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No recomendado para menores de 12 años Águila Roja - T3 - Capítulo 39 - Ver ahora
Transcripción completa

-Nos vamos a poner a cabalgar detrás de esa luz,

nos vamos a salir del mapa, vamos a cruzar un mar, otro,

y acabaremos como Marco Polo, dando la vuelta a la Tierra.

Silbido.

Tiene un mensaje.

Nos vemos en dos días en el Pozo del Infierno.

-El rey le ha pedido a Dios un varón sano, solo así

firmará la paz con Portugal.

-La reina tendrá un hijo varón.

Encontré las cartas cifradas en su baúl, sabe que las cogí.

Yo no guardo ningún recuerdo de un hombre de mi pasado.

-No, solo vives con uno.

(GRITA) -¡Fuego! ¡fuego!

¿Qué ha ocurrido?

¿Quién ha dejado la ventana abierta?

-Eres una mujer casada, pero...

Yo... te quiero.

-¿Y ahora? Que si el rey no tiene más sucesores

se acaba la monarquía.

-Es un varón, eminencia.

-Será entregado a una familia que le dará todo lo que necesite.

Llanto de bebé.

Disparo y relincho de caballo.

¿Dónde está el Pozo del Infierno?

-En las catacumbas que hay bajo la plaza Mayor.

-Traigo una carta para la marquesa de Santillana.

-He descifrado las cartas, la espero, como siempre,

en el cruce del camino de Alcalá.

-No podéis quitarme a mi hijo.

¿Cuántas veces tengo que decirte que nadie excepto yo

debe tocar mi correspondencia?

Despierte.

¡Mierda!

-Cipriano, estás sonriendo. -¿Yo? No.

-¿Eso no es una mujer?

(TODOS GRITAN)

¡Juan! -Acaba de dar a luz.

No solo tienes cartas misteriosas

y han intentado asesinarte, también han matado a un hombre.

No es lo que parece.

-Está todo preparado para hacer el cambio.

-¿Y si finalmente la reina da a luz un varón?

-No será difícil deshacerse de un recién nacido.

-Ha vuelto Inés.

Es el escudo de una orden religiosa.

-¿Qué pinta Inés entre religiosas?

(SOLLOZA) -Estaba muy sola.

-Tranquila, Lucrecia,

yo voy a cuidar de ti.

-Solo una pistola estará cargada,

solo un tirador perderá la vida.

Disparo.

-Que Dios te acoja en su seno.

Golpes y disparos.

¿Dónde está el bebé? -Aguante, por Dios.

Si no llego a entrar, Lucrecia ahora estaría muerta.

-Me atacó y... Tuve que ir a vendarme.

Llanto de bebé.

-Qué alegría se va a llevar Inés cuando vea al crío.

-España ya tiene un heredero, no voy a ceder

ante los deseos de Portugal.

(LLORA) -¡Inés, Inés!

-Parece que ha privado a un hijo de su madre para nada.

-Saldréis de inmediato para Puerto Rico.

Si hubiera tenido fuerzas para atacarla,

¿no habría intentado salir de la bañera?

-Amo, esto es peor de lo que cuentan.

(GRITA) Se han fugao.

(CON ECO) Lo he perdido.

-Amo, que usted lo ha visto igual que yo,

que ese hombre ha desaparecido delante de nuestros morros.

(RESPIRA CON DIFICULTAD) Y si puede atravesar paredes

es que es un espíritu o un ánima en pena.

Los espíritus no existen. -Ya estamos con el no existe,

¿entonces qué explicación le da usted?

¿Eh?

(GRITA) ¡Ah!

Joe, qué calor hace aquí...

Ahora ya entiendo por qué le llaman el Pozo del Infierno,

porque está al ladito. ¡Ay!

Crujido.

(ASUSTADO) ¡La madre que me parió!

Sátur, ni te muevas, puede que haya más trampas.

-Amo, es que no me encuentro mu bien, como que veo

más oscuro de lo normal.

(TOSE) Amo, por favor...

¡Sátur!

Canto de los pájaros.

(TOSE)

-Joder, Alonso, ¿qué haces mirándome así, como si fueras un

como si fueras un búho?

-Si yo soy un búho, tú eres una marmota

que llevas un montón de horas durmiendo.

-¿Qué ha pasao?

-Mi padre dijo que durmieras aquí porque tenías que descansar,

¿estás mejor?

-Estoy como si me hubieran metío en un horno de leña

del calor que tengo.

¿Y tu padre?

-Mi padre se ha ido con Margarita y con Juan al entierro de Inés.

Pero yo me he quedado aquí cuidándote,

te voy a hacer el desayuno.

-No, no, ya me levanto yo. -Que no, Sátur, que no te levantes.

-Que sí, que me levanto ya, déjame.

Eh, eh, no, no, tú no te levantas hasta que no te recuperes.

A ver... (RESOPLA) ¡Uf!

No, todavía tienes mucha fiebre.

-¿Cómo está Cipriano? Pues mal, ¿cómo va estar?

No ha abierto la boca en todo el entierro.

Pero hombre, estás empapao, anda déjame que te quite esa camisa

y le doy un agua. -No, no.

Y le doy un agua. -Que no, por favor,

que no estoy tullido.

-¿Qué haces mirándome así, como si fuera un burro viejo?

Esto es un catarro de nada. Será un catarro

o será lo que tú quieras, pero tú no te levantas de aquí

hasta que no te baje la fiebre.

Anda, vamos a preparar algo caliente.

Anda, ¡toma!

-Claro...

Encima me pongo su camisa, ¡que estoy bien, leches!

¡Descansa!

Introducen una llave.

-Buenos días, Mariana, ¿has descansado bien esta noche?

-Fuera de aquí, ni siquiera estoy vestida.

Aquí las órdenes las damos nosotros.

-Mi marido os hará pagar este ultraje.

Me temo que no, el barco que le trasladaba

ha naufragado; ningún superviviente.

A estas horas debe estar camino del infierno.

-Eso es mentira.

-Reconozco que es una contrariedad que no esperábamos,

todos salimos perdiendo. Sin embargo, la Providencia

siempre nos ofrece alternativas para labrar nuestro futuro,

solo espera de nosotros un poco de colaboración.

¿Dónde está escondido el tesoro de Richard Blake?

-Nunca se lo diré.

-Deje que me la lleve al calabozo, en un par de horas

habrá cambiado de opinión.

-Por favor, comisario, ese no es lugar para una dama.

-¿Conoces Mongolia? Dicen que las condiciones allí

son extremadamente duras, hace tanto frío

que las extremidades acaban pudriéndose poco a poco

y cuando eso ocurre te las tienen que amputar.

Un embajador del rey mongol se encuentra de visita en la corte,

me ha comentado que su señor busca una mujer occidental, bonita.

-Jamás le diré donde se esconde el tesoro de mi marido.

-Dentro de seis meses enviaré a un emisario,

para ver si has entrado en razón, suplicarás que te saque de allí.

Comisario.

Cuando cierre el trato con el mongol vendrán a por ti.

-¡Doctor!

