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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 946 - ver ahora
Transcripción completa

¿En qué estás pensando? En que con la huida del Filo,

Úrsula se va a colocar como principal sospechosa

de la muerte de fray Guillermo.

No puedo vivir sin ti.

-Hará un buen combate,... ya lo verá.

-Eso espero, porque...

necesito que gane para empezar a devolverle

lo que le debo a don Andrés.

-Sí, si no quiere tener problemas.

-Milagros acaba de perder a su madre,

así que necesita a su padre más que nunca.

Debe sobreponerse,...

es lo que se merece esa criatura y Trini, es lo que ella querría.

-Se está aprovechando de esta gente.

Devuélvales el dinero. -¿Cómo?

-Eh... disculpen las molestias, ha sido un error,

verme entrenar es gratis. Si se ponen en fila,

Servando les irá devolviendo el dinero a todos.

-Es su madrina, Lolita, en cierto sentido es lo más parecido que hay

a una madre. -Usted lo ha dicho,...

parecido, que madre solo hay una, y padre también, y yo soy su tía.

-Bueno, quizá algo de razón lleves, pero también te digo

que todo lo que hace doña Celia es por el bien de Milagritos.

-¿Le apetece venir conmigo al Ateneo?

Había pensado ir a media tarde. -Aún es demasiado pronto para eso,

Felipe, poco a poco.

-Como usted quiera.

-Pues claro que va a ganar.

Está en forma y además es el mejor pugilista de aquí a Galicia.

-Me alegro, porque si él gana...

yo recupero mi dinero, ¿o no?

-Si yo cambio mi declaración, ¿Úrsula saldría de ese agujero?

-Ayudaría bastante.

-Cuente conmigo, que lo haré sin pensarlo, señor.

Los dos acordamos matar a fray Guillermo.

Fue idea suya. Yo, lamentablemente, solo acepté.

Porque le interesaba.

Creí que así podría recuperar antes mi dinero.

-Que había "quedao" con usted, sí, eso me dijo.

-Es cierto que le dije que venía al Ateneo, pero no concretamos nada.

De hecho,... pensaba que me estaba dando largas y...

que por lo pronto no iba a venir.

-"Pos" será que ha "cambiao" de parecer.

-Pero... ¿la han soltado? -Pero ¿cómo puede ser?

Si es una asesina.

-No, doña Susana, no lo es.

La policía dice que es inocente de la muerte de fray Guillermo.

-"'Hijos míos',

os escribo esta carta

porque ha llegado el momento de poner fin a este sufrimiento".

-La gente le ama.

-Sí, con este apoyo no podemos perder.

(GRITAN DE ENTUSIASMO)

-¡Tito, Tito, Tito!

-Íñigo,... ¿qué le pasa a Tito?

-¿Qué le pasa de qué?

-¿Está mareado o son cosas mías?

-Sí, está...

Lento,... aturdido, Liberto. -Pero ¿qué aturdido?,

si está como ebrio.

-Tengo el placer de presentarles el combate estelar

de la tarde de hoy.

En el rincón izquierdo, con un peso de 70 kilos

y procedente de Tarancón,

Raimundo el Manchego.

(Aplausos)

Y en el rincón derecho,

con un peso de 75 kilos y procedente

de la capital del Turia, Tito Lazcano.

(Aplausos)

-Tito.

-¡Tito!

Tito, ¿qué tiene? -¡Tito!

Un segundo, árbitro. Tito,... míreme,...

concéntrese,... a los ojos.

Tensión,... suelto.

¿Qué le pasa, Tito? -Nada.

-¿Está bien? ¿Seguro? -Sí, sí.

-Una vez más,... tensión...

Míreme, tranquilo, míreme.

Tensión,... suelto.

Tito, por Dios, ¿qué le pasa?

Una vez más, concéntrese. Tensión,

tensión, Tito,... suelto.

Árbitro, un segundo, por favor.

(Risas)

-Tito, ¡Tito! Tito, ¿qué le pasa?

Liberto, por favor, ayúdeme. ¡Tito!

-¡Apártense, apártense!

-¡Fuera! -Apártense.

-Tito. Tito.

¡Tito! Tito, responda, por favor.

(Sintonía de "Acacias 38")

Por fin ha llegado a casa, Úrsula.

¿Está contenta?

Sí.

Y lo estaré aún más...

cuando me diga cómo se ha hecho esas heridas.

Ya le comenté que no tiene la mayor importancia.

Simplemente me caí al suelo.

Y yo ya le he dicho que lo lamento,...

pero que no le creo ni una sola palabra.

Úrsula, haga el favor de sentarse,

ahora le traigo la sopa.

Hoy nos toca a nosotros servirla.

No es menester.

Yo ya me ocupo de la casa.

Úrsula, aún está delicada de salud, déjese cuidar.

Ya le he dicho que no es necesario.

Estoy perfectamente.

(TOSE)

Aunque,... si no les importa,...

me gustaría retirarme a mi cuarto a descansar un poco.

Por supuesto,

acuéstese.

Temo que prefería la cárcel antes que mi compañía.

Lucía, ten paciencia con ella.

La experiencia que acaba de padecer

ha endurecido su carácter. Descuida,

no se lo tengo en cuenta.

No ha tenido ocasión de hacerse a la idea de la nueva situación,...

que tú ya no eres cura, que nos amamos.

