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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 986 - ver ahora
Transcripción completa

Dime que no has yacido con él.

Creí que preferías que no te mintiera.

Ah.

(TOSE)

(LLORA)

¿Está bien, señora?

¿Se encuentra bien?

Auxilio.

Anoche, Ariza me ofreció que me marchara con él.

Ese canalla ha perdido el juicio.

Aseguraba que él podría darme algo que tú nunca me darías.

¿El qué?

Seguridad.

Estaba seguro de que Cristóbal acabará encontrándome.

Marchémonos de estas calles junto a nuestro hijo.

Merecemos poder ser dichosos, Lucía.

Sí, sí que lo merecemos. En cuanto salga del hospital,

comenzaremos a organizar nuestra fuga.

Tiene una vacante para el espectáculo de esta noche.

Me ha ofrecido debutar.

-¿Qué?

Dicen que ha tenido un error de principiante,

algo que un abogado con experiencia jamás haría.

-Lleva muchos años alejado de la profesión,

solo necesita oportunidades para volver a foguearse.

-Pues me temo que no le va a resultar fácil encontrarlas.

A su desprestigio que ya acumula, ahora se le une este nuevo dato.

-¿Cómo dices, Fabiana?

¿Rosina ha estado bailando tangos con el servicio en el altillo?

Esta me va a oír.

-Comercializar aceitunas con el nombre

de Bellita del Campo... -Una servidora.

-...es la mejor idea que he tenido.

Aprovechando el retorno de mi señora,

podemos venderlas como churros.

-Lo siento, don Felipe, pero no va a poder ser.

-¿Cómo que no?

¡Pero ¿quién te has creído! -Don Felipe, que me busca la ruina.

Que me pueden cerrar la pensión. -¡Me importa un bledo!

¡Abre esa puerta! -No puedo.

¡Por el amor de Dios!

¡Me va a ver obligado a llamar a la guardia!

-Mucha mierda.

Sal ahí y demuestra lo que tú vales, ¿eh?

(Aplausos y vítores)

-"Su amigo me ha dado esquinazo".

No comprendo. Es sencillo,

tendrá que responder usted en su nombre.

Va a hacerse cargo de la deuda.

-No le queda mucho tiempo antes de que sus pulmones dejen de funcionar.

¿Y cuánto tiempo me queda de vida?

Unas pocas semanas, no más.

¿Semanas?

Lo siento.

¿Y hay algo que pueda hacer?

(NIEGA)

Bueno, consultaré con otros doctores.

Está usted en su derecho.

¿Pero?

No quiero que se lleve usted engaño o que albergue falsas esperanzas,

el diagnóstico es firme.

Sí, doctor, pero no voy a rendirme.

Dios me libre de querer decirle a usted cómo vivir estos días,

pero yo no los emplearía en buscar una cura a un mal que no la tiene.

Quizá le parezca cruel o inclemente,

tan solo pretendo que,...

una vez haya aceptado su destino, su final sea más sosegado.

Sí.

Puede que lleve usted razón.

Pero si mi tiempo es tan escaso...

Quiero ir a casa a ver a mi hijo.

Tranquilícese.

No, doctor, no voy a pasar ni un minuto más en este hospital.

De acuerdo, la dejaré ir a pesar de que es muy tarde.

Gracias.

Antes de firmar el parte, tengo que hablar con su marido.

Mi marido tardará, ha salido a cenar.

Tiene derecho a conocer el diagnóstico.

La paciente soy yo, doctor, y le ruego que no le diga nada.

No es un asunto sobre el que yo tenga elección.

Verá, es que la salud de mi marido es frágil, doctor,

y una noticia así no sería lo mejor para él.

¿Me está pidiendo que le mienta?

No, no, no.

Se lo diré antes de que venga a pedirle explicaciones,

pero déjeme hacerlo en el mejor momento para él.

(Sintonía de "Acacias 38")

No es justo, senador. A mí me lo parece.

-No puede pedirnos dinero,

ni siquiera somos parte en este trato.

-¿Ah, no?

Su marido ha ejercido de intermediario.

-Él solo le presentó a Ariza. Genoveva,

por favor. -En esta misma casa,

dándole su bendición a ese estafador.

En cierto modo, mi esposa tiene razón.

No niego que yo les presentará,

pero fui tajante al rechazar la participación que me ofrecieron.

No quise aceptar dinero ni ninguna otra compensación.

Mejor para usted que ahora no se sienta engañado como yo.

Quiero mi dinero, el que me prometieron.

-Se lo prometió Ariza.

Genoveva.

De cualquier modo, senador, si fuera como usted dice,

yo sería un estafado como usted;

en ningún caso sería el responsable de su, digamos, pérdida.

Naturalmente que es usted responsable.

Movió Roma con Santiago para conocerme,

para contactarme. Tengo testigos.

-Querer conocerle no es delito, senador.

-Se lo rogó a un honorable juez,

se atrevió a utilizar su apellido, Alday,

un apellido, que en tiempos de su padre

significaba algo, decoro al menos.

¿Quiere que ese juez sepa en qué se ha convertido Samuel?

¿Quiere que sepa que es usted un vulgar tramposo, un rufián?

No siga, senador, se lo ruego. ¿Que no siga?

No cejaré hasta obtener mi dinero.

Hice un pacto entre lo que yo creí caballeros.

¿Y sabe por qué lo creí?

Porque le consideraba a usted uno de nosotros, un señor.

-Eso es un insulto, senador.

-Considérelo como mejor le parezca.

A mí, la verdad, no me parece insultante.

Si su marido no paga, deja de ser un caballero,

y no puede ser ofensa no tenerle por tal.

Dígame, senador,

¿qué consideraría usted una compensación?

No es que yo considere o deje de considerar.

Las gestiones fueron valoradas en 3000 pesetas.

-Dios del cielo. -...y eso es lo que quiero,

ni un céntimo menos.

-¿No irás a aceptar, Samuel?

Él es el estafador ahora.

-Señora.

Tendrá su dinero, senador.

¿De dónde vamos a sacarlo, Samuel?

Dicen que en el altillo se baila. -¿Ah, sí?

