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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 996 - ver ahora
Transcripción completa

Lamento mucho lo ocurrido.

Por mucha animadversión que sintiera por tu esposo,

nunca le deseé la muerte.

Lo sé.

¿Qué hacía ese en la mantequería?

Pobrecita, la pena ha podido con ella.

-Ha perdido el conocimiento. -¿Y cómo está?

¿Se ha recuperado? -Se la han llevado al hospital.

Los hombres de Cristóbal han ido en mi busca.

¿Cómo has podido escaparte? Con la ayuda de un botones.

Preciso que acojáis a mi esposa.

Lo lamento, pero no podemos darle el gusto.

-Vámonos, Samuel.

¡Malditos seáis todos!

El dinero de la colecta ha volado.

-Vi salir con mis propios ojos a Samuel.

Iba muy apurado.

Los hombres de Cristóbal no tardarán en encontrarnos.

Tenemos el dinero que precisábamos.

Cojamos un coche y marchémonos de esta ciudad.

Han robado el dinero de la colecta de la mantequería.

-¡Ah! -¿Qué dice usted?

-Doña Susana ha visto salir de la mantequería a Samuel

mientras estábamos en el funeral.

-¡Pero qué malaje!

¿Qué sucede?

-¡Lleva una maleta, quiere escapar con nuestro dinero!

-¡Abre la puerta! -¡Samuel!

Es nuestro fin.

(Puerta)

Marcharnos de inmediato.

-Aquí están.

¡Van a devolvernos hasta la última peseta!

-No nos dejarán salir y Cristóbal ya estará en camino.

(Puerta)

Nos van a matar.

¡Por culpa de los vecinos, Cristóbal nos va a matar!

¿Podrían indicarme dónde queda el 38?

-Sí, ahí mismo.

-Gracias.

¿Qué haces?

Buscar una salida.

Pásame los fósforos de la chimenea.

¡Abran! ¡Samuel! -¡Canalla!

Huele a quemado. -Viene del salón.

Cristóbal, por favor.

-¡Serás mía o de nadie!

¡No!

(Disparo)

¡Samuel!

¡Samuel, mi amor!

¡Samuel, no te mueras, por favor!

¡Ayuda!

¡Samuel, por favor, no te mueras! ¡Ayuda!

Samuel, mi amor.

-Una escena entrañable.

-Samuel.

-Lástima que tenga que terminar. -¡Suéltame!

-No, esta vez no te daré cuerda.

Vamos. ¡Ah!

¡Te mataría aquí mismo

si no te deseara tanto!

¡Quieta!

Harás lo que yo te diga.

¿Eh? ¡Lo que yo te diga!

Sin rechistar.

No te he buscado durante tanto tiempo para dejarte ir.

Esta noche volverás a ser mía. ¡Vamos!

(Silbato)

-¡Alto!

¡Alto!

¡Alto o disparo! -¡Ayuda!

-¡Ay, Dios mío!

-¿Qué ha pasado? -¿Tampoco vais a ayudarme ahora?

-Sí, busca un coche, Lolita, corre, corre.

-¡Un coche!

-Liberto, ayúdeme. -Sí.

-¿Está vivo?

-Tranquila, tranquila.

-Dios mío. -Vamos.

-Vamos, Antoñito, rápido.

-¡Samuel! -Lo van a llevar al hospital.

Dios santo. ¿Cómo que le han disparado?

-Llegamos cuando Samuel estaba tendido en el suelo,

entre los brazos de su esposa.

-¿Por qué?

-Por nuestra culpa.

Por no haberle ayudado.

-Eso no lo digas ni en broma. -Si es que es verdad.

Y por no dejarles marcharse cuando ellos querían.

-Era normal, habían robado el dinero de la colecta.

-Estaban desesperados. Que no tenemos perdón de Dios.

-Nadie podía suponer que le iban a disparar.

-A otro perro con ese hueso.

Genoveva le dijo a Agustina que si no les dejaban marcharse,

les matarían.

Y lo han matado.

-No, cuando lo subimos al coche, no estaba muerto.

-Estaba herido de muerte.

Te digo que de esta no sale. -Lolita, tómate la tila.

-Lolita, mi hijo tiene razón.

Estás muy impresionada y lo comprendo.

Pero nadie podía suponer

que terminaría de manera tan aciaga.

No debemos culparnos.

-Haz caso a mi padre.

Poco a poco iremos sabiendo más sobre el asunto.

A lo mejor Samuel se recupera.

-Pero si es que no estoy así solo por Samuel.

Tampoco tenemos noticias de Lucía.

Y...

Es un día de no te menees.

-¿Se sabe cómo fue el tiroteo?

-Nadie sabe nada. -Todavía.

-Imagino que el comisario Méndez nos arrojará luz sobre el asunto.

-Felipe podía ir a comisaría a indagar.

-Quizá esté en el hospital.

-Fue don Telmo quien subió con Lucía.

Felipe tampoco le dio importancia al asunto.

Pensó que el desmayo fue fruto de los nervios

y el cansancio por la muerte de Eduardo.

-Ya.

Que yo no quisiera decir nada.

Pero me dio en las narices que eso no era fatiga y agobio.

Que era algo más.

Que no haya vuelto me da la razón.

-Puede ser por muchas causas. No nos pongamos en lo peor.

-La muer...

Es que no me da para ponerme en lo mejor.

Hasta para una cabrahiguera es difícil

estar alegre con tanta pena negra alrededor.

(LLORA)

Adiós, muy buenas.

Venga, tómese la tila

y ya verá como se le hacen las cosas más llevaderas.

-¿Llevaderas?

Que le han metido un tiro a un hombre.

-Fui yo la que les dijo a la cara que no les íbamos a dar cobijo.

-No, y mucho mejor, se podrían haber metido en un buen fregado.

-Si don Samuel muere, no podré volver a dormir sin pesadillas.

-Usted no hizo más que lo que era debido.

Ese hombre robó el parné que tanto nos costó juntar.

-Buscaban refugiarse para que no los mataran.

¿Acaso Cristo no hizo migas con el buen ladrón?

¡Ay!

-Robó dinero de la iglesia. Dios no debe estar muy contento.

-Ni tampoco conmigo. Estoy en pecado mortal.

-Anda, leche, ¿y eso?

-Dar de comer al hambriento, de beber al sediento

y dar refugio al peregrino.

Yo les negué el cobijo.

Eso es pecado mortal.

-¿Saben de quién es este maletín? -El de la pensión es usted.

-Es que nunca lo había visto.

