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No recomendado para menores de 12 años Águila Roja - T1 - Capítulo 11 - Ver ahora reproducir video 00.00 min
Transcripción completa

-¡Ah!

Es ella la que ha decidido marcharse.

Si me ha echado él con su actitud.

Mi cuñada es libre de hacer lo que quiera y con quien quiera.

-¡Ah! -¡Sangre!

-¿Qué va a ser sangre?

Es el tercer niño que dejamos morir.

(GRITA) Se nos está yendo de las manos.

Un buen amigo, el duque de Montemayor,...

...grande de España y rico como ninguno,...

...acaba de instalarse en la villa. He acordado con él iniciar...

...para el futuro enlace de su hija con Nuño.

Creo que no va a ser una buena idea que vuelva a casa.

-¿Quién estará haciendo esta escabechina?

No sé. Pero mientras no detengan al culpable, vigilaremos a los niños.

-¿Te pasa algo?

-Me quieren casar con la hija de un duque y no quiero.

¿Puedes tú perdonarme y olvidar el pasado?

-¡Soy es un desgraciado, madre, si no me caso por amor!

(REY) Son los principales nobles de la corte.

Mis asesinos están entre ellos. ¡Desenmascáralos!

Que regreso a Sevilla. -¿Pero por qué?

Que soy yo el que no le puede perdonar, Sátur.

¡Lo intento, pero no puedo!

-¡Primero se va mi madre y ahora te vas tú!

¿Es que he hecho algo malo?

-La Corona me envía a México y quiero que Nuño...

-¡Por favor, no quiero ir, no me obligue!

-Que el rencor es muy malo, que se pone aquí,...

...a la espalda. Y pesa como un zurrón con piedras.

-¿Por qué eres así de rara? -Estoy enferma.

Mi padre dice que tengo la sangre mala.

-¡Estoy seguro de que están utilizando la sangre como medicina!

No te vayas, por favor. No es sólo por Alonso, también es por mí

-¡Guardia! -¡Catalina!

¿Juan el asesino? Eso es imposible.

Pondría la mano en el fuego por él. Te quemarías.

-¡Soy inocente!

Griterío.

¡El asesino es el Duque! -¡Lo sabía!

¡Corra, que Alonso y la niña de la posadera han ido a ver a Nuño!

-¡Que alguien nos ayude, por favor!

-Hernán, ¿qué haces aquí? Era un alquimista buscando remedio.

(GRITANDO) -¡Corre!

Gritos.

-¿Habéis oído eso?

Su majestad me ha citado esta tarde a palacio.

-Todos los aquí presente saben...

-¡No! ¡No!

-¡Socorro! ¡Ayuda, por favor!

Grito de una niña.

-¡Nooo!

¡Chis!

Ya está, hijo. -¡Va a venir a por mí!

¡El chupasangre va a venir! No.

Aquí estás a salvo, estás a salvo. -¡Tengo mucho miedo!

¡Chis! (LLORA)

Ya está. Intenta dormir, hijo.

¿Qué le pasa? Tiene pesadillas.

-¡Tía Margarita, quédate conmigo, por favor!

Claro que sí.

¿Quieres que te cuente un cuento?

Vete tranquilo que, en un momento, nos hemos dormido.

Gracias.

Venga.

A ver...

Hace mucho tiempo... ¿A ti también te ha despertado?

-Es lo que tienen estos muros, que se oye todo.

Aquí pones a parir a alguien y se entera el barrio. ¿Cómo está?

Le va a costar superarlo.

-Normal. Y digo yo, amo...

Ya que se da la coyuntura de que es padre y héroe a la vez,...

...por qué no le pregunta sobre los detalles.

No. Tal y como está, no quiero hacerle pasar por eso.

-No, si yo lo entiendo. Porque yo lo quiero como si fuera mío pero...

Es que es el único que ha visto al asesino.

Que no, Sátur, ahora está demasiado nervioso, no.

Margarita sigue contando el cuento.

-¡Alonsillo! Perdone, Margarita.

Luego, cuando acabes con la tía, te cuento historias de mis viajes.

Como cuando estuve en los Países Bajos.

Que no sé muy bien por qué le llamaban así, el más bajito era yo.

Bueno, luego ya, eh... Que descanses.

Bueno, me voy a descansar.

(CUENTO) El anciano le dijo: "Para el futuro príncipe".

-¡Hermana! ¡Hermana, por Dios...!

¡A ver, hermana! ¿Cómo tengo que decirle que ahora es imposible?

La marquesa está reunida... -¡Es muy importante, mucho!

-¡Hermana! ¡Por favor, hermana! ¡Hermana, por Dios, no!

¡Virgen Santa! ¡Esta mujer es un no parar!

¡Señora, he intentado impedírselo, pero no he podido! ¡Lo siento!

¡Vaya, con la Iglesia hemos topado!

Hernán. Déjanos a solas.

¿Pasa algo?

Como quieras.

¿Qué hace aquí?

-Traigo malas noticias, señora marquesa.

Habla.

-Se ha escapado.

¿Cómo... cómo que se ha escapado?

¿Cuándo ha sido? -Hace una semana.

¿No puedes dormir?

-¿Cómo lo sabes?

Yo lo sé todo, ¿recuerdas?

¿Cómo estás? -Bien.

No puedo dormir, eso es todo. Ya.

Si quieres, podemos hablar.

-¡No, no, no! ¡No, no hace falta!

De verdad, no te preocupes por mí.

Además, seguro que tienes cosas más importantes que hacer.

Vas a atraparle, ¿verdad?

Te lo prometo.

-¡Fue horrible!

¡Y pasó todo tan rápido...!

¡Y encima estaba muerto de miedo!