¡Juan!

(TOSE)

(LEE PARA SÍ MISMO)

En la siguiente fase se producen...

(LEE CON DIFICULTAD) Fie... bre ele...vada,

angus.. tia,

Encharcan

hasta pro...ducir...

La muerte.

Pasos.

¡Sátur!

¿Se puede saber qué estás haciendo aquí?

Llevo un rato buscándote. (SUSPIRA)

Te dije que no te levantaras.

¿Cómo estás?

Anda, vuelve a la cama, haz el favor.

-Tengo la peste, amo.

Sátur, ¿cómo vas a tener la peste?

-Estoy muerto.

Me ha salido una uva aquí, otra en el brazo.

Y me saldrán muchas más.

Vamos a ver, tú no eres médico, puede que sea otra cosa,

déjame ver. -No, no, no.

No se acerque, yo se las enseño, pero no me toque.

Iremos fuera de la villa, yo te cuidaré.

-No, no le contagiaré a usted y usted contagiará

a Alonso y a Margarita,

mejor me voy. No, solo no tienes ninguna

oportunidad de sobrevivir. -¿Es que no me oye?

¡Tengo la peste!

Estoy condenado y usted no puede hacer nada,

así que déjeme en paz. Conozco un sitio en el bosque

donde podemos ir y allí te cuidaré.

-¡No lo entiende!

No puedo hacer nada y está complicándolo todo, amo.

No estoy complicando nada. Voy a por quina

para curarte las heridas y enseguida vuelvo,

¡no te muevas de aquí!

(SUSPIRA)

¿Quieres que me confundan con una campesina?

¡Ponme más!

Mi piel debe parecer transparente.

¿Qué te pasa, Catalina? Tienes un aspecto horrible

esta mañana.

Venimos del entierro de una amiga, señora.

¿Cuál es el problema?

Por fin se acabó su sufrimiento, mejor muerta que pobre.

Pasos. -Señora.

¿Sí? -Un enviado ha traído esta cajita

de parte de la madre Isabel, creo que es un regalo.

Ábrela.

-¿Yo, señora? Sí, tú, ábrela.

-Un molde, señora.

Dejadme sola.

(LAS DOS SUSURRAN) Permiso.

La puerta se cierra.

(LEE) Todos los secretos se guardan bajo llave

no tuve tiempo de averiguar lo que el cardenal

ocultaba celosamente.

Espero que, si vale la pena, lo compartas conmigo.

Lucrecia...

A veces la vida nos lleva a cometer errores.

Tu amiga, madre Isabel.

(PIENSA) "Mi querido cardenal, le escribo con el propósito

de invitarle a cenar en mi humilde palacio.

Hace mucho tiempo que no disfruto de su compañía

y mis aposentos se encuentran vacíos

sin su presencia...

Marquesa de Santillana".

¡Sátur!

¡Sátur!

Trino de los pájaros.

Graznido.

(TOSE)

(TOSE)

Relincho de caballo.

-¿Cómo me ha encontrao? Una vez, me comentaste

que te gustaría que tus restos descansaran

junto a la Silla de Felipe II.

(TOSE)

Frente al Escorial,

porque ya que no habías podido vivir como un rey,

al menos, querías morir como tal.

¿Te acuerdas? -Si es que hablo demasiao...

No se acerque, amo, por favor.

Sátur, nos vamos a casa.

-Le digo que no se acerque.

Si quieres continuar solo, tendrás que dispararme.

-¿Es que no lo entiende?

Estoy muerto, si viene conmigo le contagiaré

y después se morirá usted también.

Sátur, voy a cuidarte, he traído medicinas

y te vas a poner bien. -¡Que la peste no tiene cura!

¿No me oye? He visto a muchos morir así,

primero llega la fiebre,

luego la tos con sangre,

que te provoca unas arcadas que, que...

Que te hacen vomitar.

Por no hablar de la descomposición final del cuerpo

que parece que uno se esté pudriendo por dentro.

Sátur, escúchame bien, ¡no vas a morir!

No voy a permitirlo. Dame la pistola.

-Le voy a disparar, amo, lo siento.

Yo también lo siento, Sátur.

-La visita del embajador del rey mongol

está siendo ciertamente incómoda,

sus costumbres son algo extrañas.

-Debemos proteger nuestros intereses

en esa parte del mundo, majestad.

-Tiene usted razón, cardenal.

Y sus presentes son sumamente lujosos,

habrá que corresponder.

-Dejadlo de mi cuenta, creo que tengo algo

que le satisfará plenamente. -Bien.

-¡Ah! Parece que el heredero se encuentra dormido.

Le he traído un pequeño presente, que espero que le guste,

un sonajero de plata. (EL REY RÍE)

-Oiga...

¡La peste!

¡Tiene la peste! -¡Llamen a la guardia!

¡Sacadla de aquí inmediatamente! ¡Rápido!

-No, majestad, debéis abandonar la villa

de inmediato. Vos y toda vuestra familia.

Debemos proteger la vida del heredero.

-La peste no, otra vez...

Cardenal, haced lo que sea necesario

para que la enfermedad no se extienda.

¡Lo que sea!

Pasos.

¡Menudo día! ¿Eh?

Te he visto muy afectada en el entierro de Inés.

-Era mi amiga. Ya...

El que estaba muy mal era Cipri, estaba muy enamorado de ella,

yo creo que no la va a olvidar nunca.

-¡Catalina! Esta es la nueva. -¡Virgen santísima!

¡Pero qué pinta! ¡Si no sé ni por dónde empezar!

¿De dónde sales tú, chiquilla? -Del orfelinato.

Necesito el trabajo, señora, por favor...

Pues veremos a ver cómo lo hacemos porque como te vea la marquesa así

te echa a patadas.

¡Virgen santa! No quiero ni imaginarme

lo que puede haber ahí dentro.

¡Margarita!

-¡Marta, tráele un vaso de leche caliente!

¡Gonzalo!

Tenemos que ir un momentito a casa. ¿Pero pasa algo?

Te lo cuento mejor por el camino.

¡Catalina! Tengo que salir un momento,

vuelvo enseguida. -Id con cuidado, con Dios.

Mira, criaturica, la marquesa nunca admitiría

a alguien así trabajando en su palacio, ¿sabes?

¡Catalina! -Señora.

Esta noche viene a cenar el cardenal,

olvídate del pavo y prepara corzo, ya sabes lo mucho que le gusta.

-Sí, señora.

(SUSURRA) ¿Qué es eso, Catalina? -Es la nueva criada, señora,

la semana pasada le avisé de que vendría hoy,

pero no se preocupe que... ya le he dicho

que tiene que marcharse.

Que suba a mi alcoba. -¿Perdón, señora?

¡Que suba a mi alcoba inmediatamente, Catalina!

-No, por ahí me haces cosquillas. ¡Céntrate o no acabaremos nunca!

-Padre, ¿por qué me tienes que lavar tú?

Yo ya sé lavarme solo. -Así te limpio más a fondo.

(SUSURRA) -Sí... Anda, date la vuelta.