Y con todo nuestro ser. Y, aunque le cueste,

tendrá que aceptarlo.

Sí, supongo que será una cuestión de tiempo,

o al menos eso espero.

Hablaré con ella

y trataré de hacerla entrar en razón.

No, Telmo, no lo hagas,...

deja que sea ella misma quien lo acepte.

No tiene mayor importancia.

Úrsula tiene más vidas que un gato. -Y que lo digas.

Parece que ha llegado a su fin y resurge de sus cenizas.

No entiendo cómo han podido liberarla.

-¿Quizás por la sencilla razón de que es inocente?

Ella no ha matado al pobre fraile. -¿Estás segura de eso?

-Pues yo y todo Acacias,... por no hablar de la policía.

¿Acaso ustedes lo dudan? -No voy a hablar mal de nadie.

-En ese caso, debería esforzarse un poquito más.

-Doña Susana y yo conocemos a esa mujer mejor que usted,

y sabemos de lo que es capaz, y dudo mucho que esa mujer

se haya reformado.

-Sí, Flora. La perversidad

se lleva dentro del alma, nadie puede curarse de eso.

-En ese caso no puedo darles la razón,

he visto a Úrsula comportarse

de forma sumamente bondadosa en todo este tiempo,

ayudando a los más necesitados.

-Quizá solo trataba de convencernos de su cambio.

-¿Acaso no aseguran los sacerdotes que existe el arrepentimiento?

-En eso tengo que darle la razón, pero no creo que esas palabras

vayan dirigidas a ella.

-Hablando de sacerdotes

o de los que algún día lo fueron,

no se deja de murmurar

sobre que don Telmo se haya podido ennoviar con la prima de Celia.

-Por desgracia, de eso nadie tiene ya duda.

Ya sabéis que nuestro antiguo párroco

estuvo conversando con Celia y Felipe.

-Sí, pero es que esos, todo sea dicho, no sueltan ni prenda.

-Aunque pretendan ocultarlo,...

no cabe duda de cuál tuvo que ser el tema de conversación.

Recordad bien lo que os digo,...

don Telmo no tardará mucho tiempo en pedir la mano de Lucía.

-Pues si tiene razón,

aquí se puede montar la de Dios.

Imaginen cómo reaccionará don Samuel.

-Ya sabemos cómo va a reaccionar,

agrediendo al excura. -Cierto.

¿Habéis visto el rostro de Telmo? -Él es quien tiene más motivos

para agredirle.

-Ay, en Acacias no ganamos para sobresaltos.

-Al menos sí ha pasado algo bueno.

He visto a Ramón paseando con Felipe.

Parece que se está recuperando

en su triste pérdida. -Pobre don Ramón.

Y Felipe es buen hombre, está demostrando la estima que le tiene.

Da gusto ver que aún quedan muchos amigos, ¿verdad?

-Flora, te estaba buscando.

-Pues aquí me tienes, donde siempre, entretenida con chismorreos.

-No, estábamos interesándonos por el bienestar de nuestros vecinos.

-¿Te sucede algo, Leonor?

Pareces alterada.

-Tienes que acompañarme. Ha pasado algo en el combate.

-Un segundo, árbitro. Tito,... míreme,...

Concéntrese. A los ojos.

Tensión,... suelto.

¿Qué le pasa? -Nada.

-¿Está bien? -Sí.

-Una vez más,... tensión...

Míreme. Tranquilo, míreme.

Tensión,... suelto.

Tito, por Dios, ¿qué le pasa?

Una vez más, concéntrese. Tensión,

tensión, Tito,... suelto.

Árbitro, un segundo, por favor.

Tito, ¡Tito! Tito, ¿qué le pasa?

¿Qué hacéis aquí?

-Un vecino me ha dicho que os habían traído aquí, ¿qué ha pasado,

Tito se ha desvanecido? -Sí, Leonor, de repente,

antes del primer asalto, sin haber recibido un golpe.

-¿Y dónde está ahora?

-Pues los médicos le están haciendo un reconocimiento.

-¿Y no tenéis más noticias?

-Liberto se ha ido a ver si encontraba a alguien

que nos informara de algo, pero nada. Estamos muy inquietos.

-Les aseguro que no sé dónde está el hombre que vendía las entradas

para los entrenamientos.

Lo lamento,... si por casualidad le viera,

le diré que le están buscando.

Hombre, hablando del rey de Roma.

¿Se puede saber qué hace ahí escondido?

-Oiga, oiga, que yo no me escondo de nadie...

ni de nada. Solamente que no quería que me vieran.

-Tiene usted más cara que espalda.

-Debería darme las gracias por velar por el orden público.

¿No ve que si me encuentran, se forma aquí una buena?

-No si hubiera hecho lo que debía, pagarles el dinero que les arrebató.

No sé por qué le protejo.

-Pero vamos a ver, que fueron unas monedillas,

que a ellos no les va a sacar esto de pobres, y a mí me hacen el apaño,

me vinieron de perlas.

¿Se ha "dao" cuenta usted qué empeño?

Llevan "to" el día buscándome.

A ver si vuelven las aguas a su cauce y puedo volver a mi negocio.

-¿Cómo es tan tramposo, es que no ha aprendido la lección?

-Sí, no, yo siempre he sido un poquito duro de mollera.

-¿Ah, sí? Pues a ver si esto le ayuda a recapacitar. (SILBA)

-¡Pero...!

