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No recomendado para menores de 12 años Águila Roja -  Temporada 8: Capítulo 97 - Ver ahora
Transcripción completa

No puedo más, no puedo más. No.

No puedo más.

(EN OTRA LENGUA)

Nunca saldremos de aquí, amo.

(RESUELLA)

Amo...

He tenido una pesadilla horrible.

Soñé que estábamos de esclavos en el desierto.

Sólo faltaba Moisés.

Sigue remando, Sátur.

Sigue remando.

¡Vamos!

¡Vamos!

¡Parecéis doncellas!

¿Adónde nos lleváis?

¿Y eso qué importa?

Vayáis donde vayáis,

harán con vosotros lo que quieran.

No me entra en la cabeza.

Españoles vendiendo a españoles.

¿Cómo puede consentir nuestro rey tal canallada?

A tu rey no le importamos nada, sólo somos ganado para él.

Pero no lo somos.

Somos hombres libres.

Aquí nos están tratando como a negros.

Ningún hombre se merece vivir con cadenas,

sea del color que sea.

No, amo, es la ley natural.

Los negros han nacido para servirnos.

Igual que las mulas y los bueyes.

Ellos deberían estar aquí y no nosotros.

¿Cómo puedes hablar así?

¡Estás viendo cómo te roban la libertad! ¡Nadie se merece esto!

¡Remad!

¿Quién es este hombre?

Nuestro comprador.

Pues parecía marroquí.

Al menos estaremos cerca de casa.

Marruecos está ahí, a un salto.

Es persa.

¿Qué?

Nos llevan de esclavos a Persia.

(Sintonía de la serie)

No has probado bocado.

Estoy bien, Hernán.

(Llanto de bebé)

¡No!

¿Qué haces, Lucrecia? ¿Qué ocurre?

¿Te encuentras bien?

SOLEDAD: ¿Quién ha ordenado que sirvan un lechón?

Lleváoslo de aquí.

¡Llévatelo de aquí!

Quizá deberías retirarte a tus aposentos.

Necesitas descansar, te hará bien.

Ha estado toda la noche gritando entre pesadillas,

he tenido que dormir a los pies de su cama.

Ha sufrido el peor dolor que una madre puede sufrir.

(Pasos que se acercan)

Comisario Hernán Mejías.

Quiero la cabeza de Malasangre encima de mi mesa.

Lo siento, Eminencia, ahora no puedo atenderle.

¿Cómo que no puede atenderme?

¿Es que acaso tengo aspecto de ser uno de sus guardias?

Sebastián Ventura.

Comenzad averiguando todo sobre ese bellaco insolente.

Ese hombre no tiene lazos con nadie, ni puntos débiles.

Pues encontradlos.

Dios, nuestro Señor, nos ha hecho imperfectos, Comisario,

pero toda fortaleza contiene sus grietas.

¡Quiero verlo arrodillado ante mí, suplicando por su vida!

(Pasos)

-Buenos días, ya he vuelto.

¿Qué ha pasado aquí? ¿Qué es ese olor?

Cipri, ¿qué pasa?

¿Dónde están padre y Sátur?

-No lo sé.

-Estuve esperando a Sátur en la casa de postas, sabía que volvería hoy.

Se habrán olvidado de ti, como se olvidan de mí.

Como hacen siempre.

-Sátur... Sátur...

-Otra vez con el dibujo. ¡Déjame en paz!

-Sátur... -¡Que me dejes en paz!

¿Y eso? ¿La basura está minusvalorada?

¡Mire, por Dios...!

Anda, Sátur, vámonos.

Está muerto.

Sáquenlo de aquí.

Que descansen, no les pagan por carne muerta.

Amo...

Amo, que nos van a vender a los "persias".

A los "persias".

Que vamos a morir en...

Que ni siquiera sé dónde está eso.

Nos llevan a las minas de azufre de Samarcanda, en Asia.

Tardaremos más de medio año en llegar.

Y yo que había pensado que... que moriría en la villa,

tranquilamente, ahí, en un jergón.

Escuche.

Tenemos que hacer algo.

Ya he valorado cada posibilidad, Sátur.

Cada posibilidad. Es imposible.

No, amo. Escuche: un motín,

nosotros contra ellos.

Amo, hágase usted con él barco y devuélvanos a casa, por Dios.

Sátur, en este galeón tiene de haber más de 60 mercenarios,

sin contar con la tripulación. Y están armados.

Sería una masacre.

Pero usted vale más que cien hombres.

Si se lo propone, puede formar una guerrilla y salvarnos.

Sátur, míralos.

Sólo son gente de la calle, no saben ni luchar.

No los llevaré a la muerte.

Con la muerte segura vamos en este barco.

Aquí, aquí. Por favor, comida.

Comida, por favor. -Un poco de pan, un poco de pan.

Por favor. -Aquí, aquí, aquí.

¿Esto qué es?

Pan de barco.

Pues en siendo pan...