Voy a mirar si tienes piojos, ¿eh? -Padre, todo el mundo tiene piojos.

Bueno...

-¿Dónde está Sátur?

Lo he mandado a Toledo, a por unos pergaminos.

Aquí tienes un bulto. -Fue Adrián, el hijo del panadero,

que me tiró una piedra, el muy bruto.

(SUSPIRA)

Bueno, pues ya está, ¿ves como no ha sido tan difícil?

A vestirse.

¡Hala!

Bueno, ni Alonso ni yo tenemos nada,

¿tú te has mirado bien?

Sí, lo único la espalda... que...que no llego bien.

¿Y Juan? Él es médico. Juan no está, Gonzalo,

y esto es muy grave, ¿me puedes mirar tú, por favor?

No tienes nada.

Gracias.

Margarita, he llevado a Sátur a un refugio en el bosque,

está al norte, cerca del cruce con el camino de Burgos.

Si ocurre algo, me avisas. ¿Cómo que si ocurre algo, Gonzalo?

Me voy a quedar con Sátur hasta...

Hasta el final, si es preciso.

Pero, Gonzalo, te puedes contagiar.

Eso no va a ocurrir. ¿Cómo que no va a ocurrir?

Claro que puede ocurrir...

Lo que estás haciendo es muy peligroso, además,

puede que no te volvamos a ver.

Estaré bien.

Podéis salir.

Tienes un pelo muy bonito.

Me han dicho que la vida en el orfelinato es muy dura.

-Sí, señora... Voy a esforzarme mucho,

no se arrepentirá de contratarme.

Has tenido suerte de que no te lo cortaran.

Las pelucas para las nobles se hacen con el pelo

de las niñas huérfanas.

¿Cómo lo has conseguido?

(SUSURRA) ¿Has conocido varón? -No, no, señora.

¡No me mientas! ¿Lo has conocido?

-Sí, señora.

No importa, mejor. Ponte en pie.

Tienes una piel...

blanca,

preciosa,

suave.

¿Te gusta? ¿Mi vestido?

-Sí, mucho. ¿Hasta dónde estarías

dispuesta a llegar para conseguirlo?

-Hasta donde fuera necesario, señora.

La respuesta, muy adecuada.

Bien vestida serán un postre perfecto.

Ordenaré que te empolven.

Bullicio.

¡Juan!

Ahora mismo iba a verte,

¿vas a algún sitio? -Mis padres vuelven de Francia

el mes que viene y tengo que supervisar

los preparativos de su palacio.

¿Quieres que te acompañe?

-No, gracias, no hace falta.

Bueno, pues, cuando vuelvas a ver si vamos un día

a comer al campo. Que hace mucho

que no pasamos tiempo juntos

y te echo de menos.

¿Así te despides de tu futura esposa?

Con Dios.

(TOSE)

¡Amo! (TOSE)

(TOSE)

¡Amo!

(TOSE)

Necesitas ahorrar fuerzas.

Te conviene descansar.

(TOSE) ¿Cómo te encuentras?

-Que me suelte.

Que no soy ningún perro.

¿Es que hasta sobre mi muerte quiere usted decidir?

(TOSE) Anda, bebe un poco.

-Es que... es que no... no me lo explico, amo.

¿Cómo puede apreciarme usted tanto?

Mi vida no vale nada, en cambio, la suya...

Tú vida vale igual que la mía, y ahora, bebe.

-Me va a perdonar pero si yo me muero

no se pierde nada. (TOSE)

En cambio, usted es el héroe del pueblo.

¿Es que no lo entiende? Voy a conseguir

lo que no ha conseguido ningún guardia del reino,

¡voy a matar al Águila Roja!

(TOSE)

Descansa.

-Yo no he hecho nada por lo que ser recordao.

Si le mato...

Amo, por Dios, no me haga ir con esa carga pa la tumba,

suélteme.

No te voy a soltar...

Así que, si necesitas algo, estoy fuera.

-Cipri.

Yo esta mañana, en el entierro, no he sido capaz de acercarme

a darte el pésame.

Lo siento, Cipri, lo siento en el alma.

-Gracias.

-Es que no podía ni mirarte a la cara, con Inés allí todavía

de cuerpo presente. -Te entiendo, Catalina.

Gracias.

-Cipri, me he dao cuenta que... lo que empezó mal

acabó de la peor manera posible, y no puede ser.

-¿Qué quieres decir?

-Que tenemos que olvidarnos de todo lo que ha pasao.

Se lo debemos a Inés, Cipri, se acabó.

(PREGONA) -Por orden de Su Majestad el Rey

se convoca a todos los habitantes de los barrios de San Felipe,

las Descalzas y Caballerizas en la plaza de la Justicia,

esta tarde a las seis.

Por orden de Su Majestad el Rey se convoca a todos los habitantes

de los barrios de San Felipe, las Descalzas y Caballerizas

en la plaza de la Justicia, esta tarde a las seis.

-¿Y no dice para qué?

Pregón.

-A lo mejor es una fiesta por el nacimiento

del futuro heredero. -¡Puede que nos den cocido y todo!

(PREGONERO) San Felipe, las Descalzas y Caballerizas

en la plaza de la Justicia, esta tarde a las seis.

Por orden de Su Majestad el Rey...

Estad preparados, apresaremos a todo el que nos parezca enfermo.

Ni ellos, ni ninguno de sus familiares podrá salir

de esta plaza sin nuestro permiso,

o lo hará muerto. -Sí, señor.

Llaman a la puerta.

Adelante.

-Marquesa.

Gracias, por venir. Sé que trabajas para el cardenal

desde hace mucho años. -Así es,

hace ya más de una década que tengo el placer

de estar a su servicio.

Ahórrate ese falso pudor conmigo, lacayo,

todo el mundo sabe que la Iglesia no es muy generosa

con sus siervos.

¿A qué puerta pertenece esta llave?

¿Sabes lo que guarda aquí el cardenal?

-No sé lo que guarda.

(SUSPIRA) Ay...

-Sin embargo, creo que podría adivinar a qué puerta corresponde.

Genial.

Esta noche visitaré el palacio del cardenal

encárgate de que el servicio no me vea.

-¿Y el cardenal, señora marquesa?

No te preocupes por eso, su eminencia estará

muy ocupado esta noche.

Por si a última hora te entran esos remordimientos tan cristianos.

Puedes irte.

-¡Sacadme de aquí! ¡Sacadme de aquí!

(LLORA)

(EL CARDENAL) ¿Conoces Mongolia? Hace tanto frío

que las extremidades acaban pudriéndose poco a poco

y cuando eso ocurre, te las tienen que amputar.

A estas horas debe estar camino del infierno.

El barco que le trasladaba ha naufragado,

ningún superviviente.

(GRITA) ¡Ah! ¡Ah!

¡Ay!

(BLAKE) Volveré.

¿Para qué nos habrán reunido aquí a todos?

-Nos van a dar cocido para celebrar el nacimiento

del futuro rey. -Sí, pues para ser una celebración

poca guirnalda veo yo.

Mira Cipri. ¡Cipri!