-Aquí está. -Pero ¿qué hace, "desgraciao"?

Que me busca la ruina. -Quieto.

-¿Ha perdido usted el oremus? -Si no tiene propósito de enmienda,

va a pagar hasta la última peseta.

-Antoñito prácticamente me obligó a aceptar a esa tal Fulgencia

como ama de cría.

No sé por qué tanto empeño,

si yo me apaño estupendamente con la niña,

no necesito ayuda, está muy bien atendida.

Come poco, sí, pero a la vista está que respira, o sea, se alimenta.

¿Te aburro?

-Perdona, cariño, estaba distraído.

-No hace falta que lo jures.

¿Has escuchado una sola palabra de lo que he dicho?

-No dejo de pensar en el encuentro con Fabiana.

Me aseguró que Ramón le dijo que acudiría conmigo al Ateneo,

y es muy extraño, porque...

precisamente le propuse a Ramón ir juntos al Ateneo y se negó.

-Bueno, se lo habrá pensado mejor.

-No, no, no creo.

Me dijo que... quería ir poco a poco,

que todavía no estaba preparado para eso.

¿Por qué habrá mentido a Fabiana?

Es como,... como si quisiera deshacerse de ella.

-¿Por qué habría de hacer tal cosa?

-Cariño, tengo que salir de inmediato.

-Pero ¿adónde?

(Se cierra la puerta)

-Ahí tiene.

Hala, ya me he "quedao" sin blanca.

-Y dé gracias que no tiene que devolverlo con intereses.

-Eso, usted dé ideas. Judas, traidor,

que ya lo he "perdío" todo. -Es un dinero sucio.

-Bueno, pues ya lo hubiera "lavao" yo.

-No, gánelo de forma honrada, no aprovechándose de Tito.

-Yo solo quería hacer un negocio.

-Pues búsquese otros más decentes.

-Atiza, como si eso fuera tan sencillo.

-No lo crea.

Mire, un primo mío,

se ha hecho de oro restaurando muebles,

los vende como antigüedades, por mucho más de lo que le han costado.

-Caramba, ¿y esa tontuna da parné?

-Mucho más de lo que se imagina.

Hay que usar la imaginación "pa" hacer negocios.

-¿Hay noticias de Tito?

-Están esperando a que venga del hospital.

-Servando. Te estaba buscando en la portería.

-¿A quién se le ocurre ir a buscarlo a la portería?

-¿Qué precisa? -¿Tiene las llaves de las viviendas?

-Sí, en el chiscón.

-Necesitamos la de los Palacios. -¿Ha pasado algo?

-Espero que no. Ahora te cuento por el camino.

No perdamos tiempo.

-¿El señor va a cenar en casa?

Si lo prefiere, puedo cocinarle algo más tarde.

No será menester, Carmen,...

no tengo apetito ahora y no lo tendré más tarde.

Quizá salga a pasear un poco.

Pues si no precisa de mis servicios,

¿le importaría que me ausentase?

Es que, Agustina todavía está nerviosa por la fuga de ese criminal

que la amenazaba y quiere que la acompañe a visitar a Úrsula.

A la comisaría. No, señor,

a casa de su señor, don Telmo.

¿Cómo dices, Carmen? ¿Acaso le han liberado?

Sí, señor, esta misma tarde.

Pero... no es posible, creí que su destino estaba sellado.

¿Sabes qué ha sucedido?

(Llaman a la puerta)

Disculpe, iré a ver quién llama.

Maldito sea el comisario.

Ese entrometido está torciendo mis planes.

(Se cierra la puerta)

Era un mozo, señor, que le traía esta carta.

¿Quién la envía?

Don Salomón Rifaterra.

Al fin.

¿Espera buenas noticias, señor?

Más que eso, Carmen, aguardo la solución

a todos mis problemas.

¿Ocurre algo, señor?

Parece usted... defraudado.

Se echa hacia atrás. Don Salomón rechaza mi propuesta.

Carmen,...

haz el favor de dejarme solo.

Qué agradable paseo, ha sido una brillante idea

alejarnos de Acacias.

Hemos podido pasear como una pareja normal,

a salvo de las miradas recriminatorias

de nuestros vecinos.

No tardaremos en volver a sentirlas sobre nuestras espaldas.

Recuerda el consejo de Felipe, es mejor que no salgamos juntos

a la calle principal.

Ve tú primero y yo ahora te sigo.

Así que, ¿ya ha llegado el momento de separarnos?

¿Quieres venir a mi casa y... cenar conmigo?

¿Cómo? ¿Que no te apetece?

¿Te has cansado de mi compañía?

No, Telmo, eso es imposible.

Tan solo que me entristece tener que escondernos de todos.

Ni podemos sentarnos en una mesa de la chocolatería

como cualquier pareja ni...

quiero ir a tu casa a incomodar a Úrsula.

Yo también estoy cansado, y respecto a Úrsula,

descuida, que yo hablo con ella. Aunque la convenzas,

solo resolverías una parte de nuestros problemas.

Seguiríamos sin poder mostrarnos juntos por estas calles.

Estoy pensando en reunirme otra vez

con Felipe y Celia. Telmo, nada ganaríamos.

Su posición es clara al respecto.

Pues tendrán que considerarla, no hemos hecho nada malo.

Estoy dispuesto a pedirle permiso a Felipe para hacer público

nuestro compromiso de una vez por todas.

