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No recomendado para menores de 12 años Aguila Roja. Cap.30 (14/10/10)
Transcripción completa

Víctor ha muerto.

-Pues muerto el perro, se acabó la rabia.

Quieren quitármelo todo. Mi palacio, mis tierras, todo.

-Está claro es que esta chica ha sido brutalmente asesinada.

Tengo que encontrar al asesino.

Mi esposo dejó al niño como propietario.

Hasta que no sea mayor de edad, la familia Santillana...

...será la heredera.

-Deseo que Irene entre en la corte como dama de compañía de la reina.

-Procuraré que no interfiera en sus obligaciones matrimoniales.

-Seguramente esta muchacha era prostituta.

Está muerta. -¿Por qué les pasa a las mismas?

¿Y este revuelo por culpa de una fulana?

-Nos van a matar a todas.

Mi difunto esposo dispuso que nos quedásemos...

...en ese palacio. Se está faltando a su deseo...

-No te atrevas a nombrar a mi hijo. Has mancillado su memoria...

...por todas las alcobas de la villa.

-¡No, no! -¡Ah!

¿Pero qué has hecho, desgraciado?

Nuestra boda es en San Isidro y así va a ser.

-Todo lo que tienes es mío y como mío quiero disfrutarlo.

-Entonces, entré en casa y estaba llena de flores.

Y tía Margarita andaba arriba y abajo nerviosa.

Hacía tiempo que no la veía reír así.

Soy la marquesa de Santillana y merezco un respeto.

Ten por seguro que no viviré en esta pocilga.

-No hay nada como recoger lo que uno siembra.

-Eso significa que nos quedamos sin trabajo.

-¿Tú qué crees? Que estás loco.

No voy a consentir que el niño y tú viváis así.

Ahora tengo una posición, tengo tierras, tengo dinero.

Me insultas, Hernán. (LEE) -Antiguas leyendas...

Busca en la guarida cualquier mapa de la zona donde apareció la chica.

-¡Nooo!

-Me haces daño, suéltame. -Siempre te he tenido...

...por un blando de narices y resulta que eres un degenerado.

¡Te aplastaba la cabeza con...!

¿Por qué no te has ido?

-A los muertos de hambre sólo nos queda el sentido del deber.

¿Dónde para Margarita?

¿No venía contigo? -¿No le habrá pasado algo?

El único camino, entre Horcajo y palacio, pasa por las grutas.

¡Soltadme!

-Sea quién sea, ese asesino, va a seguir matando.

Pues está muerto y en tu cama.

Se ha muerto solo.

(RELINCHA EL CABALLO)

-Bienvenida. ¡Ah!

-Este ya no chupa más, amo.

-Tiempo.

Eh, jarrón. -No.

¿Yo?

¡Una mujer! -Muy bien, muy bien.

-Pechos.

Pechos...

Pechos colgando.

¡Una vaca!

-Por ahí, por ahí, por ahí.

-¿Una cama? -Sí.

¿Qué haces, Sátur? -Una cama, eh...

¡Alguien tumbado al lado de una mujer!

-También, claro.

Eh...

-No, no sé lo que es.

No sé lo que es. -Si es muy fácil.

Además a ti te encanta. ¡Sátur! Ya está bien...

...de hacer porquerías delante del niño.

-¿Qué porquerías? ¿A no?

-¡Tiempo!

-¿Qué es? -La Navidad.

Vamos a ver, la Virgen María, las ubres de la vaca,...

...el pesebre y la zambomba.

La zambomba. -La zambomba, sí, ¿qué, si no?

Sí, sí.

-Amo, ¿qué es esto?

Una zambomba. -¿Lo ve?

¿Qué creía usted que era? Nada.

-Calle, calle, ¿que usted estaba pensando que era...?

Que no, mujer, que no. Además, eso es con la otra.

Sátur. -¿Qué es con la otra?

-Si ha empezado ella, su cuñada.

-¿El qué?

Nada, Alonso, a dormir. -¿Por qué dices que es con la otra?

-Porque es con la otra. -Sí, pero ¿el qué?

¡Alonso, nada, vamos a la cama! A dormir.

No son horas, venga a la cama, hombre.

-Sin ánimo de ofender, amo, Margarita se tiene que casar...

...cuanto antes.

Entre usted y el doctor, la tienen...

Si aparece por ahí el Espíritu Santo lo hace hombre.

Mira.

He encontrado a un Montignac vivo.

Se ve que toda mi familia se volvió a Francia, hace más de 20 años.

Pero... Uno de ellos se quedó.

El hermano de mi madre, mi tío.

Tengo que verle.

-¿No querrá ir usted ahora?

No, ahora no, en cuanto se duerman.

-Una cosa...

Si no es mucha indiscreción, ¿nosotros cuando dormimos?

Porque claro, yo sé que hay pájaros que duermen mientras vuelan.

Y usted, como superdotado que es, igual tiene habilidad de pájaro.

¡Pero yo no!

Anda, si quieres vete a dormir. -Que no, que no es eso.

Lo que pasa es que tengo que hablar con Cipriano, que sigue enfadado.

Y además, quiero ir con usted.

Está bien. Iremos mañana, por la mañana, a primera hora.

-A primera hora...

Es un placer que me hayáis hecho llamar de nuevo...

...a vuestros aposentos, majestad.

-El placer es mío, marquesa. ¡Majestad!

-No me deis explicaciones. Os pido clemencia, majestad.

-No me interesan vuestras disculpas.

Sé que lleváis años visitando a mi esposo.

Y sé que sois una persona de confianza.

Y por eso os he hecho llamar.

Necesito tu ayuda.

Como ordenéis, majestad.

Decidme cómo puedo serviros.

-Un grupo de conspiradores pretende atentar...

...contra la vida de mi único hijo varón.

¿Felipe el Próspero?

Pero, ¿quién pretende hacer algo así?

-Inglaterra nunca ha ocultado su enemistad a España.

No podemos permitir que le pase nada al futuro rey.

Servir a su majestad será un grandísimo placer.

Decidme cómo puedo ayudaros.

-Te harás cargo del niño hasta que capturen a los conspiradores.

¿Hacerme cargo yo del futuro rey de las Españas?

-Nadie deberá saber nada de este asunto, marquesa.

