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No recomendado para menores de 12 años Águila Roja - T3 - Capítulo 37 - Ver ahora
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Ah...

-Uh... -Oh...

¿Qué se le dice a un hijo cuando sabes que lo van a matar?

-Yo no he hecho nada, lo juro.

Ah...

-Le ha mordido... Ah...

Tenemos que organizar la boda.

-Deja eso, no toques nada, ¿bien?

-Esa herida tiene muy mala pinta, ¿qué vamos a hacer?

Esperar. -Pero algo se podrá hacer,

habrá algún remedio, alguna planta.

-Han dicho que Nuño ha violado a una chica,

mañana le van a decapitar en la plaza.

-Señorito Nuño...

-¿Va a dejar morir a un hombre por 50 cochinos reales?

-Perdóname, ¿crees que tengo tiempo para organizar una boda?

-Oh, oh, oh...

-Oye, aquí hay más peleas y mucho dinero para el ganador.

-Debe firmar la autorización para la ejecución.

Lo mejor que puedo hacer por mi hijo,

es dejar que muera con la dignidad de un noble.

A tu hijo le cortarán la cabeza y no moverás ni un dedo para ayudar.

Un hombre debe afrontar sus errores.

-Pero yo no hice nada.

Estuve cabalgando por el camino del campo grande.

Margarita, que lo que te dije... Gonzalo,

no quiero hablar de eso.

Máteme a mí en lugar de mi hijo, por favor.

-He dicho que se vaya.

No puedo mover la mano.

-25 reales por pelear, 200 por ganar la pelea.

-Está bien, apúnteme para esta noche.

Dejadme, que peleo esta noche, ¿vale?

¿Qué vamos a hacer?

Huir. Encontré la espuela de Nuño.

Significa que fue a montar.

No volverás a ser la marquesa de Santillana nunca más.

-Esa chiquilla está preñada.

No me diga que está pensando lo mismo que yo.

Con su propia hija.

-El asunto de Nuño comienza a afectaros seriamente,

a partir de este momento queda relegado de vuestras funciones.

¡Soltadme!

-Apuestas contra ti mismo. -Sí.

Es lo más inteligente.

-Oh, oh, oh...

-Me marcho de la villa, ven conmigo.

-No.

(LLORA) -Dime que me crees,

por favor. Te creo.

(SOLLOZA)

-Oh... Oh.

Ah... -Oh.

-Me han dado un golpe muy fuerte en la cabeza.

Juan, ¿vas a pelear?

-Eso a ti no te importa.

-Si se queda, en este momento va a borrar

todos los buenos recuerdos que tiene de su hijo.

¡Tengo que salir!

Haz pública la relación que tienes con tu hija.

-Deja a mi padre.

La hija tenía relaciones con un esclavo africano.

-Así va a salir negro.

¿Eso qué es lo que es?

¿Una bola?

Luego dice usted que me pongo como un caballo desbocado,

pero es que Agustín era raro, raro...

que no paraba de esconder cosas.

¿Y esos números?

¿Por qué habrá puesto números en una bola?

Antes por lo menos escribía cosas, aunque fuese chino.

¿Qué narices quieren decir esos números?

Todavía no lo sé,

pero sea lo que sea,

lo averiguaré.

-Majestad,

han llegado.

-Que pasen.

-Majestad.

La madre Isabel de Montejo,

Abadesa del convento de las dominicas

en Puerto Rico y recién llegada de las colonias para serviros.

-¿Puede hacer algo por mi hijo?

-Yo no, majestad,

nuestro Señor en su infinita misericordia

será quien decida qué hacer con su alma

y con la de nosotros.

-El único heredero al trono se muere,

le han visto los mejores médicos del imperio, pero no mejora.

-Para eso estamos aquí, majestad,

en momentos como este, la fe es nuestra única salvación.

-Dicen que ha sanado moribundos con sus manos,

¿es cierto?

-La madre abadesa posee un don.

Es una especie de intermediaria de la voluntad divina.

-Tan solo soy una sierva más.

-El Señor me castiga por mis pecados,

estoy dispuesto a hacer cualquier cosa.

-Majestad,

nunca es tarde para arrepentirse del mal que uno ha hecho.

(RESPIRA CON DIFICULTAD) -Majestad,

majestad...

-Un médico, un médico.

(RESPIRA CON DIFICULTAD) (CHISTA) -Ya está, ya está.

-Una bola, amo,

¿para qué queremos una bola de cristal?

Ni usted ni yo tenemos edad para jugar a la petanca.

Agustín la escondió por algún motivo,

esos números tienen que significar algo.

-Igual es una bola de esas donde uno puede ver su futuro,

que no tienen nada dentro y...

y empiezan a llenarse de humo y...

y ocurren cosas dentro.

De este monje me espero cualquier cosa.

Sátur, eso no existe.

Nadie puede adivinar el futuro. -¿Cómo que no? Yo sí.

Estoy viendo que ya no voy a dormir en toda la semana

y que buscaré el significado de la bolita.

Lo siento, pero vamos de un misterio a otro que parece esto...

la santísima trinidad.

Relincho.

-¿Sabemos quienes son?

Son los duques de Somoza,

tienen un castillo cerca de aquí.

A él lo mataron de un golpe en la cabeza, y ella asfixiada.

-¿Bandoleros?

No les han robado.

-La mujer aún lleva sus joyas.

Alguien buscaba venganza y está claro que la encontró.

Avisa a que vengan a recoger sus cadáveres,

e interroga a los lacayos de su palacio sin piedad,

quiero al culpable esta misma noche.

-Sí, señor.

-Si es que tenemos una suerte.

(RELINCHA)

-Salimos de una y nos empantanamos en la otra.

¿Usted cree...?

(SUSPIRA) Esto me parece ya una falta de respeto...

-¿Esto es todo lo que me das?

-Por favor, Manuel, es todo lo que tengo,

la semana que viene te pago el resto, te lo prometo.

-Que no, Cipri, que no.

Que cada vez que vengo me repites el mismo cuento.

-No me dejes sin vino,

que esto es una posada, me buscas la ruina.

-Cuando tengas el dinero me buscas.

-No, por Dios...

Manuel...

La semana que viene, te lo prometo,

sin falta, Manuel...

¡Manuel!

-Creo que puedo ayudarte, posadero.

-¿Perdón?

-¿Qué te parece si te lleno la posada de gente esta tarde?

-No... no entiendo.

-Mis amigos y yo somos artistas, tengo una atracción

famosa en todo el reino,

nos dejas hacer una función aquí

y lo que saquemos nos lo repartimos.