Temo que choquemos con la incomprensión de nuestros vecinos.

Sí, Lucía, lo más seguro

es que sea un escándalo, pero no tiene sentido retrasarlo.

En algún momento habrá que afrontarlo.

¿Dónde se habrá metido Liberto?

-Hace una eternidad que salió a buscar noticias.

-Quizá debas ir tú, hermano, trata de averiguar cómo está Tito.

-Mira, creo que te acabas de ahorrar el viaje.

-Tito.

¿Cómo está?

¿Se encuentra bien, Tito? ¿Sí?

¿Está bien? -Cariño, cariño, no le atosigues,

que está un poco aturdido.

-Tiene que perdonarme. -Arrea, encima anda disculpándose.

-Tito, no me tiene que pedir perdón. -Sí, le he fallado.

Después de lo que ha hecho, no he podido disputar el combate.

-No piense en eso.

-Es lo que más me duele, señorita,

pero le juro que me recuperaré pronto

y así podré ganar muchos otros combates.

No le fallaré. -Estoy seguro.

-No se preocupe.

-Y mucho menos por esa tontada del boxeo.

-Lo único de enjundia, es saber qué le han dicho los médicos.

-No sabría decirles.

-¿No ha hablado con ningún doctor? -Sí, pero no me he enterado de nada.

Creen que tengo algo extraño en la cabeza.

-En la cabeza, ¿el qué?

-Ya le digo que no lo sé, quieren verme más médicos.

En breve tendré que volver a marcharme.

-¿Y Liberto?

-Se ha quedado hablando con doctor. Quizá él sepa algo más.

-Es que no atino con la condenada llave.

-Vamos, Servando, por favor, no perdamos más el tiempo.

-Ojalá esté usted equivocado y no haya motivo para la alarma.

-Ahora lo averiguaremos.

-Maldita sea.

(Quita el seguro de la pistola)

-Perdóneme, Señor.

No soporto la idea de una vida sin Trini.

Ten la compasión de reunirme con ella.

(Se abre la puerta)

-¡Por todos los santos! -¡Don Ramón!

-¿Qué hacen aquí? ¡Váyanse de inmediato!

-No sin que antes me entregue el arma.

-Por Dios, haga caso a don Felipe,

que los carga el demonio. -Don Ramón, por favor,

deme la pistola. -No dé un paso o disparo.

-Párese, don Felipe, que me parece que no bromea.

-Don Ramón, no lo haga, por favor.

Comprendo por todo lo que está pasando.

-Felipe, ¡no puede hacerlo, nadie puede hacerlo!

-Se equivoca.

Cuando Celia estuvo a punto de morir por culpa de esas malditas fiebres,

me aterré ante la posibilidad de perderla.

-Pero no lo hizo.

Su esposa sigue a su lado. -Sí, sí, por fortuna,

pero entendí que si no se salvaba,...

mi vida dejaría de tener sentido.

Por eso comprendo su deseo a morir, amigo.

-Pues si lo entiende, ¿por qué trata de impedírmelo?

Dese la vuelta y deje que cumpla con mi destino.

-¡Espere!, espere, espere.

Antes de apretar ese gatillo,...

le pido por favor...

que piense en todo lo que dejaría atrás.

-No preciso pensar nada,... la respuesta es muy sencilla:

Nada,...

no hay nada que me retenga en esta vida.

-Se equivoca, se equivoca, se equivoca.

Dejaría atrás... muchos amigos

y, lo que es más importante,

sus hijos.

Don Ramón, piense en cómo se sentirían

si llevara a cabo sus planes.

-Cariño, ¿puedes sentarte y dejar de caminar por la habitación?

Pareces un león enjaulado. -Así me siento.

-No sabemos qué pruebas le están haciendo, ni tampoco cuánto tiempo

van a tardar en ellas.

-Pues no creo que soporte esperar más.

-Es que debería haberte mandado a La Deliciosa con tu hermana,

estás aún más nervioso que ella. -Leonor, mi sitio es este.

-Venga, mi amor,...

que todo va a salir bien, ya lo verás.

-Me gustaría estar tan seguro de eso, Leonor.

¿Qué podrá tener Tito en la cabeza que le haya provocado el desmayo?

-Espero que pronto lo sepamos.

-(SUSPIRA)

Leonor, quizás es mejor que vayas a Acacias junto a tu madre.

No quiero que se inquiete y empiece a hacer preguntas.

-No.

-Yo voy a estar bien.

Si hay alguna novedad, te aviso.

-Está bien, volveré a casa. Espero allí tus noticias.

-¿Por qué demonios están tardando tanto?

(Pasos)

Liberto,

me estaba volviendo loco esperando noticias.

Por su rostro diría que no son buenas.

-Lamento decirle que no se equivoca.

-Liberto, dígame de una vez qué es lo que le pasa a Tito.

-Los doctores acaban de informarme que han encontrado algo

en su cerebro.

-Sí, eso había comprendido Tito, pero no sabía el qué.

-Pues, al parecer, se trata de una malformación interna,

pero todavía no tienen datos, precisan hacerle más pruebas.

-¿Eso es grave?

-Sí, de eso sí podemos estar seguros.

Lo tienen que consultar con otros especialistas.

Íñigo,...

hasta que no sepamos el alcance de su mal,

lo mejor será no decirle nada a Tito.

-Sí.

