Las aventuras, las intrigas palaciegas y el amor confluyen en una serie para toda la familia, protagonizada por el aparentemente apacible maestro Gonzalo de Montalvo, que decide lanzarse a la acción tras el asesinato de su esposa en extrañas circunstancias.

Esa determinación le llevará a vivir una doble vida, maestro de día y héroe secreto al caer la noche: buscará sin descanso a los culpables de la muerte de su esposa mientras lucha contra el terror y la opresión impuestas por un malvado comisario, al servicio de una misteriosa logia secreta que conspira para derrocar al Rey. 

Hombre de modernos ideales a pesar del oscurantismo de la época que le ha tocado vivir, Gonzalo de Montalvo es un personaje atrapado en su triple condición de hombre, padre y héroe. Así, sufrirá por la muerte de su esposa mientras dos mujeres luchan por su amor, intentará ganarse la confianza y el aprecio de su único hijo y sufrirá la implacable persecución del comisario en su condición de Aguila Roja. 

Nadie, excepto su fiel criado Sátur y un misterioso fraile, conocen la verdadera identidad de Águila Roja, ni siquiera su único hijo, que siente una profunda admiración por el misterioso personaje, ajeno por completo al hecho de que viven bajo el mismo techo. El contrapunto humorístico, pragmático y pícaro a la noble y desinteresada actuación de Águila Roja lo pondrá su criado Sátur, un buscavidas hecho a sí mismo.

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Temporada 1

El aparentemente apacible maestro Gonzalo de Montalvo, decide lanzarse a la acción tras el asesinato de su esposa en extrañas circunstancias. Esa determinación le llevará a vivir una doble vida, maestro de día y héroe secreto al caer la noche: buscará sin descanso a los culpables de la muerte de su esposa mientras lucha contra el terror y la opresión impuestas por un malvado comisario, al servicio de una misteriosa logia secreta que conspira para derrocar al Rey. Nadie, excepto su fiel criado Sátur y un misterioso fraile, conocen la verdadera identidad de Águila Roja.

Temporada 2

Desmantelada la conspiración para matar al Rey, Águila Roja se enfrentará a una misión que le obsesiona: el descubrimiento de sus verdaderos orígenes, tras haber conocido que El Comisario, a quien estaba a punto de matar en venganza por el asesinato de su esposa, es en realidad su hermano. Varias pistas le permitirán empezar a tirar de un hilo que pondrá en peligro, aún más si cabe, su vida y la de quienes le rodean.

Temporada 3

El ambicioso Cardenal Mendoza maneja la información que posee sobre el pasado sentimental del Rey con Laura de Montignac para chantajearlo con el objetivo de conseguir el apoyo de la Corona española en su ascenso al Papado. Por su parte, la Monarquía utilizará las habilidades e influencias de la Marquesa. El Rey le encargará una truculenta misión para vengarse del Cardenal Mendoza, y la propia Reina, que es consciente de que Lucrecia es la amante del monarca, le confía la vida del heredero al trono. Margarita se debate entre varios amoresa los que ahora podría sumarse el héroe enmascarado. Sátur, el fiel escudero de Águila Roja, decide abandonar a la familiaque le ha acogido durante tanto tiempo para ir en busca de la suya propia.

Temporada 4

El Cardenal Mendoza lleva mucho tiempo investigando un asunto clave para su ascenso al papado: dónde se esconde el Santo Grial. Al caer en su poder la espada de un templario que custodió el Cáliz Sagrado, llega a la conclusión de que éste puede estar en la villa. No parará hasta encontrarlo. Gonzalo de Montalvo cuenta ahora con un dato más sobre su origen. Si su madre ha superado la peste, continúa viva, y eso es más de lo que nunca hubiera imaginado. Necesita dar con ella para saber también quién es su padre y qué pasó con sus hermanos. En Palacio, Irene intentará ocultar su embarazo y la Marquesa será víctima de la más terrible de las confusiones. Mariana, la pirata, vuelve a entrar en la vida de Gonzalo. Margarita no podrá evitar sentir celos.

Temporada 5

A lo largo de la nueva temporada, Gonzalo, el maestro que lleva una doble vida como héroe enmascarado, avanzará más que nunca en la investigación de sus verdaderos orígenes, tratando de establecer la relación de su madre, Laura de Montignac, con el cáliz sagrado. Para su sorpresa, descubrirá que su madre, a la que creía muerta, está viva. El héroe enmascarado se moverá entre elementos de leyenda como el Santo Grial y los Templarios, soportará las terribles torturas de la Inquisición y se enfrentará a un supuesto dragón. Además, las conspiraciones urdidas en los palacios por los poderosos ocuparán gran parte de las tramas.

Temporada 6

Los nuevos capítulos estarán marcados por el espectáculo y las sorpresas, con el mar como escenario inédito y la recreación de un tornado que asolará la villa. Además, grandes enigmas de la historia de la humanidad, como la mítica ciudad de El Dorado, formarán parte de las nuevas entregas, a las que se incorporan nombres como Carles Francino, Edu Soto y Cristina Pedroche. El descubrimiento por parte del Comisario de que Gonzalo es su hermano será uno de los detonantes de los nuevos capítulos. Gonzalo pedirá matrimonio a Margarita y el eterno amor platónico entre el héroe y su cuñada dará un giro radical. En el palacio de Santillana, el regreso de la Marquesa, más fortalecida que nunca tras dar a luz al hijo bastardo de Felipe IV, revolucionará las vidas de quienes la rodean.