¿Cómo sigues? -Ahí vamos.

Catalina.

-¡Hola! Buenas.

-¿Vosotros sabéis para qué nos han llamado?

-No lo sé, pero he oído que están haciendo lo mismo

en todas las plazas de la villa.

-Sátur está en Toledo con mi padre pero va a venir,

en cualquier momento va a venir, ya verás, ¿eh?

-Madre, ¿si viene le podré saludar?

-Claro, hijo, es tu padre.

Relincho de caballo.

¡Rodeadlos! -¿Por qué?Si no hemos hecho nada.

Que nadie salga de la plaza sin que lo inspeccionen.

Si pretenden escapar tirad a matar.

Alboroto.

(TODOS GRITAN) ¡Cuidado, cuidado!

Alboroto. ¡Cuidado!¡Eh! ¡Eh!

-¡Que entren los médicos!

(CATALINA) Oiga por Dios, díganos de una vez qué pasa.

-No tengo nada. -¡Guardia!

-Que no tengo nada.

-Por Dios, díganos de una vez qué pasa.

Alboroto.

-¡Guardia, llévese a este! -¡Que no! ¡Que no!

Disparo.

(TODOS GRITAN) ¡Ah!

¡Lleváoslo!

-¡Está infectada!

-Son marcas de viruela, tuve la viruela.

(GABI) ¡Mamá! ¡Lleváosla!

-¡Suélteme! (GABI) ¡Dejadla!

¡No, no! (TODOS GRITAN)

-¡Estuarda! ¡Llevaos también al niño!

¡Debe estar tan apestado como ella! (TODOS) ¡Nooo!

¡Gabi! -¡Gabi, no!

¡Alonso, Alonso!

¡Gabi! (GABI GRITA) ¡Mamá!

(ALONSO) ¡Gabi! (GABI) ¡Mamá!

Lo han dejado todo perfectamente dispuesto.

Espero que la ausencia de servicio no arruine la noche,

he tenido que enviarlos a todos a las inspecciones de la peste.

-Habéis hecho muy bien.

En el 56 tuve la mala fortuna de vivir de cerca un brote de peste

en Nápoles, puedes creerme...

Toda prevención es poca. Si se asearan más a menudo

no nos provocarían tantos contratiempos

con esas enfermedades de pobres.

-No te preocupes, ciertos asuntos debemos tratarlos

en mayor profundidad así, solos.

Pasos.

¡Irene! -Buenas noches, tío.

-Sigues teniendo mala cara, quizá debería verte un médico.

-No hace falta, estoy bien.

Será el matrimonio, a veces sienta fenomenal,

pero otras consume a los cónyuges.

¿Te reclama mucha atención el comisario?

-No os preocupéis, es solo que estoy un poco cansada.

Si me disculpáis...

-Como te decía, sin la indiscreción habitual

de la servidumbre,

podemos estar más tranquilos, ¿no te parece?

Lo cierto es que... Le debo una disculpa, eminencia.

Me ha surgido un imprevisto

y no voy a poder acompañarlo esta noche.

-¿Por qué me habéis hecho venir hasta aquí, entonces?

Sabéis de sobra que soy un hombre muy ocupado.

Lo sé, eminencia, lo sé.

Por eso he pensado en algo que hiciese provechosa

su visita a mi palacio. Esperad.

Le presento a mi nueva protegida.

Tal y como yo lo necesité en su momento,

ella precisa ahora de su valiosa guía

para saber avanzar por los tortuosos caminos

de la vida, eminencia.

-Será todo un honor escuchar sus consejos, cardenal.

Les dejo a solas, para que se vayan conociendo.

-Desde luego.

Para ciertas obligaciones de la jerarquía,

Dios ha de ser el único testigo.

Eminencia.

-Acércate.

No alimentarte es una estupidez.

(TOSE) Cuánto más débil estés

más fácil se lo pones a la enfermedad.

-No pienso comer ni beber hasta que no se aleje de mí.

Llámelo resistencia pacífica o como quiera pero...

(TOSE) No pienso hacerlo.

¡Gonzalo! ¡Sátur!

-Amo, no deje usted que se acerque, por Dios.

¡Sátur! ¿Cómo estás? ¡Margarita, Margarita!

(TOSE)

Gonzalo, el comisario está deteniendo

a todos los enfermos para que no se extienda la peste,

los llevan al matadero Real para recluirlos allí

y dejarlos morir.

-Se lo he dicho, amo, voy a ser el responsable

de la muerte de toda la villa.

Váyanse, déjenme solo. (TOSE)

¿Y Alonso? Está con Catalina en su casa.

Ve, ve con él, en cuanto pueda os iré a buscar.

Gonzalo, el comisario también se ha llevado a...

Estuarda y a Gabi.

-¡Hijo de perra!

Es mejor que te vayas. Sí, tened mucho cuidado, por favor.

-Suélteme, amo. Tengo que ir a buscar a Estuarda.

(TOSE) ¡Suélteme!

¡Suélteme que me lo llevo por delante a ese malnacido!

(TOSE)

Suélteme, amo, por Dios, se lo ruego, suélteme

que sea lo mejor que haya hecho en mi vida.

Ojalá tuviera él la peste y no yo.

Sátur, volverás a ver a tu hijo, te lo prometo.

(GRITA DESESPERADO) -¡Amo! ¡Por Dios! ¡Amo! ¡Amo!

¡Amo!

-¡Ay!

Abren la puerta.

¿Quién eres? -¿Y tú?

Es que ahora el cardenal manda a sus furcias a hacerle

el trabajo sucio.

¡Ni se te ocurra!

¿Por qué te tiene recluida el cardenal?

-Libérame y te lo cuento.

¿Por qué estás aquí?

-Soy la mujer del pirata Richard Blake.

El comisario y el cardenal me retenían

con la esperanza de que mi marido les entregara su tesoro.

El cardenal y el comisario...

-Ayúdame a escapar, por favor. Ni se te ocurra.

-¡Por favor, ayúdame! ¡Ayúdame, por favor!

Me quieren vender, por favor... ¡No me dejes aquí! ¡Ayúdame!

(TOSE)

(TOSE Y RESPIRA CON DIFICULTAD)

(TOSE)

Alonso, que no te he visto en la cama y me he asustao.

(SOLLOZA)

¿Qué te pasa?

-¿Dónde está el Águila Roja?

Siempre aparece cuando lo necesitamos.

Igual el también está enfermo,

si no, ¿por qué no ha aparecido en la plaza?

No lo sé.

-No voy a volver a ver a Gabi, nunca más.

Claro que vas a volver a verlo, mi amor, claro que sí.

(LLORA)

-¿Cuándo mejora la vida, tía?

¿Cuándo empiezan las cosas buenas?

Las cosas buenas ya están sucediendo, mi amor.

Están por todas partes,

solo que a veces hay que... Hay que estar atento

para que las malas no nos eviten verlas.

(TOSE)

-¿No serás una apestada de esas, verdad?

Vete a la cocina y que suba otra criada a atendernos.

Estás hecho todo un hombre de tu casa.