Nadie.

El futuro de los Austrias está ahora en tus manos, marquesa.

-Cipri, perdóname.

Voy a seguirte toda la noche hasta que me perdones.

Dime algo, por Dios.

Insúltame, mándame al infierno, dame una somanta de palos,...

Pero no te quedes callado.

Que te he tomado por un asesino de mujeres.

¿No vas a decirme nada?

-¿Qué quieres que te diga, eh? ¿Que estoy hasta las narices de ti?

Que si soy un cobarde, un mediocre, un asesino...

¡Déjame en paz, Sátur! Vete de una vez.

Como hizo Inés y como hizo Floro.

Total, ya sé lo que merece un mierda como yo.

-No digas eso.

Que tú eres un pedazo de hombre.

Demasiado bueno. -No es verdad.

A los buenos hombres les van bien las cosas.

A mí todo me sale... -La vida no es fácil.

Pero ni para ti, ni para nadie.

-A mí me parece que para algunos sí que lo es.

No te acerques mucho a los huertos.

No vayan a pensar que venimos a robar.

-Pues mira, ya que lo dices.

-¿Qué?

(SUSURRA) -¡Sátur, Sátur! ¡No, ni se te ocurra, Sátur!

Sátur, ni se te ocurra. -Aguanta.

¿Tú sabes la de raciones que podrías servir en la Posada?

-Para la Posada he comprado dos sacos de trigo con los ahorros.

-¿Y qué vas a servir?

¿Pan con pan?

¿Tú sabes el tiempo que lleva mi Adolfillo sin comer caliente?

Y quien dice caliente, que no prueba verdura.

Va a crecer con las piernas más arqueadas...

...que el acueducto de Segovia.

-Venga, va, si es por el niño...

¿Qué silencioso está el campo, no?

Ni un ladrido se oye.

-Se conoce que los campesinos se juntan a esta hora...

...para jugar a las cartas o lo que sea.

Zumbido.

-¡Langostas!

Langostas.

-Langostas, Cipri.

A tomar por saco la cosecha del año.

¡Corre, Cipri!

¡Corre! ¡Corre, que vienen, por Dios, corre!

Puerta.

(CANSADO) -Tú, amo.

Amo, espérame, por Dios. Que con tanto galope...

...tengo las nueces como para hacer turrón.

Coño, con su tío. ¿Y todo esto es para él solito?

Aunque también le digo,...

...que la trabajera que tiene cuidar esto...

Porque a mí su casa ya se me hace grande.

No hay ni rastro de él. Ni en la casa, ni en la finca.

Igual ni siquiera vive aquí, así que...

Nos volveremos a casa. -Vamos a ver, vamos a ver.

Céntrese, señor Montalvo.

Llevamos meses buscando quién es usted.

Cuando descubrimos que tiene un tío vivo...

...y venimos a su casa...

¿Está diciendo que va a rendirse a la primera?

Ahora los campesinos son la prioridad, Sátur. ¡Vámonos!

-Sí, claro, ahora son los campesinos.

Ayer eran los chupa sangres y otro día son los moriscos.

Siempre surge algo más importante y dejamos lo suyo para después.

¿Y cómo va a ayudar a los campesinos?

¿Qué va a detener, usted solo, la plaga de langostas?

Sátur, no lo sé. -Bueno.

De algún modo habrá que ayudarles.

Viven de las cosechas y sin las cosechas no son nada.

-Mire ahí, ahí.

Con razón no estaba en casa. Mire, con la sirvienta.

Hoy no ha desayunado y...

Porque ya sabemos a qué la ha traído.

A segar la finca, no.

¿Y ahora qué hacemos?

Porque no creo que usted quiera presenciar esto.

Hay cosas que en la familia...

Mucho mejor no ver, ¿no?

¡Amo!

¿Señor Montignac?

-¿Eso qué es?

¿Es usted, señor de Montignac? No se asuste.

No le voy a hacerle daño. Necesito información.

Busco a una persona su hermana, Laura de Montignac.

-¡Eh, eh, eh! -¡Alto ahí!

-¡Usted! ¿Qué hace? ¡Suéltale! ¡Oiga, suéltele!

-Tranquilo, tranquilo, no pasa nada, tranquilo.

Llaman a la puerta.

-Buen día, Hernán.

-Buen día, Irene.

-Comisario.

Me temo que te has equivocado de alcoba.

La de la marquesa está al final del pasillo.

-Perdone, comisario, pero es a usted a quien busco.

Espero que sea importante para haberme levantado de la cama.

-Los campesinos dejan el campo y entran en la villa.

¿Qué hombres tengo que no pueden parar a cuatro campesinos?

-Comisario, llegan familias completas.

Están por todas partes.

Está bien, espera fuera.

-Pobrecitos, Hernán.

¿Qué vas a hacer?

Ayudarles.

La autoridad está para ayudar a los más necesitados.

-Amo.

No hace falta que me diga nada, ya le voy conociendo y...

Sé que tiene el corazón partido entre la alegría...

...de encontrar a su tío y la pena de...

De ver que...

Es raro.

El que dice raro, pues diferente.

¿Quién no tiene a alguien así en su familia?

Y si no, mire los reyes.

Ellos se lo guisan, se lo comen y luego, claro.

Los Austrias se casan entre ellos para poder concentrar más poder.

-Llámelo como quiera, poder, vicio, pero el resultado es el mismo.

¿Y su familia? Menudo cuajo.

Marcharse para Francia y dejar a ese pobre hombre solo.

Si es que...

Aunque bien pensado, ¿dónde se lo iban a llevar?

Tengo que volver a hablar con él.

Cuando le nombré a Laura de Montignac, reaccionó.

-Reaccionó, dice.

-Tenemos hambre. -Por favor, una limosna.

-Por favor, señores, mi familia y yo lo hemos perdido todo...

...por la plaga. Sí.

-Gracias, señor.

Tenemos que hacer algo.

-Ya me dirá usted el qué. Esa plaga, al lado nuestro,...

...es un designio del Altísimo.

Me temo que no podemos, ni usted ni yo, amo.

-Mira lo que ha pintado Murillo.

-Este está obsesionado con los angelotes.

A ver si dejas de pintar, que pintando no vas a llegar a nada.

