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Transcripción completa

Subtitulado por Teletexto-iRTVE.

-¡Ah!

-A Margarita la han vendido como esclava.

(GRITA EN ÁRABE) Sátur, no puedo volver sin ella.

No puedo perderla. -¿Quién es Margarita Hernando?

-Necesito que me ayude a encontrar a mi prometida.

Cos sus ejércitos con su influencia.

-Será muy difícil encontrarla en este basto imperio.

Las mujeres embarcarán esta noche rumbo a Argel.

Preferiría no tener que ocuparme de estos asuntos en un futuro.

-No tendréis futuro si no os ocupáis de estos asuntos.

¿Así vigilas la mercancía?

-Perdone. -¿Qué haces aquí?

-Trabajo en palacio. -Según mis informes,...

...no habéis contraído sacramento del matrimonio.

Lo prepararemos todo para que así sea.

Acepto tu propuesta. Esas cajas tienen respiraderos.

Mi prometido es un noble muy importante.

Si nos ayuda a escapar conseguirá todo lo que quiera.

-¡Tienes la culpa! ¡Se la llevaron...

...cuando iba a buscarte! ¡La presionaste la boda!

-En enviado del emir os quiere ver bailar. Te ha tocado.

-No pienso bailar. -Mi tía dice que no te dejan...

...salir de palacio. -Mi tío, el cardenal,...

...dice que no estoy preparada. -Te puedo enseñar la villa.

Te gustará. -¡Vendo esclavos!

-Quiero comprar una esclava. Tengo esto.

-¡Aparta, mocoso! ¿Has ido al mercado? ¿Tú solo?

-Sí. Intenté comprarla con el collar de madre.

Pero ahí no estaba. Yo la traeré de vuelta.

Irene ha desaparecido. La han visto salir...

...con el estúpido de mi jardinero.

¿Qué haces? ¡Marta, suelta eso! ¿Qué querías? ¿Matarte?

Espero que vuelva intacta, si no, tú y tu familia...

...sufriréis las consecuencias. Margarita sigue viva.

Estoy seguro.

-Existe una sociedad secreta. Sus miembros son gente influyente.

Condes, duques, gente de la Iglesia...

-Joder con las sociedades secretas.

¿Cómo sabremos a quién buscamos? No les ha visto la cara,...

...no sabe ni un nombre ni na de na.

¿Una fiesta de disfraces? Mire por donde le va a venir...

Puerta. ...bien hoy el traje.

-¡Uh! ¿Dónde están las mujeres...

...que han secuestrado?

Disparo. -Si me ayuda,...

...pondré a su disposición toda mi fortuna.

-¡Uh! ¡Ah!

-¡Ah!

-¡Ah!

-¡Ah, ah!

-¡Amo!

-¡Uh!

¡Quietos!

-¡Ah!

-Es un milagro.

Por cierto, esta noche tenemos que volver al Dedo de Dios.

-Amo, le he dicho que iba a ir al Dedo de Dios y voy a ir.

Pero lo que me vendría bien ahora sería un poquito de desahogo.

El insumiso sigue igual y a lo mejor con un poquito...

...de ayuda femenina... (RÍE)

De acuerdo. Anda, tómate la noche libre.

Ya iré yo al Dedo de Dios.

-¿Y no podríamos ir un poquito más tarde?

Estas no son horas de ponerse a cavar un monte.

Además, ese medallón debe llevar ahí...

...lo menos veinte años enterrao. Ese medallón es la única pista...

...que tengo para descubrir quién es mi hermano...

...y dónde buscarlo. -¡Padre! Padre... Mira, mira.

Le han compuesto una coplilla al Águila Roja.

¿Ah, sí? -Ya la conocen hasta fuera...

...de la villa. Escucha.

(LEE) Lo mismo está en Madrid que en Orgaz.

Repartiendo plumas rojas pide justicia y libertad.

Dicen que es apuesto. -A ver, a ver , a ver.

-¿Qué haces?

-¿No nombra a nadie más? ¿Alguien que fuera con él o algo?

-¿Y a quién iba a nombrar? -Pues a uno que va con él, a uno.

-No, a lo mejor nombra a su caballo.

-Su caballo. (RÍEN)

-Hola.

Mira la coplilla que le han compuesto...

...al Águila Roja. Pero, bueno, ¿y esto?

-Pues parece que se ha quedao así buena noche, ¿no?

Que habrá que ir pa la casa. Que el chiquillo...

...tendrá que cenar y esas cosas. Digo yo, ¿no?

Claro. Venga, vamos pa casa. -Os acompaño.

Buenas noches. Buenas noches.

-Buenas noches.

No, Sátur, no empieces.

-No, no, si yo no he dicho nada. Bien.

-Pues sí digo, coño, sí digo.

Usted es muy héroe p'al pueblo, pero luego en su casa...

...se deja avasallar. Si parece más familia de él...

...que nuestra. Sátur, que en dos meses se casan.

En dos meses. Así que basta ya.

-Pues basta ya.

Si tiene más que decir el caballo que yo. Pues ya está.

Ahí lo tiene, con la vista clavada en la carta de Inés.

Cuidado que no sabe leer.

Buenas noches, Cipri.

Que si te vienes a cenar con nosotros.

-Eh... no, gracias, tengo mucho...

Mucho trabajo.

No... no te preocupes. Descansa.

No sé...

A mí la marcha de Inés me extraña.

-Ya estamos, ya estamos. Usted siempre viendo misterios...

...donde no los hay. Lo misterioso es que ese pedazo...

...de jaca de Inés haya estao ocho años con Cipriano.

Eso sí que es misterioso. No me ponga esa cara,...

...que piensa lo mismo que yo. Que Inés, Inés...

...es mucho pollo pa tan poco arroz Inés.

Ah...

-¿Ya te marchas?

-Como vos ordenéis, majestad.

Llaman a la puerta. -¡Majestad, la reina...

...solicita su presencia! -Pero si debería estar rezando...

...a estas horas. ¡Dígale que ahora voy!

-¿Volveréis pronto, majestad? -En cuanto cumpla mis deberes...

...como rey y como esposo.

-Esto es todo lo que había, eminencia.

¿Cuándo volveré a ser libre? -Ay, Inés, Inés...

Te recogí cuando apenas eras una niña.

Te alimenté, te protegí.

¿Y ahora me lo quieres pagar de este modo,...

...queriéndote ir de mi lado?

Guarda tus fuerzas para complacer al rey.

