www.rtve.es /pages/rtve-player-app/2.17.1/js/
5044798
No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 966 - ver ahora
Transcripción completa

-Mateo y yo nos hemos cruzado por pura casualidad.

¿Qué tengo que hacer, salir corriendo?

-¿Es ella, es doña Genoveva?

-Si no es, se le parece mucho. -¿Qué, qué me dice, Carmen?

¿Cree que esa mujer puede ser su señora?

-No.

-Lolita, sabes que si liberan a don Ramón,

en el barrio se lo van a tomar regular, ¿no?

-Me da igual, Casilda.

-Todo el mundo cree que es el responsable

de la muerte de doña Celia. -Pues no lo es.

Ha visto mi cicatriz.

¿Y qué temes?

Que haga preguntas y vaya contando mis intimidades por ahí.

No, Carmen nunca haría tal cosa.

No tienes nada que temer, conmigo estás a salvo.

-¿No le deberíamos de haber dicho lo de la condesa

y que por eso han aceptado los vecinos?

-¿Te has vuelto loca?, ni muerto, digo.

Le pediré algo en el caso de que don Ramón sea liberado.

Lucía, eso no va a pasar. Ya, Felipe, pero si ocurriera,...

ha de prometerme que no se va a venir abajo.

Celia no querría eso. -¿Y qué sabrás tú?

No pararon de hostigar a Cesáreo hasta que le echaron,

y se quedó sin trabajo y herido

por haber defraudado a todos sus paisanos.

Y usted le ayudó a recuperar su empleo.

-Sí, bueno, cuando volvió, le eché una mano para que le readmitieran.

¿Por qué tarda tanto la condesa? -Ah, pues no sabría yo decirles.

A ver si se lo ha inventado.

-¿Y a santo de qué nos lo tendríamos que inventar?

-Ah. -Señoras,

señores,... un poco de atención, por favor.

Demos la bienvenida

a la siempre maravillosa y encantadora, condesa de Lerín.

(Voces de asombro)

(Aplausos)

-Mi padre ha sido indultado.

-Ay, ay.

-¡Esos dos vienen a por mí! -¿Tú crees?

-¡No se acerque más, o le avío esto,

se lo clavo donde no se imagina!

Le he "servío" durante años y entiendo su dolor,

pero no permitiré que le haga daño a mi marido.

Te dije que volvería.

¿Qué haces tú aquí?

Has tenido un hijo.

No tengo por qué darte explicaciones.

No,... claro que no.

Pero ¿a qué has venido, Telmo?

¿Cómo...

has osado volver después de lo que hiciste?

Lucía, deja que te explique. No.

No quiero tus explicaciones.

Hace mucho que te pedí que no me escribieras más.

Telmo, por tu culpa,

mi vida es un infierno.

Te odio, te odio con todas mis fuerzas.

He venido a demostrar que soy inocente.

Han sido demasiadas mentiras, Telmo.

Ya no te creo y no te voy a creer nunca.

Eso no es justo.

Es lo que es. Llegas demasiado tarde, Telmo.

Solo te pido que estés atenta a los periódicos.

¿Por qué?

¿Qué va a salir en los periódicos?

Me da igual, no me importa nada.

No quiero escuchar más mentiras de tu boca.

¿No me ha oído? ¡Que fuera de aquí!

-Lolita. -No.

-Dame el cuchillo.

Por favor.

-Estoy muy dispuesta a usar esto, ¿eh?

Le he dicho que fuera. -Hazlo.

¿Acaso crees que me importa? Mátame, Lolita.

Me harías un favor.

-Nadie va a morir hoy aquí, Lolita. Baja el cuchillo.

¡Mátame, cobarde!

Por Dios, don Felipe, cálmese! ¡Y tú, baja eso"

¡Quita eso!

Don Felipe,

¿por qué no se va "uste" a casa?

Ya verá como en un rato ve las cosas de forma distinta.

-Don Felipe, haga caso a Fabiana

y márchese.

Has puesto en libertad a un asesino

y eso te va a caer en la conciencia como una losa.

-Ya, cariño, ya. Ya. -¿Está bien, don Antoñito?

-Ya, cariño, ya. Ya.

(Sintonía de "Acacias 38")

(Pasos)

Ya me he dado el baño. Me he quedado nuevo.

¿Qué ocurre?

Necesito dinero para enviárselo a Marlene.

Ella y las demás están en peligro

y quiero ayudarlas, Samuel.

¿Cómo ha dado Marlene contigo?

¿Cómo ha conseguido esta dirección?

Yo misma se la di.

Antes de marcharme, le dije dónde podía encontrarme.

¿Por qué hiciste tal cosa? No debiste hacerlo.

Quizá no,

yo también quería cortar con esa etapa de mi vida...

Eso hubiera sido lo más inteligente.

Pero Marlene y las demás me ayudaron a huir,

no podía dejarlas abandonadas.

Cómo me gustaría que pudieras hacer borrón y cuenta nueva,

que pudieras olvidarte de todo aquello que te aflige.

Tenemos que mandarles ese dinero.

Y lo haremos, le daremos a Marlene lo que pide

y se lo haremos llegar de la manera más segura.

No debemos ponerles fácil que te sigan la pista.

Es mucho dinero, Samuel.

Cerraré alguno de los negocios que tengo ahora entre manos.

Tú no te preocupes por nada. ¿Por qué es todo tan difícil?

Ha estado muy callada durante la cena,

¿qué le sucede? ¿No se encuentra bien?

Lucía, me está asustando.

Telmo ha regresado.

¿Cómo dice?

¿Don Telmo está en Acacias?

Se me acercó en la calle. Estuvimos hablando.

¿De qué? ¿Qué le dijo?

(TOSE)

¿Donde está Mateo? Lo acosté tras la cena, señor.

Que sea la última vez que se va a dormir sin darme las buenas noches.