(TARTAMUDEA) ¿Quiénes lo dicen?

Se nombra el pecado, pero no al pecador. ¿Sabes tú algo?

-¿Yo?

"Na" de "na", señora.

-Se te da muy mal mentir, así que deja de hacerlo.

¿Se baila esa marranada del tango?

-¿Y cómo quiere usted que lo sepa?

Yo no distingo una "marraná" de otra.

Quiero decir, yo no distingo el tango de la polka.

-Luego se baila.

-No.

-Tú sigue mintiendo, que yo ya ato cabos.

¿En esos bailes del diablo están doña Rosina y su esposo?

-Uy, a buen sitio ha venido usted a preguntar.

Tengo menos memoria que un grillo.

Ay...

Puede que se baile, pero yo ni me fijo, no, no.

-Buenas. Dame El Adelantado, Marcelina.

¿Han publicado algo sobre el escándalo de anoche de don Felipe?

-Ni una palabra.

-Y luego se llaman periodistas. Siempre se dejan en el tintero

lo más jugoso.

-Y menos mal que no se han enterado.

Solo nos falta que el barrio,

ya desprestigiado por los bailes obscenos

de algunos vecinos, cayera a lo más bajo

por las andanzas de un borrachuzo.

-Y usted que lo diga.

En el restaurante, los clientes no hablan de otra cosa.

-El escándalo, doña Felicia,

hay que sumar a la cuenta de don Felipe el pecado del escándalo.

-Pecado no sé, pero algunos dicen que fue delito

y, es posible que detengan a don Felipe

por agresiones y no sé cuántas cosas más.

-¿Sabe usted si han llamado a declarar a Servando?

-"Ya estoy viendo los carteles:"

Arriba, Bella del Campo,

y abajo, Aceitunas de España,

con todas las letras en redondel.

-No está mal, pues.

-¿No está mal, pues? Mira que eres saboría.

Es un hallazgo.

-Si usted lo dice...

-Eres una "desangelá", menos expresiva que un caracol sin aliñar.

¿No has oído cómo se llaman las aceitunas?, Bella del Campo.

-Las ventas están aseguradas.

-No digo yo que no.

-Convence a otra, José, que a los vascos ya los tengo yo calaos,

es más difícil sacarles un aplauso, que devolverle la vida a Lázaro.

-Arantxa, en Argentina no hay olivos.

Y quien dice Argentina dice América. Nos las van a quitar de las manos.

-Que sí, don José, que me hago cargo.

-Ni hay olivos ni hay una Bella del Campo.

Se venderán como rosquillas del santo.

-Claro que sí, señora, comerán aceitunas hasta para desayunarse.

-Ea. ¿Ves cómo la he fascinado?

Pues así todos los americanos.

-Eso sí, uno detrás de otro. Venga, coman ustedes.

Don José, ¿le gustan los arenques salados

que les he preparado?

Salen muy bien de precio. -Sí, sí,

y, con buena voluntad, en la boca se confunden con la mojama de Barbate.

-Arantxa, ¿sabes por qué Cinta no ha acudido a desayunar?

-Claro, porque ya se fue a clase, señora.

-No hay quién la eche el ojo.

Cuando no está en la "bibliothèque", está en la escuela.

No se la ve ni de día ni de la noche.

Cuando la caces dile que quiero verla.

-¿Para qué, señor?

Para contarle el filón de las aceitunas,

bueno, y el fiasco del teatro.

-No. ¿A qué vas tú a darle un disgusto a la niña?

-Es mayor, tiene que saberlo.

¿Nunca ha preguntado por qué desayunamos

arenques, en lugar de mojama?

-Ella no se fija en esas cosas, señor.

-Los estudios la tienen absorbida todo el día.

¿Hasta cuándo creéis que podemos tenerla en Babia?

Ahora que nos hemos asociado con los Palacios,

ya debe saberlo todos. Se enterará más pronto que tarde.

-En eso lleva usted razón,

las mentiras tienen las patas muy cortas.

-Mira que eres exagerada, Arantxa, ni que fueras de Bilbao.

Nadie le ha mentido a la criatura,

solo que no le hemos dicho la verdad.

Tú a callar,

José, que para darle disgustos siempre estamos a tiempo.

-Lo que tú digas, reina mora.

Voy a ponerle un telegrama a Osvaldo,

que lo tenga todo listo para cuando llegue

el primer embarque de aceitunas.

-Que no se le olvide poner a los carros de transporte el nombre.

Bella del Campo, aceitunas de España.

Así, en redondel. (RÍE)

Coma algo, señora.

Con las ganas que tenía de salir del hospital,

¿y para qué?

Casi que está usted más triste aquí que allí.

Déjalo, Úrsula, estoy bien.

Es que no lo entiendo,

(Puerta)

¿por qué tanta melancolía?

¿De verdad está usted mejor? Despreocúpese, Úrsula.

Claro que está mejor. Por algo la han enviado a casa.

Debilidad causada por un poco de anemia.

Eso es todo,

¿verdad, querida?

Desayunemos.

Come.

No tengo apetito.

He dicho que comas.

Ya está usted aquí.

Me hace daño, madre.

Perdona.

-Ve a arreglarte para sentarte.

-¿Cuándo ha vuelto usted?

Anoche, pero ya estabas dormido cuando fui a darte un beso.

-A asearte y a vestirte.

A la mesa hay que sentarse con compostura y arreglado.

Voy con él. Úrsula.

Ya tiene edad para acicalarse solo.

Vengo de casa de tu primo Felipe.

¿Cómo está?

No me ha abierto la puerta por más que he insistido.

Supongo que estará avergonzado por la barahúnda de anoche.

Luego iré yo a visitarle. Ni se te ocurra.

¿Acaso se ha interesado por ti mientras permanecías en el hospital?

Tú vienes de allí, ¿no? Por eso no quiero que vayas.

Estoy harto de que seamos nosotros los que le bailemos el agua.

Y ya te lo he dicho mil veces,

no quiero que salgas sola de casa.

Podría acompa... Cállese.

Se acabaron los escarceos y las salidas.

¿Crees que me he olvidado, Lucía,

te crees que soy un memo?

Tomates. A mi señora se le han antojado los tomates.

