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No recomendado para menores de 12 años Águila Roja, cap. 2 (30/09/10)
Transcripción completa

Subtitulado por Teletexto - iRTVE.

-Una mujer me dio una cosa para usted en Cádiz.

-La única mujer que he querido y mi hijo están surcando el océano.

¡Espera! ¡Espera!

-Me casaron con alguien a quien no amo,...

...con el comisario de la villa.

-Tuve que enviar a todo mi ejército para liberaros.

-Partiré de nuevo al frente, si usted lo desea.

-¡Señorita!

-El rey nos ha dado permiso y financiación...

...para una expedición extraordinaria a las Américas.

-Yo querría ir de marinero a las Américas...

...con la expedición que va al Amazonas.

-Irene, no vi la nota. Llegué tarde y no estabas.

-Ahora soy una mujer casada.

-Tenéis mi beneplácito para casaros con vuestra prometida.

-De momento a Cádiz.

Allí coge el barco en el resto de la tripulación.

-¡Viva el rey!

-Capitán, no puede casarse con Margarita.

-¿Quién te crees que eres para juzgar a mi mujer?

-Su marido.

-Marquesa, quiero que hospedéis al comisario y a mi sobrina...

...durante un tiempo en vuestro palacio.

-Que me voy a las Américas con una expedición al Amazonas.

¿Sabes lo peligroso que es eso? -¿Sí?

Sé que soy tu mujer ante los ojos de Dios y de la ley,...

...pero no pienso volver contigo nunca, Víctor.

Así que, si quieres, mátame.

Porque será la única manera de tenerme a tu lado.

-Y este es el escudo de un marquesado.

Es un escudo de Francia.

Tendrán que buscar en bibliotecas privadas o irse a Francia.

(RÍE) -Es que la Francia nos pilla un poco a desmano.

Me arriesgué mucho para que pudieras huir con ese jardinero.

Sólo quiero que sepas que conmigo no se juega.

Tengo una cosa para ti.

Aunque seas mi esposa,...

...no tendrás que hacer nada para lo que no estés preparada.

Te vamos a echar mucho de menos. -¡Aaah!

Juan, ¿qué haces? ¡Suelta eso!

-¡Aaah! -Hasta presos se llevan.

-Eso es.

-¡Aaaah!

-Y ya no puedo más.

-A nosotros no nos llevan a las Américas.

-¿Dónde nos llevan entonces? -A África.

¿Vais a decirme el secreto que esconde el medallón?

-No sobreestiméis el valor de la familia.

¿Es que no lo entiendes? Me importa todo lo que te pase.

-Pienso escaparme esta misma noche. -¿Quién anda ahí?

-No debería haberte obligado a escapar.

Montignac.

-Yo conozco a alguien en la villa que tiene muchos juguetes.

Dile que Sátur quiere verle.

Si le haces daño,...

...yo mismo me encargaré de que te arrepientas.

(RESPIRAN AGITADAMENTE)

-Amo, por Dios.

¿Qué clase de recibimiento es este?

Lo siento. Me pareció que... -¿Le pareció que, qué?

El arcón, que estaba mal cerrado pillando la ropa.

¿Lo has dejado tú así? -¿Yo?

¿Y usted? Que un error lo comete cualquiera.

Y usted será muy quisquilloso,...

...pero últimamente lo veo preocupado y muy nervioso.

No estoy nervioso. -Un poquito raro sí que está.

Estoy bien, Sátur. -¿Está bien?

Salió de aquí después de cenar y mire a qué horas me vuelve.

¡Que he tenido que cenar a solas con el Víctor ese! Está bien, dice.

¿Y de dónde viene? Vamos a ver, ¿de dónde viene?

Y no me diga que de misión,...

...porque a las misiones me lleva con usted.

Necesitaba estar solo. -¿Y cuándo quiere estar uno solo?

Cuando tiene algo en la sesera que lo trae loco.

El marido de su cuñada.

¿Quién le habrá iluminado para meterlo aquí en la casa?

Está herido. -Y usted algo desnortado.

Me voy una ratito y cuando vuelvo, me tiene esto hecho una feria.

Es su marido; no puedo hacer nada.

-¿Pero no ve que ese individuo no es trigo limpio?

Es un delincuente, un estafador. Eso son cosas del pasado.

La gente puede cambiar. -No, no, amo, no, qué va.

La gentuza no cambia nunca. Y si no, míreme a mí.

Lo que le está costando enderezarme y eso que lo estoy intentando.

Anda, guarde eso ahí.

No lo ha cogido.

Ay, virgen santa.

Es la primera vez, amo,...

...desde que estoy a su servicio que le fallan los reflejos.

Dios quiera que no le pase estando de misión.

¿Tú tampoco puedes dormir?

No sabía que ahora te levantabas a beber de noche.

Me relaja y me ayuda a conciliar el sueño.

Solían ayudarte otras cosas.

¿Es que tu mujer no te las da?

Puerta. ¿Quién puede venir a estas horas?

No lo sé, Lucrecia.

-Señora, su cuñado, el conde de Lizana está aquí.

Dice que es muy urgente. ¿Le hago pasar?

Sí.

Hace más de 10 años que no nos vemos.

¿No has vuelto a tener contacto desde que tu marido desapareció?

No.

-Señora, el conde de...

-Las presentaciones no son necesarias, soy de la familia.

Siento lo impropio de la hora, Lucrecia,...

...pero vengo por un asunto de vital importancia.

Testamento de mi marido, ¿y ahora por qué?

Nunca me permitisteis que lo viera.

-Deja de lado los viejos rencores, ahora no vienen al caso.

Sólo quiero que te fijes en las últimas cláusulas.

Concretamente en la penúltima.

(LEE) Es mi voluntad que a partir de la edad de 12 años...

...mi hijo Nuño comience carrera eclesiástica...

...en el monasterio de los agustinos de Arganda.

-Nuño ha cumplido ya los 12 años, ¿verdad?

Sí.

Pero yo soy su madre y no estoy de acuerdo.

-Nadie ha pedido tu opinión.

Era la voluntad de mi hermano y yo voy a hacer que se cumpla.

Modere sus modales, señor conde.

Además, estas no son horas de tratar asuntos tan delicados.