No volverá a ocurrir, don Eduardo.

(TOSE)

Ese endriago de don Ramón,

ese asesino animal va a salir de la cárcel

gracias a la ayuda de su hijo.

(TOSE)

Ese indulto es una injusticia.

Tu primo Felipe lo tiene que estar pasando realmente mal.

Lamento no poder acompañarle en estos duros momentos.

Me hubiese gustado hacerle compañía

sobre todo mañana, pero he de ausentarme de la ciudad.

¿Va a salir, señor?

He de ir a ver a un arrendatario.

¿Por qué no le acompaña usted, señora?

¿Qué pinta mi mujer en una reunión de negocios?

A la esposa le vendría bien salir un poco de la ciudad.

Lo que le venga bien me da igual,

lo que debería hacer es, hacerle compañía a don Felipe.

Creo sinceramente que les vendría bien pasar algún tiempo juntos.

Además,

le atendería en caso de que se encontrara usted peor,

últimamente, parece que tiene más tos.

Cuando regresen, podrán visitar a don Felipe juntos, como debe ser.

Haz lo que quieras.

¿De verdad? -Lo que oye.

En el altillo no se hablaba de otra cosa.

-¿De mi arte?

-De su arte, su talento, su duende, del poderío,

de todas esas cosas.

Parece ser que todo el mundo lo comenta en el barrio.

-¿Qué dicen? Regálame los oídos.

Y no escatimes en detalles.

Que es una artista de los pies a la cabeza,

que su arte es indiscutible.

Que vaya suerte han tenido los argentinos

y Argentina entera de tenerla allí tantos años.

-¿Y qué más?

-Y que ahora, la suerte la tienen ellos,

que vaya fortuna de tenerla a usted viviendo en este barrio.

-¿Y quién va diciendo todo eso por ahí?

-No solo Marcelina y Fabiana,

al parecer, también las señoras,

les han comentado que en la fiesta lo pasaron estupendamente.

-Como para no pasárselo,

no escatimamos en nada para que disfrutaran de una velada divertida.

-Casilda dice que doña Rosina intentó emular su baile y su cante

cuando llegó a casa.

-Ni me imagino a esa señora bailando,

tiene que parecer un pato mareado.

(RÍEN)

(Puerta)

-Aquí traigo los mejores suizos de toda la ciudad.

Y unos calentitos, para que no se diga.

-Ay, mi José Miguel, calentitos, con lo que me pirran.

Qué bien me cuidas, gitano.

-Solo quiero que seas feliz, mi vida, mi Mari Belli de mi alma.

-¿Por qué has tardado tanto?

-Porque a cada paso, me paraba un vecino para agradecerme el festejo.

-De eso hablábamos Arantxa y yo. Ya me estaba poniendo al tanto.

-Es la noticia del día.

Eso, y que don Ramón Palacios, el padre de don Antoñito,

ha recibido el indulto y va a salir de prisión.

-¿Ese es el que mató a la mujer del abogado?

-El mismo, señora. Dicen que las dos familias eran muy amigas.

-Las mejores del barrio.

Sobre todo por las dos mujeres, que se entendían requetebién.

-Hasta que murió una

y el marido quedó amostazado perdido, y algo tarumba, además.

-Y mató a la amiga de la esposa.

-Por nuestra señora de la Cinta bendita, menudo novelón.

Ay, qué tragedia, que "arraigá" está en España,

que parece tradición, vaya.

-Y que lo digas.

¿Y qué necesidad hay de matarse unos a otros,

con lo rebonita que es la vida?

-Para unos, pero sangrienta para otros.

Por eso quiero tener a mi niña,

que estiramos la pata y se acabó la función.

-Calla. -Mucho queda para eso, señora.

-¿Para estirar la pata o para ver a mi Cinta?

-Para las dos cosas, que la niña aún tiene que acabar el curso.

-Y se acabó el internado para siempre.

Ya la vamos a tener con nosotros hasta que se case.

-Qué tesoro de niña tenemos, Jose.

-Lo más bonito que ha parido madre. -Que verdad, señor,

*que verdad.

*¿Quién nos iba a decir que después de tanto tiempo,

don Ramón vería la luz?

Pues ya ves, Antoñito ha conseguido el indulto

a base de insistir. ¿Me estás escuchando?

-¿Eh? -Lo que me imaginaba,

hablo yo, y ella como si oyera llover.

-¿Qué quieres que haga? No se me va de la cabeza lo de ayer.

Esos dos hombres preguntando por mí.

-Qué pesadita te pones, Rosina.

Si fueran los anarquistas, ya te hubieran hecho algo, ¿no?

Y otra cosa que no te he contado,

¿sabes quién ha vuelto por el barrio?

El cura.

-¿Qué cura? -Telmo.

-¿Don Telmo?

-Lo que oyes.

Creo que se ha hospedado en la pensión.

-¿Después de tantos años?

-Diez años para ser exactos.

-¿Y a qué ha vuelto?

-No lo sé, pero a nada bueno, seguro.

-¿Qué? -No están en la calle.

Ni rastro de esos dos extraños.

-No puede ser, no tiene sentido,

¿ayer preguntaban por mí y hoy han desaparecido?

-Me he enterado de dos cosas.

-El indulto de don Ramón y la llegada de Telmo.

-¿Ya lo sabía usted?

-Cuando tú vas, hijo, yo ya estoy de vuelta.

Lo que no sé es el motivo de por qué ha regresado el antiguo párroco.

-A lo mejor no está tan de vuelta, que yo si lo sé.

-¿Por qué?

-A demostrar su inocencia.

-(LEE) "El prior Espineira será juzgado

por numerosos delitos de corrupción".

-¿Don Telmo es inocente de todo de lo que se le ha acusado?

-Eso parece.

-¿A quién le importa su inocencia?

Mi vida corre peligro. ¿Eso no os importa?