Tú lo que tienes que hacer es aprender un oficio.

-¡Ladrones, ladrones! ¡Que me han robado!

¡Me lo han quitado todo! ¡Ladrones, hay ladrones!

¡En la posada, en la posada! ¿Cómo se ha hecho esto, señorita?

-Me lo he hecho arriba, con un mueble.

Qué raro.

-Esta lo que quiere es cruzarse con mi Martín.

No creo que a su marido le guste verla aquí, Srta. Irene.

Podría subir a su cuarto y mandar el vestido para que se lo cosan.

-Yo preferiría que me lo hicieran aquí.

Es que no la quiero pinchar con la aguja.

-No importa.

-Con permiso.

-Tápese un poco con este chal, no vaya a coger frío.

Que está el tiempo muy cambiante.

Martín, hijo, ¿qué tal tu madre? ¿Les ha pillado la plaga?

-Pues, la cosa está muy mal.

Pero mi madre se resiste en abandonar sus tierras.

Ya la conoces.

-Menos mal que nosotros con lo poco que podemos ayudarle...

¡Tú vete, que aquí no puedes estar! ¡Tira!

¡Tira! -Con permiso.

¡Catalina! -Señora.

Quiero la copia que tienes de la llave de la habitación subterránea.

-Sí, señora, ahora no la llevo encima.

¿Cómo que no la tienes?

Al darte las llaves de mi palacio deposito en ti toda mi confianza.

Tienes que llevarlas siempre contigo, siempre, ¿entendido?

-Sí, señora, no la llevo encima porque no se usa habitualmente.

Pero la tengo aquí.

Aquí la tiene, señora.

Señorita, esto ya está terminado. -Gracias, Margarita.

-Anda que va a dar poca guerra la niña.

¿Y esta para qué querrá la llave de la habitación subterránea?

Lleva un día... Que qué mañana nos está dando.

No sé lo que le pasará.

¿Que qué le pasa? Ya te lo digo yo.

Esta mañana, cuando he llegado, estaba la cama hecha.

Y traía cara de no haber dormido.

-Si es que las gallinas de Corinto, en comparación con esta mujer,...

...agüita mansa, te lo digo yo.

-Me han robado todo.

Todo lo que me quedaba.

Ya no tengo nada, nada.

-¿Quién ha podido hacer algo así?

Alguien con demasiada hambre, hijo. -Tranquilo, Cipri.

-No me digas que me tranquilice.

Esos campesinos me lo han quitado todo.

¿Estás seguro que han sido ellos?

-¿Y quién si no, eh? -¿Los has visto?

Han podido ser ellos o no.

Ladrones hay por todas partes.

A quién se le ocurre dejar los sacos a la vista de todos.

-¿Ahora también soy tonto? -Yo no he dicho que seas tonto.

-Encima de cobarde y asesino, soy un tonto.

-¿He dicho que es tonto? Alonso.

-¿Qué? Ve fuera.

-Pero, ¿por qué? (TODOS A LA VEZ) ¡Alonso!

Tira.

Cipri...

¿Por qué no te vienes a casa? -Venga, yo te hago un preparado...

-¡Que no! ¡Que me dejéis en paz!

¡Ni tú, ni tú, ni tú, ni me toquéis, ni me habléis!

¡No me digáis, nunca más, lo que tengo que hacer!

Me he pasado la vida haciendo lo que decía Inés.

Lo que decías tú, lo que decía el otro.

¿Y qué he conseguido? ¡Nada!

Así que, no me deis más consejos en vuestra puñetera vida.

¡Y ahora fuera de aquí!

¿No me oís? ¡Largo he dicho! ¡Fuera!

-Ya nos vamos, hombre. -¡Fuera!

-Una limosna, por favor.

Venga, vamos, a clase todos.

Venga. -Vamos.

-Lo siento, señor, perdone.

No teníamos ningún sitio donde dormir, hacía frío...

...mi familia y yo.. No pasa nada.

Un momento, un momento.

Podéis quedaros, podéis quedaros. -Muchas gracias.

-Amo.

Yo comparto con usted el interés por ayudar a esta gente, pero...

Creo que no es buena idea que se queden.

No va a poder dar escuela con esta gente aquí.

Además, el lugar no reúne las condiciones.

Que creo que han orinado ahí, en la paja.

Sátur, no tienen donde ir. ¿Qué quieres que hagamos?

-¿Entonces no hay escuela? -¡Escuela sí hay!

Cuidado, escuela sí hay.

Ya me encargo yo de organizarlo, con su permiso.

Vamos a ver, primero de todo, las aguas mayores las hacen fuera.

Cuidado cómo huele esto. -¡Fuera de aquí!

¡Vamos, todos fuera!

Cogedlos. Un momento, esta es mi escuela.

¿Tu qué?

No eres nadie ni tienes nada.

Esta es mi villa y mis hombres harán lo que yo diga.

No queremos a vagos y maleantes. Si no tenéis trabajo,...

...tendréis que iros. Aquí no molestan a nadie.

¿Te estás oponiendo a la autoridad?

Para ser un maestrucho no sé de dónde te vienen esos aires.

¡Sacadlos de aquí!

Si vuelven al campo se morirán de hambre.

Desafortunado destino, sin duda.

Pero lo que pase fuera de la villa no me incumbe.

¡Cerrad las puertas de la villa! ¡Aseguraros de que ninguno entre!

-Amo, esto va a ser una escabechina.

"Majestad...

Podéis estar tranquila.

No dejo de velar por su seguridad.

Atentamente, marquesa de Santillana".

¡Catalina!

¡Catalina!

Pasos.

-¿Señora?

¿Dígame?

Ay, qué cosa más bonita de espejo, señora.

Seguro que mirándose ahí una hasta se tiene que ver guapa.

Es una pieza extremadamente delicada.

Avisa a Teodoro, dile que necesito que lleve esto a la reina.

-¿A la reina? Eso he dicho, a la reina.

Y que se asegure de que llega en perfectas condiciones.

-Sí, señora.

Ah, Catalina, otra cosa.

Avisa que ordeñen más leche. -¿Más leche, señora, pero...?

No me hagas repetírtelo.

-Madre, voy amontar a caballo. ¿Vienes conmigo?

No puedo.