-No tengo nada más que decir.

Mañana por la tarde un carruaje recogerá a Nuño...

...para trasladarlo al monasterio.

¡Ricardo, por favor!

Yo sé que nunca tuve la simpatía de vuestra familia.

Pero Nuño tiene vuestra sangre, no le hagas esto.

No le condenes a un encierro de por vida.

-Buenas noches, Lucrecia.

-Perdone...

-¿Qué desea, soldado?

-Perdone, pero se trata de algo muy importante.

Necesito ver al rey en persona.

-No sea arrogante. ¿Quién se cree usted que es?

-Comprendo que su majestad estará muy ocupado,...

...pero necesito que me atienda. Tengo una información muy valiosa.

-Sólo unos pocos nobles tienen acceso a su majestad.

Y eso tras solicitar audiencia meses antes.

Los plebeyos como usted, jamás. Váyase.

-No me iré sin antes ver al rey.

-Sáquenlo de aquí. -Sé quién es Águila Roja.

-¡Quietos!

¿Sabe cuántas denuncias como esa nos llegan todas las semanas?

Y todavía ninguna ha sido digna de crédito.

-Esta sí lo es. Sé dónde vive, dónde duerme, dónde se esconde.

¡Sé quién es, lo juro!

-Si es así, demuéstrelo.

Pero no me haga perder más el tiempo.

-Dígale al rey que mañana tendrá aquí al Águila Roja.

-Buenos días. Buenos días, dormilón.

Anda, siéntate, que ahora te sirvo las gachas.

Dame.

¿Por qué me miras así?

-No, es que estaba pensando que... ¿Pensando, qué? Toma.

-Si ya estabas casada, ¿por qué ibas a casarte otra vez?

Pues porque creí que Víctor había muerto.

-¡Ah! Pero si era tu marido, le querrías, ¿no?

Padre quiere a madre aunque esté muerta.

Claro. Venga, come.

-¿Y a Juan?

¿Le quieres? Porque tienes que quererlo.

Si no, por qué te ibas a casar con él.

Pues claro que quiero a Juan. -Ya.

Sólo que a veces me parece que es a mi padre a quien quieres.

Él fue tu primer amor, el que dicen que nunca se olvida.

Alonso, no seas entrometido.

Eso son preguntas muy personales.

-Ya, padre, lo siento, pero es que no lo entiendo.

No te preocupes, mi amor. Tiene derecho a preguntar.

¿Qué quieres saber?

-¿Cómo puedes querer a tantos hombres, tía?

Ve a vestirte, anda, o llegarás tarde a la escuela.

Los niños son así. No se lo tengas en cuenta.

Es normal que pregunte.

Hay cosas difíciles de comprender.

Para un niño.

Bueno, mientras tú...

Tú estés bien y... y lo tengas claro.

Sí.

Campanadas.

-Las ocho ya. Hoy llegamos tarde. ¡Murillo!

¿Cómo ha pasado la noche Juan? -¿Juan? Pues...

No ha venido a dormir, para qué engañarte. ¡Murillo!

No te preocupes, estará bien.

-¡Murillo, ¿estamos ya?!

¡Venga ya!

Mujer, no te preocupes, se habrá ido a su palacio...

...a reflexionar, que eso refresca mucho la cabeza.

¡Cipri!

-Van a cargarse al portugués del puesto de frutas.

-Déjame, por favor.

-¡Vais a pagar por lo que habéis hecho a nuestros soldados!

¡Basta!

-¿Está del lado del enemigo, maestro?

Él no es vuestro enemigo.

¿Cuántos años hace que vives aquí? -20. 20 años.

¡Basta ya!

No podemos odiar a las personas sólo por el hecho...

...de haber nacido aquí o allá.

Él es nuestro vecino. ¿Qué mal nos hace?

Marchaos.

Y dejadlo en paz.

-Padre, los portugueses casi nos fusilan a mí y a Sátur.

¿Por qué lo defiendes?

Mira, hijo, la guerra ya es bastante cruel...

...como para encima traerla a estas calles.

No lo olvides.

Pasos.

-Parece que el Señor está escuchando...

...vuestras plegarias, majestad.

Yo he cumplido con mi parte del trato.

Confío en que ahora vos hagáis lo mismo conmigo.

-Un rey no hace tratos ni admite coacciones,...

...deberíais saberlo, eminencia.

-Jamás he tenido la intención de coaccionaros, majestad,...

...sino de presta un servicio a la corona que...

...espero que vuestra magnanimidad sepa recompensar.

-Por supuesto. Aunque aún no he pensado cómo.

Respecto a vuestras aspiraciones al papado,...

...lamento decirle que no puedo apoyarlas.

¿Dónde está el retrato?

-Con todos mis respetos, majestad,...

...no sé a qué retrato os referís.

-Yo soy el rey de un imperio donde nunca se pone el sol.

He visto ejércitos enteros morir...

...y naciones grandiosas rendirse ante mi poder.

¿De verdad creéis, eminencia, que vos,...

...un solo hombre, podréis doblegarme?

-Nunca he puesto en duda vuestra grandeza, señor.

Sois el hombre más poderoso de la Tierra.

Pero recordad que hasta un simple ratón puede derribar a un elefante.

Y ahora, si no tenéis nada más que ordenarme...

-La marquesa de Santillana, majestad.

-Hazla pasar.

Majestad,...

...no osaría molestaros si el asunto no fuera...

...de la mayor importancia para mi hijo y para mí.

-¿Necesitas mi ayuda, Lucrecia? Sí, majestad.

-Está bien.

Pero antes tendrás que hacer algo por mí.

Por supuesto, majestad. Será un honor.

-La sobrina del cardenal vive en tu palacio, ¿verdad?

Sí, majestad.

-Mátala.

-Señorita Irene, ¿y usted no tiene nada nuevo que contarme?

Perdone, pero desde que se casó yo tengo el alma en un puño.

Que cada noche es un infierno pensando si el comisario...

-El comisario es un hombre bueno.

Dice que me respetará hasta que esté dispuesta...

...a cumplir con mis obligaciones conyugales.

-¿Eso le ha dicho? -Pero...

Yo sé que antes o después... ¿Cuánto se puede durar así?

-Pues mire, señorita, con maña,...

