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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 977 - ver ahora
Transcripción completa

¡¿Le dio pena mi esposa cuando la asesinó? ¿Eh?!

¡Y no solo terminó con su vida, sino también con la mía!

¿Esa es su compasión, asesino?

¿Eh?

¡Desearía verle muerto, muerto!

-"¿No ha "entrao" nadie?". -Y como siga así,

no vamos a tener más remedio que tirar de ahorro

o cerrar la pensión.

Hable con su esposa y con su tía.

Y, por favor,... procure que retiren la denuncia.

Llega usted tarde. He hablado con ambas.

¿Y? Se niegan.

-Se ha "escacharrao" la máquina de coser.

-Con lo que le gusta coser.

-¿Hace el arreglo? -De acuerdo.

-Dedicarás tu tiempo y esfuerzo a buscarte un pretendiente.

A partir de ahora, no debes dar que hablar ni hacerte notar.

Si él averigua tu paradero, vendrá a buscarte.

Telmo... ha desaparecido.

¿Cómo que Telmo ha desaparecido?

Poco más puedo decirle, ni yo misma lo entiendo.

Había rechazado un plan perfecto,

el irnos juntos,

incluso ya teníamos los pasajes de barco comprados

para marchar a un lugar con futuro.

Pues habrá aprovechado los pasajes.

No.

No, no, están ya anulados.

Ha estado 10 años sin aparecer por el barrio

y ya me había acostumbrado a su ausencia,

y ahora, a solo unos días después de su vuelta,

me parece imposible que no vaya a volver a verle.

Así, sin despedirse,... sin decir nada.

Pero ¿está usted segura de que ha partido?

Sí. Fabiana me lo ha dicho.

Salió de su habitación con el equipaje,

pagó la cuenta de la pensión, pidió un coche y se marchó.

¿Y adónde?

Fabiana no lo sabe,

ni siquiera ha dejado una dirección

donde enviarle el correo en caso de recibirlo.

Bueno,...

en realidad, esto es una buena noticia.

Era lo que le pedíamos, que saliera de una vez por todas

de nuestras vidas, de la mía y de la de mi hijo.

Pero no puedo por menos que sentir desazón.

Le había echado tanto de menos,...

y aunque causaba pavor

verlo con Mateo, me recordaba los buenos momentos.

Pues esos ya terminaron...

y será mejor que no nos recreemos en ellos.

Úrsula, ¿usted se imagina

lo que hubiera hecho mi esposo

si Telmo se hubiera quedado en el barrio?

Usted lo ha dicho,...

la marcha de Telmo es una buena noticia.

Sí.

Sí, mejor olvidarlo y dejar de hablar de él.

No quiero que Eduardo nos descubra.

Tiene usted razón, señora. Ahora,

si no le importa, déjeme sola, necesito pensar.

Sí, señora.

(Sintonía de "Acacias 38")

(TARAREA)

-(CARRASPEA)

-Busco a la señora de Palacios.

-Uy.

Aquí, señoras, pocas. Yo soy la tendera del barrio.

-Qué raro. Me habrán dado mal la dirección.

Me dijeron que aquí trabajaba una señora

casada con un hombre guapísimo.

-Pues no sé. Yo estoy "casá" con un hombre, pero..

es un adefesio.

-Será porque usted quiere, porque yo mismo la requebraría,

es usted muy hermosa. -¿Y serle infiel a mi esposo?

No se crea que no lo he "pensao".

-¿Que tú has pensado en serme infiel?

Esta noche vamos a tener más que palabras

-Uy, qué miedo, que viene el lobo. -Toma.

Para la mujer más buena y bonita de todo el mundo.

-Gracias.

Tú también eres bueno y bonito, y guapo.

Casarme contigo es lo mejor que he hecho en la vida.

-Yo también.

Aunque tenga que aguantar las costumbres de Cabrahígo.

-No te metas con mi pueblo que me enfado.

-Oye, ¿por qué no vamos a cenar esta noche al Nuevo Siglo XX?

-(RÍE) No te hagas el espléndido, que no nos sobra el parné.

Tú y yo esta noche cenamos en casa, los dos, juntitos.

-Bueno, yo cocino. -Ni hablar.

Que cenemos en casa no quiere decir que cenemos mal.

-Pero ¿qué dices? ¿Que yo cocino mal?

-Fatal.

Si no sabes hacer ni un huevo duro.

-Bueno. -"Pa" la buena maña

que te das para otras cosas, me cago en la mar "salá".

-¿Ah, sí, qué cosas?

-Pues...

-Ay, perdón. -No, no, dígame, Carmen.

-No, mujer, que ya vengo en otro momento.

-"Pa" "na", pase, que estamos en horario de apertura.

Y disculpe por habernos "pillao" en asuntos que se hacen en "privao".

-Yo me voy y las dejo a solas. -No, espere.

Si tampoco venía a comprar, venía...

a hablarles de su padre.

-¿De mi padre?

-Sí.

En estos últimos tiempos he hablado mucho con él y...

No sé si hago bien metiéndome donde no me llaman

viniendo aquí a decir esto.

-Diga y vemos, lo que no puede hacer ahora es callarlo.

-Sí, sí, sea lo que sea, estaremos encantados de escucharlo.

-Creo que don Ramón no asesinó a doña Celia.

-Ya, ya, eso mismo pensamos nosotros.

-Y creo que también sé por qué nunca dijo la verdad sobre lo que ocurrió.

-¿Por qué?

-Porque está encubriendo a alguien.

-¿Al asesino? -No lo sé,...

pero no habla para proteger a otra persona.

-Diez años,...

diez años sin hablar en la cárcel y echando su vida por la borda

por encubrir a alguien, no, no lo sé, Carmen, no me lo creo.

-Amor mío, tu padre es muy responsable,

y si decidió que era mejor cargar él con la culpa a declarar,

sus buenos motivos tendría.

-Que no, que yo estoy cansado ya de elucubraciones.