-¿Por qué no puedes? Tengo asuntos que atender.

-¿Asuntos?

Siempre tienes asuntos para no estar conmigo.

Anoche no me diste ni las buenas noches.

No seas infantil.

Ya te he dicho que no tengo tiempo.

-Sólo a las caballerizas que serán 20 minutos.

Busca otra persona que te acompañe. -¡Que no!

¿Cómo que no? -Que no me entiendes.

Quiero que vengas tú.

¿Qué pasa, hijo?

¿Qué pasa, mi niño? -Que no me atrevo.

Que desde que me caí del caballo, no me atrevo.

Hijo, ya está, ya está.

¿Vamos juntos, sí? Vamos.

-Marquesa, traigo el chal.

-Amo.

Hay soldados en todas las puertas de la villa.

Van a matar al que intente entrar.

No deberían impedir a nadie poder empezar una nueva vida.

-Amén.

-Tenía tantas ganas de estar contigo a solas.

No sabes lo difícil que es estar en este palacio y no poder...

Irene...

Cada vez que me cruzo contigo...

Me vuelvo loco.

-Toma.

-¿Qué es esto? -Es dinero para tu familia.

-¿Por eso me has traído aquí?

-Si llegara a oídos de mi esposo, te mataría.

-No lo quiero. -Martín, acéptalo.

Para mí no supone nada. -No lo quiero.

-Martín, acéptalo. -Quédatelo.

Golpe.

-¿Qué es eso? -No lo sé, pero vámonos.

(GRITOS)

-La situación se repite en todas las puertas de la villa.

No sé cuanto tiempo podremos controlar a los campesinos.

No voy a permitir que me causen ningún problema.

Haremos lo necesario para que no entren.

-¡Aaah!

Matad a todo el que intente entrar.

-¡Aaah!

Relincho.

¡Apartad!

-¡Águila!

¡Ah!

(EL CABALLO RELINCHA)

¿Felipe?

¿Felipe?

¿Qué es todo esto?

-Las provisiones que ha mandado traer la marquesa.

No ves que sabe que vienen mandadas.

Ella, por si acaso, se abastece bien.

Porque una es honrada.

Me dan ganas de llevarme la mitad a la villa.

Con esto alimentaría a la mitad de los campesinos...

...que trabajan en sus tierras. -O más.

Qué barbaridad.

Esto no pueda ser.

El pueblo pasando hambre y ella aquí con todo esto,...

...que se le va a pudrir. Catalina.

Ven.

Ven. -¿Qué?

Válgame Dios. ¿Y esta criatura de dónde ha salido?

Ven conmigo, corazón.

Atiende.

Lo que se puede llegar a hacer por la desesperación.

Vamos a ver, que te vea yo.

Atiende.

Pero, bueno, qué cara. Mira qué hambre tiene.

Madre mía, este ha visto la miseria de cerca, mira que manitas.

¿Cómo se puede abandonar una cosa así, con esa cara?

-Mujer.

Lo habrán dejado para que la marquesa se haga cargo.

Porque viva mejor.

¿Qué le damos de comer? -Vamos a ver, mírame.

¿Una naranja?

-Oye, ¿qué hacemos contigo?

¿Qué hacemos? Porque aquí no se puede quedar.

Lo ve la marquesa y capaz y lo hecha a los perros.

Está buena.

¿Y si nos lo llevamos?

-¡Ah! -¿Tú me has robado?

-No ha hecho nada. -Vamos.

-No, señor, por favor, déjelo.

-Ha sido uno de vosotros, lo sé. ¿Quién ha robado la Posada?

Sé que ha sido uno de vosotros. -Que yo no he sido.

-¿Quién ha sido? Nadie se va a reír de mí.

Nadie. -Mírame, Cipriano.

-Esta gente, me ha robado lo único que tenía.

-A alguien a quien se le ha ido la cabeza.

-Tira la pistola, Cipriano. -¡Qué me dejes!

¡Déjame!

-¿Está usted bien?

Sí.

-Ya se ha ido, ya se ha ido.

¿Lucrecia?

¿Lucrecia?

¿Qué pasa, Lucrecia?

¿Es el niño? ¿Le ha pasado algo al niño?

¿Tiene que ver con el niño?

¿Qué pasa, Lucrecia?

-Como la ha esquivado, amo.

No he visto un movimiento así desde que conocí...

...a una contorsionista en París.

Trabajaba ganándose la... Sátur.

-Hola.

Muy buenas. -Buenas.

No puedo dejar el tema, amo.

A mí, Cipriano, también me da pena, pero no podemos ayudarle.

Sí podemos. -¿A sí?

Con esto.

Con esto podemos ayudarle y dar de comer a unos campesinos.

-Ni hablar.

Esas joyas son para usted y para el niño...

...por si venían mandadas. Ya lo sé.

-Si quiere, vendemos alguna cosita de nada para ayudar a Cipriano.

A los campesinos no los conocemos de nada.

Es ley de vida, primero alimentarse uno y luego,...

...si sobra, se reparte.

-Sátur tiene razón. No se lo podemos dar a los campesinos.

Si no, nos quedaremos sin nada.

Mira, Alonso, eso mismo es lo que piensan los nobles.

Pero si nosotros nos guardamos lo que tenemos...

...y todos hacen los mismo, ¿qué va a ocurrir?

Los pobres van a ser cada vez más pobres.

Y al final, robarán para comer. -Lo que usted quiera.

Mañana, cuando nosotros tengamos hambre, ¿qué va a pasar?

Nosotros nos apañamos bien así. -No, amo.

Yo me devano la sesera para traer tres chuscos de pan.

Si usted quiere dar uno de ellos, ya me dirá.

Que mucho entregarse a los pobres, pero nunca piensa en su familia.

Perdone, no quería decir eso.

Buenas.

¿Y este niño?

Lo han abandonado, al pobrecito.

-No toque, no, no toque ni bese, que...

Sátur. -Debe estar lleno de piojos.

Vamos a lavarle un poco.

Y habrá que darle de comer.

Seguro que no ha probado bocado desde... Sabe Dios cuándo.

-¿Sus padres le han abandonado?

¿Y ahora qué va a ser de él?

No lo sé, mi amor.

-¿Y si nos lo quedamos? -Con la que está cayendo.