-¿Una actuación?

¿De qué tipo?

-Un tragafuegos, una bailarina exótica,

y algo especial.

-¿Especial?

-La bestia humana.

Felipe Prospero está muy grave.

Debería visitar al rey y mostrarle mi apoyo.

Si muere, el reino de las Españas quedara en extrema debilidad.

Ha perdido ya 2 hijos, Hernán, y la reina está embarazada.

(SUSPIRA) Nadie sabe si llevará un varón.

Por cierto, Catalina me ha dicho que te has cambiado de alcoba.

¿Quieres que trasladen también las cosas de Irene

o estás huyendo de ella?

Abren la puerta.

-¿Señora marquesa? Sí.

-El cardenal Mendoza con visita. ¿A estas horas?

Pasos.

(SUSPIRA) -Marquesa.

Eminencia. -Comisario.

Eminencia. -Le presento a la madre Isabel,

abadesa del Convento de los Dominicos en Puerto Rico.

Supongo que habrán oído hablar de ella.

Por supuesto que sí, su fama le precede.

Y dígame, ¿cómo están nuestros soldados en la colonia?

Es un enclave de vital importancia. -Con la moral alta.

Dios protege a todos los cristianos que estamos lejos del hogar.

-Eh, marquesa, la madre Isabel ha venido

a pediros algo.

Eh, es un... un favor personal.

Usted dirá. Intentaremos ayudarla en todo lo posible.

-Dada la cercanía de su palacio con la morada del rey,

me gustaría hospedarme aquí, si no tiene inconveniente.

No quería ser molestia para usted.

Estaremos encantado de tenerla entre nosotros, Catalina.

Prepáralo todo, por favor.

Hace un día espléndido. ¿Damos un paseo por el jardín?

Caballeros. -Ah, sí, desde luego.

¿A qué has venido?

-El rey me ha llamado para aliviar el dolor del infante.

No sé lo que pretendes, pero te quiero lejos de aquí.

-Eso será si Dios quiere.

Murmullos.

-¿Pero entonces no vas a palacio?

Ya te lo he dicho, Alonso.

Anda, vete para la escuela, que ya llegas tarde.

Dame un beso. Ah.

Golpes.

-Hola. -Hola.

-¿Qué haces por aquí por la orilla? -Comprando con mi hermanastro.

-Ya. -Mis padres no están.

Se han ido unos días.

-La bestia humana. ¿Qué será? -¿Qué será eso?

-¿En la taberna, mañana?

Murmullos.

-La bestia humana. No sé, podríamos ir, ¿no?

Tú y yo juntos.

Sí.

Juan. ¿Dónde estabas, mi amor?

-He pasado la noche entera atendiendo a los campesinos.

Te has agotado, Juan. No puedes seguir así,

que te vas a destrozar. -Bueno, Margarita,

ahora no, por favor. Necesito descansar. Eso es todo.

¿Bien? Está bien.

Anda, vete a la cama, que no sabes la mala cara que llevas.

Voy a palacio. Descansa.

Juan, acaba ya con esto.

-Es la segunda vez que te lo digo y espero no volver a repetirlo,

no te metas en mi vida. ¿Por qué estás en esas peleas?

Tiene que haber alguna buena razón para que lo hagas.

-Si sigues entrometiéndote,

la próxima vez no voy a ser tan amable.

Murmullos.

-¡No, no te acerques! -¡Ah! ¡Oh!

Ah... ¿Pero qué llevas ahí dentro? -Te dije que no te acercaras.

A ver. -Ah...

-No es nada, venga, ya te lo tiro yo. (SUSPIRA)

-Y lo difícil que tiene que ser vivir siempre tan lejos

de la casa de uno, ¿no?

Porque perdone, pero le voy a hacer una pregunta,

¿cómo se entiende usted con los indios?

-El idioma del Señor es universal, Catalina.

-Qué humilde es usted. Y me va a perdonar,

pero no me la imaginaba tan guapa. -Ah.

-Bueno, pues nada, esta es la alcoba de la marquesa.

-¿Podrías dejarme a solas unos segundos?

Me gustaría bendecir la estancia.

-Pues va a necesitar usted pero un buen rato, porque aquí...

Vamos, que... que quiero decir, que...

que una bendición... pues, llevará su tiempo, me supongo.

-Ajá. -Con su permiso.

Lucrecia, te...

Perdón. Perdón, no sabía que...

-No tiene de qué avergonzarse.

Al fin y al cabo, el Señor nos trajo así al mundo.

Bueno, no así, exactamente.

-¿No ha visto nunca a una mujer desnuda?

A una mujer, sí, pero a una santa, no.

-Ah. No crea todo lo que cuentan.

Si me disculpa...

(SUSPIRA)

¡Amo! (JADEA) Acaban de arrestar a un lacayo

acusado del asesinato que vimos en el bosque.

Se ha dado prisa el comisario. -Como que eran nobles.

Ya sabe usted cómo van estas cosas.

¿Ha probado usted... a sumarlos?

No es eso, Sátur, no es eso. -Que yo no acabo

de entender todavía que tiene que ver todo esto...

con el tema de su familia, porque no...

Yo tampoco. -Ah...

Pero lo que sí sé, es que Agustín escondió la esfera

con mucho cuidado. -Ah.

Y eso es por algo.

-A ver. (TOSE)

Ah.

(BOSTEZA)

(SUSPIRA)

Lo tengo. ¡Sátur! Sátur, lo tengo.

Es una secuencia numérica con números primos.

(SÁTUR TOSE) ¿Primo de quién? No, Sátur,

los números primos son aquellos que solo se pueden dividir

por 1 o por sí mismos. Si los quitamos,

nos queda 40 grados, 34 minutos,

27 segundos y 14.

14 en el alfabeto equivale a la letra N. N de Norte.

Y por el otro lado, 4 grados, 0 minutos,

14 segundos y 21.

El 21 en el alfabeto es la letra O. O de oeste.

Norte, Oeste. Son las coordenadas de un mapa.

-Si usted lo dice...

Es una posición.

Y esto equivale exactamente a...

un lago.

(SUSPIRA) -¿A un lago?

-Padre, ¿te has enterado?

¿De qué? -De lo de esta tarde en la posada,

que hay un espectáculo. -¿No nos vamos a enterar,

alma cándida? Es que... empapeló el Cipriano toda la vida.

-Ya. Oye, ¿podemos ir, por favor?

Mira, hay una bailarina exótica... -Ah.