Prefiero olvidar, aunque nunca llegue a saber la verdad.

Gracias, por venir a contarlo, pero ya no podemos más con este asunto.

-Le entiendo.

Perdone por haber venido aquí a resucitar esos dos fantasmas.

-No, Carmen, si ha hecho bien.

Si sospecha de algo que nos pueda interesar, no se calle.

-Gracias, Lolita.

Con Dios.

-A veces desearía cerrar los ojos y aparecer de repente

en una isla desierta, los dos, solos.

-Tú lo que quieres es que me coman los caníbales.

-Sí, y los caimanes, Maritornes.

-Me voy a servir ya. -Espera que llegue tu madre.

-Es hora de cenar.

Ella siempre está protestando si yo me retraso un solo minuto.

-Cuando seas padre, comerás huevos.

Si tu madre se retrasa, se cena más tarde, y ya está.

-Mi madre tiene derecho a todo y yo a nada.

-Acabas de descubrir el verdadero secreto de la vida.

-¿Y esa locura de buscarme marido?

-Toda la vida se ha hecho así: la madre le busca esposo a la hija.

Pero no te preocupes, ya verás como te encuentra un mozo "apañaico".

-Toda la vida, querrá decir en la Edad Media.

¿O es que ustedes se casaron porque lo concertaron sus madres?

-Nosotros éramos pobres, tú tienes la suerte de ser casi rica.

-Para esto, prefiero ser pobre. -Bueno,

no lo descartes, que la vida da muchas vueltas.

Hay que ser bien ardiloso para salir adelante.

-No sé quién es peor, si usted o madre.

-Arreglado.

Ya sé cómo vamos a conseguir al novio perfecto.

-Madre, que no me pienso casar con nadie que usted me diga.

-No seas calandraca, harás lo que te digamos.

José, sirve la sopa.

Mañana voy a visitar a la condesa de Lerín,

ya se lo he anunciado.

-¿Para qué?

-La condesa tiene siete hijos varones en edad casadera,

malo sería que ninguno se quisiera casar contigo.

-No, es que soy yo la que no se quiere casar con ellos,

con ninguno de los hermanos.

-Está fría. -Has tardado tanto

que se ha enfriado.

-¿Me están escuchando? No me voy a casar.

-A mí me gustaría que te casaras con el mayor,

que es el que heredará el condado. ¿Eh, Jose? ¿Tú te imaginas?

Nuestra hija, condesa.

-Me cuesta.

Y cuanto más lo pienso, más me cuesta.

-¿Quién nos lo iba a decir cuando andábamos bailando y cantando

por aquellas terrazas de Huelva?

Cinta, cuando seas condesa, te hablaré de usted,

que queda muy elegante. -No se ilusione,

que no me voy a casar con ningún conde.

-Eso ya lo veremos.

Yo no pienso comerme esta sopa así de fría.

Me voy a la cocina, a ver lo que encuentro.

-No sé por qué Arantxa tiene que librar una noche,

ni que fuera ella la condesa. -Toma.

Llévatelo.

-No me voy a casar. -Tu madre lo hace por tu bien.

No vayas a empezar una bulla contra ella, ¿eh?

-Se me ha quitado el hambre.

-Y esto se va a terminar, pero ya, y se lo digo a las dos,

sobre todo por usted, tía, pero a ti también, Rosina.

-Como si nosotras tuviéramos la culpa.

-Por supuesto. Me habéis hecho pasar vergüenza

delante de un vecino con el que mantengo muy buena relación.

-Es él quien debería pasar vergüenza por haberse casado con ella.

-Todo un Alday desposando a una fulana.

-No es ninguna fulana.

Doña Genoveva es una dama como otra cualquiera.

-Porque tú lo digas.

-¿Se da cuenta en lo que se está convirtiendo?

-En una anciana respetable, pía y caritativa.

-No, en una harpía maledicente, cotilla y desagradable.

-No le digas eso a tu tía, Liberto. -Y tú llevas el mismo camino.

Te voy a decir una cosa: no te lo pienso consentir,

antes cojo la maleta y me largo. -Pero no digas enormidades, hombre.

-Pues no hagas desbarros y no te dejes llevar

por los desatinos de mi tía. -Entonces ¿qué?

¿Que esa fulana nos tire una botella y tenemos que callarnos?

-Doña Genoveva, que de ninguna otra forma deben llamarla,

vino a disculparse y dijo que lo de la botella fue un accidente,

para nada algo voluntario. -Falso.

-Y a pesar de sus disculpas, ustedes le interpusieron

una demanda malintencionada y lograron que pasara la noche

en el calabozo. -Ahí es donde debía dormir.

-No sigas por ahí porque vamos a terminar muy mal, ¿me oyes?

Doña Genoveva ha vuelto al barrio y no quiero tener problemas

y fin de esta conversación.

-Ay, sobrino, ya veo de parte de quién estás.

-De la sana convivencia, la harmonía y moderación,

y esto es todo lo que tengo que decirles.

Me voy a dar un paseo.

-Pero ¿y ese mocoso, quién se ha creído que es?

-Mi esposo.

Creo que lleva algo de razón.

-No, no, ni hablar, lo que me faltaba.

Que un vecino se casa con una fulana y tener que darle la bienvenida,

¡hombre!

-¿Está usted seguro que la dejó por aquí?

-Claro, si la hubiera dejado en otro sitio,

estaríamos buscando en otro sitio. -Ah, ya imagino,

pero una caja de herramientas no desaparece así como así.

-Calle y busque.

-¿Y cuándo dice que la ha visto por última vez?

-Pues fue... un 31 de mayo de 1906,

sí, cayó en jueves, el cielo estaba encapotado,

pero no llegó a llover, fue cuando el atentado a don Alfonso.

Estaba yo arreglando el riel de una cortina y, precisamente

fue cuando me enteré.

-¿Me está usted diciendo que no ve la caja de herramientas

desde el día de la boda del rey? -Sí.