Temporada 7

La nueva temporada de la serie contará con tres nuevas incorporaciones: Nicolás Coronado, Florentino Fernández y Enrique San Francisco se unen al reparto de 'Águila Roja' y a sus innumerables tramas. Conspiraciones, nuevos enfrentamientos entre Gonzalo y Hernán, besos inesperados, y una búsqueda del sucesor de Cristo que provocará ciertas tensiones entre Águila Roja y Sátur. Sin duda, estamos ante una temporada llena de giros sorprendentes en la vida de todos los personajes y de secretos que verán por fin la luz.

Temporada 8

Los nuevos capítulos de la octava temporada llegan con tramas de gran intensidad que estarán marcadas por la nueva relación que viven como hermanos Gonzalo y el Comisario, y el amor por fin correspondido entre Gonzalo y Margarita. Eusebio Poncela se suma al reparto principal. También participan en la nueva temporada Carmen Maura, Gorka Otxoa, Neus Sanz, Fernando Albizu, Belén López y Marian Aguilera. La serie de aventuras celebrará su capítulo 100 con un episodio muy especial en el intervendrán Miguel Rellán y Pepe Viyuela.

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No recomendado para menores de 12 años Águila Roja - Temporada 8: Capítulo 103 -  Ver ahora reproducir video 01h 27 min
Transcripción completa

CURA: Son muchos los valientes que han marchado al frente:

vuestros amados hijos, vuestros nietos,

vuestros hermanos, vuestros hombres...

Tiempos de muerte.

No debemos llorar por nuestros soldados,

sino aceptar el final.

Aceptarlo con dicha y paz,

y que los devuelva al hogar sanos y salvos.

Que en sus horas más oscuras, cuando pierdan la esperanza,

sea el Señor quien los ilumine

y quien les transmita nuestro aliento,

Aceptar el final,

aceptarlo con dicha y paz.

Pues la muerte no es final,

sino principio.

(RESPIRA CON ANSIEDAD)

¿Qué ocurre, madre?

(LLORA)

(GRITA)

(LE ESCUPE)

(Sintonía de la serie)

Márchate, yo seguiré vistiéndola.

A estas horas, los dos hombres de mi vida...

ya habrán sido ajusticiados.

No debería reprocharse nada,

ha hecho todo lo que estaba en su mano.

No lo entiendes.

Me voy a quedar sola.

Mientras yo viva, nunca va a estar sola.

Eso no es un consuelo.

(Llaman a la puerta)

Adelante.

Eres tú.

Ahora no tengo tiempo de oír cotilleos.

Me paga por tenerle al corriente de lo que ocurra en el Palacio Real.

Y creo que esto es importante.

Sigue.

Ha llegado un emisario portugués.

Habla.

Al parecer, viene a pedir un rescate por unos prisioneros españoles.

Quítame esto,

sácame este traje de cuervo. ¡Quítame esto de una vez!

El rey de las Españas nunca cederá ante un chantaje de Portugal.

Nada ha cambiado.

Todo ha cambiado.

Están vivos

y haré lo que sea para salvarlos.

Basta, por favor, basta. (GRITA)

¿Dónde están los otros?

(JADEA)

Eh.

¿Dónde está mi amo?

¿Dónde está Gonzalo?

(Se abre puerta)

¡Amo!

Amo.

¡No me toques! (JADEA)

Que no lo entiendo, amo.

¿Por qué nos apalean? ¿Por qué no nos cuelgan ya?

¿Eh?

Hemos intentando matar a su rey, Sátur.

Quieren hacernos sufrir antes de matarnos.

Ay, Dios, que nos van a ablandar como a pulpos.

Hasta... disculpas les he pedido.

MALASANGRE: ¿Quién nos ha traicionado?

Dijo que era español.

Sea quien sea, no va a pagar por ello.

No saldremos de aquí.

Supongo que sois consciente de la gravedad de la acusación.

-El intento de asesinato contra Alfonso VI

ha sido una provocación.

-No conozco a esos hombres que tiene prisioneros.

Yo no ordené ese atentado.

-Son españoles. CARDENAL: Pero no militares.

¿Acaso dudáis de la palabra del rey de las Españas?

-Queremos que reconozca la independencia de Portugal.

Si no lo hace,

esos hombres que usted "no" ha mandado

serán ejecutados.

-Si deben morir, que mueran.

-¿Ésa es su última palabra?

-No.

Dígale a Alfonso VI

que un Austria jamás reconocerá

la independencia de Portugal.

-Así lo haré.

Enviaré su respuesta de inmediato.

-No quisiera hacer leña del árbol caído, majestad,

pero el éxito de la misión de ese Malasangre

resultaba altamente improbable.

-Podría haber salido bien.

¿Quiénes son los hombres que van a morir con él?

-Gente prescindible.

-Vamos.

-Acaban de traer tu vestido de novia,

ya le han dado los últimos retoques.

-Sí, sí, es ella.

-Puri, ¿qué haces aquí?