Y estaba, bueno...

-Buenos días. -Buenos días.

-Buenos días. -Buenos días.

-Dicen que anoche en estas calles hubo mucha jarana.

-Ya. Don Felipe, que ha vuelto a las andadas.

-Ese hombre nos trae a todos por la calle de la amargura.

¿Eso es achicoria?

-Sí. Hay un puchero recién hecho.

-Ay...

No sabe lo que la echo de menos.

La achicoria es la llave del estómago.

¿Es verdad que don Felipe repartió guantazos

y que las lumias se fueron?

-De cierto, solo sé que el altercado fue con Servando,

no quería que don Felipe entrara en la pensión con las muchachas.

-Qué desastre.

En mi pueblo podría elegir entre el pilón o la Guardia Civil.

-No está descartado que también aquí le busquen a él, los guardias.

-Madre del amor hermoso, don Felipe entre rejas.

¿Sabe si mi suegro está al tanto?

-No lo está, pero lo estará. ¿Se puede ocultar algo en Acacias?

-Solo espero que no le dé por meter baza.

De otra forma, "apañaos" estamos.

-Debería mantenerse al margen.

-"Pos sí".

Y dejar que don Felipe haga de su capa un sayo,

pero mi suegro no está hecho de esa pasta.

Nos tendrá con el alma en vilo.

-Es su buena naturaleza. Poco podemos hacer nosotras.

-No atiende a razones, ni las de su hijo y marido mío.

Antoñito ha dejado a su padre a su suerte.

-Agustina, ¿qué hace aquí?

-No me deja entrar en casa.

-¿Don Felipe?

-Me ha echado a gritos

cuando he llamado a la puerta por mera educación.

Poco le han durado los buenos propósitos.

-Tranquila, Agustina, que será una racha.

-Sí, como la de estos últimos años y aún peor.

-"Vas a entrar en vereda,"

lo quieras o no,

por las buenas o por las malas.

Has alcanzado el límite de mi paciencia.

Eres mi esposa, mi esposa,

y como tal te has de comportar,

no como una fulana. Por favor.

Mi esposa,

fulana y ramera,

como te llamé antes de que te llevaran al hospital.

Pero, por suerte estás casada...

y no podrás darte a la mala vida.

Escúchame,

y usted también, Úrsula,

a partir de ahora, solo saldrás de casa conmigo.

Señor, yo podría... Usted será

la garante de su obediencia.

Suya será la responsabilidad cuando yo no esté en casa.

¿Adónde crees que vas?

A descansar a mi habitación.

¿O tampoco puedo moverme aquí dentro?

Hombre, por lo menos has ido a clase.

-Qué aburrimiento. Es como mirar una noria dando vueltas.

-No te quejes. Mírame a mí, más cargada que una gabarra del Nervión.

-¿Te han preguntado por mí?

-Extrañados de que no acudieras a desayunar.

-Pero has salido airosa, ¿verdad?

-¿Llevan mitra los obispos? Claro que he salido airosa.

A la fuerza ahorcan.

Lo que no quiere decir que me guste mentir por ti.

-Vamos, tata, hoy por mí, mañana por ti.

-Poco tengo yo que ocultar, pero no digo que no,

el que esté libre de mentira, que tire el primer cantazo.

-¿Qué mentiras? Además de las mías, claro.

-No. A ver, es un decir.

-No te pongas tan mustia,

¿qué son un par de embustes comparados con el éxito?

Es que, no sabes lo que es escuchar los aplausos

y verlos embobados con tu arte.

Es como si te alzaran el cielo.

-Y más arriba, supongo, ¿no?

-Lo hice bien, ¿verdad? -De rechupete.

Hasta ganas me dieron de soltar un "grito".

-Qué ganas tenía de echarme a la cara

a lo más saleroso de los tablaos de España.

-¿Lo dice usted de verdad?

-Que me ahorquen si miento.

Eres de lo mejor que ha subido a un escenario desde Bella del Campo.

-Bueno, a ver, son dos estilos la mar de diferentes.

-En eso lleva usted razón, que aquí, la promesa,

se tapa demasiado la cara

y no deja ver su hermosura, como lo hacía Bella,

que mostraba esos dos luceros que tiene por ojos.

-Ea, que sí. Pero hay que innovar,

si no, el público se empalaga

como si fuera miel a cucharadas.

-No estoy yo en contra de la novedad, pero ocultar el rostro...

La belleza hay que mostrarla.

-No es fruto de la improvisación, está todo pensado,

se trata de generar misterio y atracción.

-Y parece que lo has conseguido.

Llamaste la atención de un periodista

que se hallaba entre el respetable

y, El Vespertino publicará una reseña elogiosa.

-Eso será mi consagración como artista.

Pero ¿sabes que la consagración se hace con una hostia?

-Agorera.

-Y no solo eso. El periodista quiere sacarte

unos retratos para seguir publicando.

De hecho, quiere conocerte

y hacerte una entrevista muy amplia.

-Retratos, mis primeros retratos como artista.

¿Qué me pongo, Arantxa? -Ponte mala,

porque va a ser tu única solución. Que te van a conocer.

-Sin retratos.

Que me haga la entrevista, pero sin retratos.

-¿Qué dices, gitana?

El abece de la farándula es que cuantos más retratos, mejor.

-Sí, pero es que yo soy diferente.

-Tú, con todos mis respetos,

eres una aspirante que debería morirse por salir en los papeles.

Diferente, sí, pero aspirante.

-Eh, de eso nada, ¿eh?

La señorita ya es una artista consagrada.

Nada más y nada menos que La dama del misterio.

¿O es que anoche no la vio usted en las tablas?

Luego dicen que no trabajo.

Ya solo con lo que pienso, tengo el cielo "ganao".

¿Dónde habré puesto las herramientas?

No, mejor dicho, ¿dónde habrá puesto ella las herramientas?

Con eso de que lava, de que guisa,

con que hace las habitaciones, ya se cree que tiene derecho a todo.

Aquí está. Me cago en la leche.

-Uy, esa mala leche se te pasaría si bailaras un tango.

¿A qué hora quedamos hoy?