Y, ahora, regresa a palacio...

...antes de que alguien pregunte por ti.

-Sí, eminencia.

(HABLA EN LATÍN)

-Comisario, quiero que elijáis a vuestros mejores hombres.

Necesito que encuentren algo muy importante.

¿Puedo saber de qué se trata?

-Se trata de un medallón igual que este.

Una joya de familia. Con todos mis respetos,...

...eminencia, ¿me pide mis mejores hombres para encontrar un medallón?

-Comisario, no sobrestime el grado de confianza...

...que deposito en vos y cumplid mis órdenes.

Eminencia...

-Amo, el callo, ¿vale?

¿Cómo voy a mejorar yo de lo mío si me paso el día galopando?

Que tengo toda mi nobleza en carne viva.

Crujido. ¿Has oído eso?

-¿Qué voy a oír aparte de usted? Hay alguien más.

Espérame aquí.

-¿Yo solo?

-¡Seguid cavando, vamos!

-¿Qué pasa? Chis.

-La madre que me parió.

Pero ¿estos? ¿Estos quiénes son ahora?

-¡Habéis, junto a las rocas! -De allí venimos, señor.

Pero ni rastro. Está claro que este lugar...

...interesa a más de uno. -Lo mismo están buscando trufas.

Que esta zona es muy de eso.

-Nada, tú, aquí no hay nada. Ni rastro del medallón ese.

-¿Han dicho medallón?

¿Quién cojón es esta gente? ¿Quién los habrá mandao?

No lo sé.

Pero eso es lo que voy a averiguar ahora mismo.

No te muevas de aquí.

-¡Uh! -¡Ah!

-¡Ah!

-¡Uh! ¿Quién te envía?

¿Quién te envía?

-¡Ah!

-¡Uh!

-¡Ah, ah!

¡Ah!

-¡Uh!

-Amo, es usted peor que los chiquillos.

Se le deja solo y... Pues ahora usted me dirá.

Ni respuesta ni... ni medallón. Algo sí sabemos, Sátur.

El medallón no está aquí. -No, si es que...

-Lo siento, comisario. Águila Roja apareció por sorpresa.

¿El Águila Roja? Creí que sólo aparecía...

...cuando el pueblo lo necesitaba. Está bien, retírate.

Hernán,...

...me temo que ese medallón es mucho más importante...

...de lo que imaginas. Pero ¿por qué lo buscan...

...el Águila y el cardenal?

-Buen día, marquesa. -Buenos días, madre. Comisario...

Señora marquesa, ya le he ensanchado su vestido.

¿Hemos engordado, Lucrecia? Gracias, Margarita.

Catalina, esta leche está mala. -Si está recién...

¡Tírala! -Sí, señora.

¿Se encuentra bien, señora?

(VOMITA) -Señora...

¿Está bien, marquesa? ¿Estás bien?

Lucrecia... ¡Dejadme!

Estoy bien. Estoy perfectamente.

Ha sido por esa leche repugnante. -Voy a retirarla, señora.

Te acompaño a la alcoba.

-¿Le acompañamos? -¿Está bien, madre?

Estoy muy bien, niños.

-¿Estás pensando lo mismo que yo?

¿Que está preñada?

Ay...

-Madre mía... Pues la que se le viene encima.

¿Has visto lo nerviosita que estaba?

A saber de quién es el niño. -Pues, hija,...

...del mozo que enciende la chimenea,...

...pasando por el aguador, siguiendo por la Santa Madre...

...Iglesia y acabando por el rey, me salen unos doscientos...

...padres posibles. (RÍE) Por lo menos.

-De ahí p'alante. -Hola, tía.

-Martín.

Martín... Martín, hijo, tú no.

Tú no, tú no, tú dime que tú no. -¿Yo no qué?

Que la marquesa y tú no...

Dime que te ha respetao. -Tía, por favor.

-¡No, por favor, no, dime que te ha respetao!

-Que sí, tía. (SUSPIRA)

-Tranquila. -Me quitas un peso de encima.

-Esto está más pelao que Goliat después de conocer...

...a Dalila. Ese fue Sansón.

-¿Sansón es Goliat? Ah...

-Por mí no os preocupéis. Con un vaso de agua...

...y pan ya estoy lleno. -Chiquillo...

-Hola, Alonso. ¿Qué? ¿Nos vamos pa la escuela?

-Sí, vale. Venga, ahora voy.

-Vamos. -¡Gabi, hijo!

Buenos días, ¿no?

-Buenos días. ¡Os voy a pillar!

¡Vais a ver!

-A mí lo que me preocupan son los chiquillos, amo.

Usted y yo ya no vamos a crecer, pero ellos están en pleno estirón.

Usted no se preocupe y tire pa la escuela, que ya me avío yo.

Nos vemos, Sátur.

-Buenos días, buen hombre. -Buenos días.

-Cómo está el patio, ¿eh? ¿Este es el único pan...

...que me puede ofrecer? -Sólo me queda esta hogaza.

Y mañana Dios dirá. -¿Sólo esta?

¿No tiene usted de la semana pasada o de la otra o alguna agusanada?

-Tengo esta. Y esta otra está acucada.

-Hombre, esto con unos golpecitos...

¿Eh?

Unos golpes.

Así hasta comemos carne, ¿eh?

Lo que no mata, engorda. -El ángel exterminador...

...ha llegado al prostíbulo. -Creo que ha muerto una de ellas.

-¿Cómo dice? ¿Viruela? -Sí.

-Estuarda.

Estuarda...

¡Estuarda!

Estuarda... ¿Dónde está Estuarda?

¿Habáis visto a Estuarda? -Déjanos.

Lloro.

-Estuarda.

(LLORA)

-Estuarda.

Estuarda, tú no.

Tú no, por favor.

-Sátur...

Sátur, ¿qué haces aquí, por Dios? -Gracias a Dios.

Por un momento pensé que... Pero no, estás bien.

Vámonos de aquí inmediatamente.

-Espera, tengo que pedirte una cosa.

Ya sé que te dije que te alejases de Gabi, pero ahora te pido...

...que te quedes con él. -Claro, los días que hagan falta.

-No, Sátur, días no. Te estoy pidiendo que lo cuides.

-Por supuesto, Estuarda. Claro que sí, cuidaré de él.

Bueno, de él y de ti. Si hace falta dejas de trabajar...

...unos días y ya nos apañaremos.

