www.rtve.es /pages/rtve-player-app/2.17.1/js/
5116424
No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 984 - ver ahora
Transcripción completa

-Espero, por el bien de los dos, que haya conseguido algo.

Vengo de cenar con un antiguo amigo de mi padre,

ha accedido a ponerse en contacto con el senador,

pronto lo conoceré en persona.

Lucía, ¿te encuentras bien?

Estás pálida como la cera.

No, no ha sido nada, una ligera angustia.

-Te he preparado una pancarta, para ir a protestar contra el tango.

A nosotras nos corresponde impedir

que este barrio se hunda ante la lujuria y el sacrilegio.

Que mi amigo tiene mucha prisa por empezar a explotar esas minas

y está dispuesto a agradecer generosamente

a todo el que le ayude a agilizar sus gestiones.

¿Cómo de generoso sería su amigo?

Muy generoso.

Empezamos a entendernos.

-¿Cómo voy a aprender a bailar si no lo imparten en ninguna academia?

-Practicando en casa, Rosina.

Mira...

lo que te he comprado.

-He ido al cafetín y he hablado con el dueño,

y me ha dado permiso para hacer una actuación.

-¿Cómo bailaora o como cantante?

-De palmera.

-Ayer recibí un telegrama de Osvaldo, una catástrofe.

El teatro de Buenos Aires se ha quemado.

Me gustaría pasar un rato con mi hijo y...

con Telmo.

No es prudente, está usted arriesgando demasiado.

-Ha llegado el momento de que os cuente qué sucedió aquel aciago día.

-Sin la renta del teatro, ¿de qué vamos a vivir?

-Yo qué sé.

-Celia estaba empezando a perder el oremus.

-Ni usted... ni nadie va a impedir que yo me lleve a mi hija.

-Aléjese de la cuna.

-No.

-¡Aléjese de mi hija! -(GRITA)

(GRITA) -¡Celia!

Mi único delito...

fue impedir que Celia se llevase a Milagros.

Si se descubre su adulterio

con el antiguo párroco,

no lo dude, terminaría usted en prisión.

Nadie le perdonaría algo así.

Por Dios,

piense en Mateo.

Yo, desde luego, no estoy dispuesta

a participar en este disparate.

¿Tiene hambre?

Gracias, pero estoy bien.

Solo quiero un vaso de agua, si es tan amable.

¿Seguro que prefiere ese triste vaso de agua a un poquito

de queso de oveja, un chato de vino de La Rioja y mi compañía?

Invita la casa.

¿Puedo, entonces? Por favor.

¿Por qué es tan amable conmigo?

Debe ser defecto profesional.

Mi madre nos ha enseñado que debemos preocuparnos

por el bienestar de nuestros clientes, físico y mental.

Sobre todo lo segundo, intuyo.

Uno viene aquí... en busca de consuelo a veces,

de refugio, y con los problemas dando vueltas en la cabeza.

Una mujer muy sabia, su madre.

Sirviendo mesas se entera uno de lo que le pasa a sus clientes.

Bueno, de todo lo que le pasa a todo el mundo.

Este siempre ha sido un barrio muy de pegar la hebra.

Ya veo, por eso me enteré de su historia.

¿De mi historia? De que era párroco,

de que lo dejó por amor,

de que lo acusaron de algo que no había hecho

y de que ha vuelto para demostrar su inocencia 10 años más tarde.

Sí, he vuelto por eso, pero lo he hecho tarde.

Disculpe, ¿no tiene mesas que atender?

¿Y Mateo y Lucía? No van a venir.

¿Por qué?

Lo cierto es que no la he ayudado en su coartada

y por eso no ha podido escaparse.

¿Y por qué ha hecho eso?

Porque prefiero que sufra ahora de golpe

que no alargar su agonía. No creo que sea asunto

que tenga que decidir usted.

Lo que están haciendo es una insensatez, ¿no se da cuenta?

No lo podemos evitar.

Sí que pueden. Tienen que hacer un poder.

Llevamos toda la vida haciendo un poder...

para matar nuestro amor y no hemos podido.

Nos queremos.

Nos queremos desde el primer momento que nos conocimos,

esa es la realidad.

No. La realidad es que doña Lucía está casada con don Eduardo.

Y él deberá aceptarlo.

Nunca lo hará.

Terminará desatándose una desgracia,

una terrible tormenta.

¿Por qué dice eso?

¿Qué ocurre? ¿Qué ocurre con Eduardo?

Úrsula, quiero saber la verdad,... la verdad sobre ese hombre.

(Sintonía de "Acacias 38")

-¿No se lleva una botellita de vino?

Me han traído uno gallego que entra como la seda.

Bueno, este yo no lo he probado. -No, déjalo, Lolita,

desde que mi señor empezó a trabajar, no prueba el vino.

-¿De verdad?

-El alcohol no le sentaba nada bien últimamente,

y lo ha dejado.

-Me alegro, me gustaría mucho que don Felipe levantara cabeza.

-Lo está haciendo,

ha habido un cambio de actitud en él.

No bebe,

se pasa horas metido en su despacho trabajando,

y ha recuperado el orden en su vida, con sus comidas,

sus paseos, su tranquilidad.

-Eso está requetebién.

Que pese a "to", le tengo aprecio,

ha sido mucho tiempo a su servicio.

-Al final, son como de nuestra familia,

y una sufre lo mismo cuando algo les ocurre.