Sí, es lo más indicado, no tiene sentido alarmarle.

Liberto, pero... si la lesión de Tito es tan grave,

eso significaría que la carrera de Tito como boxeador ha terminado,

¿no es así?

-Eso es.

Eso es.

Baje la pistola.

Nadie sabrá lo que ha estado a punto de ocurrir.

¿Verdad, Servando? -Verdad, verdad.

-Don Ramón,

¿es que no le importa su familia?

Piense en cómo se sentirían

si se arrebata usted la vida.

Eso es.

Lo que ha estado a punto de ocurrir

es un grave atentado contra Dios,...

y contra todos los que le quieren. -Sí, por el amor de Dios,

baje la pistola.

-Don Ramón, ¿se ha parado a pensar

lo que significaría para los suyos

perderle a usted y a Trini al mismo tiempo?

-¡Gracias, Felipe!

Escuchar el nombre de mi amada me anima a cumplir

con lo que me había propuesto. -¡Sus hijos, sus hijos!

-¡Precisamente por mis hijos tengo que quitarme de en medio!

¡Ya no soy más que un despojo y un estorbo!

-No diga eso, ¡eso no es cierto! No es cierto.

-Felipe, agradezco sus desvelos, pero los dos sabemos

que mi vida sin Trini no tiene sentido, no merece la pena.

Felipe,...

pídale en mi nombre

a mis hijos...

que me perdonen. -¡No, Dios mío, no, no!

-Qué maña se da con la cría.

Mírela,...

se ha "quedao" "dormía".

-Si es que solo se duerme en mis brazos.

-Lleve "cuidao" con acostumbrarla a los brazos,

porque luego no se va a dormir ella sola.

-¿Y qué más da, Lolita? Si yo siempre voy a estar aquí.

-Disculpe, no quería molestarla.

-Perdóname tú, hoy no estoy de humor.

Felipe antes me ha dejado con la palabra en la boca.

-¿Y le extraña? "Pos" si...

los hombres nunca nos escuchan.

-(RÍE)

Doña Celia, habría que ir preparando

a la nena "pa" que conozca a Fulgencia.

-Ay.

Ahora sí que has contribuido a empeorar mi humor.

-¿Se "pue" saber qué "tie" en contra de esa pobre mujer?

-No tengo nada contra ella, es con vosotros.

Te he dicho mil veces que no hay ninguna necesidad

de contratarla. -Le vendrá bien,

a usted y a la cría, que coma a gusto.

-Pero si ya come, y yo me apaño a las mil maravillas

con Milagros, mira.

(Disparo)

¿Qué ha sido eso? -Parecía un petardo.

-A mí... me ha parecido una bala.

-Eso no lo diga ni en broma, que me ha "parecío" que venía de mi casa.

Voy a ver, quédese con la cría, no se vaya.

-Ya, ya, ya.

Chist. Tranquila, tranquila.

-¿Seguro que el disparo venía del edificio?

-Estaba aquí al lado cuando lo he oído.

-¿Y de qué piso vendrá? -No lo sé,

pero por el volumen, no ha de ser muy arriba.

-Por todos los santos, no puede ser. -Espere.

Como sereno, debo subir yo primero. -Sí, pero rápido,

que tengo un mal presentimiento.

-Dios mío, que no sea "na".

Ay, don Ramón, qué alegría verle. ¿Ha oído el estruendo?

Arrea.

Parece usted un "aparecío", ha "perdío" la color.

¿Qué ha "pasao"?

Don Ramón, por Dios, contésteme.

¿Qué le sucede?

Ay. Antoñito, amor mío. -¿Qué, pero qué está pasando?

-No lo sé, y no será porque no le he "preguntao",

pero tu padre no dice nada. -Padre.

Padre, ¿qué sucede?

Padre, por favor, conteste.

Es...

Felipe.

-Dios mío.

-Lolita, quédate con él. Ni se te ocurra entrar en casa.

-Dios santo.

-Ayúdenme,... que se nos muere.

-Cesáreo,... ve a buscar ayuda.

Corre, llama a un médico, corre, corre.

-Deprisa, que se desangra.

-Felipe. Pero ¿qué ha pasado? -No sé.

-Felipe. -Ha sido todo muy rápido.

Su padre... -¿Cómo?

-Una pistola. Don Felipe y yo quisimos arrebatársela y...

se disparó.

-Tranquilo, tranquilo, Felipe.

Tranquilo.

Ya vienen, ya vienen.

(TOSE)

Les agradezco de corazón...

su visita. No ha sido nada,

Úrsula.

Carmen ha hecho el favor de acompañarme.

-Fabiana quería venir a visitarla, pero al ir a buscarla

donde sus señores, no han contestado.

-Don Ramón

habrá salido a tomar el aire, y Fabiana le habrá acompañado

por si precisaba algo. Pobrecillos.

Estoy al tanto de tan terrible desgracia.

Lo lamento.

Doña Trini era...

una gran mujer.

(TOSE)

Agustina,...

estaba deseando verla para agradecerle

todo lo que ha hecho por mí. Don Telmo me lo ha explicado.

No ha sido nada, pierda cuidado.

¿Cómo que nada?

Ha arriesgado usted su vida

por salvar la mía.

Estoy en deuda con usted.

Lo lamentamos, pero debemos volver ya donde nuestros señores,

aún nos queda faena por hacer.

