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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 991 - ver ahora
Transcripción completa

-Acaba de decir que Celia era una asesina.

¡¿Ha perdido la cabeza?!

-En mi vida he estado más cuerdo.

Aquel día,...

descubrí a Celia

"con la niña en los brazos intentando llevársela de mi casa".

Tranquila. Deje a la niña en la cuna.

-No voy a permitir que me roben a la niña.

No se acerque. -(MILAGROS SOLLOZA)

-Ya. Chist... No. Duerme, duerme mi niña, duerme.

-Hambre es, Celia, seguramente tiene hambre.

-Sí.

Voy a hacerte un biberón.

Cariño.

Chist...

Celia, tenga cuidado con eso para preparar el biberón.

Quiere que lo deje para poder llevarse a la niña.

-Solo quiero que no le haga daño accidentalmente.

-¡Pero ¿cómo voy a hacerle daño a mi hija? ¿Cree que soy un monstruo?

-No es su hija, Celia, es la hija de Trini, de su amiga.

-¡Es mi hija! Trini no sabía cuidar de la niña.

¡La dejaba llorando de hambre y de frío!

-No, no, eso no es verdad. -¡Sí lo es!

Cuando entré en la habitación, no podía ni respirar,

estaba gimoteando,

y mientras, la niña lloraba en la cuna, sola. Era una inútil.

Trini me mandó a por sus caprichos con tanto frío...

Y por su culpa perdí a mi hijo.

-Fue un accidente, Celia, ella le quería mucho.

-No. Era una mala madre

y tuve que acabar con ella.

Tuve que hacer que se callara.

-(AHOGÁNDOSE) Las pastillas.

(SE AHOGA)

-(MILAGROS LLORA)

-Cariño, cálmate, ya va mamá.

-Celia...

-Usted mató a mi Trini.

-Sí. No se merecía tener a la niña.

Ni usted

ni nadie va a impedir que me lleve a mi hija.

-Aléjese de la cuna.

-No.

-¡Aléjese de mi hija!

"Yo no la maté".

"Todo fue producto de una terrible fatalidad".

"Forcejeamos, y ella terminó cayendo por el balcón

sin que yo pudiera evitarlo".

"Le juro que yo jamás quise hacerle daño".

(LLORA)

-No voy a escuchar ninguna de sus palabras.

¡No voy a consentir que manche su nombre!

¡¿Cómo le hace esto?!

¡¿Eh?!

¡Todo esto es mentira, mentira!

-¡Felipe, no!

Sabe que es verdad, yo no sería capaz de mentirle.

-No.

-Por cariño hacia usted,...

hacia la amistad que nos había unido durante tantos años,

callé.

Pero ahora no puedo soportar

que siga usted destrozando su vida poco a poco

por idealizar a su esposa.

(TOSE)

Hacía tiempo que no pasábamos juntos un rato tan agradable.

Pareces otra.

Últimamente, tu actitud dejaba mucho que desear.

No hablemos de eso, ¿quieres? No.

Es que, de verdad que me siento muy orgulloso de tu comportamiento.

Una auténtica señora, una esposa juiciosa y circunspecta.

Gracias.

Quizá sea que por fin he comprendido cuál es mi lugar.

Cuando cada uno pone de su parte todo es más fácil.

Me gustaría que Mateo nos viera así,

tan bien avenidos. ¿Dónde está?

Paseando, pero con Úrsula.

Mañana pasearemos los tres.

Seremos el modelo de una familia cristiana:

discreta, unida y feliz.

(TOSE) Claro.

-Buenos días. Buenos días.

¿Alguna novedad sobre Felipe? No, señora.

Para mí que continúa en sus trece.

-Ese hombre está cada día más alejado de la realidad.

Ya que tú sigues cobrando, debería dejarte hacer la casa.

Eduardo, por el amor de Dios.

No es tontería no dejar entrar al servicio.

Ya sabemos todos de qué pie cojea.

No gana nada ocultándose de su criada.

-Ya les diré algo

si don Felipe cambia de parecer. -Procure no estar sin hacer nada,

el ocio es la madre de todos los vicios y pecados.

(TOSE)

-Con Dios. Con Dios.

Eduardo, vamos, tienes que tomar tu medicamento.

(Sintonía de "Acacias 38")

Cátela y ya me dirá después.

En Cabrahígo, la manteca "colorá" ha "alimentao" a más generaciones

de las que se cuentan en la Biblia, y mire cómo nos hemos "criao".

Ea. Vaya con Dios.

¡Ay! A ver, los garbancitos de la Felicia.

-Vengo muerto. -¿"Ande" has ido?

-A hablar con la naviera, a ver si nos devolvían parte del flete.

-Pero "na". -Impasibles.

Ni siquiera conseguimos minimizar pérdidas.

-Saldremos "p'alante".

-O no. -Que sí, no te vengas abajo.

Lo peor es que las olivas de Cabrahígo cojan mala fama.

-No, Lolita, ha sido un desastre. -¡Que no, hombre, que no!

Un desastre es una riada,

perder Filipinas, lo nuestro es un tropiezo.

Un tropiezo que no nos hará caer.

-A las buenas. A lo mejor no llego en el mejor trance.

-Pasa, hombre.

Dime cositas.

-Eh... "na".

-"Na", dice. ¿Te ha comido la lengua el gato?

-He visto entrar a don Antoñito y llevaba un rato aguardándole.

-¿A mí? -(ASIENTE)

A lo peor es una majadería, una simpleza, vamos,

o a lo mejor no, o sea,

que "pue" que sea algo gordo o no.

-Si no lo dices, nos va a dar aquí san Cerezuelo.

-No le presiones. Que se tome su tiempo.

-Es que...

"pue" que me diga que no me meta donde no me llaman.