Te vienes conmigo, a ver si te vas a contagiar.

-Sátur, ya estoy contagiada.

No me toques. Vete. No dejes a mi hijo...

...que venga a verme.

Y dile que lo quiero mucho.

Por favor.

Y cuídalo siempre.

Más, aprieta más.

-Señora, que a ver si esto va a ser malo pa lo suyo.

A ver si le voy a romper una tripa o algo de por ahí dentro.

Además, señora marquesa, que está usted...

Vamos, que las curvas... ¡He dicho que aprietes!

Llaman a la puerta.

-¿Me llamabas, marquesa?

Sí, pasa.

Cerrad la puerta al salir. Sí, señora. Con permiso.

-Tú dirás.

Juan,...

...estoy embarazada. -Enhorabuena.

Sabes de sobra que no te he mandado llamar...

...para que me des la enhorabuena.

Tienes que ayudarme a deshacerme del niño.

-No. Yo soy médico, Lucrecia.

Juan,...

...te lo está pidiendo una vieja amiga, no una paciente.

-Ya te he dicho que no hago ese tipo de trabajos, Lucrecia.

No me puedes hacer esto. Tienes que ayudarme, por favor.

Sabes que no tengo a quien acudir. Juan, que no puedo tener ese hijo.

Que soy viuda. ¿Qué apellido se supone...

...que le voy a dar, eh? ¿Y qué dirán de mí en la corte?

¿Qué crees tú que van a decir?

-Lo siento.

No cuentes conmigo.

Te daré lo que quieras.

Lo que me pidas.

-No necesito nada tuyo, Lucrecia.

Gracias.

Si me permites...

(SUSPIRA)

¡Catalina!

¡Catalina, ven!

-¿Le ocurre algo, señora?

¿Dónde van las criadas que se quedan embarazadas...

...de los señoritos? -¿Cómo dice?

Me has oído perfectamente. Seguro que tenéis algún sitio.

(LEE) Pues sepa vuestra merced ante todas las cosas...

...que a mí me llaman Lázaro de Tormes,...

...hijo de Tomé González y de Antonio Pérez,...

...naturales de Tejares, aldea de Salamanca.

Mi nacimiento fue dentro del río Tormes.

Muy bien, Murillo, siéntate.

Hoy vamos a hablar de algo que tiene que ver con el hambre.

¿Alguien sabe quién es Confucio?

-¿El que inventó la confusión? (RÍEN)

No exactamente. Confucio fue un filósofo oriental.

Y cuenta que un día que Dios puso un caldero enorme...

...de comida en el cielo y otro igual en el infierno.

Y, luego, repartió unos pinchos muy largos, como este,...

...para que todos pudieran disfrutar de la comida.

Los del cielo disfrutaron todos del manjar.

Pero los del infierno aparecieron con las gargantas atravesadas.

-¿Y eso cómo pudo ser? Muy fácil, Nuño.

Porque los del cielo usaron los pinchos para dar la comida...

...a los de al lado mientras que los del infierno...

...los usaron para llevarse la comida a la boca...

...hiriéndose a sí mismos.

Así que, Nuño, aprende a repartir tu comida con tus compañeros.

¿De acuerdo? Alonso, reparte.

Dime.

-Amo, quería pedirle si...

Si Gabi podía quedarse en su casa.

Sí. -Sé que es una boca más...

...que alimentar, pero si hace falta...

...yo... me quedo sin comer.

¿Ocurre algo?

-Estuarda me ha pedido que me lo quede.

-Está rico.

-Es que cree que va a morir.

¿Usted ha oído hablar del ángel exterminador?

Viruela.

-¿Qué pasa?

Y no me digáis que nada.

Porque estoy harto de que nunca me contéis la verdad.

-Alonsillo...

Ahora más que nunca tienes que estar cerca de Gabi.

-¿Por qué? ¿Que le pasa a Gabi?

Su madre está enferma.

-Tiene viruela.

-¿Qué?

Pero...

Eso significa que se va a morir. Que se va a quedar sin madre.

-Vamos a ver, tampoco hemos dicho eso.

-¿Cómo se lo contamos? -Alonso, la marquesita dice...

...que comamos más chocolate. Ah...

¿Qué pasa?

¿Por qué me miráis así?

(TOSE) Quita.

-Señora, piénselo dos veces. Esto que va a hacer...

...es muy peligroso. Catalina, no he pedido tu opinión.

(TOSEN) -¡Fuera!

Señora.

(TOSE)

Buenas.

Que... nosotras queríamos... -¿Cuánto tiempo llevas sin sangrar?

-¿Cómo?

-Que hace cuánto tiempo que estás preñada.

-Ah, si yo no... Sí, tú sí, Catalina.

¿Puede ayudarnos a solucionar el descuido de mi criada?

-Señora, yo vivo de solucionar estos descuidos.

Que se beba cinco gotas de esto. Ni una más.

Es muy peligroso.

¿Está seguro de que eso funcionará? -Si dentro de dos días...

...no lo ha echado, vuelvan por aquí.

Que se lo sacamos.

-Señora, vayámonos, por favor.

Catalina, no hemos estado aquí.

-Nunca jamás. Vamos.

-Pero, Gabi, no te preocupes.

Tu madre se va a poner bien, ya lo verás.

-¿Y si se muere y no la vuelvo a ver nunca más?

-Es que tu madre no se va a morir.

La gente no se muere de viruela.

-¿Cómo que no?

-Bueno...

A veces sí, pero casi nunca.

-Vamos pa casa. -Me quiero quedar con ellos.

-No te vas a quedar con el hijo de una ramera infectada.

¿Quieres contagiarte? Arreando. -Eh, eh, eh.

Tú.

¿Se puede saber qué has dicho? -Me llevo a mi hijo.

No quiero que esté cerca de ese apestao.

-¿Ese apestao?

Resulta que ese apestao es mi hijo.

Y no me gusta que le hablen así.

Anda, discúlpate. (RÍE)

-Hijo de una puta y un don nadie. Tú sí que sabes, chaval.

-Discúlpate con el crío, desgraciao.

-Déjame.

-¡Retira lo que has dicho o te saco las entrañas!

-¡Que me dejes! -¡Ese hombre tiene razón!

¡El niño tiene que estar encerrado! -¡Sí, como su madre!

Nos van a contagiar a todos. -¿Qué están mirando aquí?

¡Fuera de aquí! ¿Qué estás mirando? ¡Fuera!