Me acuerdo... Me acuerdo de la garra llena de sangre...

¡La jaula, el refugio...!

¿Dónde estaba ese refugio? -¡Si es que no me acuerdo!

Bueno...

Bueno, sí, sí que me acuerdo de una cosa.

Había... había un árbol partido por la mitad.

¿Algo más?

-¡No me acuerdo!

Ya me has ayudado mucho.

Y has sido muy valiente.

Cierra los ojos.

-¿Qué? Cierra los ojos.

Quiero que lleves esto.

Te protegerá.

-Gracias.

(MUJER ANGUSTIADA) ¡No! ¡Por favor, no!

¡Se han llevado a mi hijo! ¡Se han llevado a mi hijo, socorro!

Alonso, vuelve a casa. Allí estarás a salvo.

Ladridos. -¡No, no, no! ¡Mi hijo...!

Golpe.

Oh, oh...

-Buenos días, cariño.

Venga, te pongo ya el desayuno.

Venga, toma.

-Otra vez sopa de ajo.

Yo quiero pollo. -¿Pollo dice?

Con lo indigesto que es el pollo para desayunar.

Cómete la sopica que está calentica y entra bien al cuerpo.

Y te la tienes que comer toda porque ya sabes...

...la norma de la casa, ¿la ley del pobre?

-Reventar antes que sobre.

-Qué listo que es mi hijo.

Cómetela para que te vayas a la escuela.

Venga, hijo, que se te va a enfriar.

Murillo... ¡Murillo!

¡Murillo, hijo! Hijo, ¿qué te pasa?

¡Murillo! ¡Juan!

(SOLLOZA) Murillo, hijo, ¿qué te pasa?

¡Juan, Juan, ayúdame!

Ayúdame, Juan, por Dios, que se me desploma.

-Ven aquí. Tranquila. -¡Juan!

-Tranquila. -¡Cariño! ¡Murillo!

Murillo, hijo mío, hijo.

¡Hijo!

No es por nada, pero Montalvo se escribe con "B".

¡Ahí va!

Bueno... (SÁTUR RÍE)

¡Mira qué gracioso!

Has estado rápida, con mis alumnos funciona siempre.

Ya.

-Lo que tiene que hacer usted es remendarle... los calzones.

No sé qué hace que los tiene todo gastados por aquí...

...por la entrepierna.

¿Es verdad eso? No.

(SUSURRA) Sátur, ¿qué dices? -Que yo lo hago para ayudarle.

Haciendo campaña a su favor.

¿Eh?

-Vino a por mí.

Anoche vino a por mí.

Me estaba buscando.

¡Mató a otro niño, pero era a mí a quien quería!

-Hombre, no, no digas eso, no digas eso.

Anda que no hay niños por ahí para...

Quiero decir, que no se va a obcecar contigo habiendo...

...otros niños que...

Si es que no sé lo que digo, perdón.

Alonso, tranquilo, no te va a pasar nada.

-No es verdad. No te está buscando a ti.

-No es verdad.

No va a parar hasta que me encuentre.

¡No va a parar!

Alonso, escúchame.

No voy a dejar que nadie te haga daño, ¿me entiendes?

¡Nadie! Te lo prometo.

Y tarde o temprano cogerán a ese asesino...

...y pagará por lo que ha hecho.

Anda, ve a lavarte.

Vamos, ven.

¡Te juro que no voy a parar hasta que lo encuentre!

Te lo juro.

-Mira, ahí está. -Sí.

Ay, gracias a Dios, hijo mío, que estás vivo.

¡Gracias a Dios! -Vamos a ver.

¿Cómo estás, Murillo?

¿Te encuentras bien? -Ajá.

-¿Sí? Muy bien. Te voy a echar un vistazo, ¿vale?

Campanadas.

Bueno, está como un roble, ¿eh?

Ponte el chaleco, no cojas frío.

Catalina.

-¿Qué tiene, Juan?

-¿Cuánto hace que no come carne el chico?

-¿Cómo? -Mira, no te ofendas, ¿eh?

Pero el chico está mal alimentado.

Tiene que comer carne, verdura...

Cereales, pero sobre todo carne. -Ya.

-Catalina, ¿tenéis dinero?

-Sí, sí. Si...

Si lo que pasa es que el crío es muy poquico comiente y...

Pero, no te preocupes, que ya me encargo yo...

...de que coma más carne.

-Tienes razón, no hacen nada por nosotros.

-Claro que no,...

...al comisario no le importa lo que nos pase.

No hay derecho, doctor.

El asesino por ahí y pierden el tiempo deteniendo...

...a gente inocente.

Aquí el que tiene que cumplir es el comisario.

¿Qué está haciendo el comisario? Nada.

-Chis. (LOS CLIENTES DE LA TABERNA CALLAN)

¡Bebida y algo de comer!

-¿En vez de estar en la posada no debería estar usted trabajando?

-Pero ¿qué estás diciendo, mujer?

-¡Suéltame, Cipri, por favor!

Anoche se llevaron a otro niño, ¡¿y qué han hecho, eh?!

¡Nada! -Cállate, Inés, por Dios.

Discúlpela, está un poco nerviosa. -¡Tengo una niña de siete años!

¿Qué tengo que hacer?

¿Esperar sentada a que me la maten?

¿Has terminado?

-Sí. Entonces lárgate.

-Debería tomarse esto más en serio.

Y tú deberías mantener la boca cerrada.

Es suficiente, retírate.

Lucrecia.

Lucrecia, tienes que reunir a la logia,...

...la visita que esperábamos está en camino.

Encárgate tú, Hernán.

Tenemos que actuar con prisa, el rey sospecha...

...y eso va a ser peligroso. Nuestros hombres están esperando.

En cuanto reunáis el dinero actuarán.

