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No recomendado para menores de 12 años Águila Roja - T4 - Capítulo 40 - Ver ahora
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Subtitulado por Teletexto-iRTVE.

-¿Dónde está escondido el tesoro de Richard Blake?

-Nunca se lo diré.

Crujido.

-Un molde, señora.

(LEE) Todos los secretos se guardan bajo llave,

no tuve tiempo de averiguar lo que el cardenal

ocultaba celosamente.

-¿Conoces Mongolia? Dicen que las condiciones allí

son extremadamente duras.

(GRITA) -¡Sacadme de aquí! ¡Sacadme de aquí!

¡Aaah!

-¿Qué lleva dos meses sin entregarnos su ropa íntima?

¿Pero en qué estabas pensando, Marta?

¿Cuándo pensabas decírmelo?

¿Quién eres? -Soy la mujer del pirata

Richard Blake.

-¿Desde cuándo tiene faltas? -Desde hace dos meses.

-¿Y ha consumado el matrimonio? ¿Y qué piensa hacer?

Porque el comisario sabrá que ese hijo no es suyo,

sino de Martín.

Tenemos que olvidarnos de todo lo que ha pasao.

Se lo debemos a Inés, Cipri, se acabó.

Es el diario del carcelero. (LEE) Agustín ha estado con ella,

su visita la ha calmado. -¿No dice quién era la cautiva?

(SOLLOZA) -No me dejes, Juan. ¡No me dejes!

(GRITA) -¡Uh! ¡Ah!

Estoy dispuesta a liberarte, a cambio, debes acompañarme

hasta el lugar donde se esconde el tesoro.

-Está bien, desátame.

-La gente que hace mal debería pagarlo.

A veces, lo único que te mantiene vivo

es la venganza.

¡Ah!

-¡Ah!

-Catalina, esto es lo que quería decirte.

-¿Qué puedo hacer? -Tiene que consumar el matrimonio.

No puede ser.

-Amo, aquí lo dice claramente, su madre ha estao viva

durante muchos años, encerrada en este lugar.

(RECUERDA) -Mi nombre es Laura.

-¡Ay, Dios, que yo estuve con ella! Hablé con ella, con su madre.

¿Cómo? -Que su madre está viva.

(HABLAN EN SU IDIOMA)

-La encontraron en Jerusalén hace seis meses.

Además de su valor exótico,

¿debería significar algo importante para mí?

-Hace 400 años, el rey de Francia mandó aniquilar

a todos los templarios, solo tres de ellos

lograron huir y se llevaron consigo

el gran secreto de la Orden.

El Santo Grial, sí. Algo por lo que ha muerto

mucha gente pero que nadie sabe dónde se esconde.

-Aquellos tres caballeros lo enterraron

y se despidieron para siempre.

Solo aquel que los encontrara los tres podría averiguar

dónde se ocultaba el Santo Grial.

Tengo en mi poder las espadas de aquellos tres

últimos caballeros. ¿Cómo lo consiguió?

Muchos reinos lo buscaban.

-No debéis desestimar el valor de la perseverancia.

(LEE) En tierra de Santo Domingo el Real,

abrazado por la almudaina

y el arroyo del Arenal,

ocho vírgenes custodian el Cáliz Sagrado.

¿Qué significa?

-Significa que tenéis que ir a esas ocho iglesias

y robar las ocho vírgenes.

Por fin, después de tantos años

lograré saber dónde se esconde

el cáliz de la Última Cena.

Dicen que quien bebe de él alcanza la vida eterna.

(SUSPIRA) -Ah.

La única forma de alcanzar la vida eterna es

pasando a la historia, comisario.

Seré recordado como el Sumo Pontífice

que recuperó el Santo Grial.

Es Semana Santa, eminencia. -Vamos, comisario,

¿desde cuándo os importa esa algarabía de plañideras?

Si me lo permitís, no deberíamos robar las vírgenes

en esas fechas, la gente idolatra esas figuras

y se echarán a la calle.

-¡No consentiré que nada ni nadie se interponga en mi camino!

¿Y qué hay de la mujer del pirata?

Creí que nuestra prioridad era asegurarnos que salía

en perfecto estado hacia el reino mongol.

-¿Desde cuándo un comisario no es capaz de ocuparse

de dos asuntos al mismo tiempo?

No quisiera tener que vestir de luto a mi sobrina

por la ineptitud de su marido.

Eminencia.

Relincho de caballo.

(SÁTUR) -¡So!

Es inútil, se acabó.

-¿Cómo?

No, amo, no, no se acabó, aquí no se ha acabao nada.

¡Qué llevamos meses intentando averiguar

quién era su madre! Y cuando, por fin,

sabemos... Sabemos que está viva,

¿dice usted que se acabó?

¿Tú sabes cuántas mujeres de esa edad hay en el reino?

¡Cientos! Además, tú la viste hace un mes,

podría estar en cualquier parte.

-Mire, sin ánimo de ofender, pero su madre ya tiene una edad...

Y no creo yo que sobrevuele también los tejaos.

Muy lejos no puede andar.

¡Pensamiento positivo, leches!

Por lo menos, ya sabemos dónde no está, ¿no?

No, no sabemos nada. Y no sabemos nada

porque nada de esto tiene sentido.

Yo la vi muerta, asesinada.

Un niño nunca olvida esa imagen.

¡Cada vez entiendo menos!

Nada es lo que parece, ni mi madre ni Agustín...

-Mire, yo creo que estamos muy cansados

y no pensamos con claridad.

Mejor nos vamos a casa.

(GRITA) ¡Ah!

¡Amo!

¿Es ella? -¿Eh?

¿Si es ella?

-Es que no lo sé, amo, no... ¡Sátur! ¿Cómo que no lo sabes?

¡Por favor, haz memoria!

-Hombre, me se quiere recordar pero ya sabe usted

que la gente mayor se parece toda entre sí.

¡Sátur, por favor! ¿Es o no es ella?

No...

-No se desanime, amo, que encontraremos a su madre.

Solo que, quizá... Hoy no era el día.

Chisporroteo del fuego.

No ha estado tan mal para ser tan primeriza.

Lo siento, cariño, me había olvidado

de que ya no eres tan primeriza.

-Sé que es difícil que me perdones, pero...

Limítate a rezar y a esperarme cada noche

en mi cama, así serás una estupenda esposa.

Llaman a la puerta.

