www.rtve.es /pages/rtve-player-app/2.17.1/js/
5153852
No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 995 - ver ahora
Transcripción completa

Necesito que me preste dinero.

Lo siento,... pero no.

-Me gustaría que don Felipe...

asistiera al oficio conmigo.

-No estoy yo muy seguro de que don Felipe quiera participar.

-No sé bien qué está pasando, pero algo pasa.

Doña Genoveva no está en la casa. -Arrea,

¿es que se han "separao"?

-Me da que ella ha querido quitarse del medio por algo.

-¿Cómo? -Que algún peligro les acecha.

Adiós, doña Úrsula.

Con Dios, don Samuel.

-El notario ha ido a la mantequería

y le ha dejado a Lolita un dineral como donativo para la iglesia.

Esto es todo lo que puedo darte.

El poco efectivo que hay en esta casa.

Te lo agradezco igualmente.

-¿El Cafetín del Duende no es donde actúa la Dama del Misterio?

-Me suena a mí que sí, pero ¿qué más da?

-Jose, sí que da, porque si a Hipólito Pastrana

le gusta la Dama del Misterio, que es una cría engreída,

no le voy a gustar yo que soy una artista reputada.

-Pero si te acabo de decir que es tu mayor seguidor.

¿Qué perdemos por ir a verlo?

Tiene que convencer a Telmo para que se lleve

a Mateo.

No podemos dejarle con Eduardo.

No se preocupe,...

yo lo conseguiré.

Don Eduardo no se quedará con el niño.

-Tu amá está aquí. -¿Qué?

-Con tu aita, están entrando ahora mismo en la sala.

Tenga, señor.

Ni uno de los vecinos de Acacias, mis supuestos amigos

nos han ayudado.

Ni uno. Siempre nos dieron la espalda,

desde el principio. Esos no son tus amigos,

los amigos no hacen eso.

Siempre me odiaron y ahora se vengan.

-Quiero presentarles a la artista cabeza de cartel

de nuestro espectáculo, la Dama del Misterio.

Uy.

Hace un segundo estaba aquí mismo, ¿dónde se habrá metido?

(SE AHOGA)

-¿Qué le sucede a don Eduardo? -Parece que no está bien.

-Oiga, oiga, ¿qué le sucede?

¡Por Dios! (LLORA)

Don Eduardo. ¡Un médico!

¡Que alguien llame a un médico!

Por Dios, respire.

Lo siento. Está muerto.

-¿Te das cuenta, amor mío?

Nunca cerramos la mantequería por alegrías.

-Así es la vida, cariño, las desgracias pesan más que las dichas.

-Pobre Lucía,... viuda tan joven,...

debe ser un espanto. -A ti eso no te va a pasar nunca.

Ni la muerte podría separarnos.

-No, no os separéis, queridos hijos,

vuestro amor es lo único que ilumina la calle en estos días tan oscuros.

-¿Se viene al funeral con nosotros? -No, Antonio,

creo que no voy a ir.

Lucía, la viuda, sigue considerándome el asesino

de su querida prima, y lo último que yo quisiera es incomodarla

durante el funeral de su esposo. -Pero eso no es justo, suegro.

-Pero es lo correcto.

-A lo mejor ya no le guarda tanta animadversión como antes, no sé,

quizá el homenaje que está preparando la haya conmovido.

-Ni siquiera han confirmado su asistencia.

-¿Y el resto de vecinos qué han dicho?

-Tan solo han respondido unos pocos.

Sin ir más lejos, Felipe tendrá que viajar.

-Vaya, qué oportuno. No quiero ser mal "pensá",

pero cualquiera diría que lo ha "planeao" "pa" no asistir.

-Eso parece. En fin, no vale de nada lamentarse.

No es menester que echéis el cierre a la mantequería,

yo me puedo ocupar de ella durante el funeral.

-¿Usted tras el mostrador? Imposible.

No lo permitiría, suegro.

-Una de dos: o mi nuera piensa

que yo no soy capaz de semejante tarea

o sigue considerándome un señorón.

-Ni lo uno ni lo otro, pero no lo veo yo oportuno.

-Tan solo quería ayudar.

-En realidad, sí hay algo que podría hacer,

y para lo que seguramente esté más preparado.

-Tú dirás.

-Tengo una reunión con los dueños de unas pastelerías para presentarles

el nuevo modelo de cafetera, a lo mejor usted podría ir.

-¿Será posible? Antoñito, que aprovechas

cualquier oportunidad "pa" encasquetarle faena a tu padre.

-Estoy dispuesto a hacer cualquier cosa para ayudar a la familia.

Antonio, hijo, no te preocupes de nada que yo me encargo de todo.

¿Dónde queda esa pastelería? -En la calle Mayor.

-Pues ahora mismo voy para allá.

Apoyad en lo posible a la viuda y a la familia.

-Voy a coger la llave "pa" echar el cierre.

-Buenos días. -Buenos días, don Ramón.

-Liberto,...

no puedo dejar de pensar en lo sucedido.

Es la segunda vez que veo morir a un hombre.

La primera vez fue mi pobre Maximiliano.