-Uy.

¿A ti qué tripa se te ha roto?

-No paro de darle vueltas a lo que nos contó mi padre,

a lo que pasó realmente con doña Celia.

-La verdad que yo tampoco.

Sabía que tu padre no era un asesino,

pero alivia oírselo decir de su boca.

-Todo fue un accidente.

-Yo ya sabía que Celia estaba rara con Milagros,

¿te acuerdas que te lo contaba? -Algo hacía ruido

cada vez que venía a casa.

Mi padre fue el primero en darse cuenta.

-Yo no sé qué hubiera "pasao" si se hubiera "llevao" a la niña.

Una desgracia.

-Esa mujer perdió el oremus cuando perdió a su criatura.

-Ya, muchas pérdidas había tenido, y esa última

no lo pudo soportar su cabeza.

-No sé por qué mi padre no se lo cuenta a los vecinos.

¿Por qué callar algo así?

-Pues no lo sé, pero me da coraje no poder gritar que es inocente.

-Espetarles a todos lo mucho que se han equivocado con él.

-La gente seguirá pensando que es culpable.

-Y un asesino.

-¿Qué vamos a hacer cuando veamos el desprecio de la gente?

-No lo sé, Maritornes, pero tendremos que hacer un poder,

porque él se niega a contárselo a nadie.

-Pues vaya faena, ¿eh?

No sé si voy a poder morderme la lengua, así te lo digo, es injusto.

-Sí podrás, Lolita, porque es la voluntad de mi padre

y debemos respetarla.

-Pues lo haré,...

pero eso no quiere decir que me guste.

-"Señá" Carmen, ¿se encuentra usted bien? La veo muy mohína.

-Solo estoy cansada.

-La verdad es que no me extraña,

últimamente tiene mucho ajetreo en casa de su señor.

-¿Ajetreo?

-¿Quién era ese hombre que salía de casa de don Samuel?

Parecía la mar de importante.

-Sí, eso parece,

creo que es un político del gobierno o algo así.

-Madre del amor hermoso, ¿del Gobierno de la Nación?

Hay que ver lo bien "relacionao" que sigue don Samuel,

y eso que han "pasao" muchos años "ende" que vivió su esplendor,

pero ahí lo "tie", "rodeao" de buenas amistades.

-¿Se puede? -Arrea, don Ramón,

¿qué hace usted aquí?

-He venido a hablar con Carmen.

¿Molesto?

-No.

-Bueno, pues yo me voy a marchar,

les dejo solos.

-Hacía mucho que no venía por aquí.

-No se ha perdido usted nada.

¿Quiere un té o un poquito de achicoria?

-No, gracias.

Lamento molestarte en tu hora de descanso.

-¿Mi hora?

Diez minutos tengo.

-Entonces no me queda más remedio que ser breve. ¿Me puedo sentar?

-Sí, claro.

-He venido a pedirte perdón.

-¿Cómo? -Fui injusto contigo,

no te traté bien el otro día cuando te dije

todo eso que te dije.

-No, don Ramón, yo no debí insistirle en hablar tanto

de un tema del que usted no quería hablar.

Vamos, que no debí entrometerme. -Me alegro de que lo hayas hecho.

Me di cuenta de que

tenía que haber hablado antes con Lolita y con mi hijo

y, además, ahora ya sabes la verdad.

Me alegra también poder compartirla contigo.

-Yo también me alegro.

-Entonces, ¿todo arreglado entre nosotros?

-Sí.

-Me marcho, pues.

Buenas tardes.

-Aguarde.

Me alegro de haberle oído decir con sus propias palabras

que era usted inocente.

Yo ya lo sabía,

pero fue agradable oírselo decir.

-Traigo algo "pa" levantar un poquito el ánimo.

A ver, vino con aceitunas de Cabrahígo, que sé que les encantan.

-Ni con esos dos manjares nos venimos arriba,

pero gracias.

-Pero ¿tan mal está la cosa, señor?

¿Eh? ¿Tanto como para temer el futuro de la familia, de verdad?

-Ay, cálmate, Arantxa,

y no preguntes más, deja a José que él se está encargando.

¿A que sí, José Miguel?

-Bueno, pues voy a terminar la cena, les dejo.

-A ver,... ¿qué pasa, cariño? Sin paños calientes.

-La cosa está malamente, sirenita.

-Traduce "malamente".

-He hablado con un gestor y he calculado lo que tenemos ahorrado.

-¿Y?

-Después de pagar la indemnización a los trabajadores,

nos vamos a quedar con menos de lo que yo pensaba.

-¿Estamos en la ruina? -No.

No, no. No pasa nada, cariño,

pero debemos apretarnos el cinturón.

-Bueno, yo acompañaré a Arantxa a la compra

y haré por que no gaste más de la cuenta,

pero de momento, chitón, para no preocuparla.

Esto debemos dejarlo entre nosotros.

-¿Qué hacemos con las clases de la niña?

La academia de madame Olenka baratita no es, precisamente.

-La niña tiene que seguir estudiando.

Si hay que quitarse otras cosas, nos quitamos.

-Está bien.

Tenemos que buscar una fuente de ingresos alternativa.

-Sí, pero... ¿cuál?

(Llaman a la puerta)

¡Lucía!

Perdona, mi vida. Perdón ¿por qué?

Por haberte fallado esta tarde y no acudir a nuestra cita.

Estás aquí, ¿qué más da eso ahora?