Son muchos los que quieren ver el fin de los Austrias.

Lo sé.

Extraña visita la de anoche. ¿Qué quería la monja?

Lo que quieren todas. Dinero.

Dinero. Hernán, necesito estar sola.

Por supuesto.

-Señora.

Sí.

-Señora, no querría importunarla, pero...

Pero quería decirle...

Bueno, mejor, querría pedirle,...

...si fuera posible...

¿Quieres soltarlo de una vez, Catalina?

-Sí, señora.

Que este mes...

...aún no he recibido mi sueldo.

Y si fuera por mí no se lo pediría,...

...pero tengo que alimentar a mi hijo.

No sabe lo enfermo que está y lo mal que lo estamos pasando.

En el pueblo hay mucha escasez de alimentos y...

Bueno, si usted pudiera yo le agradecería...

¿Te cuento yo a ti mis problemas, Catalina?

-Le pido mil perdones, señora.

Ya.

No tienes para comer,..

...pero para caprichitos sí que te queda, ¿no?

-No, señora. Esta medalla era de mi abuela,...

...me le dejó en su lecho de muerte.

¿Me vas a responder? -No, señora, nunca me atrevería.

Retírate. Llévatelo.

(EL PERRO GIME)

Ladridos.

-Venía a despedirme, señora marquesa,...

...me vuelvo al convento.

Todavía no me lo explico.

¿Cómo es posible que se haya escapado?

Durante todo este tiempo les he pagado...

...para que le cuidasen y le protegiesen...

...y, sobre todo, para que estuviese vigilado.

-Señora marquesa, yo le aseguro... ¡Reza!

Reza todo lo que sepas para que aparezca con vida.

Porque de lo contrario, desearás no haber nacido.

¡Simón! ¿Dónde estás?

Maullidos.

Ah, estás ahí.

(MAÚLLA) Deja al gato y vámonos.

Maullidos y campanadas.

-Lucrecia, hija, ¿adónde vais?

Padre, vamos a la iglesia Simón y yo.

Maullidos. -No tardéis.

¡Descuida, padre!

Simón, haz caso a tu hermana...

¡Ah...!

-No quería hacerlo. ¡Ah...!

Alboroto.

¡Ah...!

Mañana seguiremos con la batalla de Lepanto.

Por cierto, allí perdió la mano uno de nuestros más ilustres autores.

-Si no tiene mano, no sé yo qué va a escribir.

Risas.

Pues ni más ni menos que "El Quijote", Gabi.

Ni más ni menos. Así que la próxima vez,...

...espero que te lo pienses antes de burlarte de alguien.

Venga, chicos. Hemos terminado.

Todos a casa a descansar y a estudiar.

-No tengas miedo. Si el asesino vuelve, te protegeré.

-Y yo.

Sátur.

Debemos ir al bosque a buscar el árbol partido.

-Hombre, convendrá conmigo que como pista no es la panacea.

Anda que no hay árboles. Ya lo sé.

Pero es la única que tenemos.

Tú busca por la zona de la colina y yo por el río.

¿De acuerdo? -¿Y... si vamos juntos?

Yo es que soy muy despistado.

Igual me pierdo. Anda, Sátur, tira.

Gonzalo. Margarita.

Me he traído trabajo para casa, así estamos los dos con Alonso.

Yo no voy a poder. Tengo un asunto del que ocuparme.

¿Podrías acompañarle a casa? Sí, pero estando así Alonso,...

...¿no podrías encargarte de ese asunto otro día?

Es importante.

Bueno. Venga. Gracias.

Alonso,...

...¿qué te parece si esta noche jugamos tú y yo a las cartas?

-Te voy a ganar. Eso ya lo veremos.

¿Estás más tranquilo? -Sí.

Bueno. Estás siendo muy valiente, ¿eh?

-Alonso de Montalvo y Matilde Torres, están arrestados.

¿Cómo? ¡No! -¡Vamos, vamos!

-¡Alonso, Alonso! ¡Soltadlos, soltadlos!

Soltadlos, que no han hecho nada. ¡Déjame!

Bueno, bueno, bueno. Un poco de educación.

Son sólo niños. ¿Qué quieres de ellos?

¿Dónde los llevas? Sólo cumplo con mi deber.

Ah...

-Tenga. Me lo quedo.

-¡Pan recién hecho!

-Buenas...

Que... Mire, que tengo unas cosas que...

Que igual le pueden interesar.

Mire los zapatos, están nuevos, ¿eh?

Oiga, no... No se vaya.

Le dejo la camisa y los zapatos por el mismo precio.

-No son más que baratijas. -Por Dios, no se vaya.

¿Cuánto me puede dar por la medalla?

-Pero, Catalina...

Estos zapatos son de Floro y la camisa...

Cómo sois las mujeres. Cuando os da por hacer limpieza,...

...sois como Atila, arrasáis con todo.

Seguro que sus cosas no las tira aunque sean del año la Tana,...

...pero las del marido...

-Bueno, ¿me vende la medalla?

-Catalina,...

...¿qué estás haciendo?

-Sátur, por Dios, no me lo pongas más difícil.

-Señora, ¿se decide o qué?

-Un poco de respeto, hombre.

No ve que... que la medallita era de su abuela.

¿Usted qué pasa? ¿Que no tiene abuela o cómo es la cosa?

-Sátur, ¡¿has visto lo que has hecho?!

(LLORANDO) Que necesito el dinero, Sátur.

Que mi hijo no tiene qué comer...

-Mujer, pues si tanta necesidad tienes,...

...pide prestado a los amigos que para eso están.

-Ya le he pedido a Gonzalo y a Cipri. No puedo pedirles más.

-Bueno, pues esta no es la solución, Catalina.

