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No recomendado para menores de 12 años
Transcripción completa

La tercera compañía de infantería ha caído en manos de portugueses.

Esa es la compañía de Juan. Piden rescate al rey para liberar.

-El obispo está buscando una mujer seria y formal...

...que trabaje de ama de llaves. ¿No sabrá de alguien?

Eminencia, quiero la mano de su sobrina Irene.

-¿Cómo osáis interrumpirme...

....y proponer una cosa tan descabellada?

-Quizá ahí encuentre la respuesta A todas las preguntas que se hace.

-¡Eres una ramera!

-¿Qué hace? ¡No la toque!

¡Lo he matado! Cuando vi. Que está pegando a Esturada...

-No pienso acceder a un chantaje.

¡Majestad, por favor, no deje morir a esos hombres!

-¿Quién osa decir al rey lo que tiene que hacer?

Soy Gonzalo de Montalvo.

-Soltadle.

-¡Me he quedado enganchado!

Relincho.

-¿Martín? Me voy a casar. -No lo hagas.

¿Qué te cuesta decir lo que sientes sin más?

Vamos, que no eres muy espontáneo.

Pues te echo una carrera hasta ese árbol y te doy ventaja.

¿No era esto lo que deseabas?

¿Estás celosa? Para estarlo, tendría que quererte.

-Martín, no me lo pongas difícil. -Te quiero.

-Vamos a salir de esta, te lo prometo.

Margarita, que el rey ya ha enviado el rescate.

Puedes estar tranquila. Y sonríe un poco, anda.

(GRITA)

-Martín, ¿qué hemos hecho? -Nada malo, Irene.

-Me amputa el brazo o arranca el árbol, pero esto no sale.

¡No! ¡Ah!

Un pergamino.

No hay motivo para que no sigamos haciendo negocios.

Es arriesgado, pero hay mucho que ganar.

-Han asaltado el envío con el rescate para los soldados.

Ha sido Águila Roja. -¡Quiero su cabeza!

-¡Ojalá cojan a ese Águila y le entreguen su cabeza al rey!

-Ese desgraciao acaba de sentenciar a nuestros soldados.

-Han encontrado el cuerpo del obispo

-Estuarda y Gabi ya se marcharon. -¿Y adónde se van, Cipriano?

¿Un águila roja, por qué?

-Porque te llevará de vuelta a tus orígenes.

-Amo, he encontrado el cofre con el rescate y me ha tentado.

¿Te vas a atrever a hacerlo?

Este es el escudo de mi familia.

-Él no mató al obispo, es inocente. Yo sé quién lo mató.

-Vamos, rápido, ya debería estar atado al garrote.

-¡No, por favor, yo no he hecho nada!

¡Sólo me encontré el anillo!

-¿Has visto alguna vez morir a alguien en el garrote?

Pues sus gritos se escuchan por toda la villa.

(GRITA)

Tranquilo, ahora estás a salvo.

-¡Yo no maté al obispo, señor! Lo sé. Escúchame bien.

Te ayudaré a salir de la villa, pero no puedes volver jamás.

Si vuelves, te matarán.

-¡Venga, cógelo, dan 100 ducados por él!

-¡Vamos, vamos!

¡Vámonos, vamos!

-¿Estás bien?

Sí. No te preocupes. ¡Vamos!

(SUSPIRA)

¿Dónde está el rescate? Dime dónde está.

Jamás.

Llaman a la puerta.

Gonzalo. Ah, hola.

¿Has visto a Alonso?

No, imagino que estará por ahí jugando. Ya sabes cómo es.

Hoy es... hoy es cuando deben pagar el dinero...

...para liberar a los rehenes, ¿no?

Sí. Igual, el rey acaba pagando.

El Imperio tiene mucho dinero, de sobra.

Y Juan es su primo.

No van a dejar que...

Vamos, que su familia no...

¿Verdad? Claro que sí.

O quizá el Águila Roja devuelva lo que robó.

(LEE) Amo, cuando lea usted estas líneas, yo ya estaré lejos.

Amo, he encontrado el cofre con el rescate.

Así, por casualidad.

Y me ha tentado.

¿Qué es eso?

Siento el daño que voy a hacer.

Sobre todo a Margarita.

Sé que no tengo perdón de Dios ni lo espero.

Pero esto no es una carta de Sátur, Gonzalo.

¡Esto es una sentencia de muerte!

¿Quién puede hacer algo así, por Dios?

Alguien que está muy desesperado.

Peor están los que esperan para morir.

Vamos a encontrarlo.

Pues no sé cómo.

Porque no sabemos dónde ha ido.

Si descubrimos dónde está Estuarda, lo sabremos.

Confía en mí.

(CARTA) -Adiós, amo.

-¡Para! -¡Ah!

¡So!

Alonso, ¿pero se puede saber qué haces aquí?

-Leí tu carta. ¡Lo sé todo, tu traición, todo!

-¡La madre que me parió!

¿Y llevas toda la noche ahí escondido sin decirme nada?

-Si te llego a decir que te quedaras no me harías caso.

Sátur, hay que volver y devolver el dinero al rey.

¡Si no, van a matar los soldados! -¡No puedo, Alonso, no puedo!

-Sí, sí que puedes. Hay que volver.

-Qué rebuscao este chiquillo, baja. -¡Sátur!

¡Sátur, mataste al obispo...

...y te llevaste el dinero para salvar a Juan!

-No vas a entenderlo nunca. Baja. -¿Pero qué hay que entender, Sátur?

¡Que nos has traicionado!

¿Por qué lo hiciste? -¡Porque se van!

¡Estuarda y Gabi se van!

¡Van a coger un barco rumbo a las Américas!