-Sí, para tangos estoy yo. Menuda faena tengo por delante.

-¿No va a subir hoy a dar clase?

-Depende de si la cerradura quiere arreglarse.

-Ah, ya me han contado que has tenido tus más y sus menos

con don Felipe.

-Vamos, que no le solté un sopapo, porque es un señor.

Ese hombre es un orate.

-Con lo que fue el Álvarez-Hermoso.

Lo recuerdo tan galante...

El abogado más prestigioso, un caballero tan galante...

-Tan estirado. -Sí, un poco,

pero eso también le daba su gracia. Murallas más altas han caído.

¿A qué hora quedamos en el altillo?

¿"A qué hora quedamos"?

¿Para qué? -Para nada.

-Servando, que tiene que venir a echarle el ojo a un grifo que gotea.

-Sí.

-Lo que te gotea es la bilis de la mentira.

Lo sé todo, Rosina todito.

Sé que os reunís para frotaros con desenfreno,

que bailáis tan apretados, que las hebillas resplandecen,

que os dais a la perdición.

-Yo no llevo hebilla, que me sujeto los calzones con cuerda.

-Esto se va a acabar como que me llamo Susana.

Se acabaron las desvergüenzas y los achuchones.

Que bailen el tango en Las Indias, pero en mi barrio, no.

-¿Ha dicho tango?

-Por no decir guarrada.

-Nosotros no bailamos el tango.

-Eso no se atreve Rosina a decírselo a su confesor.

Porque te sigues confesando, ¿verdad?

-No sé quién le habrá dicho eso, Susana, pero está muy equivocada.

Se lo voy a demostrar. -¡Eh!

A mí no me haces nada, sátiro.

-Susana, vámonos.

¿No querías encontrarte con Úrsula para preguntarle por Lucía?

-Claro. ¿Y la demostración?

-Otro día, Servando.

-"Dígale que me alegro de que ya esté en casa".

"En los hospitales, uno sabe cuando entra,"

pero nunca cuándo sale. Gracias, se lo diré.

-¿Cómo está su señora?

Parece que le preguntas a don Eduardo. ¿Cómo está Lucía?

Mucho mejor, gracias.

-¿Qué tenía?

Cansancio, como consecuencia de una leve anemia,

nada que no se cure con reposo. -Me alegro una barbaridad.

-Esta misma tarde iremos a visitarla.

Disculpen, pero será mejor que lo dejen para más adelante.

Ahora necesita descansar.

Descansará, ni que fuéramos a ir acompañadas de una rondalla.

-Ya te gustaría, picos pardos.

-Buenas.

Lolita ha oído en la mantequería que Lucía está mejor.

-Nos alegramos un arroba. Gracias, se lo diré.

-Y añada también que mañana la esperamos en misa de ocho.

-Tengo que marcharme. Un placer, señoras.

Y caballero.

Con Dios.

-De placeres sabe mucho esta.

-¿Han oído lo de don Felipe?

-Ay, que me he "dejao" las legumbres en la lumbre.

-Entonces, tendremos que ir.

Además, tenemos la reunión esa con el, el...

-Lo de las alubias no me lo trago, pero lo de la reunión, mucho menos.

Una reunión, ¿con quién?

Lo de don Felipe va a más.

Mi señor ha ido a verlo esta mañana y no le ha abierto la puerta.

A saber qué estaba haciendo ese crápula.

Doña Lucía y don Eduardo ya no saben cómo ayudarle.

Como que se iba a dejar.

-Vamos a la terraza a despellejar.

Hace una mañana espléndida para seguir despellejando.

Yo invito.

No se moleste, doña Rosina, pero me es imposible acompañarlas.

Tengo obligaciones.

Claro, usted se debe a sus labores. Pues a ganarse el jornal. Con Dios.

Con Dios.

-Has dicho que invitabas. -Era para darle énfasis.

¿Cómo está? Venga conmigo.

Era solo una anemia de poca monta. No tiene que preocuparse.

Lo peor está en casa.

Debe saber a qué atenerse.

Bien.

Bien, muy bien. Gracias.

Con Dios.

Señores, esto está en candela.

Las aceitunas nos esperan en sazón

y el notario con la pluma en ristre.

-Me gusta ir al notario. Será la primera vez.

En Cabrahígo se va al notario cuando hay problemas de lindes,

y en mi casa, lindes pocas. No teníamos ni corral.

-En mi casa igual, solo lindábamos con el cielo

y con la escarcha.

-En cuanto firmemos,

serás copropietaria de una empresa de aceitunas.

-Y no de cualquier aceituna.

Aceitunas Bella del Campo, arriba y, abajo, Aceitunas de España.

En redondel.

-¿Ha avanzado usted en el rubro de la distribución?

Me gusta que haya palabras así tan "complicás" en las empresas.

-He puesto a trabajar a mi gente en la Argentina.

Mi hombre de confianza tiene las tartanas para recoger el cargamento

y repartirlo.

-Y en mi pueblo están aderezando los toneles de olivas.

Les he dicho que echen bien de romero y ajo.

-¿Y usted,

qué, mi alma?

-He alquilado un almacén para poder guardar los envíos del campo.

Ya tengo los envases.

De primera calidad.

-Como se merecen las aceitunas Bella del Campo,

y abajo,... La aceituna de España.

-En redondel, todo muy llamativo.

-Sí, señor. -(RÍEN)

-Y pensar que el mundo va a conocer Cabrahígo.

-Y que nos vamos a comer el mundo entero.

-Y el mundo entero se va a comer nuestras aceitunas.

A celebrarlo. Vamos a brindar con un jerez.

-Un gran cambio en sus actividades, ¿no, don José?

-Radical, don Antoñito.

-Aunque me parece buena idea,

y eso nos ha permitido a Lolita a y a mí poder invertir,

no deja de llamarme la atención que teniendo un teatro,

diversifiquen tanto su negocio.

-Ya ve, ya ve cómo son las cosas.

Uno, que es un culo inquieto.

Tampoco voy a ocultarle

que el teatro no va todo lo bien como nos gustaría.

-Anda. Ahora les puede ir mejor,

si con la entrada usted les puede regalar unas olivitas.