Todos nuestros clientes son viajeros.

Los viajantes tienen etiquetado el bagaje y este no lo tiene.

-¡Huy!

No creo que al dueño le guste que se lo abra.

-Solamente pretendo saber de quién es.

A lo mejor abriéndolo encuentro la solución.

¿Has escuchado eso, Marcelina?

-Un ruidillo, sí.

Lo normal es que no esté vacío, algo tiene que sonar.

-Usted lo ha escuchado.

-Yo solo oigo al Señor, que me regaña por mi mala cabeza.

-Lo voy a dejar ahí por si acaso lo reclaman.

-Beba, Agustina, beba.

(SUSPIRA)

¿Llegó consciente?

Los médicos intentaron reanimarla

y al no conseguirlo, se la llevaron.

¿Adónde? No sabría decirle.

Nadie me informó, me dijeron que me quedara aquí.

¿Cuáles eran los síntomas?

Felipe, no soy doctor. Telmo, por favor.

Le costaba respirar y no atendía a mi voz.

¿Dijo algo?

Balbuceó, nada inteligible.

Cuando le cogí la mano, ni siquiera movió un músculo.

Ha sido pavoroso verla así,

sin reaccionar, con los ojos en blanco.

Intentando... Telmo, Telmo, Telmo.

Cálmese.

Han tenido que ser los nervios.

Ha estado sometida a mucha presión.

Hay algo más que nervios.

Tiene que haberlo.

Ha dicho que no es doctor.

Pero he sido cura de almas y la conozco muy bien.

No ha sido ella misma en los últimos días.

Algo me oculta, Felipe.

No entiendo por qué tendría que explicarse con usted.

No importan las razones.

Pero siempre ha sido sincera conmigo. Siempre menos ahora.

Sospecho que algo le pasa que no me quiere contar.

¿El qué? No lo sé.

Una enfermedad, una afección.

Un mal que no quiere que sepamos.

Eso daría sentido a cómo se ha comportado estos días.

Váyase a descansar.

Yo me quedaré con ella.

Soy su familiar más allegado.

No, Felipe.

Yo me quedo.

¿A qué viene esto?

Por favor, no insista.

La sigue usted amando, ¿verdad?

Nunca he dejado de hacerlo.

Le mandaré avisar cuando la traigan.

Cuando la traigan, quiero estar junto a ella.

Y dedicaré cada minuto de mi vida a hacerla feliz.

Si es que salimos de esta.

(SUSPIRA)

Espera, Mateo, no corras.

Es mi caballo, que está desbocado.

Pues dile a tu caballo que se detenga.

Estás sudando como un pollo.

Deja que te limpie un poco.

Que no diga tu madre que te llevo así.

Espérese a limpiarme después de la carrera.

¿Qué carrera?

¡Hasta las escaleras!

Eh...

Disculpe, doña Úrsula.

Nadie se lo ha dicho, ¿verdad? ¿Decirme el qué?

Me sabe mal tener que ser yo quien le dé la mala noticia.

A su señora se la han llevado al hospital.

¿Cómo?

¿Qué le ha ocurrido?

Se desmayó en el funeral.

Don Telmo la acompañó en el coche.

¿Hablaba?

Mientras esperaban al coche, no abrió los ojos.

¿Respiraba con normalidad?

-¡He ganado! No diga nada delante del crío.

Haz el favor.

Es al revés. El que gane le pide lo que quiere al otro.

En esta ocasión, no.

Ve a comprar el periódico. ¿Cuál?

El que te dé Sol, ella sabe.

¡Corre, caballo, corre!

Gracias. No hay de qué.

Lo siento mucho por la criatura, de verdad.

Por él no fui al funeral.

No es sitio para un niño.

Doña Lucía debió sentirse tan sola.

Don Telmo estaba con ella.

Dejaré al niño con la criada y acudiré al hospital.

Camino puede quedarse con él. ¿Quiere que suba?

Se le dan muy bien los críos. Se lo agradecería tanto.

De paso, en el hospital, si puede obtener noticias sobre Samuel...

¿Don Samuel, está también allí?

¿Tampoco lo sabe usted?

Está herido de bala.

¿Herido de bala?

¿Quién le ha disparado?

Solo se sabe que la herida no tiene buena traza.

Algunos incluso dicen que iba muerto.

Dios mío.

-El periódico y la vuelta.

Gracias.

Mira, iremos a casa. ¿Y sabes qué?

Camino va a venir a jugar contigo.

¡Bien!

Muchas gracias, doña Felicia.

-Con Dios.

Con Dios.

Vamos.

¡Huy!

Esas habichuelas huelen que alimentan.

-Pues mejor sabrán.

Son de Tolosa y las estoy haciendo con la receta de mi amona.

-Esa abuela tuya tenía que valer un tesoro, hija de mi vida.

No se te olvide poner un plato más para mi José,

que vuelve hoy.

-Descuide, un plato de alubias no le va a faltar.

-Aunque no sé yo

si las va a poder disfrutar.

Tengo que ponerle al corriente de todo lo que ha pasado.

¿Se sabe algo de Samuel?

-Nada de nada.

-Pobre hombre.

Ha sido una calamidad todo lo que le ha pasado.

-Me dan escalofríos.

-Y a mí, repeluco. -Bueno, ya.

¿Podemos cambiar de tema? Para el duelo siempre habrá tiempo.

-¿Sabéis?

No dejo de darle vueltas

y no termino de decidirme sobre el cafetín.

-Hace usted bien, madre. -¿Verdad?

Una cosa es que sea un punto de encuentro de aficionados

y que el dueño, don Hipólito, sea un admirador de mi arte.

Pero no sé yo si el local está a mi altura.

-Ni a las rodillas le llega. -Ay, madre, olvídese.

Usted se merece mucho más, se merece un montón.

-Tampoco voy a ir a actuar a un local a las afueras

por mucho que José traiga una buena oferta.

-El campo, para los campestres. -Claro.

-Y para las principiantas.

Pero no sé, yo necesito actuar.

Y el público necesita de mí.

-¿En qué quedamos?

-¿No te digo que no termino de decidirme?

Si don Hipólito se empeña, quizá no podamos decirle que no.

-Es muy de artistas decir que no. -Claro.

-Si se empeñara, y digo, solo si se empeñara,

le voy a pedir un buen dinero.

Por lo menos, la mitad de lo que haga

el cafetín por noche.

-No creo yo que lo acepte. -¿Tú qué sabes?

Su sangre me daría si se lo pidiera.

-Tampoco se la pida, señora.