-Ay, perdona que te...

que te coja así, de sopetón, pero era por si...

habías oído algo de los que están en la frontera;

de... Sátur, concretamente.

Como tú trabajas aquí con...

los mandamases y eso, pues...

-Pues no, no sé nada. Lo siento.

-Mi marido es el único voluntario de todo el frente.

¿A quién se le ocurre? ¿Te lo puedes creer?

-Bueno, mujer, por lo menos Gonzalo y él están juntos.

-Sí. Pues yo te digo una cosa,

yo no creo que lo estén pasando tan mal.

-Eh... Bueno, están en un campamento militar.

-Claro. Pero no habiendo combate...

Que esto de los campamentos a los hombres les encanta.

-Pero que se han ido obligados.

-Que le dan mucho misterio los hombres a eso de la guerra

y luego se pasan allí el día ahí tirados.

Sin lavarse y oliendo a guarro, que es lo que les gusta.

-Puri, estarán hablando de sus planes de ataque

o "estrategias", como le dicen ellos.

-Jugar a los naipes, es lo que hacen.

Luego dirán que no tienen tiempo para escribir a sus esposas.

¡Menudos vagazos, vamos!

Ay, qué cosa más bonita.

Pero, ¿tú te lo has probado? -No, lo acaban de traer.

-¿Sí? Pues mira, mientras ellos están allí mano sobre mano,

tú y yo vamos a hacer cosas útiles.

Pruébate el vestido, que tenemos que preparar una boda.

-¿Para qué? Si ni siquiera sé cuándo vuelve mi novio.

-Así no te pilla desprevenida cuando él llegue.

-Pero... -Vamos, ya verás.

-Espero que no me haya retrasado para probar su champán.

No me andaré con rodeos.

Quiero que libere a dos de los prisioneros españoles.

¿Quién se cree que es?

¿Por qué iba hacer algo semejante?

Haré lo que sea necesario.

¿Lo que sea? ¿Seguro?

Sí.

Esos hombres han intentado matar

al rey de Portugal.

Mate a Felipe IV.

Le pagaré lo que sea necesario,

estoy dispuesta a darle toda mi fortuna.

No es eso lo que le pido.

Lo haré.

Los dos hombres a los que debe liberar son Hernán Mejías

y Gonzalo de Montalvo.

No.

El pueblo portugués desea vengar

la afrenta que ha sufrido su rey.

Sólo podré liberar a uno.

Deben ser los dos.

Uno.

Yo debo partir ya.

Mande una misiva cuanto antes

al castillo del duque de Meneses.

Si cumple su palabra,

el hombre que elija salvará la vida.

Señora.

No puedo elegir a uno.

Creo que no entiende la gravedad de la situación.

Es imposible matar al rey de las Españas.

Cállate. No tengo otra opción.

Piense bien a qué hombre va a elegir,

porque será él quién ponga flores a su tumba.

Le cortarán la cabeza por lo que va a hacer.

(HABLA EN PORTUGUÉS)

¿Ya es la hora? ¿Vamos a morir?

Ha llegado un mensaje con noticias de vuestro amado rey.

Magníficas noticias para vosotros.

Dice que jamás dio la orden

de acabar con mi vida,

que no os conoce.

Felipe IV reniega de vosotros.

Y aquí llegan las buenas noticias.

Si confesáis que Felipe de Austria os envió,

seréis libres.

Atacaremos vuestro reino, por supuesto,

pero salvaréis la vida.

MALASANGRE: Felipe IV no nos envió.

-Quizá tus compañeros no piensen lo mismo.

Os daré una última oportunidad.

Confesad y viviréis.

¿Fuisteis enviados por Felipe IV?

Contesta.

No.

¿Tú qué dices?

¿También quieres morir?

¡Contesta!

¿Fuisteis enviados por Felipe IV,

el rey que os abandonó a vuestra suerte?

No, señor.

Yo le diré quién nos ha enviado.

Confesaré por escrito si salva mi vida.

Estoy sorprendido.

Un español inteligente.

MALASANGRE: No lo hagas.

Escribe.

¡Éstas son mis condiciones!

¡Quiero que nos saquéis de aquí y quiero a mis caballos fuera!

De lo contrario, vuestro rey morirá.

Nunca lograréis salir de aquí con vida.

Tú vendrás con nosotros.

¡Si alguien nos sigue, el rey morirá!

Tú...

Sátur, a los caballos.

¡A los caballos!

(EN PORTUGUÉS) "¡A los caballos!"

¡Vamos!

Venga, vamos.

¡Vamos, a los caballos!

MALASANGRE: ¡Quítame esto! ¡Vamos!

Vamos, sácame.

¡Tú!

¡Vamos!

MALASANGRE: ¡Vamos, vamos!

Ayúdame.

Ayúdame.

(SE QUEJA)

(Relincho)

¡Arreando!

"Acepto su propuesta.

Haré lo pactado...

a cambio... de que liberen..."

¿A quién?

Nuño, necesito estar sola. Vete.

Te vi llorando.

No me iré hasta que sepa qué ocurre.

(SUSPIRA)

El Comisario va a morir.

Se encuentra preso en un castillo portugués.

¿Qué? Madre, tenemos que salvarle.

Olvídalo, Nuño. No puedes hacer nada.