¿Y qué hacemos, Sátur? ¿Lo llevamos al orfelinato?

-No, al orfelinato, no.

¿Usted sabe la trabajera que da un crío así?

Hay que estar pendiente todo el día.

Usted se va a trabajar a palacio. Y usted a la escuela, si no...

Pues, por ahí.

Y el que se tiene que hacer cargo de él, el de siempre.

¡Y yo no tengo tiempo!

¡No lo tengo! Bueno, de momento...

...que pase la noche aquí. Y mañana vemos qué hacemos con él.

-De momento.

Que bien come.

El heredero ha desaparecido de mi palacio.

¿Cómo se le dice a unos padres que he dejado que maten a su hijo?

Con los reyes estás firmando tu sentencia de muerte.

Sólo sabemos que ha desaparecido. No hemos visto ningún cadáver.

¿No dejarías la puerta abierta? Hernán, por Dios.

¿Alguien más tiene llave de aquí? ¡No!

Pues esa cerradura no está forzada. Tuvieron que abrir con la llave.

Eso es imposible, sólo yo tengo la llave.

Tiene que ser alguien que conoce bien tus movimientos.

Te estoy diciendo que no me he separado de la llave.

Ay, sí me separé de ella.

Acompañé a Nuño un momento a las caballerizas, la dejé en mi alcoba.

Tiene que ser alguien de tu servicio.

Abrió la puerta y dejó pasar a los conspiradores.

Es mía, es una moneda italiana.

Me la dio el cardenal.

Sólo Irene tiene acceso a ella.

-Padre.

¡Padre!

¿Sí?

-Mira.

¿Y todo esto? -Pues es trigo, tomates y patatas.

Es lo que nos han dado por las joyas.

Espera, espera, ¿que has hecho qué?

Vamos a ver, Alonso.

¿Cómo se te ocurre coger las joyas? Y encima te vas tú solo.

¿Tú sabes lo peligroso que es eso? -Que no he ido solo.

Que he ido con Murillo. Como tú siempre estás...

...tan ocupado, lo he hecho para ahorrarte trabajo.

¡Ah!

Sátur, esto es para ti.

Para que puedas pagarte el viaje para ir a las Américas.

-Si es que...

Qué chiquillo, de verdad. Qué chiquillo.

Anda, que os voy a echar una mano.

Hay que ver lo que pesa, ¿qué lleváis aquí?

-Eso son las patatas.

-¿Las patatas?

Deben de pesar cuarto de libra, cada una.

Me cago en todos mis muertos, que les han engañado.

-Pero... ¿Piedras?

Pero... No, no, no.

¡No puede ser! -La madre que me parió.

Si es que hay una gentuza por el mundo que...

Alonso, ¿dónde habéis comprado esto?

-En las lonjas que hay junto al río.

Había mucha comida y salían carros llenos hacia el palacio.

Si vamos rápido seguro que los pillamos.

No, no, tú te quedas aquí.

Voy a hablar con ellos. -Padre, yo también quiero ir.

Que me han engañado.

No te preocupes, voy yo, no pasa nada.

-Lo siento, padre, lo siento.

Lo siento.

(RELINCHA)

¡Deteneos!

Las joyas.

Entregádmelas. -¿Qué joyas?

-¡Ah!

-¡Ah!

Que sea la última vez que robáis a unos niños.

-¡Padre!

¡Padre!

¡Águila!

¡Águila!

Alonso, ¿qué haces aquí?

-¿No habrás visto a mi padre?

Es que estoy muy preocupado, ha venido aquí solo y...

Tú no te preocupes.

Iré a buscarle. -Yo te acompaño.

No.

Tú vete a tu casa.

Y espérale allí, ¿de acuerdo?

-Vale.

Gracias, Águila.

Vete.

Relincho.

(RELINCHA EL CABALLO)

Alonso.

-¡Padre!

Estaba muy preocupado por ti.

Ven aquí.

-¡Ah! Esto es tuyo.

¿Para qué entraste en la habitación?

-No sé de qué me estás hablando.

Conmigo no te hagas la ingenua.

Sé que cogiste las llaves en mi alcoba y entraste allí.

¿Para qué? ¡Contesta!

-Yo no entré en ninguna habitación. ¡No me mientas, mírame!

¡Mírame a la cara, que no me mientas!

¡Lucrecia!

Te he dicho que ella no fue.

Igual a los hombres puedes engañarles;...

...pero yo sé distinguir cuándo una mujer está mintiéndome.

Habla de una vez.

¿Para qué entraste, con quién?

-Me enteré de que Martín lo estaba pasando mal.

Que su familia estaba pasando penurias...

...y se está muriendo de hambre; quedé con él para darle dinero.

¿Y dejasteis la puerta abierta?

-¿Pero qué pasa?

Anda, vuelve a nuestra alcoba. -¿Qué ocurre?

Anda.

¡Fuera!

Está claro que los conspiradores no se llevaron al niño.

Está claro.

¿Y dónde está? ¿Tú sabes lo grande que es este palacio?

Y lo guapo que va a estar, mi niño. Lo guapo que va a estar.

A ver, a ver, a ver. (EL NIÑO SE RÍE)

¿Tienes cosquillas tú? (EL NIÑO SE RÍE)

(HACE PEDORRETAS)

Ay. (HACE PEDORRETAS)

Buenas, Gonzalo. Buenas.

A ver, a vestirte.

Arriba. Veo que se te dan bien los niños.

Bueno, he encontrado esta ropa de Alonso de cuando era pequeño.

No, esta no es de Alonso. ¿No?

Esta es mía.

Sí.

Espera, que te ayudo, a ver.

Esto son las mangas, a ver. Un brazo aquí y el otro...

¿Estás seguro? Sí, claro.

Muy bien, ¿ves? Y el otro por aquí.

(SE RÍE) ¡Ah, no! Al revés, al revés.

(SE RÍE)

¿Te estás riendo de mí? No, no, Gonzalo.

¿Cómo me voy a reír de ti? Se está riendo de mí.

A ver.

Pon, ahora, ¿ves? Bien.

Ahora sí, muy bien. A ver, déjame, yo se lo pongo.

Que no. Que se lo pongo yo.

-Anda que... Te he hecho lo más difícil.

-Buenos días.