No se la pida.

-Cuando venga mi José, me voy a mandar con la puja.

La mitad o nada. Eso haré.

Si quiere a Bella del Campo, que pague a Bella del Campo.

(SUSPIRA)

¿Puedes llevar este sobre a la casa de Felipe?

No te apures, que no va a pasar nada.

-Eso creía usted las otras veces.

-Era mi amigo y no puedo abandonarlo a su suerte.

-Lo que usted diga.

-Estén como estén las cosas entre nosotros,

creo que merece mi apoyo.

Quiere mucho a su prima.

-Pues a verla ha ido. No sé si habrá vuelto.

-Pues se la llevas a Agustina.

-Menos mal que don Felipe anda más católico últimamente.

No quiero ni pensar en qué podría haber hecho

si doña Lucía hubiera enfermado

cuando a ese hombre le dio por beber y hacer de su capa un sayo.

-Razón llevas, pero ese período ya terminó

y Felipe vuelve a ser un hombre cabal.

Podrá ocuparse de su prima. -Si le deja don Telmo.

-¿Por qué no le va a dejar?

Aunque lejano, Felipe es lo más cercano

a un pariente que tiene Lucía.

-Don Telmo también es cercano.

-No seas enredadora.

-No es enredo, señor. Lo digo porque es así.

Antes se podía dudar.

Ahora todos saben lo que hay entre ellos dos.

-No juzgues y no serás juzgado. Bien me lo aprendí yo.

Lo que tengan entre ellos o dejen de tener

es cosa de los dos y de nadie más.

-Y también es cosa de Dios.

-Pues entonces, dejemos que Dios se lo demande o se lo premie.

-Pero si yo no tengo nada en contra, faltaría más.

-Eso es cierto.

Nunca te ha importado lo que piense la gente y eso me gusta.

-Bueno, no todo el mérito es mío, señor.

¿Quiere que le cuente un secreto?

Don Telmo se desahogó conmigo el otro día.

-Pues piénsate bien si quieres contármelo.

-A nadie se lo contaría más que a usted.

Don Telmo sigue enamorado hasta las cachas de la señora.

-¿Y es correspondido?

-Pues a eso una no llega.

Pero si así fuera, ahora que la señora está viuda,

no tendría ningún impedimento.

Si se separaron, fue por las mentiras que se contaron de él.

Así que bien merecido se tienen un poco de cariño.

-La vida no entiende de merecimientos, Fabiana.

¿Acaso merecía mi esposa su final o merecía yo quedarme sin ella?

-No se me acongoje, que yo no quería traerle melancolía.

-No me la traes, la melancolía no me abandona nunca.

-Pues salga usted, distráigase, que le dé el aire.

Ande, ande, que yo llevaré el sobre enseguida.

Anda, mi alma.

Dale un tinto al vino y cuéntame las gestiones.

-Lo de las afueras, descartado.

En ese local solo pueden cantar las gallinas,

que corrían por el patio de butacas.

-Ya me lo habías dicho. Te pregunto por el cafetín.

-Eso ya es harina de otro costal.

-¿Por lo bueno o por lo malo? -Por lo bueno.

-Le has dicho que queremos la mitad.

-Con todas las letras. -¿No te largó con viento fresco?

-¿Don Hipólito?

Más contento que unas pascuas se ha puesto.

-Será que le sobran los cuartos.

-Será que te adora, gitana.

No ha tardado ni un segundo.

Parecía un pajarico con la boca abierta con ansia.

-Y el bolsillo también abierto.

-Te espera mañana.

-¿Mañana?

-Quiere escucharme cantar.

-No, quiere que cantes y bailes. -¿Mañana?

-Sin prueba, sin ensayo, a palo seco.

Confía más en tu madre que en la suya.

-¿Eso no es un poquito precipitado?

-Tampoco estamos hablando de un matrimonio.

No hay que pensárselo tanto. ¿Quién dijo miedo?

-Yo no, desde luego. Allí estaré, para dejarlos pasmados.

-¿Mañana? -Sí, hija.

Para ya con el tantán.

Que pareces un disco rayado con una navaja trapera.

Sí, mañana, mañana tu madre volverá a brillar

y a dejar a España embobada.

-Así me gustan a mí los empresarios.

Entregados, rendidos a mis pies.

Esclavos de mi talento. -Solo ha puesto una condición.

-Negada.

Las únicas condiciones que yo acepto

son las que me imponen mi garganta y mis tacones.

-Nada, mujer, poca cosa.

-A ver, suéltala.

-Que compartas cartel con la Dama del misterio.

-¡Jamás! -Muy bien dicho, hija.

Como se nota que me conoces mejor que ese malaje.

¿Compartir cartel con una principianta?

Antes, muerta.

-La muchacha tiene sus adeptos.

-Como si tiene juanetes. Nunca.

-Jamás.

No sé qué se ha creído la muerta de hambre esa.

Anda y que la ondulen.

-Eso. Mañana iré a hablar con el Hipólito de mis pecados.

Retrocederá como los franceses ante Agustina de Aragón.

-Los del sur no somos tan cabezones.

-Ya que te amilanas, me acompañará Cinta.

-Jamás. -¿Cómo dices, hija?

-Que tengo que estudiar. ¿No querrás que me suspendan?

-Iré yo contigo y que salga el sol por Antequera.

-Tú te quedas ensayando, que no quiero que salga nada mal.

Ea, y me voy.

¡Qué carácter!

Y qué pesadita con la guitarra tu madre.

¡Ay!

¿Se sabe algo del Alday?

Cinta, hija, estás en Babia.

Vaya familia me he echado.

Ha estado muy atento el párroco.

Y mire que estaba perjudicado, que no paraba de estornudar.

-Era una razón de causa mayor. -¡Ay!

A ver si nos vamos a poner malas ahora.

-Gracias por acompañarme, Marcelina.

No me veía con fuerzas para venir a confesarme yo sola.

-Lo importante es que esté más aliviada.

-Muchas oraciones necesito para calmar mi alma.

-Lo bueno es que si le pasa algo, ya no irá al infierno.

-El infierno lo llevo cuando recuerdo lo que hice.

-Ande, calle, no diga más "tontás".

-Estaban desesperados.

Y los puse de patitas en la calle.

-Desesperados están los Quintanilla.

No van a recibir ni una perra del dinero de la colecta.

Y el señor Alday siempre lo tuvo fácil.

-Espera y si se muere, me lo vuelves a contar.

-No se haga mala sangre.

Quien más o quien menos, todos les dimos la espalda.