Ay, perdóname, es que en ocasiones como esta

no puedo evitar pensar en él. -Cariño, no tienes que disculparte

por eso, uno se acuerda de sus seres queridos ya perdidos

cuando fallece alguien de su entorno.

Maximiliano era un buen hombre, es normal que le recuerdes.

Vamos.

-Buenos días. -Buenos días.

¿Y su hijo, no las acompaña? -Ha quedado a cargo del restaurante

para que podamos asistir al oficio. -Puede sentirse orgullosa.

-¿Y Lucía, todavía no ha llegado? -Estará en casa,

armándose de fuerzas. Pobrecilla,...

conozco lo que supone quedarse sola

y sin marido.

-Ojalá con el tiempo se reponga y pueda rehacer su vida.

-Mis condolencias, don Felipe.

Estábamos hablando del triste destino de la prima de su esposa.

Esperamos que con el tiempo se recupere.

-Dios les escuche.

Lucía es una mujer fuerte,... pero el golpe ha sido muy duro.

Y aunque Eduardo era un hombre enfermo

y todos esperábamos tan triste final,...

nunca se está preparado para esto. -Normal.

¿Quién está preparado para la muerte de sus seres queridos?

-Sin duda son momentos muy duros. -Gracias por sus condolencias.

-No hay de qué.

(Sintonía de "Acacias 38")

-Dese prisa, Carmen, no vayamos a llegar tarde.

Tenemos que dar nuestras condolencias a la viuda.

-Ya está, "señá" Carmen.

¿No les parece raro que doña Lucía no prepare el velorio en su casa?

Así "to" el mundo podría acompañarla.

-Cada uno lleva su duelo como mejor le parece.

No somos nadie para opinar.

-¿Y tú no nos acompañas, Casilda?

-Nones, es que tengo mucha plancha pendiente.

De todas formas, mejor que no tenga permiso para ir porque,

les voy a confesar que tampoco

tenía "preparao" el luto, pero denle mis respetos a la viuda.

-Mal hecho, Casilda, mi madre me decía que las ropas de luto

siempre tienen que estar listas, la muerte nunca avisa.

-Y tenía más razón que un santo. En estas calles, al menos,

no ganamos para funerales. -Por desgracia.

Por cierto,...

¿se sabe algo de la misa homenaje para doña Celia y doña Trini,

"señá" Carmen?

-¿Y a mí por qué me preguntas?

-Porque, de las que estamos aquí, es usted la que mejor trato tiene

con don Ramón Palacios.

-Pues nada sé al respecto que tú ya no sepas.

-Me pregunto cómo estará

la pobre Úrsula. Tenía gran estima

a su señor.

-Yo la verdad es que apenas la conocía,

pero sí diré que tampoco era santo de mi devoción,

parecía como muy sieso.

-No se puede hablar mal de los muertos.

-Tampoco se ponga brava, que yo solamente he dicho la verdad,

ni que le deseara algún mal a ese hombre.

-¿Y nadie ha visto a Úrsula?

-No.

No ha debido ser capaz de abandonar a la familia.

-Natural.

-Ayer por la tarde, cuando el señor se desplomó en la calle

y se confirmó su muerte, nos dijeron que Úrsula

estaba completamente conmocionada.

-A esa mujer le va a costar aceptarlo,

casi más que a la propia viuda.

-Oigan, ¿quieren que les sirva una achicoria antes de bajarse?

-No, si de hecho vamos con prisa y, además, me he dejado el abrigo.

-Vamos, Carmen.

Úrsula, ayúdeme, por favor.

Lleva toda la mañana sin decir una palabra.

¿Cómo se encuentra? Puede imaginárselo.

Muy afectada por la pérdida de don Eduardo.

Estaba considerando quedarme en casa

acompañando a Mateo.

¿Y no acudirá a misa?

Si a la señora no le importa, creo que haré más bien

quedándome aquí con el niño.

Mis oraciones por el alma de su esposo serán igual de efectivas.

Como... como desee, pero me sorprende.

De hecho, creí que me insistiría en que Mateo acudiera al funeral.

Es muy pequeño,

mejor evitarle ese mal trago.

Sí, sí, no puedo estar más de acuerdo,

pero él puede quedarse un rato solo,

y así usted acude a misa.

Sé lo mucho que apreciaba a mi esposo.

Pero más me estimo a Mateo.

Prefiero quedarme a su lado. Me resultará extraño

no tenerla cerca.

Es usted quien ha de estar al frente de la ceremonia,

como la señora Torralba.

Sí, lo sé. Lo sé, Úrsula.

Hoy acaba una etapa de su vida,...

ha de sacar fuerzas de flaqueza y cerrarla como corresponde.

Mi vida, dice. Muy poca me queda ya.

Lo sé, señora,...

es un puñal que llevo clavado en el alma,

por eso los últimos días de vida que le queden

debe vivirlos en paz, sabiendo que su hijo está a salvo.

Solo Dios sabe por qué suceden las cosas.

(Pasos)

Mateo.

Creí que estabas en tu habitación.

Mateo, hijo, ahora te vas a quedar un rato con Úrsula,

yo volveré lo antes posible.