¡Sátur!

Primero tienes que partirlo.

Está lleno de gusanos.

¡La madre que me parió!

(ESCUPE)

El anillo de la señora.

Acababa de decirme que sí.

(HABLA EN OTRA LENGUA)

-Que se lo des. Obedece.

No.

(SUSPIRA RESIGNADO)

(EN OTRA LENGUA) "Dámelo".

¡Jamás!

"¡Suéltalo!"

Amo... Amo, désela, por Dios.

¡Es lo único que me queda!

Amo, escuche, sólo es un anillo. No es la señora.

Que le va a cortar a usted la mano. ¡Déselo, por Dios!

Gracias.

Esto te va a salir caro, esclavo.

-Listo.

Está usted guapísima,

va a ser la envidia de todas las damas de la corte.

-Has hecho un buen trabajo,

aunque no pueda respirar cuando lo vista.

(SUSPIRA)

Si me desmayo, será culpa tuya.

-Eh... Señora, disculpe,

llevo días cosiendo y cosiendo, sin salir de palacio, y, como...

ya he terminado el trabajo, quería...

quería saber si puedo pedirle algo.

-Habla.

-Eh...

Necesitaría un par de horas libres para poder ver a mi prometido.

Es que llevo varios días sin verlo.

-Será bien parecido, supongo.

-Eh... Sí, bueno, eso dice la gente.

-¿Y cómo se gana la vida?

-Es... maestro en San Felipe, señora.

-¿Lo quieres?

-Más que a nada en el mundo.

-Tienes suerte.

¿Sabías que el rey no era el hombre que debía ser mi esposo?

Yo debía contraer matrimonio con mi primo,

el infante Baltasar Carlos.

-No lo sabía, señora.

-Pero Baltasar Carlos murió.

Fue entonces cuando me obligaron a casarme con... su padre,

mi tío, Felipe IV.

Una reina lo tiene todo,

menos aquello que una mujer desea.

(Pasos)

-Me sorprende,

creía haberte dado suficiente amor.

-A mí y a media corte, Felipe.

Puedes visitar a tu prometido.

Vámonos.

-Majestad.

Ya tenemos el dinero de la venta de esclavos.

Los primeros barcos ya han salido de puerto y van rumbo a Samarcanda.

He cerrado un trato con un emisario del Shah Abbas II.

Cada semana

enviaremos barcos de mendigos a Persia.

Es un negocio redondo, majestad:

Las calles se limpian,

las arcas se llenan.

-Disculpen. Es que he olvidado mi costurero.

Ya me marcho.

Permiso.

-No lo haré,

no venderé a ningún cristiano español como esclavo.

-Majestad,

los escrúpulos no dan de comer a las tropas y, sin ellas,

no podremos devolver la gloria a su imperio.

-No sacrificaré mi alma por unas monedas.

Envíe mi orden a los barcos para que vuelvan.

-Majestad...

-Quiero a esos hombres de regreso. ¡Ya!

Voy a desatarte, Lucrecia.

Te conozco,

prométeme que no vas a intentar... golpearme.

(SE QUEJA)

¡Hijo de perra!

Lo prometiste.

Un auténtico paraíso, ¿no crees?

¿Qué es esto, Hernán? ¿Por qué me has traído aquí?

¿No te gusta lo que ves?

Me has drogado, me has traído contra mi voluntad. ¿Qué hago aquí?

Sé que es difícil de encajar, Lucrecia,

pero mira a tu alrededor: la vida continúa.

Si crees que un bello paraje va a hacer olvidarme de mi hijo muerto,

es que has perdido la cabeza.

No he sido yo el de un ataque de histeria ante un inocente lechón.

Llévame a palacio.

No.

Da igual, volveré sola.

Estamos en medio de la nada, Lucrecia.

Puedes que tardes un día entero en encontrar un signo de vida.

Relájate y disfruta.

Olvidémonos de todo lo malo, aunque sólo sea por un momento.

No quiero disfrutar.

He perdido a mi hijo, a mi bebé.

La marquesa que me enamoró no lloraba ante las adversidades,

se enfrentaba a ellas.

Lo superarás, eres la mujer más fuerte que conozco.

No estoy para poesía, Hernán.

Dame un sólo día.

Lo esperarás, quieras o no.

Era mucho más fácil que todo esto, Hernán.

La próxima vez que quieras complacerme,

cómprame un diamante.

Eso sería lo típico, Lucrecia.

Y yo no lo soy.

Ya he brindado. Ahora, vámonos.

(Relincho)

¿Ése era tu caballo?

Dime que no acaban de robarnos el caballo, Hernán.

(SUSPIRA DESESPERADA)

Hoy aprenderéis

lo que pasa cuando un esclavo osa...

desobedecer a sus amos.

Yo no tengo amo.

(RÍE)

Ven aquí.

Eso lo veremos.

A ver si eres tan valiente ahora.

Sube.

¿Qué?