-Esperamos... que mejore de sus dolencias...

y pueda continuar con su vida como si nada hubiese ocurrido.

Muchas gracias, las acompaño.

No, no.

No, déjelo.

(TOSE)

(TOSE)

Úrsula, ¿cómo está? Ya se han marchado sus comadres.

Sí. Ahora mismo acaban de marchar.

Estaba pensando en algo que me han dicho.

Me deseaban que siguiera mi vida,...

pero ¿acaso es eso ya posible?

¿Qué va a ser de nosotros ahora que todo ha cambiado?

No todo, Úrsula,...

hay cosas que siempre van a seguir igual.

Por ejemplo, en mi casa siempre habrá un sitio para usted.

¿En su casa... y la de la señorita Lucía?

¿Tendría algún inconveniente con eso?

¿Acaso Lucía no es de su agrado?

¿Puedo serle sincera?

No espero otra cosa de usted, Úrsula.

No puedo evitar sentir cierto resquemor hacia ella.

¿Por qué motivo?

Lucía siempre la ha tratado con consideración.

Sí, pero...

en cierta manera, la hago responsable de que usted

haya renunciado a sus votos.

Se equivoca, Úrsula, fue mi decisión,

y no me arrepiento de ella.

Así me lo asegura,...

pero temo que un día sí lo haga.

Don Telmo,...

yo le estimo como un hijo, sé que su vocación

es profunda y sincera,...

temo que ahora esté obnubilado por las tentaciones de la carne

y que nunca pueda ser usted dichoso fuera del sacerdocio.

Nunca podría ser feliz sin Lucía.

Mi vocación al servicio del prójimo está intacta,

pero no puedo seguir siendo pastor de la iglesia

amando a Lucía como la amo.

Úrsula,...

en nombre del aprecio que siempre me ha mostrado,

déjeme que le pida algo.

Acepte mi decisión... y muéstrese fiel a Lucía.

Le espera una dura prueba.

Hemos decidido no escondernos y mostrar nuestro amor.

Así lo haré,... se lo debo,...

no le daré de lado.

Solo le ruego a Dios que no se esté usted equivocando

y que podamos seguir en paz con nuestras vidas.

-¿No deberían estar ya de vuelta? La espera nos va a volver locas.

-Yo me alegro de tener faena, así tengo la mente ocupada.

-No me lo digas, que me meto en la cocina y preparo unos churros.

-Oye, ¿te has enterado del estruendo que se ha escuchado antes en el 38?

Dicen que parecía el estallido de una bomba.

-Flora, no seas exagerada.

Seguramente sería un niño con un petardo.

-Que se lo digan a la camarera, que ha dejado caer la bandeja.

Ay, aquí están.

-Cariño.

-Al fin. ¿Y Tito?

-¿Qué han dicho los médicos?

-Ay, contestad, que nos tenéis con el alma en vilo.

-Tito sufre una lesión en el cráneo.

-¿Y qué se lo ha producido?

-Los golpes que ha ido recibiendo como boxeador.

-¿Y tiene cura?

-Desgraciadamente no, Flora.

Siendo una zona tan delicada, puede tener consecuencias fatales.

-¿No se puede hacer nada?

-Evitar que la cosa vaya a más y pueda causarle la muerte.

-¿Y el boxeo?

-Terminó para él.

No podrá volverse a subir a un ring. -Un mal golpe puede dejarle inválido

o causarle la muerte.

-¿Y su carrera ha terminado así, de un día para otro?

-Pobre Tito. ¿Qué ha dicho al enterarse?

-Todavía no lo sabe.

Le hemos dejado dormido en el hospital,

pero imagino que será un duro golpe para él.

-Íñigo, ¿qué te pasa?

-Cariño,...

-Son los nervios, que no me dejan respirar.

Aguarda, aguarda, respira tranquilo, respira, respira.

Ya está, yo te ayudo.

Flora, prepárale una tisana.

Ya está, ya está, yo te ayudo, déjame,

déjame, yo te ayudo. Ya está, ¿ves? Respira.

Ahora, así. Respira.

-(JADEA)

-No es la salud de Tito lo único que le preocupa, ¿no es así?

-No me malinterprete, don Liberto, pero lo siento mucho por Tito,

pero también lo siento mucho por mí.

-Está pensando en la deuda también,

en cómo va a hacer frente a ella.

-La situación en la que nos deja la lesión de Tito

es muy peliaguda.

Y si Tito no puede boxear,

yo no voy a poder pagar la deuda.

-Debería hablar con su prestamista, Íñigo.

No sé, negociar la deuda,

pedirle más tiempo. -No, no, no, don Liberto, no.

Nos han demostrado de sobra que... no se atienen a razones.

Qué agradable sorpresa.

Precisamente... ahora me iba a dirigir

de nuevo a su casa para buscarle.

¿Qué manera es esta de recibirme?

Cualquiera podría pensar que no se alegra de verme.

No,... es solo que me sorprende verle.

No le esperaba. ¿Está seguro de que es así?

¿Acaso le extraña que yo sí quiera verle a usted,

que quiera saber cómo marchan nuestros asuntos?

Antes fui a su casa a buscarle, pero nadie me abrió,

así que estaba haciendo tiempo antes de intentarlo de nuevo.

Empecé a temer que quisiera darme esquinazo.

De ninguna manera,...

solo había salido a dar un paseo, necesitaba despejarme.

¿Acaso ha recibido alguna mala noticia?