No voy a dejar que el Comisario...

Déjame sola, sal de aquí.

(SUSPIRA)

"Haré lo pactado a cambio de que liberen..."

¿Quién es el afortunado?

Entrega esto en el castillo del duque de Meneses urgentemente.

Tu vida depende de ello.

Sí, señora.

-¿Te ha dado mi madre esa misiva? -Sí, señor.

-¿Qué tienes que hacer?

-Debo llevarla al castillo del duque de Meneses, a Portugal.

-Lo haré yo.

-La marquesa ha dicho... -Cállate.

No dejaré la vida del Comisario en manos de un lacayo.

(ZÍGOR SE QUEJA)

¡Vamos a morir todos por tu culpa!

Lo siento...

¡Hijo de puta!

¡Vale, déjalo! ¡Déjalo!

Era nuestra última oportunidad de escapar.

Él no tiene la culpa.

Tiene razón.

No es culpa suya,

es culpa tuya.

Tú quisiste que viniera herido.

Y tuvimos que haberle dejado atrás, como ordené.

No me arrepiento de haber defendido su vida.

A costa de las nuestras. Tu estúpida humanidad nos va a matar a todos.

A ver, un poco de calma.

A ver si nos vamos a matar entre nosotros.

Te gusta mucho defender la vida de los demás.

¿Has pensado en defender la vida de los tuyos?

Tu prometida

va a ser viuda antes de casarse.

¿Qué has dicho?

He dicho que, por salvarle a él,

vas a hacer desgraciada a la mujer que amas.

No debes de apreciarla mucho.

Amo, amo, por favor. Amo, por Dios, por favor.

(EXCLAMA)

Yo soy aquí el menos capaz,

el acoplado del grupo, vale,

pero me parece que soy el único cuerdo.

Que por mucho que gritéis y os peleéis,

nada cambiará lo "incambiable".

Mañana nos ejecutan a todos.

Y usted lo dijo: vinimos como grupo,

"asín" que deberíamos morir todos en grupo.

Si vuelves a mencionarla,

te mato.

Menos mal que nos quitaron las armas.

Cuánto rencor acumulado.

Siento que mi decisión

te vaya a llevar a la muerte, Sátur.

Yo solito me he metido en esto.

No quería separarme de usted.

Espero que al menos nos entierren juntos.

A ver, Rogelio, explíquese que no entiendo nada.

-El campamento de los soldados no hay nadie que se llame

Gonzalo de Montalvo ni Saturno García.

-Pero eso no puede ser.

¿Seguro que su sobrino ha preguntado bien?

-Se ha recorrido el campamento de cabo a rabo.

No hay nadie con esos nombres.

-Pero si iban al frente con los demás.

Si no están allí, ¿dónde están?

Gracias, Rogelio, muchas gracias.

A más ver.

¿Qué has oído?

-Todo.

-Espera, Margarita, vamos a tranquilizarnos.

Que no los hayan encontrado, no quiere decir nada.

-¿Que no quiere decir nada, Cipri?

Salieron hace muchos días. ¿Y si les ha pasado algo?

-Seguro que esto tiene una explicación.

Les habrán mandado a buscar víveres o algo así,

por eso no los han encontrado en el campamento.

-Yo me voy a buscar a Gonzalo. -¿Qué? No, no, no.

No puedes ir, no es lugar para una mujer.

-¿Ah, sí? ¿Y cuál es mi lugar? ¿Quedarme aquí sin hacer nada?

-Piensa un poco, Margarita.

¿Tú sabes lo lejos que está Portugal?

Y cuando llegues allí, ¿qué vas a hacer?

¿Buscar por toda la frontera?

-Está bien.

-Así me gusta, que entres en razón.

¿Te quedarás a comer?

Voy a por leña y te hago algo.

-¡A ti te quería yo ver!

Le he dado un repaso al vestido, te habían hecho un estropicio

que vamos...

-Puri, nadie ha visto a Gonzalo ni a Sátur en el campamento.

Yo creo que les ha pasado algo. -¿Y entonces dónde están?

-Pues no lo sé, pero yo voy a buscar a Gonzalo.

-Yo voy contigo también. -Venga.

Voy a dejar el vestido.

Vete.

Estoy terminando el cerdo para la cena. Le he puesto...

¿Tengo pinta de querer escuchar tus idioteces? ¡Fuera!

Nunca conseguirá estar tan cerca del rey.

He estado lo más cerca que se puede estar de un hombre,

te lo aseguro.

Fui su amante.

Si después de estar con Vd., lo encuentran muerto,

no tendrán que buscar mucho.

Debe de haber una manera.

Hoy no podrá acceder al rey,

tiene una reunión de urgencia con el Consejo de Castilla.

¿Todo el día?

Creo que sí.

Incluso cenarán todos juntos.

Eso es,

la cena.

¿Qué hace?

Este relleno es un poco aburrido, ¿no crees?

Lo cambiaremos por otro más...

"explosivo".

¿Cómo?

Voy a rellenar este cerdo con pólvora.

El rey y sus consejeros ya tienen menú para esta noche.

¿Quiere hacerles volar a todos?

Lo decoraremos con unas preciosas bengalas

y, cuando las enciendan, ¡bum!

