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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 952 - ver ahora
Transcripción completa

-Esto es muy grave.

-Pero, Íñigo, ¿quién ha sido secuestrada?

-¡Leonor, han secuestrado a Flora! -¿Qué?

-La Fulgencia, que se ha ido a escape.

-Voy a preguntar en el pueblo y me voy a enterar

de por qué ha puesto los pies en polvorosa.

Insisto en que la niña debería estar en su casa.

Sí. Buscaremos una nueva ama de cría y la niña estará bien.

-¿Qué os pasa? Me tenéis preocupada.

-¿Y qué nos va a pasar, mi amor, aparte de que estás preciosa?

-Es verdad, hoy tengo el guapo subido. Bueno, luego te veo.

-Otro encubrimiento más.

Espineira se encargó de acallarlo todo,

quemó la mayoría de los archivos que le comprometían,

pero

había un viejo archivero.

¿Y dónde podríamos localizarle? He quedado con él en un rato.

¿Le ocurre algo a Flora? No la he visto por la chocolatería.

-No le ocurre nada grave, se ha quedado en casa algo pachucha.

Andrés es peligroso. Solo yo sé cuánto, porque le he tenido delante,

y antes de hacer nada prefiero saber qué me propone.

-Pero la policía podría ayudarte, y aconsejarte.

-Sí, o empeorar las cosas y que todo termine en tragedia.

Pese a quien le pese, diga lo que diga un periodista en el periódico.

Nos queremos muchísimo, y somos muy felices,

y ni usted ni nadie

ensombrecerá un ápice nuestra felicidad.

Creían que me iba a quedar de brazos cruzados

mientras me humillaban, mientras paseaban juntos

delante de todo el barrio.

Ellos se lo han buscado.

-¿Y si todo esto no es más que una trampa?

-¡Lo sabremos, porque no puedo quedarme quieto

mientras mi hermana está en peligro!

¡Iré a ver a ese desgraciado y que me cuente!

-¡Íñigo, no! ¡Íñigo! -¡Y ni se te ocurra seguirme!

No puede pedirme que mate a alguien.

Es la hija de un ministro.

La policía investigará y querrá llegar al fondo de ese asunto.

Eso no es problema mío.

¿Qué es?

La lista de las bulas papales concedidas por el papa a España

en el año de la boda de los marqueses de Válmez.

No figura en ninguna bula papal a los marqueses.

Espineira engañó a los marqueses,

quitándoles todo el dinero y casándoles sin la autorización.

Cuánto te pareces a Trini.

Esté donde esté,

tu madre siempre va a cuidar de ti,

hija mía.

(Sintonía de "Acacias 38")

Entonces, todo es mentira, mis padres nunca recibieron

el permiso del papa. Eso parece.

Según este documento, se casaron sin tener la bula de su santidad.

Mi vida es una sucesión de mentiras.

Me ocultaron la verdadera identidad de mis padres,

más tarde,

descubro que soy fruto de una situación incestuosa.

Y ahora, descubro que mis padres se casaron engañados por Espineira.

Lucía, no sufras por esto.

Nada de lo que ha ocurrido... es culpa tuya.

Efectivamente, es usted una víctima.

Igual que los marqueses,

que también fueron engañados por el prior.

Pero ¿por qué haría algo así?

Con la intención de sacar provecho del secreto de los Válmez.

La inexistencia de la bula,

es una prueba más de la clase de hombre que es el prior.

Debemos desenmascararle y descubrir su juego.

Sí. A este individuo solo le mueve el interés por el dinero.

Ha llegado el momento de que todo se sepa.

Albergo serias dudas sobre dar tal paso ahora.

¿Por qué?

Lo que tenemos no es suficiente para desenmascararle.

¿Le parece poco permitir que dos inocentes

vivieran en pecado sin saberlo?

Antes, deberíamos recopilar toda la información que nos sea posible

sobre los tejemanejes de Espineira.

Lucía, el padre tiene razón.

Sí, cuantas más pruebas tengamos contra él,

más difícil tendrá escapar.

Estoy seguro que al final encontraremos lo que buscamos.

Ese hombre ha cometido tantas atrocidades, que no será difícil.

Ahora debemos andarnos con sumo cuidado,

puede maquinar algo si descubre lo que pretendemos.

Además, si hacemos pública

la inexistencia de la bula, la más perjudicada serías tú,

y en este momento, hay mucha expectación sobre tu persona.

Sé que no es muy piadoso decir esto,

pero nunca había sentido tanto odio por una persona

como la que siento por el prior.

Debes reprimir tus sentimientos, ahora más que nunca.

Debemos ser fríos. Lucía, la ira no es buena consejera.

Temple y espere el momento oportuno,

es lo mejor.

Tienes que tranquilizarte un poco,

ya verás como todo va bien. -Íñigo.

Dios mío, estaba tan desasosegada por ti.

-Pues no sufras, Leonor,

no me ha pasado nada. -¿Has dado con Andrés?

-Ni rastro de él.

-Y no me extraña. Es de suponer

que esos tipos saben esconderse. -Y tanto,

ni una pista he encontrado. Ya no vivo en mí.

Maldita sea mi estampa. -Temple un poco.

-No puedo, teniendo en cuenta lo delicada de la situación.

-Y no se lo discuto,

pero verá como su hermana aparece pronto.

-Dios lo quiera.

-No nos puede tener tanto tiempo sin tener noticias de ella.

-Lo mejor sería avisar a la policía.

-Que no. No voy a poner en peligro la vida de mi hermana.

Nos enfrentamos a un canalla peligroso,

no podemos correr ese riesgo.

-Alguien está trasteando en la chocolatería.

-¡Eh, detente, chaval!

-¡Eh!

Íñigo, el chico intentaba dejar esta nota por debajo de la puerta.

-Maldita sea, ese chico corría como un gamo.

-¿Qué pone?

¡Dínoslo, que nos tienes con el corazón en un puño!

-Leonor, ¿qué dice? -Que Flora está bien.