-Con permiso.

Sirve a Irene, yo desayunaré con la marquesa

y con Nuño.

-Lo siento, comisario, pero creo que eso

no va a ser posible, la marquesa se ha ausentado

unos días de palacio.

No sabía nada. ¿Ha dicho a dónde iba?

-No, señor, lo único que sé eslo que le estoy diciendo.

Que tengas un buen día, cariño.

-Señorita.

¿Qué? (TIENE ARCADAS)

-¡Señorita, por Dios! (TOSE)

-¿Se encuentra bien?

(SUSPIRA) -Estoy bien, estoy bien.

(TIENE ARCADAS) -Lo siento, comisario,

ha sido al agacharme que me ha dado...

No sé, algo me ha tenido que sentar mal.

Pues la próxima vez te tragas el vómito.

Que sea la última vez que lo haces encima de mi cama.

(CATALINA TOSE)

¡Ay, Dios mío, Catalina! Como se entere de que

tengo náuseas se va a dar cuenta de que

estoy embarazada. -Vamos a ver, señorita,

tranquilícese. ¿Usted cuántas veces ha consumao?

-Ayer y hoy.

-Pues habrá que esperar, por lo menos, cuatro semanas

para dar la noticia, luego, con nacer prematuro...

Ay, Irene, lo siento, lo siento,

pero tiene que aguantar. (LLORA)

-Tiene que aguantar, ya verá que dentro de un tiempo

todo esto habrá pasado y usted tendrá una criatura

hermosísima en su regazo. Ya verá como entonces,

todo el esfuerzo ha merecido la pena, ya lo verá.

(LLORA)

-Alonso, ¿a dónde vas tan temprano?

-A la capilla, a ver al padre Julián.

Cipri...

¿Es verdad eso de que vas a salir de rodillas

en la procesión del Silencio?

-Sí. -¿Por qué?

Quiero decir que... No sé, la gente hace penitencia

pues para pedir perdón o para pedir algo, ¿pero tú?

-Yo..

Por...

Por todas las veces que he desconfiado del Señor.

A veces, uno no se da cuenta de lo cerca que tenía

el mejor regalo de su vida.

-¿Inés?

-No todo el mundo tiene la suerte de encontrar

a alguien que le haga tan feliz.

Anda, ve a ver al padre Julián.

-Vale.

Trino de los pájaros.

Hola, padre.

-Buen día, Alonso.

¡Cómo has madrugao! -Es que ayer en el ensayo

me dejé el tambor. ¿Lo ha visto en la iglesia?

-¡Pues menudo tamborilero me he buscado yo!

Anda, ve a la sacristía, ahí está tu tambor.

-Vale.

Golpes. (PADRE JULIÁN) -¿Pero qué hace?

¡Oiga! Pero... ¿qué hace?

Golpes.

¡No se la lleve! ¡Ah!

¡Suélteme! ¡Ah!

¡Ah!

Relincho de caballo.

Ya te queda poco.

(RÍE) No, no que...

Que esto es para una amiga de Juan

que me ha pedido que le haga el vestido de novia.

-Buen día, familia.

Golpes. Buenos días. ¡Sátur!

¿Qué haces así vestido? -¿Cómo quiere que vaya?

¿Estamos en Semana Santa, no?

¡Ah! No sabía que ibas a ir en la procesión.

-Sí, señora, en la del Silencio.

Si no tiene usted inconveniente, ¿me podría coger los bajos?

Claro. ¿De dónde has sacado eso?

¿No lo habrás robado?

-¿Qué dice? Es de un muerto.

Es que me lo han dado ahí, en la beneficencia.

Ah...

¿Y no deberías antes..., no sé, lavarlo?

-¡Qué obsesión tiene este hombre con lavarlo todo!

¿Usted qué cree que se hace en las procesiones?

Claro, como no ha ido a ninguna...

(REFUNFUÑA)

¿Dónde está Alonso?

Alonso ha ido a ver al cura,

no sabéis lo ilusionado que está con la procesión de esta noche.

-Si es que tiene más sentido el hijo que el padre.

(JADEA) -¡Padre!

Alonso. ¡Alonso!

¡Alonso!

¡Alonso! ¿Qué te pasa?

¡Hijo! ¿Qué te pasa?

Vamos a llevarlo a la cama.

-Ay, Juan, ¡menos mal que te encuentro!

Tienes que ayudarme.

¿Tú tienes algún remedio contra las náuseas?

-¿Estás bien? -Sí, yo sí, si es para...

Una amiga...

Que está embarazada.

-¿Quién es? ¿Quieres que vaya a visitarla?

-No. Vamos, no, que quiero decir que

no es menester porque tiene los típicos vómitos

y náuseas del embarazo. -Mira, jengibre,

que se tome una infusión antes de cada comida,

¿de acuerdo? -¿Y esto es bueno, no?

-Sí, no te preocupes. -Pues muchas gracias, Juan,

así lo hará.

Muchas gracias, Juan. -A más ver.

-Con Dios.

(ALGUIEN GRITA EN LA CALLE)

-Ay, por Dios, ¡cómo tienes todo esto!

Estas son... Estas son estas.

¿Y esto? Esto...

Pasos. -¡Juan!

¿Está Juan? -No está, acaba de salir.

-Pues cuando vuelva que venga a casa.

¿Qué te pasa? -Ay...

Que me he puesto el anillo de Margarita

y ahora no me sale ni pa dentro ni pa fuera.

(SUSPIRA) Sátur...

-Anda, trae.

(GRITA) -¡Ah!

(CON ASCO) Ay...

¿Eso es necesario?

¡Ah! ¡Virgen santa!

-¡Uf! (SUSPIRA DE ALIVIO)

(TOSE) -Que me he tragado el anillo.

-¡No me digas que te has tragao la alianza de Margarita

porque me da algo, Sátur! -No me pongas muy nervioso

que me lo he tragado yo, no tú. -Te lo has tragao tú, ya lo sé.

-Tragar no es perder que es reversible.

-Anda sí, pues tira y haz lo que tengas que hacer.

(SÁTUR TOSE) -Haz lo que tengas que hacer

pero tráela de vuelta pronto antes de que nadie se entere.

-Dile a Juan que... -Sí, yo le digo, ¡tira!

(CARRASPEA) -Tira, anda.

¡Dios mío, hay que ser más torpe!