No sólo va a matar al rey, sino a todo el Consejo de Castilla.

Pero salvaré la vida del hombre que quiero.

Perdóname, mi buen Señor.

Perdóname.

-Majestad,

los consejeros

están esperando en el Salón del Norte.

Todo está preparado para la reunión.

¿Qué os ocurre, señor?

-A veces me gustaría no haber nacido rey.

-Creo que no os entiendo.

-Soy la vida y la muerte para mis siervos.

Es mucha responsabilidad para un solo hombre.

-Un hombre tocado por la mano del Señor.

-Unas palabras mías

han bastado para que los hombres de Portugal mueran.

Los he abandonado.

-Os aseguro que nadie los va a echar de menos, señor.

-Mi reinado está llegando a su final.

Cualquier noche dormiré y no volveré a despertar.

-Ruego todas las noches para que eso no ocurra.

¿A qué se debe vuestra aflicción?

-El infante Carlos es débil.

Que Dios me perdone,

pero algunos de mis hijos nacidos en pecado

serían mejores reyes que él.

-¿Os referís a don Juan José de Austria?

¿Está pensando en él para vuestra sucesión?

(RECORDANDO) -"De todos mis hijos,

eres el más justo y noble."

Si hay alguien que haya nacido para portar mi corona,

ése eres tú.

Serás el mejor de los reyes, Gonzalo de Montalvo.

Tú devolverás la gloria a mi linaje...

y a todo este reino.

Gracias, padre.

Y ahora, hijo mío, ha llegado tu momento.

Ocupa el trono que te pertenece,

el que te ha estado esperando tanto tiempo.

-Majestad.

-Un Reino está condenado...

si no tiene un buen heredero.

Amo, la ventana no está muy alta.

Igual encaramándonos, haciendo una torre humana...

Han reforzado la guardia, no les vamos a engañar dos veces.

Teníamos una oportunidad y la hemos perdido.

¿Qué pasaría si uno de nosotros

es herido en esta celda?

Perdone usted la intromisión, pero...

¿de qué está hablando?

Los portugueses quieren celebrar mañana una ejecución ejemplar...

y... nos quieren a todos vivos,

pero si uno de nosotros se hiere...

No le dejarán morir.

Y la persona que salga de esta celda, puede escapar

e intentar salvar al resto.

Lo haré yo.

No, tú no harás nada.

Seré yo quien lo haga.

Si ésta es nuestra última opción,

no pienso poner mi vida en tus manos.

Yo soy el hombre al mando, el que os trajo aquí.

Lo haré yo.

No,

yo lo haré.

¿Tú?

Yo, el normal,

el menos increíble de todos ustedes,

al que llevan despreciando días.

Voy a demostrarles que puedo,

que un cualquiera puede salvarles a todos ustedes,

que puedo ser tan magnífico como cualquiera.

No,

tú no eres nada.

Bueno, se acabó la discusión.

Lo haré yo.

Eso ya lo veremos.

(QUEJIDO)

¡Sátur, no!

¡Guardias!

¡Ayuda!

¡Hay un hombre herido! ¡Ayuda!

Olvídanos y vete. Si puedes, sálvate tú.

¡Vamos!

Con todos mis respetos, el gasto de las tropas en la frontera

es un dispendio que los nobles no podemos afrontar.

Llevamos años sufragando guerras.

-¿Y qué solución proponen nuestros astutos consejeros?

Todavía no he escuchado ninguna.

-Su iglesia goza en este reino de grandes privilegios,

es hora de colaborar.

Si vendieran algunas de sus residencias, sus bienes

o sus tesoros... -Eso sería ofender a Dios.

-Usted vive en un gran palacete rodeado de un centenar de criados.

¿Romper el voto de pobreza no es ofenderle?

-¿Desde cuándo este consejo se ha convertido

en una discusión teológica?

La Iglesia no destinará un solo ducado a la guerra.

-La nobleza tampoco.

-¡Basta!

Vosotros sois los culpables

del ocaso de mi imperio.

¡Cobardes, corruptos!

¡Sólo os interesa mantener una silla en este consejo!

Muchos de mis siervos...

se dejan la vida por defender a su reino y a su rey.

¿Vosotros haríais lo mismo?

¿Lo haríais?

CARDENAL: Majestad,

quizás deberíais retiraros a vuestros aposentos.

-No,

comencemos la cena.

-¿Estáis seguro, señor?

-Majestad, es urgente.

-El dinero de la Iglesia, no lo olvidéis,

no se toca.

-¿Qué ocurre?

-Su esposa la reina ordena llamarle, majestad.

El heredero, tiene fiebres. -¿Es grave?

(Explosión)

(LE DUELE)

Menudo destrozo.

Ay, Dios mío, que casi me mato de verdad.

Sí, sí, tranquilo. Tranquilo.

Sí.

Ha llegado vuestra hora. Levántate.

Un poco de agua, que he perdido mucha sangre.

Vas a morir, ¿qué importa la sed?

Por piedad...

Bueno, por piedad y por ustedes.

Es que si no, me voy a caer redondo delante del pelotón

y les va a quedar mal el ajusticiamiento.

Se le va a ir toda la épica, "carallo".

Una poca de agua, por Dios.

Debería hacer un esfuerzo, lleva dos días sin comer.