...como la mora esa del cuento, mil y una noches.

Ande, vaya a desayunar.

Catalina, el vestido de la señorita Irene ya está arreglado.

¿Dónde lo dejo? -Trae.

El comisario, que dice que la va a respetar.

Dios quiera que cumpla con su palabra.

Por lo general, los maridos no suelen ser tan comprensivos.

Pues sí, la verdad es que no. -¿Y tú qué, sigues con lo tuyo?

Yo estoy angustiada, Catalina.

-Hija, no lo vas a estar.

Con la que tienes formada: el marido, el cuñado, el prometido.

Y Alonso, que me hace cada pregunta que...

...ni yo sé cómo responderme.

-Es que los críos parece que no se enteran...

...y cuando abren la boca, meten el dedo en la yaga.

Víctor no se va a marchar si yo no me voy con él, Catalina.

Así que es lo que voy a hacer.

-Margarita, no debes tomar decisiones a la ligera.

¿Sí, y qué más da? Si es mi marido y lo será siempre.

Cuanto antes me vaya, antes dejarán todos de sufrir por mí.

Yo tengo la culpa. -Mujer, tú no tienes la culpa.

Es la vida.

Que a veces te las lía muy gordas.

Yo soy la única que puede solucionar esto.

Así que lo mejor será que vaya a hablar con Gonzalo.

-¿Con Gonzalo para qué?

Con Víctor. He dicho con Víctor, ¿no?

Y Margarita de Aragón, la hija menor...

...de los Reyes Católicos se casó con Enrique VIII,...

...rey de Inglaterra.

Dime.

-Yo creía que la hija de los Reyes Católicos...

...se llamaba Catalina.

Catalina de Aragón, sí, eso he dicho.

-No, has dicho Margarita de Aragón. He dicho Catalina.

-Maestro, ha dicho Margarita. He dicho Catalina de Aragón.

(TODOS) Ha dicho Margarita.

Bueno, vale, la clase ha acabado. ¡A casa!

-Amo, tengo tantas cosas que contarle que...

...no sé por dónde empezar. Siempre por el principio.

-Claro, sí, por el principio.

Pues el principio fue cuando las campanas sonaron...

...a las cinco de la mañana, me desperté y fui a orinar.

Y fue entonces cuando vi al marido de Margarita entrar sigilosamente.

¿Tan tarde volvía? -Sí, amo, sí.

Lo raro es que al rato volvió a salir.

Y yo, que estaba insomne y escamado,...

...tomé la iniciativa y lo seguí. Lo seguiste.

-Lo seguí, sí. ¿Y sabe dónde fue?

¿Dónde? -Al palacio real.

¿No le parece extraño?

Pues no, Sátur. Víctor es un rehén liberado por su majestad.

Un héroe de guerra.

No hay nada extraño en que lo reclamen en palacio.

-¿Usted cree? Sí.

-Bueno, vale, eso puede ser.

¿Y lo que hizo luego? ¿Qué hizo luego?

-Se fue a una cueva y se puso a cavar...

...un agujeraco así de enorme que entramos usted y yo.

Eso ya no es tan normal. -Eso ya no es tan normal, ahí está.

Va entrando usted por la vereda.

Y después de eso...

¿Dónde fue?

-Se fue a hacer sus necesidades detrás de un pino.

No se lo he contado porque no me parecía relevante.

Y ahora está en la posada chupando del frasco.

-¡Van a linchar al portugués!

¡Van a linchar al portugués!

-Bueno, bueno, bueno, bueno, bueno...

Y ahora un linchamiento. Si es que no nos falta detalle.

Sátur, vigila a Víctor hasta que vuelva.

-Esto es un no parar.

Sollozos.

(LLORA)

-Señorito Nuño, le he puesto las camisas encima...

...para que no se le arruguen mucho.

Por Dios, no se me venga abajo, que me parte el alma.

Que la vida monacal también tendrá sus cosas buenas.

Estar en comunión con Dios no es moco de pavo.

Que se asegura usted el cielo.

-Si has acabado de hacer el equipaje, vete, Catalina.

Lo siento mucho.

-Tienes que hacer algo para ayudarme.

Me temo que esta vez no puedo hacer nada.

Fue tu padre quien dispuso tu destino y yo no puedo cambiarlo.

-Mi padre. ¿Él que sabía de mí? Si ni siquiera lo conocí.

Era un buen hombre, Nuño.

Y quería lo mejor para ti.

Como todos los padres.

-Esto no es lo mejor para mí y tú lo sabes.

Lo sabes, ¿verdad?

Ayúdame.

Ojalá fueras tú mi padre.

(NUÑO LLORA)

Murmullo y gritos.

-¡No lo hagan, se lo suplico! ¡Tengo mujer, tengo hijos!

-¿Qué vais a hacer? ¡Es nuestro frutero de siempre!

-Vas a pagar por lo que hicisteis a nuestros hombres.

-¡Soltadle! -¡Aparte de ahí!

Insultos de la gente.

-¡Antonio! -¡Cipriano, ayúdame!

-¡Que te pudras en el infierno!

-¡Antonio, Antonio!

Antonio.

-Esto es cosa del pueblo, Águila. No tienes derecho a meterte.

Este hombre no ha cometido ningún delito.

Vosotros sí que lo estáis cometiendo.

¿Cuántos habéis venido para matar a un solo hombre?

Sois muy valientes.

¿Estás bien?

¡Fuera!

¡Fuera!

-Gracias.

Será mejor que abandones la villa. Aquí corres demasiado peligro.

-Se me ha caído mientras dormía. Sí, sí.

-Gracias, Lucrecia.

Gracias por acogerme en tu casa y por cuidar de mí.

A pesar de que...

Bueno, sé que últimamente te he disgustado...

...con mi comportamiento.

Quería pedirte disculpas.

Por favor, dime que me perdonas. No te pongas melodramática, Irene.

No es más que un cojín.

-¿De qué te ríes tú, qué miras?

-¿Quién, yo?

Nada, qué va... no...

Estaba mirando ahí...

Al infinito.

-Sátur, el Águila Roja ha salvado al portugués.

¡Iban a lincharlo y le ha liberado!

-El Águila Roja salva a nuestros enemigos.

