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No recomendado para menores de 12 años Águila Roja - T1 - Capítulo 5 - Ver ahora
Transcripción completa

Subtitulado por Teletexto-iRTVE.

El capitán Rodrigo me dio la llave por algún motivo.

Mi única pista sobre el asesinato de mi mujer.

¡¡¡No!!!

-Estoy muy contento de que estés con nosotros.

Ya sabes que tengo cierto aprecio por el maestro de mi hijo.

Por eso me preocupa que su cuñada viva bajo su techo.

Esa mujer le ha hecho daño y puede volver a hacérselo.

Gonzalo, ¿qué tal es...?

Lucrecia, ¿recuerdas a mi cuñada?

Margarita, no te había reconocido tan ligera de vestuario.

-Comisario, vengo a que se haga justicia.

Acabar con el rey es suficientemente arriesgado.

El lema de la llave es el del cuadro.

Habla de una congregación que protegía la Sagrada Lanza.

Se reunían en una ermita, pero no dice dónde.

-Comisario, si nuestra misión tiene éxito,...

...gozarás de gran poder en el nuevo gobierno.

-La conjura va mucho más lejos, Gonzalo.

No es sólo el asesinato de tu mujer.

El capitán no nos va a servir de mucha ayuda.

-No te tengo miedo. -Pues deberías.

-Ya sé que vives en casa de tu cuñado.

Estaré hasta que se recupere Alonso.

-Si Gonzalo te ha perdonado lo que le hiciste,...

...no voy a ser yo la que diga nada.

Gonzalo, ha pasado mucho tiempo desde aquello.

Lo nuestro ya no importa.

Gonzalo no me va a perdonar nunca.

(IÑIGO JADEA)

Por mucho que lo intentes,...

...no te puedes esconder del pasado.

Ten cuidado, Gonzalo. No es lo que parece.

Sé que tú y yo podemos entendernos.

Para sobrevivir, hay que ser fuertes.

Pero sobre todo, hay que parecerlo.

Mata al Águila Roja y tendrás un sitio entre nosotros.

¡Apresadlo!

La seguridad de esta villa está en peligro...

...por culpa de Águila Roja y su banda.

Si funciona mi plan, tendréis a Águila Roja en horas.

Tu plan. No hay nada que torture más...

...a un justiciero que el sufrimiento de inocentes.

-Te está provocando, Gonzalo.

Sabe que irá a rescatarlos y te espera para matarte.

Aún así debo arriesgarme. Prepárate para morir.

-¿Y si te capturan?

Si antes de medianoche no he vuelto, ya sabes.

Debes ser más cuidadoso con lo que tienes en casa.

Lo tendré en cuenta. -¡Brindemos por ello!

Dispara.

-He localizado la puerta que abre esa llave.

Gritos.

Mereces que te mate con mis propias manos.

-¡Sacadme de aquí, padre!

-Habéis oído hablar de Lepanto, ¿no?

-Lepanto. -Una mierda comparado...

...con el lío de esa casa.

Entre el padre, el niño,...

...la tía, el otro...

-¡¡¡Ah!!!

¡Dame a mi hijo!

-Primera lección: seguir vivo.

Lo siento, Águila.

Es personal.

-Es como la ermita de mi pueblo...

Pero con más dorado.

Mateo 2.18.

(LEE) Grandes lloros, lamentos y gritos.

Raquel que llora por sus hijos y no quiere ser consolada...

...porque estos perecieron.

-Eso lo conozco yo.

Es el pasaje de la matanza de los inocentes.

¿Qué pasa? No me mire así.

Que uno tiene su cultura, ya le dije que fui monaguillo.

La de veces que el padre Abilio nos leyó ese pasaje.

Al padre Abilio los niños no le hacían mucho tilín.

Nos daba unas hostias. ¿Y esto qué te parece?

-¿Esto?

Es un cáliz. ¿Qué me va a parecer?

Esto vino de misa no es. Esto parece más bien un...

¿Valdepeñas?

Es sangre.

(SÁTUR TOSE)

Tos.

El cáliz está hecho con el cráneo de un bebé.

-¡Rediós!

¿Qué diablos es todo esto?

-No lo sé, amo.

Pero vámonos de aquí antes de que venga...

...el autor del cáliz...

...y haga unas ensaladeras con nuestros cráneos.

Vamos.

Gritos y risas.

¡Eh, Alonso!

(RÍE)

¡Eh! Cuidado con las partes bajeras, muchacho.

Que pesar del poco uso, les tengo mucho cariño.

(SÁTUR RÍE)

-Si quiero entrar en la escuela de esgrima, debo entrenar.

El maestro Carranza sólo escoge a un alumno este año.

Y es voy a ser yo.

¡Iah!

No sé yo lo que va a decir tu padre de todo eso.

-¿Eh? -¡¡¡Eh!!!

¡Alonso! ¡Alonso! ¡Cuidado!

Risas.

-¿Estás bien?

Nunca... nunca te fíes de tu adversario.

Pero sobre todo, no tengas piedad de él.

Hernán, te pedí que entrenaras a mi hijo no que acabaras con él.

-¿Has hablado con el maestro Carranza?

Sí... Sí.

Ese hombre es imposible. He intentado convencerle...

...de que mereces esa plaza, pero insiste...

...en que compitas por ella como los demás aspirantes.

-Debo entrar en esa academia como sea.

Todos los marqueses de Santillana lo hicieron.

Me temo, hijo, que todos ellos se ganaron el derecho a entrar.

Yo no puedo hacer más.

Vamos, Nuño. Nos queda mucho trabajo.

Y...

Risas y golpes.

(RÍE) -¡Eh, Alonso!

¡Eh, eh, eh!

¡Ah! Por qué no te metes la espada por el...

¡Sátur! (SÁTUR RESOPLA)

-Envaina, majete, envaina.

Que me vas a convertir en un pincho moruno.

Buenos días. Buenos días.

Creí que había quedado claro que nada de espadas.

-Está con la escuela de esgrima... No piensa en otra cosa.

¿Qué es eso de una escuela de esgrima?

-Que son las pruebas para entrar en la escuela de Carranza.

Ya tengo casi 10 años y estoy preparado.

He practicado con Sátur. -Ya sabe que a un servidor...

...le cuesta decir que no y como se le ve con ilusión...

Alonso aún es un niño...

...y ahora debería estar más pendiente de los libros.

-Padre, pero es la mejor escuela de esgrima del mundo.

Todos los que estudiaron allí son capitanes o generales, por favor.

Me parece muy bien, hijo, pero ten claro que no tienes...

...permiso para apuntarte. Desayuna y a la escuela.