Y si vuelvo, no los veré nunca más.

Alonso, es la última oportunidad que tengo pa tener una familia.

¿Ves? Ya te dije que no lo entenderías.

-No, no, no, Sátur.

O te vuelves o me llevas contigo a las Américas.

Pero yo de este carro no me bajo.

(SUSPIRA)

-¿Y al final qué hacemos con el menú, ternera o venado?

Ternera. No, espera. Bueno, sí...

Lo que quieras y sea más cómodo. -No, señora, lo que usted ordene.

Porque, al final, cuántos comensales van a ser.

Ninguno, vamos a comer los de siempre.

Irene, ayúdame un poco.

Al fin y al cabo, es tu boda, debe estar a tu gusto

-Lo que tú decías está bien, Lucrecia.

-Señora marquesa, el médico ha llegado.

Catalina, acompaña a Irene al reconocimiento médico.

-¿Qué reconocimiento? El reconocimiento rutinario.

Para que nuestros esposos sepan que estamos sanas y castas.

Catalina, esto te lo descontaré. (NERVIOSA) -Sí, señora.

-Lucrecia, yo me encuentro perfectamente.

Lo siento, querida, pero es un requisito previo de las nobles.

No te preocupes, es sólo un poco incómodo.

Quieren asegurarse de que serás una buena paridora.

Vamos.

-Hernán.

Irene.

-Comisario.

¿Dónde van?

A comprobar si Irene es digna de ti.

¿Lo es?

Venía a agradecer tu esfuerzo con los preparativos de la boda.

No es ningún esfuerzo. Estoy encantada de poder ayudar.

Hernán.

Quería pedirte un favor.

Lo que quieras Lucrecia.

Después de la boda, no quiero que vuelvas aquí nunca más.

Siempre he considerado el palacio como una segunda casa.

Sí, pero no lo es.

¿Lo sabe Nuño? Lo sabe su madre, que soy yo.

Es lo mejor para Nuño. Y para todos.

Adiós, Hernán.

Mañana será el último día que nos veamos.

Lucrecia.

Hernán.

-¡Vamos, de frente, caminar! ¡Va!

¡Vamos, vamos!

Murmullo de los portugueses.

¡Caminad, de frente!

-¿Dónde estamos? -No lo sé.

Pero si estamos aquí, quizá sea para un intercambio.

-O para matarnos. -Si quisieran, ya lo habrían hecho.

¡El rey nunca nos va a abandonar!

-No me gusta que mi vida dependa de nadie y menos del rey.

-¿Qué te pasa, muchacho? -¡No quiero morir!

-¡No vas a morir, no vas a morir! -¡Alto, alto!

¡Alto o disparo!

¡Alto o disparo!

Gritos. ¡Alto o disparo!

-¡Capi! ¡Alto, soldado!

Hablan en portugués.

-¡Va, disparad!

-Nos van a matar a todos.

Y tú lo sabes. -¡No digas eso!

Tengo que volver. ¿Lo entiendes?

¡Tengo que volver!

-¿Y ahora qué vamos a hacer, eh?

Y el médico ahí esperando. ¿Qué hacemos?

-¡No lo sé, Catalina, no lo sé!

-¿"No lo sé, Catalina"?

-Yo...

¡Lo siento!

-Déjate de "lo siento", no estamos pa lamentaciones. Vete.

¡Que te vayas!

-¡Ya no hay remedio, Catalina!

Yo no me arrepiento de nada y asumiré mi deshonra.

-Con todos mis respetos, señorita Irene.

Para usted es la vergüenza,...

...para mi sobrino es la horca.

Campanadas.

-Ha llegado el emisario de Portugal.

El dinero del rescate no aparece. -Hazle pasar.

-Majestad.

Los presos españoles ya están en el lugar acordado.

Ahora depende de usted la libertad de esos hombres.

-He decidido no pagar.

El reino de España no se someterá a ningún tipo de chantaje.

-Majestad, esa no era su opinión.

-Creo que he sido lo suficientemente claro.

-Hay una manera de arreglar sin que tenga que pagar nada.

Bastará con que se plantee dar la independencia a Portugal.

-No os voy a ceder ni un solo acre de nuestra tierra.

-En ese caso...

En cada hora morirán diez hombres.

Y os recuerdo que entre ellos está su primo.

-Son soldados del imperio español. Sabrán estar a la altura.

Incluido mi primo.

-Y mi padre, que confió en ti, que te dio un techo para vivir.

Y que te hemos tratado como de la familia.

¿Qué hemos hecho mal? -Calla, Alonso, calla.

-Y la tía Margarita,...

...que te quiere muchísimo y que siempre te lava y te remienda.

Y nunca te ha gritado. -¿Te quieres callar, copón?

¡Que de tanto que hablas, no sé ni cómo puedes respirar!

Descansa un poco, muchacho. Necesito pensar.

-Hay que ir a la villa y devolver el dinero.

-Lo sé, lo sé, ya lo sé. Me lo has dicho ya 350 veces.

Si vuelvo, no llegaré a tiempo pa estar con Gabi y Estuarda.

-Sátur, ¿qué haces? ¡Sátur!

¿Qué haces? -Esta.

Ya he tomado una decisión. Lo siento, toma. ¡Venga!

Baja.

Si vas por este camino, llegarás a una posada.

Con este dinero, podrás comprar un caballo.

Tú eres listo, Alonsillo, sabrás volver.

-Sátur, ¿no irás a abandonarme, no? ¡Sátur!

-Espero que puedas perdonarme algún día.

-¡No, por favor, Sátur, no te vayas! ¡Sátur!

¡Sátur, no te vayas!

