www.rtve.es /pages/rtve-player-app/2.17.1/js/
5063378
No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capitulo 970 - ver ahora
Transcripción completa

¡Asesino! -¡Ya está bien, Felipe!

Deje de insultar a nuestro vecino.

-¿Acaso he dicho algo que no sea cierto?

Llevo 10 años lejos de aquí. Ha llegado el momento

de recuperar mi sitio y todo lo que me arrebataron.

¿Va a consentir que Felipe le humille delante de todos

y usted se queda sin hacer nada?

-Eso es exactamente lo que voy a hacer.

Olvidar lo que ha ocurrido.

Me gustaría no acudir a la cita.

Si pudieras ir solo y pedir que me disculpen...

De ninguna de las formas.

Te lo ruego. He dicho que no.

¿Se va a dedicar al cante?

-No, no, le interesan asuntos de más enjundia.

El cante...

El cante no es un tema de interés para una chica tan fina.

Ella es una ciudadana del gran mundo.

Yo hubiese actuado de la misma forma.

O con más virulencia.

Pero tengo que rogarle que se modere.

Hay que saber cómo, cuándo y dónde

hacer ciertas cosas, Felipe.

Todo...

llega a su tiempo.

¿Entiende lo que le quiero decir?

-Perfectamente.

Quiero que se ahorren los chismes sobre mi esposa.

Yo...

Nunca he conseguido hacerme un lugar en Acacias.

Pero me parece muy injusto

que a Genoveva no le den una oportunidad.

Todo el mundo tiene que darle la espalda. ¿Entendido?

-Esa es su opinión. Y no soy quién para enmendarle.

Pero cada uno en su casa hace lo que le parece bien.

A don Ramón no lo voy a poner en la calle.

Has salido de casa sin avisar

y has pasado un montón de tiempo con un desconocido.

¿Por qué no puedo ir con Telmo?

Porque lo ha dicho tu padre y punto redondo.

¿Y algún sitio poco recomendable?

Más que nada, por evitarlo.

-El peor, el café de la calle del Alamillo.

Y respétame como me merezco.

-Ojo, que una ya no es criada. Y está usted en mi negocio.

Así que humo, no la quiero ver por aquí.

¿Sabe dónde queda la calle del Alamillo?

-¿Por qué preguntas?

-Me han dicho que allí hay una librería muy buena.

¿O es que escondes algo?

¿Es acaso que yo sí te importo?

No hace falta que me contestes.

Tus ojos hablan por ti.

Por supuesto que voy a contestarte, Telmo.

Todo ha de quedar claro entre nosotros.

¿Quieres una respuesta, Telmo?

Pues aquí la tienes.

Te niegas a enfrentarte con la realidad

y olvidas que hace 10 años que nos separamos.

Te aseguro que recuerdo cada día que he pasado lejos de ti.

Eres tú la que parece haber olvidado

que todo fue fruto de una repugnante mentira.

Es cierto que fuimos víctimas

de la crueldad y avaricia de nuestros enemigos.

Pero el tiempo ha pasado, separándonos para siempre.

Ya nada tenemos que ver el uno con el otro.

¿Acaso no te das cuenta?

Yo estoy casada y...

Y soy dichosa con mi esposo.

Ahora mi único objetivo ha de ser

mantener a salvo a mi familia.

¿De qué deseas protegerla?

¿De tus propios sentimientos?

Me han bastado unos días para darme cuenta

de que estás muy lejos de ser dichosa con ese hombre.

No he visto amor entre vosotros.

Más bien, una enorme distancia.

Pero ¿cómo te atreves?

¿Quién eres tú para inmiscuirte en mi vida

y opinar sobre ella con semejante ligereza?

No has negado mis palabras. No le amas.

Pues descuida, que las negaré ahora mismo.

Lo hago con locura.

Mi esposo es la mejor persona que he conocido.

Y solo deseo estar a su lado.

Mientes.

El Telmo que conocí un día no era tan soberbio.

Sabría aceptar su derrota y apartarse.

Telmo.

Te lo voy a pedir por última vez.

Vete. Tu presencia me hace daño.

Y solo puede crearnos problemas a mí y a Mateo.

Por cierto, con respecto a mi hijo,

deja que te aclare algo.

No puedes llevártelo de paseo cuando se te antoje.

No quiero que el niño vaya con extraños.

¿Extraños, dices? Sí, extraños.

Eso es lo que eres para mí y para mi familia.

Nada más que un extraño.

(SUSPIRA)

Lo lamento.

No he querido causar problemas a nadie y menos, a tu hijo.

Si tanto deseas mi marcha,

me iré de Acacias para siempre.

Pero antes, respóndeme a algo.

¿Has pensado en los 10 años que he tardado en volverte a ver?

¿Qué puedo hacer yo con ese tiempo perdido?

Mientras tú rehacías tu vida,

yo he pasado estos años luchando y resistiéndome día a día

para no salir en tu búsqueda

mientras no se demostrara mi inocencia.

Lucía.

Dime cómo has logrado olvidar que nos amamos.

Porque yo no he podido ni un segundo.

No he dejado de ansiar volver a tu lado porque mi vida sin ti

no es nada.

¿Cómo has podido apagar la llama que ardía en nuestros corazones?

¿O es que me estás mintiendo y me sigues amando?

Cállate, te lo ruego.

No, no, no.

No me voy a callar.

No voy a cometer ese mismo error de nuevo.

Hace 10 largos años me pediste lo mismo.

No quisiste escucharme y no dejaste explicarme.

Creí que me engañabas.

Las pruebas eran claras.

Escuchaste antes a tu cabeza que a tu corazón.

Y eso nos condenó.

(SUSPIRA)

No sé lo que ha ocurrido después

y qué decisiones te has visto obligada a tomar.

Pero tengo miedo de algunas cosas que veo,

siento y pienso.

¿A qué te refieres?

No me voy a ir.

No, por ahora.