El rey se salvó del atentado.

Hernán y Gonzalo están muertos.

Muertos, muertos, muertos...

(LLORA)

¿Y tú qué haces aquí? Deberías estar camino de Portugal.

Lo siento, señora.

Creí que había hablado usted con su hijo.

¿Mi hijo?

Se dirige al castillo del duque de Meneses.

Quería entregar él mismo la misiva.

¿Nuño?

Sal.

Es normal que Nuño quisiera llevar la carta.

El Comisario es como un padre para él.

Elegí a Gonzalo.

Mi hijo se está jugando la vida por alguien que no es quién él cree.

La rechazó y, sin embargo, ha escogido a Gonzalo. ¿Por qué?

Dímelo tú.

Un rechazo no hace que dejes de querer a alguien.

(Escarnio del gentío)

ZÍGOR: ¿Y tu criado?

(Insultos en portugués)

Cuando te vi nacer,

nunca pensé que también te vería morir.

Preferiría morir solo que a tu lado.

Aquí se acaba la misión.

-¿Te parece gracioso?

-He vivido, he amado

y he robado

a todos los imperios conocidos.

Me voy con una sonrisa.

(Redoble de tambor)

Perdone la tardanza, no sabe lo que me ha costado quitarles las balas.

(Disparos)

¡Síguenos!

(Disparos)

Hay que llevar una de las coronas al barrio de San Felipe,

a la casa del maestro.

Debería poner unas palabras en las cintas.

En la del Comisario también.

¿Y qué pongo?

¿Cómo resumo en unas pocas palabras lo que siento ahora mismo?

Veo que tenías ganas de enterrarme.

Por cierto, Nuño está bien.

Ha ido a su alcoba a cambiarse.

Te has quedado sin palabras, Lucrecia.

Eso sí que es novedad.

(SORPRENDIDA) ¡Estás vivo!

¿Es que no te alegras de verme?

¿Te vas a quedar ahí parada?

¿Y los demás?

¿Están vivos?

Hemos vuelto todos sanos y salvos.

Esta vez el amo he sido yo, ¿eh, amo?

Tanto hombre extraordinario junto, ¿y al final qué?

Al final les salva el normalito.

Te lo he dicho muchas veces, Sátur,

todo hombre tiene un héroe en su interior.

¿Cómo que todos? No empiece a hacerme de menos.

Y no generalice, que he engañado yo solito a un ejército entero.

¿Eh?

Estoy orgulloso de ti.

¡Pues dígalo! Claro.

Gonzalo... Sátur...

Un poquito de efusividad, Cipriano, que venimos de la guerra.

Pero, ¿qué hacéis aquí?

Nos han dado un permiso, Cipri. ¿Qué pasa?

Margarita.

Creo que se ha ido.

La he buscado por todos lados, no la encuentro.

¿Cómo que se ha ido? ¿De qué estás hablando?

Nadie sabía nada de vosotros en el campamento de la frontera.

Margarita se... se asustó y...

creo que se ha ido allí a buscarte.

¡La madre que me parió!

Esta casa sin mí es un sindiós, amo.

¿La has buscado en palacio?

Vengo de allí, no está. Yo...

Creí que la había convencido.

¡"Yo creí", "yo creí", "yo creí"!

¿Es qué no conoces a la señora o qué?

Cuando pasa esto, se le ata.

¡Si es necesario, se le ata!

Hay que ir a buscarla, Sátur.

¡No me joda!

Otra vez camino de Portugal.

PURI: ¿Y ahora qué hacemos? MARGARITA: ¿Que qué hacemos?

No lo sé, pero ahí parada de jarras tampoco vamos a arreglar nada.

-¿Qué más da? De todas formas la rueda está rota. Da igual.

-¿"Qué más da"? ¡Pues no!

Si no arreglamos el carro, no encontraremos a nuestros hombres.

-Pues ya me dirás cómo lo hacemos. Nosotras no sabemos de eso.

Somos costureras, Margarita. -Eso pasa. Como somos mujeres,

nos han enseñado cosas inútiles y no a arreglar un carro.

-Si ahora la culpa la va a tener mi madre.

-Y digo yo, ¿por aquí no pasa nadie?

Mira, vamos a hacer una cosa, Puri.

Desenganchamos el caballo, nos montamos y vamos a la frontera.

-Eso. Y cuando nos vean llegar los soldados a las dos,

se van a pensar que somos un regalo. De verdad, tienes unas cosas...

Espera, Margarita.

-Que no me espero. Hasta que no encuentre a Gonzalo no paro.

-Lo tienes ahí.

Margarita...

¡Gonzalo!

Nos dijeron que no estabais en el campamento.

Hombre, Puri, ¿cómo estás?

¿Que cómo estoy?

¿Cómo estás?

¿Eso es lo único que se te ocurre decirle a tu esposa?

(Pisadas acercándose)

¿Qué pasa? ¿Por qué volvéis? ¿Qué ha pasado en el frente?

Volvemos de Portugal. Han ordenado la retirada.

¡Amo, que nos vamos para casa!

¡Que nos vamos para casa!

Mire, al primero que me miente lo bonito que es Portugal,

le arreo "asín" en toda la boca.

¡Que se ha acabado todo por fin, que se ha acabado todo! (RÍE)

Todo no, Sátur.

