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No recomendado para menores de 12 años
Transcripción completa

Subtitulado por Teletexto-iRTVE

No te la lleves.

No te la lleves.

Mata al Águila Roja y tendrás un sitio entre nosotros.

Caerá en mis manos aunque deba levantar cada piedra de la ciudad.

Sólo tengo seguro en esta vida que vengaré la muerte de mi mujer.

-La conjura va mucho más lejos, Gonzalo.

No es sólo el asesinato de tu mujer.

-Soy Sátur, Saturno. El criado.

Tengo cierto aprecio por el maestro de mi hijo.

Y me preocupa que su cuñada duerma bajo su techo.

-Nuestros planes están llegando a su fin.

El rey tiene los días contados.

Sólo Balboa puede llevarme hasta el asesino de mi mujer.

Sujetadla. -¡No!

-¡Por favor, te lo ruego!

A ver si tiene un poco de cuidado con el traje.

Vuelve de las misiones hecho un eccehomo.

Ella hizo mucho daño a mi pasado y puede volver a hacerlo.

Gonzalo, ¿qué tal el...?

Lucrecia, ¿recuerdas a mi cuñada?

Margarita, no te había reconocido tan ligera de vestuario.

Lo nuestro ya no importa.

Gonzalo no me perdonará nunca.

El maestro quería mucho a su cuñada.

Que resurja es cuestión de tiempo.

Eso es justo lo que no tendrán.

-¿Que Gonzalo y tú seguís enamorados?

Tú verás lo que haces.

Hace mucho tiempo estuve en un calabozo como este.

Escapé con sólo imaginar que no volvería a verte.

Con que me miraras una sola vez como le miras a él,...

...sería suficiente.

¡Dime que eres Águila Roja!

Soy Gonzalo de Montalvo, maestro de escuela.

-Hay fuerzas oscuras conspirando para hacerse con el poder.

-Se me está haciendo de largo este siglo XVII.

¿Por qué esta reunión tan urgente? Mañana mataremos al rey.

-Felipe de Valois ocupará el trono de España.

Son los miembros de la logia.

-Es terrible, son todos grandes de España.

Uno de ellos asesinó a mi mujer.

-He localizado al primer capuchino de la lista.

¿Quién mató a la mujer del maestro?

-Un comisario.

-No te preocupes, madre.

No pararé hasta encontrar al que te mató.

¿Dónde está el comisario? -A las afueras de la villa.

¿Dónde? -Camino de Segovia.

En el Soto Mediano.

-Por el amor de Dios.

Tienen hombres como para controlar la villa durante meses.

Están preparados para entrar en todo momento.

¿Cómo les frenaremos?

El contenido de ese saco en contacto con el agua...

...se convierte en un gas letal.

-El fin de los Austrias está en sus manos. No nos defraude.

Gonzalo sólo es mi cuñado, nada más. Yo quiero estar contigo.

-No sabes lo feliz que me haces. Cásate conmigo.

Yo ya estoy casada.

-Margarita casada. Hace años su marido desapareció.

Lo más probable es que esté muerto.

-¿Y si no está muerto? Lo enterramos.

No me gusta meterme donde no me llaman,...

...pero Margarita es mi cuñada. No permitiré que le hagas daño.

-¿Te molesta que al final se haya decidido por mí?

-¡Gonzalo, por Dios!

-Yo recibí un beso, pero no lo di.

Estoy casada.

-Este documento acredita la muerte de tu marido.

Ahora sólo depende de ti.

Necesitaba hablar contigo. Yo también debo decirte algo.

Me voy a casar con Juan.

-Si no avisaron al rey se liará la de San Quintín.

Debe morir.

Agustín...

-Matar al asesino de tu madre, no te la devolverá.

-Pero podré dormir tranquilo.

-Tu madre se avergonzaría de ti.

¿Quiénes la mataron? ¿Por qué nunca me lo dijiste?

-¿De verdad serás capaz de matarme? Tengo que hacerlo.

-¡Abrid!

-¡Cierren puertas y ventanas, y métanse en casa!

-¡El rey ha muerto!

-Reclamo el trono de España.

-Estáis arrestados por conspiración y traición al trono de España.

-El asesino de mi madre no se saldrá con la suya.

Alguien debe hacer algo.

-No lo hagas.

Él es tu hermano.

Quiero que lo registréis todo hasta encontrar al Águila Roja.

Aunque debáis quemar todas las casas.

-¡Abran la puerta, abran la puerta!

-No abras, no abras.

-¡Abran, abran la puerta!

-¡Abran a la guardia!

¡Abran a la guardia!

-¡Abra la puerta, señora! -Abran la puerta inmediatamente.

-Aquí no hay nada.

-Salga, en nombre de la autoridad.

-¡Abran!

-Vamos, vamos.

-Por favor, mi casa no. -Abra, señora.

-Paisano, ¿no habrá visto a un chico rubito así alto como yo?

No la guarde, señora.

Que me da a mí la llave si... -¡Abran la puerta!

Vamos, por allí. -Aquí no hay nadie.

-¿Qué pasa aquí?

-¡Suban a los tejados! -Registrad en los sótanos.

-¡¡¡No!!!

-¡Cuidado, un disparo!

-¡Han disparado, han disparado, comisario!

-Proteged al comisario. -Cuidado, tapadlo bien.

-Han disparado, comisario.

