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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 964 -  ver ahora
Transcripción completa

En cuanto nos bajamos del barco me di cuenta de que las cosas

no estaban igual que cuando nos fuimos

y quise ahorrarte el trago de no ser famosa.

-¿Se va a oponer a que don Ramón salga de prisión?

-No tengo ninguna duda,

luchará para que mi padre se pudra en la cárcel.

-¡Quiero que todo el mundo sepa, que don Ramón Palacios,

el asesino de mi esposa,

se va a pudrir en la cárcel!

-¿Mandó las invitaciones?

-A primerísima hora, como me ordenó. -¿Y tenemos alguna confirmación?

Ha llegado una nota de la señora Alday, le convida a una merienda.

Qué invitación tan poco oportuna.

He supuesto que no sería de su agrado acudir

y he rechazado la invitación.

Solo faltaba que esas harpías no vengan,

menudo debut. -"Pues diga la verdad,"

intente salir de aquí, cuente qué pasó esa maldita tarde.

-No tengo nada que contarte.

-Yo siempre la había querido ver de cuerpo presente.

-Ya está bien de embustes, mangantas.

-¿Qué dice usted, señora? -¿En qué la hemos "molestao"?

-Sé que estáis "comprás", falsas.

-Tente, no cometas un estropicio. -Tú cállate.

Y largo de aquí, antes que me líe a "patás".

-El barrio ha perdido con la llegada de esa corista.

-A mí me cayó en gracia cuando nos presentamos.

No me esperaba que se comportara así.

-Lo cierto es que el barrio está cada vez peor.

No para de llegar gentuza.

-¿Lo dices por la mujer de Samuel? -Claro.

Esa, si no es corista, es algo peor.

-Usted no debe hacerlo, que para algo es la señora.

-No se me va a caer ningún anillo por quitarle el polvo

a una habitación.

-Y de ahí ha vuelto Cesáreo. ¿Por qué regresaría a Acacias?

-Se quedaría sin ocupación.

-¿Y cómo consiguió recuperar la plaza justamente aquí,

en la misma ciudad, en el mismo barrio?

-Tendrás que volver a tu vida cotidiana

y no ir siempre de pobre. -Prefiero ir de pobre,

que al camposanto.

-Últimamente, no se ha oído nada extraño en el barrio,

ni hemos visto a nadie que parezca forastero,

ni ningún detalle.

-Ay, ojalá los anarquistas se hayan olvidado de nosotros.

-¡Ya todo me da igual, no voy a seguir esforzándome!

Cielo.

Lo único que ha de importarte... es el amor que nos profesamos.

¿Es que ni siquiera huyendo de toda mi vida voy a poder ser feliz?

Carmen,...

déjanos solos, por favor.

Cariño,... ¿quieres que salgamos a dar un paseo?

No.

No han venido, cariño.

Quizá,... algo las entretuvo o se olvidaron.

Samuel, no te andes con paños calientes conmigo, por favor.

No soy una porcelana china como las de vuestros salones,

ni una delicada damisela.

Soy Genoveva, la que lleva atendiendo borrachos en los clubs

desde los 15 años.

Eres mi amor,...

mi porcelana

y mi delicada esposa.

Pienso tratarte con todo el mimo que te mereces.

Son unas hienas,...

unas malditas beatas meapilas que van de buenas

y son más malas que la tiña. Pues que no te afecte.

Me afecta porque soy tu esposa,...

porque quiero que estés orgulloso de mí y no te avergüences.

¿De ti?

Eres hermosa,...

eres valiente...

y eres leal.

Me importa un ardite que esas monjas sedientas de sangre fresca

no te acepten en su estúpido club.

¿De veras?

De veras.

Lo único que me importa es que seas feliz a mi lado.

Lo soy,... y mucho.

Pues no vuelvas a derramar una lágrima porque no lo merece,

no les des ese gusto.

Así que, mañana te vas a poner más bonita que nunca

y les demostraremos que su desplante no te hace mella,

que no tienen ese poder sobre ti.

Pero, sobre todo,... que somos mucho más felices que ellos.

(Sintonía de "Acacias 38")

¿Qué tal ha ido la reunión en casa del señor Alday?

No he ido.

¿Cómo que no has ido?

Me enteré de que las señoras no iban a ir y...

Me dijiste que hiciera lo que hicieran ellas.

(TOSE)

Ya he conseguido que Mateo se durmiera.

Estaba inquieto, he tenido que ponerme seria

y aun así me ha costado. Úrsula, no sea tan dura con él,

solo es un niño.

Algún día será un hombre.

Si por ti fuera, sería una animal asilvestrado.

Sea todo lo dura que usted considere oportuno.

Como usted diga, señor.

En el fondo, me da pena esa mujer,

no ha debido sentarle nada bien que nadie fuera a su merienda.

Si me lo permiten, a mí pena ninguna.

¿Por qué dice eso? Algo tiene que no me gusta.

¿A qué se refiere?

No se comporta como una señora,

no sé qué hace al lado de don Samuel.

No tienen nada que ver.

Él, al menos, es de buena familia.

Además, doña Felicia me contó algo.

¿El qué?

La oyó hablando con alguien desde el teléfono del Nuevo Siglo XX,

en francés.

Le digo que esa mujer no es trigo claro, algo oculta.

Si eso es así, mejor no acercarse a ella.

Pero... ayer dijiste todo lo contrario.

Pues hoy he cambiado de opinión. ¿Algún problema?

No.

Pues obedece.

Se puede retirar.

Con permiso.

¿Quiere que le deje solo, señor?

Estaba aprovechando para limpiar.

-Antes, tráigame un café.

-Ya lo he preparado.

Se está haciendo, señor.

(Llaman a la puerta)

Enseguida le traigo el café, señor.

-¿Cómo se encuentra hoy, don Felipe?

-Como si me hubieran pasado 100 000 caballos al galope por encima.

Supongo que no has dejado tu pensión sola para interesarte por mí.

-En realidad, sí.

-¿Y ese sobre? -Me lo ha dado Jacinto,

que al pasar por la portería, tenía un sobre para usted,

y ya que venía a verle.

-Hace tiempo que nadie me manda una misiva.

-¿Son buenas noticias?

-Las mejores.

Es de un compañero mío abogado.

Apoyará mi petición para que a don Ramón no le concedan el indulto.