-Señor, ya tenemos todas las vírgenes.

Estoy al tanto de eso y de que no habéis obedecido

mis órdenes.

Dije que quería un trabajo limpio.

-Perdone, señor, el sacerdote se puso a gritar y...

No nos dejó otra opción. -¡Cuidado!

Son regalos para el rey mongol.

-Lo siento, señor comisario.

Pagarás con tu vida como la mercancía no llegue

en perfecto estado. Sobre todo...

Este baúl.

Vamos, recogedlo todo. (GRITA) ¡Ah, ah!

Y cargadlo de inmediato. (GRITA) ¡Ah!

¡Ah! ¿Por qué no la habéis sedado?

-Ya se cansará de gritar. ¡Ah!

-Le queda un largo camino.

No os retraséis, tenéis que llegar antes

del medio día al palacio de Lozoya,

allí la recogerán los hombres del embajador mongol

y la preparará para que esté a la altura de las expectativas.

Vamos.

(GRITA) ¡Ah, ah!

A ver... Toma, Alonso.

Toma, mi amor, tómate esto.

Hijo, entiendo que tengas miedo pero... no voy a dejar

que te pase nada, nadie te va a hacer daño.

Y esos hombres van a pagar por lo que le han hecho

al padre Julián, eso te lo prometo.

-Y si tienes que llorar, pues llora.

Que el miedo hay que echarlo para fuera.

Que si no te se hace una bola ahí,

que es muy puñetera.

Además, ya verás como muy pronto cogen a los culpables.

-El culpable soy yo.

-¿Qué? -Pues que podría haberlo evitado.

¿Y cómo ibas a evitarlo? -Pues si hubiera salido

a defenderle ya no estaría muerto, padre.

-¿Tú sabes lo que estás diciendo, muchacho?

Que si hubieras hecho eso en lugar de un muerto habría dos.

Sátur lleva razón, en situaciones así

es mejor ser prudente. -¡Si todo el mundo pensara así

nadie salvaría a nadie y no habría héroes en el mundo!

Hijo, héroes hay muy pocos. -Sí, pero yo pensé que sería uno.

Que ganaría batallas, que navegaría

y que algún día sería como el Águila Roja,

pero no, ¡ya veo que voy a ser un cobarde como tú!

-¿Cobarde, cobarde dices? Pues más te valdría saber

que tu padre es... ¡Sátur!

Déjeme.

Un buen hombre.

(DESDE LEJOS) -¡Gonzalo!

¡Gonzalo! Gonzalo, han robado las vírgenes

de las iglesias.

La gente ha empezado a esconder las figuras por miedo.

Dicen que se suspenden las procesiones de hoy.

-Señorita, venga, a levantarse,

que cómo su marido vea que no va a misa

siendo Semana Santa va a pensar que le ocurre algo.

Venga. -Me encuentro muy revuelta,

Catalina. Ese remedio que me has dado...

-Eso va a empezar a funcionar en seguida,

verá como se le van las náuseas. Muy bien.

-Catalina, ¿tú crees que ya tengo

el vientre abultado? -¡Que va a tener!

¡Lo tiene como siempre!

Las carnes de la juventud... Verá como con el segundo

cambia mucho el cuento. Yo con mi Murillo,

ya no volvieron a su sitio y con el primero estaba

como usted, bien prieta. Buenas.

-Buenos días. ¿Se encuentra bien, señorita?

Si está sudando. -Tengo un poco de calor.

Siéntese.

¡Pero si está ardiendo, Catalina!

-Me encuentro muy mal, Catalina, ese remedio que me has dado

no me ha sentado bien. -¿Cómo no le va a sentar bien?

¿Qué remedio? -Un remedio para las náuseas

que me dio Juan.

¿Qué le diste?

¡Por amor de Dios!

¡Que le diste esto! -Jengibre.

Esto no es jengibre, Catalina. -¿Cómo que no?

Es adelfa seca.

-¡Madre mía! Adelfa seca...

-En tierra de Santo Domingo el Real,

abrazado por la almudaina

y el arroyo del Arenal,

ocho vírgenes custodian el Cáliz Sagrado.

No ha sido fácil conseguirlas, espero que sepa

agradecérmelo, eminencia.

-Se lo agradeceré cuando tenga en mi poder el Santo Grial.

Pensaba que para eso bastaba con las ocho vírgenes.

-Se ve que lo vuestro no es pensar, comisario.

Los custodios del Grial nunca lo pondrían tan fácil.

¿Las ha examinado a fondo?

-No.

Me he limitado a pedirles un milagro.

¡Por supuesto que las he examinado a fondo!

Tal vez se equivocó al interpretar el mensaje.

-Yo no me equivoco, comisario.

No puedo perder más tiempo.

En cardenal Julius Rospigliosi se postula como

el principal favorito para suceder al Papa.

(GRITA) ¡Y el Grial es mi única baza!

¡Ah!

(LEE) "Sanguine".

Ya sabe que el latín no es muy útil en mi profesión.

-"Sanguine" significa "sangre". Parece que todavía

hay esperanza.

¡Alabada sea la madre del Señor! ¡Ah!

(HABLA EN SU IDIOMA) ¡Ah!

(RÍEN) (HABLA EN SU IDIOMA)

-¿Este es el regalo que esperábamos?

¡Ah!

-¡Ah! ¡Ah!

Vais a pagar por esto, no soy quien creéis.

Soy la marquesa de Santillana.

(HABLA EN SU IDIOMA)

-¿Cuándo partís para Mongolia? Mongolia...

¡No podéis llevarme a Mongolia! -Partiremos por la tarde.

(HABLA EN SU IDIOMA)

¿Qué estáis diciendo? (GRITA) ¡Hablad en cristiano!

¡Esperad, esperad! ¡No podéis dejarme aquí!

¡Soy amiga del rey!

-¿Cómo está, amo?

Bien.

-Pues cualquiera lo diría.

Que me tiene eso, que parece que lo ha invadido la carcoma.

Que yo sé que no es plato de buen gusto

pues escuchar lo que le dijo Alonso.

Si hasta yo mismo me he tenido que atravesar

la lengua para no hablar.

He sido yo el que ha decidido que me vea así.

-¿Y cuándo piensa decirle la verdad sobre usted?

Nunca.

-¿Nunca?

No sé, dígaselo cuando cumpla dieciocho.

Es que no puede dejar que Alonsillo piense toda la vida

que usted es un manso.