Buenos días. Buenas. ¡Sátur!

¿Puedo pedirte un favor? -¿Qué?

¿Podrías llevar al niño a donde Juan?

Es para que le eche un vistazo, todo lo que come lo hecha.

-Claro que sí, mujer, claro que sí. ¿Qué haríamos sin ti?

Gracias.

Amor, adiós.

Ven aquí, ven aquí.

-¿Qué?

¿Le dije o no le dije que pasaría?

Todos encantados con el crío, pero a la hora de ir a trabajar,...

...el que se tiene que hacer cargo, el de siempre.

Venga, Sátur. -¡No, venga, no!

Este crío necesitará un padre y una madre.

Su cuñada se casará y se irá.

Pues cuidaré yo de él. -¿Cuándo, amo, cuándo?

Que no tiene tiempo.

¿Dónde estaba anoche cuando no paraba de llorar, eh?

(SUSURRA) -De misión.

Sea realista, que usted es padre, maestro y héroe.

No puede abarcar más.

Tampoco creo que lo haga tan mal con Alonso.

-Si a su hijo apenas le ve. Le recuerdo que cuando tuvo...

...a Alonsillo usted todavía no llevaba plumas.

Si por mí fuera, lo llevábamos a un convento.

Conozco a unas monjas que si me hubieran criado...

A mí también me da pena dejarle, pero...

Piense que va a poder verle cuando quiera.

Como hizo el pobre Agustín con usted.

¿Eh, amo?

Está bien. -Claro que sí, claro que sí.

Venga, con el tito Sátur, ¿eh?

Que no está el águila para más polluelos en su nido.

¿Eh, pichoncito? Vamos.

Llaman a la puerta.

Llaman a la puerta.

-¡Está cerrado!

Llaman a la puerta.

-No nos diga que no, Sor.

Que se dice que en la caridad, a usted,...

...las descalzas, no les ganan.

Haga justicia a esa fama, mujer.

Manolo, le hemos puesto de nombre. Un bendito, el zagal.

Ni se van a enterar que está con ustedes.

-Ven aquí, hijo.

-¿Se queda, entonces?

¡Dios bendito!

No le doy un beso porque a usted lo carnal...

Pero que sepa que estoy muy agradecido.

Manolito, hijo. Te vas a quedar con esta señora...

...que te va a tratar muy bien.

Nosotros vendremos a verte, de vez en cuando.

Dale un beso al tito Sátur.

-Manolito.

-Dios les bendiga.

-Gracias, madre.

Pórtate bien, hijo.

Con Dios.

-Estará bien, Sátur.

-Pues claro que estará bien. -Sí.

-Al menos, una comida al día no le faltará.

El cariño de una monja, no es como el de una madre, pero...

Va a estar bien.

-Lo más importante no es tener qué comer, sino alguien que te quiera.

Por mucho que falles.

-¿Ya estamos dándole ahí a lo de las sacas?

-¡Pues sí, Sátur!

Porque he perdido todas las joyas.

¿Y si las necesitamos algún día? -Eso le pasa a los mejores.

¿O qué te crees, que a mí no me han hecho ver el tocomocho?

Pues claro, pero uno aprende.

Llantos.

-¿Por qué a mi niño?

Llantos. Mi niño.

Mi niño.

-Mi más sincero pésame. -Gracias.

-¿Qué le ha pasado? -Cayó enfermo y...

Era nuestro único hijo.

Nos quedamos muy solos.

-Un padre no debería ver morir a su hijo.

-A lo mejor es una tontería, pero...

-¿Pero qué?

-Que hemos dejado a un niño que no tiene padres.

-Fíjate cómo está todo.

Y el comisario, venga a abrir y cerrar puertas.

Venga abrir y cerrar habitaciones.

Y la cama sin tocar. Otra noche que ha pasado en blanco.

A saber lo que están buscando. -Algún joyón que ella tiene.

-Traigo un obsequio de parte de la reina para la marquesa.

-La marquesa está muy ocupada. Yo se lo hago llegar.

Esta es la caja que le mandó la marquesa a la reina.

Catalina, deja eso. -Si es una miradita.

A ver lo que hay dentro.

Le ha devuelto el espejo.

Normal, es mujer antes que reina. ¿Tú te crees que con lo que...

...se trae la marquesa con el rey, le va a pagar con un espejo?

Catalina, guarda eso.

-Ay, Margarita ay Dios. Ay.

-¡Que lo hemos hecho añicos!

Dios me valga.

¿Sabes lo que vale un espejo de estos?

-¿Y esto?

Ay, Virgen Santa. "Mi más sincero agradecimiento...

...por los favores prestados a la corona, marquesa".

-Es una carta de la reina.

El niño. -¿Qué pasa con el niño?

Que no nos hemos llevado al hijo de unos campesinos.

Yo también conocía a Laura Montignac.

Era mi madre.

Y tú eres mi tío.

Gracias.

-Una limosna, no tenemos para comer.

Una limosna, tengo hambre, mi niña.

-¿Y mi silla?

-Eminencia, por caridad, una limosna.

No tenemos qué comer, por favor. -Dios os proveerá.

Por favor, una limosna. -Dios os proveerá.

Dios os proveerá. Dios os proveerá, hijos míos.

-Por favor. -Dios os proveerá.

¡Apartad! ¡Abrid guardia, guardia!

-¡Vamos, fuera, vamos!

-Eminencia.

¿Se encuentra usted bien?

-Mejor estaría si hubierais hecho bien vuestra labor.

-Hacemos todo cuanto está en nuestras manos.

-Pues no es suficiente.

Esta villa está plagada de miserables.

Limpiadla.

Es solo un crío, Lucrecia. No puede estar lejos.

Sin comida, sin agua, sin ropa.

No creo que siga con vida.

¡Hernán!

¡Hernán!

¡Hernán, corre!

Es un animal muerto, no es él.

No hay nada que hacer, Hernán.

Pasaré a la historia como la mujer que acabó...

...la dinastía de los Austrias.

Satur, ¡Sátur, por Dios! ¿Dónde está el niño?

-¿Manolo? Sí.

-Está viviendo la vida que merece.

No es que aquí se le fuera a tratar mal...

-Por Dios.

¿Dónde está el niño? -Tranquila, mujer.