También ha conseguido convencer a un par de compañeros más.

No voy a permitir que ese asesino salga de la cárcel.

Esto hay que celebrarlo.

Agustina, tráigame la ropa, voy a salir.

-¿Y el café? -No tengo tiempo para café.

Tengo que llevar una carta para que la firmen unos colegas.

Después, iré al Ministerio de Justicia.

-Qué lástima ver a don Felipe arremeter de esa manera

en contra de uno de sus mejores amigos.

-Con lo bien que se llevaban esas dos familias.

Por la Virgen de los Milagros, qué tristeza.

-La vida cambia, Agustina, la vida cambia, y mucho.

-Buenas, Marcelina.

¿Me das "El Adelantado"

y el "Noticiero Español"?

-¿No se lleva usted flores hoy? -No, hoy no tengo ánimo.

-Ya se lo he "notao". Parece "preocupá", ¿qué le pasa?

-Cosas que me ando barruntando, pero tú no te apures.

-Cuéntemelo,

quizá pueda ayudarla en algo,

"pa" que vea las cosas de otra manera.

-"Na", asuntos de la familia Palacios,

que casi prefiero ni mentar.

Bueno,... ¿cómo fue la merienda de doña Genoveva?

¿Lo pasaron bien? ¿Tú sabes algo?

-¿No se ha "enterao" usted?

-No, "na" más sé

que le llegó la invitación a Lolita, pero que no pudo ir.

-Al final no pudo ella ni nadie.

-¿Nadie ha ido a la merienda? -Eso me ha "contao" Jacinto.

-¿Y qué ha hecho la señora Genoveva?

-Eso ya no lo sé, pero dudo que le haya sentado bien,

quedarse con la mesa "prepará" y la comida puesta

y que no venga ni el Tato... -Qué papeleta.

Yo no tengo "na" en su contra, pero extravagante sí que es.

Quizás por eso, la gente no ha ido.

-Hablando de extravagantes, ahí está Bellita del Campo.

-Y viene hacia aquí.

-¿Cree que va a volver a darnos voces y a ponernos verdes?

-Enseguida lo vamos a saber. -Ah, no, yo me voy.

-No, tú quieta "pará" aquí.

Esta vez no le voy a consentir sus malas maneras.

Me da igual que sea artista o la reina,

a mí nadie me habla tan malamente.

-Buenos días, señoras.

-Díganos, ¿podemos ayudarle en algo a la señora?

-Quería pedirles disculpas.

-¿Disculpas?

-Por lo de ayer. No me porté bien con vosotras,

no debí llamaros mentirosas ni hablaros de esa manera.

-Bueno, no se apure, si tampoco fue "pa" tanto.

-Se agradece el detalle, total, un mal día lo "tie" cualquiera.

-Os confundí con otras personas.

Fue un malentendido y espero que no me lo tengáis en cuenta.

Como compensación, os he traído estos retratos "firmaos".

-Ay... Pues muchas gracias.

La admiramos a usted una barbaridad,

porque es una artista de los pies a la cabeza.

-La mejor de "toas", y no sabe la contentura que tenemos

de tenerla en el barrio. -Yo también estoy muy feliz

de estar rodeada por admiradoras. Así da gusto salir por las mañanas.

Me alegro de que esté todo aclarado.

-Qué mujer más "resalá". -Y elegante.

-Sí. -Arrabalera es lo que es.

A ver, ¿qué quería?

-Disculparse, nada más.

-¿Disculparse, os ha pedido perdón? -Con "toas" las letras,

y nos ha hecho un regalo requetebonito.

-¿Y se cree que con retratos y palabras bonitas

vamos a olvidar sus voces?

-¿No?

-No, Marcelina, no.

Yo fui testigo de sus malas formas y no se me olvidan tan fácilmente.

Yo admiraba a esa mujer,

pero después de lo de ayer le he hecho la cruz.

Es grosera, chabacana y cateta.

-Bueno, "to" el mundo se equivoca algunas veces, doña Susana,

y es de buenos cristianos perdonar. -Y de tontos olvidar.

Toda la gente de la farándula son unos cantamañanas,

zafios y sin educación.

-A mí me alegra que viva aquí.

-Y por gente como tú, el barrio va a convertirse en un circo.

-Uy. -Hala, buenos días.

-Lolita,...

la semana pasada me cobraste dos céntimos menos por lo mismo.

-¿Y qué hago si los proveedores me suben a mí?

Además, ¿a ti qué más te da? ¿Tú crees que a tu señora

le van a importar dos céntimos?

-Bueno, pues nada, cóbrate y no me des más la murga.

-¿Qué mosca te ha "picao"? -¿Qué mosca me va a picar?

-La de la malaje andina, por ejemplo.

-Pues sí, sí, tienes razón, perdona, tú no tienes culpa de "na".

Soy yo, que estoy harta de tanta mentira y embuste,

que "ende" que voy vestida de señora, faeno más que una mula.

-Es que cuando a tu señora le entra la perra con algo...

-Ya, ¿qué me vas a contar? Y encima "to" el día

"malhumorá" que la tengo.

-Sí, la vi de "amanecía" y ya la he visto.

Pero me ha dicho que va a acabar esta pantomima más pronto que tarde.

-A ver si es verdad. Que Dios te oiga, Lolita,

y que me dé paciencia "pa" aguantar esto.

-Sea, por tu bien y por el de "tos", que un día metemos la pata

en un descuido y se lía la de San Quintín.

Con Dios, Casilda.

¿Qué pasa?

-Se trata de don Felipe.

-¿Es o no es un detalle bonito?

-Sí, Marcelina.

-Uy, ¿qué es eso que dobla usted, "señá" Carmen?

¿Es "pa" una fiesta de disfraces?

-De disfraces nada,

es la ropa de normal de mi señora, que la he bajado de la azotea.

La tenía ahí secándose.

-¿Hay mujeres que se ponen estas cosas?

-No todas, pero...

sí, algunas sí. -No me quiero ni imaginar

lo que me diría mi Jacinto si me ve aparecer con estas cosas.

-Mejor no lo quiera usted saber.

-A lo mejor se enfada y "to", o váyase usted a saber,

lo mismo pega un grito borreguero y rompe hasta los cristales.

-O le daría por morirse de la risa, que es lo que yo haría.

-Pues también, no le digo yo que no.