-¡Pero de eso hace siete años! -Ya, ya, pero no la he necesitado,

nada se me ha "estropeao". Me gustan las cosas bien hechas.

-Ya, pero siete años, alguien puede habérsela "llevao".

-No, eso es imposible, que aquí vive gente humilde, no ladrones.

-Haberlas "tirao", lo mismo estaban llenas de óxido.

-No, no, eran herramientas buenas, las herramientas de un portero.

-Como yo. -No, como usted no,

de un portero de primera que... Bueno, mejor me callo.

-Aquí podía estar usted.

-¿Sabe dónde están herramientas? -Ni idea.

-Desapareció hace siete años, no puede estar lejos.

-Búsquenla, que ya saben qué dice el refrán:

lo que no se llevan los ladrones, aparece por los rincones.

Y usted, ¿se puede saber qué hace una máquina de coser

en la recepción de la pensión?

-Es... es de Camino, que se le ha "estropeao"

y me he comprometido a arreglársela. Mis buenos duros me van a pagar.

-¿Y usted sabe arreglar una máquina de esas?

-Claro. Yo soy un hombre que conoce el funcionamiento

de todas las máquinas. -Eso es muy "complicao",

que no es como un botijo que tiene un mecanismo simple.

-Esa máquina está arreglada antes de una semana.

¿Se apuestan algo? -Yo porfío, no apuesto.

-Voy a pedirle las herramientas al portero del 32.

Seguro que me las han "robao".

-Qué manía "tie" de meterse en camisas de once varas.

Y tú, ¿qué, esto qué? Ve y arréglalo.

-No sé cómo puedes dudar, Rosina, ¿es que no viste a Genoveva

bailando en cueros delante de su esposo

y a la vista de todos? ¿Es que no recibiste un botellazo?

-Pero pidió perdón. -Si no tira la botella,

no tiene que pedir perdón. -Dios nos enseña a perdonar.

-Dios nos perdona, pero porque es perfecto.

¿No estarás insinuando que te pones a su nivel?

-No, no se me ocurriría. -Lo mejor es que vayamos a misa,

que está a punto de empezar, y meditas sobre esto.

Y también rezaremos por Liberto, que ha perdido el oremus,

a ver si lo recupera.

Mira quién está ahí.

Vamos.

-Buenos días. -¿No pensará usted asistir a misa?

-Era mi intención. -¿No será la misma que la nuestra?

No estoy dispuesta a compartir rezos con una mujer de su calaña.

-Disculpen, iré más tarde.

-Lo que no sé es por qué le permiten entrar en la iglesia.

Jesús debe sufrir mucho en la cruz cada vez que la ve llegar.

Ande, entre, entre que Rosina y yo nos vamos al médico,

a ver si la herida del botellazo está bien.

-Doña Rosina, le pido disculpas de nuevo.

Espero que no haya ningún contratiempo.

-Lo mismo espero yo. -No me venga de mosquita muerta,

que nos conocemos. Usted debería estar en la cárcel,

por asesina.

-No le voy a consentir ni una más,

es usted lo peor que hay en este barrio.

-Si le parece entrar a misa, entre, si no, váyase,

yo no le voy a pedir permiso.

-Ahora mismo voy a hablar con el comisario Méndez.

Es una vergüenza que esta mujer no esté encerrada.

Felipe,...

en mi casa no va a beber.

Y, si por mí fuera, no lo haría en ningún otro lugar.

Tienes razón.

¿Significa eso que va a dejar de beber?

Tan solo digo que tienes razón, nada más.

Venía a pedirte disculpas por lo de ayer.

Cuando me visitaste estaba muy alterado y...

no te traté como debía.

No quiero que me pida perdón, sino que vuelva

a ser el de antes,...

pero bueno, lo considero un primer paso.

¿Nos sentamos?

¿Quiere usted un té o un café? No, no.

Tan solo he venido a hablar.

Bueno, lo celebro,...

no sé el tiempo que llevaba sin visitarme.

Sé que soy el culpable de todo,...

lo sé.

Y también sé que tú y tu marido os portáis bien conmigo,

y que con mi comportamiento estoy manchando vuestro nombre.

Nadie olvida que somos familia.

Me alegro que se percate,...

aunque a mí el buen nombre me importa un ardite

al lado de su recuperación,... pero no es lo mismo para Eduardo,

claro, a él sí que le afecta.

Soy consciente de ello. Lo siento.

Felipe, quiero creer que está dejando de pensar en usted mismo.

Mucha gente nos pregunta por usted,

si le hemos ayudado,...

y nosotros no contestamos,...

pero deberíamos decir la verdad,.. que le hemos dado por imposible.

Es que no mienten al decir eso. Nadie puede ayudarme.

La visita de Ramón me ha desquiciado.

Felipe, debería dejar de culparle y asumir que está libre.

¿Y debo soportarlo? Es que no depende de usted.

No hay nada que pueda hacer.

Y sé lo duro que es todo esto, pero no le queda otra

que afrontarlo como una persona cabal como le gustaría a Celia.

¿Sabe qué pienso a veces?

Que si mi prima levantara la cabeza, se avergonzaría de ver

en lo que se ha convertido su esposo.

-Gracias, Marcelina. -Con Dios.

-Agustina. Buenos días. -Buenos días, don Liberto.

¿Alguna novedad en el mundo? -Uy,

hace ya tiempo que el mundo está más tranquilo que la calle Acacias.

-Y que lo diga.

-¿Cómo se encuentra don Felipe? -Ya sabe usted,...

No me haga hablar, que tendría que traicionar mi compromiso

de no hablar de lo que ocurre en la casa en la que sirvo.

-Ya, ya me imagino.

Lo cierto es que no llego a entender cómo un hombre con su futuro,

un abogado respetado como él, ha podido caer tan bajo.

-Y desde que don Ramón regresó al barrio, peor.

Antes había algunos días tranquilos,

esos ya han terminado.