Cuanto antes te olvides del asunto, mejor.

Yo lo siento, pero estoy de acuerdo con tu padre.

A mí tampoco me parece bien que vayas a esa academia.

-Mi padre es un cobarde y quiere que yo lo sea.

No, tu padre no es ningún cobarde.

A él no le gusta hablar de ello, pero fue un soldado muy valiente.

-¡¿Mi padre?! Sí.

Ha luchado en muchas batallas...

...y conoce muy bien el peligro de las armas.

-¿Por qué no me ha contado nada?

-Todo, todo, tu padre no te lo va a contar.

-Mi padre es un asco. -¡Alonso!

Nunca digas eso.

No te mereces el progenitor que te ha tocado.

A mí el mío me vendió en Tormes a un ciego y pasé las de Caín.

-Yo puedo ganar. Tú me has visto luchar.

¡Soy bueno! -Y dale la mula al torno.

-Chiquilla, cómprame unas pocas más de peras, por favor.

-Si realmente quieres ser bueno con la espada,...

...debes tener agilidad y experiencia.

-¡Ah! -¡¡¡Ah!!!

-Y astucia.

(SÁTUR CHASQUEA LOS DEDOS Y SISEA)

-¿Qué quería? Sí. ¿Que qué quería usted?

-Y cuando hay un rival difícil, los abordas cuerpo a cuerpo.

Y encajas las embestidas del contrario.

Señora, tiene un trasero demasiado bello para adornar mi rostro.

¿Estuarda?

¿Estuarda eres tú?

Soy yo, Saturno. -No conozco a nadie que se...

(SÁTUR SONRÍE)

¿Saturno? -Sí.

-¿Cómo te atreves a saludarme después de lo que me hiciste?

-Sátur, tenías razón. Encajar encajas de maravilla.

Qué buen tortazo te ha metido la madre de Gabi.

-¿Estuarda es la madre de Gabi?

Quejas. -A ver...

Abre la boca, abre la boca.

Yo no le veo nada, Floro. Qué quieres que te diga.

-Sí, mujer, abajo, la del fondo. -Eso es pellejo.

Nos hemos puesto ciegos a conejo, ¿eh, Gustulino?

-Ay, mamaíta...

-Quítale la que sea. Si las tiene todas podridas.

-Pues también es verdad.

Vamos allá. -Ah... Ay...

-Hala, venga. Ahí, así. No se mueva.

-Ah... Ah... -Abra la boca.

Golpes en la casa.

-¿Has oído algo?

-Habrán sido las tripas de este. No sería la primera vez.

-No, ha sido en la casa. -¿Qué dices?

-Ladrones, la tercera vez que nos roban este mes.

Usted ahí, no se mueva. -Despacito.

-¡Te voy a dar! -¡Ah, ah!

¡Ah, ay! ¡Párala, que me desloma!

Oh...

-¡Oh! -¡Bruno!

Hijo mío, has vuelto de la guerra.

-Mamá... -¡Hijo!

Ay, mi hijo.

Ay, mi hijo.

Criatura, ¿cómo estás tan delgado? Si pareces una raspilla.

-Ah... -Ay, mi chico.

-Ay, mi hijo...

Ay, mi hijo.

-Pensé que habían desaparecido hace ya mucho tiempo.

Pero ¿quiénes son? -Una sociedad secreta.

Sus miembros secuestraban y mataban a recién nacidos...

...para luego beberse su sangre.

-Desde luego hay gente para todo.

-Dicen que sacaban a los niños del antiguo hospicio...

...de Santa Catalina.

Pensaban que convocando al Maligno este les ayudaría.

¿A qué? -A hacerse con el poder.

-Me estoy perdiendo.

Mataron a su mujer para beberse... -Sátur.

-Qué animales.

Tenemos mucho que averiguar. Volveremos a la ermita.

-No. Habéis descubierto el altar, así que no volverán.

Debes empezar por el hospicio.

-No, no. A ese lugar no vamos a ir.

Es un lugar maldito.

Está lleno de ánimas penando y fantasmas.

No... Iremos.

-¿Ah, sí? Pues yo dimito.

Hasta aquí ha llegado el pobre Sátur.

Se ponga como se ponga, yo no entro.

¿Es o no es, padre?

¡Cipri!

¡Cipri, esa ristra de ajos!

Nena, por favor. -Vale.

De vuelta. -Aquí lo tendrás.

Es para ahuyentar a los espíritus.

-¿Dónde vas con una herradura, un crucifijo y ajos?

-Si te lo digo no te lo crees. Voy a...

De romería.

Voy de romería. -Tienes razón, no te creo.

-Vale, voy a... A pedir le al santo...

Por mi... por mi enamorada.

-¿Y cómo se hace eso?

-Pues nada, que me he reencontrado con mi primer amor.

La luz de mi vida,...

...la ladrona de mi corazón. -Qué bonito, Sátur.

-Con la que me turba la mirada, con la que me enloquece...

...con su escote, con la que...

...me da palmas cuando se me... Ay, que estoy enamorado, vamos.

-¿Y por qué no se lo dices? -Es que hay un pequeño problema.

Que ya la he deshonrado, pero sólo una vez.

Y luego pues tuve que abandonarla para buscar fortuna.

-Sois todos iguales, mejor ni te acerques a ella.

Si fuera yo te abría en canal por guarro.

-No le hagas caso. ¿Vale la pena la moza?

-Oh. -Bien.

¿Tú te fuiste a buscar fortuna, no?

-Sí.

-Pues demuéstrale que lo has conseguido.

Ella no lo sabe, si te vistes adecuadamente puedes parecer...

...quién tú quieras. -Posadero.

-¿Qué va a ser?

-Ponme un vino.

-Si es que no puedo dejar de achucharte.

-Esto hay que celebrarlo, voy a decirle a Cipri...

...que prepare un cochinillo.

-Es mejor que no le digáis a mucha gente que estoy aquí.

Mi capitán, el marqués de Espino, bueno, ha tenido que venir...

...a la ciudad por unos asuntos familiares bastante graves.

-Pero ¿te quedas unos días con nosotros, no?

-Sí. -Ay, hijo, qué contenta estoy...

...de volver a verte.

-¡Bruno! -¡Hermanito!

¡Pero sí que has crecido!

¿Qué tal tus angelotes? ¿Sigues pintando?

¿Te gusta?

Para ti, yo tengo más.

-Tengo la cruz de un soldado, soy un héroe.

-Murillo, atiende que esto es importante,...

...no le puedes decir a nadie que estoy aquí.

A nadie.

Llaman a la puerta.

Golpes en la puerta.

-¿Hola?

Oh...

¡Oh!