-Una bestia humana... (SÁTUR RÍE)

Eso no creo que sea un espectáculo apropiado para los niños.

-Pero, ¿por qué? Por favor.

Mira, podemos ir con la tía Margarita.

Que nunca vamos juntos a ninguna parte.

-Ahí el chiquillo ha dado en todo el centro de la diana,

muy bien.

(SUSPIRA) Está bien,

me habéis convencido, iremos todos juntos.

-Y tú te vas a llevar una sorpresa.

-Oh... (RÍE)

No creo, Alonsillo, he visto yo... muchas bailarinas.

-Que no, que no es eso. -¿Ah, no?

-No. ¿Entonces?

-Que Gabi también viene.

-¿Cómo que Gabi viene?

Entonces no cuenten conmigo.

Sátur. -No, no...

A Gabi le hará ilusión.

-Prometí no volver a molestarles.

Hala, pasadlo bien.

Lo siento, hijo.

-¡Ah...!

¿Por qué lo hiciste?

-Señor, yo no he matado a nadie.

Es una pregunta muy sencilla.

Si confiesas te ahorrarás mucho sufrimiento,

dime, ¿fue por venganza?

¿Tanto odiabas a tus amos los duques?

-Le juro, señor, yo no fui.

Te despidieron hace dos días,

por robar en la despensa,

llegaste a tu casa y viste que tu familia no tenía para comer.

Entiendo que lo hicieras, es una reacción humana.

-Yo no he hecho nada.

Ya...

Que preparen el garrote vil,

será ejecutado mañana al amanecer.

-A sus órdenes, señor.

-Uh... -¡Ah...!

(SOLLOZA)

-Amo, por Dios, que este lago es inmenso.

Acuérdese de lo que le ocurrió en la poza, casi no sale.

Ahí puede que haya algo que me ayude a entender mis orígenes,

debo hacerlo.

-Amo, por Dios, si ni siquiera sabe lo que está buscando,

¿qué va a hacer, bucear ahí todo el lago?

Al menos tengo que intentarlo.

-Qué fría está.

¡Amo!

¿Amo, ha encontrado algo? Todavía nada.

(SUSPIRA)

(GRITA) -¡Ah...!

No, hombre, no...

(SUSPIRA)

Va a mejorar, majestad,

le están atendiendo los mejores médicos,

pronto tendremos buenas noticias, confié.

-Gracias, Lucrecia,

nada parece indicar lo que dices, pero...

te agradezco tu apoyo en estos momentos.

Pasos. -Majestad.

Sería para mí un honor velar a Felipe esta noche,

debido a su avanzado embarazo la reina debe descansar,

yo me quedaré.

-No creo que sea lo más conveniente, majestad,

el niño necesita paz para que Dios entre en su alma.

-Puedes retirarte, Lucrecia.

Majestad, sería mejor esperar noticias del médico,

para ver lo que opina.

Majestad.

-Majestad, ¿cómo se encuentra el príncipe?

-Ha empeorado.

-Debemos tener paciencia, Dios en justo.

-¿Justo? Si ya me ha arrebatado dos hijos,

esa es la justicia de Dios,

quitar la vida a unos niños inocentes.

-Tiene usted el alma manchada de sangre, Majestad.

-¿Cómo se atreve a hablarme así?

Soy su rey.

-Disculpe estas palabras tan sinceras, pero...

realmente creo que el Todopoderoso no aprueba

una vida tan llena de guerra y muerte.

-La guerra a veces es un mal inevitable.

-Lo sé, es cierto, sí,

pero todos debemos esforzarnos en traer la paz a este reino.

-Majestad,

es la reina, no se encuentra bien.

-El alma manchada de sangre...

Un espléndido golpe de efecto, madre abadesa.

-Era más fácil que manipular a un hombre herido,

aunque sea rey.

-Por eso os traje aquí,

el enviado de Portugal se alegrará

de ver como transcurren los acontecimientos.

-Vamos, que lleva dos horas que si salgo, que si entro...

Si sigue en remojo se le quedará toda la cosa...

del tamaño de una legumbre.

Amo, por Dios,

hágalo por mí, no se vuelva a meter ahí dentro,

amo, salga ya, venga.

No... -Bueno...

Vamos a ver...

Si hay algo ahí dentro, si lo hay, no se va a mover,

además, prometió llevar a Alonso a la posada,

y antes padre que héroe, eso de toda la vida.

Tienes razón,

y Alonso tiene que estar esperándonos

Sátur... -¿Qué?

¿Por qué no te vienes con nosotros a la posada?

-No...

No, eso ni mentarlo.

Puedo poner en un compromiso a Gabi, podrían preguntarle que...

que quién soy yo, de qué me conoce, no...

no, mejor que no.

Tú no lo haces por eso.

-Ah, ¿no? No.

-¿Usted se cree muy listo, no?

¿Y si él no quiere verme a mí?

Y...

¿Y si se olvidó de quién es su padre?

Si te escondes nunca lo sabrás.

-Que a mí no me sirve verlo un rato,

se me parte el alma cada vez que pienso que...

que tiene otra familia y que no puede estar conmigo.

Cuanto antes lo afrontemos, mucho mejor para todos.

Ah, olvídelo.

-Eh, Catalina.

-Buenas, Cipri.

-¿Qué haces que no estás en palacio?

-Que vine a comprarle unos dulces a la madre Isabel,

la pobre pasa tantas privaciones allá en Puerto Rico,

para endulzarle la vida.

-Vendrás al espectáculo, ¿no?

No puedes faltar.

-Pues no sé, Cipri. -Venga, mujer, ¿para una vez

que pasa algo en esta calle te lo perderás?

Voy a... voy a poner unas telas muy bonitas aquí...

y va a venir una bailarina exótica,

y un tragafuegos... Ah, y la bestia humana.

-Cipri, pero yo tengo mucho trabajo, no estoy para...

-Que sí, mujer y te traes a Murillo, te gustará...

-¡Qué no, Cipri, que no te enteras!

Lo siento, Cipri,

te has portado muy bien conmigo y te lo agradezco,

y con lo de Martín también,

pero... -¿Pero qué?

-Pues que va a haber mucha gente, Cipri,

y cada vez nos ven más tiempo juntos, hablarán.

-Pues que hablen, no hemos hecho nada.

-Y no vamos a hacer,

soy una mujer casada.

-¿Eres Irene, la sobrina del cardenal?

Esta mañana me dijeron que no te encontrabas demasiado bien.

-¿Qué te ocurre?

Venga, confía en mí. Nada puede ser tan terrible

que no encuentre el consuelo del Señor.