-Claro que sí, pero esas personas han desaparecido

y no estamos seguros de si eran los anarquistas.

-No lo eran. Eran muy educados.

Los anarquistas no tienen decoro ni urbanidad

y, lo digo yo, que soy la que habló con ellos.

-No, lo eran o se lo estaban haciendo.

Que no, que esa gente está muy bien preparada.

-Claro, han aprendido modales para venir a matarte.

-Eso es lo que han hecho. Qué plan tan brillante.

-¿Quieres calmarte un poco? -¡No puedo!

¡¿Cómo me pides eso?!

Un día de estos me pueden clavar un puñal por la espalda.

-"'El prior Espineira será juzgado'

por numerosos delitos de corrupción".

"El religioso

se encuentra preso y será juzgado por estafa y corrupción".

(LEE) "El padre Bartolomé, arrepentido por haberle ayudado,

confesó al borde de la muerte, todo lo que habían hecho".

-¿Qué habían hecho?

-"Los dos religiosos habían robado la herencia de los Válmez

e hicieron creer a todo el mundo

que el padre Telmo había sido el culpable".

-Entonces, don Telmo no hizo nada malo.

-Para que vea. Todo el mundo pensó que se había aprovechado

de la señorita Lucía. -¿Habéis leído

lo del padre Telmo? -¿Quién es Telmo?

-Era el antiguo prometido de Lucía Alvarado.

-¿No era un sacerdote? -Dejó los hábitos

para casarse con la heredera.

-Dejó los hábitos por amor.

-Y le acusaron de haberse quedado con la herencia de doña Lucía.

-¿Herencia? -Era rica.

Muy rica. -Y ahora resulta

que todo eso era mentira.

Y que el prior y el padre Bartolomé, que parecía amigo de don Telmo,

le estaban engañando para que pagara el pato.

-Ese prior va a tener que vérselas con la justicia.

-El juicio de Dios es el que debe temer.

-¿Don Telmo está en la pensión? -Sí, desde ayer.

-¿Y hasta cuando se quedará? -No lo sé.

A mí, mientras me dé las perras por el hospedaje.

-Espero que no haya venido para volver a enredar a Lucía.

-¿No hablará usted de querer volver con ella?

-¿A qué ha regresado si no?

-Pero es una mujer casada.

-La otra vez, estaba comprometida con don Samuel Alday

y eso no pareció importarle.

-Virgen santa, suerte la mía de que no vivía en este barrio.

-Pero ahora sí, así que, prepárese, que vienen curvas.

-¿Ha leído la noticia del periódico?

El hombre por el que Lucía dejó plantado en el altar

a Samuel Alday ha regresado.

-Uy, quizá no sabía usted que Lucía Alvarado

y Samuel Alday estuvieron a un tris de casarse.

-Sé todo el pasado de mi esposo, doña Susana, no tenemos secretos.

-¿Me va a decir que no le molesta?

-Todo lo contrario,

le agradezco enormemente a doña Lucía que le abandonara.

Gracias a eso,

nuestras vidas se cruzaron.

Ahora soy la mujer más feliz del mundo.

-Oh.

Si nos disculpa, tenemos recados que atender.

-Por ahí va don Telmo.

"Hicieron creer a todo el mundo

que el padre Telmo había sido el único culpable".

-O sea,

¿que el cura no había hecho nada?

-Eso pone aquí.

-"To" fueron las malas artes del prior ese del demonio,

para piel de barrabás que está hecho.

-Por los clavos de Nuestro Señor Jesucristo, pobre don Telmo.

Diez años creyéndole todo el mundo culpable, madre mía.

-Por cierto, "señá" Carmen,

¿se sabe algo de lo otro,

de lo de su señora?

¿Es ella la del periódico?

-No, Casilda. Pero ya le dije a Fabiana que no lo creía.

Se parecen, pero no es la misma.

¿Y qué sabe usted

de lo de don Ramón, Fabiana?

-(SUSPIRA) Hoy lo ponen en libertad.

No se miren así, que don Ramón es inocente.

Tanto como lo es don Telmo.

-Son casos distintos, Fabiana.

-A ver, ¿y eso por qué?

-Don Telmo aseguró ser inocente,

pero don Ramón no ha dicho esta boca es mía.

-Tiene usted mucha razón,

don Ramón nunca dijo que no había "matao" a Celia.

Y que lo hubiera hecho, tampoco.

El único delito de ese buen hombre ha sido guardar silencio.

Y algún día se demostrará que él no mató a nadie.

-¿Alguien ha "hablao" con Lola

después de lo que pasó ayer en la mantequería?

-Sigue muy angustiada la pobre.

Parece que no se le quita el susto del cuerpo.

-Don Felipe estaba ido, estuvo a punto de pasar una desgracia.

-No sé si tanto,

pero bonito no fue, desde luego.

Que don Felipe le arreó un puñetazo a don Antoñito,

que lo tiró al suelo.

"Pobrecica" mía, la Lola, ella en medio de "to" eso.

Ya verá "uste" cuando salga su suegro de la cárcel.

-¿Ya veré qué?

-A ver cómo lo reciben los vecinos.

-Conociéndolos,

malamente, me temo.

"Mu" malamente.

Lo sabía,

sabía que podría usted demostrar su inocencia.

Lo he estado defendiendo durante estos años.

Sí, lo sé.

No he dudado de usted ni un momento,

no he tenido ni un atisbo de duda.

Le agradezco sus palabras y su confianza.

Su lealtad siempre fue indiscutible.

¿Le ocurre algo conmigo?

¿He hecho algo que pueda molestarle?

Úrsula, dígame una cosa,

¿Lucía es feliz en su matrimonio?

Don Eduardo se preocupa mucho de su mujer y de su hijo.

Lo mejor que puede hacer

es olvidarse de ella y seguir con su vida.

Márchese a otro lugar.