-Sátur ¿qué haces? -Qué susto, leche.

-Le estabas robando la ropa a mi padre.

-Chis, robar es una palabra muy fea.

Estaba... estaba oreándola, que la polilla es muy voraz...

...y no quiero ver al amo hecho un harapo.

-¿Y para eso te la pones?

Mira, Sátur, que soy un niño pero no soy tonto.

-A ver cómo te lo explico.

¿Tú no tienes una amiga a la que no has visto...

...desde hace muchos años? -No, sólo tengo ocho años.

-Ya, claro.

Bueno, pues la madre de Gabi y yo fuimos muy amigos.

Amigos y... algo más.

Y... ahora que la he visto pues...

Pues que me tira. -¿Estuarda y tú de novios?

-Sí. -Pero que sois muy viejos.

-Pues por eso.

Ya me quedan muy pocas oportunidades, Alonso.

Y a mí me gustaría tener una familia como la tuya.

A mí nunca me ha querido nadie.

Yo sólo me abrazo a los alguaciles, Alonsillo.

-Sátur, no digas eso,...

...yo te quiero.

-Muchas gracias.

Pero yo sólo soy un criado. -Sátur.

-Eres muy bueno, Alonso, muy bueno.

Si alguna vez necesitas algo de mí no tienes ni que decirlo.

-Pues, oye, ahora que lo dices,...

...¿tú qué tal eras como actor?

-¿Yo? -Sí.

¿Yo nunca te he contado que he sido actor en Verona?

-No. -Anda, tira, tira que te lo cuento.

-Toma, Alonso.

-¿De dónde la has sacado?

-Se la dejó un amigo de mi madre en casa.

-La voy a usar para las pruebas de la academia esta tarde.

-¿Has convencido a tu padre para que te deje presentarte?

-Más o menos, pero... tú ya sabes cómo es.

-¿Vas a presentarte a las pruebas de la academia de Carranza?

-Sí. ¿Por qué? -¿Con eso?

-Eso es una espada y como no cierres tu bocaza...

...mi amigo te la va a clavar en tu culo de marquesita,...

...¿lo entiendes? -Eso habría que verlo.

Claro que en las pruebas de la academia lo dudo,...

...un plebeyo como tú no tiene ninguna oportunidad.

¡Niños, sentaos todos!

Escuchad, esto es importante.

Juanillo sigue sin aparecer,...

...es fundamental que me contéis cualquier detalle...

...que nos ayude a encontrarlo. -Padre, la última vez que vimos...

...a Juanito le dejamos hablando con Nuño.

Nuño, ¿qué sabes de Juanillo?

-¿Yo?

(RECUERDA) -No te hace falta una pistola.

-Déjame en paz, no me toques.

-Yo no sé nada.

Bueno, si os enteráis de algo me lo decís,...

...su familia está muy preocupada.

Vamos a hacer un dictado.

-¡Espera, espera! Espera, Estuarda.

Que te quiero. -Me alegro.

-Eh, que no me he explicado bien.

Es que me he explicado mal, que...

Que no has cambiado nada, que estás muy guapa.

-Muchas gracias, tú tampoco has crecido mucho.

¿Qué quieres? ¿Por qué me persigues?

-Quería pedirte perdón, no me porté bien contigo.

Bueno, tampoco me porté mal, que me comporté como un campeón...

-Sátur, que te lías.

-Que lo siento, pero me asusté un poco...

...cuando empezaste a hablar de matrimonio.

-Y saliste corriendo como el cobarde que eres.

-Sí, que sí, que tenías razón.

No sé...

Si al verte esta mañana me ha dado un vuelco el corazón.

-Ajá. -El corazón y... lo otro...

Más que un vuelco ha sido una hinchazón.

Estuarda, que yo siempre te he querido.

-Ay.

-¿Por qué te ríes ahora?

¿Qué es, la ropa, no? -Que no.

-Pero si ya sabía yo que no iba a colar.

-No, Sátur, que no es eso.

Es que hace ocho años que no nos vemos...

...y ahora me vienes con estas, es increíble.

-Que todo lo que te he dicho es cierto.

-Sátur, que ya no somos niños.

No te puedes presentar así.

-Bueno, ¿podemos intentarlo, no? -No, ya es tarde.

Mira, yo lo he pasado muy mal pero ahora soy feliz, muy feliz.

-Yo también, yo también soy... muy feliz.

-¡Estuarda, cariño!

-Escóndete, no te puede ver aquí, tienes que irte.

No, por ahí no hay salida.

-Pero Estuarda. -Tienes que saltar.

-¿Estás casada? -No hay tiempo para explicaciones.

Vete. -¿Por qué no me has dicho nada?

-Una, dos...

-¿Por qué no me has dicho nada antes?

-Salta, Sátur. -Estuarda.

-Suelta, suelta... Vete, vete, vete.

-Estuarda. -No. Corre, corre.

¡Cariño! -Ay...

Vámonos para casa, palomita,...

...que no sabes lo que te he echado de menos.

-Venga, vamos. -Ay...

(SÁTUR GRITA) ¡Aaah!

Fuerte golpe. -¿Dónde vas, chaval?

-Por favor, buen hombre, que mi padre está...

...a punto de llegar. -No, sin tu padre no puede ser.

Sátur, ¿dónde estabas,...

...que las pruebas están a punto de empezar?

-No preguntes, hijo, ven.

Tome nota, buen hombre.

¿Qué pasa? No ponga esa cara de merluzo, he tenido...

...un percance en las caballerizas de mi palacio y...

Apunte.

Aquí Gonzalo de Montalvo, hombre principal,...

...aquí presente,...

...da su consentimiento a su hijo Alonso de Montalvo,...

...aquí presente también, para presentarse...

...en las pruebas de acceso.

No. Montalvo con "V",...

...con "V". ¡Pardiez, qué tarugo!

(SUSURRA) Que sepas que tu padre me mata.

No sé cómo me has liado, pero de esta me da matarile fijo.

¡Cuidado, cuidado, que eso pincha!

Al final vamos a acabar como morunos.

Ya sabes, Nuño, sin piedad.

-Venga, Alonsillo.

Lucha como tú sabes, ¿eh?

Suerte, hijo, ven.

-Gracias, madre.

Pero no la voy a necesitar.

Acaba con ellos.

Aplausos.

-¡Ese es mi hijo! ¡Ay!

Aplausos.

-Los aspirantes Nuño de Santillana y Alonso de Montalvo han llegado...

...al final de la competición, se presentarán mañana...

...por la única plaza de la academia Carranza...

...para este año.

El combate tendrá lugar mañana a la misma hora.

Anda, Sátur, quítate todo eso.