Supongo que no tiene sentido ocultarle la verdad.

He recibido contestación de don Salomón Rifaterra.

No va a prestarme el dinero. Ya. Se lo advertí.

Es una lástima,

no preciso recordarle que el plazo de su préstamo

cumple mañana.

Lo lamento,...

pero no podré hacerle frente.

Sí,...

sé que lo lamenta,...

pero no sabe hasta qué punto va a hacerlo.

Deme más tiempo,... encontraré la manera de pagarle.

No, Alday,

no.

Ya ha agotado mi paciencia,

pero en algo tiene razón.

Estoy seguro de que encontraremos

la manera en que salde su deuda.

De hecho, creo que ya la he encontrado.

A pesar de lo sucedido, le considero un hombre inteligente,

y sabe manejar un arma.

¿Qué tiene que ver eso con nuestras cuitas?

¿No lo adivina?

Hay un encargo que preciso

que se realice a la mayor urgencia,

un trabajo que El Filo no va a poder hacer.

No. No.

No pienso ensuciarme las manos asesinando a nadie por encargo.

¿Cree que tiene otra elección?

No iré al garrote por mi deuda.

Si es usted hábil en el cometido,... no tendrá que temerlo.

Y si se niega, su suerte no será muy distinta a la del garrote.

Ya basta,... hará lo que yo le ordene,

sin rechistar.

¿Hasta cuándo voy a estar a su merced?

Hasta que yo considere que su deuda está saldada,

y si eso implica matar, tendrá que hacerlo.

¿Queda claro? (ASIENTE)

Señorita Lucía,...

¿puedo sentarme con usted?

Sí, claro, si usted lo desea.

Hay muchas señoras que no quieren que una criada

se siente a su lado,...

ni siquiera que se las vea hablar con ellas por la calle.

Bueno,... yo no soy de esas, ya lo sabe.

Más me extraña que usted quiera hablar conmigo.

-Hay que ver qué decisión tomamos con lo de Tito.

-Con lo de Tito, con lo del préstamo.

-Pero habrá que hacer las cosas por orden.

De momento hay que decirle a Tito que no puede boxear más.

-Pues sí,

y supongo que se negará a creerlo,

pero tenemos que ser estrictos con él.

Los médicos lo dejaron claro, un golpe puede ser letal.

-Así es, y por muy duro de mollera que sea, lo tiene que asumir.

El pugilismo se ha terminado para él.

Cesáreo, ¿qué ocurre? Una desgracia.

Don Felipe está herido de un disparo.

¿Don Felipe?

-¡Paso, paso, abran paso, por favor, paso! Por aquí.

Deprisa.

-Felipe. -No, no,...

doña Celia, tranquila, doña Celia.

-Ya se lo llevan al hospital,

y enseguida viene un carruaje para ir tras él. Cesáreo.

-Sí, sí, ya viene. Lolita, ¿qué ha pasado?

-Una desgracia, señorita. Un disparo.

Nadie cercano a Telmo me es querido.

Le odio con todas mis fuerzas.

¿Por qué tanto odio? Ese hombre

se lo ha ganado, es un cretino, y si con eso no bastara,

también le odio por estar con la mujer que me abandonó en el altar.

¿Quién querría casarse con un hombre tan mezquino como usted?

(GRITA) ¿Qué ocurre?

¿Puedo saber qué ha ocurrido?

-Ha sido un accidente, ha sido un accidente.

-¿Reconoce que fue usted el autor del disparo?

-Bueno, a lo mejor necesitamos la presencia de un abogado.

-¿Te han dicho algo?

Nada, Felipe sigue con los doctores en quirófano.

Mucho tiempo.

Se va a morir.

No, prima, no, no pierda la esperanza.

Si tardan tanto, es porque siguen luchando por sacarle adelante.

Dios te oiga, Lucía,... pero tengo un mal presentimiento.

-"Mi padre,..."

no sé muy bien cómo, pero consiguió un arma.

Él... quería suicidarse.

Y de alguna forma, pues... llegó Felipe.

Imagino que intentaba salvarle la vida, que no lo hiciera, y...

-Y él le disparó.

No quiero que te quedes aquí, Antoñito,

quiero estar a solas con mi prima.

-A las buenas, vengo de comisaría de declarar.

Qué día más horrible, de verdad.

-¿Es que ha "pasao" algo más, Servando?

Un herido de bala en el edificio, que podía haber sido yo.

-¿Usted? -Sí, y me he salvado por esto.

Cuando lo recuerdo, se me acelera el corazón.

Prima,... Antoñito no es culpable.

Ojalá que Felipe no se hubiera metido por medio

y Ramón se hubiera pegado el tiro. Ojalá que desaparezcan todos.

Mi niña no puede vivir en esa casa de asesinos.

-"Qué pequeñaja estás,"

Milagros.

Ya verás como la Fulgencia te deja hermosa y sana.

-Gracias a Dios que está usted aquí, ¿eh?

-Lo que quiera, lo coge, y si necesita que le prepare algo,

no "tie" más que decírmelo. -Muchas gracias, "señá" Fabiana.

-¿"Tie" usted algún alimento que le pete?

-"Pa" tener buena leche hay que comer normal.

Hay amas de cría que dicen que la cerveza es buena.

-"¿Ha muerto ya Felipe?".

-Por favor, ¿pueden tener un poco de sensibilidad?