¡Sátur, por favor!

Sátur.

¡Así nunca serás un buen padre!

¡Estás jugando a matar y estás matando a todos!

¡Eres un traidor!

¡Traidor!

¡Sátur!

-¡Sube!

-Si es que lo sabía. -Vamos.

-Sabía que no ibas a poder.

Venga, tienes que dar la vuelta.

Hay que ir a devolver el dinero. -No vamos a devolverlo.

-¿Entonces...? ¿Van a morir igual?

-No te preocupes, sé lo que tengo que hacer.

Sé dónde se hace el intercambio.

¡Arre!

-Bueno, pues ya puede usted vestirse, señorita Irene.

Ya hemos acabado.

Debo decirle que tendré que informar a su familia...

...sobre detalles que me inquietan.

Los eccemas de su piel no son propios de alguien noble.

Prepararé algún ungüento para solucionarlo.

Por lo demás, está usted perfectamente sana.

Su esposo puede estar tranquilo y orgulloso.

Será usted una madre excelente.

-Doctor.

Elvira, acompaña al doctor.

¡Marta, hija...!

¡Muchas gracias! ¿Cómo estás?

-¡Qué vergüenza he pasado!

Es la primera vez que me toca un hombre.

(EMOCIONADA) -Lo sé. ¡Pero has estado muy bien!

-Estuarda se fue. Cogió a su hijo y desapareció.

¿Dijo dónde iba?

-Ni idea. Se despidió de todas como si no fuera a volver.

¿Y no recuerdas que dijera algo?

Y... ¿no conoces a Sátur, a un hombre así, bajito,...

...que a veces va con ella?

-No, no. Yo no la he visto, yo no sé nada.

¿Seguro que Estuarda no os dijo dónde iba?

¡Por lo que más queráis, os lo ruego! Tengo algo de dinero.

¿No os suena que dijera...? -¿Y esta cosita?

¡Huy, eres nueva! No te he visto. Suélteme.

-¡Huy, qué fiera! ¡Que me suelte, hombre!

Te ha dicho que la sueltes. -Sí, sí, espera. Esta furcia...

¡Ah, ah, ah! ¡Ah!

¿Estás bien? Sí.

-¡Ah! No saben nada.

Vámonos.

¿Querías verme? -Sí, pasa, por favor, comisario.

Tengo esto para ti.

Te lo iba a dar para tu cumpleaños.

Pero la encargué hace mucho y estas dagas sólo se hacen en Toledo.

¡Es preciosa, Nuño!

Nunca había tenido una daga como esta.

-Mañana te casas y, igual, ya no tienes tanto tiempo...

No digas eso. Nuño, no digas eso.

Yo siempre tendré tiempo para ti.

Ya encontraremos la forma de seguir viéndonos.

Aún tienes que practicar con la espada.

-Eso es lo que se dice, pero pronto pronto tendrás otra familia y...

Tú podrás venir a verme cuando quieras.

Oye.

Yo nunca te he fallado.

No te voy a fallar ahora.

-Comisario, yo sólo quería darte las gracias...

...por estar todos estos años...

...conmigo y... Enseñarme a montar a caballo y...

Y a luchar. ¡Y ni siquiera soy tu hijo!

¿Estás bien? ¿Te encuentras bien?

Sí.

Los dos estamos bien.

Es igual que su padre.

Alto y fuerte.

Hernán.

Tiene que verlo el marqués.

Hoy estás preciosa.

¡Preciosa!

-Dios te salve, María, llena eres de gracia,...

...el Señor está contigo, bendita eres...

...entre todas las mujeres...

¡Por favor, Dios mío, sácanos! -¡Tamborilero!

Ya es suficiente.

Ese Dios es el mismo que te ha traído a este infierno.

-Deja al chico. -¿Por qué?

-Porque yo te lo ordeno, soy tu superior.

-¡No me vengas con esas, Juan!

¡Ah! -¿Qué te pasa, Víctor?

¿Qué tienes? -No es nada.

-Déjame ver.

Esto está infectado. Si te sigues tocando se va a gangrenar.

-Eso, dentro de poco, no tendrá importancia, voy a estar muerto.

-pero al menos querrás llegar entero al infierno.

Tranquilo, tranquilo.

-Prefiero morir en el campo de batalla que estar encerrado.

Hablan en portugués.

-Soy el oficial al mando. ¿Qué está pasando?

¿Adónde les llevan?

-Vamos fuera, al patio. -¿Han pagado?

-No. El dinero no llegó.

¿Sabe lo que significa, no

-¡Rápido, para fuera!

-¡No pueden, no pueden llevárselos! ¡Son mis hombres!

(IRENE LLAMA A LA PUERTA) Pasa.

Siéntate, por favor.

Me gustaría hablar contigo acerca de tu futuro matrimonio.

¿Y bien?

¿No tienes nada que decirme?

-Bueno... estoy muy emocionada por mi nueva situación y espero...

¡Por Dios, Irene! ¿Quién te cree?

Sé que tu corazón y tu cuerpo suspiran por ese jardinero.

También sé que serás una infeliz. No vas a estar a la altura, Irene.

Los hombres no se contentan con pasearnos del brazo...

...por la corte y es muy duro...

...tener que hacer, según qué sacrificios,...

...con alguien al que no amas. Créeme.

Lo sé.

Me das pena, Irene.

Por eso estoy dispuesta a ayudarte.

-¿Qué quiere decir?

Puedo hacer que comiences una nueva vida...

...junto a ese plebeyo, si es lo que quieres, lejos de aquí.

-Pero no puedo, el cardenal me va a decir que...

¿Prefieres casarte con un hombre al que no quieres...