¿No ves que estás haciendo el ridículo?

-¿Y usted se ha visto?

Yo por lo menos no voy vestido de lagarterana. (RÍE)

¡Anda, vamos!

Aullidos.

-Amo...

¿Usted cree que encontraremos algo aquí?

Para mí que el fraile ese amigo suyo le da...

...un poquito al alpiste.

Yo me iría ya...

Que aquí solo hay fantasmas y ánimas del purgatorio.

(SÁTUR GRITA ASUSTADO)

Ya está bien, Sátur, espera fuera.

-Esta vez no le voy a discutir, amo,...

...aquí dentro no me quedo ni un segundo más.

¡¡¡Ah!!!

Aparta eso, Sátur, los fantasmas no existen...

Solo son supersticiones...

...para ignorantes. -¡Y una leche! Lo he visto.

He visto un... un espectro, un ánima, la Santa Compaña.

Se ha ido por ahí, amo, sígame, señor.

Se ha ido por aquí... como si se hubiera esfumado.

Se lo juro, señor, que me muera aquí ahora mismo.

Estaba cubierto de sangre y... era como si flotase.

Si casi me muero del susto.

Sátur... por aquí es imposible que salga nadie.

-Ya se lo he dicho, que era un espectro...

...y los espectros atraviesan las paredes.

Tintineo de las monedas al caer. -Hijo, ¿qué haces?

¿Estabas robando? -No, madre...

-¿Cómo que no? ¿Y eso qué es?

Mírame...

-He hecho algo horrible, madre. -¿Qué has hecho, Bruno?

-He desertado del Ejército...

...y los guardias del comisario me están buscando.

Tengo que irme. -Tú no te vas a ningún lado.

-Madre... si me quedo os estaría poniendo en peligro a vosotros.

-Espera, espera... -Cuando estuve en el frente...

-¡Chis! No me cuentes nada, Bruno, que no quiero saberlo.

Anda, vete a dormir.

Chis... de esto ni una palabra a tu padre, ¿eh?

Se ha puesto muy contento de verte y no quiero darle un disgusto.

Ay...

Venga, mosquetero, a la cama. (TOCA LAS PALMAS)

-He llegado a la final, tía Margarita,...

...si gano puedo entrar...

...en la academia, ser soldado, capitán...

¿Te has presentado a esas pruebas a pesar de lo que te dijo tu padre?

-Yo creo que no le va a importar. No te va a dejar, Alonso.

Dame la espada... -¿Por qué?

Porque te dije que no lo hicieras, hijo.

Te prohibí que te presentaras a las pruebas.

-He llegado a la final. Da igual, no te presentarás.

Es por tu bien. -Es que estoy harto...

...de que lo hagáis todo por mi bien.

Te has vuelto a enfadar con tu padre.

-Yo ya no aguanto más, sólo quiero que me dejen...

...hacer lo que me gusta. Estudiar, claro.

-No, esgrima.

Tengo que ganar en combate para presentarme a la mejor...

...escuela de la villa, pero mi padre no me va a dejar.

¿Tan importante es para ti entrar en esa academia?

-Quiero aprender a combatir...

...para ir al Ejército y viajar por el mundo.

Yo no quiero vivir como mi padre.

Ven conmigo, creo que tienes que ver algo.

Lamentos. -¿Por qué me has traído aquí?

-Un maravedí, por favor.

Lamentos. -Una limosna, por favor.

Una limosna, por caridad.

Llevo días sin echarme nada a la boca.

¿Qué te sucedió? -Una emboscada en Flandes.

Allí murieron todos mis compañeros, pero yo me pude salvar.

Con Dios...

Muchos de estos hombres eran como tú...

Muy hábiles con la espada.

Se alistaron en el Ejército con sed de dinero y aventuras.

-Pero a mí no me tiene que pasar lo mismo.

Yo soy bueno con la espada.

La guerra no es ningún juego.

-Por eso mismo tengo que estar preparado para poder ir.

Después de haber visto todos esos hombres...

¿Aún sigues queriendo entrar en esa academia?

-Sí...

Inútiles, no sois capaces...

...de encontrar a un desertor desarmado.

¡Lo quiero esta noche en el calabozo!

O alguien pagará con su vida. ¡Vamos!

Nuño... ¿qué haces aquí? -En la escuela...

...que no dejan de hablar del niño muerto.

Las historias de desaparecidos les gusta mucho a los plebeyos.

Pero nunca olvides esto: si no hay cuerpo, no hay delito.

¿Has practicado con la espada?

Anda, vamos a comer algo.

-¡Ñam, ñam!

Ya verán qué rico, venga... Esta mañana Sátur se ha superado.

¿Y has pensado cómo vas...

...a arreglar mi ropa? -¿Yo...?

Pero si esto no es nada, un poco de barrillo.

Mire que es usted tiquismiquis. Soluciona eso, anda.

A ver, Sátur, trae esa ropa.

Gonzalo, esto con un poco de agua y un trapo se queda nuevo.

O... no.

-Bueno, si esto va a ser un problema...

Compro otras y ya está.

-Padre, quería decirte una cosa...

Siento mucho haberte desobedecido, pero...

Es que ya estoy en la final y...

Con esta actitud no vas a ganar el torneo.

-¿Me dejas...?

¿Has oído, Margarita? Sí.

Con una condición:

yo te entreno para el combate. -Gracias...

Gracias, eres el mejor. Venga, truhán.

Yo no te entiendo, Gonzalo, pensaba que no querías...

...que aprendiera a luchar.

Es su decisión.

No puedo impedirle que haga algo que desea tanto.

Gonzalo, eres su padre...

¿Quieres que pase por lo mismo que tú?

Precisamente por eso, puedo enseñarle a que tenga...

...más control, algo que yo no tenía.

Además, la educación de mi hijo es asunto mío.

-Gonzalo... perdonad que os interrumpa.

Necesito tu ayuda.

Gonzalo, espera.

-No tiene hombre que la arrope, está casada...

-Bueno, lo mismo era un familiar de visita o un primo lejano.

-No, tan lejano no tenía que ser, le agarraba las nalgas...

...que parecía un pulpo de Costa da Morte.

Se acabó, además, me ha dicho que ahora es muy feliz.

-Pues déjala en paz de una vez.

-Estoy sufriendo que...

Que no hay medicina que cure este mal.

-Mira...

-Bah, seguro que es falsa. -¿Qué dices? Es auténtica.

¡Devuélvemela! -¡Quita!

¡Me ha quitado mi cruz! ¡Qué pasa aquí!

¿De dónde lo has sacado?

¡Contesta ahora mismo! ¿De dónde lo has sacado?