-Solo hay una forma de saberlo.

-¿Qué? -¡Que lo sueltes, zagal,

que lo sueltes!

-Verá, don Antoñito, "tie" que ver con su padre.

-¿Con mi suegro?

-Lo que vengo a decir. -Jacinto, que lo cuentes.

-A lo mejor no es "na". -¡Y dale!

-Pues que...

hace un buen rato, su padre de "uste" salió a la calle.

-Bueno. Bueno, bueno, bueno.

Nos has "dejao" pasmaos. Un hombre hecho y derecho

saliendo a la calle. ¿Adónde vamos a llegar?

-No te lo tomes a broma, Lolita. Déjale seguir.

-Que tras don Ramón salió don Felipe.

-¿Y con qué actitud?

-Yo de eso no sé.

Pero iba derechito tras su señor padre.

-¿Hacia dónde? -No sé, "p'allá".

-"P'allá" es "mu" grande. -No sé,

de verdad.

Se fueron. Eso es "to".

"Na" más puedo decir porque "na" más sé.

-Está bien, está bien. Gracias. -¿Me he "precipitao"?

-No, no, has hecho bien.

Probablemente no sea nada, pero es bueno saberlo.

Yo me voy, Lolita, nos vemos en casa.

-¿"Ande" vas? Piénsatelo.

-No podría quedarme aquí esperando.

-Me da miedo, Antonio.

Que don Felipe tiene muy mala baba.

-Si quiere le acompaño, Lolita. -Te lo agradezco.

-Hale pues.

(RESOPLA)

(TOSE)

¿Estás mejor?

¿Mejor? Algo.

Bien, no, ya lo sabes.

¿Esperas a Mateo?

Sí,... sí, claro.

Hay que regular esos paseos.

No puede ser la niñera quien decida cuándo entra y cuándo sale.

No te preocupes, se lo diré.

Pero no hoy.

¿Qué quieres decir? Hoy no me importa que se retrasen.

Con los sucesos que cuentan los papeles,

créame que cada día le estoy más agradecida a la policía.

Vamos, yo y todo el mundo con más de dos dedos de frente.

Y no crea que no sé de qué le hablo,

que una está familiarizada con el cuerpo, porque tengo un primo

que es alguacil, y otro pregonero, pero ese no cuenta,

aparte de que los dos son funcionarios, claro.

Yo, si hubiera sido hombre, habría seguido el mismo camino.

¿Carga usted fusco?

-¿Cómo?

-Que si lleva pistola.

Yo nunca he "tocao" una, porque mi primo

lo único solo carga una cachiporra

por si tiene que enderezar a alguien.

Una vez le arreó un cachiporrazo a un cura,

pero porque estaba muy oscuro y no se veía "na"...

-Buenos días. -Con Dios.

Con Dios.

-Volvemos a encontrarnos, doña Genoveva.

Vaya, veo que mi presencia no es de su agrado.

-¿Debería?

-No se preocupe,

nadie se alegra con la presencia de los garantes del orden.

-Ni me alegro ni me dejo de alegrar.

Creo que no tenemos mucho de qué hablar.

-En eso se equivoca. Tenemos una conversación pendiente.

-¿De veras?

¿Por qué no lo habló todo ayer en presencia de mi marido?

-Quizá no debamos molestar al señor Alday más de lo necesario.

-Déjese de complicidades,

mi marido está al corriente de mis asuntos.

-¿He dicho yo otra cosa? -Por si acaso.

Conozco sus métodos, comisario,

tuve que sufrirlos mientras estuve detenida.

-Lamento de veras todo aquel episodio.

No se trataba de acusarla a usted,

sino de mantener tranquilos a los vecinos.

-Dígame de una vez qué pretende. -Quiero nombres, señora.

Ayer hablamos de Bilbao, pero no me dio usted nombre alguno.

-¿Es un interrogatorio oficial?

-Señora, no lo haga más difícil. -¿Difícil?

En absoluto. Es una cuestión de procedimiento.

Si esto es un interrogatorio oficial,

la calle no es el lugar apropiado,

deberíamos hablarlo en comisaría y con la presencia de mi abogado.

-No hace falta llegar a esos extremos.

-Entonces continuaré con mi paseo.

Y le ruego que deje de molestarme.

¡Madre!

¡Madre! Mateo.

Buenos días. -Lo eran.

¿Te has divertido, hijo?

Mucho. Íbamos...

Sosiégate, ya se lo contarás.

-No puedes abalanzarte así sobre tu madre.

Y lávate esas manos antes de tocar su vestido.

Las tiene limpias, señor. Se las ha lavado en la fuente.

En el caño, como los gitanos.

Esta familia necesita normas, normas que se cumplan.

Hablaremos muy seriamente, Úrsula.

¿Qué habéis hecho?

-Hemos ido en coche que hacía mucho ruido.

Toda una aventura.

Pero no puedes decir nada delante de tu padre.

Ya lo sé. No tengo que hablar

de Telmo ni de que fui en coche.

Dice Úrsula que padre es muy formal y que no lo entendería.

Úrsula dice bien.

Ve a tu cuarto a descansar, que estás muy excitado, jovencito.

Señora, nos pusimos en marcha.

Parecía que don Telmo se había hecho a la idea

de marchar sin usted,

pero por poco tiempo, apenas a una legua

le dio al cochero orden de regresar.

¿No leyó la carta?

No, no se la entregué, como usted me dijo.

¿No sabe nada de mi enfermedad? No.

¿Úrsula, qué voy a hacer?

Desengáñele. Ocúltele sus sentimientos.

Que salga de su vida.

De lo contrario, volverá a insistir y a insistir,

y puedo que algo peor. Debe alejarlo de usted.

No sé si podré.