-Tú también tenías que haberte confesado.

Si te mueres ahora, vendrá a por ti el averno.

-Ay, señora Agustina, no diga eso.

Que no estoy para morirme ahora. -Ni tú ni nadie.

Doña Celia, Trini, el mismísimo coronel Valverde.

Ninguno se imaginaba encontrarse con el Altísimo tan pronto.

-A las buenas, señoras.

¿Vienen de ponerse en paz con Dios?

-En ello estamos, Servando. -Vaya.

-A la Agustina la culpa no para de comerle los higadillos.

Y eso que el cura le ha mandado

20 rosarios y 15 padrenuestros, por lo menos.

-Poco me parece para lo que hice.

-Si le mortifican los remordimientos,

puede hablar con don Felipe, que sabe de justicia y castigo.

-Don Felipe está con doña Lucía.

-Las cuitas de don Felipe tienen que ver más

con presidios que con golpes de pecho.

-Voy a esperar a ver si viene del hospital

y que me informe de cómo está doña Lucía.

-Parece que nos ha mirado un tuerto.

-En Naveros del Río,

alejábamos el mal de ojo quemando castañas.

Qué lástima que no sea temporada.

-Déjense de supercherías y hagan examen de conciencia

para ver si Dios nos perdona a todos algún día.

-Yo les dejo, que tengo el quiosco desatendido.

Y esto no es Naveros.

Hay que sacar las castañas del fuego para llenar el plato.

-Tendrías que ver cómo vive la del quiosco de Naveros.

-Con Dios. -Con Dios.

¡Ay!

-Voy a rezar un rosario al altillo.

Si quiere usted, sería bienvenido.

-Yo se lo agradezco, de verdad, Agustina.

Pero hay cosas que prefiero hacerlas solo

y, además, tengo lío en la pensión.

Con Dios. -Como usted quiera.

Con Dios.

(Puerta)

(Puerta)

¿Molesto, señora?

¿Le ha dicho algo el doctor?

-Ha sido imposible extraerle la bala.

-Podrá vivir con ella, ya lo verá.

En las colonias hubo muchos... -¡No!

No podrá.

Esa bala terminará con su vida, es cuestión de horas.

-Lo siento.

Y también lo sienten los vecinos de Acacias.

Y las criadas.

Todos esperan que yo les lleve noticias.

Han venido preguntándome por su esposo.

Querrían mostrarle su pena, pero no se atreven

porque saben que lo hicieron mal.

Yo también me siento culpable.

Sé que debí defenderla cuando subió usted al altillo

pidiendo cobijo.

Pero fui cobarde.

Tengo que vivir allí.

No tengo más hogar.

Me pudo el miedo, señora.

Y a las demás también.

Si hubiéramos sabido la gravedad del asunto.

¿Cómo íbamos a saber que era cuestión de vida o muerte?

-No me queda mucho tiempo que compartir con mi marido.

-Lo siento, créame.

Siento mucha tristeza y...

La compadezco de veras.

-No necesito ni su pena ni su compasión.

Necesito que se vaya.

Samuel, no te vayas, por favor.

Abre los ojos y mírame.

Dime que no morirás.

Que te quedarás conmigo para siempre.

Samuel.

Buen día, don Cosme.

¿Qué, no pone nada de don Samuel?

-Por ahora, no.

-No sé cuándo lo va a poner.

Lleva más de media hora moviendo los labios.

-Si quiere, me lo invento. -¡No te pongas gallito,

que te corto las alas y me quedo tan ancho!

-El Señor va a castigarnos por esto.

¿Y usted, qué, no siente cargo de conciencia?

-Pues todavía no lo he decidido.

-Nunca debimos agobiar tanto a los Alday.

-Afanaron el dinero de la colecta

patrocinada por esta honrada pensión.

-Chúpese esta.

Aquí dice que han encontrado unos maletines

por la ciudad con bombas dentro.

-¡Toma ya, noticia fresca!

-¿Ya lo sabía usted?

-Es un antiguo procedimiento de los anarquistas.

Poner bombas hasta en las pilas de agua bendita.

-Pues sí, y en los jarrones.

Acuérdense que a servidora se la dieron con queso

y don Maximiliano la espichó.

-Pues ya que sabe usted tanto, Servando,

que le lea el periódico Rita, la cantaora.

-¡Oye, que yo no necesito que me lea nadie el periódico!

¡Que yo lo sé casi todo, a mí no se me escapa una!

-Guárdese ese conocimiento, que a lo mejor le hace falta.

-Ni que fuera nuevo eso de los maletines bo...

¿Maletines bomba?

-¿Qué pasa, Servando, qué hace? -No, no.

¿Dónde está?

¡El maletín, el maletín que estaba aquí!

¡Que vamos a salir todos por los aires!

¿Quién ha cogido ese maletín?

-¡Si yo pensaba que a usted no se le escapaba una!

¿Cómo sigue mi sobrino?

-Como un alma en pena.

Dice que se siente como si él hubiese matado a Samuel.

-Pobrecito, es tan sentido.

-Algo de razón lleva, les abandonamos a su suerte.

-¿Y qué quería que hiciéramos?

Sustrajeron el dinero que habíamos reunido.

Si quiere, les felicitamos. -Eso no, pero...

No podemos condenar a alguien a muerte

solo por haberse llevado unas perras.

-¿Y eso lo dices tú?

-Consiento que soy un poco mirada con las pesetas.

Pero de ahí a poner a alguien entre la pistola y la pared...

-No he dejado de rezar para que Samuel se salve.

-Y yo, Felicia.

Llevo ya rezados seis rosarios seguidos.

Es que también fue culpa mía.

Me enfadé mucho con Liberto por haberle prestado dinero.

No volvió a prestarles. -Ya está bien.

No prestarles fue lo indicado.

Parece que tangan los bolsillos rotos.

-Lo que les hemos roto es el alma.

Y todo por no dejarles huir cuando nos lo suplicaban.

-Todos los ladrones suplican cuando se ven acorralados.

Estábamos defendiendo nuestro dinero,

nuestra parroquia, nuestro esfuerzo.

-Poca cosa a cambio de una vida.

-Bueno, todavía no ha muerto.

No digo que no me perturbe un poco.

Pero ¿cuántas veces os he dicho que no eran trigo limpio?

Todas sabíamos que iban a acabar mal. ¿O no?

-Sí, mujer, pero no tanto.

-¿De dónde habrá salido esa Genoveva?

¿De qué agujero la sacaría Samuel?