-Se la regaló su hermano que es soldado, está en casa.

Ha venido a pasar unos días. ¿CUándo ha llegado?

-Ayer, pero mi hijo no ha hecho nada, vino con el marqués...

...del Espino para un asunto familiar.

-Por favor, madre, no metas a nadie más en esto.

-Solos no podemos, necesitamos ayuda para sacarte de aquí.

Catalina... no te preocupes, no te vamos a dejar sola en esto.

-Muchas gracias, Margarita, con lo mal...

...que yo te he recibido y lo mal que te lo he hecho pasar.

Somos amigas desde hace mucho tiempo,...

...es lo mínimo que puedo hacer mientras esté aquí.

¿Y Floro? -No, por Dios,...

...a Floro ni una palabra que le da un tabardillo.

Con la ilusión que tenía el pobre Tico de que venía de permiso.

Está bien, Cipri tiene una carreta, creo que nos podrá servir.

-Muchas gracias, Gonzalo, voy a preparar el equipaje.

Voy a ayudarte.

¿Qué has hecho? -He desertado del Ejército.

No... hay mucha gente que abandona el Ejército...

...y nadie se toma tantas molestias para encontrarlo.

¿Qué has hecho...?

-¡Mátalos!

Explosiones y disparos. ¡He dicho que los mates!

-Por favor... no nos mate.

-Solo son unos niños. -Lo haré yo mismo.

¡Dame la pistola! -¡No! ¡No...!

Disparo y golpes en la puerta. ¡Abran!

Golpes en la puerta. ¡Abran en nombre de la justicia!

El comisario, abre o tirará la puerta abajo.

-El comisario... ay, Dios.

Golpes en la puerta. ¡Abran! ¡He dicho que abran!

-¡Va!

¿Dónde está tu hijo? -Partió esta mañana muy temprano.

Volvía al frente.

Yo mismo lo acompañé.

No te pases de listo, maestro...

Esto no va contigo.

Si decís la verdad, no tenéis nada que temer.

Pero si, finalmente, lo encontramos aquí...

Pagaréis las consecuencias de haber dado cobijo a un asesino.

Registradlo todo.

-Quita, malandrín. -Bueno...

Jadeos dentro de la casa. ¿Hola...?

Jadeos dentro de la casa. ¿Hay alguien?

Me tenía que haber hecho comerciante, me lo dijo mi padre.

-Oiga, la mercancía se mira, pero no se toca.

-Pues usted se ha hartado...

Tú eres tú.

-¿Nos conocemos? -No, no, igual de vista.

-No tardes, que aquí todavía queda tela que cortar.

(RÍE)

Bueno, bueno, bueno.

Parece que esta vez os habéis librado.

Crujido.

¿Qué hay arriba?

-Nada, señor. Deben ser ratas.

Tenemos muchas, entran por todas partes.

Tengo un remedio estupendo para las ratas.

Tarde o temprano lo encontraré.

No lo dudes.

¡Nos vamos!

Mal, muy mal.

En qué estás pensando, ¡no estás aprendiendo nada!

Coge tu espada.

Te falta arrojo. Tu rival tiene el doble que tú.

-¿Ese plebeyo? Si quieres asegurar tu victoria,...

...tienes que minar su moral.

esa es tu única oportunidad de ganar ese combate.

Un luchador desmoralizado es un luchador derrotado.

-Pero yo no sé cómo... Tú sí.

Sé que eres hábil. Sólo tienes que encontrar su punto débil.

Marquesa.

No tengas miedo del hijo del maestro.

-No, madre. Si es sólo un pobre desgraciado.

Si quieres desmoralizarle,...

...dile que su padre se casó con su madre...

...porque no pudo tener a su tía.

Su tía era el verdadero amor del maestro.

¿Dónde vas con eso?

No. Quítate el peto y deja la espada.

-¿Pero, padre...? Quítatelo.

Quítatelo.

Y primera lección: nunca cuestiones a un maestro.

Brazos en cruz.

Flexiona las piernas.

-¿Pero por qué me estás castigando así?

Nadie dijo que aprender a luchar fuera fácil. Flexiona las piernas.

Así.

Hasta que se acabe toda la arena.

Venga, sigue.

A ver si coges eso.

Tienes que marcar más en la zona de la parte inferior.

Muy bien.

Ya está. Puedes descansar.

Alonso. Levanta que hay que seguir entrenando.

-¿Para qué? Estoy cansado de levantar cubos y dibujar.

Es que no me estás enseñando a pelear.

¿Tú crees?

Venga, truhán, en guardia.

-¿Estáis preparados? -Sí.

-¡Me habéis mentido!

-No empecemos, Floro. Ha sido culpa mía.

-¡Eres un asesino! ¡Un traidor y un asesino!

-Padre, fue un accidente.

-¿Por eso huyes, porque eres culpable?

-No entiendes nada. ¿Qué haríamos unos pobres frente a un noble?

No le darían ni siquiera la oportunidad de hablar.

Lo condenarían.

-Un hombre honrado debe ser consecuente con sus actos.

No te crié para que mataras a ese señor...

...y luego huyeras como un cobarde. ¡me avergüenzo de ti!

-¿Quién ha dicho eso? ¿El comisario?

Me da igual lo que haya hecho. Es mi hijo y no lo entregaré.

-Me lo tenías que haber dicho. -Y tú también eres su padre.

¿Nos vas a ayudar o no?

Yo sí me avergüenzo de ti.

-¿Qué haces? Ten más cuidado.

-Huy, qué delicados se han vuelto los plebeyos.

-Oye, marquesita, ¿te presento a maese puño?

-Déjalo, Gabi, no merece la pena. -¿Qué pasa, te doy miedo?

-A lo mejor tu madre puede acompañarte al combate.

Por si tiene que secarte las lágrimas.

-¿Eres imbécil? Su madre está muerta.

-¿Ah, sí? Pues que le acompañe su tía. A tu padre le gustará.

-¿Pero de qué hablas? -Tu padre se casó sin quererla.

Él prefería a tu tía.

Gritos de los niños.

¡Eh, eh, eh, eh!

¿Se puede saber qué pasa aquí?

¿Y tú qué, no has aprendido nada?

Te estoy entrenando para que no te conviertas en un matón.

Venga, sentaos.

-¿Y estará bien mi hijo ahí dentro?

A ver si le falta el aire y le da una "mostrofobia" de esas.

Que no, mujer, no te preocupes.

Gonzalo ha preparado bien el barril.

No le va a pasar nada.

-¡Margarita, te has portado muy bien conmigo y yo...!

¡No sé qué decirte!

Pues no digas nada, pesada.

Mucha suerte.

-¿Y Gonzalo?