-Entonces tenía razón, Íñigo,

al fin tenemos noticias suyas.

-No, pero no todas las noticias

son buenas.

Para mantener a Flora con vida

tienes que pagar la mitad del préstamo.

-¿La mitad?

Eso son 2500 pesetas, es una locura, un capital.

-Y tienes cuatro días.

-Solo entonces la dejará libre.

-¿Qué vamos a hacer ahora? Es un imposible lo que pide.

-Pues no lo sé, pero lo que sea.

No vamos a abandonar a Flora a su suerte.

Cariño.

(Se cierra una puerta)

A las buenas, Lolita. Que aproveche.

-¿Te han dado razones de la Fulgencia?

-Pues sí, me han "contao" que está camino de su pueblo.

Al parecer, a un primo suyo le ha "dao" un cólico de esos

y ha "salío" "p'allí",

"pa" despedirse de él antes de que muera, claro.

-Qué raro, si se fue de noche

sin despedirse de nadie, como los ladrones.

-"Pa" chasco que sí, eso le venía yo diciendo a la Marcelina.

Esto huele peor que una cuadra mal "arreglá".

Eso es una excusa y de las grandes.

Una no deja una colocación porque se muera un primo.

-Pues no sé qué decirlas,

yo tenía a la Fulgencia por una mujer de ley.

Más formal que un alguacilillo. -Pues nos ha "salío" rana.

-Muy mala fama va a coger en el barrio.

Como vuelva por aquí, lo va a tener negro "pa" encontrar colocación.

-Ay,... en fin, ella sabrá lo que se hace.

Bueno, yo las dejo, que he "quedao" con mi Jacinto.

Con Dios.

-Esta está con su Jacinto como Mateo con su guitarra.

-Y su trabajo le ha "costao".

(MILAGROS LLORA)

Ay, se acabó la paz.

La niña me reclama. -Vaya.

La verdad es que estoy muy satisfecho.

Parece que voy evolucionando bien de mi herida.

Poco a poco, noto cómo me vuelven las fuerzas.

-Me pregunto cómo habrá pasado la noche Milagros.

-No te inquietes por ella y hazlo más por mí.

Los Palacios la cuidan como si fuera su hija.

-No me gusta que hagas chanzas cuando te hablo de la niña.

Buenos días. Antonia, ¿me pones un té, por favor?

-¿Va todo bien?

Anoche te escuché llegar tarde.

Después de la noticia de los periódicos,

estoy inquieto por lo que pueda pasar.

Hace bien, Felipe,

por desgracia, puede que ese artículo

no sea el último escándalo que me amenace.

-¿Qué quieres decir?

El padre Bartolomé descubrió que mis padres

jamás recibieron la bula papal.

Su enlace no fue permitido por la Iglesia.

Fueron engañados.

Pero eso es muy grave, Lucía.

-¿Quién fue el causante de ese fraude?

Todo apunta a que fue el superior de Telmo,

el prior Espineira.

-Ese hombre tiene que pagar por lo que ha hecho.

Sin duda, pero el padre Bartolomé y Telmo no quieren hacer nada

hasta que no tengan pruebas. -Es lo más razonable.

Lo último que necesitamos es otro escándalo.

-Sí. Sería desafortunado volver a salir en los diarios.

Lo mejor será esperar a tenerlo todo atado y denunciarle.

Cuando llegue el momento,

estaré encantado de llevar este caso ante los tribunales.

Gracias, Felipe.

-¿Cómo estás, Lucía?

¿Cómo te has tomado la noticia?

Pues mal.

Es terrible descubrir algo así sobre tus padres.

Pero no me voy a dejar derrotar por ello.

Ya no soy la misma doncella inocente que llegó a Acacias.

Ya.

Lo que ha pasado

estos últimos meses

y las revelaciones que he ido descubriendo

sobre mis padres, han forjado mi carácter.

-Sin duda, has pasado por muchas vicisitudes.

Sí, y por eso estoy determinada a mirar hacia el futuro.

Tengo mucha suerte de contar con ustedes y con Telmo,

y más ahora que se acerca mi cumpleaños.

-Lucía, perdóname,

con lo que ha pasado las últimas semanas, me he olvidado.

-Ha llegado el momento de que retomes las riendas de tu familia.

Para empezar, podrías preparar una fiesta de cumpleaños para Lucía

en La Deliciosa. -Felipe, no creo que sea buena idea,

seguimos de luto por Trini, y no sé cómo ha pasado la noche

Milagros sin el ama de cría. No se preocupe por mí,

no es necesario que organice ninguna celebración.

-No estoy de acuerdo. Después de lo que ha pasado,

tenemos que mostrar nuestro apoyo a Lucía y preparar una fiesta.

Celia tiene que ir soltando lastre, ir recuperando poco a poco

las obligaciones de su familia. ¿No es así, cariño?

(LLORA)

-Fabiana, que ya no sé cómo calmarla, ¿eh?

Grita más que los gorrinos de Cabrahígo en San Martín.

La he puesto de todas las maneras y ya no sé qué hacer.

-Déjame a mí,

que parece que yo tengo más arte en estos menesteres.

Ya, ya, mi niña. Ya, mi Milagritos.

Ya, ya. Ya está, ya está, ya está.

Es que parece que está muy abrigada.

Ya, ya, ya mi niña, ya.

Ya, ya, ya, ya, ya.

Ya está, ya está.

Ea, ea, ea, ea.

(CHISTA)

¿Ves? ¿Ves como vale más maña que fuerza?

-(LLORA)

-No sé yo, Fabiana.

Ahora parece que llora con más fuerza.

-Estará muerta de hambre.

-Pero si fuera así, se engancharía al biberón como una lapa.

-Ya.

Ha probado la teta de Fulgencia, y ahora no quiere esta leche.

-Pues damos aviso "pa" encontrar otra ama.

Mientras, tenemos que hacer algo para que coma la criatura.

-(LLORA)

-¿Qué pasa, cómo vais con la pequeña?

