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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 999 - ver ahora
Transcripción completa

Es admirable la nobleza con la que ha reaccionado

al saber que tú eras su padre.

Su alegría al recibir la noticia me ha llenado de dicha.

"Supongo que la celebración" de la misa sigue en pie.

-Por supuesto que sí.

Se va a convertir en una plegaria para todos,

para los que nos dejaron hace años, para los que ya no están

y para los que pueden dejar de estar.

Dicen que doña Genoveva quiere ir sola al cementerio.

-Menudo triste entierro va a ser ese.

-Si pudiera volver atrás en el tiempo,

cuántas cosas se cambiarían.

-Sí, si no fuera por la puñetera esa de la Dama del Misterio

de marras arrebatándome mi público,

mucho mejor me iría.

-No será para tanto, cada una tendrá sus seguidores.

Este documento recoge todo lo que me pediste.

Solo tienes que firmarlo.

Estaré encantado de recibir consejos sobre protocolo,

me vendría bien. -Cuando quiera,

pero en otro momento, que tengo recados pendientes.

Acabo de darte sepultura, yo sola,

sin que ninguno de esos hipócritas me haya acompañado.

No permitiré que limpien sus conciencias tan fácilmente.

Te aseguro que pagarán por lo que hicieron.

-He ido a hablar con Hipólito y después de mucho rogar,

le he convencido para que me deje actuar.

-No me parece buena noticia.

-Buena, no, buenísima.

Me ha buscado un hueco para dentro de unos días.

Me ha jurado que si le doy plantón, no vuelvo a actuar.

Sé que esto es el final.

Debo decirle adiós.

Y darle las gracias

por el apoyo que me ha prestado estos años.

Voy a pedirle a don Hipólito

que me presente a la Dama del Misterio cuanto antes.

-(LAS DOS) ¿Eh?

-Ramón fue acusado injustamente de la muerte de Celia.

Por eso, quería aprovechar públicamente

para pedirle disculpas.

¿Me perdona?

(LLORA)

Ella se fue en paz. Se fue queriéndole mucho.

Y llevándose parte de mí.

Nunca he querido tanto a nadie como a ella.

Ha de ser fuerte, don Telmo.

No sé si podré.

Claro que podrá, porque me tiene a mí.

Yo seré su bastón, su fiel aliada.

Una madre en esto duros momentos.

Ella lo era todo para mí...

y ahora me he quedado solo.

No podré seguir.

No diga eso, me tiene a mí.

Yo le cuidaré, le protegeré.

Haré porque su pena pase.

Se lo prometo, siempre estaremos juntos.

(Sintonía de "Acacias 38")

Gracias por su apoyo, Úrsula.

Cuente conmigo para lo que necesite.

La necesito para que me ayude con mateo.

Él, ahora es lo más importante.

Voy a dedicarme en cuerpo y alma

en convertirle en un gran hombre.

Honrado, justo y bondadoso, como hubiera querido Lucía.

Hace bien. Pero yo no me preocuparía demasiado,...

lleva sus genes,

será tarea fácil.

Si me lo permite, deberíamos ocuparnos del velatorio.

Quiero que sea algo breve.

Lucía me dijo que no quería alargar el sufrimiento de Mateo.

Avise a todos los vecinos.

Será mañana, aquí.

¿Aquí, en casa?

Esta era su casa.

La de don Eduardo, ella no fue feliz aquí.

Pero era su hogar, y es el hogar de Mateo.

Aquí debe ser velada.

Pero ¿qué dirán los vecinos, la gente?

¿Qué dirán de qué?

De su presencia en esta casa, del velatorio.

Me da igual, Úrsula, y espero que a usted también.

Empezaré a prepararlo todo.

Siento mucho el fallecimiento de su esposo.

Le doy mi más sincero pésame.

-Supongo que no ha venido a decirme algo

que podía haber solucionado con una nota.

-No, no he venido a eso.

-¿En qué puedo ayudarle?

-Sé que no es el mejor momento,

pero he de hacerle unas preguntas sobre el asesino de Samuel.

-¿Qué más quiere saber? Ya lo dije todo lo que sabía.

-Son momentos muy difíciles, pero necesito que colabore.

Los vecinos dicen que estaban desesperados por conseguir dinero.

Iban a marcharse del barrio, de Acacias, ¿no es así?

Querían ponerse a salvo,

y si querían ponerse a salvo, es porque sentían peligro.

Alguien les perseguía,

alguien relacionado con su pasado, con la muerte de Ariza.

¿No quiere que atrapemos a los asesinos de su esposo?

-Ya le he contado lo que sé. Esos asesinos eran unos maleantes.

-Si no me ayuda, no voy a poder protegerla.

-¿Ahora quiere protegerme, ahora?

Mi esposo está muerto, la única persona a la que he querido

en mi vida, la única que me ha querido a mí,

por cómo soy, no por mi físico ni mis aceites, por mí misma.

Ni usted ni los vecinos nos ayudaron cuando aún podíamos marcharnos.

Su auxilio ya no me sirve de nada.

Márchese. -Eh...

-¡Le he dicho que se marche!

(Se cierra la puerta)

Fabiana. -Lolita.

¿Ya has echado el cierre?

-No quería irme sin comentar lo que ha pasado hoy,

lo de la señorita Lucía.

-Que Dios la tenga en su gloria, qué pena.

Qué pena más grande.

-Lo bien que nos trató desde que llegó al barrio, ¿eh?

¿Se acuerda cuando subía a hablar con nosotras?

-Siempre se encontró más cómoda con nosotras que con las señoras.

-Porque era más bonica que el pan "mojao" en aceite.