...y ser su objeto de placer?

Saldrás esta noche en mi carruaje.

Podréis ir a Francia y empezar una nueva vida...

...llena de amor, felicidad y esas cosas.

Yo me haré cargo de todo.

Me aseguraré de que el jardinero acude a la hora prevista. Vamos

Hasta que llegue el momento, nadie puede notar tus intenciones.

Seguiremos con las actividades marcadas para la boda, ¿entendido?

¿Alguna duda?

-¿Por qué haces esto, marquesa?

Por ti. Cariño.

Tu felicidad será la mía.

Venga.

¡Qué sorpresa, eminencia!

Es un honor acogerlo en mi humilde morada.

-Un claroscuro interesante.

De José de Ribera, si no me equivoco.

Sí. Lo adquirí en Nápoles.

-Un excelente pintor.

Un poco fúnebre, para mi gusto.

Encaja muy bien con vos.

Los títulos de propiedad de vuestras nuevas tierras,...

...así como las lindes que las componen.

Gracias por vuestra generosidad, eminencia.

-Podréis disfrutar de ella, celebrada la boda y yo tenga...

...el medallón.

Mañana entonces.

-Es un cambio adecuado para vuestra nueva vida.

-Le damos el dinero, nos entrega los rehenes y nos vamos.

-Sátur. -¿Qué?

-Va a estar lleno de soldados portugueses. Y encima armados.

Y en un castillo, es muy peligroso. -Bueno, ya, ya, para ya.

¿No querías ir a rescatarlos? Pues ya vamos.

Ahora, si quieres meterme el miedo en el cuerpo,...

...ya puedes conocer a alguien ahí arriba.

Que nos va a hacer falta.

-Oye.... cuando terminemos...

-¿Qué? -Vas a ir a por Gabi y Estuarda.

Que seguro que las Américas tampoco son tan grandes.

-Pues claro que no. Y los encontraré, seguro.

Si esta gente nos diera algo de agua. ¡So!

¡Eh! -¿Qué?

-¿Tendrán ustedes una poca de agua pal chiquillo?

-Claro que sí, hombre, claro que sí.

Agua, agua. Venga.

¿Su hijo? -No.

Qué va, este muchacho no me lo merezco.

-Esta no es vida pa un niño, que llevo 20 años con la chatarra.

-Sátur. Sátur, no me encuentro bien.

-¡Estás pálido, baja!

Baja, muchacho, baja. ¿Qué tienes?

¡Eh! ¡Alonso!

¡Eh! ¿Has comido algo?

¿Has comido algo? -No.

-¿Desde cuándo? -Desde ayer por la mañana.

-¿Pero y cómo no me has dicho nada, criatura?

-Anda, venga, que tenemos comida de sobra.

Este chico necesita descansar un poco.

¿Y usted tendrá que echar algo? -No, yo es que... no.

-Venga, hombre, venga, si tenemos matanza.

-Bueno, pero un... probarlo. -Claro que sí.

Emilio, encárgate del caballo del señor.

-Oler, huele bien, eh.

-Mejor sabe.

-Pues nada, comemos un poco y nos recuperamos, tenemos prisa.

Oponiendo picas a caballos,...

...enfrentando arcabuces a piqueros,...

...con el alma unida por el mismo clero...

...que la sangre corra protegiendo el reino.

(PRESOS) Aspa de Borgoña...

...flameando al viento,...

...hijos de Santiago, grandes como el tercio.

Escuadrón de picas, vamos a cubierto,...

...sólo existe el hombre que no tiene miedo.

Lucha por tu hermano, muere por tu reino.

Vive por la paz en este gran imperio.

-¡Carguen armas!

Si nos hacen presos...

-¡Apunten!

¡Disparad!

Estuarda tenía una hermana en el pueblo.

Igual han ido allí los tres.

Sí, pero no sabemos qué pueblo. Estamos en lo mismo.

Y la carta no nombra ningún sitio.

¡La he leído más de 100 veces y Sátur no ha puesto ningún lugar!

¿Desde cuándo no ves a Alonso?

Desde anoche. ¿Por qué?

¿Qué pasa?

¿Me puedes decir que pasa? Alonso ha leído la carta.

Está con Sátur.

No sé cómo ni por qué, pero está con Sátur.

-Comisario, gracias por invitarnos.

En nombre de todos mis hombres, quisiera darle la enhorabuena...

Gracias.

Aunque esté ausente, quiero que todo siga su curso, ¿de acuerdo?

-Por supuesto, no habrá problema.

Eso espero. -Comisario.

-¿Señor?

¡Cogedle!

¿Señor?

¿Señor? ¡Comisario!

¡Señor! ¡Comisario!

-Martín.

Milagros, mira a ver si están puestas las mantelerías.

-¿Irene está bien? -Sí.

Irene está bien.

Hemos conseguido hacerla pasar por virgen delante del médico.

Pero mañana hay una noche de bodas y hay no hay solución.

Pa cuando eso pase, tú tienes que estar muy lejos de aquí.

-No, no voy a dejar que te maten. -¡Martín, por favor!

¡Es de idiotas dejarse matar! ¡Que se casa mañana, Martín!

-Está bien.

Me iré esta noche.

Te voy a echar de menos, tía. -Y yo a ti, hijo.

Y yo a ti.

Catalina, Martín.

Ah, ¿estáis aquí?

¡La familia siempre unida! -Señora.

Martín, es tu nuevo uniforme. Quiero que lo lleves puesto mañana.

Para no perder tiempo, he escrito tus instrucciones en la boda.

Están en el bolsillo del uniforme.

Martín, ¿tú sabes leer?

-Sí. Muy bien, enhorabuena.