¡Vamos! ¡Mi hijo no es ningún apestao!

Ya está, hijo. -¡Déjame!

-Está bien. Gabi...

-¡No vuelvas a decir que eres mi padre! ¿Lo entiendes?

¡Nunca! ¡Nunca lo vuelvas a decir!

-¡Gabi, Gabi!

Hay que ver. Pobre Estuarda.

Al final, estas enfermedades se ceban con los de siempre:

los más débiles. (SUSPIRA)

-Hola. Hola, mi amor.

¿Qué? ¿No le vas a dar un beso a tu tía?

-Sí, sí.

(RÍE) ¿Qué?

Ah... (RÍEN)

Alonso, ¿no estás con Gabi?

-No. Quiere estar solo.

Sátur ha intentado hablar con él, pero dice que no tiene padre.

Pobre chiquillo. -Y pobre Sátur.

¿Qué lees? Está en Chino, ¿no?

Sí.

Ven aquí.

Cuando estuve en Oriente, vi muchos casos de viruela.

Allí los médicos les cubrían con un polvo amarillo...

...y parecía que mejoraban. -Pero ¿aquí pone algo...

...sobre el polvo amarillo? De momento, no.

Pues, padre, tienes que encontrarlo.

Mi amor, Juan está cuidando de Estuarda.

Y va a hacer todo lo posible para que se ponga bien.

-Ya, pero Juan no tiene ese polvo amarillo que dice padre.

Porque tú no serás muy valiente, pero cuando se trata de pensar...

(RÍEN) ¿Ah, no?

-Seguro que lo encuentras. Ya.

Venga, anda, ve con Gabi.

Seguro que le irá muy bien tu compañía.

-Adiós. (AMBOS) Adiós.

Margarita, deja que te ayude.

Ah...

Gracias.

El anillo...

¿Dónde está? A ver...

Dame.

¿Sabes de qué me acabo de acordar?

De cuando éramos niños y se me cayó el colgante...

...a la laguna. Tú te tiraste. Hasta que no lo encontraste...

...no saliste.

-¿Y esto está limpio del mes pasao, Petri? ¿del mes pasao?

Esto lo quiero como los chorros del oro.

¿Eh? Y con brío, con brío.

Catalina, que la marquesa no está bien.

-¿Cómo no está bien? Tiene muy mala cara.

Está venga a beberse una especie de elixir. Lleva un frasco entero.

-Ay, Dios mío. ¿Qué pasa?

-No pasa nada. ¿Cómo que no pasa nada?

Catalina, que te conozco. -Que la he llevao al sacacríos...

...y le ha dao eso. ¿Cómo?

¿Cómo le llevas a ese carnicero? -¿Qué querías que hiciera?

Que me lo ordenó. Es mi dueña.

Llama a la puerta. Señora.

Señora...

Señora, por Dios, que le dijo sólo unas gotas.

Catalina, estoy helada. -Sí, señora, tápese.

Ah... -Así.

Trae agua caliente para la bañera, vamos.

-Sí.

¡Señora!

Señora.

Señora, señora, despierte.

¡Señora!

¿Qué ocurre?

¿Qué pasa? Está helada. ¿Qué le ocurre?

-No se lo puedo decir. ¿Cómo que no puedes decirme?

¿Qué ocurre? -No puedo decírselo.

¡Catalina! -Está en estado.

Y ha estado tomándose eso para echar al crío.

Señora...

Ah, ah...

-¿Usted dice que su madre escondió el medallón en esta poza?

Estábamos buscando en el lugar equivocado.

Esta poza también está bajo el Dedo de Dios.

-Hombre, la verdad es que el árbol donde usted gravó su nombre...

...y el de su hermano está ahí mismo.

Usted tenía que vivir por aquí cerca, amo.

Sátur, vamos.

-Despacio, despacio.

¿Cómo has podido hacer una cosa así, Lucrecia?

No he hecho nada que sea de tu incumbencia.

Has puesto tu vida en peligro. Claro que es de mi incumbencia.

Mi madre se murió hace años y, créeme, lo último...

...que necesito ahora es otra. Aunque sólo fuera por Nuño,...

...podrías ser un poco más prudente.

Déjame sola, por favor. No.

No voy a marcharme, Lucrecia. (SUSPIRA)

¿De quién es?

No sé de qué me hablas.

¿De quién es el niño que estás esperando?

Podría ser mío. ¿Por qué? ¿Te gustaría?

Pues olvídate. Ese niño nunca va a nacer.

Llaman a la puerta. ¡Adelante!

-Lucrecia, si quieres puedo venir más tarde.

No, Juan, quédate. Hernán ya se va.

Juan, vamos a hablar.

Ah, qué frío.

Ah... Siéntate.

Tengo que contarte algo.

-Pero ¿cómo? ¿Se va a meter usted ahí dentro?

¿Usted sabe lo peligroso que puede ser?

Además, con el frío se le quedarán los atributos...

...como... como pasas de Corinto.

¿Se te ocurre alguna manera mejor de sacar el medallón?

-Pues hombre, así, a bote pronto, no.

Pero considere otras opciones. Usted es águila, no es pez.

¿A saber lo que hay ahí dentro?

Que conste que yo iría con usted.

Es que el agua y yo no...

Y menos así, en grandes dosis.

Vaya usted con ojo, amo. A ver si por encontrar el pasao...

...va a perder usted el futuro.

-Vale más hacer las cosas que mandarlas.

Hija, ayúdame, que estoy pa limpiar chimeneas hasta mañana.

Como no tengo otra cosa que hacer.

Ay...

Bueno, ¿cómo está la marquesa? -Pues no sé, me tiene en vilo.

Se ha caído muerta, como una muñeca rota.

Nos podía haber dao un disgusto, y de los gordos.

Gracias a Dios no ha pasado nada malo.

-¿Y si pasa? ¿Quién me quita a mí ese peso?

No la tenía que haber llevao al sacacríos.

Ella también sabía lo que hacía, Cata.

-Chis.

Susurros. ¿Qué es eso?

-Juan y la marquesa.

Cata, Cata, que eso... -Chis, cuando se le mete...

...algo entre ceja y ceja... Capaz de pedirle a Juan...

...que le saque el crío.

Sal de ahí, que eso no está bien. -Chis, calla.

Dice Juan que nunca estuvo embarazada.

¿Qué? Anda, métete.

Métete.

Susurros.

¿Qué? ¿Qué dice?

¿Qué? ¿Qué pasa?