-Soy el marqués de Santillana, tienen que aprender a respetarme.

Está bien, pero no te preocupes, es solo un resfriado,

yo mismo me encargué de comprobar que ninguno de los criados

estuviera contagiado.

-Buenos días, madre.

Buen día, hijo.

¿Te importaría dejarnos a solas?

¿Ahora amaneces?

Se alargaría anoche la cena con el cardenal, supongo.

Pero no como te imaginas.

Sorpréndeme.

Mientras él disfrutaba en mi palacio,

yo hice una visita urgente al suyo. Descubrí que tiene a la mujer

de Richard Blake encerrada en una habitación.

¡Qué sorpresa! No me tomes por tonta, Hernán.

¿Desde cuándo haces negocios por libre?

Lucrecia, nuestras colaboraciones

siempre fueron fruto del interés común,

nunca de la obligación.

Ahora ya no tiene sentido. ¡Ah!

Está bien, a Su Majestad le encantará saber

que retenéis a la mujer que conoce el paradero

de un tesoro que le pertenece.

¿Cómo le llamarías a eso, Hernán?

Alta traición.

¿Me mandarías a la horca?

Solo sería un pequeño precio que pagar por todo

lo que ganaría a cambio, ¿no crees?

Aunque el rey acabara con nosotros, el cardenal haría un último encargo

antes de morir...

Tu cabeza.

Por cierto, exquisitas, las pastas.

-Vamos, gandul, venga.

-¿Qué nos van a hacer, madre? -No sé, hijo.

-Basta.

(GRITA) -¡Ah! -¡Déjala!

Déjala, por favor.

-Yo no tengo la peste, solo son marcas de viruela.

-¡Calla!

-Suelta a mi hijo, por lo menos.

-¡Continúa, venga!

(LLORA)

-Catalina, ¿dónde está mi lacayo?

-Señorito, como no se retire un poco el pañuelo de la boca,

no hay quien le entienda.

-¡Que dónde está mi lacayo, Catalina!

-Aún no ha vuelto de la inspección de la plaza.

-¿Tenía la peste?

(GRITA) ¡Quemadlo! ¡Quemad toda mi ropa!

¡Y las sábanas!

-Como usted diga, señorito.

¿Quiere que demos fuego también a las cortinas?

Aquí no se quema nada hasta que su madre lo ordene,

pues solo faltaba eso, ¡cómo tenemos poco trabajo!

-Catalina.

-¿Está toda? -Menos la de la señorita Irene

pero dice que no hace falta, que lo hará ella.

-Sí, claro, y se entera la marquesa y me pone de patitas en la calle

por permitirlo.

-Ya lo hizo el mes pasado, Catalina.

-¿Que lleva dos meses sin entregarnos su ropa íntima?

Pero ¿en qué estabas pensando, Marta?

¿Cuándo pensabas decírmelo?

-Pero ¿es que le pasa algo a la señorita Irene?

¿Está enferma?

-Parad el carro. -¡Sooo!

-¡Levanta!

-¡No, no, no! Levántese, por lo que más quiera,

levántese. -¡Calla!

-¡No dispare, por favor!

(AMBOS GRITAN) ¡Ah!

-No, por favor, no haga nada.

¡No! ¡Por favor, no dispare!

(DESESPERADO) ¡Por favor, tenga piedad!

Golpe.

(GRITA)-¡Aaaah!

(GRITA)-¡Aaaah!

Escuchadme, no podéis a la villa,

podríais contagiar a vuestros familiares.

De momento, escondeos en el convento abandonado

de las Dominicas.

Yo me encargaré de que no os falte comida, ni agua.

(ARREA AL CABALLO) -¡Gabi!

-Solo quería pedirle una pluma.

-Por favor, le juro que no sé dónde está.

(DOLORIDO) ¡Aaah! ¿Dónde escondes a tu hijo?

-Le juro que no sé dónde está.

Os han delatado, sabemos que tiene la peste.

¡Habla! -Le juro que no sé dónde está.

¡Aaah!

Cuando termines con él llévalo con los demás.

Tintineo de cadenas.

-Vuestros métodos siempre tan delicados, comisario.

Por temor a esa delicadeza, los vecinos han empezado

a delatarse unos a otros.

-Espero que eso sea más eficaz que la refriega que organizasteis

ayer en la plaza. Por cierto, que mi paciencia

ha llegado a su fin. Hoy mismo voy a hablar

con el embajador de Mongolia para proceder a la venta

de la mujer de Richard Blake.

Si me permite insistir, eminencia, déjeme pasar dos días

con ella en el calabozo y le diré dónde está el tesoro.

Le ahorraría muchos esfuerzos.

-Vuestros burdos procedimientos tienen una limitada capacidad

de persuasión, comisario.

Hay métodos más refinados para alargar el sufrimiento.

Lo que esa mujer experimentará en Asia

será el goteo permanente de la angustia.

Antes o después no querrá otra cosa que entregarme el tesoro.

Podéis continuar. Eminencia.

-Señor,

los médicos han confirmado que cuatro de los presos

están apestados.

Coge a tus hombres y llévalos con los enfermos.

-Sí, señor.

Golpe.

(TOSE)

¡Sátur! Estuarda y Gabi ya están a salvo.

Pasos.

-¿Hasta cuándo pensaba ocultarlo?

¿Desde cuándo tiene faltas?

-Desde hace dos meses.

-¿Y ha consumado el matrimonio?

-Se cambió de habitación para no dormir conmigo.

Nunca me ha tocado.

-¿Y qué piensa hacer? Porque el comisario sabrá

que ese hijo no es suyo, sino de Martín.

-Martín está a salvo,

está lejos.

-¿Y quién cree que pagará entonces? ¿Eh?

Su bebé, sí.

Porque no permitirá que viva.

he visto toda mi vida lo que hacen los señores

con sus hijos bastardos y es horrible, créame.

¿Quiere eso para su hijo?

No permitiré que le pase nada a ese niño, Irene,

es sangre de mi sangre. (SOLLOZA) -¿Y qué puedo hacer?

-Tiene que consumar el matrimonio.

-No puedo, no puedo. -Va a ser madre,

deje ya de compadecerse de sí misma y asuma las consecuencias

de sus actos.

Ya va siendo hora de que acepte que es una mujer adulta,

acuéstese con el comisario y hágale creer que es el padre

de ese hijo que espera.

(TODOS TOSEN)

-Vamos, doctor, déjalo ahí mismo.

-Ahora mismo salgo. (TOSE)

-No tarde.

-Por favor, ayúdeme, yo no estoy enfermo.

Mi madre ha muerto.

-Toma, chico, póntelo.

Sal de aquí y no digas una palabra a nadie.

Al otro lado de la puerta hay un guardia,

él te acompañará hasta el puesto de vigilancia.

Ponte esto en la boca. -Gracias.

(TOSE)

¡Abran! ¡Abran! ¡Abran la puerta!

¡Abran! ¡Abran! -Ya lo han intentado otros antes.

Tenga, beba un poco de agua, se tranquilizará.

Apártese, ¡apártese!