Todavía tendremos que dar gracias de que solo ha caído él.

Esos matones son capaces

de llevarse por delante a cualquier vecino.

Por algo los buscaban, por algo.

-Lo siento, pero no tiene razón.

¿No ha oído hablar del buen samaritano?

Carguen con los pecados que carguen, son nuestro prójimo.

-Los dos son nuestros prójimos.

-Que hubieran dicho que tenían malas intenciones.

Entonces, todas las culpas nuestras.

Pero como se bastaban solos y no querían hacer migas con nadie.

-¿Qué quieres que te diga? Yo solo pido que Samuel no muera.

Si es así, mi marido no vuelve a dormir seguido.

-Mala hierba nunca muere.

A las buenas, primo.

¿Hay alguna carta para el segundo derecha?

-Ahí lo tienes, más vacío que el ojo de un tuerto.

-Ya lo veo, ya.

-¿Esperan algo tus señores?

-Sí, noticias de doña Leonor para animarse.

Mi señora está amostazada por lo que ha pasado.

-No somos nada, prima.

Hace nada estaba don Samuel besándose con Genoveva y ahora...

-No seas cenizo, que todavía no las ha espichado.

-Mira lo que ha llegado.

-¿Y eso qué es?

Dame pistas, que ya sabes que de letras, poco y mal.

-Samuel.

-¿Es una carta para don Samuel? -Eso parece.

-¿Y qué vas a hacer con ella?

-¿Cómo que qué voy a hacer? Pues dársela a doña Genoveva.

-¡Ay!

Pobrecilla.

Estoy que me come la culpa.

-Yo también, que somos familia.

Nuestra sangre siempre ha sido compasiva.

-Mira que su desesperación se notaba, pero no la supimos ver.

-Ya sabes, cuando asoma el lobo, no hay entendederas ni apego.

-Hay que ver todo lo que sabes para haberte criado con animales.

-Dame bestias de cuatro patas y llévate las de dos.

¿Qué haces?

-¿Quién la habrá mandado? -Ni lo sé ni me importa.

-Esto huele a perfume de mujer. ¿La ha mandado una mujer?

-¿Qué haces, desgraciada?

Como se enteren, me quedo sin jornal.

-No se tienen que enterar si no dices nada.

-Vete de aquí, que no pareces ni de mi sangre.

-Yo solo estaba de guasa, primo.

-Ah.

-¡Que sí, que me voy!

-¡Vamos, vamos!

¡Ay!

-Jacinto, cuando puedas.

-Huy.

-¿Qué haces?

-Nada que le interese.

¿Qué quería?

-¿Estabas olisqueando las cartas de los señores?

(RÍE)

¡Anda ya!

No fabules, que ves cosas que no hay.

¿A qué has venido?

-A avisarle de que mañana viene el del carbón.

-Anotado. ¿Alguna cosa más?

-¿Eh?

-¿Alguna cosa más?

-No. ¿Cierro?

-No, cierro yo.

Muy buenas, don Hipólito.

¿Se cree que me he caído de un guindo?

-No, señora, ningún árbol daría unos frutos tan bellos.

-Ay, no, no, con zalamerías a mí no.

¿Cómo se atreve usted a exigir que comparta cartel

con una meritoria que está más verde que el trigo verde?

-No es así, doña Bella.

Cierto que no tiene su nombre ni su arte.

Ni todo lo que a usted le sobra.

Pero ya se va hablando de ella.

-Será en su casa. -Y entre los entendidos.

-¡Pero vamos a ver, don Hipólito, por amor de Dios!

Si ni siquiera se sabe quién es.

-Quizá en eso resida su encanto.

Sea como sea, la Dama del Misterio

ha embelesado a muchos críticos.

-Pues me niego. ¿Me escucha usted?

Me niego a subirme al tablao

con una sin nombre que se arrima al mío para encumbrarse.

-No ha sido ella quien ha pedido actuar junto a usted.

Es cosa mía.

-Pues perdone que le diga,

pero le tenía por un conocedor de la canción española.

-Por eso me tienen muchos.

-Es usted un... -Un empresario.

De lo cual me precio.

Siéntese.

Por favor, doña Bellita, siéntese.

-Está bien.

-Ni por un momento he pensado

que la Dama del Misterio tenga el embrujo,

el duende, la belleza de usted.

-Faltaría más.

-Es graciosa, desenvuelta, eso sí.

Pero no se le arrima a usted ni por asomo.

-Eso me han dicho.

-Y también le habrán dicho que congrega a bastante público.

Por eso, juntando su público

con las masas que atraerá el nombre de Bella del Campo,

tendremos multitud.

Y multitud en este negocio, como sabe usted,

significa parné, monis.

Mosca para todos.

-Ya, don Hipólito, pero comprenda usted.

No es el dinero lo único que me mueve.

-Lo sé, como a todos los grandes genios.

Pero a nadie le amarga un dulce.

Y, además, sería usted la más beneficiada

gracias a la tajada que me ha arrancado su marido.

-La mitad de la recaudación. -Sí, así es.

Y aún merecería usted más, pero yo también tengo que comer.

-No lo sé, vamos, sí sé que tiene usted que comer.

Lo que no sé es si esa guita compensaría tanta humillación.

-¿Humillación? Todo lo contrario.

¿Cree usted que yo permitiría

que saliera trasquilada de mi cafetín?

Está todo pensado.

Precisamente, actuar junto a la Dama del Misterio

no hará más que ensalzar su talento, señora.

-¿Usted cree? -A pie juntillas.

Demostrará usted de una vez y para siempre

la grandeza de su talento.

De su estilo.

La preminencia de lo clásico frente a la novedad.

Demostrará su señorío frente a la bisoñez.

Carmen.

-Ah, es usted.

-Ibas muy abstraída.

-No es nada.

-No me cuentes nada, si no quieres,

pero no me engañes, que ya te voy conociendo.

-No pretendía ofenderle. -Y no lo has hecho, mujer.

¿Qué te pasa?

-Vengo del hospital. -¿Está mejor don Samuel?

-El doctor no ha dado muchas esperanzas,

ninguna, para ser más precisa. -Lo siento.

¿Y cómo está doña Genoveva?

-Deshecha y dolida con todo el barrio.

Solamente me ha pedido que me marchara.

-¿Te culpa a ti?

-No, me culpo yo misma, que es peor.

No se lo había dicho, pero

don Samuel me rogó que le pidiera a usted un préstamo,

y a mí ni se me pasó por la cabeza darle contento.