-Mi señora.

Que tiene la viruela.

-Ay, ay, ay, este hombre, que no sale.

Este hombre, que lo mismo se ha enganchao con algo...

...y no puede salir.

¡Se lo dije! ¡No se meta, que es peligroso! ¡Pues no!

Me cago en la silla de Felipe II.

Ya verá...

¡Amo!

Que tenga que salvar yo ahora al héroe...

¡Socorro!

¡¡¡Amo!!!

¡Sátur! -¡Auxilio!

¡Auxilio! ¡Tranquilo, Sátur, tranquilo!

-¡Amo! Tranquilo.

(TOSE) Sátur...

-Que...

Creí que me ahoga... aho...

(TOSE)

¿Usted sabe eso que dicen...

...que cuando uno se muere le pasan los momentos...

...más importantes de su vida?

Pues yo no he parado de ver a Gabi y a Estuarda.

Gracias por arriesgarte por mí. -Creí que no lo contaba, amo.

Claro, como usted no ha salido, me ha lanzao sin...

Sin acordarme que no sabía nadar.

Bueno, ¿qué? ¿Ha encontrao algo? Sí.

Un arcón, pero está cerrado con un candado.

Así que tendremos que volver con algo para abrirlo.

-No, no cuente conmigo pa volvernos a meter.

No, no. Olvídese, yo...

Yo soy más de secano.

-¿Dónde está tu madre? -No lo sé.

Nunca me ha dejado venir aquí. -No creo que sea buena idea...

...que estemos aquí. -Si quieres, vete.

A lo mejor no la vuelvo a ver nunca más.

-No, Gabi.

Me quedo.

A mí también me hubiera gustado despedirme de mi madre.

-Madre, madre, ¿dónde estás? -Gabi, ¿eres tú?

-¡Madre! -¡Fuera!

-¡Madre, madre, déjame entrar! -¡Es muy peligroso, vete!

-¡Madre!

Sólo quiero estar contigo.

Ábreme la puerta, madre. -Gabi, vete.

-Estuarda... -Alonso, hijo, idos.

-Gabi sólo quiere estar contigo. Decirte hola y ya está.

-¿Qué hacéis aquí?

¿Cómo se os ocurre venir aquí? -Gabi sólo quería ver a su madre.

La echa mucho de menos. -Ven aquí. Y tú también, venga.

-¡No! Yo quiero estar con ella. -Vamos, venga, vamos.

-¡Que no, suéltame! -No te lo digo, te lo ordeno.

¡Venga, vamos! -¡Que no, déjame en paz, suéltame!

Yo no hago caso a un mierda como tú.

Soy tu padre. Y te digo que nos vamos.

-¡No! ¡Madre, madre! ¡No!

¡Madre, no!

Bueno.

Acabo de acostarles.

Gabi ya está más tranquilo.

-Soy peor que una rata, amo.

Había prometido, si alguna vez tenía un hijo,...

...que nunca le pondría la mano encima. Y ya e usted.

Hay quien dice que un golpe de vez en cuando no viene mal.

Que educa. Pero eso son inventos de los que zurran.

Lo digo yo, que he crecido a base de palizas...

...y ni una me resultó útil. Pero querías que saliera de allí.

Era peligroso.

-Eso no es ninguna excusa.

Al final Estuarda va a tener razón.

Era mucho mejor que Gabi nunca supiera que...

Que soy su padre.

Mira, Sátur, Gabi se puede sentir muy orgulloso del padre que tiene.

Eres buena persona, eres listo.

Y un superviviente. No hay quien acabe contigo, Sátur.

-Le agradezco los cumplidos, amo, pero...

Siempre he tenido mala suerte.

Soy un negao.

Yo lo único que soñaba era... Pues eso,...

...se un buen padre. Huy, eso...

De eso nadie sabe.

-Mire si soy tonto,...

...que había empezao a ahorrar pa darle un futuro.

¿Qué? ¿Qué le parece?

Que como en ese futuro no bajen los precios...

-Pues tiene usted razón.

Sátur, Sátur, Sátur, que es broma.

-Ah, que era una broma. Sí.

-Está siempre usted...

...tan mohíno...

¿Tanto? (RÍE) -Era una broma.

Ah...

Ah...

Adelante, Catalina. Lucrecia.

¿Qué ocurre?

¿Otra artimaña para deshacerte del niño?

¿Hasta dónde piensas llegar? Si tanto problema es para ti,...

...yo me haré cargo de él.

Al fin y al cabo, podría ser mío.

Hernán, siéntate.

No es eso.

No hay ningún niño.

Tengo viruela.

Lucrecia, ¿cómo te has podido contagiar?

Ha tenido que ser alguien de tu servicio.

Yo mismo me ocuparé.

Hoy rodarán cabezas.

Ah, ah...

Buenos días, Satur. -Buenos días.

¿Dónde está Gonzalo? -No lo sé.

Cuando me he levantado ya no estaba.

-Buenos días. Buenos días.

-Gabi, hijo,...

...que te he hecho unas gachas.

Están... un poco aguadas, pero como me han dicho...

...que te gustaban mucho. -Me gustan las que hace mi madre.

-Qué buenas te han salido las gachas.

Es que cocinas tan bien.

Oye, ¿y cómo fue aquella vez que... sí que cocinaste...

...para un ejército en medio de un combate?

-No sé, no me acuerdo, no sé.

¿Cómo no te vas a acordar, hombre? Venga, hombre, cuéntalo.

Mira, estaba tan rico que el olor llegó al bando contrario.

Les entró tanta hambre que se rindieron...

...nada más que para probar su comida.

¿Es así o no, Satur?

-Bueno, sí, es que en el frente se come todo.

Con deciros que una vez cociné una alpargata...

...y también se la comieron...

Anda, come.

Juan.

-Gonzalo, qué sorpresa.

Seguro que no vienes a felicitarme por la boda.

Sabes perfectamente que no estaría aquí si no fuera muy importante.

-Lo siento, pero tengo mucha prisa. Hay mujeres enfermas que atender.

Por eso he venido. Por la viruela.

-¿Qué tienes que decirme de la viruela?

En Oriente vi como cubrían los cuerpos de los enfermos...

...de viruela con un polvo amarillo.

Les daba muy buen resultado, pero no recuerdo qué era.

-¿También estudias medicina? No, pero me gusta fijarme.

-Enhorabuena, pero la viruela no tiene tratamiento.