(SUSPIRA)

La voy a guardar hasta que pueda ir al pueblo.

Ya verá la cara que pone mi madre cuando se la regale.

-La verdad es que la mujer ha tenido un detalle con ustedes.

Ya me contó Fabiana lo mal que las trató ayer.

-Malamente, las cosas como son,

pero ha "pedío" disculpas y la cosa ya está olvidada.

-Eso es ser muy noble. -Y tener clase

y educación.

No entiendo la perra que le ha "entrao" a doña Susana con ella.

-¿Qué perra le ha entrado? -Uy. No sabe usted

la de improperios que ha dicho hablando de doña Bella.

-¿Ah, sí?

¿Qué improperios? -"Na", ya ni me acuerdo.

-No, ya lo creo que se acuerda, así que por favor cuéntemelos.

-Ha dicho que...

-¿Qué, qué? -Que era...

grosera, chabacana

y cateta. -¿Qué?

-Y una cantamañanas, zafia y sin educación.

-¿Eso es lo que se comenta de mi señora?

-Pero solo lo ha dicho doña Susana, que le gusta malmeter

y pegar la hebra. No haga caso.

-"¿Recabando apoyos?".

-Eso es, para impedir el indulto de mi padre.

-¿Y eso qué demonios quiere decir?

-Felipe ha escrito una carta explicando por qué mi padre

no debería recibir el indulto y está recogiendo firmas

de otros abogados para que le apoyen.

Quiere presentarla al Ministerio. -¿Y quién te lo ha "contao"?

-El abogado, que lleva la petición de indulto.

He ido a pagarle la minuta y me han puesto al día.

-¿Me estás diciendo que la carta que va a enviar Felipe al Ministerio

puede parar el indulto de tu padre?

-Pero... ¿y nosotros no podemos recoger firmas?

-No es tan sencillo, él es el marido de la víctima

y en su día ya luchó para que condenaran a mi padre.

-¿Y no hay "na" que podamos hacer? -Seguro que sí, pero no lo sé,

no se me ocurre nada.

Ese hombre podría impedir la liberación de mi padre,

esa es la única realidad.

-¿Me estás diciendo que no vamos a conseguir "na"

y que vamos a perder el dinero que hemos invertido?

¿Se lo vas a decir a tu padre? -No, no quiero preocuparle,

además, no es del todo seguro.

Nuestros abogados tienen una audiencia

y le van a presentar el caso.

-Pues quiera Dios que ocurra un milagro.

-Ojalá, cariño, pero como Dios no quiera

me parece que nos tenemos que preparar para lo peor.

-Qué mujerona más "apañá" que tengo.

Vale "pa" un roto y "pa" un "descosío".

-Que no se te olvide cuando eches el ojo a las mozas.

-¿Qué ojo, qué ojo?

Si yo "namás" que tengo ojos "pa" ti.

-Ay, si eso fuera cierto.

-¡Arrea!

-Cierra la boca, que te van a entrar moscas.

-Se ha quedado una buena mañana para dar un paseo.

-Sí, hace un rato corría un aire muy frío, pero el sol ya ha "calentao".

-Va usted muy requetebonita. -Gracias, muy amable.

Me he despertado con alegría y con buen ánimo, será por eso.

-Pues será.

¿Vamos, cielo?

¿Has visto, mi amor? Todo el mundo te mira.

Pendientes de mi reacción por lo de ayer.

Admirados por tu belleza.

No sabes lo mucho que estoy disfrutando dándoles en la cara

a toda esta gente.

Y no sabes lo mal que me lo hicieron pasar muchos de ellos.

Eso es agua pasada, no vale la pena darle vueltas.

Es cierto,... solo importa el presente, que soy muy feliz.

-¿De paseo matutino?

Eso es, mover las piernas por la mañana

le activa a uno el cerebro.

-Cierto.

¿Y usted, cómo se adapta al barrio?

-Es un lugar encantador, y todo el mundo es agradable y simpático,

estoy feliz de vivir aquí.

Mi esposo se quedó corto

cuando me contó las maravillas de este lugar.

Estoy deseando intimar con todos ustedes y ser una más.

-¿Cómo se atreve a salir a la calle con ese vestido?

Y con esas ínfulas, después de que nadie fue a su merienda.

¿Usted la ha visto, doña Felicia?

-(RÍEN)

-Dios, qué desfachatez,...

y qué ordinaria.

Pero ¿qué vestido lleva? -Quizás sea llamativo por demás,

no se lo niego. -Impúdico, querrá decir, impúdico,

y vulgar.

-Desde luego, no es el vestido que yo me pondría.

-Usted tiene más decencia, Felicia, y clase, dicho sea de paso.

-A mí me parece que está muy hermosa.

¿No creen que tiene como... luz, esa mujer?

-Emilio,

esos clientes te están llamando.

-No entiendo este barrio,

con lo tiquismiquis que son y a nadie le importa

que un carbonero camine junto a un señor.

(RÍE) Don Liberto no es carbonero, ya me han puesto al día

sobre ese asunto.

Es una larga historia, ya te la contaré.

Desde luego, la esposa de Samuel es una auténtica belleza.

Y simpática, dicho sea de paso.

-Demasiado simpática, diría yo.

Y, de verdad, no es de mi gusto ver a una señora

llamando tanto la atención.

-Pues yo creo que Samuel ha tenido mucha suerte,...

mucha, mucha suerte. ¿Has visto?

Estoy siendo la envidia de todo el barrio.

No te quitan ojo.

Qué beldad, qué garbo, qué alegría de andares.

-Alegría la de nuestros ojos,

esa mujer es un monumento. -Sí.

-Sobre todo esas dos santurronas chupacirios.

¿No crees que deberíamos ir a saludarlas, querido?

Por supuesto, no debemos ser maleducados.

Siéntense, por favor.

-A ver. ¿Qué ocurre, Arantxa?

-Ustedes saben que me gusta ser clara y directa.

-Y a nosotros que lo sea. Hable.

-Tienen ustedes que ofrecer un ágape de bienvenida

e invitar a todos los vecinos.

-Ay, claro.

Qué gran idea, José, una fiesta.

¿Te acuerdas de las fiestas que dábamos en Argentina?

-Uf, me acuerdo yo y "to" Buenos Aires.

Qué tiempos, cómo lo pasábamos.

-Qué maravilla. -¿Te acuerdas de tu cumpleaños?