Vaya un héroe del pueblo.

-El Águila Roja siempre hace lo correcto.

-Lo correcto. -Sí, el frutero no ha hecho nada.

Además, no podemos traer la guerra a nuestras calles.

-¿Ah, no? ¿Y quién dice eso? -Mi padre.

Y el Águila Roja también piensa lo mismo.

-Tu padre y el Águila Roja piensan lo mismo.

¡Posadero!

Pon vino.

-Vale.

Anda que menuda debieron liar este y Juan el otro día.

Han contado que casi se matan aquí mismo.

-¿Ah, sí? -Posadero.

-Sí.

-¿Sabe dónde puedo encontrar a un tal Víctor Navas?

Tengo una entrega urgente para él.

-¿Víctor? -Navas.

-¿Víctor Navas? Vive en mi casa.

Descuide que ya se lo doy yo. ¿A que sí, Cipri?

-Sí, es verdad. -Sí, hombre, sí.

Con Dios.

¡La virgen santa!

-¿Qué le trae a mis tierras, comisario?

Vengo a pedirle que recapacite sobre el futuro de su sobrino.

Ese niño tiene un temperamento muy adecuado para la vida militar.

No tiene vocación religiosa.

-¿Y cree usted que el Papa la tenía?

La Iglesia es muy poderosa.

Eso es lo que ambicionaba mi hermano para su hijo: poder.

Si usted estuviera de acuerdo podríamos obviar esa cláusula.

Le rogaría que reconsidere su postura en nombre de todos.

Porque eso no es lo que quiere Nuño.

Ni tampoco su familia.

-¿Cómo se atreve a venir a mis tierras...

...y decirme lo que tengo que hacer?

¿Quién es usted para saber lo que quiere su familia?

¡Yo soy su familia! ¿Quién es usted?

Alguien que ha visto crecer a ese niño y que lo aprecia.

-¿Insinúa que yo no aprecio a mi sobrino?

Si lo hiciera, no lo condenaría a una vida de encierro.

-Salga ahora mismo de mis tierras o de lo contrario...

¿Qué? ¿Piensa matarme como a su hermano?

¿Hará desaparecer mi cadáver como hizo con él?

Porque eso es lo que se cuenta.

-Esa es una injuria gravísima contra mi honor...

...y requiere una reparación.

Mañana al atardecer aquí mismo.

A pistola.

Pasos.

Buenas.

-Amo, qué susto.

Creí que no llegaba nunca.

Mire...

¿Qué es esto?

-Mírelo usted mismo, a ver qué cara se le queda.

Son los títulos de propiedad de Juan.

-Sí, están todos. Los de su palacio de Fernedilla,...

...los de la finca de Cuenca, de Guadalajara, Andalucía...

Vamos, de todos.

Pero están todos a nombre de Víctor.

¿Por qué? -Porque el Víctor ese...

El Víctor ese es un estafador.

¿Y qué hacen los estafadores, amo? Pues estafar.

¿Dónde está Juan? -Esa es la cuestión.

Después de la bronca que tuvieron nadie lo ha visto.

Catalina me ha dicho que no pasó la noche en casa.

-Si es que está claro como el agua.

Primero, Víctor chantajea a Juan para que le dé las tierras...

...y quedarse con la chica.

Y cuando lo consigue, se lo carga ¡y se queda con el lote completo!

No, no, Sátur, eso es una acusación muy grave.

No podemos sacar conclusiones precipitadas.

-Amo, quítese la venda de los ojos.

Que esta mañana vi a ese hombre cavar una fosa en una cueva.

¿Para qué se cavan las fosas? Solo para enterrar a los muertos.

Buenas.

(AMBOS) Buenas.

¿Habéis visto a Víctor?

(AMBOS) No.

Pues si le veis, decidle que quiero hablar con él.

-Sí.

¿Pasa algo?

Que...

Que he decidido que lo mejor será irme de la villa con mi marido.

-No, no. ¿Por qué?

-No... Que no puede ser.

No puede irse con él.

Dígaselo usted, amo, que su palabra es más digna de crédito que la mía.

¿Qué pasa?

Aún no estoy seguro.

-¿Todavía no está seguro? No.

-¿Y va a dejar que se marche con un asesino?

¿Cómo con un asesino? -Un asesino, sí, un asesino.

Margarita, aún no sabemos lo que pasa.

¿Qué es esto? Juan no aparece.

Y Sátur ha visto a Víctor cavar una fosa esta mañana en una cueva.

Quiero ir a esa cueva. No me parece una buena idea.

Gonzalo, ¡quiero ir a esa cueva!

Ruido de un carruaje.

Voces.

-Señora, el carruaje que viene a por el señorito Nuño ha llegado.

Ya lo he oído.

¿Dónde está mi hijo? -En su alcoba.

Si viera lo triste que está, señora.

¿Crees que no tengo ojos, Catalina?

-Ya, yo sólo lo digo.. ¡Calla!

Y ordena que lleven el equipaje al carruaje.

-Sí, señora. Lucrecia...

¿Y si Nuño no fuera hijo del marqués?

Eso podría librarlo...

Es hijo del marqués y siempre lo será.

Te lo he dicho ya muchas veces.

¿Aunque su vida sea un infierno?

Voy a buscarlo.

-Madre...

¿Es esto lo que me espera?

Lo siento, hijo.

-Madre, yo no quiero quedarme en este sitio.

-En este lugar se prescribe el voto de silencio.

Así como el de ayuno y pobreza.

Tendrás que acostumbrarte.

Mi hijo tiene una educación digna de su linaje.

Sabrá comportarse perfectamente, no lo dudes.

-Espero que así sea.

La disciplina y la obediencia son valores necesarios...

...en la casa del Señor.

Acompáñame, Nuño. ¡No!

Puedes llevarte el equipaje, aquí no le hará falta.

Vamos.

¡Vamos!

Nuño... -Lucrecia, este ya no es tu hijo.

Ya no te pertenece.

Vamos.

-¡Aquí!

Aquí es donde cavó.

Margarita, es mejor que esperes fuera.

-¡No, no! ¿Qué hace, qué hace?

Ya lo hago yo, déjeme a mí.

Ay, madre, que he tocado algo.

Sigue cavando. Sigue cavando, Sátur.