Ya. Ya veo que abandonas muy fácilmente.

-¡Gonzalo!

Dime, ¿cómo era el polvo?

Amarillo intenso, del color del oro.

-Ven. Como sabéis, hay un brote...

...de viruela en la villa y la marquesa quiere asegurarse...

...de que puede vivir tranquila, así que espero...

...que todos colaboréis. -Por supuesto.

En todo lo que podamos. Me alegro. Quitaros la ropa.

-Señor comisario, no creo que sea necesario.

Si hubiese alguien enfermo yo... He dicho que os quitéis la ropa.

-¿Ocurre algo, comisario?

Simple rutina. Por prudencia.

-Si quiere, podría hacerlo yo.

¿Has visto alguna vez un enfermo de viruela?

-En el convento.

Adelante.

-¿Qué pasa?

Jardinero, fuera la ropa.

-No.

Yo no me voy a desnudar.

Vaya. Resulta que vas a ser tú el gallito de corral.

Quítate la ropa.

Le he dicho que dispare a todo aquel...

...que no quiera desnudarse. No haré excepciones,...

...así que tú decides.

-Martín, por Dios, quítate la ropa.

¡Ya!

¿Veis como cuando queréis sois razonables?

Irene...

No.

No.

Esto esa. -Caléndula.

(LEE) Caléndula: conocida también como botón de oro...

...o rosa de muertos.

Hierba medicinal con múltiples propiedades terapéuticas.

Especialmente cicatrizante.

Usada también como tinte para telas.

Caléndula.

-Gonzalo, va a ser difícil encontrar.

Lo poco que hay procede de Oriente.

No hay de qué.

-Pero, Gabi, ¿qué es lo que no te gusta de Satur?

Que a mí me parece muy buen padre.

-Que nunca en la vida me ha hecho caso.

-Pues porque no sabía que existías.

Que no ha pegado ojo en toda la noche.

Hasta le he escuchao llorar.

-Además, está aquí. Yo hace mucho que no veo al mío.

Desde que se fue a las Indias.

-¿Y tú qué miras? -¿Qué pasa?

¿Que no puedo ver cómo lloran los pobres?

Gabi, a ti a lo mejor tu madre podría secarte las lágrimas.

Ah, no, claro, que la puta de tu madre está ocupada...

...contagiando a alguien. -¡Te voy a matar!

-¡Gabi, Gabi! Gabi, déjalo, ¿vale?, déjalo.

-Mira, te voy a matar yo a ti.

Te espero en el bosque a las 8.

Consigue una espada. Yo llevaré la de mi padre.

-Allí estaré.

-Pero ¿qué has hecho?

¿Te has vuelto loco? -Ha insultado a mi madre.

-¡No has luchado en tu vida! ¡En tu vida!

¡Te va a matar, idiota, te va a matar!

Campanadas.

-Apartad. ¿Qué hace esto aquí?

-Ah...

¡Uh!

-Amo...

¿Está seguro que no se podía conseguir la caléndula...

...en un lugar menos custodiao? No.

Este es el único sitio. La utilizan para teñir...

...las sedas reales.

¿Ves algún polvo amarillo?

-Los hay de todos los colores.

Pero amarillo no, amo.

Amarillo, no. ¿Y si lo han terminao, amo?

¿Y si lo han acabao? Tranquilízate, ¿eh?

-Esto tiene que salir bien, amo.

A usted casi siempre le sale todo bien.

Tenemos que encontrar un remedio pa la viruela.

Y lo conseguiremos.

Buenas. -¡Ah!

¡Ah!

Tú espérame aquí.

Chis, chis.

No grites, no grites.

Prométeme que no vas a gritar.

No te voy a hacer daño. Dime sólo dónde puedo encontrar...

...polvo de caléndula, dónde lo tenéis guardado.

-Eso es lo último que nos queda. Está llegando un cargamento...

...de Oriente, pero tardará meses en llegar.

Gracias. Con eso tendré suficiente.

-¡El Águila! ¡Es el Águila Roja! -Qué guapo.

-El Águila.

Ah...

¿Tú crees que me quedarán marcas?

-Señora, debería preocuparse más por su salud...

...y menos por sus marcas. Para quedarme desfigurada...

...prefiero estar muerta.

Llaman a la puerta. -Señora marquesa, tiene visita.

El cardenal ha venido a verla. ¿Qué?

Dile que ahora mismo salgo.

Catalina, mi bata.

Tráeme un vestido. Rápido, que tenga mangas.

-Señora, por Dios, debería tener reposo.

¡He dicho que traigas mi vestido!

¿Tengo muy mala cara, Catalina?

-Señora, se le ve una ahí.

Señora, ¿y no sería mejor decirle que se encuentra usted indispuesta?

¿Y levantar sospechas? Jamás.

El cardenal entraría a verme.

-Señora, póngase esto.

Ah, estupendo.

Nadie. Nadie debe saber esto. -Sí, señora.

¿Eminencia?

-Marquesa,...

...siento deciros que hoy me habéis hecho esperar...

...más de la cuenta. Todo lo bueno se hace esperar.

-He venido a buscar a mi sobrina. Estupendo.

Estupendo.

-Y también a vos. (RÍE)

(SUSPIRA) -La belleza os acompaña,...

...como de costumbre. Pues...

...deberíais pasar la tarde con ella.

Y otro día dedicaros enteramente a mí.

No me gusta compartiros con otras mujeres.

Lucrecia...

-Comisario, ¿acaso tenéis por costumbre abrir la puerta...

...sin llamar? Disculpe, eminencia.

No sabía que la marquesa tuviera visita.

El cardenal ha venido a visitar a su sobrina.

¿Un dulce, caballeros?

¿Eminencia?

-¡Oh!

-Ah...

-¡Ah!

-¡Ah, ah!

-¡Oh, oh, oh!

-¡Ah!

-¡Ah! -¡Oh!

-¡Ah!

-¡Oh! -¡Ah!

-¡¡¡Ah!!!

-¡Oh!

-¡Uh, ah!

-¡Ah!

-¡Ah, mis ojos! ¡Me queman!

¡Ah, los ojos!

-Lo tenemos, amo. Lo tenemos.

-Os veo ocioso, comisario.

¿Acaso guardáis algo que debiera saber?

Mis hombres siguen buscando ese medallón por todas partes.

Pero no hay ni rastro de él. -Resulta curioso entonces...

...veros por aquí. Os recuerdo que es una joya...

