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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 990 - ver ahora
Transcripción completa

Ayer fui a ver a Felipe a su casa.

-¿Que hizo qué? -Quería hablar con él,

pero ni siquiera me abrió la puerta. Me dijo que me mataría si lo hacía.

Un tumor se come mis pulmones, Úrsula.

¿Un tumor?

Me voy a morir muy pronto.

-Recién salido del horno, el primer frasco de la producción.

-Olé,... olé y olé. -¡Es divino del todo!

-Me agobias.

-¿De veras?

Intentaré no estar tan encima de ti.

La semana que viene ha quedado un hueco en el cartel y podrías actuar.

¿Cómo lo ves?

-Lo veo que me caigo de culo de la alegría.

-¿Cómo?

-Quiero decir, que será un placer actuar.

-"¿Por qué no quieres darnos clases?".

-Si yo ganara algo.

-¿Algo como qué? No le entiendo.

-Yo sí, yo sí que lo entiendo, Marcelina: pempins, guita, parné,

cuartos, dinero, Marcelina, dinero. Y no, Servando,

si tengo que pagar a alguien, contrato a un profesional.

-Toma, ¿y yo qué soy? -No me hagas decírtelo.

Ya ha "llegao" el cargamento al puerto, ¿verdad?

Don Jose y yo hemos estado hablando con los de la Naviera

y nos han dicho que en unas horas empezarán a cargar las cajas.

(TOSE) -Ay, amá,...

hay que detener ese barco.

Ahora, lo importante es que Telmo

y Mateo consigan huir de aquí.

¿No va a marchar con ellos?

¿Para que me vean morir?

Por eso me va a ayudar.

Será mejor que te marches. Sí,

iré a prepararlo todo para partir.

Te quiero, mi amor.

Te quiero.

Te quiero.

(LLORA)

Quisiera saber más sobre su pasado.

Estuvo usted detenida en dos ocasiones por distintos altercados.

-Por desgracia no le han informado mal.

Me vi envuelta en tales redadas.

Mi mayor es desvelo es proteger a los vecinos

y, la mejor forma de hacerlo es conocerlos muy bien.

¿Qué va a ser de nosotros si descubre todo sobre mi pasado?

Eso no va a ocurrir. Ya le has escuchado,

tan solo eran unas preguntas rutinarias.

Todo va a salir bien.

-"Le diré algo que hace mucho" tiempo tenía que haberle dicho.

Celia no era lo que parecía.

-¡Suélteme, suélteme! -Escúcheme, se lo ruego.

-¿Ahora pide que me tranquilice, después de mentar a mi esposa?

-Tiene que escuchar toda la verdad sobre ella.

-¿Acaso disfruta provocándome?

-Escúcheme. -¡No, escúcheme usted!

¡Si vuelve a decir algo de Celia, le juro por lo más sagrado...

que voy a hacer lo que ya debería de haber hecho, matarle!

(SE QUEJA)

Se va a arrepentir de esto. -No, Felipe.

No voy a callar ni un segundo más.

Tiene que saber la verdad.

-¡¿Saber el qué?!

-¡Celia mató a Trini!

(Sintonía de "Acacias 38")

¿Me ha escuchado, Felipe? ¿Ha escuchado lo que le he dicho?

-Acaba de decir que Celia era una asesina.

¡¿Ha perdido la cabeza?!

-En mi vida he estado más cuerdo.

Ha llegado el momento de aliviar mi conciencia

y que usted sepa todos los hechos.

-¡No va a embaucarme con sus mentiras!

-Ojalá fuera así.

Hubiera dado mi vida porque aquel día,

que siempre arrastraré conmigo, nunca hubiera sucedido,

pero eso ya no es posible.

Así que, debemos acostumbrarnos a vivir con ello.

No tiene sentido negar lo que sucedió.

Aquel día,...

descubrí a Celia

"con la niña en los brazos intentando llevársela de mi casa".

Tranquila.

Deje a la niña en la cuna.

-No voy a permitir que me roben a la niña.

No se acerque. -(MILAGROS SOZOLLA)

-Ya. Chist...

No. Duerme, duerme mi niña, duerme.

-Hambre, Celia, seguramente tiene hambre.

-Sí.

Voy a hacerte un biberón.

Cariño.

Ya. Tranquila.

Ya viene mamá, ya viene mamá.

Chist.

Aquí está.

-Celia,...

Celia, tenga cuidado

con eso para preparar el biberón, le va a molestar.

-(MILAGROS LLORA)

-No.

Quiere que lo deje para poder llevarse a la niña.

-Solo quiero que no le haga daño accidentalmente.

-¡Pero ¿cómo voy a hacerle daño a mi hija? ¿Cree que soy un monstruo?

-No es su hija, Celia, es la hija de Trini, de su amiga.