No sé cuánto tiempo voy a aguantar.

-Pues ánimo y paciencia.

-No es fácil, don Liberto, no es fácil, pero lo intentaré.

Con Dios. -Con Dios.

-Liberto. -Don Ramón, buenos días.

-Buenos días.

Hablaba usted con Agustina. -Sí, comentábamos la deriva

de don Felipe, va de mal en peor. -Pobre hombre.

-Elogio su bondad, amigo.

Ayer mismo le agredió y hoy se preocupa por él.

-He estado pensando mucho en él.

No me quiere destruir a mí, se quiere destruir a sí mismo.

Lo único que no soporta es seguir viviendo.

-Seguramente no le falta razón, en ese caso solo puedo proponerle algo.

Haga su vida sin preocuparse por él.

-No puedo, Liberto. Es mi amigo, aunque él no lo crea.

Me siento responsable de su situación.

No sé cómo voy a ayudarle, pero encontraré la forma.

-Arrea, parece más fácil de lo que pensaba.

-Sí, solo hace falta un poco de gusto y mano firme.

-Pues no sé yo si sabré hacerlo tan bien como usted.

-Claro que sí, mujer, antes practica con la manga

y ya verás como le coges el truco. -Quiera Dios.

Así le daré contentura a mi señora,

que está con lo del brazo insoportable.

-¿Qué tal está la herida de doña Rosina?

-Mejor, ha "venío" para casa, el matasanos, le ha dicho que en "na"

y menos le van a quitar las vendas. -Gracias a Dios.

-Es que doña Genoveva se pasó, "señá" Carmen.

No sé yo...

si los señores, o los criados, incluso, van a perdonarla.

Además, ya lo sabe usted, en este barrio es muy fácil

que a una le pongan la cruz, pero que se la quiten...

-Casilda, que doña Genoveva es mi señora, y estás en su casa,

no me parece oportuno que la critiques.

-Tampoco estoy criticando.

Lo único que estoy diciendo es en lo que ha "quedao" "to".

Si a mí este asunto... ni me va ni me viene.

-Pues eso.

Que las criadas estamos más guapas calladitas.

-Y razón no le falta a usted, "señá" Carmen.

Bueno, que me voy a marchar a casa de mi señora

a ponerme con el bizcocho, si no me darán las tantas

y no lo he "horneao".

-Pues que te salga bien.

Y si tienes dudas, me preguntas. -Muchas gracias, "señá" Carmen.

-Con Dios, Casilda.

-Con Dios.

-He escuchado a esa chica que voy a llevar la cruz para toda la vida.

-No haga caso de eso, señora, que Casilda es muy charlatana,

indiscreta y muy chisgarabís, pero es muy buena moza.

-No me quejo por ella, solo por mi error.

Quiero pedirle perdón, Carmen.

-¿A mí? -(ASIENTE)

-No hay motivo ni hace falta. -Claro que sí,

me equivoqué.

Eché por tierra todos los esfuerzos por integrarme con las señoras.

Y reconozco que todos sus consejos fueron útiles,

solo yo fallé.

-No. A lo mejor es que las señoras no la merecen a usted.

-Pensar eso sería pretencioso por mi parte, y no me haría ningún bien.

Hay que saber reconocer los errores porque si no uno no aprende.

-En eso tiene usted razón.

Muchas veces se nos olvida,

pero ahora, con la lección aprendida, logrará su objetivo.

-No, Carmen.

Lo que he aprendido no es la forma de lograr que me acepten,

eso es imposible.

-¿Entonces?

-Que no voy a ser aceptada, y que eso no debe preocuparme,

que no debo seguir perdiendo el tiempo en conseguir algo

que ni siquiera deseo,...

y que en este barrio solo hay dos personas que me deben importar:

Samuel, mi esposo, y usted, que son los que comparten el día conmigo.

-Agradecida, señora.

Su esposo la adora, ya lo sabe,

y mi respeto lo tienen los dos, no hace falta que se lo diga.

-Gracias, Carmen. -No hay de qué.

Y el respeto de los demás terminará consiguiéndolo,

se lo digo yo, que llevo mucho tiempo en este barrio

y sé que el aire cambia de dirección más que el de los mares,

ya lo verá.

-Nada.

Mi hija no va a ser la próxima condesa de Lerín.

-¿La han "rechazao"?

-Mis datos eran erróneos, la condesa no tiene siete hijos casaderos.

-Ay, tiene hijas. -No.

Cuatro están casados ya,...

uno que era un poco castrojo se ha ordenado sacerdote,

y otro murió. -Falta uno.

-Ese es el peor: amigo del mayordomo.

-¿Cómo que amigo del mayordomo? -Amigo de eso.

Ay, hija, no me hagas que te lo explique, Arantxa.

¿Tú te acuerdas de aquel palmero rubio de Chipiona

y el guitarrista del pelo rizado de Andújar?

-Sí. -Amigos de eso.

-Por la Virgen de Irache, las cosas que hay que ver, ¿eh?

Ahora, también le digo una cosa, si ellos son felices,

no tendría que meterse nadie.

-Felices deben ser, porque el mozo no quiere conocer a Cinta.

(APLAUDE)

-Muy bien.

Eso por intentar casarme, siete candidatos y ninguno es bueno.

-Menos mal que la condesa me ha recomendado al amigo

de uno de sus hijos, un mozo que se llama Alberto.

Dice que es muy inteligente, con una gran carrera por delante.

-¿Inteligente y con una gran carrera por delante?

-Así me lo ha definido.

Debe ser un dije.

-eso quiere decir que es más feo que un pie.

no pienso conocerlo.

-Claro que lo conocerás, esta misma tarde, está invitado a tomar el té.

Así que Arantxa, ya sabes, la mejor vajilla y pastas,

no vaya a ser que sea muy tragantúa.

Y ayuda a la niña a vestir. -Eh... ¿el vestido marfil?

-Uh, perfecto.