(SE AHOGA)

Si pierdes el equilibrio, mueres ahorcado.

Yo empiezo a aburrirme.

¡Amo!

Amo.

Amo.

¡Amo!

Amo.

Aguante, por Dios.

¡No!

No... ¡Amo!

¡No, amo, no!

(Explosión)

(TOSE)

No sabía a quién acudir. ¿Sabes algo de padre?

-No. ¿Por qué? -Llevo una semana fuera

y, cuando he vuelto, ya no estaba. Nadie sabe de él.

-Bueno, ¿y Cipri?

-Tampoco.

No sé, os habrá dejado algún recado, alguna nota.

-No. Y en su habitación estaba todo como cuando me fui,

hasta la jarra de agua.

El niño... -¿Sí?

-...no para de llamar a Sátur. Yo creo que vio algo. Mira.

-¿Qué es esto?

Eh... ¿Son...? ¿Son Gonzalo y Sátur?

-Sátur, Sátur, Sátur...

-Sátur.

¿Y dónde... dónde pasó esto? ¿Qué...? ¿Qué pasó?

Les ha ocurrido algo.

¿Quiénes fueron? ¿Cómo eran?

-Esta mañana he escuchado hablar a los guardias.

Están desapareciendo los mendigos de la villa. Quizá tenga relación.

(RECUERDA) -"Cada semana enviaremos barcos de mendigos a Persia.

Es un negocio redondo, majestad.

Las calles se limpian, las arcas se llenan."

"Es un negocio redondo, majestad."

-¿Qué ocurre?

¿Qué ocurre?

¿Se encuentra usted bien, amo? Que le he visto muerto.

Me dejo arrastrar como un animal. ¿Crees que me encuentro bien?

Pues relaje su heroísmo,

que ha estado a punto de perder la vida por un anillo.

¿Y este barco-bazar qué es?

¿Quiénes son los que nos han raptado ahora?

Toma.

Toma.

¿Cómo se le ocurre a usted acercarse a ellos?

Le pueden pegar algún mal de la jungla.

¡Sátur, ya basta! ¡Míralos!

También tienen hijos, como tú.

Y los latigazos también les duelen, como a ti.

Los han separado de aquello que más quieren.

¿En qué se diferencian de nosotros? Dímelo.

Daos la vuelta.

¡Cara a la pared! ¡Vamos!

¡Vamos!

-¡Ah!

-¡Ah!

¿Qué significan estas marcas?

Nuestro destino.

Los que lleven el aspa, irán a Asia.

El resto a África,

a la Costa de los Esclavos.

Usted lleva...

un aspa.

¿Qué llevo yo? ¿Voy con Vd.? ¿Adónde me llevan? Mire.

Van a separarnos.

¿Y bien?

He estado inspeccionando los alrededores,

no hay ningún refugio cerca.

¡Genial, Hernán!

¿Y se puede saber qué diablos hacemos ahora?

Andar. Andar o moriremos de frío.

Mírame, ¿te parece que voy adecuada para una excursión por el bosque?

No tenemos otra opción, Lucrecia.

Dame un arma.

Esperaré aquí hasta que traigas mi carroza.

Las armas estaban en el caballo que nos han robado.

Y no puedes quedarte aquí. Me parece que no estás siendo consciente.

Si oscurece, el bosque será muy peligroso.

No intentes asustarme con cuentos para niños, Hernán.

Ya soy mayorcita.

Esto no es un juego, Lucrecia.

En cuanto anochezca, tú sola no durarás viva ni una hora.

Tengo frío...

y hambre. Y no puedo andar. ¡Y todo por tu culpa!

¿Qué haces, Hernán?

¡Esos escarpines valen más que tú!

¡Ahora ya puedes andar! ¡Levántate y anda!

¿Quién te crees que soy? ¿Lázaro?

No lo sé, Lucrecia,

pero si un oso te parte el cuello y se come tus entrañas,

no habrá nadie para resucitarte.

Hernán.

¡Hernán, espera!

(Llaman a la puerta)

Disculpe, señor. -¿Qué quieres?

-La nueva gobernanta, Soledad,

me ha preguntado si sabe usted dónde está la marquesa.

-¿Mi madre? A saber...

En cualquier sitio, menos donde debería.

-Gracias, señor.

-¿Sabes por qué te elegí de entre todas las criadas?

-No.

(SUSURRANDO) -Porque eres especial.

-Señor, esto no está bien.

Yo... Yo nunca... -Tranquila.

Yo te enseñaré.

(Llaman a la puerta)

-¡Doña Soledad!

-Será mejor que cambies las sábanas.

-Estás despedida.

-¡No, por favor! ¡Por favor...!

-Tus labores son otras muy distintas.

-¡Necesito este trabajo, mi madre no puede mantenernos!

-Será peor cuando te deje preñada y te echen.

Recoge tus cosas y vete.

IRENE: ¿Qué ocurre?

-Asuntos de criados, no tiene por qué preocuparse.