-Entre mal y fatal. Tiene hambre, no come y está más "enfadá".

-Tenéis que hacer algo para que se tranquilice.

-Ya. Como no le preparemos un filete.

-Mi padre va a volver de su paseo

y temo que se ponga nervioso con tanto grito. ¿Qué le pasa?

-¿Y si llamamos a doña Celia? Tiene un algo con la niña...

-Prefiero que no.

Prefiero que no, Fabiana, porque me da coraje molestarla.

Sé que vendría "encantá",

pero no podemos depender de ella.

-Voy a buscar a mi padre, le invito a un chocolate y ganamos tiempo.

-A ver si le hacemos comer y se duerme.

(CHISTAN A MILAGROS)

Ya, ya, ya, ya.

-Ay, Fabiana,

esta no es la vida que esperaba de "casá".

(RESOPLA)

-(MILAGROS LLORA)

(LEE) "Mi vida queda a la merced"

de que algún día encuentres esta carta, amor mío".

"Quiera nuestro señor permitirnos comenzar de nuevo

y vivir el amor que tus padres nos negaron".

"Siempre tuyo,

Arsenio".

-Qué historia de amor tan triste.

-Y que lo digas, Casilda.

Servando me la ha hecho leer más de media docena de veces

y no consigo terminar de leerla sin emocionarme.

La culpa de "to" la tuvieron los padres de la Salvadora.

A ver, no dejar casarse a esos pobres...

-En la carta lo pone.

Al parecer, tienen un estanco y al Arsenio le pareció poco partido.

-El día que los padres de las jóvenes casaderas

comprendan que no por la cartera, sino que las mujeres

nos guiamos por el corazón, cuántos disgustos se van a ahorrar.

-Tienes más razón que un santo,

pero al pobre Arsenio no se le acabaron ahí las desdichas,

ya lo has oído.

Le enviaron a hacer el servicio militar a La Coruña,

y ahí se ennovió con una mala mujer, pensando que un clavo

iba a quitar otro clavo. -Y lo único que consiguió

es que le coronaran con unos cuernos.

-Hay que ver.

Si es que las desgracias son como los familiares pobres,

que nunca vienen solos.

Por lo menos comprobó que solamente ha "tenío" un amor verdadero

en "toa" su vida.

-Bueno, y la fortuna tampoco le acompañó, porque al ir a buscarla,

los padres de ella se mudaron y no dejaron señas,

y por eso escribió la carta. -Y dejó la carta

en el parque donde pelaban la pava,

con la esperanza de que su enamorada diera con ella.

-Qué historia. Desde luego, es digna de una obra de teatro.

Lo que no llego yo a entender es por qué me vienen a mí con el cuento.

-¿Que no lo has adivinado, Casilda? Me he propuesto encontrar

a esos enamorados para que al final triunfe el amor verdadero.

-Si tal propósito le honra, Servando, pero

¿quién me ha "dao" a mí vela en este entierro?

-¿Todavía no lo sabes? Porque vas a tener el honor

de ayudarme a encontrar a esos enamorados.

-Ah. ¿Y no le puede ayudar la "señá" Carmen?

-A ver, tú conoces

a muchos muchachos en el "mercao",

igual te suena alguno que se llame Arsenio.

-No sé, déjeme que haga memoria, a ver.

Yo conozco unos cuantos Manolos, un par de Agapitos,...

algún Juanillo y...

No, no, Arsenio no conozco yo ninguno, lo siento.

-Encontrarlo no le va a resultar tarea sencilla, Servando.

Si el tal Arsenio dejó la carta en un banco,

¿por qué estaba en esa condenada caja?

-A lo mejor "Salvaora" sí que leyó la carta,

y "aluego" la guardó en esa caja.

-O que Arsenio se arrepintiera y ni siquiera la dejara ahí.

-No, no, nadie ha dicho que mi tarea sea sencilla.

¿Acaso se rindió Hércules con sus 12 trabajos?

¿Acaso se rindieron nuestros valientes soldados en Filipinas?

-Yo al primero no tengo el gusto de conocerlo, pero al segundo sí,

y no solo sé que se rindieron, sino que además salieron "escaldaos".

-Yo, sin embargo, pienso salir victorioso de esta gesta,

que ya ayudé una vez a Martina y Heliodora con felices resultados.

Se repite la historia. -Bueno, si usted pone tal empeño,

yo le ayudaré en lo que buenamente pueda,

pero ahora debo ir donde mi señor, que últimamente el pobre

anda con un humor de perros. -¿Y le extraña?

Tampoco se va a poner a bailar una jota sabiendo

que su antigua "prometía" está "liá" con el párroco.

-Casilda, te recuerdo que don Telmo ya no es sacerdote.

-Bueno, pues eso dígaselo a su señor, a ver si así se anima.

-Bueno, no os vayáis por los cerros de Úbeda. A ver, Casilda,...

¿me vas a ayudar a encontrar a estos dos "enamoraos"?

-¿Serviría decirle a usted que no nones?

-Lo sabes perfectamente, de nada.

-Ay.

Pero qué bonita es mi niña cuando duerme.

Espera aquí, tesoro, que la Fabiana va a la cocina a por un trapo,

pero en un santiamén vuelve.

-Fabiana.

Te han dejado a ti aquí sola, Milagros.

(Pasos)

-Eh,... ¿el señor precisa algo?

-¿Dónde están Lolita y Antoñito?

-Por lo que una sabe, Antoñito, faenando, y Lolita ha "aprovechao"

que la niña está dormidita para reposar un rato.

¿Y sabe el señor lo "agitá" que está nuestra calle

por el noviazgo de la señorita Lucía y don Telmo?

-Sí, ya he visto que hasta el diario se hace eco.

Supongo que Samuel Alday estará pasando por un momento duro,

a fin de cuentas, ella estuvo a punto de ser su esposa.

¿Sonríes, Fabiana?

¿Acaso te alegra que nuestro vecino pueda estar sufriendo?

-No, señor, arrea, Dios me libre, no, no.