Tendrá que esforzarse, señora.

-(TOSE)

¿No me diga que no lo ha leído en la prensa?

Hoy no he tenido tiempo ni de echar un vistazo.

Pues sí, amigo, sí, el gobierno pretende

que la religión no sea obligatoria en las escuelas.

¿Qué han hecho ahora los obispos?

Convocar a los católicos a protestar contra la medida.

Vaya, ellos que siempre han despreciado a los sindicatos

por echarse a la calle.

Pues ahora se apuntan al desorden.

Se echarán a la calle y al monte, a juzgar por las soflamas que lanzan.

Vivir para ver.

Podemos debatir sobre el asunto si usted quiere,

pero mucho me temo que no ha venido para hablar de política,

¿me equivoco?

Perspicacia no le falta, amigo.

Usted dirá.

No quiero apremiarle,

pero... me gustaría hablarle del dinero que le presté.

Me ofendería si pensara usted que no le fuera devuelto.

No es eso, créame.

Es solo que...

Sentía curiosidad por saber a qué se debía la urgencia.

Olvide la pregunta, olvídela.

Ya se lo dije, no hay problema, necesitaba solventar una deuda

que no admitía demora. Cierto.

¿Se quedaría más tranquilo si le dijera el destino de su dinero?

Satisfaría mi natural curioso,

pero está usted en su derecho de callar.

No me importa decirlo:

para continuar con mi negocio de compraventa de alhajas

necesitaba mostrar una solvencia fuera de toda duda.

Muy bien, gracias. Espero que lo lograra.

Gracias a usted. Y sí, lo he logrado,

ya nadie duda de mi capacidad financiera.

Bueno, nadie excepto usted, claro,

que no parece satisfecho con mi aclaración.

No, se equivoca, Samuel,

no tengo ninguna reticencia.

En fin, le agradezco su sinceridad, no tengo más que decir.

Tengo que marcharme. Vuelva cuando quiera.

Podemos hablar del gobierno e Iglesia.

Lo haremos. Muy buenos días.

Con Dios.

¿No me sirve una manzanilla a mí, padre?

-Mira, canelita,

una cosa es que tu madre quiera volver a las tablas,

y otra que en esta casa se haya perdido la sesera por completo.

No me sabe igual, esto no tiene duende ni "na".

-No se lo tome usted a la tremenda.

-¿Y tú no?

-Pensándolo bien, no es para tanto.

Que Bella del Campo vuelva a los escenario será un acontecimiento.

Y muchas van a temblar.

-Muchas y muchos, entre ellos tu padre.

-Será un regreso triunfal. -Eso, tú dale alas.

Por ahora, por favor, no se te ocurra repetirlo en su presencia.

-Pero ¿por qué, padre? No le entiendo.

Madre ha sido la mayor artista que han dado estas tierras.

-De eso hace mucho.

-A las artistas, como a la manzanilla,

el tiempo las hace mejores.

-Tu madre sigue siendo la mejor, no digo yo que no.

Son los tiempos los que han cambiado.

Ahora hay nuevos estilos, nuevas modas...

Y nuevas figuras que no se dejarán echar a un lado.

-Hay sitio para todas. -O no.

Sinceramente, ni niña,

tengo miedo que ya no sea tan fácil llenar los teatros.

-Eso habrá que verlo. -Pero en el intento

podemos salir trasquilaos. -A ver, José.

A ver qué te parece el paso que se me ha ocurrido para un fandanguillo.

-Vamos a verlo. -Es así.

Dale que te pego.

-Ole. -Ole tu pelo.

-Giro y hago ¡zasca, zasca,

tra, tra!

-Ole. -¿Eh? Qué bonito.

-Tienes más arte que Diego Velázquez

y más sentimiento que los hermanos Quintero.

-Y yo, que aunque no os lo creáis,

pensaba si no me estaría herrumbrando.

Pero está visto que la que tuvo, retuvo.

-Bien dicho, madre.

Ay... Como será esto de la musa, que hasta me sabe mejor la manzanilla.

-Ea.

No, si paladar siempre has gastado.

-Estoy tan gozosa, José.

-¿Estás segura del todo del paso que vas a dar?

-Segurísima. Y, si me apuras, lanzada.

Una vez más, mi arte va a tirar "p'alante" de la familia.

-"Una vez más".

Acuérdate cuando echabas pestes porque tenías que trabajar.

-Eso es diferente, vida mía.

Ahora lo necesitamos

y a Bella no se le caen los anillos por volver a faenar.

Es más, puede que le saque el gustillo

al sudor de mi frente.

-Ole mi madre.

Tenemos que hacer que el teatro se venga abajo con el arrebato, ¿eh?

-Igual interesaba más volver poco a poco,

en escenario más pequeños, un tablao quizá.

-Qué tablao ni tablao, nada de tablaos,

que necesitamos el parné y lo necesitamos ya.

Cuando puedas, te vas a ver al empresario del Teatro Imperial.

-De eso hace mucho tiempo. -¿Mucho tiempo de qué?

-Desde que no hablo con él, pero hablaré,

hablaré, por los codos.

-Y en cuanto apalabres mi retorno, te pones a ensayar con la guitarra,

que tienes que ir haciendo deditos. Mira, te lo explico. Así de fácil.

Hacemos así. Cuando terminemos...

Y tú haces la falseta esa que te sale tan bien.

-¿La qué?

Y yo te dejo que tú hagas la falseta esa.

-Ole, qué bonito. Ole. Vamos, toma. "Arsa".

-Ole. (RÍE)

¿Qué ocurre, mi amor?

Me esperaba. Ha debido estar rondando todo el día.

¿Quién?

Nuestro esforzado comisario.

Me ha abordado en cuanto he salido a la calle.

¿Qué quería?