-Si se ha acostado con un lacayo, no creo que sea para tanto.

Peores cosas ocurren en este palacio.

SOLEDAD: Sería mejor que yo me ocupara de este asunto.

-¿Quién es, Marta? ¿Es tu amante?

-No,

el señorito Nuño. (LLORA)

-Acaba de llegar el mensaje que esperábamos.

Los barcos darán la vuelta,

menos uno,

que ha sido capturado por los turcos.

Podría enviar una pequeña flota para rescatarlos.

-Sí, tenemos varios galeones cerca de Cádiz, pero...

dejaríamos sin protección el oro de las Américas.

-Cierto.

Esos hombres tendrán que luchar solos por su suerte.

Me doy por satisfecho.

-No necesito que me cosan nada.

-No he venido a coser,

sino a buscar respuestas y no me iré hasta que me las dé.

-Uh... Pero muy bien.

Pues nada, estoy a tu disposición.

¿Quieres ponerte cómoda?

-No, gracias.

-Entonces pregunta, no tengo mucho tiempo.

-El otro día le escuché hablar con su majestad.

Decía que iban a llevarse a mendigos.

Necesito saber si entre esos hombres están mi prometido

y su criado.

-Los nombres están en estas listas.

El rey ha ordenado que regresen todos los barcos, pero uno...,

hay uno que ha sido apresado por los turcos.

Es éste.

-"San Felipe..."

"San Felipe. Sin identificar.

Bajo, moreno, bastantes dientes."

"San Felipe. Sin identificar. Joven, alto.

Bien formado. Fuerte.

Buena dentadura".

-Ay... Son ellos, ¿eh?

Mala suerte.

O el destino.

¡Eh!

-¡Haga que vuelvan!

-Imposible. -¡Hágalo o le juro que le mato!

-Aunque quisiera, no podría,

porque sus vidas están ahora en manos de los turcos. ¡Suelta!

-Usted puede ayudarme. Y sé de lo que es capaz.

Por aquí, por la corte, se habla de sus hazañas.

-¿Y por qué debería hacerlo? Dime.

¿Qué ganaría yo con eso?

-Tiene que ayudarme.

-Vete.

-No...

-Vete. ¡Sal!

¿Dónde está la Costa de los Esclavos, amo?

¿Quiero saber cuál es mi destino?

Intenta dormir.

¿Dormir? ¿Cómo?

¿Cómo?

Quiero saber lo que me espera.

La Costa de los Esclavos está en la isla de Zanzíbar.

Es un mercado de seres humanos.

Desde allí... venden personas a Sumatra, la India,

a cualquier parte del mundo que necesite mano de obra.

No puedo, amo.

No puedo... No puedo soportar ese infierno yo solo.

Tendrás que ser fuerte, resistir.

No.

Llevo toda mi vida luchando para ser un hombre libre,

pegándome a hostia limpia.

Ya no tengo fuerzas.

Escúchame, da igual adónde me lleven.

Te juro que escaparé y te buscaré, aunque me vaya la vida en ello.

¿Y cuántos años va a tardar?

¿Cuánto cree que voy a aguantar yo?

Míreme.

Van a separarnos y...

y yo voy a morir solo.

(Alguien tose)

No, Sátur,

escaparemos esta misma noche.

Eso que ha dicho es imposible.

Esto es una cárcel de agua.

Cuando nos trajeron aquí, vi una barcaza arriba.

La usaremos para huir.

No debió de verla bien,

medía dos palmos.

Eso era... más nuez que barca.

No aguanta ni... ni tres olas.

Sátur, es nuestra única opción.

Que el océano es inmenso.

Podíamos quedar a la deriva o...

o morir de hambre o de sed.

Si no quieres morir solo, moriremos juntos.

Sálvalo.

Sálvalo.

Mi hijo... libre.

Sálvalo.

Está bien.

Espera.

Hernán, espera.

Hernán.

Hernán, no puedo dar un paso más.

¡Genial! Ahora soy la nueva Comisaria de la villa.

Déjame verlo.

¿Cómo está?

Mal.

¡Hernán, deja de romper cosas!

(JADEA)

¿Qué pasa?

¿Qué pasa?

¿No notas nada extraño?

Esta mañana todo es extraño.

Los lobos han dejado de aullar.

Y si no aúllan es porque están muy cerca.

No podemos detenernos.

¿No sabes dar buenas noticias?

Tarde. Han debido de oler tu sangre.

Lucrecia, no te separes de mí.

(Lobo)

Una verdadera desgracia, ¿no os parece?

Tranquilizaos,

ya me voy.

-¿Por qué lo habéis matado?

-¿Cómo sabéis que he sido yo?

Recordad que en palacio las cosas nunca son lo que parecen.

-¿Qué es lo que queréis?

-Advertiros... solamente.

Hoy ha sido...

un pobre criado; mañana, ¿quién sabe?