Que aunque no es santo de mi devoción, yo no le deseo ningún mal.

Lo que me pone contenta es ver como el señor empieza a prestar atención

por todo lo que ocurre fuera de estas cuatro paredes.

-Sí. Te reconozco que me encuentro algo mejor.

El perdón de Felipe ha resultado ser la mejor de las medicinas.

-Porque le quiere mucho, señor,... como todo el barrio.

La vida sigue,... ya sabe usted,...

y una se preguntaba

si no sería bueno entrar en la habitación de doña Trini

para ventilar...,

pasar el cepillo... -No toques nada de su cuarto,

que nadie se atreva a entrar siquiera.

-Pero, señor, yo ya he entrado a hacer la cama.

-Pero ¿cómo te has atrevido?

Te prohíbo que vuelvas a tocar nada, ¿me entiendes?

-Lo siento mucho, señor, perdóneme.

-Perdona tú, Fabiana,...

pero es que... no puedo.

Aún no.

Hace un poco de fresco en la casa, ¿no, Fabiana?

A lo mejor deberías ponerle otra mantita a Milagros.

-Pierda "cuidao", señor,... que ahora mismito le traigo una.

Ya está.

(Llaman a la puerta)

-Ya voy.

A las buenas, don Íñigo. -A las buenas, Casilda.

-¿Qué tal está la hermana de usted?

-Bueno,...

mejorando poco a poco.

-Dele recuerdos de parte de Casilda,

que ya me he "enterao" que la pobrecita está "acatarrá".

Espero que se recupere pronto.

-Agradecido, Casilda, se los daré de tu parte.

A las buenas, amor. -Buenas, cariño.

-Hay que ver, perdóneme que le diga esto, pero parece ser

que les ha "cagao" la moscarda. Primero se les rompe Tito,

y ahora la hermana se pone mala. -Casilda, perdónanos,

pero tenemos algunas cuitas que comentar.

-Bueno, no se preocupe, que servidora se marcha a la cocina,

total, si ahí tengo faena "pa" rato.

Con Dios.

-Te agradezco el capote, amor.

Me rompe el corazón tener que hablar de mi hermana

como si estuviese tranquila en su casa, reposando un resfriado.

-Ya lo sé, pero por eso y por mil motivos más tenemos que terminar

con este infierno cuanto antes.

-Pues ojalá fuera tan sencillo. -Puede serlo.

Escúchame. Lo quieras o no,...

estoy decidida a hablar con mi madre.

Voy a pedirle todo el dinero que necesitamos para liberar a Flora.

-Es una suma desorbitada. -Lo sé,

pero mi madre lo comprenderá.

-Que no, Leonor. Que no puedo, lo siento, me debo seguir negando.

-¿Por qué motivo?

-No es uno, son dos motivos.

-Espero que sean de enjundia

como para seguir poniendo en riesgo a Flora.

-Pues así los considero, sí.

Si ese malnacido averigua que tu familia

puede disponer de una suma tan elevada,

no tardaría en tratar de sacar más provecho.

Nos ha demostrado que es capaz de cualquier barbarie.

Yo nunca me podría perdonar poneros en peligro,

que por mi culpa os pudiera pasar algo malo.

Es mejor dejar a tu madre al margen, al menos hasta que agotemos

todas las posibilidades.

-Ese momento parece estar cerca.

Has dicho que había dos motivos, ¿cuál es el segundo?

-Que yo he metido a mi hermana en este embrollo y debo sacarla yo.

-¿Cómo piensas lograrlo? -Trataré de localizar al prestamista

que me puso en contacto con Andrés, es un hombre razonable.

Yo creo que puedo llegar a un acuerdo con él y que medie.

-Por más que medie, cariño, tú no tienes nada que ofrecerle.

-Algo se me ocurrirá, Leonor,

no me puedo quedar de brazos cruzados sin hacer nada.

Algo se nos ocurrirá, ¿no lo crees?

Y tenía que haberlas visto, don Telmo,

las dejé con la palabra en la boca.

Se lo agradezco, pero sería mejor que no se enfrentara

a las señoras.

No me importa lo que digan de mí. Pero a mí sí,

y mucho.

No voy a permitir que esté usted en boca de todas.

A saber si han sido las mismas, doña Rosina y doña Susana,

las que han ido con esas mentiras a ese periodista.

(Llaman a la puerta)

Espero que no sea una de esas chismosas.

Si es así,... va a salir escaldada.

Don Telmo, es la señorita Lucía.

Buenos días, Telmo.

¿Quiere un chocolate?

No, gracias, Úrsula, ya he tomado uno en casa.

Pero seguro que no es tan bueno como el que yo preparo.

Ahora mismo lo verá.

Qué alegría que hayas venido, estaba deseando verte.

Me he entretenido en casa, conversando con Celia y Felipe.

¿Alguna novedad que desconozca?

Pues sí, Felipe ha encargado a Celia que organice mi fiesta

de cumpleaños en La Deliciosa.

Quiere mostrarnos su apoyo Es un gesto muy valiente,

pero va a tener que enfrentarse a las habladurías de los vecinos.

Lucía,...

¿te das cuenta de que tu fiesta de cumpleaños

será el primer evento social al que acudamos como prometidos?

Y estoy segura de que no será el último.

Estoy tan orgulloso de ti.

El descubrimiento de la falsa bula que permitió el matrimonio

de tus padres no ha podido contigo.

Telmo, teniéndote a mi lado, nada podrá hacerlo.

Por cierto, ¿sabes algo más del padre Bartolomé?

Sí, he quedado con él.

Vamos a ir a visitar a un viejo archivero

para seguir indagando.

(Llaman a la puerta)

Mira, justamente debe ser él. Iré a abrir.

Aquí tiene el chocolate,

señorita Lucía.

Ya verá como le gusta. Gracias, Úrsula.

¿No era el padre Bartolomé?

Era un mozo que traía una carta suya.

¿Y ha pasado algo? El padre me da aviso

de que no podrá acudir a nuestra cita.