(SUSPIRA)

Brindemos ahora por nosotros.

Lo único que importa.

(SUSPIRA)

No sé cómo habrán reaccionado los vecinos tras la reunión.

Pero sentía que tenía que dejar las cosas claras.

Y yo te lo agradezco con todo mi ser.

Nunca nadie me defendió de tal forma.

Nunca nadie te ha amado como yo.

Mi vida comenzó el día que te conocí.

Ojalá pudiera yo decir lo mismo.

Daría mi mano derecha por no venir de donde vengo.

Por no ser quien soy en realidad.

¿Acaso no quieres ser la mujer a la que amo?

Sabes bien a lo que me refiero.

Me hubiera gustado tanto que la idílica historia

que contaste antes de cómo nos conocimos fuese real.

Quisiera ser esa mujer cándida que has descrito.

Una princesa perfecta y virgen, lista para ser amada por ti.

No te amaría más si lo fueras.

Eso es imposible.

Si supieras cuánto lamento haberte complicado la vida.

No.

Tú no me la has complicado.

Me la has salvado.

Tú no eres el problema.

Eres la solución.

Antes de ti, de tu amor,

yo era un hombre perdido.

Y ahora sé cómo debo hacer las cosas

y nunca pienso volver atrás.

Ahí tiene, Fabiana, ropa de cama para mi suegro.

-Te lo agradezco, Lolita, pero no era menester.

Contamos con mantas y sábanas para todos.

-No se me moleste.

Pero dudo que sean de hilo tan fino.

Compréndame, quiero proporcionarle a mi suegro todas las comodidades.

Así lo quiere mi Antoñito.

-Pierde cuidado, que no me molesta.

Tú no temas, que aquí lo cuidaremos muy bien.

-Y así se lo agradezco.

Es usted más buena que el arroz con leche.

Es de las pocas que no da la espalda.

Antes...

tuve la de Dios es Cristo con Susana.

Fue ella la que empujó a mi suegro a marcharse.

-Tú ya sabes cómo es la gente. -"Pa" chasco que sí.

Más mala que pegarle a un padre.

Le puse los puntos sobre las íes. Le dije que no la quería allí.

No es bien recibida. -¡Ay, hija!

Esperemos que esto no traiga más consecuencias que lamentemos.

Todo es una desgracia.

-¿Y mi suegro?

¿Cómo está, lo ha visto?

-"Na" de "na".

Desde que don Felipe se encaró con él, apenas sale de su cuarto.

(SUSPIRA)

Si supiera cómo ayudarle.

-Ya lo estás haciendo.

Poco más puedes hacer.

(Puerta)

Calla, que me parece que viene.

-Lolita, ¿qué haces aquí? -He venido a verle, suegro.

A pedirle que se venga a cenar con Antoñito y una servidora.

He hecho un puchero que se va a chupar los dedos.

-No lo dudo. -No me venga con excusas.

Que su hijo está a punto de llegar y seguro que le alegra verle.

-Compréndeme, Lolita, preferiría estar aquí, solo, en la habitación.

-Está bien.

No voy a ser yo quien le discuta, que tengo las de perder.

Pero que sepa que es más terco que una mula.

Y como ya me sabía la respuesta,

le he traído viandas de la mantequería.

Para que se las tome cuando quiera.

-Te lo agradezco, hija.

-Hágalo dejándose ver más el pelo.

(SUSPIRA)

Cuídese, suegro.

Buenas noches, Fabiana. -A más ver, hija.

Don Ramón.

Lolita se desvive por usted.

Tiene muy buena nuera.

-La mejor, Fabiana.

Aunque a la vista está que trata de cebarme.

Ha traído comida para un regimiento.

Fabiana.

Me ha parecido verla preocupada.

¿Ha pasado algo?

-No, que yo sepa, don Ramón.

-Soy plenamente consciente

de que tengo a todo Acacias en mi contra.

Pero no quiero causarle problemas a mis hijos.

Y tampoco a vosotros por alojarme aquí.

¿Os ha llegado alguna queja?

-Nanay, señor.

Ni una palabra.

-Ya veo.

Te agradezco que trates de engañarme.

Quizá lo mejor para todos hubiera sido que me marchara.

-No diga usted "tontás".

Aquí está su familia y este es su sitio.

-Aquí solo puedo causarles inconvenientes.

-Eso nunca lo hace un padre.

Tiene que estar al lado de Antoñito y Lolita

y ayudarles en lo que pueda.

-¿Y cómo, Fabiana, si nada precisan de mí?

-¡No te amuela! Sus consejos y su sabiduría.

Tiene usted que aguantar.

Aguantar y no dejarse avasallar por nadie.

Oh.

A las buenas, doña Bellita.

Da gusto verla pasear con tanto garbo y salero.

-Agradecida.

No se puede pasear de otra manera con este sol de España.

-Y tiene más motivos para estar satisfecha.

He conocido a su hija Cinta.

-¿Sí, a que es lo más bonito?

-Tan guapa como su madre. Y bien educada.

Es toda una señorita.

-Nuestros cuartos nos ha costado.

Ha estado en los mejores internados.

-Más lo que ha heredado de su madre.

Lástima que no siga sus pasos.

-No me digas chuminadas. No seguirá mis pasos ni hacia el baño.

-Con los dones que la naturaleza le ha dado y sus consejos,

bien podría ser una artista de renombre también.

-Mejor, esposa de un embajador.

-Ah. -Eso, como poco.

Que gracia y belleza tiene hasta para el Rey de España.

-¿Hablan de su hija?

-Le estaba contando lo simpática que fue con nosotros.

-Sí, esa niña es pan de oro.

¿Quién nos iba a decir que con tantas desgracias,

esa casa acabaría ocupada por una artista tan grande?

-Aguarda un suspiro.

¿Qué desgracia es esa de la que me habla?

-Ya sabe usted, el asesinato de doña Celia.

El Señor la tenga en su gloria.