-Uy. Con "tos" mis primos, que vinieron "pa" la ocasión,

de Huelva.

-Cuando vi que sacaban las guitarras, pensé que acabaría

como el rosario de la aurora.

-Tres días que estuvimos de celebración.

Ay, qué bueno. -Ea.

Venga, vamos a organizar una fiesta por "to" lo alto.

-Razón tiene. -Eso necesitamos, una juerga.

-Una cosita con vino... -Que no, que no, ¡que no!

Que yo no estoy hablando de ese tipo de fiesta,

con finito, flamenco, bulerías, ole, ole, no.

-¿Y qué otro tipo de fiesta hay?

-Una elegante, fina, una fiesta contenida,

donde serviremos los mejores refrigerios

al más puro estilo parisién.

-¿Sin "pescaíto" frito? -(ASIENTE)

¿Ni huevas "aliñás"?

Un finito bien fresquito sí.

-Que no, le estoy diciendo que no.

Caldos "seleccionaos", ojo, ¿eh?,... y "tomaos" con moderación.

-Oye, ¿y tampoco podremos dar palmas ni arrancarnos por bulerías?

-Bueno, eso lo que menos.

A ver, el objetivo de la fiesta es hacer ver a todo el vecindario

que no somos faranduleros sin fundamento.

Somos gente...

fina, educada, confiable.

-Ya, pero eso no es una fiesta ni es "na".

-Eso es muy "aburrío".

-Ah, igual sí, pero lo que tiene que ser.

-Está bien. Lo que tú digas.

Siempre has tenido buen olfato "pa" esas cosas.

Daremos un... ágape de esos,...

y que sea lo que Dios quiera. -Amén.

-"Oso ondo".

-No serán capaces de llegar hasta aquí.

-Buenos días, señoras.

Parece que se ha quedado una buena mañana, ¿no creen?

-Pues yo tengo frío. -¿Quieren tomar algo?

¿Les preparo una mesa?

-Nos sentaremos con usted, ¿permite?

Tómese lo que usted quiera, mi esposo nos invita, ¿verdad, querido?

La duda ofende. Yo quiero un ajenjo.

¿No sabe lo que es? -Lo lamento, pero no.

Genoveva, querida,

no pidas cosas tan extravagantes,

a fin de cuentas, no es más que un restaurante de barrio.

-El Nuevo Siglo de doña Felicia es un lugar sofisticado y exclusivo.

-Lo lamento, pero puedo ofrecerles un pastis o un jerez.

-Un pastis con agua. Dos.

¿Quiere un pastis para templarle, doña Susana?

-No, gracias.

Este barrio siempre ha sido de clase y ralea.

Al menos hasta el momento. -¿A qué ese comentario?

¿Mi vestido no es de su agrado? -Yo no he dicho eso.

-Pero lo piensa, lo ha insinuado.

Su mirada era desaprobatoria, lo he notado.

-Cada persona tiene un gusto.

Supongo que no le extrañará que no comparta el suyo.

-Dios me libre, yo tampoco me pondría ese vestido

que ha decidido usted ponerse hoy. ¿Te imaginas, querido?

-Es un vestido propio de una mujer decente de mi edad.

-Por supuesto, lo mismo que el mío.

-Porque usted lo diga.

-Lo digo yo y cualquiera que entienda de moda.

-Yo he tenido una de las sastrerías más prestigiosas de esta ciudad.

-Lo sé,...

y dicen las malas lenguas que se quedó antigua y desfasada

en los últimos tiempos,...

pero no le haga caso a la gente, que es muy mala.

Usted tiene una edad como para no pensar en esas cosas y descansar.

Querido, ¿te importa que vayamos en busca de ese ajenjo?

Se me ha antojado.

Tus deseos son órdenes, mi amor.

Queda pendiente una invitación. En otro momento

retomaremos la conversación.

Ya verá como se lleva estupendamente con mi esposa.

Desde luego, querido. Íntimas nos vamos a hacer.

Con Dios.

-Tome.

-Muy buenas.

¿Ha ido a hacer esas gestiones para evitar el indulto para don Ramón?

-¿Creías que iba a cambiar de opinión?

-No, yo no creía ni dejaba de creer, tan solo pensaba que...

se había relajado un poco con ese asunto.

-Jamás,...

aunque me vaya la vida en ello.

Ya tenía la carta escrita...

y ahora la tengo firmada por todos mis compañeros que me apoyan.

Hace un rato la dejé en el Ministerio.

-¿Y de verdad cree usted que todo esto le compensa?

-¿Qué quieres decir?

-Ramón Palacios se ha tirado 10 años en la cárcel

y nada de lo que haga para castigarle le va a devolver

a doña Celia.

No sé, ¿no sería mejor dejar enterrado

todo esto en el pasado? -No.

Y con todos mis respetos, Servando, ¿a ti qué te importa?

-No, no era mi intención molestarle. -Sin embargo, lo has hecho.

No hay nadie que odie más en este mundo que a Ramón Palacios,

y haré todo lo que esté en mi mano para que no salga de ese agujero.

Y te recomiendo que seas más prudente,

nadie te ha pedido opinión.

-Desde luego, este hombre se ha vuelto intratable.

Servando. Doña Lucía.

Te he visto hablando con Felipe, ¿cómo le has visto?

¿Quiere que le diga la verdad?

Sí, claro. Pues... no muy bien,

pero cada vez va a peor.

Lo sé.

Por el cariño que le he tenido siempre a su familia,

espero que esto no le moleste.

Gracias, Servando. De nada. A servir, doña Lucía.

-No, no la conozco, apenas he "cruzao" dos palabras con ella.

Tengo... otras cosas en las que pensar.

¿Es simpática? -Muchísimo.

Hoy, ella y don Samuel han estado en mi restaurante

y se han dejado un dineral.

-Pues sí que ha "cambiao" ese hombre.

No sabes lo que era antes. Una negrura.

-¿De verdad que una cosa tan grande puede flotar?

-Se llama trasatlántico, Jacinto, y claro que flota.

¿Sabes lo que se tarda entre España y Argentina?

-No, no, prefiero que me diga cuántas ovejitas caben ahí.

-Ay. No sabría qué decirle, supongo que el rebaño entero.

Cientos de ellos.

Buenas tardes. -Bienvenidos sean a mi tienda.