-Ah... Soy una mala mujer y una mala esposa.

Ah... No merezco la atención de Dios.

(LLORA) -Mira, Irene, hay...

Irene, déjanos solas, por favor.

Tengo que hablar con la madre Isabel.

A mí nadie me echa del salón real. Nadie.

¿Qué pretendes? -No sé de qué me hablas.

No puedes engañarme, Isabel. Nos conocemos desde que eras

una sucia criada que no tenía donde caerse muerta.

-Te recuerdo que trabajábamos juntas.

Las 2 éramos criadas, Lucrecia.

¿Qué quieres conseguir?

Me enteraré de todas formas, puedes estar segura.

-No sé por qué siempre piensas que hay oscuras intenciones

detrás de todo. Porque eres como yo, Isabel.

Sé muchas cosas de ti.

-Ah, ¿sí? Sí. Siempre me pareció sospechosa

la muerte de la antigua abadesa de tu convento.

-¿Tanto como la desaparición de tu marido?

Mira, Lucrecia,

yo escogí el camino de la virtud,

y tú el de pasar de cama en cama por todas las alcobas de la corte.

Claro, que lo tuyo... lo tuyo debe ser muy cansado.

Golpe.

Perdón.

Hola, Isabel.

¿Qué ha pasado?

-Vamos padre, que no llegamos. Que no me he puesto el coleto

que me hizo madre, no por nada, ¿eh?

Estás muy elegante, hijo. (SÁTUR SUSPIRA)

-Pero... Sátur, ¿qué haces así todavía?

-Que no, que yo no voy, que ya te lo he dicho.

-Pensaba que cambiarías de idea.

¿Es que no quieres ver a Gabi? -Ah.

Golpe.

Amo, voy a meterle mano a la cuadra,

que... está de mugre hasta arriba.

-Pero es que ya le he dicho a Gabi que vendrías.

-Ya.

Pasadlo bien. Venga, Sátur.

-Yo no lo entiendo, padre.

Es que estoy seguro de que quiere ver a Gabi.

Y yo también, hijo, pero... tenemos que respetar su decisión, ¿eh?

Anda, ve a la posada a guardar sitio, que ahora mismo voy.

Buenas. Buenas.

(SUSPIRA) Ah.

¿Por qué no te vienes a la posada con nosotros a ver el espectáculo?

No, Gonzalo, no me apetece.

Anda, anímate, que a Alonso le hará ilusión.

Ya, pero es que... apenas he visto a Juan hoy,

y... prefiero quedarme, por si aparece.

Bueno, pues, vamos a hacer una cosa.

En vez de esperarte aquí, te vienes con nosotros a la posada

y así te entretienes. Si Juan llega antes,

pues, seguro que se le ocurre mirar en la posada, ¿eh?

También tienes razón.

Tampoco me voy a quedar aquí como una tonta.

Claro. Además, me dijeron que viene una bailarina exótica,

y eso hay que verlo. ¿Exótica?

Ya sé yo qué significa eso.

Flauta.

Flauta.

Un espectáculo muy bueno para los niños, Gonzalo.

Yo creo que van a aprender mucho con esto, ¿eh?

Vamos a ver, Margarita, la danza es una de las bellas artes.

Pues, yo no sé si lo que ella hace lo es.

Flauta.

Tampoco veo que lo haga tal mal.

Eso lo dices porque no me has visto bailar a mí.

Flauta.

-Murillo, hijo, siéntate ahí con Gonzalo.

Y luego, aprisica para la casa, que mañana hay escuela, ¿eh?

Ala, corre.

Flauta.

-Buenas, Cipri. Oye, qué bien, ¿no?

Qué éxito el espectáculo.

Flauta.

-Perdona, tengo mucho trabajo.

Flauta.

-Sátur iba a venir, pero no ha podido,

porque tenía que hacer unos recados.

-Ya, bueno, no pasa nada.

Flauta.

-Oye, pero podemos hacer una cosa.

Te... te vienes a dormir a mi casa y así seguro que os veis.

-Si me dejan... -Claro.

(AMBOS RÍEN)

Flauta.

Aplausos.

-¡Guapa!

-Gracias.

-Ahora le toca el tragafuegos y luego, la bestia humana.

Murmullos.

Qué pena que no haya venido Sátur.

Solo falta él para que estemos todos.

Y Juan.

(TODOS GRITAN)

-¡Dale! -¡Vamos!

¡Ah, ah! ¡Ah!

(TODOS GRITAN)

¡Ah!

-¡Ah! ¡Ah!

(TODOS GRITAN) -¡Dale!

-¡Ah! ¡Ah! ¡Oh! ¡Ah!

(TODOS GRITAN)

¡Ah! ¡Oh!

¡Ah! ¡Ah!

Jauría.

(TODOS GRITAN)

(JADEA)

Llaman a la puerta.

Sor Isabel, soy el comisario. ¿Me permite?

-Un momento, por favor.

Adelante.

¿En qué puedo ayudarle, comisario?

Me gustaría saber lo que pasó hace un rato en el salón.

No entiendo por qué la marquesa ha reaccionado así,

y ella no me dice nada.

-Si quiere que le diga la verdad, yo tampoco.

Acostumbrada a la paz y al sosiego del convento,

no entiendo ese tipo de reacciones.

Más aún, cuando son sin motivo alguno.

Madre Isabel, conozco a Lucrecia.

Sé que no pierde los nervios sin motivo alguno.

La he visto fría como un témpano en las peores circunstancias.

-Entonces, también sabrá que es orgullosa como pocas.

Y que jamás aceptaría ser relegada a un segundo puesto

por mi presencia.

Esa sí es la marquesa que yo conozco.

-Bien. Entonces, señor comisario,

ella tendría que comprender que en estos momentos de dolor,

las necesidades de su majestad han cambiado.

Y es usted quien cubre mejor esas necesidades.

¿Es eso?

-Así es. Y ahora, si me disculpa,

no olvides que si su alma tiene alguna necesidad,

estoy aquí para ayudar a todos los hijos del Señor.

Golpe.

Música arábica.

Perdón... Se va a poner muy contento,

vamos. -No, no, no.

He venido porque tenía una cosa aquí que...

que me estaba matando, pero...

me basta con verle, gracias, amo.

Aplausos.

-Perdido en los bosques cuando no era más que un niño,

aprendió a sobrevivir con la ayuda de las fieras

y las alimañas,

de las que aprendió sus hábitos y manera de comportarse.