En el mismísimo principal pasó todo.

¡Huy!

¡Ha perdido la color!

¿Le pasa algo?

-Sí.

Que me parece que el día no va a ser tan luminoso como yo creía.

Se acercan nubarrones.

Gracias por la visita, señoras.

¿Quieren tomar algo?

¿Una tisana, unas pastas?

Ahora doy aviso a Agustina para que baje a por ellas.

-Se lo agradezco, pero no es necesario.

No le entretendremos mucho.

Me han dicho que quería verme.

-Tomen asiento.

-Yo he aprovechado para acompañar a Susana

y poder mostrarle mi condecoración.

Es de los pocos vecinos que no la ha visto.

-De los vecinos y de toda España.

No pierdes ocasión para mostrarla. Ahora no es el momento.

-Ya tendré tiempo de admirarla.

-¿Para qué quería verme?

-Ha llegado a mí el encontronazo que ha tenido con Lolita.

-Vaya, las noticias vuelan.

-Sobre todo, en el altillo.

Agustina me lo ha comentado.

-Es de suponer que en el altillo me considerarán

un ogro por haberme enfrentado con Lolita.

Pero sepa que fue ella la que me trató de una forma inaceptable.

-Aunque no fuese así, no tiene por qué disculparse.

El regreso de don Ramón ha alterado la convivencia.

Era de suponer que nos traería problemas.

-Tiene razón, ojalá no hubiera vuelto.

-Su lugar no son estas calles, sino la cárcel.

Lolita no puede tomarla con nadie porque piense así.

Es una injusticia que no se puede consentir.

-Es cierto. ¿Sabe qué?

No voy a volver a dirigirles la palabra a los Palacios

hasta que no se disculpen conmigo.

Aquí tiene, sus lentejas. -Agradecida.

-Agradecida le estoy yo.

Es la primera clienta que entra en todo el día. No sé qué pasa.

Me parece que soy la única que está a dos velas.

Usted sabe algo.

-Se ha corrido la voz de tu enfrentamiento con Susana.

-¿Y qué, aunque así sea?

Le prohibí la entrada a la tienda a ella.

-Lo sé.

Pero está que se la llevan los demonios.

-Y ha contagiado al resto.

-Entre otras, a doña Rosina.

Y Casilda no sabe cómo decirte que le han prohibido comprar aquí.

-¡Maldita sea! Que esto podría significar mi ruina.

-En tu mano está evitarlo, Lolita.

Haz las paces con doña Susana.

Y así no te echas a todo Acacias encima.

Siento mucho habértelo contado.

-No se puede culpar de las malas noticias al mensajero.

Agradecida.

Y agradecida por haber venido a comprar.

A pesar de todo. -Y así lo haré.

Mientras mi señora se mantenga al margen y no me lo prohíba...

Pero descuida, que no creo que lo haga.

Doña Susana no es santo de su devoción.

En fin.

Espero que pronto se solucione todo.

Que tengas suerte.

¡Huy!

¡Me cago en el copete!

-Me acabo de encontrar con Carmen. ¿Qué te pasa?

-No es nada, Antoñito.

-¿Te ha dicho algo que te ha molestado?

-Pues sí.

Pero pobrecita, ella no tiene culpa.

Ay, Antoñito, que doña Susana

se ha empeñado en causarnos la ruina.

Le ha dicho a todas las señoras que no me compren.

-Me va a escuchar esta señora. -No, no.

No, que eso no ayudaría.

Estoy harta de tanto odio y tanto resentimiento.

¿No lo hemos pasado ya mal?

Ver 10 años al podre de tu padre pudrirse en esa cárcel.

¿Es que no es suficiente castigo?

-Yo he soportado a duras penas los desprecios hacia mi padre.

No sé si me quedan fuerzas para que mi mujer también sufra.

-No te preocupes por mí, te lo ruego.

-¿Cómo que no? Eres lo que más me importa en este mundo.

Parte otro platito de jamón, que este ni lo he olido.

-¡No te amuela!

No le ha dado tiempo de lo rápido que ha tomado.

Cuidado, que comer tanto entre horas no es bueno.

A ver si le va a sentar mal.

-El jamón nunca sienta mal. Sobre todo, si es de Huelva.

Eso y las gambas se pueden comer a espuertas.

-Si yo no digo nada.

Pero va a dejar cojos a la mitad de los gorrinos de España.

Y vacío, el mar de su Almería del alma.

-¡Ay, José, qué disgusto tengo!

-¡Pero templa, mujer!

Echa un poquito más de fino.

-¿Desde cuándo es bueno el fino para los nervios?

-Para los nervios, no sé. Para el jamón, como anillo al dedo.

-No me seas tragaldabas y escucha, que te vas a quedar pasmado.

Tú ya sabías que don Ramón dio muerte a la esposa del abogado.

-Claro que sí. No traes ninguna noticia nueva.

-Hasta ahí, bien.

Lo que ignoras es que tal escabechina

ocurrió en esta misma casa.

-¡Pero qué dices!

-Quién sabe si no le arrancó la pelleja

en esta cocina donde te estás comiendo el jamón.

-¡Eso no es posible, mujer, con el mal fario que trae eso!

-¡Ay, Dios mío! ¿Qué hacemos? ¿Tú sabías algo?

-¿Yo? ¡Qué va!

Tan solo que don Ramón estuvo en la cárcel por ese crimen.

¿Está usted segura?

-El portero y su esposa me lo han contado.

Lo he confirmado con más vecinos.

Al parecer, somos los únicos que no nos habíamos enterado.

-El desalmado de Antoñito bien que se lo calló

para vendernos el piso.

-¡Ay, que nos han dado gato por liebre, José!

-Pues se le va a atragantar.

Toma, Marcelina, por las flores. -Le doy las vueltas.

-Quédatelas. Tan bellas flores lo valen.

-Se agradece, doña Genoveva. Es usted muy amable.