(LA SEÑORA TOSE)

-Pobre hombre, ha perdido la cordura.

¡Sáquenme de aquí! (GRITA) ¡Sáquenme de aquí!

¡Soy el comisario!

-Ahora se cree el comisario de la villa.

(TOSE)

-Hubo un tiempo en que... Me creí reina.

-Todas las mujeres son unas reinas.

Descanse, le está subiendo la fiebre.

Beba un poco de agua le sentará bien.

-Nadie merece morir así,

en este lugar.

¡Sáquenme de aquí!

¡Soy el comisario! -¡Sacadme de aquí!

-Sacadme de aquí. -Yo no estoy enfermo.

(TODOS GRITAN)

¡Fuera! ¡Fuera! ¡Fuera!

(GRITA) ¡Abran, soy el comisario!

¡Sacadme de aquí! ¡Sacadme!

¡Es un error, es un error!

Pero ¿dónde puede estar, Gonzalo? No lo sé.

Lo he buscado por todas partes.

Seguro que está por ahí, vagando por los caminos.

¿Y si lo cogen, Gonzalo? No, conozco a Sátur,

pretende algo, no sé lo que es pero lo averiguaré.

-Padre, toma, guarda esto bien para que no se pierda.

Son mis tareas de la escuela. No te preocupes.

-¿Dónde está Sátur?

Porque si no está no nos podemos ir.

Sátur... -¿Qué? ¿Qué pasa?

¿Está bien? Padre, por favor, dímelo.

Sátur tiene la peste. -¿Qué?

¿Se está muriendo? No, no, está bien, Alonso,

está bien, pero ahora tenemos que irnos,

¿de acuerdo? -No, yo sin Sátur no me voy.

Imagínate que vuelve y no estamos. No te preocupes, venga.

(GRITA) -Pero que no, padre...

¡Que yo sin Sátur no me voy!

¡Alonso! Gonzalo, espera, Gonzalo,

sigue preparando el caballo que... que ya hablo yo con él.

-¡Gonzalo!

¡Cipri! -¿Te vas?

Sí.

-No deberías salir ahora, estamos sin protección.

¿Cómo que sin protección? -Han encontrado las ropas

ensangrentadas del comisario y no hay ni rastro de él.

El comisario ha desaparecido.

(SÁTUR) ¿Es que no lo entiende?

Yo no he hecho nada por lo que ser recordao.

¡Suélteme que me lo lleve por delante a ese malnacido!

Suélteme, que sea lo mejor que haya hecho en mi vida.

Ojalá tuviera él la peste y no yo.

Cipri, necesito que te quedes cuidando de Alonso y de Margarita

y no te muevas de aquí hasta que yo vuelva, ¿de acuerdo?

¡Vamos!

¡Abran, soy el comisario! ¡Abran!

-Ni pa esto sirvo...

(ALGUIEN TOSE) Esto no ha servido de nada.

(LA GENTE TOSE)

Odio a ese hombre...

Y maldigo su vida.

Pensaba que viéndole sufrir conseguiría...

No sé.

Lo único que siento es pena por él y por mí mismo.

-La gente que hace mal debería pagarlo.

A veces lo único que te mantiene vivo...

es la venganza.

(TOSE) -Tome agua.

¡Tú!

¡Tú! ¡Tú sabes quién soy! ¡Tú me conoces!

(BALBUCEA) -Yo no.

Dime quién me ha traído aquí. ¡Tú tienes que saberlo!

-No, yo no sé nada de verdad, no hay nada...

¡Ah!

(TODOS TOSEN)

(TODOS GRITAN)¡Fuego, hay fuego! -¡Nos van a quemar!

-¡Está ardiendo! -¡Hay que salir de aquí!

-Ni si quiera nos hemos presentado.

Mi nombre es Laura.

-¡Abrid la puerta! -Yo soy Sátur.

Pero eso qué más da... Cúbrase y no respire el humo.

(LA GENTE GRITA) -¡Dejadnos salir!

-¡Abrid, abrid!

-¡Dejadnos salir! -¡Socorro! ¡Socorro!

(TODOS) ¡Aaaah!

¡Vamos, fuera! ¡Venga, todos fuera!

(TODOS GRITAN)

-¡Comisario!

¡Apartad!

¡Lo quiero muerto!

¡Vamos, sal, sal!

¡Fuera, fuera!

¡Fuera!

(GRITA) -¡Uh!

-¡Aaaaah!

¡Sátur! ¡Sátur!

¡Te dije que salieras! ¡Vamos!

(GRITA) ¡Vamos! -Estoy casi muerto,

sácala a ella... No hay nadie.

¡Sátur, escúchame! ¡Sátur, mírame!

(TOSE) ¡Sátur, vamos! ¡Sátur, reacciona!

(GRITA) ¡Sátur! ¡Sátur, no! ¡Sátur!

¡Reacciona! ¡Sátur! ¡Sátur!

Toque de campanas.

-Aguantó todo lo que pudo.

-Estaba desahuciado, no pude hacer nada por él.

-¡Ay!¡Virgen santa! ¡Cómo pesa el panadero!

Mira que meterse para el cuerpo tres libras de buñuelos...

Si es que eso era comprar boletos para una indigestión.

¡Ah! Abajo, abajo, abajo.

Vale, vale. -Ahí va.

Vale. -¿Pero cómo estás?

(SIN ALIENTO) -Bien...

¿Se puede saber qué haces aquí? Necesitas descansar.

-Es que estaba harto de estar en la cama, amo.

Mire, ya no queda rastro de la peste, ni en mí

ni en toda la villa. (RÍE)

-¿Curao o no? Estoy más que curao con decirle que esta de aquí

ya tiene ganas de jarana.

¿Por qué no nos vamos, usted y yo, al camino de Toledo?

Al antro del Rubio.

Que hay unas muchachas, amo, que de lo bueno...

¡lo mejor! No, Sátur, no.

Tengo que ir al Pozo del Infierno,

necesito saber cómo escapó ese hombre.

-Yo voy con usted,

que somos un equipo,

lo que pasa es que antes de la faena...

Pues, podríamos aliviarnos un poco. Además, como nos pilla de camino...

¿No?

¡No!

Ahora que están tus padres de nuevo en palacio me...

me gustaría ir a saludarlos.

-Hoy no es el mejor día, acaban de llegar de viaje,

están cansados.

Ya... Tienes razón.

Es que tengo muchas ganas de ir conociéndolos más

y me gustaría que fuera antes de la boda.

Pero... mejor otro día.

-Me tengo que ir, ¿me invitas mañana a desayunar?

Claro.

-Catalina.

-Cipri, ahora mismo no puedo atenderte.

-Catalina. -Cipri, ¡que no!

-Catalina, esto es lo que quería decirte.

Eres la única mujer que me ha hecho verdaderamente feliz

y voy a hacer todo lo que esté en mi mano

para que te quede claro.

-Os lleváis un magnífico ejemplar, espero que esté a la altura

de las expectativas de vuestro señor.

(CON ACENTO EXTRANJERO) -Sin duda.