Se ha derrumbado un comedor de caridad

y están buscando sitio para seguir dando de comer

a los más necesitados.

Parece que la desgracia siempre se ceba con ellos.

Creo que debería ir a ayudarle.

Le pediré a Úrsula que prepare cazuelas con comida,

creo que serán necesarias. ¿Puedo acompañarte a ayudar?

¿Por qué me miras así? ¿Acaso no quieres que te acompañe?

Pero ¿cómo no voy a querer?

Te miraba porque no deja de sorprenderme tu bondad,

no has dudado ni un segundo en prestar tu ayuda.

Lucía,...

soy tan afortunado de tenerte a mi lado.

Voy a la cocina.

Y yo voy un momento a mi casa, luego nos vemos.

-Casilda,...

prima. Que te has "quedao"... "pasmá".

-¿Y cómo quieres que esté?

¿De verdad que te vas al pueblo de Marcelina?

-"Pa" chasco que sí, en un santiamén.

A conocer a mis padres. -O séase, mis futuros suegros.

-Bueno,...

yo sé que a servidora "naide" le ha "dao" vela en este entierro,

pero ¿no es un poquitito temprano para comprometerse

formalmente?

-Prima, prima, prima, nunca es pronto si la dicha es buena.

Que bebo los vientos por la Marcelina

y quiero hacer las cosas como Dios manda.

-Va a pedir mi mano.

-Y espero que me den también todo el resto.

Después iremos al pueblo, a que conozca a nuestros parientes.

-¿Incluido al tío Pellejo? -Por supuesto,

él es quien me enseñó mi grito. -Ah.

-Madre mía, que Dios te pille "confesá", Marcelina.

-Ay, Casilda, no sabes lo dichosa que soy.

He "pedío" unos días de permiso a mis señores y han "tenío" a bien

concedérmelos "pa" poder marchar de viaje.

-Bueno,...

pues "na", en fin, que ya está clarito clarinete que "enseguidica"

te vas a convertir en mi prima, así que bienvenida a la familia.

(RÍE)

-¡Yepayaaaaa!

-Yepaya, sí.

-Celia. ¿Dónde vas tan temprano?

-Voy a ver cómo ha pasado la noche Milagros.

-Te preocupas en exceso por la niña.

Además, no deberías entrometerte tanto en la familia Palacios,

es hora de que tomes distancia y te centres en esta familia.

-¿Acaso no te tengo

suficientemente bien atendido? -Reconocerás que hay mucha tarea.

Para empezar, preparar la fiesta de cumpleaños de Lucía.

-Descuida, que mi prima no va a tener ninguna queja

de cómo organizo el festejo. -No lo dudo.

Cariño, te agradará saber que he pedido permiso al marqués de Viana

para traerme el trabajo a casa y pasar mucho más tiempo contigo.

-Eso es estupendo,...

aunque yo voy a tener mucha tarea con los tintes, tampoco creas

que nos vamos a ver tanto.

¿No estarás más cómodo en el despacho?

Allí tienes todos tus papeles. -Me las arreglaré.

Además, me hace ilusión compartir el despacho contigo.

(Se abre una puerta)

Buenos días. Buenos días.

-Te hacía en casa de Telmo. En realidad

solo he venido a cambiarme, le voy a acompañar

a un comedor de la beneficencia. Lucía,...

quería comentarte algo. He estado pensando en tu situación.

Supongo que eres consciente que ahora que vas a cumplir 23 años

vas a recibir una inmensa fortuna.

Por supuesto que no lo he olvidado.

A veces lamento lo mucho que ha cambiado mi vida esa herencia.

Pues más lo vas a lamentar si no tomas medidas

para proteger tu patrimonio.

Bueno, yo sé poco de esas cuitas, por eso espero contar

con sus sabios consejos y su ayuda.

Los tendrás,... no lo dudes.

Hay otra cosa que debes recapacitar:

si vas a reclamar el marquesado de Válmez.

-Pero siendo hija ilegítima, ¿no es muy complicado que se lo concedan?

-Aun así, debe intentarlo.

Ni siquiera había pensado en ello.

Lo sé, lo sé, por eso he querido comentártelo.

Le prometo que reflexionaré al respecto, pero ahora me esperan.

Está bien, no te entretengo más.

Gracias.

¿Te parecen correctas las recomendaciones que le he hecho?

-Sí,

te agradezco mucho que estés tan pendiente.

-Bueno, pues no perdamos más tiempo. Vamos a ponernos a trabajar.

-No hace falta que limpies el biberón, eso es trabajo de Fabiana.

-Una no está "acostumbrá" a no hacer "na".

-¿Te importa sentarte un momento? Quiero decirte una cosa.

-Uh, bien tieso y formal te has puesto.

Me estás asustando.

-Antes escuché cómo le decías a Fabiana que tu vida de casada

no estaba siendo como esperabas.

-Por algo dicen que por la boca muere el pez.

No quería que lo escucharas.

-Al contrario, yo soy tu marido, si te pasa algo, debo saberlo

para intentar arreglarlo, ¿no?

-Mira bien que no se trata de una queja, Antoñito.

Estoy "encantá" de estar "casá" contigo.

Solo "pos"...

que me asustan las responsabilidades que me han caído.

-Ya, ya comprendo.

Nadie esperaba la muerte de la pobre Trini.

-Ay, que Dios la tenga en su gloria.

No hay cosa más buena que haya "parío" madre.

Pero tienes que entender que me pongo nerviosa al ser la única mujer

de la familia Palacios.

María Luisa no está, y aunque Fabiana me ayude,

me tengo que ocupar de "toa" la casa, de la criatura,...

-Y yo te lo agradezco en el alma, sin ti no sé qué haríamos.

-Y a mí con esas palabras me es suficiente.

Y ya, si lo acompañas con un besito, aún mejor.

-Y descuida, que dentro de poco, mi padre empezará a cuidar a Milagros

y tú dejarás de estar tan atada. -Anda, calla,...

que lo hago "encantá".