Pues léelas con mucha atención.

NO puede haber ningún fallo. ¿De acuerdo, Martín?

-Señora marquesa. A ver, ¿qué pasa?

-La buscan.

-Señora marquesa. ¿Qué ocurre?

-Debo hablar con usted. Es un asunto muy grave.

-¿Ya te lo estás acabando? -Sí.

-¿Y a qué hora dices que venía tu madre?

-Tarde, está preparando una boda.

Murillo, ¿has visto a Alonso?

-No.

A ver, esto es muy importante, mi amor.

¿Estás seguro de que Alonso no te dijo nada?

¿De que se fuera a algún sitio? -¿Qué pasa?

¿Y anoche, lo viste anoche?

-¿Pasa algo, Gonzalo?

Sátur se fue ayer y creemos que Alonso se fu con él.

-Se habrá ido a buscar a Estuarda y a Gabi.

¿Y cómo sabes que Estuarda y Gabi se han ido?

-Me lo dijeron ellos, se iban a las Américas y embarcaban en el sur.

-Buenas, Cipri. Ya sabes hacia dónde ir.

-¿Qué te cuentas? -Dicen que tienen...

...a los soldados españoles en Jerez de los Caballeros.

-¿Qué dices? -Sí. Y se oyeron tiros esta mañana.

Estos cabrones de los portugueses, que los están fusilando.

-¡Calla!

Te prometo que encontraré el dinero.

Te lo prometo. Ya da igual, Gonzalo.

Esos hombres están muertos y...

Y a lo mejor Juan ha caído también.

Y si no, poco le queda.

Ya no podemos hacer nada. No hay tiempo, Gonzalo.

Quién va a ir a salvarles. ¿Quién?

Anda, ve a por Alonso.

¡Ve a por Alonso, Gonzalo! ¡Ve!

-¡Eh!

¡Los del castillo!

¡Soy español!

¡Que traigo el dinero pal rescate!

¡Escóndete! ¡Escóndete, vamos!

¡Demonio de chiquillo!

¡El dinero!

¡Que traigo el dinero del rey de las Españas!

No hay nadie.

¡Eh!

¡No dispare!

¡No dispare, por Dios! ¡Soy español!

¿Entiende mi idioma?

Que traigo el oro.

¡Soy español!

Llevo el dinero ahí atrás, en la carreta.

¿Dónde están los míos?

Los españoles, ¿están ahí?

(EL SOLDADO GRITA)

-¿Qué dice este? Que yo no he hecho na.

¡No, no disparen!

¡Yo no he hecho na!

¡No he hecho na!

¡La madre que me parió, que me lo han robao!

¡Me lo han robao, el dinero, que me lo han robao!

-¿Y el dinero? -¡Y dale! ¡Que me lo han robao!

Unos... unos chamarileros.

Deben de estar cerca. Si los perseguimos, los...

¡No dispare, por Dios, que me lo han robao!

-¡No, no le hagáis daño, por favor! -¡No!

¡No, el chiquillo, no, no disparen!

¡No, no disparen, por Dios!

¡Somos españoles! ¡De España...!

(LLORA)

-Señora.

Que nadie sepa que estoy vivo hasta que dé la orden.

-Muy bien.

Parece que Dios le acompaña, señor.

Detuvo el disparo.

Sí. Nuño me ha salvado la vida.

-Además, tenemos a quien le atacó.

(EL SOLDADO HABLA EN PORTUGUÉS)

¡Vamos, de frente!

¡Caminad! -Vosotros sois los próximos.

-¿Los próximos? No. ¡Hazlo ahora, hazlo ahora, mátame!

¡Dispárame, dispárame! ¡Mírame a los ojos y mátame!

-¡Víctor! Basta.

-Vamos, venga.

-¡Le tenías que haber dejado. ¡Ni hablar!

No pienso dejar que ni uno solo de mis soldados muera así.

¡Y tú menos! Te guste o no, vas a estar conmigo hasta el final.

-¿Es una orden? -¡Sí, es una orden!

¿No temes a la muerte?

-No tengo ningún motivo para seguir vivo.

-¿No tienes una mujer, una familia?

-Tuve una mujer, pero la perdí.

No fui un marido ejemplar.

No supe quererla.

-¿Por qué te hiciste soldado?

-Para borrar mi culpa. O para acabar muerto.

Y esto me parece que lo voy a conseguir bien pronto, Juan.

¿Y tú? ¿Te espera alguien?

-Mi prometida. Es la mejor.

La única que ha significado algo en mi vida.

Tenías que verla, es...

Hermosa como ella sola, valiente, tiene coraje,...

...es testaruda... Tiene mucho carácter.

Le hice una promesa que no voy a poder cumplir.

-¿Cuál?

-Volver. Volver a casa.

-Eminencia. Su almuerzo.

-Dejadlo encima de la mesa. -Eminencia.

-¡Ah! ¡Puf!

¿No es de su agrado el almuerzo, eminencia?

Tuve que arrancarle lentamente las entrañas para que confesara.

-Me alegra veros vivo.

Así podremos cerrar nuestro acuerdo sin más dilación.

Me tiene en poca consideración, eminencia.

¿Me creía tan estúpido para esconder el medallón en mi casa?

-Os ruego que sepáis disculparme. Sin duda os he juzgado mal.

A partir de ahora, consideraré...

...que estáis a la altura de mis expectativas.

¿Qué es esto?

Una confesión en la que asume mi asesinato.

Por si no llegara a estar a la altura.

Me gustaría ser un buen marido durante largo tiempo.

-La desconfianza es una aliada engañosa.

Y muy dañina.

Totalmente de acuerdo, eminencia.