-No pienso recibirle, voy a hacer que salga corriendo espantado.

-Tú verás si quieres acabar en un convento.

-Pues voy a contarle que hay un fantasma en casa.

-Quiero la botellita de agua bendita a mano

por si hay manifestaciones del más allá.

-Mejor voy a por el vestido y lo plancho.

-Madre,...

no me creo que no desee que sea tan feliz como lo ha sido usted.

-Tanto y más.

-Pues déjeme elegir a mi esposo, como usted eligió a padre.

-Yo tuve mucha suerte, pero anda que no conocí yo a compañeras

que se enamoraron de bailarines de ojos verdes y terminaron

llorando por los rincones.

-¿Y este vestidos?

-Que se le ha descosido un volante y lo iba a coser.

-Era mi vestido favorito de todos los suyos.

-También el mío.

Arantxa,

¿te acuerdas el día que lo usé en aquel teatro de Santiago de Chile?

-¿Cómo no me voy a acordar? Casi 10 minutos de aplausos.

Bueno, no veía yo tanto aplauso, desde un campeonato de pelota

en el frontón de mi pueblo cuando Iturriberrigorribeitia

le ganó al Gabigajojeaskoa.

-Anda,... llévatelo y prepara todo lo de esta tarde.

-Venga, anímate, que seguro que es buen mozo.

-Imposible.

Cuando dicen que una mujer es hacendosa es que es fea,...

cuando dicen que un hombre es inteligente, lo mismo.

Yo solo quiero salir al teatro con un vestido como este,

no casarme con un hombre feo.

¿Me lo dejas?

-Venga. Date prisa.

¿Era de Telmo?

Es lo único que dejó en la habitación de la pensión,

y supongo que por descuido, porque estaba al fondo de un cajón.

Había "pensao" que quizás usted supiera dónde se lo puedo enviar.

No, no me ha dejado ninguna dirección.

Ni siquiera se ha despedido de mí.

De nadie, señora.

Se fue de la noche a la mañana, para mí también fue una sorpresa.

Se presentó en la recepción con la maleta ya hecha, cerró la cuenta

y salió a buscar un coche.

Y no le dijo nada, ni el motivo, ni el destino ni nada.

Nada.

Solo dejó tras de sí, como ya le he dicho, la pluma,

y un buen recuerdo, claro.

A más ver, señora.

Fabiana.

Tú eres una mujer con experiencia en la vida y muy intuitiva,

¿qué piensas que ocurrió?

No me pregunte esas cosas, señora, que ya sabe usted

que yo no soy buena "pa" mentir.

Yo solo busco que me digas la verdad.

Yo creo que volvió a buscarla a usted,

y cuando vio que ya no había forma de llevarla con él, se marchó.

¿Y por qué crees eso?

Porque hizo preguntas, sobre usted, sobre don Eduardo.

Preguntó si eran felices.

¿Y tú qué le dijiste?

Que no soy quién "pa" saberlo, que cada uno en su casa,

y Dios en la de todos.

Diez años...

he estado pensando que era un estafador,

que me había engañado,...

y cuando se supo de su inocencia,

no he dejado de pensar en cómo habría sido mi vida junto a él.

La vida... es como es, doña Lucía,

y no se puede andar llorando por la leche "derramá".

Se van perdiendo personas,...

ocasiones, pero hay que intentar ser feliz

con lo que le va quedando a una, que puede ser mucho

o poco.

Y a usted le queda un hijo que es un sol.

Tienes razón. Entonces,

acuérdese de él cada mañana cuando se levante

y olvide todo aquello que la haga sufrir.

Lo intentaré.

¿Me la guardas?

Guárdela usted.

Si algún día don Telmo regresa a por ella, ya sabe dónde está.

Gracias, Fabiana, muchas gracias.

-La verdad es que estás... Guapísima, estás.

Dudo mucho que un hombre no se enamore.

-Pues peor para él, porque yo no pienso enamorarme.

-Oye, no digas eso nunca. Nunca se sabe, Cinta.

El amor... llega en el momento menos "pensao".

-¿Tú te has enamorado? -No seas cotilla.

-Arantxa se ha enamorado.

O me lo cuentas o me alboroto el pelo.

-Oye, ni se te ocurra, sinsorga. -¿Era vasco?

-Claro. No me voy a enamorar yo de un zascandil castellano.

Era "aizkolari".

Alto, fuerte como una montaña. Gorka, se llamaba.

-¿Qué pasó?

-Pasó... pasó que se casó con otra, ¿qué va a pasar?

Con una de Burgos. Peor "pa" él.

-Vamos, que Alberto tiene que estar a punto de llegar.

¿La botella de agua bendita? -Aquí está la botella.

(Llaman a la puerta)

-Ahí está, y puntual. Arantxa, ve a abrir.

Y tú, como me dejes en ridículo tendrás mucho tiempo

para arrepentirte en un convento, te lo aviso.

-Don Alberto Muñoz. -Encantada.

Soy Bella del Campo, y ella es mi hija, Cinta Domínguez del Campo.

-El gu... El gusto es mío.

Disculpen, tengo una dolencia crónica en la voz, nada grave.

La verdad es que hace usted honor a su nombre, Bella,

¿y qué decir de su hija? Su digna heredera.

-Eh...

¿nos sirves el té, Arantxa?

-Ahora mismo, señora.

-Eh... tome asiento, por favor, Alberto,

y cuéntenos algo sobre usted. ¿A qué se dedica?

-Pues en este momento preparo oposiciones a registrador de la,...

registrador de la propiedad. Espero que se convoquen pronto.

-Apasionante.

-Uy sí, apasionante, no sé por qué no presento yo,

con lo que me gustaría ser registradora.

-Bueno, es necesario tener terminada la carrera de Derecho.

¿Está usted recibida en esta materia, Cinta?

-No. Era una broma.

-Mi hija, que es muy chistosa.