Y esto, "pos" también.

-A usted la estaba buscando.

¿Ha averiguado algo nuevo sobre el Arsenio y la Salvadora?

-No, Servando. Con toda la faena que tenía en casa,

apenas he dispuesto de tiempo para indagar algo.

-Y su señor, ¿sigue disgustado por el compromiso

de su antigua prometida con don Telmo?

-Es de suponer que sí, pero tampoco puedo decirle.

Hoy no le he visto en todo el día. Salió con el alba

a solucionar ciertas cuitas y todavía no ha vuelto.

¿Y usted?

¿Ha podido despedirse de Marcelina y Jacinto?

Al parecer, marchaban al pueblo de la muchacha, a comprometerse.

Fíjese,

con el poco tiempo que llevan ennoviados.

-Sí, me lo han dicho en persona, que me los he encontrado en la plaza

donde se reúnen los transportistas. -¿Y qué hacía por allí?

-¿Que no lo adivina? Pues preguntar por el Arsenio.

Es que la caradura de la Casilda me ha dado esquinazo

con la excusa de que tenía que faenar para sus señores.

-Como excusa no es mala, pero...

¿le han dado allí razones sobre Arsenio?

-Nada, nadie le conocía, ni al uno ni a la otra,

tendré que buscar por otro sitio.

-Pues sí que se ha tomado a pecho su empresa.

-Bueno, mis razones tengo.

-Es posible, pero yo no las adivino.

-Bueno, me da una miaja de reparo reconocerlo, pero es que...

desde que me enteré que al Arsenio le había "engañao"

su novia de La Coruña, me llegó al alma,

me recordó a mi Paciencia con el mulato.

-Vaya, no había caído. -Parece ser que hay cierta

solidaridad entre los cornudos.

Ojalá... Ojalá tuviera él

la ocasión, fuera dichoso

de conocer su amor verdadero.

-Pues no se hable más, Servando, juntos lo encontraremos.

-Atiza, pero ¿tú no tenías mucha faena y no estabas "pa" tontadas?

-Bueno, es que al escucharle he "cambiao" de opinión.

Ande, ¿por qué no me dice dónde compró esa caja

donde encontró la carta "escondía"? Quizá podamos empezar

tirando de ese hilo. -Arrea, Casilda,

qué bien cuando piensas, qué lástima que no lo hagas más a menudo.

Verás, me la vendió un mozo con una gorra marrón muy grande.

-Pues muy bien, tenemos que encontrar a ese pollo.

-Ahí está.

Y con tu ayuda encontraremos a la pareja de enamorados,

vamos, es que lo presiento.

-Servando.

-Ay, qué alegría, se ha "tomao" "to" el biberón de golpe.

-Ya te dije que era cuestión de tiempo que se acostumbrara a ti.

-Ya, ya sé que me lo dijo, pero con los "berríos" que pegaba la bendita,

costaba de creer.

-Anda, déjame que la tape,

que antes me ha dicho don Ramón que no quería que pasara frío.

-¿De verdad le ha dicho tal cosa?

-Lo que oyes.

Antes lo descubrí mirándola

"embelesao".

-Uy, pues eso me alegra aún más que tomarse el biberón sin llantos.

Que por fin le presta atención a su hija.

(Llaman a la puerta)

-¿Esperabas visita? -Lo mismo es mi suegro,

que añora a su hija.

Pero ¿cómo siendo tan pequeña habrás podido hacer un milagro tan grande?

Tu belleza le va a devolver la vida a tu padre.

-¿Cómo está mi ahijada?

Me hubiera gustado venir antes, pero Felipe no me dejaba.

He tenido que esperar a que se echara la siesta para poder escapar.

-Descuide,... que está a las mil maravillas.

Se va adaptando poco a poco a la casa.

-Me cuesta creer que se esté adaptando estando tan abrigada.

¿Por qué le habéis puesto una manta?

-Son órdenes de don Ramón, señora, no quería que la niña

pudiera pasar frío.

-No hay que abrigar tanto a los niños de leche.

-Doña Celia, no la coja, no la coja, que la acabo de dormir.

-¿Me vas a decir ahora cómo cuidar de Milagros?

Esta niña lo que necesita es tomar el aire y no dormir tanto.

Fabiana, prepara el carrito.

Ven aquí, mi amor, ven aquí.

Sí, que hay que despertarse.

Ya.

Me echabas de menos, ¿eh?

Ya.

Carmen, ¿estás en casa?

Carmen.

(SUSPIRA)

(Llaman a la puerta)

¿Quién es?

Soy yo, Batán, abre la puerta.

Quería saber cómo había ido mi encargo.

Aunque por su aspecto desastrado y sus magulladuras

sospecho que no ha terminado de forma satisfactoria.

He salvado mi vida de milagro.

No es su vida la que me interesa, sino otra.

La hija del antiguo ministro ¿sigue entre nosotros?

Me temo que sí.

Espero que tenga una buena excusa para eso.

Cuando salté la valla para entrar en la propiedad del político,

fui interceptado por un vigilante que protegía la casa.

Tuve que luchar cuerpo a cuerpo con ese hombre, una mala bestia.

Y por su culpa se frustró el encargo.

¿Y qué otra cosa podía hacer?

Dé gracias a que pude escaparme de sus garras.

Dada su inutilidad, no crea que eso lo celebro tanto.

Además,...

por desgracia, en mi huida perdí el arma.

Y lo dice tan tranquilo.

Dígame la verdad,

¿esto no será una invención para intentar justificarme

que no ha sido usted capaz de arrebatarle la vida a esa muchacha?

¿Acaso duda de mis palabras, Gimeno?

¿Es que no ha apreciado mi aspecto?

Lo único que aprecio es que usted sigue estando en deuda conmigo.

No vuelva a defraudarme.

Termine ese trabajo, me lo debe.

Le he dicho que he perdido el arma.

Y yo le respondo que eso no me importa, arrégleselas como pueda.