Está en buenas manos. Se lo he dado a unos campesinos...

...que han perdido a un hijo. ¿Cómo que a unos campesinos?

-¡Qué pasa! -¿Que qué pasa?

Que no era un niño abandonado.

Que era don Felipe el Próspero.

-¿Cómo, don Felipe el Próspero?

¿El hijo del rey? Sí, sí.

-Dios bendito, Dios bendito. ¡Dios bendito!

Que no cunda el pánico, yo...

Voy a hablar con los campesinos y a recuperar al niño.

Vamos contigo. -¡No, no! Quedarse aquí que si...

...vamos todos se asustarán y no nos dan al niño.

Sátur. -¡Quedarse aquí!

Sátur.

Sátur, tienes que recuperarlo.

Como la marquesa se entere... -Nos mata.

-Os prometo que recupero al niño. Aunque me quede en su lugar.

-Sátur, mira lo que te digo. En cuanto lo encuentres,...

...te lo llevas al palacio y me lo dejas allí, ¿estamos?

-Que sí, que sí.

-Que lo encuentre. -Venga.

-Que lo encuentre, que aparezca.

-El heredero del trono, na menos.

Quién me manda a mí, si es que no aprendo.

Me voy a hablar con los campesinos.

¿Sátur? He vuelto al coto de los Montignac y he visto a mi tío.

-Con todos mis respetos, ahora no estamos ni pa'cotos, ni pa'tíos.

¿Qué pasa?

-¿Quién iba a pensar que era el heredero?

Como no conocemos las caras de los que nos reinan,...

...ni de sus vidas íntimas...

Pero hay un filón, ¿eh?

Porque al pueblo le interesa. El día menos pensado alguien...

...inventa algo para estar al corriente de estas cosas.

¿Seguro que es aquí? -¡Que sí!

Hágame caso, sabré con quién he dejado al chiquillo.

Y yo pensando que estaba enfermo y era sangre azul.

¡Señora!

Señora, la estábamos buscando. Queríamos hablar con usted por...

Porque ha surgido un contratiempo.

El azar, que ha querido que encontrásemos a los padres...

...del chiquillo. -El niño, ya no está con nosotros.

-¿Cómo que el niño ya no está con vosotros?

¿Dónde está el niño? Sátur.

-No, el niño no, por Dios.

Sátur, Sátur. -¿Qué hace, se ha vuelto loco?

Sátur, Sátur. -Si es nuestro perro.

Se nos ha ido esta mañana.

-¿Cómo que el perro? ¿Y dónde está el niño que les dio?

-Anda.

-Se lo dimos a una familia de campesinos.

Unos belloteros que perdieron sus encinas y...

Creo que se han ido para la villa.

-¿Cómo unos belloteros?

¿Cómo vamos a encontrar ahora al niño?

No lo sé, vámonos.

Lo sentimos mucho.

Vamos.

-Vamos, suba.

-¡Los quiero a todos en el carro! ¡Rápido!

¡Vamos!

-Al niño, no. -Yo no he hecho nada, tengo hambre.

-¡Vamos, arriba!

-Al niño, no, te lo pido. -¿Qué hacemos con ellos?

-Llevadlos a los acantilados de Rivas.

-¡Vamos!

-¿Dónde nos llevan?

Catalina, ¿y si le decimos a la marquesa lo que ha pasado?

Le decimos que nos hemos llevado al niño con toda...

...nuestra buena voluntad, y que ya está localizado.

-Ni buena voluntad ni nada.

Que esta mujer no atiende a razones.

Cuando Sátur encuentre al crío que lo deje aquí y ya está.

Y como si no hubiera pasado nada.

Catalina, ¿dónde está la marquesa? -En su alcoba, tomando un baño.

Dijo que no la molestara.

Muy bien.

Lucrecia, el niño sigue sin aparecer.

Tal vez, alguien lo ha encontrado y se lo ha llevado a su casa.

¡Catalina!

¡Margarita!

-Señor, ¿qué pasa? ¡Ay, Virgen santa!

¡Un médico!

-Camina. -Piedad.

-Venga.

-Piedad, por favor. -¡Que te calles!

¡Vamos!

-Al final, un mindundi como yo, va a cambiar la historia.

¿Dónde estarán? Pueden estar en cualquier parte.

Como no son grandes las Españas.

Nuestro reino no conoce la noche.

Han desaparecido. -Si se lo he dicho.

No, Sátur, los campesinos, no están, los han borrado.

¡Cipri!

¿Sabes qué ha pasado con los campesinos?

-Por fin alguien ha hecho lo que se tenía que hacer.

-¿Qué ha pasado?

-Los hombres del comisario los han detenido y llevado.

Y muy bien llevados.

No se puede permitir que esos ladrones se queden aquí.

¿Dónde los han llevado?

-No me importa. Con tal de no volver a verlos...

...en mi vida. -¡Padre!

¡Padre!

¡Alonso!

-Son los campesinos. ¿Qué pasa?

-Los han llevado al acantilado de Rivas.

-¿De verdad tienes ganas de morir?

No sé por qué has llegado a esto, ni te lo voy a preguntar.

Por favor, Juan.

Déjame.

-No soy ningún moralista.

Jamás te voy a condenar por haberlo intentado.

Muy considerado.

-Yo sé que no eres ninguna estúpida.

Si has llegado a este punto, seguramente sea porque no eras...

...capaz de ver otra salida.

Tú sí que tienes una.

Una salida, Juan.

La puerta.

-Si vuelves a tener ganas de matarte, piensa en tu hijo.

No tienes ni idea, Juan. No tienes ni idea.

Todo esto, tus curas, tus palabras de cariño, no sirven de nada, Juan.

Yo ya estoy muerta.

Vete, por favor.

(TODOS) -¡No, no, no!

-Por caridad, por caridad. Tengan piedad, por Dios.

No, no, por favor. Por favor, tengo familia.

Tengo cuatro hijos, por Dios.

¡Por favor, no, no, no! ¡No, por Dios!

¡No! ¡Aaah!

(TODOS) -¡No, no, no!

-¡Ah! -¡Aaah!

(EL CABALLO RELINCHA)

-¡Disparad!

¡A por él!

-¡Aaah!

Llévatelo, llévatelo.