Pero ¿qué hace, señora?

¿Acaso piensa fumar aquí?

-¡Caray con la adivina!

¿Para qué, si no, iba a sacar el tabaco?

-Aguarde a llegar a la casa.

No fume en público.

-¿Por qué no?

A quien no le guste lo que ve que no mire y asunto arreglado.

-Perdone mi atrevimiento.

He de decirle que es usted una mujer

un tanto peculiar.

-Bonita forma de decirme que no pego en este barrio ni con cola.

Quien calla otorga, Carmen.

Pero tiene razón, soy distinta y siempre lo seré.

Pero eso no quiere decir que sea peor que el resto.

No hay maldad en mi corazón.

Espero que algún día lo comprendan mis vecinos.

-Las palabras que dijo don Samuel en la reunión ayer

deberían haber ayudado a convencerles.

-No sé si habrán llegado a buen puerto.

No hay peor sordo que el que no quiere oír.

-Quizá pueda salir de dudas ahora mismo.

Por allí veo a doña Rosina y a doña Susana.

¿Por qué no se acerca a saludarlas?

Siéntese.

(SUSPIRA)

Bueno, pues aquí me tienen.

¿Por qué querían verme con tamaña urgencia?

-Lo sabe usted perfectamente.

-Déjese de comedia, que hemos descubierto el muerto.

-Nunca mejor dicho.

-¿Les importaría ser más claros? No sé de qué están hablando.

-En un santiamén le doy ese capricho.

Sabemos que en esta casa ocurrió un asesinato.

-De eso acusaron a mi padre injustamente.

-Pues eso se avisa a la hora de vender una casa.

Tiene cuatro habitaciones y en una de ellas mataron a una vecina.

-Nos ha engañado usted. -No, de ninguna manera.

No consideré que fuera una información relevante.

Fue hace mucho tiempo.

Todos hemos hecho lo posible por olvidarlo.

-Pues a nosotros nos va a costar una barbaridad hacerlo.

-No podemos vivir en una casa que nos da tan mal fario.

-Siento haberles causado tal perjuicio.

Si pudiera resarcirles de alguna manera.

-Claro que puede, perfectamente.

Devuélvanos hasta la última peseta que pagamos.

Nos iremos con viento fresco y aquí, paz y después, gloria.

-Ya, pero yo eso no puedo hacerlo. Ya no tengo tanto dinero.

-Quédese con la última peseta.

Por los días que hemos estado alojados.

-Que no me entiende. El dinero que me dieron

lo usé para pagar abogados para liberar a mi padre.

Es imposible que pueda darles ese dinero.

Perdón, Casilda, ¿qué vas a hacer?

-Ya lo ve, sentarme.

-¿Con nosotras? -¿Perdonen?

Yo ya me había acostumbrado a tomar el aperitivo con ustedes.

-Por suerte, esa lamentable época pasó.

Mejor te vas a casa, que tendrás faena.

-Doña Veremunda sí que sabía tratar a su criada.

Con Dios, señoras.

-Así es el servicio, les das la mano y te cogen el brazo.

-Buenas. ¿Les importa que me siente con ustedes?

-Al contrario, Felicia, será un placer. Como siempre.

-Así descanso y disfruto de su conversación.

Emilio, hijo, encárgate de todo.

Voy a quedarme con mis amigas. -Como diga, madre. Ahora salgo.

(SUSPIRA)

Emilio es un sol, siempre tan dispuesto.

-Pero su hija le ha salido un poco calladita.

-Rosina, ¿qué quieres? Es muda.

-Sí, perdón, me refería a que la encuentro

seria, reservada, como en su mundo.

-Felicia, díganos, ¿la pobrecita es muda de nacimiento

o llegó a hablar en algún momento?

-Sí que habló.

Cantaba como los ángeles.

-¿Y qué le pasó para quedarse así?

-Vaya usted a saber.

Los médicos no supieron decirnos el origen de su mal.

-Señora.

Quizá sea su ocasión para estrechar lazos.

Acérquese.

Siéntese con ellas.

-En fin, valor y al toro.

A las buenas.

¿Van a tomar un tentempié?

-Eso nos disponíamos a hacer.

(SUSANA CARRASPEA)

¿Marchaba para casa?

-Sí, ya me voy, tengo que poner las flores en un jarrón.

-Lucía, ¿quiere sentarse con nosotras?

-Lucía.

Se lo agradezco, pero tengo ciertas cuitas que atender.

Para otro día.

En fin, les dejo. Disfruten de su aperitivo.

¡Condenadas brujas!

No soy lo suficientemente buena para sentarme en su mesa.

Mientras espera, le voy a invitar a un digestivo.

Invita la casa.

-Se lo agradezco.

-Es un honor tenerle aquí, don Liberto.

-¿Podría pedirle otro favor?

-Cómo no. A mandar.

-¿Le importaría dejarnos a solas cuando venga don Ramón?

-Claro, es de comprender que necesiten intimidad.

Ojalá pudiera hacer yo algo para arreglar las cosas.

-No será tarea fácil, pero hay que intentarlo.

Siempre he tenido en gran estima a Felipe y Ramón.

-No, como todos.

Son indispensables para esta calle y quién nos iba a decir

que iban a acabar las cosas tan malamente.

-Liberto.

-Qué alegría verle, don Ramón.

-Cuánto le agradezco su visita.

Y sus muestras de afecto, ya no estoy acostumbrado a ellas.

-Sí, yo tengo que marcharme.

Les voy a dejar otro vasito

por si quieren brindar.

Con Dios, señores. -Gracias, Servando, con Dios.

(CARRASPEA)

-¿A qué se debe tan agradable visita?

-El motivo de mi visita es muy claro.

Siempre ha demostrado usted ser una de las personas

más generosas y honestas de todo Acacias.

Y quería que supiera que cuenta con todo mi apoyo en este momento.

Al igual que otros vecinos,

no sé qué pudo suceder aquel fatídico día.