Te he echado tanto de menos.

Telmo, esto,... esto no puede ser.

No podemos robarle a la madrugada unos minutos

como si fuéramos unos prófugos,

escapándome de esa casa que ni siquiera considero mía.

Lucía, pronto todo cambiará, pronto podremos pasear juntos

sin esconder nuestro amor.

Que todo el mundo se entere de que nunca nos dejamos de amar.

De verdad crees que ese día llegará alguna vez?

Defenderé nuestro amor, así tenga que perecer en el camino.

No digas eso, no podría vivir sin ti.

Lucía, estoy preocupado por la reacción de tu marido.

Úrsula me ha dicho que podría desatarse una tragedia y...

no me ha dicho por qué.

Lucía, dime la verdad. ¿Tu marido es un hombre violento?

No voy a permitir que sigas en esa casa, Lucía.

Ni tú ni Mateo.

¿Te ha puesto la mano encima alguna vez?

No preguntes, Telmo, por favor.

Te sacaré de esa casa.

Nos enfrentaremos a Eduardo a las claras,

le diremos la verdad. Lucía, entrará en razón.

Nunca entrará en razón.

Telmo,... te seré sincera.

Ni siquiera yo soy capaz de imaginar lo que haría Eduardo

si se enterara de que estoy aquí, en mitad de la noche,

en tu alcoba. Escapemos, pues.

Cojamos a Mateo y huyamos.

Lejos de Acacias podremos ser una familia.

¿Te crees que no lo he pensado?

Pero Eduardo iría tras nosotros, seríamos unos prófugos.

Seámoslo.

Cualquier cosa antes que permitir que sigas viviendo con él.

No, tenemos que pensar en Mateo.

¿Vamos a convertirle en un prófugo también?

Él siempre ha vivido en una casa, ha ido al colegio

además, que yo sería una adúltera.

Una adúltera viviendo con un párroco que colgó sus hábitos.

Vamos a ser realistas, Telmo, ese estigma

nos acabaría aplastando a los dos.

A mí me da igual qué dirán.

Y a mí, si es el precio que he de pagar por estar a tu lado,

pero yo no quiero que Mateo lo sufra también,...

y muchos le harían daño por nuestra culpa.

Telmo,... esta sociedad es la que es,

o si no acuérdate de lo mucho que sufrí

por el pecado que cometieron mis padres.

¿De verdad quieres eso para tu hijo?

No,...

pero no quiero que viva junto a ese hombre,

lejos de mí... y lejos de ser feliz en una casa

donde solo ve infelicidad.

Tenemos que encontrar una solución, Lucía.

(SE QUEJA)

¿Estás bien, Lucía?

Sí, sí, sí, no ha sido nada.

(Llaman a la puerta)

Servando. ¿Qué ocurre?

He escuchado ruidos y la puerta estaba abierta,

y nos temíamos que hubiera entrado alguien. ¿Ha oído algo?

Estaba durmiendo, no he escuchado nada.

Voy a dar una vuelta a ver si está todo en orden.

Buenas noches.

Lucía, ¿estás bien?

Tienes mala cara.

Estoy bien,

estoy bien, me pasará cuando solucionemos todo esto.

-Arantxa, tendrías que haberme visto.

Qué arte, qué duende, qué luz tenía encima del escenario.

-Mejor que no, que me hubiera "dao" un soponcio.

-Hubieras estado orgullosa de mí. -Siempre estoy orgullosa, siempre.

Sobre todo cuando te veo abrir los libros y ponerte a estudiar.

-Cierto es que había... cinco chicas delante de mí y...

eran más altas que yo, te hubiera costado verme,

pero me aplaudían como si fuera la última vez que pudiera aplaudirme.

-Espero que haya sido la última vez.

-No seas ceniza, leñe. -¿Leñe?

¿Leñe, has dicho? ¿Tú qué eres, una zopenca?

-Leñe, recórcholis, rediez, ponle lo que tú quieras delante,

pero te equivocas, que voy a ser una gran artista.

-Que no lo vean mis ojos.

-Lo verás. Me he dado cuenta de que estoy hecha para las tablas.

Arantxa, lo he sentido en mis carnes.

-¿No habrá sido fiebre?

-¡Era felicidad! La reticencia de mi madre

me ha hecho dudar de mí, pero ahora lo tengo claro.

Quiero ser artista, caiga quien caiga.

-La que va a caer es tu madre si te oye decir eso.

-Que caiga, pues. Yo he de luchar por mi sueño,

y es ser artista.

(TACONEA)

-Chist, que te van a oír.

-Buenos días. -Hola.

-¿Qué estabais, taconeando?

-¿Qué taconeo ni qué taconeo, padre?

Una hormiga, que se ha colado y la estaba matando.

Ea, me voy a estudiar.

-¿Me pones un café bien cargadito? Hoy tengo un día duro.

Voy a ponerle un telegrama a Osvaldo,

a ver si ha resuelto el pago a los empleados.

-Espero que regrese con buenas noticias.

-Y yo, Arantxa, y yo.

(TARAREA)

-Vaya, Carmen, pues sí que "tie" hoy contentura.

¿Qué, le ha "tocao" la lotería? -Mejor.

Había reñido con alguien y ya lo he solucionado.

-¿Con quién?

-Con don Ramón.

Discutimos el otro día por un asunto y me dijo cosas muy duras.