¿Y qué va a pasar ahora con su hijo?

-¿Cómo que qué va a pasar? Pues no sé.

-Se ha quedado huérfano de padre y madre el "angelico".

-Algo le habrá dejado dicho a la Úrsula, digo yo.

¿Qué crees que hará don Telmo, crees que se marchará del barrio?

-Tampoco sé.

Lo que está claro es que regresó por ella.

-Eso lo saben hasta las ratas del alcantarillado.

-Fabiana, qué desgracia más grande, ¿eh?

Siempre se van las mejores, como doña Celia y doña Trini.

A veces me acuerdo de ellas...

(SONRÍEN)

...y de la alegría que nos daban a "tos".

Ay,... bueno, ha estado bonita la misa, ¿no cree?

-"Pa" chasco que sí. Bonita y útil.

No sabe la contentura que me ha "dao" ver a don Ramón

y Felipe arreglándose.

-Y que lo diga.

Por fin, mi suegro se ha quitado la culpa, que ya era hora, ¿eh?

Después de tantos años, ya era hora.

-Eso es algo que te quería preguntar.

Todo el mundo hablaba de los mismo a la salida de la misa.

¿Por qué ahora?

¿Qué es lo que ha "pasao" para que limen asperezas?

-"Pos"...

una razón hay, Fabiana,

pero no la puedo contar, qué quiere que le diga.

-Dime lo que ha "pasao". -Que no puedo.

Son cosas que don Ramón prefiere guardar en secreto.

Si por mí fuera, lo cantaba a los cuatro vientos.

-Maldita sea tu estampa, qué discreta eres, hija mía.

Si fuera la Casilda, otro gallo cantaría.

-Ea, pues una ha "salío" como ha "salío".

Ahora, una cosa le digo, le ha "demostrao" al "abogao"

que él no tiene culpa en la muerte de su esposa.

-Bueno, pues si es así,

bien está lo que bien acaba.

Anda, ayúdame a sacar el último cubo, hija.

Aquí tiene, señora.

Si está muy caliente, le echo agua fría.

-Ya se enfriará, no hay prisa. Siéntate a hablar conmigo.

-¿Y de qué quiere que hablemos

que no hayamos hablado ya? -Ay,

qué saboría eres algunas veces, Arantxa.

Parece que no te corre sangre andaluza por las venas.

-Hombre, eso ya le digo yo que no.

-¿Has visto lo conmocionado que está el barrio con la muerte de Lucía?

-Es verdad.

Todos lo comentaban. Al parecer, la querían mucho.

-Qué pena, pobre. Descanse en paz.

¿Qué se dice de la misa que ha organizado don Ramón?

-Lo que ya sabe,

que don Ramón y el abogado parece que han hecho las paces.

La noticia corría por todo el barrio de boca en boca.

-¿Qué noticia? -Que dos amigos se han reconciliado

después de muchos años sin hablarse.

-Don Ramón y don Felipe. -Eso es.

-Y hablando de hablar sin hablarse, ¿ha hablado con Hipólito?

¿Sigue con la idea de conocer a la Dama del Misterio?

-Fui a hablar con él al Cafetín del Duende.

-¿Y?

-Iré a ver su ensayo mañana, después del velatorio de Lucía.

Hemos quedado en que me la presentaría.

-¿Va a tener cuerpo después de un velatorio de ir a ver a esa?

-Cuerpo no voy a tener nunca.

-Por eso.

¿Qué tiene usted que aprender de una principiante?

-Nada. En eso tiene razón.

No me llega ni a la suela de las alpargatas.

-¿Y por qué quiere conocerla?

-Quiero saber cómo es.

Y sobre todo, saber cómo se mueve en los escenarios,

cosa que descubriré mañana mismo.

Bueno, y si me disculpáis,

me voy a la cama y ya me termino la manzanilla allí.

Buenas noches. -Que descanse, señora.

-¿Has oído?

-Todo el día, claro.

-Tienes que hacer algo. -¿Yo?

¿Qué quieres que haga? A mí no se me ocurre nada.

-Piensa o mañana seré mujer muerta.

Allí, delante de la caja, hija.

Muchas gracias, que Dios te bendiga.

-Bueno, me voy "pa" la casa,

que ya está bien desde esta amanecida que he salido.

Buenas noches. -Buenas noches, hija.

(SUSPIRA)

¿Puedo pasar?

-Claro que sí.

Me ha cogido de milagro, me iba a acostar ya.

Es un poquillo tarde.

-Llevo un rato esperando a que se marchase Lolita.

Quería habar con usted a solas.

-¿Qué le ocurre?

-Fabiana, muchas cosas.

Demasiadas, y todas juntas y revueltas.

-Ande, siéntese y empiece

desde el principio.

Venga.

-Pues verá usted...

Por una parte, estoy triste por la muerte de don Samuel

y por ver a mi señora destrozada.

También por el fallecimiento de doña Lucía, era tan buena...

-¿Y por el otro?

Feliz por la reconciliación de don Ramón y don Felipe.

Y, sobre todo... -Por eso que dijo sobre usted.

-(ASIENTE) -A ver, Carmen,

¿qué es lo quería preguntar?

-Pues que, ¿cómo cree que debo interpretar sus palabras?

-¿Interpretar?

-Sí, si cree usted que...

el señor Palacios alberga sentimientos románticos hacia mí.

-Mire, yo creo que ha de ser usted prudente, Carmen,

por el montón de cosas que usted y yo hemos "hablao", pero...

-¿Pero?

-Que yo también creo que don Ramón la tiene en sus pensamientos.

si no, no hubiera dicho todo lo que dijo.