Pero de lo que sí estoy seguro, amigo,

es de que usted es incapaz de cometer semejante felonía.

-Al parecer, no era esto de lo único que quería hablarme.

Hágalo sin miedo, estimado amigo.

-No se equivoca.

Me gustaría pedirle que trate de evitar a Felipe.

Estoy seguro de que acabará aceptando esta situación.

Pero queda todavía un trecho.

Felipe ya no es la persona que usted conoció.

Está sumergido en un pozo de amargura y dolor.

-Y lo comprendo.

Le fue arrebatado lo que más quería.

Su amada esposa.

-Sí.

Tras la muerte de Celia, solo busca su destrucción.

Pasa el tiempo bebiendo,

jugando, yendo con malas compañías.

Dilapidando su buen nombre y la fortuna de su esposa.

-¿Ya no ejerce de abogado? -No.

No tardó en correrse la voz

de que se estaba descuidando.

Los pocos casos que le quedaban los perdió por su culpa.

Hasta el Marqués de Viana prescindió de sus servicios.

-Lamento escuchar que aquel día no solo se perdió la vida de Celia,

sino también la suya.

En la celda donde estaba recluido,

apenas llegaban noticias del exterior.

No sabía nada de las desdichas de mi antiguo amigo.

-Lo bueno es que no pasa por estrecheces,

a pesar de su mala cabeza.

Un gestor se encarga de gestionar la empresa de su esposa,

que sigue aportando beneficios.

-¿Sigue teniendo contacto con su hijo Tano?

-Sí, va a visitarlo de vez en cuando a Inglaterra.

Pero a su regreso, no tarda en volver a su vida disoluta.

-Cómo me gustaría ayudarle

a que volviera a ser el hombre que siempre fue.

Pero no se apure, procuraré evitarlo.

Ya le he causado bastante mal.

Chiquilla.

Deja de andar de un lado a otro, estoy agotado de verte.

-¡Tengo un sofoco de no te menees!

Hasta el aire me falta, escucha lo que te digo.

-Abre un poco la ventana.

-Ahí no me acerco yo.

Por ahí tiraron a la finada. -¡Calla!

-¿Otra vez, señora, escupiendo?

Que una cosa es una maldición

y otra cosa es que tenga que estar detrás de usted limpiando.

-¿Ha hecho ya las maletas?

-Pues hombre, en parte.

Que no era plan de empacar la casa entera.

-Pues ya te podías haber ahorrado el trabajo.

Yo aquí no vuelvo.

-¿No creen que están exagerando? ¿Dónde vamos a ir ahora?

-Cualquier sitio será mejor que este.

Si no hubiéramos tenido que esperar, ya nos habríamos ido.

-¿Dónde has estado tanto tiempo?

-En la "bibliothèque", ya se lo dije.

-Lo tuyo con la "bibliothèque" ya es vicio.

Van a terminar mandándote el correo allí.

-La niña tiene razón.

No deberíamos marchar. La casa está bien.

Y el asesinato ocurrió ya hace la intemerata.

-Aunque hubiera pasado un siglo o dos.

-Claro que sí, los fantasmas tienen todo el tiempo del mundo.

Ventajas de estar muerto.

-¿No creerá que se va a aparecer el fantasma de esa pobre mujer?

-¿Lo dudas? Eso es lo que hacen los asesinados.

Vuelven al lugar del crimen.

-Al tío Honorio, el del pueblo,

le dieron una puñalada unos ladrones

y se decía que aparecía una y otra vez por la cocina.

-Pero ese era para buscar el vino.

Porque hasta muerto empinaría el codo.

-Pues entonces, no deberían asustarse.

Porque la pobre mujer entregó la pelleja del todo en la calle.

-De aparecerse, lo haría por la acera.

No en nuestro salón.

A no ser que sea un fantasma despistado.

-¡Menos guasa, niña! Con el más allá no se bromea.

-¡Ea!

Hoy dormiremos en el mejor hotel de la ciudad.

Mañana ya veremos lo que hacemos,

si vendemos el piso o llamamos a un cura o a un curandero.

-Sí, mejor las tres cosas.

Más vale prevenir. -Eso.

(ESCUPE) -¡Y dale!

¡Jesús!

¡Bien!

-¡A la primera! -Así se las gasta un servidor.

Donde pongo el ojo pongo la piedra.

-¿Puedo probar? -Claro, es un regalo para ti.

Espera.

Ahí.

¡Ay, casi!

-Ni siquiera me he acercado.

-Es la primera vez que pruebas. Para todo hay que aprender.

Tienes que practicar una barbaridad.

Lo primero.

Tienes que tensar bien la cuerda.

¿Vale?

Apuntar con un solo ojo.

Ahora aguanta la respiración.

Y dispara.

-¡Le he dado! -¡Arrea!

Vas a ser mejor que yo con el tirachinas.

-Es el mejor regalo que me han hecho nunca.

-¡Anda, exagerado!

Seguro que tienes juguetes más bonitos.

-Ninguno que tire piedras.

-Ahora que lo dices.

Recuerda que es para jugar.

No para hacerle daño a los animalitos del parque.

A los animales hay que cuidarlos como oro en paño.

-Pierda cuidado.

Sabe que me encantan los animalitos.

De mayor quiero ser pastor, como usted.

-¡Arrea!

Eso no se lo digas a tu padre. A ver si me cae la del pulpo.

-¿Me cuenta cómo defendió a la borrega Paquita de ese lobo?

-Te lo sabrás de memoria de las veces que te lo he contado.

-Me gusta oírlo. -Vale.

Estábamos de noche.

Ahora no puedo, que tengo que faenar.

Quédate practicando.

Apuntar.

Tomar aire.

Disparar.

Mateo.

¿Qué haces aquí solo?

Jugar con el tirachinas que me ha regalado Jacinto.

Tus padres te van a reñir.

Solo si se enteran.