(Se abre una puerta)

Señor, ¿está en casa?

Márchese. Mejor será que no le vean aquí.

Señor.

Pero ¿qué le ha pasado? Está hecho un Cristo.

No es nada, Carmen.

Haz el favor de prepararme un baño.

Ahora mismo.

-Bueno, "señá" Fabiana, ¿y qué me dice de mi primo Jacinto?

Que se ha "marchao" al pueblo "pa" pedir la mano de Marcelina.

-Uy, pues sí que se ha "enamorao" el pollo así de repente.

-"Pa" mí que se le ha "ablandao" la sesera.

-Anda no me seas siesa, muchacha. En Acacias ya estábamos "necesitaos"

de buenas noticias y, te pongas como te pongas,

un futuro casamiento lo es.

-En eso tiene usted mucha razón, "señá" Fabiana.

Y, por cierto, ¿cómo está su señor?

¿Mejora su pena por la "señá" Trini?

-Esa pena me acompañará siempre, Casilda.

-Perdone, don Ramón, es que no le había oído entrar.

Le ruego que me perdone. -No te apures,

sé que lo preguntabas de buena fe.

-Hombre, como que...

servidora quería de corazón a su esposa.

Más buena que ella no la había.

-En eso no podemos estar más de acuerdo.

-Bueno, que yo me voy a marchar, que "entoavía" tengo faena.

Muchas gracias, "señá" Fabiana.

-Con Dios. -Con Dios.

-Fabiana, ¿dónde están Milagros y Lolita?

He visto que la cuna estaba vacía.

-Están en la calle, señor.

Doña Celia quería sacar a la niña a dar una vuelta.

Lolita prefería quedarse, pero doña Celia se empeñó

en que debía darle el aire.

-¿Y por qué no se han llevado esta mantita para tapar a la niña?

No quiero que coja frío.

-Lo sé, señor, pero doña Celia decía que la niña

estaba "demasiao" "arropá".

-¿Y doña Celia sabía que era yo el que lo quería así?

-Así se lo dijimos,

pero cuando a la señora se le mete algo en la cabeza,

sobre "to" si se trata de la niña, no hay quien la pare.

-Íñigo.

¿Qué está haciendo aquí?

-Poca cosa, don Liberto,...

lamentarme de mi mala suerte.

-¿Acaso ha habido novedades?

-Me temo que sí.

Mire, he estado buscando al prestamista para que mediase

entre Andrés y yo, pero ha abandonado la ciudad.

-Entonces ¿no ha podido proponerle su acuerdo?

-No. Y aunque hubiese dado antes con él, no hubiese ganado mucho.

Yo creo que tras su marcha se esconde su deseo de desmarcarse

de lo que ha hecho Andrés.

-Por eso ha querido poner tierra de por medio.

-No es de extrañar que no quiera ser relacionado

con un secuestro.

-Pues la cosa se complica sobremanera, amigo.

Sin él hay muy pocas posibilidades de hacer entrar en razón

a ese canalla de Andrés. -Don Íñigo, don Liberto,

qué alegría encontrarles.

-¿Usted no debería estar reposando en su pensión?

-Si permanezco allí un segundo más, temo que pueda perder la cabeza.

Necesitaba que me diera un poco el aire, encontrarme con caras amigas.

He pasado por La Deliciosa y me han asegurado

que Flora estaba en su casa, reposando unas fiebres.

-Así es, Tito.

-Sin embargo,... he ido a visitarla a su casa...

y no me han dado razones de ella.

¿Se puede saber qué sucede? Me da a mí en la nariz

que hay gato encerrado.

-Supongo que ha llegado el momento de contarle la verdad, Tito.

-Pues sí,

ya no tiene ningún sentido seguir ocultándoselo.

-Me están empezando a alarmar.

¿Se puede saber qué diantres sucede?

-Escúcheme bien, Tito,...

no he sido capaz de hacer frente al primer pago de la deuda...

y Flora ha sido secuestrada.

-¿Cómo? ¿Cómo que secuestrada?

¿Qué... qué está diciendo? Tiene que ser una broma.

-Por desgracia, no lo es.

-¿Quién ha sido? ¿Quién ha sido?

Le juro que le despellejaré con mis propias manos.

¡Dígame quién ha sido! ¡Dígame quién ha sido!

¡Dígame quién ha sido! ¡Dígamelo! ¡Dígamelo!

No me tengo en pie.

Ayudar al padre Bartolomé ha sido agotador.

Pero a la vez extremadamente satisfactorio.

Mucho, Lucía.

No solo hemos acondicionado ese viejo almacén como comedor,

sino que también hemos alimentado a muchos necesitados.

La labor del padre Bartolomé es encomiable,

he visto con mis propios ojos cómo se desvivía por esa gente.

Él no ha sido el único digno de alabanza.

No me compares con ese santo en vida, Telmo.

Te confieso que me siento avergonzada

por la inmensa fortuna que voy a heredar dentro de unos días

cuando existe tanta gente sin nada en el mundo.

No tienes que sentirte mal por eso.

Estoy convencido de que harás grandes obras con ese dinero.

Sí, debo pensar algo al respecto.

Felipe me ha comentado que debo poner ese dinero a buen recaudo.

Hazle caso, que en esas cuitas sabe de lo que habla.

También me ha aconsejado que reclame

el marquesado de los Válmez.

Si es tu decisión final, yo estaré ahí para apoyarte.

No lo dudo.

Me siento muy afortunada de tenerte a mi lado.

¿Qué hace?

No nos fotografíe. ¿Nunca nos van a dejar en paz?

Don Telmo,...

señorita Alvarado, siento no haber podido advertirles a tiempo,

periodistas y fotógrafos llevan toda la tarde merodeando por Acacias.

Sí, están a la caza. Y nosotros somos su presa.

Han preguntado a todo el mundo por ustedes,

he intentado que se marcharan pero ha sido imposible.

Te agradecemos tu ayuda, Cesáreo. Con Dios.