-¡Es mi hija! Trini no sabía cuidar de la niña.

¡La dejaba llorando de hambre y de frío!

-No, no, eso no es verdad. -¡Sí lo es!

Cuando entré en la habitación, no podía ni respirar,

estaba gimoteando,

y mientras, la niña lloraba en la cuna, sola. Era una inútil.

Trini me mandó a por sus caprichos con tanto frío...

Y por su culpa perdí a mi hijo.

-Fue un accidente, Celia, ella le quería mucho.

-No. Era una mala madre

y tuve que acabar con ella.

Tuve que hacer que se callara.

¡Celia!

(SE AHOGA)

(SE AHOGA)

No.

-No te mereces ser madre.

Ni siquiera has podido dar a luz a tu propia hija.

Mi hijo tendría que estar vivo.

Y tú lo mataste.

Mandándome a por tus estúpidos caprichos.

-Las pastillas...

¡No!

Celia...

-Cállate o vas a estropearlo todo.

-¡Fabiana!

-Cariño, cálmate, ya va mamá.

-Por favor.

No, no es verdad.

¿Cómo se atreve a decir eso?

¡¿Cómo echa estiércol sobre la tumba de mi esposa?!

-Nada más lejos de la realidad.

Aquella mujer no era Celia, no era consciente de sus actos.

¡Había perdido la razón!

-No, eso es mentira. ¡Eso es mentira!

¡Mentira! -Felipe,...

usted sabe que no es así.

Recuerde sus comportamientos aquellos últimos días.

Celia perdió a su criatura,

enloqueció

y pretendió apropiarse de Milagros.

Y por eso cometió algo tan terrible.

-Y por eso acabó con mi esposa, ¿verdad?

¡Por venganza!

-¡Por supuesto que no!

No, no, no, no, no... Usted mató a mi Trini.

-(MILAGROS LLORA)

-Sí.

No se merecía tener a la niña.

Ni usted

ni nadie va a impedir que me lleve a mi hija.

-Aléjese de la cuna.

-No.

-¡Aléjese de mi hija!

"Yo no la maté".

-¡Ah!

-"Todo fue producto de una terrible fatalidad".

"Forcejeamos y ella terminó cayendo por el balcón

sin que yo pudiera hacer nada por evitarlo".

"Pero le juro que yo jamás quise hacerle daño".

-No voy a escuchar ninguna de sus palabras.

¡No voy a consentir que manche su nombre!

¡¿Cómo le hace esto?!

¡¿Eh?!

¡Todo esto es mentira, mentira!

-¡Felipe, no!

Sabe que es verdad, yo no sería capaz de mentirle.

-No.

-Por cariño hacia usted,...

hacia la amistad que nos había unido durante tantos años,

callé.

No quería dañar la memoria de Celia.

Por eso acepte mi condena sin rechistar.

Sin decir en ningún momento todo lo que había sucedido.

Se lo debía a usted,

al amigo...

que me había salvado la vida.

-(LLORA) -Pero ahora no puedo soportar

que siga usted destrozando su vida poco a poco

por idealizar a su esposa.

Merecía saber la verdad,

para que por fin pueda salir a flote

de esta amargura que le está ahogando.

(Se cierra la puerta)

Mateo, ¿qué estás haciendo?

Úrsula me ha puesto a hacer cuentas.

¿Y tu padre?

Ha salido hace un rato.

Mateo, hijo,

¿puedo contarte un secreto? Claro.

Siéntate.

Mañana, Úrsula y tú vais a ir a dar un paseo al campo.

Pero es muy importante que no se lo digas a nadie.

¿Ni siquiera a padre?

No, porque él no va a poder acompañarte

y le daría mucha envidia saber que tú te lo vas a pasar tan bien.

Tiene que ser nuestro secreto.

¿Usted no vendrá con nosotros?

No, cariño.

Tienes que prometerme que te vas a portar muy bien

y que harás caso en todo a Úrsula.

Yo quiero que usted venga con nosotros.

Yo tengo que quedarme con tu padre.

No puedo dejarle solo.

Pero no te preocupes, estoy segura de que lo vas a pasar muy bien.

Bueno, pues le cogeré unas flores y se las traeré cuando vuelva,

así no se arrepentirá de no haber venido.

(Se abre una puerta)

Ven aquí.

(Se cierra una puerta)

-(TOSE)

¿Qué ocurre, Lucía? ¿Por qué abrazas así a Mateo?

Ah, por nada.

Ha hecho tan bien las cuentas, que le estaba felicitando.

¿Verdad?

Lo mimas demasiado.

(CARRASPEA) Mateo,...

ve a jugar a tu cuarto,

que tu padre y yo tenemos que hablar de cosas.

-Está bien.

-¿Qué ocurre?