-Entiendo. -Y claro, viniendo de él,

que... siempre es tan amable y tan educado, te afecta más.

Ese hombre...

siempre tiene una palabra bonita en los labios, ¿verdad?

Es,... no sé, tan ilustrado, habla tan bien,

a parte de que yo no he visto persona más bondadosa

y generosa que él.

¿Qué?

-Nada, nada, Carmen.

Usted siga hablándome de las bondades de don Ramón,

que yo no voy a pensar que usted se está enamorando ni nada de nada,

desde luego. -¿Yo?

No. -No, qué va, usted no, mi prima,

mi prima la del pueblo.

-Bueno, quizá... un poquillo sí que me estoy enamoriscando.

-Está usted hasta las trancas, Carmen, ¿o es que no se oye?

-Ay, Fabiana, que creo que sí.

-Le reconozco que llevo días dándome cuenta,

pero no he querido decirle nada porque pensaba

que aún se estaba usted enterando.

-Es que todo empezó con unas conversaciones, nada más,

y de repente me veo todo el día pensando en él.

-No sé ni qué decirle, Carmen,

la verdad es que don Ramón es un caballero, y yo la entiendo,

pero yo no sé si esa relación es muy conveniente, mujer.

-Ya. ¿Cree que no lo sé?

Inconveniente del todo. Que yo soy criada y él, señor.

-No, ni siquiera creo que eso sea un impedimento.

Ahí "tie" usted a Lolita y a Antoñito.

-Eso, ahí los tiene.

¿O es que no se acuerda de lo mal que lo pasaron al principio?

Incluso don Ramón y doña Trini.

-Ay, Carmen.

Eso...

Eso es el problema, doña Trini.

¿O es que no sabe usted lo mucho que quería ese hombre a su esposa?

-Devoción pura, eso es lo que sentía.

-¿Y cree que algún día va a volver a abrirle su corazón a otra mujer?

-Quizá no,...

pero me ilusiona pensar en él, en conversar,

no sé, en tener a alguien.

¿O es que está mal tener una ilusión si solo es eso, una ilusión?

-No,... no está mal.

Es más, que una tenga la suerte de volver a ilusionarse

a estas edades, eso ya es tener suerte.

-Es algo que me permito todos los días,

aun sabiendo que es una quimera.

-Y eso es lo que usted debe seguir haciendo, Carmen.

-A las buenas.

-¿Dónde vas con eso?

-Tango.

-Tango, ¿y eso qué es? -"Señá" Carmen.

-Uy, uy, uy, uy, uy.

Bien, hechas las presentaciones, tomen asiento, por favor.

¿Quieren tomar algo? No, gracias, será mejor

que vayamos al asunto cuanto antes, ¿no?

-Me ha quitado las palabras de la boca.Bien entonces.

El señor Ariza pretende abrir un negocio,

pero será mejor que se lo exponga usted mismo.

Se trata de unas minas de hierro, se encuentran

en el norte de Marruecos y... -Muy buena idea,

aunque ya la está explotando la Compañía Española

de las Minas del Rif. -Así es,

pero ya sabe lo farragoso que es conseguir

los permisos necesarios para tales propósitos.

-Sí, lo sé, la burocracia, a veces, es un auténtico engorro.

-Por eso me preguntaba si usted, con su buena posición,

podría ayudarme con los permisos para vender hierro en el país,

por... ¿agilizarlos un poco?

-Lo haré.

Este país necesita hombres como usted,

emprendedores capaces de crear negocio allí donde esté el dinero,

y no debemos ponerles palos en las ruedas.

Sin embargo, ya sabe lo difícil que es, incluso para mí,

agilizar esos permisos. El camino está lleno de trabas,

trabas que requieren de mi insistencia, atención y tiempo.

-Tiempo y atenciones que merecen ser debidamente recompensadas

por una cantidad de dinero.

-¿De qué cantidad de dinero estamos hablando?

-Lo que usted considere oportuno, no pongo ninguna condición a ello,

pida lo que crea merecer.

-Veo que nos vamos a llevar de maravilla.

¿Está usted de acuerdo con todo esto, don Samuel?

Lo que ustedes decidan, bien estará.

Algo tendrá que decir, el acuerdo debe ser beneficioso para los tres.

No.

Lo cierto es que yo solo he hecho de intermediario.

El arreglo solo debe quedar entre ustedes.

¿Está usted seguro?

Segurísimo.

Más para nosotros.

-Solo falta concretar la cifra, ¿en qué estaba pensando

más o menos?

(Suena un tango)

-¿Qué?

¡Parad, parad, parad que os vais a hacer daño!

¿Eso qué es, un tango o una jota? -Lo que me ha "enseñao".

-¿Yo te he "enseñao" a bailar como un pato?

-Mire, este baile no es para mí, no.

-Yo no tengo claro que esto no sea "pecao".

El cura dijo que esto era un baile prohibido.

-Pero ¿qué prohibido ni qué niño muerto?

¿Quién va a saber más de bailes, el cura o don José Domínguez,

excelso guitarrista de mundo?

-Si eso está claro, pero... -Ni pero ni peras,

esto es un baile puro, y punto. -Eso dígaselo a las señoras,

que han ido a jalear a una academia donde iban a enseñar este baile.

-Ahí te doy la razón, del infierno,

porque no doy dos pasos seguidos.

-Porque no haces lo que yo te digo, Jacinto, vamos a ver.

Tú coges así a la zagala.