-Mira la Lolita, qué "resalá".

(SONRÍE)

-No recelen ustedes,

que nos va a ir bien, que yo tengo ojo para los dividendos.

-Más nos vale.

Bueno, es que lo hemos puesto casi "to" en el lance.

-No se preocupe, que haremos perras.

Por las aceitunas Bella del Campo.

-Ea. -Las aceitunas de España.

-Ahí está. En redondel.

(RÍEN)

¿Se lo ha dicho ella?

No podía ocultármelo.

Soy yo quien le está cubriendo las espaldas.

Siempre le estaremos agradecidos.

No habrá agradecimientos, porque no van marcharse.

Nadie puede impedirlo.

¿Sabe lo que haría don Eduardo?

No pararía hasta dar con ustedes y, desde luego,

yo no voy a ayudar a un suicidio.

Nada nos detendrá.

Debería hacerlo el sentido común y la cordura.

Esto es una infamia.

No me importa decirlo, pero esta fuga es inmoral.

Quiéranlo o no, Lucía está ligada por matrimonio.

Pero no por amor. Eso no cuenta en este mundo.

El compromiso del matrimonio es ante los hombres y ante Dios.

Lo único que librará a doña Lucía de don Eduardo es la muerte.

Nos iremos, Úrsula, hágase a la idea.

En cuanto recupere las fuerzas, nos marcharemos los tres.

Tiene que organizarnos un encuentro.

No, no puede pedirme que haga eso, no lo haré.

Se desatará la tormenta.

Voy a ver a Lucía, nos ayude o no.

¿O quiere que este asunto se complique?

(Música)

Esto no es un tango.

-¿Cómo lo sabes, si no has bailado ni un tu boda?

-Porque parece un vals, y un vals no es sicalíptico,

lo bailaba hasta la emperatriz Sissi.

-¿Ve como no se puede hacer caso a todo lo que se oye?

Nosotros somos más católicos que el papa de Roma,

más católicos que usted, y nunca bailaríamos con picardía.

-Tienes un rostro de granito, Servando.

¿Vas a permitir que tu bailarín siga intentando dármela con queso?

-Susana, nosotros bailamos así. -¿Ah, sí?

Qué equivocada estaba.

Y yo barruntando que esto era un lupanar.

Quita, quita, Susana,

si así se puede bailar hasta en la catequesis.

-¿Ve como no era para tanto? -Y no solo en la catequesis,

es que también lo podría bailar yo.

-Ay, calla, calla, mujer.

-Que sí, ya verás.

Como es un baile tan, digamos, elegante,

no os importará que asista yo también a esas clases.

Será muy ameno, que digo ameno, tronchante.

-No siempre es así.

Hoy, porque Servando y yo estábamos inspirados,

pero la mayoría de las veces, se nos va el tiempo en pisarnos.

-Yo os enseñaré a llevar los pasos sin peligro para los juanetes.

-Yo no tengo juanetes, guapa.

-Por eso bailas tan bien.

Servando,

que suene de nuevo el gramófono. Tranquilo, ya lo pongo yo.

Servando, ¡bailar!

Mi José, lo que está pasando para sacarnos unas perras.

-¿No va bien lo de las aceitunas?

-Viento en popa,

pero ya sabes lo de ley que es para todo.

Ha mentido a los socios cuando le han preguntado por el teatro,

y eso le lleva a mal traer.

-Sí que es de ley, sí.

-No quiere que se enteren de que estamos en la ruina.

-No exagere, señora,

que tenemos patatas para cenar.

-Ponles mucho pimentón, que engañen.

Se me abren las carnes cuando pienso en nuestro teatro.

-Señora, mírelo por el lado bueno:

que no ha habido que lamentar desgracias.

-Eso sí. Y los trabajadores han quedado bien cumplidos

con la indemnización.

Pues, hale, lo que se arregla con dinero, no es desgracia.

-Eso lo dirás tú.

A mí sí me parece una desventura

que de aquel teatro en el que metimos todos los ahorros

de una vida solo queden cenizas.

-Arantxa, mira, ahora sí que el mundo conocerá el arte.

-¿Qué arte? -El de Arantxa con los pucheros.

¿Eso que huelo son patatas hervidas?

-Con mucho pimentón.

-Me encantan las patatas a lo pobre.

-No nombres a la bicha.

-Era un decir. ¿Qué le pasa?

-Nada, que con tanto machaque,

se me ha metido una cáscara de almendra en el ojo.

-¿Por qué está así?

-Jesús, por la Virgen de Aránzazu, yo qué sé, pues, oye.

A mí todo Cristo me pregunta,

como si yo supiera lo que cada uno se trae entre manos en esta casa.

-Ya me enteraré. Mira.

-¿Qué, buena crítica? -Me la sé de memoria.

"La bailaora más conocida como La dama del misterio,

ha captado el embrujo de las tierras andaluzas".

"Verla en el tablao era como pasar una noche embriagadora

en la Alhambra, como sentir la brisa de la bahía de Cádiz...".

-Esconde eso, no nos vayan a pillar, que la tengamos.

-No puedo esconderlo, si mi padre siempre lee El Vespertino

mientras que arremete contra los camarones del aperitivo.

-Poco va a pelearse con los camarones.

-¿Qué? -No, que se lo des a tu padre

para que no lo eche en falta.

-Arantxa, que digo yo que si no hay chirlas para las pata...

¿Se puede saber qué haces?

-Recortar.

-Tengo ojos en la cara, Arantxa. ¿Qué recortas?

-Este artículo.

Madame Olenka me lo ha pedido para hacer un trabajo.

-Yo recortaba mucho cuando hablaban de mí.

Tengo un álbum lleno de artículos de periódico.

Es tan gordo, que parece la Biblia en verso.

-Lo mío no es tan entrañable,

solo es un artículo del Expresionismo.

-Qué disparates enseñan en las escuelas de señoritas.

Pero en fin, si sirven para cazar diplomáticos.

¿Me acompañas a dar un paseo y así luces palmito?

-Sí, por supuesto.

-Pues vámonos a caminar por lo regado.

Y si vemos a algún caballero, tú, la boca callada,

nada de hablar del "expresinismo" ese,

que ser muy listilla suena a machorra.