Quizás vos ocupéis su lugar. -No,

conmigo no será tan sencillo.

-No, desde luego.

Por eso no debéis fiaros de nadie,

nunca se sabe quién puede acabar con la vida de uno.

Éste no es vuestro lugar. Marchaos.

-No, esto acaba de empezar.

-Entonces debéis aprender a dormir

con los ojos bien abiertos.

Que en paz descanse.

(Llaman a la puerta)

-Me han enviado una nota para usted.

(VOZ DE MARGARITA) -"Tengo algo que le puede interesar.

Venga a mi habitación esta noche."

Ayúdame. Ayúdame a desatar la barca.

No sabe cuántas bestias nos estarán mirando ahora

ni cuántos ojos tendrán para hacerlo.

Y digo yo una cosa:

¿cómo vamos a encontrar el camino en medio de toda esta oscuridad?

Seguiremos a las estrellas, Sátur. No te preocupes.

¡Cojonudo!

Voy a seguir desatando. Vigila.

Amo...

¡Amo!

Yo también tengo miedo.

Usted me preguntó qué ganaría al hacerlo.

Pues bien, aquí me tiene.

-No voy a negarte que resulta tentador,

pero...

mis necesidades a ese respecto las tengo cubiertas.

-Yo le ofrezco algo diferente,

una mujer de verdad y como ésas que usted frecuenta.

-No abundan las mujeres como tú.

-No.

Sólo le pido que esto quede entre nosotros dos.

Usted me devuelve a esas personas y yo, a cambio, me entrego.

-Tranquila.

Yo...

admiro tu capacidad de sacrifico por un hombre.

-¿Cómo sé que cumplirá con su trato?

-No se me ocurriría traicionar a una mujer como tú.

Tienes mi palabra. -Bien.

-Eres preciosa.

Debes de quererle mucho.

-Más que a nada en el mundo.

-Me han dicho que quería verme.

-Así es.

Me he enterado de que has despedido a una criada.

-No creo que estuviera haciendo bien su trabajo.

-Pues yo diría que lo estaba haciendo bastante bien.

(RÍE)

He ordenado que vuelva.

Se quedara aquí hasta que yo quiera.

-Que será cuando se canse de utilizarla.

-Lo que haga con ella es asunto mío.

La usaré como convenga.

¡Fuera!

Irene...

Vamos a dar una fiesta en la casa de invitados, por si te apetece.

-¿Una fiesta?

¿Por qué no? Hace mucho que no me lo paso bien.

-Iré a por más vino.

-Ya sabes dónde está la bodega.

Tómate tu tiempo.

¿Qué haces? -Una mujer que sabe lo que quiere.

No, te estás equivocando.

-Te gusta jugar, ¿verdad? -Pero... ¿qué haces?

¡Estate quieto! (GRITA) ¡No, por favor!

¡Suéltame!

¡Suéltame! (GRITA Y LLORA)

-¡Déjala!

¿Estás bien? -Nuño...

(Risas)

-¿Qué hará con los esclavos?

Con los que intentaron huir hoy.

-El niño me sirve, es carne joven.

Las casas de esclavos me pagarán muy bien por él. (RÍE)

-¿Y con los otros dos?

-Morirán hoy, delante del resto.

Sus cadáveres

colgarán del palo mayor

todo el viaje.

-Un castigo ejemplar. Yo haría lo mismo.

No sabes dónde estás, ¿verdad?

Lo sabría si no hubiésemos cambiado de rumbo... por tu culpa.

Vi una luz.

Luciérnagas.

¡Y yo qué sé, Hernán! No soy una campesina.

Está bien, está bien, Hernán.

Vamos a mantener la calma.

Ahora ya es de día. Oriéntate.

¿Cómo quieres que me oriente si llevo 20 horas discutiendo?

¡Me tienes aturdido!

¡No puede ser!

Hemos vuelto a la cascada.

Déjame a mí.

Al final va a merecer la pena haber venido.

Espero que no aparezcan más lobos.

Como aparezcan, me los como.

Si no estuviera casado con Irene,

¿te casarías conmigo?

Entre mis sábanas

eres todo lo que una mujer puede desear.

¿Para qué pensar en imposibles?

Estoy hablando en serio, Lucrecia.

¿Lo harías?

Supongo que no te vas a conformar con otra cosa que no sea la verdad.

Así es.

No, no podría.

¿Por qué?

Porque no quieres ataduras, ¿verdad? ¿Es eso?

No.

Estoy enamorada de otro hombre.

Entonces, que sea él el que te saque de aquí.

Hernán, espérame. ¡Hernán, espérame, por favor!

Al menos, intentamos escapar.

¡Lo que usted quiera, pero cada vez estamos peor!

Somos ya... esclavos de tercera.

¿Y esto?

Parece la carta de un esclavo.

No somos los primeros que hemos estado aquí.

Y está escrita en "cristiano".

¡Ay, Dios, que lo mismo puedo escapar!

Es una carta de amor.