Ay, Virgencita del Carmen, tú que todo lo puedes...

Que venga ya mi Jose.

Y a ser posible, con buenas nuevas.

(Puerta cerrándose)

Si lo sé, te lo pido antes.

Ay, al fin regresáis, que me estaba ya quedando sin uñas que morder.

Decidme ya.

¿Qué ha "pasao"?

¿Cómo están las aceitunas del almacén?

¿Están todas malas?

-¿Nuestro semblante no responde a tus preguntas?

-Sí que traéis la cara "avinagrá".

Entonces...

¿Se han estropeado?

-Hasta la última aceituna. -Al parecer,

mientras estaban en el tanque del almacén,

las aceitunas sufrieron una alteración

en el proceso de fermentación.

-Y al estar juntas, no se ha "salvao" ni una.

-¡Vaya!

Podían haber estado peor avenidas.

-Pero, por desgracia, esa no es la única mala noticia que traemos.

Como ya sospechaba su marido,

la naviera no tiene intención ninguna de devolvernos el dinero.

-Pero si dimos aviso de que no cargaran las aceitunas.

-Sí, pero a última hora,

sin que ellos tuvieran tiempo de ocupar ese sitio con otro cargamento.

Podríamos poner una denuncia, pero sería invertir mucho tiempo

y dinero. -No, ya conoce la maldición.

Que el demonio te dé pleitos y los gane.

-Ay, Jose, hijo,

que no ganamos para desdichas...

Primero el teatro, ahora las aceitunas... ¡Vamos!

Ponemos un circo y nos crecen los enanos.

-Pierde cuidado, mujer,

ya verás como esa mala racha pasa.

-Si antes no nos lleva por delante.

¿No será que la casa tiene mal fario?

-Bueno, para nosotros esto supone el final de esta aventura.

Hemos invertido mucho dinero

y no podemos arriesgar más.

Tardaríamos años en recuperarnos.

-¿Se retiran del negocio?

-Créame que lo lamentamos.

(Puerta cerrándose)

(TOSE)

Tu silencio me empieza a inquietar, Lucía.

¿Qué quieres hablarme?

Dilo ya.

No es nada.

Nada grave.

Solo... Solo quería disculparme.

Disculparte...

Sé que mi comportamiento en los últimos días

ha sido inadecuado.

Me alegra ver que lo reconoces.

Había una razón para que me comportara de manera tan extraña.

Eduardo, los chequeos médicos que me hicieron

me asustaron un poco y...

Y estaba intranquila.

Y no había causa para ello.

Lo sé.

Pero no pude evitarlo.

Te ruego que me disculpes.

Entiendo que en ocasiones sea difícil tratarme,

pero trataré de enmendarme y de ser la esposa que mereces.

No comprendo tu repentino arrepentimiento.

No, no lo consideres así.

Yo... siempre te he amado y respetado.

Últimamente has estado muy lejos de mostrarlo así.

Compréndeme.

La aparición repentina de Telmo me...

revolvió por dentro. No quiero que ni le menciones.

Eduardo, ya ha pasado todo.

Ahora sé que mi lugar está aquí, contigo y con Mateo.

¿Por qué no vamos mañana a pasear?

Ya me encuentro mejor

y seguro que lo pasamos muy bien los dos solos.

Está bien.

Mañana saldremos a pasear solos.

Como marido y mujer.

"Entonces,"

hemos perdido todas las aceitunas.

-Así es, Cinta.

No podemos aprovechar ni los huesos.

Parece que nos ha mirado un tuerto.

Vamos de fatalidad en fatalidad. -Bueno...

Tranquilo, don José, porque Dios aprieta,

pero no ahoga.

-Es posible, Arancha, pero ya podía aflojar un poquito.

Nos está dejando más secos que la mojama.

-Padre, ¿y en qué medida lo sucedido afectará a nuestro patrimonio?

-No, tú...

Tú no te preocupes por eso.

Que no hay nada que temer.

Simplemente no quería que te enteraras por otros.

Y, ahora,

voy a ver a tu madre. A ver cómo está.

La pobre, con el disgusto, no sale de su cuarto.

-El asunto parece muy grave.

Arancha...

Es momento de hablar con ellos

y contarles lo de mi carrera artística.

-No, por la Virgen de Izaskun.

¿No tienes sesos en la cabeza, cariño?

¿No crees que ya tienen suficiente disgusto?

-Pero con el dinero que estoy ganando y que voy a ganar,

ayudaré a sanear las cuentas.

-Mira, esas perras solo valdrían para pagar el entierro de tu madre.

Si tu madre se entera de lo tuyo, se nos queda ahí, seca. Ay...

Tú lo que tienes que hacer ahora

es centrarte en la escuela de madame Olenka.

y olvidarte un poco del capricho de ser artista.