-¡Cerrad todas las salidas!

-¡Lleváoslo de aquí! -Ha sido de ahí arriba.

-¡Todos arriba! -Registradlo, ¡rápido!

¡Cogedle!

-Ayuda, por Dios... -¡Vamos, vamos, vamos!

-¡Aquí ha sonado algo, suban a los tejados!

-Aquí no hay nadie.

-¡Sigan buscando!

-Ayuda... -¡Allí!

-Por caridad cristiana.

-¡Mirad en la posada! -¡En la posada, en la posada!

-A la posada, ¡rápido!

-Vamos, contra la pared. -¿Qué pasa?

-¡Todo el mundo contra la pared!

-Quien disparó al comisario debe ser uno de estos.

-Registrad a todos. Debe tener el arma.

-Vamos, contra la pared. -Vamos, subid arriba.

¿Hay alguien más?

¿Alguien arriba?

¿Qué estabas haciendo, eh?

¿Hay alguien arriba? -¡Registradlo todo!

-¡Seguid buscando!

Por arriba, buscad por arriba bien. -Tiene que estar aquí.

-Ah...

-¡Cuidado! -Han matado a uno de los guardias.

-¡Arriba! -¡Es el Águila Roja!

-¡A por él!

-Vamos, vamos. Rodéalo, rodéalo.

¡Atacadme, cobardes!

-¡Todos a la vez!

Ataca, ataca.

-Cuidado, cuidado. El comisario.

¿Qué ha pasado aquí?

-El Águila Roja, señor.

Le han ayudado a escapar.

-No la quiere. Ha ordenado que nadie la moleste.

-Huy, qué raro. ¿Has visto con quién estaba?

¿Era algún conocido?

-Salió ella en persona a recibirle.

Nadie le ha visto. -Eso es que es un pez gordo.

Pero que muy gordo.

Risas y jadeos.

Catalina. -Ay, qué susto me has dado.

Casi tiro el frasco.

Catalina.

Juan me ha pedido que sea su esposa.

Bueno, eso ya lo sabes. -Margarita, que te conozco.

Dime que le has dicho que sí. Que sí.

-Pero bueno, qué alegría, por fin te has decidido.

Hay que darse prisa para organizar las cosas de la boda...

Queremos algo sencillo, con eso me conformo.

-No te preocupes, nos las apañaremos.

¿Dónde vais a vivir? Cuando vengan los críos...

Para el carro, que aún es pronto para pensar en eso.

-Pronto, dice. Como se nota que eres nueva.

La vivienda es esencial y el barrio está por las nubes.

Y en casa de Gonzalo no os vais a quedar.

Buenas. -Buenas noches.

Venía a acompañaros a casa.

-Hablábamos de la vivienda, que está muy, muy mal.

Los prestamistas se están poniendo las botas y la gente no llega.

-No, tranquila, ya tenemos casa.

¿Que ya tenemos casa? ¿Eso desde cuándo?

-Conozco un sitio a las afueras.

Quería preguntarte si mañana quieres venir a verlo conmigo.

-Mañana me viene estupendo. Chis.

-Lo digo por ayudar. Sois muy pipiolos todavía.

¿Y a qué hora nos iríamos?

-Dios mío...

Esto no para de sangrar.

Ay, que me desangro.

Que de esta no salgo.

Que de esta no salgo.

-¡Sátur, Sátur!

¿Te he matado, Sátur? -No, no es nada...

Cuidado con la herida, muchacho.

-El Águila Roja me ha salvado, le he dejado en el tejado.

Lo siento, Sátur, ¿dónde te he dado?

-Pues ahí en...

En la diana. Qué menuda puntería, muchacho.

Alonso.

-Padre, he hecho algo horrible.

-Me ha dejado como a un eunuco.

-He disparado al comisario.

¿Cómo? -Mató a madre.

Tú no hacías nada, debía hacerlo.

Alonso, la violencia no es el camino.

El asesino de tu madre ya está muerto, ¡olvídalo!

Fue ejecutado.

Era uno de los nobles que atentó contra el rey.

Alonso, hijo, esto es muy importante.

¿Te ha visto alguien disparar?

¿Seguro?

Sátur. -No...

-Me la he hecho al disparar, con la pólvora.

-Amo, amo, si tiene a bien...

Que necesito ayuda, que creo que me desangro.

Anda, ¿a qué esperas?

Ve a por agua para limpiar la herida.

Vamos, siéntate. Túmbate. -Ay, ¿qué hace? Cuidado, hombre.

¿Por qué le miente al chico?

Fue el comisario quien mató a su mujer.

¿Qué le está pasando?

¿Te has dado cuenta de que mi hijo ha empuñado un arma?

-Que si me he dado cuenta, dice.

El chiquillo es un valiente, querría hacer algo por su madre.

Cuidado, por Dios, amo.

Joder, cómo escuece. Tranquilo, ya no sangra.

Es sólo un rasguño.

-Hay algo que yo no entiendo.

¿Por qué no lo mató usted mismo? Si lo tenía ahí...

Porque es mi hermano.

-¿Él?

-Yo te absuelvo de tus pecados, hija.

Mañana tengo audiencia en el Palacio Real.

Suponía que no habías venido desde Italia sólo para verme.

¿Por qué has vuelto, después de tantos años?

-Todo a su tiempo.

Primero debo hablar con el rey.

Lucrecia, debo pedirme un favor muy importante.