¡Margarita, Margarita!

¡Déjame, que quiero verlo! Déjame.

-¿Eso qué es?

Son las armas de Víctor.

Dijo que quería cambiar de vida. Por eso las ha enterrado.

Víctor no ha matado a nadie.

No es ningún asesino, Sátur.

-Lo siento, señora, yo es que lo había visto...

Margarita...

¡No vuelvas a adelantarte a mí nunca más!

Margarita no se merece lo que la hemos hecho sufrir.

-Claro que no se lo merece.

Pero no me negará que todo apuntaba a que se lo había cargado.

No, sólo tus estúpidos prejuicios.

¡Y esa maldita idea de que la gente no cambia!

-¡Es que no cambia!

Y puede que me haya equivocado en lo de matar a Juan,...

...pero ese tipo no es trigo limpio.

Lo tengo tan claro como que hay Dios en el cielo.

-Madre mía, cómo le han dejado la piel los aceites, Srta. Irene.

-¿Está suave? -¿Suave? Está de pecado.

Pero eso no es lo que conviene cuando se pretende evitar...

Usted ya me entiende. -Ya te lo he dicho,...

...el comisario me va a respetar.

-Sí, eso es lo que él dice.

Pero cuando se despierta el instinto de un hombre es...

...como un toro de lidia.

Mira mi sobrino, que no pudo contenerse.

-¿Qué tal está?

-Pues ahí va.

Ahí va, en el jardín, intentando no subir para no verla.

Pero con el tiempo se le pasará.

Y a usted también, ya lo verá, señorita.

-No sé... Supongo.

-Ande, póngase la bata, que va a coger frío.

Y si me permite seguir aconsejándola,...

...pues usted, cuando esté su esposo delante,...

...no enseñe mucho sus encantos. Que la piel llama a la piel.

Señorita.

Catalina, sal.

-Señor.

-¿Estás preocupado por Nuño?

Mañana, si quieres, podemos ir a la villa Vísperas.

Rezaremos por él y porque encuentre la felicidad en la vida religiosa.

No voy a poder, estaré ocupado.

-Si quieres, te esperaré y cuando vuelvas...

He dicho que no.

Pero podrías hacer algo por mí.

Si...

Si a mí me pasara algo en algún momento,...

...quiero que le entregues esto a Nuño en persona.

No, no me preguntes nada.

Dime sólo que lo harás.

-Lo haré.

¿Es que tienes miedo de que ocurra algo malo?

Irene, por favor.

-Parece que doña Margarita está más tranquila, ¿no, amo?

Por Dios, no me castigue con su silencio, que lo llevo mal.

Écheme la bronca si quiere, pero no me tenga así, amo.

Vamos a ver si ha llegado Juan.

Víctor.

-Estaba buscando a ver si el doctor tiene algo contra el insomnio.

No puedo descansar desde que llegué a la villa.

-Ya. Eso es lo que pasa cuando uno no tiene la conciencia tranquila.

Lo de no descansar, digo.

-No te preocupes, Sátur, no es mi caso.

Parece que te has hecho muy rico de la noche a la mañana.

-¿Qué es esto?

-Ahora se hace el despistado.

¿Dónde está Juan? -¿Dónde?

¿Lo estás chantajeando?

-Ten mucho cuidado con lo que dices.

¿Qué le estás haciendo a Juan...

...para que te cediera sus propiedades?

-Nada, Gonzalo.

-¡Doctor! -Se lo he dado libremente.

Ahí dentro hay uno de los mayores patrimonios de las Españas.

Es todo tuyo, Víctor, todo. A cambio de que te vayas...

...y dejes en paz a Margarita para siempre.

-Es una oferta muy tentadora, capitán.

Pero lo único que quiero yo es a mi mujer.

-Tenía razón, amo.

La gente cambia.

Cree el ladrón que todos son de su condición.

-Por favor,..

...¿me pueden dar un poco de agua?

-Claro que sí, muchacho.

Ven, acércate al fuego.

-¡Suéltame! Que me haces daño.

-El principito tiene agallas.

(TODOS LOS MENDIGOS RÍEN)

-Te arrepentirás de haber pegado a un noble.

¡Escoria!

-¿Qué me has llamado?

-¡Soltadme!

¡Soltadme!

(LOS MENDIGOS RÍEN)

-Martín, por favor, no me lo pongas más difícil.

Me voy a casar. -No lo hagas. Te quiero.

Se abre la puerta.

(LLOROSA) -¿Quieres algo, Lucrecia?

No.

(SUSPIRA)

Echo de menos a Nuño. No me apetece estar sola.

-Entonces podemos hacernos compañía.

Sí. ¿Quieres que te peine?

¿No van bien las cosas con tu esposo?

-Sí. No sé... supongo.

(LLORA) Traté de suicidarme.

Pero yo no quiero morir.

Sólo quiero ser feliz.

¡Aaah! ¿Qué es eso?

Avisa al servicio para que la maten.

-Señora. Sí.

-Han avisado del monasterio. Nuño se ha escapado.

Llaman a la puerta.

¿Sí?

-Anda que...

Amo, voy a ver a las compañeras de Estuarda por si hay noticias.

No tardes.

-Vuelvo en lo que se pone usted el traje y sus cosas.

¿Por qué no se levanta y desayuna?

Porque no tengo hambre, Sátur.

-Vamos a ver, vamos a ver, vamos a ver.

Es que está usted peor de lo que yo pensaba.

Como para ir de misión.

Está bien, Sátur. ¿Contento?

-Yo sé muy bien que usted está así por lo que está así.

También le digo que su cuñada y el marido no hablan de irse...

...ni de hacer el equipaje ni nada de nada.

Vamos, que no hay ambiente de viaje.

Si no es hoy, será mañana.

Él es su marido y se irá con él.

Tal como marca la ley. -¡Me cago en la ley!

La de vueltas que da la vida, coño, que... que...

Buenas. (AMBOS) Buenas.

Os he zurcido todo esto para que os dure durante un tiempo.

-Gracias.

Os voy a echar mucho de menos.

-Me voy.

Me voy.

Margarita, ¿estás segura de lo que vas a hacer?

Todavía no he hablado con Víctor,...