-¿Cómo?

¿Crees que es solo eso?

¿Crees que es un capricho del que me voy a cansar?

Entérate bien,

jamás voy a renunciar a mi sueño.

Llevo el arte en la sangre, como mis padres.

"Telmo, amor mío,

cuando abras esta carta ya habrás comprendido

que te he fallado una vez más".

"Que no te acompañaré en este último viaje".

"Que Mateo y tú tendréis que emprender esta aventura solos,

sin mí".

"Hubiese sido tan dichosa pasando el resto de la vida a vuestro lado,

pero... una vez más,

compruebo que la felicidad es algo que me resulta prohibido".

"Telmo,

mi vida se acaba".

"Me han detectado una grave dolencia en mis pulmones".

"El sufrimiento que he padecido estos años lejos de ti

ha terminado resultado fatal para mi cuerpo".

"Mis días están contados".

"Que las lágrimas que manchan esta carta no te engañen".

"Acepto mi destino y muero dichosa

al saber que nuestro hijo se criará a tu lado".

"Perdóname por haberte engañado".

"Sabía que te resistirías a mi decisión,

pero era la única que podía tomar".

"Marchaos lejos y comenzad una nueva vida juntos".

"Y nunca dudes

de que mis pensamientos al exhalar mi último suspiro serán para ti".

"Solo por conocerte

ha merecido la pena esta vida".

"Tuya para toda la eternidad,

Lucía".

Señora...

¿Y su esposo y Mateo?

Están durmiendo.

Puede hablar tranquila.

Está todo listo.

El equipaje ya está preparado.

Mañana aprovecharé cuando usted salga de paseo con su esposo

para marchar junto a Mateo

al encuentro de Telmo.

Úrsula, se lo ruego,

cuide de mi hijo y de Telmo.

Descuide, señora.

Le juro que pondré mi vida...

para defender la suya.

Supongo que esto es una despedida.

Entréguele a Telmo...

este retrato mío y esta carta.

Dígale que... no la abra hasta que llegue

a su destino.

En ella explico los motivos de...,

de esta dolorosa decisión.

Dudo mucho que los acepte.

Convénzale para que lo haga.

Por favor.

No queda otro remedio.

(LLORA)

(LLORAN)

(Puerta cerrándose)

¡Rosina!

¿Cómo es que has madrugado tanto? ¿De dónde vienes?

¿No te vas a sentar a desayunar conmigo?

-Liberto, ha sucedido algo terrible de lo que tenemos que hablar ahora.

-Vaya... Sí que dura poco

la tranquilidad en esta casa. ¿Qué es lo que ha pasado ahora?

-Me había prometido a mí misma no inmiscuirme más en tus asuntos,

pero me resulta imposible ignorar lo que he descubierto.

-Rosina, ¿me quieres contar de una santa vez qué es lo que pasa?

-Liberto, sé que tienes una amante.

(SUSPIRA)

-"¡Celia mató a Trini!".

-No.

-"Aquella mujer no era Celia, no era consciente de sus actos".

"Había perdido la razón".

"Usted sabe que no es así".

"Recuerde su comportamiento aquellos últimos días".

"Celia perdió su criatura, enloqueció,

y pretendía apropiarse de Milagros".

"Y por eso cometió algo tan terrible".

-(LLORA)

Cariño, ¿quieres dejar de llorar y contarme quién te ha dicho

semejante estupidez?

-¿Cómo quieres que deje de llorar cuando sé que me has sido infiel

con otra mujer?

-Que yo no tengo ninguna amante, ¿cómo te lo tengo que decir?

-¡No mientas! Las pruebas son claras.

¿No te das cuenta que ni siquiera sabes explicarlas?

-Sí las sé explicar. Acabo de venir del banco

de hacer unas gestiones y me han dicho que has sacado 3000 pesetas

de nuestra cuenta, 3000 pesetas, una auténtica fortuna.

Tú me dirás para qué precisas de ese capital, a escondidas además.

La acción es bien clara:

una pelandusca te está sacando los cuartos.

-No es eso, no digas tonterías. Escúchame, yo jamás te sería infiel.

-No, no, si ya lo has sido.

Me has coronado a las primeras de cambio.

-Escúchame.

Lo del dinero tiene una explicación.

Lo precisaba para... prestárselo a un amigo en apuros.

-¿Y qué amigo es ese que precisa de semejante capital?

-Un amigo del Ateneo.

-No.

Tienes que darme más datos o seguiré pensando que me mientes

como un bellaco. -Está bien.

Mira, no quería contártelo porque supuse que te disgustaría mucho.

El dinero se lo he prestado a Samuel Alday.

-Pero ¿qué dices, 3000 pesetas para ese y la descastada de su mujer?

¡Pero ¿cómo te atreves, Liberto?!