Claro.

Si está en mis manos...

¿De qué se trata?

-Mañana lo sabrás.

Ladridos.

-¿Qué pasa? -Vamos, fuera.

-No nos hagan daño, por favor.

No nos hagan daño. ¡Murillo, Murillo!

-¡No, por favor! -No hemos hecho nada, por favor.

-¡Rápido!

-¡Fuera!

Vamos.

Os haré una pregunta muy sencilla.

Si la respondéis, podréis volver a casa tranquilamente.

¿Quién me ha disparado?

Es imposible que nadie viera nada.

-A mí no me mire, señor comisario.

Yo le he salvado la vida.

¿Has visto algo?

-Más quisiera yo ver a ese miserable.

Que mire.

Me pegó un tiro aquí que tengo... Ahórrate los detalles.

-Si lo encuentra me lo envía, que le voy a cantar las gallinas.

Disculpe, señor comisario.

-¡Aquí! -Sí, claro.

Convertiré vuestras vidas en un infierno...

...hasta que atrape a quién lo hizo.

Podéis estar seguros.

Es una pena que tengáis que sufrir tanto...

...para llegar al mismo sitio.

-El comisario es una bestia parda.

Aún tengo a mi hijo temblando.

Y la puerta, a ver quién me la paga.

-Alguien debe pararle los pies.

No querría ser quien disparó. Le arrancará la piel a jirones.

-Nosotros a lo nuestro, que eso no tiene remedio.

Oye, si no es indiscreción, ¿queda mucho?

-Un rato todavía, sí.

¿A ti no te importa que la casa esté en las afueras?

¿A mí? Qué va.

Yo con cuatro paredes y un techo me conformo.

-Cualquier cosa tampoco, una cosa digna.

Sin ratas, con los pilares bien puestos,...

...que las ventanas cierren y las puertas abran. Lo básico.

-Hombre, yo creo que lo básico lo tiene.

-¿Quién lo iba a decir? La costurera y el médico.

Qué ilusión, Margarita, qué ilusión.

-Vamos a hacer un boda por todo lo alto.

-Sí, pues como no tengas la casa arriba de un cerro.

Porque estáis con lo puesto, con perdón.

-¡Abran paso!

-Eh... -¡Abran paso al cardenal Mendoza!

¡Abran paso al cardenal Mendoza!

¡Abran paso!

-Gracias, muchas gracias. -Muchas gracias.

-Es el cardenal Mendoza, una bellísima persona.

-Gracias, gracias. -Muchas gracias.

-La caridad es una gran virtud, hija mía,...

...pero darles monedas de oro me parece excesivo.

Su Majestad me espera.

Cochero, ¡deprisa!

-Estuvo mucho tiempo viviendo en el Vaticano y ha vuelto.

¿Y tú cómo sabes todo eso?

-Porque estoy atenta. En palacio se oyen muchas cosas.

Y las que me callo.

-¡Eh, vamos!

-¿Estás nerviosa? Yo la primera vez que fui a ver casa con Floro,...

...casi me orino encima.

Llaman a la puerta.

-No me mires con ese odio. Tengo mis razones, Gonzalo.

Pasa.

¿Quién es mi verdadera familia? -No puedo decírtelo.

Se acabaron los juegos.

Me has manipulado todo este tiempo, ¿por qué?

Quiero respuestas. -Tendrías que matarme.

No puedo decirte nada, no...

No estoy autorizado.

¿Autorizado?

¿Autorizado por quién? -Este asunto me sobrepasa.

Es más importante de lo que crees.

Agustín, dime quién soy.

¿Quién soy? He estado llorando a unos padres que no son los míos.

¿Lo entiendes? Todo es mentira, ¡todo!

Ayúdame. -Esta vez no puedo.

Dime al menos quién era mi madre.

Su nombre, dime al menos su nombre.

-Laura.

Tu madre se llamaba Laura.

¿Por qué la mataron?

-Nos vemos esta noche en el bosque, camino de la vaguada.

Agustín.

No me dejes sin respuestas.

-Ah, te vas a enterar, mocosa.

Llaman a la puerta. -Está cerrado.

No me creo que siendo en tu posada no hayas visto nada.

Apresadlo.

-¡Cipriano! ¡Por favor!

Él no ha hecho nada. ¡Cipriano! Por favor...

-Su eminencia el cardenal Mendoza.

-Majestad.

-Bienvenido a casa, amigo mío.

-Es un honor estar de nuevo a vuestro servicio, Majestad.

-Ven, quiero enseñarte algo. Retiraos.

Velázquez.

Pena de esa viruela, que le está matando.

Mi familia.

Todavía no sé dónde ponerlo.

Dime, ¿qué noticias me traes de Roma?

-Pues me temo que no demasiado buenas, Majestad.

El Vaticano se ha convertido...

...en un antro de inmoralidad y corrupción.

El papa está muy enfermo.

Pronto morirá.

La Iglesia va a necesitar un nuevo papa.

-Pero no va ser fácil.

El candidato debe reunir muchas cualidades.

-Yo soy ese candidato. -¿Cómo?

-Estoy preparado para asumir el peso de esa responsabilidad.

Con el apoyo de vuestra majestad, por supuesto.

-Lo que me pides es imposible.

No pienso contrariar al Vaticano.

No está ayudando mucho con el asunto de Portugal.

Y luego están mis alianzas en Europa.