Que cuanto antes nos vayamos, mejor.

-Le he dicho a Gonzalo que no venga.

-¡Floro, por Dios!

-¿De verdad piensas que te voy a dejar sola en esto, Catalina?

-¡Ay, cariño...!

¿No le vas a decir nada a tu hijo, que está ahí escondido?

-No, yo estoy haciendo lo que tengo que hacer.

Pero no he cambiado de opinión.

-Muchas gracias, Margarita.

Con Dios.

-¡Ah, pica! Lo que pica, cura.

En Nuño, este comportamiento no me extraña.

Pero no pensaba que tu hijo fuera capaz de algo así.

¿Está todo bien en casa?

Alonso está pasando por momentos muy difíciles.

Pero descuida que me encargaré de que no haga nada parecido

Tal vez deberías retirarle de la competición para la academia.

A lo mejor está sometido a demasiada presión.

¿Algo más, marquesa? No. Gonzalo.

Aceptamos tus disculpas. Puedes retirarte.

Lo siento, Nuño.

¿Nervioso?

¿Yo? ¿Por qué?

Yo lo estaría, si supiera que van a machacar a mi hijo.

Tengo un poquito de prisa. Si me permites...

Debe ser hereditario. De padre cobarde, hijo cobarde.

No sé que ha podido ver la marquesa en un hombre como tú.

No voy a caer en tus provocaciones.

Eres sólo el capricho de una noble.

Me pregunto cuándo se cansará de ti.

-Sátur, ¿dónde me llevas? -Es un asunto de vida o muerte.

-La última vez acabé desnuda. -Ya está, ya hemos llegado.

Perdón, perdón. -¿Pero se cuela? ¿Qué hace?

-¡Perdón!

-¿Querían algo los señores? -Un poco de vergüenza queremos.

¿Le queda todavía o la ha gastado toda ahí dentro?

-Sátur, ¿qué narices haces? -Pero no entiendo.

A ver, si lo que quieren es dinero, podemos arreglarlo. ¡Pero váyanse!

-¿Dinero? Pero por quién me toma. -Sátur, vámonos.

-No, de eso nada. ¡Este tipejo se va a enterar!

¡Vicioso, sinvergüenza!

¡Que lo sepa todo el mundo!

¡Este desalmado le pone los cuernos a su mujer!

-¿pasa algo, Braulio? -¡Con esa!

¡Con esa ramera estaba tu marido!

¡Sucia, robapozos!

-¡Esta señora es mi mujer! -Ah, pero qué embustero!

¡Mentiroso, hijo de mala madre!

¡Me lo dice con toda la cara!

-Soy su mujer, estamos casados por la iglesia.

Murmullo.

-¿Entonces tú...?

-Vámonos, por favor.

-¿Se puede saber qué está pasando?

-Nada. Estos dos señores se han equivocado.

¡Estuarda!

¡Estuarda!

-No. Flor, que vamos mal.

Vamos mal, que te lo he dicho. Te has pasado la salida.

Era después de la iglesia a la derecha. Esto no me suena.

-¿Pero qué derecha ni que niño muerto? ¡Este es el camino!

-¡Mira que te cuesta reconocerlo! Vuelve y pregunta.

-Que no pregunto. Yo conduzco, yo decido.

Si no nos hemos perdido todavía. -Pues nada, sigue.

Que vamos a llegar donde Cristo perdió el moño.

-Catalina, tranquila, que no pasa na.

Buenas tardes tenga usted.

Baja del carro y descarga la mercancía.

-Señor comisario, sólo llevamos vino.

Cipri, el tabernero, me encargó que lleve estos barriles a Toledo.

¿Dónde lo habéis escondido? ¡No tengo todo el día, imbécil!

Estás empezando a agotar mi paciencia.

-¡Aquí estoy, comisario! ¡No toque a mis padres!

Cogedle.

-¡Eh, quien lo toque, lo pagará con su vida!

-¡Hijo...!

Bueno...

A ver. ¿Me vas a contar por qué te peleaste con Nuño?

-Por nada. Dijo una cosa que no me gustó, pero sé que es mentira.

Ya. Ya, perdona.

Cariño, ¿Puedes ir a coger agua del pozo, por favor?

Gonzalo.

Tienes que retirar a Alonso de esa competición.

¿Tú también?

Mi hijo va a competir. ¿Qué quieres demostrar?

¡Que es un niño, le pueden hacer daño!

Eso no va a pasar. Pues no puedo evitar tener miedo.

Mi hijo es mucho más listo.

No haría las estupideces que hice cuando estaba enamorado de ti.

-¿Así que es verdad? Querías a tía Margarita.

Alonso, hijo. -¡No! ¡Tú no querías a mamá!

(EL PERRO LADRA)

Parece que el hijo ha tenido más cordura que el padre...

...y ha sabido retirarse a tiempo.

Voy a decirle al juez que declare a Nuño vencedor.

-Comisario, ha llegado Alonso.

Alonso, tenemos que hablar.

-Ahora no puedo hablar, ahora tengo que pelear.

Está bien.

Pero recuerda, no luchas contra nadie,...

...luchas para conseguir lo que quieres, ¿de acuerdo?

Eso es para ti.

-¡Es increíble!

Es mi primera espada.

Me la regaló tu abuelo, te va a traer suerte.

Aunque tú no la necesitas, ¿de acuerdo?

(TODOS) Oh.

Acaba con él.

-¿Puede continuar?

-Oh... ¿Estás bien, hijo?

-Sí. Sólo es un rasguño.

Buen combate, Nuño,...

...lástima que tu rival no estuviera a la altura.

Habéis podido matar a mi hijo. Un desdichado accidente, sin duda.

Esto no es un accidente.

¿Qué insinúas, maestro?

Gonzalo, tu hijo te necesita.

Eso, vete, Gonzalo, vete a casa.

El cobarde de tu hijo te necesita.

Si quieres que arreglemos esto como hombres...

...estoy dispuesto cuando tú quieras.

Está bien.

Al amanecer en el puente.

Estaré encantado de asistir a esa cita.

-El barco ya ha zarpado de las Américas.

-¿Lleva el cargamento de oro?

-Yo mismo he visto los documentos que lo acreditan.

¿Hiciste lo que te pedimos? -Sí, señora.

El capitán del navío recibió el dinero del soborno.

Pronto el cargamento será de esta hermandad.

Muy bien.

Ese oro es fundamental para nuestra cruzada con el rey.

Págale.

-Deshazte de ese cuerpo.

-¿Cómo se le ocurre retar al comisario?

¿No ve que si le mata malo y si no le mata pues peor?

Aullidos.