¡Mira, hubiese preferido que tuvieras una amante!

Cada vez me cuesta más aguantar las ganas de besarte,

de rodearte con mis brazos.

Yo también siento el mismo deseo.

¡Y pensar que estaba deshecha pensando que me engañabas

y, al final resulta que eres tonto y que has regalado,...

y andas regalando nuestro dinero a Samuel y a la fresca de su esposa!

¡Es que, ¿acaso has olvidado lo que me hizo?!

¡¿O qué pasa, que las 3000 pesetas son el premio

por intentar descalabrarme o qué?!

Pero ¿cómo has podido ser capaz, cómo has podido ser capaz?

¿No tratas de defenderte?

-Pero si llevo media hora intentando hablar, cariño,

y no me dejas abrir la boca.

Mi amor.

Mi amor, tienes que creerme.

En ningún momento quise disgustarte,

nunca fue mi intención,

sentí que no podía dar la espalda a un amigo

que necesitaba mi ayuda.

-¿Aunque para ello tuvieras que clavarle un puñal a tu esposa?

(Llaman a la puerta)

-Voy a ver quién viene de forma tan oportuna.

Comisario. -Buenos días.

-Pase, pase.

-Gracias.

¿Vengo en mal momento?

-No, no, por supuesto que no,

comisario. ¿En qué puedo ayudarle?

-No les entretendré mucho.

He sabido que guarda usted una estrecha amistad con Samuel Alday.

-Así es, me satisface considerarle mi amigo.

-Pues sepa usted que a mí no me satisface nada esa amistad.

-¿Por qué lo pregunta, comisario?

-Quería pedirle que me informara si observa algo extraño en su amigo.

Desde que su esposa discutió con las vecinas,

quiero estar al tanto de que todo esté bien.

-Descuide, comisario,...

que todo está lejos de estar bien.

Sepa usted, que los Alday acaban de estafarnos 3000 pesetas.

-¿Cómo dice? -No le haga caso,

no está hablando en serio. Le he prestado dicha cantidad.

-Sin mi consentimiento.

-Samuel necesitaba ese dinero para pagar una deuda, no pude negarme.

Como ve, tampoco son cuitas que deban preocupar a la policía.

-No.

-Yo no voy a estar tranquila hasta que nos devuelvan todo el dinero.

-Celia. ¿Dónde vas tan temprano?

-Voy a ver cómo ha pasado la noche Milagros.

-Cariño, te preocupas en exceso por la niña.

No deberías entrometerte tanto en la familia Palacios,

es hora de que tomes distancia y te centres en esta familia.

-"No quisiera ofender a nadie,

pero Celia se llevó a Milagros de mi casa mientras Fabiana la cuidaba

sin habérmelo pedido. -Don Ramón, dígame algo,

cuando usted estaba en crisis, Celia entraba y salía con la niña

sin pedir permiso. ¿Por qué tendría que hacerlo ahora?

-Porque yo ya estoy recuperado del todo y no me gusta

no saber dónde está mi hija. -Supongo que Fabiana se lo diría.

¿No le dijo que estaba con su madrina?

-Fabiana me dijo que Celia le aseguró que yo personalmente

le había dicho

que podía hacer con la niña lo que quisiera.

Y no me gustaría discutir, pero yo no hice tal cosa.

-No es posible, Celia.

-Pues mi señora estaba que se la llevaban los demonios,

a punto ha estado de pasarse al marido de un cuerno a otro.

-Pero ¿qué ha hecho ese bendito "pa" tenerla así?

-Por lo que he podido oír entre "berríos",

se ve que se ha gastado 3000 pesetas.

-Arrea. Pues sí que tiene motivos para estar furiosa.

Y ¿"ande" se habrá "gastao" "toa" esa fortuna?

Mira, me hace eso mi Jacinto, y no respondo.

-Pierde "cuidao", que mi primo no haría tal cosa.

Es más, tampoco creo que en su vida llegue a reunir tal capitalazo.

(BOSTEZA)

-Pero ¿cómo vienes así de cansado?

¿Es que has "faenao" mucho hoy?

-No es eso, que no he "pegao" ojo. -Ah.

Ya me barrunto que has pasado la noche intentando traer a este mundo

Marcelinos y Jacintillas.

-Nones, que el pobre no tenía ánimo "pa" "na".

-Ayer tuve la de Dios es Cristo con don Felipe.

A poco no llegamos a las manos.

-Ten "cuidao", que tú eres muy bruto, ni se te ocurra

darle un mandoble a un señor, porque si no, no encuentras colocación.

-Precisamente por eso me contuve

y, al final la sangre no llegó al río.

Además, por fortuna, don Ramón intervino en el rifirrafe.

Allí los dejé solos. -¿Los dejaste solos?