-Uy. -Cuerpo con cuerpo, cara con cara.

-¡Eh, apártese!

A ver si usted y yo la vamos a tener y le voy a partir la cara,

que usted arrima tanto. -Venga, hombre, no sea bobo,

que hay confianza. Aquí, ahí estamos.

¿Eh?

-Bueno, bueno, bueno, va, que corra el aire, que corra el aire.

-Bueno, bueno, ¿qué te pasa?

Ni que te la fuera a levantar, hombre.

-Lo que yo piense, mejor no se lo digo, no vayamos a tenerla.

A ver.

Ahí. Cierro.

-Ay, qué mal lo haces, mi vida.

-No ha vuelto a dar problemas,... al menos en el restaurante.

Don Felipe está realmente cambiado.

¿Más vino, Rosina?

-Bueno, a falta de champán, buenas son tortas.

-Aurelio, más vino para los señores, por favor.

-Y todo gracias al trabajo ese que ha conseguido.

Ha vuelto a hacer que se centre y reorganice su vida.

-Ay, no sabes cuánto me alegro.

Últimamente, su vida era una zarabanda.

-Yo temía cada vez que le veía entrar.

Cuando no se quejaba de una cosa, se quejaba de otra.

-Querida, por la pena de la muerte de su esposa.

Y bastante poco le ha durado. -Hombre, Rosina,

10 años,

no sé si eso es poco. -Claro que es poco.

Cuando te arrebatan lo que más quieres, un pestañeo, yo lo sé bien,

que mi Maximiliano murió en un atentado de la noche a la mañana

y, yo, contra los anarquistas nada podía hacer,

pero no me quiero imaginar tener que ver al asesino de mi esposo

día tras día,

y menos que fuera mi mejor amiga. -No, no quiero ni imaginarlo.

-Don Ramón ya ha cumplido su pena,

se ha pasado encerrado 10 años en un agujero,

que se dice pronto. -Justa pena por lo que hizo.

-Pero si ha pagado, ha pagado, ¿es necesario seguir martirizándole?

-Sí, Liberto, sí, porque una cosa es la pena ante la Justicia y otra,

la pena ante la sociedad, esa deberá pagarla toda su vida.

-No veo por qué.

Y menos ahora que parece que don Felipe está levantando cabeza.

-Pero porque ha tenido la suerte de encontrar ese trabajo,

si no, no sé qué hubiese sido de él.

¡Tolero que frecuentes a don Ramón, pero no que le sigas defendiendo!

-Disculpen.

-¿Qué andas, pues, imitando la postura de tu madre?

-Tratando de captar su esencia, su duende y su arte.

-A ver si te va a dar un paralís en la cara y la liamos.

Anda, toma, ha traído esto un mozo "pa" ti.

-¿Para mí? -Sí.

¿Qué pasa, malas noticias?

-Es de Hipólito Pastrana, el dueño del cafetín del Duende.

Quiere hablar conmigo, a solas.

-¿Qué significa eso? ¿Cuándo?

-Pues... me cita esta misma noche.

-¿Y qué quiere, pues?

-Yo qué sé, tata, en la nota no pone el motivo,

y tampoco tengo una bola de cristal.

¿Y si me quiere despedir?

¿O cree que no tengo madera?

¿Se van a convertir todos mis sueños en humo?

-Ese lo que quiere es propasarse, como si lo viera, ya sé yo.

¿De noche, a solas?

No. Esta vez te acompaño,

para que no te pase como con el mexicano.

-Yo sé defenderme sola.

Además, si me tengo que escapar esta noche, me vas a tener que cubrir.

-Ni hablar, de eso nada, no, no, no, no.

-Tata, por favor, solo te tengo a ti, por favor,

me vas a ayudar, ¿verdad? Por favor.

(RESOPLA)

-Jesús.

Esto le sentará bien, le abrirá las vías respiratorias.

¿Le sigue costando respirar?

Sí, un poco.

Beba.

(Se cierra una puerta)

¿Mejor?

No tienes buena cara.

¿Cuánto llevas así?

Desde que amaneció.

Recoge tus cosas, vamos al médico. No, no es nada, estoy bien.

Solo necesito descansar un poco.

Tú sigue con lo tuyo, si en un rato no mejoro, vamos.

No sé, no me quedo conforme.

Además, me gustaría saber qué te ocurre, si no, no me iré.

Irte, ¿adónde?

Al Ateneo, esta noche.

Me han invitado a una tertulia con los señores.

Pues ve tranquilo, no tienes que cambiar tus planes por mí,

yo estaré bien. ¿Seguro?

No me iría tranquilo si no sé que estás bien.

Sí, esto se me pasa en unos minutos, no te preocupes.

Gracias, querida.

Siempre eres generosa y comprensiva conmigo.

Tú disfruta, no siempre tienes la oportunidad de asistir

a este tipo de tertulias

y sé que te agradan.

Úrsula, no dude en avisarme si empeora.

Sí, señor.

Buena tarde.

Úrsula,...

tiene que ir a ver a Telmo y citarle en el callejón.

No, no voy a colaborar, no voy a ayudarla en tales menesteres.

Úrsula... Y usted

no debería seguir con esto. Se lo ruego.

Tenemos que aprovechar la ausencia de mi esposo.

Pero ¿usted se está oyendo?

Pero es Telmo, y necesito verle y hablar con él.

Por favor.

-Lo siento, señora, estaba ordenando su ropa...