No me iré de aquí sin hablar con ella. ¿Dónde está?

Ha salido de la ciudad con su esposo.

Está bien, esperaré, no tengo ninguna prisa.

No habrá de esperar mucho. Regresan hoy mismo.

¿Le puede dar un recado? ¿Le puede decir que necesito verla?

Dígale que la espero a la tarde en el callejón,

¿de acuerdo?

¿Por qué Carmen se ha ido con tanto brío ?

-Creo que tenía recados que atender en su casa.

Casilda, ¿de verdad crees...

que el barrio le hará boicot a don Ramón?

-Yo tampoco he dicho eso.

Pero no creo que le vayan a mirar con buenos ojos.

A mí,

la que más me preocupa es la Lola, está en medio de todo esto.

(Pasos)

-Qué bien que las encuentro aquí a las dos.

-¿Cómo tienes el cuerpo?

-Revuelto aún.

¿Queda achicoria?

No sabes lo duro que fue ver a don Felipe

con los ojos inyectaos en sangre

y queriéndole dar dos tortas a mi Antoñito, y la que le dio.

-Por suerte, ya pasó el mal rato, hija.

-Sí, pero la mala noche que hemos "pasao", no se la deseo a nadie.

Y la cosa va a ir a peor cuando liberen a mi suegro.

No me malinterpreten,

estamos más contentos que unas castañuelas, pero...

-Pero no sabes cómo se lo va a tomar el barrio.

-Ay, Lolita,

no hay mal que cien años dure.

Y aunque el barrio se tome a mal lo de tu suegro,

se terminará pasando.

(Timbre)

Pues nada, ahí está Margarita dando la murga.

Con Dios.

Ay, Liberto,

¿estás seguro que son los anarquistas?

-Eso parece.

-¿Dónde se ha metido esta mujer? -Estará bajando.

¿De verdad quieres hacerle bajar?

¿Para qué? -Para indagar,

para saber por qué me buscan.

-¿Me llamaba, señora? -Sí, hace un buen rato.

Tengo un encargo. -¿"Pa" mí?

-Para doña Veremunda.

-Miedo me da preguntar de qué se trata.

En fin, de perdidos al río,

¿qué quiere que haga?

-Dios mío,

no me quiero imaginar el momento en el que Ramón y Felipe se encuentren.

-Después de lo que dicen que pasó en la mantequería, imagine usted.

Don Felipe ha de odiarle mucho.

-Veremunda, cuánto honor.

¿Sabe lo que pasó ayer en la mantequería?

Si no vas a aportar información, mejor que te vayas.

-Señoras. -Buenos días.

-Buenos días. -Buenos días.

-¿Quiere sentarse a tomar algo?

-Preferimos mover las piernas, hace un día precioso.

Pero gracias, es usted muy amable.

-Gracias también por venir ayer a la fiesta.

Fue un placer tenerlas en nuestra morada.

-El placer fue nuestro. Emilio, Camino,

venid a saludar a doña Bella del Campo, la famosa estrella.

A don Jose ya le conozco, madre,

me invitó a la fiesta. Doña Bella, un placer.

Lamento no haber podido asistir,

alguien tenía que quedarse cuidando del negocio.

-El ojo del amo engorda el ganado, hijo. Muy bien.

-Mi hija Camino.

-Mucho gusto.

Qué bonita eres, hija, como nuestra Cinta.

-Qué guapa.

-Me ha contado mi madre que dejó a todos impresionados

con su actuación. -Nada, un par de coplillas.

-Me hubiera "encantao" ver esa actuación,

es una lástima que tuviera que perderme esa fiesta.

-¿Ahora sí hablas? -Pero si no fue nada,

apenas unas canciones. -Arte puro, eso es lo que fue.

Y le reconozco que no soy mujer de jolgorio ni faranduleo.

¿Por qué dejó los escenarios?

Tiene usted un arte, que no le cabe en el pecho.

-Discúlpeme, doña Bella.

-Ay, qué bonita, muchas gracias.

-¿Me firmaría un autógrafo? -Claro que sí.

-Aparte del retrato que me dio,

que se lo voy a enviar a mi madre,

me gustaría tener un recuerdo para mí.

-Claro, ahora mismo.

-Gracias.

-¿Por qué no nos sentamos a tomar un café?

Por agradecer tan calurosa acogida.

-¿Le traigo un cafetito, doña Bella? Que sean dos.

-Siéntese.

-(SUSPIRA)

-Gracias.

-Tiene usted unos hijos encantadores.

-Son mi orgullo. Mi Emilio es responsable, trabajador y avispado.

Y mi hija es una dulzura, un regalo de Dios.

-Por supuesto, un hijo varón ha de ser el sustento de una madre,

y más siendo viuda como usted, doña Felicia.

La niñas han de ser buenas madres y esposas, como Dios manda.

Nosotros también tenemos una hija. -¿Ah, sí?

No lo sabía. ¿Por qué no ha venido con ustedes?

Está estudiando en un colegio, por eso hemos venido de Argentina,

para estar a su vera, que ya está cerca su graduación.

-Siendo su hija, seguro que es artista como usted.

-Ni hablar del peluquín, doña Felicia.

Si algo tengo claro es, que mi Cinta nunca subirá a un escenario,

antes me arranco la piel del cuello.

-Sí que son "exageraos" los andaluces.

-Si tiene la mitad de su talento,

es una pena que no siga su senda. -Pena ninguna.

Aunque ahora me vean convertida en una gran señora,

empecé desde abajo, bailando descalza por tugurios.

Y no se lo deseo a nadie,

y menos, a mi hija.

-¿Sabe qué? Que pienso igual, yo haría lo mismo.

-La vida del artista es muy dura.

Para nuestra Cinta queremos algo mejor.

-¿Algo, cómo qué? -Está estudiando

idiomas, música, buenas maneras,

administración doméstica.