¡No, no me diga que ahora queda algún fleco abierto por ahí! No.

El más importante.

¿Cómo que el más importante?

Vamos a casarnos ahora.

¿Ahora?

¿Ahora?

Ahora.

Es curioso.

¿Cómo puede derramarse tanta sangre

por un malentendido?

Tú pensaste que yo intenté asesinarte.

Y yo pensé que estabas detrás de mi atentado.

-Qué suerte que españoles y portugueses

seamos gente de honor.

Nunca haríamos algo así.

-Jamás.

-Sobre las maniobras que tu ejército

está realizando cerca de mi frontera...

-Bueno, si mi ejército te incomoda estando tan cerca,

puedo hacer que se retire.

-Confío en tu palabra.

CARDENAL: Señor.

Majestad.

¿Este encuentro significa la paz entre Portugal y las Españas?

-Habrá tregua... de momento.

-Fuiste tú.

-Te daba por muerto.

-Tú nos traicionaste.

-Podría negarlo, pero, ¿para qué?

Era una empresa suicida.

Yo sólo contribuí a que todo fuese un poco más rápido.

-Qué hijo de puta.

-Siervo del Señor.

¡Ah!

-Pues saluda a tu Dios de mi parte.

La guerra entre nosotros ha terminado.

¡Aún no!

(MALASANGRE SE QUEJA)

-¿No crees que nos estamos pasando con tanta flor?

No, Cipriano, no.

Cuanto más recargado, más elegante. Eso es una regla de oro.

Y date prisa, que van a llegar los invitados. ¡Venga!

¿Has avisado al carnicero y a su mujer? ¿Y a la familia del lechero?

No vienen, están todos en la feria de Socuéllamos.

Dime que por lo menos has avisado, a Paquillo el ciego, el organista.

No podía, tenía apalabrado un bautizo en Aranjuez.

¡Esto nos pasa por improvisar!

Pues yo ya te digo que no me hago responsable de todo esto.

Entiendo que Gonzalo quiera casarse, lleva mucho tiempo esperando.

¡Pues haber esperado un mes más!

Dame otro ramo.

No quedan flores.

¡Pues vamos con los lazos!

¿Se puede saber dónde se ha metido tu padre?

Está atando a los caballos, Sátur.

¿No me vas a decir nada de mi traje?

Pues sí,

que me gusta más que el de guardia. Eso te digo.

Gonzalo.

¿Qué tal?

¿Voy bien?

Que si va bien, dice.

¿Que si va bien, amo? Está usted para sacarle en procesión

y cantarle una saeta.

Qué porte, qué clase, que elegancia, que distinción, amo, por favor.

Tú también estás muy elegante, Sátur.

Ahora falta un pequeño detalle. "Na" más.

¿Cuál?

La novia.

(RÍE)

Está terminando de prepararse.

PURI: Sátur.

Alonso, vamos.

Yo ahora no puedo atenderte, que estoy con la logística. No...

Es importante.

Dime.

Me estaba arreglando y la encontré.

Yo, Sátur, no sabía que tú...

eras impotente.

¡Baja la voz, que esto tiene eco!

Mira, Sátur, que yo...

siempre he querido tener hijos, pero...

Si tú no puedes tenerlos, pues...

Mira, tampoco lo es todo, ¿sabes? Así que...

No, no, no, Puri, no.

No voy a ser yo quien se cargue tu sueño de mujer.

Me sacrifico, envío la carta y...

y ya está, asunto zanjado.

Ha sido bonito mientras duró, ¿no? No ha sido mucho, pero...

Vas muy guapo, Sátur.

¡Vienen los invitados!

¡Pues venga, vete sentándolos!

¿Cómo los coloco? No hay lado del novio y lado de la novia.

¡Anda, anda, anda! Deja, que lo hago yo. ¡Anda!

¿Qué tal? Venga, vamos sentándonos.

Usted por aquí.

Lucrecia.

Guapísima.

Estás espectacular.

Gracias, muy amable.

Eh... Perdóname, pero es que no te esperaba por aquí.

¿Cómo iba a faltar a la boda de una amiga de la infancia?

¿Amiga?

Bueno, digamos que hemos tenido nuestros más y nuestros menos, ¿no?

Agua pasada.

¿Quieres que... te ayude en algo?

¿Te pongo el velo?

No, no es necesario, ya puedo yo sola. Gracias.

Supongo que...

es el día más bonito de tu vida.

Lo es.

Nos conocemos desde niñas y, como bien has dicho,

hemos tenido nuestras pequeñas disputas, pero...

estoy feliz

de que por fin hayas conseguido lo que tanto deseabas: a Gonzalo.

Te lo agradezco.

Siempre habéis estado enamorados.

Creo que...

hasta nacisteis ya enamorados.

Estáis hechos el uno para el otro.

Gracias.

Me alegro mucho verte, pero me están esperando para casarme.

Sólo una cosa más.

Con las prisas,

no he podido encontrar

un regalo que sea digno de ti.

Es preciosa. Muchas gracias.

Aún así,

me parece... poco.

Tengo algo más.

No es necesario...

No, no, no, no es una joya. Es...

algo tan especial que te va a cambiar la vida.

Escúchame bien.