-No, está muy bien, una mujer que aúne belleza y sentido del humor

es un regalo del cielo. -Bueno,

cuéntenos algo más, Alberto. ¿Cree en los fantasmas?

-(RÍE)

-La verdad que yo solo creo en la Santa Iglesia Católica, claro.

-Gracias, Aurelio.

Lo que no entiendo es para qué fue a casa de Felipe.

-Yo apenas he conocido a don Ramón, pero la impresión que da

es que busca el enfrentamiento.

-No me pegaba eso de Ramón, se ve que tanto tiempo en la cárcel

le ha cambiado. -Y tanto, ahora es un provocador.

Que se encuentren por la calle, pase, pero que se presente

allí, es como si la oveja va a la guarida del lobo.

-Cuánta razón tienes, Rosina.

-Pero ¿es que no tienen ustedes compasión?

-¿A ti quién te ha dado vela en este entierro?

-¿Su nieto Víctor no está casado con una hija de don Ramón?

Es usted su pariente, debería tener más respeto.

-¡Más respeto tú, te recuerdo que eres una criada!

-¿Y no evitó que usted se arruinara comprando parte de su mina de oro?

Y de usted no digo nada porque no lo sé,

pero debería tener más respeto por don Ramón, ¡porque ha hecho mucho

por la gente de este barrio! -Me voy a encargar

de que Samuel te ponga en tu sitio, y eso es muy lejos de este barrio.

-Dudo que le deje entrar en su casa.

Allí ya la conocen a usted y saben que es mala como la cicuta,

y sepan una cosa:

Si don Ramón fue a casa de don Felipe, fue para ayudarle,

otra cosa es que ese hombre haya perdido la humanidad

¡y que solo piensa en revolcarse en el odio!

-Lo que me faltaba, una criada criticándome

y defendiendo a mi asesino. -¡Don Ramón no es un asesino!

-¡Tú qué sabrás!

Si tengo que limpiar el suelo, te voy a pedir opinión, nada más.

Y si te vuelvo a escuchar hablar de mí, te voy a hacer beber

el agua sucia del cubo.

Con Dios.

Señoras.

-Nosotras también nos vamos.

Dale recuerdos a doña Genoveva, seguro que sois las dos muy amigas.

Las dos igual de zafias.

Ya sabrás de nosotras.

-Por favor.

Supongo que habrá usted escuchado hablar de las comedias de Plauto

sobre el derecho romano.

-Hacen una pareja encantadora. -El mozo tiene buena planta,

parecida a vasco, pero esa voz rota me despista, no le pillo el acento.

-Le tiene que gustar a la niña, no a vosotras.

Venga, vamos a sentarnos con ellos. -No, deja, que se vayan conociendo.

-¿A solas? -No, tú siéntate ahí

y fíjate en todo lo que hacen, y nos lo cuentas.

-Eso, eso, que no me fío.

Que la niña no puede estar más guapa.

Como para fiarse de este somormujo. -Emilio, por favor,

café con leche bien caliente.

-Os dejamos solos, así podéis hablar de vuestras cosas.

-Ha sido un auténtico placer, doña Bella.

-No llegues tarde. Arantxa se queda por si necesitas algo.

-Por supuesto, su hija se queda en buenas manos.

-Más le vale,... que sé usar el descabello.

Con permiso.

-¿Desean algo?

-Café y unos picatostes. -No, no,

no se debe tomar café por la tarde.

-¿Por? -Puede impedir conciliar el sueño.

Mejor té. Traiga té para dos, por favor.

-¿Qué traigo, señorita Cinta?

-Té. Traiga té. -Traiga té, traiga té.

Ya verá como va a conciliar mucho mejor el sueño sin tomar café.

Verá, hace casi 100 años, un científico alemán

llamado Friedrich Ferdinand Runge aisló un alcaloide

al que bautizó con el nombre de cafeína.

Bien, se cree que la cafeína tiene un papel fundamental en el insomnio,

pero no solo es el único factor, es importante tener una pauta de sueño:

acostarse y levantarse a la misma hora.

Podemos llegar al "dicit" de que para tener un sueño cuidado

hay que cuidar al sueño, ¿no le parece paradójico?

¿Cuáles son sus hábitos nocturnos, señorita?

-Venga, agarra por ahí y yo agarro por aquí.

-¿Y "pa" dónde tiramos? -"P'allá", quitarla de en medio.

A la de una, a la de dos...

y a la de tres. Ya, ya, hija, ya.

Que Dios te lo pague, Marcelina. -Ojalá todas las labores

fueran como esta, "señá" Fabiana.

-Arrea. Pero ¿van a abrir la sastrería otra vez?

-Quía.

Servando, que la va a arreglar, o eso dice, pero ya sabes cómo es,

que lo deja "to" por medio.

-Pues es una verdadera lástima que no vayan a abrir la sastrería

otra vez, y que doña Susana vuelva a trabajar,

porque si tuviera una ocupación, no estaría "to" el día cotilleando.

-"To" el día está de cháchara con unos y con otros,

no sé cómo no se le seca la lengua.

-Porque a "escondías" sus buenos tragos de quina que se mete.

-Pues eso es verdad, así está de "amargá", la pobre.

"Señá" Fabiana, ande, déjeme verla.

-Venga.

-Qué cosas, ¿eh? Hay que ver.

Este cachivache no "tie" secretos.

No paran de inventar maravillas.

-El día menos "pensao" inventan máquinas "pa" "to".

En la indigencia vamos a acabar.

-Tranquila, que eso nosotras no lo veremos.

Casilda, tapa.

-Pues no sé yo qué decirte, porque en la indigencia estamos.

No sabía yo que Servando se daba tanta maña

como para arreglar un cacharro así. -A ver en qué acaba "to" esto.

Él dice que lo tiene "to" "controlao", pero eso ya se verá.

En fin,...

voy a por unas sábanas y cuando vuelva os invito a una limonada

para agradecer la ayuda. Ahora vengo.

(CHISTA)

-¿Sabes una cosa, prima?