Algún día, se casará con un diplomático

que le dé una vida tranquila y segura.

-Sensatas palabras

y loables intenciones.

-Estoy deseando conocer a su hija,

seguro que es estupenda. -Lo es.

También, algo tímida y apocada. Una niña muy calladita.

Ya la conocerán cuando termine el curso y se instale.

Doña Susana, ahí detrás.

¿No son esos los terroristas que buscan a doña Rosina?

¿Siguen ahí? -Sí, ahí siguen.

-Dios mío,

¿qué les estará diciendo esa loca?

Hace mucho que pegan la hebra. -Confía en ella.

¿Tú la has visto? Nadie se cree que sea una señora.

Aunque la mona se vista de seda, mona se queda.

Seguro que mete la pata. No tendría que haberla mandado,

tendría que haber dejado las cosas como estaban.

-No puedes seguir así.

¿Y si nos vamos unos días de la ciudad?

-¿Irnos de la ciudad? ¿Adónde?

-A Portugal, por ejemplo, a visitar a Leonor.

-¡¿Cómo me voy a ir de paseo con la que tenemos encima?!

-¿Dónde se han metido?

-¿Qué sucede?

-Que no están, que han desaparecido.

-¿Y Casilda? -Casilda tampoco.

-¡No tendría que haberla mandado!

¡Me la han matado, Liberto! ¡La han matado!

(LLORANDO) Se ha muerto. No me lo creo.

-Pero ¿a quién han matao, quién se ha muerto?

-¿A quién va a ser?, a ti.

¿Dónde te habías metido? -¿Cómo que dónde me he metido?

-Cumpliendo la misión que me ha "encomendao"..

-A ver, cuenta, ¿qué te han dicho?

Les he preguntado que qué hacían en el barrio.

-¿Y? -Me han dicho que la buscan.

Pero no se preocupe,

porque les he dicho que se marchó del barrio hace mucho tiempo

y que yo no sé "ande" se ha ido.

-¿Y luego?

-Luego, les he "preguntao" que "pa" qué la buscaban.

-Y me han dicho que tienen una cosa "mu" especial "pa" darle a usted.

-¿Muy especial? -Sí, exactamente.

-¿Qué cosa? -Eso ya no lo sé.

-¡Matarile! ¡Eso es lo que quieren darme, matarile del bueno!

-¿Crees que te han creído?

-La verdad es que el actor era mi Martín, que en paz descanse.

Yo nunca he sabido mentir bien,

ni cuando era chiquitita. -Esto es el acabose.

¿Sabe por qué nos ha hecho llamar?

Después de lo que pasó en la mantequería,

no estoy muy a gusto estando a solas con él.

-¡Qué sí, Agustina, que ya voy!

(TOSE)

Gracias por venir, señoras.

¿Y doña Rosina?

-Teme salir de casa por si dan con ella los anarquistas.

-Lamento que lo esté pasando mal.

-Usted dirá, don Felipe. ¿En qué podemos ayudarle?

-Como saben, don Ramón va a ser puesto en libertad hoy.

No entiendo por qué la justicia es

tan claramente injusta.

Permite que un asesino campe por la calle,...

mientras mi esposa yace muerta en una tumba.

¿Está usted bien?

-Sí. Perdón.

Me acuerdo a menudo de Celia.

Era la mejor mujer que he conocido nunca.

-No la conocí,...

pero me consta que lo era.

-Seguro que ustedes se hubieran llevado estupendamente.

-Por lo que me cuenta doña Susana, yo también lo creo.

Sin embargo,

no entiendo por qué nos ha hecho llamar.

-Quiero que le den la espalda a don Ramón en cuanto pise el barrio.

Por el recuerdo de mi esposa.

Y quiero que le hagan extensible mi petición al resto de señoras.

-Don Felipe, entiendo su tristeza,

pero esta situación me incomoda.

Tengo un negocio

y debo ser amable con todos mis clientes.

-¿Cuento con usted, doña Susana?

-Sí, don Felipe,

no tengo ningún interés en darle coba a un asesino.

Sí, lo haré por el recuerdo de mi amiga Celia.

Padre, ya hemos llegado. Le abro, le abro yo.

Mire, mire cómo ha cambiado el barrio.

Esta es la pensión de Servando y Fabiana.

Y por aquí,...

por aquí está la mantequería de mi Lolita.

¿Entramos?

-Ay, Ramón.

Ay.

-Esto está estupendo. -¿Le gusta, suegro?

-Es un lugar encantador, como la dueña.

-Ay.

-Nos alegramos de tenerle de vuelta en casa.

Sin vuestra insistencia y tenacidad,...

no hubiera vuelto a ver la luz del día.

¿Y los vecinos? ¿Cómo se van a tomar mi salida?

Seguro que bien, suegro, ya lo verá.

-Sin paños calientes, Lolita.

-Hay mucha inquietud,

pero se irán acostumbrando.

-Nosotros le ayudaremos a recuperar su vida.

-Trini era mi vida y ya no va a volver, así que...

-¿Quiere que le enseñe la tienda?

Tengo una ñoras, que son gloria bendita.

Oh.

Ya están aquí.

¿Cómo ha ido el viaje?

La reunión satisfactoria, el trayecto no tanto.

Lamento oír eso. (TOSE)

¿Te traigo un vaso de agua? Iré a por las pastillas.

Úrsula, ¿vio a Telmo?

(ASIENTE)

¿Y? ¿Qué le contó?

Antes de nada, me gustaría que leyera usted el periódico.

Solo te pido que estés atenta a los periódicos.

¿Por qué?

Aprovecharemos que hay poca gente para limpiar las mesas.

Ve a por un trapo, Camino.

-(SE ASUSTA) No pasa nada, Camino.

Tranquila, solo ha sido un tropezón,

no hay de qué preocuparse.

