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No recomendado para menores de 12 años
Transcripción completa

(Relinchos)

¡Nooo!

Debo sacar la flecha.

¡Se desangra!

La marquesa estaba embarazada, el padre no es un padre normal.

¿Quién es? Felipe IV.

(LEE)"Las penas con pan se llevan mejor, traeré el tesoro

para que lo disfrutemos los que quedamos, Sátur".

¿Dónde estoy? En el manicomio del Sagrado Corazón.

¡Sátur, aguanta! ¡Si casi no puedo moverme, deprisa!

¡Ay, Dios mío!

¿Dónde está el bebé? Yo no tengo ningún bebé.

¡No!

¡Aaah! ¿Dónde está el recién nacido?

-Quiero que averigüen dónde está ese bebé.

-La marquesa está en las mejores manos.

-La herida tiene evidencias de gangrena,

solo conozco una forma de pararla, amputar el brazo.

-Conteste. No sobrevivió.

¡Sátur! Pensé que... Yo también pensé que no lo contaba.

¿Cómo has salido de ahí? Solo vi un resplandor.

¡Oro puro! ¿Sabe cuánto nos pueden dar por esto?

(LLORANDO) -¡No, no, no, no!

Fue un error, pretendía matar al comisario.

(Estruendo)

¿Pero qué te has traído a casa, Saturno?

-Y si han tomado esa decisión tan precipitada

será porque no hay otra alternativa, ¿no?

-Mi madre ha ido al manicomio del Sagrado Corazón

y una loca gritaba que era la marquesa de Santillana.

¡No hay que amputarle el brazo, las larvas de mosca

solo comen carne muerta. Sal de aquí.

Señor, es Nuño, ha desaparecido.

-Esta gente no suele tener muchas visitas.

¿Qué pasa ahí al fondo?

(Gritos)

Es el horario de visita. (LA REPITE)

No estoy loca, ¡sáqueme de aquí! Sáqueme de aquí.

-Está en Torrelaguna,

le dije que le enviaría a alguien para sacarle de la comarca.

-¿Va a dejarle morir?

(LEE) -"Soy monseñor Adrián Vega, debo hacer una investigación vital

para el catolicismo".

¿Cómo sabías que estaba aquí? Venía a ayudar.

-Soltadla y hacedla seguir, si el bebé vive nos llevará a él.

(GRITA DESESPERADO) -¡No, no!

(GRITA DOLORIDO) ¡Aaah!

-¡Te lo suplico, por favor, no, madre!

¡No lo haga!

¡Sacad a esta gentuza de mi casa!

-La marquesa ha vuelto y ha degollado a la otra marquesa.

¿Qué? Como lo oye.

En este documento renuncias al título y a tus privilegios,

si firmas la curará un médico.

Tu mayor error fue subestimarme.

Estaban dentro de la lanza.

Dice que hay un descendiente de Cristo vivo.

(Música de intriga)

(GRITA ENLOQUECIDO)

(Gritos)

(Música inquietante y gritos)

(Gritos de los enfermos)

(RESPIRA ANGUSTIADA)

No puede ser...

(LLOROSA) No puede ser.

(Abren la puerta)

(RESPIRA ANGUSTIADA)

(Música sacra)

¿Qué es esto?

(Música de acción)

(Grillos)

Todo esto es mentira.

Esos pliegos demostrarían que Jesús tuvo descendencia.

Esta lista es una patraña, no existe ningún sucesor.

No lo hagas, Sátur.

Sátur, no lo hagas.

Dios es único, irrepetible,

y admitir que hay un sucesor es negar lo que es y lo que ha hecho.

Quiero descifrarlo para saber la verdad.

¿Pero qué verdad? ¡Que hablamos de Jesucristo!

Que si hubiera tenido un hijo o un escarceo se habría sabido.

Investigar mis orígenes me ha traído aquí.

Si mi familia tenía relación con el Santo Grial, puede que...

¿Pero qué me está contando, amo?

¿Se cree usted ahora tataranieto de Cristo?

Sátur, he perdido a mi madre.

Pero encontraré a mi padre.

Amo, en toda mi vida solo he visto al hombre hacer cabronadas,

todo esto debe ser obra

de alguien mejor, superior.

Alguien único.

(Relincho fuerte)

Está inconsciente, trae agua.

(ENFADADO) Sátur, ¿qué haces?

Sí, mire, amo, aquí lo pone bien claro:

"Urgente" y "Para su majestad".

Escuche.

(LEE CON DIFICULTAD) "El vestido está preparado".

¿No le suena raro?

Yo que usted me olvidaba del supuesto Cristo

y resolvía este misterio.

¿Qué misterio? Podría ser la carta del sastre.

(DESPECTIVO) ¿Del sastre?

Ah, bueno, sí. Sí, claro, del sastre, sí.

Así que venga, vamos a buscarle que ya tardamos,

que tendrá mucho que contarnos. Sátur, déjalo ya.

Si tiene usted razón.

¿Qué quiere que haga? Es para desviarle la atención

de lo de Jesucristo. No voy a dejar de investigar.

(BAJITO) Se despierta.

¡Amo!

(PREOCUPADO) ¡Amo!

Ya estamos.

Eh, buen hombre, despierte.

Despierte que tiene que ir al palacio y ya está tardando.

Le dejo la carta bien cerrada, no se constipe con la fresca.

-Es perfecto para el primer ministro francés.

Habrá que felicitar al artillero que lo ha realizado.

-Nadie notará que en su interior está repleto de explosivos.

-Majestad...

Si me lo permitís...