-Eso es lo que yo pienso, Fabiana.

Me lo dicen las tripas.

Yo creo que...

don Ramón ha empezado a verme como algo más que una amiga.

(RÍE)

Señor,

los vecinos están esperando fuera.

Don Telmo. Deme un momento, por favor.

Te amo, mi vida.

Y te amaré hasta que me muera.

Dígales que ya pueden pasar.

Don Telmo, los vecinos le están mirando.

Ya le dije que me daba igual.

Solo quiero que todo salga bien por ella, ¿de acuerdo?

Úrsula.

Ve a buscar a Mateo.

¿Te queda mucho, mi amor?

-Ayúdame con el botón del cuello. No sé dónde se mete Casilda.

-No dejo de pensar en la pobre viuda.

-Doña Genoveva. -Sí.

No ha salido de su casa desde que enterró a Samuel.

-Ya. Esa mujer no es santo de mi devoción,

pero no le deseo a nadie lo que está pasando.

Enterrar a un esposo es la peor de las desgracias.

-Y estaban muy unidos, se les veía tan felices el uno con el otro.

No dejo de pensar en que tenía que haber ayudado a Samuel,

prestarle el dinero que me pidió, al fin y al cabo, no nos supone tanto.

Tal vez, Samuel seguiría vivo.

-No se puede volver atrás, ¿eh, mi amor?

Pero si te sirve de consuelo, todos los vecinos siguen igual.

-¿Cómo que igual?

-Atormentados por la culpa.

Arrepentidos por no haberle ayudado, es una losa que llevaremos siempre.

Casi lincharlos en el rellano de la escalera,

acusándolos por ladrones.

(Llaman a la puerta)

-Voy.

-¿Estáis? ¿Vamos al velatorio?

-Sí, sí, dame un segundo.

-Me he cruzado con Méndez

y le he preguntado por los asesinos de Samuel.

-¿Y qué, han dado con ellos?

-Siguen varias líneas de investigación,

pero ninguna definitiva.

-No me diga que está preocupada, tía.

-Por supuesto. No solo por querer que los culpables sean condenados...

-¿También lo estás porque tienes algo de miedo?

-Pues sí.

¿A quién no le preocupa que esos criminales sigan en la calle?

-No se apure, que no van a ir a por usted.

-¿Quién lo dice? Esos maleantes pueden venir en cualquier momento.

-Pero ¿por qué dices eso? ¿Tú crees...?

¿Crees que estamos en peligro?

-Lo creo firmemente.

-Se equivoca, tía, no tiene de qué preocuparse.

Y tú tampoco, lo que ha ocurrido no es fruto de la casualidad.

-¿Qué quieres decir?

-Pues que Samuel estaba metido en asuntos muy turbios.

Por eso necesitaba el dinero, para marcharse y alejarse de todo esto.

Confiad en mí,

estáis a salvo.

(SOLLOZA)

-Lamento mucho tu pérdida, Mateo.

-Gracias, primo Felipe.

-¿Puedo hablar con usted?

¿Qué ocurre?

Cuando fui a visitar a Lucía al hospital,

me pidió que arreglara su testamento.

Hay algo que debe saber.

Me quedé de piedra cuando vi el gesto de don Ramón hacia mi señor.

¿Tú no? -¿Yo?

De pasta de boniato me quedé, con lo mal que se llevaban.

-A Dios gracias lo han hablado

y han podido arreglar lo que les desunía, ya todo está bien.

-Mucho han "tardao", que la vida es muy corta "pa" andar "enfadao".

Un día no te das cuenta,

y estás criando malvas, y si no,

que se lo pregunten a don Samuel y Lucía.

-El velatorio de la señorita ha debido de empezar ya.

-¿Va a ir usted?

-Sí, en un rato.

-Buenos días. -Buenos días, Servando.

Bueno, pues esto...

ya vuelve a funcionar como antes.

-(SILBA)

-¿Qué hace con eso?

-¿Con el periódico?

-Una vaca no parece.

-¿Que voy a hacer? Me gusta estar enterado de lo que pasa en el mundo.

Me gusta estar informado.

-Pero que usted no sabe leer la letra de los periódicos.

-¿Quién dice eso? -Yo.

Y "to" el mundo que le conoce.

-Pues tú y el resto del mundo estáis equivocados.

Por ejemplo, una noticia. Aquí hablan...

sobre el rey y el gobierno.

Página dos.

"La esquela de doña Lucía Alvarado".

Es que...

-Es verdad. -¿Cómo lo sabe?

-Que sé leer los periódicos.

-¿Y cuándo ha aprendido?

-La verdad,...

esta noche.

-¿Que ha aprendido a leer en una sola noche?

-Y me ha sobrado tiempo.

-Yo también aprendí a leer de mayor, sé lo que cuesta.

¿Espera que alguien se crea eso?

-No, es que eso es verdad verdadera.

-Si tan fácil le ha resultado,

¿por qué ha esperado tanto en hacerlo?

-La verdad,

por pereza.

Sí. Pero al ver al Jacinto que sabía leer, pues yo no voy a ser menos,

y me he cogido unos cuantos libros con distintos tipos de letra,

y esta mañana ya sabía leer los titulares de los periódicos

perfectamente.

-Increíble. -Sí, es que así soy yo.

Yo soy un hombre excepcional.

-Sí, pero escuche una cosa...

-No, pero nada.

Déjame,...

que quiero seguir informándome de lo que pasa por el mundo.

¿Va a ir usted al velatorio?

-Sí, en cuanto vuelva Servando, que no sé dónde ha ido.