¿De amor? ¿Pero quién puede pensar en romances en este cuchitril?

"Querida Elvira,

sé que no voy a verte nunca más..."

Pues empezamos bien...

"...pero tu imagen es lo único que me da fuerzas

para seguir vivo.

Todavía creo

verte esperándome

junto al altar."

No deberías seguir leyendo, son cosas íntimas.

Ya no creo que le importe mucho, amo.

"Recuerdo nuestra noche de bodas...

como si fuera ayer,

tú esperándome...

desnuda... entre las sábanas."

Ay, Dios mío, que el esclavo se puso todo berraco.

"Aún puedo... sentir el...

el bamboleo de tus caderas

sobre mí..."

Pero, ¿qué hace?

¡Deja ya de leer, Sátur!

Si no es por ser cotilla...

Es que es la única manera de... de no pensar en lo que nos espera.

Tengo la fiebre de los pantanos,

inconvenientes de haber vivido tanto tiempo en la selva.

Sólo se cura con este brebaje de quina.

-Lleva... Lleva toda la noche delirando.

-No tenías por qué cuidarme.

-Bueno, se... se desmayó. No podía hacer otra cosa.

-Te obligaba a hacer algo contra tu voluntad

a cambio de salvar a un hombre al que yo mismo envié a la esclavitud.

-Usted es la única oportunidad que tengo para que mi prometido vuelva.

-Tu generosidad me desconcierta.

Tengo curiosidad... por conocer a ese hombre tan afortunado.

Bueno, ya se lo presentaré cuando vuelva.

No te voy a engañarte. Podría tardar mucho en encontrarlo,

si es que aún está vivo.

-No me importa.

No me importa. Puedo esperar meses, años, el tiempo que haga falta.

Toda una vida.

-Qué pena.

Está bien.

Enviaré un emisario.

-Gracias.

Ya me lo cobraré

cuando me recupere.

¿En qué piensa, amo?

Está ahí con los ojos cerrados, como... como concentrado.

En mi hijo.

Alonso no tiene a nadie que lo guíe.

Matar hoy. Mataros.

Mataros hoy.

¿Cómo que matarnos?

¿Cómo que matarnos?

¿Cómo que matarnos, amo?

¡Ay, Dios mío, que éste es el fin!

Que vamos a morir, nos matan hoy. Se acaba el viaje.

¡Cállate!

Pero, ¿cómo que me calle? No me diga eso, por Dios.

Sátur, he dicho que te calles.

Pero, ¿por qué me voy a callar? ¡Qué vamos a morir!

¿Lo oyes?

¿El qué?

Son gaviotas.

Pero, ¿qué cojones me importan a mí ahora mismo las gaviotas?

Siempre están cerca de la costa. Tenemos una oportunidad.

¿Una oportunidad de qué? Perdóneme, pero me estoy perdiendo. ¿Qué?

Sátur, de llegar nadando.

Tenemos que saltar.

Amo...

Yo no sé nadar, amo.

No sé nadar.

Como ves, he sido perfectamente capaz

de volver yo solita.

Yo tenía razón,

era el camino que te indiqué.

¿Qué estás haciendo?

Me voy.

Vamos, Hernán, no saques las cosas de quicio.

¿Quién es?

Eso no importa.

(GRITA) ¿Quién es?

No dejes que algo tan estúpido como el amor nos separe.

Quédate conmigo, Hernán.

Nada ha cambiado entre nosotros.

Te equivocas, Lucrecia.

Todo ha cambiado.

(Pasos aproximándose)

Necesito tu ayuda.

(JADEA)

Estamos muy cerca de tierra. Es ahora o nunca.

Los goznes están podridos, cederán.

Yo no voy a ningún sitio, amo. Escape usted.

¿De qué hablas?

Pues que no sé nadar, amo. Ya se lo he dicho.

Nunca llegaré a la costa.

Sátur, te ayudaré yo.

¿Y cómo? ¿Arrastrándome?

¿No ve que le voy a hundir hasta el fondo?

Se ahogará por mi culpa. No.

Sátur, nunca te he fallado. Y no voy a hacerlo ahora.

Es una locura. No sé a cuánto estamos de tierra.

Si nos tiramos al agua, morimos los dos.

Prefiero morir a abandonarte aquí. ¡Y no pienso discutirlo, Sátur!

Amo, yo soy su escudero...

y mi única misión en la vida es cuidarle,

protegerle.

Por eso tiene que irse usted solo.

Sí.

No pienso abandonarte.

Escúcheme.

Escúcheme bien, por favor.

Su vida vale más que la mía.

Y si me matan, me iré...

me iré sabiendo que le salvé, me iré feliz.

Sátur, escúchame, eres mi familia.

Yo nunca abandono a mi familia.

Tenemos que irnos ya. ¡Vamos!

Mi único orgullo ha sido servirle.

Gracias por hacerme sentir persona.

¿Qué vas a hacer?

¡Eh!