¿Me lo promete? Por supuesto.

¿Estarás bien?

Claro que sí,

Mateo es un niño muy valiente.

Vaya, señora, no sea que llegue tarde.

Vamos, siéntate, Mateo.

-Ay, Cinta, que vamos a ser las últimas.

-No será por mi culpa, llevo media hora

esperando a que termine de acicalarse.

-Muy buenas. -Buenos días.

¿Y don Jose, no les acompaña? -Le hubiese gustado,

pero no le ha sido posible, tenía un viaje de negocios

que no ha podido posponer. Me ha pedido que dé las condolencias

a la viuda en su nombre. -Pues...

tendrá que esperar, porque aún no ha llegado.

-Ya casi es la hora, no tardará en bajar.

-Pobrecilla, viuda tan joven.

Ay, Virgencita del Carmen, dale conformidad.

-Lolita,

¿y tu suegro, don Ramón, no va a venir?

-No, doña Rosina,

ha preferido mantenerse al margen,

para no incomodar a la viuda.

-¿Dónde se habrá metido esta mujer?

Va a llegar tarde. -No es la única que falta,

mi tía no ha llegado todavía. -Tampoco han venido los Alday.

-Descuide, Felicia, que a esos no los vamos a echar de menos.

-Ahí viene Lucía.

Lucía, aguarda un segundo.

Telmo.

Lamento mucho lo ocurrido.

Por mucha animadversión que sintiera por tu esposo,

nunca le deseé la muerte.

Lo sé. Lo sé, no temas.

¿Cómo está Mateo? Mal.

Antes de fallecer discutieron fuertemente,

está muy afectado.

Incluso se siente culpable.

Lamento escuchar eso.

Telmo, debo ir a la iglesia.

¿Considerarías inapropiado que asista al oficio?

No. No, de hecho, te lo agradezco.

Sé que tus sentimientos son sinceros.

Lucía,... ¿entramos ya?

-Le acompaño en el sentimiento. -Mis respetos.

-Lo siento mucho.

¡Maldita sea! ¿Dónde has escondido el dinero, Lolita?

¿No juegas con tus soldados?

No tengo ganas.

¿Cómo se llama este? Parece muy bravo.

No tiene nombre.

Pues podríamos llamarle... el valeroso soldado sin nombre.

Y podríamos jugar a que él... lidera el ataque a la fortaleza.

Es la primera vez que juega conmigo,

Úrsula.

¿Lo hace para que olvide lo que ha ocurrido?

No, Mateo.

No vas a poder olvidarlo, pero...

sí que puedes distraerte un poco.

Eso no es malo.

¿Usted quería que él muriera?

No, por Dios. ¿Cómo se te ocurre decir

algo así?

Tu padre era un hombre muy recto, a veces poco cariñoso,

pero nadie quería que esto sucediera,

y tampoco nadie tiene la culpa...

Te sientes mal por haberte enfrentado a él, ¿no es cierto?

¿Sabes qué vamos a hacer?

Vamos a ir al centro y vamos a comprar esas golosinas

que tanto te gustan.

¿Me va a comprar dulces?

Ve a buscar tu chaqueta.

Te compraré un barquillo y si hay feria, daremos un paseo juntos.

Vamos.

Tiene que estar en algún sitio.

(RÍE) Aquí está.

Espera, Mateo.

En la feria te compraré un barquillo.

Y después iremos a ver si ese carrusel que te gusta tanto

sigue en funcionamiento.

Vamos.

Corra, doña Susana, que llegamos tarde a la misa.

-Anda, calla, que me he despistado.

Si me pierdo la misa, no me lo perdono.

-Voy entrando.

¿Qué hacía ese en la mantequería?

Samuel, soy yo, estoy en casa.

¡Samuel!

¿Samuel?

¡Rápido, hay que llamar a un médico! -Voy a avisar al médico de Lucía.

-Busca un coche para llevarla al hospital.

-Pobrecita mía, que la pena ha podido con ella.

-Avance raudo y no se detenga.

Al hospital, rápido.

-Lolita, Antoñito, venid conmigo,

hay algo que debo contaros, venid.

¡Samuel! Genoveva, ¿qué haces aquí?

Gracias que eres tú.

Escuché un ruido y temí lo peor.

Tendrías que haberte quedado en el hotel.

Iba a buscarte. No podía seguir allí.

Los hombres de Cristóbal han ido en mi busca.

¿Qué? ¿Cómo han dado contigo?

Lo ignoro, pero ningún lugar es seguro en esta ciudad.

¿Cómo te has escapado de sus garras?

Con la ayuda de un botones. Me ha ayudado a escapar.

Estoy en deuda con él por haberte salvado.

Ha faltado muy poco para que no hubiese sido así.

Tenemos que ponerte a salvo en un lugar seguro,

antes de que salga nuestro tren.

Qué pronto han llegado del funeral. Si que se ha dado urgencia el cura.

-Calla, que a poco nos hacen dos al precio de uno.

-Doña Lucía ha perdido el conocimiento.

-Se ha quedado pálida como un difunto.

Hasta el cadáver de su esposo tenía mejor color.