¿no sería conveniente antes de acabar con la vida del francés

agotar la vía diplomática?

-Se acabó la diplomacia.

Soy el rey de las Españas,

y si no me respetan por precaución lo harán por temor.

-Decidme, ¿cómo haréis explotar...

este... artefacto?

-Ahora mismo se está anunciado que se celebrará un concurso

para elegir a la mujer más bella del reino.

-Y eso sin duda tendrá alguna relación con vuestros propósitos.

(RÍE) -La elegida ganará el vestido

y una visita de cortesía a nuestros vecinos franceses.

Camino de París, ya luciendo el vestido dormirá en un parador.

-Lugar donde dormirá el primer ministro francés, supongo.

-No permitiré que invaliden el acuerdo

por el que mi hija María Teresa renuncia

al derecho de sucesión a la corona española.

-Sí, eso supondría que un Borbón

se sentase en el trono de las Españas.

-¡Jamás!

Cuando la portadora del vestido rinda pleitesía

al primer ministro francés

uno de mis hombres dejará caer una vela sobre ella

provocando una explosión que lo destruirá todo.

(Música inquietante)

(JADEA ASUSTADA)

¡Ah! Lucrecia...

Soy yo. (JADEA)

¿Qué haces aquí a estas horas, sucede algo?

Nada, solo quería agradecerte lo que has hecho por Nuño,

está mucho mejor.

Por eso traía la leche como compensación.

Me alegro que esté mejor, pero no has de traerme nada.

¿Seguro que estás bien? Estás temblando.

Sí. (JADEA)

(Ruido fuerte lejano)

(Explosiones pequeñas)

(Fuegos de artificio)

(Murmullos y comentarios)

¡Fuegos de artificio!

-¿A qué se deberá tanta fiesta y alharaca?

-Pues algo importante, seguro.

No veía algo así desde la construcción del Escorial.

(PREGONERO) -"Por orden de su majestad,

mañana por la tarde en los jardines del Buen Retiro

se elegirá a la mujer más bella del reino,

que será premiada con un fastuoso vestido

y un viaje a Francia".

"Por orden de su majestad,

mañana por la tarde en los jardines del Buen Retiro...".

-¿Qué haces, Cipriano, que te vas a presentar o qué?

Lo mismo con un vestidito... (RÍE)

-No, es por si le interesa a Catalina.

-¿A Catalina?

¿Pero cómo se va a presentar Catalina?

Hombre, que la muchacha es simpática, sí,

pero no tiene belleza para concursos.

-¿Que no? Si tiene una presencia... -Bueno...

-Si no se presenta es porque tiene lío en palacio,

hoy ni va a dormir en casa. -¿Qué?

-Vamos, eso creo, algo me ha dicho Murillo.

-Pues si tía Margarita se presenta, gana.

-Tu tía sí. Con ese melenón y... un buen vestido seguro que sí, ¿eh?

Hablando de Margarita, ¿dónde está?

Ella y Catalina tienen faena en palacio.

-..."que será premiada con un fastuoso vestido

y un viaje a Francia".

Por orden de su majestad: "Mañana por la tarde,

en los jardines del Buen Retiro

se elegirá a la mujer más bella del reino,

que será premiada con un fastuoso vestido...".

(Música inquietante)

-Tú te sentarás en mi trono y no un Borbón.

-¿Majestad?

Tranquilo, no es hijo tuyo, es hijo de Juan Francisco de Leiva,

tu virrey de Nueva España.

¿Qué depravados envías al Nuevo Mundo

que procrean con nativas en lugar de colonizarlas?

-Nuestros soldados han viajado solos

y esos poblados están llenos de mujeres desnudas

que instigan al fornicio.

-¡No lo toques! ¡Sácalo de aquí ahora mismo!

No puedes permitir que tu reino se llene de bastardos impíos.

-La raza española es blanca y pura,

y así ha de seguir siéndolo.

-Si el problema es que no hay mujeres españolas en las Américas...

las habrá.

Sátur...

¿Qué está haciendo con eso?

Toma.

Aléjate.

Hasta tensar el hilo.

Ahí.

Acércatelo a la oreja.

(BAJITO) Sátur.. Sá...

(ASUSTADO) ¡Ah, cojón!

¿Esto qué es?

El sonido se trasmite a través del hilo.

La madre que nos parió.

Pero esto puede cambiar el mundo, porque de ser así podríamos hablar

uno desde Cuenca y otro desde Mazagón, ¿no?

¿Y estos libros, Sátur?

Estos libros demuestran que nuestro Señor no tuvo ningún ajetreo.

Ni con María Magdalena, que de los pies ni subió.

-¡Vamos, vamos para dentro!

Aquí los dejo, no tenían muchas ganas de venir a clase.

(HOMBRE) -¡Alto!

-¿Y ese ruido?

-¡Alto, detente!

-¿Y estas mozas?

¿Estas mozas a qué se presentan, al concurso?

Las veo muy mustias para eso, ¿no?

-Las están reclutando en grupos.

Las casan con soldados para repoblar el Nuevo Mundo.

No deberían obligar a nadie a hacer esto.

Amo, van a servir a la patria.

Igual que los soldados en la guerra, a ellos nadie les pregunta.

Un soldado nos defiende del enemigo, a ellas se las trata como esclavas.

Tanto decir de la igualdad y cuando interesa cortamos donde queremos.

Se las llevan a miles de leguas de lo que aman:

padres, hermanos, novios... Y algún muerto de hambre

que les dará una vida horrible. Con los militares estarán mejor.