Quién fuera maleta para ir tras de usted.

-¿Disculpe?

-Es usted la cosa más bonita que ha pisado Acacias.

-¿Cosa? ¿Cree que soy una cosa?

-Señorita, era solo un halago, no una aseveración.

-O sea, ¿que no soy bonita?

-Lo es, pero algo antipática, he de decir.

-El colmo.

Me aborda, me piropea y me insulta, todo en un minuto.

Menudo barrio. -El mejor de la ciudad,

pero quizá no está usted acostumbrada a los sitios con clase.

-No estoy acostumbrada a los berzas como usted.

Ea, con Dios, caballero, y hasta nunca.

-Será... engreída, la mocosa.

¿Inocente?

Telmo era inocente...

y yo desconfié de él, no le creí.

¿Dónde está, Úrsula?

Tengo que hablar con él, pedirle disculpas.

Es mejor que deje las cosas así, Lucía.

Dígame donde está.

Telmo ha marchado.

¿Tan pronto?

Ha comprendido que era lo mejor.

No tuve que partir de viaje.

Tenía que haberme quedado para hablar con él.

¿Cómo estaba?

¿Estaba dolido? ¿Me guardaba rencor?

Úrsula, ¿ha visto a don Felipe a lo largo del día?

No, señor,

pero llegó a mis oídos que estaba muy alterado,

que irrumpió en la mantequería hecho una hidra.

Comprensible, por otra parte.

Arréglate, iremos a visitarlo en un rato.

Lucía, ¿me has oído?

Claro, no debemos dejarle solo en estos momentos.

¿Brindamos, mi reina mora? -¿Ya me dirás por qué, amor?

-Por ti, por mí,

por lo mucho que te quieren los vecinos.

¿Has visto a doña Felicia y a doña Susana?

Daban palmas con las orejas.

Un poco fascinabas sí estaban, a qué engañarnos.

Empiezo a sentirme a gusto en este barrio.

(Se abre una puerta)

-¿Esperamos a alguien? -No.

Hola. -Ay.

-La puerta estaba abierta.

¿Es que no me abrazan?

¡Claro que sí, mi niña! -¡Mi niña!

Ay, bonita, guapa.

-¡Ay, mi Cinta! ¡Ven aquí!

(RÍE)

Me he librado.

Ni rastro de mi nombre.

Carmen.

¿Desea algo, señor? Carmen, ¿dónde está mi esposa?

Se está dando un baño. Mejor,

así tenemos la oportunidad de hablar a solas.

¿Ocurre algo, señor?

Quería decirte que estoy muy contento

de que vuelvas a estar a mi servicio.

Siempre he valorado mucho tu lealtad.

Gracias, señor.

Sobre todo, en los momentos de más oscuridad.

Guardaste muchos secretos por mí.

Me alegro de que todo eso pasara,

y de que al fin haya encontrado la felicidad al lado de su esposa.

Soy muy feliz, Carmen.

Desde que conocí a Genoveva, soy un hombre nuevo.

Por eso quiero pedirte un favor.

Lo que sea, señor.

Cuida de ella, Carmen, ayúdala a integrarse en el barrio.

Genoveva es especial, pero no todos saben apreciarlo.

Haré todo lo posible, señor.

Estoy seguro que tú también acabarás queriéndola tanto como yo.

Gracias, Carmen. Puedes retirarte.

¿Otra vez con el diario?

Qué perra te ha dado hoy con la prensa.

Son cosas que afectan al barrio...

y es bueno estar bien enterado.

¿Y de lo otro?

Tengo malas noticias.

Ninguna de las gestiones que he hecho ha dado frutos.

Tendremos que esperar para conseguir el dinero.

¿Esperar? ¿Cuánto?

He cerrado un pequeño negocio de compraventa de alhajas,

pero no sé cuándo me van a pagar.

Tras la huida, me quedé sin un real.

Lo sé.

Estoy tratando de recuperar contactos,

solo es cuestión de tiempo.

Eso es justo lo que ellas no tienen.

Genoveva.

No me lo tomes en cuenta, querido, lo siento.

Sé que estás haciendo todo lo posible.

Es solo cuestión de paciencia.

¿Telmo?

Don Felipe.

Me lo habían contado,

pero no estaba seguro que fuera cierto que hubiera regresado.

Ya ve que sí.

¿Se encuentra usted bien?

Todo lo bien que puede estar un hombre que vio...

cómo su mejor amigo acabó con la vida de su esposa.

He leído la prensa, Telmo, y siento haber desconfiado de usted.

Le debo una disculpa.

Le reconozco que me dolió que todos me dieran la espalda.

Tiene motivos para estar dolido. No nos portamos bien.

No voy a reprocharle nada, Felipe. La culpa no fue suya,

sino de Espineira y el padre Bartolomé,

ellos orquestaron la trampa perfecta, y todos caímos en ella.

Felipe, ¿de verdad está bien?

Sí, ¿por qué no iba a estarlo?

Sigue acordándose de Celia, ¿verdad? No ha superado su muerte.

No hay un solo día que no me acuerde de ella.

Y dudo que llegue el día en el que supere su muerte.

La vida sigue, don Felipe. No, no.

Mi vida terminó el día que la perdí.

Pero eso es lo de menos.

¿Lo de menos? Sí.

Lo importante es que su asesino ha salido de prisión.

Podría cruzármelo,

y si eso ocurre,... no sé de lo que sería capaz.

La violencia no le devolverá a Celia.

Lo sé.

Lo sé, pero sigo sintiendo un odio infinito hacia Ramón Palacios.

Me gustaría ofrecerle mi casa,

pero Lucía está casada y no quiero hacerle un feo a su esposo.

Eduardo es un amigo. No se apure,

estoy bien en la pensión. No sé el tiempo que voy a quedarme.

Me alegro de verle.

Igualmente.

Don Telmo.