-Sé lo que estaba haciendo, no hace falta que mienta.

¿Qué prenda le gusta más?

¿O prefiere un accesorio?

-¿Cómo?

-Se ha probado unas cuantas cosas, ¿con cuál se veía más bonita?

Escoja algo, se lo regalo.

-Ni hablar, no. No podría aceptarlo.

-Claro que sí, y es justo lo que va a hacer.

¿Qué le parece este tocado?

Le queda mucho mejor que a mí.

-Eso no es cierto, señora,...

pero le agradezco el cumplido.

-No es un cumplido, a mí nunca me ha sentado bien.

-No hay nada que me pueda quedar mejor que a usted, señora. Es joven,

y bonita. -Y usted también.

¿Querida?

Iré a preparar la cena.

¿Qué hacíais? -Nada.

¿Qué tal ha ido?

Bien. Ojeda Tapia y Ariza

se han entendido estupendamente,

incluso han llegado a un acuerdo económico

del que querían hacerme partícipe.

¿Te querían dar dinero? Así es.

Querían que los tres nos beneficiáramos.

¿Y qué les has dicho?

Que no,

que preferiría que el asunto quedara solo entre ellos.

Pareces decepcionada.

Extrañada porque has rechazado un dinero tan fácil.

No quería repetir los errores del pasado,

volver a proceder con las actitudes turbias

que predominaban en mi vida pasada.

Nuestras vidas quedaron atrás, y todo lo malo que hicimos,

nada debe ensuciar nuestra felicidad,

solo quiero luz en el mundo que tú y yo hemos creado.

¿Te he dicho que te quiero?

No,... desde la última hora y media.

-Casilda, la patata está dura.

Debiste echarla antes, mujer, ahora o se te va a quedar

la verdura "pasá" o la patata dura. -Sí, sí,

si ya me ha "dao" la impresión a mí. -Entonces, hay que improvisar,

que pareces nueva.

¿No sabes ya cómo va la receta? -Claro, si me la sé de sobra,

pero diré en mi defensa que no ha "sío" culpa mía.

-Tú eres la cocinera, ¿de quién si no?

-De Jacinto.

Es que... ha "venío" a enseñarme sus avances con el tango

y se me ha ido el santo al cielo. Le he "cogío" "prestao"

el gramófono a doña Rosina y lo he "subío" al altillo,

y ha estado practicando él. -Malamente me lo pones

"pa" que no te regañe.

Y encima, la culpa la "tie" ese baile tan pecaminoso.

-No, se equivoca usted, ese baile no es pecaminoso.

-¿Ah, no? Pues es lo que dice el cura.

-Bueno, también se equivoca el cura. A ver si va a tener la mirada

muy sucia y por eso lo ve así, porque ¿cómo va a ser pecaminoso

algo que hace el bueno de mi primo?

Si mi primo ni siquiera sabe lo que es "pecao".

-Cuando la Iglesia protesta, por algo será,

que dicen que hay que arrimarse mucho.

-Claro, esa es la gracia que tiene este baile, pero solo eso, "na" más.

¿Cómo va a ser malo bailar,

si bailar es lo que a una le da contentura en el cuerpo

y ganas de reírse?

-Visto así...

Anda...

Anda y saca la verdura ya, antes de que se quede pocha por demás.

Hasta luego, mastuerza. -Con Dios.

-Casilda, ¿con quién hablabas, que he oído voces?

-Con la "señá" Fabiana.

-Menos hablar con ella y más cantar conmigo,

¿se puede saber dónde está mi gramófono?

-El gramófono.

Pues verá usted,...

se lo he cogido "prestao". Bueno, se lo hemos "cogío" "prestao"

los del altillo.

Es que Jacinto y Marcelina están aprendiendo a bailar

y no teníamos dónde poner música.

El tango, ¿sabe usted?, les está animando la vida, la verdad.

¿Se encuentra usted bien, señora? Se ha "quedao" en albis.

-Sí, sí, bueno, te lo dejo, pero solo para que te des cuenta

que tu señora es única. Como yo no hay dos.

Venga, y acaba la cena rapidito que tengo gazuza.

-Arrea.

-(TARAREA) -Qué cosa más diferente y peculiar.

¿De verdad que esto se baila en el extranjero?

Como nos pille doña Susana, nos manda directas al confesionario,

y de la oreja. -No digas eso ni en broma,

que a mí me gusta estar a bien con Dios.

-Y "ra".

¿A qué ese drama? -¿Esto es "pecao"?

-Que no, mujer,

¿no ves que es un baile? No "pue" ser "pecao".

-¿Y por qué doña Susana y el cura dicen que sí?

-Porque es un baile nuevo y están viendo a ver qué es,

pero verás como terminan viendo que no tiene "na" malo.

(TARAREA) Además,

¿tú no lo bailas con tu esposo? Claro.

Lo que una hace con el esposo, no es "pecao".

-Ay, Lolita, que también lo he "bailao" con el Servando,

"pa" enseñarnos "na" más. -Ah, con el maestro

seguro que tampoco cuenta.

Seguro que no.

-Válgame Dios.

Buenas tardes tenga ustedes.

-A las buenas, ¿qué se le ofrece?

-A por un par de botellitas de licor vengo.

-¿De licor? ¿"Pa" don Felipe?

Pensé que me había dicho que ya no bebía,

que estaba recomponiéndose. -Eso era ayer.