...pero nos iremos mañana.

Es lo mejor, Gonzalo.

(SUSPIRA)

Ojalá la vida hubiera sido de otra manera.

Ojalá.

-¡Padre!

Aquí. -Toma, un tazón de leche templada.

La ha traído Víctor. Él me la ha dado para ti.

Qué amable, ¿verdad?

Muchas gracias por la leche, hijo.

-Toma, un tazón de leche templada.

La ha traído Víctor. Él me la ha dado para ti.

¡Tú y tus hombres sois unos ineptos!

¿Por qué no encontráis de una vez a mi hijo?

Todos mis hombres lo están buscando.

Pronto lo encontraremos; no puede haber ido muy lejos.

¿Eso es todo lo que vas a hacer, esperar de brazos cruzados...

...mientras a Nuño podría pasarle una desgracia?

Acabo de registrar toda la villa. ¡Yo hago cuanto puedo!

Tú, en cambio,... ¿Yo, qué, Hernán?

¿Yo, qué? ¿Insinúas que no hago nada por mi hijo?

Sólo digo que tu amigo, el rey, al que tantos favores haces,...

...podría haber evitado que Nuño entrara en esa cárcel...

...si se lo pidieras. Y tú qué sabrás.

-Señor, ¿podemos hablar? ¡Habla!

-A solas. ¿Qué pasa?

Habla de una vez. ¿Sabes algo de mi hijo?

Habla.

-Nuestros hombres han encontrado esto.

Es de Nuño, es de mi hijo.

Te juro, Lucrecia, que lo encontraré sano y salvo.

Acompaña a la marquesa a su casa.

-Sátur. -Ya ves, Teresa, a lo mío.

-¡Aaah! (RÍE A CARCAJADAS)

-Yo... -Tú, tú, tú, tú.

-Yo...

(RÍE) -¡Tú, tú!

-Es la primera vez que vengo, te lo juro.

-No te avergüences. Como si vienes todos los días.

-Es que me siento muy solo. -Que lo entiendo, Cipri.

Que hay que tirar para delante. Tú debías tener lo tuyo dentro.

Bueno, ¿qué, cómo ha ido la cosa?

Claro que tú eres de los que no sueltan prenda.

No te preocupes, guárdatelo para ti...

...para regodearte por las noches. -Pero qué regodeo.

Si no he podido, Sátur.

-¿No has podido, qué? -Pues ni tocarla.

Estuve hablando de Inés. Que no me la quito de la cabeza.

En cuanto cierro los ojos la veo ahí mirándome...

...con esa cara tan bonita. -Cipri, hijo mío, por Dios.

-Cuando estás seguro que alguien es perfecto para ti,...

...pues ella lo era para mí.

Y nunca habrá otra mujer.

-Por lo menos la charla te habrá servido para desahogarte.

-Pues sí. Y hasta me he reído un poco.

Porque se traen cada cotilleo estas mujeres.

-¿Te han contado algo de Estuarda? -No.

¿Sabes lo que cuentan? -¿Qué?

-Dicen que la reina es calva. -Calva.

-Es calva. (RÍEN)

-Aquí se sabe todo, hasta los secretos de estado.

Dicen que una ha venido contando que ayer por la mañana...

...un soldado se presentó en el palacio real...

...para denunciar al Águila Roja.

-¿Un soldado?

-Dijo que conocía su identidad y dónde se escondía.

Prometió entregarlo hoy mismo.

¿Dónde vas, Sátur?

Sátur, ¿qué pasa?

-¿Qué haces tú aquí?

-Necesito que me ayudes. -Tienes sangre. ¿Qué te ha pasado?

-Necesito ropa y algo de comida. Tú dámelo y me iré.

-¿A dónde? -Eso a ti no te importa.

-¿Te has escapado de casa?

Tu madre lo debe estar pasando muy mal.

Habría que avisarla. -Si le avisas, te mato.

-Pero, Nuño, no puedes hacerle esto.

Lo debe estar pasando fatal. -Tú dame lo que te pido de una vez.

Te pagaré. Hoy no, pero te pagaré.

-Yo no cobro por ayudar.

-¡Amo!

¡Amo!

¡Ay, Dios!

¡Se lo ha llevado!

¡Se lo ha llevado! No puede ser.

¿Ahora qué hago yo?

¿Ahora qué hago yo? Tengo que salvar a mi amo.

Pero el Víctor ese es un soldado y yo no.

Yo soy... ¡Yo no soy nada!

Piensa, Saturno, piensa.

Eso... Armas.

Armas, sí, eso es.

Necesito... necesito muchas armas.

Esta.

¡Aaah!

Confíe, amo, que voy para allá.

-¿Madre?

Me has dado un susto de muerte.

¡Sal ahora mismo de ahí! ¡Vamos!

-Por favor, no me lleves otra vez al monasterio.

Yo no quiero ser cura. -¿Que te van a meter a cura?

Pero... Eso yo no lo sabía.

-¿Has sido tú? ¡Traidor! ¡Nuño!

-¡Soltadme! Vámonos.

-¡Soltadme, que no quiero ir! ¡Que me soltéis, no quiero ir!

¡No quiero ir! -Lo siento, Nuño.

-Pero si hasta un muerto me tengo que encontrar.

Al final se han salido con la suya esos animales.

No te preocupes, portugués,...

...que en las Españas habrá mucho animal,...

...pero también hay buena gente.

En cuanto rescate a mi amo de la cueva vengo...

...te prometo que te doy cristiana sepultura.

¡Aaah! (EL ARMA SE DISPARA)

¡Eh! ¿Dónde vas?

¡Vuelve! ¡No me dejes aquí!

-Créeme, Lucrecia, esto es lo mejor para el chico.

No puedes hacerme esto, Ricardo.

Soy su madre.

Tengo derecho a poder visitarlo cuando quiera.

-No hay duda de que durante estos años...

...has sido una mala influencia.

Le has educado como a un salvaje. Mi madre tenía razón.

Nunca debimos dejar que te quedaras con él.

¿Qué le van a hacer?

-Disciplinarlo.

Nuño ha cometido una falta grave y debe pagar por ello.

-¡Aaaah! ¡Aaah!

No voy a permitir que lo traten así.

-Quieta,...