-Ya está a salvo, majestad. Sin ánimo de ofender...

...a la corona, nos tenía usted acongojados.

Vamos pa'casa.

Mañana iré al palacio a informar al rey...

De lo que ha ocurrido con su hijo. No.

Sí, Hernán, sí.

No hay otra salida.

¡Felipe, no puede ser!

¿Está bien, está bien?

Lucrecia, tienes que descansar.

Yo me ocuparé de la seguridad del infante.

Quédate.

Si quieres.

Yo no pienso separarme de él hasta que los reyes lo reclamen.

¿No te fías de mí?

Sólo confío en mí misma.

Además...

Tienes una esposa que atender.

No le gustará que su marido pase la noche lejos de su cama.

Se ha casado con un servidor de la ley.

Va a tener que pasar muchas noches sola.

Mejor que se acostumbre cuanto antes.

¡Hernán, Hernán! ¡No, Hernán!

Agárrate a mí. ¡No! No lo toques, no lo toques.

¡No me toques, suéltame!

¡No!

¡Felipe, Hernán, cuidado!

¡Ah!

-¿No pudisteis hacer nada? Nada.

El Águila Roja, ya estaba allí.

Salvó a los campesinos y se llevó al heredero.

-Menudo ejemplar el Águila Roja, ese.

Parecía que tenía cuatro pares de brazos.

Caían los guardias como pichones.

-Le ha salvado la vida a la marquesa.

Mira que la he visto mal otras veces, ¿pero esta vez?

Lo del crío de los reyes, casi la mata.

Es que no es para menos. Es el heredero.

-Se podría haber liado gorda, ¿eh?

Esto podría haber supuesto el final de una dinastía.

Porque que entre que la reina solo sabe parir hembras,...

...y los varones le duran tres pregones...

-Mira qué te digo. Gracias, a Dios, todo ha acabado bien.

De menuda nos hemos librado.

Yo me voy a darle de cenar a mi hijo,...

...que estará dándole bocados a los muebles, a más ver.

Te acompaño. A ver.

-¿Tía?

¿Estás bien? Sí, sí, estoy bien, mi amor.

Es sólo que estaba pensando que nos hemos librado de una buena.

Gracias al Águila Roja.

Y que si pudiera, me gustaría darle las gracias.

-Yo sé cómo encontrarle.

-Su excelencia, la marquesa de Santillana.

-Retírese.

¿Lucrecia?

Majestad. Os aseguro que puse el mayor...

...celo en proteger al heredero.

Pero no pude evitar su muerte.

Os pido clemencia, majestad, por favor, tengo un hijo.

Sólo me tiene a mí.

-¿Clemencia?

¿Clemencia, marquesa, cuando no habéis sabido proteger...

...la vida del futuro rey de las Españas?

-Su majestad, la reina.

No entiendo, majestad.

-Os presento a mi hijo Felipe.

Habéis prestado un gran servicio a la corona.

¿Y el niño que murió? -Era el hijo de una doncella.

Majestad.

Alonso, hijo.

Yo creo que deberíamos bajar.

No sé, muy bien, qué hago aquí.

-El Águila Roja va a venir, ya verás.

Como venga tu padre, no sé qué le voy a explicar.

Porque tú eres un niño, pero yo... -¿No me crees, es eso?

No, no es eso, Alonso, mi amor.

Yo sé que a veces te sientes solo, necesitas hablar con alguien...

Mira, yo cuando era pequeña tenía una amiga que sólo veía yo.

-Pero que no, tía, no me he inventado nada.

El Águila Roja viene aquí cuando lo necesito.

Mira, ahora estará liado, estará rescatando a alguien,...

...o evitando un robo o algo.

Pero cuando se quede libre viene, ya verás.

Venga, sólo un rato más.

Confía en mí, le va a encantar que le des las gracias.

Pero sólo un rato, ¿eh? Un rato.

Y anda tápate que como te pongas malo, tu padre nos mata.

Ay.

Truenos.

-Amo.

¿No piensa subir al tejado?

Que están ahí su cuñada y su hijo esperándole.

Parecen dos gárgolas.

Truenos.

Mira la estampa que me dio mi tío.

-Que Dios me perdone.

Pero es más fea que un demonio. Vamos, que el pintor...

...de la estampita, muy devoto no sería, digo yo.

No, Sátur. Lo que pasa es que es una virgen muy antigua.

Fue rescatada por unos peregrinos españoles en Tierra Santa.

La llaman la Virgen de la Verdad.

-Muy bonito.

No saberlo.

-¿Bueno, qué?

¿Se pone el traje y hace una visita al tejado o qué?

Si no le cuesta nada, es un sube y baja.

Y así libra a esos dos de morir congelados.

Voy. -Claro que sí.

Esto lo soluciona usted en un momento.

Ah, le he planchado los trajes de Águila.

Vamos a dejar a su cuñada en dos palmas.

Me he permitido hacerle un relleno en toda la zona.

Para darle un poco de empaque.

No digo que lo necesite, pero entre lo suyo...

...y lo que le he puesto, pues...

Va a parecer eso la Giralda.

-El mundo se acaba.

Hay que ir a la ermita de la Virgen.

Quiero saber por qué mi tío me la dio.

Puede llevarme a mi madre.

Quiero que os esforcéis al máximo.

No todos los días nos visita el rey de Francia.

-La Virgen está llorando sangre. ¡La Virgen está llorando sangre!

-¿Dios nos va a castigar?

-Si la gente cree que morirá no habrá forma de controlarla.

-¡A por él!

¡Matad a estos!

-Cásate conmigo, mañana.

-Mi amo no se va de este mundo sin confesar algo.

(RELINCHA EL CABALLO)

Siempre fuiste especial para mí. Desde que éramos niños.

-Yo no puede decidir quién vive y quién muere, Sátur.

¡Ah! -Martín está muerto.

¡Soltadme, soltadme!

Lo que has hecho es imperdonable.

-¡Ah!

Águila Roja - T3 - Capítulo 30

14 oct 2010

Águila Roja descubre el paradero del último Montignac vivo en España. Al mismo tiempo, una plaga de langostas asola los campos. La Villa se enfrenta a un grave problema ya que los campesinos, desesperados por el hambre, acuden en masa a la ciudad.

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