-Sensibilidad a paletadas,

pero al pan, pan y al vino, vino.

Si Felipe parecía estar más en el otro mundo que en este.

-Pues tanto que le gusta rezar, rece porque los médicos

logren salvarle.

-¿No me ha traído ni un bollito?

-Lo siento, Tito, se me ha olvidado por completo,

pero mañana le traeré una bandeja, para que pueda invitar a Nati.

-Mañana ya no estaré aquí. Estoy fuerte como un toro.

Los médicos me van a echar a patadas.

-Precisamente te quería hablar de eso, Tito.

-¿Pasa algo, don Íñigo?

-¿Usted sabe qué estaba haciendo don Ramón con la pistola?

-¿Qué hacía?

-Pues se intentaba suicidar,...

quitarse la vida, juntarse con Trini, dice él,...

y don Felipe solo intentaba evitarlo

y se llevó el disparo.

-El suicidio es un pecado tan grave, que nunca se reuniría con doña Trini

en la otra vida.

-Pues yo empiezo a pensar

que no sé lo que está bien y lo que está mal.

-Perdóneme, Celia.

He sido yo quien le ha pedido que viniéramos.

Vengo de comisaría, de prestar declaración sobre lo sucedido.

También han llamado a declarar a Servando, que fue el único testigo,

para que corrobore mis palabras.

Prima, el médico.

Buenas noches, don Samuel.

(Llanto de bebé)

(CHISTA AL BEBÉ)

-Que no consigo que se calle. Que es que yo no sé qué le pasa.

-Hacía tiempo que no tenía miedo sobre el futuro,

hasta que llegué a Acacias. -Pues no temas,

porque tu hermano te adora y no permitiría que pasaras penalidades.

-No sé yo si va a poder evitarlo.

-¿Está cerrado ya?

-Sí, mañana por la mañana podrá venir.

El mejor chocolate y bollos de toda la ciudad.

-Y unos churros para chuparse los dedos.

-Gracias.

"Yo le voy a pagar".

He escuchado eso tantas veces...

Deme otra oportunidad. ¿Qué está dispuesto a hacer?

Lo que sea.

Tenga.

Esto son cosas que solía hacer El Filo, pero ahora está lejos.

Prima.

¿Qué le ha dicho el médico?

Cambiaría mi vida por la suya.

-Dudo que eso sea posible.

-No puede ser.

Yo soy culpable y debo ser castigado.

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Acacias 38 - Capítulo 946

08 feb 2019

Felipe corre a casa de los Palacios. Se escucha un disparo en el barrio. Tito tiene una lesión cerebral: no podrá volver a boxear bajo riesgo de muerte. Telmo quiere hacer pública su relación con Lucía.

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  1. Adriana

    Samuel nunca ha sido el villano! No tiene personalidad

    22 abr 2019
  2. Querubina

    Pienso igual que Mabi con lo que pudo ocurrir con la ama de cría. Celia pasó de ser una dama encantadora, dulce y demasiado sumisa a una mujer enloquecida de mente frágil con la locura al cubo. No soporto sus maneras para con los demás.

    15 feb 2019
  3. Pilar Méndez

    Pues si no fuera por los malos malísimos no tendría interés la novela, no creéis? A mí me gusta el giro que ha dado Celia, y cuando esté a punto de enloquecer, vendrá Tano de Inglaterra para protegerla y que vuelva a ser la de antes: bondadosa y amable.

    15 feb 2019
  4. Mabi

    Pobre ama de cría, ha salido espantada, supongo, al ver a Celia ¿ queriendo amamantar ella a Milagros??? Que Lolita se imponga primero ante Celia y luego ante su esposo y se haga valer como señora de Palacios que es!!!!

    15 feb 2019
  5. Mabi

    4 capítulos sin poder comentar y que raro que nadie deje su opinión aquí.... Algún responsable de ésta página puede dar alguna explicación? Gracias

    15 feb 2019
  6. Mabi

    Cada día más ESTÚPIDAS ROSINA y SUSANA......

    12 feb 2019
  7. Alfonso

    Algo me dice que Celia será la nueva villana Ya que se ve que Samuel tiene los días contados Celia sería una especie de Úrsula,traumada y obsesionada con sus hijos, o en este caso su ahijada

    11 feb 2019
  8. Pilar

    No existe la duda por que Celia llevaba. Muchas pastillas en la mano que se las dio a trini. Y ahora le toca pagar con el karma la verdad que no imagine que Celia pudiera llegar a tanto y más tratándose de su mejor amiga . me gusta esta serie por las sorpresas que hay en la serie sea buenas o malas .

    10 feb 2019
  9. Mar

    Por favor, en la próxima cabecera, que ya sabemos que cambia habiendo fallecido Trini (Anita del Rey), pongan los nombres de las actrices que interpretan a criadas un poco más de tiempo o en varias pantallas como hacen con los demás personajes, que máximo hay 3 juntos, no puedo leer ni la mitad siendo tantos nombres y repartidos así por la pantalla :(

    10 feb 2019
  10. anieli

    Karma!!!! Por fin algo bueno, lastima que vayan a sacar a Felipe, pero celia se lo merece; por favor don Ramón lo hiso sin querer no lo metan a la cárcel, y por que no hacen algo malo con rocina y Susana, pero bien malo así como a los otros personajes, no la bobada de la extorción.

    09 feb 2019