(SUSPIRA)

-Y por fin, señoras y señores,

les presento una perversión de la naturaleza,

un hombre, si es que puede llamárselo así,

al que el mismísimo Dios dio la espalda,

la bestia humana.

(RUGE)

(RUGE) (TODOS) ¡Oh...!

-Madre mía.

-Que su actitud no les llame a engaños, señoras y señores,

en cambio, abrirle la puerta sería el fin para muchos

de los aquí presentes.

(RUGE)

-¿No será demasiado peligroso?

Y con los chiquillos delante.

No lo sé, pero no nos vamos a quedar,

no quiero ver como lo maltratan, y menos delante de los niños.

-Haga el favor y coja al mío también.

-Observen como la fiera se alimenta

como una auténtica bestia.

Gonzalo, los niños no deben ver esto.

No, nos vamos.

-Que le está dando de comer, padre.

Te he dicho que nos vamos, venga.

Vamos, niños, vamos.

Venga, venga.

-Y para aquellos de ustedes que todavía crean

albergar una esperanza de que existe un rasgo

de humanidad en este monstruo,

les revelaré un pequeño detalle que les haya pasado desapercibido,

la bestia tiene los ojos del demonio,

cada uno es de diferente color.

Tu manera de enseñar el mensaje del Señor es muy convincente,

me has abierto las puertas del cielo, Isabel.

-Madre, madre Isabel.

Como quiera, madre Isabel.

-Ni usted ni yo podemos permitir que lo sucedido aquí

salga por esas puertas.

No se preocupe, le guardaré el secreto de confesión,

estoy acostumbrado, en mi trabajo es indispensable la cautela.

-Bien, muy bien.

Me alegra saber...

que está todo claro.

Yo pienso lo mismo,

pero esta vez, madre Isabel,

quítese el escapulario, me ha costado concentrarme.

El té está servido.

Madre Isabel, comisario.

-No comprendo como puede usted pasar tan rápidamente

del ocio al trabajo,

todavía no hemos salido de la taberna

y ya está ahí liado con sus cosas.

No pensará usted encontrar la solución a los números

de la bolita en unos papeles viejos.

Este pliego es de hace 15 años,

y cuenta la desaparición del heredero

de los marqueses de Zorita, justo cuando tenía tres años.

Eso significa que ahora podría tener la edad, más o menos...

de la bestia.

-¿Me está diciendo que el salvaje de rancio abolengo...?

Podría ser.

-Con todos mis respetos, amo,

creo que esto de los números le está dejando el cerebro

pero que una pasa corinto.

Escucha.

Los ojos del heredero constituyen la manera más fiable

para reconocerlo,

ya que son de color diferente.

Podría ser él. -Podría, podría,

pero... Alonso.

¿Y esa cara?

-La bestia. (CARRASPEA)

Haber...

Haber, hijo.

¿Qué pasa? -Que nos fuimos

sin terminar de ver la función de la bestia.

Alonso, no había nada más que ver.

El maltrato a una persona no es ningún espectáculo

-Que no es una persona, que es una bestia.

No, hijo, es una persona, como tú y como yo.

Piensa que si no hubieses tenido la educación y oportunidades

que tuviste, estarías en su lugar.

Anda.

Venga.

(SUSPIRA)

Tenemos que encontrar a los marqueses de Zorita.

Buenas. -Buenas.

¿Se ha notado? -Ay, hija, no.

La marquesa está muy centrada en la madre Isabel

para darse cuenta de quien entra.

¿Te gusta?

Son para ella. ¿Para la marquesa?

-No, mujer, para la madre Isabel.

Que le quiero dar un poquito de vida a sus aposentos,

no sé, de algún modo, siento que nos parecemos.

¿Tú a una monja?

-Pues sí, también ella sabe lo que es vivir sin catar varón.

Ya, mujer, pero no es lo mismo.

-No, lo mismo no es,

mira la cara de mustia que se me está quedando

y ella sin embargo...

hija, tiene un rictus de lo más relajado.

Debe ser por eso de tener a Dios como marido

Catalina. -Señora.

Ya puede retirar el té del salón.

-Señora, el comisario y la madre Isabel no lo disfrutaron.

No se te ocurra replicarme, retíralo.

Cuando lo hagas os ponéis a preparar el equipaje

de la madre Isabel.

-La madre Abadesa fue a hablar con el rey,

no le importará que lo hagamos en su ausencia.

No te preocupes, Catalina, ya hablé con ella,

que todas sus cosas estén en la puerta para cuando vuelva.

-Sí, señora.

-Con permiso.

Ni se te ocurra pedirme perdón.

¿Por qué habría de hacerlo?

Sólo vine a reponer fuerzas.

Estás casado, Hernán.

¿Desde cuando eres tan moralista?

¿Moralista yo? No, qué aburrido,

sólo me preocupo de que no vayas al infierno.

Gracias, Lucrecia,

pero el infierno lo conocí contigo y no tengo intención de volver.

Si me disculpas. Por supuesto.

(SUSPIRA)

-Imagínese que da esperanzas a los marqueses de Zorita

diciéndoles que encontró a su hijo, y no es él.

¿Y si es él? El riesgo valdrá la pena.

-Ah...

Además, acuérdate cuando descubriste que Gabi era tu hijo.

-Hombre, Gaby es lo más grande que me pasó, no es lo mismo.

Sí. -Piense en el susto

que se llevarán en cuanto vean a semejante espécimen.

Aquí es, Sátur.

La marquesa viene todos los jueves a visitar a los pobres.

Campanillas.

Ahí está. -Muchas gracias por su donación.

-Considérelo una vez más, por favor, amo.

El recuerdo de un hijo es un recuerdo muy pantanoso.

Tranquilo.

¿Marquesa de Zorita?

-Ajá. Necesito hablar con usted,

sé que quizás esto le resulte doloroso pero...

me gustaría hablarle de su hijo.

-Le agradecería que no me importunase con ese asunto.

No lo haría si no fuese...

importante lo que le diré.

Quizá le cambie la vida a usted y su marido

Entendí que su hijo desapareció hace varios años.

-Desapareció...

y apareció ahogado en un pozo pocos días después,

desde entonces descansa junto a Dios nuestro Señor

en el mausoleo familiar.

Buenas noches.

Siento haberla importunado, marquesa.

-Lo sentimos vuecencia,

es que a veces nos dejamos llevar por las esperanzas, ¿verdad?

Hasta luego.

Voy a decírselo porque se lo dijo ya.

Miente.

-Uf...

-¿Qué hacemos aquí, Alonso? Es peligroso.