¿Soy yo? Es precioso.

No, cariño, gracias a ti.

Tienes verdadero talento.

No soy quien para dar consejos, pero si me permites uno,

quédate así para siempre, tan ingenua y bonita como eres.

¿Yo?

Bien, gracias.

Aunque si no fuera por ti, debería contestar que sin amigas,

solo tú me aguantas.

Y eso que no está tu madre,

que me extraña que no haya venido a separarnos.

Para muestra vale un botón, y bien lo sabes tú, que has sido sastra.

Ya los has visto bailar con más distancia entre los otros,

que el estrecho de Gibraltar,

¿A qué vas a seguir tragándote bailes? ¿Qué pasa?

-¿Qué pecados le estará enseñando esa buscona a la muchacha?

Camino, hija, ven,

que parece que se ha levantado una brisa fresca.

Ya sé que tu alma es pura, pero para conservarla así,

no puedes juntarte con cualquiera.

El pecado es como una culebra,

que se mete hasta por las más pequeñas rendijas.

Y esa mujer con la que hablabas, rezuma pecado.

-¿Qué se cuenta lo más granado de estas callejas?

-Ahí ha acertado usted, que tenemos para contar lo que Dios no sabe.

-Hala, hija, para dentro.

-¿Qué van a tomar las señoras?

La señorita también, claro.

Chocolate con tejeringos para todas.

El chocolate, más espeso que un ladrillo catedralicio.

-Eso está hecho,

aunque la señorita debería tener cuidado con el chocolate.

Para alguien tan fino, es un poco pesado.

-No más que algunos camareros.

-Tendrían que ver lo que les enseñan a las señoritas, "expresinismo".

-Expresionismo, madre.

-¿Lo ven?

Qué cosas, ¿eh?

En fin, que no quiero yo que se pasen con eso de la cultura,

que luego, más que una señorita casadera,

me va a parecer un catedrático.

-Mientras no parezca un catedrático casadero.

-Ay, hijo, qué "salao" eres.

-Hijo, tráeme lo que merienden las señoras,

que voy a tomarme un descanso. -Otro ladrillo para la jefa.

-Me alegro de que pueda merendar con nosotras,

porque quería hacerle unas recomendaciones.

-¿Por la niña? Ya me lo ha contado.

-Entonces, debería estar usted más atenta a esa relación.

Algunas no tan bien pensadas como nosotras,

podrían creer lo que no es.

-Se lo tengo dicho,

nada de hablar con doña Genoveva, excepto hola y adiós,

pero, qué quieren, la muchacha se aburre.

-Hay diversiones que matan.

-Aunque no lo crea,

gente de postín no tiene reparos en reunirse con los Alday.

-Poco postín será el que gasten.

-¿Un senador le parece poco?

-¿Tiene relaciones con un senador?

-Dicen algunos vecinos que le visita en casa.

-El Alday, que sigue sacándole lustre a su apellido

sin vergüenza alguna de cómo lo ha arrastrado por el suelo.

-Si no callan, puede que hasta las oiga.

-Qué hombre más estirado,

ni que se hubiera tragado el remo de una barca.

-Algo me huele a chamusquina en esa casa.

Lolita ha apalabrado la cosecha de aceitunas

con sus conocidos de Cabrahígo, y se encarga de la sazón.

Yo organizo el almacenaje,

los permisos de exportación y el embarque.

Y José Domínguez se encarga de la distribución en América.

-Una iniciativa excelente. Te felicito.

-Todo lo he aprendido de usted, padre.

-Como se dice, has superado al maestro.

¿Quién manejará en Argentina el producto y las cuentas?

-El hombre de confianza de José. Es un lince, eso dicen.

-Entonces, todo atado. Enhorabuena.

-Buenas tardes. ¿Puedo acompañarles en el paseo?

-Eso ni se pregunta. Es más, quería hablar con usted

sobre Felipe. -Déjelo ya, padre.

-Fui a ver a los Sahagún para no basarme solo en rumores.

Le despidieron hace días.

-¿Días?

-Ha estado fingiendo que seguía trabajando.

Esperemos que no vuelva a los malos hábitos.

-Pero eso no es asunto suyo, padre, cada uno vive como quiere.

-O como puede.

Ese hombre le desprecia, padre, déjelo a su libre albedrío.

Si no se aleja de él, le arrastrará consigo.

-No puedo, hijo, fue mi amigo y siempre lo será.

Al menos, yo lo consideraré como tal.

-Mataste a mi mujer...

y has terminado con mi nombre, asesino.

Doy gracias a Dios por tenerte otra vez entre mis brazos.

¿Qué ocurre?

¿Te ha hecho algo tu marido?

¿A Mateo? No.

Habla, por el amor de Dios.

¿Por qué evitas mis besos, por qué callas?

Tienes que confiar en mí.

Ni siquiera te atreves a mirarme.

¿Te has arrepentido?

Es miedo, ¿verdad?

Solo miedo.

No hay nada que temer.

Seremos felices los tres.

Mira.

He localizado un lugar, en Levante, en la costa,

donde el clima es moderado y suave todo el año.

¿Qué lugar? ¿Cómo se llama?

Es un pueblo de pescadores, un pueblo perdido,

allí nadie nos molestará.

Se llama Benidorm.

Allí, Mateo podrá jugar y crecer junto al mar.

Y los tres podremos vivir felices

entre gente sencilla y agradable.

¿Qué más podemos pedir?

Parece idílico.

No parece, lo es.

Será nuestro paraíso.

Dime qué te preocupa y lo solucionaremos.

No, no tiene solución.

Es, es la emoción

de saber que muy pronto estaremos los tres juntos y lejos de aquí.

Pronto y para siempre.

"No te estoy culpando".

Lo sé. No te necesito para eso, ya me culpo yo misma.

Dijimos que el pasado jamás se interpondría entre nosotros,

que los dos llegábamos al matrimonio libres de pecado.

Me temo que no estaba en nuestra mano decidir eso.

Ya lo has visto.

Siempre arrastraremos nuestros errores

o nuestros errores nos alcanzarán, como Ariza.

Olvídalo.