Cuando no te queden cosas para vender, ¿qué vas a hacer?

¿Vender tu cuerpo?

-Pues si hace falta, sí.

Yo por mi hijo hago lo que sea. ¡¿Te enteras?! ¡Lo que sea!

Que Murillo está desnutrido...

...y tiene que comer carne.

¿Y de dónde saco yo la carne, Sátur? ¿De dónde la saco?

(CATALINA SOLLOZA)

-¡Venga!

Latigazos y gritos.

Como podéis observar, aquí encerramos a la gente mala.

A la gente mala y a los que mienten.

Por eso, precisamente, os he traído hasta aquí.

-Nosotros no sabemos nada.

Seguro que podríais decirme cómo era o dónde os encerró.

Tienes cara de valiente. De mayor podrías ser el comisario.

-Yo no quiero ser el comisario, yo quiero ser Águila Roja.

-No sabemos nada, se lo juro.

Era de noche y no se veía. Déjenos marchar.

Lo que os gustaría es estar en la calle jugando...

...con vuestros amigos, ¿verdad?

Pues cuanto antes me ayudéis, antes podréis marcharos.

Latigazos.

-¿Dónde estará esto?

Claro, como si fuera tan fácil.

Un invento...

Hala, venga, encontrar un árbol partido. Ja.

Si... Si es que además no sé dónde estoy. No sé.

No sé dónde estoy.

Si el sol sale por Antequera y Antequera está en el sur,...

...yo estoy...

Aleteos y graznidos.

Yo estoy...

¿Dónde cojones estoy yo?

Pasos. ¡¿Quién anda ahí?!

Cuidado conmigo. Ay...

Cuidado conmigo que soy el Águila Roja.

¡Ah...!

Ya está bien, amo, que un día me deja seco en el sitio.

Además, ¿no dijo que iría a la zona del río?

De allí vengo. ¿Has visto algo?

-He mirado todos los árboles, uno por uno y...

Y digo yo, ¿no se habrá liado Alonsillo?

En lugar de un árbol partido era... era un oído.

No. De momento, es la única pista que tenemos.

Así que habrá que asegurarse.

-No, yo se lo decía por...

Que está muy bien, que yo soy su siervo,...

...pero es que echo muchas horas.

Y yo tengo mi vida, y mis cosillas, ¿me entiende?

¿Adónde tienes que ir? -¿Eh?

Esto... Nada que...

Tengo que ayudar a una dama.

Ya.

Tú tienes que ayudar a una dama,...

...la dama te tiene que ayudar a ti y...

Anda, márchate. Ya buscaré yo el árbol.

-Muy bien.

Vosotros sabéis que no colaborar con la autoridad es un delito, ¿no?

-¿Quiere sus herramientas, comisario?

Pero ¿no ves que son sólo unos niños?

Aún no.

Si no me ayudáis a coger al asesino,...

...muchos niños morirán y todo será por vuestra culpa.

-Ya le hemos dicho que no recordamos nada.

Os escapasteis una vez, pero puedo volver a por vosotros.

¡Puedo volver a por ti!

Y entonces no lograrás escapar.

-Había un árbol...

Junto al refugio había un árbol partido.

Un árbol, ¿eh?

¿Recuerdas algo más? -No, se lo juro.

Está bien.

Podéis marcharos.

¿Qué les has hecho?

Sólo mi trabajo. Buen día, señora.

(RECUERDA LAS PALABRAS DE ALONSO) -Hay un árbol partido por la mitad.

Silbido del viento.

(NERVIOSA) ¡Si está temblando...!

¡Y sudando! ¡Es que tiene el corazón acelerao!

Yo creo... ¡Que hasta tiene fiebre!

-Que no, tía, que estoy bien. Sí, estás bien...

-Ábrele un poco la camisa.

Si ese tembleque que le ha entrao al pobrecito mío en el calabozo...

-Eso es porque hacía mucho frío.

-Claro, normal. En los calabozos siempre hace frío.

(JUAN RÍE)

Yo creo que está destemplao. Lleva días que no pega ojo.

-Bueno, no te preocupes, eh. Te voy a dar unas hierbas.

Y sobre todo, tienes que estar tranquilo.

Porque ni tu tía ni tu padre van a dejar que te ocurra nada malo.

¿Vale, valiente?

Así que, a partir de ahora, te quiero ver si miedo.

¿Cómo estás? -Bien.

-¿Sin miedo? ¡Ven aquí!

¿Estás bien, mi amor? ¿Sí? Espera un momentito.

¿Cómo le ves? -Bien. No te preocupes.

Mira. Hazle esta infusión. Va a dormir mejor.

Que se distraiga mucho. Muchas gracias.

Dime qué te debo. -No, no me debes nada.

Es lo mínimo que puedo hacer por cómo te has portado conmigo.

Eres la única persona que confió en mí, cuando me creían un asesino.

Bueno, eso es porque no te conocen.

(INCÓMODA) Eh... será mejor que nos vayamos.

Alonso, que no se juega con eso. ¡Venga, vamos!

-Cualquier cosa que necesites, ya sabes dónde estoy.

Gracias.

-¡Sátur, que no deberíamos estar aquí!

¡Ya tendría que estar en palacio! -¡Mira, mira, mira, mira!

¡Un conejo!

¡Y otro!

¡Hay que joderse!

¡Con la de hambre que hay y esto lleno de animales!

-Ya. Y todo lo que quieras. Pero las malas ideas siempre salen mal.

-Que no, mujer, que no. Piensa que hacemos un reparto más equitativo.

Aquí hay demasiados conejos y en el pueblo demasiada hambre.

Es cuestión de justicia, Catalina.

Alguien resolla.