Que lo que ha visto el chiquillo es duro, sí,

pero se recuperará pronto, ya verá.

Alonso siempre ha querido convertirse en un héroe,

espero que esto no le quite la ilusión.

-Descuide que no.

Que él no lo sabe, pero de tal águila, tal polluelo.

Verá que pronto le tiene dando guerra.

¿Qué pinta, amo?

Son las iglesias donde robaron las vírgenes.

-Yo es que no entiendo nada. ¿Quién querría robar

esas vírgenes? ¡Con lo sencillo que sería

coger los maravedíes del cepillo!

Más limpio, menos riesgo.

No las robaron por su valor, hay que averiguar

qué tienen de especial estas imágenes.

-Yo sé que usted es más bien... tirando a ateo,

pero cuando uno ha pasao necesidad solo nos queda la fe.

¡Esos mal nacidos nos han dejado sin Jueves Santo,

sin Viernes Santo y hasta sin Domingo de Resurrección!

Tenemos que ir a estas iglesias.

Tiene que haber algo que nos lleve a esas vírgenes.

(A SÁTUR LE SUENAN LAS TRIPAS)

-Perdón.

Lo siento mucho, amo, pero va a tener

que prescindir de mis servicios.

¿Qué te pasa?

-Es que... No me pregunte cómo ni por qué

pero es que...

Me he tragao la alianza de Margarita y Juan.

Y creo que ha llegado el momento de recuperarla.

Es largo de explicar, luego ya le cuento.

Usted vaya a las iglesias que la villa le necesita.

(SE QUEJA) ¡Oh!

(LLORA)

-¡Catalina!

-Sí, señorita, soy yo. No se preocupe

que se va a poner bien.

¿Cómo sigue?

-Cada vez más caliente. Lleva horas así

y ya casi ni me reconoce.

Quizá con una sangría le bajaría la fiebre.

Pero debería hacérselo un médico...

-Sí, ¿y qué médico?

Juan no aparece y si llamamos a cualquier otro

se va a enterar de que está embarazada

y se lo va a decir al comisario.

Yo una vez vi a Juan hacerle algo a un paciente.

-¿Qué?

No.

-¿No, qué?

(SUSURRA) Podría ser peligroso para el bebé.

-¿Peligroso? Más peligroso será que dejemos

que le siga subiendo la fiebre.

Pasad, está preparado. -Venga, señorita.

Vamos, venga, así, poquito a poco.

Primero un pie. Suba un pie y luego otro.

Ay, Dios mío. Ven.

-Así, cógela, Margarita. Dame la mano.

-Tranquila, venga. Ve despacio.

-Ah... Venga.

-¡Está muy fría! -Lo sé, señorita,

pero tiene que aguantar, que esto le va a hacer mucho bien.

Venga, tranquila. -Muy bien, lo está haciendo

muy bien, siéntese.

Vamos, vamos, vamos. Venga, venga.

-¡Ah! -Venga, señorita, déjese caer.

Déjese caer. -Muy bien.

Muy bien. -Muy bien.

Ya.

(GRITA) -¡Ah!

Ay, Dios mío.

No, por favor.

(LLORA)

(LA CABRA BALA)

¡Ah!

(CANTA EN SU IDIOMA)

-Ojalá salieran siempre joyas.

No, ¡y que uno pudiera quedárselas, claro!

¡Aquí está el condenado! (RÍE) Je, je, je.

A ver si se leen bien los nombres.

Ha quedado aquí un poco de...

Así...

(LEE CON DIFICULTAD) Juan y Eugenia.

¡Juan y Eugenia!

Ay, Dios.

(SUSURRA) Juan y Eugenia...

Juan y Eugenia...

¿Qué me habéis puesto? ¡Esto tiene pulgas!

(SE QUEJA) Ah, ah...

¿Quieres dinero, eh?

¿Quieres dinero?

Te daré todo lo que quieras si me sueltas.

¿Eh? ¡Dinero! (CON RABIA) ¡Dios!

¡No entiendes nada!

Esto sí que lo entiendes, ¿no?

(JADEA)

(JADEA)

No os acerquéis, no os acerquéis.

(GRITA) ¡Ah!

-No te mato, porque eres un regalo para mi rey.

(ESCUPE)

-Vas a estar más tranquila el resto del viaje.

(GRITA) -¡Aaaah!

No lo entiendo.

Todas las vírgenes tenían en su interior un mensaje,

menos una, la de San Nicolás.

Mis hombres se limitaron a traer las tallas

tal cual usted ordenó.

-Sin el octavo mensaje, nunca sabré dónde se esconde

el Santo Grial.

Llaman a la puerta. ¡Adelante!

-El párroco de San Nicolás, eminencia.

-Nos han llegado noticias... del terrible incidente

ocurrido anoche en vuestra parroquia.

-Eminencia, yo no sé nada.

-Alguien había tocado antes esa virgen.

-Nadie, señor. ¿Nadie?

¿Está seguro?

-Puede creerme...

Yo... me encargaba de limpiarla desde hace 60 años

y antes que yo lo hacía mi padre, y antes mi abuelo.

Nadie tocó nunca esa virgen.

-Mentís.

-Le aseguro que mi familia siempre hemos cuidado mucho

a esa virgen, ya se rompió una vez

y no nos gustaría que se repitiera.

-¿Se rompió? -Se rompió el brazo

y mandaron a hacer otra nueva,

una reproducción exacta.

-¿Y qué hicieron con la original?

¿Dónde está ahora?

-Unos pastores la encontraron años después entre las zarzas

y construyeron una ermita en aquel lugar.

Es la ermita de Santa Clara.

(ASIENTE) Ajá.

-Está bien, padre, podéis iros.

Iros, iros.

Id a esa ermita y traed la virgen. La gente ha escondido

las vírgenes por miedo a que las roben.

-Podríais encontrar al culpable de los robos

y así todo volvería a la normalidad.

¿Algún candidato?

-Acaba de salir por esa puerta...

Eminencia.

(HABLA EN SU IDIOMA)

Disparo.

Disparo.

-¡Ah! -¡Uh!

Disparos.

Murmullo en la calle.

-Buenas tardes, doctor. -Buenas tardes.

Sátur... He estado en las ocho iglesias

y lo único que he averiguado es que todas las vírgenes

son anteriores al siglo XV. -No, no siga, amo

que tengo que contarle algo.