(DESESPERADA) -¡Por favor, tienen que ayudarme!

Tranquila, tranquila, espera...

¡Amo!

-¡Vamos, tira!

-¡No, por favor! -Hija, debes ir,

es una orden real. -¡No, por favor!

-¡Vamos, suelta! (HISTÉRICA) -¡No, no!

¡No, no!

Quiero todos mis mejores corsés, vestidos y postizos preparados.

¿Todos? Todos y ahora mismo.

He de elegir, esta tarde me deben nombrar la dama más bella.

¡Fuera!

¿Ahora quieres mandar sobre mis criadas?

Sal, Catalina.

Irrumpes en mi baño cuando estoy a punto de desnudarme,

¿tanto me has echado de menos, Hernán?

Estás desquiciada.

¿Cómo te presentas a ese circo? ¿Celoso a tu edad?

Si ganas te mandarán a Francia y acabas de volver a casa.

Sí que me has echado de menos.

No seas necia.

Pienso en Nuño, sigue convaleciente.

No te pongas dramático, por favor.

Era lo único que te importaba, aparte de ti.

Ahora ya ni... ¡Es mi hijo!

No te atrevas a decir que no me importa.

No lo parece, por tu empeño de presentarte al concurso,

que es una frivolidad.

Además, acabas de tener un hijo, no es tu mejor momento.

¿Y eso quién lo dice?

El sentido común. "El sentido común"...

a las de naturaleza prodigiosa no nos afecta demasiado.

Voy a ganar ese concurso.

(Pasos)

Dedicarse así a dar palos sin más, y encima a mí que soy un patriota...

Con decirle que hasta los moratones me salen

con la forma de nuestra península.

En esta zona está el torreón de la Soledad.

Es aquí adonde llevan las mujeres.

¿No iban a las Américas?

¿Para qué las quieren ahí a todas?

No, solo parará uno de los grupos y para pasar la noche.

El resto va por caminos distintos hasta Cádiz para embarcar.

Tengo que liberarlas. ¡Si es que no aprendo!

Yo que esperaba que no lo hiciera. No se merecen lo que les pasa.

¡Tampoco se merecen morir!

Que eso está lleno de guardias reales de gatillo fácil.

Será una escabechina todo lleno de mujeres corriendo.

Por eso debo hacerlo sin llamar la atención de la guardia.

Como no las descuelgue por la ventana ya me dirá.

Eso es imposible.

Solo hay una forma de hacerlo, estando dentro y fuera a la vez.

Que yo sepa el don de estar en todas partes solo lo tiene Dios.

No, Sátur. La condesa de Monegro mandó construir el torreón

para tener un lugar donde leer y orar a solas,

de ahí su nombre. Amo...

está en modo héroe, no maestro, no se vaya por las ramas.

Lo que nadie sabe es que la condesa mandó construir una trampilla

que solo se abre desde el interior.

Lo hizo así para dejar entrar a sus amantes.

(RÍE DE FORMA FALSA) Menuda golfa la condesa.

Pero si nadie conoce la trampilla, ¿por qué usted sí?

¿Eh?

De sus libros.

No, conocí a uno de sus amantes.

En uno de sus viajes, no me diga.

Debo abrir la trampilla desde dentro y estar fuera

para protegerlas mientras cruzan el foso que rodea al torreón.

¿Cómo, que también tiene un foso? Imposible, amo.

Eso es imposible.

Así que sintiéndolo por esas mujeres no podemos hacer nada.

Sátur... ¿Qué?

¿Tú me ayudarías?

(RESOPLA) ¿Qué hay que hacer?

La trampilla está al fondo de la estancia,

detrás de un tapiz con ciervos, ¿te acuerdas?

Sátur...

¿Sátur, me oyes?

¿Me has oído? Sí, amo, le he oído, sí.

Y quiero que sepa que esto es lo más humillante

que he hecho desde que le sirvo.

Si hubiera otra opción no te lo pediría.

Amo, que uno ha sido actor, pero una cosa es hacer un Lope,

y otra cosa bien distinta es vestirse de Helena de Troya.

Tú te puedes camuflar bien entre ellas.

Eres pequeño y... y das la talla de mujer.

Hala, venga a echar sal en la herida.

Recuerda cuando estés dentro que el cambio de guardia

es a las cinco. Las campanadas de la iglesia os avisarán.

Que yo me conozco ese plan al dedillo, pero no saldrá bien.

No te preocupes, yo estaré fuera.

Amo, escúcheme bien,

que ya no es por la humillación, que también, y mira que me jode,

pero es que esto no cuela. ¿Ha visto esto?

Toma, ponte esto y tápate la cara.

¿Y si me preguntan, qué hago?

Porque tengo un vozarrón que se me sale la masculinidad.

Y usted ahí, más que digno, con su traje bien prietito,

bien de hombre. Yo... parezco Dulcinea del Toboso.

(Relinchos)

¡Sátur, vienen!

No me haga esto, por Dios,

que entré a su servicio en pos de honor y fama.

Mézclate entre ellas mientras distraigo a la guardia.

Pero qué huevos tiene, amo, qué huevazos.

(Música de intriga)

-Eh... Catalina...

(MOLESTA) -¿Qué?

(EMOCIONADA) ¡Carmen, muchacha! -¡Hola, tía!

-¡Pero bueno...! Es mi sobrina.

Pero si no te había conocido, cómo te has puesto.

Madre mía, pero mira qué pechos,

si la última vez que la vi parecía más puerta que mujer.

Pero bueno, ¿qué haces tú aquí?

-Vengo a presentarme al concurso, al de la mujer más bella del reino.