Venía buscando un asesino y me encuentro un pajarraco.

Ahora lo importante es capturar a ese asesino.

¿Y para darme el placer de matarte? No, gracias.

Grito.

Lamentos del comisario.

-¡Sátur! -¿Qué?

-¡Que esto que estamos haciendo es muy serio!

¡Que por robar aquí nos pueden mandar azotar!

¡Y a galeras! ¡Y hasta pena de muerte!

-Bueno, tampoco nos pongamos en lo peor, eh.

Además, tú quieres que tu hijo coma carne, ¿no?

Pues ya está. -Ya, pero cogemos sólo un conejo.

-A ver, Catalina, una cosa que me quede clara.

tú y yo nos estamos jugando la vida por entrar aquí.

¿Y tu plan es coger sólo un conejo?

-¡Coño! ¡Plan no tengo!

Para que coma mi hijo, con un conejo me sobra.

-Pero si tú misma lo has dicho.

Qué más da coger uno o diez, si nos van a mandar a galeras.

Además, ya que estamos, apañamos el mes.

-¡Mira, mira, mira, mira! ¡Un conejo!

(SUSURRANDO) ¡Cógelo, cógelo, cógelo, cógelo!

-Catalina... Catalina, que esto no va así.

No es llegar y coger el conejo. -¿Ah, no?

-Hay que colocar la trampa...

¡Hay que esperar a que los animalicos se asomen!

Una hora, dos horas, ¡las que sean! -¡Por Dios, no me digas eso!

Que en Palacio he dicho que iba al excusado y volvía.

-Las que sean.

-¡Ay, Virgen del amor hermoso, que Dios nos pille confesaos!

Sátur, como nos pillen... ¡nos estamos jugando la vida!

Aullido.

Aullidos.

Aullido.

(GRUÑE Y RESOLLA)

El asesino resolla.

Alarido.

(CON VOZ RONCA) -Hermana... ¿eres tú?

¡Sí!

¡Soy yo... Simón!

Silbido.

¡Sátur, Sátur! ¡Que ya estoy de vuelta!

¿Qué tal te ha ido? -Pues mire, otro más.

Y llevamos 15 en dos horas.

¡Esto es el paraíso, Catalina! Voy a venir aquí todas las semanas.

Además, que por fin creo que he encontrado mi vocación.

-¿Pero...?

Vamos a ver, Sátur. ¿Tú es que no es escuchas?

¡Ay...!

Venga, vamos a recoger esto y vámonos,...

...que no sé si cabrán todos ahí.

-Tranquila, mujer, que he traído más zurrones.

Soy un hombre precavido. Sí.

-¡Venga!

-Catalina, ¿este conejo tan raro nos sentará bien?

-¡Ay! ¡Ay, Dios mío! -¿Qué pasa?

-¡Ay, Dios mío! -¿Qué pasa?

-¡Ay, que es el perro de la marquesa, Sátur!

¡Mira la medalla!

¡Ay, Dios mío, Sátur!

¡Ay, que me has matado al perro de la marquesa, Sátur!

-Yo no quería hacerlo, pero no puedo evitarlo.

Lucrecia...

Lucrecia, por favor,...

...por favor, mátame. ¡Lucrecia, mátame!

(LLORA) Mátame, por favor.

(LUCRECIA LLORA)

-¡Señor de Balboa, es usted!

¡Oh!

Canto del gallo.

Buenos días, Sátur. -Buenos días, amo.

Campanadas.

¿Qué tal anoche? (SUSPIRA) Oh.

-¿Descubrió algo?

Nada, estuve buscando por toda la villa...

...y por el bosque, pero ni rastro.

-Bueno...

¿Otra noche sin pegar ojo? Mira qué cara trae.

Venga, a desayunar. -He vuelto a soñar con él.

Venía a medianoche a mi habitación y me atacaba.

Alonso, cariño, tranquilo.

Porque no vamos a dejar que nadie te haga daño, ¿eh?

-Ya. ¿Y cómo lo vas a impedir, eh?

Es muy listo, no lo para nadie ni siquiera el Águila Roja.

Alonso, hijo. -Ten fe.

Te fe que... el Águila está ahí, está... en ello.

Vamos, digo yo.

Porque él se dedica a eso, el aguilucho ese, ¿no?

Venga. Toma un poco de caldo,...

...que me ha salido para chuparse los dedos.

-¿Agua caliente? -Ya estamos.

Esta vez te ha salido riquísimo, Sátur.

-Porque está hecha con... con mucho cariño.

A mí me sabe como a conejo.

-¡A conejo!

Lo que es el hambre, no hay como querer creer.

-¿Se puede? Sí, sí, claro.

Qué sorpresa, ¿qué te trae por aquí?

-Venía a ver cómo estaba Alonso...

...porque ayer en el reconocimiento le vi algo nervioso.

¿A que... ayer le visitaste?

Eh... Sí. Es que no te había dicho nada.

Llevé a Alonso para que lo viese el médico.

Y fue muy amable con nosotros.

Pues muchas gracias. -De nada.

Mira, he traído valeriana. Seguro que le sienta bien.

Gracias.

-Sí, gracias.

Bueno, pues habrá que ir a trabajar, digo yo,...

...que habrá enfermos que atender, digo yo, ¿no?

Sí. Yo... me voy que llego tarde a palacio.

Alonso, cariño, ¿has terminado?

Vamos, que te acompaño a la escuela.

-Os acompaño.

Adiós.

-Adiós. Adiós.

¿Ha visto usted eso, amo?

¡¿Ha visto eso?!

¿Si he visto el qué, Sátur?

-El doctorcito ese que es muy listo.

Que ha cogido al crío como anzuelo y está ahí como un pescador.

¿Y qué hace un pescador?