Soy la Lola. Lolita "pa" los amigos.

-Encantado.

-Bueno, ¿qué tal en el piso, todo en orden?

-Está todo estupendamente, don Antoñito.

Estamos "encantaos", ¿eh?

Un sitio tan luminoso, tan espacioso,

entran ganas de arramblar con los muebles y dar palmas y bailar.

-(RÍEN)

-Me alegra que estén tan a gusto, así no echarán de menos Argentina.

-¿Bromea?

España es nuestro hogar.

Donde se pongan buenos productos españoles como los de su tienda,

que se quite "to" lo demás. Ole.

-Pues ole.

-(RÍEN)

-Me gusta mucho el chocolate, señora.

-Estos bombones te van a encantar, ya lo verás, pasa.

-Ya están aquí. -Solo yo, el señor ha ido a terminar

de arreglar unos papeles del piso. -¿Qué hace usted con Mateo?

-Me he cruzado con él y hemos hecho buenas migas, ¿a que sí?

-Es usted muy simpática, señora.

-Y le he prometido unos bombones. -Eso también.

-No sé yo si debería dárselos, señora.

Mateo tiene una tata muy estricta, y lo mismo no le gusta

que come entre horas. -Solo es un poco de chocolate.

A todos los niños hay que darles un dulce de vez en cuando.

-Al menos no le entretenga mucho,

o su tata puede enfadarse. -Mi tata es un plomo.

-Mateo. -Deja al niño, Carmen.

Ten, coge todos los que quieras.

A mí también me encanta el chocolate,

por eso siempre guardo bombones en este bote.

-Señora, será mejor que deje al niño volver a sus quehaceres.

-Venga, vamos.

Puedes volver siempre que quieras a por más, esta es tu casa.

¿A qué viene tanta reprimenda, Carmen?

No estaba haciendo nada malo. -Lo sé, señora,...

pero usted no conoce a doña Úrsula.

-Ni tú me conoces a mí.

No tolero que nadie me diga qué he de hacer.

Mucho he rondado por este mundo para que alguien decida por mí,

¿está claro?

-Clarísimo. Disculpe, señora, no volverá a pasar.

-¿En Rusia? Allí también hemos "estao".

Sí, señor. Mi esposa actuó en Moscú ante el mismísimo zar.

-"Pa" chasco que me hubiera "gustao" ver eso.

-Eso ya no lo va a ver,

pero mi mujer le dedica a usted una canción si se lo pide.

Vamos a dar una fiesta y están todos invitados.

Los primeros, ustedes dos, que me han vendido la casa.

-"Agradecíos", pero esta semana no tenemos el cuerpo

muy "pa" fiestas. -Son asuntos familiares,

pero en cuanto nos sea posible nos acercaremos a saludar.

-Vaya, espero que no sea nada grave.

En todo caso, mi criada le dará una lista

para que me prepare una variedad de productos de su tienda.

-"Pos"...

los mejores no sé, pero los más ricos seguro que sí.

-Insisto, que están todos "invitaos" a la fiesta, ¿eh?

-¿De verdad?

-Jacinto, pero ¿cómo no voy a invitar al portero?

Si es la figura más importante de una comunidad.

-Me gustaría ir, pero...

no puedo dejar desatendida la portería,

y menos ese día que va a tener usted invitados.

-Bueno. -Haremos por ir, don José.

Al menos mi madre seguro que va. -José, amigo Emilio.

Estoy deseando intimar más con ustedes

porque me parecen muy buena gente.

-¿Por qué no viene a jugar al dominó?

-¿Juegan ustedes? -Todas las semanas,

con el Cesáreo y el Servando.

Emilio tiene razón, anímese.

-Claro que lo haré, por supuesto,

pero ahora tengo que organizar una fiesta.

Emilio, ¿me harías una selección

de sus mejores vinos y me la haces llegar?

-Por supuesto.

-Algunas de las cosas de aquí no las tenemos,

habrá que pedirlas, que son cosas muy finas.

-"Demasiao" "pa" mi gusto.

A parte de las viandas,... he de pedirle otro favor.

Necesito que me ayuden a elaborar una lista de invitados. Nosotros...

no conocemos todavía a todo el mundo y no quiero que me falte nadie.

-Eso lo hacemos en un periquete, hombre.

-Muchas gracias, solo quiero lo mejor "pa" mi mujer,

la felicidad "pa" ella, y seguro que esto le dará mucha contentura.

Y, además,...

a parte de todo lo de la lista, usted me va a poner

dos chorizos picantones y el mejor jamón de Jabugo.

-Ya estaba usted tardando.

Volando.

-¿Cómo se ha enterado? -Me lo ha dicho mi hijo.

Nos han encargado los vinos. -¿Otra fiesta?

Y esta vez, nada más y nada menos, que de la gente de la farándula.

-Ay,... seguro que tiran la casa por la ventana.

Cuentan que esa gente es la mejor dando fiestas.

-¿Qué más da? No vamos a ir.

Yo no me quiero relacionar con esa gente tan vulgar.

-Pero viven en el barrio,

algo de clase tendrán.

-Tú no has visto los gritos que daba esa ordinaria en medio de la calle.

A mí que no me busquen, y vosotras deberíais hacer lo mismo.

-¿Otro boicot? -Pero con todas las letras.

-Me temo que a este ágape yo sí he de ir.

Entiendo sus razones, doña Susana,

pero estaría mal que yo le vendiera los caldos y no asistiera.

-Lo que está mal es que no hayamos ido a la merienda

y ahora vayamos a esta.

-Por eso mismo, querida, ¿vamos a perder otra oportunidad?

¿Cuántos años hace que no vamos a un ágape?

Y algo de cotilleo siempre viene bien.

Podemos ir un ratito, luego nos vamos.

-Pero ¿dónde te crees tú que vas así vestida de criada?

-No te metas con mi uniforme que te arreo.

¿Me metí yo con ese hábito que llevaste?

No lo hice ni cuando te lo pusiste ni cuando te lo quitaste.

-Te metiste,

y me lo quité porque ya había hecho la penitencia.

-¡El ridículo es lo que hiciste!

-Bueno, está bien, señoras, no se sulfuren,

no merece la pena por algo tan nimio.

Decidan lo que decidan, yo habré de ir.

Por decoro, al menos.