...Lucrecia.

Haré lo que sea necesario para sacarlo de aquí, Ricardo.

-Ahora ya no hay nada que puedas hacer.

Una cosa más.

Si ves a tu amigo el comisario,...

...recuérdale nuestro compromiso de esta tarde.

Llaman a la puerta.

-Juan, te he preparado un caldico. Ahí lo tienes, tómatelo.

No sabes la de gente que ha venido preguntando por ti.

Entre ellos don Fernando, que el pobre, como no estabas,...

...se ha ido cojeando con el juanete.

-¿Me ha querido alguna vez?

-Juan, ella quería casarse contigo. Ahí tienes la respuesta.

-¿Pero me ha querido como a Gonzalo?

-Yo creo, Juan, que tú has sido lo más bonito que...

...le ha pasado a Margarita en toda su vida.

Y eso ella no lo va a olvidar jamás.

-Ya.

Gracias, Catalina, gracias.

Sepa que yo,...

...siempre vuestra fiel servidora,...

...me dispongo a ejecutar vuestros deseos.

Es un mensaje privado para su majestad el rey.

Protégela con tu vida si es necesario.

¡Otra cosa!

Dile a la señorita Irene que quiero verla.

Sabes que me hubiese gustado despedirme de Nuño.

¿Por qué lo has devuelto al monasterio sin avisarme?

Por favor, Hernán.

Nunca más podré ver a mi hijo.

¿De verdad pretendes que me compadezca de ti?

¿Por qué te relacionas con el conde de Lizana?

¿Por qué me dice que te recuerde vuestro compromiso?

¿Eres capaz de hacer negocios con el carcelero de Nuño?

No se trata de eso. ¿Ah, no?

¿Y a qué clase de compromiso se refiere?

Esta tarde nos batimos en duelo.

(RÍE) Estás loco.

Mi cuñado es uno de los mejores tiradores del reino.

Si te enfrentas a él, morirás.

Así son los duelos, Lucrecia.

Alguien tiene que morir.

Adiós, Lucrecia.

¡No vayas, Hernán!

Te lo ruego.

Soy el comisario, tengo que ir.

Nuño es tu hijo.

Gracias.

Llevaba mucho tiempo esperando para oírlo.

Aunque sé que nunca lo reconocerás en público.

Sabes que no.

No importa.

Para mí es suficiente.

No vayas a ese duelo. Hernán, por favor,...

...no dejes sin padre a Nuño.

Pasos y golpes en la puerta.

-¿Me habéis mandado llamar?

Marquesa.

Sí, querida.

Quiero que me acompañes a mi biblioteca personal...

...a por un libro.

Lleva cerrada mucho tiempo y estará llena de polvo,...

...pero te gustará.

-¿Aviso a una criada? No, mejor vamos solas.

-No sabía que hubiera un biblioteca en palacio.

Arriba, en la torre.

Ven conmigo, te la enseñaré.

-¿Qué tal la siesta, Gonzalo?

Son los efectos del láudano. Pronto pasarán.

¡Suéltame!

-No puedo. Tengo que llevarte ante su majestad.

No, Víctor.

Si quieres, mátame, pero no me delates.

Mi hijo pagaría las consecuencias.

-Conmovedor.

Además de héroe del pueblo eres un padrazo.

Haberlo pensado antes. ¿Por qué haces esto, eh?

¿Es por reconocimiento, es eso? ¿Quieres ser alguien en la vida?

-Vuelves a equivocarte. Esto es algo personal, Gonzalo.

¿O prefieres que te llame Águila?

Ella nunca te olvidó.

Ni siquiera cuando estábamos casados.

Tú fuiste siempre nuestro problema.

Tu problema es que estás loco.

-Y el tuyo es que estás muerto.

No conseguirás llevarme al palacio real.

-Ya lo sé.

Por eso voy a avisar a los guardias.

Cuando vean esto, ellos se ocuparán de ti.

No. Víctor... ¡Víctor!

-Su eminencia el cardenal Mendoza, majestad.

-Majestad.

Me han dicho que queríais verme.

¿Habéis reconsiderado acaso mi propuesta?

-Sí. En cierto modo.

-Me alegra oírlo.

De no ser así ambos tendríamos mucho que perder.

Yo, desde luego, mis aspiraciones al papado,...

...pero vos perderíais vuestro retrato y vuestro reino.

-Sí, sería lamentable.

Aunque os seré sincero,...

...vuestras aspiraciones ya no están en juego.

Tenéis una sobrina a la que apreciáis mucho,...

...¿verdad, eminencia?

Tengo entendido que se trata de una muchacha frágil e inocente.

Y que se llama Irene.

¿Me equivoco?

-Ella no tiene nada que ver con esto.

-Pues es un pena,...

...porque alguien tiene que pagar las consecuencias.

Sólo quería comunicárselo.

-A decir verdad, majestad,...

...creo que vos también lo sentiríais...

...si a Irene le ocurriese algo.

Si la vierais...

Recuerda en todo a su difunta madre,...

...doña Laura de Montignac.

-¿Qué queréis decir, eminencia?

-Irene es vuestra hija.

(JADEA)

Hace tanto...

...que no subía por aquí.

-Qué bonito.

Aquí están todos los libros de mi juventud.

Amor,...

...aventuras...

Qué recuerdos.

-Me hace mucha ilusión que compartas tus secretos conmigo.

Eso es porque te lo mereces.

-Te prometo que no permitiré que te sientas sola...

...ahora que Nuño no está.

Lo siento. No debí habértelo recordado.

No importa, no te preocupes.

-Imagino lo que debe estar pasando, Lucrecia.

Ser madre tiene que ser lo más grande del mundo.

Lo es.

Por un hijo se hace cualquier cosa.

-Estoy segura. Yo estoy deseando ser madre.

Claro, querida.

¡Ah! ¡Aaah!

(GRITA)

-¡Amo!

¡Sátur!

-¡Amo, está vivo!

¿Se encuentra bien? Sátur, quítame las cadenas.

Víctor y la guardia real estarán a punto de llegar.

-Tenía que haberme agenciado un hacha entre tanta arma.

Que no puedo. La pistola, Sátur. Usa la pistola.

-La pistola. Si es que estoy tonto.