¿Dónde está Lucía?

La señora no quiere verlo.

Quiere que se marche.

No me iré hasta hablar con ella.

No insista, se lo ruego.

Ya ha limpiado su nombre, es mejor que deje las cosas así.

No quiero dejar las cosas así, no sin antes hablar con ella.

Debe irse,

rehacer su vida como ha hecho ella.

Yo marcharé con usted.

Estos años he cuidado de Lucía tal y como usted me pidió,

pero ahora he de cuidarle a usted.

Sabe que le quiero como a un hijo.

¿Es eso verdad?

¿Por qué habla así?

Si es verdad me quiere como a un hijo, explíqueme algo,

¿por qué en sus cartas nunca me contó que Lucía estaba casada?

¿Por qué nunca me dijo que tenía un hijo?

No me venga con retórica.

Tenía derecho a saberlo, y usted me ha traicionado, Úrsula.

Dios me libre. Yo siempre le he sido fiel

de principio a fin. No, no, no,

fiel no.

Ha sido capaz de enviarme cartas durante 10 años.

Úrsula, 10 años sin decirme la verdad.

Ella está casada y tiene un hijo al que quiere.

Su presencia en el barrio solo le causará problemas a usted y a ella.

¿No te habrás escapado? -No.

-Eso no conviene, aunque estemos encantados de tenerte en casa.

-¿Cómo se va a escapar?

Las señoritas no se escapan, ¿verdad, hija?

-No, no, claro que no, no me he fugado.

Sería impropio de una señorita de mi edad y condición,

por mucho que me guste verles.

Estoy aquí por causas ajenas a mi voluntad.

También dicen que don Telmo ha vuelto por el barrio.

-Eso sí que puede traer cola.

Ojalá no le complique la vida a la señora Lucía,

ahora que lleva una vida más "reposá".

-¿Usted cree que don Telmo ha vuelto por ella?

-A la ciudad, a limpiar su nombre,

al barrio, a por doña Lucía, como que hay Dios.

Ha limpiado su nombre, ¿qué más quiere?

Él dice, que solo hablar.

Pero usted sabe mejor que yo la respuesta a esa pregunta.

No, no, no puedo verle, no debería.

También le insistí...

en que debía marcharse, que usted se debe a su marido.

Lo mismo bajo y se lo digo ahora.

Hable con él,

pero recuerde en todo momento que es usted una mujer casada.

Estar preso es lo peor que le puede pasar a alguien.

La impotencia,

la desesperanza,

la soledad.

Me dan escalofríos.

-Parece que sabe usted muy bien lo que se siente dentro.

¿No has visto cómo me miran?

-Bueno, con sorpresa.

-No, hijo, no es con sorpresa, es con desprecio,

por no hablar de odio.

-Son imaginaciones suyas, como mucho, curiosidad.

-Vámonos. -"Cada día que pasa",

admiro más a tu Eduardo, un hombre serio.

Casi diría que hasta solemne, imperturbable

ante los desaires del pasado.

¿Qué desaires?

Es muy importante tu vigilancia y la de Marcelina.

Cualquier cosa fuera rara, me avisáis.

-No se preocupe, don Liberto,

que si el lobo no se me escapa en lo más espeso,

menos lo harán unos patibularios.

-Ya. Por ahí vienen.

He visto a Telmo. ¿Sabe tu marido que ha regresado?

Díselo cuanto antes.

Me sorprende mucho verle por aquí.

-Me alegro de saludarla, doña Susana.

Comprendo su sorpresa. Las autoridades han tenido a bien...

-No me sorprende su presencia.

Ya he sabido de sus intrigas para conseguir el indulto.

Lo que me parece inaudito es que venga a Acacias como si tal cosa.

¿Qué te pondrás con los libros?

Tienes una cara, que no te la parte un martillo.

¿Con qué libros te vas a poner, si en el equipaje solo hay dos?

-Con las prisas se me han olvidado los textos.

No quiero que nadie indague sobre tu pasado.

No es para tanto.

Es solo la dueña de una pensión de una ciudad lejana.

No debería inquietarnos.

¿Qué hace aquí, no prefiere quedarse en casa?

-Me marcho.

-Espere, que le acompañamos.

-Me voy de Acacias.

Has accedido a hablar conmigo,

pero después de buscar argumentos para desentenderte de mí,

para ahuyentarme. ¿Y qué si fuera así?

¿Qué otra cosa puedo hacer, excepto afirmarme en mi situación?

Te he pedido perdón, Telmo, ya no tengo resentimiento.

Es todo lo que te puedo ofrecer.

Lucía... No.

No, vete. Vete, márchate, por favor.

Ya no es tiempo para nosotros.

¿Es por tu hijo?

Deja en paz a mi hijo.

  • A mi lista
  • A mis favoritos
  • Capítulo 966

Acacias 38 - Capítulo 966

08 mar 2019

Telmo cuenta a Lucía que es inocente, pero ella no le cree. El barrio se hace eco de su inocencia por los periódicos. Lucía queda impactada al descubrir la verdad. Úrsula pide a Telmo que se marche y él le pregunta por qué nunca le dijo en sus cartas que Lucía tenía un hijo.
Samuel se compromete a ayudar a Genoveva con el problema de sus antiguas amigas, pero no consigue el dinero.
Rosina sigue alterada porque su vida no ha dejado de correr peligro. Los hombres misteriosos que la buscaban vuelven a aparecer por el barrio.
Felipe pide a Susana y a Felicia que den la espalda a Ramón. El Palacios regresa al barrio tras su indulto.
Cinta, la hija de los Domínguez, llega al barrio.

ver más sobre "Acacias 38 - Capítulo 966" ver menos sobre "Acacias 38 - Capítulo 966"
Programas completos (999)

Los últimos 3.435 programas de Acacias 38

  • Ver Miniaturas Ver Miniaturas
  • Ver Listado Ver Listado
Buscar por:
Por fechas
Por tipo
Todos los vídeos y audios

Añadir comentario ↓

  1. María

    ¿Qué le pasa a Felipe en el ojo? Antes no lo tenía así de raro. ¿Ha tenido algún accidente el actor? Está muy guapo igualmente.