Chis. No. ¿Y qué hace un pescador?

¡Pues pescar!

¿Y?

Margarita ya es mayor, puede hacer lo que quiera.

-La va a poner mirando para Constantinopla.

Para Constantinopla la va a poner. Sí, sí.

(CATA SUSURRA) ¿Qué ha pasado?

(SUSURRA) Ha dicho la marquesa que esperemos aquí.

Por lo visto han cazado a un furtivo en su coto...

...y... ha matado a su perro.

¿Y a ti qué te pasa?

Lucrecia, es un asesino muy peligroso,...

...debes tener cuidado con él.

Sí, lo tendré.

He estado a punto de cogerle, incluso llegué a herirle.

¿Le viste la cara? ¿Sabes quién es?

No, no se la vi, pero estoy seguro que es...

...un asesino muy peligroso y puede estar cerca.

Debes tener cuidado con Nuño.

Ay, Hernán, no te preocupes tanto de Nuño.

Preocúpate más de que tus hombres vigilen mejor mi coto.

Extremaré la vigilancia, no volverá a pasar.

Como sabéis hemos capturado al furtivo,...

...estaba cazando en mi coto y que ha acabado...

...con la vida de de mi perro. Traed al furtivo.

Quiero que todos sepan quién es ese descastado.

-Señora, señora, yo... ¡Catalina, basta ya!

-Tenga piedad, yo no maté a su perro.

Que le azoten.

-¡Ah!

¡Aaah!

¡Aaah!

¡Ah!

Espero que esto os sirva de escarmiento.

Os lo advierto,...

...como aparezca otro...

...será castigado con la pena de muerte.

-¡Aaah!

¡Ah, ah!

¡Lleváoslo de aquí,...

...no quiero manchas de sangre en mi jardín!

-Ah...

¡Esperad!

-Mesero. -Muy profesional, mucho.

-¡Agua va! -Seguro que va...

...todas las mañanas casa por casa visitando a sus pacientes...

...sobre todo si hay cuñadas solteras.

Sátur, no empieces, ¿eh? -Bueno, si tiene usted razón,...

...que parece muy de fiar; pero yo se lo advierto,...

...cuando se quiera dar cuenta ese le tiene sentado comiendo...

...en su silla y... acostando a su hijo por las noches.

(GRITA) ¡Amo!

¿Que se le ha aparecido la Virgen?

Mira esto.

¿Qué ves?

-Un niño y... una chica de la mano, muy bucólico.

¡Sátur!

¿No ves la iglesia?

-Hombre, sí, verla sí la veo,...

...pero... ¿qué es lo que quiere que vea exactamente?

Pues que es esta misma iglesia.

Sólo que hace 15 años en vez de la Virgen estaba San Felipe.

Una noche de San Juan el santo se quemó y por eso lo cambiaron.

-Ahora que lo dice, pues sí, sí, sí.

Este dibujo tiene más de 15 años.

Es imposible que lo haya dibujado un niño de ahora.

-¿Entonces?

Lo ha tenido que pintar el propio asesino.

-Pardiez.

El niño que hay dibujado tiene que ser el asesino.

-Es usted mi ídolo, amo, ¡mi ídolo!

A ver, una pregunta, entonces la chica quién es.

Eso es lo que tenemos que averiguar, Sátur.

¿Cómo estás?

¿No estás cansado?

-Pensé que no volverías.

Te dije que cuidaría de ti.

-Porque tampoco volviste al convento.

Me dejaste solo,...

...encerrado.

Esperé durante años, hermana.

Simón, entiéndelo,...

...estabas mejor con las monjas que en la calle.

...y mira lo que has hecho en cuanto has salido.

-Nunca volviste.

Simón...

Ahora estamos juntos.

(SIMÓN GRUÑE)

¿Quieres un poco de comida?

¿Sí? -No. ¡No quiero comida!

¡Quiero otra cosa!

¡Tráeme un niño!

-Ay, ay... Así.

-¿Qué haces? -¡Ah!

¿Que qué hago?

-Sí. -Pues nada, estoy ahí con...

Vamos, que se me ha quedado la misma cara...

...que se te ha quedado a ti cuando he visto los conejos.

-Sí. -Sí. Y me he dicho,...

...pues mira, voy a recogerlos y a devolvérselos a su dueño.

Que toda esta gente tendrá dueño, sí, dueño, dueño.

-Si están muertos. -Claro, que en paz descansen.

¿Tú no tienes deberes que hacer? -Sí.

Tú lo que quieres es que me vaya. -Quiero que te vayas.

Vamos, a hacer los deberes, a formarse.

Venga. -Te voy a pillar.

-Sí, vamos, vamos, vamos.

(SÁTUR RÍE)

Demonio de crío.

Qué listo es el jodío, qué...

Siempre está ahí husmeando. (SÁTUR RÍE)

-¡Sátur! -¡Ah!

-Tenemos que hablar inmediatamente. -Chis.

Déjame a mí, Catalina, que no te lo vas a creer.

He hablado con el mercader y me da 30 maravedíes por conejo.

¿Tú sabes lo que eso significa? Pues...

Pues una montaña de maravedíes.

-Sátur, esto se ha terminado. -¿Qué?

-Que la marquesa ha matado a un inocente por nuestra culpa.

Por matar a su perro.

-¿Matar...? ¿Cómo matar?

-Que lo ha matado, Sátur.

-Joder...

Hay que deshacerse de esto antes de que sospeche.

-No, Sátur, hay que quemarlo y se acabó.

(AMBOS DISCUTEN) ¿Se acabó el qué?

-Se acabó el... -El...

-Sí, que se acabó el... el...

El tener que lavarme todos los días, hombre.

Se acabó. Que sale uno a la calle...