Yo tengo un reloj despertador que no anda.

-Pues ya sabes quién te lo puede arreglar, habla con Servando.

-Pues sí,... eso voy a hacer.

-La verdad es que si hago oposiciones al Registro

es por tradición familiar, conmigo ya somos tres generaciones

de registradores en la familia Muñoz,

pero no es lo que más me gusta. -¿No?

-No. Donde esté el Derecho Romano,

que se quite lo demás. -Ah, yo pienso lo mismo.

-Me alegro de que estemos de acuerdo.

-Al 100 por 100. -Una pareja

debe fundamentarse en metas comunes y aficiones comunes

como el Derecho Romano. ¿De verdad que le gusta?

-Horrores. -Fíjese,

esta semana en el Ateneo hay unas conferencias sobre Derecho Romano

Justiniano I y su "Corpus Iuris Civilis".

Podemos ir. -Nada que me apetezca más.

No deje de avisarme.

-Si me disculpa, me avergüenza decirlo, pero...

debo ir al mingitorio.

-Vaya, vaya, vaya, aguantaré unos instantes sin su fascinante charla.

-¿Cree que podrá? -Sí.

-Gracias.

-Si quiere, le traigo un litro de café,

que ya ha oído a su acompañante, evita que uno... se quede dormido.

-Diez litros necesitaría.

Arantxa. -Ay, amá.

¿Va todo bien?

-En cuantito salga del aseo, nos vamos.

Casi me quedo dormida.

Los ladrillos son más divertidos que este tío.

-(CARRASPEA)

-Lamento la demora, espero que no haya sido demasiada.

-No, no pasa nada. Alberto, nos tenemos que ir,

se nos ha pasado el tiempo volando. Arantxa ha venido a avisarnos.

-Ha sido un auténtico placer.

Volveremos a vernos, supongo. -Espero.

Vamos, Arantxa. -Sí.

-Con Dios.

-En el bolsillo la tiene.

Le come de la mano. -¿De veras lo cree usted?

-Sí, hágame caso. -Veni,...

vidi,...

vici.

(Pasos)

Úrsula,...

¿Señor?

¿Ha notado algo raro en mi esposa?

Nada, señor. Creo que está triste.

¿No lo ha notado?

No, señor.

¿Es por Telmo?

Don Telmo... se ha marchado.

¿Para siempre?

Eso parece.

No se ha despedido de nadie.

(TOSE) ¿Y lo sabe Lucía?

Sí, señor.

Entonces ya sé lo que le ha pasado.

Cuando llegó ese hombre le cambió el carácter, y ahora que se marcha,

deja la tristeza en ella.

No diga eso, don Eduardo, Lucía le ama.

Para ella don Telmo es el pasado. La desestabiliza

cada vez que aparece.

Lucía volverá al redil.

Lo que Dios ha unido no lo separa el hombre.

Yo le daré amor...

y usted, consejos.

¿De acuerdo?

Lo haré lo mejor que sepa.

¿Está la cena?

Sí, ya pueden sentarse, se servirá en un minuto.

Úrsula.

¿Señor?

Dígale a la criada que cambie los cubiertos de sitio.

Ven. Siéntate a mi lado.

Samuel, yo lo único que te estoy diciendo es que hubiera hecho

lo mismo que Carmen. Pero hay una gran diferencia,

tú eres la señora de la casa y Carmen es una criada.

Pero si tiene razón, la tiene.

hemos dejado bien claro que hay asuntos de la casa

que llevas tú y otros que llevo yo, y este es de los segundos.

Tienes razón,...

pero le he cogido aprecio a Carmen.

No temas, tan solo es una llamada de atención.

Pero no seas muy duro con ella.

Tengo que serlo,... de lo contrario no servirá de nada.

Carmen.

¿Me llamaba, señor? Pasa y siéntate.

Me han informado de lo que ha ocurrido esta mañana en la calle.

sé que no estuvo bien lo que hice, pero...

Insultaste a unas vecinas y te enfrentaste a don Felipe.

Le pido disculpas,...

pero estaban denigrando a don Ramón, que es un hombre bueno,

e íntegro, que se preocupa de don Felipe y que lamenta

la muerte de doña Celia.

¡Eso no es asunto mío y tampoco tuyo!

No quiero que vuelvas a meterte en los asuntos de los vecinos,

de lo contrario, te despediré.

No me dejas otro remedio.

No, señor, por favor. Eso es todo, Carmen.

Puedes retirarte.

¿Era necesario ser tan duro?

Lo era.

Sabes que no quiero despedirla,

pero tenía que asegurarme de que esto no vuelve a suceder.

Me voy a dar un paseo antes de la cena, necesito que me dé el aire.

¿Quieres que te acompañe? No.

Necesito unos minutos de soledad, no te preocupes.

-Disculpe, la he confundido.

Buenas noches.

-Buenas las tenga usted también. ¿Puedo ayudarle en algo?

Si quiere una habitación para pasar la noche,

yo tengo una de las mejores.

-¿Pensión limpia y con buenos precios?

-Los mejores. Pensión... Buena Noche.

A cualquiera que pregunte, le dará las mejores referencias.

¿Y qué le trae a usted por Acacias?

-Busco a una mujer, a Genoveva Salmerón.

-¿Y para qué la busca? -¿La conoce?

-Sí, sí, conozco a una Genoveva, sí, lo que no sé

es si el apellido es Salmerón. -No hay muchas Genoveva,

será la misma.

-¿Y quién pregunta por ella?

-Un viejo amigo.

¿Desean algo más, los señores? No, Úrsula.

Dígale a la criada que ya puede retirarse.

Antes le diré que recoja la mesa.

No, no hace falta, mañana lo hará. Como guste.

Buenas noches.

He sabido que Telmo... se ha marchado para siempre.

Eso me han dicho.

Me alegro.

¿O es que le echas de menos? ¿Yo?

¿Y por qué motivo iba a hacerlo? ¿Y alivio,

sientes alivio?