-No dejo de pensar en que todo lo que ha hecho don Felipe

en contra de don Ramón ha sido por mi culpa,

porque yo se lo conté "to".

-Fue un accidente, no lo barruntes más.

Lo importante es que "to" salga bien.

Los abogados van a presentar ya el caso al ministro.

-Y a partir de ahora, ¿qué?

-A partir de ahora, rezar y que sea lo que Dios quiera.

-Ay, no dejo de darle a la mollera lo mucho que se querían

esos dos señores y lo malamente que está la cosa.

A don Felipe no se le van ni la furia ni el rencor de dentro.

-Bien "clavaito" que lo tiene, sí. Y lo peor es que se equivoca,

que don Ramón no tuvo "na" que ver con la muerte de Celia.

-Ay, qué tiempos aquellos, Lolita.

¿Te acuerdas? Y lo mucho que ha "cambiao" el barrio desde entonces.

Cada vez hay más gente nueva aquí.

-Yo no me entero de mucho, con lo del indulto de mi suegro.

¿Son buena gente los nuevos vecinos?

Yo he "conocío" a don José, y parece "resalao".

-La que es un poco rara es doña Genoveva, viste muy...

extravagante.

-¿Y Bellita del Campo? -No sé qué decirte.

A veces, se me antoja loca

y, a veces, más buena que un san Luis.

-Pues estamos "apañás".

¿Y cómo está don Felipe? A parte de rabiando por dentro.

-Agustina dice que recibe una muchacha libidinosa

todas las noches, sin excepción.

Que bebe de más, que juega

y que no se le va la amargura.

-Pobre hombre,

lo que "tie" que estar pasando.

-Lolita.

Ha llegado esto para tu esposo. Te he visto subir,

y ya que estás, te lo doy a ti. -Pues muchas gracias.

-¿Qué pone? -Es de mi suegro.

Que tiene que ver a mi Antoñito a escape.

¿Le importa que me marche?

-Ve, anda. Apúrate, hija.

-Ya que la pillo sola,... ¿le importa si le hago una pregunta?

-Me la vas a hacer igual, Jacinto.

-¿Sabe usted si el Servando ayudó a Cesáreo con lo de su despido?

-¿Y a qué la pregunta?

-Que se me ha "metío" en la mollera y no me lo quito de encima.

Que me tiene obsesionado y hasta me despierto por las noches.

-De ese asunto,

olvídate.

-"Usted verá lo que hace,"

pero yo no me mezclaría con esos comediantes.

Hablando de gentuza, se me olvidó preguntarle cómo fue la comida

que le sirvió a Genoveva y a Samuel. Tengo entendido

que después de criticar su restaurante, vinieron a comer aquí.

-Me devolvieron dos platos, alegando que mis productos

no eran de calidad y que les faltaba cocción.

-¿Será verdad? -Eso sí,

pagaron religiosamente, pero nunca me había pasado algo así.

-Pero ¿qué sabrán ellos lo que son productos de calidad?

Usted, con su experiencia,

y que posee uno de los mejores restaurantes.

-Buenas tardes, señoras. Necesito usar de nuevo el teléfono.

-Por supuesto.

Discúlpeme, señora.

¿Sí? Soy la institutriz de Mateo.

Me he enterado que le dio usted unos bombones.

Sí, se los di, ¿algún problema?

No vuelva a hacerlo.

Solo su padre y yo decidimos qué come el niño

y le rogaría

que no se acerque más a él.

Solo eran unos dulces.

No me gusta la gente que se salta las normas.

Permítame que le diga...

que no me gusta don Samuel Alday

y, por ende, tampoco su esposa.

Muy bien dicho, Úrsula. La ha puesto usted en su sitio.

-¿Cómo supo que le dio al niño esos bombones?

¿Quién se lo dijo?

Mateo.

Siempre sé qué hacer para conseguir que el niño

me diga la verdad.

Si me disculpan... Con Dios.

-¿Qué, qué ocurre? Me han dicho que quería verme.

-Calma, hijo, calma, no es nada grave.

-Pues usted dirá.

-¿Qué, qué son estos sobres?

-El primero es una carta de mi puño y letra solicitando

el indulto, es para que se la lleves al ministro.

Y el otro, es un informe

del director de la prisión hablando de mi buen comportamiento.

Le he pedido el favor y no me ha puesto pega.

-¿Esto significa que ha cambiado de opinión y que va a hablar

de lo que pasó ese día? -No, hijo, de lo que pasó ese día

no voy a hablar nunca, pero lo cortés no quita lo valiente.

Quiero salir de aquí.

-Esas palabras significan mucho para mí, padre.

-Tienes razón, hijo, no puedo.

No puedo ni quiero estar completamente al margen

de la vida de Milagros.

Y tampoco quiero seguir hiriendo a la gente que me quiere,

María Luisa, Lolita, a ti.

Sé por todo lo que estás pasando y...

lo mucho que estás haciendo

para poder ayudarme.

Así que...

Así que he decidido colaborar.

Al menos, vamos a intentarlo.

-Esas palabras me hacen muy feliz, padre.

-Siento haber estado tan obtuso, hijo.

-Eso no importa, lo único importante es que estamos juntos en esto.

Ya verá, me siento lleno de fuerza y energía, vamos a ganar seguro.

-No sé qué haría yo sin Lolita y sin ti en estos momentos.

-Me voy a escape a llevar estas cartas a mis abogados

para que puedan llevarlas al Ministerio.

Vamos a ganar, padre,

ya verá.

(Cierran la celda)

-Este jabuguito está que quita el "sentío".

-¿No se suponía que debíamos catar los platos

que vamos a servir en el ágape?

¿Qué tiene de fino el jamón?

-Hasta esos "estiraos" darían palmas por probar este jamoncito.

-¿Qué crees que debería ponerme para la ocasión?

-Ay, mi amorcito,

mi reina mora, ponte un trapo y estarás bella.

-Ay, déjate de "tontás", José, que te arreo.

Tengo que estar tan bella, que quite el hipo,

que todos se queden fascinados ante mi duende.

-Ya están "fascinaos", princesa egipcia.

"To" el barrio lo está comentando. -¿Es eso cierto?

-Tanto como que eres la mejor cantante del mundo y del universo.

-¿Crees que debería ponerme mis joyas?

¿O será demasiado ostentoso?

Mira que las mujeres del barrio son más bien sosas y "aburrías".