A mi mamá le encanta verme jugar y nunca se enfada.

¿Y Úrsula tampoco? No.

Ella sí que sabe reñirme.

Pero es porque se lo pide mi padre.

Además, él no es como mi madre.

Bueno.

¿Le cuento un secreto?

Claro, ven aquí.

Quiero más a mi madre que a él.

Eso está muy mal, Mateo.

Hay que querer y respetar a los dos por igual.

¿Usted quiere a su padre?

Sí.

Le quería mucho.

¿Ha muerto?

Hace ya muchos años.

Pero no hay día que no me acuerde de él.

¿Sabes?

Una vez me llevó a su pueblo, a Canarias.

Era un lugar precioso y pequeñito.

El Puerto de Tazacorte.

En la isla de La Palma.

¿Se bañó en el mar?

Sí, claro. En una playa de arena negra.

Aún recuerdo a mi madre riéndose

y mi padre jugando conmigo, fingiendo que era

un monstruo marino.

Mi padre nunca ha jugado conmigo. Y mi mamá casi no se ríe.

Pero seguro que es cariñoso con vosotros.

Claro que no, ni un beso al acostarme.

Y a mi mamá tampoco.

Siempre está tosiendo o enfadado.

Diciéndonos a todos lo que tenemos que hacer.

Oye.

Ahora que nadie nos ve, ¿me enseñas a tirar?

Apuntar.

Tomar aire.

Y disparar. ¡Ay!

(LLORA)

Ese niño es un demonio.

Se ha vuelto a ir a la calle.

Ya ha terminado los deberes, deja que disfrute.

Le consiente demasiado.

Tampoco quiero que se quede en casa y me vea así.

¿Así, cómo?

Pues deshecha, Úrsula.

Sin ganas de nada.

¿Ha visto a don Telmo?

Ayer fui a pedirle que se marchara.

Y él me dijo que me seguía amando.

Que no había dejado de hacerlo ni un solo día.

Y yo permanecí en silencio.

No le dije que sentía lo mismo.

Que solo había precisado verle por estas calles

para que mi vida se tambaleara.

No piense así.

No le va a hacer ningún bien.

Sabe que es imposible.

Lo sé, Úrsula.

Y aunque lo he intentado,

no puedo prohibir a mi corazón sentir.

Llevo 10 años atada a un hombre que no amo.

Y la presencia de Telmo

me ha recordado la mentira que es mi vida.

A pesar del odio que sentía por su traición,

yo no he dejado de añorarlo

ni de pensar en él.

No hable así.

No va a hacerse nada más que daño.

¿Daño, dice?

Descuide, Úrsula.

Yo ya no puedo sentir más dolor.

Sé que mi vida se vino abajo por una mentira.

Una treta que nos envolvió a los dos.

Y sé que ya no hay vuelta atrás.

Y que nunca podré estar junto al hombre que amo.

(LLORA)

He sabido que sus padres se han mudado a un hotel.

-Le han informado bien.

He venido a recoger unas cosas y marcho con ellos.

-¿También le asusta dormir en la casa?

-En absoluto.

Hay que temerle a los vivos, no a los muertos.

Pero no quieren que me quede sola. -Y hacen bien.

Que una señorita de su edad

no debe pasar la noche sin compañía.

Lamento mucho lo que está pasando.

La familia Palacios es muy buena.

Y a doña Celia le ocurrió una tragedia.

-Espero que mis padres recapaciten.

Sería absurdo que perdieran esa casa por una superstición.

-¡Arrea! ¿Cree usted que podrían llegar a venderla?

-Eso le he escuchado decir a mi padre.

-Pues sería una lástima.

Ustedes ya se han hecho un hueco en estas calles.

Y una servidora está bien orgullosa

de tener a una artista de renombre como vecina.

(RÍE)

Fabiana, va a tener que disculparme.

No quiero preocupar a mis padres.

No vayan a pensar que estoy con el fantasma.

(RÍEN)

-Yo también tengo que ir a faenar.

Como deje solo a mi socio, la pensión se viene abajo.

A más ver, señorita.

(Puerta)

Pasa, hijo.

-Bueno, esto ya tiene otro aspecto.

-Todo gracias a Lolita.

Me ha traído de todo.

Parece empeñada en convertir esta pensión en un hotel de lujo.

-Usted no merecería menos.

-No, yo no merezco nada.

-Su regreso al barrio está siendo muy complicado para todos.

Yo creo que no debemos rendirnos.

-Quizá eso sería lo mejor, Antonio.

Abandonar estas calles y dejar que sigáis con vuestras vidas.

-No, porque usted forma parte de estas calles.

Deje de insistir continuamente con esa cantinela, por favor.

-No quiero que mi suerte os afecte.

-Ya es tarde para eso.

Pero sí hay algo que puede hacer y no, no es huir.

-¿El qué?

-Lo que le he dicho mil veces.

(SUSPIRA) Padre.

Lolita y yo llevamos años enfrentándonos

a todo el mundo para defender su inocencia.

Ahora que ha salido de la cárcel, creemos que es su turno.

Con su actitud esquiva, no nos ayuda.

Lo que hace es avivar la llama de la gente que lo critica.

La gente que piensa que es un asesino.

-Antonio, hijo.

Entiendo que estás procurando mi bien.

Pero mi determinación es la misma.

Lo que sucedió aquel horrible día en que murió Celia

es un secreto que me llevaré a la tumba.

-Que no, que tiene que hablar. Dé su versión de los hechos.

-¡Maldita sea la hora en que me sacaste de la cárcel,

estaba mejor allí!

-Muy bien, así es como agradece mis desvelos.

Pues a lo mejor tiene razón, padre.

No sé en qué momento me empeñé en ayudarlo.

En quererlo y tratarlo como un padre.

-Antonio... -Que no, que ya está, padre.

Usted gana. Nosotros no podemos más.

Haga con su vida y con su honra lo que le venga en gana.