¿A don Ramón y a don Felipe? Pues eso

sí que puede terminar en desgracia.

-Estuvieron largo rato hablando dentro de la casa,

luego vi a don Ramón salir "mu" "afectao".

-Al menos sabemos que salió por su propio pie, que no es poco.

-Esto va a terminar como el rosario de la aurora, y si no, al tiempo.

-Aquí tiene, Cinta,

los pasteles. -Se lo agradezco.

Pensé que quizás a mis padres les vendrían bien para animarse.

-He sabido de la mala suerte que han tenido con las aceitunas.

Créame que lo lamento.

-Están muy disgustados, pero los conozco muy bien,

son unos luchadores y no se van a rendir tan fácilmente.

-Estoy segura de ello.

-"Lo siento".

Le agradezco el detalle, Camino.

En fin, no las entretengo más, y con Dios.

-Con Dios.

-Emilio,... ¿tiene un minuto?

-Claro.

-No he podido agradecerle su intervención de ayer.

-¿Cómo sabía que me encontraba en apuros?

-No había más que verla para saber que no quería que su padre

y ese señor se conociesen. -No se equivoca.

-Lo que ya no puedo adivinar es quién podría ser ese caballero

para que se encontrara tan azorada. Descuide,...

si me va a responder con una mentira,

casi prefiero que no diga nada.

-¿Sabe?

Si sigue siendo tan cortés, quizá algún día le cuente todo.

-"Le agradezco que ayer"

tratara de ayudar a mi señor.

Ya me he enterado.

-Pues también sabrá que de poco no le arreo un guarrazo

que lo dejo "espatarrao".

Arrea, Servando, ya ha "regresao", que últimamente

no hay quien le vea al pelo, y no solo porque tenga poco.

¿"Ande" se ha "metío"? -Ahora mismo te voy a contestar.

Adonde a ti no te importa. -Calma, que era solo curiosidad.

-Ya sabe qué le pasó al gato con la curiosidad.

¡Qué perra tienen todos con saber dónde voy!

-Temple, Servando, que tan solo nos preocupamos por usted.

-Pues háganlo por quien más lo precisa.

El primero, don Telmo, hoy no le he visto.

y su puerta está cerrada. ¿Saben lo que le ha "pasao"?

Qué raro. Llamaré a la puerta,

por si no se encuentra muy cristiano.

Antes de que me vaya, Jacinto, déjame que te haga una pregunta.

Sabrás ya que doña Rosina y tu Marcelina ya no practican tango.

-Me alegra escucharlo. Nunca me pareció baile decente.

-Sí, pero esa no es la cuestión,

la cuestión es quién me va a pagar a mí las clases de tango.

-Arrea.

¿Pretende cobrarnos las clases? -Toma, qué menos.

Por mi esfuerzo y por mi sapiencia.

-Pues por nada, que poco sabía y menos nos enseñó.

-Qué atrevimiento, hombre, un bailarín de primera

es lo que estoy hecho, de verdad, qué atrevida es la ignorancia.

Precisamente, quería comentarle que voy a reunirme

con unos orfebres para vender unas alhajas.

Si todo sale según lo previsto, pronto podré devolverle

gran parte de lo que me prestó.

Descuide que ya le dije que no era necesario, no corría ninguna prisa.

Aunque,...

ese préstamo me ha dado más de un quebradero de cabeza.

¿Y eso?

La fatalidad ha hecho que Rosina se enterara,

y se lo comento por si se la encuentra

y le organiza un espectáculo a usted o a su esposa.

Descuide, lo tendré en cuenta.

Y ahora, si me disculpa, voy a comprar el periódico.

Por supuesto.

Que pase un buen día, amigo. Igualmente, Samuel.

¿Me da El Adelantado, por favor?

Gracias.

-Don Liberto.

-Comisario.

¿Puedo ayudarle en algo? -Sí.

Tan solo hay algo que antes no he tenido ocasión de comentarle.

-Usted dirá. -Verá,

antes no he querido decirle nada

delante de su esposa,

pero me temo que su amigo Samuel esté metido en problemas.

Es muy importante que piense bien antes de contestarme.

Considere que tan solo pretendo ayudarle.

-Dígame.

-¿Sabe para qué le pidió Samuel el préstamo?

-Pues de lo único que me informó es de que lo necesitaba

para pagar una deuda, nada más.

Le vi muy apurado, pero no me pareció caballeroso

preguntar nada más.

-Don Liberto,... ¿ha oído alguna vez el nombre de Ariza?

-¿Ariza? -(ASIENTE)

No.

(Se cierra una puerta)

-Padre, le he traído unos pastelitos del restaurante.

-Muchas gracias, cariño mío.

El dulce me vendrá bien, porque la situación es cada vez más amarga.

-¿Ha pasado algo más? -Acabaría antes si te cuento

lo que no nos ha pasado.