(LE SUSURRA ALGO)

Gracias por preocuparte tanto.

A los dos. Gracias.

Perdóneme, el que se ha deslomado a coger flores he sido yo.

Pero la idea de los lazos ha sido mía.

ALONSO: Padre.

Dime.

Me gustaría decir unas palabras en la boda.

Claro que sí, hijo.

Quédate aquí.

Yo soy el padrino, tú no puedes estar aquí.

Perdóname, Cipriano,

pero en esta boda hay dos padrinos porque de aquí no me saca ni Dios.

Shh.

¿No tarda mucho la novia?

¿Qué dices? Lo normal. Está tardando... lo normal.

Pues sí que tarda, sí.

(Música romántica)

(Fin de la música)

(RESPIRACIÓN ENTRECORTADA)

¿Qué sucede?

¿Estuviste con Lucrecia?

Contesta.

¿Te acostaste con ella?

Gonzalo, si me dices que no, te voy a creer.

Por favor.

Lo hice.

(SOLLOZA)

Me dijiste que era el amor de tu vida,

que no concebías la vida sin mí.

Y no la concibo.

¡Por eso esa misma noche te acostaste con ella! ¿Eh?

¡El día que me pediste matrimonio!

¿Cuánto te dura a ti el amor, Gonzalo?

Si pudiera deshacer lo que hice, lo haría.

Durante muchos años me apartaste de tu lado,

de tu vida.

Y he sufrido mucho, he llorado mucho por ti.

Pero siempre fui honesta.

No me merecía esta humillación.

No te lo mereces.

Hoy iba ser el día más feliz de mi vida.

Y mira.

(LLORA)

Margarita...

Lo siento, cometí un error.

Perdóname.

Tenemos toda una vida por delante.

No, no puedo.

Cada vez que te mire, te imaginaré con ella.

Adiós.

Margarita.

Si tengo que esperar toda una vida hasta que me perdones,

lo haré.

No me busques.

¡Amo! ¡La novia, que se ha ido!

Que se ha ido la señora Margarita.

¿Qué ha pasado? (JADEA)

Me acosté con Lucrecia, Sátur.

¿Que se acostó...?

¡La madre que me parió!

¿No se lo habrá dicho?

No tenía que haberme acostado con Lucrecia.

Ni tampoco se lo tenía que haber ocultado.

Eso siempre hay que negarlo, aunque te pillen ahí...

en mitad de la faena.

¡Hay que negarlo siempre!

Hasta el mejor de los hombres tiene derecho a equivocarse.

¿Eh?

Dile a los invitados que no habrá boda.

Tu madre nunca debió dejarte partir. Era demasiado peligroso.

Me fui sin su permiso.

Aún así. Una madre debe velar por su hijo

y la tuya no es muy buena en eso.

¿Todavía no ha llegado?

¿Dónde está? ¿En una de sus fiestas?

Iba a negociar con los portugueses...

para salvarte la vida.

¿Salvarme la vida?

¿Lucrecia?

Nuño me ha dicho que has hecho algo por mí.

Debo admitir que no lo esperaba.

(LEE) "Acepto su propuesta,

haré lo pactado a cambio de que liberen a..."

Gonzalo de Montalvo.

¿Ibas a salvarlo? ¿Para qué?

Es él.

Él es el hombre del que te has enamorado: Gonzalo.

¡Contesta!

(SUSURRANDO) Sí.

(Música melancólica)

¿Qué cojones hacemos ahora con 200 panes?

Y...

Y luego la panzada que me he metido a desmontar mesas en la pradera.

Lástima de platos de sopa que hemos tirado al río.

Vaya fin de boda.

(SE LAMENTA)

Yo todavía no entiendo qué ha pasado.

Que la novia se ha dado a la fuga, Cipriano. Eso ha pasado.

Sí, eso lo ha visto hasta el último invitado.

Pero, ¿por qué? Es que no me lo has dicho.

Pues no lo sé.

No lo sé...

Le habrá entrado miedo al matrimonio. Cosas de mujeres.

Normalmente es al revés. Las mujeres siempre están locas por casarse.

Basta ya interrogatorio, Cipriano. Te lo pido por Dios.

(Llaman a la puerta)

Como sea un invitado que ha llegado tarde, lo mando... a Cuenca.

Vengo del Palacio Real. ¿Es la casa de Gonzalo de Montalvo?

¿Del Palacio Real?

Sí.

Gracias.

¿Y esto qué es?

¡Ay, Dios, lo que faltaba!

¿Qué hacemos con esto?

Y yo qué sé, Cipriano. Y yo qué sé.

¿Vas a seguir preguntándome? ¡Ni que fuera yo un... oráculo!

¿Lo quemamos?

¿Pero cómo vamos a quemarlo,

alma cándida?

¿No ves que es un cuadro del yerno de Velázquez?

Igual se arreglan, ¿no?

Lo mismo Margarita se lo piensa mejor y se casan.

Lo veo jodido.

Pobre Gonzalo.

Por cierto, ¿dónde está?

No sé, se fue y no quiso decir nada a nadie.

(Música nostálgica)

(Música trepidante)

(JADEA)

(Fin de la música)

(Sintonía final)

Águila Roja - T8 - Capítulo 103

10 dic 2015

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