-Qué barbaridad. ¿Cómo está ella ahora? ¿Se ha recuperado?

-Pues lo dudo, porque no había manera de volverla en sí,

se la han llevado al hospital.

-Y la misa ha sido pospuesta.

-Así que hemos pensado subir al altillo y preparar unas tisanas

que nos templen los nervios.

-Yo me encargo de serviros. -Le ayudo.

-Hacía días que veía a doña Lucía muy debilucha,

con muy mala cara.

-Espero que no dé más disgustos, que en esa casa van bien servidos.

-Y todo esto,

¿no les extraña que doña Susana haya llegado tarde a la misa?

Con lo piadosa que es.

-Y yo le dije que corriera, que llegaba tarde.

-Ha llegado justo cuando sacaban a Lucía de la iglesia.

-Sí que es raro, sí.

Lo que no me sorprende es que no hayan ido los Alday.

-Qué poco tino tienen esos señores.

Puede que tengan sus diferencias, pero aun así,...

una cosa es una cosa, y seis, media docena.

-"Pa" mí que han sido los únicos señores del edificio

que no han aparecido por el funeral. -Si es por eso,

no es tan extraño que doña Genoveva no haya ido,

ya no es su vecina.

Hace días que no duerme en esta casa.

-Así que es cierto, ¿no?

Ya había oído yo algo, sí.

-Jacinto no se equivoca, ayer se lo comenté a Casilda.

-Le voy a decir una cosa, "señá" Carmen, por mucho que me pese,

sus señores son "pa" echarlos de comer aparte.

-Me duele mucho decir esto, pero yo ya no me fío de ellos ni un ápice.

Después de ver a mi señor lo apurado que está buscando dinero,

me da que pensar, no sé, que están metidos en asuntos turbios.

-¿Os acordáis de aquel diario,

ese en el que aparecía un retrato con unos maleantes?

-Como "pa" olvidarlo.

-¿Es ella, es doña Genoveva?

-Pues si no es, se le parece mucho.

-Salía una mujer que era igualita a doña Genoveva.

-La verdad,

se parecían como dos gotas de agua.

-Yo ya me creo cualquier cosa.

Miren que le he tenido estima a mi señora y siempre la he defendido,

pero para mí que aquí hay gato encerrado.

-Y bien gordo,

si no, ¿por qué creen que anda por el barrio el comisario?

-Arrea, hablando del rey de Roma.

¿Por qué dices eso? ¿Hablabais de nosotros?

-No, señor, de otra cosa. ¿Sucede algo?

-¿Por qué han subido?

Preciso que acojáis a mi esposa durante dos horas.

-¿Aquí, en el altillo?

-Les estaría muy agradecida.

Será solo un momento.

-¿A qué se debe tal capricho?

Eso no es de vuestra incumbencia.

-Se equivoca, sí que lo es.

Lo lamento, pero no podemos darle el gusto.

¿Cómo te atreves?

Nuestros señores no ven con buenos ojos a usted y a su señora.

¿Has olvidado con quién estás hablando?

¡Estás ante unos señores! ¡Señores de su casa,

no del altillo! -Señor,

nuestros patrones nos pondrían en la calle si se enteran

de que le hemos dado alojamiento.

-Nos jugamos nuestros empleos si les desobedecemos.

-Carmen, se lo ruego, diga algo.

No se lo pediríamos si no fuese imprescindible.

Ni se te ocurra rogar a esta gentuza, Genoveva.

¡No podéis restringirme el paso por el altillo!

-¡Ya escuchó a Agustina, sí que pueden!

Olvida que usted no es el único propietario del edificio.

-Don Samuel,

se lo ruego,

márchese, no queremos problemas.

Os aseguro que los vais a tener. -Vámonos, Samuel,

ya ves que es inútil.

Malditos.

¡Malditos seáis todos!

-Vamos a tomarnos una tisana "pa" calmar los nervios,

que buena falta nos va a hacer.

Por todos los santos.

-Os lo he dicho, todo destrozado.

-Lo peor no es lo que está, sino lo que falta.

El dinero de la colecta ha volado. -¿Estás seguro?

-La caja vacía habla por sí misma, nos han robado.

-No cabe duda de quién es el manilargo.

Vi salir con mis propios ojos a Samuel Alday muy apurado.

El muy sinvergüenza se ha llevado el dinero de la colecta

que con tanto esfuerzo hemos cogido.

-A mí me cuesta creerlo, ¿eh?

¿Cómo alguien puede ser tan "desalmao"?

-Recuerda que estaba desesperado por conseguir un préstamo.

-Pues parece que ya no lo precisa.

Ha encontrado el dinero que buscaba.

-(LLORA)

-Templa, Lolita, templa, que esto no va a quedar así,

de ninguna de las maneras. Voy a buscar a Liberto y Rosina.

Ya te diré dónde conseguirte estas cosas de mejor calidad.

-Sí, con la comisaría de policía, por favor.

Maldigo a todos los de Acacias, vecinos y criados.

¡Nos lo van a pagar!

Yo estoy contigo

en prestarnos auxilio, pero ahora tenemos encontrar una salida.

¿Cuál puede ser?