Mi señor disfrutara domando la bravura de esta hembra.

Es un presente perfecto para mi rey.

Me gustaría partir cuanto antes ya llevo un mes de retraso.

Por el desafortunado brote de peste.

-He dispuesto todo para que la llevéis

en las mejores condiciones, sin que sufra la mercancía.

Y ahora creo que debemos acudir al palacio,

se os ofrece una cena de despedida.

-Por ella no os preocupéis, mis hombres vendrán a recogerla

y la dejarán en vuestro cortejo.

-Cardenal,

por favor...

-¿Algún último deseo? ¿Una confidencia, quizás?

-Acérquese.

(ESCUPE) ¡Púdrase!

-No, señora, creo que eso es precisamente

lo que os ocurrirá a vos.

¡Que el Cielo os guarde!

Intentan abrir la puerta.

Estoy dispuesta a liberarte.

A cambio, debes acompañarme hasta el lugar

donde se esconde el tesoro.

-Pero eso es un viaje muy largo. No me importa,

viajar es algo que me entusiasma y si es a nuevos

y exóticos lugares más todavía, ¿dónde iremos?

¿A los mares del Sur?

-Está bien, desátame.

¿Seguro que no quieres decirme algo?

¿Está preocupado?

-Pues mire, ya que lo dice, sí.

Que he estao apunto de matar a su hermano.

Yo lo sé y usted lo sabe,

pero ha pasao un mes y no me ha dicho ni mu.

Y que quiere que le diga, eso muy normal no es.

Eso forma parte del pasado,

no tiene importancia.

-Sí, sí que la tiene, porque esas cosas

se enquistan aquí dentro y crecen y se hacen callo,

y cuando luego uno quiere solucionarlas

pues la costra es tan grande que uno no se la puede quitar

ni, ni, ni a catanazos.

No apruebo lo que hiciste. -Lo ve.

Ya sabía yo.

Amo, eche toda esa basura pa fuera, no se la guarde.

Escúchame,

también sabes que yo mismo he estado tentado de matar

muchas veces al comisario. -Sí.

Así que... no puedo culparte.

Te comprendo perfectamente.

-Muchas gracias, amo.

Yo quiero seguir siendo su escudero pa ayudarle a poner orden

en todo este galimatías de medallones, muertes y frailes

que primero son buenos, luego son malos,

luego ni si quiera se sabe qué son. (RÍE)

Relincho de caballo.

Aquí viene.

-¡So!

-Juan, ¿ahora quieres dar un paseo?

Tus padres nos están esperando debemos fijar ya

el anuncio de nuestro enlace.

-Necesito hablar contigo.

Solo quería decirte que el problema no eres tú.

-No, para.

No sigas. -Eugenia, por favor...

-No, Juan...

Dame tiempo, aprenderás a quererme, yo...

No me dejes, Juan. ¡No me dejes!

Vámonos.

-Amo, por Dios, si es que está claro.

¿No vio cómo la abrazaba, a la muchacha, o qué?

Esa mujer podría ser un familiar de Juan

y que necesita su ayuda, nada más.

-Claro, ahí está.

-¿El qué? ¿Dónde? -Juan, que por eso

se partía la cara a golpes en aquel tugurio.

¡Que se sentía culpable de jugar a dos bandas!

Esta mujer lo explica todo.

No, Sátur, esta mujer no explica nada

y ni se te ocurra liarla, como de costumbre.

-¿Pero cuándo la he liado? ¿Yo? Bueno...

¿Es que no piensa hacer nada?

Vamos a ver, ¿qué quieres que haga?

En realidad no hemos visto nada definitivo.

Y si hablo sobre lo ocurrido lo único que voy a conseguir

es hacer daño a la gente.

-¿Va a permitir que Juan se quede inmune?

¡Impune! ¡Se dice impune! -Bueno...

Déjalo ya.

-No, no, déjalo ya no. Porque si usted hace algo

pues yo me quedo tranquilo y si no va a hacer nada pues...

Me pongo nervioso. ¡Sátur, me encargo yo!

¿De acuerdo? Y ahora vamos.

-Eso es lo que quería oír.

¿Ve qué fácil me relajo?

¡Sátur!

Aquí hay algo.

¡Fíjate!

-¿Esa huella? Eso debe de ser algún currito

que trabajó aquí que posó la mano sobre la arcilla fresca y se ve

que se quedó ahí para los restos.

Crujido.

Pues va a ser que no.

Abren la puerta.

-Cogedla con cuidado, no quiero ni una marca en su cuerpo.

Tiene que viajar en perfecto estado.

¡Oh! ¡Oh! ¡Soltadme! ¡Soltadme!

¡Oh! ¡Oh! ¡Dejadme aquí!

-No me obligues a pegarte. (HABLA DE FORMA ININTELIGIBLE)

(SE QUEJA) ¡Oh, oh!

Grito.

-¿Aquí vivía ese hombre?

Sí, pero no vivía solo,

hay dos camastros.

-¿Con su mujer?

Si es que no me extraña...

Tal y cómo está el habitáculo.

No era su mujer, la custodiaba.

Crujido.

-¡Ay, Dios bendito!

No quiero ser cenizo pero... ¿Cómo salimos ahora de aquí?

¡Sátur!

Es el diario del carcelero.

(LEE) Primer día de encierro. La cautiva se niega a comer.

-¡Qué manía con encerrar a las mujeres!

¿Qué habría hecho la pobrecilla?

Parece más tranquila, ya no llora a diario

y acepta mis cuidados.

¡Sátur, Agustín! Agustín ha estado con ella

su visita la ha calmado. -¿No dice quién era la cautiva?

Hace varias semanas que no sé nada de Agustín,

es una mala señal. -¿Pero quién es ella?

¡Ay, Dios mío! ¿No será su hermana?

¿Qué le pasa?

¿Se encuentra usted bien?

No puede ser...

Yo la vi muerta.

(LEE CON DIFICULTAD) -Tie... ne la pes... te,

no pode... mos se...guir aquí.

Hoy libero a

Laura de...

Montignac.

¡Su madre!

Yo la vi muerta, ¡la asesinaron!

Es imposible que sea ella, ¡imposible!

-Amo, aquí lo dice claramente.

Su madre ha estao viva durante muchos años

encerrada en este lugar. Mire la parte positiva...

¡Está viva! ¡Vivita y coleando!

En cuanto demos con ella

le dirá quiénes son su padre y su hermana,

y pondrá fin de una vez por todas a este follón que tiene de familia.

Este libro, es un regalo divino.

Eso si no se la ha llevado la peste por delante.

(RECUERDA) -Ni si quiera nos hemos presentado.

Mi nombre es Laura.

La gente que hace mal debería pagarlo.

A veces, lo único que te mantiene vivo

es la venganza.

-¡Ay, Dios!

¡Ay, Dios! ¡Que yo estuve con ella!

Que ella habló conmigo,

hablé con ella, con su madre. Que está viva, que yo la vi.

Que su madre está viva,

¡que está viva, amo! (RÍE)

-Deja que yo lo haga.

Gracias, no es necesario.