-Como nuestra señora la marquesa.

-¿Y tú crees que es una buena idea? -Sí, tía.

(SUSPIRA MOLESTA) ¡Ay! ¡Todo esto es bazofia!

No tengo nada que ponerme.

Si tiene aquí lo más granado de su vestuario.

Si este es el vestido que estrenó en la recepción real en el Pardo.

No me sirve, no me gusta.

¡Y esto tampoco!

¿Esta quién es?

Verá, señora... ¿Qué hace aquí?

Es...

Es... -Soy su sobrina.

¿Y? No necesito otra criada.

No, señora si es que ella ha venido a...

Me estás poniendo de los nervios, termina alguna frase.

Ha venido a... a... ¿A?

A presentarse al concurso.

(RÍE)

(SUSPIRA) Ay...

Está claro que no ha salido a ti, Catalina.

Buena suerte para esta tarde, querida, la vas a necesitar.

Dejadme. ¡Fuera!

(RESPIRA ANSIOSA)

(SOLLOZA NERVIOSA)

(LLORA)

(Música triste)

(Abren la celda)

(ENFADADO) ¡¿Qué hace aún ahí?! Dejé claro que lo sacaran.

-Sí, señor. -¿Entonces a qué esperáis?

-Señor, verá, es que...

-¿Tenéis miedo?

Deberías temerme a mí y no a él.

¡Sacadlo de aquí si no queréis acabar como él!

(Música inquietante)

-No le toquen.

-¿Quién se cree para dar órdenes en mi casa?

Disculpe el malentendido, monseñor.

-¿Cuándo ha sucedido?

-Anoche, pero no entiendo,

¿qué interés puede tener el Vaticano en todo esto?

-¿Sabe si era especialmente devoto? -No lo sé.

Está claro que uno de ellos lo ha matado.

¿Ah, sí?

¿Y cómo si estamos todos atados?

No le haga caso, está loca.

-¿Es verdad lo que ha dicho?

-Sí, bueno... -¿Comprobaron anoche

que todos estaban atados?

-Así es, pero... Puede que se haya suicidado.

-Parece bastante improbable.

(Música emocionante)

(Abren una puerta con llaves)

(CARIÑOSA) Chis, estoy aquí.

Empiezas a ser previsible.

Tu afán por el concurso me ha descubierto tu secreto.

Como te atreves. ¿No estaba muerto? ¿Qué hace aquí?

Sobrevivir. ¿En las bodegas de tu palacio?

Has perdido el juicio.

Me siguen, lo buscan y estoy segura de que es la reina.

Ese niño solo te llevará a la muerte.

No si me lo llevo a Francia,

ganando el concurso lo sacaré sin levantar sospechas.

¿Y si te descubren? ¿Qué más quieres que te hagan?

¿Y qué más quieres que haga?

Ayúdame.

Ayúdame a salvarle.

Está bien, sal de aquí.

¿Qué vas a hacer?

Sé que para ti es difícil, pero yo puedo hacerlo.

¡Ni se te ocurra acercarte a él!

¿Quieres que viva para ser madre de rey?

¿Lo dejarás huérfano por eso?

¡Si le tocas, te mato!

(Carga el arma)

(Llanto del bebé)

(Música de tensión)

(Descarga el arma)

(JADEA NERVIOSA)

(Llanto del bebé)

(SOLLOZA) No, es un niño.

Es un niño, no lo hagas. (FORCEJEA)

¡Por favor!

(Llanto del bebé)

(CHISTA CALMÁNDOLO)

No lo conseguirás.

Chis, chis, ya está...

Ya está, mi niño, ya está...

(Abren con llave una puerta)

¡Vamos, entrad!

(ASUSTADA) -¡Ah!

(Sollozos de las chicas)

(LLORAN CASI TODAS)

(LLORAN MÁS ASUSTADAS)

-No, no, no, no...

No, no, escúchenme, por favor, ¡no se me solivianten!

Si ya sé que no soy ninguna mujer, soy un hombre.

Y se preguntarán quién soy y qué hago aquí.

Pues bien, se lo voy a decir, me llamo Saturno García,

y he venido a rescatarlas,

porque no creo que ninguna quiera ir a la repoblación.

¿Eh? (VARIAS) -No, no...

-Vamos a ir por partes.

Vamos a salir por detrás de ese tapiz,

que esconde una salida secreta.

¿Cuándo?

Más o menos a las cinco.

Pero ni un murmurar ni un comentario,

que ustedes las féminas son muy... Y si se les escapa no lo contamos.

¿Estamos? Pues dicho lo dicho...

voy a ver la trampilla.

(LLOROSA) -Gracias, señor.

-Nada, si esto es lo de todos los días.

Y tranquilas, que yo os juro por estas

que os sacaré a todas,

no pasaréis un día sin ver a vuestras familias.

(RÍEN ESPERANZADAS)

(Crujidos de la puerta)

(Música de intriga)

(Música melancólica)

(Recuerda llantos de las mujeres)

Alonso, debo ir a por unos libros, no vendré a cenar.

Espera, padre.

Te he escuchado esta mañana. No se merecen que se las lleven.

Me alegra que estemos de acuerdo. Pero ¿por qué nadie hace nada?

Hijo, es una orden real, lo único que podemos hacer es acatarla.

¿Pero no viste la cara de miedo de esa chica?

El rey se ha equivocado, estás de acuerdo, ¿no?

Sí, hijo, se ha equivocado.

¿Y por qué no cogemos las espadas, sus padres, todos nosotros?