-Vamos a liberarlo.

-¿A liberarlo?

Que nos puede matar, es una bestia.

(SUSURRA) Corre.

(JADEA)

Es una persona, ¿vale? No es una bestia.

(JADEA) Solo necesita a alguien que lo eduque y que le enseñe

todo lo que nos han enseñado nuestros padres.

(JADEA)

Y lo vamos a hacer nosotros, ¿vale?

-Ten cuidado.

-Ah... Ah, ah... -Tranquilo,

no te vamos a hacer nada. Mira, he traído esto.

Está muy rico. Prueba. -¡Ah!

-Vámonos. -Ah...

(JADEA)

-Mira. Verás... -Ah...

-Está muy rico. Seguro que te gusta.

(JADEA)

-¿Qué estás haciendo? -Le ha gustado. Quiere más.

(JADEA) -¿Qué haces?

(GRUÑE) -Ah...

(JADEA) Ah... -Ven.

-Ah.

-Esta costumbre de profanar tumbas, mausoleos

y demás usos funerarios, me parece una atrocidad.

Necesitamos averiguar si el hijo de los marqueses está

de verdad ahí. Y no hay otra forma.

-Pues claro que está.

Abre tú el reclinatorio y yo el rosario.

Si estuviera la marquesa esa ahorita, no vendría aquí

a rezar por él. Ah...

Chirrido.

-La mujer, el disgusto que se va a llevar

cuando descubra que han...

¿Cómo se dice? Que...

Que han exhumado la tumba. Por eso lo hago.

Ah.

(JADEA)

Ah... -¿Te ayudo?

Ah... ah.

Ah... ah.

Ah.

Ah.

(SUSPIRA)

-Empiezo a pensar que usted, antes que yo, lo prepara todo

solo para verme la cara de pasmado que se me queda.

(AMBOS RÍEN)

-Ah... Tenemos que encontrarlo cuanto antes.

-¿Y por qué no dejamos que sea libre?

-¿Libre? Es un asesino.

El mató a esos nobles justo al lado de nuestro campamento.

¿Ya no te acuerdas? Si no damos con él antes de que vuelva a matar,

acabaremos todos en la horca. -Ah...

(JADEA) Ah. -Ven. Mira.

-Tranquilo. (JADEA)

-Bueno. -Ah... ah...

-Ah. Solo esto. ¿Has visto? Ya está.

-Ah... -Porque soy tu amigo.

Alonso. Y él es Gabi.

-Ah... ah...

-Alonso. Y no te vamos a hacer nada.

Relincho.

(GRITA) ¡Ah! ¡Ah! -Ah. ¡Que no!

-¡Ah! (JADEA) -¡Tranquilo! ¡No te haremos nada!

-¡Ah! Ah... -¡Alonso!

-Ah... ¡Ah! (GABI GRITA)

-¡Ah! -¡No, no me hagas daño!

(GRITA) -¡Ah! ¡No!

Ah... -¡Ah! ¡No!

Te digo yo que a Juan le pasa algo.

Que no está bien. -Mujer, que no te obsesiones.

Que a Juan lo que le pasa, es que ve que se acerca la boda,

y está de los nervios. Eso es lo que le pasa.

¿Por qué? Si fue él quien insistió en que nos casáramos.

-Porque es condición masculina el miedo al compromiso.

Ellos se ilusionan mucho, pero luego, cuando ven

que la cosa es de verdad, se cagan vivos.

No saques de donde no hay. Oye, mira lo que te digo,

que no me hubiera parado a mí nada mal, ¿eh?

un hábito así como esto. (RÍE) Anda, quítate eso.

-Me da mucho pena que se vaya ya la madre Isabel.

Con la ilusión que a mí me hacía de servirla.

¿Me lo tenéis listo ya? -Sí, señora.

A falta de cerrar el baúl. Y de recoger el misal

y la cruz de la capilla. Pues venga, rápido.

No quiero tener contratiempos con la madre Isabel.

-Señora.

(SUSPIRA) Señora. -Devolvedlo todo a su sitio.

Intentaré por todos los medios posibles convencerla

de que alargue su estancia con nosotros.

Es una pena privarnos de su presencia

en estos tiempos que corren. (TOSE)

Catalina, llena la estancia de flores.

Que la madre Isabel disfrute de un entorno agradable.

-Sí. Señora, ¿entonces, ya no recogemos?

¿Qué pasa, Catalina, que ahora no me entiendes?

-¿Pero quién la va a entender? Si esta mujer está más "pallá

que pacá". (RÍE)

-Nada, a deshacer otra vez lo que hemos hecho.

-Ah.

Ah...

Ah.

-¿Pero qué te ha pasado? ¿Qué son esos golpes?

-Eh... Qué susto más dado.

¿Se puede saber qué haces aquí, Eugenia?

-¿Por qué tienes el cuerpo lleno de moratones, Juan?

-Eh, me he caído del caballo. -Llevo toda mi vida montando

a caballo, y sé perfectamente que estos golpes no los produce

una caída. -Bueno, ¿tú eres médico?

-No.

(SUSPIRA)

Perdóname. (SUSPIRA)

-¿Y cómo fue? -Bueno, pues,

se cruzó un perro en el camino, el caballo se encabritó

y yo acabé rodando por un terraplén. Eso es todo.

Eugenia, ¿qué haces aquí? -Ah...

Tenemos una cita con mis padres. ¿No te acuerdas?

-Claro. (RÍE) -Pues vamos.

Y ponte guapo, que me gusta presumir de prometido.

-Amo, discúlpeme, pero yo es que no entiendo nada.

¿Esa mujer no sabe que solo le reza a las piedras?

No lo sé, pero hay algo que no encaja.

-Amo, el niño. ¡Alonso!

¡Alonso, hijo! Alonso...

Alonso. Alonso. ¡Alonso, hijo!

(SÁTUR JADEA) Sátur, trae un trapo húmedo.

Alonso, hijo.

Hijo, hijo. Alonso. -Se habrá desmayado.

Si es que no nos come nada, amo.

Alonso. Ya está.

(SÁTUR RÍE) ¿Estás bien?

Alonso, ¿qué ha pasado? -Ah...

-¿Y Gabi? ¿Dónde está Gabi?

¿Dónde está? ¿Qué ha pasado, hijo?

-¿Y la bestia? ¿Dónde está la bestia?

-¿Qué bestia?

-Solo quería ayudarla a ser persona.

La liberé y la traje aquí a casa.