Precisamente ahora es cuando no podemos olvidarlo.

Le obligaré a que pague su deuda con el senador.

Tengo malas noticias, Genoveva.

Ha desaparecido.

Ha dejado la cuenta del hotel sin pagar,

he ido a todos los locales que frecuentaba.

Nada, ni rastro.

Maldita sea, ¡ha desaparecido!

Jamás daremos con él.

No pierdas los nervios.

Tendremos que apechugar.

El senador no aceptará un no por respuesta.

Debemos pagarle.

¿Cómo, Genoveva, cómo?

No sé cómo haremos frente a la deuda, no tenemos el dinero.

No es nuestra obligación abonar deudas de otros.

No. A ser sinceros, no.

Pero para ese hombre somos los avales de Ariza,

o cobra, o tendremos que atenernos a las consecuencias.

Gracias por facilitar la salida de Lucía... para nuestro encuentro.

Yo no he tenido nada que ver. Lucía me engañó.

Sabe que no apruebo lo que están haciendo.

No puede decir eso.

Tiene que ayudarme a que nos podamos fugar.

Le quiero como a un hijo, pero no puede pedirme eso.

(SE QUEJA)

¿Sabe algo de Felipe?

-No, nada bueno.

Antes me pasé por su casa, pero no me abrió la puerta.

-¿Se encuentra bien? -Lo ignoro.

-Voy a tener que arrepentirme de haberle conseguido ese trabajo.

Es peor el remedio que la enfermedad.

-No se culpe de todos sus males.

Ya es mayor y responsable de sus actos.

"Vamos a ir con madre a probarla al mar, me lo ha prometido".

-¿Adónde?

-No me acuerdo de cómo se llama el pueblo, pero está en Levante.

¿Cómo te ha ido en el banco?

Mal.

No me han concedido el crédito. Malditos.

¿Qué vamos a hacer, Samuel?

Un baile de lo más respetable. -Sí que lo es, sí.

-Claro. Por eso, si te apetece ir a dar un paseo, ve a pasear.

-Con el frío que hace fuera, mejor estoy aquí.

Me gusta tanto veros bailar un baile tan digno y tan respetuoso,

como los que danzábamos nosotros cuando yo era joven.

-Pues nada, voy a beber agua,

que aunque sea una danza tranquila, cansa.

Nada, que no se va.

-Voy a ver si la convenzo.

Por cierto, ¿están seguros que en Argentina van a saber

que las aceitunas vienen avaladas por Bellita?

Porque si no, podemos contratar publicidad.

-Eso déjelo en mis manos.

La guinda del proyecto es mía, no se preocupe.

Voy a ver si le ocurre algo.

Don Eduardo le ha prohibido salir.

Soy la única familia que le queda y tengo que saber si está bien.

Por favor, espere a que regrese su esposo.

Además, se ve que la que no está bien es usted.

No, yo estoy perfectamente, lo mío es una tontería.

Señora, siéntese, por favor.

Siéntese.

Se ha desmayado hace unos minutos y ahora otra vez.

Por favor, repose un rato. Si más tarde se siente mejor,

yo la cubriré para ir a visitar a su primo.

"Yo te lo habría mantenido" oculto pero tu padre manda.

-Nuestro teatro se ha incendiado.

-¿El... de Buenos Aires? -No tenemos otro.

En realidad, ya no tenemos ninguno.

Cenizas y poco más.

-Tenemos que ganarnos la vida de otra forma.

Y hemos montado una empresa para exportar aceitunas a Buenos Aires.

-Aceitunas Bella del Campo. -¿Tenemos aceitunas?

¿Desde cuándo? -Desde ahora.

Somos aceituneros.

La imagen de tu madre nos va a servir para vender aceitunas

en toda la Argentina.

-Pero estamos arruinados, eso es horrible.

-No es la primera vez que nos arruinamos ni será la última.

A las penas, "puñalás".

Y tú a concentrarte en los estudios.

-Y nosotros, a vender aceitunas.

¿Y mi esposa?

Ha tenido que salir.

Se lo prohibí.

No ha tenido más remedio.

Ha sido por su primo don Felipe.

Maldito irresponsable. ¿Qué le ha ocurrido esta vez?

No se sabe. Se ha encerrado en su casa y no abre la puerta a nadie.

Doña Lucía ha ido a ver si está bien.

Piensan que haya podido cometer una locura.

No demos más rodeos y vayamos al grano.

Verá, me cuenta pedirle esto, pero necesito un préstamo.

¿Es mucho dinero?

En este momento, para mí sí. Necesito 3000 pesetas.

No es una cantidad para llevar en el bolsillo.

-"Las casualidades no existen".

Lucía y Telmo planean algo.

No diga eso, señor.

Necesito que me ayude.

Que sea mis ojos

y mis oídos en esta casa.

Que me cuente todo lo que ocurra.

Felipe, soy yo, ábrame.

Felipe, estoy preocupada por usted, ábrame.

(Llaman a la puerta)

Felipe, yo también le necesito.

También tengo problemas y echo de menos a Celia,

para pedirle consejo y contrale mis preocupaciones.

Pero solo le tengo a usted y usted me tiene a mí.

Ayúdeme, por favor.

No me deje sola, Felipe.

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Acacias 38 - Capítulo 986

05 abr 2019

Lucía oculta su grave enfermedad a Eduardo. Él sigue sin olvidar su última discusión con ella y le prohíbe salir de la casa si no es con él. Úrsula previene a Telmo de lo peligroso que es verse ahora con Lucía, pero él consigue encontrarse con ella y le promete que ambos escaparán juntos de Acacias, y Lucía no se atreve a decirle nada de su enfermedad.
El senador amenaza a Samuel, que se compromete a responder por la deuda de Ariza. Pero todo apunta a que Ariza ya está lejos de España.
Felipe está encerrado en su casa tras el escándalo del día anterior, ni siquiera deja entrar a Agustina. Ramón sufre al ver así a su antiguo amigo y busca con Liberto la forma de ayudarle.
Jose intenta contarle a Cinta su nuevo negocio de aceitunas, pero la muchacha parece demasiado ocupada con los estudios. Aunque en realidad Cinta sigue adelante con los ensayos y está a punto de ser descubierta cuando el dueño del Cafetín le pide posar para un periódico.
Susana se manifiesta en contra del tango en el barrio y Rosina y Servando tienen que disimular.