-Es que no todo el mundo tiene tu gracia, morena mía.

-No me des jabón, José Miguel.

-Entonces te voy a dar un beso, que es lo que me da sentido "pa" vivir.

-¿Y a ti,... qué tripa se te ha roto?

-A ver, que...

muy poca gente ha "confirmao" la asistencia al ágape.

-¿Poca gente... cuánta?

-Dos. Y una es la que nos ha vendido el vino.

-¿Y el resto del barrio, "na" de "na"?

-Pero ¿qué le pasa a toda esa gente?

¿Cómo es que no caen rendidos a mis pies?

Ya expliqué lo de las admiradoras. ¿Qué más quieren de mí?

En América, la gente se estaría dando de tortas

por asistir a una fiesta mía.

-Bueno, tú no te lo tomes así, mi vida.

La gente no tiene gracia, ni clase, ni "sentío" común.

-Esa gente son nuestros vecinos.

Quiero vivir en un sitio en el que se me valore,

donde besen el suelo por donde piso.

José Miguel, que nos hemos "precipitao".

-¿Nos hemos "precipitao" en qué?

-Viniendo aquí. ¿Y si nos fuéramos a otro lugar?

-"Ay".

-Para ya, que vas a ponerme de los nervios a mí también.

-Es que mi Antoñito ya tendría que estar aquí,.

Que ha ido directo a entregar las cartas a los "abogaos".

-Esas cosas van despacio, Lolita, tú no te apures,

a lo mejor ha querido acompañarlos

hasta el Ministerio a ver si le aceptaban la carta de clemencia.

-"Pos" lo mismo tiene usted razón.

-Algo que me barrunto yo: Y si la carta ya no la acepta el ministro,

¿qué puede pasar?

-Yo qué sé, Fabiana, ¿me ve con cara de saber de leyes?

Yo solo espero que mi Antoñito haya "llegao" a tiempo.

"Cuidao", Casilda. -Qué brío tienes, mujer,

¿qué culebra te ha "picao"?

-Estoy "mu" nerviosa, así que no me pongas tú más.

¿Qué quieres?

-Tres cuartos de bacalao del bueno,

y me lo pones en lomos, que lo voy a hacer al horno.

-Volando.

-¿Y cómo va lo tuyo, Casilda?

¿Se arreglan las cosas con tu señora?

-Eso parece.

Me da a mí que dentro de "na" voy a dejar de hacer el teatrillo.

No sabe usted las ganas que tengo de volver a ser criada a secas.

-Que no es poco.

-Ni poco ni mucho, es lo que hay, lo que soy

y así está bien.

Así es que, dígame usted, ¿qué culpa tengo yo

de que esos anarquistas no dieran matarile a la infanta?

-¿Qué culpa vas a tener tú?, quía. -Ninguna, pero lo estoy pagando.

-Una criada siempre paga por los pecados de sus señores, hija.

-Ya.

Como si no tuviera bastante con los suyos.

-Ea.

Ahí está.

Tres cuartos de bacalao del bueno.

Uh.

Que me parta un rayo.

-¿Ahora qué te pasa, Lolita?

-(LEE) "Diez personas detenidas en una taberna".

¿Esta no es la esposa de don Samuel Alday?

"Detenidos varios delincuentes de una banda dedicada...

a no sé qué... en lugares nocturnos y a la prostitución".

-Doña Genoveva,

¿prostitución, delincuentes? -"Yo soy Bellita,"

famosa artista internacional.

No necesito ni mendigar cariño ni que me perdonen la vida.

Esas señoras deberían besar el suelo por donde piso

y dar gracias porque vivo en su aburrido barrio sin gracia ninguna.

-¿Advertimos a la "señá" Carmen?

No vaya a ser que la esposa de don Samuel la meta en un embrollo.

-"Pos" en eso "ties" razón, sí. -¿Estaba el baño a su gusto?

-Temperatura perfecta y perfecta cantidad de espuma.

Gracias, Carmen.

-"Buenas tardes".

Don Emilio, ¿sería usted tan amable de añadirme al pedido del vino

dos cajitas de champán francés?

-Están tirando la casa por la ventana.

-La ocasión lo merece, tenemos una invitada de lujo

y no hay que escatimar en gastos.

La condesa de Lerín ha confirmado su asistencia al ágape.

-Carmen ha visto mi cicatriz.

¿Y qué temes?

Que empiece a hacer preguntas, que vaya contando mis intimidades.

No. Carmen nunca haría tal cosa. La conozco desde hace mucho,

es una criada leal.

Nadie es tan leal como para guardar todos los secretos de nadie.

-Lolita,...

tú sabes que si liberan a don Ramón,

en el barrio se lo van a tomar regular, ¿no?

-"Pos" me da igual, Casilda, que se lo tomen a cuerno "quemao"

o a higadillo de codorniz. -Hombre,...

todo el mundo cree que es el responsable

de la muerte de doña Celia. "Pediré una cosa"

en el caso que el señor Palacios sea liberado.

Lucía, eso no va a pasar. Ya, Felipe, pero si ocurriera,...

ha de prometerme que no se va a venir abajo.

"Esperemos que se haga justicia,

que ese hombre permanezca en la cárcel durante muchos años más".

"Los asesinos deberían estar encerrados bajo llave".

-Es usted muy guapa,... pero mi mamá también.

Ojalá mis padres se quisieran tanto como ustedes.

Mateo.

-"Pero ¿no le deberíamos" haber dicho lo de la condesa,

y que por eso han aceptado los vecinos?

-¿Te has vuelto loca? Ni muerto.

Además, no sé si vendrá.

-Pero ¿cómo que no sabe?

-No. Fui a llevarle la invitación, pero no estaba,

así que no conseguí hablar personalmente con ella.

-Pues más le vale presentarse, o los vecinos

van a creer que les hemos engañado.

Va a ser peor el remedio que la enfermedad.

-Hablemos de Ponferrada.

Cesáreo,

¿qué pasó allí? ¿Por qué tuvo que regresarse?

-Lo que pasó, pasó, y punto.

-¿Se están divirtiendo? -Pues sí,

lo único que estamos preguntándonos por qué tarda tanto la condesa.

No sabría yo decirles.

-A ver si le ha ocurrido algo.

O haber si usted se lo ha inventado.

-¿Y a santo de qué nos lo tendríamos que inventar?

-Ah. -"Carmen".