Impediremos que... Enfrentarse a la guardia del rey

es peligroso. Sí, sí, lo es,

pero quedándonos sentados nunca cambiará nada.

Debemos cambiar las cosas, pero no con la violencia,

sino con razón y diálogo.

Tengo que irme.

Las guerras no se ganan así, padre.

Tú nos lo has enseñado en clase.

¿O cómo se liberaron los numantinos de Roma?

¿No hubiera sido mejor que nadie muriera?

Hablas de diálogo por miedo.

Siento no ser como quieres que sea.

(Música emocionante)

¡Gonzalo, Gonzalo!

Ayúdanos, una de las madres ha quemado su casa

y se iba desquiciada a buscar al rey, hará una locura.

¿Habéis mirado por el camino? Sí, no está.

Está bien, tú mira por el alcázar, yo miraré por el palacio del Pardo.

(Campanadas horarias)

(RECUERDA) "Y recuerda cuando estés dentro

que el cambio de guardia es a las cinco".

(GIME DEL ESFUERZO)

"Las campanadas serán vuestra señal".

(Música de tensión)

(Música tranquila)

¿No has venido a verme hasta ahora y ya te vas?

(RÍE) -Estabas en buenas manos.

No te quise molestar tampoco.

Te he traído un tazón de caldo.

¿Estás mejor?

-Sí, aunque si tomo una gota más del brebaje de esa cocinera recaeré.

-No es el caldo lo que te hará recaer.

Es la espada.

No deberías estar jugando a eso, todavía estás muy débil.

-¿Tú crees? -Sí.

Vamos a verlo.

(RÍE BAJITO)

¿Aún me ves débil?

-Déjame salir.

(SUSURRA) Apártate.

(SUSURRA) -No. (SUSURRA) -Por favor.

Dime que no estoy débil.

(Cae la espada al suelo)

(Música religiosa)

-Llévenlo al palacio del cardenal. -¿No prefiere a una fosa?

-¿No ha quedado clara la dirección? -Por supuesto.

Ya lo han oído.

Monseñor, déjeme que le acompañe a la salida.

-Antes me gustaría hablar con una de las internas.

-¿Pero para qué?

-Quiero hablar con la morena de pelo ondulado que estaba ahí.

Tráigala ya.

(Música emocionante)

-Majestad, debería haber sido un lacayo

quien llevase este vestido a los jardines del Buen Retiro.

-¿No me dirá que tiene miedo, cardenal?

-No, pero un rey y un cardenal no deberían hacer estas menudencias.

-La mejor manera de cumplir los propósitos

es hacerlos uno mismo.

-¡Majestad!

¡Clemencia!

(LLORANDO) ¡Majestad!

Mi hija es todavía una niña, no aguantará el viaje.

¡Se lo suplico, clemencia!

-¿Qué ocurre aquí?

-¡Le imploro, lléveme a mí, todavía puedo tener hijos,

pero deje a mi hija aquí, por piedad!

-Apartadla del camino. -¡Se lo suplico!

¡Piedad! ¡No, nooo! (LLORA)

-Vamos.

(Llanto de la mujer)

-Vamos. -¡Se lo suplico!

(LLORA)

(Música de tensión)

¡Maldito sea su reino!

-¡Pero...!

-¡Cuidado, majestad, apartaos!

(TOSEN NERVIOSOS)

¡Puta perra!

¡Acabad con ella!

(Flechazo)

(Relincho)

(Música de acción)

(GIME ALIVIADA)

Me llamo Adrián Vega.

¿Puedes entenderme? No me hable así, no estoy loca.

Quería hacerte unas preguntas. ¿Conocías al difunto?

Espera... ¡No me toque!

Tranquila, no voy a hacerte daño.

¿Más daño que estar aquí encerrada, eh?

¿Y por qué estás aquí dentro? Por error.

Me confundieron con una interna.

Pero ya sé lo que piensa,

que qué le importa la historia de una loca.

Llevo aquí solo dos días.

Mire, mire mis manos, ¿ve?

No tengo las uñas negras, no tengo costras...

Y mire no tengo cicatrices de latigazos.

No estoy loca. Espero que hayan terminado.

-¿Por qué está encerrada?

-Son 500 enfermos, no me sé la insania de cada uno de ellos.

Ahora perdone, pero tenemos que llevárnosla.

(FORCEJEANDO) ¡No, no, nooo!

¿Qué harán con ella?

-¿Sabe de dónde salen los postizos de las nobles?

(Música inquietante)

(MUY NERVIOSA) ¡No, no, no, noooo!

¡No, nooo! Ya ve...

Las vacas dan leche, las locas cabellos.

Para algo tenían que servir estas salvajes.

¡Noooo!

(LLORA)

(Música de tensión)

Si parece mentira, me parece ayer cuando era así de pequeña

y la bañaba en la pila de su casa.

Y ahora fíjate, que eres ya una mujer.

-Tía, no crees que tenga posibilidades, ¿no?

Por eso estás tan seria. -No es por eso, criatura.

Es porque, mira, la señora...

¡Señora! ¿Se puede saber qué haces?

Señora, es agua ya usada por usted, ¿eh?

Tráele agua limpia.

¿Agua limpia? Sí y ya si no quieres beberte esta.

Vamos. Sí, señora.

Tienes aspecto de cansancio.

Quizás por los nervios, todo es nuevo para mí.

Es comprensible.

Pero no te preocupes...

yo tengo un truco para quitar los signos del agotamiento.

Cierra los ojos.

Ciérralos.

(SUSURRA) Eso es, relájate.