...de gran valor que debe ser recuperada sin demora alguna.

Eminencia, lo seguirán buscando hasta que aparezca.

-Más os vale.

-¡Tío, qué alegría veros!

Vamos, tengo muchísimas cosas que contaros.

-¿Sí? -Sí.

Bueno. Marquesa, un placer, como siempre.

Bonito pañuelo. Gracias, eminencia.

-Os favorece.

(RÍE)

Ay, me gusta.

Eminencia, ¿dónde vais?

-Tranquila.

Esta noche he pensado en algo nuevo.

¿Qué pasa? -Sólo voy a miraros.

¿Dónde estáis?

Ya sé quién me ha contagiado.

¡Una prostituta!

¿Una prostituta?

Sí, sí. Se coló el otro día en palacio.

Para robar.

La sorprendieron cogiendo mi ropa.

Lucrecia...

La encontraré y acabaré con ella.

-Gabi,...

...¿dónde vas con la espada que me regaló mi padre?

-Es que no he encontrado otra. -¿De verdad vas a ir al duelo?

-Nadie insulta a mi madre.

-Gabi, Gabi...

Toma, Nuño me ha dado esto para ti.

Dice que esta tarde no puede salir de palacio.

Que dejamos el duelo para mañana.

Será cobarde...

-Bien.

Se lo ha creído. -Ya verás cuando Nuño...

...vaya al bosque y vea que no hay nadie.

-Es que...

Murillo,...

...sí que va a haber alguien. -¿Qué?

-Que voy a ir yo.

Nadie insulta a la madre de mi amigo.

Nadie.

-¡Estuarda!

-Satur. -Estuarda.

Que te he traído un remedio. Un remedio pa la viruela.

-Satur, déjalo, de verdad. -Que sí, que ya verás...

...como te alivia. Mira, tienes que echarte...

...esto por el cuerpo. Dame eso.

-¿Que le dé qué? No sé de qué me habla.

El cuenco. -¿El cuenco pa qué?

He dicho que me lo des.

-Por mi vida que no.

Máteme si quiere, pero no se lo voy a dar.

-Satur, haz lo que te dice. -No.

Que no tenga que volver a repetírtelo.

-Tendrán que cortarme las manos del cuenco. No se lo entrego.

Tú lo has dicho. ¡Cortadle las manos!

-¡Satur, dáselo, por Dios! -No.

-¡Dáselo, por favor! -No.

-¡Satur! -No.

-¡Satur! ¡No! -¡¡¡Ah!!!

¡Ah!

Ah, ah, ah...

Ah... ¡¡¡Ah!!!

¡Ah!

Ah...

¡Ah!

Voy a recuperarme, Juan.

-Ahora lo importante es que no suba la fiebre.

Juan, no me trates como a cualquiera...

...de tus pacientes. No necesito que me lo adornes.

¿Me voy a morir?

-Existe la posibilidad. No quiero engañarte.

Agradezco tu franqueza, Juan.

Vete, por favor, necesito estar sola.

-Adiós, Lucrecia. Adiós, Juan.

-Señora, no quisiera alarmarla estando como está.

¿Qué pasa, Catalina? -Su hijo ha desaparecido.

¿Cómo que ha desaparecido? -No lo encuentro en su cuarto.

Lo he buscado por palacio, pero no está.

Relincho.

¡Nuño!

Vamos, Catalina, rápido, ayúdame. -Sí, señora.

Señora. Sí, estoy bien.

Satur, ¿qué ha pasado con el comisario?

-¿Qué ha pasao? Que soy un desgraciao.

Eso es lo que ha pasao.

He dejao que me roben lo único que podía quitar el dolor...

...a la mujer que quiero, amo. ¿Para qué quería él la caléndula?

-Y yo qué sé. Sólo sé que quiere que esas pobres mujeres mueran.

Para él sólo son escoria.

Has hecho todo lo que has podido. -¡No!

Tenía que haber luchao con él hasta la muerte y estoy aquí.

¡No estoy muerto, estoy vivo!

Hay que limpiar esa sangre. -¡No, déjeme!

Satur. -¡Déjeme! ¡Déjenme todos en paz!

Gonzalo,...

...tienes que ayudarme. ¿Qué ocurre?

Nuño. Ha desaparecido.

No sé qué hacer.

No le encuentro por ninguna parte.

Gabi, ¿dónde está Alonso?

-Dejadme todos en paz.

Gabi, ven.

Tienes que ayudarnos. ¿Tú no sabrás dónde están...

...Nuño y Alonso? -No, no lo sé.

Gabi, ¿qué es esto?

-¿Qué haces tú aquí? ¿Y tu amigo?

-Vamos. -No viene, ¿no?

Claro, era de esperar. Además de andrajoso, cobarde.

¿Qué pasa? ¿Que te da miedo batirte conmigo?

-Esta vez no va a estar tu padre para salvarte.

-Eso ya lo veremos.

-Prepárate a morir.

-Puedes dejar esto si quieres.

Disculparte con Gabi.

-Cállate y lucha.

(JADEA)

-¿Últimas palabras, plebeyo?

¡Nuño!

¡Suelta esa espada ahora mismo!

¡Nuño!

Suelta esa espada.

Mírame. Dame la espada.

¡Dámela!

Dame la espada.

¡Nuño! Mírame.

Nuño, ya está.

¿Estás bien? -Sí.

Lo siento, padre; pero...

-¡Madre!

¡Madre!

Madre... ¿Qué te pasa, madre?

¡Lucrecia!

¿Qué ha pasado? Lucrecia...

Lucrecia...

Tengo que estar casi muriéndome para que me lleves...

...entre tus brazos.

Ay, si llevo a saber que era tan fácil.

Lucrecia, ahora te conviene descansar.

No hagas como que no escuchas lo que te digo.

Detesto cuando haces eso.

Ay, Gonzalo.

Ya no tengo nada que perder. Puede que no pase de esta noche.

Lucrecia... Chis.

Voy a decirte lo que llevo años queriéndote decir.

Te quiero.

Vete.

Sal de aquí, maestro.

Necesito que me des parte de ese remedio.

Hay más gente que la necesita.

Sólo te estoy pidiendo una parte.

Hernán, dale lo que te pide. Dáselo.

-Mi amor. No, no, no, tranquila.

-Ah... -Vete a casa, por favor.

No, si te quedas, me quedo. -Eres más útil cuidando a su hijo.

Juan...

Bueno.