¿Y usted?

-Me pasaré más tarde.

Quiero estar pendiente de mi señora por si necesita algo de mí.

-¿Cómo está ella, mejor?

-¿Mi señora?

Le he servido el desayuno y no ha probado bocado.

-¿Y usted?

-¿Yo qué? -¿Cómo está usted?

¿Hablo ya con don Ramón?

-No, Fabiana, aún no.

-Pues ahora que se ha reconciliado con don Felipe

y las cosas vuelven a su cauce,

quizá sea el mejor momento para hacerlo.

-Ya, pero no sé si me voy a atrever.

-Pues mire, por ahí viene.

Así que, decídase.

Ande.

-Don Ramón. -Carmen.

-¿Viene del velatorio? -¿Vais a ir tú?

-Más tarde.

-¿Quieres que vayamos a charlar un rato a nuestro banco?

-Sí, claro.

Quería agradecerle las palabras que tuvo hacia mí el día de la misa.

-No hay de qué, solo hice lo que debía.

-Pero fue usted muy amable.

-Era de justicia agradecerte tu apoyo.

No lo habría logrado nunca sin ti.

Pero... quería decirte algo más.

Algo que no te dije el día de la misa.

-Sí.

Le he escrito a mi hija María Luisa para que mi hija Milagros

venga aquí en sus próximas vacaciones.

-Eso es una gran noticia.

-Aún no he superado la muerte de mi esposa, pero teniendo a Milagros

conmigo, creo que estaré más cerca de conseguirlo.

-Es un buen paso.

-Quiero agradecerte que me hayas ayudado a reconciliarme

con todos los vecinos.

Jamás voy a olvidar nuestra amistad ni todo lo que has hecho por mí.

-¿Amistad?

Claro, por supuesto.

-Luego te veo, Carmen.

-No sé cómo puedo ser tan tonta.

No sabes la pena que me da ver a ese niño solo

ante el cadáver de la madre.

-Pobre chiquillo, ¿eh?

Se ha quedado huérfano de la noche a la mañana.

-Digo. Huérfano de padre y madre, que ya es mala suerte.

-Estaban todas las criadas muy afectadas, señora.

Tenían verdadero afecto por esa chica.

-Marcho.

-¿Adónde vas?

-A la biblioteca, a consultar unos libros.

Madame Olenka me ha mandado un trabajo muy difícil.

-Todo lo veis difícil la juventud de hoy en día.

A ver, ¿sobre qué?

Sobre la injerencia de las potencias extranjeras en África.

¿Sabe algo sobre eso?

-Sí, claro.

Pero no querrás que te haga yo el trabajo. Anda.

Mejor vete a la biblioteca e infórmate bien.

Me voy a ensayar al Cafetín, no puedes dejar

que mi madre aparezca por allí.

-¿Y por qué me toca la parte más difícil?

-Tata, por favor. -¿Qué cuchicheáis?

-Qué cuchicheo ni "na",

que le estoy preguntando a Cinta si quiere que le prepare un bocadillo.

-Deja, Arantxa, que ya como cuando venga luego.

-Te voy a matar. -Por favor.

No quería dejar mucho tiempo a Mateo solo.

No se apure.

Seré breve.

Es el testamento de Lucía con sus últimas voluntades.

Me ha sorprendido leer que usted es el padre de Mateo.

Así es.

¿Quiere que lo lea? Por favor.

Ea, marcho.

-¿Adónde? -Al Cafetín del Duende, ya lo sabes.

-Ay, pero pensaba que iba a esperar a su marido.

-Así era, pero está en una reunión y va a tardar mucho.

Mejor me iré sola. -No puede.

-¿Y eso por qué?

-Porque, casualidad, hoy iba a preparar una receta andaluza

y, había pensado para mí, la señora estará a mi lado aconsejándome.

¿Qué necesitas?

-Porra antequerana.

-Arantxa, ¿has preparado porras de Antequera desde que te conozco.

Si te sale mejor que a mí.

-Pero, últimamente, se me olvida la receta.

-Pues cueces unas habichuelas, y listo,

que a todos nos conviene un poco de dieta.

Anda, trae mis cosas. -Pero ¿va a salir de verdad?

¿No quiere comer un poco antes de irse? Le preparo...

-No, si ya he desayunado. -Ah.

-Es que hoy hace un frío tremendo, señora.

Cuidado, que hace un frío...

-Por eso mismo te estoy pidiendo que me traigas el abrigo.

-Pero con el abrigo no va a valer,

porque han dicho que va a llover hoy una barbaridad,

una barbaridad.

-Arantxa, ¿qué te pasa a ti?

¿Quieres jaleo o qué? -¿Yo?

-Cualquiera diría que no quieres que salga.

¿Qué mosca te ha picado?

-¿A mí? Hay que oír eso también.

Haga usted lo que quiera. Encima de que me ando preocupando.

-Pues no te preocupes tanto, que voy a estar muy bien. El abrigo.

Tira.

Qué mujer. Cuando se pone pesada, qué pesada se pone.

Todo se le ocurre en el último momento.

A ver,...

Tengo... Sí. Pañuelito.

Ea. -Aquí está.

-Vamos a ver cómo se menea esa Dama del Misterio.

-Sí. -Ea.

-(GRITA)

-¿Qué te pasa, Arantxa? -No sé, no sé.

-¿Qué te pasa? -Un dolor aquí en el vientre...

-¿Dónde te duele, dónde? -Aquí.

No, aquí. -Arantxa.

-Aquí me duele. -¡Me estás asustando!

¿Qué te duele? -Ay, señora.

¡Un dolor horrible!