¿Qué pasa?

-No sé cómo abordar este tema...

¿Qué hace el niño de panadero?

¿Pero se puede saber qué estás haciendo?

-Estoy trabajando.

¿Cómo que trabajando? -Pues quehe decidido

dejar la escuela y ponerme a trabajar de panadero.

¿Que ha dejao la escuela y se queda tan ancho?

¿Es por lo de esta mañana, verdad?

Mira, hijo, es normal que tuvieras miedo al ver

cómo mataban a ese hombre, le puede ocurrir a cualquiera.

-¿Y tú qué sabrás? -Alonso, que es tu padre.

Bien, no lo voy a repetir más, ¡no vas a trabajar de panadero!

-¡Padre, que no te estoy pidiendo permiso!

(GRITA) -¡Eh! ¡Esos panes, aquí se paga

por amasar no por estar hablando!

-Si no le importa,

un minutito, que están ahí hablando... padre e hijo.

-Padre, tengo trabajo. ¿Me dejas pasar o no?

Muy bien...

Nunca pensé que fueras de los que abandonan

tan fácilmente.

-¿Qué hace?

-Vamos, ¡que esto no se puede quedar solo!

-¿Lo va dejar...? Con los niños no se consigue

mucho prohibiendo. -No, si tiene usted razón.

A mí, como me criaron a base de palos...

¿Qué es lo que me querías contar?

-Es que con la que tiene usted encima...

No sé si es el mejor momento. Dime.

-Si esa era gorda... Esta otra...

-No entiendo para qué necesita tanto hielo.

-Pues los señores, que les ha dado ahora por

los sorbetes, para desayunar, para comer, para cenar.

Vamos, que es un no parar de hacer sorbetes todo el día,

como es la última moda en la corte de Italia pues...

-Catalina, yo...

Ya sé que no son horas pero...

Me preguntaba si...

Bueno, que...

Que conozco una posada, de camino,

es muy discreta.

-Cipri, ¡que no podemos!

Se nos derrite el hielo, hombre.

-¡Es que te echo tanto de menos!

-Ya, yo también te echo de menos. ¿Qué te crees?

¿Que no dormiría abrazada a ti todas las noches?

Pero yo sigo casada con Floro.

Y esto que estamos haciendo es un delito penado por ley.

-Supongo que esta es la vida que nos espera, ¿no?

Deberíamos de irnos lejos de aquí, empezar una nueva vida,

tú, yo y el niño.

-Claro, ¿y de qué íbamos a vivir?

Aquí tú tienes tu posada y yo mi trabajo en palacio,

que no será mucho pero ya es más

de lo que tiene la mayoría. -Aquí nunca podré tener

lo que más me importa.

Tú.

¿Qué?

¿Qué hace eso ahí en medio?

¡So!

¿Necesita ayuda?

-¿Vas a bajar? -Voy a ver.

¿Se encuentra bien?

-¡Ah!

¡Está muerto! ¡Vámonos! ¡Vámonos!

¡Vámonos!

-Espera. -¿Qué haces?

-Espera.

-Cipri, por Dios, vámonos de aquí.

Cipri, deja eso, vámonos.

¡Cipri, por Dios!

¡Por Dios, deja eso!

-Catalina, mira.

¡Está lleno de ellos! -Bueno, me da igual, déjalo,

vámonos, por favor. -¿Qué? No, no, ni hablar.

¡Para una vez en la vida que tengo suerte,

para una puñetera vez en la vida que la tengo!

No, no, yo no pienso dejar esto aquí.

-Cipri, no pienso robar a un muerto, venga.

(ASUSTADA) ¡Sube, vamos! -¿Es que no te das cuenta,

Catalina? Es nuestra oportunidad.

Catalina, estos 40 años he sido

un desgraciao con una vida horrible,

pero te juro que habrán merecido la pena

si los que me quedan los puedo pasar a tu lado.

Y eso solo será posible cogiendo uno de esos.

Así que...

¿Me ayudas?

¿O lo cojo yo solo?

Este. -¿Qué hago yo?

-Hola, Gonzalo.

Sé que es difícil de entender.

Yo creo que está bastante claro.

-He cometido un error que va a arruinar

el resto de mi vida. ¡Has llevado tu error

demasiado lejos! -Cualquier cosa que hiciese

suponía perder a Margarita. Y yo la quiero.

¿Cuándo ibas a parar esto, eh, Juan?

¿Qué ibas a hacer, casarte con las dos?

-Yo, no... No quería perderla.

Pues has elegido un modo muy peculiar de hacerlo.

-Usted será muy señor y muy grande de España

pero es lo más mezquino y miserable que he visto yo

en mi vida, en...

En mucho tiempo.

-Lo sé, Sátur,

pero no he sabido hacerlo de otra manera.

Se acabó, voy a decírselo. -¡Gonzalo!

Te lo ruego, déjame decírselo a mí, por favor, por favor.

Si no se lo dices pronto, lo haré yo.

-Vamos, señorita Irene, venga, un último esfuerzo.

Vamos, venga.

Así, poco a poco. A ver, señorita Irene,

esto ya está listo. Tiene que meterse de nuevo

en la bañera, a ver si conseguimos

bajarle la fiebre.

-Así, apóyese, apóyese. Madre mí, yo no sé cómo pude

equivocarme de tarro. Dios mío, si le pasa algo

a este hijo... Lo voy a sentir toda la vida.

-Tú intentaste ayudarme, Catalina.

Llaman a la puerta.

¡Irene!

Llaman a la puerta. ¡Irene! ¿Estás ahí?

-Un momento. -Se va a dar cuenta

de que tiene fiebre o va a llamar a un médico o algo.

Llaman a la puerta.

¡Abrid la puerta!

Llaman a la puerta. ¡Ya va, señor comisario!

¿No vas a las procesiones, querida?

-No.

Pensaba que se habían suspendido por los robos.

Ya hemos encontrado al culpable.

-¡Qué bien, que ya le hayáis capturado!

Para eso está la autoridad, querida.

Para acabar con todo tipo de delincuentes.

Estás muy roja,

tendrás el agua muy caliente.

-¡Lleva usted sangre, señor comisario!

¿Quiere que se la curemos?

Llaman a la puerta.

Señor comisario, le buscan.

-Señor. Avisa el pregonero,

que haga saber al pueblo que han cogido

al ladrón de vírgenes.