...y vuelve a coger un olor a sucio que no hay quien pare.

-Es que te huele muy fuerte el sudor, Sátur.

Se te queda así retestinado, no...

Ya.

Sátur, ¿no habrás visto mi zurrón? -¿El zurrón?

¿Qué... qué zurrón? El que me hizo Margarita.

Estaba ahí en el estante.

-Bueno, me llevo este, este, este...

Y este también, qué coño.

Más vale que sobre que no que falte.

-No, yo no...

Vamos, que a mí no... No sé... No...

Me lo habré dejado en la escuela. -Sí.

-Que te llevaste el zurrón.

-Está en palacio.

-¿Cómo?

-El zurrón que... Que está en el coto de la marquesa.

Que... que se me debió de caer anoche...

-Allí no volvemos, está lleno de guardias.

Si se ha perdido el zurrón, ¿qué le vamos a hacer?

Todo lo malo que pase sea eso.

-Creo que no te lo he explicado bien.

(RESOPLA) El zurrón tiene bordado...

...el nombre de Gonzalo que se lo cosió Margarita.

-¡¿Qué?! -Que el zurrón tiene bordado...

-¡¡¡Que ya lo sé!!!

Si es que... Te daba así...

Que no sé... -¡Ah!

-Que como dejes a mi hijo huérfano, te mato.

-Chis...

¿Qué ha pasado aquí? -El perro nos ha traído hasta aquí.

¿Alguna pista?

-Hemos encontrado algo que puede interesarle.

Sigamos el rastro de sangre. A ver adónde nos lleva.

-¡Ah!

¿Quién eres? ¿Y por qué estás aquí?

-Acércate.

Quiero verte bien.

-¿Quién eres?

-¡No te vayas! Tengo una cosa para ti.

Mira, ven.

Es para ti.

-Me cago en la leche, si tenía que estar por aquí.

¿Pasamos o no por aquí?

-Y yo qué sé si pasamos.

A mí todos los sitios me parece igual.

Me da que no vamos a encontrarlo.

Ladridos. -A ver.

Va en dirección al río. -Sátur.

Ladridos. ¡Los guardias!

-Me cago en todo. El árbol... ¡Corre, al árbol!

Ven, Catalina, yo te ayudo.

Vamos, mujer. Ven aquí. -Ay, Sátur.

-Venga.

¡Arriba! -Ay...

Ladridos. -Vamos, Catalina.

-Vosotros tres, venid conmigo.

Por aquí parece que hay huellas.

-Señor, aquí hay algo. -Es un zurrón.

-Vamos.

Es sangre.

El dibujo está hecho con la sangre de las víctimas.

-Ya.

Verá, no es que no me interese, pero...

Ahora que estamos a solas, quisiera hablarle de algo.

Dime.

-Esto...

Es que es un tema un tanto delicado.

No sé por dónde empezar...

Me estás empezando a asustar, Sátur.

-Pues eso... eso... que ni siquiera he empezado.

-¡Gonzalo! -¡¡¡Ah!!!

Joder, que no me acostumbro a las apariciones de este hombre.

-Ha llegado a la villa Felipe de Borbón.

¿Debería saber quién es?

-Es un noble de la casa de los Borbones.

Dicen que si muriese nuestro rey, él ocuparía su lugar.

No sé a vosotros, pero a mí me parece muy raro.

-A lo mejor... está de visita.

Porque los franceses son muy de viajar.

Que por mucho que digan, aquí... en España,...

...se come mucho mejor que en Francia.

(RÍE) Eso se lo digo yo.

-Hay que estar atentos y averiguar qué hace aquí.

Sospecho que algo muy grave puede pasar.

No se preocupes.

En cuanto coja al asesino de niños, me encargaré de Felipe.

-Ten cuidado, ¿eh? Podría ser muy peligroso.

No te preocupes.

Venga, fuera.

-Gabi. -¿Qué?

-Ve con mucho ojo que tú eres un vivalavirgen...

...y no está el horno para bollos. -Que sí, Saturno.

-La chaqueta. Gabi.

Y acuérdate de hacer los deberes.

-Que sí. -¡Los deberes!

-¡Que vale! -Ponte la...

La chaqueta. Venga.

Alonso, hijo, ¿qué tal?

¿Cómo estás? -Bien, de verdad.

¿Seguro? -Sí.

Ahora vendrá la tía Margarita y te irás con ella a casa.

Yo cuando recoja esto, voy. -Adiós.

-Ahí están los tortolitos.

Eh...

Ahora que estamos a solas.

Me gustaría decirle algo.

¿Te me vas a declarar, Sátur?

-Eso es lo que más me gusta de usted. Su sentido del humor.

Es usted muy magnánimo...

Es el mismo dibujo.

-Ay, Dios mío.

¿Y cómo ha llegado hasta aquí?

Porque uno de los niños está en contacto con el asesino.

-Te he traído lo que me pediste. -Acércate.

-¿Por qué estás aquí?

-No lo sabes.

¿A ti te gusta la vida?

-Me estás haciendo daño. -Porque a mí no.

-¡Ah...! ¡Que me sueltes! ¡Que me sueltes! ¡Quita!

¡Margarita!

¿Dónde están los demás?

Murillo, Gabi... -Gabi.

No sé. Estarán en sus casas. -¿Qué pasa?

Nada. Alonso, de quién es este dibujo.

-Es de Nuño.

-¡Que me sueltes digo! ¡Suéltame!

¡Suéltalo, Simón!

Suéltalo.

Mírame a los ojos, ¡mírame!

Ya está.

Id a casa. ¡Sátur! ¡Es Lucrecia!

La cuchillería es la cuchillería de su padre.

-Voy con usted, amo. No, quédate con ellos.