No vamos a recuperar ni una peseta

del dinero que le dimos a la Naviera,

y los Palacios se retiran del negocio.

Pintan bastos para la familia.

-Padre, no tema.

Ya verá como encontramos alguna solución.

-Descuida, que yo ya la he encontrado.

-¿Qué estás diciendo?

-Dime, Jose,... ¿qué ves aquí?

-Las aceitunas responsables de nuestra ruina.

-Me refiero a la etiqueta. Aquí está la artista más grande

que ha dado este país,... ¿y para qué había quedado ella?

Para poner su cara en unas aceitunas.

Pues de eso nada.

Yo soy la gran Bella del Campo.

Me he recorrido el globo llenando los teatros,

y por mi familia volveré a hacerlo.

Se acabó el retiro.

Estoy dispuesta a volver a los escenarios.

-"No es verdad".

"¿Cómo se atreve a decir eso?".

"¿Cómo se atreve a echar estiércol sobre la tumba de mi esposa?".

-"Nada más lejos de la realidad".

"Aquella mujer no era Celia, no era consciente de sus actos,

había perdido la razón". -"No, eso es mentira,

¡es mentira!".

-Carmen, ¿qué haces aquí?

-Venía a comentarle que ya he empezado el libro que me prestó,

y sepa que me está encantando.

-Cuánto me alegro, pero no puedo entretenerme,

tengo algo urgente que hacer.

(GRITA)

-Servando dando clases de tango y, ha resultado ser más "agarrao"

que un chotis. Cobrarnos por las clases, va "dao".

-Ya le conoce, seguro que se olvida pronto de la ocurrencia.

-Don Ramón, me alegro de verle.

No he podido agradecerle que ayer se quedara con don Felipe

tratando de calmarle. -Descuida,

no tienes nada que agradecerme. Y si me disculpas, tengo prisa.

-Que no le dé las gracias, dice,

pero de no ser por él, a saber cómo habríamos "acabao" su señor y yo.

Hablando del rey de Roma, por la puerta asoma.

Que ha "cogío" el mismo camino,... como si quisiera seguir a don Ramón.

-Será casualidad.

-Buenos días, señores, disfruten de su paseo.

(Motor de coche)

Lucía.

Al fin.

¿Qué significa esto?

¿Por qué no está Lucía?

No tema,... la señora ha cambiado de parecer

a última hora.

Me ha pedido que saliera con Mateo fuera de la ciudad

mientras ella distraía a su esposo. No.

Eso no era lo acordado. No quería levantar las sospechas

de don Eduardo y que todo el plan se fuera al traste.

Me ha pedido que marchemos a la costa.

Ella se reunirá con nosotros después.

¿Después, cuándo? En unos pocos días.

Vamos,... suba.

No sé si emprender ese viaje sin ella.

No es momento para dudas, debemos partir inmediatamente.

¡Telmo!

¿Usted también viene de excursión con nosotros?

Sí, Mateo, esa es la sorpresa de la que te hablaba.

Vamos a pasarlo genial, venga, suba.

Vamos.

En marcha.

Doña Lucía me ha dado una carta para usted,

para que la abra cuando estemos en la costa.

¿Por qué? ¿Qué ha escrito en ella?

Tan solo las instrucciones de lo que debemos hacer

mientras esperamos su llegada.

Me gustaría que Mateo nos viera así,...

tan bien avenidos. Por cierto, ¿dónde está?

-¿"Ande" has ido?

-A hablar con los de la Naviera, a ver si nos devolvían

parte del flete. -Pero "na".

-Impasibles, ni siquiera hemos conseguido minimizar pérdidas.

-Ya que sigues cobrando, debería dejarte hacer la casa.

Por el amor de Dios, Eduardo.

No es tontería no dejar entrar al servicio.

Ya sabemos todos de qué pie cojea.

No gana nada ocultándose de su criada.

-Ya les diré algo

si don Felipe cambia de parecer.

-Hace un rato, su señor padre de usted, salió a la calle.

-Déjale seguir. -Tras don Ramón salió don Felipe.

-¿Y con qué actitud?

-Mire, yo de eso no sé, pero iba derechito tras su señor padre.

-Nadie se alegra con la presencia de los garantes del orden.

-Ni me alegro ni me dejo de alegrar,

creo que no tenemos mucho de qué hablar.

-En eso se equivoca, señora, tenemos una conversación pendiente.

-¿Y por qué no lo habló todo ayer en presencia de mi marido?

-No creo que debamos molestar al señor Alday más de lo necesario.

-Esta familia necesita normas, normas que se cumplan.

Hablaremos seriamente, Úrsula.

-Me gustaría hablarle del dinero que le presté.

Me ofendería mucho si pensara usted que no le fuera devuelto.