Dice que nombres.

¿Le has dicho algo? No estoy loca.

Le he dejado con la palabra en la boca.

Bien hecho. Pero no se detendrá.

Está tras la pista, no sé de qué, pero cree que sabe algo

y no soltará ese hueso fácilmente. Nos va a complicar la vida.

¿Hasta cuándo tenemos que soportar sospechas?

¿No pueden dejarnos en paz?

Conozco a este tipo de gente, de las sospechas pasará a las acusaciones.

Cuando creen haber olido sangre, no se detienen jamás.

Este lo hará. Le pararé los pies en seco.

Iré a hablar con ese maldito comisario.

Le convenceré de que solo queremos vivir en paz.

Con Dios.

Nos hemos recorrido todo el barrio,

los jardines y hasta las dos riberas del río.

Ni rastro de don Ramón.

-¿Y de don Felipe?

-Tampoco.

-Natural. ¿No iban juntos?

-Yo no he dicho eso. Iban "separaos", pero siguiéndose.

Bueno, solo seguía uno, el otro era el seguido.

-Que sí. Demasiado para tus entendederas, verbigracia, sesera.

-¿Y el señorito? -Lo he "dejao" en comisaría.

Iba a preguntar si ha habido algún percance por los alrededores.

Eso sí, me ha "dao" las gracias

por el aviso y el amparo "prestao" en la búsqueda.

-No te las dará por cómo tienes el portal,

que aquí las pelusas corren como alma que lleva el diablo.

Lo brillante que estaba el suelo cuando yo era el portero.

-Anda, pues no he oído yo lo mismo.

-Porque te estarás quedando teniente.

Aligero. -Chist.

¿Y adónde va usted con tanta prisa, si puede saberse?

¿A otro de sus paseos a ninguna parte?

-A ninguna parte y a todas, como culo de mal asiento.

-¿Queréis saber adónde voy?

Voy a casa del padre de un amigo, que está hecho unos zorros,

y Servando es la única alegría que tiene. Una obra pía.

Hasta más ver, que el deber me llama.

-Es un mentecato, pero de buen corazón.

-No, no,

pero no te creas "to" lo que dice. No, no.

Tú fíjate que, cuando miente,

se le pone el hociquillo como de oveja "escapá".

-¿Sí? -Sí.

-¿Tienes faena en el quiosco? -Ahora iré.

-Ah. Pues corriendo, que el ojo del amo engorda el "ganao".

-Es que... tengo algo que decirte.

-Otra vez no, Marcelina,

que se me está yendo la vida con tanto desgaste.

-Mira que eres flojo, Jacinto.

Que las cosas no van por ahí, sino justo lo contrario.

-¿Ya no queremos quedarnos preñaos?

-Querer, quiero, pero con menos ansia.

A partir de ahora, nos lo tomaremos con mayor sosiego.

Cuando tenga que venir,

vendrá.

Sin forzar. A nuestro aire.

-¿Y luego te preguntas que por qué te quiero?

Porque empujas como un carnero,

pero luego te lo piensas y eres suave como un vellón.

Dame un beso.

Los terneros vendrán, te lo prometo.

Emilio, avísame en media hora, que quiero supervisar los garbanzos.

-Descuide madre, que van a quedar en su punto, como a usted le gustan.

Les traigo un detalle de la casa. -Muchas gracias.

-Es el primer momento de asueto que tengo en todo el día.

¿De qué hablaban? -De la virgen.

-¿Qué se esperaba usted? -Han salido humedades,

y muy serias, justo en la pared en la que cuelga el retablo.

-¿Y tiene solución?

Es cuestión de dinero, como todo. -Cuando no es Pascua.

Habrá que enlucir de nuevo el muro. -¿Cuesta mucho?

-Más de lo que el párroco tiene.

Por eso estaba a punto de hacer un llamamiento a las almas piadosas,

a ver si entre todas podemos reunir lo que sea necesario para la obra.

-¿Una colecta?

-Sí. Como la que hacemos para los chinitos de las colonias.

-Para mí no es buen momento.

-¿Hay algún momento bueno para ti si se trata de soltar dinero?

-Precisamente, no estaba hablando por hablar en esta ocasión.

No quería comentarlo,

pero mi economía ha sufrido un duro golpe estos días.

-Ah...

Mujer, piensa que además de salvar a nuestra virgencita,

estarás expiando los pecados que has cometido dándole al tango.

-Yo aportaré lo que pueda, doña Susana.

-Sabía que no me decepcionaría.

¿Lo ves? Ahí la tienes, Rosina. Un ejemplo de buena cristiana.

Viene la aceitunera dándole a las caderas como si estuviera en Lisboa

el día del terremoto. -Derrocha arte.

-Lo que derrocha es lujuria.

-Muy buenas,

¿a que me ven diferente? -Bellita,

cuánto sentimos lo de las aceitunas. Como empresaria le doy mi pésame.

-Uy, no hace falta, prenda, lo de las aceitunas es ya historia,

hay que mirar hacia el futuro.

-Envidio lo bien que se lo toma usted.

-Eso es porque mi Virgencita me ha soplado una nueva esperanza.

-Hablando de vírgenes... -Dejemos a la Virgen,

no le va dar reúma porque tardemos un poco más en secar la pared.

-¿Y qué esperanza es esa, doña Bellita?

-Pues, con toda la modestia que siempre me ha caracterizado

y sin alardes ni aspavientos, quiero que sean ustedes

las primeras en saber que vuelvo a los escenarios.

-¿De verdad? Será un acontecimiento.

-Eso quiere decir

que lo de las olivas la ha dejado a usted con una mano delante

y otra detrás. -Creo que ellos dicen canina.