-Si se me permite,...

...quizá deberíais reconsiderar vuestra decisión, Majestad.

-Yo no reconsidero mis decisiones.

Soy el rey.

-Lo sé, pero estoy convencido...

...de que un nuevo papa de las Españas, en Roma,...

...sería muy útil a vuestra Majestad.

Convendría a tal fin que estuvieseis a mi lado.

Un crimen espantoso de triste recuerdo.

Un pasado así no debe de ser removido.

Así pues la estabilidad del reino depende de vuestro apoyo.

Una obra maestra, sin duda.

Pero esa no es vuestra familia.

O no toda.

Falta gente.

Majestad.

-Debes protegerlo con tu vida.

-Uno de sus hijos está muy cerca de la verdad.

¿Puedo decirle quién es?

-¿Qué dices? Que no.

-Le habían disparado y nadie puede disparar a la autoridad.

-A los pobres nadie nos defiende.

De haber sido un noble, nadie os saca de la cama.

-El comisario hacía su trabajo, yo os habría ahorcado a todos.

El comisario sólo hacía justicia.

-La justicia no existe. La justicia sí existe.

-¿Dices que él tiene razón?

Alonso, ¿qué harías si alguien hace daño a uno de los tuyos?

¿Matarlo?

Pues eso precisamente es lo que hace el comisario.

Ten cuidado... Tened cuidado.

No os vayáis a convertir en alguien como él.

-¿Y si han matado a tu madre?

¿Eso es justo? No.

Pero si tú matas y el hijo del muerto mata a otro...

...y así sucesivamente, sólo ocurrirá una cosa:

No quedarán ni madres ni hijos, sólo odio.

Venga, sentaos.

Hijo, el asesino de madre ya está muerto.

Es hora de olvidar.

-Nunca podré olvidarlo.

-Ven, amo.

El comisario se ha llevado a Cipri para interrogarlo.

No, tranquilo, no sabe nada.

De saber algo, lo habría dicho anoche.

Estoy seguro de que al crío no lo ha visto nadie.

Cipriano se pasará el día en el calabozo y ya está.

Amo, si intenta hacer algo, sólo empeorará las cosas.

Así que tranquilo, eh.

-Debe haber un error, señor comisario.

Yo no he hecho nada. Tranquilo, posadero.

Sólo conversaremos un rato.

-Sí, señor comisario, pero yo le invito en la posada...

...con un buen vinito y...

Aquí estaremos más tranquilos.

-Señor comisario, yo no vi entrar a nadie.

Todavía no te he preguntado.

-Pero yo quiero que lo sepa.

La taberna estaba llena, usted lo vio.

Yo andaba jarra de vino arriba y abajo.

Imposible estar pendiente de la puerta.

¿Nada sospechoso entonces? -Nada de nada.

Puede usted creerme.

Mucho borracho, eso sí.

Está bien.

Seguro que no me estás engañando, ¿verdad?

-No, claro que no, señor comisario.

Yo nunca haría eso, yo tengo un respeto por la autoridad.

¿Me puedo ir ya?

Gracias, señor comisario, gracias.

Gracias.

Mientes.

Te tiemblan las manos y sudas como un cerdo.

-No, no, no, por favor...

Yo no sé nada.

No me haga daño, por favor.

El dolor es parte de la vida.

-¡No, por favor, no!

No, por favor. Por favor, no.

¡Ah...!

-Os deberéis comprar otro caballo, con lo lejos que está esto...

Otro gasto.

Pero bueno, hablaré con el herrero a ver si aunque sea un burro...

¿Y qué hacemos con la marquesa?

Entre que vamos y venimos, echamos el día.

-No te preocupes, hablé con ella y está todo arreglado.

-Margarita, ya sabes que me tienes aquí para lo que necesites.

Y toma.

Es muy poquillo, pero por si te puede ayudar.

Pero si tú estás peor que yo. -Chis, ya está.

Gracias.

-Que tenga un buen día.

-Qué educada la gente aquí, ¿no?

Bueno, es que la gente en el campo es mucho más humilde.

-¡So, para, para!

Bueno, pues ya hemos llegado.

-¿Llegado adónde?

Pero...

Juan, ¿nos han contratado aquí?

¿A ti de médico y a mí de costurera?

Juan, háblame, por Dios.

-Señor Juan, qué alegría...

...tenerle de nuevo aquí. -¿Señor de qué?

-Qué alegría, Rodrigo.

¿Tienes todo preparado? -Sí, señor Juan.

-Me llamo Juan de Calatrava,...

...duque de Velasco y Fonseca, grande de España.

Dueño y señor de toda esta tierra.

Cata... Catalina.

¡Catalina! Cata, oye, Cata.

-No sé por qué debo vestirme así, y para recibir a un cura.

No es un cura, Nuño.

Es el cardenal Mendoza, una persona muy importante.

-Yo prefiero mandar en la villa, como el comisario.

Ayer le dispararon, me enteré en la escuela.

¿Sabes si está bien? -Creo que sí.

¿Le invitarás también a cenar hoy?

Ahora no es momento de hablar de eso.

-Señora.

Eminencia. -Marquesa.

Mi hijo Nuño.

-Nuño.

¿Cuál es el favor?

Francamente, eminencia, me tienes en ascuas.

-Está enfrente de vos.

Mi sobrina Irene.