No, dispara al candado.

-No, amo, no.

No, ya sabe que yo no me las apaño.

Igual le vuelo la mano. Sátur, dispara.

-No. ¡Dispara!

-No, es que no... Si me atrapan, me matarán.

Y luego irán a por ti y a por Alonso. Dispara.

Relinchos.

-¡No debiste haber venido!

-¡No te acerques!

¡Sátur, dispara!

¡Vamos, dispara!

¡Dispara, vamos! -¡Ah, ah, ah!

¡Atrás!

¡Dispara, Sátur!

Sátur, escóndete. ¡Escóndete!

-¡Cuidado, amo!

Lo ha matado.

Pero dejémonos de sentimentalismos.

Ven a ver estos libros de ahí arriba.

Ayúdame.

-Deja, ya subo yo. Gracias.

Una ya no tiene edad para estas cosas. ¡Qué asco!

Te encantarán estos libros. -Sí.

No, no es ese.

El de la cubierta de piel roja.

Son los sonetos de amor de Garcilaso.

Arriba.

-¡Marquesa!

-Majestad.

Es un honor conoceros en persona.

-Dígame, marquesa,...

...¿qué favor era ese que deseaba solicitarme?

(NERVIOSA) Como... mandéis, majestad.

Pero permitidme invitaros a mi salón.

Este lugar no es apropiado para vos.

Irene, baja de ahí, anda.

-¿Qué se puede esperar de un hombre sin nobleza?

No aparecerá.

Trote de caballo.

Ha venido, comisario.

¿Acaso lo dudaba?

-Si he de serle sincero,...

...sí.

Pero no perdamos más tiempo. Elija arma, por favor.

Contaremos 15 pasos y nos detendremos.

Cuando estemos frente a frente, uno de mis hombres dará...

Sé perfectamente lo que es un duelo, señor conde.

-Por supuesto, comisario.

Supongo que al igual que yo ha salido airoso de varios.

De lo contrario,...

...no estaría aquí para contarlo.

Empecemos cuanto antes.

(VOZ) He sido muy feliz con vosotros.

Y no cambiaría mi vida por otra más larga...

...en la que tu madre y tú no estuvierais presentes.

Porque yo soy tu verdadero padre, Nuño.

Y eso me llena de orgullo.

-¿Adónde va?

¡Todo el mundo en la villa sabrá que es un cobarde!

¡Comisario!

Golpean la puerta.

Golpean la puerta.

-¡Qué barbaridad, que ya voy!

¿Qué pasa? ¡Rápido, Catalina!

-Ay, por Dios, ¿qué ha pasado? -¡Fuera!

¡Fuera de aquí, vamos!

-Sátur, por Dios, no me digas que está...

-Muerto. Muerto es poco, Catalina. ¿No ves que está inane?

Ve a buscar a Margarita.

¡Catalina, ve a buscar a Margarita! -Sí, sí.

-Amo, no deberíamos haberle traído aquí.

Margarita tiene que verlo.

Después de lo que pasó, sólo así podrá vivir tranquila.

-¡Aaah!

-Está vivo. Está vivo.

-Pues estamos aviados.

Si este está vivo, usted, su hijo y yo estamos muertos.

-Sátur, ¿qué pasa?

¿Quién le ha hecho esto? -Juan...

-¡Chis! Calle, calle, que está muy débil.

Han sido unos ladrones.

La vida es que está muy peligrosa últimamente, ¿verdad, amo?

-Rápido, traiga agua y unos trapos. Sátur, vamos.

-¿Está seguro de que quiere curarle?

-Soy médico, Sátur, es mi deber.

Vamos, Sátur, vamos. -Doctor, doctor...

Sátur, haz lo que te pide.

-Está bien. -¡Vamos!

-No me castigue otra vez, por favor.

Si es por hablar, le juro que no volveré a decir una palabra.

¡Madre!

¡Hijo!

(NUÑO LLORA) Se acabó.

Ya nos podemos volver a casa.

-¿De verdad? Sí.

-Margarita...

Pero... pero...

-No puedo sacar el cuchillo.

Dejadme sola con él.

-Margarita. ¡Chis, chis!

-Margarita...

Gonzalo...

Chis...

-Marga... Chis...

(LLORA) -¡Aah!

¡Aaaah!

Gonzalo es...

No deberías haber vuelto, Víctor.

No deberías haber vuelto.

(LLORA DESCONSOLADA)

-¡Que alguien nos ayude, nos van a matar a todas!

Tengo que encontrar a ese asesino.

Quieren quitármelo todo: mi palacio, mis tierras, todo.

-No hay nada como recoger lo que uno siembra.

Nos enfrentamos a alguien muy peligroso.

-¿Pero qué has hecho, desgraciado?

-Deseo que Irene entre en la corte como dama de compañía de la reina.

-Considera lo que te damos como un acto de caridad.

¡Soy Gonzalo, abre! ¡Abre!

-A los muertos de hambre sólo nos queda...

...nuestro sentido del deber.

-Esta muchacha ha sido brutalmente asesinada.

¿Y todo este revuelo por culpa de una fulana?

Ricardo, ¿por qué me odias tanto?

¡Soltadme! -¡Amo, que está ahí!

-Tú no eres nadie.

-El conde de Lizana es una persona de conducta intachable.

Todos los hombres tienen alguna debilidad.

-¡Que mató a la compañera de Estuarda!

(GRITA) ¡No!

Águila Roja - T3 - Capítulo 28

30 sep 2010

La Marquesa recibe la visita inesperada de su cuñado, el Conde de Lizana, que afecta profundamente a los ocupantes de palacio: Nuño deberá ingresar en un seminario para cumplir la última voluntad de su padre, y el Comisario terminará retando a duelo al Conde, a pesar de que éste posee la fama de ser un combatiente sin igual. El Cardenal continúa su juego y entrega al Rey el medallón, pero no el cuadro que contenía. El monarca no se quedará de brazos cruzados y pondrá en marcha un plan para vengarse de Mendoza. Juan intenta por todos los medios que Víctor deje libre a Margarita. La tensión entre ellos es cada vez mayor. La propia Margarita está dispuesta a ir con él para evitar más problemas, pero las intenciones de su marido parecen cada vez más oscuras.  

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