-No, canina no, ni hablar,

no vuelvo por parné,

vuelvo por vocación,

y sobre todo por regalar a España mi arte,

que bien que lo merecen ustedes todos.

-Al principio suena extraño, pero pensándolo bien,

está usted mejor entre bambalinas que entre aceitunas.

Además,

si la abundancia vuelve a su casa,

podrán aportar una buena suma a la colecta.

-¿Qué colecta?

-Siéntese, que le voy a poner al día de todo.

-¿Desea un café?

-Sí, por favor. -Emilio.

-A ver, la falsetita, la falsetita.

(SE QUEJA)

-Perdóneme, don José, ¿es verdad que la señora

quiere volver?

-¿Quién te lo ha dicho? -La guasona de su hija.

Dígame que es broma, si no, dejo que se queme el marmitako.

-Una verdad como un templo, vuelve.

Bueno, volvemos.

(HABLA EN VASCO)

-Eso mismo digo yo, Arantxa, pero en andaluz:

que Dios nos coja confesados, y de camino, que es mismo Dios

me dé un poquito de ligereza en los dedos.

-Sí, y que se los multiplique, como los panes y los peces.

Pero si esos dedos llevan años moviéndose solo "pa" pelar gambas.

-Y para coger jamón, que no se te olvide.

-Ay, ay, ay. -(RÍE)

-¿Y usted qué va a hacer? -Practicar.

-Hombre, a la señora me refiero.

-Ah, pues darle el gusto, ¿qué otra cosa cabe?

Iré a ver al empresario del Teatro Imperial mientras rezo

para que no le quede ni un hueco en toda la temporada.

-Ay, que Dios le oiga, porque la señora no iba a entender

que su vuelta no fuese un triunfo.

-Eso mismo me dicen a mí los higadillos, y eso que ya...

no dicen ni mu, después del incendio y las aceitunas marchitas.

-Y encima querrá cobrar lo mismo que antes.

-Muchísimo más, ya me lo ha dicho.

Digo. En fin.

Coraje... y al toro.

Voy a negociar la reentré. -Ay, pues que Dios

reparta suerte, como dicen ustedes. Yo ya le estoy rezando

a san Valentín de Berriochoa para que le eche una mano.

-Al cuello será, Arantxa,

al cuello.

-(REZA EN VASCO)

-Pero ¿qué haces? Se te va a quemar el marmitako.

-Pues que arda, pues. -No entiendo

por qué te has tomado tan mal que mi madre vuelva al jaleo.

Deberías estar orgullosa. -Sí, como don Rodrigo en la horca.

-A mí me hace una ilusión tremenda.

Me estoy imaginando ya la reverencia final,

la hemorragia de aplausos.

He soñado que compartíamos cartel.

-Ángel de la muerte, llévame pronto.

-Qué exagerada eres, hija. -¿No voy a ser exagerada?

Toda la vida con gente del sur,

algo se me tenía que pegar, chica. -Bella del Campo

y la Dama del Misterio, agotadas las localidades.

El mundo nada más que se detendría para vernos bailar.

-Tampoco quiero ser agorera, pero el mundo así de fácil no se para.

-No, ¿no? Bueno, ya me lo dirás

cuando vuelva al Cafetín del Duende, y mira, que tengo nuevos movimientos

preparados.

-Anda ahí, anda.

Y mírala, ¿será posible?

Insustancial.

Jesús, María, las cosas que tengo que ver yo.

¡Eh! -Arantxa, no te lleves el jamón.

-No te conviene, "pa" cantar no te conviene nada, hala.

-En Cabrahígo, el cabo de la Guardia Civil y el señor Alcalde

ya hubieran organizado una batida "pa" encontrarle.

Hasta un cerdo trufero habrían "enviao" "pa" que olisqueara.

Me cago en la mar "salá".

¿Qué? "Na", ¿verdad? No hay más que verte la cara.

-Como si se los hubiera tragado la tierra.

-Me ha dicho Jacinto que has ido a comisaría.

-Sí, pero no han reportado ninguna incidencia,

ni una triste pelea de críos, nada, un día muy tranquilo

para los guardias. -¿Le van a buscar?

-No, porque no han cometido ningún delito.

-Por ahora.

-Bueno, tampoco nos pongamos en lo peor.

Vamos a tranquilizarnos.

Mira, por ahí va Felipe.

-Felipe.

¿Dónde está mi padre?

-¿Y a ti qué te importa?

-¿A qué viene esa actitud tan huidiza?

-¿Desde cuándo hemos comido tú y yo en el mismo plato?

-Salió tras él, y aquí nos conocemos todos, dígame qué le ha hecho.

-Le seguí, sí, pero se escabulló en un mercado.

-¿Y por qué le siguió?

-Hijo, no tengo que darte explicaciones.

-Yo no soy su hijo. -Y yo que me alegro.

-Le voy a decir una cosa: como le haya hecho daño a mi padre,

no respondo. Créame que lo va a pagar.

-No tengo más que decir. ¿Vas a dejar que vuelva a mi casa?

-¿Quieres echar una partida conmigo? -¿Sabe usted jugar a las canicas?

-No se me daba mal, aunque hace mucho que no practico.

¿Jugamos?

Venga, sales tú.

Va, dale otra vez.

Buen tiro. Sigue jugando.

Vaya paseo te ha hecho dar Úrsula hoy, ¿eh?

-Sí.

-¿No te has cansado?

-Qué va, ¿no ve usted que íbamos...?

-¿Qué ibas a decir, Mateo?

-Nada,

que íbamos sin prisa, y cuando me cansaba,

nos sentábamos en un banco.

-¿Quiénes os sentabais?

-¿Quién va a ser?

Úrsula y yo.

-¿Ni siquiera saludasteis a algún vecino?

-No.