No hacen más que cerrarnos las puertas ¡una y otra vez!

Te lo ruego, mi amor, cálmate.

Aún estamos juntos, no nos vencerán fácilmente.

Tienes razón.

Estando juntos, no podrán hacernos ningún daño.

Eso es todo lo que necesitaba escuchar.

Está bien.

Mantengamos la calma, tiene que haber alguna solución.

Debemos encontrarla rápido,

Cristóbal no tardará en encontrarnos.

Debemos cambiar de planes.

No aguardaremos al tren de esta noche.

Tenemos el dinero que precisábamos.

Cojamos un coche y marchémonos de esta ciudad,

sin la mayor tardanza.

Me aterroriza la idea de salir a la calle de día.

Mi amor,

en la calle corremos menos riesgo que en casa.

¿Dónde crees que acudirá Cristóbal?

Nuestro hogar se ha convertido en una ratonera.

Tienes razón, no es momento para flaquezas.

Terminemos las maletas, debemos marcharnos a toda prisa.

Ay, poco ha hecho la tisana "pa" calmar los nervios, Agustina.

-A ver, la tisana no nos va a quitar este mal cuerpo

que nos ha dejado la visita de los Alday.

-Oye,

¿y si acoquinamos parné y compramos botellas de vino?

-Primo,

¿"ende" cuándo el vino templa los nervios?

-Templar no los templa, pero estaríamos más contentos.

-No olvidaré la forma en que me miró la señora, debí salir en su ayuda.

-No se torture, que de "na" hubiera valido.

Si no querían meterse en problemas, no podían darles capricho.

-(FATIGADO) -Servando, ¿qué hace aquí?

¿No se iba a encargar de la pensión?

-Calle, Fabiana, que vengo a decir una cosa my grave.

-¿No me diga que doña Lucía ha empeorado?

-No, no, de ella no sabemos nada.

-¿Y por qué viene tan "alarmao"?

-Porque han robado el dinero de la colecta de la mantequería.

-¡Ah!

-¿Qué dice? -No, no,

que no he terminado, que hay más. Sabemos quién ha sido el ladrón.

-Dígalo de una santa vez, que ese maleante se va a enterar

de lo que vale un peine.

-Doña Susana ha visto salir de la mantequería a Samuel Alday

mientras que nosotros estábamos en el funeral.

-Qué malaje.

-Ay, robando a los pobres. Eso es sacrilegio.

-Hay que jeringarse.

Y usted sintiéndose culpable por no darles alojamiento.

-Pues no se van a ir de rositas, ¿eh?

-Los señores de la casa marchan a su casa a pedir explicaciones.

-¿A qué esperamos "pa" ir con ellos? -Tienes toda la razón, primo.

A nosotros nos ha costado un potosí reunir ese dinero,

así que no dejaremos que se lo lleven. ¿Vamos?

-Venga.

-Venga, arreando, hala.

Hombre.

-Pero ¿qué han hecho estos locos?

Ya está listo el equipaje.

Es mucho lo que dejamos aquí.

Te equivocas, Samuel.

Nos llevamos lo único que necesitamos, el uno al otro.

Tienes razón.

Marchémonos cuanto antes de estas malditas calles.

Ya es hora de que empecemos una nueva vida lejos,

donde al fin podamos ser dichosos sin temores.

Tienes razón.

Lo estoy deseando.

(Pasos)

¿Qué es eso? Parece que viene de fuera.

Dios mío, Samuel, ¿no será Cristóbal?

¿Acaso ya es demasiado tarde para nosotros?

(Llaman a la puerta)

(Llaman a la puerta)

-Samuel.

Samuel, abra la puerta, sé que están ahí.

-¿No sería mejor aguardar a la policía?

-Tenemos que hablar con ellos. -Eso es.

Y que se expliquen. -Solo hay una explicación,

que nos han robado.

-Cariño, tranquila, que con nosotros no te va a pasar nada.

-Ya, pero me sentiría más a salvo en casa.

-¡Samuel, abra la maldita puerta!

-¿Quién llama? Soy Liberto.

Abra inmediatamente.

-Al fin.

¿A qué debo esta visita, qué hacen aquí?

Lo sabe perfectamente,

lo que ha hecho no tiene perdón de Dios. ¿Cómo puede ser así?

-¿Dónde está el dinero de la caridad?

¿Han perdido el oremus? No sé de qué me hablan.

-¡Lo sabe de sobra! -Samuel,

déjese de comedias.

No puedo entender que nos haya traicionado de esta forma.

-¿Qué sucede?

-¡Lleva una maleta, quiere escapar! -¡No!

¡Abra la puerta!

¡Abra la puerta! -¡Samuel!

(Llaman)

¡Abra esa maldita puerta!

-¿Qué hacemos? Es nuestro fin.

Marcharnos de inmediato.

Pero ¿cómo?

La puerta de servicio.

Corre, vamos.

Corre, vamos, vamos.

-Aquí están.

-¿Adónde van, desgraciados? ¡¿Cómo se atreve?!

¡Largo! ¡Déjenos entrar!

¡Déjelo estar si no quiere que le dé un mandoble!