-Ahora mismo, señor, pero antes debería saber algo.

Han encontrado a los hombres del embajador mongol,

están todos muertos. ¿Y los baúles?

-Han encontrado todos excepto uno.

¿Cuál falta?

-El más importante.

Parece que lo han robado. Aún así hemos encontrado

huellas de carro que van desde allí hacia la villa.

Que registren todas las casas de la villa hasta

que aparezca el culpable, ese baúl tiene que aparecer.

-Sí, señor.

-Poco le ha dao, poco le ha dao, que llego a ser yo y...

¡Y le arranco la cabeza de cuajo!

Sátur.

-¡Si es que hay que se desgraciao!

Ahora que le advierto una cosa, yo no voy a aguantar ver

a la señora, sabiendo lo que sé, y no decirla nada.

Pues te tendrás que aguantar. -¿Aguantar?

¿Aguantar por qué? ¡Porque se lo tiene que decir Juan!

-Ah, ya, claro. Y cuando la señora venga

a enseñarnos el velo, ¿nosotros qué, callaos?

(GRITA) ¡Callaos como perras! Sátur, ¿pero de verdad crees

que no me gustaría poder decirle a Margarita lo que

se le viene encima? -Amo, que tenemos la casa patas

arriba, que le recuerdo que tiene usted al chiquillo

haciendo panes. Lo sé.

-Tiene usted razón, quizás sea mejor para el futuro.

Que, en lugar de estar jugándose la vida vaya usted a saber dónde,

le va a tener siempre a su lado. ¡Y cuidado, que el pan

nunca le va a faltar! (RÍE)

Sátur, no me importaría que quisiera ser panadero,

¡si supera que eso le hace feliz!

Pero sé que no es así. (ASIENTE)-Ajá.

Anda, prepara las cosas.

-¿Las cosas?

Perdóneme, pero ¿a qué cosas se refiere?

Porque yo ya no sé si me habla de los caballos, del traje

o de la comida. ¡Como tenemos varios frentes

abiertos! Eso por no mentar

lo del misterio de las vírgenes o lo de buscar a su madre.

Que tal y cómo tenemos la casa... Ya en eso ni entramos, ¿no?

(PREGONERO) -Se reanudan las procesiones de esta tarde.

Se hace saber al pueblo que han aparecido las vírgenes.

El ladrón se ha quitado la vida.

Sátur, entérate de dónde tienen a ese ladrón, tenemos que ir allí.

-¿Ir? ¿Ir para qué?

-Cipri. -¿Qué tal te suena Sevilla?

Dicen que es preciosa, como tú.

Además está cerca del mar, ¡te imaginas ver el mar

juntos por primera vez!

-Cipri, olvídalo, ni Sevilla ni mar ni nada.

El comisario ha dado la orden de que registren la villa

en busca de ese baúl.

Tenemos que sacarlo de aquí antes de que todo esto

se llene de guardias. Venga, ayúdame.

-No puede ser.

¿Cómo vamos a deshacernos de él?

Es nuestra... Nuestra única oportunidad.

-Cipri, olvídate de que todo esto ha sucedido, venga.

-¿Y si cogemos dos o cinco cosas? Lo justo para irnos y empezar.

-Nosotros no sabemos lo que hay en este baúl,

pero está claro que el comisario sí que lo sabe.

Y si cogemos cualquier cosa no la vamos a poder usar

en la vida. Venga, Cipri, ¡por Dios!

Yo sé que una vida juntos aquí no es posible.

Pero, por lo menos, tenemos vida, Cipri.

¿Eh?

Venga, ayúdame.

Coge de ahí.

(GRITA) ¡Cipri, por Dios te lo pido, tira de ahí!

Venga, tira, ¿para dónde? -Vamos para allá.

Murmullo en el mercado.

-¿Ahora vendes pan?

La escuelucha de tu padre no da dinero para comer

y te ha puesto a trabajar ¿no?

-Trabajo porque quiero. -¿De panadero?

-Sí, de panadero, ¿qué pasa? -No, no, nada.

Pensaba que querías ser soldado.

Aunque, bueno, tú nunca tuviste madera.

Para ser un gran militar hay que venir de una gran estirpe.

Y tú eres tan solo el hijo de un maestro.

-¿Qué haces? Suelta eso. (ESCUPE) -Si ni siquiera

sabes hacer buen pan.

¡Eh!

¿De dónde has sacado este caballo? -Es mío, señor.

¿Le gusta? -Este caballo es de mi madre,

la marquesa de Santilla. (GRITA) ¿Qué has hecho con ella?

Rezos.

-¡Santo Cristo!

Pues también le digo, ya se podía haber matao antes

y no haber liado la que ha liado.

No se ha suicidado. -Ya estamos, usted hasta lo que es

le parece que no es. ¿Tú ves algún apoyo?

¿Alguna banqueta? No se ha podido subir

ahí arriba él solo.

-¡La madre que me parió! Una banqueta, claro...

Y yo dándole vueltas pensando a ver cómo había roto

las vírgenes el cura.

Amo, que cuánto más le conozco, más me admira

cómo le fluye esa cabeza.

Todo esto es un montaje, alguien quiere acallar al pueblo.

Pero lo que no sé aún es por qué.

-Si tiene usted a bien explicarme lo que está buscando,

más que nada, por no ir siempre por detrás,

¿sabe? Fíjate.

Es una cruz tau, o "tet" en hebreo.

Y significa "nueve" y es el número de

los caballeros que fundaron la Orden del Temple.

Sátur, ya sé lo que están buscando.

El Santo Grial.

El cáliz de la Última Cena.

-¿El cáliz con el que bebió Nuestro Señor Jesucristo?

¡Qué misión tan bonita!

Al menos ahora ya sabemos por qué saquearon esas ocho iglesias.

-¿Pero entonces el cáliz está dentro de esas vírgenes?

No lo sé.

Pero si no está dentro, lo que está claro es que

esas vírgenes ocultan la clave para encontrarlo.

Espera, esta talla es diferente de las demás vírgenes.

Es la única que no tiene corona.

-Esta cara es que me suena, es igualita a la virgen

la que nos llevaban a ver las monjas del orfelinato,

allí en la ermita de Santa Clara. Anda, que no le habré rezado yo

avemarías. ¡Sátur!

¿Dónde está esa ermita?