Adiós.

¿Sucede algo?

-Nada, señora, que...

Nunca vi lencería como esta.

-¿No le gusta?

-Sí, claro.

Es muy bonita y fina, pero...

A mi entender, un poco atrevida.

-Nunca lo es lo suficiente

si te la pones para el hombre indicado.

Algún día le regalaré una de estas prendas.

-¿Y para qué quiero yo algo así, señora?

¿Para lucirlo en el altillo?

-¿No tiene novio o pretendiente al que quiera seducir?

-No diga eso, yo soy muy decente.

-Todas lo somos.

Al menos, de puertas para fuera de nuestra alcoba.

-Una ya se olvidó de los hombres.

Bueno.

De todos, menos de uno, de mi hijo.

-No sabía que tuviera un hijo.

-Raúl se llama.

Y trabaja en las Vascongadas.

-¿Y el padre?

-Por ese mejor no pregunte, señora.

-O sea, que no tiene compromiso.

Eso habrá que solucionarlo.

Una mujer tan guapa y tan lista precisa de novio.

Ya me encargaré de buscarle uno. -Pero qué cosas tiene.

¡Oh!

Veo que os interrumpo.

-No lo harías si llamaras a la puerta.

-Descuide, señor, yo ya marchaba a la cocina.

Veo que habéis hecho buenas migas.

Esa mujer es más buena que el arroz con leche.

Sí.

Nunca tuve queja de ella cuando estuvo a mi servicio.

Es leal y considerada.

Tú también pareces satisfecho.

No hay más que ver la sonrisa que ilumina tu rostro.

No me faltan motivos.

Por fin he cerrado la venta de alhajas que estaba negociando.

Me alegra escucharlo.

Pues más te alegrará saber

que ya podremos enviar el dinero que precisaban tus amigas.

Pero no te alegra tanto como creía.

¿Qué ocurre, mi amor?

Nada, no temas.

Simplemente, que ya no será necesario enviarles nada.

¿Acaso Marlene te ha vuelto a escribir

diciendo que ya no precisan el dinero?

No, pero ya se lo he mandado yo.

¿Sin decirme nada?

¿Cómo has reunido tal cantidad?

Con la venta del jarrón.

¿Has perdido el oremus?

Tendrías que haber esperado hasta que encontráramos

una vía segura de hacerles llegar el dinero.

¿Y cuánto tiempo nos hubiese llevado?

El que hubiese sido preciso.

Ellas no contaban con tanto.

Tendrían que habérselas arreglado.

¿Cómo se te ocurre mandar el dinero con un mensajero cualquiera?

¿No te das cuenta de que has levantado la liebre?

Tenía que hacerlo.

Sus vidas estaban en riesgo.

Y ahora lo están las nuestras.

Van a averiguar dónde estás.

Estamos en peligro.

¿Cuántos años tienes?

Nueve.

¿Cuándo es tu cumpleaños?

En octubre, el 19.

¿Le pasa a usted algo?

¿Cuánto crees que podrás aguantar sin tus clientas adineradas?

-Espero que más que doña Susana en levantarme el castigo.

El bolsillo se resiente cuando una se vuelve cicatera.

-Que se lo digan a la mantequera.

Le están saliendo telarañas en los estantes.

-No quiero ni pensarlo.

Ya llevo tiempo aquí y siguen sin aceptarme.

Son duras de roer.

-No estoy en posición de dar consejos.

Pero quizá sí alguna sugerencia.

-Mal no me va a hacer. Dígame.

Yo sé que Lolita y tú, aunque ahora es la señora Palacios,

seguís teniendo vuestras confidencias.

Y me gustaría saber qué pasó con mi tía.

-"To" y "na".

-¿Es cierto que Lolita la echó de la mantequería?

-Sí, echarla la echó, pero no le faltaron razones.

El piso es una joya, se vende solo.

Si no cuentas lo del fantasma, claro.

-¿Quién es el comprador?

-El director de nuestro hotel, mira qué casualidad.

En cuanto se ha enterado de que vendíamos, se ha interesado.

Después de trabajar toda una vida, no me merezco tanto sinsabor.

-Bueno, déjele caer algo, como el que no quiere la cosa.

-¡Ni se me ocurre!

Capaz sería de alzarme la mano.

-Calle, mujer, no llegará a tanto.

-¿Que no?

Lo que Susana quiere decir es que nos entristece

que se marchen apenas recién llegados.

-Muchas gracias por el apego. Son la mar de resaladas.

-Buenos días, don Felipe.

-Reunión de pastoras.

Oveja muerta.

Lucía.

Lucía, por favor.

¿Podemos hablar un momento?

Don Telmo, por favor.

Mi marido y mi hijo nos esperan dentro.

Te lo pido por favor.

Podría llevar la cabeza bien alta, si quisiera.

Pero no le da la gana.

Mientras, arrastra a su familia. Al menos, a Lolita y a mí.

-No digo que don Ramón lleve razón.

Pero no le dé usted la puntilla.

Si todos le dan la espalda, no se la dé usted también.

Se quedaría sin nada.

(SUSANA) ¿Sabe algo de Telmo?

¿Piensa quedarse en el barrio?

No me hace partícipe de sus decisiones. Lo siento.

Para algo habrá regresado.

Y le voy a dar un consejo.

Si extiende falsos rumores sobre mi señora,

don Eduardo tomará cartas en el asunto.

Y no le arriendo la ganancia.

De acuerdo, dejémonos de indulgencias.

Pero creo que deberíamos poner las cartas sobre la mesa

y hablar de hombre a hombre.

-Quizá sea hora, sí.

¿De dónde vienes?

-De la biblioteca. Se me ha hecho tardísimo.

-¿No tiene nada que ver con el hombre con el que te vi?

-No sé de qué me hablas.

-Te lo podría describir, si fuera necesario.

No es del barrio, pero su cara la tengo vista.

Te he metido en un buen lío.