-¡Van a devolvernos hasta la última peseta, ladrones!

-¡Sinvergüenzas! Demasiado tarde.

-Haz que se callen. Cálmate.

-¡Haz que se callen! Cálmate.

¿Cómo?

¡Estamos presos en nuestra propia casa!

Encontraremos una salida.

No nos van a dejar salir, y Cristóbal debe de estar en camino.

Nos van a matar.

¡Por culpa de los vecinos, Cristóbal nos va a matar!

Estamos en una ratonera.

(Llaman a la puerta)

(RESPIRA ANGUSTIADA)

Creemos que el ladrón se ha refugiado en su casa.

Hay testigos que le vieron salir de aquí.

Y a parte de robarnos, ha destrozado la mantequería.

Si nos disculpan...

El robo ya está denunciado.

En cuanto terminen de registrar el local, se encargarán de Samuel.

-¿Lo detendrán?

-Eso espero, no se merece otro trato. ¿Te da pena?

-Pues...

Es que no me puedo creer que haya cometido semejante felonía.

No se puede ser tan rastrero.

-Tú eres demasiado buena y te cuesta pensar mal de los demás,

pero no hay duda, lo vio Susana con sus propios ojos.

-¿Y si vio mal? -¿Cómo va a ver mal?

No, Lolita, nos ha robado y debe pagar por ello.

Hemos hecho lo correcto. La justicia se encargará de él.

-Tienes razón.

Si alguien ha sido capaz de hacer algo así,...

robar el dinero de los miserables,...

hasta el penal me parece poco "pa" él.

Ni vivir se merece alguien que comete semejante bajeza.

-Disculpen.

¿Podrían indicarme dónde queda el 38?

-Sí, ahí mismo.

-Gracias.

(Llaman a la puerta)

¡Abran!

-¡Rece porque llegue la policía antes de que entremos nosotros!

¡Sinvergüenzas!

¡El dinero!

¡Se lo ruego, dejen que nos marchemos!

-De ninguna de las maneras.

Tendrán que responder por sus actos. -La policía está al llegar.

¡¿No lo comprenden?, estamos en peligro de muerte!

-¡Abra la puerta!

-¡Abran, abran la puerta!

-¡Ladrones! -¡La puerta!

-Agustina, quédese aquí, voy a por la copia de la llave.

-¡Gentuza!

¡Abra!

-¡Samuel, la puerta!

(Golpean la puerta)

(Golpean la puerta)

No van a dejar que nos marchemos.

Me la tienen jurada desde hace tiempo.

-¡Abra!

-Hemos perdido nuestra oportunidad, Samuel.

Ya no hay salvación posible para nosotros.

(LLORA)

(Golpean la puerta)

(Golpean la puerta)

(Golpean la puerta)

¿Qué haces?

Buscar una salida. Pásame los fósforos de la chimenea.

A mi señal, abre la puerta de la calle.

¡Vamos, Samuel, abra la puerta!

-¡Sinvergüenzas! -¡Abran esa puerta!

¡Vamos!

-¿Qué ocurre? ¿No ha llegado la guardia?

-Descuide, que estando nosotros, no van a poder escapar.

-Que nos dejen un rato a solas antes de llevárselos.

-No, tendrán que responder ante un juez.

-Y ante nosotros, que nos han robado.

¡Abra la puerta de una vez! -¡Vamos!

-¡Abran!

¡Samuel! Tranquilos.

Dejen de golpear la puerta, voy a abrir.

¿Qué es esto?

¡Ahí está vuestro dinero!

(Gritos)

Abran, abran.

Agustina, ya tengo la llave.

(TOSE)

-Ay, Dios mío, huele a quemado.

-Viene del salón.

¡Ahí están!

Ves a los Jardines del Príncipe y coge un coche, ahora te alcanzo.

-¡Samuel! ¡Rápido, corre!

-¡Don Samuel, ha prendido fuego a la casa, abra!

¡No nos deje aquí! ¡Don Samuel!

-¡Abra! -¡Entre en razón!

-Abra. -(TOSE)

-(TOSE)

¡¿Samuel, qué hace?! -Por favor.

-¡Bestia!

Vamos a mi casa. -¿Estás bien, cariño?

Cuidado, tieta.

-(GRITA) -Vamos.

¡No le hagan daño! ¡Samuel!

Tengo mucho dinero. Puedo pagaros si nos dejáis ir.

-No gastes saliva. Aún tiene esa mi dinero.

-Cristóbal...

-Te lo advertí, Genoveva,

te dije que nunca podrías escapar de mí.

Deberías haberme creído.

-Cristóbal, por favor.

-¿Ahora me ruegas, ahora,

después de burlarte de mí?

Sabías lo que te esperaba. Acéptalo, sin lágrimas.

Serás mía o de nadie.

¡No!

(Disparo)

-¡Samuel, Samuel, amor!

Samuel, no te mueras, por favor.

¡Ayuda!

¡Samuel, por favor, no, quédate conmigo!

¡Samuel, Samuel!

(LLORA Y GRITA) ¡Ayuda!

¡Samuel, Samuel, Samuel!

¡Samuel, Samuel!

¡Ayuda!