(Música de tensión)

(TRANQUILIZADORA) Chis...

(Música de tensión creciente)

¿Madre? ¡Nuño!

¿Qué haces levantado? ¡Vamos!

¡Nuño!

Haber llamado y que te subieran comida.

Además, mírate, estás acalorado. Estoy bien, madre.

Es buena señal que tengas apetito, pronto volveremos a cazar.

Cazar, luchar...

No ha de desarrollar más sus músculos,

sino su intelecto.

(Pasos de mujer)

¿Puedo ayudarte en algo, querida? No.

Venía a buscar a Catalina para darme un baño.

¿A estas horas?

Sí.

Me presentaré a la elección de la más bella.

-Pero si ganas te irás a Francia. -Cambiar de aires me vendrá bien.

Una casada no puede presentarse al evento.

A no ser que lo consienta su esposo.

Irene...

(LA BESA) ...puedes presentarte.

Dejadme.

(JADEA AGOTADO)

Esto no lo abre ni Sansón.

(JADEA)

Si hubiera un chisme para hacer palanca...

Estamos metidos en una ratonera...

(LLORA) -Vamos a morir.

-No, no, chiquilla, no te pongas así, ¿eh?

(Llanto de otras chicas)

Tú también, que no os pongáis a llorar, por favor,

que es hábito de las mujeres, empezar una y seguirla las demás.

Vamos a ver...

Que os sacaré de aquí

y si hace falta haré el túnel a bocados, pero os saco.

Además,a mí también me espera alguien fuera.

Mi hijo.

Vamos a tener un poco de sosiego.

¿Estamos?

Dios mío, amo.

(LLORAN ASUSTADAS)

-Levantaos todas.

En fila, rápido.

¡¿Es que no sabéis lo que es una fila?!

(Llanto de las mujeres)

(LLORANDO) -¿Qué nos haréis?

-Asegurarnos de que estáis sanas.

Desnudaos.

¡Desnudaos!

(Música de tensión)

(JADEA NERVIOSA) No, no, no...

Venga, date prisa que vienen a recoger el pelo a las seis.

-A ver, tiene buen pelo, nos darán mucho por él.

¡No, no, no! Córtaselo a ras de cráneo.

(SOLLOZA DESESPERADA) No, no, no...

¡No, no, déjame, déjame! (GRITA DOLORIDA)

¡Déjame! (LLORA IMPOTENTE)

¡No, por favor, no, por favor!

Por mucho que grites nadie vendrá a socorrerte.

(LLORA) Ay, no, no, por favor. Por favor, no.

¡No, no, no!

Déjame, déjame... ¡Estate quieta!

De nada te servirá que sigas moviéndote,

estás bien sujeta. ¡Ojalá se pudra en el infierno!

¿Qué has dicho? ¡Aaaah!

(LLORA)

-Suéltela. -¿Qué está diciendo?

Acaba de atacarme, pagará por ello.

-La quiero para mí y la quiero perfecta.

-Ya entiendo, solo para usted.

Nuestras internas, además de dar espléndidos postizos

sirven para otro tipo de favores.

-Prepárenla y llévenla a otra celda.

Enseguida vuelvo.

-Disculpe, monseñor...

pero esto conllevará una gratificación.

-La compensación estará a la altura del servicio.

(Música de acción)

Bien, Catalina, puedes irte, ya estoy.

¿Ya está?

¿Con ese vestido irá al concurso? Sí, ¿qué pasa?

Que insinúa... Vamos, no insinúa, lo muestra todo.

Perfecto, más claro queda así que no tengo nada que ocultar.

Pero señora, no puede ir sin corsé.

El corsé es para levantar lo que no se mantiene solo,

y no es mi caso.

¿Y le traigo capa o tampoco quiere?

Prepara mi equipaje, esta noche parto para Francia.

¿Lucrecia?

(FURIOSA) ¡Malnacido!

¿Por qué has dejado presentarse a tu mujer?

Creo que se te ha caído esto. Prohíbeselo ahora mismo.

Irene se va a presentar con mi permiso.

Sabes cuánto necesito ganar.

No lo harás si lo puedo evitar.

Hernán... Hernán...

Si no consigo sacar al niño de aquí tendrá que estar en ese agujero,

no puedo dejar que mi hijo crezca escondido entre humedad y oscuridad

sin ver la luz del día. ¿Qué clase de vida tendría?

Quizás la que un bastardo se merece.

Es un recién nacido.

¿No te apiadas ni de una criatura indefensa?

No...

si mi piedad te lleva directa a la muerte.

Ganaré ese concurso, como sea.

Será complicado.

No solo compites contra Irene, sino contra la duquesa de Honrubia.

Dicen que es la mujer más bella del reino.

(SOLLOZA ASUSTADA)

-Tú te vienes a las Américas.

Tú, la tímida...

Te hablo a ti, ¿por qué no te has desnudado aún?

Desnúdate.

¡Maldita, me vas a obedecer!

-No se las pueden llevar, tienen derecho a elegir su vida.

(JADEA) Por favor, yo solo quería ayudarlas.

¡Piense en sus hijos! -¡Son órdenes del rey!

¿Quién te crees para no respetarlas? -¡Au!

(GIME CASI SIN RESPIRACIÓN)

(Carga el arma)

(JADEA ASUSTADO) No, por Dios, no, se lo pido por favor.

No me mate, no, se lo suplico.

(Música de tensión creciente)

No me mate, por favor. (TOSE)

Gracias, es usted un buen hombre. -No...

no vas a morir así.

-¿Qué quiere decir?

-¿No querías ser mujer?