Entre caballeros no debería existir.

-Me sois más útil vivo.

Gracias, eminencia.

No veo el momento de entrar a formar parte de su familia.

Eminencia.

-Déjalo, tía, si no me lo voy a llevar.

-Claro que te lo vas a llevar, que esto es muy buen paño.

Esto te puede sacar de un apuro. Vendiéndolo o lo que sea.

¡Cuídate mucho, Martín, cariño!

-Bueno, pues nada.

Habrá que esperar.

Esto siempre es así, Alonsillo.

Te encierran un rato pa meterte miedo y luego te suelta.

Total, no le salimos a cuenta.

Que si la manutención, el hospedaje... na.

¿Un poco de agua?

Gritos de los portugueses.

-¡Puf! ¡Ah!

¡Esto sabe a rayos!

¿Jugamos a contar...? ¡Mira! ¿Cadenas?

-No quiero jugar a nada, Sátur. Quiero volver a casa.

-Y vamos a volver, tonto. -No.

No es verdad. NO vamos a salir de aquí y lo sabes.

-No tienen nada contra nosotros.

Además, el capitán ese tiene cara de buena gente.

Nos van a soltar enseguida. Y si no, al tiempo.

-No hay buena gente. -Eso no es cierto.

Al revés. La buena gente en legión, Alonsillo, en legión.

-¡Sátur, yo no confío en nadie!

¡Ni en el Águila Roja, es su culpa! -No digas tonterías.

Eso es mentira.

Yo soy el desgraciao que... ha provocao todo esto.

De todas las cosas malas que he hecho, esta es la peor.

La peor, con diferencia.

Disparo.

-¿Qué ha sido eso?

¿Un tiro? -¿Pero qué tiro ni qué tiro?

Eso habrá sido de una armadura de acero portugués.

Que cuando caen al suelo, suenan así de fuerte. ¡Bum!

-Están matando a los rehenes y también nos matarán a nosotros.

-Eso no va a ocurrir, no va a ocurrir.

Confía en mí, Alonsillo. -¡Yo ya no confío en nadie!

Paso marcial en el patio.

Nuño, con cuidado, aún no estás recuperado.

-Estoy bien, gracias.

Buscaremos a alguien con quien puedas practicar.

-Yo ya practico con el comisario, no me hace falta nadie más.

QUizás el maestro... -¿Es que no me escuchas?

Practicaré con el comisario cuando quiera, cómo y donde pueda.

Si es que tú no nos dejas practicar aquí.

Nuño.

No podrás hacerlo.

-Tú no me lo vas a impedir.

No habrá más encuentros con el comisario.

-¿Por qué, por qué no?

Lucrecia.

Déjanos solos.

Lo siento.

¡Hijo de puta, te odio!

¡Hijo de puta!

Te he echado de menos.

Yo también.

-¡Madre!

Nuño...

No podemos hacerle esto, Lucrecia.

Lo vamos a volver loco.

Esto no puede volver a ocurrir.

Nunca.

Sí.

-¿Qué van a hacer con nosotros, Sátur?

-Pues... rutina, Alonsillo.

Pura rutina. Lo que suelen hacer con todos los presos.

-¡Vamos, aprisa! ¡Caminad!

-Nos darán un paseo pa que te tomemos el aire,...

...un poco de ejercicio y pa dentro otra vez. Lo de siempre, eh.

Señor, no hemos nada.

¡No hemos hecho nada! (GRITA)

-¡Pero si no tenemos hechura! ¿Por qué nos retienen?

¡Dejen libre al muchacho!

-Continúen de frente, andad.

-Ha sido un placer tenerte en mis filas.

Gracias. -Gracias a usted, capitán.

-¡No pares, sigue! ¡Ahora!

¡Vamos, de frente, caminad!

-¿Serán capaces de fusilar a un niño?

-¿Alonso? ¡Alonso!

-¡Es Juan!

¡Está vivo!

-¡Juan, Juan!

¡Juan...! ¡Ah!

-Cipri.

¿Estás bien?

-Mira que le pido a Dios que me saque de esta pena, pero...

¿Dónde vas tan cargao? -Que me marcho de la villa, Cipri.

A cualquier sitio. -¡Copón!

¡Al final os vais todos!

-Toma. -¿Qué?

-Quiero que te quedes esto. -No, no, qué dices, muchacho.

Que no, hombre. -Toma, si yo no lo quiero.

-Bueno, venga.

Cuídate, muchacho, cuídate.

Oye, estaba aquí esto.

-No, tíralo. Tranquilo. -Sí, se ha caído, es tuyo.

(LEE) -Soy Irene. Acude a las cinco al portón norte de la villa.

Escapa conmigo. Te espero.

Campanadas.

(LLORANDO) -¡Cochero, arranque!

¡Vámonos!

-¿Qué van a hacer con ellos, Sátur?

-No sé, imagino que...

-Los van a matar.

-Vete tú a saber, que estos portugueses son mu raros.

Son raros pa to, pa hablar, pa comer... Pa to.

Pero tú no preocupes,...

...que vamos a salir de aquí. -Señor.

-Tráeme a esos dos.

-¿Dónde vamos? -Sigue.

(HABLAN EN PORTUGUÉS) -¡A la tapia no! ¡A la tapia no!

¡Que no hemos hecho na! ¡Que no somos soldados!

-¡No, son civiles! ¡Son civiles! -¡Quieto!

-Alto. Te mato aquí mismo.

-¡No, al niño no, se lo suplico! ¡Máteme a mí, pero al niño no!

-¡Vuelve a la fila!

-Sátur, nos van a matar. -Que no.