-Pues por aquí, por el monte, fuera de la t griega esa.

Pues entonces, lo más seguro es que ahora quieran esa virgen.

Vamos. -Espere, espere, espere, amo.

Que a la virgen la sacan hoy en procesión.

De hecho, a estas horas, debe de estar saliendo ya

de la ermita. ¡Esa gente corre peligro!

-No sé si sabe...

Que la procesión pasa por nuestra calle.

-¡Qué ganas tengo de perder la dichosa caja de vista!

-¿Qué tendrá dentro? -Me da igual lo que tenga dentro,

yo lo que tengo ganas es de terminar rápido e irme

a mi casa con mi hijo. -Este baúl tiene que tener

algo muy valioso.

El comisario no se tomaría tanta molestia

por cualquier baratija. -Bueno, tú aligera con la pala

que nos vayamos de aquí cuanto antes, no vaya a ser

que venga alguien y nos vea. -Tranquila, mujer,

si por aquí no pasa nadie hasta la romería de San Jorge.

Y eso es en verano.

Volveremos a por él. -¿Tú estás mal de la cabeza?

-Que sí, esperamos a que amaine la tormenta, lo dejamos

un mes, un año si hace falta y venimos a por él.

-¿Pero tú estás loco? -Tú me has vuelto loco.

(RÍE)

Dentro de un año nadie se va a acordar de este baúl

y nosotros podemos empezar la vida que queremos en Sevilla.

-Y dale con Sevilla, ¿tú tienes algo en Sevilla o qué?

-Voy a salir de rodillas en la procesión del Silencio

para pedir que todo nos salga bien.

-¿Tú de rodillas? Pues no sabía que eras tan beato.

-El Señor nos lo tiene que conceder.

Nos merecemos un futuro juntos.

-Date prisa, que como nos vea alguien...

Se nos ha acabado el futuro.

Murmullo de gente.

Cuidado.

Buenas, ¿te quedas a la procesión?

-Estás muy guapa. Gracias.

-No, no, no puedo quedarme, pero luego necesito hablar contigo.

¿De la boda? -Sí.

-Madre mía, ¡qué nervioso está mi Murillo!

Le he tenido que dar dos tilas. -Bueno, ¿hablamos luego?

-¿No te quedas con nosotros a la procesión?

-No, no puedo, tengo que atender a una paciente.

-¡Virgen santa! ¿Ni en un día así te dan tregua?

Bueno, es lo que tiene la enfermedad que no conoce

de festivos. Hala, con Dios.

¿Y tú qué le vas a pedir a Dios? Si lo que tendréis que hacer

es hincharte de darle gracias por el pedazo de marido

que te ha concedido. Pues sí, es verdad.

-Oye, ¿cómo has dejao a la señorita Irene?

Pues estaba mucho mejor, con decirte que he tenido

que convencerla porque decía que se venía

a la procesión. -¡Virgen santísima, qué atrevida!

Ay, que se ve ya. Ya está aquí.

-¿Dónde va el Alonsico? No sé.

(LA GENTE MANDA CALLAR)

Toque de tambor.

-¡Ah, míralo!

Ruido de latigazos.

-En cuanto termine esta patraña quiero la virgen.

La tendrá, eminencia, mis hombres están entre

los nazarenos.

Ay, Murillo.

-¡Irene! ¿Dónde está el comisario?

-¿Qué ocurre, Nuño? -Le he buscado por todas partes,

en el calabozo, y no está en ningún sitio.

-¿Para qué los buscas? -Es mi madre,

algo le ha tenido que pasar,

he visto a un hombre que tenía su caballo.

Toque de tambor.

(GRITA) -¡Es el asesino del padre Julián!

¡Y robó la virgen, esta virgen no la vas a robar!

¡Asesino! ¡Aparta!

Oiga, ¿pero usted quién es?

Disparo.

(TODOS GRITAN A LA VEZ)

(GRITAN)

-¡Alonso!

(TODOS GRITAN) ¡Aaah!

Disparo.

Disparo.

(AMBAS GRITAN A LA VEZ) ¡Ah!

¡Alonso!

¿Para quién trabajas?

Disparo. (AMBAS GRITAN) ¡Ah!

(LA GENTE HABLA A LA VEZ) -¿Dónde está?

-¿Se han llevado a la virgen?

Gracias.

Ya lo he acostado.

Estaba muy nervioso con todo lo que ha pasado

en la procesión. -No me extraña.

Es la procesión del Silencio con más jaleo

que ha visto esta villa.

¿Te quedas a cenar con nosotros? No,

Juan quiere verme.

Así que voy a arreglarme un poco.

Lo mismo ya han traído las alianzas.

Con Dios.

Hasta luego.

Bueno...

Por fin parece que se lo va a decir.

-Pobre mujer, no sabe lo que le espera.

Va como res al matadero.

-Padre, que no puedo dormir, voy a leer un rato, ¿vale?

Pero, ¿deberías descansar, no? Porque para trabajar

en la panadería tienes que levantarte muy pronto.

¿O no?

-Es que...

Lo he dejado.

¿Y ese cambio? -Pues porque tú no has estado

en la procesión y no lo has visto pero...

He atrapado a un asesino.

¿Que tú has atrapado a un asesino?

-Bueno, yo no, el Águila, pero gracias a mí.

El A...

Ah...

O sea que ya no... Ya no eres como yo.

-A ver, que ser como tú no es malo. -Claro que no.

-Eses un hombre tranquilo que siempre sabes lo que vas

a hacer al día siguiente y eso es bueno, padre.

Anda, coge un libro.

Pero no tardes en acostarte. -Vale.

Uy. ¿Y este libro?

¿Es tuyo? -No, lo empecé a leer,

es un aburrimiento. Es de una mujer que va

contando sus penas.

(RECUERDA)

-Mi nombre es Laura.

-Cúbrase y no respire el humo.

-¡Ah!

(GRITA) -Vámonos, fuera, venga.

¡Todos fuera! ¡Vamos, Sátur, reacciona!

¡Sátur!

-¡Ese libro es mío! ¡Dámelo!

-¿Pero cómo va a ser tuyo si es de mujeres?

-¿Y qué? -Vale.

-Es para... Para poder conocerlas profundamente

y... Bueno, y...

Poder entenderlas.

¡No te queda a ti nada! Anda, tira para la cama, corre.

-Vale, hasta mañana. Hasta mañana, buenas noches.