¿Dónde se mete? -¿Qué desea, señora?

-Prepare el brasero para calentar la cama antes de ir a dormir.

-Enseguida, señora. -Ya me voy, buenas noches, Carmen.

Señora.

-¿Va todo bien?

Me dio la sensación de que hablaban de mí.

-¡Esos dos vienen a por mí! -¿Crees?

-Saldremos de dudas. -¡¿Dónde vas, loca?!

-¡Tía! ¡Tía, venga aquí inmedia...!

Seguro que no vienen a por ti, cariño, seguro que no.

-Ay, Liberto.

-Vienen a por ti, Rosina, te están buscando.

-"Ha llegado esto para usted".

-¿Le importaría dejarme a solas, Carmen?

-"¡Eres un miserable!".

¡Ese asesino tiene que estar en la cárcel!

-Felipe, por favor, tranquilícese.

-¡No me da la gana! ¡Has puesto en libertad a un animal,

a un endriago, a un loco!

-No quiero tener que pegarme con usted por...

-¡Don Felipe, don Felipe! -¡Don Felipe!

-Lolita. -¡Ni se le ocurra dar un paso más!

-Tranquila.

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Acacias 38 - Capítulo 964

06 mar 2019

Samuel consuela a Genoveva porque ninguna señora acudió a su merienda. Ambos plantan cara a Susana. Genoveva lleva a Mateo a su casa a comer todos los dulces que sobraron de la merienda y Úrsula, institutriz del niño, se enfrenta a ella.
Antoñito se entera de que Felipe intenta reunir firmas para pedir que Ramón no salga de la cárcel.
Arantxa propone a Bellita y a Jose dar una fiesta elegante. Susana propone hacer boicot a la fiesta de Bellita, igual que a la de Genoveva.
Lolita, Fabiana y Casilda ven una noticia de una redada policial donde aparece una foto de Genoveva.

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  1. Arandana

    Amo Acacias 38. Me gusta que hayan renovado la serie. Ya me tenían cansada con Celia la loca obsesionada con una escuincla horrenda. Es tan realista el desprecio con que tratan a las nuevas vecinas. Así son las mujeres: arpías amargada destruyendo por destruir. Preciosas las escenas de la nueva presentación y qué bueno que la música es la misma, ¡me encanta!

    08 mar 2019
  2. Susana

    ¡Me abuuurrrooo! Los únicos salserillos, Bellita y compañia.

    07 mar 2019
  3. Leidy

    La serie era muy buena ahora esta pesima se a vuelto remala la iglesia siempre con corructos y injusticia en los crimenes .no volvere a ve eso es una proqueria

    07 mar 2019
  4. Atenta

    Esto se ha convertido en un sainete tragicómico, ya no es la serie de época que empezó hace años. Sigue reinando la impunidad, la injusticia y las situaciones ridículas, el esposo de Lucia, Susana con aires de moralidad, Ursula la institutriz rígida del siglo pasado, Alday que se hace el gran señor con sombrero de copa y bigotes absurdos, en fin lo único bueno siguen siendo los Palacios, una familia unida y que se ama, Lucia que triste papel ella que tenia un caracter especial, que nadie la llevaba por delante y ahora es la alfombra de un marido que no sabe ni hablar, se choca con las palabras, y ella calladita, 10 años después??? otro absurdo, en fin nada ha cambiado después de 10 años, una pena, adios adios.

    07 mar 2019
  5. Querubina

    Me agrada Bellita y su marido. Me gusta su acento y la gracia como dicen las cosas. El niño de Lucía es muy bello! Ahora con la llegada de Telmo espero que se arreglen las cosas entre ellos, Lucía se ve demasiado triste y apagada. Quiero ver otra vez ese amor , pasión y química!

    07 mar 2019
  6. Mabi

    Oh, oh....Ramón pedirá su indulto pero no contará nada de lo sucedido???? Espero que aunque no lo diga en palabras, muestren imágenes de sus recuerdos y así no dejarnos con la intriga de lo que pasó... Susana, Rosina y la " restaurantera " de que van??? Susana dirigiendo las decisiones de ir o no a los ágapes, de una no porque es una fresca y de la otra tampoco porque es de la farándula.... Ahora cuando a una le nombraron el champang y a la otra a la Condesa de no se qué, agarraron viaje enseguida. Y la parada que le hizo Genoveva a Susana en la terraza estuvo genial, y eso que no me termina de cuadrar la mujer de Alday!!! Ahora, no se metan con Bellita, Jose y su criada, que son buena gente!!!! Y creo que del ágape van a salir escaldadas!!!!!

    07 mar 2019
  7. Alicia

    Se van armando las historias en Acacias 38, ya lo decía.... el pequeño Alday y su esposa, se las traen.... "Dios los cría..... y el diablo los amontona". Que le pasa a Doña Susana? Esta tan desocupada que se la pasa criticando y juzgando a todos. Me parece que los "Dominguez", son los nuevos "Palacios" en cuanto a amabilidad, alegría y trato con las criadas, eso sí, un poco ordinarios, pero hasta ahora muy querubines.

    07 mar 2019
  8. Ladrones

    jajajaja, los vestidos de la Genoveva estarán comprados con el dinero robado de Alday a Lucia.

    06 mar 2019
  9. Saro

    Pensé que Susana habría cambiado en estos diez años, lo que no me imaginé ni por un momento es que el cambio iba a ser a peor ya que, "no deja títere con cabeza", su lengua no para y está realmente insoportable. Sigue sin gustarme nada el "marido" de Lucía. Felipe sigue albergando un odio feroz hacia Ramón porque cree que asesinó a su mujer, cómo ha podido olvidar que Celia, en el pasado, ya estuvo en un "manicomio"?, aunque, no solo él parece haberlo olvidado, sino todos los vecinos que no se cuestionan qué pasó en realidad. Opino igual que Ursula, sin que sirva de precedente, "no me gusta Samuel Alday y, por ende, tampoco su esposa". Me ha gustado que Ramón haya cambiado de opinión y quiera salir de la cárcel, ni él ni sus hijos tendrían que estar pasando por ese castigo inmerecido. Y ... lo que más me ha gustado ha sido ver, primero la "mano" y luego ese final del "avance", la llegada de TELMO y a quien primero encuentra es al "niño". El capítulo de mañana también promete.

    06 mar 2019