Quiero que viva en este palacio durante un tiempo, contigo.

Claro.

No sabía que tuvierais familia.

No te preocupes, querida, nos lo vamos a pasar muy bien.

Te presentaré a todo el mundo, iremos a las fiestas...

-Primero, que ese acostumbre a vivir aquí.

Acompañad a Irene a los aposentos de los invitados. Rápido.

Bueno...

Entonces nada de fiestas.

Ella se lo pierde.

¿Alguna otra indicación?

-Irene está acostumbrada a vivir entre monjas en un convento.

Lleva una vida muy estricta.

Lo mejor sería que no salga hasta que yo lo ordene.

Entonces ha venido a parar al palacio adecuado.

-Lleváis un vestido muy elegante.

Está hecho para vos.

-¿El fraile no le dijo nada?

Sólo que mi madre se llamaba Laura.

-Pero el comisario es su hermano, eso sí.

¿Del mismo padre y de la misma madre?

¿De su misma sangre?

Esto es lo nunca visto, vamos.

A ver que yo me entere:

Primero mataron a su madre.

Luego lo separaron de su hermano.

Después su hermano mató a su mujer, que era su cuñada.

Y entonces, su hijo de usted...

Disparó a su tío.

Vaya drama de familia, vamos. Dios mío.

Agustín nos dará las respuestas que necesito.

-Eso espero.

Agustín... Ay, Dios.

Dios... Amo.

Ya sé que no viene al caso ni es importante, pero...

Yo es que me levantaba antes todas las mañanas...

...que podía hacer un agujero en la pared.

¿Qué tienes, problemas para orinar?

-No, creo que no me he explicado bien.

Que no izo la bandera.

El mástil que no...

Por más que me concentro, no va para arriba.

Que tienes problemas de erección.

-No, eso no...

La cosa es que no me empalmo, eso es lo que pasa.

Si le quitan a uno la única alegría del pobre, ya ve usted.

Agustín ya debería estar por aquí.

-No se preocupe, habrá ido a pedir permiso no se sabe a quién.

Hala, ahora se pone a chispear.

Amo.

Que es sangre.

¿Quién me disparó? -No lo sé.

No lo sé, se lo juro.

(LLORA) No lo sé.

Bajadlo.

-Señor comisario.

Subidlo.

Al final me has hecho venir aquí a buscarte.

Es mi lugar de trabajo.

Me han dicho que te dispararon anoche.

¿Ya sabes quién fue? No.

Estoy en ello.

¿Qué quieres?

Que las cosas vuelvan a estar como antes.

Nuño te echa mucho de menos.

Acabemos con esto de una vez. ¡Bajadlo!

-¡No, por favor!

-¡Mátalo, mátalo!

-¡Un niño, fue un niño!

(TOSE) Un niño...

(LLORA) Fue un niño. ¿Un niño? ¿Qué niño?

(LLORA) -No lo sé, se lo juro.

Canto de un gallo.

-¿Usted tampoco, amo?

No he podido pegar ojo en toda la noche.

Se me aparecía el fraile ahí colgado y...

Lo siento, era como un padre para usted, ¿verdad?

Pero no se preocupe porque habrá pasado a mejor vida.

Al cielo, quiero decir, como era fraile.

Todavía no entiendo por qué lo han matado.

Además con esa saña.

Ya tiene que ser importante la cosa...

...para que haya gente por ahí crucificando.

Amo.

¿Quién es usted?

No lo sé.

Y creo que nunca lo sabré.

-El cielo es como un mapa.

Sólo que hay que saberlo leer.

Mira, allí está la Estrella Polar. Indica el Norte.

Si la miras, nunca te perderás.

Tú lo sabes todo.

-De ti sí, Gonzalo, de ti sí.

Recuérdalo:

Las respuestas siempre las encontrarás en mí.

-¡Cuidado!

Me has salvado la vida.

¿Estás bien? -Sí.

Siempre apareces cuando más te necesito.

-No es nada, lo habría hecho por cualquiera.

No es cierto, desde pequeño me cuidas y me enseñas, ¿por qué?

-Eres un buen chico, Gonzalo, pero métete esto en la cabeza:

Las respuestas siempre las encontrarás en mí.

Me dices eso continuamente y nunca lo entiendo.

-Ya lo entenderás.

Debo ver el cadáver de Agustín.

Vamos, todavía lo estarán velando.

-¿Cómo?

No, no, no, ni hablar.

Ya vio usted cómo estaba, más tieso que la mojama.

Además, que si yo le veo otra vez,...

...no voy a pegar ojo en toda la noche.

Y luego está lo mío que...

Canción.

Ay, Dios, esto me está afectado a la cabeza.

Que oigo voces, amo.

No se me quede como ido otra vez.

Recuerda siempre que te esperaré...

-¿Está cantado alguien o me he vuelto loco?

Cuando las nubes oculten el sol...

...y el camino derrote a tus pies.

Si el viento en la cara quema tu piel,...

...recuerda siempre que te esperaré.

-Canta igual que madre.

Cuando el fragor de la lucha escuchéis,...

...o si ves al amigo caer;...

...si la sangre...

Gonzalo, no te había oído.

Esa canción la cantaba Cristina.

Sí, nos la enseñó madre de pequeñas.

¿Qué tal...? ¿Qué tal con Juan?

Bien.

Bueno, sorprendida, porque ahora resulta que tiene un palacio.