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  1. Mabi

    Pregunto.... ¿ Porqué una semana se puede comentar debajo del capítulo del día y otra no? ¿Es solo a mí en mi servidor de Argentina que sucede ésto o es así desde la misma página de tve a la carta?? Estaría buena una respuesta de parte de los responsables. .

    12 abr 2019
  2. Mabi

    Cap. 990 jueves 11/4. Un conmovedor capítulo el de hoy, el desgarro de Don Ramón al contarle a Felipe como habían sucedido los hechos y el desconcierto de éste al no poder dar crédito a la escuchado y la excelente actuación de Juanma Navas y de Marc Parejo, me han hecho pensar, en cuántas disculpas tendrán que dar varios de los que aquí comentan, cuando sin darle tiempo al tiempo de resolución a ésta trama que parecía inconclusa, dieron por sentado que nunca nos enterariamos como había muerto en realidad tanto Trini como Celia. En un comentario anterior mio, me jugué a decir que Felipe lo comprendería puesto que él mismo veía como su mujer se afanaba en el cuidado de Milagros, sin importar su intromisión en casa ajena y desobedeciendo las órdenes del padre. Así fue como pasó... Otra escena que me llegó fue la despedida de Lucía y Ursula, y dejando de lado todo el mal que antaño hiciera, ese abrazo entre las dos transmitió afecto y ternura; felicitaciones a Montse Alcoverro y Alba Gutiérrez.

    12 abr 2019
  3. Mabi

    Cap. 988 y seguimos en la misma...a comentar aquí si no hay otra posibilidad... Gracias a la inteligencia de Carmen podremos ver a Don Ramón contándole a Felipe lo mal que estaba Celia, cosa que él mismo sabía al querer ponerle freno en su obsesión con Milagritos; ojalá el Señor Palacios pueda hacer recapacitar a Felipe por el bien de ambos y en nombre de su gran amistad. Que hermoso es Mateo y que dulzura tiene ese niño al hablar con su madre... pero lo que más me gustó fue como se interpuso ante Eduardo cuando quiso golpear a Lucía...Qué estará pasando con Cesáreo, que Servando puso tanto énfasis en no querer que las criadas vayan a visitarlo al otro destino de sereno ???? Muy bien por Jose al " desasnar" a Servando de que en Buenos Aires no andábamos con taparrabos por aquellos años y ya era catalogada como la capital más cosmopolita de la época.

    10 abr 2019
  4. Marga

    No debemos olvidar que el panorama que estamos viendo es de... Hace por lo menos 106años, más de un siglo!!! Que "sujetos" como el tal D.Eduardo... ,en matrimonios por necesidad, caso de Dña. Lucía, o por interés, caso del "frustrao" y amargao marido..no serían tan extraños!!! Bien por los guionistas... Que no solo queda representada la época en decorados, indumentaria, vocabulario,... sino también en los comportamientos humanos. De lo contrario perdería la gracia la serie. Igualmente sucede con el personaje Susana, esa hipocresía... Del que más habla es el que más debe callar... En la actualidad... ,No se ha extinguido, ni de lejos!! : )

    09 abr 2019
  5. Marga

    Perdón, salen tildes, que yo no he puesto, donde no corresponden. !!Las cosas de la tecnología!!

    09 abr 2019
  6. Marga

    Pero que, si los reúnen, que no se lleven a padre e hijo lejos..., ( Cómo otras veces). Que nos dejen verlos disfrutar!! Ellos se lo merecen y los seguidores también. Está pareja y su hijo deben permanecer en la serie, por favor, guionistas o quién corresponda tal decisión!!!

    09 abr 2019
  7. Mabi

    cap. 987 Lunes 8/4. ¡ Ha vuelto la mirada siniestra de Úrsula !!! poca vida le auguro a Eduardo, si sigue en la postura de insultar y pegar a Lucía y a Mateo; si antaño por cosas menores ella hacía pasar a mejor vida a otros personajes, a éste con más razón !! y aunque lejos estoy de la justicia por mano propia.. en éste caso y tratándose de una ficción, anda Úrsula y dale un escarmiento a éste ser despreciable por donde se lo mire. Y seguimos con Susana y su hipocresía... por lo menos Rosina y Liberto están dejando ver que ya los tiene hartos con tanta mojigatería santurrona y algunos " puntitos sobre las ies " le van poniendo.

    09 abr 2019
  8. Ana

    Totalmente de acuerdo con Liliana!. esto de matar a diestra y siniestra y mandar lejos a los que se casan... es ya muy trillado, hay mas recursos seguramente para continuar con una trama interesante. Por favor enseñar a Cinta a bailar, a usar las manos al bailar!!! Susana insoportable... de terror!!! y alguna vez pueden pasar cosas buenas en Acacias??? o todo sempre debe ser tan malo?? por ejemplo las parejas podrian tener hijos como en esa epoca era... tal vez no mostrarlos en la serie pero que hablen de sus hijos, que se sepa que son matrimonios normales en ese sentido. Y que no le ronda ninguna tragedia! simples niños y ya.

    08 abr 2019
  9. carmela

    " Susana esta aburriendo un poco por lo repetitivo de sus opiniones sobre la moral, y otros temas.El marido de Lucía esta enfermo, tendría que dejar viuda a Lucia para que se vaya con Telmo y el hijo a vivir donde les de la gana. Me agradaría que entren personajes nuevos con una importante historia historia. Felipe es como una Iglesia vacía, (No tiene cura).pero en una novela todo tiene solución, queda en manos de los guionistas para cambiarle la vida con mujer y todo. ¡¡¡Felicitaciones a todo el elenco y todos los que intervienen en la novela!!!

    08 abr 2019
  10. Mabi

    Quiero aclarar que mis comentarios sobre Susana, son solo al personaje, como actriz Amparo me encanta . Solo opino sobre los personajes y éste en particular hace quedar al resto como niños asustados ante las reprimendas...

    07 abr 2019