No, no se trata de eso, créame. Es solo que...

sentía curiosidad por saber a qué se debía tanta urgencia.

"Señora,..."

nos pusimos en marcha,...

parecía que don Telmo se había hecho a la idea

de marchar sin usted,

pero por poco tiempo. Apenas a una legua

dio instrucciones al chófer para regresar.

Entonces, ¿no leyó la carta? -Va a ser un regreso triunfal.

-Eso, tú dale alas.

Por ahora, por favor, no se te ocurra repetirlo en su presencia.

-Pero no le entiendo.

Madre ha sido la mayor artista que han dado estas tierras.

-De eso hace mucho tiempo.

-Nuestro esforzado comisario, estaba plantado en el quiosco

y me ha abordado en la calle.

¿Qué quería?

Dice que nombres.

¿Le has dicho algo? No estoy loca,

le he dejado con la palabra en la boca.

Bien hecho. Pero no se detendrá,

está tras la pista, no sé de qué, pero cree que sabe algo

y no soltará ese hueso tan fácilmente.

Nos va a complicar la vida, Samuel.

-¿Tienes faena en el quiosco? -Ahora iré.

-Pues corriendo, que ojo del amo, engorda el "ganao".

-Es que... tengo algo que decirte.

-¿Hacer una colecta?

-Exacto. Como la que hacemos para los chinitos de las colonias.

-Para mí no es buen momento.

-¿Hay algún buen momento para ti cuando hay que soltar el dinero?

-Pues precisamente no estaba hablando por hablar en esta ocasión.

No quería comentarlo, pero mi economía ha sufrido un duro golpe

estos días.

-Felipe,...

¿dónde está mi padre?

-¿Y a ti qué te importa?

-¿A qué viene esa actitud tan huidiza?

-¿Desde cuándo hemos comido tú y yo en el mismo plato?

-Salió tras él, y aquí nos conocemos todos, dígame qué le ha hecho.

-Lo de las aceitunas es ya historia, hay que mirar hacia el futuro.

-Envidio lo bien que se lo toma usted.

-Eso es porque mi Virgencita del Carmen me ha soplado al oído

una nueva esperanza. -¿Y qué esperanza es esa?

-Pues, con toda la modestia que siempre me ha caracterizado

y sin alardes ni aspavientos, quiero que sean ustedes

las primeras en saber que vuelvo a los escenarios.

-Vaya paseo te ha hecho dar Úrsula hoy, ¿eh?

-Sí.

-¿No te has cansado?

-Qué va, ¿no ve usted que íbamos...?

-¿Qué ibas a decir, Mateo?

-Servando,...

¿has visto volver a mi padre?

-No tanto como usted, que no ha dejado de asomarse en toda la tarde.

-La tardanza ha sido porque he firmado ante notario

la disolución de la sociedad aceitunera.

Lo del teatro ha sido visto y no visto.

Bueno, más bien no visto. El empresario que conocíamos

la ha cascado

y a su sobrino, que ahora es el gerente,

Bellita del Campo le suena más antigua que María Antonieta.

Telmo,... te he mentido.

No deberías haber regresado, pero...

ahora te mereces saber la verdad.

Deje tranquila a mi esposa.

Lo haré,... en cuanto me sea posible.

No se alarme, no tengo nada contra ella,

pero quizá conocer su pasado, me sería de utilidad

en la investigación de un homicidio.

¿Qué? Un homicidio.

¿Qué tiene que ver mi esposa con un homicidio?

Se llamaba Ariza, señor Alday.

¿Sabe usted quién es?

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Acacias 38 - Capítulo 990

11 abr 2019

Ramón confiesa finalmente a Felipe la verdad de la muerte de Celia: se mató accidentalmente cuando intentaba secuestrar a Milagros. Felipe echa a Ramón de su casa, pero reflexiona en todo lo que le ha contado el Palacios.
Méndez sigue investigando los orígenes de Genoveva y Samuel lo evita, sabe que no es bueno que la policía asome las narices en el pasado de su mujer.
Desolación en casa de los Domínguez tras descubrirse que toda su inversión en aceitunas ha caído en saco roto por una bacteria, son más pobres que nunca. Bellita decide volver a los escenarios para reflotar la economía familiar.
Las fricciones entre Rosina y Liberto por fin estalla. Ella le confiesa su sospecha: “Liberto, tienes una amante”, pero él confiesa que lo que le ocultaba era un préstamo de dinero a Samuel para que devolviera la deuda de Ariza. Méndez se entera, una razón más para sospechar de los Alday.
Lucía se sacrifica para que Telmo y Mateo puedan huir juntos y se queda junto a su marido. Telmo descubre que Lucía ha decidido quedarse cuando Úrsula le entrega una carta de despedida que ha escrito la mujer.

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