-Sí que lo es.

De verdad, no hace falta.

-Soy tu mujer.

-¡Aaaah!

Son regalos para el rey mongol,

pagarás con tu vida como la mercancía no llegue

en perfecto estado. (GRITA)

-Han robado las vírgenes de las iglesias.

(IRENE)-¡Cómo sepa que tengo náuseas!

-¿Desde cuándo el comisario no es capaz de encargarse

de dos asuntos al mismo tiempo?

-No me digas que te has tragao la alianza de Margarita

porque me da algo, ¡Sátur!

-Juan y Eugenia.

-Yo amo a otra mujer. ¿A otra mujer?

¿Todavía piensas en esa plebeya?

-Deberíamos irnos lejos de aquí y empezar una nueva vida.

-Irene, es mi madre, algo le ha tenido que pasar

he visto un hombre que tenía su caballo.

Disparo.

(TODOS GRITAN) ¡Alonso!

Sátur, ya sé lo que están buscando, el cáliz de la Última Cena.

-Sangre. Algo por lo que ha muerto

mucha gente, pero nadie sabe dónde se esconde.

-¡Qué misión tan bonita!

Águila Roja - T3 - Capítulo 39

10 oct 2011

Los hombres del Comisario detienen a todo aquel que tenga síntomas de la peste para frenar la propagación de la enfermedad. Sátur se ha contagiado y Águila Roja cuidará de su fiel escudero hasta el final.

El barco dónde viajaba el pirata Richard Blake ha naufragado. El destino de su mujer, Mariana, está en manos del Cardenal y del Comisario. Mariana no ha confesado dónde está el tesoro de su marido y van a someterla a una vida de vejaciones hasta que acceda a colaborar. Sin que nadie lo sepa, la Marquesa descubre dónde tienen encerrada a Mariana y hace un trato con ella. 

Los padres de Juan han vuelto a la villa. El compromiso oficial con Eugenia es inminente y Juan tiene que tomar una dura decisión: elegir a Margarita o a Eugenia como su futura esposa

 

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  1. Soso36

    Ji, ji, qué bueno... En el capítulo nº 39 la peste bubónica aparece identificada en el libro del médico como ¿Yersinia pestis¿ cuando Yersin, el científico que creó la vacuna contra la peste y cuyo nombre se utilizó para rebautizar el bacilo responsable de tal enfermedad, nació en la segunda mitad del XIX.

    21 dic 2014
  2. Sara E.- Mèxico

    Wolf666, esperamos en verdad no tarde, peero resulta que ese capitulo ya corresponde a la 5a. temporada... caray... te pasarà como a mi, esperando la 4a temporada y que durò MESESSSS .... para iniciarse, ufff.. ojalà sea pronto, y pues como se dice: Si llas cosas que valen la pena fueran fàciles ..... y pues esta serie està SUPER.... asi que desde de Mèxico me encuentro tambièn monitoreando ansiosamente su arranque.... asì las cosas... SNIFFF.. DAVIDDDD... te extrañamos y a todo el equipazo de AGUILA ROJA... son de lo mejor, y SATUR de verdad extraordinario... no tarden porfaaaa....

    12 feb 2012
  3. wolf666

    Y que pasa con el capitulo 52??? para cuando ??? !!!

    10 feb 2012
  4. Isabel

    Me encanta esta serie. Y es una suerte poderla ver por Internet, a través de televisión Española. Yo la sigo desde el comienzo, a pesar de que muchas veces en mi provincia se ve borrosa. Los actores son estupendos todos. Y Satu es un maestro de maestros. Espero cada capítulo con impaciencia. También vi la película pero me quedo con la serie. Isabel, desde Mendoza, Argentina

    27 nov 2011
  5. El.comisario.me.pone

    Sara, probablemente no lo tienes en la web porque hubo una semana reciente en la que no echaron el Aguila Roja porque hubo un programa politico en tv (las elecciones de ayer). No te preocupes.

    21 nov 2011
  6. Sergio26

    No hubo porque en España fue el debate electoral. El capítulo 43 será el lunes 14 de noviembre

    12 nov 2011
  7. Sara E. -Mexico

    Alguien me puede por favor decir què pasò con el cap.43 ayer 07 Nov 2011?? O sea.. espero toda la semana para verlo aqui en Mèxico Canal 60 y nada.. no es justo... donde lo puedo ver..?? empezar la semana con Aguila Roja me es Wow.. Me encanta la serie !!! y David Janer.. muchisimo màs.-

    09 nov 2011
  8. mimird

    PARA MI ES LA MEJOR SERIE ESPAÑOLA QUE HAN HECHO EN ESPAÑA CON UNOS ACTORES DE 1ª CATEGORIA QUE SE METEN EN SU PAPEL Y HACEN QUE LAS PERSONAS LO SIENTAN COMO SI ESTUVIERA PASANDO EN LA VIDA REAL MIS MAS HUMILDES FELICIDADES DE UNA TINERFEÑA DE 31 AÑOS QUE QUE SOY RICA DE AMOR NO DE DINERO ESE ES MI VALOR GRACIAS

    01 nov 2011
  9. YSELVA

    ME ENCANTA ESTA SERIE Y LO DICE UNA PERSONA QUIEN SIEMPRE HA PASADO DE LAS PELICULAS ESPAÑOLAS O SERIES PERO CON ESTA ME QUITO EL SOMBRERO ME ENCANTA HASTA EL COMISARIO QUE ES UN ACTOR QUE NO ME GUSTABA Y SATUR NO SE DE DONDE LE HAN SACADO ES LA CAÑA DE BUENO PERO NO OLVIDEMOS A GONZALO Y MARGARITA SON LA GINDA DEL PASTEL LOS DEMAS AUNQUE NO LOS MENCIONE ME ENCANTAN ESO SI LA PIRATA NO ME GUSTA NADA SU PAPEL SI LO HICIERA OTRO SERIA MEJOR. AAAAAAAAA SI NO OLVIDEMOS LA MAJIA DE QUIEN ESCRIBE LOS DIALOGOS ES ESTRAORDINARIO NO SE COMO PUEDE SER TAN OCURENTE Y SI AÑADIMOS LOS ESCENARIOS QUE PARECEN REALES LO BORDAN DEL TODO .GRACIAS POR HABERME DEVUELTO LA ILUSION DE VER PELICULAS O SERIES ESPAÑOLAS BIEN ECHAS.PARA QUE VEAN LOS DE FUERA QUE NO HACE FALTA MARCHARSE DE ESPAÑA PARA HACER ALGO BUENO . AAAAAAAAAAAAAA Y PORFABOR QUE TELEVISION ESPAÑOLA NO TARDE TANTO EN PONER LA SERIE EN RTES.ES ES UNA CRUELDAD NO PODERLA VER DESPUES DE SER EMITIDA A LOS SEGUIDORES QUE NO PODEMOS VERLA A LA HORA QUE SE EMITE ....... UN SALUDO

    25 oct 2011
  10. greicy

    no puedo cargar estos capitulos, no se que le pasa a mi computadora

    22 oct 2011