-No te responsabilices, cualquiera hubiera hecho lo mismo.

-Ya,... pero se muere.

-Eso nunca será tu culpa, Carmen.

-Don Ramón, yo le abandoné,... les abandoné.

-Carmen,

te pidió dinero sin decirte que le iba la vida en ello.

No te dejes roer por la culpa,

si lo haces, nunca volverás a ser la misma.

Sé muy bien de lo que hablo.

-¿Viene usted del hospital, Carmen?

-Tengo que marcharme.

Recuerda mis palabras.

-¿Trae también noticias de doña Lucía?

-Me temo que no, ni siquiera me han dejado verla.

-Habrá que esperar a que venga don Felipe para saber más.

Con Dios. -Con Dios.

-Así que...

o me presento en el Cafetín y mi madre me descubre

o acaba mi carrera antes de comenzar.

-Bueno, al menos no será decisión tuya.

-¿Que no? Ya me dirás tú.

-Que tu madre no nació ayer, seguro que se camela al Hipólito

y no compartís cuadro, pero tú a ese empresario le gustas,

o sea, que ya te dará otra fecha. -Los dioses del arte te escuchen.

-Maldito trasto.

-Como le escuche madre hablar así de su guitarra.

-No, no estoy hablando de la guitarra, el trasto soy yo.

-Uy. Eso no se lo voy a discutir, ya ve usted.

-¿A qué la tragedia, padre? -Mira,

tragedia, muy bien dicho.

Yo creía que me había retirado ya de la guitarra, mira tú por dónde.

No quiero, canelita,...

no quiero actuar delante del público. No tengo cara.

-¿Cara?

-Dura, sí. -Pero ¿por qué?

Si todo el mundo dice que usted es el mejor guitarrista de Bella.

-Y el único.

-Mira, está graciosa Arantxa hoy.

-No te voy a decir que hiciera mal el papel, no,

pero es lo que era, un papel,

como un actor.

Yo nunca he sido guitarrista de vocación,

lo mío era el jaleo y la juerga.

Movía la guitarra mejor que nadie, eso sí.

Olé.

Mira.

Cuatro meneos y ya está,

pero de eso a tocar va un trecho.

-¿Y lo sabe madre?

-Tu madre ve en tu padre lo que quiere ver.

El amor, que es ciego.

-Pero no mudo. Como se entere

de lo que está pasando, me va a pegar unos gritos,

que va a temblar el misterio. -Pues no diga nada

y siga haciendo lo de siempre. -Ojalá pudiera,...

ojalá,... pero me entra el miedo, canelita,...

el canguelo, el chucho.

Porque tú no sabes la cantidad de entendidos

que se juntan en el Cafetín. -Bueno, algo se le alcanza, no crea.

(Se abre y cierra una puerta)

-Ea, arreglado.

-Olé ahí, olé mi niña, ¿qué ha pasado?

-¿No va a actuar usted?

-Uy, con todos los poros de mi piel,

con todos los músculos de mi cuerpo. Pienso darlo todo.

-Pero ¿qué pasa, le han puesto de patitas en la calle

a la Dama del Misterio? -Qué va,

allí estaremos las dos.

-Saldrán chispas y alguna cabra achicharrada.

-Frío, frío, mi niña, ganaremos dinerito, nosotros más, claro está.

-Hombre. -Será mi telonera,

así la gente luego podrá comparar.

¡"Arza" el arte clásico! Olé.

¿Y tú cómo vas con las seis cuerdas? -¿Eh?

-Con la guitarrilla. -¿Con las seis cuerdas?

A mí solo me hace falta una para ahorcarme, mira cómo voy.

-¿Cómo? Hazme algo, que yo te escuche,

a ver cómo va la cosa.

¡Olé, olé, el brío que tiene mi niño!

Olé, qué salero tienes, garruchero mío.

-Qué maravilla. -Pues sigue ensayando,

que la cosa es mañana.

Venga, vamos a ensayar la falseta esa que tan bien te salía.

Yo la bailo, tú la tocas.

-¿La falseta? La madre que...

-¿Mañana? ¿Seguro que va a ser mañana?

-Felipe.

-¿Qué desea?

-Espero que no le moleste que le pregunte por su prima.

-No está bien.

-Espero que mejore a no más tardar.

-Don Ramón,...

gracias.

(Llaman a la puerta)

¿Me permite, señora?

He hablado con el doctor.

-¿Qué hace aquí entonces? No puedo decirle mucho más.

-Espero que sí, señora.

Hemos abierto una investigación.

Vengo a tomarle declaración.

-¿Cree usted que mi marido está en condiciones de declarar?

-Ya veo que no,...

y lo siento si no se lo he dicho antes.

Será usted la que tenga que ayudarme.

-¿No puede esperar?

-No si quiere que atrapemos a los que dispararon a Samuel.

Es usted la única testigo.

-No me fijé en nada. -Señora,

son muchos años en el oficio,...

estoy convencido de que usted conoce a los agresores.

-Se equivoca. -No lo creo.

Apostaría que el intento de asesinato tiene que ver

con ese pasado suyo que usted pretende esconder.

-No he escondido nada.

La policía de Bilbao le pasó a usted un informe y yo lo corroboré.

-¿Y Ariza?

¿Qué tiene que ver con Ariza?

-Pierde usted el tiempo, comisario. -Créame,

prefiero perder mi tiempo a que se quede usted sin el suyo.

¿No ve que con datos más fiables podría protegerla a usted?

Identifíquelos, señora.

-Fueron unos asaltantes,...

supongo que querían dinero. -Supone.

-Mi marido trató de protegerme y le dispararon, no hay más.

¿Quiere marcharse, por favor?

-Está bien, quizá tenga usted razón y no sea el mejor momento de hablar.

Lo dejaremos para más adelante.

Espero que no tenga que arrepentirse de su silencio.

¿Me permite entrar?

¿Qué le han dicho?

Nada.

Claro.

¿Qué le iban a decir? Ha sido un simple desmayo,

un vahído.

Dios la escuche.

Váyase a descansar,... yo me quedaré.

No, no, no. No me iré hasta que esté fuera de peligro.

¿Peligro?

Ande, váyase,

ya sabe lo que pueden decir las malas lenguas.

Don Eduardo está, como aquel que dice, de cuerpo presente.

¿Cree que en estos momentos me importan las habladurías?

Esperaré hasta que el doctor me informe.

Pero ¿qué quiere que le digan?

Doña Lucía llevaba muchas horas sin dormir,

el ajetreo del funeral... No insista.