-Te lo juro... Deje que se vaya el chico.

-Majestad, ¿acabamos sus nuevos zapatos...

...con lazada en raso o tafetán?

-Todo sigue el curso de sus órdenes, majestad.

-Muy bien. Retírate.

Quiero estar al tanto de todo lo que ocurra.

-Su eminencia el cardenal Mendoza.

-Eminencia.

-Majestad.

-Hacía mucho tiempo que no le veíamos por aquí.

-Os aseguro que la espera ha valido la pena.

Traigo excelentes noticias.

He conseguido reunir las dos partes de vuestro medallón.

-Su contenido sólo compete a la Corona.

-Por supuesto, Majestad.

Y sabe que tenéis en mí a vuestro más fiel servidor.

Ese objeto os pertenece y mi única intención es devolvéroslo.

Confío, no obstante, en que la Corona...

...sepa recompensar mis humildes servicios...

....con vuestro apoyo a mi candidatura al papado.

-Perdone, Majestad. Buscan a su eminencia.

-Estoy tratando asuntos de vital importancia.

Que espere quien sea. -Es su sobrina.

-Atienda a su sobrina y retírese.

Espero poder ver esa pieza en nuestro próximo encuentro.

-Majestad.

Supongo que tendrás una buena razón para interrumpir mi audiencia.

(LLORANDO) -Fui a buscarle pero me dijeron que estaba aquí.

¡Es muy urgente, tío!

-¿Qué te ocurre?

Habla, te hará bien.

-¡No puedo casarme con el comisario, tío!

-Tranquila.

-¡No le quiero!

-No vas a hacer nada que no quieras hacer.

Ven, vamos a cenar juntos...

...y a tratar este tema con la serenidad que requiere.

-¡Perdóname, Alonsillo, soy un miserable!

-Sátur, tú no eres ningún miserable.

-Alonso...

(GRITA)

-Cargar armas.

¡Apunten!

Silbido.

(GRITANDO) -¡Nooo!

-¡Capitán!

¡Ahí encima, mátenlo!

¡Cargar las armas!

¡Maten al Águila! (GRITA A LOS SOLDADOS)

Gritos del soldado.

Gritos. -¡Alonsillo, vamos!

-¡Maten, maten a los hombres!

¡Carguen las armas!

¡Disparen! ¡Mátenlo, ya!

¡Disparen! ¡Fuego!

¡Maten a esos hombres!

Cuando el fragor de la lucha escuchéis,...

...o si ves al amigo caer...

El agua de lluvia mi amor te traerá...

...y en la brisa mi voz sentirás.

Y al final de la guerra,...

...si vuelves a ver...

...tu esposa o tu viuda porque te esperé.

Explosión y gritos.

-¡Españoles!

-¡Vamos!

Clamor de los soldados.

¿Es todo de tu agrado?

Una boda sobria y austera, tal y como me pediste.

Yo hubiera preferido los capuchinos, pero con prisas...

Lucrecia. Llevamos retraso, ¿no?

Está todo a punto. Sólo falta la novia.

Y relájate, porque suelen llegar bastante tarde, es la norma.

¿Y Nuño? Está en su alcoba.

No ha querido salir.

Y ahora, si me disculpas...

Estoy bastante ocupada preparando tu boda.

¿Qué?

-Señora, no encontramos a la señorita Irene.

Vendrá. Igual está confesándose, ya sabes cómo es.

Catalina, esos lirios, eh.

-Dios la oiga, señora.

(SUSPIRA)

-¡Viva el rey! ¡Viva el rey!

-¡Hecho un mozo! -¡Viva el rey!

¡Viva el rey! -¡Viva el rey!

-¡Viva el rey! -¡Viva el rey!

Se ha quedado dormido al instante.

Demasiadas emociones para un niño.

-Amo, yo...

Perdóneme.

Siento mucho lo que ha pasado.

Si pudiera cambiar los últimos días...

No sé... matar al obispo fue el principio de muchos errores.

Yo sólo pretendía ayudar a mi familia y no ha servido.

No me puedo quedar con usted, no soy digno.

Así que me vuelvo a los caminos.

Despídame de Alonsillo y de Margarita, por favor.

No, Sátur, tu sitio está aquí.

Los dos tomamos una decisión.

Tú, entregar el dinero; y yo, salvar a esos hombres.

¿No lo entiendes? Los dos hicimos lo correcto.

Si llego a ir en vuestra búsqueda, mi hijo estaría muerto.

-Yo no he hecho nada correcto en mi vida.

Soy un fracaso de hombre. He perdido a Gabi, a Estuarda.

Y por mi culpa, casi... acaban con la vida de Alonsillo.

Sátur, mi hijo está vivo, en parte, gracias a ti.

Y sí, has perdido a tu familia, pero por hacer lo correcto.

-Por mi culpa ha muerto Juan. ¿Conoce a Juan de Calatrava?

-No me lo voy a perdonar en mi vida, amo.

El que tendría que estar muerto sería yo.

Perdone, ¿conoce a Juan de Calatrava?

¿No ha venido con ustedes?

-Cayeron muchos hombres y...

Lo siento, señorita. Fue un gran capitán y gran hombre.

-Perdóneme, Margarita.

Lo siento...

(LLORA)

Estoy aquí.

Estoy aquí.

¡Juan! ¡Juan!

¡Juan! ¡Juan!

¡Juan...!

-No llores, no llores.

Ya te dije que volvería. Y he vuelto.

Murmullo.

Lucrecia.

¿Sí? ¿Qué ocurre, dónde está Irene?

No lo sé. Ya te dije que la novia...

Oigo los murmullos de sus criadas, están blancas. ¿Qué está pasando?