Hoy ha venido hecho una furia, como en sus peores días.

Me ha ordenado que bajara

a por esas botellas.

-Pues lo lamento.

¿Qué le habrá "pasao" "pa" estar tan malamente?

-Solo espero que, sea lo que sea, lo resuelva pronto.

-Ay.

-Les he hecho un guiso de bacalao que se van a chupar los dedos.

-Oye, ¿y Cinta?

-Se ha ido hace un rato a la cama porque no se encontraba bien.

-No me dijo nada, ¿qué le pasaba?

-Nada. Le dolía un poco la cabeza, nada grave.

-Iré a ver si tiene fiebre. -¡No!

No, no. -¿Por qué?

-Porque ya la he "mirao" yo y no tenía fiebre

y ahora que se ha dormido me la va usted a despertar.

-Bueno, tampoco pasa nada, que se despierte y así come algo.

-No, ella ya ha comido un plato de bacalao bien grande.

Ha ido a la cama con el estómago bien lleno.

-Pues me quedo más tranquila.

-Eso es lo que tiene que hacer,

estar usted tranquila y cenar. Hala, que aproveche.

-Mi vida,...

come.

Es que no descansa nunca tu magín, ¿o qué?

-Después de indemnizar a todos los empleados del teatro,

no nos va a quedar mucho. -Ay,

algo se te ocurrirá, siempre se te ocurre algo.

-Esta vez,... por más que pienso,

por más vueltas que le doy,

no se me ocurre de dónde vamos a sacar el dinero.

No sé qué vamos a hacer, Bellita.

-Bueno, por lo pronto, cenar,...

que pensar con la tripa vacía tampoco es buena idea.

-En eso tienes razón.

Y más cuando la llena uno con buenos productos de nuestra tierra,

como los que tanto echábamos de menos cuando vivíamos en Argentina.

-¿Qué te pasa, José, mi alma? ¿Te has tragado el hueso?

¿Un infarto? ¿Un pasmo?

¿Qué tienes, José de mi vida? -Una idea grandiosa.

-Ay, ¿cómo?

¿Qué dices?

-Se me acaba de ocurrir la solución a todos nuestros problemas.

-Ay. Cuéntame ya, que me tienes en ascuas.

-Exportaremos.

-¿Exportaremos el qué?

-Nuestro producto, el mejor de todos ellos,

de lo que más tenemos en nuestra tierra regada por el sol:

aceitunas.

-¿Aceitunas?

-Aceitunas de Cabrahígo,

que son una delicia, un manjar,

y que nos deleitamos con ellas cada vez que las comemos..

-Pero si son un producto vulgar y común.

¿Quién va a querer aceitunas? -Todos los que no las tienen,

los que no las tienen tan buenas como estas, claro.

América entera.

Se van a pirrar por ellas, nos las van a quitar de las manos.

¿Y sabes por qué?

(RÍE) -Cuéntamelo, porque no lo veo.

-Porque van a llevar tu cara.

Y tu nombre:

"Aceitunas Bellita del Campo, las mejores de España".

(RÍE)

-¿Estás diciendo la verdad?

¿Van a vender aceitunas... con mi nombre?

-Buenas noches, disculpe que le moleste.

-No molesta. ¿En qué puedo ayudarla?

-Buscaba a su hermana, ¿está por ahí?

-Sí, pero ahora mismo no puede atenderla, está en la cocina,

es que estamos sirviendo la cena. -¿Sería tan amable de darle esto?

De mi parte. -Sí, claro.

-Es algo que he visto y me ha hecho pensar en ella.

-¿Un regalo? -Un detalle sin importancia.

¿Se lo dará? -Sí.

-Gracias, espero que le resulte útil. Buenas noches.

-Buenas noches.

-Genoveva.

-¿Qué haces aquí? -Pues he venido a hablar contigo.

¿Tienes un minuto?

Ardía en deseos de volverte a ver.

Yo no veía el momento, Telmo, llevo todo el día

esperando a que mi esposo saliera hacia el Ateneo para venir.

Vamos a tu casa, quiero ver a Mateo.

No, Telmo, eso no puede ser. Pero ¿por qué no?

Tu marido está en el Ateneo.

Sí, pero no sabemos cuándo regresará.

Y aunque no lo hiciera, alguien podría verte entrar en el edificio

e irle con el cuento mañana, incluso el propio Mateo.

Es una temeridad. Quiero ver a mi hijo,

estar con él, ya me lo he perdido 10 años.

A los dos, a ti y a él.

No tengo más paciencia, Lucía, quiero recuperar a mi familia.

Telmo, antes tenemos que hablar seriamente.

-Me alegro de que la cita con Ojeda haya ido bien.

-Mejor que bien, y todo gracias a tu esposo.

Ojeda va a conseguirme los permisos y saldré de este país.

-Que es lo que todos queremos, yo la primera.

Espero que cumplas con tu palabra,

que desaparezcas de nuestras vidas para siempre,

y que jamás le cuentes a Cristóbal nada sobre mí.

-¿Lo dudas? -Constantemente.

Solo espero que tu palabra

sí sirva de algo. Solo quiero ser feliz

con Samuel y vivir en paz.

-¿Y crees que vas a conseguirlo quedándote aquí?

Los dos sabemos que Cristóbal no dejará de buscarte.

Haz como yo, Genoveva,...

huye, huye bien lejos.

Ven conmigo.

-¿Cómo? Ni hablar.