Pues vas a ser mujer.

(Música de tensión)

-¡No, no me hagan daño!

-Debemos ir más rápido para llegar allí antes que las mujeres.

(CANSADO) -Alonso...

¿Cómo vamos a hacerlo?

-Había pensado que podríamos escondernos entre las rocas

y luego disparar desde allí.

-Pero solo tenemos una pistola.

-Ya...

-Alonso...

nunca he matado a un hombre.

-Yo tampoco.

-Seguro que el vestido no es tan trasparente.

-Carmen, que le he visto el arco del triunfo con sus relieves.

-Ay, tía Catalina, espera.

-Hija, por Dios, con lo preciosísima que vas

y llevas el vestido que parece la sábana de una mancebía. Vamos.

-Deberíamos haber ido en carro. -Lo he intentado,

pero justo hoy la señora marquesa no podía dejarlo, válgame Dios.

-Todo es nuevo para mí.

(Chillido de terror de una mujer)

(LLORA)

-¡Señora! ¿Señora, se encuentra bien?

(LLORA)

(Música de terror)

¡Duquesa de Honrubia! Señora...

(LLORANDO) -¡Mi cara, mi cara!

¡Mi cara!

-Creo que a la duquesa de Honrubia la podemos descartar, majestad.

-Pobre mujer, cómo la han desfigurado.

En cualquier caso prefiero no enviar a una noble a una muerte segura.

-Sin duda os evitaríais más de un inconveniente.

Según tengo entendido la marquesa de Santillana también acudirá.

Si no me equivoco vuestra esposa últimamente no la estima mucho.

-¿Qué queréis decir?

Que paradójicamente podría evitarse cierto problema conyugal

si la marquesa resulta elegida como la más bella.

-Ella sería una justa vencedora, pero no.

-Entonces lo más adecuado será dar con una mujer del vulgo.

(Música de intriga)

Aquí hay una candidata, Carmen Valle,

campesina y sin título alguno. ¿Qué hará esta aquí?

-Que sea ella.

-Una joven con suerte, sin duda alguna,

su vida trascurriría sin pena ni gloria

y ahora será recordada

como la mujer que murió junto a un primer ministro francés.

(DESESPERADO) -¡No, no!

¡No, por favor, no!

-Así aprenderás a obedecer las órdenes de tu rey.

-Se lo suplico, córteme usted una pierna o un brazo,

pero la hombría no, la hombría no. (TRANQUILIZADOR) -Chis....

¡Cállate si te queda algo de dignidad!

-Escúcheme, solo soy un desgraciado que no tiene donde caerse muerto.

(LAS CHICAS GRITAN)

¡No, por favor!

Me quita lo único que tengo para sentirme hombre y no escoria.

Señor, apelo a su piedad, que usted sabe que esto es sagrado.

-Si lloras como mujer no mereces ser un hombre.

Agarradle. -¡No!

¡No! ¡Prefiero estar muerto que castrado, no, por favor!

(LLORANDO) ¡No!

¡No, por Dios!

¡No, no me haga daño, por Dios!

¡No! ¡Nooo, por Dios!

(GRITA CON RABIA)

(Estruendo)

(MUJER) Siento que no ganara, marquesa.

¿Esto es la bodega?

Los mejores premios se celebran con los mejores caldos, Carmen,

debes elegir una botella. Muchas gracias,

pero el carruaje me espera para ir a París.

Insisto.

(Ruido de llaves)

¿Cierra la puerta?

Es solo un breve instante.

Quiero que conozcas a alguien. ¿Conocer a alguien?

¿Aquí?

(CARIÑOSA) Chis...

Llevarás este niño contigo a París.

Una vez allí lo dejarás a cargo de la familia Dubois.

¿Por qué yo, por qué no lo lleva usted misma?

¿Es que no te han enseñado nada?

Los de tu clase no preguntan, solo acatan órdenes.

Yo no soy su criada.

Pero tu tía sí.

Carmen...

Esto es belladona.

Le darás exactamente dos gotas cada cuatro horas,

así dormirá durante todo el viaje.

Solo dos gotas cada cuatro horas, ¿está claro?

Pero el viaje es muy largo y fatigoso y él es muy pequeño.

¿Y si enferma? Ni se te ocurra decirlo.

Estoy segura de que te cuidarás mucho de que eso no suceda.

Asegúrate de que no le ponen nada encima para que pueda respirar.

Y no te separes nunca de la cesta.

Chis...

No sé si seré capaz... (GORJEA EL BEBÉ)

En ese caso, la muerte de alguien de mi familia se compensará

con la de alguien de la tuya.

(Silbido del viento)

(Manipulan la cerradura)

Desvístete.

Es una vergüenza para el clero, ¡me da asco!

Toma, ponte esto.

Espera, tranquila...

¡No me ponga las manos encima! ¡Estate quieta!

Estoy aquí para ayudarte.

Ponte eso, es un hábito de monja.

Podrás salir de aquí sin que te reconozcan.

Sí, eres libre.

Vamos, date prisa, vamos.

Ahora están sirviendo las cenas y no vigilan los pasillos.

¿Pero por qué quiere liberarme?

Mi trabajo es ver más allá de los ojos de la gente,

tú no tienes una mirada de loca, este no es tu sitio.

Ya estoy. Vamos.

¡No, no, espera!

(BAJITO) Ahora.

(Música de emoción)

Vamos.

Gracias.

(Música melancólica)

(Voz del cardenal Mendoza)

(CARDENAL) ...en ese caso, lo mejor...