-¿No me vas a contar nada más? -No hay nada más que contar.

-Se acabó el juego.

-¿No vamos a jugar más?

-Se acabó por hoy.

Cuando estés más hablador, quizás volvamos a jugar.

¿Os divertís? Padre no quiere jugar más.

-Ni jugaremos mientras te muestres tan remiso a la charla.

(TOSE)

Lo has hecho muy bien.

No le he contado nada. Lo sé.

Le he mentido.

¿Era necesario?

Mentir no está bien, pero hoy estás excusado.

No queremos... que se enfade, ¿verdad

Por eso le mentimos.

¿Sabes?

Eres un niño muy inteligente, y estoy orgullosa de ti.

A veces, hay cosas que no nos gustan,

pero que debemos hacer por los demás, para no hacer sufrir.

Estoy tan contenta de ver esa carita tan bonita que tienes.

Si me ve todos los días.

Sí, tienes razón, todos los días.

¿Jugamos una partida?

Claro.

Empieza tú.

-Arantxa, niña, tú que eres muy prudente en cuestión de afeites

y aderezos, ¿me quedan bien estos pendientes?

-¿No le van a quedar?

Si además esos son los que llevó en su primera actuación

en Buenos Aires.

Anda que no le costó decidirse entonces, ¿eh?

Eso sí, fueron un gran éxito.

-Pero estoy algo más mayor ahora. -¿Algo?

-Hija, qué ganas de sinceridad. Se dice "Está usted bellísima,

es usted un primor", esas cosas. -Está usted bellísima,

es usted un primor, esas cosas. -No estás hoy aduladora.

-Ni falta que le hace.

-Sí, que necesito de todo tu apoyo, que no sabes la tiritera que llevo.

Subirse a un nuevo escenario es siempre una gran responsabilidad.

-¿Está segura de su decisión?

-No solo estoy segura, sino que además estoy muy ilusionada.

Me siento como una debutante, se me ensortijan los nervios.

-¿Qué necesidad de pasar ese mal rato?

-Hay que pasar el apuro para que luego el aplauso suene mejor.

-Pero si estamos aquí, muy tranquilas, tan ricamente.

-¿Tan ricamente? Cómo se ve que no eres tú

la que ha perdido una fortuna con las aceitunas.

(Llaman a la puerta)

-Voy a abrir.

-La madre que parió a las aceitunas de Cabrahígo y todo lo que se menea.

Bonitos son.

-Señora, mire quién viene a desearle la mejor de las suertes.

-A las buenas, señora. -Le traemos un detalle.

-Ay, gracias, querida. Muchas gracias.

¿Ya se ha corrido la voz? -Sí, señora,

y ha "dao" varias vueltas a la manzana.

-Y "na", que nosotras queríamos darle la enhorabuena,

porque como va a volver a los escenarios.

Qué vergonzosa que soy.

-Esas flores representan...

Esas flores representan nuestros deseos de éxito, fama y gloria.

-Y que sepa que aunque parezcamos

unas cazurras "pa" los discursos, se lo decimos todo de corazón.

-Muchas gracias. El primer fandango irá dedicado a vosotras.

-"Pos" eso lo "tie" que decir en el escenario,

porque en el altillo no se lo van a creer.

-Nos dio mucha congoja cuando nos enteramos

del chasco de las olivas, pero si usted vuelve a cantar y bailar,

no hay mal que por bien no venga. -Di que sí, resalá.

No se me viene a la mente otra forma de agradecer el detalle

que cantar para vosotras uno de mis grandes éxitos,

"Tanto aquí en la patria como en tierras lejanas".

# Morada,...

# déjame pasar, que voy

# al cielo, que es mi morada,

# si quieres saber quién soy,

# soy el lucero del alba

# por donde quiera que voy. #

-¡Olé, señora! -¡Qué arte!

-Me ha hecho llorar y todo.

Bueno,... que ya no la molestamos más. A más ver, señora.

-Con Dios. -Vamos, chicas.

-Arantxa,

ponlas en agua. -Ahora mismo.

-Gracias.

Úrsula.

¿Cómo está Lucía?

No creo que sea buen momento para hablar de la señora.

Me es indiferente lo que puedan pensar o lo que pueda pasar,

respóndame. Está en casa, serena.

¿Y qué ha dicho cuando les ha visto llegar?

Ahora tengo prisa,... luego hablaremos.

Enhorabuena, don Telmo.

-Servando,...

¿has visto volver a mi padre? -No tanto como usted,

que no ha "dejao" de asomarse en toda la tarde.

# Fase.

# Fase.

# Fase. #

-Señora, la merienda, que le va a venir muy bien

después del desgaste que ha hecho con las criadas.

-¿Dulces?

Bueno, los probaré por no hacerte un feo, pero...

ahora tengo que cuidar mi figura como oro en paño.

Esto está de muerte.

Aparta de mí ese cáliz. -Sus deseos son órdenes.

-¡Espera, espera, espera!

Nada más rico... que los polvorones de mi tierra.

Ya verás cuando los cate mi José,

que por cierto,

está tardando mucho. -Sí.

-Aunque, pensándolo bien, que tarde es buena señal.

Quiere decir que está negociando el contrato.

Bueno,...

voy a ver si me pruebo el vestido que me voy a poner

para el cuadro final. -Muy bien.

(Se abre y cierra una puerta)

¿Qué, mal, no? ¿Mal?

-Peor.

-La señora...

será una artistaza, pero como profeta no se ganaba la vida.

Ella diciendo que la tardanza era señal de contrato.

-La tardanza ha sido porque tenía que firmar la disolución

de la sociedad aceitunera.

Lo del teatro ha sido visto y no visto.

Más bien no visto.