Estoy muy orgullosa de ti.

-Ah, ah...

-Doctor...

-Vamos, Estuarda.

-¿Es necesario atarla? -Hay que evitar que se arrasque.

Si no, puede empeorar. -¿No podemos hacer nada más...

...por ella? -¿Crees en Dios?

Pues reza.

(JADEA)

(TODOS) Y perdona nuestros pecados como también...

-¡Estoy harto de rezar! Todos me decís que rece.

Pero mi madre no mejora.

-Gabi tiene razón. ¿Para qué sirve rezar?

Alonso, pues para pedir por lo que queremos.

-Claro. -Pues yo no creo en Dios.

-¿Cómo? Eso no lo digas donde te oigan.

¿No ves que la Santa Inquisición te quema vivo?

-Pero ¿por qué Dios nunca mata a los malos?

¿Por qué siempre tiene que matar a los que más queremos?

-Tampoco el Altísimo tendrá un listao preciso.

Que somos muchas almas por el mundo.

Bastante tiene con lo que tiene, que somos muchos.

Alonso, hijo, a veces Dios nos pone a prueba.

Nos exige sacrificios para que le demostremos...

...nuestro amor. -Claro.

Pero al final siempre nos compensa.

-¿Si hago un sacrificio...

...Dios puede salvar a mi madre?

Tú sigue rezando, Gabi.

Que ya verás cómo se pone bien.

Anda, ven aquí, mi amor.

Ya está.

Aquí está.

Polvo de caléndula.

-¿Cómo has conseguido esto?

La marquesa de Santillana me lo dio.

-Amo, amo... Satur, Satur, Satur.

-Le juro por esta que no olvidaré jamás en la vida...

...lo que ha hecho por mí. Estuarda...

Estuarda, mi amor, ya verás como a partir...

...de ahora te sientes mejor.

-Es curioso. ¿Cómo habrá llegado este polvo a manos...

...de la marquesa cuando sólo tú sabes para qué servía?

El comisario lo consiguió para ella.

Se ve que su uso es más común de lo que nos pensamos.

Dios nos exige sacrificios para que le mostremos nuestro amor.

Pero al final siempre nos compensa.

-Ah...

(LLORA)

-Gabi...

¿Qué haces? ¿Estás loco? -Soy un cobarde.

Quería sacrificarme por mi madre, pero no he podido.

-La madre que te parió. A sacrificarse, dice.

Que tú no eres un cobarde, muchacho.

Lo que es de cobardes es quitarse de en medio.

¡La cuerda, fuera!

Hay que saber mirar los problemas de frente, Gabi.

¿Me oyes?

-Pero ¿y si mi madre se muere? -¡Tu madre no se va a morir!

-¿Cómo que no? ¡Yo no puedo estar sin ella!

-Acabo de estar con ella. Y está mucho mejor.

Mucho mejor. -¿De verdad?

-Sí.

-Ah...

-¿Qué pasa? -Alonso...

-Estuarda, que se está recuperando. -¡Está mucho mejor!

-¿Sí? -Sí, que va a salir de esta.

-Vamos, Alonso. Quiero llevarle unas flores, ¿vale?

-Sí, sí.

-¿Tú crees que de mayor me pareceré a él?

-Ojalá.

No he conocido a nadie como él. Es único.

De verdad.

(SUSPIRA)

Vamos a ver, chicas. Es muy fácil.

Sé que una de vosotras estuvo el otro día en el palacio...

...de la marquesa de Santillana.

Sólo quiero que me digáis quién fue.

-Fui yo, señor.

-Si tú no estuviste ahí. -Calla, seguro que pagan bien.

¿Tú estuviste allí? -Sí, señor.

¿Y todo bien? -Sí.

Muy bien, señor comisario. (TODAS) Ah...

Limpiadla.

-Si es que no me extraña que se vaya usted al fondo con...

Con ese ancla que me lleva.

-Ahora, que yo también ando bien de lo mío, ¿eh?

Lo que pasa es que estoy pasando un momento flojo.

Pero cuando me recupere no habrá cinturón de castidad...

...que se me resista.

-¡Amo, el medallón!

¡Qué pedazo de... de joyón!

¿Y ahora qué? Porque como joya, bien, pero como pista no...

Quiero saber el origen de este medallón.

¿Quién lo fabricó y dónde puedo encontrarlo?

Es un honor que haya elegido mi humilde palacio...

...para tratar tan importantes asuntos, inquisidor.

-Habría que matarlo. -Están robando muertos...

...del cementerio. ¿Y Cristina? ¿Viste su tumba?

-¡Alonso! Me estoy cagando de miedo.

-¡Inés!

Disparos. ¡Ah!

-Alguien intenta matar al inquisidor en tu propia casa.

¿Qué haces? -Nada.

-¡Oh!

-Ah... ¡Ah! ¿Qué haces aquí?

Lo harán esta noche. Estoy seguro.

-¿Quién puede querer hacer eso?

-¡Ah! ¿Quién te envía?

-¡Socorro!

Disparo.

¿Quién es? (LLORA)

-He visto a Inés, Satur, la he visto.

(GRITAN)

-Cuando le cuente o que está pasando...

...no se lo va a creer.

Águila Roja - T2 - Capítulo 18

04 feb 2010

Un brote de viruela en el prostíbulo se extiende por la villa. Estuarda se ha contagiado y deja a Gabi al cuidado de Satur. El niño desprecia a su padre a pesar de los desvelos de éste por hacerle feliz. 

 

En palacio, la Marquesa se siente indispuesta. Su preocupación aumenta cuando sospecha que son síntomas de embarazo. Desesperada ante la negativa de Juan a practicarle un aborto, buscará otras alternativas.

 

Nuño dirige terribles insultos a Estuarda, la madre de Gabi. El hijo de la prostituta reta al hijo de la Marquesa a batirse en duelo. Pero será Alonso, consciente de que Gabi no sabe utilizar la espada, quien acuda a la cita.

 

Cipri cree sufrir alucinaciones al ver a su mujer mientras todos piensan que está trastornado. Inés, coaccionada por el Cardenal, tendrá que seguir a sus órdenes para conseguir información privilegiada del Rey. 

 

El Cardenal y Águila Roja persiguen el mismo objetivo: encontrar un medallón, clave para conocer el origen verdadero de Gonzalo. El héroe está a punto de morir ahogado al intentar recuperar la joya que ha localizado en un arcón en el fondo de una poza.

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