Está a las afueras, como todos los palacios, claro.

Pues... ¿Mejor, no?

Sí, supongo que sí.

Nos vemos.

-Amo.

Hay que ser muy tonto o muy santo...

...para dejar escapar a una hembra así.

¿Has terminado ya?

No me mires así.

Ni mi casa es un convento, ni yo soy la madre superiora.

Ya tienes edad para ver el mundo de las personas adultas.

Acompáñame.

Ay, por Dios.

Horrible.

¿Puedes respirar con estos cuellos? -Es lo que siempre he llevado.

Llévatelo, no me gusta nada.

¿Qué ves?

-No sé... ¿A mí?

(NIEGA) Vivimos en un mundo de hombres, querida.

No basta con darles de comer, criar a sus hijos...

...y cuidar su espadita.

Esto...

Es lo único que nos queda, querida.

Aprovéchalo mientras puedas.

Desgraciadamente no dura para siempre.

Cantos corales.

-Amo, disculpe un momento.

No quisiera interrumpir el duelo,...

...pero ¿qué hacemos aquí exactamente?

Busco respuestas.

-Pero ¿qué hace usted?

Ya sé que está muy afectado,...

...pero esto no se puede hacer, es una herejía.

Necesito saber quién soy.

-¿Y para eso le desnuda? A usted le está nublando el dolor.

¿No ve que Agustín está...?

Qué respuestas le va a dar, hombre.

Me dijo que siempre acudiera a él.

Y esto es lo que estoy haciendo.

-Amo, me preocupa usted.

Me preocupa mucho.

Una cosa es despedirle como Dios manda y otra distinta es...

Ayúdame a darle la vuelta. ¡Corre!

-Con el cariño que yo le tenía.

Voy a echar de menos hasta sus sustos.

El otro lado.

-¿Qué pone ahí? No hay Dios que lo entienda.

Está escrito en chino.

"Esto significa tu origen".

-¿Usted sabe "chinés"?

Y estas estrellas...

Son del escudo de las carmelitas.

Sátur, tenemos que ir a ese convento.

Ayúdame.

Gracias por todo, Agustín.

Gracias.

-Con Dios, padre.

-¿Qué tal? -Bien.

-Escondeos, han dicho que es un niño.

¡Rápido, viene el comisario! -¡Corred!

-Estate quieto, ven aquí.

-¡Suéltame, suéltame, suéltame!

¡Mamá, mamá! ¡Suéltame!

Quiero a todos los niños en el calabozo...

...antes de que acabe el día.

-¡Señora, abra la puerta!

-¡Suéltame! ¡Mamá! ¡Suéltame!

-¡Corre! No, por ahí no.

-¡No dejéis ninguna casa sin registrar!

-¡Suéltame! -¡Abrid a la guardia!

-¡Suéltame, suéltame!

-Vienen a por mí, saben que soy yo.

-Buscan a un niño, pero no saben cuál.

-Señor.

¿Qué es lo que buscamos?

Inspeccionadles las manos.

Los tiradores novatos no saben disparar.

El niño que intentó matarme tendrá una quemadura aquí.

En cualquiera de las dos manos.

Atrapad a ese bastardo. -Sí, señor.

¡Vamos, deprisa! -Señora, ¡abra la puerta!

-Me va a encontrar.

Me va a encontrar y me va a matar.

-No digas eso.

-Joder con el convento.

Tranquilidad, Saturno.

Que no cunda el pánico.

¡Amo!

Amo, ¿está usted ahí?

¡Ah!

Qué susto.

¿Dónde se habrá metido este hombre?

¡Amo!

¡Amo!

La madre que me parió. Un día me va a reventar la patata.

Por aquella parte, nada.

¿Has descubierto algo? -Sí.

Que no me gustan los conventos.

Y si no hay novicias, menos.

Si Agustín nos ha mandado aquí, es por algo.

-¿Y si el tatuaje se hicieron los que lo mataron?

Para cazarle a usted.

Sólo tú conoces mi relación con él.

El tatuaje habla del origen y señala este convento.

-Quizá lo que decía es que el origen era el de él.

Te recuerdo que el padre Agustín era cura.

Era cura.

¿Qué pasa?

Amo.

Amo, espere, ¿adónde va?

No sabemos qué es.

Graznido.

Necesito su ayuda.

-No toque eso. Amo, no toque esa cosa.

-¡Cipriano, Cipriano! No me dejaron verte, Cipriano.

(LLORA) ¿Qué te han hecho?

-¡Corre! -¡Guardias, guardias!

-¡Ah!

¡Suéltame, suéltame!

Qué puntería, Alonso, ¡corre!

-¿Me vas a decir qué te pasa?

No me pasa nada, ¿por qué lo dices?

-Desde que llegamos ayer no has dicho una palabra.

¿No te gustó la casa? No es eso.

Claro que me gustó.

No he visto una casa tan grande en mi vida.

Es sólo que me imaginaba otra cosa.

-Si no te gusta, podemos cambiarla, la ponemos a tu gusto.

Juan, es que...

Yo me conformaba con una casa más humilde.

Como las que he tenido toda mi vida.

-¿Como esta?

Gonzalo no tiene nada que ver con esto.

Es sólo que no me lo esperaba, ya está.

Juan.

Yo no me puedo convertir de criada a señora de la noche a la mañana.

-Ni falta que hace, estás perfecta tal como eres.