Temo que esos periodistas puedan irrumpir

en tu fiesta y te hagan pasar un mal trago.

Desde que salió la noticia de nuestro noviazgo en los periódicos,

estamos en el punto de mira de todos los chismosos.

Si los periodistas quieren carnaza, descuida que yo se la daré.

¿Y qué vas a hacer?

Paciencia, que muy pronto lo sabrás.

En la carta también invito a la prensa a mi fiesta de cumpleaños,

y allí podrán preguntarme cuanto deseen.

Estoy plenamente decidido...

a buscar a Flora y rescatarla de esos malvados.

No permitiré que siga secuestrada ni un segundo más.

Por desgracia, don Íñigo y don Liberto

me han prohibido que haga nada,... por eso he venido a verla.

Necesito que me ayude a convencerlos.

-Una "conocía" me ha dicho que su hermana

está buscando colocación de ama de cría.

-Pero qué buenas nuevas traes.

Pues dame sus señas, que hable con la susodicha.

Estaba deseando que la Milagritos tuviera una nueva nodriza.

-Cuando tenga algo concreto que ofrecerme contra Telmo,

contará con todo mi dinero y mi apoyo.

Uniremos fuerzas para derrotar a nuestros enemigos.

No lo he olvidado. Me alegra escucharlo.

-Mientras la cambias, voy a ver qué quiere Rosina y enseguida vuelvo.

-No es menester, ya me apaño, gracias.

Ven aquí. -Prefiero cerciorarme

de que mi princesa va ataviada como se merece.

Ay, pobre, mi niña. ¿Qué harías sin mí?

Esto va a traerles quebraderos de cabeza.

Esperemos que no tanto como cree.

Solo confío en que el acto de Lucía

sirva para que muchas personas se den cuenta

de que tiene derecho a rehacer su vida

y ser dueña de su destino.

Temo cómo pueda reaccionar don Samuel.

-¿Qué tal se porta doña Celia con Milagros?

-La señora se desvive por la pequeña, solo "tie" ojos "pa" ella.

-Ya.

Pero tú me comentaste que le cuesta mucho no imponer su criterio

respecto a los cuidados de la niña. -Lolita está mostrando más paciencia

que el santo Job para no terminar a la greña con ella.

Don Felipe, el marido de su prima,

ha recomendado a Lucía que ponga a salvo su dinero.

Sabio consejo el de don Felipe,...

pero mientras lo tenga en su poder, es ella la que nunca estará a salvo.

Veo que me comprende.

-Pues sepa que en el campo hemos "criao" a muchos niños "toa" la vida

sin el mayor problema.

-Milagros no es una niña cualquiera, es una señorita,

y no se te ocurra contradecirme. -Doña Celia, con "tos" mis respetos,

yo ya no soy su criada,...

así que, perdone, debería tratarme mejor.

-¿No sabemos nada de Flora? -No.

Y estoy seguro, Leonor, de que no vamos a recibir más mensajes

hasta que paguemos el rescate.

Precisamente por eso vengo a verte.

-Si hay algo que pueda hacer al respecto, pídemelo sin más.

-Te tengo que rogar que me prestes 6000 pesetas.

-¿Se puede saber qué pretendías con semejante locura?

-Tú sola te has puesto en el punto de mira de toda la prensa.

No, prima, se equivoca,

eso ya estaba.

Yo solo he tratado de manejar la situación, llevarla a mi terreno.

Lucía, ha sido un lamentable error.

Supongo que no ha venido hasta aquí solo para felicitarme

por mi noviazgo.

Efectivamente, es otro el tema que me ha traído.

Se trata del padre... Bartolomé.

Si quiere seguir intrigando contra mí,...

debería buscarse mejor aliado que un santurrón

como es el padre Bartolomé.

-No es necesario que esté tan pendiente de Milagros,

ya ve que Fabiana y Lolita se encargan perfectamente de ella.

-Aun así, debo quedarme.

-¿Por qué?

-Le prometí a Trini que cuidaría de ella, y eso haré.

-¡Tito! -Cielo santo, Tito,

¿qué le han hecho? -Cuidado, Tito, levántese, vamos.

Vamos.

-Métalo en la cocina, Íñigo. -Sí, por aquí, Tito.

-Ahora cojo las ropas, vamos. Hay que curar esto.

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Acacias 38 - Capítulo 952

18 feb 2019

Serie diaria en la que se narraran la vida de los personajes que habitan una comunidad de vecinos, y todas aquellas historias que se sucederán alrededor de sus personajes, situada a principios del siglo XX en Madrid

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  1. Pilar Méndez

    Bravo por Lolita y también por D. Ramón, a ver si ponen en su sitio a la insolente Celia.

    19 feb 2019
  2. Pilar Méndez

    Por favor!! No se debe cerrar la puerta del dormitorio donde hay un bebé!!!

    19 feb 2019
  3. Mertxe

    Y lo que Le hizo Celia a Trini quedará impune o que?? Recordemos que murió porque no le dio la pastilla cuando tuvo la crisis. Otro caso sin resolver como otros muchos.

    19 feb 2019
  4. Mertxe

    Y lo que Le hizo Celia a trini quedará impune o que??? Otro caso sin resolver como otros muchos....!!!

    19 feb 2019
  5. anieli

    Cuando ira Celia a terminaran de enloquecerla o que se de cuenta su marido de lo que esta sucediendo, jarta este cuentico y ojala flora salga bien librada de todo lo que hizo iñigo.

    19 feb 2019
  6. Mabi

    Si la familia Palacios no se pone firme con Celia, en especial Don Ramón ahora que está haciéndose cargo y tomando conciencia que Milagros es su hija y necesita de su cariño, Estando desquiciada como lo está, Celia, les hará pasar un difícil y tormentoso momento... Según los avances Lolita le pone los puntos y bien puestos y empieza a hacerse valer como señora al fin '!!!!!

    19 feb 2019
  7. Maijose

    Estoy harta de Celia.ojala la pongan pronto en su sitio.

    18 feb 2019