-Amo, este libro...

Que este libro era de su madre. ¿Cómo que...?

¿Cómo que de mi madre?

¿Dónde lo encontraste, Sátur, cuándo?

Pues... cuando casi nos queman, que se le cayó y yo,

yo lo cogí.

¡Que no me acordaba!

(LEE) Hoy empieza mi nueva vida. ¡Sátur, es el diario de mi madre!

-Ah... (LEE) Estoy enferma de peste,

me sacan de aquí, al menos moriré libre.

-¿No dice nada de usted y de sus hermanos?

(LEE) Aquel hombre estaba dispuesto a matarnos,

pero cuando estaba a punto de clavarme su arma,

Agustín acabó con su vida. Agustín me cubrió

con la sangre de aquel hombre y me dijo que no hiciera preguntas

que debía fingir mi muerte si quería salvar a mis hijos.

Llanto de niño.

-Siento no haber llegado a tiempo

Relincho de caballo. de salvar a vuestra madre.

Hernán, escucha a tu hermano, rápido.

Nadie puede saber que estáis vivos.

-Au revoir, madame.

Ni yo mismo lo hubiera hecho mejor.

Bueno, sí. Yo nunca habría permitido

que una mujer acabase con mi compañero.

-Luchó hasta el final. -¿Y los niños?

-Estás arriba.

Muertos.

¿Quiere verlos?

-No, hoy ceno con el rey,

no quiero que se me haga mal cuerpo.

¿Y qué hacemos con el bebé?

-Las monjas se lo llevaron al orfelinato,

nunca sabrá quién es.

Entiérrala en el convento de las Carmelitas.

A su esposo le gustará tener un lugar donde rezar por ella.

-Quiere que me entierres, ¿qué vamos a hacer?

-No será difícil encontrar un cuerpo para tu tumba,

pero ahora tienes que desaparecer, y rápido, nadie puede saber

que estás viva. ¡Pero tengo que volver

a por mi bebé! -No hay tiempo,

estará bien en el orfelinato.

(LEE) Agustín me prometió que cuidaría de los tres niños,

pero para eso, yo debía permanecer muerta

a ojos de todos.

-¿Pero entonces, su madre fingió su propia muerte?

Yo es que no entiendo nada.

¿Entonces Agustín era bueno?

Eso parece.

Lo que pretendía Agustín era protegernos a mí

y a mis hermanos. -Pero ¿protegerlos de quién?

¿Y ese hombre?

¿Quién era ese hombre que quería verlos muertos?

No lo sé, Sátur.

No lo sé.

-Es que también...

Su madre ya podía haberse remontao un poquito.

Y así nos habríamos enterado por fin de quién era su padre.

-Padre. -Recibí tu aviso.

¿Qué pasa?

¿Por qué querías verme?

-Padre,

no puedo casarme.

-¿Cómo que no puedes casarte?

-Me prometí con Eugenia para que no perdiera la honra,

por mi culpa. Fue un error.

Quizá no debí de haber llegado tan lejos.

-Tienes que casarte con ella. No tienes otra salida.

-No puedo, no la quiero.

-No la quieres.

¿Y a quién le importa eso? -A mí, padre.

A mí.

Si me caso con Eugenia le voy a destrozar la vida.

Yo amo a otra mujer. -¿A otra mujer?

¿Todavía piensas en esa plebeya? -Sé que no he actuado

de la manera correcta, pero no sabía cómo hacerlo.

-¿Tú sabes lo que va a suponer esto para nosotros?

¡Somos grandes de España y primos de su Majestad!

-Lo siento, padre. (GRITA) -¡Lo siento, lo siento!

¡Siempre con la misma historia! ¡Vas a manchar nuestro nombre

para siempre, vas a conseguir que...!

Ah, ah.

-Padre, padre, tranquilo, padre, tranquilo.

Respira, padre. Tranquilo, tranquilo.

¡Padre!

¡Padre!

-Ah... -Padre, tranquilo,

háblame, padre. ¡Padre!

¡Respira, padre!

Respira, padre, por favor, respira.

Juan, ¿qué pasa?

¿Qué pasa, Juan?

(LLORA) Padre, respira, padre...

¡Padre!

¡Padre, respira, padre!

(LLORA)

¡Mariana!

-Ayúdame.

(GRITA) No, no.

(GRITA) ¡Nooo!

-Se los han llevado a todos del hospicio, amo,

no han dejado ni un solo crío. -¡Ah!

Vamos a encontrarlos. Ese caballo pertenece

a la marquesa de Santillana, ¿quién te lo ha vendido?

-Una mujer de pelo largo y oscuro. ¡Mariana!

-El cardenal Mendoza me va a buscar y si me encuentra

me matará. -Señor, si la pirata ha escapado,

¿quién va en ese baúl?

(GRITA) ¡Nooo!

(GRITA) ¡Gonzalo!

-San Jorge es el patrón de todos vosotros,

los hombres de armas.

El Santo Grial se encuentra escondido en las grutas

que hay bajo esa pradera.

-Le he dicho toda la verdad, por eso ha muerto

y esto me lo he buscado, todo, yo solo.

-Anoche estabas en la cama con esa mujer.

¿Ahí también te estabas acordando de madre?

-Prefiero que no vengas al entierro.

¡Ah! -¡Ah!

¿Has encontrado a tu padre?

Los huérfanos, ¿qué hacéis

con ellos? ¿Dónde están?

-Bajo tierra.

No sé dónde está. (LLORA)

(LLORA)

Águila Roja - T4 - Capítulo 40

17 oct 2011

El Comisario da salida al convoy que se dirige a Mongolia ignorando que es la Marquesa y no Marina la que va encerrada en uno de los baúles. Por el camino, Lucrecia se enfrenta sin éxito a sus captores. Mientras, en palacio, Irene intenta ocultar su embarazo.

El Cardenal Mendoza lleva mucho tiempo investigando un asunto clave para su ascenso al Papado: dónde se esconde el Santo Grial. Al caer en su poder la espada de un templario que custodió el Cáliz Sagrado, llega a la conclusión de que éste se esconde en la villa.

Por su parte, Gonzalo y Satur descubren que Juan está prometido al mismo tiempo con Eugenia y con Margarita. El médico, que reconoce su error al ser descubierto, no puede demorar más su decisión y se dispone a romper el compromiso con una de las dos mujeres.

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