Y sólo un hombre con una túnica roja.

-Ese gachó está más seco que Chindasvinto.

¿Vamos? -¿Dónde?

¡¿Dónde?!

¿Puedo ayudarles con la carga? Parece que pesa.

-¡Ah!

-¡Ah!

-¡Oh!

-¡Ah!

-Hijo mío, ¿qué te han hecho?

Cuánto te quiero.

¡No lo tiréis tal como fueran cenizas!

Hijo mío...

¡Ay, Floro, que me lo van a matar!

-Yo tengo la culpa.

-No, tú no tienes la culpa de nada.

Estoy seguro de que hiciste lo que debías.

-Padre... (CATA LLORA)

-Te quiero, te quiero, Bruno.

Gonzalo...

Olvida ese duelo, por favor.

Han intentado matar a mi hijo.

Además no es de tu incumbencia.

Como nada de lo que tenga que ver conmigo.

¿Se puede saber por qué me odias tanto?

¿Tengo que recordártelo?

A mí no se me ha olvidado.

¿Así que sigues culpándome de la muerte de aquel hombre,...

...que sigues pensando que te traicioné con él?

Entonces no me escuchaste.

Hazlo ahora,...

...por favor.

Alonso, Alonso. ¡Alonso, hijo!

-¡Déjame!

Aquí el que sobra soy yo, me iré detrás del Ejército...

...y ya me cogerán de ayudante. Pero ¿dónde vas a ir?

Hijo...

Vamos a hablar de esto en serio, yo quería mucho a tu madre,...

...mucho, y no dudes jamás de que eso es verdad.

-¿Entonces lo de que te enamoraste de tía Margarita...

...antes que de madre...

...es verdad?

No.

Yo a tía Margarita la conocía antes que a tu madre.

Lo que pasó es que...

Tu padre me conoció y le gusté un poco,...

...pero, claro, luego conoció a mi hermana.

Y tu madre era tan guapa,...

...tan buena y tan alegre que...

-Que se enamoró de sopetón.

Claro, madre era guapísima, ¿no? Sí.

-Aunque tía Margarita también es muy guapa, ¿eh?

Venga, vamos.

-Maestro.

O me compra un caballo, un burro, un poni...

...o cualquier otro medio de transporte...

...o yo en una de estas palmo.

Me he pasado toda la noche caminando.

-Padre, no vayas a ese duelo, por favor.

Es que no quiero que te mueras por mi culpa.

No me va a pasar nada, hijo,...

...de verdad, tranquilo.

-Mire.

Como escarpias de escuchar al chiquillo,...

...que como nos deje huérfanos...

Deja de quejarte y desembucha, Sátur.

-Pues el encapuchado es un tal señor de Alarcón,...

...que vivía en un castillo donde Juana la Loca pegó...

...las tres voces.

Hará que hacerle una visita.

-Eso si sale todo bien con el comisario.

Saldrá bien, Sátur, saldrá bien.

Bullicio. -¡Estuarda!

-Ay, Sátur.

Te estás poniendo un poquito pesado.

-Espera, por favor, un minuto nada más.

-¡No puedo contigo, Sátur! -Sólo un minuto.

Un minuto. ¿Qué quieres ahora?

Cada vez que te cruzas en mi camino me destrozas la vida.

¿Qué quieres de mí? -Sólo una cosa.

¿El tipo de las telas, el Braulio ese,...

...era el que estaba contigo? -Sí.

Campanadas.

-Y te besó, yo lo vi. -Sí.

-¿Entonces no me confundí? Sólo que...

Sí, Sátur, soy su manceba, bueno, lo era...

...porque ya no me quiere ni ver.

Él me mantenía, pagaba la escuela de mi hijo y todo lo demás.

Así que, sí, me has dejado sin sustento, muchas gracias.

-No sabía que...

Que fueras... que fueras... eso. -Ni se te ocurra echármelo en cara.

-No, no. -No.

Cuando me dejaste tirada en el pueblo sólo se hablaba...

...de una cosa, que me habías deshonrado...

-Yo lo hice para ayudarte.

-Tuve que irme de allí porque me moría de vergüenza.

Y desde entonces he tenido que apañármelas sola...

...con mi hijo y eso es lo que sigo haciendo.

-Me he explicado mal, yo...

Yo te quiero tal y como eres...

...antes y ahora.

Que siempre te he querido, Estuarda,...

...y te sigo queriendo.

-Ay, Sátur.

Yo agradezco lo que intentabas hacer...

Sátur, sé que tienes buen corazón y mucho mejor...

...de lo que la gente se cree, lo nuestro no puede funcionar.

¿Dónde vamos un criado y una puta?

Lo siento.

(BRUNO SUSPIRA)

Nos vamos, no hay tiempo que perder.

-No. Sabes que no puedo escapar, matarían a mi familia.

Toma, estoy te ahorrará sufrimiento.

-¿Qué es esto? Yo no necesito nada, no soy ningún cobarde.

Si no lo haces por ti, hazlo por esa familia de la que hablas.

Ahórrales el suplicio de recoger tus restos por toda la plaza.

-¡Niños!

-¡Eh, niños! -¿Cómo te fue con la casada?

¿Lo arreglaste? -No, Estuarda no estaba casada.

Es que trabaja de...

(SUSURRANDO) Manceba. -¿De qué?

-De mujer alegre, de mujer de la vida.

-Ah. (RÍE)

Pues no conocía yo ninguna. ¿Esas qué hacen?

-Es puta, Cipri, ¡que es puta!

-Ah, joder, habla claro, Sátur.

Pues ya lo siento. Se te veía tan ilusionao con la...

-No lo sientas, si bien mirao...

Dentro de lo malo, mejor puta que casada.

-Oye, ¿y si no tiene marido? ¿Quién es el padre de Gabi?

-No tengo ni idea. ¡Pobre chiquillo!

-¿Pasa algo?

-No, nada.

-No os vais a creer de lo que me he enterado.

-¿Qué pasa? -¿Algo del hijo de Floro?

-Les han llamado para ir al cuartel, pero nada más.

Pero todavía hay más. El comisario ha retado en duelo a Gonzalo.

-¡Eso no puede ser verdad! Además, los duelos están prohibidos.

-El comisario hace lo que le viene en gana. ¿Y tú no sabes nada?

-Saber, saber... Pues sí, lo sé todo.

Y es cierto. El hijo de la marquesa hirió a Alonso.

Gonzalo culpó al comisario y este le retó.

-¡Dios mío, lo va a matar! ¡Gonzalo no tiene posibilidad!

-Hombre, cuidado, que ahí donde le veis, engaña bastante.

-Lo va a ensartar como una brocheta. Debo hablar con él.