¿Qué haces?

Déjeme, por favor.

¡Turcos de mierda, venid aquí!

¿Estás loco? ¡Sátur!

Déjeme.

¡Venid aquí!

¡Venid aquí si hay...!

¡Sátur! ¡No, Sátur!

¡No hagas eso!

¡Cabrones, venid aquí si tenéis lo que hay que tener! ¡Vamos!

¡Venga!

Sálvese usted.

Váyase, váyase.

Váyase. Váyase, amo. Váyase sin mí.

Tía, ¿se sabe algo?

¿Qué pasa?

Si sabes dónde están, dímelo, por favor.

-Los vendieron como esclavos.

-¿Volveré a ver a mi padre?

-No sé si lo volveremos a ver nunca más.

-No...

Lo voy a buscar.

Lo voy a buscar hasta que lo encuentre. Y no voy a parar.

Lo juro.

Lo juro.

¿Te vio alguien traerlo? ¿Algún criado?

No.

¿Qué vas a hacer?

Cortarle algunos dedos.

Si alguien lo encuentra, pensará que le han robado.

(Pasos)

(SUSURRANDO) Espera.

Tranquilo, todo irá bien.

Sé que abandonas el palacio.

Sí.

No quiero que te vayas, Comisario.

Puedo necesitarte otra vez.

(Llaman a la puerta)

SOLEDAD: Sus baúles están preparados.

Que los deshagan.

Disfruta de las vistas,

porque serán las últimas antes de escuchar

el crujir de tu cuello.

(RÍE)

¡Sátur! Nos vamos.

¡Has agotado mi paciencia, esclavo!

Yo... no soy ningún esclavo.

Me llamo Gonzalo de Montalvo.

Soy el Águila Roja.

(JADEA)

¡Este anillo es mío!

Vamos, Sátur.

(SE QUEJA)

¿Estás bien?

Sálvese usted, amo.

Déjeme, no lo conseguiremos.

¡Sátur, o los dos o ninguno! ¡Vamos!

¡No, no, no!

¡No, amo, no!

(Murmuro callejero)

¡Hemos llegado, amo!

¡Ay, que hemos llegado!

¡Que hemos llegado!

¿Lo ves? Nunca hay que rendirse, Sátur. ¡Nunca!

¿Y lo bonita que es nuestra calle?

Uno no sabe lo que tiene hasta que lo cogen de esclavo, amo.

Vamos.

Espere, espere, no vaya tan aprisa, que tengo...

unos callos en los pies que se puede hacer un guiso.

¡Qué caminata, qué palizón! ¡Dios mío, Dios mío!

Hola, Enrique.

Hemos llegado a casa, Sátur.

Sí, claro, después de recorrer media España.

¡Me cago en los que hacen los mapas!

Luego, en el papel, se ve "to" ahí "asín", chiquitito.

Margarita.

Margarita.

Gonzalo...

Gonzalo.

¡Gonzalo!

Sabía que te volvería a ver. ¡Lo sabía!

Nada me va a separar de ti. Nada.

Sátur.

¡La madre que te parió!

Pero, ¿tú qué haces aquí? Ya casi se me había olvidado de ti.

Voy a buscar a Alonso.

Amo, ¿tiene el anillo?

Sí, Sátur.

Pues ha llegado el gran momento.

¿Qué momento?

El de la "pidida".

Cuando el macho "anilla" a la hembra para decirle que si se quiere casar.

Ya le pedí que se casara conmigo en su momento.

Y le dijo que no. Y luego le dijo que sí.

Ahora tiene que hacerlo Vd. como Dios manda,

con todos los familiares presentes.

No voy a pedirle que se case conmigo aquí, en plena calle.

No sabe Vd. lo que aprecian las mujeres estas declaraciones

"asín", a lo grande.

Además,

nos lo debe a los que hemos seguido esta historia desde el principio.

Te he perdido ya demasiadas veces.

No voy a dejar que me vuelva a ocurrir.

¿Qué?

Margarita...

¿Quieres casarte conmigo?

Sí, quiero.

Por supuesto que quiero.

¡No me jodas!

¡No me jodas! ¡Que me lo he perdido! ¡La madre que me parió!

¡Todos estos años esperando y al final me lo he perdido!

Pero, ¿ustedes quiénes son? ¿Son acaso de la familia o algo...?

¡Cotillas, que sois unos cotillas!

¡Si ya sabía yo que esto había que hacerlo en casa!

Nada, que me gustaría hablar de algo muy importante con usted.

Que me he matriculado en la universidad.

Lo importante es que voy a ser licenciado.

El licenciado García.

Tú me enseñaste todo lo que sé, Olivia,

pero no sabes todo lo que he aprendido por mi cuenta.

Lucrecia, no sólo he venido a despedirme de ti,

voy a hacerte mi heredera.

El pueblo debe tener libertad, derecho a decidir.

¿Usted quiere que nos vayamos todos a la mierda?