-¿Dónde está Gabi, Alonso? (ALONSO JADEA) No sé,

se volvió loca y me... y me atacó.

-Dios mío... ¡Sátur! ¡Sátur!

¿Estás bien? -Lo siento mucho, padre.

Tranquilo.

Pasos.

-Eh... guapa.

¿Qué haces aquí? ¿Qué haces aquí?

-Suéltala.

¡Suéltala!

Yo no quiero morir, ayúdame,

por favor, no quiero ir a la orca.

Te dije que no trajeras aquí a tus fulanas.

-Señor, por favor, yo no sabía nada,

sólo quiero ayudar,

lo siento muchísimo.

Habla.

(LLORA) -Lo siento.

-Gabi. -Gabi

-Gabi

-Gabi. -Gabi.

-Gabi.

-Gabi. -Gabi.

-Necesito encontrarlo, Cipri.

¿Y si le ha hecho algo malo? -No pienses eso,

tu hijo es un chaval espabilado, estará bien.

-Gabi. -Gabi.

-Llevamos toda la noche buscándolo y no aparece.

¿Cómo quieres que esté tranquilo?

¿Dónde está mi hijo? -Gabi.

-Descansemos un poco, lo encontraremos sano y salvo.

Sano y salvo... ¿pero tú viste esa bestia?

¿Cómo quieres que esté tranquilo?

Necesito encontrarlo.

Disparo.

Disparo.

-No, ¡no!

No, por Dios, no lo maten,

él sabe dónde está mi hijo.

(GRUÑE)

-No... No.

¡No...! No.

Relincho.

-Ah.

(AMBOS) Ah.

-Eh...

-No...

-¡Ah...!

-¡No...!

Relincho.

-¿Qué han hecho?

Ha condenado a mi hijo.

Gabi, ¡Gabi...!

Oh...

Ave maría purísima.

-Sin pecado concebida.

-Padre, usted dirá la razón por la que me requiere.

-Me siento profundamente decepcionado por la escasez

de resultado que me habéis ofrecido, madre.

-No puedo presionar más al rey ahora, debemos gestionar

su dolor con paciencia o no conseguiremos nuestro propósito,

sólo estoy esperando la mejor ocasión.

El cónclave portugués exige con premura

la firma de su majestad,

si Portugal no consigue su independencia

yo me quedo sin su apoya para mi candidatura al papado,

¿sabéis lo que eso significa?

Que volveréis a Puerto Rico a pudrir vuestros huesos

como abadesa de ese convento.

-Confíe en mí, tendrá la firma, pero sólo necesito tiempo,

un poco de tiempo.

-No tenemos tiempo.

Sería una pena que perdierais la oportunidad

de trasladaros a Nápoles.

Deberíais considerarlo.

-No voy a volver a ese infierno plagado de enfermedad e indígenas.

Eminencia.

-Podéis iros.

-¿Por qué no ha llegado a tiempo?

Usted siempre consigue salvar a todo el mundo,

y para una vez que le necesito va y llega tarde.

Lo siento, Sátur.

-Por su culpa mataron a la bestia,

y él era el único que sabía donde está mi hijo.

Claro, como no se trata del suyo, ¿qué más da, verdad?

Sabes que yo quería salvarlo, estabas ahí, viste lo que pasó.

-Lo que vi es que usted perdió la única opción

de encontrar a mi hijo.

Gabi puede estar desangrándose o...

o puede que esté muerto, ¿y usted qué hace?

Quedarse aquí como... como un pasmarote.

Sátur, espera. -¿Esperar a qué?

Trato de encontrar una solución, necesito pensar.

¡Yo no necesito pensar, necesito actuar!

Usted haga lo que quiera,

yo voy a encontrar a mi hijo, ¿me oye?

O su cuerpo al menos.

No sabemos si está muerto.

-Sólo la bestia sabía donde está mi hijo,

nadie más lo sabe,

nadie más.

Sátur, espera, ¡espera!

Se cierra la puerta.

-Desapareció, desde entonces descansa junto a Dios

nuestro Señor, en el mausoleo familiar.

Bullicio.

-Oh...

-Oh, oh...

-Oh...

-¿Con quién peleo hoy?

-Lo siento, no quiero que pelees más.

-¿Por qué? -No hay nadie que te gane

y las apuestas están bajando,

esto es un negocio, Juan, y contigo estoy perdiendo dinero.

-Si no me quieres tú, me voy a pelear a otra parte.

-Eh, eh, dije que no quiero que pelees,

no que no cuente contigo.

Tengo algo que te puede interesar,

pero te advierto que es muy peligroso.

-Dime.

-Una mesa, seis participantes y seis pistolas,

sólo una de ellas estará cargada.

-Oh...

-Cuenta conmigo.

-Están cifradas,

es... un lenguaje en clave que desconozco.

Necesito saber qué dice.

-Descifrarlas me llevará semanas.

Imposible, no hay tiempo.

Le pagaré el doble de lo habitual,

pero las necesito tan pronto como pueda.

No hable con nadie de este asunto.

Si alguien se entera de esto usted perderá su lengua.

(SOLLOZA) Ah.

Pasos.

-Necesito su ayuda. -Ah. ¿Qué quiere?

-¿Qué fue de su hijo? -No...

(LLORA) -Necesito saber la verdad.

Es muy importante. (LLORA) Me obligó.

Yo no quería, pero mi marido me amenazó con matar a mi hijo.

(LLORA) ¿Qué podía hacer si no?

-¿Qué hizo con el niño? (LLORA)

Mi marido supo que no era hijo suyo

cuando el niño tenía 3 años. (LLORA)

Y quiso deshacerse de él.

(LLORA) Yo no podía permitirlo.

-¿Qué hizo con el niño? -Ah...

(LLORA) Lo abandoné.

-¿Dónde? (LLORA) ¿Qué más da dónde?

-La vida de un niño corre peligro. Necesito saber el lugar exacto

donde usted abandonó a su hijo.

-Ah...

Lo dormí con láudano para que no sintiera miedo.

Para que no supiera lo que le iba a hacer.

(LLORA) Lo envolví en su manta preferida.

Y lo dejé en el bosque.

(LLORA)

Pájaros.

-¿Gabi? Gabi.

(SOLLOZA)

(LLORA)

Ah...

(LLORA)

-Me postro ante tus pies, mi señor.

(LLORA)

-Concédele al menos el gozo de tu gloria.

-Ah... -Acógelo.

En tu seto.

(LLORA)

-Ah...

(LLORA)

-Ah...

Golpe.

-¿Cómo está? Está bien.