-¡Por favor, por favor, madre! ¡Nuño, corre! ¡Obedece!

-Perdóname.

(GRITANDO) ¡Nuño!

¡Nuño!

¿Dónde está la marquesa? ¿Dónde? -No lo sé.

¿Qué ha pasado, qué pasa? ¡Tiene a Nuño!

¡El asesino tiene a Nuño!

¡Vamos, vamos!

-¡Por favor, no me hagas daño!

-Yo no quería esto.

(GRUÑE) ¡Suéltalo!

-No te acerques o lo mato.

Deja que el niño se vaya.

Disparo.

¡Nuño...!

¡Hijo mío!

¡Nuño! ¿Estás bien?

¡Menos mal que el comisario ha cazado al asesino, eh!

¡Mira qué buena cara tiene!

Como se nota que has dormido, eh.

-Sí, pero... tengo que dormir un par de horitas más.

Yo creo que hoy no debería ir a la escuela.

Muy bien. Pues no vayas. -Vale.

No. Buen intento, pero no cuela.

¡Niño, deja ya de picar, que pareces una gallina!

-Es que tengo hambre.

Además, el Águila Roja me ha dicho que coma mucho para estar fuerte.

Así podré ayudarle a cazar a los malos.

¿Ah, sí, eso te ha dicho?

Por cierto...

¿Esto... esto es tuyo?

-Sí.

¿Seguro?

Sí que te llevas bien con él, ¿no?

-Amo.

Esto... ¿tiene un minuto?

Sí.

¡Catalina!

-Gonzalo, yo, ante todo, quería pedirte perdón.

¡Lo siento mucho! ¿Pedirme perdón, por qué?

-¿Es que aún no se lo has dicho...?

-Es que... como no encontraba el momento.

Pues, parece que ya lo has encontrado. ¿A ver?

¿Decirme qué? -Eh...

Esto... bueno, la cosa es que...

Que yo, señor, le cogí el zurrón. Este que tiene bordado su nombre...

Y nos fuimos a cazar al coto de la marquesa.

Y el azar quiso que yo perdiese el zurrón...

Y lo encontraran los guardas.

¿Pero cómo se te ocurre? -¡La culpa es mía!

¡Eso está prohibido!

-¡Ha sido mía la culpa, que estaba desesperada!

¡Mi hijo tenía que comer carne y no sabía cómo!

-¡Paso a la guardia!

-¡Ay, Gonzalo, que vienen a por ti, que vienen a llevarte preso!

-Que no cunda el pánico.

Están trayendo el cuerpo del chupasangre pa colgarlo.

¿Pero por qué no me has dicho nada?

-¡Porque me daba vergüenza, Gonzalo!

Pero no te preocupes, hablo con la marquesa y le digo que fui yo.

No, no, no. Lo último que necesita Murillo es que te despidan.

A partir de ahora, ya me encargo yo de que no le falte comida.

¿De acuerdo?

-¡Pero qué bueno es usted, señor!

Mire... ¡se me han puesto los pelos como escarpias!

Ya. Tú y yo luego hablamos.

-Sí, sí.

Zumbido de insectos.

El pueblo quería la cabeza del asesino y se la he dado.

Así sabrán a quién respetar.

Campanadas.

-¡No, no! ¡Dejadme!

Van a cuidar muy bien de ti. Ya lo verás.

-¿Por qué, hermana? ¿Por qué no me quieres?

Tengo que hacerlo, Simón.

Si el marqués sabe que existes, jamás se casará conmigo, jamás.

No te puedo dejar solo, ¿lo entiendes?

-¿Por qué? ¡Dejadme!

¡Cuando sea rica, iré a buscarte! ¡Te lo prometo, te lo prometo!

-¡No me dejes solo! ¡No me dejes, por favor...!

¡Por favor! ¡No, hermana! ¡No!

¡No...!

¡Este malnacido casi mata a mi hijo!

No sabía lo que hacía.

Estaba enfermo.

Siempre lo estuvo.

¿Sabes quién es?

¡Yo no quería...!

Lo sé.

Lucrecia. Todos nos equivocamos.

Sí.

Y tú lo deberías saber mejor que nadie.

Por esta vez lo voy a dejar pasar.

Pero si vuelves a cazar en mi propiedad, lo pagarás.

Buenas.

No quiero molestar. -No, no molestas.

Lo he hecho yo.

Es para agradecerte lo bueno que has sido con Alonso.

-Muchísimas gracias.

¿Lo dejo por aquí?

¡Ay... lo siento! -Tranquila.

Majestad, le esperábamos.

Estoy a su entera disposición.

Balboa es el único que puede llevarme al asesino de mi mujer.

-Estás enamorada de otra persona. ¡Esto es un ultraje!

-Es el trato que merece una traidora.

¡Yo no comparto a mi mujer ni con el rey!

(ALONSO) Este año voy a ganar la competición de arco por ella.

Te lo prometo, madre.

-Por el que pronto será el nuevo rey de las Españas.

Margarita, haz lo que sientas.

-¿Crees que te va a querer algún día como te quiero ahora?

¿Dónde han llevado a Balboa?

-A un laberinto oscuro cuya llave tiene el rey.

-¡Como la hembra española no hay ninguna!

-¡So guarro!

-¡Aaah!

-¡Madre, madre!

-¡Soltadme!

Grito.

Risas.

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  • T1 - Capítulo 11

Águila Roja - T1 - Capítulo 11

07 may 2009

El asesino de niños sigue suelto y la ciudad vive con miedo. El Comisario y Águila Roja buscan al culpable. Mientras, la conjura contra el Rey continúa. La Logia, junto a la Marquesa, rinde culto al que será el nuevo monarca, Felipe de Valois.

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