-¡Alto, alto a la guardia!

¿Qué pasa? -El comisario está loco.

Está arrestando a todo el mundo.

Al que intentó asesinarle, más le vale estar muerto.

Porque como le encuentre... Por Dios.

Pero bueno. ¿Un grande de España con un botón así?

Anda, trae que te lo cosa. Trae.

-Debo cerrar la botica.

¿Me la llevas luego? Claro.

Pero ¿dónde vas así, dónde te has metido?

¿Qué pasa?, ¿qué te pasa?

-Que fui yo quien disparó al comisario.

¿Qué? -Que sí, que fui yo.

¿Dónde está tu padre?

-No lo sé, se fue esta mañana.

El comisario me está buscando. Mira, yo tengo la marca.

Si me encuentra, me mata. Ya está, mi amor.

Tranquilo.

Sube al caballo, ¡vamos!

-Si vienes conmigo, te matará a ti también.

Mi amor, sube al caballo, que nos vamos. ¡Venga, vamos!

-No.

No conozco a ningún padre Agustín.

¿Y a un hombre que se llama Gonzalo de Montalvo?

-No. ¿Quizás Hernán Mejías?

El comisario de la villa.

-No. -¿Usted nació moja de clausura?

-Claro que no. -Si es que no conoce a nadie.

Esta mujer no ha salido de aquí desde Dios sabe cuándo.

-¿Me podría acompañar?

Me estoy haciendo mayor y a veces me tropiezo.

Vengo todos los días a traer flores a la madre superiora.

¿Por qué hay una tumba que es diferente?

-Ella no era monja, la trajo un fraile...

...para darle cristiana sepultura.

Estaba muerta.

¿Recuerda el nombre de esa mujer?

-No. Lorena... Lourdes...

¿Laura? -Sí, se llamaba Laura.

-Amo.

Eh, le acompaño en el sentimiento.

Debe ser duro después de tantos años...

...encontrar así a su madre.

-No digan a nadie que me han visto.

Yo estoy muerta, ¿sabe?

Cuando trajeron a esa mujer,...

...el convento cayó en desgracia.

Mataron a todas las hermanas.

Sólo quedamos vivos el bebé y yo.

-¿Qué bebé?

-El bebé de Laura.

Cuando ella vino aquí estaba embarazada.

Le ayudamos a dar a luz.

Y desapareció,...

...pero dijo que volvería a por el bebé.

-Ha dicho que dio a luz. -Sí.

La siguiente vez que la vimos,...

...la trajo ese fraile.

Y estaba muerta.

-Tiene usted otro hermano.

¿Qué...? ¿Qué fue de ese bebé?

-Yo lo entregué en el orfanato de la villa.

(SUSPIRA)

-Lo siento.

No te vayas.

Deberías probar uno de estos masajes, son deliciosos.

Catalina, no seas beata.

Acércate.

Nadie sabía que el cardenal Mendoza tuviese familia.

¿De dónde sales tú?

-Nací en un pueblo, cerca de Toledo.

Bien, bien, bien.

Y tus padres son...

-Nunca los conocí. El cardenal no me ha hablado de ellos.

Dice que es mejor que me olvide.

Eran unos pecadores, llevaron una vida horrible.

El cardenal siempre tan recto.

¡Ay! Catalina, no sé qué te pasa hoy.

Más abajo. Y no me claves las uñas.

¿Estaréis en la villa mucho tiempo?

-Lo que me tío y Dios consideren oportuno.

No creo que Dios tenga nada que ver en esto.

Puedes retirarte.

Sigue, Catalina.

Abajo.

No es ninguno, soltadlos.

¿Qué motivo tendría un niño para matarme?

-¡Ah! -Corred, corred, corred.

Tú, vamos, largo, a tu casa, con tu madre.

-No tengo madre, la ajusticiaron. No tengo dónde ir.

-Yo no he hecho nada. Por favor, sáqueme de aquí.

(LLAMAN A LA PUERTA)

-Aquí no hay nadie.

-Tampoco hay caballo.

-Oiga, ¿ha visto pasar por aquí a un niño?

Dos hombres hacia Toledo.

Los demás regresamos.

-¡Comisario! ¡Comisario, mire!

Volved a la villa y esperadme allí.

Esto tengo que hacerlo solo.

¡Vamos!

-A mí la vida no deja de sorprenderme.

Y la suya, ni le cuento.

Usted creyendo que era hijo único.

Y resulta que le salen hermanos como setas.

No. A día de hoy, mi única familia es mi hijo.

Y Margarita.

Y tú también, Sátur.

Tú también.

Vamos.

-¿Qué ha pasado aquí, amo?

¿Qué ha pasado?

Cipri...

Cipri, ¿qué ha pasado?

¿Quién te ha hecho esto?

-Los hombres del comisario.

(SOLLOZA) Lo siento, Gonzalo.

No aguanté.

(LLORA) No aguanté, lo siento.

Cipri, ¿qué?

-Van a por tu hijo. ¿Qué?

Cipri.

-Vaya día que llevo.

-¡Alto ahí!

-¡Alto a la guardia! -So, bonito.

-¡Alto, deténgase, quieto!

-Eminencia.

-Gracias por venir.

Tengo un nuevo encargo para ti.

-Pero yo ya tengo mi vida, tengo una familia.

-Tu vida entera me pertenece.