Puede que no pase nada.

No tenía que haber mandado ese dinero sin consultarte.

Dejemos que pasen los días.

Querría que me contestara a algunas preguntas.

Le contestaré.

Siempre que mi conciencia me lo permita.

Señora, han traído esto para usted.

Han insistido en que se la diera en mano.

  • A mi lista
  • A mis favoritos
  • Capitulo 970

Acacias 38 - Capitulo 970

14 mar 2019

Lucía le miente a Telmo diciéndole que es feliz, pero este no le cree y se muestra firme: no piensa marcharse. Telmo confirma que Lucía y Mateo no tienen una vida feliz junto a Eduardo. Lucía reconoce a Úrsula que nunca ha dejado de amar a Telmo.
Bellita se entera de que están viviendo en la casa donde asesinaron a Celia. El matrimonio abronca a Antoñito y le pide que les devuelva el dinero. Jose y Bellita se van a dormir a un hotel.
Emilio se extraña al ver a Cinta hablando con un hombre: don Mariano.
Antoñito pide una última vez a Ramón que se defienda. Ante la negativa de su padre, corta relaciones con él.
Samuel se enfada porque Genoveva envió el dinero a sus amigas sin consultarle: ahora están en peligro.

ver más sobre "Acacias 38 - Capitulo 970" ver menos sobre "Acacias 38 - Capitulo 970"
Programas completos (1122)

Los últimos 3.686 programas de Acacias 38

  • Ver Miniaturas Ver Miniaturas
  • Ver Listado Ver Listado
Buscar por:
Por fechas
Por tipo
Todos los vídeos y audios

Añadir comentario ↓

  1. Marita

    Bueno,yo pienso que Celia se tiro del segundo piso, le estaba hablando a la bebe diciéndole como no había ayudado a su madre Trini porque quería quedarse con ella. Ramón la escucha y le dice que no se quedará con la bebe que está es su hija y se la quita, Celia al verse sin La Niña salta y cae Ya Ramon admitió que entendía a Felipe al verse frente al asesino de su esposa, Lo mismo que le pasó a él Lo Que no entiendo es porque no lo declara que él no es el asesino y permite todo lo que le está ocurriendo. de que quiere castigarse?

    20 mar 2019
  2. Lila

    Me encanta la serie. Creo que lo que ocurrió fue que Ramón supo que Celia había matado a Trini para quedarse con la bebe, se ofuscó intento quitarle a su hija de los brazos de Celia y dos posibilidades: en el forcejeo Celia cayo x la ventana, o celia se tiró al verse sin niña. Y Telmo: I love you ! Cada vez lo haces mejor! Lucia y Samuel espléndidos actores. Eso sí los mejores actores para mi son Ramón y Fabiana, me quito el sombrero. Bravo a todos

    16 mar 2019
  3. carmela

    ¿Cómo hizo Felipe para curar su ojo??? Llama la atención que no se diga nada de eso. El nuevo elenco me encanta los sigo todos los días desde Buenos Aires por Internet.

    15 mar 2019
  4. Saro

    Audiencia de este capítulo: 921.000 espectadores y un 9,3% de Cuota de Pantalla.

    15 mar 2019
  5. Tamara

    Algo mas ridículo que decirle a Telmo ""tenés que irte", porque?? son los dueños del barrio?? absurdo, lo mismo con Ramón, quienes son Susana, Felipe, para decirle ""no puede andar por el barrio"", quienen son por favor. Lo mismo hicieron con Telmo, lo juzgaron lo acusaron, lo mandaron a la hoguera yyyy era inocente, lo mismo hacen con Ramón, nadie sabe que pasó realmente, pero lo tratan de asesino, yo digo y si Celia se tiró?? nadie vio que tenia un cuchillo en la mano??? y el enano marido de Lucia, otro que piensa que es dueño de todo y de todos y Lucia ahora es un cordero cuando antes era una leona, no se entiende. los guionistas derraparon, al final los 10 años que adelantaron no sirvió para nada, todo sigue igual, no cambió nada solo los vestidos. una pena-

    15 mar 2019
  6. Saro

    Telmo por fin ha podido hablar con Lucía: ¿Cómo has podido apagar la llama que ardía en nuestros corazones, o es que me estás mintiendo y en realidad me sigues amando?... Lucía: "cállate te lo ruego", es lo único que pudo decir con lágrimas en los ojos; luego, al llegar a casa, tiene una sincera conversación con Ursula en la que reconoce que sigue amando a Telmo. Las escenas de Telmo con Mateo son tan bonitas!!. He pensado algo que no me gustaría que sucediera, si Eduardo que es un personaje escabroso, ve a Lucía hablando mucho con Telmo, pueda hacerle daño al pequeño para vengarse. El trío Susana, Rosina y Felicia (otra que bien baila y acaba de llegar) se han comportado con Genoveva de forma despreciable; se puede entender que para ellas, la joven sea muy moderna pero, éso es una cosa y los desplantes y la mala educación es otra. Me ha encantado la actitud de Liberto con Ramón, ha demostrado, una vez más, su capacidad para ayudar a los vecinos. No lo he dicho hasta ahora pero, Servando y Fabiana, me están gustando mucho. Espero que Ramón se decida a contarle a su hijo la verdad sobre lo que pasó y, sobre todo, por qué.

    15 mar 2019
  7. Seguidora

    Cansada de la actitud de Rosina!!!! Y todos/as le hacen caso... Sorprendía... Que poca personalidad tienen TODOS/AS. Ramón siempre ha ayudado a todos/as el único que lo recuerda es Liberto y su familia? El marido de Lucía se puede ir YA. otras intrigas son mejores...

    14 mar 2019
  8. marga

    Serie muy diferente. Ojalá Que sigan reflejando y no pierdan la perspectiva de aquella época .Que de las series más actuales ya está saturado. Felicitaciones a quien corresponda, y hagan posible algo así.

    14 mar 2019