-Espérate. -Ay, ay,

nunca lo había tenido. ¡Ay!

-Voy a llamar al médico. -¡Señora, no!

No me deje sola, que creo que me estoy muriendo.

-Me quedo contigo, me quedo. -Por favor, ¿eh?

-No te mueras. ¿Cómo te vas a morir? Siéntate, que me quedo aquí.

-Por la Virgen de Begoña.

Ay, Dios mío, ay, qué dolor.

¡Ay! -Siéntate. Respira, respira.

-Qué mareo. -¿Te traigo agüita, Arantxa?

-No me deje sola, señora, no me deje sola.

Impresionaba ver al pobre niño frente al féretro de su madre.

Es tan pequeño...

-Sí. A pesar de su corta edad, ya parecía todo un hombre.

Qué entereza y qué madurez.

-Pobre criatura, que se ha quedado completamente huérfana.

Lo que no entiendo es la actitud de Telmo.

-¿Qué actitud?

-¿Por qué estaba constantemente junto a él?

-¿Con Mateo? -Parecía que fuera de su familia.

-A mí también me pareció, como si quisiera protegerlo.

También me chocó mucho fue ver como Telmo se desenvolvía en esa casa,

como si fuera suya, ¿no te parece?

-Sí. Cualquiera que fuera de nuevas pensaría que él era el viudo.

(Puerta)

-Teníais la puerta abierta y estáis aquí tan panchos.

Con la de desalmados que hay.

-¿Ha ocurrido algo, tía? Parece alterada.

-Vengo a contaros algo.

Telmo acaba de convocarnos al velatorio,

tiene algo importante que decirnos antes del entierro.

-¿Qué será? -¿Tengo una bola de cristal?

-No, pero sí imaginación. ¿Qué querrá decirnos?

-Podría tener que ver con una visita que le ha hecho Felipe.

-¿Visita?

-Les vi salir juntos del portal.

Han estado un buen rato en casa del abogado.

-Pero...

Felipe ha hecho el testamento,

¿querrá decirnos algo del testamento de ella?

-¿Algo que tenga que ver con él, quieres decir?

-El comisario debería de contrataros

como parte de su equipo de investigación.

-No tiene mérito alguno, Liberto.

El misterio de este caso es muy fácil.

Todo el mundo sabía que Lucía y Telmo se veían a escondidas

de don Eduardo.

-Pero nadie sabía que Telmo se comportaría así en el velatorio,

todos esperaban más discreción.

-Está claro que la discreción no ha sido lo suyo nunca.

Y, ahora, ha tomado un protagonismo inesperado.

-Y desconcertante. -Lo que me extraña es lo de Felipe.

-¿El qué?

-Que es él el que tendría que ser el anfitrión, que es su prima,

su familia.

-Yo no lo hubiera dicho mejor.

-Vamos a esperar a ver qué tiene que decir Telmo,

ahí se aclarará todo.

-Qué ganas tengo de saber. -Y yo.

Estoy segura que nos esperan muchas sorpresas.

"Eso es exactamente lo que quiero,"

que me hagas el amor por primera vez en nuestra nueva casa.

Entonces será mejor que eche las cortinas,

si no queremos dar un espectáculo en el barrio.

No tenemos que escondernos de nadie.

Eres perfecta.

Cállate y ven.

(LLORA)

¿Qué va a ser de mí ahora?

Marcelina.

¿Has visto a Carmen? -No la he visto.

¿Y usted ha visto a la Casilda?

-Ahora que lo dice, no la he visto en todo el día, no.

-Estamos "apañás".

"Señá" Carmen, ¿qué le pasa?

¿Le ha ocurrido algo a su hijo?

-¿Es por su señora? ¿Le ha hecho algo su señora?

-No es nada, es solo una chiquillada.

-Pues no lo parece, está usted muy "afectá".

-Marcelina, ¿nos dejas a solas, por favor?

-Sí, sí, sí.

-A ver, Carmen, ¿qué pasa con don Ramón?

-Que no me quiere, Fabiana.

Y que nunca me querrá.

Me ve como una amiga, ya me lo ha dicho.

-Debe reponerse, no puede seguir así.

Sabía que él estaba muy apegado a su esposa, por muerta que ella esté.

-No es eso lo que me da rabia.

Que el recuerde a su esposa me gusta,

me parece admirable y tierno.

-¿Entonces?

-Él nunca me ha visto como una mujer.

Ni siquiera se ha planteado que yo sea digna de ser amada.

-Dele tiempo, mujer.

Algún día se dará cuenta de lo bella que es usted

y de lo buena que es también.

-Ese es el problema, que nunca se dará cuenta.

Y yo no voy a esperar más.

-¿Cómo dice? ¿Qué quiere decir con eso?

-Nada.

¡Ay!

¿Vienes de misa, prima? -Sí, bueno, de hablar con el cura.

-Te has "confesao"? Pero si tú no tienes ni "pecaos".

-Claro que tengo "pecaos" también,

pero no vengo de confesión, vengo de...

hablar con el cura porque quiero organizar unas misas.

-¿"Pa" quién?

-"Pa" los muertos, Jacinto, "pa" los muertos.

Y no solo para doña Lucía y Samuel, sino también para mi Martincico,

que en paz descanse.

Con tanta muerte como ha acaecido últimamente,

me he acordado de mi Martín.

-Mira que las misas cuestan sus buenos reales.

-Ya. Es que he "ganao" un dinerillo, ¿sabes?

Te lo quería comentar a ti, a ti y a la Marcelina.

-¿Por qué? Con tu dinero haz lo que te venga en gana.