(LLORA)

No te he buscado durante tiempo para dejarte ir ahora.

Esta noche volverás a ser mía.

¡Vamos!

-¡Alto!

¡Alto!

¡Alto o disparo! -¡Ayuda!

-¡Dios mío! -¿Qué ha pasado?

-¿Tampoco vais a ayudarme ahora?

Por no haberle ayudado cuando lo imploró.

-Eso no lo digas ni en broma. -Si es que es verdad.

Y por no haberles dejado marcharse cuando ellos querían.

-Era normal que no les dejaran escapar, habían robado el dinero.

-Genoveva le dijo a Agustina que si no les dejaban marcharse,

les matarían, y le ha "matao".

-No, cuando le subimos al coche no estaba muerto.

-Estaba herido de muerte. De esta no sale.

-"¿Llegó consciente?".

Los médicos intentaron reanimarla,

y al no conseguirlo, se la llevaron.

¿Adónde? No sabría decirle.

Nadie me informó. Me dijeron que me quedara aquí.

Telmo, ¿cuáles eran los síntomas?

Felipe, no soy doctor. Telmo, por favor.

Le costaba respirar

y no atendía a mi voz.

¿Dijo algo?

Balbuceos, nada inteligible.

Cuando le cogí la mano, no movió ni un músculo.

-"Me sabe mal ser yo" quien le dé la mala noticia,

pero Lucía está en el hospital. ¿Qué le ha ocurrido?

Se desmayó en el funeral.

Don Telmo la acompañó en el coche.

¿Hablaba?

Mientras esperaban a que llegara el coche, no abrió los ojos.

¿Respiraba con normalidad?

Necesito actuar

y el público necesita de mí.

-¿En qué quedamos?

-Que no termino de decidirme.

-Si don Hipólito se empeña, quizá no podamos decirle que no.

-Es muy de artistas decir que no. -Claro.

-Si se empeñara, solo, digo, si se empeñara,

le voy a pedir un buen dinero.

Por lo menos,...

la mitad de lo que haga el cafetín por noche.

-Bueno, pero tampoco se lapida, señora, no se lapida.

-Cuando venga mi Jose, le voy a mandar con la puja.

Fabiana, ¿puedes llevar este sobre a la casa de Felipe?

No te apures, que no va a pasar nada.

-Eso creía usted las otras veces.

-Te pregunto por el cafetín.

-Eso es harina de otro costal.

-¿Por lo bueno o por lo malo? -Por lo bueno.

-¿Le has dicho que queríamos la mitad?

-Con todas las letras.

-¿Y? ¿No te ha largado con viento fresco?

-Te espera mañana. -¿Mañana?

-¿Quiere escucharme?

-Quiere que cantes y bailes del tirón.

-¿Mañana? -Sí.

-¿Le cuento un secreto?

Don Telmo se desahogó conmigo el otro día.

-Piénsate bien si quieres contármelo.

-"Ha puesto una condición". -A ver, suéltala.

-Que compartas cartel con la Dama del Misterio.

-¡Nunca! -Jamás.

-Muy bien dicho.

Como se nota que me conoces mejor que el malaje ese.

¿Compartir yo cartel con una principianta?

-No han extraído la bala.

-Podrá vivir con ella, ya lo verá.

En las Colonias hubo muchos casos... -No.

No podrá.

Esa bala terminará con su vida, es cuestión de horas.

-Siento mucha tristeza y...

la compadezco de veras.

-No necesito ni su pena ni su compasión, necesito que se vaya.

-"¿De quién es este maletín?". -El de la pensión es usted.

-Por eso me extraña, es que nunca lo había visto.

Todos nuestros clientes son viajeros.

Y los viajantes tienen etiquetado el bagaje, y este no lo tiene.

Lo dejaré ahí por si acaso lo reclaman.

-Beba, Agustina, beba.

-¿De dónde habrá salido esa Genoveva?

¿De dónde la habrá sacado Samuel?

Todavía tendremos que dar gracias

de que solo ha caído él, que por el mismo precio, esos matones

son capaces de llevarse por delante a cualquier vecino.

Por algo les buscaban, por algo.

-No tiene usted razón.

-"Chúpese esta".

Dice que han encontrado unos maletines por la ciudad

con bombas dentro.

-Toma ya, noticias frescas. -¿Ya lo sabía?

-Esto es un procedimiento de los anarquistas,

poner bombas hasta en las pilas de agua bendita.

El doctor no ha dado muchas esperanzas.

Ninguna, para ser más preciso.

-Lo siento.

¿Y cómo está doña Genoveva?

-Descompuesta y dolida con todo el barrio.

Solamente me ha pedido que me marchara.

¿Te culpa a ti?

-No. Me culpo yo misma, que es peor.

No quiero actuar, no tengo cara.

-¿Cara?

-Dura, sí.

-Pero si usted es el mejor guitarrista que ha tenido mamá.

-Y el único.

No hacía mal papel, no.

Pero es lo que era, un papel.

Como un actor.

Nunca he sido un guitarrista de vocación,

lo mío era el jaleo y la juerga.

Felipe.

-¿Qué desea?