-¡Alto ahí! -¡Alto a la guardia!

-¡Alto!

-¡Alto o disparamos!

-¡Quieto, maldito, para ya!

-¡Alto a la guardia!

-¡Deteneos!

-Ay, ay, ay.

Vaya puntería, Sátur.

¿Dónde está el comisario? ¿Dónde está?

-Ya está bien, amo. ¿Dónde está el comisario?

-Para, por favor. Para, que voy a vomitar.

Para, so.

Ya está. Ya está, mi amor.

Vamos, ya está, ya esta.

Ya.

¿Y el zapato? -No sé, se me ha caído.

¿Cómo que se te ha caído? ¿Dónde?

-No lo sé, no lo sé.

Bueno, vámonos, venga.

-No, te matará a ti también.

Pero ¿qué dices, Alonso?

No voy a dejarte solo. Jamás.

Va a salir todo bien, mi niño.

Ahora sólo tenemos que andar...

...y alejarnos lo más posible de la villa, eh.

Vamos. -Yo tengo la culpa.

No quiero que te pase nada.

Alonso, no tenemos tiempo.

Hablaremos de esto más tarde. -Sálvate tú, yo me apañaré.

Alonso, ya está bien, que no voy a dejarte aquí solo.

Así que muévete y deja de perder el tiempo.

Vamos.

-Mamá. Mamá...

¿Qué pasa?

¡Corre!

¡Corre!

¡No, por favor, no...!

¡¡¡No!!!

¿Así que fuiste tú?

Ponte de rodillas.

Arrodíllate.

(LLORA) ¡No, no, por favor!

¡¡¡No!!!

Por favor, por favor...

Una tontería más y te mato a ti primero.

-Tía Margarita, te quiero mucho.

Perdóname. Cuida de padre.

Se va a enfadar mucho conmigo.

Dile que lo siento.

(LLORA) ¡No, no!

Baja la cabeza. ¡No!

¡Que bajes la cabeza! Máteme a mí, por favor...

Máteme a mí, por favor.

-Hágalo rápido, por favor. Máteme a mí, por favor.

No, no, por favor...

(LLORA)

-Le ha salvado la vida.

-Inés.

(TOSE)

Inés.

¿Matilde?

(TOSE)

¡Inés!

¡Matilde!

-Padre. ¿Es su padre?

¿El padre que no conoció?

Sí.

-¿Y esto es el bebé?

Es el primero al que veo...

...hacer un mapa de su familia para saber quién es.

¿Es que no tenía ni el más mínimo recuerdo?

No.

Apenas una imagen...

Que frenó de matar a mi herma...

Al comisario.

-Ya, ya, pero yo digo de su madre, de la de verdad.

No.

-¿Sabe qué pasa? Que la vida a veces pega bocados...

...y uno prefiere echarlos ahí al fondo,...

...que se queden encriptados.

Eso sí, cuando salen, le joden a uno vivo.

Como siga usted así,...

...en cuanto empiecen a aparecer sobrinos, nietas, cuñados...

Necesitará la pared de la catedral para hacer el mapa.

¿Y con el comisario qué vamos a hacer?

Habiendo salvado a Alonso, estarán ustedes empatados.

Es decir, ¿cuál es nuestra misión? Si es que tenemos una porque...

Sí, encontrar a este bebé.

Iniciaremos la búsqueda por el orfelinato de la villa.

-Ya lo sabía yo. Yo de usted, mejor lo dejaría.

Mire cómo es su hermano mayor.

A lo peor el pequeño es igual de hijo de...

Quiero decir, de retorcido.

(TITUBEA) De revirado.

No quería decir eso.

¿Quién soy?

Eso quisiera saber yo.

¿Quién soy yo? ¿Yo quién soy?

-Que sí, que sí.

(LEE) Me voy, Cipri. Lo siento.

Intenta ser feliz.

-¿Te gusta? -Qué bonita.

-Crearemos un nuevo impuesto para recaudar tres millones de ducados.

Fija un plazo y tendrá sus millones.

-Tu padre y tu tía se van a casar. (RÍE) Juan, no.

Sacad lo que tengáis o acabaréis igual.

-Ya se llevaron toda la cosecha.

Os presento a vuestra futura nuera, Margarita.

-Te prohibimos que te cases con esa pordiosera.

Espero que conozcas el precio de engañar a la moneda.

-Mi sobrino.

Debo encontrar información de mi hermano.

¿Por qué se empeñan en que no encuentre pistas sobre él?

Hay muchas cosas que no sabes de mí.

-¿Hasta dónde estáis dispuesto a llegar, Mendoza?

-Hasta el Vaticano, Majestad.

-¡Justicia para el pueblo!

Águila Roja - T2 - Capítulo 14

07 ene 2010

Gonzalo busca respuestas sobre sus orígenes tras descubrir que el Comisario es su hermano. Agustín, que trata de proteger al Águila ocultándole la verdad, le conducirá hasta la tumba de su verdadera madre donde Gonzalo descubrirá un secreto que dejó antes de morir. Cripri es detenido y sometido a tortura. El posadero confiesa que quien disparó contra el Comisario fue un niño y no un hombre. Alonso, descubierto y perseguido, es ayudado a escapar por Margarita. Margarita confiesa a Catalina que Juan le ha pedido que se case con ella. Las dos viven emocionadas estos momentos sin saber que el médico esconde una gran sorpresa.

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