-Sí, lo que pasa es que este dinero lo he conseguido

porque he vuelto a empeñar la figurita de mi Martín.

Yo pensé que él estaría orgulloso de mí

si sabe que he empleado ese dinero en organizar unas misas

para rezar por el alma de los desdichados.

Y espero que os parezca bien a ti y a mi prima.

-Yo ya te digo que sí.

Y a Marcelina seguro que tampoco le importa,

ella entenderá tus razones. -Jacinto.

Aquí estás. Llevo un rato buscándote.

Quería comentarte las noticias de las últimas páginas del periódico,

por si no las habías leído. -¿"Ende" cuándo sabe usted leer?

-Esta noche ha "aprendío". Eso dice.

-Eso lo digo porque es verdad. -Yo no lo pongo en duda.

Hay gente que se le dan bien las letras y ya está.

-Lo sabré yo, que hubiera sido catedrático si hubiera querido.

-¿Y por qué no quiso?

Claro, porque prefirió ser portero.

-Ahora tengo una pensión.

¿Quieres que te lea las noticias del periódico o no?

-No tengo ningún interés.

-Servando, ¿me va a contar a qué viene eso

de memorizar los titulares del periódico?

¿Se trata de una apuesta?

-¿Que ha hecho qué? -Lleva todo el día

dándome la murga para que le lea el periódico.

-¿Se ha "aprendío" de memoria el periódico?

-A mí no me sorprende,

porque yo le conozco, pero aquí don Emilio no le conoce

y, se ha tenido que quedar de pasta de boniato.

-No sé de qué habláis.

¿Me veis tan loco como para hacer eso?

-¿Eso es una pregunta trampa?

-Me ofende ese concepto que tenéis de mí.

¡Adiós!

-Este Servando no tiene remedio. -Con Dios.

-Hala. ¿Te lo leo a ti?

-Anda, déjate.

(LEE) "El piloto francés Roland Garros

sobrevuela...".

(RÍE)

¿Qué? ¿Qué me ha dicho usted?

-Ya me ha oído, Fabiana, me marcho de Acacias.

-Pero Carmen, ¿no está tomándose las cosas un poco a la tremenda?

-Mi tiempo aquí ha llegado a su fin.

Quiero poner tierra de por medio.

-Me barrunto que no tengo manera de convencerla, ¿verdad?

Entonces,

le deseo lo mejor.

Hemos "pasao" cosas "mu" malas, pero también "mu" buenas.

-Ha sido usted una buena amiga, una buena comadre.

De las mejores que nunca he tenido.

-Si cambia de idea y regresa,

sepa que siempre tendrá un hueco en mi pensión.

-Gracias.

-¿Me haría un favor?

-Lo que sea.

-Guárdeme el secreto.

No quiero que nadie se entere de que me marcho.

Salvo mi señora, que tendré que avisarla.

-Ay, Carmen, siempre fue una mujer discreta.

Llegó en silencio y así se va.

-Gracias, Fabiana.

Ande.

"Querido Ramón, me despido de usted para siempre...".

(TARAREA)

Tata, ¿dónde estás?

¿Qué ha pasado?

-La pobre Arantxa tiene un fuerte dolor en el costado.

Lleva así un buen rato.

-Seguro que no es nada y se le pasa enseguida.

-Ha venido el médico y cree que es apendicitis aguda.

Han de operarla.

-¿Qué? -¡¿Qué?!

-Quieta, recontra.

Se niega a ir al hospital porque tiene miedo.

Dile tú algo, a ver si la convences.

-Casi ya ni me duele. Se lo juro.

Ni pizca.

-Te duele porque hace un rato no podías ni moverte.

Es normal tener miedo, a nadie le gusta una operación,

pero ha dicho el médico que la cosa podría derivar

en una infección, y sería mucho peor.

-Me acabo de acordar de un remedio casero

que nos daban en el internado para cuando teníamos dolor de tripa.

-¿Un remedio casero? -Sí.

La enfermera pensaba que era apendicitis,

nos daba el remedio y se nos pasaba.

-¿Qué remedio es ese?

-Es una infusión de anís con miel.

-¿Una infusión?

Va a tener razón la cría, ¿eh? Va a tener razón.

Un momento, un momento.

Qué alivio al moverme, qué alivio.

Yo misma voy a preparar la infusión, yo misma.

-Y yo te ayudo. -Sí.

-Te digo yo que una infusión de anís no cura ni la tos.

(SOPLA)

(Puerta)

¿Quién anda ahí?

-Soy yo, señora.

-¿Qué hace usted aquí?

-He venido a verla. -Le dije que quería estar sola.

Cierre bien la puerta al salir.

-Antes me gustaría decirle algo.

Por motivos personales, marcho de la ciudad.

No quiero perjudicarla de ninguna manera,

así que, marcharé cuando encuentre usted una criada que le convenza.

Yo le ayudaré a buscar una sustituta.

-No va a hacer falta. -¿Perdón?

Sé apañarme sola.

No sabía lo que era el servicio hasta que conocí a Samuel.

-Señora,...

sé lo duro que es perder a alguien a quien una quiere.

Créame,

siento mucho su pérdida.

-Váyase cuando necesite irse.

-Entonces, lo haré mañana mismo.

-Muy bien.

Espero que la vida se porte mejor con usted

de lo que se ha portado conmigo. Sea feliz.

Don Telmo,

¿desea que le prepare un té antes de que entren los vecinos de nuevo?

¿Está seguro de todo esto?

Debo hacerlo, Úrsula.

¿Por qué?

Quiero aclarar la situación cuanto antes.

¿Donde está Mateo?