-¿Cómo está? ¿Está bien? (JADEA)

¿Todo en su sitio? Está bien, Sátur. Está muy bien.

Águila Roja lo trajo hasta la puerta.

(JADEA)

Gracias. No me dé el susto que me dio.

No he pasado tanto miedo en mi vida.

Si es que le llega a pasar algo, y... me muero.

Ah... Se pondrá bien, Sátur.

Voy a ir preparando algo caliente para cuando se despierte.

(JADEA)

Gabi.

(JADEA)

Gracias, Señor. Gracias.

Pasos.

Te debo tanto, tanto. Pídeme lo que quieras, Dios mío.

Que no vuelvas a desconfiar de mí.

-Lo sigiloso que es usted, amo.

La madre que lo... (SUSPIRA)

Lo siento mucho, amo. Estaba muy nervioso y...

y no, no dices... Quiero decir, que no piensas lo que dices.

Porque si llego a pensar lo que dije,

pues claramente no lo hubiera dicho.

(JADEA)

¿Y cómo es que encontró a la criatura?

Sabía que ese chico era el hijo perdido

de los marqueses.

Y después de ver a su madre,

no me creí que se hubiera perdido de niño.

-¿Y? No, es que no... no entiendo.

Su madre lo abandonó en el bosque.

así que pensé que muy probablemente, dejaría

a Gabi en el mismo lugar donde él fue abandonado.

-Ah... ¿Y por qué pensó usted eso?

Intuición, supongo.

-¿Las intuiciones esas se aprenden o...?

Mire, me cargo esto.

Ah, bueno, que este es el mapa que tiene todo fuera de su sitio.

¿Cómo? ¿Cómo que tiene todo fuera de su sitio?

-Sí, que está todo echado más para abajo. Mira el lago.

Sátur, claro. Estábamos mirando el mapa equivocado.

Las coordenadas de la esfera se refieren a este mapa.

-¿Perdón?

Agustín fijó las coordenadas de la esfera sobre el mapa antiguo,

y nosotros estuvimos mirando el actual.

De esa manera, jamás hubieran coincidido.

(EL CABALLO BUFA) -Hay una cosa que no entiendo.

Si en cada mapa uno coloca las cosas donde quiere,

¿cómo sabe uno dónde está? Ah...

-No se ría, amo, que esto es serio.

Que igual nosotros pensamos que vivimos en la Villa de Madrid,

y resulta que, que, que... que somos más bien de Guadalajara.

Sátur, por favor. -¿Desde cuándo se hacen los mapas?

Hay cosas que estoy aprendiendo buscando sus orígenes.

No, y la vuelta que estamos dando para entender algo, cuidado.

Pájaros.

Ah. (SUSPIRA) Aquí es.

Este es el lugar exacto que señala el mapa.

-Verá usted la confianza que da eso.

Pájaros.

Amo,

¿no será esa cruz la pista que andamos buscando?

Ay...

La esfera. Sátur, dame la esfera.

-Aquí tiene.

¿Y?

Sátur, muévete.

Ahí está. -¿Está el qué?

El sitio al que tenemos que ir.

-Ahí no hay más que horizontes y...

infinito.

Lo encontraremos. Lo encontraremos si seguimos esa dirección.

Fíjate en esto. Parecen iniciales.

-Isabel no es lo que parece.

-Una mesa, 6 participantes y 6 pistolas.

-¿Esta no es la noble aquella del baile?

Juan me dijo que se conocían, pero nunca me dijo que fue su novia.

-¡Fuego! ¡Fuego!

-Te quiero.

Gritos.

-¿Puedo preguntarle por el destino del niño?

-Será entregado a una familia que le dará todo lo que necesita.

Relincho. ¿Dónde está el Pozo del Infierno?

-No existe.

-¡Ah! ¡Abre ya! -¡Pero que ha sido ella!

-No seré tan condescendiente si volvéis a poner

en peligro mis aspiraciones.

-¡Ah! -¡Eh!

-Ha vuelto Inés.

-¡Amo!

Murmullos. -Ya podéis apostar.

-Usted no... Vamos para las celdas.

¡Cogedla! -Ah... Tranquila.

¿Qué?

-¿Qué hacemos ahora con el pájaro? (SILBA)

Vuela, pajarillo. (RÍE)

Águila Roja - T3 - Capítulo 37

26 sep 2011

El heredero al trono, Felipe Próspero, está gravemente enfermo y los médicos poco pueden hacer ya por él. El Rey, sumido en una profunda desazón, acepta la propuesta del Cardenal Mendoza de recurrir a las oraciones de una famosa abadesa, la madre Isabel, para conseguir la salvación del niño.

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  1. atr3vi2

    cuando ponen la 5 temporada ???

    26 may 2012
  2. aguilucha

    Se han equivocado de capitulo.Hoy estan echando el numero 43 y es el 41. Osea que tienen que rectificarlo; ó ... me he perdido el 41,42?porque hoy he mirado la wed y aparece el nº40.Ponganmelo por favor y ya lo mirare mañana, bueno ahora voy a deciros mi comentario sobre el capitulo de hoy.Me ha gustado cuando entierran a la marquesa. ¡Me encanta Aguila Roja !, sobre todo ahora, que aparece y salva a los niños.

    24 oct 2011
  3. Miguel

    Buenisimo el capitulo. Aguila roja es la mejor serie que he visto. seguid asi

    04 oct 2011
  4. fadi e isi

    Es una serie muy bien mostrada en todos los sentidos a los espectadores con todos sud detalles para para mi gusto lo mrjor de la tele espaniola en muchos anios atras sois todos geniales

    03 oct 2011
  5. Marina Luca

    Me incanta este peli......

    03 oct 2011
  6. anabell

    me encanta agula roja actuan muy bien aunque si la pusieran durante el verano los que no tenemos colegio ni instituto podriamos verlo pero en general agula roja es una muy buena serie

    03 oct 2011
  7. ines

    hola! alguien sabe como se llama el actor que hace de la bestia humana?

    03 oct 2011
  8. noelia

    me encanta la serie, cada semana Aguila Roja se supera!! lo hacen genial todo el equipo enhorabuena a todos un saludo desde Toledo

    02 oct 2011
  9. ilyass

    La mejor seria del mundo para mi y inma cuesta muyy wapaa espero k estos nuevos capitulos molen muxo

    02 oct 2011
  10. Sarah!

    Me encanta la serie !!!! todos son unos grandes actores . David Janer es genial , me encanta su papel de aguila roja . No me canso nunca de ver esta serie

    01 oct 2011