Soy feliz al lado de Samuel. -Quizás, pero a mi lado, aparte,

serás libre.

Él... te da felicidad,

pero yo puedo darte algo que él no puede:

seguridad.

Cristóbal acabará encontrándote,

y lo sabes.

Aún te quedan unos días.

Piénsalo.

¿Qué vamos a hacer, Telmo? No podemos seguir así.

Así, ¿cómo?

Corriendo riesgos,

viéndonos a escondidas y robándole segundos al día y a la noche.

Esto es mejor que nada,...

al menos hasta que encontremos una solución.

Telmo, ese es el problema. Por más vueltas que le doy,

no hallo la manera de salir del embrollo.

Y pese a todo, algo se nos ocurrirá.

¿El qué?

No lo sé, Lucía,

pero te quiero desde hace más tiempo que recuerdo,

te quiero con la misma intensidad que el primer día.

Estamos hechos el uno para el otro.

Al final acabaremos juntos,

ya verás.

¿Y si no?

No. Eso ni siquiera lo insinúes.

Pues dime qué solución hay.

Eduardo podría acceder a romper vuestro matrimonio.

No. No, eso nunca pasará. Sí, sí, sí, sí,

si le dices que ya no le quieres. No, Telmo,

y mucho menos si le digo eso.

Él es mezquino y cruel, y nunca quiso mucho a Mateo.

Déjame que hable con él,...

deja que lo intente.

No, no, Telmo, eso empeoraría las cosas.

¿Qué vamos a hacer?

Te he visto con él.

Amo... a Telmo.

Adúltera. (TOSE)

No te dejaré el camino libre para que te amancebes con Telmo.

No mancillarás más mi nombre.

(GRITA)

-Anoche, Ariza me ofreció que me marchara con él.

Ese canalla ha perdido el juicio.

Juraba que él podía ofrecerme algo que tú nunca me darías.

¿El qué?

Seguridad.

No le cabía duda de que Cristóbal acabará encontrándome.

-Aquí tiene. Para llenarla,...

y, de paso, te traes unas gambitas, que tengo capricho.

-Pues como no quiera que coja unas cabezas "pa" chuparlas.

Con esto que me da, me da justo "pa" la compra del día,

no le cuento ya "pa" llenar la despensa.

-Doña Rosina y don Liberto saben que usted los pilló bailando el tango.

-¿Cómo dices, Fabiana?

¿Que Rosina ha estado bailando tangos con el servicio

y en el altillo? Esta me va a oír.

-¿No te digo yo? Ese pollo quiere algo.

-Sí, darme una oportunidad.

Tiene una vacante para el espectáculo de esta noche

y me ha ofrecido debutar.

-Pero ¿usted cree que este negocio tiene futuro?

-¿Cómo un hombre tan avispado como usted puede dudarlo?

Comercializar las aceitunas con el nombre

de Bellita del Campo... -Una servidora.

-...es la mejor idea que he tenido.

Aprovechando el reclamo de mi señora,

podemos venderlas en la Argentina.

Se acabó, no voy a seguir sufriendo a su lado.

No aguanto más.

¿Qué quiere decir, señora?

Que está decidido, Úrsula, en cuanto me restablezca,

me llevaré a Mateo junto a Telmo y...

y nos marcharemos.

-¿Sucede algo, don Hipólito?

-Nada,...

que viéndote así, tan racial y tan guapa, me has recordado a alguien.

Tienes un aire a la gran Bellita del Campo.

¿No tendrás relación con ella?

Le digo que no está aquí. ¿Qué hace, qué hace? Deténgase.

Senador, ¿ocurre algo?

-Díganme de una vez qué saben ustedes de Ariza.

Está usted sola, ¿y su marido?

Ha salido a cenar, pero vuelve ahora.

Pero ¿por qué se interesa en verle, sucede algo?

Tengo algo muy importante que comunicarles.

  • A mi lista
  • A mis favoritos
  • Capítulo 984

Acacias 38 - Capítulo 984

03 abr 2019

Úrsula le deja ver a Telmo el peligro que representa Eduardo. El joven confirma con Lucía sus sospechas, no quiere que viva con un hombre violento y le propone que huyan los tres, pero Lucía tiene miedo por las represarías de su marido, Eduardo los espía.
Antoñito está mal porque no puede contar que su padre no mató a Celia. Ramón pide perdón a Carmen y hacen las paces, la criada fantasea con algo más que amistad.
Cinta, ajena al drama familiar, está feliz porque su actuación le ha hecho confirmar su vocación. Recibe una nota, don Hipólito Pastrana desea hablar con ella... a solas. José informa a Bellita que están arruinados y que tienen que buscar una alternativa.
Samuel facilita el encuentro entre Ariza y Ojeda Tapia que, de inmediato, cierran un trato. Samuel le cuenta a Genoveva por qué no ha querido entrar en el negocio de Ariza y Ojeda Tapia.

ver más sobre "Acacias 38 - Capítulo 984" ver menos sobre "Acacias 38 - Capítulo 984"
Programas completos (1017)
Clips

Los últimos 3.474 programas de Acacias 38

  • Ver Miniaturas Ver Miniaturas
  • Ver Listado Ver Listado
Buscar por:
Por fechas
Por tipo
Todos los vídeos y audios

El administrador de la página ha decidido no mostrar los comentarios de este contenido en cumplimiento de las Normas de participación

comentarios.nopermitidos