    12 mar 2019
  2. Mabi

    Kassir hay una plataforma conocida que la emite en dos sesiones, Y....e.

    11 mar 2019
  3. Kassir

    Es verdad que fastidio, apoyo todos los comentarios, y por cierto alguien vio completo este capitulo??? a mi se me queda pegado en minuto 38 y no avanza, ya reinicie dos veces y nada.!!!

    11 mar 2019
  4. Gema

    Bueno, le he dado una oportunidad. Los guionistas hubieran podido diseñar mejor la trama. Uno: de verdad que tras 10 años Felipe está así de destrozado?. 2: lo de rosina chacha que se,sienta a merendar con.las señoras a plena luz, ridículo. Los nuevos inquilinos? Que pintan en está serie?. El marido de Lucía, pésimo. Si nos quieren hacer creer k el hijo es de Telmo, no se sostiene por ningún sitio. ¿ e donde han sacado fabiana y servando el parné para montar la pensión...de verdad... Se echa de menos las buenas actuaciones de los desaparecidos. Y que lolita y antoñito(cada vez actúa mejor) no han tenido retoños. Lo que dice Myriam.está claro..pero hacernos tragar 300 capítulos más. La única nueva que merece la pena es Genoveva. No se....

    10 mar 2019
  5. Marga

    A quien corresponda, y sin ánimo de crítica. Y por supuesto sin perder la perspectiva de la época que representa, que , como ya se ha comentado, debe ser la marca de la serie, pues si no sería una de tantas. Pero..., teniendo en cuenta que, llegados a este punto ..., el ofendido es Telmo, no debería Lucía ser firme, rotunda, contundente, (que en esa época y estando casada... ) pero SIN SER DESAGRADABLE con él?? Que parece que ..."tras de cornudo apaleado".

    10 mar 2019
  6. Marga

    En efecto.

    10 mar 2019
  7. Santi

    A ver, lo de que hayan pasado 10 años es un recurso de los guionistas, por un lado sí, renuevan un poco la serie con un montón de cambios y personajes nuevos... pero el motivo principal, según yo lo veo, es solucionar el gran problema que tenían: La falta de historias de las que tirar, ya el pasado, presente y casi hasta el futuro de todos los personajes estaba "muy mascado", pues entonces, llegados a este punto que hacemos? ya está. saltamos 10 años en el tiempo y ya podemos contar lo que queramos de todos (en 10 años pasan muuuuuchas cosas) si para colmo dejamos cosas pendientes sin aclarar: "El hijo y matrimonio de Lucia" , La muerte de Celia, la marcha del sereno y regreso de Ponferrada..... le añadimos los cambios a los personajes historicos: La tienda de Lolita, la pensión de Servando y Fabiana y alguna que otra cosilla, más la incorporación de 10 nuevos actores, resulta que tienen material para otros 4 años...es casi cómo empezar de cero pero con el arraigo de los antiguos personajes Respecto a lo que más os preocupa a todas: Lucia y Telmo, al final de temporada está más que claro que acabaran juntos, no sin antes hacernos pasar por la montaña rusa típica del estilo "Acaciano": Ahora no tenemos nada que hacer, ahora sí, nos gustamos y tenemos claro que tenemos que estar juntos, ahora surge no sé que imprevisto y no, ya no podemos seguir con esto, ahora se soluciona todo y volvemos a estar bien..etc etc.. seran entre 150 y 300 capitulos.. prepararos para sufrirlos

    09 mar 2019
  8. Raquel revuelta

    No sé puede coger ni con pinzas, pero mientras nos dejen a Telmo, por mi que liquiden incluso ala Tonta de Lucía

    09 mar 2019
  9. Eva

    De lo mas ridículo, pues Susana es el vigilante del barrio, dice lo que hay que hacer, con quien hablar, lo encrepa a Ramón, porque no le buscan ocupación, coincido que es ridículo la actitud de Felipe, pasaron 10 años y todavia se embriaga, quiere matar a Ramón, pelea con cualquiera,,,,,,,,,,, el marido de Lucia que malo, malo, pero malo el actor, se choca con las palabras, además de absurdo su personaje es inentendible, tan señorón y habla mas con la criada que con su mujer, y hace lo que ella dice, y encima la mentada criada opina sobre la vida de los señores, que tienen que hacer, donde van y donde no,solo espero que mataron tanta gente buena que a este con la tos que tiene, no lo hagan durar mucho y al fin Lucia pueda ser feliz con Telmo,,,,,,,, que ademas ella lo trata mal a Telmo que nada tuvo que ver, cuando sería El que tendría que estar ofendido con ella y los demás por haberlo acusado sin saber, sin dejar que se explique y lo mismo hacen con Ramón, cuando nadie sabe que pasó realmente, es decir todo es un sin sentido, los guionistas han perdido el rumbo y este manotazo de ahogado de pasar 10 años para hacer una renovación, no ha servido para nada, es decir si,,, ha servido para empeorar las cosas y hacerlo todo mas irracional. deberian haberle dado un final y empezar otra serie nueva y no este engendro remendado que no es ni chicha ni salchicha, esto no se puede ver.

    09 mar 2019
  10. Eustaquia Taky Sánchez Grajera

    ¡¡¡A Rosina le faltan unos cuantos hervores para tanta majestuosidad como le hacen pretender, menuda cataplasma, chismosa y imbécil. que payasada d personaje desde el principio siempre gritando, q asco, y Susana una vieja criticona y desagradable, solo le faltaba la oscura restauradora enigmática y oscura!!!

    09 mar 2019