-Ya lo ha intentado Margarita y no ha podido hacer nada.

Así que, tranquilo. Venga, tranquilicémonos.

-¿Dónde está el chico? Floro, ¿a ti qué te han dicho?

-Que viniéramos al cuartel y esperáramos.

-¿Que esperáramos a qué?

¡Ay, mi hijo! ¡Mi hijo! ¡Hijo mío...!

(LLORANDO) ¡Ay, hijo...!

-¿Qué ha ocurrido? -Se ha suicidado.

-¡Hijo mío!

¡Hijo mío!

Vamos, Catalina. -¡No puedo!

(LLORA)

¿Cómo estás, hijo?

-Triste. Me recuerda lo que le hicimos a madre.

Yo también me acuerdo mucho de ella.

Alonso, yo quería a tu madre. Era lo que más amaba en este mundo.

-Padre, tú, tranquilo, que no voy a dudarlo más.

Como dice Nuño, Margarita fue tu primer amor y...

Olvida eso. Margarita fue el error más grande que he cometido.

Ve a consolar a tu amigo. Lo necesitará.

-Es de tu hermano, ¿no? -Sí.

-¿Se lo devolvemos?

¡Está vivo! -¡Bruno está vivo! ¡Está vivo!

-¡Hijo mío! ¡Hijo mío!

¡Hijo mío! -¡Milagro... es un milagro!

-¡Hijo mío!

¡Hijo mío!

¡Hijo mío...!

Y ahora dime, ¿qué quieres?

¿Cómo dices?

No me trates como a un idiota.

Sé que lo que acaba de pasar aquí es a cambio de algo.

Detén el duelo con el maestro.

¿Por qué no me sorprende?

¿Qué quieres decir?

Con que me miraras una vez como le miras a él, sería suficiente.

El papel de amante despechado no te sienta bien, Hernán.

Harás lo que te pido.

No va a ser posible.

Siento que lo que acabas de hacer no te sirva para nada.

Para mí ha sido un placer.

Como siempre, marquesa.

Te lo pido por última vez. No vayas al duelo.

Si no lo haces por mí, hazlo por Alonso.

¡Por favor!

Me voy a dormir.

Mañana tengo que madrugar.

¿Qué es eso que huelo? ¿Tienes miedo?

Sobran las palabras, Hernán.

Es la primera que oigo que un maestro de escuela dice algo así.

(GRITANDO) -¡Padre! ¡Padre!

¡Alonso, vuelve a casa! -No.

¿Te has traído refuerzos?

Margarita, lleva a mi hijo a casa. ¡No, no voy a dejar que te maten!

-Padre, padre, escúchame. No puedes luchar contra este hombre.

Tú me lo dijiste: hay que huir de la violencia.

Alonso, no lo entiendes. -Sí lo entiendo.

Tú me lo dijiste y yo te creí.

Vámonos a casa.

No, maestro. ¡No puedes huir así, no!

¡No!

Está bien. Vete.

Pero todo el mundo sabrá que eres un cobarde.

¡Cobarde!

Nuño, más carne y menos patatas.

Su cuñada detuvo el duelo.

Bueno, tampoco le quitemos mérito a su hijo.

Ese es tu Gonzalo Montalvo. Maestro ejemplar.

Valiente como un ratón.

Chirrido. ¿Qué ocurre?

Retírate.

¿Algo serio?

Menudencias.

Han encontrado el cadáver de un niño asesinado.

¡Nuño, que es cristal veneciano!

¡Ay, qué horror! ¿Quién habrá podido hacer algo así?

Lucrecia, no nos amarguemos la cena hablando de este tema.

Además, era tullido.

No creo que note la diferencia entre estar vivo o muerto.

No quiero ni pensar en que a Nuño le pudiera pasar algo parecido.

No te preocupes por eso, Lucrecia.

Ya sabes que de la seguridad de Nuño me ocupo yo, ¿verdad, Nuño?

Buenas noches, señor Alarcón.

-¿Señor?

-¿Qué queréis de mí?

¿Dinero?

Os daré todo el que queráis.

No queremos tu dinero.

-¡Ayuda, por favor, ayuda! -¡Chis!

¿Qué hacíais en el hospicio?

Quién era ese hombre y por qué mataste a la mujer del maestro.

-Yo no sé nada. ¿No?

¿Y esto qué es, eh?

Golpes.

-¡Se come el anillo, señor!

¡El anillo!

¡Suéltalo! -¡Abre, abre!

-¡Señor!

Golpes.

¿Qué va a hacer?

Quitarle el anillo. -¡No hay tiempo, señor!

¡Vámonos!

-Ahora hay que descubrir qué tiene esta villa...

...para que alguien esté dispuesto a arriesgar su vida.

Le he ofrecido ser mi costurera.

-Este es el más potente. Letal y sin antídoto.

-Vamos dentro y te lo explico, primor.

Por favor, Catalina, seguro que esa carta era para mí.

Para qué quieres ser mi escudero.

-Para encontrar a los asesinos.

¿Sabes lo que debe ser para un vulgar mortal seguir a un héroe?

Que no merece la pena.

El maestro quería a su cuñada.

Que resurja será cuestión de tiempo.

Justo lo que no van a tener.

Tú yo nunca nos separamos porque nunca estuvimos juntos.

-¡Ah!

¡Pare, por favor!

Anoche nos siguió hasta la plaza del hospicio.

-¿Nos ha descubierto?

Por mucho que la leas, esa carta nunca será para ti, Lucrecia.

(GRITA)

-Ponte de rodillas. ¡No me haga daño!

(LEE) -Te espero allí. ¡Ah!

Lucrecia, no debería haber desconfiado de ti.

¡Por favor, no me haga daño!

-¡Águila!

¡Águila!

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Águila Roja - T1 - Capítulo 5

19 mar 2009

Se celebran las pruebas para entrar en una importante academia de esgrima y Alonso está empeñado en participar. Gonzalo se lo prohíbe pero ante la insistencia del niño, decide prepararle para luchar. El combate decisivo entre Nuño y Alonso provoca un duelo entre Gonzalo y Comisario. 

Mientras Águila Roja sigue la pista de la Logia hasta el Señor de Alarcón, Sátur se reencuentra con el amor de su vida, Estuarda. El criado de Gonzalo tratará de reconquistarla, pero ella ya no es la mujer que conoció hace tiempo. 

Bruno, el hijo mayor de Floro y Catalina vuelve de la guerra. Aunque él no quiere agasajos, le tratan como a un héroe.  Al joven no le queda más remedio que confesar que ha desertado, pero oculta un secreto aún peor que sólo desvela a Gonzalo.

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