a ver otra vez , para enterarme mejor de la trama ....

    30 oct 2011
  5. jesus y marcos

    es chulísima la serie de águila roja, yo no la veo los lunes, los veo los martes por ordenador porque los lunes lo echan muy tarde, ver águila roja os encantara yo veo a veces las partes que me gustan repetidas

    30 oct 2011
  6. tímidaysilenciosa

    Buen capítulo. Gran serie. La mejor. Me parece estupendo que Gonzalo pida ayuda a Margarita,así no se siente excluída,(ella debe pensar que Gonzalo está formando una nueva familia y que dentro de poco ya no la necesitarán). Estaría también genial que Águila Roja le pidiera pequeñas colaboraciones desde palacio. También me parece muy bien la idea de ponerla celosa, haber si así despierta y se entera de todas las indirectas que le va dejando caer Gonzalo. En cuanto a Alonso, es normal que reproche a su padre haberse olvidado de su madre, porque en la casa de los Montalvo, el tiempo va mas despacio, así su madre murio en nochebuena, y todavía no ha llegado San Isidro. Sátur con su padre, mal, él hizo lo mismo con Estuarda. ¿Y Juan ? ¿ ahora que va ha hacer? ¿ se casará con Eugenia, y a Margarita le dirá que se suspende la voda por luto y así las mantedrá a las dos? ¿lo consentirá Gonzalo?

    30 oct 2011
  7. FRANCISCA de FRANCIA

    Este como todos los otros capitulos de 10 es la mejor serie que hay actualmente, en R.T.V.E muchas gracias por hacernos pasar momentos tan agradables.

    29 oct 2011
  8. marta

    A mi modo de ver, este capitulo ha sido un poco aburrido, teneis que empezar a poner cosas interesantes, porque sino se hace todo muy monótono. Algo mas de sensualidad entre margarita y gonzalo por favor. Y otra cosa y muy importante: cortatee el pelo david janer como cuando empezaste la serie =). Un saludo

    29 oct 2011
  9. elisabeth

    aver este capitulo no vale paaaaaaaaaaaaaa naa, ha habido otros mejores hijos!

    28 oct 2011
  10. gerardo

    mui bien echo por satur que mandara a su padre a freir esparragos xd no se perdona a ningun por mucho padre que sea lo que le iso a su madre padres ahi muchos madre solo ahi una

    28 oct 2011