Descansando en su habitación.

Es el mejor momento entonces.

¿Y los vecinos?

Les hice esperar fuera, en la calle.

Hágales pasar. Ha llegado la hora.

Sabe que la gente podría darle la espalda, ¿no?

Cada uno ha de hacer lo que le dicte el corazón.

Y yo ya he tomado la decisión.

No hay marcha atrás.

"Serás mía o de nadie".

¡No!

(Disparo)

-"Si no me ayuda, no podré protegerla".

-¿Ahora quiere protegerme, ahora?

Mi esposo está muerto.

Ni usted ni los vecinos nos ayudaron cuando aún podíamos marcharnos.

"Su auxilio ya no me sirve de nada".

"Querido Alfredo:

te necesito".

"No sé qué podré ofrecerte a cambio".

Creo que por fin estamos todos.

Voy a empezar, porque...

sé que muchos se estarán preguntando

por qué les he hecho llamar.

No se equivoca usted.

-Nos conoce bien, don Telmo.

Antes de nada, les agradezco su presencia hoy aquí.

Para mí no es fácil decir esto

cuando el cuerpo de Lucía está aún caliente.

Pero creo que lo mejor es contar la verdad.

Que todos la sepan.

Hoy he sabido

lo que Lucía ha dejado encargado en su testamento.

Los bienes de su familia pasan a su hijo Mateo...

y a mí.

Yo seré el tutor de Mateo hasta que sea mayor de edad.

Muchos se estarán preguntando por qué Lucía ha hecho eso,

por qué esa fue su última voluntad.

Por qué no le dejó a Felipe, que era su familia,

la custodia de su único hijo y toda su herencia.

Pero tiene una explicación.

Lucía quiso que yo me encargara de Mateo porque tengo un vínculo

muy especial con él,

y todo el mundo debe saberlo.

Yo soy su padre.

Mateo es mi hijo.

¿De verdad que ya no te duele?

Tenía razón la enfermera del internado,

este remedio es mano de santo.

-¿Seguro? -Mire.

-Desde luego, parece algo milagroso.

Hace un rato eras incapaz siquiera de menear un pie.

-Y que soy vasca, que a nosotros los males nos pasan rozando.

-No tientes a la suerte.

(Llaman)

-Ya voy. -No, no,

tú aquí, quietecita.

-¿Quieres que te traiga otra infusión?

-Otra... Es que ya llevo tres.

Si acaso, de aquí a un rato. -Bueno.

-Don Hipólito, qué agradable sorpresa.

¿A qué debemos este honor?

-Como su esposa no ha venido a conocer a la Dama del Misterio,

quería saber si había pasado algo.

-No, nada, un pequeño contratiempo con la criada.

Un problema de salud.

Pero nada. Mi señora querrá saludarle.

Pase, pase.

Cariño, mira quién ha venido de visita.

-¿Qué hace aquí la Dama del Misterio?

-¿Cómo ha dicho?

Don Telmo, ¿he escuchado bien?

¿Acaba de confesar usted que Mateo es su hijo?

Sí, Rosina, ha escuchado bien.

Mateo es el fruto del amor que nos procesamos Lucía y yo.

-¿Cómo es posible?

Todos recuerdan que hace 10 años abandoné el sacerdocio

para estar junto a la mujer que amaba.

-No lo hemos olvidado.

Hicieron público su romance para escándalo de muchos.

-Nada comparado con el que se avecina.

Las mentiras de Espineira lograron separarnos.

Pero lo que no sabíamos es que,...

nuestro amor

ya había dado su fruto,

que su vientre albergaba ya a nuestro hijo.

-Y entonces, Lucía se casó con Eduardo.

Convencida de que yo la había traicionado,

fue la única manera de salvaguardar su honra y proteger a Mateo.

Y tuvo que hacer lo que más odiaba, mentir.

Pero lo hizo por nuestro hijo.

-Y si Lucía mantuvo el secreto todos estos años,

¿por qué lo revela usted?

Sabía que se dispararían las especulaciones

cuando supieran que yo iba a ser el tutor de Mateo.

Comprendo.

Para atajarlas, ha decidido contar la verdad.

Así es.

Estoy cansado de mentir y ocultar mis sentimientos.

Si alguien tiene alguna objeción,

que lo diga ahora,

y si no, marchemos todos al cementerio.

Ninguno de los presentes somos quién para juzgarles.

Estamos aquí para presentar nuestro últimos respetos y...

acompañar a una mujer buena al cementerio.

Nada más.

Úrsula, haga el favor de buscar a mi hijo.

Ya es la hora.

Hay que partir al cementerio.

Ahora mismo, don Telmo.

(LLORA)

Con semejante disgusto, me falta el aire.

Cinta, nuestra querida hija,

¡es la Dama del Misterio!

Todos los saben. Se acabaron los secretos.

Podremos vivir como una familia normal,

sin escondernos.

Deberíamos presentarnos en casa de doña Genoveva

y darle nuestras condolencias y darle apoyo.

-Es muy buena idea. No te preocupes por nada,

tu abuelita siempre cuidará de ti.

Ya pude despedirme de doña Genoveva.

Nada más me retiene aquí.

Mañana mismo marcharé.

Entréguele esta carta a don Ramón.

¿Qué ibas a decir? Úrsula me da un poco de miedo.

Antes no paraba de reñirme

y ahora es como esas abuelitas del parque.

Me abraza todo el tiempo.

¿Piensas actuar esta tarde?

¿No has aprendido nada de lo ocurrido?

¿Quieres matar a tu madre a disgustos?

-Tata, es que... -¡Ni tata ni titi!