No siento nada, Eduardo, tú eres mi esposo,

ningún hombre me hace sentir nada.

Me alegro de que así sea.

No debes de temer otra cosa.

Os cuido a Mateo y a ti,...

¿crees que cumplo mi deber como esposo?

Claro, no sé por qué lo preguntas.

Porque quiero que tú también cumplas con tu deber como esposa.

Ya te lo pedí por las buenas.

Eduardo, por favor.

Quiero que cumplas tu deber como esposa

y que lo hagas con entusiasmo.

Vamos.

-Eso ya se verá, que si el muchacho es medio normal,

le voy a animar para que nos pida tu mano.

-Madre, por favor,...

que me hunde la vida si me casa con ese desustanciado.

-Estoy convencida de su inocencia...

y no puedo callarme cuando le faltan al respeto que se merece.

-Siento mucho haberte metido en este lío.

-"También he traído algo para ti". ¿No vas a cogerlo?

No mientras que te ensañes con Mateo.

¡Es insufrible!

No sé por qué sigo aguantando tus desplantes.

A ver si vas a probar tú antes el cinturón que el niño.

-No quiero que mi hija se pase la vida de camerino en camerino.

Esa no es vida para una chica decente.

-Pues a ver si ella lo entiende así,

porque donde ustedes ven penuria, a ella se le antoja aventura.

Por su bien y el de su hijo,...

debería complacer a su esposo en todo lo que le pida.

Compréndalo,

acceda a los deseos de su esposo,

al menos hasta que pase esta tormenta.

-"Soy un viejo amigo de Genoveva,"

¿sabe dónde puedo encontrarla? -¿Para qué quiere verla usted?

-Quiero saludarla y darle recuerdos de unos conocidos.

¿Puede darme razón de Genoveva?

Jamás podré volver a amar.

¿Sabes lo que significa eso?

Sí,... perfectamente, yo siento lo mismo.

-Tu madre, quiere verte. Te quiere dar una noticia.

-¿Es buena o mala?

-Yo creo que es buena para tu madre, pero mala para ti.

-Tú no sabrás lo que le pasa a Carmen, ¿verdad?

-Ya te tengo.

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Acacias 38 - Capítulo 977

25 mar 2019

Lucía está desconcertada por la marcha de Telmo. Eduardo intuye que la causa de la tristeza de Lucía es Telmo y para castigarla busca intimidad con su esposa, no está dispuesto a admitir excusas.
Carmen comenta a Lolita y Antoñito la actitud extraña de Ramón, sospecha que está encubriendo a alguien y cree firmemente en su inocencia. Ramón por su parte decide quedarse en Acacias, ante todo quiere ayudar a Felipe porque se siente responsable de su estado.
Bellita prepara a su hija para conocer a un candidato a novio: Alberto un muermo del que sale huyendo; Emilio que observa todo desde la terraza del restaurante se alegra.
Un tipo misterioso (Ariza) aparece por Acacias preguntando por Genoveva.

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  1. lina13

    Podía haberle respondido si yo me acuesto siempre a la misma hora a las 7 de la mañana y me levanto también siempre a la misma hora las 2 de la tarde. Yo siempre he pensado que esa teoría es una tontería.

    30 may 2019
  2. lina13

    Carmen tiene razón está encubriendo a alguien, pero no al asesino sino a la propia Celia. Quiere ocultar su suicidio

    30 may 2019
  3. Mar

    El personaje de Felipe nunca me gustó, yo no me creí su cambio como hizo la que fue su esposa, Celia, pero ya ésto es detestable, amenazar así a Carmen con hacerle beber de un cubo y físicamente echándole todo el cuerpo y aliento sobre ella, asco de persona, eso no lo hace un hombre. ¿Cuándo va a desaparecer ya que no pinta nada? ¿o por fin volverá Tano a la escena y se hará algo nuevo de ese malnacido? Me temo que no, ni después de quedar casi inválido y tener que rehabilitarlo Lolita cambió en su trato clasista y machista, qué desagradable...

    01 abr 2019
  4. marga

    Muy de acuerdo con todo tu comentario. Solo una una ligera y sutil puntualización : petición-EXIGENCIA la del esposo ese... "tan gris", que la llevó a la rastra. No, por favor "consecuencias" de esa índole nooo.

    26 mar 2019
  5. Rafael

    Y el entusiasmo de Lucía cuando Eduardo la obliga a "cumplir con la obligación de esposa" iguala al de María Antonieta subiendo al cadalso.

    25 mar 2019
  6. Saro

    Hoy Liberto ha estado de sobresaliente y me ha representado totalmente; las cosas que le ha dicho a su tía y a Rosina, es justo lo mismo que les habría dicho yo; además en lo que se refiere a Rosina, hace tiempo que tendría que haberlo hecho, porque su esposa le sigue los desvaríos a Susana que, como actriz es fantástica pero su personaje es detestable. Carmen ha estado genial en la defensa de Ramón; me ha gustado muchísimo la valentía que ha demostrado al dirigirse a cada una de las tres "cotorras" y decirles lo que son en su cara; la intervención de Felipe está dentro de "lo normal" que estamos viendo en él últimamente, espero que vaya volviendo el Felipe que conocemos. La que me pareció exagerada fue la "llamada al orden" de Samuel que, al parecer, ha olvidado todo lo que le debe a Carmen; me pareció ver que a Genoveva no le hizo ninguna gracia la actuación de Samuel. El personaje de Eduardo cada día me parece más siniestro, sombrío, oscuro y lo que le faltaba era hacerle esa petición a Lucía, solo espero que no tenga "consecuencias". Bellita me parece que pierde el tiempo buscando novio a su hija, la niña ya se lo ha buscado por su cuenta. El padre me hace gracia porque siempre trata de "quedar bien" tanto con la hija como con la madre, aunque las dos piensen de forma distinta ... él con su "fino y su jamón" tan tranquilito.

    25 mar 2019