Como se entere, va a pegar unos gritos,

que va a temblar el misterio.

-Pues no diga nada y haga lo de siempre.

-Ojalá pudiera, ojalá, pero me entra el miedo,

canelita, el canguelo, el "suso".

Porque tú no sabes la cantidad de entendidos

que se juntan en el cafetín.

-Es la única testigo.

-No me fijé en nada. -Señora,

son muchos años en el oficio.

Estoy convencido de que usted conoce a los agresores.

-Se equivoca. -No lo creo.

Apostaría a que el intento de asesinato

tiene que ver con ese pasado que quiere esconder.

Por fin, doctor.

¿Cuándo veremos a Lucía?

Enseguida, pero quisiera hablar con ustedes sobre su diagnóstico.

  • A mi lista
  • A mis favoritos
  • Capítulo 995

Acacias 38 - Capítulo 995

18 abr 2019

Todos los vecinos se preparan para el funeral de Eduardo y esperan en la puerta a la llegada de Lucía. Cuando la viuda de Eduardo llega se encuentra con Telmo que le da el pésame y ella le pide que se vaya. Úrsula mientras se queda en casa con Mateo e intenta animarlo. Lucía durante la misa se desmaya y Telmo la lleva al hospital.
Samuel entra en la mantequería aprovechando que todos están en la misa de Eduardo y comienza a buscar el dinero de la colecta para robarlo. Susana ve desde fuera que Samuel está en la mantequería y se extraña. Genoveva vuelve a casa y le cuenta a Samuel que los hombres de Cristóbal estuvieron buscándola en el hotel. Tienen que esconderse durante un par de horas y suben al altillo para pedirles a las criadas el favor de quedarse allí, a lo que ellas se niegan. Susana le cuenta a Lolita y Antoñito que vio a Samuel en la mantequería y se enteran de que el ladrón del dinero fue él. Cuando los Alday van a huir todos los vecinos se lo impiden, no encuentran la manera de escapar de Acacias 38 y deciden tirar una maleta ardiendo para despistar y salir corriendo. Consiguen huir, pero los hombres de Cristóbal aparecen. Samuel muere salvando a Genoveva de ser asesinada.

ver más sobre "Acacias 38 - Capítulo 995" ver menos sobre "Acacias 38 - Capítulo 995"
Programas completos (1021)
Clips

Los últimos 3.482 programas de Acacias 38

  • Ver Miniaturas Ver Miniaturas
  • Ver Listado Ver Listado
Buscar por:
Por fechas
Por tipo
Todos los vídeos y audios

Añadir comentario ↓

  1. Lulu

    Gracias Aleja

    23 abr 2019
  2. Aleja

    Lulu: no la dejan quedarse en el altillo porque las "señoras" no la quieren y las "criadas" no quieren meterse en problemas, creo yo

    22 abr 2019
  3. anieli

    Bien!!! Por fin se va Samuel de acacias, ¿¿¿¿, felicitaciones ya era hora!!!

    21 abr 2019
  4. Ana

    Porqué ahora que tienen la oportunidad de estar juntos los tres Lucia está por morirse? No me parece justo!

    20 abr 2019
  5. Lulu

    Necesito que alguien me explique pq no podian estar en el altillo si tienen un piso en el 38

    19 abr 2019
  6. Manuela Carmona

    Que capitulazo!! Aquí por Sevilla y sus pueblos estamos de procesiones pero yo antes de irme a verlas no me pierdo el capítulo. Felicidades a los guionistas y actores

    19 abr 2019
  7. Sara

    Samuel muere??? De momento estaba herido!!! Vaya spoiler!!!!

    19 abr 2019
  8. santas pascuas

    jajajaja, Lucia antes del entierro de su "marido" se la ve como una santas pascuas, y cuando se dirige a la Iglesia resulta que hace cara de encontrarse mal por la enfermedad. XD!!!

    18 abr 2019
  9. Saro

    Otro capitulazo intenso y sorpresivo, sobre todo el final. Me gustó que Telmo se acercara a Lucía y, sobre todo, que ella aceptara su compañía para asistir al oficio. Es una alegría ver a nuestro Felipe recuperado, ya era hora. La escena más bonita, para mí, ha sido la de Mateo (Adrián, tan pequeño, es un actorazo) y Ursula una mujer de fuerte carácter (Montse es una actriz con muchas facetas) hoy con tanta ternura hablando con el pequeño y respondiendo sus preguntas. Sentí pena de Genoveva (nunca ha sido mala para con los vecinos) y también de Samuel (a pesar de que siempre fue malísimo) pero, la pena por él desapareció cuando le vi robar y destrozar la Mantequería, no era necesario. Creo que, después de lo ocurrido con la pareja, los vecinos van a sentirse culpables de no haberles ayudado. Nunca he comentado que, de Genoveva y Samuel, me gusta mucho el amor que se tienen y ese cambio de él (que me costó creer). Precisamente ese amor por ella y salvarla de su pasado ha hecho que volviera a delinquir y, tal vez, hasta perder la vida. En el fondo, ambos, sólo buscaban la Felicidad. Enhorabuena a todo el Equipazo.

    18 abr 2019