(Voz del cardenal)

¿Sabéis en qué peligro pusisteis a Irene, comisario?

No sé qué peligro puede tener un concurso de belleza.

La mujer elegida lleva explosivos en su vestido.

Una vez en el Parador de los Arcos lo harán detonar

y el primer ministro francés pasará a mejor vida.

¿Por qué queréis matar al primer ministro?

No es de vuestra incumbencia, comisario.

Limitaos a entregarle esta carta.

No. Si voy a arriesgar mi vida quiero saber qué hay en ella

y qué está sucediendo.

Es el rey quien quiere asesinar al francés,

y esta misiva le advertirá del peligro.

Nunca se sabe cuándo uno puede necesitar un aliado.

¿Y quiere que yo traicione a su majestad?

Nunca sabrá que es una traición.

Si no muere el primer ministro, ¿no cree que levantará sospechas?

El vestido explotará a la hora convenida,

pero un instante antes una urgencia inesperada

hará que el francés salga a la calle.

Y, oh, milagro, se salvará.

Está jugando un doble juego.

¿Problemas de conciencia a estas alturas, comisario?

Porque os advierto que si pierdo yo, perdéis vos.

Partiré inmediatamente.

(Pasos acercándose)

(CARRASPEA)

Va con ella.

Mi hijo va a morir.

Sálvale, Hernán, por favor.

Ve a salvarlo tú.

Sabes que si me acerco a él, me descubrirán.

Quizás el destino quiere que tu hijo muera.

Olvídate de él. No puede morir.

Pues yo no voy a rescatarlo. ¡Hernán, espera, te lo suplico!

(SOLLOZA) Te lo suplico, Hernán, por favor.

¡Te lo suplico!

Pídeme lo que quieras, lo que quieras.

Dile a su padre que lo salve él,

bastante tengo con preocuparme de mi hijo.

(RESOPLA) Me cago en su plan, en la repoblación del Nuevo Mundo

y en Cristóbal Colón.

Mientras yo me debatía entre ser hombre o despojo, ¿qué hacía usted?

Ya te lo he dicho, he tenido que ayudar a una madre en apuros.

Si se queda a una hora, pues se va a esa hora,

como mandan las usanzas.

Pero he llegado a tiempo, ¿no? Sí.

Cuando tenía el cuchillo en el salchichón.

Si es que es mentarlo y ni atino a ponerme los calzones.

Sátur, siento mucho todo lo que has pasado, te pido perdón.

Amo, usted será recordado como el Águila Roja,

pero yo casi pierdo aquello por lo que soy leyenda.

Tienes toda la razón, Sátur, no era un buen plan.

Con todos los respetos era una mierda de plan.

De no terminar eunuco,

habría terminado en las Américas casado con un militar.

Y a partir de ahora, idea que quiera "pepetrar"

cabezas pensantes las dos, la suya y la mía, y bajo consenso.

¿De qué se ríe? Perdona, Sátur.

(RIENDO) Es que te veo con aquella peluca...

La madre que me parió. Si sigue así, será difícil perdonarle.

Lo siento, no quería reírme.

No, si usted y yo acabaremos como los moros y los cristianos,

así que vaya a salvar al resto de mujeres, que yo de aquí me apeo.

¿Esto qué es?

Parece de Alonsillo.

(Música triste y melancólica)

(Pasos)

(RESPIRA ANSIOSA)

(CARIÑOSA) Chis...

(CARTA) "Padre, cuando leas esto quizá haya muerto.

Me has enseñado a combatir las injusticias,

a luchar por un mundo mejor.

No puedo hacer como si no pasara nada,

voy a salvar a las mujeres que se llevan a las Américas.

Gracias por protegerme siempre, padre, por intentar comprenderme.

Si muero, mis últimos pensamientos serán para ti.

Tú me has hecho lo que soy hoy.

Tu hijo que te quiere, Alonso de Montalvo".

(Música de tensión)

(LLOROSO) -Alonso...

tengo miedo.

(ALONSO JADEA)

(Relincho)

-Ya llegan. (ASUSTADO) -¿Qué?

(Música de tensión creciente)

(Disparo y relinchos)

-¡Nos atacan, disparad!

¡Fuego!

(Música de tensión)

(Disparo)

Organizaremos una competición

a la que acudan los mejores jinetes del reino.

Siempre se le dio muy bien cabalgar,

aunque creo que ahora anda justo de entrenamiento.

No saldrá con vida.

¿Están vivos?

Hirieron a uno, al más pequeño. -¡Gabi!

-Tengo que pedirte un favor. -Majestad, lo que deseéis.

-No hará tal cosa. -Claro que lo haréis.

No podéis acabar así

con la vida de un héroe de guerra. -¡Debe morir!

-La ira divina ha caído sobre nosotros y nuestros hijos

por su culpa, por su jodida culpa.

Es hora de que separemos nuestros caminos.

Juntos iremos hasta el final.

  • T6 - Capítulo 71

Águila Roja - T6 - Capítulo 71

18 sep 2014

Los guardias del rey comienzan a reclutar mujeres jóvenes en la villa. Van a ser enviadas a América, contra su voluntad, para casarse con soldados españoles destinados allí. Águila Roja y Sátur urdirán un plan para intentar liberarlas. Margarita continúa encerrada en el Manicomio, allí conocerá a Monseñor Adrián, que llega para investigar la muerte de un interno en extrañas circunstancias.

Mientras, en la corte se organiza un concurso de belleza que la Marquesa piensa ganar a toda costa. Lucrecia desconoce que el premio lleva implícito la muerte de la ganadora.

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