(SUSPIRA) Bien.

Dadas las circunstancias, es un poco incómodo de decir pero...

Me parece que te han dejado plantado.

¿Cómo? Nadie encuentra a la novia.

La hemos buscado por todas partes y este retraso no es normal.

POr lo visto, Irene no va a venir.

Igual se lo ha pensado mejor.

-Ya ha venido. Ahí llega.

Como ves, querida, a mí nadie me deja plantado.

-Recuerda: siempre he hecho lo mejor para ti, hija mía.

Confía en mí.

Irene.

-Comenzad cuanto antes.

-In nomini Patris et Filii et Spiritu Sancti.

El sacerdote oficia en latín.

Queridos hermanos,...

...llenos de alegría hemos venido a esta celebración...

...acompañando a Hernán e Irene.

En el día en que se disponen a celebrar su enlace matrimonial.

-¿Juan de Calatrava? -Sí, soy yo.

-El rey desea veros personalmente.

-Dile que no me has visto. -¡Señor!

-Juan, ve. Ve, seguro que es importante. Anda.

-Vendrá a buscarme aquí si no me ha visto.

Quédate hasta que yo vuelva, ¿de acuerdo?

Vayan con cuidado, por el amor de Dios.

-¿Hola?

Juan.

¡Juan!

¿Busca a Juan?

¿Perdone?

-Margarita.

He cambiado, no me tengas miedo. Por favor, no me tengas miedo.

No tengo nada que ver con el marido que fui. Créeme.

Te he echado de menos. Créeme.

Perdóname.

Perdóname.

-¿Pero qué hace?

¿Por qué lo rompe todo?

¡Por Dios, amo, llevamos meses detrás de todo esto!

¿Y de qué me ha servido?

Casi matan a mi hijo.

No pienso cometer el mismo error otra vez.

-Mire, amo, igual estamos todos un poco...

Ofuscados por los últimos acontecimientos, pero...

Por eso no vemos las cosas con claridad.

No, Sátur.

Se acabó. Abandono.

-¿Cómo?

No, usted no puede hacer eso. ¿Me oye?

¡Usted no me puede hacer esto!

Si usted no quiere saber quién es, allá usted,...

...pero yo sí necesito saberlo.

Necesito tener una misión, agarrarme a algo pa sentirme vivo.

Porque sin Gabi y sin Estuarda, yo no tengo nada, amo.

Hágalo por mí.

¡Hágalo por mí!

Vamos a organizar toda la información que tenemos.

Sabemos que tiene una hermana.

Una niña.

Ana.

-Así dice el Señor:

"Serán los hijos procreados los frutos de vuestro amor.

Y vosotros, los maridos, amad a vuestras mujeres...

...como Cristo amó a la iglesia y se entregó por ella".

El sacerdote habla en latín.

No sabemos quién se ha llevado a esa niña.

-¿Cómo que no?

Un hombre. -Un hombre vino y se la llevó.

Me pidió que le pusiera la cadena a otro bebé.

-Tenemos que encontrar a ese hombre. Hay que encontrarlo.

-Eminencia.

Llanto de bebé.

-¿Quién será?

El sacerdote habla en latín.

Vamos a ver, qué más sabemos.

-Recuerdo a la niña. Tenía una mancha...

...en la cabeza. Como un antojo.

Sabemos que tiene una mancha...

...de nacimiento en la cabeza. -Muy bien, muy bien.

-Hernán, recibe esta alianza en señal de amor y fidelidad a ti.

Llanto de bebé.

-A partir de ahora te llamarás Irene.

-Usted no se preocupe, amo,...

...encontrará a su hermana.

Y entre los dos, harán del comisario un buen hombre.

Irene, recibe esta alianza en prueba de mi amor...

...y fidelidad a ti.

-Yo os declaro marido y mujer. Amén.

Campanadas.

Ojalá la vida hubiera sido de otra manera.

Ojalá.

Quieren quitármelo todo. Mi palacio,...

...mis tierras, todo.

¿Tú me quieres?

(JUAN) He ido a la guerra y he vuelto...

...vivo para casarme contigo. ¡Pero ya no puedo más!

-Me estoy dando cuenta de una cosa.

Esta va a ser nuestra última misión juntos, amo.

Grito.

Montignac.

-Este es el escudo de un marquesado.

-¡Es usted un marqués!

-Lucrecia, este ya no es tu hijo. Ya no te pertenece.

-¡Ah! Soy tu mujer ante los ojos...

...de Dios y de la ley, pero no pienso volver contigo nunca.

-Me voy a ir a las Américas como sea.

¡Déjame! -¡Ah!

Trataré de daros a este necio cuanto antes.

Dicen que es la mejor forma de sellar una sagrada unión.

¿Tanto frío hace en vuestra alcoba, que necesitáis calentarla?

-Esta villa está plagada de miserables. Limpiadla.

Relincho.

¡Catalina!

-Dígale al rey que mañana tendrá aquí al Águila Roja.

-¡No! ¡Sátur, dispara!

¡Vamos, dispara!

¡No! ¡Dispara, Sátur!

Cierra los ojos.

-Yo quisiera hacerle una pregunta...

...que me ronda la cabeza, desde que le conozco.

¿De dónde saca usted tantas plumas rojas?

¡Y se ríe! ¡Qué pájaro!

Águila Roja - T2 - Capítulo 26

08 abr 2010

Sátur se dirige al sur en busca de Estuarda y Gabi, pero un compañero de viaje inesperado hará que cambie de rumbo. Los hombres de Juan siguen presos. El enemigo comienza a realizar ejecuciones. Águila Roja tiene que decidir si interviene en una misión suicida.

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