(Pasos)

Por fin, doctor.

¿Cuándo veremos a Lucía?

Enseguida, pero quisiera hablar con ustedes sobre su diagnóstico.

Espero que se te haya pasado ya ese ridículo pensamiento.

Mucho me temo que te equivocas,...

sigo sintiendo una sombra que nos acecha.

Tonterías. ¿No has visto lo preciosa que eres?

¿Crees que alguien como tú merece un castigo

y no la mejor de las vidas?

Por desgracia, mi belleza no me ha protegido antes.

Si no lo hace tu belleza, lo haré yo.

Debes creerme de una vez, vamos a ser dichosos y nada ni nadie

nos lo va a impedir.

¿Por qué quisiste enseñarme lo que era la felicidad?

¿Por qué te empeñaste en que tenía derecho a la libertad y al amor?

Debiste haberme dejado con mis desdichas,

pero no,...

tenías que protegerme, tenías que morir por mí.

No. No.

No vas a morir, mi amor, no puedes morir...

por mí.

Yo sigo necesitando tu protección,...

sigo necesitando tu amor,...

aunque no merezca ninguna de las dos cosas,

aunque yo sea la causa de todo.

(LLORA)

(SE QUEJA)

Samuel.

Samuel, cariño, mírame.

Mírame. Samuel.

(INTENTA HABLAR)

"¿Va a morir?".

Ella no se lo había dicho, claro.

Mejor les dejo a solas.

Doña Lucía es una mujer valiente,...

de las que no quiere que nadie las mire con pena.

Yo... siento mucho que se hayan enterado de este modo,

pero dada la evolución de la enfermedad,

no podía seguir ocultándolo más tiempo.

Pero ¿por qué?

El pronóstico ha cambiado.

¿Qué pronóstico? ¿Qué ha cambiado?

El plazo.

El mal ha evolucionado a una velocidad que no preveíamos y...

¿Y cuánto le queda?

Con suerte,... días.

Cariño, cariño. Chist, no digas nada.

Ya sé que me quieres, reserva tus fuerzas.

No te engañes,... sería inútil.

No me engaño, no vas a morir.

Mi amor,...

siento cómo se me escapa la vida.

Chist.

Escúchame.

No digas nada.

Escribe a mi hermano.

No hace falta que le des detalles.

Samuel. Solo dile...

que cada día me he acordado de él.

Y...

organiza una oración por mi padre,

llevo en mi conciencia todo el mal que le hice.

Y tú...

sé feliz.

No dejes que nadie te diga cómo debes vivir,

no permitas que te pisoteen.

Samuel, no, por favor. Este mundo es despiadado,

más te vale que quedes por encima de él.

Y si tienes dudas,...

acuérdate de mí,...

porque ahí estaré, amándote como te he amado en vida,

amándote

más allá de la muerte,...

amándote hasta la eternidad.

Te quiero, mi amor. Pero...

Y yo.

Adiós,... No.

Genoveva.

No, Samuel.

Samuel.

¡Samuel, despierta! ¡Samuel, no te mueras!

¡Samuel! ¡Samuel, no!

Por favor.

¡Samuel, no!

(LLORA)

¿Va a morir?

Desgraciadamente, sí.

El momento en que esto ocurrirá está muy cercano.

Es lo mismo que le dije a su otro pariente.

¿A quién?

Entre Bellita del Campo y tú va a venirse abajo el Cafetín del Duende.

-De eso mismo le quería hablar. No voy a poder actuar.

-Si no actúa usted,...

no volverá a hacerlo nunca en su vida.

-"No sé si mi marido" estará a la altura con la guitarra.

Yo no le veo ensayar. Nunca fue buen músico.

Aquí solo pueden estar los más íntimos.

Pues no sé qué hace usted aquí.

No me consta que sea nada de ella.

-"No quiero a nadie" en esta casa.

-¿Cómo?

-Lo que he dicho.

Seré la única que veré el cadáver de mi esposo,

no quiero abrazos hipócritas.

-Señora, la tradición manda... -La tradición y la ley de Dios

manda que el hombre ayude a su prójimo,

y a mi esposo nadie le ayudó. "¿Cómo estás?".

Mal. Mal, estoy mal.

Sí, pero... lo he estado pensando, iremos a otro médico,

al mejor hospital del mundo.

Seguro que hay algo más que se pueda hacer.

No, Telmo, no hay nada. Sí.

-Tienes que ayudarme.

Bella del Campo y la Dama del Misterio no pueden coincidir.

-Ni la Virgen de Begoña puede impedir eso, cariño.

-Solo se me ocurre una idea.

-Me ha dado don Felipe una nota para usted.

-Gracias, Jacinto. -No, deje,

es un placer hacerle un favor sin que me dé usted nada a cambio.

-¿Ni una rodajita del chorizo de Cabrahígo?

-Bueno, eso sí.

(RÍEN)

-"El Cafetín del Duende"

tiene el honor de presentar a la inolvidable,

la gran Bella del Campo.

(Aplausos)

(Silbidos)

-Que salga la Dama del Misterio.

-Esa sí que tiene arte. -¿Cómo?

-Padre, padre. "¿Quería verme?".

Vaya a avisar a Mateo. Siento que queda poco tiempo, y...

tengo aún muchas cosas que decirle. Ahora mismo, señora.

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Acacias 38 - Capítulo 996

22 abr 2019

Tras disparar a Samuel, Cristóbal consigue escapar de la policía. Los vecinos se quedan conmocionados y se inculpan por no haber ayudado al matrimonio Alday cuando tuvieron la oportunidad. Genoveva acompaña en el hospital a su marido y no permite que nadie le visite. Mientras, Méndez investiga quién estuvo detrás del tiroteo, pero Genoveva calla.
Lucía también está en el hospital, Felipe y Telmo esperan los resultados de sus análisis. Úrsula regresa al barrio con Mateo y es puesta al tanto del estado de salud de Lucía y trata de evitar que Telmo descubra que efectivamente Lucía se está muriendo, pero llega tarde. Primeros signos de reconciliación entre Ramón y Felipe cuando el Palacios le pregunta por su prima.
Bellita se niega a compartir cartel con La Dama del Misterio en El Cafetín del Duende; Arantxa y Cinta respiran tranquilas, así no podrá descubrir la verdadera identidad de la Dama. Pero es Hipólito, el dueño del local, quien convence a Bellita para que actúe ofreciéndole mucho dinero.
Samuel despierta en el hospital, muy débil. Consigue despedirse de Genoveva y muere a consecuencia de las heridas del disparo.