El empresario que conocíamos ha cascado

y a su sobrino, que ahora es el gerente,

Bellita del Campo le suena más antigua que María Antonieta.

-Lo que nos temíamos, ¿no?

¿Un jerez? Que a usted es lo que mejor le viene "pa" las amarguras.

-Sea.

La copita, bien cumplida.

Se han olvidado de nosotros, Arantxa.

Puerca memoria.

Y no solo olvidado, sustituido.

El sobrinito de marras,...

el muy malaje, me ha dado una docena de nombres de artistas jóvenes

que según él tendrían cuatro veces más público que nuestra Bella.

-Ya.

¿Y usted qué esperaba, señor? El tiempo no perdona.

-¿Cómo se lo digo, Arantxa?

-Hombre, como a mí, no. Con un poquito más de cautela.

-No puedo contárselo, no me atrevo.

-¿A qué no te atreves, José? -(TOSE)

-¿A qué no se atreve mi caballo alazán?

-¿Yo? Yo me atrevo con todo.

Bueno,...

o con nada, depende. ¿Te he dicho ya que estás muy guapa?

-Bueno, señores,

me voy a la iglesia, que tengo un par de peticiones "pa" la Virgen.

-Ay, guapetón.

-¿Y si su padre está esperándole en su casa

y usted está haciendo aquí un pan con unas tortas?

-Lolita se ha quedado en casa esperando por si acaso.

¿Debería volver a comisaría y no moverme hasta que le busquen?

-Sería el único que metiera prisa a los guardias.

-Méndez es un comisario muy diligente en el barrio,

pero hoy no le he visto.

-Nunca están los guardias cuando los necesitas.

-Desde luego, dando ánimos eres único.

-No se me amostace usted, don Antoñito, que lo digo

con la mejor de las intenciones. Que si usted me dice

que de mejores intenciones está lleno el infierno, entonces...

-Padre. Pero ¿dónde se había metido?

Llevo todo el día buscándole.

-He ido a buscar a Fulgencia, como puedes ver.

-Me alegro de verle, señorito. -Lo siento, pero no tengo el gusto.

-Sí, hombre, Fulgencia,

el ama de cría de su hermana, Milagros.

-¡Fulgencia!

Dichosos los ojos.

Estás muy "desaparecía", mujer. -Padre,

¿podemos hablar un momento?

¿Me puede explicar qué hace aquí Fulgencia?

Cuénteme. -Estoy muy cansado, hijo,

ya habrá tiempo de explicarte.

Servando. -Sí, dígame.

-¿Puedes buscar acomodo para Fulgencia?

Los dos nos hemos dado una buena caminata

y estará tan agotada como yo. -Sí, siempre habrá un hueco.

Donde duermen cuatro, duermen cinco. -Sin picardía.

-Nada más lejos de mi intención. -Los gastos los pasas

a mi cuenta. -Sí, señor, será un placer.

Fulgencia, ¿me acompaña? -Te ayudo a acomodarle.

-Padre,... ¿para qué necesita a la ama de cría de Milagros?

-Confía en mí, hijo, pronto quedará todo claro.

Gracias a Dios.

Pasa.

¿Qué?

Telmo, ¿por qué no continuaste el viaje como te dijo Úrsula?

Temí no volverte a ver.

Lucía, no me pidas imposibles.

Ella tenía que decirte que yo me reuniría con vosotros.

Sí, lo hizo, pero temí

que Eduardo te retuviera al notar la ausencia de Mateo.

Telmo,... te he mentido.

No deberías haber regresado, pero...

ahora te mereces saber la verdad.

Yo no pensaba ir con vosotros.

¿Por qué?

¿Por qué, mi amor? Porque tú tienes derecho

a vivir con Mateo, y yo, no puedo ni quiero impedírtelo,...

pero yo no puedo dejar a Eduardo. No, Lucía, lo hablamos,

me lo prometiste.

No puedo vivir sin ti,

¡no habrá mundo sin ti! Claro que lo hay, Telmo.

Tienes todo un mundo con nuestro hijo.

Sí, nuestro, de los dos. Nos necesita a los dos.

Yo no puedo traicionar a Eduardo.

Lo he pensado, Telmo,

y no puedo.

Él me consoló cuando estaba embarazada, me acogió.

Y no puedo.

Soy yo quien no puede creerte.

No voy a renunciar, ¡no pienso renunciar!, ¿de acuerdo?

Lo siento, Telmo, lo siento mucho.

Se acabó.

No.

-Hasta luego, gracias por venir.

¿Está todo bien, comisario?

-Sí, sí, gracias, Felicia.

Estoy famélico. Hoy ni siquiera me ha dado tiempo a comer.

-Disfrute, que el filete está en su punto y las patatas, crujientes.

-Gracias.

-¿Necesita algo, don Samuel? Descuide,

tan solo quería hablar con el comisario Méndez.

Sea bienvenido.

Que aproveche, comisario. ¿Puedo sentarme?

Naturalmente. Será un placer.

De hecho, tenía pensado hacerles una visita a usted y a su esposa

en cuanto terminara aquí.

Seré claro.

Deje tranquila a mi esposa.

Lo haré,... en cuanto me sea posible.

No se alarme, no tengo nada contra ella,

pero quizá conocer su pasado me sería de utilidad

en la investigación de un homicidio.

¿Qué? Un homicidio.

¿Qué tiene que ver mi esposa con un homicidio?

Se llamaba Ariza, señor Alday.

¿Sabe usted quién es?

-¡Que ya va!

-Le ruego que me conceda unos minutos.

-Largo.

-He traído a alguien que podrá disipar sus dudas.

No le robaremos mucho tiempo.

Si después de escucharla no le convencen sus testimonios,

le prometo que no volveré a inmiscuirme

en sus asuntos.

Fulgencia, por favor.