Tienes que volver a la escuela de madame Olenka

y olvidarte del Cafetín para siempre.

Llevaba un par de días sin verla y quería saber si estaba todo bien.

Le he traído unos bombones. -Muy amable,

a ver si endulzan el ambiente.

-Se suponía que tendría problemas y veo que no me equivocaba.

-¿Es adivino?

Debo hacer algo, encontrar la forma de impedir

que haga carrera en los escenarios.

-No va a ser sencillo.

La Dama del Misterio ya se está creando un nombre.

-¡Como si la conoce el mismísimo rey de España!

¡Mi hija no va a ser artista, por esta!

Genoveva ha querido irse de Acacias tras la muerte de Samuel.

Ya no vamos a poder disculparnos por haberle dado la espalda.

Damas y caballeros, disfrutemos una vez más

con la Dama del Misterio.

(Aplausos)

No puede abandonarme.

¿Por qué me hace esto?

Yo solo quiero cuidarle, protegerle de todos los demás.

Tranquila, Úrsula.

No necesito que me proteja.

¡Por supuesto que lo necesita, siempre lo ha necesitado!

¡¿O quién cree que le allanó el camino con don Eduardo?!

¿Qué acaba de decir?

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Acacias 38 - Capítulo 999

25 abr 2019

Úrsula consuela a Telmo tras la muerte de Lucía. Juntos organizan el velatorio y Telmo decide poner fin a las especulaciones de las vecinas y cuenta la verdad: él es el padre de Mateo.
Méndez duda de que Genoveva le haya contado la verdad sobre los asesinos de Samuel. Ella jura vengarse por su cuenta y escribe una carta a un tal Alfredo ¿qué tramará la viuda de Alday?
Arantxa finge tener apendicitis para evitar que Bellita vaya a un ensayo de La Dama del Misterio. Pero una visita de Hipólito a la casa de los Domínguez desvela la identidad secreta de Cinta.
Tras las palabras de Ramón en la misa, Carmen se ilusiona ¿y si la ve como algo más que una amiga? Pero no. Carmen decide irse de Acacias y escribe una carta de despedida para Ramón.

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  1. Pili Pérez

    Poli Pérez De acuerdo con el comentario de Yomisma, respecto a que los crímenes quedan impunes. Si los descubrieran Ursula a pesar de ser una buenísima actriz estaría en la carcel. No me gusto que murieran Trini, Celia ni tampoco Lucia, Lucía y Telmo merecían vivir su romance después de diez años de sufrimiento, por favor no maten a los personajes de Acacias que son los más entrañables. Aún así la serie me gusta y mucho!!!

    29 abr 2019
  2. valeria portillo

    acaso la novela está en guerra? o es que los personajes ya no quieren estar en la novela y por eso los matan? claro que la voy a seguir viendo, pero ya me aburrí de que todos se mueren a cada suspiro. la solución para la salida de un personaje no siempre es matarlo.

    28 abr 2019
  3. Carito

    Aquí en chile se estrenó está semana vaya en capítulos 8 yo la veo en otro canal pero me encanta

    26 abr 2019
  4. Yomisma

    La policía de acacias es nefasta que inútiles por dios..la muerte de Manuela sin resolver la de Pablo y su madre sin resolver la de sñr Alday sin resolver la de calletana la de Trini la del coronel la de Samuel ....asesinatos a tuti pleni... Si tuviera que matar a alguien querría vivir en acacias. Jajajaja Por no hablar de la cantidad de catástrofes ...epidemias bombas fuego terremoto inundaciones ...solo falta que erupciones un volcán ...estarán esperando al final para que acaben todos a la vez como en Pompeya. Y a la fama del misterio no le vendría mal unas clases de canto ...con las de actrices que habrá que canten bien....el zapateado jajajaja parece que está matando cucarachas.

    26 abr 2019
  5. Miriam

    Un poco de por favor! Tantas parejas y no hay un nacimiento de ningún nene que le de alegría a la trama. Solo muertes y maldad!

    26 abr 2019
  6. HTLM

    Saro, es normal que estuviera tranquilo Xq al actor realmente no se le murió nadie... Ni madurez ni na'

    26 abr 2019
  7. Carmen Olivia Rosales

    He seguido la serie desde el principio. Cuando no la puedo ver la grabo. Pero no estoy de acuerdo con que cuando un personaje tenga que salir de la trama la solución sea matarlo. Existen tantas otras soluciones que pueden hacer que televidente quede satisfecho y con ganas de seguir viendo la serie.

    26 abr 2019
  8. juan marque

    Ursula sera la mano derecha de genova en la venganza de la vieja sussana tbn va para telmo la venganza-servando como siempre dando la hora--- casilda no envejce en nada --- mmm.-----

    26 abr 2019
  9. Marilu

    Flor de chasco se están llevando los que creyeron en una Ursula redimida, ahí la tienen, volvió a sus costumbres, y acompañada por un estado mental de temer.- Me disgustó que Telmo " DEBA " dar explicaciones de su situación; cuando mucho y con el solo motivo de acallar cotilleos, debió CONTAR y no CONFESAR los detalles de su historia con Lucía y Mateo, que a ninguno de los allí presente INCUMBE

    26 abr 2019
  10. Wilkyns Nuñez

    Yo lo siento mucho pero con la muerte de Lucia, se murió también mi deseo de seguir viendo la serie, si le hicieron eso a estos personajes ya veo que no tienen ninguna consideración con el televidente, nos hicieron sufrir por un amor que nunca llegó entonces porqué encariñarme con cualquier otra historia si sólo es riego para decepcionante.

    26 abr 2019