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  1. Meli

    Excelente serie que sigo desde el capítulo primero, me encantan los vestidos, peinados y maquillaje. Me da pena que no afeiten a Juanma Navas. Don Ramón es igual a mi papá y me duelen los ojos de verlo tan mal acondicionado. También cansa el hecho de que muchos personajes se han quedado sin casa y deben deambular por las calles. La sastrería le daba sentido a Susana en la serie y ayudaba a su personaje, lo mismo con Antoñito que al menos ahora se arremanga y trabaja pero no le queda bien, pobre! con lo simpático que es. La actriz que interpreta a Marcelina trabaja bien pero el personaje es pesado, me alegró que su marido quede como portero. Los dientes de Jose me turban, tengo que mirar para otro lado jaja. Una genia Arantxa. Telmo y Lucia han sido la pareja más luminosa y menos empalagosa hasta ahora. Si Casilda deja la serie, la dejo de mirar yo también! Saludos

    08 may 2019
  2. Paochavez

    Hola desde Oklahoma Ojalá se les mi comentario soy mexicana sigo la la serie desde 2015 Pero desde el 23 de abril no e podido ver ningún capítulo ni de ésta y de ningún contenido de la televisora me gusta la televisión española me ayuda a mejorar mi lenguaje Ojalá pronto se pueda acceder por que sería una friega djart de ver mis programas favoritos Saluditos ¿¿

    25 abr 2019
  3. Ester

    Mirando el capítulo de hoy 23 entiendo que al guionista de este culebrón no le gusta tener parejas felices en ella ¿¿¿¿¿¿tenían que matar también a Lucia

    24 abr 2019
  4. Mabi

    Lamentablemente es así.... Cuando cambian la programación por algún motivo, en el canal internacional no pasan la programación habitual y así llegamos a dos emisiones atrasadas. El debate lo han transmitido, creo yo, en señal vivo y directo y por la diferencia horaria ( 5 horas con Argentina al menos) al comenzar a las 22 hs de allá, aquí eran las 17, por eso en España se emitió el capítulo ya que creo que la pasan a las 16/ 17hs...

    24 abr 2019
  5. Marilu

    Capitulo 997, nace una nueva malvada, Genoveva, su finado marido le dejó el legado, me la imagino queriendo vengarse de los vecinos, como si estos tuvieran la obligación de prestarles el dinero, sobre todo Liberto que YA HABÍA prestado las 3,.000 pesetas; ella misma se buscó los problemas; y bueno al menos y por fin no veremos mas a Samuel pero dejó a alguien que lo sustituirá.- Pasando a otros temas: NO me gustan los dueños del restaurante, sobre todo la dueña, una arpía mete lengua al igual que Susana y Emilio, siempre escuchando las conversaciones ajenas y opinando cuando y donde NO lo llaman; y don Ramón ya podría dejar de aparecer como un menesteroso, moral y físicamente, es deplorable su falta de cuidado personal, hasta desaseado parece

    24 abr 2019
  6. Francesca

    Me gustaron las escenas de Genoveva, despidiendo a Samuel. Y de Liberto, conmovido. Es como que en estos dos capítulos cada quien se mostró como de verdad es. Las ovejitas se volvieron lobos cuando le tocaron la colecta. Hubo mucho veneno en Agustina que parecía muy dulce. Todos fueron feroces, no pudieron escuchar las razones de Samuel y Genoveva. Sólo Lolita tuvo dudas y piedad. Creo que Lucía no morirá, la salvará un milagro. Eso espero. Si Lucía muere, Telmo, el niño y Úrsula, se irán a un lugar con mar. No me imagino Acacias sin Úrsula. Será que la actriz es de excelencia y no querría dejar de disfrutar su actuación. Lolita va marcando un personaje singular. Otro que me encanta. ¿Será que Susana se muere? A una agitación en una escena, sobrevino el desmayo al enterarse de la situación de Lucía. ¿Por eso la estarán marcando más odiosa que nunca? Ojalá maten menos gente.

    24 abr 2019
  7. Saro

    Capítulo 997.- El capítulo de hoy ha estado colmado de escenas sumamente llenas de emoción, hasta el punto de que han conseguido "tocarme" de verdad. El plano de Telmo llorando por el estado de salud de Lucía y siempre de fondo la cruz, a la que se dirige rezando por su amada. La escena en que Lucía le dice a su hijo: "Telmo es tu padre" y Mateo corre a abrazarse a Telmo (ambos llorando) y le llama: "Padre"; era imposible no llorar al verla. El rostro y la mirada de Telmo no pueden expresar más dolor. Impresionante la soledad que se aprecia al contemplar el féretro de Samuel con la única compañía de una Genoveva desolada, que no quiere recibir a nadie, pero que acepta que Liberto (con una expresión de dolor en su rostro) se pueda despedir de su amigo. Quiero, una vez más, felicitar por sus extraordinarias interpretaciones de hoy a: Dani Tatay, Alba Gutiérrez, Montse Alcoverro, Adrián Hernández, Clara Garrido y Jorge Pobes.

    24 abr 2019
  8. Alicia

    No entiendo.... ayer estaba el debate de los candidatos españoles y tuve que ver la serie por Youtube, donde moría Samuel, y ahora viendo el capítulo por TVE me doy cuenta que es atrasado, todavía no han disparado a Samuel . Esto está medio complicado, no entiendo nada, de lo que pasa con la transmisión de la serie. Mmmmm tendría que poner la carita del emoticon sorprendido...... pero no se puede jaja

    23 abr 2019
  9. Eva

    El capítulo 997 no se puede comentar por eso lo hago aqui, no pudieron hacer un capítulo mas negro, lagrimógeno , deprimente, todos velorios, muertos,, enfermedades terminales, misa de difuntos, que mas van a poner, faltaba satanas y el cementerio y estabamos listos .Por favor que necesidad de todo esto, un despropósito, parecia una película de terror, Ahora pregunto a los Sres. guionistas, hace falta matar a Lucía, hacer todo ese drama, si la actriz se va de la serie, no se puede ir con Telmo y el niño, como hicieron con otras parejas???? la verdad que si matan a Lucía, una pareja con Telmo que tenia la esperanza de felicidad, ya la dejaré de ver, demasiado drama y ya bastante con la vida real

    23 abr 2019
  10. Victoria

    Es que nadie puede ser feliz?o los guionistas solo saben hacer una serie desde las desgracias q es lo más fácil?para q pensar mas en hacer guiones interesantes...

    23 abr 2019