¿Le reconoce?

¿Cuándo apareció el cadáver? Hace unos días.

Al principio no sabíamos quién era,

pero empezamos a investigar hasta que apareció su nombre.

Y figúrese nuestra sorpresa cuando descubrimos su relación

con doña Genoveva.

Si está pensando que se trataba de una relación íntima,

está muy equivocado.

Alguna relación debían tener cuando contrajo una deuda

con ustedes. -"¿Sabes qué te digo?".

Que voy a encontrar un teatro para que Bellita actúe.

No se pueden haber olvidado todos de la gran Bella del Campo.

-"Si está muerto,"

es que no se fugó con el dinero, luego alguien lo tiene.

Sería un socio, serían unos ladrones.

O sería Cristóbal.

¿Crees que fue él?

No tengo ninguna duda de que ese canalla ha encontrado nuestra pista

y se ha quedado con el dinero.

He pasado 10 años arrepintiéndome de haberme marchado sin ella,

y no volveré a hacerlo.

No tiente a la suerte o lo perderá todo.

La decisión de Lucía es inamovible.

Seguirá con su esposo.

-Quedas encargada de hacer la colecta entre las criadas.

-Doña Susana, ¿las criadas también?

-¿Acaso no rezan?

Si se tienen que quitar de otras cosas, que se quiten.

-Estas últimas semanas en Acacias me han hecho recordar a Trini.

Cada día la echo de menos más.

-Ya le digo yo que nosotros no vamos a pagar, ni las criadas tampoco.

-Pues ya me dirá cómo vamos a evitarlo.

-Déjelo en mis manos. "Tienes carta".

Es de Marlene, de Bilbao.

Cree que Cristóbal está detrás de la muerte de Ariza.

Sus hombres lo encontraron cuando estaba a punto de marchar de España.

"Querida Genoveva:

Ten cuidado, va a dar contigo".

"Quizás solo tengas horas".

No podemos quedarnos aquí, Samuel.

¿Vas a llevarme la contraria?

No, no quiero llevarte la contraria, solo defenderle

cuando eres injusto con él. Es mi hijo.

Tu hijo.

Sí, mi hijo.

-Dicen que el arte de mi Mari Belli está pasado de moda.

-¿Y qué está de moda ahora?

-La Dama del Misterio de marras, que como les intriga,

la quieren tener en sus teatros.

-"No sé qué trama mi esposa" con ese malnacido de Telmo,

pero no lo voy a permitir. Tranquilícese, señor,

no trama nada, solo ve fantasmas.

¿Me está usted traicionando, Úrsula?

-"Ver el sufrimiento" de Felipe por su esposa

me hizo pensar que yo estaba a punto de olvidar a la mía.

-¿Qué me está queriendo decir?

-Quiero estar solo.

-"Vengo de hablar con el empresario,"

con Pastrana.

-A mí solo me haría una cosa feliz:

que te dejes esa tontería de la Dama del Misterio y que no faltes

a las clases de madame Olenka.

-Pues ya está todo preparado para esta tarde.

-¿Esta tarde?

-Sí. Me ha dicho que están todas las plazas reservadas.

-Ay, como se entere tu madre.

-Esos dos andan con movimientos raros desde hace días.

-¿Que se van? -Muy pequeña es esa maleta.

-Qué pena que usted no haya decidido seguir sus pasos,

mil vueltas le daría a la famosa Dama del Misterio,

que a su lado no tiene que tener ni gracia ni guapura.

-¿Ningún teatro quiere firmar?

-¿Qué has dicho?

Lucía.

Don Telmo, tenga sentido común. Voy a hablar con ella,

no se meta. Úrsula.

-Hable. -Cuando doña Celia

perdió a su hijo,...

perdió también la sesera: llegó a creer que Milagros era suya.

-Quiso proteger a esa niña, solo eso.

No voy a consentir que derramen infamias sobre su nombre.

-Felipe,... se lo ruego, deje que termine

lo que tiene que decir.

-Al principio pensé que se le pasaría, pero una noche...

(LLORA) -Tiene que contarlo, Fulgencia.

-Venía yo de hacer un encargo de doña Celia

cuando escuché... que la pequeña Milagros lloraba,

entonces, me acerqué a su habitación

y lo que vi...

me puso los pelos de punta, señor.

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Acacias 38 - Capítulo 991

12 abr 2019

Telmo, Úrsula y Mateo vuelven a casa mientras que Eduardo intenta un acercamiento con Lucia, pero la llegada de Mateo y Úrsula les interrumpe. Úrsula le promete a Lucia que Mateo no contará nada de su escapada con Telmo, pero Eduardo intenta sonsacarle al niño que dónde ha estado. Lucia rompe con Telmo y le dice que no dejará Acacias porque no puede abandonar a Eduardo.
Genoveva es nuevamente abordada por el Comisario Méndez y le pide que pare de perseguirla. Al llegar a casa le cuenta a Samuel que el Comisario la ha vuelto a perseguir. Samuel le pide a Méndez que deje tranquila a su mujer y éste le cuenta que Ariza está muerto y que necesita la ayuda de Genoveva.
Bellita decide que quiere volver a los escenarios, pero José no está tan seguro, teme que se lleve un palo. Mientras que las vecinas están planeando hacer una colecta para salvar el retablo de la Virgen, aparece Bellita y les informa que vuelve al mundo del espectáculo. Cinta se entusiasma pensando en actuar con su madre.
Antoñito se entera de que Ramón salió a la calle y de que Felipe salió tras él. Como Ramón no aparece en todo el día Antoñito y Lolita están preocupados por si ha habido algún enfrentamiento entre ambos. Finalmente, Ramón regresa al barrio con Fulgencia y le ruega a Felipe que la escuche.

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