¡Que sin nadie que gobierne, esto es un sindiós!

Decreto el cierre de todas las universidades.

¡Tiene que hacer algo, tiene que detenerlos!

¡Escuchadme!

(Disparo)

El papel que has ejercido toda tu vida con ella ha sido secundario.

Pero el amor es así, caprichoso.

¡Mañana por fin la monarquía será sustituida por el pueblo!

VARIOS: ¡Libertad, libertad, libertad!

  • T8 - Capítulo 97

Águila Roja - T8 - Capítulo 97

29 oct 2015

Gonzalo y Sátur han sido capturados y viajan en un galeón camino de Asia, donde serán vendidos como esclavos. Nadie sabe dónde están y no existe ninguna posibilidad de escapar en alta mar. Margarita, que desconoce el paradero de su amado intenta llegar a un acuerdo con Malasangre para saber dónde están. Por otro lado, el Comisario busca animar a la Marquesa, afectada por la pérdida de su hijo.

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  1. Yuselin

    La estoy viendo desde el principio, algo q no me gusto fue que sacaran de escena a Catalina por dios y le dieran la mínima importancia. A satur lo adoro por que le da ese toque cómico, gonzalo es muy serio tendría q estar satur para hacerlo medio rier.

    24 nov 2016
  2. Edith

    No puedo ver los capitulos me quedé en la 99 y no puedo verlo¿¿

    04 ago 2016
  3. Ivan

    Es una pendejada Margarita diice que lo traigan a amor de su vida y no habla cual es su nombre entre tamtos esckavos comi sabe malasangre quien es. Cojones

    21 feb 2016
  4. Minerva

    Satur es un plasta, se hace eterno cada vez que aparece... Matenlo ya por favor!!

    10 ene 2016
  5. Monica nosaetti

    Me encantaría poderla comentar si la pudiera ver!imposible ver el Águila roja!! Ayer me pasó com el cap96 . Lo termine de ver x YouTube !ojala se solucione y me encantaría q me respondan xq es el inconveniente

    10 nov 2015
  6. Genaro Reyes

    Bibiana León..respeto todas esas lamentaciones de la serie sobre Sátur..pero no estoy de acuerdo con que es un plasta y todo lo que has expresado de él..Sátur crea un ambiente en cierto modo de ternura con Gonzalo y los demás familiares en la casa..y pienso que sin su participación en la serie..esta no sería tan entretenida y divertida..me encanta Sátur y me encanta la serie..por otro lado me pregunto lo mismo que todos..que pasó con el ataque de los lobos ?..me sorprendí cuando en la siguiente escena el comisario y la marquesa se veían caminando..como escaparon de ese ataque de los lobos ?..por otro lado como volvieron tan rápido a España Gonzalo y Sátur ?..preguntas que quedan en el aire..pienso que a los directores de la serie se les ha ido un poco el control de estas escenas..no son lógicas..o si ?..

    10 nov 2015
  7. Marisol Carmen Riqu

    A mi me encanta la serie, pero estoy totalmente de acuerdo,con vivían y Laura . satur, no es pesado pero para ser un criado, es bastante a su manera el amo debe hacerle caso a el, y sacarlo siempre de líos, yy si. También me preguntó que pasó !!!! Con los lobos lucredis no le pasó nada por lo menos uniera aparecido con el vestido roto, y Alonso y satur como llegaron a la villa? Mmmmm.... Muchas preguntas. Y escenas pérdidas ,que fueron indispensable... Soy de Chile y sigo cada capítulo desde el principio....

    05 nov 2015
  8. Laura

    Si,me gusta la serie pero es verdad que hacen parones de escenas tan cruciales como el ataque de los lobos o como han conseguido llegar a España Gonzalo y Satur, también pienso que ha habido un momento de 50 sombras de Grey de la manera que Nuño lo ha hecho con su criada y cuando satur a leído la carta apasionada que había dejado aquel esclavo jajaja pero bueno. A mí me gustaría que se centrarán más en la historia de El Comisario, Gonzalo y supuestamente Irene qué son los 3 hijos del rey no han vuelto hablar de la historia.

    03 nov 2015
  9. Mariiia

    Perdona que te diga estoy Bibiana León, pero Satur es el que alegra el programa. Y si, puede ser un plasta y que siempre se meta en problemas e involucre a Gonzalo. Pero sin él la serie no seria ni la mitad de divertida. Porque gracias a él, el aguila roja hace las aventuras que hace. Porque sino que aventuras hace el Aguila Roja? En todos los capitulos la aventura es gracias a Satur. ASIN QUE... RECAPACITA!

    02 nov 2015
  10. Clemente

    Ha sorprendido mucho la falta de explicación de cómo se libran del ataque de los lobos. Nos hemos quedado pasmados cuando en la siguiente escena están simplemente caminando de nuevo por el bosque como si nada hubiera pasado! Se ha comido alguien una escena en el montaje?

    30 oct 2015